Vecinos hostiles quisieron matar a un matrimonio para quedarse con su propiedad
Por Adán Salgado Andrade
Seguramente ustedes, en ocasiones, han tenido que enfrentar a vecinos molestos. Quizá porque son muy ruidosos, tienen su música a todo volumen, se la pasan martillando, incluso a altas horas de la noche, les colocan sus autos frente a sus entradas de la cochera, les hacen escándalo por la mínima acción que a ellos los “afecte” o sean, incluso, personas dedicadas a actividades delictivas, a las que se les tenga verdadero y justificado temor. O que hasta los hayan robado o las los hayan agredido físicamente.
Justamente algo así le sucedió a la pareja galesa Amanda Hutton y Richard Burton (nada que ver con el actor), que en el ocaso de sus vidas, se unieron para vivir juntos y disfrutar lo que les quedara de existencia.
Tuvieron una experiencia tan brutal que hasta escribieron un libro, Stalked (Intimidados), en el que narran cómo un par de vecinos, un matrimonio joven, los estuvieron hostigando y amenazando durante varios meses, con tal de que Amanda y Richard les vendieran su propiedad, una vieja casa que éstos se habían pasado varios meses reparando, pues la compraron en un muy lamentable estado. Es lo que expone el artículo de The Guardian, titulado “’Él, no sólo había tratado de asustarnos. Había tratado de matarnos’: Cómo vecinos intimidadores convirtieron nuestra casa de ensueño en una pesadilla”, firmado justamente por Amanda y Richard, quienes agregan como introducción al artículo que “estábamos ocupados restaurando nuestra dilapidada casa en Gales, cuando una joven pareja compró la tierra de al lado. Se veían extraños, pero tranquilos. Sin embargo, su problemático comportamiento pronto se convirtió en una abierta campaña de terror hacia nosotros” (ver: https://www.theguardian.com/world/2026/jul/05/dream-home-turned-nightmare-in-wales-stalker-neighbours-stalked-book?CMP=GTUK_email).
Una foto inicial muestra a Amanda y a Richard, probablemente a finales de sus cincuentas. Están frente a la pintoresca casa campestre que compraron con sus ahorros y que poco a poco fueron restaurando, pues estaba hecha una pena. “Los techos, con goteras, las paredes llenas de humedad, los pisos de madera, levantados, pero algo tenía que nos gustó y acordamos comprarla a un amigo, Bryn, quien, cuando me la mostró, me dijo, ‘sí, está en los puros huesos’”, dice Richard.
Sin embargo, cuando Amanda acudió a verla, a pesar de su lastimosa condición, se enamoró de la casas. El “jardín” también estaba hecho un muladar, con maleza muy crecida por todos lados.
Como Richard se dio a la tarea de irla restaurando poco a poco, decidieron comprar un autobús de dos pisos (Double-decker), modelo 1974, “pintado en un hermoso rojo, para establecernos allí, en lo que restaurábamos la casa y sus alrededores”.
Ellos habrían querido comprar todo el terreno aledaño a la casa, pero el mezquino “amigo” Bryn les dijo que sí, claro, “si tienen el dinero suficiente, se las vendo al contado”.
Como no lo tenían, pues además debían de usar mucho dinero para la restauración, Bryn decidió venderlas a un joven matrimonio, Francis y Cassie Collins, quienes un día llegaron en un BMW y se presentaron con Amanda y Richard, diciéndoles que eran los nuevos compradores de las tierras que Bryn no les había querido vender a ellos.
Amanda se acomidió a mostrarles los terrenos en venta de Bryn, ya que este, vivía algo lejos.
Y la primera impresión que tuvo fue que eran amables, quizá raros, pero amables. Luego, se enteraron que tenían tres perros, Dóbérmanes, que resultaron algo intimidatorios.
Casi de inmediato, los Collins los invitaron a cenar. “Cassie se la pasó hablando de perros, casas y su vida, antes de Gales. Francis se la pasó callado casi todo el tiempo, pensativo. Supuse que porque estaría cansado” dice Amanda, recordando esa cena en casa de los Collins.
Pero luego ya empezaron detalles que denotaban que Francis iba a ser un tipo difícil de tratar. Les envió un mensaje por WhatsApp, puesto que el tipo había formado el grupo llamado “Sociedad de Apoyo de los Ermitaños”.
“Se refería nosotros, obviamente”.
Y fue donde les dio el primer sablazo. Sin mayor preámbulo, refiriéndose a Richard casi como “el padre que no tuve”, les pidió un préstamo de £10,000 mil libras. Pasaba que en alguna plática previa, Francis les había ofrecido que quizá él podría venderles a plazo las tierras que antes Bryn no les había querido vender a ellos “porque Francis tiene buen dinero y me pagó las £190,000 libras que le pedí”.
Por ello fue que no dudaron en prestarle el dinero, casi como un depósito de la promesa de venta de esas tierras.
Pero luego, les pidió otras £15,000 libras, que según eran también para consolidar la compra de los terrenos prometidos.
De allí, comenzó la amarga y terrible experiencia, sobre todo cuando Richard le pidió que si podían registrar las áreas de tierras que suponía la compra de las £25,000 libras.
Francis debió de molestarse por la petición.
Los mensajes de WhatsApp, se volvieron intimidatorios, “nos mostraba machetes, cuchillos, armas”.
Lo que no le gustó tampoco a Francis era que cruzaba sus tierras un sendero usado por la gente cuando a veces caminaba por allí. “Lo cercó y puso un letrero que decía Propiedad Privada”.
Era obvio que el tipo no quería cumplir con su parte del trato, cederles los terrenos que cubrían las £25,000 libras.
Luego, comenzó a hostigarlos con un vehículo todo terreno que manejaba muy cerca de su casa y del autobús rojo, dando varias vueltas, a toda velocidad.
Los mensajes subieron de tono, con amenazas de todo tipo.
Tan descarados se volvieron los Collins, que una vez hasta estacionaron en el jardín de Amanda y Richard el todo terreno. “Le envié un mensaje muy amable a Cassie, pidiéndole que si lo podían mover, pues era el área en donde tendíamos nuestra ropa. Me contestó fríamente, cortésmente, pero muy distante”, dice Amanda.
Los mensajes de WhatsApp eran cada vez más intimidatorios, mostrando arcos de flechas insertados en sacos de arena.
Y fue cuando le llamaron por primera vez a la policía, enseñándole los mensajes y diciéndoles que era frecuente que los rondaran con su vehículo, para meterles miedo. Pero no hicieron mucho, fuera de hacerles preguntas. Así pasa con la “policía”, que pareciera que nada más sirve para detener a inocentes.
Y de plano, una vez la agresión pasó de ser por mensajes a física. Llegaron en su todo terreno Francis y Cassie, bajaron un costal de arena y se pusieron a dispararle flechas, con el arco. “Sabían que los observábamos y por eso, se la pasaron un buen rato haciéndolo”.
Como la tubería del agua de Amanda y Richard pasaban por los lotes que Francis no les quiso entregar, a pesar de las £25,000 libras, el maléfico tipo se las cortó dos veces. “Una mañana quise usar la llave del fregadero y no salió agua. De inmediato pensé en Francis”, dice Amanda.
Tuvieron que llamar a la policía dos veces, pues en dos ocasiones les cortó el agua. Richard reparó los cortes (a Francis no le importó que el agua se estuviera desperdiciando), escoltado por policías.
No sólo eso, sino que Francis les envió foto de una nueva Harley-Davidson que le había costado £25,000 libras, justo lo que le habían dado para la incumplida venta de los terrenos.
Incluso les envió un correo electrónico en que les advertía que “disfruten de su jardín, lo poco que lo puedan tener, pues les aviso que nunca pierdo, nunca me detengo”.
Era una siniestra advertencia de lo que vendría.
Cercó sus propiedades con alambres de púas y tubos con lancetas, “que en medio del campo, eran una obscenidad, intimidantes”, dice Amanda.
Otro día se puso a balacearlos con un rifle de diábolos, rompiendo cristales del autobús y de la casa.
También llamaron a la policía, que fuera de recoger los balines, no hizo gran cosa.
El colmo de los intentos de Francis por deshacerse de ellos fue cuando preparó bombas Molotov y las lanzó contra el jardín y el autobús, el que quedó ennegrecido de una parte. “Ignoraba Francis que un día antes nos habíamos mudado ya a la casa, pues de haber estado en el autobús, y de haber estallado la bomba que no lo hizo, nos hubiera matado por un incendio, que la policía no habría podido averiguar quién lo hubiera ocasionado”, dice Amanda.
Fue cuando avisaron de nuevo a la policía, la que ya decidió actuar.
Al día siguiente, les avisaron que habían cateado la casa de Francis y lo habían arrestado por incendio provocado, posesión de arma de fuego sin permiso, posesión de municiones, sin permiso, el envío de comunicaciones digitales con el intento de provocar estrés o ansiedad, intimidación, amenazando con violencia y daño, por enviar mensajes amenazantes y por posesión de una droga controlada, clase B, anfetamina. Incluso hallaron los agentes miles de amenazas contra la hija de Amanda, Grace.
Tuvieron un temporal alivio durante siete meses, que Francis estuvo en la cárcel.
Pero luego el abogado que se había encargado del caso, les comentó, para su horror, que lo habían dejado libre, considerando que los siete meses bastaban para compensar sus delitos. “’¡¿Pero cómo es posible?!’, pregunté al abogado. Me preguntó ‘¿les ocasionó daños físicos?’, y le respondí que no. ‘Entonces, ya no hay delito qué perseguir. De todos modos, ya se fueron a Devon’, me dijo, lo que me dejó atónita”, comenta Amanda.
Claro, pues sólo imaginen, un tipo tan peligroso, libre de nuevo. Seguramente Amanda y Richard imaginaron lo peor. “No, era difícil conciliar el sueño, pensando que en cualquier momento ese hombre volvería para cobrar venganza”, agrega Amanda.
Algunas semanas después, recibieron una noticia. Les llamó una oficial, preguntándoles si estaban bien. Amanda respondió el teléfono: “’Sí, estamos bien, ¿por qué?’, le pregunté. ‘Hallaron los cadáveres de Francis, Cassie y sus tres perros. Pensamos que se suicidaron’, me comentó. Y en ese momento, aunque la noticia me resultó dura, sentimos cierto alivio, cuando le dije a Richard lo que la oficial me comentó”.
Claro, seguramente es lo que se siente cuando una persona peligrosa, que nos ha amenazado alguna vez, de repente sabemos que fue hallada muerta. No sentimos su deceso, para nada, sino, al contrario, lo celebramos.
Eso sintieron Amanda y Richard.
A la fecha, no saben porqué aquellos hostigadores se hayan suicidado (tengo la teoría de que eran delincuentes, algo debían y por eso se mataron. O quizá a los que algo les debían, los mataron y simularon un suicidio masivo, pues es extraño que hasta a los perros hubieran matado Cassie y Francis, no tiene lógica).
Perode lo que ahora en adelante sí están seguros Amanda y Richard, es que su casa de ensueño ya lo será.
Podrán dormir a gusto, sin el temor de que un hostigador los quiera hasta asesinar.
Eso sentimos cuando el mal vecino se muda de casa, ¿no?
Contacto: studillac@hotmail.com