domingo, 22 de diciembre de 2019

Mabel Seeley y sus complejos thrillers


Mabel Seeley y sus complejos thrillers
Por Adán salgado Andrade

El thriller es un estilo literario difícil. Para comenzar, debe de proponerse una historia convincente, sea que se trate de un asesinato, un robo o cualquier situación que lleve a resolverlo lógicamente.
En segundo lugar, deben de darse al lector distintas pistas y señuelos para que varios sean los sospechosos, que se crea que cualquiera o más de dos personajes puedan estar inmiscuidos en el crimen.
Pero muchas veces, la trama es tan compleja y la resolución se torna tan enredada, que resulta inverosímil. Incluso, en novelas de la afamada Agatha Christy, a veces, los finales no suelen ser tan convincentes.
Sin embargo, el thriller de la escritora estadounidense Mabel Seeley (1903-1991), logra muy bien su cometido. Lo comprobé al leer su novela Eleven came back (Once volvieron), publicada en 1943, al calor de la segunda guerra mundial.
El verdadero criminal se mantiene en el incógnito de quién será, casi hasta el final, como veremos.
La edición que leí es de Doubleday, Doran & Co., de 1943, en inglés.
Está platicada en primera persona, por Martha Chapple, quien, junto con su esposo, Dane, administran una radio, la Arcadia Network, que habían levantado de la nada, con el apoyo de un tal George Talbot. Todo había funcionado de maravilla, hasta que una ambiciosa mujer, Delphine Parent, comenzó a realizar arreglos con Talbot para adquirirla y meter su irreverente, mala influencia en la radio que, para los Chapple, era motivo de orgullo.
Eso lo vamos conociendo durante la trama, la que se desarrolla en la veranda de Delphine, que construyó con su nuevo marido, Jim, un adinerado hindú, que dejó en manos de aquélla, el manejo de su fortuna y de su vida, pues desde que se había casado con ella, sus negocios y las decisiones de dónde y cómo vivir las tomó Delphine, como haber construido esa casa de campo, entre la desolada estepa de Wyoming, muy cercana al parque nacional Grand Teton.
Era una casa lujosa, con alberca, establo para los caballos, necesarios porque la zona era inaccesible para autos (estamos en 1943, recuérdese), gran estancia, comedor, cocina, varias habitaciones, cuartos para la servidumbre y una zona para los huéspedes.
Allí, fueron convocados varios personajes. Jock Huddelston, ex esposo de Delphine, con su nueva y muy joven, cursi esposa, Deirdre. Con Jock, Delphine, gracias a sus triquiñuelas, logró apoderarse del 49% de las acciones del periódico que su ex esposo ya tenía, antes de que ella se casara con él. De allí, Jock se dio cuenta que no tenía límites la ambiciosa Delphine.
También estaba presente Lolly Sheean, chica con deseos artísticos, quien era capaz de llegar a todo, con tal de conseguir sus objetivos. Muy parecida a Delphine, sólo que sin el poder que le daba el dinero a ésta. Entre los invitados, estaba también Rolf Gaden, austriaco, quien se hacía pasar por noruego, para ayudar a la resistencia en contra del fascismo nazi, destructiva ideología, que Hitler había impuesto, con tal de favorecer al rapaz capitalismo alemán y su maquinaria bélica.
Por último, estaba la secretaria personal de Delphine, Evelyn Anson, muy eficiente mujer, que conocía todos los negocios de Delphine, bueno, aclaraba ella, “sólo los que me deja ver”.
Estaban convocados allí porque Delphine quería celebrar que estaba por comprar Arcadia a George Talbot. Dane y Martha, los más afectados por la casi completada compra, se sentían profundamente desconsolados, ante la posibilidad de que esa mujer tan superficial y materialista, pudiera deformar la esencia de Arcadia y convertirla en una radio cualquiera, despojándola del carácter cultural y alternativo que ellos le habían dado, mientras Talbot había sido el propietario. Éste, no interfería para nada en su trabajo, contentándose con que las finanzas fueran sanas y dejaran alguna ganancia.
Comienzan la serie de misterios cuando aparece, primero, una fogata en el patio de la propiedad, sin razón alguna. Luego, un pájaro aparece pintado encima de la pared que estaba sobre la chimenea y un manojo de hierbas, mezcladas con lodo.
Jim Parent, el ya mencionado esposo de Delphine, le dijo a Martha que eran señales que su gente, en la India, usaba para atraer males a quienes estaban dirigidos. “Puras idioteces”, exclamó Delphine, cuando las vio, apagando el fuego, y tirando el manojo de hierbas. Del pájaro pintado, había dicho que luego lo borraría.
Eso no desalentó los planes de Delphine, entre los que estaba dar una cena a todos los asistentes. Las empleadas domésticas atendieron a todos muy eficientemente y, mientras comían, Delphine les platicó anécdotas y de todo lo que era capaz, con tal de lograr sus objetivos. Incluso, tenía a su servicio a un “matón” que, les aseguró, incluso, ella chantajeaba, con tal de que le cumpliera todos sus caprichos. “Tengo una foto en donde ese asesino está muy sonriente, con nosotros, al lado de Lolly Sheean”, aseguró. “¡Claro que es broma!”, les aclaró, irónica, pero Jock no estaba tan seguro, pues conocía, en carne propia, a todo lo que su ex esposa se atrevería para lograr sus objetivos.
Luego, de la cena, todos estuvieron invitados para cabalgar e ir al parque nacional Grand Teton, en plena noche, pues como era de luna llena, el camino estaría perfectamente iluminado. Delphine pidió a Ed Laidlaw y Hank Carradeau, sus caballerangos, preparar los corceles para todos y, ya que estuvieron adecuadamente vestidos (con ropas prestadas por Evelyn, para Marta y por Jim, para Dane y los otros), marcharon hacia el parque.
Cuando llegaron, Delphine propuso una especie de juego, esconderse y tratarse de hallar. Había un puente por el que cruzaron. A unos 200 metros, pasaba un río. Lolly se puso a bromear de que, a veces, la vida era tan intensa, que se podían tomar decisiones intrépidas, como saltar de un puente así.
Es una de las pistas que Seeley da para que pensemos que la posterior caída de Lolly del puente, pudo haberse tratado de un suicidio.
Y así lo manejan los guardias del parque, Rayfield, Gagnon y Phipps, como “suicidio”, pues todo parecía indicar que la chica sufría algún tipo de depresión, como aseguró Delphine, a pesar de que estuvieron los guardias investigando todo un día sobre pistas, además de interrogarlos a todos. En medio de la sala de la casa, había una palma, que llamó la atención de Gagnon, quien le preguntó a Delphine sobre ella. “Es una especie muy rara, importada de Egipto”, le contestó la mujer, muy déspota. La palma estaba al centro de una fuente, la cual estaba siempre escurriendo agua. Todo el conjunto destilaba un exotismo que, sólo gente adinerada, podía darse el lujo de presumir, pensaban los presentes.
A pesar de que la novela está referida en primera persona, Seeley acomoda la presencia de Martha, de tal forma, que no se pierde ningún detalle, dejando aquéllos en los que no participa directamente, como pláticas entre ella y otros personajes. Un buen logro. Y siempre está reflexionando, pensando en todos los detalles y en sus hijos, Spunky y Annis – cuidados por Dicka, su nana –, que están en Nueva York, esperando a sus devotos padres.
Dos días más tarde de la muerte de Lolly hubo un acelerado juicio en Jackson, el pueblo más cercano a la veranda, en donde jurado y comisarios concluyeron que, en efecto, la chica se había suicidado.
Sin embargo, Martha, nuestra, digamos, heroína, y su esposo Dane, están seguros de que se había tratado de un asesinato, pero sin tener claras las pistas, los motivos o quién habría sido el asesino.
Al regresar a la veranda (llamada, irónicamente, The Lady Luck), todo “vuelve a la normalidad”. Y llega el abogado que prepararía los papeles para la venta de Arcadia a Delphine. Varias veces Dane estuvo se acercó a Talbot, para hablar con él y convencerlo de que desistiera de la venta, pero éste, un simple mercenario de los negocios, le dice que nada se puede ya hacer y que el trato está dado: Arcadia será comprada por Delphine.
Pero algo inesperado sucede de nuevo, cuando una de las trabajadoras domésticas haya a Jim Parent, borracho en su habitación y rapado muy apresuradamente. Delphine se alteró un poco, pero de inmediato desechó el detalle. “¡Otra idiotez más de quién sabe quién!”, exclamó.
Todos tenían pensado partir de la veranda al otro día, muy temprano. Ed y Hank prepararían los caballos a las cinco, pues Dane y Martha partirían a esa hora.
Por la noche, Dane, sin poder dormir, le dijo a Martha que saldría a dar un paseo. Así lo hizo. Pasaron dos, tres horas y Martha, preocupada por su tardanza, pide ayuda a Evelyn, para que le ayude a buscarlo. Luego de varios minutos, lo encuentran, sin sentido, golpeado en la cabeza. Martha, alarmada, le pide a Evelyn que avise a los otros en la casa que les ayuden a transportar al inconsciente Dane. Evelyn llama al médico, quien, al revisarlo, dictamina contusión y que estará durmiendo dos o tres días. Martha le dijo que lo habían hallado en el camino y que Jock y Rolf, los que lo habían llevado hasta su habitación, vieron que se había tropezado con unas ramas de un árbol y eso lo había derribado. “No fue lo que pensé”, le dijo el doctor, quien primero había considerado un fuerte golpe. “Quizá me equivoqué”, concluyó. “¡Pero hoy debemos irnos!”. “Su esposo no se puede mover, señora”, le replicó el doctor, terminante, tomando su maletín y saliendo de la habitación.
En vista de que había que esperar hasta que Dane recobrara la conciencia, Martha tomó en cuenta lo que había dicho el doctor, de que era un fuerte golpe, no una caída y decidió ir a buscar, de nuevo, en el sitio en donde supuestamente Dane se habría tropezado y pudo ver que no parecía muy seguro eso, pues las ramas, era evidente, estaban trozadas de tiempo atrás.
De allí, se dirigió a la alberca y en ese sitio, se da la segunda gran complicación de la novela, pues halla flotando a Delphine, muerta. Si habían, Martha y Dane pensado que la “odiosa Delphine” tuvo que ver algo con la muerte de Lolly, su propio deceso, descartaba todo eso.
Se llaman a Rayfield y a los otros comisarios, ya que esa nueva muerte no podía tomarse como otro “suicidio”. Los interrogatorios se hacen más severos y se confina a todos a sus respectivas habitaciones. A Dane, lo ve Rayfield como el principal sospechoso, debido a su supuesta “caminata nocturna”, ya que la autopsia de Delphine había revelado que el asesinato había tenido lugar entre las tres y las cuatro de la mañana. Rayfield interrogó a todos y logró saber que Delphine había estado tomando con Jock y hablando de negocios, sobre todo que se negaba a venderle a él su parte del periódico, cosa que a Jock le impedía disponer a su total antojo del diario.
A Martha, Rayfield le pregunta sobre Dane y de las declaraciones que él había hecho sobre que prefería ver muerta a Delphine, antes de que comprara Arcadia. “Claro que lo dijo, pues estamos muy contrariados… o estábamos, de que Delphine se hiciera de la radio”.
Eso se sumaba a las sospechas contra Dane. Por otro lado, entre sus ropas estaba una navaja, con la que, supuestamente, se habría rapado a Jim Parent. Y también estaba en uno de los bolsillos de su pantalón un calcetín, todo lleno de barro. Rayfield lo analizó y determinó que el barro que tenía adherido, correspondía con el barro que se había hallado pegado en la nuca de Delphine. “Al parecer, lo rellenaron de piedras y con eso dieron un fuerte golpe a la señora Parent”, le dijo a Martha.
Pero ella, tenaz, siguió defendiendo la inocencia de su esposo. “¿No se da cuenta que todo eso es para incriminarlo más?”, le replica. Incluso, habían hallado un libro escondido en la piel de oso que estaba en la habitación que estaban ocupando Martha y Dane, en la cual, él yacía inconsciente. En ese libro, propiedad de Jim Parent, se explicaban las cosas que la gente de la India hacía para “causar males” a la gente, como fogatas, pájaros dibujados, ramas envueltas en trapos con lodo, la cabeza rapada de alguien, que representaba que era viudo o viuda. “Es claro que es para incriminar más a mi esposo”.
Rayfield, de todos modos, no estaba tan seguro de la culpabilidad de Dane.
Entre tanto, George Talbot había sido alcanzado por los otros comisarios, pues había tratado de irse, alegando negocios urgentes.
Martha, incluso, entre sus pesquisas, consideró hablar con Rolf Gaden, a solas y, por un error de éste al hablar, descubre que no era noruego. “Pero esto no deben de saberlo los otros”, le dice, desesperado. Martha trata de huir y corre hacia la alberca, en donde resbala. Está tan alterada que pierde el conocimiento, segura de que Gaden la quiere matar.
Minutos más tarde, despertó de su momentánea pérdida del conocimiento, toda mojada, rodeada por los demás y por Rayfield. Gaden está sujeto con esposas. 
Les dice que trató de matarla, porque había descubierto que era alemán, quizá nazi y espiaba para Hitler. Seeley propone a otro posible sospechoso.
Pero Gaden se defiende, diciéndole a ella que, al contrario, como Martha había resbalado y se había golpeado la cabeza, perdió el conocimiento y se habría ahogado, de no ser porque él la había rescatado.
Todo mundo lo interrogó. Sobre todo Rayfield, pues en ese tiempo, los espías alemanes eran condenados, en sumarios juicios, a muerte. Confiesa que era austriaco, sin embargo, les aseguró que su único delito fue el de haber asumido la persona de Rolf Gaden, un noruego que había trabajado en la resistencia, con los aliados, ya fallecido, y que había usado su pasaporte e identificaciones, debido al gran parecido. Pero que él estaba cien por ciento dedicado a ayudar a la resistencia austriaca y que si lo denunciaban, sería su fin.
Martha le dio el beneficio de la duda, sintiendo que era sincero lo que decía.
Por fin, Dane comenzó a recobrarse. Y aclara, a pesar de su pesadez mental, que aún lo aqueja, que él había visto a Delphine cerca de la alberca, con una lámpara y… ¡hasta ahí, pues el golpe que sintió, lo derribó y nada más supo, hasta que despertó! Nada más pudo decir, pues volvió a la inconciencia.
Pero Rayfield insistía en que no era convincente su testimonio y era el principal sospechoso.
Por otro lado, habían buscado, por todos lados, documentos que incriminaran a Delphine en obscuros negocios, pero nada hallaron, ni en su caja de seguridad, ni en nada más.
Martha, mientras tanto, seguía atando cabos y pistas. A Delphine la habían hallado cerca de los controles de la alberca. Tuvo Martha una corazonada. Una nueva noche había llegado. Se acercó al compartimiento que contenía dos botones, que controlaban el llenado y vaciado de la alberca, si se giraban a la derecha. De acuerdo a su corazonada, probó girar la de vaciado, a la izquierda. En efecto, escuchó a lo lejos que algo se interrumpía.
Descubrió que también esos controles servían para detener y vaciar el agua de la fuente que rodeaba a la palma.
Comprobó que no había nadie cerca, ni la servidumbre, y se puso a revisar piedra por piedra de la fuente. Tras algunos instantes, su búsqueda tuvo el resultado esperado, pues halló una piedra falsa, que era un envoltorio, con seda encerada (en ese tiempo, no existían las contaminantes bolsas de plástico), y, ¡voilà!, todos los negocios chuecos de Delphine salieron a relucir. Pero, el más importante, la foto que señalaba quién era el asesino que “tanto ayudaba” a Delphine… ¡nada menos que el mismísimo George Talbot!...
¡Claro!, ella era la que estaba chantajeando a Talbot, razonó Martha, para que le vendiera la radio, de la que se había hecho con el dinero que ganaba asesinando a gente. Y a Lolly, seguramente, la había asesinado porque sabía de eso y participaba del chantaje
En su emoción por haber descubierto al asesino de Delphine, no percibió que, justo, el mismo Talbot se había acercado y ya la estaba ahorcando, arrebatándole la foto en donde aparecía él, junto a Lolly, de la que había hablado Delphine.
Por fortuna, gritó y todos acudieron a salvarla, no logrando evitar que Talbot rompiera la foto y se tragara el pedazo que lo incriminaba.
Y se aclaran los motivos de Talbot, quien se beneficiaría con la muerte de Delphine, pues cobraría el cheque que ella le había dado, sin tener que entregarle la radio. A Lolly, en efecto, la asesinó porque “sabía demasiado”. Y eso lo hizo en complicidad con Delphine, quien estuvo de acuerdo en que se deshiciera de ella, para eliminar a quien pudiera comprometer el propio chantaje de Delphine a Talbot.
Allí, el matón se porta prepotente y altanero y les dice que no hay evidencia que lo incrimine y que, si la hubiera, contrataría a los mejores abogados y en unos cuantos meses saldría libre.
Rayfield le dijo que ya lo vería, pero que, por lo pronto, estaba arrestado por cargos de sospecha del doble asesinato.
Se le ordena a los caballerangos que alisten a los corceles.
Sin embargo, al caballo que llevaría a Talbot, alguien, quizá el mismo Ed, con tal de buscar la “justicia popular” contra ese prepotente asesino, le había colocado una dura, espinosa flor de una planta local. Al trepar el caballo y sentarse, Talbot reaccionó por el piquete en la ingle, encogiendo las rodillas, señal para que el obediente caballo pegara veloz carrera.
Gagnon, tomando eso como la franca huida del sospechoso, tomó su rifle y de un certero disparo mató a Talbot, quien cayó, pero quedando uno de sus pies atorado del estribo de la silla, por lo que fue arrastrado varios metros, hasta que el caballo se detuvo…
Sin embargo, todos celebraron la muerte de Talbot silenciosamente, sobre todo Rolf Gaden, a quien Talbot había amenazado con revelar su verdadera identidad, para que fuera encerrado o expulsado del país.
También Jim Parent estuvo muy contento, pues se había librado de la nefasta influencia de Delphine y sus bajos negocios. Y les aseguró a Martha y a Dane que contarían con él… y su enorme fortuna.
Pero mucho más complacidos que todos, quedaron Martha y Dane, pues tomarían el control total de Arcadia, su creación, ya, sin tener que depender de nadie, excepto del buen Jim.
Sí, un buen, inteligente final, en donde el culpable hasta recibe su merecido.
Ojalá así fuera en la vida real.





domingo, 1 de diciembre de 2019

Hacia la sociedad consumista perfecta


Hacia la sociedad consumista perfecta
por Adán Salgado Andrade

El capitalismo salvaje busca, por todos los medios posibles, reducir el tiempo en el que una mercancía es producida, con tal de bajar su costo final, pues es a través del precio, por el cual, dicha mercancía, competirá contra otras similares, porque al ser más bajo, más será vendible.
Pero no sólo se trata de reducir el tiempo de producción, sino, también, muy importante, el de distribución, comercialización y, sobre todo, que tal mercancía llegue a las manos de los consumidores finales.
Ahora, en la época del Internet, que, cuando fue creado, servía sólo como una forma libertaria, de comunicación más directa entre sus usuarios, y de emancipación en contra del poder hegemónico, aquél se ha convertido, como todo lo demás, en un muy eficiente medio de venta de miles de productos, tanto, que millones de personas es para lo único que lo emplean, para ver qué se vende y pedirlo.
El prestigiado diario inglés The Guardian, publicó recientemente un artículo titulado “Cómo nuestro hábito de recibir las compras en nuestros domicilios, transformó al planeta”, firmado por la periodista Samanth Subramanian, en el que explica, muy claramente, que el surgimiento de empresas como Amazon, que predomina por encima de muchas otras, han hecho que, para muchos, nuestras compras, ya no sean de trasladarnos a tiendas, sino de adquirirlas a través de una “aplicación” por línea, abriéndola, seleccionando lo que deseemos y dando “clic” a nuestro pedido, pagando con nuestra tarjeta, y esperar a que llegue, cada vez más rápidamente, por supuesto, con tal de evitarle al consumidor la tensión de esperar demasiado tiempo por su pedido (ver: https://www.theguardian.com/technology/2019/nov/21/how-our-home-delivery-habit-reshaped-the-world).
Comienza refiriendo cómo el concepto de tienda departamental, se ha ido perdiendo, sobre todo en los países más adelantados, en donde se ha ido sustituyendo por bodegas, en las cuales, todos los productos están ordenados casi a la perfección, para que, cuando una persona haga una compra, el producto indicado, sea localizado “fácilmente” por un empleado de tal almacén, empacado, y llevado a la empresa de paquetería que lo trasladará a su destino. Antes, las ventas eran de negocio a negocio, sobre todo, de empresas que surtían a tiendas o a fábricas, para la hechura de mercancías (la llamada logística). Pero, ahora, las entregas son, la mayoría, directamente a clientes. En una bodega que opera en Inglaterra, perteneciente a la cadena John Lewis, las entregas directas a consumidores se han incrementado doce veces, entre el 2006 y el 2016, superando y siendo ya, más importantes, que las compras directas en sus tiendas departamentales. En ciudades como Nueva York, las entregas han subido de 360,000 productos por día, en el 2009, a 1.5 millones diariamente en la actualidad. En China – el paraíso del capitalismo salvaje, pues es la maquiladora mundial –, le empresa de comida Meituan entregó en un solo fin de semana, mediante sus repartidores (que usan scooters), 30 millones de órdenes de alimentos.
Por lo mismo, aumentan las áreas de las bodegas en donde se almacena todo eso. Por ejemplo, la más grande que tiene Amazon en Inglaterra, es de 185,806 m2 (equivaldría a un área cuadrada de unos 431 metros por lado, casi medio kilómetro). Como dije, para tener todo tipo de mercancías, bien localizadas, para su elección y envío.
En dinero, las ventas anuales por línea, sumaron 3.8 billones de dólares (3,800,000,000,000) en el 2017. Y se espera que sean de 6 billones de dólares para el 2024. Excelente para el capitalismo salvaje, que vive del consumismo. Muchas personas, de esa forma, comprando en línea, ni siquiera lo hacen conscientemente, sino sólo porque algo “está barato”, aunque no lo requieran, pues, simplemente, tienen que dar clic al botón “comprar”, pagar y… ¡listo!, a esperar su pedido (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/09/las-compras-en-linea-gran-impulso-al.html).
Y se puede comprar casi todo por línea, desde ropa, calzado, electrónicos, animales, insectos, comida… pocas cosas no se compran ya por línea, quizá las armas (aunque hay un tipo que en Estados Unidos, EU, vende impresoras 3D, para hacer armas caseras, apelando al anacrónico “derecho” constitucional de que todo “americano” tiene la facultad de poseer un arma. Ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2015/08/normal-0-21-false-false-false-es-mx-x.html). 
Claro que eso tiene su enorme costo ambiental, pues tantos millones de objetos de todo tipo vendidos tan intensiva y extensivamente, requieren materias primas, cada vez en mayor cantidad, así como los energéticos para producirlos, los que contaminan, aun siendo producidos por las llamadas “energías verdes” (que, de todos modos, todavía se usan mínimamente).
Por ejemplo, para empaquetar tantas cosas, se requieren cajas, de todo tipo y tamaños. Para hacerlas, se necesita destruir ¡mil millones de árboles cada año! Absurdo, tomando en cuenta que ya hay mucha deforestación, con vastas zonas boscosas diezmadas por todo el planeta. Y aunque se siembren árboles de crecimiento rápido, como los eucaliptos, para cortarlos y convertirlos en pulpa, que se transformará en cartón, eso está acabando con las tierras en donde se siembran, pues las empobrecen, dejándolas estériles en pocos años, no aptas, ya, para ningún tipo de sembradíos. Eso también acaba con la necesaria biodiversidad, al ocupar millones de hectáreas para monocultivos, de eucaliptos, por ejemplo. Animales y plantas de todo tipo, se están extinguiendo (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/03/la-perdida-de-biodiversidad-la-perdida.html).
La mencionada Amazon, acapara casi el 50% de las ventas por línea en EU (ver: https://www.bigcommerce.com/blog/amazon-statistics/).
Esa acaparadora, ambiciosa empresa, es responsable de casi la mitad de los ¡165 mil millones de paquetes que se entregan cada año en ese país! Imaginen la cantidad de cajas que se tiran las que, de hecho, constituyen el 30% de la basura que se genera anualmente, o sea, casi 67 millones de toneladas, de las 270 millones generadas en ese lapso (ver: https://www.learner.org/exhibits/garbage/solidwaste.html).
Súmenle a esa basura el que muchos de los productos vendidos son baratijas, hechas de plástico o fibras sintéticas (ropa) y por eso se producen 2100 millones de toneladas anuales de desperdicios globalmente. Los plásticos desechados, por ejemplo, nos están desabordando (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/03/la-muy-grave-contaminacion-por-plasticos.html).
Por otro lado, tantos millones de entregas anuales, han ocasionado que los sitios en donde Amazon almacena sus productos, demanden demasiado esfuerzo físico de sus empleados, los que son tratados sin contemplaciones de ninguna especie, exigiéndoles rapidez en la búsqueda y entrega de mercancías para sus envíos. Eso, ha provocado que en esas bodegas, se multipliquen los accidentes de todo tipo, incluso comparados con lugares que podrían ser más peligrosos por el tipo de actividades, como minas o industrias. Las propias estadísticas exigidas a la empresa por la Administración de la Salud y Seguridad Ocupacional (OSHA), de EU, así lo demuestran (ver: https://gizmodo.com/exclusive-amazons-own-numbers-reveal-staggering-injury-1840025032).
Además, como la propia Amazon ha ido estableciendo el lema de que “El tiempo es dinero: ahorre en ambos”, ahora se trata de entregar los pedidos lo antes posible, con tal de evitar la “depresión del consumidor”, que, si no recibe su pedido en el tiempo indicado – el que ha ido pasando de semanas, a días y a unas cuantas horas, a veces, dos –, puede cancelarlo, como le es ofrecido.
Por si no bastara, Amazon, desde el 2005, ofrece su servicio “Premium”, que es “Para gente impaciente”, que por una cuota mensual, ofrece cuanta cháchara sea vendible a “distinguidos miembros”, con descuentos. Estadísticas señalan que 98% de los miembros siguen conservando sus “suscripciones” luego de dos años. Conclusión: se vuelven consumistas y compran por compulsión los artículos ofrecidos en los catálogos mensuales, no por necesidad.
El consiguiente, impuesto, consumo compulsivo, ha influido en todo, hasta en la milimétrica construcción de las bodegas, cuyos pisos deben de ser completamente planos, para evitar que los robots que se usan en muchas de ellas (como en las bodegas de Amazon, que ni así, logran evitar accidentes), puedan “confundirse” y provocar demoras o hasta accidentes (En el 2018, uno de esos robots provocó un accidente, al picar un envase de repelente para osos, con lo que 24 empleados se intoxicaron. Eso, sucedió en una bodega de Amazon en Nueva Jersey, lo que la dejó muy mal parada. Ver: https://www.theguardian.com/technology/2018/dec/06/24-us-amazon-workers-hospitalised-after-robot-sets-off-bear-repellent).
Por desgracia, a pesar de tantos “adelantos tecnológicos” y optimización de los tiempos de entrega, señala Subramanian, la parte más importante del proceso de entrega al cliente es la llamada “última milla”. Antes de llegar a ese recorrido final, un paquete, en promedio, es entregado 17 veces, desde la fábrica, hasta el almacén final. Por eso, se busca que los empaques sean resistentes. Amazon tiene, incluso, un laboratorio para probar varios diseños de empaques de cartón, de distinto grosor, los que son probados en máquinas que los someten a simulaciones de cómo se moverían y golpearían dentro de las camionetas repartidoras. Kim Houchens es la jefa de ese laboratorio y le comentó a Subramanian la importancia de contar con un empaque resistente, pero ligero, porque también es importante, pues entre menos pese, se reducen los costos de transportación. Un milímetro que pueda reducirse el grosor  de dicha envoltura, puede representar miles de toneladas de ahorro en peso. Eso crea el gigantismo creado por tantos millones de productos vendidos a diario. Nos ahogamos entre esos y la basura que producen.
Pero la mencionada “última milla”, se refiere a la entrega física al cliente final, que resulta ser la más problemática, pues debido a que la mayoría de los envíos se hacen en caóticas, hacinadas ciudades, los problemas se multiplican. Las empresas de paquetería deben de enfrentar a sus repartidores al caótico tráfico, la falta de estacionamiento, los accidentes viales o que luego no se encuentre el cliente, entre otros problemas.
Por ello es que muchas compañías han considerado buscar espacios de almacenaje alternativo, como ubicar pequeñas bodegas en donde se localicen la mayoría de los pedidos. Por ejemplo, muchas entregas se concentran en zonas habitacionales. Ésas, son las ideales, a decir de los gerentes encargados de los envíos, por la “alta densidad”, ya que un mismo repartidor puede hacer varias decenas de ellos por edificio. Pero cuando el pedido se hace en un lugar remoto, en medio del campo, de “baja densidad”, se prefiere convenir un lugar de entrega, como una tienda o un café, para que el cliente acuda, pues sería muy costoso llevarlo hasta ese lugar. O sea, no es todavía tan ideal el comercio por línea para ciertas zonas.
En Londres, por ejemplo, las camionetas de la empresa repartidora UPS se estacionan en donde pueden, invadiendo carriles exclusivos, en doble fila. Y aunque los multen, pues saben que lo serán, prefieren las multas, pues se les hace “un descuento” cuando las pagan, ya que son cientos al día. Eso está incluido en los costos, claro. Y, tan solo en Inglaterra, todas las camionetas de entregas han incrementado las millas recorridas 56%, desde el 2000, debido al brutal incremento de las entregas de compras por Internet.
Tantos inconvenientes, para que el cliente, reciba “en la comodidad de su hogar” todo, absolutamente todo lo que compre por línea. Amazon hasta considera que podría almacenar sus productos en casas de personas que se lo permitieran, con tal de ahorrar tiempo. O en cajuelas de autos estacionados. ¡Vaya ideas, que, ahora, suenan aparentemente absurdas!
Se justifica que comprando en línea, se reduce la contaminación, pero es falso, pues el uso energético aumenta. Por un lado, al emplear más el Internet para comprar, usamos más energía, por toda la electricidad que la infraestructura computacional y de servidores, requiere. Se calcula que, en años venideros,  se transmitirá nada menos que un petabyte de datos por segundo, lo cual equivale a un trillón (1000,000,000,000,000) de ¡bytes en cada segundo! A ese paso, dos expertos en energía, Peter Huber y Mark Mills, predicen que la infraestructura computacional que mueva el Internet ¡requerirá de la mitad de toda la energía producida en el mundo! (Ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2010/05/mas-energia-o-mas-desperdicio.html).
Por otro lado, todo lo que implica el traslado de las mercancías, tanto transporte, combustibles, la energía requerida en los almacenes que las concentran… eso genera mucha más contaminación que si fuéramos a la tienda más cercana a comprar lo realmente necesario.
Aunque en países pobres, como México, el comercio en línea aún no despega, justo por el menor nivel salarial. Por ejemplo, en el evento consumista llamado “El Buen Fin”, del 2019, sólo 12% de las compras totales fue hecho por Internet.
No puede esperarse otra cosa en un país en donde, cerca del 80% de la población, es pobre y, muchos, ni siquiera cuenta bancaria poseen, mucho menos una tarjeta de crédito o débito para comprar por línea, sobre todo, porque el 60% de los trabajadores en México, tienen empleos de los llamados “informales” – que son los que no pagan impuestos directos, como el ISR, impuesto sobre la renta. Pero eso es falso, pues se pagan impuestos como el IVA –, como los vendedores ambulantes, porque son las únicas ocupaciones a las que pueden aspirar, incluso, aunque estén muy preparados.
El capitalismo salvaje cada vez crea menos y menos empleos, pues al ir sustituyendo con máquinas y robots a los trabajadores, es lo que ha provocado. Y es una tendencia mundial. Por eso, para cientos de millones en el mundo, la informalidad, es la única salida (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2012/12/economia-informal-la-verdadera.html).
Pero como este pobre planeta está dominado por el capitalismo salvaje y sus más acérrimos practicantes – el uno por ciento que nos domina desde hace décadas –, se tratarán de imponer las compras por línea, el consumismo perfecto, con tal de que su comatosa existencia continúe algunos años, aunque siga depredando y contaminándolo todo.
No sería difícil que se convierta el mundo en una masiva bodega, que nos tenga al alcance de la mano, cuanta inútil cosa se nos imponga y se nos obligue a adquirir. Y que, cuando nos deshagamos de ella, a un lado de esa enorme bodega, haya un enorme basurero, para que allí la tiremos.
Muy ideal mundo, ¿no creen?