viernes, 24 de julio de 2026

La chica que limpia gratuitamente las asquerosas casas de la gente con fuerte depresión

 

La chica que limpia gratuitamente las asquerosas casas de la gente con fuerte depresión

Por Adán Salgado Andrade

 

Muchas enfermedades mentales son tan profundas, que incapacitan a la gente que las padece.

Por ejemplo, la esquizofrenia es una grave enfermedad mental que lleva a los que la padecen a sufrir de miedos imaginarios que sólo tales personas pueden “ver”.

Por ejemplo, hace años, un amigo de mi hermano, se quedó encerrado en su cuarto, cuando tendría unos veinte años, porque decía que era inminente el holocausto nuclear y quería estar a salvo. Imaginen, de haber sido así, de todos modos, no habría estado seguro en su cuarto, tanto durante el estallido de una ojiva nuclear, así como por la radiación subsecuente. Uno u otra, lo habrían matado. Pero de allí, se le detectó esquizofrenia y, desde entonces, hace más de cuarenta años, toma varios medicamentos, además de ser fumador empedernido, que ya hasta tiene los dedos teñidos de café, con tal de “controlar” adicionalmente ese mal.

En otro ejemplo, una amiga que vivía hace muchos años atrás, por los 1990’s, en New Hampshire, Estados Unidos, en una noche navideña, con temperaturas bajo cero y nieve circundando la casa en donde ella ayudaba a una familia estadounidense en las labores domésticas y el cuidado de sus hijos pequeños, salió corriendo, desnuda, entre la nieve del camino, gritando que había un monstruo en esa casa, que la quería engullir. Edith, que así se llamaba, también no ha dejado de tomar medicamentos para esa incurable enfermedad (años después, supe que se había embarazado y tenido una hija y que, al parecer, eso le había menguado en algo la enfermedad).

Otro mal también invalidante, es la depresión, la real. Mucha gente que dice estar “deprimida”, en realidad, está triste, es normal, lloran, sienten desgano, se la pasan viendo las pantallas…y así. Pero no es una depresión, la real, la que puede llevar a las personas que la padecen a pasársela dormidas todos los días, todas las noches, tomando somníferos pues sólo así, en ese estado de hibernación mental, digamos, pueden estar y evitar, incluso, un suicidio.

Ese tipo de personas se abandonan y si nadie hay cerca de ellas para auxiliarlas, si viven solas, pueden llegar a un grado tal de degradación, que sus casas se vuelven acumulaciones de basura, heces y orines en donde, es de sorprender, cómo puedan vivir en esas lamentables, lastimosas condiciones.

Un caso que conocí de cerca fue el de un hombre que un día llegó a rentar un departamento porque había conseguido un trabajo. Pero aparentemente, luego de algunas semanas, fue despedido. El hombre, de 30 años, mostró la tristeza, que luego lo llevó a la depresión, primero, comprando Coca-colas y pizas en una pizzería cercana. Y a eso salía todos los días, a comprar su refresco y sus pizas.

La hermana de él, fue avisada de que acudiera a verlo, pues la dueña del edificio en donde había rentado el departamento, un día, cuando el hombre ya no salió más, luego de varios días, lo abrió, pues comenzó a emitir un nauseabundo hedor, mezcla de putrefacción y excremento.

En efecto, el hombre, al parecer, se había suicidado con barbitúricos. Pero no sólo eso, sino que la habitación en donde dormía, fue hallada con su cadáver sobre la cama, pero rodeada de las cajas de las pizas llenas de sus excrementos de meses, que también estaban por todo el piso, y las botellas de Coca-Cola colmadas con sus orines. La hermana tuvo que pagar, además de todos los gastos de la ambulancia que trasladó el cadáver al forense y la cremación, la limpieza a fondo de heces y orina podridas, para hacer de nuevo habitable el sitio.

Así que, en efecto, las enfermedades mentales, de no atenderse, pueden llevar a la invalidez y hasta a la muerte por suicidio.

Y de hecho, en México, no se les atiende como es debido, por falta de especialistas y porque mucha gente no les da la importancia debida (ver: https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/06/24/sociedad/aumentan-trastornos-mentales-en-mexico-y-escasean-especialistas-senala-la-ssa).

Como decía, la gente deprimida se abandona, no se preocupa más de su vida, de su trabajo, como si fueran un barco a la deriva.

Uno de los síntomas de la gente deprimida es la acumulación de todo, cosas que ya son basura, no se tiran y se van “guardando”, o sea, acumulando. Después viene la falta de aseo, no sólo personal, sino del domicilio. Esas personas son halladas, si no mueren antes, viviendo entre completos basureros, en donde milagrosamente sobreviven ante tanta miseria (en inglés, se les designa con la palabra hoarders).

Y como señalé en el ejemplo del hombre que se suicidó, hallado entre sus orines y excrementos, además de verdaderos basureros, sus “hogares” parecen más cloacas infectas.

Pero, de repente, surgen héroes, digamos, que tratan de ayudar a personas en esa lamentable situación.

Una de ellas es la inglesa Bea Elton, quien se dedica desde hace poco más de año y medio a limpiar gratuitamente las casas de los deprimidos, a fondo. Es lo que expone el artículo de The Guardian, titulado “’No importa lo mal que esté, siempre se puede arreglar’: cómo Bea Elton limpia las casas – y las vidas – de la gente desesperada”, firmado por Emily Retter, quien agrega como introducción que “ella se ha especializado en limpiar moho, gusanos y excremento para los que más lo necesitan. Puede llevarle meses para logar la confianza de un extraño, antes de que ella y su novio entren a una casa y transformen todo” (ver: https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2026/jul/13/bea-elton-cleans-houses-cleaning).

Una foto de Elton, al inicio del artículo, la muestra, vestida con traje blanco, de esos a prueba de contaminantes químicos y bacterianos o virales que pudieran enfermarla (se hicieron muy famosos durante la pandemia). Está en medio de la “sala” de un departamento, que más bien parece un basurero, en donde dos sucios sillones, con los cojines revueltos, están rodeados de basura de todo tipo: empaques de unicel, botellas de plástico, envolturas, cajas, papeles y hasta excremento (que ella llama caca, palabra castellana que supongo habrá aprendido por allí, que es la que designa justo a las heces) seco “y un pájaro, momificado, que debió de haber muerto hace meses Mi filtro de aire es muy especial, resistente a todo, pues soy alérgica al polvo y al pelo de gato”, dice Elton, quien, como señalé, ayudada de su novio, también enfundado en un traje blanco, a prueba de epidemias, limpia a fondo los departamentos de la gente que le ha pedido ayuda.

Incluso sus proezas, pues la consideran una heroína, gracias a su noble labor, las filma y las sube a su canal, CleanWithBea (https://www.youtube.com/@cleanwithbea), el que tiene 1.36 millones de suscriptores y, por supuesto, millones de vistas, las que le generan ingresos suficientes, tanto para vivir de su canal, así como para continuar con su noble labor de transformar verdaderos muladares en casas aceptablemente habitables. También los sube a TikTok e Instagram “teniendo más de seis millones de seguidores en total”.

Elton, junto con su novio Harry, también de 28 años, se conocieron en la universidad. “Comenzamos a meternos en esto cuando el departamento en donde vivíamos, como estaba sucio y lleno de moho, comenzamos a limpiarlo a fondo, y yo probaba con distintos limpiadores, y decíamos ‘éste, sí sirve, éste, no’, y comenzamos a hacer videos sobre nuestro avance. No podíamos cambiarnos a otro departamento por nuestro perro Panda. Pero gracias a nuestros videos, comenzamos a tener fama y comenzaron a preguntarnos si podríamos hacerlo con otros sitios. Fue cuando pudimos cambiarnos de departamento. Y hasta el depósito nos perdonó el dueño anterior y sí nos lo regresó, pues le dejamos el departamento limpísimo”, dice Elton.

Vi completo uno de sus videos, de poco más de una hora (ver: https://www.youtube.com/watch?v=dq1A6e2kFAs).

Fue la casi imposible limpieza de un departamento ocupado por una mujer de la tercera edad, Debra (que no es su nombre verdadero, pues Elton explica que no le gusta exponer a la gente a la que ayuda, para no ocasionarles problemas), que estaba hecho un verdadero basurero, “y eso que sus familiares ya habían limpiado unas dos terceras partes de la basura y desperdicios que había”, dice Elton.

También explica el proceso por el cual Debra se dejó caer tan bajo, “pues antes de la pandemia, ella vivía muy bien, incluso tenía tres perros. Pero cuando vino la pandemia, vinieron los problemas, agravados porque ella sufre de una enfermedad pulmonar que la fue inhabilitando para hacer la limpieza del lugar y para mantener a buen cuidado a los tres perros. Uno de sus hijos fue quien me pidió ayuda. Normalmente sólo limpio las casas en donde la gente que tiene  el problema me lo pide, pues no me gusta ser intrusiva, deben de estar de acuerdo para que yo haga la limpieza. Pero en su caso, como se trataba de una mujer mayor, que tuvo miedo por años de rebelarles a sus parientes su situación, decidí hacerlo”.

Dice que su novio odia hacer limpieza, “pero me ama, y como sabe que yo amo hacer esto, me ayuda con mucho gusto”.

El proceso, en este caso, fue bastante laborioso porque, además, como se acercaba la navidad y Elton quería que Debra la celebrara allí, tuvo que hacerlo en sólo siete días.

Tiraron kilos y kilos de basura, desechando casi todo, “excepto una lista que Debra nos hizo de objetos que nos pidió conservar”. Pero tiraron casi todo, incluso, la estufa, la lavadora, el refrigerador, los que de todos modos limpian, para que las empresas que los reciclan, lo hagan, sin objetar nada.

Incluso encontró una enorme rata muerta “que debió de haber tenido algunas semanas de fallecida, pues todavía tenía a varios gusanos alimentándose de ella” (tiene la cortesía de decir que salte uno a tal minuto, para evitar ver esa “espantosidad”).

Al final, incluso la familia de Debra se unió a la limpieza y la compra de lavadora, estufa, refrigerador. Y el padre de un amigo rentó un auto (pues ellos no tienen auto, ni saben conducir) y lo manejó, para que ellos dos pudieran transportar su equipo de limpieza, sobre todo, la lava alfombras, “que, por mientras, las limpiamos y desinfectamos lo mejor que pudimos, pero su familia ya nos prometió que las renovarán totalmente”.

Y la transformación es casi milagrosa. Celebrando Elton que sí lograría Debra celebrar allí la navidad. Todo se cambió, la cama, los burós y sólo se conservaron algunos muebles que la señora pidió que no le tiraran. Hasta un árbol en la sala, que quedó impecable, colocó Elton, celebrando que gracias “a ustedes, mis seguidores, fue posible esta limpieza”.

Y si antes ella consideró que ese había sido el peor caso, Retter señala que “el más terrible fue el de una chica que llegó a un departamento y al poco tiempo fue despedida de su trabajo, comenzó a tener problemas de personalidad, de miedos. Como no servía bien la cañería del baño, y ya comenzaba el lugar a mostrar los signos de descuido, no se atrevió a llamar a un plomero”. Y, nada más miren en lo que eso desencadenó, como el WC se tapó, la chica, cuando se llenó, comenzó a ¡usar la bañera! No sólo eso, sino que cuando la bañera se llenó, ¡peor, comenzó a defecar en el fregadero!

“La cantidad de caca que encontramos Harry y yo era espeluznante, pero a eso sí estoy acostumbrada, pero no a los escupitajos de gente enferma, ni a sus vómitos, pues pueden contener bacterias que me pueden enfermar seriamente”.

De hecho, durante la limpieza de la casa de Debra, llegó un momento en que dejó que Harry se encargara él solo de la recámara de ella, “por la cuestión de sus escupitajos y del vómito, debido a su enfermedad pulmonar, que podrían contagiarme”.

Pero tanto la ayudó a esa chica, “que ya hasta tiene  trabajo de nuevo y acuda al psicólogo, pues de eso  se trata, que la ayuda sea permanente”, señala Elton.

Si se requiere tener estómago para ver sus grotescos videos, realmente es de considerarse todo el valor que Elton y su novio tienen, tanto para entrar inicialmente a una nueva cas que limpiarán y, luego, limpiar todo el sitio, lleno de basura, orines y heces, tanto de humanos, así como de perros.

Como es un trabajo pesado, “de 18 meses a la fecha, sólo he podido limpiar 45 casas. Y no limpio cuando hubo descomposición de cadáveres. Y que me avisen si hay agujas, para no herirnos”.

Tampoco hace limpieza de casas abandonadas. En el video de la limpieza de la casa de Debra, dice que una mujer le pidió si podía limpiar una casa deshabitada en donde vivía el papá de ella, que acababa de morir (quien también tuvo problemas de acumulación) pues pensaba venderla. “Le dije que no, porque la casa, para comenzar, estaba en una zona residencial. Muchas de las cosas que tendrían que hacerse, serían reparaciones especializadas que no hacemos mi novio ni yo. Tendría que gastar, calculé, unas treinta mil libras, pero cuando venda esa casa, fácilmente le darán un millón, aún en las condiciones en que está. Así que podría recuperar ese gasto cuando venda la casa”.

Como dije, se centra en gente verdaderamente necesitada y que, además, sean ellas o ellos mismos los que le hagan la petición.

Sí, una verdadera heroína, junto con el héroe de su novio.

Gente así, que ayude desinteresadamente, es la que necesita nuestra sociedad, si queremos sobrevivir a tanto egoísmo, individualismo y materialismo que el capitalismo salvaje nos ha impuesto.

Limpiemos y deshagámonos de la basura mental y física que nos ha impuesto.

 

Contacto: studillac@hotmail.com         

 

 

lunes, 20 de julio de 2026

Activista alemana de flotilla de ayuda a Gaza, acusó a militares sionistas de violación en prisión

 

Activista alemana de flotilla de ayuda a Gaza, acusó a militares sionistas de violación en prisión

Por Adán Salgado Andrade

 

El genocidio cometido por los sionistas, durante casi tres años contra Gaza, ha llegado a niveles demenciales y monstruosos (imágenes de niños destrozados por bombas, por ejemplo), prohibiendo esos demonios incluso que los casi dos millones de sobrevivientes en Gaza reciban ayuda alguna del país que sea. La única ”ayuda” autorizada es la que organizó Estados Unidos, junto con Israel, llamada Fundación Humanitaria Para Gaza (GHF, por sus siglas en inglés), la que ha resultado bastante controversial, pues está operada por militares estadounidenses y, de todos modos, no ha servido para el fin específico para el que fue creada, pues pareciera más un instrumento de control que uno de ayuda. La misma ONU ha pedido que sea desmantelada, porque no cumple los objetivos para los que fue creada (ver: https://www.ohchr.org/en/press-releases/2025/08/un-experts-call-immediate-dismantling-gaza-humanitarian-foundation).

No sólo que la “ayuda” prestada sea tan escasa, sino que incluso que cuando se acercan a recibir alimentos los gazatíes, varios sean asesinados. Más de mil han muerto desde la “tregua” (ver: https://www.aljazeera.com/news/2026/6/17/death-toll-in-gaza-since-ceasefire-with-israel-goes-past-1000).

Y tampoco han aceptado los genocidas que ayuda externa les llegue. Las flotillas conformadas por activistas que han tratado de llevarles ayuda humanitaria, como medicinas, ropa, mantas, tiendas de campaña o alimentos, son interceptadas por militares sionistas en aguas internacionales, en donde no tienen absolutamente ninguna jurisdicción.

Y los tratos tan indignos y violentos que dan a esos activistas son deplorables. Han compartido, muy orgullosos, videos en donde el inmediato maltrato físico, hasta es celebrado por esos malditos.

Pero han ido más lejos, al nivel de incluso violar a las activistas que han ido en esas flotillas.

Una de ellas es la alemana Anna Liedtke, quien contó su terrible experiencia a la periodista Emma Graham-Harrison, quien la expone en el artículo publicado por The Guardian, titulado “’Ellos tratan de quebrar nuestra voluntad’: una activista de una flotilla de ayuda a Gaza, platica de su violación en una prisión israelí” (ver: https://www.theguardian.com/world/2026/jul/15/gaza-flotilla-activist-rape-complaint-israel-anna-liedtke).

Una foto de Liedtke, en su país, junto a un río, abre el artículo. Hasta eso, se le ve serena,, luciendo sus lentes, vestida de negro, con un chal rosa, luego de la terrible experiencia que tuvo, cuando el 8 de octubre pasado, una lancha conducida por soldados judíos interceptó su embarcación. La chica de 25 años, ha desafiado todo, hasta la vergüenza. “No, no tengo por qué avergonzarme de lo que sucedió. Al contrario, lo cuento para que se sepa los tratos tan indignos que dan en las prisiones israelitas y para que más chicas que han sufrido lo mismo que yo, se animen también a denunciar los tratos que les dieron”.

Cuando fueron interceptados, de inmediato los enviaron a un área de detención. Un tipo que hablaba alemán fluido “me dijo ‘perra nazi’, mirándome con desprecio”.

“Allí, me dijeron que me quitara la ropa y me negué, les dije que no había hecho nada. Quisieron deportarme, pero tampoco firmé esos papeles, pues eso hubiera significado aceptar que yo había entrado como ilegal a su país”.

Graham-Harrison señala que una inspección corporal, de rehusarse el detenido, debe de hacerse, de acuerdo con la ley judía, sin tocar el cuerpo, con “el examen visual del cuerpo desnudo, sin tocamientos y por personal adecuado al sexo”.

Pero no fue así. Por la fuerza, la obligaron a desnudarse y a que se hincara. Luego, le dieron un uniforme de la prisión y la condujeron a una celda sucia, sin agua potable.

Pero no terminó allí. “Fueron de nuevo por mí los soldados. Y otra vez me llevaron a una habitación que cubría a medias una cortina. Estoy segura que todo lo grabaron, mi cuerpo desnudo y la forma tan humillante en que me trataron. Y escuché a soldados que pasaban por allí reírse, como si fuera eso algo muy cómico, pues la cortina, a medias, permitía ver algo”.

Vendada y esposada, la condujeron a la prisión Ketziot, en donde de nuevo la forzaron a desnudarse, sin su consentimiento. “Pero a los que sí permitían que los esculcaran, les dejaban su ropa”.

Y lo peor fue cuando el diez de octubre, la condujeron a otra prisión, la de Givon, en donde vino la parte más terrible. “En un cuarto también medio cubierto con una cortina, de nuevo me desnudaron por la fuerza dos soldados y uno de ellos me obligó a agacharme y a abrir mis piernas. Ese infeliz, me metió un dedo en mi vagina, pero noté su mala intención y luego, en mi ano, también libidinoso. Yo estaba llorando de rabia, de humillación y de tristeza de que esos monstruos me estuvieran haciendo esto. Y de nuevo escuché risas de solados que pasaban por allí, y que habían visto toda la degradante escena. Luego, llegaron tres mujeres soldados, otra vez me hicieron desnudarme, y me tocaron, me tomaron de las manos para que no me moviera y me tiraron en el piso y traté de gritar, pero me taparon la boca, y fue cuando me violaron”.

Al asalto físico, se sumó la humillación de haber sido espectáculo de todos los que pasaban y veían la escena. Lo peor es que tres mujeres hayan participado en el ultraje, lo que significa que son unas desgraciadas, al igual que los hombres, simples máquinas de matar, sin sentimiento alguno, muy eficientes para cometer genocidios.

Luego, el 12 de octubre, fuero los activistas deportados a Amán, capital de Jordania, en donde fueron recibidos por médicos y psicólogos. Allí, Liedtke comenzó a hacer declaraciones públicas, pidiéndole a un amigo periodista que “por favor, asegúrate de incluir en tu reporte, que al menos una mujer fue ultrajada sexualmente”.

Hay evidencias de que en esas endemoniadas, sucias prisiones, se torturan a palestinos prisioneros, los golpean, los maltratan o no les atienden enfermedades que contraen por las condiciones tan insalubres y los “alimentos” podridos que les dan (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/10/gazaties-liberados-de-carceles-judias.html).

Ya en Alemania, Liedtke ha hablado en foros y, por fortuna, han tomado su caso seriamente. “Yo pensé que me iban a llover las críticas, pero no, por fortuna, ha habido empatía con mi caso y muchas chicas, que también sufrieron esos abusos, se han animado a sumarse a una demanda conjunta. Así debe de ser, no quedarse callada ante las injusticias”.

Dice que, de todos modos, quedó traumada por eso que vivió en tan pocos días. “Fue terrible, pero el que pueda hablar de ello, me da fuerza para seguir e irlo superando. Y de todos modos, si se repitiera de ir a llevar ayuda, lo haría de nuevo, pues lo que quieren es quebrarnos, pero no debemos de permitirlo”.

Abogados de ella, ya llevaron su caso a las autoridades penitenciarias de Israel, en donde esperan que el veredicto sea favorable a ella y se emprenda acción contra quien resulte responsable. Pero esos inmundos se sienten impunes y no parece que vayan a atender la demanda.

Un vocero del nefasto Servicio de  prisiones de Israel niega la acusación. “Las acciones descritas en su demanda, las negamos categóricamente y no tienen sustento alguno. El Sistema de Prisiones de Israel rechaza cualquier acusación de violación o abuso sistemático por parte de su personal”.

¡Claro, ningún criminal aceptará haber cometido un delito!

 

Contacto: studillac@hotmail.com