lunes, 25 de mayo de 2026

La patriarcal yakuza, tuvo a una mujer entre sus filas

 

La patriarcal yakuza, tuvo a una mujer entre sus filas

Por Adán Salgado Andrade

 

La yakuza, como se le conoce a una parte de los criminales organizados de Japón, surgió desde el siglo 17, durante el periodo Edo, alrededor del año 1603. Comenzaron como vendedores que iban de casa en casa, ofreciendo mercancías. Cuando se hacían ferias, se organizaban para cuidarse. Poco a poco, con esas organizaciones, se fueron encargando de labores administrativas, relacionadas con el comercio.  Luego, sus organización comenzó a crecer y se formaron jerarquías hasta que, con el tiempo, se inmiscuyeron en actividades delictivas y “comenzaron adoptar estrictos códigos de conducta, una estructura de mando feudal, y muchos rituales no convencionales, como el yubitsume, que es la amputación del meñique izquierdo. Los miembros se muestran con cuerpos tatuados y vistiendo tangas, algunas veces con un kimono o, en años recientes, con un traje muy occidental, ajustado, que los cubre. En sus mejores momentos, la yakuza mantuvo una larga presencia en los medios japoneses y también operaba internacionalmente. En 1963, el número de miembros de la yakuza llego a un pico de 184,100. Sin embargo, ese número ha caído drásticamente, debido a cambiantes condiciones de mercado y muchas restricciones gubernamentales que han desalentado el crecimiento de la yakuza. En 1991, había 63,800 miembros y 27,200 cuasi miembros, pero para el 2025, sólo 9,400 miembros y 8.200 cuasi miembros. Y también ya está formada casi de pura gente mayor, pues más de la mitad de sus miembros son de al menos 50 años o mayores y un 26 por ciento, son gente en sus cuarentas. Sólo 5 por ciento están en sus veintes” (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Yakuza).

Justamente entre sus estrictas normas estaba que sólo hombres podían ser miembros. Sin embargo, hubo una excepción. Y esa excepción es Moka Nishimura, quien actualmente tiene 59 años.

Aún luce todos los tatuajes corporales que le cubren buena parte de brazos, piernas, hombros, pecho, espalda, manos y pies. Es baja de estatura, midiendo 1.50 metros y delgada. El periodista Sean Williams la entrevistó y escribió el artículo, publicado por The Guardian, titulado “La niña del diablo: el ascenso y descenso de la única mujer yakuza”, al que agrega como subtítulo que “Mako Nishimura luchó por entrar al submundo japonés, pero la adicción a las drogas y el lento debilitamiento de las bandas del crimen organizado, casi la destruyeron” (ver: https://www.theguardian.com/news/2026/may/21/the-devils-child-the-rise-and-fall-of-the-only-female-yakuza).

Le comenta a Williams, sin ambages que “derroté a varios hombres gánsteres. Primero, les doblaba las piernas con un garrote o pedazo de madera y luego hacía mi trabajo”.

Comenzó a integrarse con la mafia en 1986, cuando tenía 19 años, que había salido de prisión. “Sí, se interesaron en mí cuando una amiga, Aya, que estaba embarazada, me llamó, que tenía problemas con unos tipos. Tomé un bate y corrí a donde ella estaba. La rodeaban cinco tipos y cuando uno de ellos le pegó una patada en el vientre, le dije a ella que corriera y a todos los agarré a batazos. Los dejé todos ensangrentados y cuando llegó la policía, yo ya había escapado”, dice, con gracia, sin inmutarse, no se ve que la violencia haya afectado su forma de ser.

De allí, la buscaron miembros de la yakuza local, para reclutarla y en efecto, la convencieron y comenzó haciendo tareas, simples. “Tenía que lavar ropa, cocinar – les gustaba mucho mi comida – limpiar la oficina y pasear a los perros de mi jefe”.

Pero luego ya tuvo más responsabilidades.

Se enroló con la mafia Sugino. Su madre, Hiroko, cuando descubrió que Nishimura se había unido a esa banda, más tolerante que su padre (pues éste, para nada toleraba que su hija anduviera en malos pasos), fue a ver al jefe y sólo le pidió que cuidara mucho de su hija. “Mi madre siempre fue más tolerante y me dejó hacer lo que quisiera, pues pensaba que era mejor saber en dónde estaba yo a que un día desapareciera”

Dice que se arrepiente de muchas cosas que hizo. “Tuve que ver con el negocio de la prostitución. Yo reclutaba a mujeres que tuvieran muchas deudas con nosotros y las obligaba a trabajar. Un día, una, huyó, pero la fui a buscar y a la fuerza la traje de regreso. Años después la volví a ver y estaba irreconocible. Arreglé para que la soltaran porque, la verdad, me dio mucha tristeza verla así. Y también de muchas otras cosas que hice, me arrepiento”.

Conforme pasaron los años, Nishimura se iba encargando de otras cosas, hasta que comenzó a enredarse con el negocio de las drogas, que ella misma comenzó a emplear.

“Sí, tomaba metanfetaminas y otras cosas, que sólo me embrutecían. Un día, mi jefe me regañó y como castigo, me dijo que tenía que cortarme la yema del dedo meñique izquierdo con una espada. Pero cuando di el sablazo, me corté hasta la segunda falange, casi la mitad del dedo”.

En efecto, luce, sin pena, el dedo amputado, con el que se acostumbró a vivir desde entonces.

En dos ocasiones estuvo encarcelada justo por vender drogas. Uno de esos encarcelamientos fue de dos años y medio. Pero cada que salía, en lugar de reformarse, regresaba con la yakuza.

Luego, conoció a un miembro de la banda, del que se enamoró. “Yo era muy difícil para los hombres, pero de él, sí me enamoré”.

Tuvieron dos hijos. Pero como la adicción de ella por las drogas iba en aumento, cuando se divorciaron, su esposo, ya reformado, se quedó con la tutela de los niños, quienes ahora andan en sus veintes.

“Yo, la verdad, me avergoncé con ellos por la vida que llevaba y evité acercarme, por su bien, pero sí me sentía mal de no haber sido una madre normal con ellos”.

Su ventaja, digamos, fue cuando en los años 1990’s el gobierno japonés aprobó una serie de medidas que quitaron gran poder a la yakuza, impidiéndola de tener cuentas bancarias, negocios y otros giros que eran los que le daban el poder económico que tuvo por décadas.

Justamente esa decadencia la aprovechó Nishimura para irse desligando de la yakuza.

Y, de hecho, lo logró. En el 2010, en plena decadencia de la yakuza, se desligó por completo de la banda.

Williams señala que fue tanta la decadencia de la yakuza, que cuando en febrero del 2020, en plena pandemia, un crucero se quedó en cuarentena en el puerto de Yokohama, “la yakuza ofreció desinfectarlo sin cargo alguno, pero el gobierno declinó su propuesta”.

Vaya si ha llegado a la decadencia casi total la yakuza, que otrora fuera tan poderosa y hasta tema de famosas cintas, de las que Nishimura era gran fanática. “Sí, gozaba ver esas cintas en donde se glamurizaba a la yakuza”.

En efecto eran cintas que, a la manera de “El Padrino”, mostraban a los miembros de la yakuza como grandes héroes. Y es algo que nunca se debió de hacer, pues muchos gánsteres estadounidenses, en plena decadencia, tomaban a la figura de Don Corleone como el modelo a seguir.

Luego de que por sus problemas de drogadicción, hasta su madre prefirió no seguir viéndola, en la actualidad, se ha regenerado. Hace trabajos de limpieza y cosas así.

Con sus dos hermanos, una hermana menor y un hermano mayor, ya también “he hecho las paces”.

Su padre, murió hace años, “pero no le tengo resentimiento”.  

Y ya logró reunirse con el menor de sus hijos. “Con el mayor, dice que aún no está preparado, pues siente cierto resentimiento todavía conmigo, pero no lo culpo”.

Hiroko, luego de ver cómo se reunió Nishimura con su hijo menor, dice que “nunca me imaginé que ella volvería a ver a sus hijos. Estoy muy feliz, todos los días pensaba en ella, porque es tan linda mi hija”, dice, llorando de felicidad, la nonagenaria mujer.

Cierto, seguramente, con la vida que llevaba su hija, resultó para ella un milagro que sus nietos la volvieran a ver.

Nishimura es una sobreviviente.

Lo que seguramente cientos de otros miembros de la yakuza no tuvieron ese privilegio, de llegar a viejos.

Son los gajes de una violenta existencia.

 

Contacto: studuillac@hotmail.com

lunes, 18 de mayo de 2026

Palestinos son obligados por los genocidas a derribar sus casas y deben de pagar por hacerlo

 

Palestinos son obligados por los genocidas a derribar sus casas y deben de pagar por hacerlo

Por Adán Salgado Andrade

 

Cuando los saqueadores españoles derrotaron y sometieron, por la fuerza de armaduras, caballos, arcabuces y cañones, a los antiguos mexicanos, fueran mexicas, tlaxcaltecas (aunque los hayan ayudado), zapotecos, mixtecos, tarahumaras, coras-huicholes… de la etnia que hayan sido, les impusieron su estilo mercantilizado de vida, que ya correspondía a los inicios del capitalismo salvaje que hoy nos domina.

Fue particularmente en la Gran Tenochtitlan en donde la destrucción y depravadas matanzas, fueron más dramáticas y marcadas. La despedazaron y sobre sus ruinas construyeron sus templos, casas de ricos, edificios gubernamentales… sin tomar en cuenta que aquélla no había sido construida en toda el área que ocupó, sin tomar precauciones, pues fue hecha sólo en las partes firmes, no sobre el lago, justamente para evitar inundaciones. Los estúpidos constructores españoles pensaron que sólo desecando el lago, podrían construir a la que llamaron Nueva España y la pesadilla, desde entonces, son las constantes inundaciones que la Ciudad de México sufre, pues el lecho del Lago de Texcoco, en donde se asienta una buena parte y los de otros lagos, están exigiendo el retorno de las aguas.

Pero sobre las demoliciones de los templos, por ejemplo, cuenta el oidor Alonso de Zurita (1512-1585) en su libro “Los señores de la Nueva España” –  encargado por el rey Felipe II (1527-1528), pues éste se preocupaba de que sus rentas de la Nueva España estaban disminuyendo considerablemente y Zurita investigó que era por la sobrexplotación de los “indios”, como los llamaban –, que los nativos, además de que ellos mismos debían de derribar sus templos o casas, debían de pagarles a los arquitectos y técnicos españoles que iban a dirigir las obras y a procurarles todas sus necesidades, como alimentos o alojamientos para que hicieran bien su destructiva labor.

Imaginen qué debieron de sentir nuestros sufridos antepasados ante tanta infamia (por cierto que ese libro debería de leerlo la imbécil política española, la nefasta Isabel Díaz Ayuso, que vino a decir que México había comenzado su historia con la depredadora y destructiva llegada de sus saqueadores antepasados. Ver: https://www.jornada.com.mx/2026/05/03/opinion/011a2pol).

Podría pensarse que ese tipo de deleznables bajezas ya no existen. Pero no, lamentablemente, sí existen.

Y eso es en Cisjordania, la Palestina ocupada por los genocidas judíos, que han ido ampliando su territorio, con los años, allí. La llamada “línea verde”, que marcaba la frontera entre Israel y Cisjordania ya sólo existe como mera referencia histórica (ver: https://www.theguardian.com/world/series/along-the-green-line).

Los palestinos que viven en Cisjordania están a merced de brutos red necks judíos, supremacistas, que vandalizan sus casas, sus huertos, sus autos, los queman, los asesinan… y todo bajo la complacencia de policía y ejército sionistas, quienes los dejan a propósito que hagan todos esos destrozos y asesinatos, con tal de ir realizando limpieza étnica en el sitio (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/03/los-palestinos-son-atacados.html).

Pero no sólo son esos brutos, salvajes los que constantemente hostigan y amenazan con matar a los palestinos de Cisjordania, sino que las propias “autoridades”, que son judías, ya también los someten y reprimen. Por ejemplo, los militares los han obligado a dejar sus tierras porque las ocuparán como “centros de entrenamiento”, amenazando de que lo hacen por las buenas o los sacarán a la fuerza (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/08/israel-expulsa-palestinos-de-sus.html).

Pero ahora, con mucho mayor saña, en una zona de Cisjordania, en donde aseguran palestinos que vivían desde mucho antes de que arbitrariamente se formara Israel, mediante la forzada partición de lo que era la Palestina original, con el pretexto de hacer un “parque temático”, pues espurios historiadores judíos aseguran que esa era una zona de esparcimiento en donde el Rey Salomón (de quien sólo se tiene la hipótesis que reinó a un antiguo Israel entre el 970 al 931 AC) se la pasaba muy padre, pues era su lugar de esparcimiento. Los desafortunados palestinos que viven dentro de ese cuadrante han sido advertidos desde hace unos años de que allí será construida esa obra. Y para mayor infamia, los han amenazado que el “gobierno” les cobrará la demolición de sus casas, si ellos no lo hacen por su cuenta pues según los sionistas, ellos, los palestinos, están allí “ilegalmente”, que no son zonas que hayan sido reconocidas “oficialmente”.

Es lo que expone el artículo de The Guardian titulado “Palestinos son forzados a demoler sus propias casas, para dejar el espacio en donde será construido un parque temático judío”, firmado por los periodistas Julian Borger, Quique Kierszenbaum y Sufian Taha, quienes agregan como subtítulo que “residentes del distrito al-Bustan han sido obligados a demoler sus casas para que se pueda construir el Jardín del Rey y han tenido que costear la demolición ellos mismos, pues les sale más barato que si las ‘autoridades’ lo hacen” (ver: https://www.theguardian.com/world/2026/may/16/palestinians-demolish-family-homes-jerusalem-kings-garden-theme-park).

Abre el artículo una desafortunada foto de un palestino viendo cómo un trascabo está demoliendo su casa. El hombre está parado sobre los escombros de parte de la construcción que ya ha sido derribada. Es una muy triste escena.

Sólo imaginen que el “gobierno” les tirara sus casas por “causa de utilidad pública”, como se aduce muchas veces. Sería terrible para ustedes ver cómo la casa que tanto quisieron fuera destruida frente a sus ojos (de hecho, cuando aquí, en 1980, se construyeron los llamados Ejes Viales, cientos de personas vivieron esa terrible situación de que el gobierno los obligó a que le vendieran sus casas a muy bajo precio, pues fueron demolidas para que por allí pasaran las vialidades que, supuestamente, harían más ágil el tráfico en la ciudad. Los cuales, con el tiempo, han demostrado ser inútiles. Fue dinero mal gastado, en donde abundó la corrupción).

“Los sonidos de los martillos neumáticos y las excavadoras se escuchan en el barrio de al-Bustan. Israel, desde hace años, ha tratado de hacer más judía a Cisjordania, desalojando a palestinos y haciendo construcciones que quiten ese carácter palestino. Pero ahora son los propios palestinos quienes deben de demoler en ese barrio sus propias casas, para dar sitio a que se construya un parque temático para celebrar que allí estaba el jardín del Rey Salomón, quien allí se divertía”, señalan los reporteros.

En otra dramática foto se ve a Jalal al-Tawil, a un lado de las ruinas de su casa, ya demolida. “El gobierno me dijo que si sus trabajadores la demolían, me costaría  £72,000 euros ($1,451,933 pesos). Preferí hacerlo yo, pues me costó la décima parte, además de que hubieran desaparecido todo vestigio del terreno. Esa casa, la hizo mi padre, con muchos esfuerzos, estaba desde antes que se formara Israel. Es una amarga experiencia y lo peor es que no nos indemnizaron, porque dicen que estas casas estaban aquí ilegalmente. Es como si me hubieran dado a escoger entre asesinarme o suicidarme”, dice al-Tawil a los reporteros, muy triste.

Como señalé antes, no se habría creído que se repetiría lo que hicieron los españoles a los antiguos mexicanos, cobrarles por demoler sus pirámides y templos, pero ¡ahí está lo que esos miserables, pervertidos sionistas le están haciendo a esa pobre gente! No tienen suficiente con la destrucción y el genocidio que ocasionaron en Gaza y siguen destruyendo las vidas de los palestinos.

Señalan los reporteros que en dos años se han demolido 57 casas y que “ocho más están destinadas también a ser derribadas”.

Como señalé, es parte de un supuesto proyecto arqueológico en donde, sin pruebas, se desean rescatar sitios históricos, que no está probado que hayan existido allí. Incluso, mismos investigadores judíos señalan que son meras suposiciones.

Citan al investigador Aviv Tatarsky del grupo Ir Amim, “un grupo avocado a un Jerusalén equitativo entre judíos y palestinos”. Tatarsky señala “que no está bien lo que están haciendo las autoridades, desterrar a los palestinos que vivían en esa zona. Van a dysneificar el sitio y cuando vaya la gente, judíos, no sabrán todo el sufrimiento que tuvieron los palestinos que vivían allí para que se hiciera ese parque”.

Cierto, es como cuando aquí se hacen construcciones invasivas, que destruyen zonas naturales, justo como se hizo con la llamada Plaza Artz que se edificó en una barranca que contaba con muchos árboles endémicos del sitio. Fue una barbaridad lo que hicieron sus impulsores. Y, de todos modos, estuvo llena de problemas , como el desplome de una de sus secciones que, por fortuna no ocasionó fallecidos (ver: https://www.ejecentral.com.mx/el-ecocidio-de-plaza-artz#google_vignette).

Y han resistido durante décadas los palestinos que aún quedan allí, pero gracias al ataque de 7 de octubre del 2023, el continuo genocidio en Gaza y la llegada del desequilibrado mental Donald Trump (1946) al poder, ahora han arremetido mucho más contra ellos.

Según la municipalidad, les ha ofrecido relocalizarlos, “pero no han aceptado, pues no saben cómo son los palestinos de aferrados a su tierra porque, al fin y al cabo, ha sido de ellos desde hace siglos”.

Otro residente, Fakhri Abu Diab, quien actualmente vive en una cabina con su familia, a un lado de lo que ha quedado de su casa, un pedazo de la cocina, ¡absurdo!, todavía está pagando los 43,000 shekels, equivalentes a £11,000 euros ($221,746 pesos), que fue lo que le cobró el municipio por demolerla, “en mensualidades de 4,000 shekels (£1,020 euros), pero además también tuvo que pagar 9,000 shekels (£2,300 euros) por los sándwiches que los policías que estuvieron a cargo de vigilar la demolición, que tomó varios días, se comieron”.

¡TOTALMENTE DISTÓPICO!

Como comenté arriba, justo lo que hacían los antiguos mexicanos, de hasta pagar las comidas de los que destruyeron su pasado.

Abu Diab dice que sólo muerto lo sacarán de allí y que la resistencia seguirá.

Y otros residentes, afirman lo mismo, pues además, no tienen a dónde ir. “Si me demuelen mi casa, mi familia y yo, viviremos en una tienda de campaña”, señala Mohammad Qwaider, de 60 años. Su madre, la señora Yusra Qwaider, de 97 años, está muy enferma, tiene que estar siempre en cama, no puede moverse. Ella ha vivido todo el drama de expulsiones que han sufrido los palestinos desde que se partió Palestina para dar lugar a la formación del neoenclave colonial Israel.

Mohammad tiene además un hijo enfermo. “La verdad, no tenemos opciones, por eso, si destruyen nuestra casa, vamos a quedarnos aquí, a vivir en una tienda de campaña”, declara, enfático.

Así es que es otra de las nuevas infamias que los genocidas judíos están cometiendo contra los palestinos que viven en Cisjordania, todo con tal de edificar un “bonito parque temático”.

Vergüenza debería de darles hacer eso. Todavía que se asentaron en tierras palestinas, que les fueron arrebatadas a los palestinos por la fuerza.

Pero no la tienen. Han matado a más de setenta mil personas en Gaza, a la que destruyeron casi en su totalidad, y siguen asesinando.

Y eso, no es de humanos, es, simplemente, de monstruos pervertidos, ávidos de poder.

 

Contacto: studillac@hotmail.com