martes, 10 de enero de 2023

Duel in the Sun, un western feminista

 

Duel in the Sun, un western feminista

Por Adán Salgado Andrade

 

Al escritor y guionista estadounidense Niven Busch (1903-1991), se deben los argumentos de cintas tan famosas y aclamadas como “El cartero siempre llama dos veces”, la primera versión, la de 1946, muy exitosa cinta en su momento, basada en la novela del mismo nombre, debida al escritor, también estadounidense, James M. Cain (1892-1997).

De la pluma de Busch, se debe la también aclamada novela Duel in the Sun (Duelo en el sol), publicada en 1944 y que fue llevada exitosamente al cine en 1946. También escribió el guión (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Niven_Busch).

Esa novela es la que, justamente, acabo de leer. En la edición inglesa original, publicada por Triangle Books, una colección de la editorial The Blakiston Company, en el citado año de 1944.

El llamado western, es un género novelístico desarrollado en Estados Unidos, que se enfoca en los tiempos en que la parte rural de ese país, se determinaba por buscadores de oro, granjeros, cowboys, pistoleros, pequeños poblados y poco o nulo ejercicio de la ley. Tuvo su boom entre los 1880’s y los 1960’s, con las correspondientes versiones cinematográficas de varias de las novelas (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Western_fiction).

Y definí a Duel in the Sun, como un western feminista, debido a que el protagonista principal es una mujer, alrededor de la cual gira toda la trama. “De padre mexicano y madre india, Pearl Chavez, tenía un color moreno claro, que la distinguía, pues no era ni mexicana, ni india”, refiere Busch. Debo destacar que la palabra “india”, era la forma genérica con que los estadounidenses se referían a los nativos de Norteamérica, así que Busch no la usa en un sentido racista, sino, como señalé, en la forma como se les denominaba. De hecho, la novela, en mi opinión, muestra que Busch no entraba en el estereotipo de muchos de los escritores de la época, que mostraban su inconsciente racismo en sus obras.

Aclarado lo anterior, la novela versa de cómo Pearl se trató de integrar a la familia de la que fuera la primera esposa de su padre, Raoul Chavez, quien muriera linchado por envidiosos rancheros. La madre de ella, le había suplicado a Laura Belle McCanles, la ex esposa de Raoul, que se hiciera cargo de la niña, “pues me volví a casar y no puedo cuidarla”.

Laura aceptó, de muy buena gana, sobre todo, porque su condición de mujer adinerada, le permitía hacerlo, además de que Pearl, sería como un emotivo contacto con su pasado con Raoul. Siempre lo quiso mucho, pero él prefirió que Laura se fuera con otro, pues “estaría mejor”.

El otro, era el ya senador Jackson T. McCanles, quien antes había sido capitán del ejército y que había conocido a Laura en una incursión contra los Comanches. Raoul le había salvado a él, la vida. Y Jack y Laura, se habían enamorado a “primera vista”. No tuvo empacho Raoul en que ella lo dejara y marchara con él, para que “le diera mejor vida”.

En efecto, Jackson era, además de senador, próspero ranchero, poseedor del rancho Spanish Bit, cercano al poblado de Paradise Flats (un poblado ficticio, cerca de El Paso, Texas). Con Laura, concibió cuatro hijos, Jesse, el mayor, a quien siguieron Lewt, Gil y Ruck.

Y así pasaron los años, hasta que Laura se enteró de la muerte de Raoul y de que la madre de Pearl le suplicaba la custodia de ésta.

Llegó a los doce años y fue a recogerla Jesse. Éste, a diferencia de sus hermanos y contra los deseos de sus padres, no se había interesado en las ocupaciones de manejar ganado, tanto como era deseable. En lugar de eso, pudo estudiar abogacía, por correspondencia, obteniendo un buen aprovechamiento. No sólo eso, sino que estaba a favor del “progreso”. Y eso, era permitir que las vías del tren pasaran por alguna parte de la propiedad de su padre, el senador, quien se oponía férreamente al proyecto, diciendo que “Paradise Flats ya tiene todo el progreso que necesita”.

Como señalé, Jesse fue quien había recogido a Pearl, cuando llegó a Paradise Flats. Corría la primavera del año de 1883. “Le compró unas botas en la tienda local, y un vestido, no tanto para que la gente de Paradise Flats hablara mal de una McCanles, que había llegado con un mísero vestido y descalza, sino para que la chica, estuviera más a gusto con zapatos y ropa adecuada”. De allí, surgió una especial conexión entre ellos, que no olvidarían nunca, como veremos.

Como señalé, el senador, se oponía al “progreso” del ferrocarril, pero era un necesario medio de comunicación para Estados Unidos que, de esa forma, seguía expandiéndose territorialmente e incorporando tierra de los nativos por la fuerza, “pues bastaba que el presidente en turno, decretara la expropiación y listo, el ferrocarril hacía el resto”.

De velada forma, Busch se refiere a esa infamia, que tan sólo por el poder de las armas, los estadounidenses, luego de su independencia de Inglaterra, se fijaron como meta incorporar todo el territorio que fuera posible. Hasta México perdió más de la mitad de su territorio por el atroz expansionismo de ese país.

Lewt, cuando llegó Pearl, de inmediato, “machito como era”, al “acomedirse para llevarla a su habitación, la besó por la fuerza”. “¡No me vuelvas a tocar!”, le gritó ella, indignada. Pero, vulnerable como era, casi una huérfana, cayó muy pronto bajos los seductores encantos de Lewt, muy bien parecido y fornido.

Con los años, el amor entre ellos creció. “Una vez, Lewt grabó sus nombres en un árbol y le prometió que se casaría con ella. Y para Pearl, era un gran logro, verse casada, con la seguridad de un hombre que le diera su apellido, un hogar e hijos”.

Se entiende el deseo de la chica, pues en esa época, una mujer era “mal vista” si no estaba casada.

Pero Laura, la madre de Lewt, veía “mal la relación entre Lewt y Pearl, sobre todo, porque ella no era blanca”. Es, en mi opinión, lo que Busch, quiere destacar, el racismo que prevalecía – y prevalece – en esos tiempos, sobre todo, porque “Laura vería que Pearl conociera a alguien de su nivel”.

Pasaba el tiempo y Pearl no veía intenciones de que Lewt anunciara su compromiso. Además, un día, Laura platicó con ella. “No te conviene, es muy destrampado mi hijo. Tú mereces algo mejor”.

Pearl quedó muy ofendida. Y un día en que se hizo una fiesta porque, finalmente el ferrocarril iba a entrar a Paradise Flats, fue, se puso un vestido que Laura le prestó, se maquilló lo mejor posible y salió a conseguir alguien con quien bailar. Lewt estaba allí. Pearl, buscando venganza, aceptó bailar con un tal Sam Pierce, quien trabajaba como administrador para el ferrocarril, no ganaba mal y a sus 40 años, ya tenía ganas de “sentar cabeza”. Y en pocas semanas, se comprometió con Pearl, quien aceptó casarse con él, no tanto por amor, sino para tener la seguridad que Lewt no quería darle – y un poco para vengarse de éste. “Quiso formalizar, pidiendo la mano de Pearl a los McCanles, pero su amigo el cantinero, también llamado Sam, le dijo que no era necesario, que Pearl ‘no importaba mucho a los McCanles’”.

Insisto en que la chica, por su mestizo origen, era menospreciada, a pesar de que Laura pretendiera que era “importante para la familia”.

Sam construyó una casa para vivir con ella y se esforzó con el amueblado. Cuando fue a la cantina de Sam, su amigo, invitó una copa a todos para celebrar. “¡Ahórrate tu dinero, Sam!”, Lewt gritó. Y hasta ese momento, Sam, el prometido, se dio cuenta de su presencia. Presintió las intenciones de Lewt y trató de usar su oxidada pistola, la que se embaló. Murió de los tres tiros en el pecho que Lewt le dio.

De allí, Lewt se dio a la fuga, protegido por su padre y hermanos, quienes le llevaban dinero a donde fuera que estuviera. Una vez, Gil, su hermano, no le llevó mucho. “Es todo lo que te mandará mi padre. Por la sequía, no han salido bien los negocios”.

Lewt, pretendidamente orgulloso, le dijo que no necesitaba su dinero.

Y eligió el camino fácil. Se alió con Coz, un comanche, con quien se puso a robar. Primero, una casa de apuestas y, luego, una diligencia, en donde mataron al vigilante, un joven de 20 años, “muy decente”.

“Es porque lo consentimos mucho, senador”, le dijo Laura a su esposo, a quien siempre llamaba así – eran las absurdas costumbres de entonces, en las clases pudientes, de hasta en la cotidianeidad, referirse por los títulos, como habían los reyes o príncipes –, reprochando que el haberle dado todo a Lewt, había hecho de él eso, un delincuente. Pero a pesar de las evidencias, el senador lo seguía defendiendo.

El golpe que fue el colmo, fue el asalto al tren, en el que Pearl, manipulada por su gran amor a Lewt, había participado. Se había puesto un vestido, de un robo anterior, y un sombrero de dama – pues sus ropas eran, como de costumbre, de hombre – y le había hecho la señal de que se detuviera. Y así lo hizo el maquinista, con la seguridad de que se trataba de una pobre mujer con una emergencia.

Fue toda su participación.

Al detenerse el tren, Lewt y Coz salieron al paso y mataron al maquinista, quien trató de echar a andar de nuevo el tren.

De allí, el comisario formó dos grupos para buscarlo. Uno, dio con Coz, quien opuso resistencia y fue asesinado a balazos. A Lewt lo hallaron dormido. Y Pearl que había ido a buscarlo a la vieja mina abandonada en donde se refugiaban, fue descubierta por uno de los buscadores.

Y fueron a dar a la cárcel los dos.

Pero el senador, excesivamente protector, no estaba dispuesto a que su hijo muriera colgado, pues robo armado y asesinato, se castigaban con sumario juicio y la horca. Y organizó su rescate, justo cuando la gente del pueblo exigía el linchamiento de Lewt y Pearl, sobre todo, hostigados por las esposas de los asesinados por Lewt.

Pearl se rehusó a irse con Lewt, sabedora de que ningún futuro le esperaría al lado de un fugitivo que sólo la había engañado y hasta la había usado para cometer su última fechoría. Lewt no insistió, cuando hombres del senador irrumpieron en la cárcel y lo sacaron. “¡Pues allá tú, necia!”

Jesse, quien siempre había estado enamorado de Pearl, se vio en la disyuntiva de si defender o no a Pearl, sobre todo, porque ella se rehusaba a cualquier ayuda de él. Incluso, le rechazó unas botas que le había llevado Jesse, rememorando la vez que él le había dados sus primeras, a los doce años. Ni eso la hizo ablandarse. “No, Jesse, de verdad, no necesito un abogado, ni tu ayuda”.

Pero el enamoramiento que veladamente siempre existió entre ellos, triunfó. “Y Pearl vio que Jesse, la amaba y que haría todo cuanto estaba de su parte por salvarla de la horca”.

La instruyó perfectamente. Y el juicio fue ganado porque Jesse demostró que aunque, en efecto, una mujer había detenido el tren, no podía demostrarse que había sido Pearl. Además, la hizo que contara su triste vida y cómo Lewt la había manipulado siempre, desde que había llegado a el Spanish Bit. “¿Para qué habías ido a buscar a Lewt, Pearl?”. “¡Para matarlo, porque lo odio, siempre me mintió sobre nuestro compromiso matrimonial y mató al hombre que se iba a casar conmigo!”, respondió ella, sin titubear.

Por último, se puso el vestido, como habían quedado y tan grande le quedó, que provocó las risas del jurado y asistentes.

Su testimonio fue tan conmovedor, que fue absuelta.

Mientras tanto, Lewt había seguido escondido, robando comida, dinero y caballos a donde fuera.

Se enteró de que Pearl se iba a casar ¡nada menos que con su hermano!

Y, una vez más, pretendió manipularla.

Estaba escondido en una hostería de una mujer india llamada Mamá Búfalo. A ella, le servía otro “indio”, llamado Lipan. Lewt le había dado a la mujer más dinero de los tres mil que ofrecían de recompensa por su cabeza, “por eso, sabía que podía confiar en ella”.

Y comisionó a Lipan para que le diera un recado a Pearl, de que la esperaba en una parte de un valle, del que dio instrucciones precisas a Mamá Búfalo, para que las comunicara a Pearl, con tal que ésta, pudiera llegar allí y encontrarlo.

Eso hizo Lipan.

Jesse llegó de resolver un caso al cuarto de la pensión en donde ya vivían ellos dos, comprometidos al fin. Un amigo le dijo que había visto a Pearl partir con un “indio”.

Jesse, subió a la habitación y vio un mensaje de Pearl que decía “Lewt me ha mandado llamar, por favor, no me busques, te agradezco todo lo que hiciste por mí”.

Le “hirvió” la sangre de coraje a Jesse, quien, de inmediato, salió a buscar a Pearl. “Los voy a matar”, se dijo, pensando, luego comprobó, mal de Pearl, que lo estaba “traicionando”.

Pasaron varios días, hasta que Pearl, llegó a la hostería de Mamá Búfalo, quien le comunicó las instrucciones de Lewt.

“Y siguió su huella. Sabía en donde lo encontraría, lo conocía perfectamente. Pero no estaba dispuesta a más”.

Había salido en su buen caballo, armada de una buena escopeta y varios cartuchos.

Finalmente, lo vio, a lo lejos, del otro lado de una cañada.

Y le disparó. Lewt, respondió a sus tiros, matando al caballo de Pearl. La chica, decidida a todo, hasta a morir, si fuera necesario, fue arrastrándose hasta donde había visto a Lewt esconderse. Pensaba que el cobarde la estaría esperando y la mataría.

Para su fortuna, le había dado en un hombro.

“¡Sabía que vendrías, Pearl, no puedes desligarte de mí!”, le dijo, irónico, al mismo tiempo que alzó su revolver para dispararle a ella. Pero Pearl fue más rápida. Lo hizo, sin miramientos, “pues sabía que si lo hubiera ayudado, que si lo hubiera mirado a los ojos, habría caído de nuevo bajo su maldito control”.

Jesse, por fin, dio con Pearl, y se desvanecieron sus sospechas. “Sabía que podría confiar en Pearl toda la vida y que se amaban”

Juntos, envolvieron al cadáver de Lewt, y lo llevaron a Paradise Flats.

“El sepelio se llevó con todos los honores, asistido por los McCanles y todos los del pueblo, éstos, quienes semanas antes, pedían lincharlo”.

Busch, con esta frase, muestra lo voluble que puede ser la sociedad, sobre todo, cuando se trata de un personaje “ilustre”. Y el padre del pueblo, apodado Sinkiller, (el matapecados), hizo un gran discurso, en el que al mismo tiempo “llamó un pecador malvado a Lewt, pero que un día, purgada su condena en el infierno, sería llamado a la gloria del Señor”.

Finalmente, Pearl y Jesse se casaron y fueron a habitar tierras indias que, por decreto, “habían sido confiscadas para mejores fines”.

Y esos “mejores fines”, como señalé, han sido el permanente dominio territorial, político y económico que, desde siempre, Estados Unidos ha ejercido en todo el mundo.

Pero, bueno, al menos, Pearl pudo ser feliz, al lado de Jesse.

 

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