sábado, 5 de septiembre de 2026

De libros, discos y Juan Gabriel

 

De libros, discos y Juan Gabriel

Por Adán Salgado Andrade

 

La gigantesca macrourbe que es la Ciudad de México, enfrenta cada vez más y más problemas, como estresantes embotellamientos (la velocidad promedio es de 4.5 km/h en horas pico), demasiados habitantes (con 17.7 millones de personas, ocupa el sitio número 15 en el mundo. Ver: https://www.visualcapitalist.com/ranked-the-worlds-largest-cities-1950-2100/), falta de infraestructura de drenaje adecuada (son ya una constante las inundaciones en épocas de lluvia, como la actual), falta de agua (se estima que se quedará sin agua gran parte de la ciudad en el 2028. Ver: https://es.wired.com/articulos/ciudad-de-mexico-se-quedara-sin-agua-en-2028-advierten-academicos-de-la-uam), delincuencia, contrastes urbanos (las zonas muy pobres y las en extremo acaudaladas, que hasta se cercan, como se puede ver en la cinta “La Zona”, con tal de aislarse del mundo exterior. Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/La_zona_(pel%C3%ADcula))... y tantos otros problemas.

Pero también, por lo mismo de su gigantismo, ofrece sorpresas. Y una de ellas fue a la que, gracias a una invitación que le hicieron a mi compañera, acudimos al restaurante “Tetetlán”, ubicado en Avenida de las Fuentes 180-B, en la colonia Jardines del Pedregal.

Debo de decir que, al principio, imaginé un sitio suntuoso, como los restaurantes de lujo que suele haber en zonas caras de la ciudad, en donde, al menos en su servidor, provoca cierto cohibimiento al ir ingresando (por lo del roce con gente de niveles económicos elevados). Sin embargo, para nuestra sorpresa, no fue así. Para comenzar, el sitio se ubica en lo que debió de haber sido una casona del sitio, hecha de piedra basáltica, que se ha acondicionado actualmente para servir como restaurante. De hecho, no muestra letreros ostentosos para anunciarse. Y la entrada es un discreto arco que, al avanzar, de un lado, comunica a una escalera que baja al restaurante, propiamente (da a un piso por debajo del nivel exterior de banqueta, como si fuera un sótano).

Sin embargo, nosotros habíamos sido invitados a una Noche de Vinil, a un evento dedicado a la memoria del cantante y compositor Alberto Aguilera Valadéz (1950-2016), mejor conocido en el mundo de la farándula como Juan Gabriel, el Divo de Juárez (aunque él nació en Parácuaro, Michoacán), así que al preguntarnos si éramos invitados de ese acto músico-cultural, nos indicaron que subiéramos unas escaleras que daban un nivel superior, no precisamente un primer piso, sino una especie de largo tapanco, de unos diez metros de largo por tres de ancho, estructura que, es evidente, fue parte del reacondicionamiento que se hizo en el lugar.

Y allí, para mayor sorpresa, nos recibió un sitio bordeado por cientos de discos y libros (que al final, nos dijeron que no estaban a la venta, sino que eran de la colección privada del lugar). Antes, una amable chica nos tomó una foto, con una como tableta grande, en la que nos vimos en tiempo real, para acomodarnos con la mejor pose posible. Luego nos entregó una impresión, totalmente gratis.

En ese nivel, libreros llenos de libros cubren todo un lado, en tanto que anaqueles con cientos de discos, se muestran en el lado opuesto. Así que nos rodearon música y literatura. Pude ver distintos artistas, de todo el mundo, de rock clásico (Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbat…), folclor latinoamericano, cantautores como Óscar Chávez, música clásica, Beatles… en fin, de todo. Y de libros, también bastantes títulos, muchos en inglés, de esoterismo, o eróticos, como el “Kama Sutra”, o el “Siddhartha”, de historia, novelas y otros más (aunque aquí, sin ser pretencioso, debo decirles que mi colección de libros es mucho mayor, pues sumados a los que me legó mi padre, el profesor Froilán Salgado Álvarez – 1910-1982 –, están los míos, que he ido sumando a lo largo de mi vida).

Y sobre un mueble, del lado de los libros, había un tornamesa de los de aquellos tiempos (probablemente un modelo 1980) en perfecto estado, en donde se tocan los discos de los eventos que, nos dijeron, cada quince días se organizan allí. Pero éste, en especial, fue muy relevante, pues se recordó el décimo aniversario luctuoso de Juan Gabriel, un cantante odiado por muchos, pero también muy querido por otros, quien demostró que tenía verdadero talento y que “las más de mil composiciones que dejó, lo comprueban”, como señaló el diyéi que estuvo amenizando el evento.

El sitio se siente muy íntimo, con discretas veladoras alumbrando cada mesa, pocas, colocadas allí para los invitados-comensales.

Justamente estuvimos en el lugar el jueves 27 de agosto, un día antes de que se cumplieran, en efecto, diez años del súbito deceso del cantautor que, en su momento, fue homenajeado a lo grande, pues no había sido un artista menor el que había partido al Mictlan, sino uno que dejó toda una trayectoria, no sólo en el país, sino a nivel mundial, pues sus canciones se hicieron famosas en todo el mundo. “Su obra abarca más de 1800 composiciones que han sido traducidas a idiomas tan diversos como turco, alemán, francés, italiano, tagalo, japonés, griego, papiamento, portugués e inglés e interpretadas por más de 1500 artistas y grupos de todo el mundo, por lo que es el compositor hispano más cantado y versionado a nivel mundial. Fue incluido en el año 2016 de manera póstuma en El Pabellón de la Fama de los Compositores Latinos” (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Gabriel).

Y para hacerle honor en el homenaje que el Tetetlán le organizó, se tocaron tres de sus discos más memorables, mientras se nos agasajó con cocteles temáticos y antojitos del sitio, como sopecitos de marlín, cecina, pato, tlayudas, tostaditas de chapulín y esquites, todo delicioso y muy recomendable.

Los cocteles que se sirvieron, como señalé, fueron temáticos. El primero servido fue el “Querida”, del álbum “Los Dúo”, el que fue descrito como “suave, tropical y profundamente emotivo, como la intimidad de Los Dúo, donde Juan Gabriel volvió a encontrarse con algunas de las voces más importantes de la música latinoamericana. Gin Armónico, maracuyá, yogurt de coco y agua tónica forman un milk punch sedoso. Un cóctel que transforma la nostalgia en algo fresco, elegante y lleno de cariño”. Estuvo delicioso y muy ligero ese primer cóctel.

Y de ese disco, estuvimos escuchando canciones como “Querida” (de las que llegan al corazón, y llenan de nostálgicos, pasados tiempos a muchos), “Se me olvidó otra vez”, “Hasta que te conocí”, “La diferencia”, “Siempre en mi mente” (otra que casi saca las lágrimas), “Abrázame muy fuerte”… y las otras del laureado álbum.

Bueno, hay que decir también, en favor de Juanga, que siempre, por lo general, se mostró sencillo. No sólo eso, sino que “era conocido también por realizar obras destinadas a ofrecer las oportunidades de desarrollo a la niñez desafortunada, no solamente en México, también en Venezuela y otros países. Fue benefactor directo de más de un centenar de menores albergados en una escuela llamada «Semjase», en Ciudad Juárez, Chihuahua” (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Gabriel).

Así que digamos que, a pesar de su origen humilde, no se le subió o no tanto.

El segundo temático cóctel, fue el “Me Nace del Corazón”, del álbum “Eterno”, descrito como “este cóctel sabe a una canción que nace directamente del corazón. Tequila de la casa, shrub (jarabe agridulce) de bugambilia (sic) y tuna roja y agua mineral crean un cóctel mexicano delicado y lleno de color que evoca los paisajes de México que siempre estuvieron presentes en la obra de Juan Gabriel, mientras las burbujas aportan una sensación de celebración”. También sabroso, aunque con más alcohol, para mi gusto, más fuerte.

Sí, quizá más subido de alcohol, porque escuchamos canciones como “Cuando te Conocí”, “Dímelo”, “No tengo Dinero”, “Me nace del Corazón”, “Te lo pido por favor”, “Ya no vuelvo a molestarte”, más así como de decepciones amorosas, que requerirían un trago más fuerte.

Ya, a esas alturas, no sólo los cocteles, sino que las bebidas que también gratuitamente se servían, si se solicitaban (tequila, ginebra, whisky, todos en las rocas, cervezas, otros cocteles), ya estaban dejando sentir sus etílicos efectos, así que la animosidad entre los asistentes, se estaba tornando febril, de cantar al unísono las melodías, las amenas pláticas en elevada voz, el llevar el ritmo, primero, sentaditos, y ya, después, más animados, a bailar a ritmo del Noa Noa, y de otros rítmicos, muy bailables éxitos. Sí, el espíritu de Juanga estaba allí, entre nosotros, seguramente alegre de que luego de diez años de su partida, todavía la gente lo venera y lo tiene en el pedestal de los más buenos y talentosos artistas que México haya dado.

Y en el tercer y último cóctel, “El Noa Noa”, inspirado en el álbum “Mis 40 En Bellas Artes”, justamente, la descripción que se da es de “intenso, aromático y sofisticado, inspirado en una de las noches más memorables de la carrera de Juan Gabriel. Mezcal de la casa, reducción de café de olla y cordial de guayaba construyen un trago profundamente mexicano, donde el humo, las especias y la fruta se encuentran. Un cóctel para cerrar este recorrido donde comenzó todo: con Juan Gabriel frente a Bellas Artes, convertido ya en leyenda”. Sí, en efecto, intenso, más fuertecito (debo señalar que quien redactó esa descripción del evento, lo hizo muy bien, perfectamente ligadas las notas de los ingredientes de los cocteles, con las musicales)

En este álbum, Juanga le canta a Parácuaro, su pueblo natal, con “Obertura Parácuaro”, y retoma éxitos como “Querida”, “Me nace del Corazón”, “Tú a mí no me hundes, “Abrázame muy fuerte”, “Por qué me haces llorar” y remata con el “Noa Noa”, para cuyo momento, ya todo mundo estaba bailando muy alegremente, formando una fila en donde uno se preguntaba cuál sería el primero en caer, dado el nivel de intoxicación etílica que ya, a esas horas, casi todos tenían en su cuerpo.

Como buen adicional detalle, obsequiaron al inicio del evento, unas miniaturas perfectas de cada uno de los tres álbumes presentados. Dentro, también un disco miniatura (muy bien hecho, debo decir), tenía un número. El mío, era el 78 y el de mi compañera, el 54. La intención fue que luego del término de cada álbum escuchado, se hizo un intermedio en donde se rifaron tres álbumes como el escuchado, si salía sorteado el número del disco miniatura que todos teníamos. Por desgracia, no tuvimos suerte y ningún álbum nos sacamos.

Como el evento fue financiado por Virgin Music Group, (https://www.virginmusic.com/), filial de Universal Music Group y por Ginebra Armónico (de allí lo de los cocteles), por tal razón hubo recursos para habernos dado todo lo que mencioné, incluidos cocteles, antojitos y las rifas.

“Y para los que llegaron hasta aquí, tan noche, les tenemos otra sorpresa, un cóctel adicional, cortesía de la Casa, que esperamos que sea de su agrado”, dijo el diyéi, ya casi para finalizar. Esa bebida fue la más fuertecita de la noche. El tiro etílico de gracia, digamos.

Y con el “Noa Noa”, se coronó el evento que, como dije, ya casi todos, muy etílicamente alegres, se dispusieron a bailar gustosos, sacando el pasito cruzado con la vuelta desacompasada, pero tratando, en todo momento, de llevar el ritmo.

Como siempre, se dan las amistades espontáneas. Una chica, bastante subida de tono etílico, se nos acercó. Sofi, nos dijo que se llamaba, nos preguntó nuestros nombres y a qué nos dedicábamos. Mi compañera le dijo que ella estudiaba letras y era creadora de contenido (influencer, como se les llama), además de que estudia Letras Hispanas. Yo le dije que daba clases en la UNAM. Y eso bastó para que nos contara, a grandes rasgos, la elocuente historia de su vida. ”Mis padres me mandaron nueve años a estudiar a Austria y me perdí de tener amistades y de conocer más a la sociedad mexicana. Por eso quiero entrar a estudiar a la UNAM, para hacer amigos de aquí, de México, de mi país, de recuperar todo lo que perdí en esos nueve años. Me impusieron eso, estar allí, en ese país que vale madres, de verdad, yo no quería eso, pero me lo impusieron”. Me pareció muy interesante su testimonio, pues eso demuestra lo que ya he comentado en otras parte, que Europa está dejando de ser el lugar de ensueño, lo máximo a lo que se puede aspirar, lo supremo… ya, Europa, está en plena decadencia, económica, social, cultural, incluso climática (es el continente que se está calentando más rápidamente que el resto y su clima, que tradicionalmente era templado, románticamente invernal, ahora se está convirtiendo en uno tropical, un infierno. Ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/08/europa-la-saqueadora-y-depredadora.html).

La animamos a que se inscribiera a la UNAM, que hiciera el examen y que recuperara el tiempo perdido, lo que siempre habría querido vivir. Y para despedirnos, como ya se va haciendo costumbre en estos tiempos de las redes sociales, Sofi y mi compañera Viri, intercambiaron sus respectivos TikToks e Instagrams. Viri Pichardo (@vipichardo5), en TikTok, es el de mi compañera, en donde revisa temas de doblaje, música, cine… véanlo, les va a encantar.

En fin, muy satisfechos, salimos del lugar, a eso de las dos de la mañana del ya viernes 28 de agosto, el mero día del décimo aniversario luctuoso de Juanga.

Y de las pocas cosas que hay que agradecer de esta estresante, acelerada modernidad, son los taxis de aplicación, sean Uber o Didi, disponibles a cualquier hora y en cualquier sitio y que van para cualquier sitio, siempre y cuando no sea de los considerados zonas rojas, o sea, chacalonas, en donde los conductores pueden ser asaltados, según indican sus plataformas (antes, en mis juveniles tiempos, había que rogar a Dios que pasara un taxi, libre, además)

Ya, en el Didi, platicamos de la buena experiencia que tuvimos y también del buen sabor de boca que cocteles, antojitos y la música de Juanga nos dejaron.

Sí, muy placentero todo.

 

Contacto: studillac@hotmail.com