jueves, 16 de julio de 2026

Una estadounidense, víctima de scam, casi se quita la vida por el engaño

 

Una estadounidense, víctima de scam, casi se quita la vida por el engaño

Por Adán Salgado Andrade

 

Los fraudulentos romances en línea son un gran negocio que deja a los que los realizan alrededor de $3,800 millones de dólares anuales. Una pérdida es la económica, pero otra, todavía más terrible, es que a las personas, sean mujeres u hombres, que caen en esos engaños, les rompen el corazón, pues estaban con la gran ilusión de haber hallado al verdadero amor de su vida (ver: https://verafin.com/2024/02/romance-scams-a-heartless-reality/).

Lo peor es que tales ganancias no son para las o los que cometen directamente los fraudes, sino para las “empresas” de hackers (de mafias chinas, casi todas) que controlan, casi como esclavos, a cientos de trabajadores y trabajadoras, a quienes tienen casi en esclavitud, para que engañen muy convenientemente a la víctima, que le prometan todo, que se aprovechen de su soledad, de su falta de amor, de su esperanza de, por fin, hallar a alguien que realmente las o los quiera, a pesar de su aspecto (sufran obesidad, fealdad, defectos físicos, inseguridad…) o de sus hábitos… o lo que sea. Muy hábilmente esos scammers contratados, los van manipulando para que crean que realmente están relacionándose con una verdadera persona (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2026/01/un-operador-de-fraudes-por-internet.html).

Abundan las historias, sobre todo de mujeres maduras que solas, sin amor, sin esperanzas de que alguien las ame de nuevo, caen totalmente en esos engaños. Una de ellas es Anna, inglesa, administradora de finanzas, en sus 50’s de edad, quien en el 2019, tenía cuatro años de estar sola, recuperándose de un abusivo matrimonio. Ya, aliviados sus sentimientos, se sentía capaz de hallar de nuevo a una pareja. Conoció a un supuesto “búlgaro” que vivía en Londres y era importador de alimentos. Un día la engañó con que lo habían secuestrado. Le envió fotos de su brazo fracturado y de que lo matarían, si no le enviaba una fuerte suma. Con ese tipo, la pobre mujer perdió £350,000 ($473,795 dólares). “Todo un año, me dejé llevar, atrapada en este ciclo de abusos. Sólo quería que no sufriera”. Estaba tan obsesionada con su “romance” que incluso, cuando una mujer la contactó por FB y le dijo que la foto que ella había subido a su perfil, para “presumir” a su nuevo novio, era de un actor mexicano-argentino, llamado Juan Soler, “me negaba a creerlo”. Le dijo Anna que, incluso, habían tenido videoconferencias, pero la mujer le respondió que ese hombre, usaba tecnología para superponer la imagen del actor. Así de hábil fue ese fraudulento. La mujer casi se muere de la pena. La investigación, según, se está realizando, pero ella no recuperará ni su dinero y, mucho menos, su roto corazón (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/02/los-lucrativos-romances-fraudulentos.html).

Otro caso es el narrado en el artículo publicado por Associated Press, titulado “Ella sabía que no era real. De todos modos, se había enamorado de él. La historia de una mujer víctima de un romance fraudulento”, firmado por Juliet Linderman (ver: https://apnews.com/article/romance-scams-victim-113a86b0591cead3d5eac52d06510b6f).

Abre el artículo la foto de la víctima,. Jean Booth, una mujer de 43 años, “quien por una difícil niñez y que había terminado con una relación de 24 años, era la víctima perfecta para caer en el engaño”. Lo que la “flechó”, digamos, fue que un día, un supuesto Daniel Rodriguez Fanelli, “Donnie para los amigos y para ella”, la contactó por el Match (una de tantas empresas dedicadas a establecer relaciones por línea), enviándole un “tierno” mensaje de “Buenos días, linda”, Booth que, como señalé, se acababa de divorciar, “cayó redondita”.

La mujer tiene algunos complejos, pues es obesa y no se considera guapa, “más bien, me siento fea y que alguien me dijera ‘linda’, de inmediato me cautivó”, confiesa Booth, quien a partir de ese momento sostuvo una “relación” por ocho meses, ilusionada de que pudiera reconstruir de nuevo su vacía, existencia, que su desamor por la vida se convirtiera en una permanente relación de amor..

Para complicar más las cosas, había sido despedida de su empleo en el gobierno, como administradora de donativos gubernamentales, “pero los recortes de Trump la dejaron sin empleo”.

De todos modos, “tenía mi guardadito y con eso pensaba pasarme algunos meses, hasta que hallara de nuevo ocupación”, dice Booth.

La historia inventada por el tal Donnie fue que era militar, paracaidista, viudo, pues su “esposa” había muerto hacía cuatro años en un “accidente”. Muy clásica, “triste historia”, bastante recurrente entre los scammers. Y que tenía una hija pequeña, de dos años que, como él “estaba en servicio en una base militar en Arabia, la había dejado al cuidado de una nana”. Justo de eso fue de lo que se valió para lo que siguió.

Se muestran capturas de pantalla de los mensajes que le enviaba el tal “Donnie” a Booth, a su celular, que ya cuando tomaron confianza, le comenzó, clásico, a pedir dinero. El primer “sablazo” que le dio fue cuando le dijo que la tal nana lo había amenazado con que “ya no iba a cuidar a su hija, si no le pagaba el dinero que le debía, que eran $7,500 dólares”. Booth le ofreció ir a cuidar a la niña, que le diera su dirección, pues ambos vivían en Ohio (de parte del scammer, claro, era una mentira). Vino la manipulación, con el tipo “enojándose”. “No, por favor, no quiero que conozcas así a mi hija, quiero que cuando regrese a Estados Unidos, yo te lleve a conocerla”. Y la comenzó a chantajear que si realmente lo quería, que confiara en él y que le diera ese dinero, que él, luego se lo repondría.

Y cedió, le transfirió $7,500 dólares.

Lo peor es que cuando lo platicaba a sus amigas, éstas le advertían que podía ser un fraude. “Y yo misma lo sospeche, casi desde que le transferí el primer dinero. Pero me resistía a creerlo, deseaba con todo mi corazón que Donnie fuera real, que realmente fuera el amor de mi vida que tanto necesitaba, a pesar de lo que mis amigas me decían”.

Se entiende su desesperación de que el “hombre” fuera real, pero también el temor, pues justamente una de las señales que identifican a los romances fraudulentos es cuando comienzan a pedir dinero. Y lo hacen bajo cualquier pretexto. Ya se han hecho incluso documentales sobre cómo operan esos scammers. Uno de ellos “Tinder Swindler”, de un miserable sionista israelí, Shimon Hayut, que se hacía pasar por rico millonario, quien al principio daba muestras de serlo, como invitar a las víctimas a algún caro restaurante, pero luego, en un dramático giro, les comenzaba a sacar dinero por todo, inventando que no tenía efectivo para realizar algún importante negocio o llegando al grado de simular que alguien lo había secuestrado y golpeado, enviándoles a las víctimas un video (el mismo para todas) de él, siendo amagado por el “matón” (era un tipo que trabajaba con él para realizar esos falsos videos). Desfalcó a varias con sumas de más de sesenta mil dólares, pues las estudiaba por el Facebook de ellas, deduciendo las que podrían tener dinero (ver: https://www.youtube.com/watch?v=4r5yMv_3kVI&t=47s).

Hayut, tal como comenzó a hacer Donnie, simulaba enojarse y amenazar con terminar la relación si las mujeres no cedían a sus chantajes. Eso hizo “Donnie”, quien cada vez era más demandante con Booth, presionándola de que “lo mejor es que terminemos, si no confías en mí”.

Y todas las veces, la pobre mujer cedió y le entregaba el dinero.

Una vez, logró contactar a una mujer, Elizabeth, que estaba como contacto de “Donnie” en el FB. Logró averiguar su dirección y fue a verla.

Intercambiaron experiencias y resultó que también ella era “novia” de “Donnie”, que también era “el amor de su vida” y que no era posible que también anduviera con Booth.

De allí, Booth comenzó a dudar más y más. Pero “Donnie” le aseguró que era mentira que Elizabeth lo quería arruinar, terminar con la “relación tan bonita que tú y yo tenemos”.

Booth consideró (o su ansioso corazón) que podría ser cierto y que Elizabeth sólo los quería apartar (no pudo comunicarse de nuevo con ella, pues Elizabeth, para no tener que ver nada con “Donnie” ni con nadie de sus conocidas, la bloqueó. Booth, por eso pensó que Elizabeth tenía malas intenciones con “Donnie” y con ella).

Otra vez confió en “él”. Y cayó de nuevo en otra petición de dinero, cuando “Donnie” le dijo que ya se iba a regresar, pero que necesitaba dinero para arreglar unos pendientes en “Siria”, pues como su sueldo se lo habían retenido “por problemas”, necesitaba para eso y para el boleto de regreso.

Y cedió Booth, a pesar de que algo en su interior le decía que todo había sido un engaño. Y eso lo confirmó cuando el día que “Donnie” le dijo que llegaría, nunca lo hizo.

“Me puse a llorar allí, en medio del restaurante tailandés en donde se suponía que nos veríamos, porque no quiso que lo fuera a esperar al aeropuerto. Claro, era su plan, nunca llegar. No sé ahora si ese joven paracaidista, de ojos azules, corte militar, muy simpático, fue verdadero. Y hasta pensé en suicidarme, de verdad”, dice Booth, muy triste, pero a la vez enojada, de no haber hecho caso a los consejos de sus amigas y de sus padres de que todo era un simple engaño.

“Luego de varios días, me llegaron sus mensajes, con las mismas excusas pendejas… fue cuando lo bloqueé”.

Perdió noventa mil dólares, “mis ahorros, no pude seguir pagando la renta de mi departamento y ahora vivo con mis padres, a pesar de que no nos llevamos muy bien”.

Por fraudes así o relaciones en línea que aunque sean, digamos, reales, que no llevan a ningún resultado,  es que cada vez los romances por internet están disminuyendo, afectando los ingresos de las empresas que justamente se dedican a eso, como Tinder, Match u otras (ver: https://www.theguardian.com/commentisfree/2026/jun/01/dating-apps-failed-sex-romance-ai-cupid-swiping-bumble).

Para grata sorpresa de Booth, autoridades locales le dijeron que investigarían su caso, “pero sigo esperando resultados”, dice ella.

De todos modos, como seguía su perfil en el Match, la siguieron contactando hombres. “Yo les decía que no me molestaran, que ya sabía que eran scammers, hasta que una vez me contactó un nigeriano, de 27 años, se mostró sincero, me dijo que lamentaba esos engaños, que él se dedicaba a eso, pero que quería dedicarse a otra cosa, poner un negocio de zapatos”.

Quizá por la soledad, siguió platicando varias semanas con él.

“Y un día me pidió $400 dólares para poner su negocio de zapatos. Y qué crees, que se los di”, le dijo a Linderman, sonriendo.

 O sea, que a veces no aprendemos la lección.

 

Contacto: studillac@hotmail.com

    

 

 

jueves, 9 de julio de 2026

A inglesa, casi la mata un tipo en bicicleta eléctrica y no la quieren indemnizar

 

A inglesa, casi la mata un tipo en bicicleta eléctrica y no la quieren indemnizar

Por Adán Salgado Andrade

 

El auge de bicicletas eléctricas por todo el mundo y de conductores que las manejan sin cuidado, está llevando a implantar leyes más estrictas, tanto en la forma de conducción, así como para tener una forma para identificar a tantos millones de aparatos de ese tipo que circulan por todo el mundo.

Particularmente, por la forma de manejo, es que son frecuentes los accidentes, sobre todo, cuando embisten a alguna persona, pues irresponsables ciclistas las manejan sobre banquetas o sitios en donde deberían de conducir con más precaución, pues conviven justo con peatones.

Eso le sucedió justamente a la londinense Jane Ouartsi, cuando caminaba por una plaza peatonal en el centro de Londres. La mujer en sus 60’s, caminaba con su pareja, despreocupadamente, hablando de a dónde irían a comer, cuando un chico de 10 años, manejando irresponsablemente e ilegalmente por allí, la embistió, probablemente a una velocidad de unos 25 kilómetros por hora, haciéndola a un lado y tirándola al piso. Dice la mujer que sintió morir.

Es lo que expone el artículo de The Guardian, titulado “’Sentí que mi columna y mi cuerpo se abrían’: la mujer que fue embestida por un niño en una bicicleta eléctrica de (la empresa alquiladora) Lime y le han negado indemnización”, firmado por Amelia Gentleman, quien agrega como introducción a su trabajo que “la colisión fue catastrófica. Jane Ouartsi sufrió fractura del cuello, dos fracturas de la columna, un fémur fracturado, el cual requirió tres operaciones para que soldara y además tuvo que aprender de nuevo a caminar, como un niño. ¿Por qué nadie ha asumido responsabilidad por sus daños físicos que le cambiaron la vida?” (ver: https://www.theguardian.com/world/2026/jul/07/i-felt-my-spine-and-body-split-the-woman-who-was-hit-by-a-child-on-a-lime-bike-and-denied-compensation).

La foto de Ouartsi, una mujer ya en sus últimos 60’s, abre el artículo. El semblante, hasta eso, se ve optimista. “No sé cómo estoy viva, fue un milagro. Sentí que me partían el cuerpo en dos”, dice.

Más adelante, está el video que la cámara de vigilancia captó. En él, se ve a Ouartsi con su compañero, Dave Mathias, quien es instalador de puertas y ventanas, caminando tranquilamente por una plaza. A la izquierda, va circulando la bicicleta eléctrica que una empresa, Lyme, alquila. Tienen mucha demanda sus aparatos y se justifican porque pretenden ser un medio alternativo a los autos, pues no son contaminantes (no tienen escape, claro, pero la huella de contaminación de los vehículos eléctricos se da en que fomentan el extractivismo, muy depredador y contaminante. Ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/06/cada-vez-es-mas-evidente-que-los-autos.html).

En una fracción de segundo, debido a la velocidad con que el chico de diez años la conduce, la bicicleta embiste brutalmente a Ouartsi, quien cayó de golpe hacia un lado. “Todavía no puedo ver ese video, sin sentir cómo el cuerpo se me estremece al recordarlo”, dice.

Mathias, de inmediato trató de retener al irresponsable adolescente. “Incluso, le quise tomar una foto, pero una mujer me dijo que no, que para que no tuviera yo problemas. Pero en realidad, era para que él no los tuviera. Sospeché que era su madre, pues al poco rato, desaparecieron”.

Ouartsi sufrió múltiples fracturas del cuello, dos fracturas de la columna, un fémur muy dañado que requirió tres operaciones para estabilizarse. “Los médicos que me atendieron, me dijeron que nunca habían visto heridas así, pero que ya se estaban acostumbrando, pues ya eran frecuentes los pacientes que llegaban por haber sido embestidos por bicicletas eléctricas. Y que eso lo ven cada semana, que les toma tiempo tener que curar piernas o brazos de personas, cuando podrían hacer trabajos más importantes”.

Bueno, finalmente es su trabajo, pero, en efecto, que cada semana tengan que enfrentarse con un peatón o un ciclista herido, debe de ser hasta traumático. Por eso es que deben de regularse muy estrictamente esos aparatos.

Le llevó varias semanas aprender de nuevo a subir una escalera y muchos meses previos para caminar. “Tuve que aprender a caminar de nuevo, como niña. Y de todos modos, tengo que usar bastón en adelante, pues aunque más o menos me curaron, ya no quedé como antes, sobre todo, por mi edad”, dice Ouartsi.

Por eso, como señalé, ya se están tratando de implementar controles más estrictos contra bicicletas y motocicletas eléctricas, cuya velocidad exceda los 25 kilómetros por hora y pesen más de 35 kilogramos. Aquí, en la Ciudad de México ya se les obligará a que sean emplacadas, usen tarjetas de circulación, que no circulen por banquetas, zonas peatonales o ciclovías y que sus conductores usen cascos (ver: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/05/06/capital/cdmx-monopatines-y-motos-electricas-nuevos-deben-salir-con-placas-de-tiendas).

Aun así, siempre habrá los que violen los reglamentos, que les importe absolutamente un bledo usar placas o casco. Éste, es obligatorio para los motociclistas, pero abundan los que no lo usan. Incluso hasta circulan por banquetas.

De todos modos, es un avance, pues que seamos embestidos por un aparato de esos, que no tenga identificación, sería más difícil hallar al culpable.

De hecho, a pesar del video y de que claramente muestra que el conductor fue el culpable, por circular en una zona peatonal a gran velocidad, la empresa rentadora, Lime, no ha asumido su responsabilidad.

Por un lado, que porque no se ha identificado al conductor, el que discretamente huyó del sitio con su consentidora madre (imaginen, si así le está enseñando, a que no se responsabilice de sus irresponsables actos, cómo será ese adolescente cuando sea adulto. Seguro, un delincuente que no tendrá temor de cometer crímenes, pues siempre estará su mami para que lo saque de apuros… ¡o de la cárcel!).

Eso, dice un empleado de la empresa, es una objeción para que se le pueda dar una indemnización.

La otra razón por la que no le quieren dar la indemnización es que alegan que no hay un registro de quién haya sido el que alquiló esa bicicleta. Incluso, ya en el colmo del cinismo, alegan que esa bicicleta era robada y que por eso, no tendrían responsabilidad.

Absurdo, pues sea o no robada, es un vehículo que es de la empresa y debe de asumir su culpa.

Lamentablemente, dice Gentlelman, que como no hay una legislación seria, los ciclistas hacen lo que quieren. “No estamos en contra de las bicicletas eléctricas, pero deberían de regularlas más. Lime debería de ser más estricta en alquilarlas a menores de edad, que son los que más han cometido esos accidentes”, dice Mathias.

Ouartsi y su marido están tratando de hacer una campaña de concientización hacia esos conductores y hacia las autoridades, para que conduzcan con más responsabilidad, “pues pueden matar a alguien”.

Otro video, muestra también cómo a otra mujer, Helen Goodsell, la embistió también un chico en una bicicleta eléctrica, igualmente de Lime, aunque le ocasionó daños menos graves que los de Ouartsi. Y en su caso, la empresa asumió la responsabilidad y ya le otorgaron una indemnización, aunque no lo que pensaba esa mujer.

Lo que ahora esperan Ouartsi y su pareja, es que la empresa les otorgue una “compensación solidaria”, es decir, que no reconociendo del todo su culpa, le entregarán algo de dinero. “Pero ni eso nos han dado. No es posible que nadie nos haga justicia”.

Pero pareciera que no existen leyes en ese país, que los peatones no valen, que son las empresas lo importante. Inaudito, pues pareciera que el salir a la calle allá, es como salir a la jungla de asfalto, en donde puede una persona resultar herida o hasta muerta por la irresponsabilidad, en este caso, de un chico manejando una bicicleta eléctrica, por puro placer, no por necesidad.

Mientras tanto, la pareja ha sufrido severo daño emocional.

Lo resume Mathias, diciendo que “el impacto psicológico de lo que nos pasó, tiene consecuencias futuras. Jane y yo teníamos esperanzas y sueños para nuestro retiro y nuestro futuro juntos, pero nos los han cercenado”.

En efecto, así, como ese estúpido chico casi le cercenó la columna a Jane.

 

Contacto: studillac@hotmail.com