viernes, 20 de marzo de 2026

Conversando con un custodio de reclusorio y conductor de Didi

 

Conversando con un custodio de reclusorio y conductor de Didi

Por Adán Salgado Andrade

 

De unos 50 años, Miguel se siente orgulloso de que ya sólo le falta tramitar su título de la Universidad Mexiquense Bicentenario, escuela pública, perteneciente al Estado de México. En unos ocho meses, dicho título lo avalará como licenciado en derecho.

La carrera la impartió esa universidad en el Reclusorio Sur, de la Ciudad de México. Daban las clases los martes de nueve de la mañana a dos de la tarde. “La verdad, estuvo muy cómodo estudiar la carrera”, dice. De unos 50 años, lleva dieciocho trabajando en ese centro carcelario. “Trabajo 24 por 48 y ahorita vine a arreglar los papeles para la titulación”, dice.

Tuvimos suerte de que nos tomara el viaje, pues cada vez es más difícil que taxis de Didi o de Uber tomen ciertos viajes y a ciertas horas. Íbamos de Ixtapaluca hacia el Centro de la ciudad. Y como él vive por el rumbo, por eso aceptó el viaje. Pienso que hasta parece que muchos conductores nos hacen a nosotros el favor, siendo que gracias a nosotros, la gente, es que ellos tienen trabajo.

La conducción es su segundo trabajo, pues aunque dice que su sueldo es bueno, de acuerdo con la página Indeed, de orientación profesional, es de unos 10,700 pesos mensuales (ver: https://mx.indeed.com/orientacion-profesional/pago-salario/cuanto-gana-custodio-penitenciario).

Miguel me dice que “sí gano bien”. Bueno, es un decir, porque con eso de que el 40 por ciento de la población en este país, percibe un salario mínimo, $9,451.2 pesos, ya ganar más de diez mil pesos, para muchos sería un salario aceptable. No me parece, pues no se cubren las necesidades básicas y por eso supongo que Miguel tomó la conducción de aplicación como segundo trabajo (ver: https://www.inegi.org.mx/app/tabulados/default.html).

Y seguramente también por eso es que se puso a estudiar derecho, “porque quiero ver si me pasan al jurídico”, dice, en donde ganaría más, supongo.

Y derecho, es una muy, pero muy demandada profesión. Saturada, incluso. En la FES Aragón, en donde imparto clases, la tercera parte del estudiantado, unas 7,000 personas, estudian derecho. Y por las pláticas que les he escuchado, a muchos, sólo les interesa “hacer varo”. Una vez escuché a una chica que se lamentaba porque se le había ido un caso de ¡cien mil pesos!. “¡Ya estaba, güey – le decía muy frustrada a su amigo –, pero que me llegan con otro cabrón y que me dan las gracias los culeros!”. Le cuento esa anécdota a Miguel y que por eso les dicen “abogángsteres” y me da la razón. “Sí, por desgracia, muchos licenciados son muy corruptos”, dice.

Dice que a diario, por todas las cárceles de la ciudad, entran 300 internos y salen 20. “Por eso están saturados, ¿no?”, le pregunto. “No, fíjese que ya ha bajado un poco la población. Es que, por el nuevo sistema legal, si, por ejemplo, agarran a un ratero que le robó a Laura, vamos a suponer, su celular y su monedero y ella dice que su celular era un iPhone, que costaba treinta mil pesos  y que acababa de sacar cincuenta mil pesos del banco, entonces le dicen que si ella está de acuerdo en que le pague el ratero. Entonces, si ella dice que sí, el ratero acepta pagarle los ochenta mil pesos y ya lo dejan libre, porque sabe que si lo meten a la cárcel, tendría que seguir un juicio y si quiere estar libre, pagar una fianza de dos millones de pesos. Así que le sale más barato y más rápido, arreglarse en el juzgado, porque va a seguir robando y va a recuperar rápido los ochenta mil pesos”.

¡Vaya, qué conveniente!. No, si bien dicen que con dinero “baila el perro”. ¿Y eso, qué es, facilismo legal o cinismo judicial o qué? Porque se hace, digamos, justicia momentánea, fast track, la de pagarle su dinero al asaltado, pero el asaltante seguirá libre, robando a otras personas, hasta que vuelvan a atraparlo y vuelva a pagar. Claro, pero solamente si tienen  el dinero al momento. Y me imagino que hay varios mecanismos para que obtenga ese dinero. Debe de haber hasta prestamistas que lo presten a réditos. Sí que es una justicia light ésa. Y cabe preguntarse, ¿qué implementarán luego, con tal de que se simplifiquen más los trámites para la delincuencia?

Dice que ahora ya no se les puede llamar internos, sino PPL’s, personas privadas de la libertad, “que me parece que es más despectivo, pero así les gusta”, dice. Claro, no veo porqué les haya molestado lo de “internos”, no es derogatorio, pero según Miguel, es por lo de los “derechos humanos”.

Le comento que ahora ya tienen más derechos los delincuentes que los ciudadanos comunes. “¡Huy, sí, ya no los puede ni tocar. Y en los reclusorios femeninos (que nada más hay dos, el de Tepepan y el de Santa Marta Acatitla), está más pesado, porque los custodios no pueden tocar a las mujeres, les va como en feria. No, y se ponen a retar, pero nada les pueden hacer, porque luego luego se quejan”.

Así que por los muchas veces cuestionables derechos humanos, los delincuentes se aprovechan y hasta abusan. Son las cosas que deberían de revisarse, antes de aprobarse, pues dan lugar a injusticias y se castiga más severamente a gente que sólo se atrevió a hacerse justicia.

Por ejemplo, platicamos de que hay menos mujeres que hombres delincuentes. “Muchas, están por haber asesinado a sus esposos”, dice. “Pero es que las iban a matar, sólo se defendieron”, le comento, “y eso, debería de ser un atenuante”. “Sí, sí, pero ahí está lo torcido de las leyes”, dice Miguel.

Claro, encarcelar a una mujer, sólo porque se defendió del golpeador “esposo”, que la iba a asesinar, es absurdo. Bueno, y las que se salvan, porque son muchas más las que mueren por sus “parejas”. A nivel global, 56 por ciento de las mujeres asesinadas, lo son por sus “parejas sentimentales u otros miembros de la familia” (ver: https://mexico.unwomen.org/sites/default/files/2022-12/infografias%202022_feminicidio.pdf).

Y ya no digamos las pobres mujeres musulmanas, como las afganas, que son tratadas peor que a perros, que tienen prohibido hablar en público, cantar o salir solas, incluso, si tienen una emergencia médica, como un parto o una grave enfermedad (ver: https://www.youtube.com/watch?v=bUAcZV2eY8E).

Le pregunto sobre lo peor que haya enfrentado. “Dos intentos de fuga”. Dice que allí lo que se hace son los “diálogos conciliatorios”, para convencerlos de que desistan, que dejen sus puntas o lo que traigan. “Pero afortunadamente se arreglaron, no duraron más de seis horas. Y si no quieren, pues ya entra la fuerza pública”. Ellos no deben de andar armados, ni con macanas, “porque nos las pueden quitar y con eso nos dan”. Sí, es entendible, pues en un mitin, los primeros en ser atacados o secuestrados, son los custodios, justamente.

Y eso se da muchas veces por las condiciones tan malas en insalubres que sufren los internos, que es muchas veces lo que negocian, mejores condiciones, como dice Miguel. En donde trabaja, dice que hay unos nueve mil internos, distribuidos en nueve áreas que albergan a mil cada una.

Y estamos de acuerdo ambos en que las cárceles no rehabilitan. Al contrario, un “primodelincuente”, que es la persona que comete un delito por primera vez, generalmente los denominados “robos por hambre”, entró por robar unas papas fritas y sale hecho un narco o un ladrón.

Y es que dice que allí, el ambiente es pesado, “si tienes dinero, pues puedes estar bien, hasta con pantalla y todo”. Y que lo de prohibir los celulares es “pura mentira”, pues dice que en ese reclusorio donde trabaja, “hay varios narcos, bien pesados, y desde allí, operan. Están seguros, viven bien, y siguen con sus negocios, hasta les conviene que los encierren”, dice.

Claro, cuántos capos operan desde las cárceles, no sólo aquí, sino en todo el mundo. Incluso, las cárceles son hasta territoriales. Unos, no se pueden meter con otros. Sólo recuerden la cinta estadounidense Sangre por Sangre, de 1993, como los internos se agrupaban con sus respectivas pandillas o razas (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Blood_In_Blood_Out).

Y los que más corren peligro, son aislados. “Sí, en la cárcel, los violadores, los que matan a sus mamás o a sus hijos, son a los que los andan matando”. Dice que ya no les meten los palos de escoba a los violadores, por lo de los derechos humanos, pero “sí les dan sus madrizas y cuando pueden, los matan”.

Y los que tienen dinero para pagar, pues lo hacen. “El Duarte (se refiere al corrupto ex gobernador de Veracruz Javier Duarte – 1973 –, acusado de peculado, corrupción y otros delitos), vive como rey. Ese señor tiene un chingo de dinero, en serio. Y vive a todo lujo”. Duarte purga larga condena de más de 16 años en el Reclusorio Norte (ver: https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2026/02/17/juez-ordena-que-javier-duarte-permanezca-en-la-carcel-le-faltaban-dos-meses-para-cumplir-su-sentencia/).

Son los “finos personajes” que hemos tenido en este humillado país como ”gobernantes”.

Dice que también se han dado dos fugas. “No fueron en mi turno, porque son tres turnos, pero sí me contaron. Unos, fueron unos narcos que salieron por la puerta grande, por donde entra y sale la gente. Allí, yo creo que de arriba vino la orden y que se ponen de acuerdo con los custodios que cuidan las puertas”.

Pues claro, si salieron del penal como si nada, debió de haber sido desde arriba que lo hicieran. “Y nunca los encontraron”.

El otro caso, hasta chusco y difícil de creer, fue de un preso que se puso a enflacar y que ¡su mamá lo sacó en una petaca! “Se puso a dieta, nada más vea el ingenio que tienen. Y cupo perfectamente en la maleta. Y lo peor es que como tenía que subir unas escaleras, ¡hasta los custodios le ayudaron!”.

Pues si es una anécdota real, es increíble, en verdad. Sobre todo porque todo revisan los custodios, aunque, en efecto, se han dado casos de que con grupos musicales que han ido a tocar, algunos presos han escapado dentro de los bafles muy grandes con que se acompañan los músicos. Para Ripley.

También le digo que condenan a muchos inocentes, sólo porque estuvieron en el lugar y tiempo equivocado, como sucedió al personaje de la cinta “Presunto Culpable”, del 2008 (que fue distribuida por Cinépolis y por eso tuvo mucha audiencia). “Sí, ese pobre cuate se la pasó dos años tratando de demostrar su inocencia, pero salió”. Claro, y le sirvió mucho que le hicieran un documental sobre su caso, en donde un par de abogados demostró su inocencia finalmente. Pero sí, dos años se la pasó encarcelado. Y como él, hay muchos otros ejemplos (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2011/07/otros-presuntos-culpables.html).

Platicó un caso también de falsa acusación. Porque dice que a la policía de investigaciones, le dan cinco mil pesos por cada persona que lleven a la cárcel. Entonces, siempre andan buscando a quien encerrar (es como en muchas de las cárceles estadounidenses, que como son privadas, entre más presos tengan, más ingresos tienen. Y detienen a gente por cualquier cosa). Dice que un día le pidió un viaje un joven de unos 22 años, que vendía ropa en Tepito. Iba a firmar al Reclusorio Oriente. Su “delito” fue haber ido al banco, sacar 50 mil pesos para pagar la nómina de sus trabajadores. “Pero que lo detienen los policías de investigación, diciendo que lo tenían que revisar. Como había tirado el ticket del banco, no pudo comprobar que el dinero era de él. Y que le siembran mota, cocaína y otras cosas. Y que lo amenazaron con que lo iban a llevar a la cárcel, pero que no dijera nada o se lo chingaban, porque sabían su nombre y dónde vivía. Y le dijeron que no iba a estar mucho, que ellos iban a ver que lo sacaran pronto. Y me dijo el chavo que durante seis meses no salía a la calle, por miedo. Pagó una fianza y también a esos cuates, además de los cincuenta mil pesos. Y tardó más de un año para abrir otra vez su negocio”.

¡Gravísimo, pero no es de sorprender, pues esa práctica de “sembrar” evidencias es viejísima! Así se las gastan muchos “policías” corruptos, que así inculpan a la gente y se llevan buen dinero si quieren que los suelten.

Pero esa es la “justicia” en este país en que, como es bien sabido, y lo dijo el mismo Miguel, se castiga la pobreza, no el delito

De su parte, asegura Miguel que en los 18 años que lleva laborando en el reclusorio, “nunca me he prestado a recibir mordidas, ni nada. Por eso yo puedo caminar por la calle con toda tranquilidad”.

Qué bueno que sea honesto. Es lo que se necesita en este país, gente honesta para  que podamos avanzar. La honestidad es vital para que se administren mejor los recursos en México. Pero la corrupción es una parte muy importante del PIB, no sólo nacional, sino mundial. Y muchas veces, es hasta un ingreso adicional de empresas o funcionarios (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2015/12/corrupcion-corporativa-ganancias-y.html).

Finalizamos el viaje. “Estuvo buena la plática”, dice, mientras le doy una propina, pues es de agradecerse que nos trasladó con gusto, sin mala cara, amable.

Dice que lo que le gusta de trabajar en ese sitio es que “uno se enseña a no hacer cosas malas, pues esas son las consecuencias”.

Muy bien, y quizá por eso sea también buen, amable conductor de Didi.

 

Contacto: studillac@hotmail.com