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domingo, 26 de julio de 2026

Se culparon a inocentes en el inexistente “Caso Wallace”

 

Se culparon a inocentes en el inexistente “Caso Wallace”

Por Adán Salgad Andrade

 

El sexenio panista encabezado por el corrupto, inepto “presidente” Felipe Calderón Hinojosa (Morelia, 1962), de entre el 2006 y 2012, ha sido uno de los más fallidos en todos los sentidos. Calderón, en sus ansias de destacar como el mandatario que acabaría con la violencia del crimen organizado, narcotraficantes y secuestradores incluidos, desplegó una militarización del país que dejó más de 60,000 muertos, tanto de delincuentes, civiles inocentes, así como de miembros de las fuerzas armadas y policiales que iniciaron esa batalla total (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Felipe_Calder%C3%B3n).

Y tan fallida fue, que conocí de primera mano, casos de gente que se había ido a vivir a lugares en provincia, supuestamente más tranquilos que la ciudad de México, pero que fueron sorprendidos por los constantes secuestros que se daban contra gente acaudalada, así como las frecuentes balaceras entre miembros de la famosa, corrupta ya desaparecida AFI (Agencia Federal de Investigaciones) y las bandas criminales, fueran narcotraficantes, secuestradores o traficantes de personas. Muchas de esas personas, prefirieron regresarse a la ciudad, pues consideraron que estarían más seguros allí (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2009/07/la-fracasada-lucha-panista-contra-el.html).

En ese ambiente de violencia criminal e institucional, se trató de dar la apariencia de extrema legalidad, apresando a cuanto se considerara culpable, aun sin serlo (claro, la corrupción también fue galopante, pues quien tenía dinero para declararse inocente, podía hacerlo).

Y es algo que siempre ha prevalecido en el fallido e injusto sistema “penal” mexicano, que se tienen en arraigo a miles de personas que esperan juicio, sin ser culpables, pero hasta que se demuestre que no lo son. Y se la pueden pasar muchos años presos, sin el debido juicio.

Y varios casos se han dado de inocentes encarcelados por dudosas y hasta falsas pruebas en su contra, que los mantienen prisioneros “preventivamente” hasta que se lleven los juicios en su contra, que los sentencien definitivamente o los liberen. Muchos, se la pasan años esperando el veredicto. Y si se demuestra que son inocentes, quedan libres y “un disculpe usted”, por toda forma de “reparación del daño”. Pero si se tiene dinero, aunque sean culpables, pueden evadir a esa cuestionable “justicia” (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2011/07/otros-presuntos-culpables.html).

Uno de tales incidentes, del que se supo muy bien a detalle, pues una de las protagonistas era una persona acaudalada, fue el llamado “Caso Wallace”, que implicó un supuesto secuestro de un rico junior, Hugo Wallace, a manos de una “banda de secuestradores”.

El caso tuvo lugar el 12 de julio del 2005 y fue muy bien explotado por la madre del “secuestrado”, la polémica, rica publicista de espectaculares, señora Isabel Miranda de Wallace (1951-2025), aprovechando que, en efecto, el país era un caos de corrupción y violencia, tanto criminal, como del propio Estado, como señalé antes.

Ese día, Hugo, quien según había ido al cine en su SUV, no le contestó a su madre y “desde entonces, ella emprendió una sonada y enérgica campaña para hallarlo y a sus secuestradores”. Es lo que expone el artículo de The Guardian, titulado “’Ella era casi un Batman’: la vengadora Madre Coraje”, firmado por Sam Edwards, que nos introduce a su trabajo señalando que “luego de que su hijo desapareció, Isabel Miranda de Wallace juró que llevaría a los culpables a la justicia. Se convirtió en una heroína nacional. ¿Pero fue demasiado lejos en su intento?” (ver: https://www.theguardian.com/news/ng-interactive/2026/jul/21/she-was-almost-a-batman-figure-mexicos-avenging-mother-courage).

En el caso estuvieron implicados Juana Hilda González, bailarina profesional, de 30 años en ese entonces, su novio, Cesar Freyre, los hermanos Tony y Albert Castillo, Jacobo Tagle y, la más afectada, la novia de éste, Brenda Quevedo.

Se muestra una foto que se tomaron todos ellos, frente a la iglesia de Señor de Chalma, un día en que fueron a visitar ese popular sitio. Se les ve junto con otras personas, un niño incluido, “que las autoridades tomaron como evidencia de que era una banda de secuestradores”, dice Edwards, periodista que ha investigado a fondo el caso, como han hecho otros.

De hecho, desde el inicio del incidente, hubo inconsistencias, pues vecinos decían que vieron cómo lo habían sacado unos hombres de su camioneta y lo habían llevado a un edificio frente al cual estaba el vehículo.

Y otros dicen que lo vieron salir del sitio, herido. Todo muy contradictorio.

La cosa es que Hugo Wallace era una “joyita”, al que siempre consintió mucho su madre. Le encantaban las motos, las mujeres y, sobre todo, las drogas.

Ahora se sospecha, con bastantes evidencias, de que tuvo algún problema con narcotraficantes y era necesario fingir su desaparición, que su madre se encargó muy bien de orquestar.

Wallace aprovechó su negocio de espectaculares para colocar anuncios por todas partes, con las fotos de los supuestos culpables y las recompensas que se ofrecían por su captura.

Como señalé, la más afectada de todo esto fue Brenda Quevedo, quien cuando se dieron los acontecimientos del (fingido) secuestro, trabajaba en Londres, como ejecutiva de relaciones públicas en una empresa, así que era una atractiva chica con educación universitaria, que por sus méritos, buen dominio del idioma inglés y su carrera, pudo conseguir un empleo allá.

Su novio, Jacobo, era “un bien parecido” vendedor de autos, que conoció cuando regresó ella de Londres a visitar a su familia, que constaba de un hermano menor y su madre, la señora Enriqueta Cruz. “Un día que ella fue a visitar a familiares fuera de la ciudad con su novio, una tía le dijo que no fuera a la casa de su madre, pues varios agentes federales habían irrumpido violentamente, buscándola a ella”. Eso fue un año después de sucedido el supuesto secuestro. Pensó que Jacobo estaría vendiendo autos robados, pero éste le aseguró que no era así.

Brenda no lo pensó más, reunió unos 200 dólares y se fue a Kentucky, en donde tenía familiares. Se cortó su cabello, que le llegaba a la cintura, “llorando amargas lágrimas de cómo su vida había cambiado tan brutalmente”. Allá, usando el nombre de Nadia (y obviamente en ese año, 2006, no estaba tan dura la persecución de migrantes, como lo es ahora, con los terroristas del ICE), se puso a trabajar en un restaurante y hasta conoció a un pocho que era militar, quien “a bordo de un globo aerostático, le regaló su anillo de compromiso”. Vivió durante tres años, aparentemente segura de que nada más sucedería, tendría un marido, hijos y una buena vida, a pesar de que la habían culpado injustamente por algo que no había cometido y que, ahora se asegura, ni siquiera sucedió. Se estremeció cuando vio en los espectaculares colocados por Wallace, por todas partes, su cara y la de Jacobo, diciendo que eran peligrosos secuestradores y las recompensas que se ofrecían por su captura.

En tanto, en México, en juicio sumario, se condenó a los falsamente inculpados a penas que fueron de 78 años para Juana, la bailarina profesional, 131 años para su novio Cesar, y 93 años para los hermanos Castillo, “que fueron incrementadas por la insistencia de Wallace, quien tenía gran influencia en el gobierno de Calderón” (las originales eran de 28 a 47 años).

Luego, en el 2010 fue arrestado Jacobo Tagle, el ex novio de Brenda, quien había vivido de incógnito en las afueras de la Ciudad de México. “Wallace lo presentó como un gran logro, incluso, alzándole la playera, para que se viera que no lo habían torturado y que había ‘confesado’ cómo habían secuestrado a Hugo, lo habían asesinado de un tiro y descuartizado su cuerpo para desaparecerlo”.

Esa historia del “secuestro y descuartizamiento”, resultó muy conveniente, pues la tarea de hallar restos que, al parecer, nunca existieron, fue mucho más difícil. Además, en el supuesto departamento en donde lo tuvieron secuestrado, nunca se halló evidencia alguna de que una personas hubiera sido asesinada y descuartizada allí. Sólo imaginen, la sangre que tendrían que haber regado los ejecutores que, aunque hubieran limpiado bien el sitio, en las revisiones periciales, que son minuciosas, siempre salen a relucir las evidencias, sean restos de sangre, ADN, cabellos… no hubiera sido fácil ocultar un crimen así.

Pero, según, se halló “una gota de sangre en la bañera, cuyo ADN coincidía con el de Hugo, ya que se les hicieron pruebas a Wallace y a su segundo esposo, José Enrique, quien era el padre de Hugo”.

Pero allí fue el primer error cometido por Wallace, pues su primer esposo, León, quien seguía el caso de cerca, salió a desmentirla, asegurando que Hugo había sido su hijo, no el de José Enrique.

Para mayor evidencia de que todo había sido un montaje (del que en la época de Calderón hubo varios), resultó que el departamento en donde, insisto, supuestamente se había cometido el secuestro y asesinato, estuvo sin ser resguardado luego del incidente ¡siete meses! Y lo ocupó nada menos que un hombre que trabajaba para Wallace. Así que seguramente, ese hombre plantó la gota de sangre de Hugo, “la única ‘prueba’ que se usó para inculpar a todos los involucrados”.

A Brenda, en el 2009, la fueron a arrestar agentes del FBI al restaurante cubano en donde ella trabajaba. “Y se asegura que entre las mesas, estaba Wallace, feliz de ver cómo la arrestaban los agentes”. Contó todo a su novio estadounidense, quien no podía creer de quién se había hecho pareja. Pero le creyó, en vista de tantas inconsistencias que se habían dado en el sumario juicio. Y de todos modos se casaron, aunque cuando ella fue deportada e México, detenida, en el 2011, se divorciaron.

Tanto se encajaron con la chica, ya de 31 años en ese entonces que, junto con Tagle, el ex novio mexicano, fueron a dar a las Islas Marías que, por entonces, aún funcionaban.

Y tanta influencia tuvo Wallace con su fábula que todo mundo creyó, que hasta Calderón le dio el Premio Nacional de los Derechos Humanos. Y su palabra era ley. Inició, incluso, una campaña política, apoyada por el PAN para competir en el 2012 por el cargo de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, que perdió contra el nefasto Miguel Mancera  (1966), por entonces candidato del extinto PRD.

Allí, le sacaron sus “trapitos al sol”, cuando la revista Proceso, en ese año, sacó un artículo denunciando  su involucramiento en una acción vandálica, que tuvo lugar en 1998, de cortar las mangueras neumáticas de una grúa que estaba retirando unos espectaculares que un juez determinó que eran inseguros y le fue ordenado que los quitara, pero como Wallace se rehusó, procedieron a hacerlo las propias autoridades. Testigos aseguran que fue acompañada por Hugo en la acción, pero “gracias a sus influencias y dinero de por medio, sólo estuvo en la cárcel cinco días y salió libre, sólo sancionada por desacato y debiendo de pagar los daños ocasionados a la máquina” (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Isabel_Miranda_de_Wallace).

Y en el 2014, las periodistas Anabel Hernández (1971) – a quien le encanta el amarillismo –, justo de la revista Proceso y Guadalupe Lizárraga (1965), fundadora de Los Ángeles Press, publicaron reportajes en donde no cabía duda de que todo lo hecho por Wallace había sido un vil montaje para esconder a su hijo de sus malas conexiones con narcos y delincuentes de baja calaña que lo tenían en la mira. “Demostraron que el hijo tenía tres identidades, Hugo Alberto Wallace Miranda y/o Hugo Alberto Miranda Torres y/o Hugo Alberto Miranda (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Isabel_Miranda_de_Wallace).

Así que la Madre Coraje no fue otra cosa que Madre Solapadora de todas las porquerías y bajezas que su hijito Hugo cometió y que vio la oportunidad de culpar a gente inocente de un crimen que nunca existió. De hecho, una ex novia de Hugo, ha dicho que el tipo le llamó tiempo después para saber de la hija que habían tenido los dos. Y otras personas han dado testimonios de que también se comunicó con ellas años después del supuesto “secuestro y asesinato”.

A partir de esas publicaciones, la fama de Wallace se vino abajo y muchos de sus contactos y amigos en el gobierno, se comenzaron a alejar, comprobando los deleznables extremos a los que llegó esa mujer, sorprendida por la muerte, debido a una enfermedad no revelada, en el 2025..

Dos abogados que ayudaron mucho a los inculpados fueron Ámbar Treviño, “quien nunca creyó en esa creada historia”. El otro, Salvador Leyva “un joven defensor público, de 28 años que aportó pruebas contundentes de que todo había sido un montaje, pero que varias veces fue amenazado por órdenes de Wallace y que ahora vive en Irlanda. Ha dicho que ‘nunca debí de haberme metido en ese caso, pero no me arrepiento de haberlo hecho, pues mostré la cloaca que es el sistema penal mexicano’”.

Se ha demostrado que todos los “culpados” emitieron sus “confesiones” bajo tortura. A Brenda, la torturaron varias veces y las “autoridades” no querían hacerle caso, pero “ONG’s que han conocido su caso de cerca, presionaron y ahora ya existen varias carpetas que prueban que si la torturaron”, dice Edwards.   

Juana, la bailarina profesional, fue liberada el 11 de junio del 2025, por un juez que “señaló que su confesión fue obtenida por tortura, a pesar de que ella mostró que tenía una coartada cierta, de no haber estado en el lugar de los hechos”. La pobre se la pasó ¡20 años encarcelada! Le echaron a perder su vida.

Y el resto de los inculpados, todavía siguen encarcelados, a pesar de que hay ya bastantes pruebas de que son inocentes.

Es el caso de Brenda, quien actualmente está sentenciada a arresto domiciliario. Vive en una casa a las afueras de la Ciudad de México, con su madre Enriqueta, “quien ha luchado mucho por ella, para demostrar que es inocente y que ha pasado injustamente encerrada 20 años por un crimen inexistente”.

Brenda debe de cargar en uno de sus tobillos una pulsera de las que detectan sus movimientos. Y una patrulla policiaca siempre está enfrente del edificio en donde ellas viven. “Me echaron a perder mi vida, ya no tengo esperanzas de nada, vivo en un mundo tan distinto al que dejé cuando me encerraron… me siento humillada, despojada de una existencia que merecía tener”, dice Brenda, desconsolada.

Su caso, de culparla sin pruebas me recuerda a dos casos muy famosos. Uno, el de Gilberto Flores Alavez, quien fuera acusado de haber asesinado a sus abuelos, uno, el político de vieja guardia Gilberto Flores Muñoz (1906-1978) y la otra,  la escritora Asunción Izquierdo Albiñana (1910-1978). Pero el caso estuvo lleno de inconsistencias, sobre todo, que las heridas de las armas punzocortantes que fueron empleadas, que debieron de ser machetes, como demostraron los estudios forenses, no coincidían con las que supuestamente Flores Alavez empleó, que eran cuchillos. Incluso el escritor Vicente Leñero (1933-2014) escribió un libro sobre ese famoso caso, Asesinato, ocurrido el 6 de octubre de 1978, en donde muestra todas las irregularidades que hubo. Flores Alavez obtuvo su libertad en el 2011, cumpliendo la mayor parte de los 28 años a los que fue sentenciado. Y al salir de la prisión, insistió en su inocencia y declaró que “fui víctima de una ‘conjura’ en la que participaron jefes policiacos que querían hundirme a toda costa” (ver: https://www.infobae.com/america/mexico/2020/02/03/el-brutal-crimen-que-llevo-al-nieto-de-un-ex-gobernador-y-sobrino-de-un-ex-presidente-a-las-paginas-de-la-nota-de-roja/).

El otro caso tampoco debidamente aclarado es el de Elvira Luz Cruz (1956), quien en 1982 fue acusada de haber asesinado a sus cuatro hijos, pero ella estaba inconsciente cuando la hallaron, junto a los cadáveres. En una película que hizo el director Felipe Cazals (1937-2021), de 1985, Los Motivos de Luz, apenas tres años después de los sucesos, se plantea la hipótesis de que los crímenes pudieron haber sido perpetrados por el hombre con el que Elvira andaba de novia, Sebastián Ramírez, y la madre de éste. Eso, porque Elvira quería que él se fuera a vivir con ella y que le ayudara a mantener a sus hijos, uno de los cuales, el menor, era de él. Pero como Sebastián sólo la quería para “de vez en cuando”, se sentía acosado. Y su madre se sumaba a sus quejas, diciéndole que Elvira sólo lo quería usar para que le mantuviera a los hijos. Y como era “bruja”, se plantea que pudo drogar a Elvira, mientras los dos monstruos asesinaban a los niños, asfixiándolos con cuerdas y simular que ella lo había hecho (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Los_motivos_de_Luz).

Elvira ya salió de la cárcel, pero mantiene la idea de que la drogaron y que por eso, nada recuerda de lo sucedido. También su caso es uno de “justicia” mal administrada.

Brenda es lo que sufre y varias ONG’s que han seguido de cerca su caso, exigen que sea liberada ya, pues nunca existió el “secuestro” ni el “asesinato” del que se le culpó (ver: https://www.iberopuebla.mx/circulo-de-escritores/shernandez/desviacion-poder).

Ya, como dije, la perversa autora intelectual de ese diabólico plan, falleció.

Y lo único que queda decir es que cómo se pudo haber admirado, por tantos años, a una señora que pudo concebir tan maléfico complot, con tal de ocultar a un malcriado, mimado hijo, metido en cosas sucias.

No vayan a hacer eso con sus hijos, si los tienen y son malcriados, por favor.

 

Contacto: studillac@hotmail.com