viernes, 12 de junio de 2026

En Inglaterra también hay muchos ninis

 

En Inglaterra también hay muchos ninis

Por Adán Salgado Andrade

 

El desempleo juvenil es un grave problema social en todo el mundo. No importa si los jóvenes deseosos de hallar un empleo, tengan o no educación universitaria. Por ejemplo, en China, país que se jacta de tener el crecimiento económico más grande del mundo (anárquico, por supuesto, en detrimento de sus recursos naturales y la salud de su población que ya se achica), el desempleo juvenil ronda el 20 por ciento, para edades entre 16 a 24 años. Y no es porque no tengan estudios universitarios, que sí los tienen la mayoría, pero no hay trabajo, tanto porque son muchos los solicitantes, como porque en el capitalismo salvaje, que China ha abrazado desde hace décadas, la tendencia es fabricar más, con menos gente (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/08/en-china-como-en-el-resto-del-mundo-hay.html).

Y ahora, con la introducción de la Inteligencia Artificial, IA, se calcula que se han suprimido alrededor de un tercio de los empleos que los nuevos egresados, sin experiencia, pudieran haber conseguido. El ex primer ministro de Inglaterra, Rishi Sunak, quien ahora trabaja como consejero para las firma Anthropic, líder en IA, y Microsoft, ha dicho que aunque es “un entusiasta del impacto transformativo que ha tenido la IA, está de acuerdo con los temores que los recién egresados tienen con respecto a esa nueva tecnología” (ver: https://www.bbc.com/news/articles/cvg07x4rejdo).

Así que eso también está agudizando el desempleo juvenil a niveles nunca antes vistos.

Y, repito, aunque se tenga una carrera, ya no es posible conseguir trabajo o no de lo que se estudió. Y, cuando se consigue, muchas veces, nada tiene que ver con lo estudiado y los sueldos son bajísimos.

Por eso, muchos jóvenes optan mejor por estudiar una carrera técnica, como mecánico automotriz, aeronáutico, soldador, técnico en construcción, incluso en países como Estados Unidos, en donde estudiar una carrera universitaria endeuda de por vida a los que lo hacen (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/03/crece-el-desinteres-por-estudiar-una.html).

Además, ya se acabó el mito de que estudiar una licenciatura enriquece. Eso ya no es más. A lo mucho, permite vivir regularmente y eso, si no se tiene una familia, como muchos jóvenes ya optan por hacer, pues con hijos es peor todavía el nivel económico que tendrían (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/10/estudiar-una-carrera-universitaria-no.html).

Como señalé, es una tendencia, el desempleo juvenil que se está dando en todas partes. A nivel global, es de alrededor de 20 por ciento y tiende a crecer (ver: https://www.ilo.org/resource/other/world-employment-and-social-outlook-trends-2025-figures).

De allí que muchos jóvenes ya busquen otras formas de ganarse la vida en su adultez o se convierten en delincuentes, en su desesperación (ver: https://www.youtube.com/watch?v=2v9sgkL87-s).

Bien, ese desánimo sucede justamente en Inglaterra, como expone el artículo de The Guardian, titulado “Jóvenes, ambiciosos y sin trabajo: ‘He ido de Oxford a cero trabajo. Es muy decepcionante’”, firmado por Sammy Gecsoyler, quien agrega como subtítulo que “cerca de un millón de jóvenes de entre 16 a 24 años, están desempleados, ni reciben educación o entrenamiento para trabajar. Y los obstáculos que enfrentan son actualmente mayores que antes. Aquéllos que han estado desempleados por un año o más, explican cómo se la están pasando” (ver: https://www.theguardian.com/society/2026/jun/11/young-ambitious-out-of-work-unemployment?CMP=GTUK_email).

Una fotocomposición inicial muestra un letrero con las palabras “No estamos contratando”, una tendencia que se está agudizando demasiado. Y eso afecta las esperanzas de los jóvenes desempleados, a los que se llama allá Neets (por sus iniciales inglesas: not in employment, education or training, sin empleo, ni educación, ni entrenamiento), el equivalente, como titulé al artículo, de los peyorativamente llamados ninis aquí.

Un empresario de una empresa especializada en publicidad digital, Paul Clapp, admite que “gerentes como yo, tenemos la culpa, pues desde que surgió la IA, en mi caso que uso Claude (que es la plataforma para realizar tareas administrativas, ofrecida por Anthropic, y que está siendo ampliamente usada), ya no contrato a jóvenes. Pero, además, no voy a pagar £25,000 libras anuales por personas que sólo vengan a sentarse, que no se sientan motivadas, que sean inútiles”.

Claro, es la forma de pensar de los dueños de las empresas, si no les sirve la gente, no reclutarán. Y si con la IA, gastando mucho menos, pueden realizar sus tareas, así lo harán. Es la mentalidad egoísta, mezquina de, además, sólo contratar a quien tenga mucha experiencia, no dando oportunidad a nuevas personas.

Menciona Gecsoyler, en primer lugar, el caso de Thomas (a quien cambió el nombre, pues el joven no desea que conceder la entrevista de su caso, le reste oportunidades para hallar un trabajo), quien desde los 17 años (ya tiene 24) ha tenido problemas para conseguir un empleo. “Sí, apenas si sobrevivo con el crédito que me da el gobierno, £311 libras mensuales. Con eso, nada más me alcanza para ir a Iceland (una cadena que vende abarrotes, comida congelada, entre ellos), y comprar siete paquetes de comida congelada de a una libra cada uno, para tener qué comer durante la semana. La cajera es la misma y siempre me ve, así, como diciendo ‘éste, siempre llevando lo mismo, para cada día de la semana’. Es muy humillante, pero no me queda de otra. Y no me gusta molestar a mi familia, pues no tienen tampoco muchos recursos”.

Justo también es otra realidad de Inglaterra, que abunda la pobreza, a pesar de que es un supuesto país rico y “de primer mundo”. Pero ya está en severa decadencia y parece más un país subdesarrollado, con una clase política también decadente  (ver: https://www.youtube.com/watch?v=rnumY5hcRss).

Thomas ha hecho ¡2,000 solicitudes! desde octubre del 2024, que tuvo su último trabajo, y no ha contado con suerte. “Cuando fue la pandemia, la verdad, preferí ahorrarme nueve mil libras mensuales para ‘ir a una universidad’, estando en mi casa. Desde allí, comenzaron mis problemas. Y he tenido trabajos malos, con bajos salarios, en bares, bodegas, farmacias o haciendo aburridos trabajos administrativos. Y diario subo mis solicitudes, ¡pero nada, nada!”.

Su caso es peor, pues si de por sí con estudios universitarios los jóvenes ingleses no tienen trabajo, sin estudios, menos.

Y su asesor del crédito que le otorga el gobierno, sólo le dice que “échale ganas, ya saldrá algo. Y eso me enoja mucho, pues de mí, no queda”.

Su hermana, graduada en letras inglesas, con honores, tampoco ha encontrado trabajo desde hace unos tres años que terminó su carrera. “Sólo he conseguido uno para entrenar al ChatGPT en voces que lean textos, que den énfasis en unas palabras y oraciones. Y a veces, mi horario comienza a las tres de la mañana, pues estoy sujeta a cuando me llamen”, dice ella.

Y es cierto, la explotación de gente que trabaja para empresas de IA es terrible, como constata una guionista de Hollywood, que a falta de contratos por las empresas fílmicas, ha tenido que trabajar para compañías que hacen filmes totalmente con IA. “Me pagan una miseria y me hacen que me adapte a sus horarios, aunque sean nocturnos (ver: https://www.wired.com/story/i-work-in-hollywood-everyone-who-used-to-make-tv-now-training-ai/?_sp=d005d5e1-1958-4a03-a34e-6d36c561b8bf.1778966565924).

La gente mayor está de acuerdo en que antes, las cosas eran más fáciles. La madre de Thomas, que es maestra, dice que, en efecto, “antes, uno terminaba la carrera y ahí estaban los reclutadores, ofreciéndonos trabajo, pero ya no es así”.

Claro, antes, una carrera universitaria implicaba un ascenso en la llamada escalera social. Pero ya no lo es más. Incluso, estudiando maestría o doctorado, menos se hallan empleos, pues todavía son más limitados. Muchos maestros o doctores terminan trabajando en alguna cadena comercial, call centers o manejando aplicaciones de taxis digitales, como Didi o Uber, como he podido constatar (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2016/05/conversando-con-un-empleado-de-atencion.html).

Otro caso es el de Hannah, de 24 años, quien estudió en Oxford y se graduó con honores en una carrera administrativa. Tampoco ha conseguido trabajo. “Me fui a Europa, en donde tuve un empleo como maestra de inglés, pero hasta allí. Me regresé a mi país y nada he hallado. No es posible que habiendo egresado de la supuesta mejor universidad del mundo, me encuentre sin trabajo. Y mi asesor de crédito me dice que a estas alturas, acepte cualquier empleo. Pero aunque se trate de cualquier empleo, lo están solicitando otras mil personas. Es muy frustrante. Mejor no hubiera estudiado nada”.

Se comprende su decepción, pues ¿para qué quemarse tanto las pestañas, sacando menciones honoríficas y becas si, al final, le dice su “asesor” que casi se busque un empleo como mesera en un restaurante. Para eso, sin ser peyorativo, no se estudia.

Otro joven, Leo Borowsky, quien padece autismo y un desorden de hiperactividad y déficit de atención, dice que “a mí, se me dificulta más conseguir empleo,, por lo que padezco. Trabajé una vez en un restaurante, pero desde que me salí, no he hallado trabajo. También quise ser baterista de una banda, pero tuve problemas. Ahora quiero dedicarme a entrenar y cuidar a perros, me gustan mucho”, dice, algo resignado a su penosa situación.

Un caso más es el de David Kinkaid, de 20 años, quien vive en Peterborough. “Terminé un curso en BTEc (asesores en negocios y educación tecnológicas por sus siglas en inglés) y allí aprendí cómo llevar negocios, tecnología de internet y comunicación. Pero nada más trabajé en un supermercado dos semanas, sin que me pagaran, como entrenamiento. Quiero trabajar en empresas de internet y cada mes meto de 40 a 50 solicitudes, pero no he conseguido nada, no sé qué hacer”. Su madre, Elle, comprende la situación. “La verdad, no lo culpo. En mi generación, era más fácil conseguir trabajo. Llevabas tu currículo a cualquier lugar y te daban el trabajo. David tiene  amigos graduados que han solicitado trabajo en 100 o 200 sitios y no han conseguido nada. Es un grave problema que el gobierno tiene que resolver o esto va a explotar”.

Tiene razón Elle, pues los ninis son los grupos más vulnerables de la población y, en su desesperación, muchos se meten a realizar actividades ilícitas, como hackers o en la delincuencia organizada.

Menciona Gecsoyler el caso de Sohaila, un restaurante en donde la gente ordena platillos comunes y todos se reparten. Ese restaurante entrena gratuitamente a solicitantes, como chefs. Ryan McKiernan, director gerente de Fat Macy, la organización caritativa que financia a Sohaila, mencionado por Gecsoyler, afirma que si “no ayudamos a los jóvenes a conseguir un trabajo, se van acercando cada vez más y más a ser gente de la calle, pues muchos son presionados por sus familias, que trabajen o se vayan de la casa, pues no los quieren seguir teniendo como una carga. Aquí, los entrenamos como chefs, y cuando consiguen trabajo, les damos mil quinientas libras para que tengan para pagar su primera renta y puedan costearse su manutención, en lo que reciben su primer pago. Y los que más nos llegan son los jóvenes, pues han crecido mucho los neets.

Termina Gecsoyler, mencionando de nuevo a Thomas, quien dice que “hay un océano entre mis sueños y la realidad. La verdad, es la experiencia que más afecta mi mente. Cuando eras joven, te dijeron que tendrías tu carrera, tu propia casa, pero no, todo es una mentira. Sólo te la pasas haciendo esfuerzos para conseguir comida de una libra. Es muy fácil caer en los más bajos fondos”.

Cuánta razón tiene el chico. El enfrentarse con una brutal realidad, que cada vez irá empeorando, claro que baja los espíritus.

Pero esa es y será la realidad para la mayoría de los jóvenes de la actual generación y las que vengan.

Pero eso, al capitalismo salvaje, lo tiene sin cuidado, aunque finalmente, signifique su colapso, pues al haber menos trabajadores, habrá menos consumo.

Y el consumo es el leitmotiv de ese sistema.

Y por eso, debería de preocuparse por el creciente desempleo juvenil.

Como dicen, se está gestando una bomba de tiempo, que pronto estallará ¿no creen?

 

Contacto: studillac@hotmail.com

  

 

jueves, 4 de junio de 2026

Nuevo video sobre cómo se hacen, con engaños, los centros de fraudes cibernéticos de sus trabajadores

 Hola, estimadas lectoras y estimados lectores, les comparto mi nuevo video sobre de cómo, con engaños, los centros de fraudes cibernéticos, operados por mafias chinas, se hacen de sus trabajadores, a quienes mantienen amenazados, esclavizados y con bajos salarios. Espero que sea de su agrado: https://www.youtube.com/watch?v=X6bbkYMuUtE


 

lunes, 25 de mayo de 2026

La patriarcal yakuza, tuvo a una mujer entre sus filas

 

La patriarcal yakuza, tuvo a una mujer entre sus filas

Por Adán Salgado Andrade

 

La yakuza, como se le conoce a una parte de los criminales organizados de Japón, surgió desde el siglo 17, durante el periodo Edo, alrededor del año 1603. Comenzaron como vendedores que iban de casa en casa, ofreciendo mercancías. Cuando se hacían ferias, se organizaban para cuidarse. Poco a poco, con esas organizaciones, se fueron encargando de labores administrativas, relacionadas con el comercio.  Luego, sus organización comenzó a crecer y se formaron jerarquías hasta que, con el tiempo, se inmiscuyeron en actividades delictivas y “comenzaron adoptar estrictos códigos de conducta, una estructura de mando feudal, y muchos rituales no convencionales, como el yubitsume, que es la amputación del meñique izquierdo. Los miembros se muestran con cuerpos tatuados y vistiendo tangas, algunas veces con un kimono o, en años recientes, con un traje muy occidental, ajustado, que los cubre. En sus mejores momentos, la yakuza mantuvo una larga presencia en los medios japoneses y también operaba internacionalmente. En 1963, el número de miembros de la yakuza llego a un pico de 184,100. Sin embargo, ese número ha caído drásticamente, debido a cambiantes condiciones de mercado y muchas restricciones gubernamentales que han desalentado el crecimiento de la yakuza. En 1991, había 63,800 miembros y 27,200 cuasi miembros, pero para el 2025, sólo 9,400 miembros y 8.200 cuasi miembros. Y también ya está formada casi de pura gente mayor, pues más de la mitad de sus miembros son de al menos 50 años o mayores y un 26 por ciento, son gente en sus cuarentas. Sólo 5 por ciento están en sus veintes” (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Yakuza).

Justamente entre sus estrictas normas estaba que sólo hombres podían ser miembros. Sin embargo, hubo una excepción. Y esa excepción es Moka Nishimura, quien actualmente tiene 59 años.

Aún luce todos los tatuajes corporales que le cubren buena parte de brazos, piernas, hombros, pecho, espalda, manos y pies. Es baja de estatura, midiendo 1.50 metros y delgada. El periodista Sean Williams la entrevistó y escribió el artículo, publicado por The Guardian, titulado “La niña del diablo: el ascenso y descenso de la única mujer yakuza”, al que agrega como subtítulo que “Mako Nishimura luchó por entrar al submundo japonés, pero la adicción a las drogas y el lento debilitamiento de las bandas del crimen organizado, casi la destruyeron” (ver: https://www.theguardian.com/news/2026/may/21/the-devils-child-the-rise-and-fall-of-the-only-female-yakuza).

Le comenta a Williams, sin ambages que “derroté a varios hombres gánsteres. Primero, les doblaba las piernas con un garrote o pedazo de madera y luego hacía mi trabajo”.

Comenzó a integrarse con la mafia en 1986, cuando tenía 19 años, que había salido de prisión. “Sí, se interesaron en mí cuando una amiga, Aya, que estaba embarazada, me llamó, que tenía problemas con unos tipos. Tomé un bate y corrí a donde ella estaba. La rodeaban cinco tipos y cuando uno de ellos le pegó una patada en el vientre, le dije a ella que corriera y a todos los agarré a batazos. Los dejé todos ensangrentados y cuando llegó la policía, yo ya había escapado”, dice, con gracia, sin inmutarse, no se ve que la violencia haya afectado su forma de ser.

De allí, la buscaron miembros de la yakuza local, para reclutarla y en efecto, la convencieron y comenzó haciendo tareas, simples. “Tenía que lavar ropa, cocinar – les gustaba mucho mi comida – limpiar la oficina y pasear a los perros de mi jefe”.

Pero luego ya tuvo más responsabilidades.

Se enroló con la mafia Sugino. Su madre, Hiroko, cuando descubrió que Nishimura se había unido a esa banda, más tolerante que su padre (pues éste, para nada toleraba que su hija anduviera en malos pasos), fue a ver al jefe y sólo le pidió que cuidara mucho de su hija. “Mi madre siempre fue más tolerante y me dejó hacer lo que quisiera, pues pensaba que era mejor saber en dónde estaba yo a que un día desapareciera”

Dice que se arrepiente de muchas cosas que hizo. “Tuve que ver con el negocio de la prostitución. Yo reclutaba a mujeres que tuvieran muchas deudas con nosotros y las obligaba a trabajar. Un día, una, huyó, pero la fui a buscar y a la fuerza la traje de regreso. Años después la volví a ver y estaba irreconocible. Arreglé para que la soltaran porque, la verdad, me dio mucha tristeza verla así. Y también de muchas otras cosas que hice, me arrepiento”.

Conforme pasaron los años, Nishimura se iba encargando de otras cosas, hasta que comenzó a enredarse con el negocio de las drogas, que ella misma comenzó a emplear.

“Sí, tomaba metanfetaminas y otras cosas, que sólo me embrutecían. Un día, mi jefe me regañó y como castigo, me dijo que tenía que cortarme la yema del dedo meñique izquierdo con una espada. Pero cuando di el sablazo, me corté hasta la segunda falange, casi la mitad del dedo”.

En efecto, luce, sin pena, el dedo amputado, con el que se acostumbró a vivir desde entonces.

En dos ocasiones estuvo encarcelada justo por vender drogas. Uno de esos encarcelamientos fue de dos años y medio. Pero cada que salía, en lugar de reformarse, regresaba con la yakuza.

Luego, conoció a un miembro de la banda, del que se enamoró. “Yo era muy difícil para los hombres, pero de él, sí me enamoré”.

Tuvieron dos hijos. Pero como la adicción de ella por las drogas iba en aumento, cuando se divorciaron, su esposo, ya reformado, se quedó con la tutela de los niños, quienes ahora andan en sus veintes.

“Yo, la verdad, me avergoncé con ellos por la vida que llevaba y evité acercarme, por su bien, pero sí me sentía mal de no haber sido una madre normal con ellos”.

Su ventaja, digamos, fue cuando en los años 1990’s el gobierno japonés aprobó una serie de medidas que quitaron gran poder a la yakuza, impidiéndola de tener cuentas bancarias, negocios y otros giros que eran los que le daban el poder económico que tuvo por décadas.

Justamente esa decadencia la aprovechó Nishimura para irse desligando de la yakuza.

Y, de hecho, lo logró. En el 2010, en plena decadencia de la yakuza, se desligó por completo de la banda.

Williams señala que fue tanta la decadencia de la yakuza, que cuando en febrero del 2020, en plena pandemia, un crucero se quedó en cuarentena en el puerto de Yokohama, “la yakuza ofreció desinfectarlo sin cargo alguno, pero el gobierno declinó su propuesta”.

Vaya si ha llegado a la decadencia casi total la yakuza, que otrora fuera tan poderosa y hasta tema de famosas cintas, de las que Nishimura era gran fanática. “Sí, gozaba ver esas cintas en donde se glamurizaba a la yakuza”.

En efecto eran cintas que, a la manera de “El Padrino”, mostraban a los miembros de la yakuza como grandes héroes. Y es algo que nunca se debió de hacer, pues muchos gánsteres estadounidenses, en plena decadencia, tomaban a la figura de Don Corleone como el modelo a seguir.

Luego de que por sus problemas de drogadicción, hasta su madre prefirió no seguir viéndola, en la actualidad, se ha regenerado. Hace trabajos de limpieza y cosas así.

Con sus dos hermanos, una hermana menor y un hermano mayor, ya también “he hecho las paces”.

Su padre, murió hace años, “pero no le tengo resentimiento”.  

Y ya logró reunirse con el menor de sus hijos. “Con el mayor, dice que aún no está preparado, pues siente cierto resentimiento todavía conmigo, pero no lo culpo”.

Hiroko, luego de ver cómo se reunió Nishimura con su hijo menor, dice que “nunca me imaginé que ella volvería a ver a sus hijos. Estoy muy feliz, todos los días pensaba en ella, porque es tan linda mi hija”, dice, llorando de felicidad, la nonagenaria mujer.

Cierto, seguramente, con la vida que llevaba su hija, resultó para ella un milagro que sus nietos la volvieran a ver.

Nishimura es una sobreviviente.

Lo que seguramente cientos de otros miembros de la yakuza no tuvieron ese privilegio, de llegar a viejos.

Son los gajes de una violenta existencia.

 

Contacto: studuillac@hotmail.com