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viernes, 13 de septiembre de 2019

El fresco aire acondicionado agrava el calentamiento global


El fresco aire acondicionado agrava el calentamiento global
por Adán Salgado Andrade

El calentamiento global hará que muchos sitios sean ya inhabitables, por las altas temperaturas que se están generando. Y actualmente, muchos no podrían ser habitables tampoco, de no ser por los aparatos de aire acondicionado, que enfrían a temperaturas de menos de 25 grados Celsius el aire caliente del exterior. Por desgracia, esa “comodidad” para volver habitable hasta al desierto, como se hace en países desérticos, entre ellos, los árabes o estados de Estados Unidos (EU), como Arizona o Nevada, tiene sus costo. Por ejemplo, el empleo de aire acondicionado en Phoenix, Arizona, durante el día, ocasiona que en las noches, suba uno o más grados centígrados la temperatura. Así que se produce un círculo vicioso, pues para disipar ese calor extra de las noches, los aires acondicionados de la ciudad trabajarán mucho más (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/10/el-irreversible-y-catastrofico.html).
Pero, como señalé, en muchas ciudades del planeta, no pueden vivir sin aire acondicionado, por supuesto, los grupos sociales que puedan comprarlo y pagar la electricidad que requiere un aparato de aire acondicionado, el que consume la que gastan cuatro refrigeradores pequeños.
El periódico The Guardian publicó recientemente un artículo, firmado por Stephen Buranyi, que analiza el problema del aire acondicionado, al que considera como un mal necesario, porque, aunque permite la existencia “normal” en millares de lugares, lo está haciendo a un muy elevado costo, tanto de electricidad, así como de liberación de más calor, justo lo que se pretendería evitar (ver: https://www.theguardian.com/environment/2019/aug/29/the-air-conditioning-trap-how-cold-air-is-heating-the-world).
Buranyi comienza mencionando que en una noche de jueves, de julio del 2019, la ciudad de Nueva York experimentó un pico de uso de la electricidad, pues sus moradores, debido a una onda de calor, prendieron sus aires acondicionados al mismo tiempo, lo que ocasiona que la red eléctrica pueda sobretensarse y, si es demasiada la saturación, pueda fallar. En Nueva York, en un día cualquiera, se consumen alrededor de diez mil megawatts (MW), ¡cada segundo!. Un brutal consumo. Esa electricidad la provee la compañía eléctrica Con Edison. Pero en las ondas de calor, cada vez más frecuentes, el consumo asciende a más de 13,000 MW, casi al límite de lo que la empresa puede proveer. En el 2006, un sobrecalentamiento de las líneas de transmisión ocasionó un apagón y dejó sin servicio a 175,000 personas por una semana, durante una onda de calor que mató a 40 personas. Así que el 21 de julio del 2019, con temperaturas arriba de 360 C, Con Edison cortó el suministro a 50 mil clientes en Brooklyn y Queens, durante 24 horas, temerosa de que volviera a repetirse un incidente como el del 2006. A cambio, las autoridades enviaron a la policía para ayudar a los residentes que se quedaron sin luz y Con Edison distribuyó hielo seco, para que se enfriaran sus casas (hay, incluso, formas de hacerse de “aires acondicionados” con ventiladores y hielo o agua helada, claro, en el evento de que se cuente con luz).
Señala Buranyi que el aire acondicionado es, como dije antes, la “solución” para lograr un ambiente en el que se pueda vivir. Pero esos aparatos consumen mucha electricidad. Los pequeños, que sirven para enfriar una habitación, emplean la energía de cuatro refrigeradores. Y los centrales, que enfrían toda una casa, consumen lo de 15 refrigeradores. Y qué decir de todo el aire caliente que producen, el que contribuye a agravar el calentamiento global. Se menciona a John Dulac, un analista de la Agencia Internacional de Energía (AIE), quien declara que “en el 2018, en una onda de calor, en Beijing, el 50% de la capacidad eléctrica fue para que funcionara el aire acondicionado de los usuarios”. Y hay que lidiar con esos picos eléctricos, pues, de otra manera, hasta muertos hay.
Y ya está tan extendido el aire acondicionado (por supuesto, entre los grupos sociales que pueden comprar los aparatos y pagar los altos recibos por consumo eléctrico), que hay actualmente unos 1000 millones de unidades (de las que sirven para climatizar una habitación), o sea, alrededor de una de cada siete personas, los tiene. Y para el año 2050, cuando las temperaturas sean infernales en la mayor parte del planeta, habrá unos 4500 millones de aires acondicionados, “haciendo que sean tan comunes, como los celulares hoy día. EU usa cada año, en electricidad para los aires acondicionados, el equivalente al que usa Inglaterra”. Sí, pues de por sí, EU es el país que más energía consume y desperdicia del planeta, alrededor del 40% del total mundial (en verano, las casas en lugares como Arizona, que llega a experimentar temperaturas de hasta 50 grados, están tan frías, que incluso se usa suéter. Así que sólo imaginen cuánta energía se requiere para lograr eso en millones de casas).
Como casi se generalizará el empleo del aire acondicionado – excepto por los pobres, que son quienes más mueren durante las ondas de calor –, “la AIE predice que el aire acondicionado usará el 13% de la electricidad mundial y producirá 2000 millones de toneladas al año de bióxido de carbono, más o menos la misma cantidad que India produce actualmente, siendo el tercer emisor a nivel mundial de ese perjudicial gas”. O sea, le vamos a echar más leña a la lumbre, como dice el vox populi.
Y el empleo del aire acondicionado se ha incrementado conforme el planeta se calienta. Todavía en 1990, había solamente 400 millones de unidades de aire acondicionado, principalmente en EU, pero, al elevarse las temperaturas mundiales, se optó por elevar su uso, en lugar de buscar medidas que mitigaran el calentamiento global.
Y aquí, hay que señalar que el agravamiento del calentamiento global, se ha debido al criminal ocultamiento que hicieron, desde hace más de 40 años, las depredadoras petroleras, sobre todo estadounidenses, como Exxon, las que sabían perfectamente que el incremento de las temperaturas iba ligado con el aumento en el empleo de combustibles fósiles. Prefirieron seguir ganando cada vez más y más millones de dólares produciendo y quemando cada vez más petróleo, perforando pozos hasta en el Ártico, pues sabían que se estaba derritiendo rápidamente. Por ese ocultamiento, es que ya padecemos muy graves problemas climáticos, que, se pensaba, ocurrirían hasta el 2100 o en el 2050, por lo menos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/09/las-mafiosas-empresas-petroleras.html).
Enseguida, el artículo menciona que la invención del aire acondicionado, debida al ingeniero Willis Carrier – que lo desarrolló para que en una imprenta se controlara la humedad –, ha sido fundamental para que muchas partes de EU – y del mundo – pudieran ser habitables. Por ejemplo, en las zonas calurosas, los teatros sólo podían funcionar en invierno, pues en verano, las temperaturas eran insoportables dentro de ellos. Carrier, simplemente aplicó la tecnología de los nacientes refrigeradores a su revolucionaria invención, equivalente, señala Buranyi, a la del acueducto o el automóvil en impacto social y económico. Y es en EU, en donde se ha extendido tanto el aire acondicionado, que, mientras en 1938, cuando había ya unidades domésticas, sólo un hogar de cada 400 lo poseía, ahora son 9 de cada diez. Claro, no sólo por el calentamiento global, sino porque como el capitalismo necesita vender y vender, se les comenzó a inducir a los estadounidenses que aire acondicionado, televisores, refrigeradores, automóviles, teléfonos… todo era una “necesidad”. Es decir, el consumismo, la compra compulsiva, hasta de lo que no se requiera realmente, se impuso.
Pero además, para la “planeación” en la construcción de las casas, las inmobiliarias “no tenían que preocuparse más por las diferencias climáticas, pues podían vender el mismo estilo de casa, tanto en Nuevo México, como en Delaware. La mentalidad prevaleciente fue que casi cualquier problema causado por climas calurosos, materiales constructivos baratos, cuestionable diseño y pobre planeación urbana, podía ser superado, como escribió el Instituto Americano de Arquitectos en 1973, con la inadecuada aplicación de más y más aire acondicionado”. Como arquitectos, constructoras y banqueros adoptaron el aire acondicionado como una “solución” a tanto problema, a los consumidores, no les quedó más que aceptarlo, resignadamente.
Claro que para que se generalizara el empleo del aire acondicionado, también entraron en la ecuación las compañías generadoras de electricidad, las que más ganan, entre más consumo eléctrico haya. Todo ha sido una muy ideal combinación. En EU, que es donde más se ha desarrollado el capitalismo salvaje, todas las condiciones han sido para inducir al máximo el consumismo en todo.
Señala Buranyi que las mismas compañías eléctricas promocionaban, en los 1950’s, en anuncios de cine, radio y televisión, el muy “conveniente uso” del aire acondicionado, de tal forma que, en los 1970’s, gracias a esa generalizada publicidad, ya 35% de hogares en EU contaban con climatización.
Y con el aire acondicionado, también fue posible construir rascacielos cada vez más grandes, aunque no fueran funcionales, pues, fabricados de concreto y vidrio, absorbían calor , al mismo tiempo que lo reflejaban por los cristales, aumentando el efecto “isla de calor”, que hoy afecta a todas las ciudades del planeta, el que incrementa mucho más la temperatura en ellas. Por ejemplo las hoy extintas torres gemelas, tenían instalada una unidad de aire acondicionado central, que requirió 270 kilómetros de tubería para enfriar o calentar – durante el invierno – a tan gigantescas moles.
Como dije, lo que caracteriza a EU es su brutal derroche energético. Gwyn Prins, académico inglés, citado por Buranyi, resumía tal adicción al derroche como “Estaremos frescos, nuestros platos se desparramarán de comida y la gasolina, costará un dólar el galón, Amén”, así, como si fuera el credo al desperdicio consumista.
Pero como el confortable estilo de vida occidental  se ha extendido a todo el planeta, además, claro, de por el calentamiento, el aire acondicionado se generaliza cada vez más y más. Por otro lado, se han adoptado los mismos diseños, como en los rascacielos, semejantes a los de Nueva York o Londres, pues han sido arquitectos de EU o Inglaterra los que los han diseñado. Así, China, India, Arabia Saudita, México… tienen ciudades indistinguibles, o sectores de ellas, de las de EU, Inglaterra Francia o Italia. Cita Buranyi a un arquitecto hindú, Ashok Lall, quien se centra en el diseño de casas económicas, de bajo consumo energético, quien declara “Les venden diseños con aire acondicionado, incluido. Y esos países creyeron que eso era progreso”.
Sí, “progreso” es desperdiciar, consumir tremendas cantidades de energía, quemar y destruir selvas, bosques, contaminar mares, ríos… muy equivocada idea de lo que la “modernidad” debe de ser.
Y por adoptar tan irracionales métodos constructivos, continúa Buranyi citando a Lall, se hacen a un lado los diseños ecológicos, pues “con casas accesibles, se puede reducir la necesidad de aire acondicionado, diseñando cuidadosamente, balanceas los tamaños de las zonas abiertas, las propiedades térmicas, las cubiertas contra el sol, la orientación. Pero los desarrolladores no están interesados”.
Claro, nada que implique gastos extras les interesará a las inmobiliarias, las que, en efecto, construyen los mismos modelos de casas para todo tipo de climas, sean muy calurosos o no, como lo podemos ver en México, en donde reducidas casas de “interés social” son construidas para climas muy cálidos, como en Morelos, y tienen el mismo diseño que casas hechas en, por ejemplo, la ciudad de México, que no llega a ser tan caliente. Con la diferencia de países como EU, pues esas casas, como son de “interés social”, no cuentan con aire acondicionado, así que sus pobres moradores, tendrán que arreglárselas como puedan, con temperaturas de 40 grados o más. En este mundo que se calienta más y más cada día, quienes más sufren son los pobres, que no puedan costear aire acondicionado.
Prevalece el cinismo constructivo, como se lamenta el influyente arquitecto malayo Ken Yeang, quien declara que “Mucho daño se ha ocasionado por esos altos edificios. He perdido totalmente la esperanza en los de mi generación. Quizá, la siguiente, pueda implementar una misión de rescate”.
Y el otro problema de por qué los aparatos de aire acondicionado son tan derrochadores de electricidad y producen tanto calor, es que su diseño es básicamente el mismo de hace cien años. La ONU, a través del Rocky Mountain Institute (RMI) y el gobierno de India, han lanzado un concurso, llamado Global Cooling Prize, el cual ofrece 3 millones de dólares a la empresa o diseñador que logre concebir un aparato climatizador que sea cinco veces más eficiente que los actuales, pero que no cueste más del doble. Es decir, eficiente y barato, digamos. Y han recibido más de cien diseños, tanto de investigadores, así como de gigantes, fabricantes de aparatos eléctricos.
De todos modos, señala el RMI, si se lograra tener un modelo más eficiente, tendría que comercializarse lo antes posible, para que, máximo, en el 2030, ya abarcara 80% de la demanda, en diez años, a lo mucho, lo que es muy poco probable que se logre.
Pero tampoco se trata de confiar todo a enfriarnos con esos aparatos, sino que se requieren medidas que usen factores naturales para hacerlo, tales como mejor ventilación, azoteas y muros verdes, sistemas de enfriamiento por agua y otros que hay, pero que se menosprecian, pues no son tan lucrativos, como seguir vendiendo aires acondicionados.
Y también, dice Buranyi, está el hecho de que se ha hecho una necesidad, hasta psicológica, el empleo del aire acondicionado, pues se ha impuesto que la temperatura “ideal” sean los 20 grados, más, menos uno, que mantiene la climatización. Se han hecho experimentos en donde a empleados de oficinas se les muestra un termómetro con una temperatura mayor a la real y comienzan a tener calor.
Como señalé antes, en muchos sitios, incluso, en oficinas públicas, deben de trabajar con temperaturas de 30 grados o más. Sólo hay que acudir a infinidad de dependencias u hospitales públicos en la ciudad de México o en estados del país, para ver a gente trabajando con 35 o más grados de temperatura, incluso, sin ventilador. Podría verse como una especie de adaptación, no deseable, quizá, pero que a mucha gente, no le queda de otra.
En Génova, Italia, cuyo clima es más caliente que en EU está prohibido el uso del aire acondicionado, sin un permiso especial. También en Suiza, es muy poco común su empleo, por lo que menos del 2% de la electricidad generada sirve para ese fin. Es no estar acostumbrado al aire acondicionado, y eso, evita muchos problemas.
Finalmente, como ya señalé, la generalización del aire acondicionado, independientemente de la necesidad de evitar artificialmente el calor, es una excelente oportunidad para disparar su demanda. Las empresas que los fabrican obtendrán millonarias ganancias, sin importarles si sus aparatos contribuirán a agravar la crisis del acelerado calentamiento global, que ya es irreversible.
Eso nos lleva a pensar en un distópico futuro en que se nos domine con el derecho o no a enfriarnos con aire acondicionado, en un artificial “mundo” interior, cubierto de gigantescos caparazones, que guarden el “clima frío”.
Y los que no lo merezcan, que se frían vivos, en las infernales ruinas de lo que quede por fuera.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

Las mafiosas empresas petroleras estadounidenses han contribuido al exponencial incremento del calentamiento global


Las mafiosas empresas petroleras estadounidenses han
contribuido al exponencial incremento del calentamiento global
por Adán Salgado Andrade

El calentamiento global es ya un problema ambiental irreversible. Las largas sequías, huracanes categoría cinco e incontrolables incendios forestales, deshielo de los polos, son las consecuencias directas y que ya estamos viviendo de que el planeta se va calentando aceleradamente (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/10/el-irreversible-y-catastrofico.html).
Pero a pesar de las evidencias de que el clima global se ha modificado debido a las acciones del hombre, muchos “políticos”, Trump entre ellos, lo niegan, así como empresarios y “científicos”, en tanto que empresas como las petroleras, lo siguen alentando con sus irresponsables acciones, en las cuales, se evidencia que lo único que les interesa es el dinero.
El periódico The New Yorker, publicó recientemente un artículo, firmado por Bill McKibben, en el que se explica el contexto histórico por el cual, la industria petrolera, especialmente la estadounidense, contribuyó, y lo sigue haciendo, a que el calentamiento global se haya agudizado desde los años 1970’s, y que actualmente haya empeorado y estemos casi en la situación de no retorno, sobre la catástrofe que implicará un clima mundial cada día más y más caluroso (ver: https://www.newyorker.com/magazine/2018/11/26/how-extreme-weather-is-shrinking-the-planet).
McKibben comenta que había publicado treinta años atrás, en 1989, un artículo sobre la manera tan creciente en que se estaban lanzando humos al aire, así como  basura y residuos tóxicos a los ríos y mares, y que todo eso se estaba saliendo del control humano, lo que fue confirmado en los 2000’s por científicos, muy preocupados por los niveles a los que se había llegado.
Si eso advertían entonces, ni qué decir de lo que sucede actualmente.
McKibben refiere los problemas tan graves, como incendios forestales que han acabado con poblaciones enteras, Paradise, California, entre ellas. También da cuenta de los megahuracanes, como el Michael o Dorian, el que llegó a categoría cinco y siguió una gran senda de destrucción, la que comenzó con las Bahamas, Florida, Carolina del sur y Canadá.
Y a pesar de que, menciona McKibben, se han logrado algunos adelantos, como menos guerras, menos pobreza y hambre y se ha expandido la educación y el alfabetismo, los problemas ambientales tienden a opacar tales adelantos.
Las temperaturas de todo el planeta se han incrementado más de un grado Celsius. Y aumentarán 1.5 grados más entre el 2030 y 2052, “si no se toman medidas serias para evitarlo”. Pero no se han tomado, ni se tomarán, pues lo más importante son los negocios.
No sólo los pobres son los más perjudicados, sino que hasta gente de mayor escala social, teme a los exabruptos del cambio climático. Por ejemplo, dice McKibben que ya muchos estadounidenses temen cruzar un campo de pastos, por temor a ser picados por una garrapata y que contraigan el mal de Lyme. En muchas playas, no se puede nadar, por miedo a ser picado por una medusa o alga urticante. Y aunque el planeta sigue teniendo el mismo tamaño, “8 mil millas (12800 km) de diámetro y su superficie todavía cubrirá 200 millones de millas cuadradas (512 millones de km2), la Tierra, para los humanos, ha comenzado a encogerse, tanto bajo nuestros pies, como bajo nuestras mentes”.
Señala que el origen principal de tanta contaminación es la combustión, que en todo la hay. Durante los pasados 200 años “hemos quemado inmensas cantidades de carbón, gas y petróleo – en motores de autos, chimeneas, plantas eléctricas, fundidoras – y, al hacer eso, átomos de carbono se han combinado con átomos de oxígeno en el aire para producir bióxido de carbono. Esto, junto con otros gases, como metano, han estado atrapando calor dentro del planeta, que, de otra forma, habría sido radiado al exterior”.
En el artículo se mencionan pasados episodios temporales que han tenido repentinas subidas de CO2, pero que nunca han llegado a las altísimas concentraciones que padecemos en la actualidad. Por ejemplo, en el Pérmico, cuando cientos de volcanes estallaban, miles de toneladas de ese gas se fueron a la atmósfera, lo que culminó en “La Gran Matanza”, pero no llegaban ni a una décima parte de lo que lanzamos actualmente. Hace dos siglos, la concentración de CO2 era de 200 partes por millón y hoy es de 400, y cada día, aumenta 2 partes más. “El calor extra que queda atrapado en el planeta cada día equivale a 400,000 bombas nucleares, como la arrojada en Hiroshima”. ¡Un brutal dato!
Por ello es que en los últimos treinta años, hemos visto “los días más calurosos”, “los meses más calurosos” o “los años más calurosos”. Y cada año que pase se romperán records de temperaturas diarias, mensuales o anuales. Recientemente, científicos de la Universidad de Illinois, declararon que, a como van las cosas, el “peor escenario” que prevé la ONU, en cuanto a que el planeta se caliente más de 5 grados Celsius, será “el más optimista”, pues muy probablemente será mucho peor. O sea, tendremos temperaturas mucho mayores. Eso tiene efecto en el lugar en donde se viva y hasta en donde se trabaje. Menciona McKibben que en Argelia, recientemente, trabajadores de una planta petrolera dejaron de trabajar, pues el termómetro subió a 51.2 grados Celsius. “No pudimos seguir. Era imposible trabajar”, declaró uno de los trabajadores a reporteros que los entrevistaron.
Y eso es cierto, pues científicos de Australia y Estados Unidos (EU) han determinado que a más de 350 C y con más de 90 % de humedad, aun en un sitio bien ventilado, el humano deja de sudar y no sobrevive más de unas horas, dependiendo de cada organismo.
Partes de India, Bangladesh y el norte de China, “donde viven 1500 millones de personas, (un quinto de la humanidad) sufrirán temperaturas extremas en el siguiente medio siglo. Varios días tendrán en esos lugares con temperaturas que pueden provocar la muerte y que afectarán todas las áreas del comportamiento humano, económicas, agrícolas, militares y recreativas”. Si para el 2050 la temperatura del planeta sube 2 grados Celsius, una cuarta parte sufrirá severas sequías y se convertirá en desértica, aumentando las sequías y desiertos existentes. Y eso afectará la producción mundial de alimentos.
Por ejemplo, en estos momentos en que México sufre una fuerte sequía, la producción agrícola disminuirá, sobre todo en las tierras que son de temporal, o sea, en las que sólo se siembra cuando llueve. De hecho, México es uno de tantos países que ya está sufriendo severamente los efectos del cambio climático, los que nuestra posición geográfica, empeora aún más (ver: https://www.jornada.com.mx/2019/09/10/sociedad/035n2soc).
Como durante las sequías se emplean reservas de agua subterránea, ya se han sobreexplotado y, si años atrás eran la alternativa, por su agotamiento, ya no lo serán más (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2017/06/las-declinantes-reservas-de-agua.html).
Con altas temperaturas, sin climatización, no se podrá vivir, ni trabajar. De allí, el alza en el empleo del aire acondicionado, el cual, por el uso tan extendido e intensivo que está teniendo, es otro factor que está contribuyendo al calentamiento global, pues los aparatos que enfrían el aire, producen mucho calor durante su operación, además de que consumen la electricidad de cuatro refrigeradores (ver: https://www.theguardian.com/environment/2019/aug/29/the-air-conditioning-trap-how-cold-air-is-heating-the-world).
Y tan acelerado calentamiento también provoca que el deshielo de polos y glaciares sea mucho mayor a lo estimado, con patrones de actividad ya difíciles de evaluar, ni siquiera con modelos matemáticos computarizados (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/03/el-acelerado-derretimiento-del-artico-y.html).  
Groenlandia está perdiendo hielo aceleradamente. Del 2003 para acá, se han derretido 3.5 billones (3,500,000,000,000) de toneladas  de hielo, o sea, un promedio diario de casi ¡600 millones de toneladas! Algo impresionante, en verdad, y muy triste  (ver: https://www.bbc.com/news/science-environment-49483580).
La vegetación de Groenlandia irá muriendo por las aguas salinas oceánicas que la invaden, así como ciudades y lugares ribereños, que se hundirán por los deshielos, tanto de Groenlandia, así como de los glaciares y los polos terrestres. Posesiones humanas, como casas, comercios, industrias, edificios… se perderán para siempre.
McKibben visitó Groenlandia recientemente y sus acompañantes le compartieron la tristeza que los embarga al ver cómo ese emblemático sitio se está perdiendo, gran parte, en el transcurso de sólo cuatro años. Así de acelerados son ya los efectos del incrementado calentamiento global.
Por eso McKibben señala que “el mundo se está encogiendo”, pues las áreas en donde habitan – o habitaban – humanos, desaparecen, muchas, por las acciones de las aguas, y, otras, por sequías, incendios forestales y más. Los ecorefugiados climáticos irán a la alza cada año (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/01/los-refugiados-climaticos.html).
Ciudades muy importantes, como Yakarta, capital de Indonesia, serán cambiadas de lugar, pues se están hundiendo aceleradamente, combinación de agotamiento de acuíferos y subida del mar. Eso pasa, también, con la ciudad de México, pues los mantos acuíferos en donde se asienta se están agotando rápidamente. Nuestra única “ventaja” es no estar a la orilla del mar (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/06/las-ciudades-que-se-hunden-por.html).
Todo lo anterior, señala McKibben, está afectando también la biodiversidad, pues sesenta por ciento de la vida natural mundial, plantas y animales, ha sido víctima de un hábitat cada vez más estrecho y amenazado por las depredadoras actividades humanas. Por ejemplo, aves que habitan montañas y partes altas, no podrán sobrevivir debido a las altas temperaturas. Y eso también afectará  nuestra cercana existencia (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/03/la-perdida-de-biodiversidad-la-perdida.html).
Lo peor de todo es que, hace treinta años, señala McKibben, muchos celebraban el calentamiento global, pues estúpidamente afirmaban que eso expandiría las tierras agrícolas, Eso lo afirmaban CEO’s (jefes ejecutivos) de empresas como la petrolera Exxon. Rex Tillerson, CEO de ésta, declaró en el 2012 que, al derretirse los polos terrestres “habría más tierras cultivables”. El tiempo ha demostrado que no es así. Un quinto del Polo Norte es ocupado por el Permahielo, el que, al derretirse, deja sin sustentación a esos lugares. Peor aún, su descongelación liberará CO2, mucho, que acelerará el calentamiento. Noventa científicos de distintos países han declarado que, económicamente, las pérdidas por la desaparición del Permahielo, serán del orden de 30 billones (30,000,000,000,000) de dólares. Eso superará los “ahorros” que deja el que ahora muchos barcos puedan cruzar por áreas antes cubiertas de hielo.
Cada vez es más difícil mantener obras de infraestructura, como vías de ferrocarril, en los lugares en donde el Permahielo se licuifica.
Todo esto ha ocurrido más rápido de lo que los científicos predijeron, a la par del brutal aumento de las emisiones de CO2 y otros gases producidos por tanta combustión. Varios de los efectos del calentamiento global se pensaba que sucederían en los años 2050 o 2100, pero ya están ocurriendo. Lo peor es que no se están tomando las medidas necesarias para detener tanta contaminación y depredación. Cita McKibben al escritor medioambientalista Alex Steffen, quien acuñó el término “tardanza depredadora”, para referirse “al bloqueo o alentamiento del necesario cambio, con el fin de hacer mucho dinero de un sistema injusto e insostenible en el mediano plazo”. Y es justamente lo que hicieron las petroleras, mentir y ocultar que ellas estaban acelerando el calentamiento global.
Como periodistas de la agencia InsideClimate News y del periódico Los Angeles Times revelaron en el 2015, Exxon, la petrolera más grande del mundo, sabía desde 1977 que su producto, el petróleo, contribuía mucho más que otros contaminantes, al calentamiento global. Eso lo sabía diez años antes de que el científico climatólogo James Hansen testificara frente al Congreso de EU sobre los daños que ocasionaría el calentamiento global, inducido por las actividades humanas.
James F. Black, uno de los científicos preeminentes de Exxon, tras haber realizado un minucioso estudio, encargado justo por la empresa (¡vaya ironía!), declaró cómo actuaban gases como el CO2, en la atmósfera, pues impedían salir al calor, como si fueran la capa de un invernadero. Lo cita McKibben, “Hay un acuerdo científico general, en que la forma en que la humanidad está influenciando el clima global es a partir de la emisión de bióxido de carbono proveniente de los combustibles fósiles”. Luego, refiere que “En 1978, hablando con los ejecutivos de la empresa, Black estimó que al doblar la concentración de bióxido de carbono en la atmósfera, se incrementarían las temperaturas medias globales entre dos y tres grados Celsius y hasta en diez grados Celsius en los polos”. De hecho, en efecto, en los polos se está acelerando el derretimiento, pues se concentra mucho más el calor, con el consiguiente mayor aumento de temperatura, que en el resto del planeta.
Exxon no reparó en gastos para investigar lo dicho por Black. Incluso, le puso a un barco petrolero detectores de CO2. Y los resultados mostraron que si no se reducían sustancialmente las emisiones de CO2, reduciendo el consumo de combustibles fósiles, “catastróficos eventos tendrían lugar en pocos años”, justo como ya los estamos sufriendo.
Pero los estudios sólo sirvieron para que Exxon tomara medidas para su conveniencia. Viendo que los sitios en donde tenía plataformas de explotación petrolera, cercanas al Ártico, podrían inundarse, elevó la altura de aquéllas, con tal que no fueran afectadas por la elevación del agua marina. Además, buscó nuevos sitios para exploración y perforación en las zonas descubiertas de hielo. Es decir, Exxon usó para su pura y mezquina conveniencia sus hallazgos.
Señala McKibben que si hubiera divulgado lo que sabía, la historia “geológica del planeta habría sido muy distinta hoy día. El problema del cambio climático no se habría resuelto, pero la crisis, muy probablemente, estaría disminuyendo”. Cita, como ejemplo, que en 1989, se halló que los clorofluorocarbonos estaban destruyendo la capa de ozono y que una rápida prohibición de ellos, logró que dicha capa se restituyera (aunque, recientemente, se halló que en China, algunas empresas, clandestinamente, siguen fabricando aerosoles con base en esos dañinos gases. Ver: https://www.zmescience.com/science/news-science/ozone-depleting-chemicals-0432423/).
Aunque, dice McKibben, eso fue relativamente fácil, pues ya había la forma de sustituir esos gases por otros menos dañinos. Pero como el petróleo es aún una de las mercancías más lucrativas del mundo, se tomó el camino del ocultamiento, y se prefirieron masivas ganancias, a la salud planetaria.
Las petroleras hasta formaron la Global Climate Coalition. No sólo Exxon, sino Chevron, Shell, Amoco y otras, se unieron, con tal de defender sus mezquinos intereses. Gracias a esa coalición, en EU, por ejemplo, se impidió que se aplicaran impuestos compensatorios a los combustibles fósiles. Llegaron a decir, ¡háganme favor!, que si se reducía la producción petrolera, como consecuencia de los impuestos, habría menos CO2, y eso era malo, “pues más CO2, “acabaría con el hambre mundial, pues ese gas contribuía al crecimiento de las plantas”. Así, se opusieron también a los esfuerzos que el llamado “Protocolo de Kioto” intentó establecer.
Fue Lee Raymond, presidente de Exxon en ese entonces, quien dijo que afirmar de que reduciendo las emisiones de combustibles fósiles, se tendría un efecto en el cambio climático, “desafía al sentido común. Es muy improbable que la temperatura a mediados del siguiente siglo sea afectada por políticas que se tomen hoy o dentro de veinte años”. Y eso, a pesar de que científicos de la propia empresa habían demostrado fehacientemente que sí afectaría al clima la no reducción del empleo de combustibles fósiles.
Como era un gran negocio, para qué tomarse la molestia. Y todo, desde entonces, se hizo para que el empleo de los combustibles fósiles aumentara, como incrementar los vehículos fabricados por año, incrementar su potencia, oponerse a tecnologías verdes, como autos eléctricos, paneles solares, energía eólica…
McKibben asistió a los trabajos del protocolo de Kioto, en donde se acordaron modestos objetivos. Sin embargo, un representante de la industria petrolera estadounidense, cabildero en el gobierno de Clinton, le confió que esperaba “regresar pronto a Washington, para poner orden en esto”.
Y así fue, pues con Bush, sobre todo, Exxon llegó a establecer términos para que fuera afectada lo menos posible. Se acercó a su amigo Dick Cheney, quien había dejado el cargo de CEO del gigante de perforación petrolera Halliburton, para convertirse en vicepresidente de Bush. Cheney, quien ejercía una influencia perversa sobre el mediocre de Bush – aunque menos mediocre que Trump –, convenció a éste de que no cumpliera su promesa de campaña de ver al bióxido de carbono como un contaminante. Así, en un año, Frank Luntz, un consejero republicano de Bush, logró disuadirlo para que dijera que no había consenso científico de que la industria petrolera afectara al clima mundial. Y la mentira surtió efecto.
Y fue tan eficaz, que en el 2017, una encuesta entre estadounidenses, mostró que el 90% todavía no sabían que ya había consenso científico en que el cambio climático era real, ocasionado por el hombre.
Raymond se retiró de Exxon en el 2006 y su sucesor, Rex Tillerson, que formó parte del equipo inicial del negacionista climático – además de racista y perturbado mental – Donald Trump, ha hecho todo lo posible por expandir las operaciones petroleras de Exxon, sobre todo en el derritiente Ártico. Y a pesar del calentamiento global, ocasionado mayoritariamente por el empleo de combustibles fósiles, dice que “El mundo va a tener que seguir usando combustibles fósiles, le guste o no”. ¡Vaya descarada declaración!
McKibben especula la razón por la cual Exxon ocultó tantos años, a su favor, las evidencias científicas de que su perversa labor aceleró el calentamiento. Lo achaca a que una “gran guía” ha sido la nefasta influencia de la escritora ruso-estadounidense Ayn Rand (1905-1982), la cual, con su “objetivismo”, estaba totalmente a favor de la “libre empresa” y que cualquier intromisión pública era un obstáculo que debía de eliminarse, como señala en toda su obra, especialmente en su mamotreto “Atlas Shrugged”, su novela “más elaborada” (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2015/01/cero-tolerancia-o-de-represivas-leyes.html).
Muchos empresarios y “políticos” mafiosos de EU “admiran” a Ayn Rand, y la ven como su mentora. Por eso es que hacen lo que predicaba, “libre empresa” y nada de intervención pública. Trump es un ferviente seguidor de Rand, siendo su novela favorita “El Manantial”.
Y ha demostrado con sus acciones en contra de los esfuerzos para controlar el cambio climático, que está del lado de los empresarios (no ha sido el único, claro, pues los pozos que actualmente extraen gas con la contaminante, depredadora técnica del fracking, operan desde la época Barack Obama).
Además de Exxon, los hermanos Kock, dice McKibben, ejercen una gran influencia en el “gobierno”, más ahora, con Trump. Los Kock poseen una gran fortuna, gracias a sus negocios de extracción y refinación petrolera, los que, tan sólo en el 2017, les dejaron ganancias por 100 mil millones de dólares. Por eso defenderán, hasta con los dientes, sus intereses, sin importarles que el planeta se derrita por tanto calor.
Por su nefasta influencia, se han reducido o retirado los fondos para investigación y promoción de energías renovables, como la eólica o la solar. Se han subido los niveles de contaminación para empresas carboníferas, o los de los autos, que “pueden contaminar un poco más”. Se ha prohibido hablar en secretarías de Estado sobre el cambio climático. O sea, son “mentiras”. Ese oscurantismo muestra lo pernicioso que ha sido, contra los esfuerzos por combatir el cambio climático, el nefasto mandato de Trump.
Y tampoco ha tenido empacho en aumentar los impuestos a las celdas solares en un treinta por ciento, para desalentar a los estadounidenses a usarlas y que sigan empleando la electricidad producida por carboeléctricas y termoeléctricas, las que usan combustibles fósiles para su operación, las que están muy de la mano con las petroleras.
Rick Perry, su secretario del Departamento de Energía – acusado de corrupción, pero exonerado por Trump, también un corrupto y hostigador de mujeres –, dijo que EU seguiría produciendo CO2 “a los niveles actuales, hasta el 2050”. O sea, señala McKibben, EU, por sí solo, quemará las expectativas que se tenían para que la temperatura global no subiera más de 1.5 grados de aquí a ese año. Muy egoísta actitud. Y agrega que Perry dijo en el 2017 que “ser escéptico sobre el consenso científico acerca del calentamiento, es muestra de que se es una persona juiciosa e intelectualmente muy segura”. ¡Pues vaya con el intelectualmente seguro estúpido del Perry, que aún, frente a los megahuracanes que han golpeado recientemente muy duro a su país, siga negando que existe el cambio climático y que sólo es una “invención china”, como dice su estúpido jefe Trump.
Y por eso Trump decidió retirarse del acuerdo de París, para permitir que su contaminador país, siga polucionando a su antojo. Esa “decisión” no la tomó Trump por sí mismo, sino que le fue inducida por cabilderos e industriales. Uno de ellos, Myron Ebell, hasta patrocina a una coalición, Cooler Heads Coalition, encargada de “acabar con los mitos del calentamiento global” y él es el presidente. También los hermanos Kock, así como el Heartland Institute, fueron vitales para recordarle a Trump sus “promesas de campaña”, por ellos inducidas, claro, de que EU abandonara dicho pacto climático, pues si seguía así, la “prosperidad de EU” estaría en juego. Justo eso fue lo que justificó Trump para dejar ese vital acuerdo.
A pesar de la senda de destrucción mundial que está ocasionando el cambio climático y de que hay alternativas “verdes” para producir energía, como señala McKibben, no parecen las mafias y poderes fácticos que nos controlan, interesados en hacer algo. Vladimir Putin dice que “el calentamiento global se ha de presentar por ciclos”. Obvio declara eso, pues el petróleo es la principal exportación de Rusia y es el segundo vendedor mundial. Arabia saudita, el tercer exportador mundial, también ha tratado de desacreditar el consenso mundial sobre el cambio climático.
Y no deja de mencionar al fascista Jair Bolsonaro, “presidente” de Brasil, quien ha impulsado criminalmente los incendios de la selva amazónica que están en dicho país, con tal de que se “despeje la tierra” y que los ganaderos tengan más lugar para hacer zacatales que sirvan para alimentar a sus contaminantes ganados para producir más y más carne (ver: https://www.theguardian.com/environment/2019/sep/09/amazon-fires-brazil-rainforest).
Dice McKibben que la posibilidad de cambiar el estado de cosas radica sólo en la gente, que se proteste, que se hagan acciones que dañen los intereses de las depredadoras, contaminantes empresas. Cita el caso de la sobresaliente adolescente sueca Greta Thunberg, la que ha logrado impulsar un movimiento mundial para que los niños y adolescentes se opongan a las políticas depredadoras y que exijan a sus gobiernos acciones reales, no palabrerías que nada consiguen.
Eso, porque, en EU, a pesar de tantas organizaciones que se oponen a que sigan operando las petroleras, éstas siguen contando con el corrupto, incondicional apoyo de los mafiosos “políticos”. Señala que en California, por ejemplo, los legisladores, presionados por los votantes, se comprometieron a que en ese estado sólo se use energía renovable a partir del 2045, pero el gobernador ha seguido dando permisos para que se sigan perforando pozos petroleros, a pesar de que muchos están en medio de ciudades, en donde los índices de asma son muy altos. Muchas empresas contaminantes operan como si nada, como en Luisiana, en el pueblo de Reserve, donde labora una empresa que fabrica caucho sintético. A pesar de que sus actividades desprenden muchas sustancias perjudiciales para la salud – han subido los índices de cáncer – y el medio ambiente, ninguna instancia pública ha intervenido para tomar urgentes pertinentes medidas (ver: https://www.theguardian.com/society/audio/2019/aug/07/cancer-town-life-in-the-shadow-of-a-chemical-plant-podcast).
El sur de EU se está llenando de muy contaminantes “rellenos sanitarios”, que no son más que simples basureros a cielo abierto, en donde se arrojan, no sólo residuos orgánicos, sino hasta peligrosos, de los estados del norte, como cenizas radioactivas de las carboeléctricas. Y los corruptos políticos nada hacen, sino que los siguen alentando pues son “fuentes de trabajo” (ver:  http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/07/estados-unidos-usa-algunos-de-sus.html).
McKibben señala que muchos ven como la “solución” establecerse en otro planeta, como Marte, pero son ideas absurdas. “Los intentos, en 1991, de establecer una biósfera en el desierto del suroeste, fueron un rotundo fracaso”. Hasta el escritor de ciencia-ficción, Kim Stanley Robinson, quien es autor de una trilogía sobre cómo se colonizaba Marte, dice que es perniciosa la idea de creer que si “la cagamos en la Tierra, siempre podemos vivir en Marte o en otra estrella. Es absurdo”.
Dice McKibben que la idea de “habitar otros planetas” nos distrae de reconocer la belleza de nuestro planeta y de que debemos enfocar nuestros esfuerzos en salvarlo y salvarnos, junto con aquél.
Visitó recientemente Cabo Cañaveral, que en el 2012, estuvo a punto de ser desaparecido bajos las aguas por el huracán Sandy. Tuvieron que construir dunas de arena para proteger el sitio. Dice que los empleados de la NASA, que lo llevaron por un recorrido de las instalaciones, le dijeron la cantidad de animales que hay en un refugio cercano y que aquéllos aprecian bastante. “Cuando miras a la playa, es como Florida en los 1870’s, el estrecho más largo, imperturbable que existe en la costa Atlántica. Lanzamos gente al espacio desde un refugio animal silvestre. Eso es increíble”, le dijo uno de ellos.
Continuaron su recorrido entre los pantanos, para mostrarle aves, como pelícanos o lagartos.
Al final, McKibben se fue a la playa. Tuvo el gran gusto de ver a una tortuga emerger del mar, ir hacia la playa, cavar un agujero y desovar durante una hora.
Se entiende por qué remató así su artículo, pues de eso se trata, de salvar a la maravillosa Naturaleza.
El jefe Raoni Metuktire, de la tribu brasileña Kayapó, emitió recientemente una dura queja contra los que queman la selva, con tal de ampliar tierras para ganado y soya. Dice en una parte de su dramática declaración que “Queremos que ustedes paren lo que están haciendo, que paren la destrucción, que paren su ataque a los espíritus de la Tierra. Cuando ustedes cortan los árboles, ustedes asaltan los espíritus de nuestros ancestros. Cuando ustedes escarban por minerales, ustedes dañan el corazón de la Tierra. Y cuando ustedes arrojan veneno en la tierra y en los ríos – químicos de la agricultura y mercurio de las minas de oro –, ustedes debilitan los espíritus, las plantas, los animales y la tierra misma. Cuando ustedes debilitan la tierra como lo hacen, comienza a morir. Si la tierra muere, si nuestra Tierra muere, entonces ninguno de nosotros podrá vivir, todos nosotros, también moriremos” (ver: https://www.theguardian.com/commentisfree/2019/sep/02/amazon-destruction-earth-brazilian-kayapo-people).
¡Cuánta razón tiene ese sabio jefe tribal!
Porque, ya muertos todos, muerta la Tierra, muertos animales y plantas ¿de qué les habrá servido a los mezquinos jefes de las depredadoras petroleras haberse hecho inmensamente ricos?