miércoles, 14 de octubre de 2026

Policías pagan dinero para no ir a trabajar

 

Policías pagan dinero para no ir a trabajar

Por Adán Salgado Andrade

 

 

Famosa fue la administración de Arturo Durazo Moreno (1918-2000), muy gran amigo del presidente del momento, José López Portillo (1920-2004), quien estuvo en el cargo entre 1976 y 1982, por la exagerada corrupción que la policía, sobre todo del ese entonces Distrito Federal, ejercía. Por cualquier mínimo detalle, detenían a los automovilistas, a los transeúntes, a los ciclistas… y si no tenían delito que perseguir les era “sembrado”, sobre todo, drogas, como mariguana, y los amenazaban con que los iban a llevar a “la grande”, el penal de Santa Marta. Que si el auto tenía una calavera trasera rota o que un cuarto no encendía o que si se quedaba sin gasolina o que si un peatón andaba con aspecto desgarbado o que si una parejita estaba en una calle obscura en su auto… todo era pretexto para amedrentar y espantar a la víctima, que si no le “entraban” con dinero, como dije, la iban a pasar muy mal.

Los niveles de corrupción policiaca (y en todos los niveles) fueron escandalosos, tanto, que el lema de López Portillo “La solución somos todos”, era parafraseado como “La corrupción somos todos”.

Y es que todos los niveles policiacos tenían a su vez que entrarle con el de arriba. Por eso, los policías de a pie, que era el rango más bajo, mordían, los patrulleros, mordían, los motociclistas, mordían, los grueros, que recogían autos aunque estuvieran en sitios permitidos, mordían… y los ciudadanos comunes eran la fuente de los ingresos extras, que desde los mandos bajos, hasta los altos, recibían a diario, eran cuotas obligatorias, de lo contrario, si no se daban, causaban baja, por no haberle entrado.

Y se habría pensado que luego del sexenio de Andrés Manuel López Obrador (1953), seguido del actual, con Claudia Sheinbaum (1962), eso se habría terminado, pero una reciente conversación que tuve con un conductor de Didi, al que llamaré Pedro, me mostró, no sólo que la corrupción policiaca continúa (ahora disfrazada de trámites administrativos), sino además que la delincuencia no termina porque muchos delincuentes tienen respaldo de altos mandos.

Pedro me recogió rápido, gracias a que yo viajaba hacia el oriente de la ciudad, rumbo por el que vive. Es común que se “redireccionen” los conductores de aplicaciones, o sea, tomen viajes que estén por el rumbo por el que vivan, casi siempre cuando van terminando sus turnos.

Dice que tiene tres autos, “recuperados de aseguradoras porque salen más baratos”.

Y como ya muchos hacen, me propuso al inicio del viaje, que cancelara lo cancelara yo, para que le transfiriera, “porque la aplicación nos quita mucho de la comisión”. Y me lo dejó en doscientos pesos que, más los 20 pesos de la cancelación, porque yo la hice, me salió unos treinta pesos más barato que el precio que me había indicado la aplicación.

Le dije que ya estaba algo reacio a hacer eso, porque le comenté el caso de un conductor, que me hizo la triquiñuela de que le transfiriera lo del viaje, a los quince minutos de iniciado, y que él haría que la aplicación cancelara lo que ésta ya me había descontado, “les digo que se me ponchó una llanta o a ver qué se me ocurre”. Obviamente, eso no fue cierto, así que pagué al doble dicho viaje, quinientos pesos, en lugar de 245, porque yo, en mi generosidad, hasta le di cinco pesos de propina (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2026/09/conductores-abusivos-de-aplicacion.html).

“Sí, pues ya hacen muchas transas. Ya la aplicación (Didi), ha dado de baja a muchas cuentas. Yo estoy en una página de Facebook, y allí salen muchos presumiendo que tienen tres cuentas falsas y que con esas trabajan… sí, ya se ha descompuesto mucho todo esto”, dice Pedro.

Le pregunto que cuánto tiempo tiene en la aplicación. “Tres años, pero yo soy policía”. “¿Ah?... ¿y cómo, a qué horas trabaja allí?”, le pregunto. “Ah, es que pago para no ir”. Y comienza a platicarme que da cuatro mil pesos cada quincena de su sueldo de policía activo. “¿O sea que tiene su cargo, pero no se presenta, ¿cómo?”, pregunto, asombrado. “Sí, nada más tiene que pagar y ya, y muchos lo hacen, ¿eh?, nos dicen volados”.

¡O sea, una especie de aviador! El término con que se designa a la gente que cobra un sueldo sin trabajar (aparte de los que conducen aviones, por supuesto).

Vaya sorpresa que me llevé, pues, como dije, se pensaría que con ocho años de estar gobernando MORENA, no existiría nada de eso.

Obviamente, en estos, casos, cuando la gente me platica sus historias, unas más interesantes, otras, menos, no estoy para juzgar, sólo escucho.

Pero no me parece ético que se siga haciendo eso. Y, repito, no sólo ni es ético, sino es corrupción, pues sólo paga Pedro para que lo presenten como policía en activo. “Son cuatro mil pesos quincenales, ocho mil al mes, pero con mi sueldo, más el bono por productividad, son veintisiete mil pesos mensuales, así que libres me quedan diecinueve… pero, de esos, me quitan impuestos, así que me han de quedar unos quince mil pesos”.

Es decir, que el sueldo de un policía activo es de unos veintisiete mil pesos, con el bono de productividad (¿productividad, de un policía inactivo?). No está mal, comparado con lo que puede ganar un profesor de primaria, secundaria o universitario, que la mayoría sacan menos de quince mil pesos mensuales.

Dice que se salió hace tres años porque, como trabajó en Inteligencia, un día “me metí con los grandes y me empezaron a amenazar”.

Y ya me platica que, por eso, la delincuencia sigue, pues a los infractores, como los vendedores de drogas, por ejemplo, “los agarraba un sábado, y el lunes, ya estaban afuera”.

Dice que cuando atraparon a unos “grandes”, unos compañeros de Inteligencia de él, como tenían apoyo “de arriba”, se arreglaron con dinero, los soltaron y a los policías que los habían arrestado, los acusaron de falsas acusaciones “y todavía están en la cárcel”.

Eso es grave, le digo, porque, entonces, de qué sirven los arrestos de delincuentes “organizados”, si gente del mismo gobierno los apoya. Y hasta están coludidos. Por ejemplo, basta recordar que Hernán Bermúdez Requema (1953), nada menos que exsecretario de Seguridad Pública de Tabasco, durante el cuestionable gobierno de Adán Augusto López (1963), era jefe del grupo criminal La Barredora, que extorsionaba, traficaba drogas, secuestraba gente. Así que no es de sorprender lo que en ese momento me platica Pedro.

Y tampoco creo que esto, lo de que si paga, no se sepa, pero por alguna razón, es tolerado.

Y seguramente ha de ser algo que existe no sólo dentro de la policía, sino en otros cuerpos represivos, como en el ejército, prácticas toleradas.

De hecho, alguna vez tuve un estudiante que me platicó que trabajó en el ejército, en un grupo que “no existía”. “Sí, a nosotros, nos enviaban a hacer los trabajos sucios, de deshacernos de gente indeseada”. Me recordó la cinta La civil (2021), dirigida por la belga Teodora Mihai (1981), protagonizada por Arcelia Ramírez (1967), basada en la historia verdadera de la activista Miriam Rodríguez Martínez (Arcelia), a quien unos delincuentes asesinaron a su hija. Ella, por desgracia, siguió el mismo camino, al ser asesinada por uno de los criminales que había matado a su hija, como venganza por haberlos denunciado Miriam. En la cinta, el giro es que Miriam acude con un capitán del ejército, quien le dijo que sí daría con los secuestradores, pero que tenía que respetar sus “métodos”, que consistió en rastrearlos, mediante mujeres conocidas de los criminales, a las que torturaron y asesinaron, con tal de dar con aquéllos, para horror de Miriam (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/La_civil_(pel%C3%ADcula)).

O sea, hay cosas que existen por conveniencia, digamos. De hecho, se criticó mucho a López Obrador porque le abrió bastante al ejército las puertas en su sexenio, no sólo en la cuestión de la seguridad, sino en la construcción (el aeropuerto Felipe Ángeles), administración de Mexicana de Aviación y muchos otros rubros. Digamos que, de alguna manera, se militarizó al país.

Pedro dice que llegó incluso al puesto de subdirector de sector. “Entré a la policía en el 2012, pero le fui echando ganas, andaba en una patrulla y así. Luego, estuve en Inteligencia y ya mi último puesto fue como subdirector, en donde, en ese tiempo (2019), ganaba dieciocho mil pesos. Pero fue cuando me metí con uno que andaba bien con los grandes y le digo que me empezó a amenazar. Hasta les pedí a unos cuates que cuidaran a mi mujer y a mi hija, por si las dudas, pero no, afortunadamente, no pasó nada”.

Su jefe de ese sector, Topilejo, fue Deiby Asaí Hernández Ramírez. “A los tres meses de que me salí, que lo matan, hasta salió en las noticias”, me dice.

En efecto, el diario La Jornada documentó su asesinato, por parte de unos delincuentes que le dispararon un balazo en el pecho. Bajo el título “Asesinan al jefe de sector Topilejo de la SSC; intentaba detener a rijoso”, fue que dicho diario publicó la dramática nota (ver: https://www.jornada.com.mx/noticia/2024/09/17/capital/asesinan-al-jefe-del-sector-topilejo-de-la-ssc-intentaba-detener-a-rijoso-4189).

“Imagínese, qué tal si a mí me hubiera tocado. Por eso, mejor me salí. Le dije a mi mujer que no le iba a hacer al héroe. Porque hay un dicho de los policías que dicen ‘si quieres llegar a viejo, haste pendejo’, y es lo que muchos siguen”.

Singular dicho, preferible seguir mordiendo.

Dice que la práctica de dar dinero es usual. “Por ejemplo, que si uno tiene hueva, pues paga, desde trescientos pesos, si es de un día o si son de veinticuatro por cuarenta y ocho, ya son seiscientos y así”.

“¿Y ese dinero, a dónde se va?”, le pregunto. “A todos lados, se reparte, todos hacia arriba reciben su mochada”, comenta, resignado.

Lo irónico es que dice que puede “ascender de puesto”. “Me metí a estudiar los sábados, por línea, en la Universidad Insurgentes, Agente Aduanal. “Ah, o sea, ¿que va a regresar como policía?”. “No, voy a seguir pagando, pero me mejoran el sueldo”, dice, casual.

Pues, vaya surrealismo, ascender en un puesto de aviador.

Me pregunto, de nuevo, si nadie de arriba conocerá esa situación o si es un secreto a voces tolerado.

O si se haya hecho por razones de seguridad hacia Pedro y su familia.

Si es así, bueno, entonces, es por una causa noble, ¿no?

Así que esa es una de tantas prácticas policiacas irregulares, por no decirles corruptas, que existen, no sé si sólo en la policía metropolitana.

Por lo pronto, dice Pedro que saca más dinero con sus tres carros (los otros dos, los renta, y por uno, recibe dos mil pesos semanales y por el otro, cinco mil), que de su sueldo como “policía”.

Quiere hacer solicitud como agente aduanero, ya que tiene la profesión. “Pero como soy servidor público, tendría que renunciar”, dice.

Terminamos el viaje, y es cuando ya le hago la transferencia. Será un dinero íntegro para él, que no tendrá que compartir ni con la aplicación, ni con hacienda.

Bueno, de alguna forma, es también una lucha contra un sistema opresor que nos obliga a pagar impuestos por todo. Y en el caso de la aplicación, como siempre lo he dicho, Uber y Didi sólo ponen el software que controla todo. Y son los conductores los que prestan el servicio, teniendo que comprar auto, seguro, gasolina… y, claro, el desgaste que manejar a veces hasta doce horas diarias, implica esa profesión.

En fin, al menos agradezco que no tuve que pagar un viaje doble

Quizá porque, siendo policía, Pedro veló por mi seguridad, ¿no creen?

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

       

 

 

 

jueves, 1 de octubre de 2026

El obsceno y lucrativo show de la pena de muerte en Estados Unidos

 

El obsceno y lucrativo show de la pena de muerte en Estados Unidos

Por Adán Salgado Andrade

 

Un dicho mexicano dice que, si no te toca morirte, aunque te pongas y si te toca, aunque te quites.

Bueno, pues eso justamente le sucedió a Christa Pike, mujer de 50 años que en días pasados, fue sometida a la ejecución mediante inyección letal, la que le suministró pentobarbital, un barbitúrico que en grandes dosis es mortal. Se supone que la desafortunada persona que recibe la alta dosis para provocarle la muerte, no sufre, pero es una total mentira, pues, como en el caso de Pike, recibió siete pinchazos por el personal “médico” (nefasto que enfermeras o doctores que, se supondría, deben de ayudar a una persona a vivir, estén en la sala de ejecuciones para matar a alguien), incluso, doblándose una de las agujas. Pero, no sólo eso, sino que como no le hizo efecto la primera dosis, como si fuera un sujeto de prueba, le fue administrada una segunda dosis. Según describieron testigos de su ejecución (sí testigos, como si hubieran asistido a un show, aunque algunos sean reporteros, no es posible que, con tal de llamar la atención, los medios noticiosos, envíen a periodistas a ver cómo es asesinada una persona), Pike sólo pareció dormirse, “emitiendo leves ronquidos y, en cierto momento, abrió los ojos, sonrió y volvió a dormir”. No es posible que se tenga la sangre fría para contemplar ese obsceno show o, de plano, no se tenga sangre, en un sentido figurado (ver: https://apnews.com/article/tennessee-execution-what-to-know-christa-pike-8a834e15b8f2d5397b7620bc33d0ec10).

La gente que está en contra de la pena de muerte, ha señalado varias veces que no ha logrado disuadir, a pesar de que lleva activa siglos en Estados Unidos, a que los criminales cometan terribles delitos, como asesinatos a sangre fría. Han sido cientos los que cometen viles asesinatos, los han ejecutado, pero eso, como señalé, no ha disuadido de que sigan otros perturbados mentales o de mentes perversas a seguir cometiendo crímenes monstruosos.

Incluso, una persona que se dedicó a ejecutar a prisioneros en el estado de Arkansas, mediante inyección letal está en contra. La periodista estadounidense Hayley Campbell (Inglaterra, 1986), publicó en el 2022 el libro All the living and the Dead (Todos los vivos y los muertos), el que contiene entrevistas que ella realizó durante muchos años de gente que desarrolla labores que tienen que ver con la muerte. Una de ellas fue el ya fallecido afroamericano Jerry Givens (1952-2020), quien se dedicó a ejecutar a personas en una prisión de Jamestown, en Virginia, entre 1982 y 1999 (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Jerry_Givens). 

El 27 febrero de 2017, Givens dirigió una carta al gobernador de Arkansas, en ese entonces, Jeremy Hutchinson, para pedirle que no ejecutaran a 8 prisioneros en el breve lapso de 11 días. Como uno de los componentes para las inyecciones letales, estaba por caducar, la prisión quería acelerar las ejecuciones pendientes. Pero el gobernador se negó y se procedió con cuatro ejecuciones.

Givens comenzó a los 24 años como verdugo. Entonces, sí era de la idea de matar a quien matara. Lo hizo porque a los 14 años, que estaba en una fiesta, alguien entró a matar a una chica con la que él quería hablar, pero estaba muy nervioso y no lo logró. Le afectó mucho esa muerte. Una de sus víctimas fue Linwood Earl Briley (1954-1984), quien en 1979, junto con su hermano, James (1956-1985)  cometió un atraco y mató a once personas. Jerry lo electrocutó.

Pero hubo dos cosas que lo cambiaron. Una, que casi mata a un inocente,  Earl Washington Junior, un prisionero con IQ de 10 años, acusado falsamente. Se demostró su inocencia y eso, lo salvó de la pena de muerte. La otra cosa que lo cambió fue cuando lo acusaron a él de robo. Lo juzgaron y le dieron 57 meses de prisión, acusado de lavado de dinero y corrupción.

“Pero me acusaron injustamente, de verdad”, decía Givens, en su defensa. Y él le comentó a Campbell que no estaba arrepentido de haber sido “verdugo”, pues era un trabajo que “Dios me había dado”, pero que no se justificaba del todo la pena de muerte (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/10/los-que-viven-de-los-muertos.html?zx=3a7a6048df081368).

La propia Union Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), se opone a la pena de muerte porque “viola inherentemente la prohibición constitucional en contra del castigo inusual y las garantías de un debido proceso legal y de protección igualitaria bajo la ley. Además, creemos que el Estado no debería adjudicarse el derecho de asesinar seres humanos, sobre todo cuando los mata con premeditación y con ceremonia, en el nombre de la ley o en el nombre de su gente y que lo hace de una forma arbitraria y discriminatoria. El castigo capital es una negación intolerante de las libertades civiles y es inconsistente con los valores fundamentales de nuestro sistema democrático. La pena de muerte no es civilizada en la teoría y es una injusticia y desigual en la práctica. A través de la litigación, legislación y lucha contra esta bárbara y brutal institución, luchamos por prevenir las ejecuciones y buscamos que sea abolido este castigo capital” (ver: https://www.aclu.org/documents/case-against-death-penalty).    

Particularmente hago énfasis en la frase “el Estado no debería adjudicarse el derecho de asesinar seres humanos, sobre todo cuando los mata con premeditación y con ceremonia”. En efecto, la premeditación, con tal de que se cree un show mediático, que sirve perfectamente, para distraer a la gente de graves problemas. Por ejemplo, la ejecución de Pike ha causado revuelo desde hace varias semanas, muy conveniente, pues así los estadounidenses han concentrado su atención en ese controvertido caso y han subestimado cuestiones como la inflación, ocasionada por las torpes medidas del desequilibrado mental Donald Trump (1946) o la inútil guerra contra Irán o (menos conocido y de menor preocupación) el genocidio en Gaza. Al pueblo, pan y circo. Pero el pan, está siendo cada vez más caro, gracias, como dije, a Trump, así que sólo queda el circo. Y ese mediatismo se logra con casos como el de Pike.

La otras palabras clave que señala la ACLU son con ceremonia.

Es un espectáculo cuando se ejecuta a una persona, presenciado por gente que buscó, mediante todos los medios, que el Estado los asesinara, por eso del “ojo por ojo y diente por diente”.

Hay una sala, justamente frente a la cámara de la ejecución, para que los vips, sobre todo, los familiares de los que claman venganza, se deleiten, viendo morir a la persona sentenciada. Lo cual recuerda los espectáculos públicos que se organizaban durante la obscura Eda Media, cuando una “bruja” o un “brujo” o un “poseído de Satanás”, era quemado vivo frente a las airadas masas que exigían el asesinato, por parte de la Santa Inquisición de ése o esa maldita. O más adelante, cuando se ahorcaba a un delincuente en el Estados Unidos de los vaqueros y los “indios” sometidos, desde mediados de los 1800’s hasta entrados los 1900’s.

Y, según, se permite esa aberración para que sus “almas”, las de los perturbados testigos, dejen de ser atormentadas por los asesinos o asesinas de sus “seres queridos” y puedan irse en paz a sus hogares, habiendo presenciado las muecas de dolor de la persona ejecutada y gozando internamente.

Eso, me recuerda la escena de la cinta Naranja Mecánica, de 1971, en donde a Alex, el personaje principal, lo están torturando con una sinfónica de Ludwig Van Beethoven (1770-1827) y sus quejidos son “música” para el hombre que, gozando intensamente, toma venganza contra él, pues años antes Alex había violado a su esposa frente a él y, como la mujer había muerto luego de eso por una pulmonía, el hombre le había achacado su muerte (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/A_Clockwork_Orange_(film)).

Yo, ni a un perro que estuvieran matando podría ver (¡ah, pero vean la hipocresía de los estadounidenses, que vuelven viral cuando alguna persona maltrata, ya no digamos, que mate, a un gato, por ejemplo, pero no se conmueven o estremecen cuando ven morir a una persona!).

En el caso de Pike, la madre de Colleen Slemmer (asesinada, sí, brutalmente por Pike y el novio de ésta, cuando Pike tenía 18 años, que le golpearon la cabeza con un pedazo de asfalto, además de que le infligieron muchas cortadas con un cuter), May Martinez, estaba en la sala de vips, junto con otros familiares y amigos, ávidos todos de presenciar la ejecución que, como señalé antes, salió mal. Los tuvieron que sacar, con tal de que no presenciaran el inhumano espectáculo de cómo trataron, inútilmente, los trabajadores médicos de asesinar en un segundo intento a Pike.

Y, en efecto, es una ceremonia dantesca, perversa, obscena que, por simple y pervertida venganza, se permite presenciar a los agraviados para que vean cómo asesinan a la persona imputada.

De hecho, si las cadenas televisivas lo pudieran hacer, traspasarían los límites de lo ético y lo moral, con tal de transmitir en vivo la ejecución. Y les aseguro que el rating sería enorme, más que un súper tazón o una pelea de box.

Hasta ahorita, no lo han podido hacer, claro, pero no dudo que en un cercano y distópico futuro, hasta a eso se recurriría, con tal de seguir con los distractores  para la gente, de los problemas verdaderamente importantes.

En fin, Christa Pike la libró, por ahora.

Al momento de escribir estas líneas, nada se sabe de su condición de salud, pero seguramente esa tóxica droga que se usa como anestésico, debe de haberle ocasionado hasta daños permanentes. Su equipo legal está considerando, incluso, demandar al Estado por haber utilizado un procedimiento que tiene un 35 por ciento de probabilidades de fallar (ver: https://www.theatlantic.com/ideas/2026/10/christa-pike-tennessee-lethal-injection/688859/).

Incluso, si es que logra sobrevivir al grave daño ocasionado, exige su defensa que le perdonen la vida. La verdad, considero que fue injusta su sentencia, hasta misógina, pues en el caso del novio que le ayudó (que Pike pensó que Slemmer se lo quería bajar), sólo le dieron cadena perpetua, con opción a libertad condicional si se porta bien. Pike ha pasado ya 32 años de su atormentada vida tras las rejas y en todo momento ha dicho que está profundamente arrepentida de su acción, que reconoce que fue muy perversa. De hecho, pidió perdón antes de que pensara que iba a morirse y hasta cantó una melodía de amor, para que le ayudara a bien morir. así que, en mi modesta opinión, habría bastado con que le dieran cadena perpetua, como se ha sugerido que sea sentenciada la infanticida Lindsay Clancy, la que asesinó a sus tres pequeños hijos bajo la influencia de lo que se conoce como psicosis postparto (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2026/08/la-involuntaria-infanticida-lindsay.html).

Por lo pronto el gobernador republicano de Tennessee, el duro (pues no quiso indultarla) William Byron Lee (1959), suspendió todas las ejecuciones en ese estado (incluida una que estaba programada para el primero de diciembre), hasta que no se haga una “exhaustiva investigación” sobre lo que sucedió con Pike y si se siguieron los “protocolos correctos”.

En fin, más que un acto de justicia, la pena de muerte es una aberración (que incluso ha llevado a la muerte a gente inocente) y un efectivo espectáculo mediático.

Y mientras se pueda seguir distrayendo a la gente con la ejecución del siguiente condenado o la siguiente condenada (que todavía es más mediático que se ejecute a una mujer. Pike iba a ser la primera mujer ejecutada en ese estado desde 1820 y la número 18, desde 1976), ese “castigo” seguirá.

Porque además es un excelente negocio. Su costo, desde el juicio inicial, hasta la ejecución final ronda entre los $1.5 y $3 millones de dólares. y de acuerdo con el Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC, por sus siglas en inglés), la pena de muerte es de 2.5 a 5 veces más cara que sentenciar a un prisionero a cadena perpetua, sin posibilidad de libertad condicional (ver: https://deathpenaltyinfo.org/what-to-know-costs-and-the-death-penalty).

Y, de todos modos, les salió mejor, ahora que Pike se debate entre la vida y la muerte en un hospital.

El show mediático continuará

Entonces, ¿así o mejor?

 

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