miércoles, 17 de agosto de 2022

Una sobreviviente de traumatismo craneal, se adaptó a los cambios de personalidad provocados

 

Una sobreviviente de traumatismo craneal, se adaptó a los cambios de personalidad provocados

Por Adán Salgado Andrade

 

Phineas P. Gage (1823-1860), fue un trabajador ferroviario estadounidense, quien sobrevivió a una lesión que pudo haberle ocasionado la muerte, cuando el 13 de septiembre de 1848, una barra de fierro, que se usaba para resquebrajar rocas, junto con pólvora, salió disparada imprevistamente y le atravesó la cabeza, desde la parte izquierda de la quijada, dañándole el ojo y saliendo por la parte superior del cráneo. La lesión era mortal, pero, por desconocidas y sorprendentes razones, Gage sobrevivió. Su caso, “es una mezcla de neurología, psicología y neurociencia, una de las grandes curiosidades de todos los tiempos y parte viviente del folclor médico, frecuentemente mencionado en libros y periódicos científicos y hasta tiene un pequeño lugar en la cultura popular” (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Phineas_GageP).

Cuando alguien sobrevive a un traumatismo craneal, generalmente algo de su personalidad se transforma. Y algunos, pueden adaptarse, como sucedió con Gage, quien hasta viajó a Chile, para trabajar como conductor de diligencias.

En un caso reciente, una chica, Sophie Papp, quien vive en Victoria, en Columbia Británica, Canadá, también mostró cambios de personalidad luego de sufrir un accidente, que le provocó un severo traumatismo craneal, pero también pudo adaptarse. De ella, Mike Mariani, escribió el libro “Lo que no nos mata, nos fortalece: en quién nos transformamos luego de la tragedia y el trauma”, del que el portal Wired, ofrece un extracto (ver: https://www.wired.com/story/the-curious-afterlife-of-a-brain-trauma-survivor/).

Mariani narra cómo el 1 de septiembre del 2014, Sophie, sufrió un accidente automovilístico, cuando viajaba con familiares. “Ella, fue la más dañada de los cuatro. Los servicios de emergencia, la trasladaron al Hospital General de Victoria, en donde doctores y enfermeras, le salvaron la vida, del profundo trauma cerebral. Una semana después, emergió del coma”.

De allí, la chica, contrario a lo que se hubiera pensado, se puso a investigar todo cuanto hubiera disponible sobre lo que le había sucedido y lo que tenía que hacer. A su padre, le pidió libros al respecto, “pues yo quería informarme de todo”. Incluso, cuestionó a los doctores si lo que le iban a hace eran tomografías. Uno de ellos, le preguntó “¿cómo lo sabes?”. “He investigado”, le respondió Sophie, que en ese entonces tenía 21 años.

Contra todos los pronósticos médicos, de que ella perdería sus facultades mentales y su inteligencia, Sophie, no se amedrentó. Estaba dispuesta a no dejarse llevar por el “diagnóstico”.

Eso, porque al inicio de su recuperación, de tener problemas para expresarse en ciertos momentos, en otros, conversaba fluidamente con todos los que la rodeaban en el hospital.

Antes del accidente, era introvertida, pero inteligente y siempre había llevado buenas calificaciones. Pero los doctores dudaban que volviera a hacerlo.

Pero sí experimentó cambios en su personalidad, que sus padres, Jane y Jamie, notaron. “Fue como perder una niña, pero una representación física de esa niña, todavía está viviendo y tuvimos que volver a conocer quién era”, decía Jane.

Entre los cambios que sufrió, fue la intensificación sensorial. “Era como si cualquier simple detalle, cualquier sonido, visión o sentimiento, me bombardeara el cerebro”, decía Sophie.

Y entre más leía, más encontraba que un trauma cerebral, dejaba secuelas que afectaban la inteligencia y la personalidad permanentemente

Pero, como dije, no se amedrentó y se puso a estudiar. Los doctores le dijeron que tendría que dejar pasar un par de años, para volver a la escuela. Pero Sophie, sin que nadie lo supiera, se metió, en diciembre, cuatro meses después del accidente, a estudiar psicología y química. Y sacó muy buenas notas, A+, sorprendiendo a todos por su desempeño.

En una clase, en una ocasión, la maestra estaba hablando de chistes que sólo personas con daño del lóbulo frontal, pueden comprender y reírse de ellos. “Fui la única que se desternilló de risa. Tuve que salirme, pues fue una situación curiosa, que entre cientos de alumnos, yo me tuve que salir, porque no podía contener la risa de un chiste que sólo yo entendí”, dice Sophie.

De allí, ella pensó que podría seguir estudiando normalmente. Así que se enroló en la Universidad de Victoria, en la carrera de ciencias generales, “pero la fuerte carga de trabajo, la agotó. Como además se le generó un trastorno obsesivo compulsivo, quería hacer todo a la perfección y no pudo”.

Comenzó a crecer su ansiedad y tenía periodos de “despersonalización”, una condición en que una persona se desliga de sí misma. “Sophie, pensaba que todavía estaba en el cuarto del hospital, en coma, y que nada de lo que la rodeaba, existía”, dice Mariani

Un psiquiatra le recetó SSRI un “tipo de antidepresivo recomendado para personas con traumas cerebrales. Comenzó a sentirse mucho mejor y en el 2016, luego de un turbulento año en la universidad, buscó un trabajo como investigadora en la Universidad McHill, en Montreal. También, había recuperado sus habilidades físicas, escalaba, andaba en bicicleta. Por toda esa mejoría, decidió dejar de tomar el antidepresivo y otra vez comenzó a sufrir ansiedad, insomnio. Y de nuevo, se sentía desvinculada de la realidad y otros efectos del traumatismo cerebral que había tenido antes de tomar el antidepresivo.

Por ese entonces, escribió que el accidente la había estigmatizado, haciéndola creer que era menos de lo que había sido.

Por ello, al principio de su estancia en Montreal, a nadie le platicaba de su condición. “Pero, nunca pensé que sólo dirían ‘Ah, mira, qué duro, pero lo bueno es que ya estás bien’, contentos de que me había recuperado”, dice Sophie.

De allí, comprendió que la personalidad, cambia, “es fluida, sujeta a cambio en cualquier momento, menos el producto de un duradero ser interno, que de un arreglo de fuerzas naturales que la rodean”.

Así que, simplemente, se adaptó a esos cambios, ya no era la de antes del accidente, había que aceptar que era otra persona.

Y retomó la universidad, con la finalidad de que al terminar, pudiera estudiar una maestría. Comenzó también a tener una relación con un hombre sordo. Al ver cómo sufría él por su discapacidad, valoré lo que yo tenía. Los sordos que viven en Victoria, sufren marginación y son más arrestados que la gente normal. Me hizo reflexionar mucho”.

En el 2020, se tituló en biopsicología y aceptó un empleo en la Sociedad de Estudiantes con Discapacidad, de la universidad. Tenía 26 años.

“A partir de allí, veo todo con naturalidad, ya no estoy con lo de que tengo una sola identidad, no. Los pájaros volando, los hongos creciendo, la lluvia cayendo, el humo disipándose… los veo, soy sólo un testigo, atestiguo todo lo maravilloso y lo terrible que está pasando”.

Sophie, “se reconfiguró, vio de una forma distinta el mundo, algo que le hizo valorar todo por lo que había pasado, sin tampoco dejar de apreciar lo que había sido antes del accidente”, concluye Mariani.

Muy bien que Sophie haya tenido esa fuerza de voluntad, como en su momento la tuvo Phineas Gage.

Algo de lo que mucha gente carece, aunque estén bien emocional y físicamente, que se dejan llevar por la adversidad.

Hay que aprender de Sophie y de Phineas.

 

Contacto: studillac@hotmail.com