domingo, 5 de abril de 2026

Un británico fue encarcelado injustamente en Dubái

 

Un británico fue encarcelado injustamente en Dubái

Por Adán Salgado Andrade

 

En la cinta estadounidense Midnight Express (Expreso de medianoche), de 1978, dirigida por Alan Parker (1944-2020), se muestra el real viacrucis que tuvo que pasar el estudiante estadounidense Billy Hayes (1947) cuando el 6 de octubre, que vacacionada en Turquía, fue arrestado porque quiso sacar hachís del país, ya que regresaba a Estados Unidos.

Se muestra cómo eran las condiciones de la cárcel en donde estuvo, los malos tratos que sufrió y la forma tan hollywoodesca en que logró escapar de esa prisión.

De hecho, la cinta está basada en las memorias de Hayes que milagrosamente escapó de esa prisión (su novia le llevó un álbum fotográfico que contenía dólares entre el forro, para que se las arreglara. Ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Midnight_Express_(film)).

Un caso similar ocurrió con un empresario británico, Albert Douglas, de 58 años, quien sufrió un caso similar de secuestro-encierro en Dubái, ciudad de los Emiratos Árabes Unidos, EAU, considerada, hasta antes de la actual guerra de Irán, un paraíso de paz, en donde muchos influencers transmitían sus contenidos, seguros de que nada perturbaría la paz que allí  reinaba. Es lo que expone el artículo de The Guardian “’Fui golpeado y torturado’, cómo un padre y su hijo británicos hicieron una fortuna en Dubái y luego fueron encarcelados”, firmado por Will Coldwell, quien agrega que “mientras el Medio Oriente se encuentra de nuevo en guerra, residentes e influencers están presionados sólo para mostrar el lado positivo de los EAU. En realidad, muchos están en riesgo de ser encarcelados y en pocos casos, el gobierno británico tiene poco interés en ayudarlos a salir” (ver: https://www.theguardian.com/world/2026/apr/05/british-father-son-dubai-fortune-wanted-men-prison-beaten-tortured).

Douglas era un empresario especializado en pisos de madera. Y desde los 1990’s  vio que había gran potencial en Dubái para establecer un negocio así, dada la fiebre constructiva que había allí.

Le comenzó a ir muy bien, bastante. Por lo mismo, le sugirió a su hijo, Wolfang, que estableciera también un negocio de pisos.

Y así lo hicieron, los dos, surtiendo los constantes pedidos que les hacían las constructoras.

Pero no sabían lo que les esperaba.

Señala Coldwell que en Dubái, “los delitos financieros, fraudes y cosas similares, son duramente castigados, a veces, hasta con penas de muerte. Si usted discute con un taxista sobre que la tarifa estuvo muy alta, puede ir a dar a la cárcel”.

También dice que cómo los lazos comerciales entre Dubái e Inglaterra son muy fuertes, llegando a unos  £23,000 millones de libras anualmente, “antes de la guerra había unos 250,000 británicos residiendo temporalmente en Dubái, haciendo negocios de todo tipo”.

Por eso es que personas como Douglas estaban allí.

Los problemas comenzaron cuando Wolfang, agobiado por tantos pedidos, que tardaban en pagarse, empezó a ser asediado por sus deudores. Por más que se esforzó, no pudo pagar y fue amenazado de que si no lo hacía, iría a parar a la cárcel, pues las “deudas son tratadas como una cuestión criminal”.

Entonces, decidió regresar a Inglaterra. Douglas, su padre, quien se hallaba en Inglaterra cuando eso le sucedía a Douglas, pensó que su hijo exageraba y decidió regresar a Dubái.

Fue el error más grande cometido en su vida, pues al llegar, fue arrestado en el aeropuerto y confinado a arresto domiciliario preventivo.

Fu cuando Wolfang, quedó con unos traficantes de personas, a los que pagó £20,000 libras, para que lo extrajeran con el mayor sigilo posible.

Lamentablemente, cuando llegaron a la frontera con Oman, fueron descubiertos por soldados de los EAU y Douglas fue sometido, a golpes, patadas y con la amenaza constante de que le dispararían.

Su hijo Wolfang siguió toda la escena, pero luego perdió comunicación. Y comenzó a hacer una campaña publicitaria para informar sobre la injusta detención de su padre.

Le sucedió, menciona Coldwell, justo como a dos vendedores de bienes raíces, Ryan Cornelius y su socio Charles Ridley, encarcelados por un supuesto fraude contra el Banco Islámico de Dubái, “el que ya hasta se cobró de más, $1,600 millones de dólares en activos de Cornelius y hasta la casa que éste tenía en Londres, tres veces más el monto del préstamo original. Y aún así, su sentencia se extendió 20 años más”.

Justo como le imputaron a Douglas, la deuda de su hijo Wolfang, “mostrando la firma de Douglas como aval, cuando el negocio de Wolfang fue fundado, y aunque el abogado defensor apeló a que no era esa una prueba, el juez la sostuvo”.

Douglas fue llevado a la prisión central de Al Awir, en donde comenta cómo sufrió malos tratos. “Me golpeaban, me fracturaron un dedo, el hombro y no atendían el mal cardiaco que sufro. Vi cómo guardias violaban a internos, me privaban del sueño, me hacían firmar documentos en árabe”.

También, un día acordaron que lo irían a entrevistar, pero que tenía que hablar bien, que si no lo hacía, no le darían sus tratamientos médicos. Douglas se rehusó, pero, de todos modos, le dieron su tratamiento médico.

Wolfang, por su parte, acudió a todas las instancias gubernamentales posibles, especialmente a la Oficina de Asuntos Externos (The Foreign Office). Pero por lo de los “lazos comerciales”, las autoridades inglesas no osan hacer algo que pueda poner en peligro la relación con los EAU. Le comentó Wolfang a Coldwell, que “los de asuntos externos harían cualquier cosa con tal de no ponerse al tú por tú, con los EAU”.

Claro, primero son los negocios y ya si les salen mal a los compatriotas, pues que se las arreglen como puedan.

Señala Coldwell que mientras otros países presionan a los EAU para que liberen a sus ciudadanos, incluso enviando a sus ministros de relaciones exteriores, “Inglaterra es la que menos lo hace, como en el caso de Douglas”.

Cita el caso de Matthew Hedges, un académico británico arrestado en Dubái mientras estaba en un viaje de investigación por “espionaje y sentenciado a 25 años de prisión, además de que se le torturó. Su esposa, Daniela Tejada hizo una fuerte campaña difundiendo el caso que, incluso la Oficina de Asuntos Externos quiso tapar, por temor de ofender a los EAU. Luego de seis meses, liberaron a Hedges, pero ya habían dañado su reputación”.

Fue tanta la presión ejercida por Wolfang que, en noviembre del 2023, cuando le faltaban a Douglas dos años para completar su sentencia, el Sheikh Mohammed bin Rashid Al Maktoum,  el actual primer ministro de los EAU, le otorgó el perdón, pero ni así lo soltaron.

Todavía tuvo Wolfang que presionar a la agencia de la ONU para refugiados, para que también mediara a favor de su padre.

Finalmente, fue hasta mayo del 2025 que liberaron a Douglas. Lo sacaron de la prisión, sin dinero, sin identificación, y “aunque estaba libre, estaba prisionero dentro de esa ciudad”.

Y fue hasta diciembre, que las autoridades de los EAU lo pusieron en un avión y fue deportado a Inglaterra.

Y así, sin más. Han tratado Wolfang y sus abogados de que las autoridades de los EAU les devuelvan todos los activos que le fueron confiscados ilegalmente a Douglas, pero nada, no reciben mensajes, ni les dan información.

Ya actúan como en estos momentos hacen los genocidas, que van a “ocupar” una parte del sur de Líbano “por cuestiones de seguridad”. Éstos, obtienen así más tierras por la vía del robo, como los EAU obtienen dinero por vía de las amañadas “confiscaciones fiscales”.

También Wolfang y Douglas buscan que la Oficina de Asuntos Externos los compense por no haber hecho nada ante el ultraje recibido por Douglas, prefiriendo conservar “buenas relaciones” con los EAU a que ayudar a sus conciudadanos.

Cuando Douglas llegó al aeropuerto de Heathrow, “besó el piso. Pensó que nunca más vería a su familia, a sus hijos, a sus nietos. Y le quedó un estrés post traumático que lo despierta por las noches”.

“Pienso en mis compañeros, en Cornelius (el que está allí por el supuesto fraude al Banco Islámico de Dubái) y en otros que conocí en prisión y siento pena por ellos. No deberían de estar allí”.

Así que si tenían planes de hacer “buenos negocios” en Dubái, piénsenlo bien.

Podrían terminar en la cárcel si no le pagan a tiempo a los proveedores.

Contacto: studillac@hotmail.com

 

jueves, 2 de abril de 2026

El destruido futuro de los gazatíes

 

El destruido futuro de los gazatíes

Por Adán Salgado Andrade

 

Gaza, o lo que queda de Gaza, es un pequeño país de sólo 365 km2, apenas una cuarta parte del área de la Ciudad de México, y alrededor de 2.2 millones de habitantes, claro, descontando los más de 100 mil que probablemente fueron asesinados.

Es difícil imaginar por lo que están pasando, pues las noticias sobre lo que está sucediendo allí no son fáciles de conseguir, sobre todo porque los judíos no permiten comunicación directa con los gazatíes, impiden la entrada a periodistas por cuestiones de “seguridad”.

Debido al sospechoso ataque de Hamas el 7 de octubre del 2023, la vida de todos los gazatíes ha cambiado duramente, han quedado sin futuro y sin esperanzas (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/07/las-destrozadas-vidas-de-los-gazaties.html).

Hace poco supe de una aplicación para celulares, UpScrolled, creada por el experto en tecnología de internet, el palestino-australiano Issam Hijazi, quien, en el 2025, la lanzó, “como una red social alternativa, inmune a la censura de las redes convencionales, que está enfocada en proveer algoritmos justos por los que se puedan difundir las justas demandas de pueblos como los palestinos” (ver: https://upscrolled.com/en/about/).

La descargué y comencé a emplearla. En efecto, se pueden postear mensajes, que no son censurados, contra los genocidas judíos, contra el desequilibrado mental Donald Trump, criticando sus acciones en Gaza y así, mensajes que serían censurados en sitios como TikTok.

Aunque muchas personas la han desvirtuado, pues entran con otros fines, no para apoyar a Gaza o a Irán o a Líbano (scammers que la usan para cometer fraudes, por ejemplo), si se tiene cuidado, se pueden conocer a personas reales, como a Marimashawal, una mujer palestina en sus veintes, que me contó su historia.

                                                                Maramashawal

Marima, su diminutivo, me platicó que antes tenían una vida normal, “estable, quizá no con muchas comodidades, pero estábamos bien. Yo trabajaba en una tienda y también hacía otras cosas que salieran de repente”.

Claro, una vida quizá con limitaciones, pero normal, como la que se tiene cuando en un país existe, digamos, paz, nada de guerras, con bombardeos, balazos, soldados enemigos acechando, dispuestos  a matar a la primera oportunidad, tanques patrullando por todos lados. .

El problema con Gaza es que su área es muy pequeña, así que les fue difícil guarecerse de tanta genocida violencia. Y por eso fue tan fácilmente destruida por los genocidas

Y he visto videos de antes de que Gaza fuera atacada. Era un país normal, bullicioso, gente trabajando, estudiando, divirtiéndose, haciendo compras… algunos, cuando comenzó la guerra, estaban por comprar, muy orgullosos, un nuevo departamento, otros, estaban por graduarse de sus carreras y así, una ciudad normal con una población normal (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/06/una-universitaria-gazati-dice-que-se.html).

Continúa Marama con su relato, comentando que “mi esposo solía trabajar en distintas cosas, en la construcción, en otras labores, en lo que fuera, era muy trabajador. Tenemos dos hijos, uno, de tres años y el bebé, de ocho meses. Teníamos nuestra casa, no podíamos quejarnos, nos iba bien”.

                                         Caminando por las destruidas calles de Gaza

Claro, como dije, las condiciones, aunque difíciles, quizá, pero estables.

“Ahora, no hay trabajo, no podemos hacer nada, vivimos en una precaria tienda de campaña, muriendo cada día, de miedo, de hambre, de pobreza, de enfermedades. Mi madre está enferma de un mal sanguíneo y de tumores, y no tenemos los medios para curarla, morimos día a día. Es terrible nuestra situación. Nos han hecho viejos en esta destruida ciudad. Lo peor es que casi no nos ayudan, nos dan muy poco, además de que los judíos no permiten que pase ayuda, más ahora con la guerra de Irán y de Líbano” (que, por cierto, los judíos ahora, pretextando “seguridad”, ocuparán un área al sur de Líbano, destruyendo las casas de 600 mil personas para hacerlo. Lo peor es que actúan con absoluta inmunidad esos miserables genocidas y nadie les pone un alto. Ver: https://ddnews.gov.in/en/israel-to-destroy-all-houses-near-lebanon-border-defence-minister-says/).

          A pesar de la adversidad, su esposo y su hijo todavía tienen ánimos para jugar pelota

Dice Marama que perdieron a muchos familiares y amigos que “todas las familias tienen historias de pérdidas similares”.

Claro, pues tan sólo por la ley de las probabilidades, si hubo unos cien mil asesinados, las probabilidades de haber perdido a alguien cercano son de esos cien mil entre los 2.2 millones multiplicados por cien, lo que nos da 4.54 por ciento de posibilidades de haber perdido a un ser querido. Y es una cifra nada despreciable.

Lo peor, como señalé, es que no pueden hacer nada, no hay trabajo (¿quién daría trabajo viviendo entre escombros, sin alimentos seguros, rodeados de muerte y destrucción?), ni nada que hacer, pues todo los ven los judíos “sospechoso”, hasta acercarse a los puestos de comida para pedirla.

Así que sólo están atenidos a la poca ayuda internacional que se les proporcione y que los judíos permitan.

Lo mejor, para evitar hackeos, es donar cuando los sitios encargados de recibir donaciones cuenten con aplicaciones como PayPal, por ejemplo, pues, lamentablemente, en este mundo lleno de hackers y scammers, es riesgoso donar, pues podrían ser sitios disfrazados de ese tipo de organizaciones.

Pero entre los que se proporcionan, está uno que se llama https://chuffed.org/, y uno de sus servicios es donar a Gaza.

Dice Marama que “nunca imaginaríamos que algo así nos sucedería, es terrible, nuestras vidas han cambiado tanto. Yo era una chica con muchas esperanzas, ambiciones, quería hacer tantas cosas, terminar mis estudios. Ahora, nos han reducido a nada, a vivir en una precaria tienda de campaña, sin nada para vivir, sin posibilidades de seguir adelante. Por favor, si nos pudieran donar algo, lo que sea, por muy pequeña que sea la cantidad, estaríamos muy agradecidos mi familia, mi madre, yo, sólo queremos seguir adelante, no morir de hambre, de miseria, de enfermedades, por favor”.

Sí, ella y los suyos, merecen toda nuestra atención, no olvidarlos.

Su situación actual, finalmente, es producto de nuestra “gran civilización”.

Irónicamente hablando.

 

Contacto: studillac@hotmail.com