En Dinamarca protestan contra las granjas solares por invasivas
Por Adán Salgado Andrade
Dinamarca es un país europeo pequeño, de apenas 43,094 km2 de área y 6,001,008 habitantes. Su PIB en el 2025 fue de $429,500 millones de dólares y su ingreso per cápita, de $63,000 dólares, que es la clasificación empleada para denotar a un país desarrollado (pero hay que aclarar que Europa es desarrollada, gracias al saqueo colonialista que ha ejercido durante siglos, mediante el cual despojó de su riqueza a continentes como el africano, el americano, el asiático y el australiano. Ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/08/europa-la-saqueadora-y-depredadora.html).
Como casi todos los países europeos, también tiene su cuota de colonialismo, que incluye las Islas Faroe y a Groenlandia, gran isla cubierta por hielo, que últimamente el desequilibrado mental Donald Trump (1946), ha dicho que Estados Unidos debería de poseerla y ha amenazado que, o por las buenas o por las malas, Dinamarca le debe de ceder ese territorio que es semiautónomo (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Greenland_crisis).
Por otro lado, es el país que más energías verdes ocupa en la actualidad, generando el 91 por ciento con éstas. La eólica (generada por turbinas), la ocupa en 58 por ciento; la bioenergía (la que se genera con materiales como basura, plantas, residuos agrícolas, desperdicios de la arboricultura o algas), 20 por ciento y la solar (generada con paneles solares), 13 por ciento (ver: https://ember-energy.org/latest-insights/global-electricity-review-2025/).
Sin embargo, actualmente hay un movimiento contra las granjas solares, pues están invadiendo tierras agrícolas que afectarán la producción de alimentos, entre otras cosas.
Es lo que expone el artículo de The Guardian, titulado “´Sí a los campos de trigo, no a los de hierro’: cómo el país más verde del mundo está rechazando a la energía solar”, firmado por Ajit Niranjan, quien agrega como subtítulo que “en Dinamarca, la invasión de paneles solares se ha convertido en un problema que genera divisiones entre los votantes, sobre todo en áreas rurales” (ver: https://www.theguardian.com/world/2026/mar/20/solar-power-renewable-energy-denmark-backlash-national-elections).
Abre el artículo una dramática foto de un área rural en donde unas pocas casas sobresalen en medio de lo que son miles de paneles solares, colocados en los alrededores. Sí, en efecto, es una invasión. Y tomando en cuenta la reducida área de Dinamarca, son notoriamente invasivos.
Dice Niranjan que “los campos dorados de una orgullosa nación granjera, están bajo ataque. Amenazados por la invasión de paneles solares, están desapareciendo por favorecer a una élite urbana”.
Es cierto, pues son las ciudades las que más electricidad emplean. Más ahora con el invasivo, intensivo empleo de la Inteligencia Artificial o los autos eléctricos, se incrementará su consumo (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/02/la-inteligencia-artificial-incrementara.html).
Esos miles de paneles solares, en efecto, van reduciendo las tierras agrícolas. No sólo los paneles solares, sino también las granjas eólicas, que dejan prácticamente a las tierras inservibles, además de que dañan fauna y flora de las regiones en donde se establecen (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/06/las-energias-verdes-tambien-depredan-y.html).
Por eso es que en algunos lugares, Dinamarca incluida, se están empleando granjas eólicas marinas (offshore eolic farms), pues al menos no se invaden tierras permanentemente e incluso son más efectivas que las terrestres (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/07/las-menos-invasivas-granjas-de-viento.html).
Dice Niranjan que en sitios como Hungría o Texas han abrazado con gran entusiasmo a las granjas solares, incluso dejando de lado ciertas normas para establecerlas, justo como la invasión de tierras y los daños ambientales que provocan. Pero en Dinamarca, ya hay una fuerte oposición. Cita a Inger Støjberg, líder del partido populista de derecha Demócratas Daneses, quien justamente usa como bandera la frase de “Decimos sí a los campos de trigo, y decimos no, a los campos de hierro”.
Bueno, es un decir, pues los paneles solares son hechos principalmente de silicón, colocados sobre estructuras de acero, que se colocan en la posición que mejor capte la luz solar, con tal de que sean más eficientes. Aunque recientemente, una empresa estadounidense inventó paneles redondos, que trabajan más eficientemente, pues captan la luz en todas direcciones, son más pequeños y menos invasivos que los tradicionales (ver: https://www.youtube.com/watch?v=_XzHfBXLdzA).
Y eso, campos llenos de paneles solares, es lo que ha usado Støjberg en sus campañas para ganar votos, ahora que están por darse nuevas votaciones. Dice que “debemos de emplear más el sentido común en esta transición a las energías verdes”.
Señala Niranjan que los paneles solares se habían salvado de los ataques que se han dado contra turbinas de viento (por lo que dije, de que son también invasivas), bombas de calor (que son costosas y requieren de todos modos de electricidad), autos eléctricos (que no son la solución ambiental) o carne vegana (que no convence a los carnívoros).
Pero en Dinamarca, como se ha extendido tanto el uso de invasivos paneles solares, “la expansión de energía solar ha alarmado a algunas regiones, en donde se ha concentrado y aumentado mucho la construcción. La energía solar se triplicó, de 4 por ciento en el 2021, a 13 por ciento en el 2025. Y varias localidades rurales ya están rodeadas de silicón”.
Los que se oponen señalan, en efecto, que las granjas solares son “feas, destruyen la Naturaleza y deprecian los precios de las tierras en donde las construyen. Como se usan drones para mostrar a esos pueblos, esas imágenes se han convertido en símbolos de campañas políticas”, señala Niranjan.
Todo eso ha llevado a que muchos municipios rechacen la construcción de nuevas granjas solares. Pero Lukas Slothuus, investigador climático de la Universidad de Sussex, citado por Niranjan, dice que mucho del rechazo es por los partidos, que han politizado el hecho, “sobre todo, la derecha, es la que más está sacando tajada de eso”.
Otro miembro de Demócratas Daneses, Mads Fuglede, señala que “los paneles solares se han convertido en símbolo de la élite política, que quiere una transición verde, pero que no le importa lo que pase en el campo. Claro, porque no viven allí o donde sus votantes viven”.
Y tiene razón. Es como lo que sucede con los centros de datos, muy depredadores, pues consumen mucha agua y electricidad. Ya están siendo rechazados en países incluso como Estados Unidos, pues provocan muchos problemas a las localidades que quedan cerca de donde se están construyendo, que lo hacen allí porque esas tierras son más baratas (ver: https://www.wired.com/story/new-york-is-the-latest-state-to-consider-a-data-center-pause/).
Demócratas Daneses “no se opone a las energías verdes, como en otros países europeos, pero señala que se deben de construir en donde se requieran realmente, como en las ciudades. Y en las zonas rurales, el 80 por ciento de los votantes se oponen a ellos”, dice Niranjan.
Además, los que están a favor, dicen que no es para tanto, pues sólo cubren los paneles solares actualmente el dos por ciento de la superficie danesa, unos 862 km2, que no parecería mucho, pero eso equivaldría a un área cuadrada de 29.4 kilómetros por lado. Claro, los que no están cerca de esas instalaciones, obviamente no van a sufrir la afectación, que sí la hay, por supuesto.
Otros dicen que todo es obra de Facebook. Henrik Stiesdal, inventor de las primeras turbinas de viento de Dinamarca y el que construyó la primera granja solar marina, dice que todo se debe “al Facebook, que multiplica las críticas. Aun cuando el grueso de la población sienta que las cosas están bien, usted puede tener las opiniones de gente local y no local y eso influencia la opinión pública”.
En efecto, ya las redes sociales se han convertido en influencers, que pueden hacer de un suceso local, por ejemplo, una pelea callejera, en un suceso que se vuelva viral.
Pero en el caso de las granjas solares, no me parece que las quejas sean infundadas. Sólo imaginen que tuvieran que salir de sus casas, esquivando tantos paneles solares, además del calor que deben de producir captando la luz solar. En efecto, son hasta dañinos.
Pero, además, Niranjan señala que otro problema es la cuestión de que sean proyectos que dejen ganancias, pues como los días de pleno Sol son reducidos en Dinamarca, las empresas energéticas compiten por captar la mayor luz solar y están creando una sobrecapacidad que a muchas las está llevando a la quiebra.
Y si no hay ganancias, no hay incentivos.
Y es que es así en el capitalismo salvaje, que sólo se interesará por lo verde, si hay ganancias (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/02/las-energias-verdes-solo-interesan.html).
Eso será un real impedimento a un mayor desarrollo, como señala Torsten Hasforth, economista, director de Concito, un centro de pensamiento danés, citado por Niranjan. “En los próximos 10 años, las expectativas oficiales esperan que se incremente bastante la electricidad producida con luz solar. Pero si no hay ganancias, eso no será posible”.
Y el otro error que señala es que los desarrolladores no se relacionan con las comunidades, no les ofrecen alternativas. “Y de eso, se aprovechan los políticos”.
Claro, es como aquí, que las megaminas son verdaderamente destructivas y no les importan los daños que causan a las comunidades en donde se les impone, ni tampoco ofrecen algún tipo de acciones que ayuden a remediar los daños provocados. Que, de todos modos, esos proyectos invasivos sólo destruyen, por muy “buena voluntad” que muestren las mineras, cada que presentan un proyecto que pretendan imponer, sobre todo, con ayuda de las mafias locales y federales en el poder (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2013/05/los-destructivos-irreversibles-efectos.html).
Pero el problema fundamental es que cada vez empleamos más energía de todo tipo. No sólo la empleamos, sino que la derrochamos, es una glotonería energética. Y es por el empleo de invasivos “adelantos tecnológicos”, como la mencionada Inteligencia Artificial, IA, o los autos eléctricos, que están incrementando exponencialmente el empleo de energía. Se estima que para el 2030, la electricidad requerida para que funcione la IA, equivaldrá a la usada por Japón. De seguir así, muchos analistas ya están recomendando que se restrinja su empleo o se elimine totalmente (ver: https://www.theguardian.com/australia-news/2026/mar/13/ai-datacentres-environmental-impacts).
Así que el uso de energías verdes, debe de acompañarse también con una reducción del uso de la electricidad y de los combustibles, pues de seguir así, no habrá energía, sea “verde” o fósil, que alcance.
Ya hasta se está considerando de nuevo el uso masivo de la peligrosa energía nuclear, pues no serán suficientes las energías verdes (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/09/la-glotoneria-energetica-esta.html).
Y llegará el momento en que hasta ciudades desaparezcan porque deban de hacerse proyectos solares o eólicos, con tal de que otras, más importantes, sigan teniendo electricidad.
En un escenario distópico, sería como si se desapareciera la popular Ciudad Netzahualcóyotl para instalar paneles solares, para que la gentrificada Ciudad de México pudiera seguir teniendo electricidad.
Podría suceder, ¿no creen?
Contacto: studillac@hotmail.com