sábado, 12 de enero de 2019

Al capitalismo salvaje no le perturba el desempleo provocado por la automatización


Al capitalismo salvaje no le perturba el desempleo provocado por la automatización
por Adán Salgado Andrade

Desde sus orígenes, el sistema capitalista, hoy en su fase salvaje, ha buscado “optimizar” sus sistemas productivos para generar más y más mercancías, sobreproducir, y así aumentar su ganancia. No importa si para ello, al trabajador se le tenga que explotar más, a riesgo de su integridad física o mental, ni si se le tenga que despedir, sin tentarse el corazón al hacerlo. Ni tampoco si en ese proceso de producir más y más objetos vendibles, el planeta sea más depredado, contaminado y llenado con más y más desperdicios en tierras, aire y mares (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/01/depredacion-ambiental-planetaria-accion.html).
Como dije, si el avance en los sistemas productivos requiere de explotar al máximo al trabajador o, irónicamente, va prescindiendo gradualmente de aquél, no importa, pues la “máxima” del capitalismo salvaje ha sido siempre hacer más con menos. No menos materias primas, por supuesto, pues la sobreproducción requiere del brutal aumento en el uso de aquéllas, pero, sí, de menos trabajadores. Eso es absurdo, pues son éstos, el capital variable, la base de la plusvalía, o sea, la parte del capital invertido que genera la ganancia.
Pero eso no importa, aunque, en la práctica, sea dañino para el capitalismo salvaje, pues al haber menos gente trabajando, habrá menos consumidores, los que adquieren lo producido. Entonces, si disminuye el consumo, disminuye la ganancia, pues los bienes ofertados no se venderán todos y no se completará el ciclo económico de invertir, producir, vender y recuperar lo invertido, más la ganancia.
Pero eso, pues, es lo de menos para el capitalismo salvaje, que siempre actúa para su propio beneficio, como si fuera un ente aislado, cuyas funciones no dependieran del resto del sistema social.
Ya, cuando Henry Ford aplicó su sistema de fabricación en serie, que eliminó muchos empleos al “optimizar” las funciones de los obreros en sus fábricas, ni siquiera se le ocurrió que tantos millones de vehículos producidos, tanto por él, como por otras empresas, por una proporción cada vez menor de obreros, iban a terminar por superar al consumo. En 1925 comenzaron a disminuir drásticamente las ventas de todos los fabricantes de vehículos, incluidos los de Ford Motor Company.
Y esa situación estalló brutalmente con el crash bursátil de 1929, cuando el capitalismo salvaje experimentó una más de sus frecuentes y muy profundas crisis – así, como la actual (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/11/henry-ford-impulsor-de-la.html).
Y, muy faltos de visión, los empresarios de ese entonces hacían declaraciones – y las siguen haciendo – que parecían emitidas por idiotas faltos de visión, como la que el activista y escritor Louis Adamic (1898-1951), inmigrante austro-húngaro, naturalizado estadounidense, cita en su libro “Dinamita”, publicado en 1935: “Negocios son negocios. El objetivo de la industria es hacer dinero, estamos determinados a hacer dinero. Nos concentramos sólo en ese objetivo. Si estamos satisfechos con que una fusión de un billón de dólares va a significar mayores ganancias, nos encargaremos de realizar todos los procedimientos. Uno de los sistemas más fáciles de cortar sueldos es reduciendo el salario y los turnos. Y despedimos obreros para que esto sea así. Si los obreros más viejos se han vuelto más lentos en su trabajo, es, justo, por sus años laborando, así que lógicamente son los primeros a los que despedimos (nótese la mezquindad, pareciera de una película distópica). Por supuesto que los mayores recursos resultantes de grandes conglomerados son empleados para adquirir lo último en maquinaria, que emplee menos gente, por lo cual, aumentan los despidos. En nuestra opinión, el mejor ejecutivo es aquél que puede producir lo más que se pueda, con el menor número posible de trabajadores – a menor número de trabajadores, corresponde una menor nómina. Nuestra tecnología de punta nos permite prescindir de muchos obreros. Es frecuente ahora realizar con una máquina, operada con sólo doce hombres, lo que antes hacían 50 o 100 de ellos. Y, sí, sabemos que a causa de nuestra creación de gigantescas empresas – manufactura, distribución, venta al menudeo y otras – y a través de nuestros enormes gastos en investigación, invención, maquinaria, hemos causado una grave ruptura en el empleo, pero en lugar de ser criticados por todo este desempleo tecnológico, deberían de celebrarnos, pues es prueba conclusiva de nuestra maestría en la ciencia de la administración. Lo que pase con todas las hordas de trabajadores que despedimos, no nos concierne (vean, otra vez, una declaración de verdaderos dictadores, muy distópica). Nuestra responsabilidad comienza y termina con administrar nuestros negocios con incomparable eficiencia, lo que significa con un mínimo de labor humana (filosofía pura del egoísta capitalismo salvaje). No, el desempleo por esas causas creado, de ninguna manera entra en nuestros cálculos. Nuestro limitado deber es ejercer toda onza de ingenuidad que poseamos para disminuir los empleos, no crearlos. Nuestro objetivo es dinero, más y más dinero, no más y más hombres, pero menos y menos hombres. Estamos tan absortos en obtener ganancias, como para pensar en qué sucede a causa de la reducción de los hombres empleados. Como encargarse del desempleo, es cosa para otros de resolver, dejemos que George lo haga (se referían a George Washington, o sea, al Estado). No tenemos el tiempo para preocuparnos de eso. No es nuestro problema” (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/01/los-origenes-del-sindicalismo-obrero-en.html).
Sí, más claro no podría decirse. El párrafo anterior declara, sin disimulos, todo lo que siempre el capitalismo salvaje ha tenido como único objetivo: imponer sus intereses por encima de la sociedad y seguir enriqueciéndose.
Y así está sucediendo en esta “cuarta transformación industrial”, como se le ha dado en llamar a la aplicación de la inteligencia artificial, IA, en combinación con la robotización, que pretenden ir sustituyendo a los trabajadores de todo tipo, que estén tanto en los procesos industriales, como administrativos, con máquinas “inteligentes” que desempeñen mucho mejor y óptimamente, sin “errores”, sus actividades (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2015/08/inteligencia-artificial-otra.html).
Por supuesto que no faltan las declaraciones que precian los “avances” de la robotización “inteligente”, como hizo recientemente el Banco Mundial, BM, las que discute el analista Brian Merchant en la prestigiada publicación digital Gizmodo (ver: https://gizmodo.com/the-world-bank-says-robots-arent-killing-jobs-yet-don-1831474589?utm_source=gizmodo_newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=2019-01-04).
Merchant enfatiza que hay que tener mucho cuidado con la declaración principal del reporte del BM, que pide no temer lo que se dice de que los “robots estén matando empleos humanos”. “No lo escuchen”, aconseja aquél.
Y presenta las vagas consideraciones en que se basa el BM, como la afirmación hecha por Pinelopi Koujianou Goldberg, economista en jefe de aquél, quien sostiene que “el temor de que los robots eliminen empleos, hasta ahora, no está apoyado por evidencias reales. Más bien, lo que se ha visto es que, por cada empleo perdido, se han creado otros. Esta es la cuarta transformación industrial, ha habido tres anteriormente, y en cada caso hemos podido ajustarnos, así que no es el caso de que las máquinas eliminen completamente a los humanos”.
Eso, objeta Merchant, es hablar sin tener una idea real, o fingiendo no tenerla, de todo el daño que ha hecho la automatización, no sólo ahora, sino desde que en las anteriores “transformaciones tecnológicas” se suprimieron empleos.
Con ello se refiere a que, desde siempre, para realizar tales cambios, se fue despojando a los obreros de su know how, o sea, sus habilidades y conocimientos técnicos, para irlos incorporando a las máquinas. Con ello, se fue abaratando la fuerza de trabajo, pues sólo se le dejó su fuerza física para realizar tareas repetitivas (como hizo el ya mencionado Henry Ford), las que cualquiera podría hacer, con un mínimo entrenamiento y un salario miserable, pues habría miles solicitando esa repetitiva tarea.
Es lo que está sucediendo en la actualidad, pues, por ejemplo, un software que sustituya tareas administrativas o contables que un administrador o un contador antes hacían, puede operarse por alguien que, sin tener alguna de tales profesiones, sólo aprenda a usar dicho software, ganando una fracción de lo que habrían percibido aquéllos, de haber sido contratados.
¿Que no hay afectación, según el BM? ¡Por supuesto que sí, pues, de acuerdo al caso mencionado, se dejaron de contratar a dos profesionistas y sólo se empleó a una persona! Los beneficios, como siempre, son para la empresa que los habría contratado, pues se ahorra sus medianos sueldos y paga un salario mísero a la que contrató. Justo es lo que señala Merchant que, implícitamente, da a entender el BM que la “tecnología es una fuerza elemental de la Naturaleza, de la cual, las grandes corporaciones se benefician, y que los trabajadores deben de estar siempre al tanto de sus avances, con tal de que tales corporaciones se sigan beneficiando”. Más claro no puede decirse, pues como ya declaraban los mezquinos capitalistas en 1925, en el párrafo citado arriba, que “El objetivo de la industria es hacer dinero, estamos determinados a hacer dinero. Nos concentramos sólo en ese objetivo”, sin importar los daños que ello conlleve.
El cínico reporte del BM especifica que los trabajadores tendrán que estarse “reentrenando” toda su vida. “Los días en que un trabajador estaba toda su existencia con una sola empresa se terminaron. En la tecnificada, moderna economía, los trabajadores tendrán que saber más y más, tendrán que estar aprendiendo todas sus vidas”, se señala. Merchant revira que es una forma interesante de referirse a la “interminable precariedad”, pues, fuera de que se diga que el “trabajador despedido deba de adaptarse”, no se menciona en ningún lugar el que tuvieran la obligación las corporaciones o el Estado de acompañar tal adaptación con una mejor vida, una mejor retribución salarial.
Enfatiza Merchant otra parte del reporte en donde, empleando el clásico vocabulario tecnocrático, se dice que los avances tecnológicos han “liberado a los trabajadores de tereas repetitivas, han abierto otras tareas, que antes se pensaban eran producto de la ciencia-ficción. Al avanzar la tecnología, las corporaciones adoptan nuevos métodos de producción, los mercados se expanden y las sociedades evolucionan. Se apoyan en nuevas técnicas para empelar mejor el capital, superar barreras de la información,  subcontratan e innovan. Gracias a eso, las corporaciones hacen partes en un lugar, en otro, las ensamblan y en un tercero venden los productos terminados. Gracias a ello, los consumidores gozan de más productos a menores precios”. Sí, todo se presenta como muy ideal, muy perfecto. Merchant, irónico, dice que todo se reduce a que las compañías recorten, maximicen sus ganancias, innoven… y que todos los habitantes de este depredado planeta obtengan “mierdas” más baratas.
Mejor explicación no pudo haber dado, pues, en efecto, como siempre lo digo en todos mis análisis económicos, el único que busca beneficiarse de todos los cambios inducidos, sean tecnológicos, económicos, sociales, “culturales”, “educativos”, alimentarios, de poder… en fin, de todo lo habido y por haber, no es otro que el capitalismo salvaje (los modelos educativos, particularmente, son creados a partir de las necesidades de producción de la industria. Véanse, por ejemplo, los bachilleratos tecnológicos de México, hechos para que los egresados salgan con alguna habilidad útil para las empresas).
Y eso de que se “estén creando más empleos” gracias a la automatización es totalmente falso, señala Merchant – y yo lo corroboro –, pues tan sólo en Estados Unidos “en las pasadas dos décadas la automatización ha eliminado millones de empleos. Un tercio de los estadounidenses vive de un precario trabajo temporal y los daños ocasionados a las zonas fabriles (como en Detroit, citaría yo), son permanentes e irrecuperables” (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2011/10/desempleo-en-eu-agudizada-tendencia-del.html).
El problema, enfatiza Merchant, es que tanta demagogia, proveniente de una “prestigiada institución” como el BM, podría propiciar a que se siga con esa tontería de que la automatización “es buena y para nada dañina”.
Cita el caso de la empresa Amazon, una simple distribuidora de productos, que ya llega a 1.1 billones de dólares en valor, la que, gracias a su automatización, cada vez emplea a menos y menos personas, además de que a las empleadas, les paga salarios de hambre (ver: https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/jul/20/amazon-workers-employees-unions-regulations).
Su propietario, el nefasto Jeff Bezos, es ya el hombre más rico del mundo, mientras que miles de sus trabajadores en Estados Unidos deben de solicitar estampillas gubernamentales para alimentos para completar sus raquíticos salarios (otro ejemplo de terrible mezquindad capitalista).
Si ese es el tipo de trabajos a los que se refiere el BM, que creará la automatización, mal pagados y en los servicios (o sea, trabajos no productivos), de nada servirá.
Por esa acelerada pérdida de empleos es que, para millones de personas en todo el planeta, la solución para sobrevivir ha sido incorporarse a la llamada “informalidad”, un trabajo por cuenta propia, muchos vendiendo las “baratijas” a las que tan pomposamente se refiere el BM, ganando incluso más que si tuvieran los trabajos “formales” que la automatización ha, según, creado (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2012/12/economia-informal-la-verdadera.html).
Pongamos un ejemplo más sobre qué tipo de empleos crearía, si así fuera, la automatización. Veamos el caso de Uber, empresa que “proporciona” el servicio de taxis vía teléfono celular o, más bien, el software para hacerlo, pues es del nuevo tipo de compañías que no cuentan con una infraestructura física para otorgar sus “servicios”, sino sólo con la logística (los autos y celulares, los deben de proveer los “socios” conductores, como eufemísticamente se les llama. Es el caso, igualmente, de Facebook, que sólo tiene el software para conectar a sus millones de usuarios, quienes son, en realidad, sus activos). Uber (o ya también Didi) es una alternativa para miles de personas, en todo el mundo, que gracias a esa plataforma, a pesar de que cobra altas cuotas, tienen una forma de ganarse la vida (siempre y cuando tengan un auto, ya sea que lo estén pagando a crédito o que lo subarrienden de otra persona y un celular “inteligente”). Pero Uber está pensando en que en un no lejano futuro pueda disponer de vehículos propios autónomos. Vamos a suponer que lo lograra (porque aún son muy fallidos los intentos de colocar un taxi totalmente autónomo en las calles, como demostró un reciente lanzamiento hecho por Google: https://www.wired.com/story/waymo-self-driving-taxi-service-launch-chandler-arizona/?CNDID=32248190&CNDID=32248190&bxid=MjM5NjgxMDQ2MjQ0S0&hasha=710e2640ceccb95884594f5b77687780&hashb=652a426c407c58c9511f22771978171dce1aef11&mbid=nl_120518_daily_list3_p3&utm_brand=wired&utm_mailing=WIRED%20NL%20120518%20(1)&utm_medium=email&utm_source=nl ).
Si, como dice la señora Pinelopi Koujianou, la economista principal del BM, la automatización crea otros empleos, ¿de qué tipo serían los que puedan obtener todos los desplazados conductores que tendrían que dejar de laborar si esa empresa los sustituyera a todos por autos autónomos?, ¿como mecánicos de esos autorobóts? No, creo, pues ya contarían con las empresas que se los vendieron a Uber para darles mantenimiento y quizá ésas sólo emplearían robots, para esos tiempos. ¿O como limpiadores de esos autorobóts? Tampoco lo creo, pues también habría ya empresas encargadas de la limpieza de dichos vehículos, dedicadas a asearlos, supongo. Quizá absorbieran a unos cuantos de los ex conductores, que asistieran a las lavadoras automáticas, en caso de falla, pero a muy pocos. Entonces, ¿el resto, qué haría? Habría que preguntarle a la señora Koujianou, quien dice que “todo está muy bien pensado”.
A la larga, habrá cada vez más y más desempleo, menos consumidores y más frecuentes y muy profundas crisis económicas, gracias a que las “estrategias” siempre serán para favorecer a los poderes fácticos corporativos que nos dominan.
Otro artículo de Brian Merchant, titulado The shutdown reveals just how automated our government already is (El cierre revela que tan automatizado nuestro gobierno ya está), muestra que de la automatización, hasta las mafias en el poder se sirven (ver: https://gizmodo.com/the-shutdown-reveals-just-how-automated-our-government-1831671311 ).  
En este caso, como el retrasado mental de Trump, por capricho de que el Congreso no le ha querido soltar dinero para que construya el retrógrada muro (para “proteger” a EU de los peligrosos mexicanos), no ha permitido que fluyan los fondos públicos para que todas las oficinas y agencias públicas funcionen, miles de empleados gubernamentales han debido dejar de trabajar pues no hay dinero para pagarles.
Merchant dice que la automatización le cayó de perlas al “gobierno”, pues gracias a sistemas automáticos, funciones tan vitales como el cobro de impuestos pueden seguir, aunque no haya trabajadores o poquísimos. Igualmente la transportación de mercancías, así como la inspección fronteriza han seguido, gracias a sistemas automatizados que requieren un mínimo de personal.
Merchant señala que no sólo busca el “gobierno” prescindir temporalmente de, en este caso, un millón de trabajadores, sino que espera que en los siguientes años se prescinda totalmente de muchos de tales trabajadores, gracias a la mencionada automatización. La Oficina de Manejo de Personal (OPM) en abril del 2018 dio a conocer su Reporte Federal Sobre las Prioridades del Personal, en el que detalló que muchos de los empleos federales podrían automatizarse por completo, “estimando que la automatización podría recortar cargas de trabajo del 30% para el 60% de los empleados y que para un 5% de todos ellos, sus labores serían totalmente obsoletas, además de que 45% de actividades podrían hacerse de inmediato por máquinas”. Eso ya se está haciendo, ejemplifica Merchant, en el caso de las revisiones aduanales en los puertos, las que se han agilizado muchísimo gracias a la citada automatización.
También, como señalé, el cobro de impuestos es automático y sólo algunas tareas, como la aplicación de la justicia,  las investigaciones  y el trabajo técnico para cerciorarse de que las computadoras funcionen bien, son hechos por personal (aunque no le paguen).
En la NASA, la agencia espacial, tienen un robot, llamado George Washington, que la ayuda a distribuir los fondos públicos en horas, en lugar de días, como era antes, con empleados.
También los controladores aéreos están automatizando sus servicios, dado que miles de sus colegas están en “descanso obligatorio”. Pero señalan que, a diferencia de que el sistema automatizado del cobro de impuestos falle y no haga bien su tarea o de que una revisión aduanal también lo haga, no hay tanta afectación. Pero en el caso de que un sistema automático para dar direcciones a un avión, con tal de que aterrice, falle, podría derivar en que tal avión se accidentara.
Pero, como concluye Merchant, es lo que menos importa hasta al “gobierno”, sobre todo si los “cierres” son más frecuentes, por los caprichos de los “presidentes” en turno (por otro lado, considero que esa ley, que da tanto poder la “mafioso” en turno, ya es arcaica y debería de eliminarse o reformarse).
Además, al igual que para las corporaciones, si un “gobierno” puede “administrar” (controlar) a un país, no sólo en Estados Unidos, sino en muchos otros, con menos personal administrativo y hasta obtener más impuestos y otros beneficios, adoptando la automatización, con la inteligencia artificial y/o con robots, sin tocarse el corazón, lo hará, pues, como he estado diciendo, lo importante es la ganancia material.
Para el capitalismo salvaje y poderes fácticos que lo acompañan, la riqueza social, sale sobrando.