sábado, 17 de octubre de 2026

NAZA: el genocidio en Gaza contado por los asesinos directos

 

NAZA: el genocidio en Gaza contado por los asesinos directos

Por Adán Salgado Andrade

 

Dice una frase muy significativa que “la historia la hacen los asesinos”.

En efecto, son los asesinos los que han destruido civilizaciones a lo largo de la historia, les han impuesto sus particulares, egoístas, colonialistas intereses, con tal de preservar sus decadentes estilos de vida. Los europeos han sido, a lo largo de los siglos, los mayores perpetradores de latrocinio, apoderamiento de tierras, de voluntades, de recursos, de personas… todo porque siempre ansiaron tener más y más, más tierras, más recursos, más riquezas, aunque provocaran verdaderas calamidades en los sitios que conquistaron, por la simple fuerza de su superioridad armamentista. Fueron y han sido los asesinos que han, en efecto, determinado la historia de otros pueblos, más inteligentes, pero menos armados. Pero, fíjense, ahora son los europeos los que más severamente están sufriendo las consecuencias de la catástrofe ambiental, por las altas temperaturas que tanta contaminación y destrucción ambiental, debidos a sus desperdiciadores y “cómodos” estilos de vida, les están provocando, incluido Estados Unidos, de la misma estirpe maldita  (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/08/europa-la-saqueadora-y-depredadora.html).

En la pasada onda de calor de este año, por ejemplo, murieron más de 45,000 personas, debido a golpes de calor y otros males causados por temperaturas que en algunos sitios excedieron los 40º C (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/2026_European_heatwaves).

Bien, y de esos saqueadores históricos provienen los judíos, a quienes, luego del término de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1947, la colonialista Inglaterra les otorgó la mitad de lo que era su colonia Palestina para que fundaran allí Israel, en donde habrían de vivir y convertirse en la escoria humana que son en la actualidad (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/United_Nations_Partition_Plan_for_Palestine).

Y actualmente, los sionistas están tratando de propagar sus fétidos dominios por todo el mundo. Baste decir que en México, la actual presidenta Claudia Sheinbaum es judía o sus orígenes, y aunque ella diga que es ajena a los designios de esa secta (que no religión, pues los sionistas no se comportan como devotos de una religión, sino de una secta, además de diabólica), de todos modos corre por sus venas sangre sionista. Además, ya en México, además de la colonia judía, hay sitios en donde se están desarrollando sus guetos, como en la Tora, que está cerca de Ixtapan de la Sal y actúan a su entera libertad, y aunque se diga lo contrario es un proyecto pensado en judíos (ver: https://grupoanimal.mx/verificacion-viral/ciudad-tora-proyecto-inmobiliario).

Y a pesar del genocidio que están cometiendo aún en Gaza (los ataques continúan), aquí algunos gobiernos estatales, les han dado autorizaciones para que desarrollen proyectos, como en el caso de Yucatán en donde una empresa israelí quiere encargarse de la red hidráulica (ver: https://www.jornada.com.mx/2026/10/14/estados/027n3est).

Como señalé, el genocidio cometido en Gaza, desde hace tres años por un supuesto ataque perpetrado por Hamas (que, insisto, en mi opinión, fue arreglado y usado como justificación. Ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/10/el-drama-palestino-bajo-el-yugo-judio.html), ya llegó a niveles brutales de crueldad y pervertida maldad, que ya no puede clasificarse como guerra entre dos bandos, sino el exterminio de uno, el más poderoso, de los civiles inocentes del otro “bando”.

Y justamente esas matanzas selectivas, analizadas quirúrgica, matemáticamente, es lo que muestra el documental NAZA, dirigido por los israelíes Yuval Abraham (1995) y Rachel Szor (1994), que se atrevieron a filmar los detallados testimonios de 24 soldados y oficiales de inteligencia israelitas, quienes, arrepentidos de lo que habían hecho, contribuir a la destrucción de un país y de miles de asesinatos de inocentes, les platicaron sus tareas específicas para realizar una muy bien planeada carnicería humana que, dijo uno de ellos, “si el sistema lo ordena, es porque lo tiene bien planeado y tiene la razón” (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/NAZA_(film)).

Producido por la publicación inglesa The Guardian, se filmó en Tel Aviv, en la azotea de un edificio. La cámara, enfocando los perfiles obscuros de los entrevistados y el del director, ése, con algo de iluminación. Y se señala al inicio del documental que todos los participantes, sus voces, sus rostros, fueron alterados digitalmente, con tal de que actuaran en total anonimato. Fuera de los protagonistas, la cámara enfoca a la ciudad, a las ventanas de los moradores de un edificio que queda justo enfrente de donde ellos están siendo entrevistados. Katharine Viner, editora en jefe de The Guardian, comenta que “NAZA se basó en una investigación periodística de más de tres años que hemos publicado en sociedad con la revista israelí-palestina +972. El filme se apoya en entrevistas con más de 100 fuentes familiares con los sistemas militares israelitas” (ver: https://outlook.live.com/mail/0/AQMkADAwATE0OTcwLTVhYmEtMWIwYS0wMAItMDAKAC4AAANr%2FBe2CiEAQJjNMclBL8NaAQDR9odzOwNgTLD9vU%2BwSpxeAAAA1ixtPwAAAA%3D%3D/id/AQQkADAwATE0OTcwLTVhYmEtMWIwYS0wMAItMDAKABAA8aB6rabxlE2ejRzDkSVltA%3D%3D).

Es muy importante lo que Viner señala, pues ya hay intentos por parte del genocida mayor y prófugo de la justicia internacional, por crímenes de lesa humanidad, el gerontócrata Benjamín Netanyahu (1949), de desautorizar al documental, porque está “basado en falsedades”. Pero, si así fuera, porqué, entonces, Netanyahu dice que requiere los nombres de los soldados participantes, si todo fueron mentiras (ver: https://www.aljazeera.com/news/2026/10/12/netanyahu-demands-probe-into-sources-for-award-winning-gaza-film-naza).

Como dije, la historia narrada en el documental es hecha por los asesinos directos, los soldados y analistas que, arrepentidos, como señalé, trataron de expiar sus culpas confesando sus terribles crímenes.

Uno comienza diciendo que, luego del sospechoso ataque del 7 de octubre del 2023, los mandos superiores declararon que “todos los palestinos eran culpables”. Como ya, desde hace décadas, existía toda una infraestructura de vigilancia policial, así, tipo Big Brother (en referencia al libro de George Orwell <1903-1950>, 1984, en el que plantea un futuro distópico en donde el Estado vigila a todo mundo totalmente y nadie hace nada, sin que se entere aquél), que tenía hackeados todos los teléfonos y celulares. Un muy dramático testimonio, es el que ofrece un soldado que dice que “yo era analista y tenía hackeado el celular de una chiquilla, que debe de haber tenido unos siete, ocho años. Nuestra clave para avisarnos cuando su padre, miembro de Hamas (esta suposición, sin bases, por supuesto), llegara era ‘Papá ya llegó’ (Daddy’s home). Yo calculaba también los NAZA’s, como así nos referíamos a los daños colaterales (el acrónimo militar hebreo nezek agavi, que significa “daño colateral”), o sea, si estaba en un departamento de un edificio, por ejemplo, el cuarto, y si había tres abajo y dos más arriba, esos iban a ser los daños colaterales”. Abraham le pregunta que entonces, con tal de matar a uno, podían matar a cincuenta. “Sí, así era, pero sólo estaba yo cumpliendo con mi deber. Entonces, daba aviso a los militares para que bombardearan ese departamento y si las otras personas que vivían allí morían, eran simples daños colaterales”. Luego narra, también, que escuchó los gritos de los sobrevivientes, diciendo que habían matado a los niños, a los abuelos… y así, fríamente. “No sentía nada… bueno, un poco, pero estaba cumpliendo con mi deber”. Con esa justificación, fue que varios dijeron que sólo “cumplían órdenes”.

Nada más vean con qué frialdad actuaron todos. Uno señala que iban psicólogos a decirles que eso que hacían “estaba bien, pues era para defender al país, de terroristas”.

Otro soldado dice que bombardeaban cuadrantes enteros, por ejemplo, de cuatro edificios, pues allí vivían “muchos de Hamas”, que tampoco probaban. Les daban supuestamente aviso con volantes tirados desde el aire a los inquilinos, para que desalojaran los edificios. “Sí, se salían un setenta y cinco por ciento, digamos”, dice el soldado. Abraham le pregunta “¿y los otros, el veinticinco por ciento que no quería o no podía desalojar?”. “Ah (silencio de unos treinta segundos)… pues buena suerte para ellos”, fue su seca respuesta.

Y así han actuado los militares sionistas a lo largo del genocidio y de los constantes ataques que, desde siempre, han sufrido los palestinos, quienes han vivido un holocausto moderno a manos de Israel (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2012/04/el-holocausto-palestino-manos-de-israel.html).

Por ejemplo, han bombardeado ambulancias, a pesar de que llevaban claramente inscrito en sus toldos la señal de la Cruz Roja, como el ataque en Rafah, en que bombardearon cinco ambulancias, un carro de bomberos y un vehículo de la ONU, que llevaban ayuda humanitaria. Ese cobarde, miserable ataque, dejó quince trabajadores humanitarios fallecidos, a los que simplemente sepultaron en una fosa común. Y aunque trataron de justificar el ataque diciendo que los vehículos transitaban “sospechosamente” y sin identificación, uno de los trabajadores que sobrevivió demostró, con el video de un celular, que iban perfectamente identificados. Pero como dijo un soldado, es parte de lo mismo, matar al mayor número de palestinos posible (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Rafah_paramedic_massacre).

Como señalé, mientras las entrevistas ocurren, se muestran, por sus respectivas ventanas, a los moradores del edificio opuesto, que están en su cotidianeidad, despreocupados, escuchando “noticias” (más bien, desinformación), sobre lo que ocurría en Gaza, el país “terrorista”, se ven personas sentadas, parejas en sus camas, otros, con sus perros, sus gatos. Sin preocupación alguna.

En alguna parte, suena una alarma de ataque aéreo, pero nada sucede, pues fueron mínimos los cohetes lanzados por Hamas que pudieron evadir las defensas antiaéreas judías.

También participó una mujer, que señala que debían de considerar a todo lo que se moviera un “objetivo legítimo”. Otro, afirma que fue un genocidio y que por eso dejó al ejército. “Sí, sí, eso fue un genocidio”.

Otro dice que mataban en un solo día a 500 personas. “Oye, pero eso equivale a un pueblo pequeño de Israel, ¿no?, le pregunta Abraham. “Sí”, responde el soldado, “pero sólo cumplía con mi deber”, y quedan en silencio los dos, mientras se pasa a otra escena, mostrando la comodidad de los departamentos, las bulliciosas avenidas llenas de autos, las calles con caminantes, una obra en construcción…

Sí, la normalidad.

Esas personas, judíos, quizá unos pocos conscientes, como Abraham o Szor, nada temen, saben que sus militares, en perfecto cumplimiento de su deber, están aniquilando con mortíferos ataques a personas inocentes, así, como ellos, que tenían sueños, esperanzas, vidas, y que se las han arrebatado, no sólo al matarlos, sino al obligarlos a vivir en “tiendas de campaña”, compuestas de plásticos, viviendo entre escombros, basura, ratas, enfermedades, sin agua, sin alimentos, acorralados en tan sólo un tercio del territorio que antes ocupaban, marcado con una “línea amarilla” que nadie ve, pues ni siquiera está indicada, pero que si es traspasada, los soldados tiene órdenes de matar a quien sea, niño, mujer, anciano (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/07/las-destrozadas-vidas-de-los-gazaties.html).

Claro era un plan, la limpieza étnica que ya hicieron, pues valoran mucho esas tierras junto a la playa (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/11/se-confirma-el-plan-de-los-genocidas-de.html).

Bueno, y no deseo espoilear la cinta, pero la escena final es dramática. Esa sola escena, de un padre desesperado, buscando a sus hijos entre los escombros de lo que fuera una construcción, desgarra el corazón. Sobresalen los pies de toda su familia y el hombre, triste, desesperado, se pone a golpear los escombros con un palo, contemplando los pies de uno de sus hijos, gritando “¡Te dije que cuidaras a tu hermana… ayyyyy!”.

Sí, por eso, a lo largo del documental, se mostró la vida normal y cómoda en Tel Aviv.

Así que por eso los sionistas no quieren que el mundo vea ese documental, pues mostrará la barbarie que han practicado en Gaza y que quizá la presión internacional, ha aminorado (quizá) en algo los perversos, pervertidos ataques.

Pero deben de verlo, sólo así comprenderán la magnitud de la matanza, calculada matemáticamente, porque hasta en los alimentos que han permitido que entren, se limitan, con tal de que tengan las mínimas calorías, para no morir de hambre (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/08/los-genocidas-calculan-alimentos.html).

Veamos NAZA o de cómo se planeó y diseñó el genocidio

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

           

 

miércoles, 14 de octubre de 2026

Policías pagan dinero para no ir a trabajar

 

Policías pagan dinero para no ir a trabajar

Por Adán Salgado Andrade

 

 

Famosa fue la administración de Arturo Durazo Moreno (1918-2000), muy gran amigo del presidente del momento, José López Portillo (1920-2004), quien estuvo en el cargo entre 1976 y 1982, por la exagerada corrupción que la policía, sobre todo del ese entonces Distrito Federal, ejercía. Por cualquier mínimo detalle, detenían a los automovilistas, a los transeúntes, a los ciclistas… y si no tenían delito que perseguir les era “sembrado”, sobre todo, drogas, como mariguana, y los amenazaban con que los iban a llevar a “la grande”, el penal de Santa Marta. Que si el auto tenía una calavera trasera rota o que un cuarto no encendía o que si se quedaba sin gasolina o que si un peatón andaba con aspecto desgarbado o que si una parejita estaba en una calle obscura en su auto… todo era pretexto para amedrentar y espantar a la víctima, que si no le “entraban” con dinero, como dije, la iban a pasar muy mal.

Los niveles de corrupción policiaca (y en todos los niveles) fueron escandalosos, tanto, que el lema de López Portillo “La solución somos todos”, era parafraseado como “La corrupción somos todos”.

Y es que todos los niveles policiacos tenían a su vez que entrarle con el de arriba. Por eso, los policías de a pie, que era el rango más bajo, mordían, los patrulleros, mordían, los motociclistas, mordían, los grueros, que recogían autos aunque estuvieran en sitios permitidos, mordían… y los ciudadanos comunes eran la fuente de los ingresos extras, que desde los mandos bajos, hasta los altos, recibían a diario, eran cuotas obligatorias, de lo contrario, si no se daban, causaban baja, por no haberle entrado.

Y se habría pensado que luego del sexenio de Andrés Manuel López Obrador (1953), seguido del actual, con Claudia Sheinbaum (1962), eso se habría terminado, pero una reciente conversación que tuve con un conductor de Didi, al que llamaré Pedro, me mostró, no sólo que la corrupción policiaca continúa (ahora disfrazada de trámites administrativos), sino además que la delincuencia no termina porque muchos delincuentes tienen respaldo de altos mandos.

Pedro me recogió rápido, gracias a que yo viajaba hacia el oriente de la ciudad, rumbo por el que vive. Es común que se “redireccionen” los conductores de aplicaciones, o sea, tomen viajes que estén por el rumbo por el que vivan, casi siempre cuando van terminando sus turnos.

Dice que tiene tres autos, “recuperados de aseguradoras porque salen más baratos”.

Y como ya muchos hacen, me propuso al inicio del viaje, que cancelara lo cancelara yo, para que le transfiriera, “porque la aplicación nos quita mucho de la comisión”. Y me lo dejó en doscientos pesos que, más los 20 pesos de la cancelación, porque yo la hice, me salió unos treinta pesos más barato que el precio que me había indicado la aplicación.

Le dije que ya estaba algo reacio a hacer eso, porque le comenté el caso de un conductor, que me hizo la triquiñuela de que le transfiriera lo del viaje, a los quince minutos de iniciado, y que él haría que la aplicación cancelara lo que ésta ya me había descontado, “les digo que se me ponchó una llanta o a ver qué se me ocurre”. Obviamente, eso no fue cierto, así que pagué al doble dicho viaje, quinientos pesos, en lugar de 245, porque yo, en mi generosidad, hasta le di cinco pesos de propina (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2026/09/conductores-abusivos-de-aplicacion.html).

“Sí, pues ya hacen muchas transas. Ya la aplicación (Didi), ha dado de baja a muchas cuentas. Yo estoy en una página de Facebook, y allí salen muchos presumiendo que tienen tres cuentas falsas y que con esas trabajan… sí, ya se ha descompuesto mucho todo esto”, dice Pedro.

Le pregunto que cuánto tiempo tiene en la aplicación. “Tres años, pero yo soy policía”. “¿Ah?... ¿y cómo, a qué horas trabaja allí?”, le pregunto. “Ah, es que pago para no ir”. Y comienza a platicarme que da cuatro mil pesos cada quincena de su sueldo de policía activo. “¿O sea que tiene su cargo, pero no se presenta, ¿cómo?”, pregunto, asombrado. “Sí, nada más tiene que pagar y ya, y muchos lo hacen, ¿eh?, nos dicen volados”.

¡O sea, una especie de aviador! El término con que se designa a la gente que cobra un sueldo sin trabajar (aparte de los que conducen aviones, por supuesto).

Vaya sorpresa que me llevé, pues, como dije, se pensaría que con ocho años de estar gobernando MORENA, no existiría nada de eso.

Obviamente, en estos, casos, cuando la gente me platica sus historias, unas más interesantes, otras, menos, no estoy para juzgar, sólo escucho.

Pero no me parece ético que se siga haciendo eso. Y, repito, no sólo ni es ético, sino es corrupción, pues sólo paga Pedro para que lo presenten como policía en activo. “Son cuatro mil pesos quincenales, ocho mil al mes, pero con mi sueldo, más el bono por productividad, son veintisiete mil pesos mensuales, así que libres me quedan diecinueve… pero, de esos, me quitan impuestos, así que me han de quedar unos quince mil pesos”.

Es decir, que el sueldo de un policía activo es de unos veintisiete mil pesos, con el bono de productividad (¿productividad, de un policía inactivo?). No está mal, comparado con lo que puede ganar un profesor de primaria, secundaria o universitario, que la mayoría sacan menos de quince mil pesos mensuales.

Dice que se salió hace tres años porque, como trabajó en Inteligencia, un día “me metí con los grandes y me empezaron a amenazar”.

Y ya me platica que, por eso, la delincuencia sigue, pues a los infractores, como los vendedores de drogas, por ejemplo, “los agarraba un sábado, y el lunes, ya estaban afuera”.

Dice que cuando atraparon a unos “grandes”, unos compañeros de Inteligencia de él, como tenían apoyo “de arriba”, se arreglaron con dinero, los soltaron y a los policías que los habían arrestado, los acusaron de falsas acusaciones “y todavía están en la cárcel”.

Eso es grave, le digo, porque, entonces, de qué sirven los arrestos de delincuentes “organizados”, si gente del mismo gobierno los apoya. Y hasta están coludidos. Por ejemplo, basta recordar que Hernán Bermúdez Requema (1953), nada menos que exsecretario de Seguridad Pública de Tabasco, durante el cuestionable gobierno de Adán Augusto López (1963), era jefe del grupo criminal La Barredora, que extorsionaba, traficaba drogas, secuestraba gente. Así que no es de sorprender lo que en ese momento me platica Pedro.

Y tampoco creo que esto, lo de que si paga, no se sepa, pero por alguna razón, es tolerado.

Y seguramente ha de ser algo que existe no sólo dentro de la policía, sino en otros cuerpos represivos, como en el ejército, prácticas toleradas.

De hecho, alguna vez tuve un estudiante que me platicó que trabajó en el ejército, en un grupo que “no existía”. “Sí, a nosotros, nos enviaban a hacer los trabajos sucios, de deshacernos de gente indeseada”. Me recordó la cinta La civil (2021), dirigida por la belga Teodora Mihai (1981), protagonizada por Arcelia Ramírez (1967), basada en la historia verdadera de la activista Miriam Rodríguez Martínez (Arcelia), a quien unos delincuentes asesinaron a su hija. Ella, por desgracia, siguió el mismo camino, al ser asesinada por uno de los criminales que había matado a su hija, como venganza por haberlos denunciado Miriam. En la cinta, el giro es que Miriam acude con un capitán del ejército, quien le dijo que sí daría con los secuestradores, pero que tenía que respetar sus “métodos”, que consistió en rastrearlos, mediante mujeres conocidas de los criminales, a las que torturaron y asesinaron, con tal de dar con aquéllos, para horror de Miriam (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/La_civil_(pel%C3%ADcula)).

O sea, hay cosas que existen por conveniencia, digamos. De hecho, se criticó mucho a López Obrador porque le abrió bastante al ejército las puertas en su sexenio, no sólo en la cuestión de la seguridad, sino en la construcción (el aeropuerto Felipe Ángeles), administración de Mexicana de Aviación y muchos otros rubros. Digamos que, de alguna manera, se militarizó al país.

Pedro dice que llegó incluso al puesto de subdirector de sector. “Entré a la policía en el 2012, pero le fui echando ganas, andaba en una patrulla y así. Luego, estuve en Inteligencia y ya mi último puesto fue como subdirector, en donde, en ese tiempo (2019), ganaba dieciocho mil pesos. Pero fue cuando me metí con uno que andaba bien con los grandes y le digo que me empezó a amenazar. Hasta les pedí a unos cuates que cuidaran a mi mujer y a mi hija, por si las dudas, pero no, afortunadamente, no pasó nada”.

Su jefe de ese sector, Topilejo, fue Deiby Asaí Hernández Ramírez. “A los tres meses de que me salí, que lo matan, hasta salió en las noticias”, me dice.

En efecto, el diario La Jornada documentó su asesinato, por parte de unos delincuentes que le dispararon un balazo en el pecho. Bajo el título “Asesinan al jefe de sector Topilejo de la SSC; intentaba detener a rijoso”, fue que dicho diario publicó la dramática nota (ver: https://www.jornada.com.mx/noticia/2024/09/17/capital/asesinan-al-jefe-del-sector-topilejo-de-la-ssc-intentaba-detener-a-rijoso-4189).

“Imagínese, qué tal si a mí me hubiera tocado. Por eso, mejor me salí. Le dije a mi mujer que no le iba a hacer al héroe. Porque hay un dicho de los policías que dicen ‘si quieres llegar a viejo, haste pendejo’, y es lo que muchos siguen”.

Singular dicho, preferible seguir mordiendo.

Dice que la práctica de dar dinero es usual. “Por ejemplo, que si uno tiene hueva, pues paga, desde trescientos pesos, si es de un día o si son de veinticuatro por cuarenta y ocho, ya son seiscientos y así”.

“¿Y ese dinero, a dónde se va?”, le pregunto. “A todos lados, se reparte, todos hacia arriba reciben su mochada”, comenta, resignado.

Lo irónico es que dice que puede “ascender de puesto”. “Me metí a estudiar los sábados, por línea, en la Universidad Insurgentes, Agente Aduanal. “Ah, o sea, ¿que va a regresar como policía?”. “No, voy a seguir pagando, pero me mejoran el sueldo”, dice, casual.

Pues, vaya surrealismo, ascender en un puesto de aviador.

Me pregunto, de nuevo, si nadie de arriba conocerá esa situación o si es un secreto a voces tolerado.

O si se haya hecho por razones de seguridad hacia Pedro y su familia.

Si es así, bueno, entonces, es por una causa noble, ¿no?

Así que esa es una de tantas prácticas policiacas irregulares, por no decirles corruptas, que existen, no sé si sólo en la policía metropolitana.

Por lo pronto, dice Pedro que saca más dinero con sus tres carros (los otros dos, los renta, y por uno, recibe dos mil pesos semanales y por el otro, cinco mil), que de su sueldo como “policía”.

Quiere hacer solicitud como agente aduanero, ya que tiene la profesión. “Pero como soy servidor público, tendría que renunciar”, dice.

Terminamos el viaje, y es cuando ya le hago la transferencia. Será un dinero íntegro para él, que no tendrá que compartir ni con la aplicación, ni con hacienda.

Bueno, de alguna forma, es también una lucha contra un sistema opresor que nos obliga a pagar impuestos por todo. Y en el caso de la aplicación, como siempre lo he dicho, Uber y Didi sólo ponen el software que controla todo. Y son los conductores los que prestan el servicio, teniendo que comprar auto, seguro, gasolina… y, claro, el desgaste que manejar a veces hasta doce horas diarias, implica esa profesión.

En fin, al menos agradezco que no tuve que pagar un viaje doble

Quizá porque, siendo policía, Pedro veló por mi seguridad, ¿no creen?

 

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