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jueves, 9 de julio de 2020

Abundan los metales preciosos en la basura electrónica

Abundan los metales preciosos en la basura electrónica

por Adán Salgado Andrade

 

Para sobrevivir, el capitalismo salvaje requiere un sistema permanente de consumo social, sin el cual, no puede subsistir. Por ello, los productos que se elaboran, están sujetos a un proceso de obsoletización que hace que dejen de funcionar en muy poco tiempo o que no estén a la altura de las capacidades tecnológicas que se van imponiendo al “actualizarlos”. Es lo que se llama obsolescencia programada (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2011/10/la-obsolescencia-programada-el.html).

Una clase de productos que obsolescen muy rápido, son los electrónicos, tales como celulares, computadoras, tabletas, pantallas, videojuegos, refrigeradores, hornos de microondas, cafeteras eléctricas… y otros, que suelen fallar muy pronto o que son “superados” por las “actualizaciones” de sus sistemas operativos, como en el caso de los celulares, los cuales, aunque sigan funcionando, no pueden operar con los sucesivos softwares (upgrades) que los soportan.

Así, todos los dispositivos electrónicos que se eliminan, constituyen la llamada basura electrónica (e-waste), que va en aumento año con año, provocando depredación y daños ambientales cada vez más elevados (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2015/05/basura-electronica-un-grave-y-creciente.html).

La depredación, se da por los millones de toneladas de recursos naturales empleados año con año para elaborar tantos miles de millones de tales dispositivos – se sobreproducen, o sea, se hacen muchos más de los que puede consumir la población mundial. Algunos de tales recursos son petróleo (para el plástico), sílice, cobre, oro, platino (para circuitos integrados, tarjetas madre, procesadores), madera (para las cajas de envolturas y papel de las instrucciones)… y otras cosas, así como los millones de terawatts de electricidad, usados en su fabricación, en un buen porcentaje, obtenida de contaminantes fuentes, como carboeléctricas, nucleares o gasoeléctricas. El saqueo a dichos recursos naturales, es mayúsculo.

No conforme el capitalismo salvaje con eso, cuando ya no sirven o son obsoletos los productos electrónicos, casi se obliga a la gente a tirarlos. Y ya, en la basura, son pocos los que se reciclan, no porque no se pueda, sino porque es más costeable seguir usando materiales nuevos, pues es más barato, que usar reciclados.

Sin embargo, si se reciclaran, se recuperarían, hasta con creces, materiales básicos en su hechura, que cada vez escasean más.

Por ejemplo, el oro de tarjetas madres de computadoras o celulares, cada vez es más caro y contaminante extraerlo. Se hace por medio de megaminas, que destruyen bosques o selvas enteras, para establecer las llamadas minas a cielo abierto, que son, literalmente, cráteres artificiales que se van profundizando, para extraer miles de toneladas diariamente, de material rocoso. Luego, por el contaminante método de lixiviación, se trata con millones de litros de agua envenenada con cianuro, para extraer molecularmente el oro. Es tan sumamente ineficiente y desperdiciador este sistema que, por cada tonelada de roca molida, se extrae, apenas, una onza troy de oro (31.1 gramos), lo que es considerado como de “muy buena ley”. Así que, si se extraen cien toneladas diarias y se procesan, se obtendrán sólo 3110 gramos, 3.11 kilogramos de oro, pero se habrán pulverizado y tirado cien toneladas de material rocoso y los millones de litros de agua, contaminada permanentemente con cianuro y otros tóxicos químicos, los que son almacenados en inseguros depósitos, llamados presas de jales, los que, al evaporarse, emanan a los vientos esos peligrosos tóxicos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2013/05/los-destructivos-irreversibles-efectos.html).

Sin embargo, es peor cuando colapsan esas presas, lo cual es frecuente, por estar muy mal hechas, al fin y al cabo que son simplemente para contener los desperdicios. Si eso sucede, contaminan las tierras, ríos y mares que son penetrados con su tóxico, mortal contenido.

Pero ni estos destructivos efectos, llevan a la racional disminución de la fabricación de dispositivos electrónicos – o de otras cosas –, ni a que fallen menos, pues, cada vez más rápido, se hace que, a propósito, se descompongan.

Por eso, organismos internacionales, insisten en que los fabricantes de electrónicos, busquen formas de reciclarlos, pues un reciente estudio informa que, al hacerlo, se podrían recuperar los mencionados metales preciosos, como dije, cada vez más escasos, lo que podría ascender, en valor, a unos $10,000 millones de dólares cada año, como expone el artículo de The Guardian, “Diez mil millones de dólares de metales preciosos se tiran, cada año, en la basura electrónica, dice la ONU”, firmado por Damian Carrington (ver: https://www.theguardian.com/environment/2020/jul/02/10bn-precious-metals-dumped-each-year-electronic-waste-un-toxic-e-waste-polluting).

Comienza, señalando que “al menos, diez mil millones de dólares en valor de oro, platino y otros metales preciosos, son tirados cada año, en la creciente montaña de basura electrónica, que está contaminando el planeta, de acuerdo con un reporte de la ONU. Un récord de 54 millones de toneladas fue generado en todo el mundo en el 2019, 21% más que hace cinco años, halló el reporte del monitor mundial de e-waste de la ONU. La cifra del 2019, equivale a 7.3 kg para cada mujer, hombre o niño del planeta, aunque su uso se concentra mayoritariamente en las naciones más ricas. El total de basura electrónica se incrementa tres veces más rápido que la población mundial y sólo se recicló el 17% en dicho año”.

Como puede verse, no importan los daños que provoca tanta sobreproducción de electrónicos, ni que, al tirarse, incrementen todavía más el daño. No hay ningún tipo de consciencia capitalista, pues no la tiene ese sistema. Eso sucede, por ejemplo, con el plástico, que a pesar de que es un desperdicio que ya invade a todo el planeta – con plásticos o microplásticos –, las empresas que lo producen, como las petroleras, seguirán haciéndolo, para compensar las pérdidas en las ventas de combustibles, pretenden justificar, que dejará la transición de autos de combustión interna a  los eléctricos. Vaya idiotez (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/01/las-contaminantes-petroleras-y-coca.html).

En donde más se produce basura electrónica es en Europa del Norte, como en Inglaterra, Alemania, España o Francia, con un promedio de 22.4 kg por persona. En Europa oriental, fue la mitad de esa cantidad. En Australia y Nueva Zelanda, el promedio fue de 21.3 kg, en tanto que en Estados Unidos y Canadá, la cifra fue de 20.9 kg. En tanto, en Asia y África, el promedio fue más bajo, de 5.6 y 2.5 kg, respectivamente. Se nota la pobreza de África, con el menor de los promedios. Podría decirse que la cantidad de basura que tira un país, sobre todo de electrónica, determinará su poder económico. No es muy reconfortante eso. Es como medir el poder de compra de una familia por lo que tirara de comida que, de hecho, así es, pues son las clases altas, las que más comida tiran.

Continúa Carrington señalando que “la basura electrónica, contiene materiales como cobre, hierro, oro, plata y platino, a los cuales, el reporte da un conservador valor de $57,000 millones de dólares. Pero muchos son tirados y quemados, en lugar de ser reciclados. Los metales preciosos en esa basura, se estima que valgan unos $14,000 millones de dólares, pero sólo se recuperan $4,000 millones, por el momento”. Eso dejaría ver la miopía de no reciclar, no pensando, el capitalismo salvaje, en lo que se dejaría de depredar por buscar oro, por ejemplo, sino en lo que podría ganar al reciclar los metales preciosos.

Aunque sí hay reciclaje, pero, no, al 100%. “Europa es la que más recicló en el 2019, con 42% y Asia, en segundo sitio, con sólo 12%. Pero en América del Norte y del Sur, el porcentaje fue del 9%, en tanto que en África, sólo fue de 0.9%”. Volvemos a ver que también en el porcentaje reciclado, se observa la pobreza.

Y es una actividad lucrativa, cuando se hace con los métodos adecuados. Por ejemplo, hay una planta en India, que recicla el e-waste, y con el oro que obtiene, por ejemplo, hace relojes y joyería, a los que se etiqueta de ecológicos, por estar hechos con materiales reciclados.

Desde luego que son materiales más caros, pues son reciclados, pero vale la pena adquirirlos pues, en primer lugar, se va frenando la depredación y, en segundo lugar, se disminuye esa contaminante basura (como todo tipo de basura, finalmente, lo es, muy contaminante).

Y en los países pobres, en donde se recicla esa basura, como en Ghana o en China, se usan bárbaros métodos, consistentes en la incineración del material, para recobrar sólo el cobre, desperdiciando lo demás. Ghana, por ejemplo, recibe cada año miles de toneladas de basura electrónica, la que, luego de pasar por varios filtros de selección, lo que queda, termina en basureros, en donde es quemado por jóvenes muy pobres, que, sólo así, obtienen un magro ingreso al vender el cobre recolectado, lo único que sobrevive de esas contaminantes, ocres quemas, severamente dañinas al respirarlas.

Un periodista local, Mike Anane, ha estado haciendo reportajes sobre el problema que eso ha generado, pues con tristeza señala que esos tiraderos, cercanos a la laguna Korle – uno de los cuerpos de agua más contaminados del planeta –­, eran antes sitios prístinos, con tierras fértiles y ríos limpios, en los que él, de niño, solía jugar pelota con sus amigos. Pero ahora, se han transformado en infectos basureros, corrientes de aguas negras, contaminada atmósfera… los locales le llaman al sitio Sodoma y Gomorra, en clara alusión al apocalíptico fin del mundo. “Es triste e irresponsable lo que países como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania, están haciendo aquí”, comenta Anane, mientras muestra que uno de los monitores desechados, pertenecía a una escuela elemental de Filadelfia. Ha estado tratando de reunir cuanta evidencia pueda, para demostrar el grave problema causado, tanto a la salud de la población, así como al medio ambiente de su país – y de otros –, con tal de que se tomen medidas verdaderamente enérgicas para detener dicha situación.

Señala Carrington que “se estima que 50 toneladas de mercurio de los monitores, focos ahorradores y otra basura electrónica es desechado cada año. Por si fuera poco, los gases freones descartados de refrigeradores y aires acondicionados, equivalieron a 98 millones de toneladas en el 2019, casi equivalentes a las emisiones de todo un año de Bélgica”. Cita a Kees Baldé, de la Universidad UN, de Bonn, uno de los autores del reporte, quien dice que “La basura electrónica es un gran problema, pues se incrementa cada vez más, cada año, y el nivel de reciclaje está muy por detrás. Es importante que se apliquen impuestos a la polución, pues, por el momento, contaminar es gratis”. Podría ser una buena medida, pero los intentos que se han tratado de hacer, en Estados Unidos, por ejemplo, han fracasado, pues los cabilderos de las industrias más contaminantes, como las petroleras o mineras, logran que se echen abajo. Nada que perjudique sus monetarios, mezquinos intereses.

Las empresas, de todo tipo, producen y producen, sin que les importe un bledo qué se hará con sus millones de productos, una vez que, muy rápidamente, lleguen al final de su vida útil y sean, simplemente, tirados.

Como dije, reciclar el 100% de la basura electrónica, mediante métodos adecuados, no contaminantes, podría ser un buen negocio, como lo comprueban las empresas que reciclan basura, tal como la del papel, que ya ha logrado obtener un muy buen mercado, reciclando cada vez más y más papel desechado (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/01/el-papel-mas-ecologico-y-reciclable-que.html).

“No reciclar adecuadamente, es un creciente problema, que está afectando nuestra salud y la de futuras generaciones. Una, de cada cuatro muertes de niños en el mundo, se debe a la contaminación”, señala María Neira, de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el 2018, la ONU, a través de su Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), propuso que el reciclaje de basura electrónica se incrementara de 17% al 30% para el 2023, pero, señala Mijke Hertoghs, empleado de ITU que, a como van las cosas “es irreal que se logre ese objetivo”. De hecho, sólo 78 países, de los 193 pertenecientes a la ONU, tienen leyes para disponer adecuadamente de la basura electrónica.

Claro, el capitalismo salvaje dicta lo que debe de hacerse, y eso es seguir sobreproduciendo más y más, nada de reciclar y, mucho menos, hacer productos realmente más durables, que no se descompongan, que sean confiables. Cita Carrington a Libby Peake, del centro de pensamiento Green Alliance, quien comenta que “El creciente volumen de basura electrónica, documentado en el reporte, es un escándalo global que puede prevenirse. No tiene que ser de este modo. Los productos deberían de hacerse para durar, que se puedan reparar y, algo crucial, que puedan actualizarse. Asegurando que los dispositivos electrónicos sigan en circulación, podrían crearse cientos de miles de empleos. No hay excusa para dejar que este escándalo crezca”.

Da Peake en el punto de lo que cito arriba, que si todo lo que compramos, pudiera repararse, como se hacía antes con muchas cosas, se crearían muchos empleos, por toda la gente que se dedicaría a eso.

Y es algo que mucha gente busca, el derecho a reparar sus cosas, sea un auto, un celular, un tractor, pues, en el caso de que sean reparables, las mezquinas empresas, se reservan ese derecho. Pero es un movimiento que va ganando miles de simpatizantes y hasta proyectos de leyes en varios países, justo como en Estados Unidos, en donde, muy pocas personas, se dedican a la reparación de objetos, como un celular de Apple, por ejemplo, por las trabas de las mezquinas empresas, las que dicen que hasta es “delito” (ver: https://www.bbc.com/worklife/article/20190719-right-to-repair-movement).

Pero, como dije, mayor duración, reparar, reciclar, no funciona para las corporaciones, no. Imponen que se siga comprando todo lo que sobreproducen, que no sea reparable y que se tire.

Y no les interesa que, al paso que vamos, todo el planeta se convierta en un gran, inerme tiradero.

¿Tan deleznablemente mezquinas son?

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

 

  

 

lunes, 31 de octubre de 2011

La obsolescencia programada, el deliberado acto de diseñar productos defectuosos, de desperdiciar más y de destruir el medio ambiente

La obsolescencia programada, el deliberado acto de diseñar productos defectuosos, de desperdiciar más y de destruir el medio ambiente

por Adán Salgado Andrade

Hace poco, presencié un estupendo documental español llamado “Comprar, tirar, comprar”, producido en el 2010. Comienza el documento fílmico con un hombre que llega a su casa, prende su computadora, y se dispone a imprimir su trabajo, pero a la tercera copia, aparece en la pantalla un mensaje avisando que la impresora presenta un problema en sus partes internas, no puede seguir funcionando, y se debe de recurrir al servicio técnico para su reparación. Eso es algo con que muchos de nosotros nos enfrentamos frecuentemente. En el documental, el hombre acude a varios centros de ventas y servicio y en todos le sugieren que le sale más barato comprar una nueva impresora, a que reparar la vieja.

Y eso es por lo que también se opta aquí, en México, a pesar de contar con un menor ingreso por habitante que en España o en cualquier otro país de los llamados “ricos” (que ahora, con la brutal hecatombe económica que enfrentamos, esa acepción queda muy en duda, con países, como los mismos EU, de plano quebrados). Esto responde simplemente a la actual tendencia que en todo el mundo ha impuesto el capitalismo salvaje de emplear técnicas que nos lleven a consumir, si no compulsivamente, sí a hacerlo porque se deba de reponer un producto que inesperadamente falla, como es el caso de la impresora.

Y partiendo de la historia del hombre al que le falló su impresora y la alternativa que él prefiere, en lugar de cambiarla (que es finalmente buscar en la red un programa que la desbloquee), es que el documental refiere un infame recurso tecnológico, ya hace años implementado por el capitalismo, que es el de la llamada obsolescencia programada.

Sí, la obsolescencia programada es sencillamente el empleo de la tecnología para deliberadamente diseñar tanto los materiales de los que están hechos los productos que se fabrican, así como a éstos mismos, para que en un tiempo breve (a veces incluso semanas), fallen y dependiendo del precio que hayamos pagado por ellos, que se deban reparar, cambiando algunas piezas o, lo más extremo (muchas veces la única solución), reemplazarlos completamente por otro nuevo.

Esa situación, diseñar los productos para que a propósito fallen, se dio como “solución”, en vista de que durante los albores del siglo veinte, muchas cosas se fabricaban para que duraran digamos que para siempre. En el documental, por ejemplo, se muestra un foco que está en una estación de bomberos en EU y que lleva más de cien años prendido y aún no tiene para cuándo se funda. Esa situación fue la causante, según las corporaciones de la época, de la igualmente brutal crisis de 1929, que sencillamente fue una de tantas crisis que la absurda sobreproducción capitalista constantemente crea. Esta tendencia, la de producir más de lo que la sociedad en conjunto puede consumir, si no va acompañada de mecanismos que realmente logren que dicha sociedad se vuelque al consumo, es, en efecto, la base de las constantes crisis económicas, como precisamente imaginaron los industriales de la época.

Por tanto, crear una estrategia que aliente el consumo frecuente que, digamos, equilibre de alguna manera a la anárquica sobreproducción, es siempre bienvenida.

Justamente hacia 1932, cuando aún no se recuperaba la economía mundial del crack bursátil de 1929, Bernard London, un mercenario del capitalismo, escribió un trabajo titulado “Terminar con la depresión mediante la obsolescencia programada”, una especie de libelo en el cual argüía que mientras la economía estaba quebrada, los almacenes y fábricas estaban llenos de mercancías, y que sólo se requería de la “voluntad” del gobierno para que comenzaran a venderse y a usarse y que así se reactivaría la economía y se “terminaría” con la crisis. Planteaba London que cuando en los viejos tiempos, principios del siglo veinte, los estadounidenses no esperaban a que las cosas dejaran de funcionar para deshacerse de ellas, durante la depresión las usaban hasta que realmente dejaran de funcionar, por lo que proponía, muy dictatorialmente que el “gobierno habría de asignar un periodo de tiempo a zapatos, máquinas y casas, a todos los productos manufacturados, mineros y agrícolas, desde la primera vez que se hicieran, y se venderían y usarían sólo dentro de dicho plazo de existencia, que el consumidor conocería de antemano. Después de que el periodo de vida expirara, todas esas cosas estarían legalmente muertas y serían recolectadas forzosamente por la estricta agencia que el gobierno hubiera asignado para tal tarea y destruidas si existiera desempleo generalizado. Nuevos productos estarían saliendo masivamente de las fábricas hacia los mercados para llenar el espacio de los obsoletos y los motores de la industria seguirían funcionando, el empleo regularizado y asegurado para todas las masas trabajadoras”. Como se ve, esta draconiana especie de “mundo feliz” para el capitalismo era, sin duda, una irresponsable declaración, pero a pesar de ello, la industria, es decir, las corporaciones, se la tomaron tan en serio, que a partir de entonces, con mucho más ahínco, se dedicaron los departamentos de diseño de las distintas empresas y firmas manufactureras a implementar una forma de que, en efecto, la ley London se aplicara en la práctica, desde luego que quitando el enfoque dictatorial y apelando, simplemente, al desgaste inducido de los materiales empleados y las piezas de las que constaban los distintos productos vendidos.

Sin embargo, eso se ha logrado desde entonces de distintas maneras, no sólo haciendo que a propósito fallen las cosas, sino induciendo otro tipo de factores, como los psicológicos, muy efectivos, por cierto, pues mediante estrategias mercadotécnicas, que involucran el estatus, así como la categoría y, sobre todo, “estar a la moda”, a la gente se le induce que debe de cambiar constantemente sus cosas, como autos, aparatos electrónicos (celulares, computadoras, dvd’s, etc.), ropa… lo que sea, pues el no hacerlo, implica el riesgo de quedar como una especie de inadaptado social, de renegado del consumo, con lo que la sociedad estigmatizará a ese sujeto, dándole la penosa categoría de paria, de perdedor, incapaz de cumplir con los estándares impuestos.

Puede resultar absurdo, pero ha resultado el factor psicológico tan efectivo para cumplir con la ley de la obsolescencia programada, que la gente olvida o pasa por alto la función primaria que tiene un producto al ser adquirido. Por ejemplo, uno de los directores de la empresa automotriz General Motors, Alfred P. Sloan, declaró ya en 1941, acerca de los autos que la empresa fabricaba que “Hoy en día, la apariencia de un automóvil es uno de los aspectos más importantes al ser vendidos, quizá el más importante, pues todo mundo da por sentado que ese auto funcionará”. Y, en efecto, basta ver que desde entonces, los autos se venden por su apariencia, por su diseño, que guste, resulte atractivo, agresivo, deportivo, rudo, femenino… según sea el gusto del consumidor. Por esa razón, las firmas automotrices cuentan con varios modelos, los cuales apelan al gusto de los compradores para ser ofrecidos, y lo de menos son sus especificaciones técnicas, que digamos que sí importan, pero una vez que logran “enamorar” al potencial comprador. Entonces, ya luego se le informa, como algo adicional al diseño, por ejemplo, el “potente motor con que cuenta, sus seguros frenos, su equipo deportivo, su economía en el combustible…”, lo que sea, que ya se presenta, como dije, adicional al enamorador diseño.

Eso sucede también, por ejemplo, con otros productos, tales como los teléfonos celulares, los que, es lo de menos, se da por sentado, sirven para hablar, eso ya no es lo importante entre los consumidores, sino que estén equipados con cámara, juegos, Internet o modem para conectarse al facebook… se usan muchos ya incluso como pequeñas computadoras más que, propiamente, como teléfonos para llamar.

Y así, se podrían citar tantos ejemplos en donde, gracias a la manipulación psicológica mencionada antes, se logra que los productos no sólo pasen de moda, sino que vayan evolucionando sus características.

Y no deja de acompañarse, por supuesto, lo psicológico, con la limitada durabilidad de los productos, que muchos de plano llegan al nivel de ser simples baratijas que, cínicamente, se reconoce que se descompondrán muy pronto debido a eso, que son productos sumamente baratos que servirán para un muy limitado empleo (por ejemplo, los productos chinos, la mayoría son emblemáticos de dicha característica, tanto por los materiales empleados, así como por las partes que los forman. ¡Quien no ha experimentado enojo al usar un desarmador que se despunta al tratar de girar un tornillo medianamente apretado o una llave española que se rompe al primer intento de aflojar una tuerca! Hace poco adquirí una motobicicleta, ensamblada con un motor chino que, en menos de un año de uso esporádico, ¡ya comenzó a fallar!).

Varios supuestos “defectos de fabricación”, que han implicado graves peligros en autos, por ejemplo, se deben a que en el deliberado acto de hacerlos fallar en determinado tiempo, a los fabricantes se les ha, digamos, “pasado la mano”. Hace poco ciertos vehículos de Toyota tuvieron que ser llamados masivamente debido a que tenían un grave defecto en los sistemas de frenado, que ya había provocado incluso varios accidentes. En un foro sobre los famosos autos Jeep, un quejoso escribió: “Tengo un Jeep Wrangler Sahara 2008 y es un auto que me ha decepcionado bastante, pues con sólo tres años de uso, tiene un grave problema de $500 dólares, pues el módulo de control integral falló, el auto simplemente se rehusó a arrancar. Ha estado en la agencia durante una semana. Aparentemente esa pieza fue pobremente diseñada y necesita cambiarse toda la caja de fusibles por una nueva, con diferente y mejor diseño. He hablado con personal de Chrysler, el fabricante del auto, señalándoles que deben de hacer un llamado urgente a todos los propietarios del modelo, pero me han respondido que no hay demasiados dueños que se quejen de dicho problema, como para que se deba de hacer un llamado de emergencia. Sin embargo, mi parte para cambiar está en lista de espera y mi orden es ¡la número 220! Y para empeorar las cosas, me han dicho que ¡puede ser que pasen semanas o meses antes de que la pieza llegue! ¡Así que convoco a todos los propietarios de esos malos vehículos a que si tienen problemas similares, que se comuniquen con Chrysler e insistan en que se debe de hacer un llamado urgente a todos los dueños de ese modelo pero ya!”.

Como este testimonio hay miles, no sólo de autos, sino de productos tales como laptops. Existe varios foros en donde los dueños de laptops fabricadas por Apple que han resultado defectuosas, suben sus quejas acerca de las constantes fallas que esas computadoras tienen, desde calentarse demasiado y dejar de funcionar súbitamente, hasta pantallas que se apagan, circuitos que se funden, discos duros que fallan. En efecto, las prácticas de esa empresa, de fabricar casi la totalidad de sus productos fuera de EU, sobre todo en China, además de usar componentes mal diseñados o de material muy pobre, son parte de los problemas (sólo hay que ver por dentro una laptop o computadora de dicha marca, como he hecho algunas veces, y se ven partes, como cables, pegadas con simple tela adhesiva). Pero aquí también la empresa del ya fallecido Steve Jobs, es un buen ejemplo de cómo sus artículos son dignos representantes de la obsolescencia programada, ya que combinan, como dije, cuestionables diseños y pobres materiales con el manejo mercadotécnico, pues cada dos años, digamos, se lanza un upgrade, una versión “mejorada” del iPod, del iPhone, del iPad… y así, con tal de que los fans de dicha marca desechen la vieja versión, acudan en tropel a las tiendas y compren el artículo mejorado con tal de no quedarse atrás y estar up to date, es decir, a la vanguardia tecnológica (sin embargo, no siempre ha sucedido, pues hace unos días que fue presentado el nuevo iPhone, el iPhone 4, no resultó tan innovador entre los fans, pues además de costoso, tiene problemas técnicos, como la baja vida de la batería, no sirve para captar señales wifi, caros accesorios… incluso que el modelo anterior era mucho mejor en muchos aspectos. Algunos usuarios que han probado el nuevo celular, de plano declararon “no pierdan su tiempo y ni malgasten su dinero en adquirirlo”. También, es muy conocida la práctica de Apple de cerrar sus productos a adelantos tecnológicos y de software, con tal de evitar que sus gadgets digamos que se democraticen y hasta puedan abaratarse, como, por ejemplo, usar software libre, accesorios genéricos y así. Incluso, alguna vez la empresa pensó en no ofrecer baterías de reemplazo, con tal de que los consumidores de sus productos tuvieran que comprar uno nuevo forzosamente).

Una consecuencia de la obsolescencia programada, quizá la peor, es que tanto consumo compulsivo genera brutales cantidades de desechos cada año, sobre todo de productos electrónicos, lo que se ha dado en llamar “basura electrónica” (e-waste). Los países ricos, son los que más contribuyen a las montañas de cuanto producto obsoleto se va desechando. En enormes pilas se acumulan, muchos de ellos aún funcionando, y son irresponsablemente exportados a países pobres, de África o de Asia, por ejemplo, que son más vistos como tiraderos que, irónicamente, compran toda esa peligrosa basura (aunque algunos países suelen hacer donaciones, con tal de que se vea qué tan filantrópicos son, pero en realidad se deshacen de su chatarra electrónica). El argumento de los países exportadores es que son productos que pueden reciclarse, pero sólo una fracción de todos esos desechos, realmente funcionan, un 30%, cuando mucho. En el documental que comento antes, hay escenas de barcos con muchísimos contenedores que cargan exclusivamente tales desechos, y a la hora de descargarlos, se forman cerros y cerros de computadoras, laptops, celulares, impresoras, monitores…

Las empresas exportadoras, muy mañosamente, ponen los productos que aún funcionan al principio de los cargamentos, para que las compañías que los importan vean que todavía pueden usarse, pero luego ya viene realmente la chatarra. Así, los compradores adquieren todo por bulto, digamos, a precio de ganga, seleccionan lo mejor, que a su vez lo revenden, y que es de donde sacan su inversión y su ganancia, y ya lo peor lo venden más barato y así, eso va pasando de comprador a comprador, hasta que ya lo que realmente no puede repararse o que es inútil, la mayor parte, se tira.

En el sitio de la organización pbs.org/frontlineworld, se exhibe el video:

http://www.pbs.org/frontlineworld/stories/ghana804/video/video_index.html

que muestra las infames, brutales consecuencias que el desecho de la basura tecnológica está provocando en países muy pobres, como en este caso, Ghana, nación africana a donde llegan cada año miles de toneladas de tales desperdicios (de por sí que África, un pobre continente con vastos recursos, siempre se ha usado como el basurero mundial, a donde llegan todo tipo de desechos, de cosas que ya no sirven o ya no son permitidas en sus países de origen, como maquinaria, vehículos, ropa, medicina y alimentos caducos… y más desechos). Lo que ya no puede “reciclarse” se tira en lugares baldíos en donde niños y adolescentes acuden para recoger, apilar y quemar esa chatarra, cuyo contenido plástico genera densas y negras columnas de negro, venenosísimo humo, que van a dar a la ya muy contaminada atmósfera y, claro, a los pulmones de esos jovencitos, quienes ya apagadas las peligrosas fogatas, recogen los restos de alambres y de metales con magnetos, que van acumulando en cubetas, para luego venderlos y ganarse un miserable ingreso. Un chico que se acomide a acompañar a los reporteros, les enfatiza a que sientan cómo ya todo el tiradero huele permanentemente a plástico quemado y a otros incinerados desperdicios, siendo difícil respirar (lo peor es que ese tóxico humo y otros peligrosos desperdicios generados por la combustión, no se quedan sólo en Ghana, sería ingenuo pensar eso, sino que se esparcen por todo el planeta, siendo su efecto persistente y bioacumulativo en el ecosistema mundial, o sea, no se degradan y terminan integrándose a la cadena alimenticia).

Un reportero local, Mike Anane, ha estado haciendo reportajes sobre el problema que eso ha generado, pues con tristeza señala que esos tiraderos, cercanos a la laguna Korle – uno de los cuerpos de agua más contaminados del planeta –­, eran antes sitios prístinos, con tierras fértiles y ríos limpios, en los que él, de niño, solía jugar pelota con sus amigos. Pero ahora se han transformado en infectos basureros, corrientes de aguas negras, contaminada atmósfera… los locales le llaman al sitio Sodoma y Gomorra, en clara alusión al apocalíptico fin del mundo.

“Es triste e irresponsable lo que países como EU, Inglaterra o Alemania, están haciendo aquí”, comenta, mientras muestra que uno de los monitores desechados pertenecía a una escuela elemental de Filadelfia. Ha estado tratando de reunir cuanta evidencia pueda, para tratar de demostrar el grave problema causado tanto a la salud de la población, así como al medio ambiente de su país – y de otros –, con tal de que se tomen medidas verdaderamente enérgicas para detener dicha situación.

China, muestra también ese excelente testimonio fílmico, es otro muy demandado sitio para exportar basura electrónica. Al puerto de Hong Kong, llegan a diario decenas de barcos con cientos de toneladas de esa basura, “importados legalmente”. Cerca de allí está la ciudad sureña de Guiyu, en donde al recorrerla, durante kilómetros y kilómetros, lo único que se ve es basura y más basura electrónica. El activista Jim Puckett es a quien se le acredita haber descubierto esta ruta del e-waste, que sigue floreciendo, debido a que es un excelente negocio, sobre todo porque pueden obtenerse materias primas para la industria electrónica china de forma mucho más barata. Claro, barata porque se gasta menos dinero, pero muy cara porque se daña irreversiblemente al medio ambiente y a la salud de los pobres chinos que se dedican a “reciclar” tan contaminantes, venenosos residuos. Declara Puckett en una parte del documental que “la primera vez que vine aquí, en 2001, esto estaba mal. ¡Ha ido de peor a verdaderamente horrible! Realmente lo que está sucediendo aquí es más bien apocalíptico”.

Claro, si por apocalíptico, Puckett se refiere a que, en efecto, estamos preparando nuestro pronto exterminio, así es. Si ven el documental, se darán cuenta cómo las calles de Guiyu, las banquetas, las casas… todo está lleno de esa basura, y gente que está desarmando las viejas computadoras, las consolas de videojuegos, quebrando los monitores… para sacar los componentes electrónicos, como las tarjetas madres, los procesadores, los circuitos. Y luego, en una muestra del poco respeto que tienen los dueños de los locales en donde eso se recicla a la salud de sus necesitados trabajadores, se ve a pobres jóvenes mujeres “cocinando” todos esos componentes para que se funda todo el metal – oro y cobre, principalmente –, que contienen, teniendo que respirar el nocivo humo blanco que despide la fundición. Lo peor es que se hace en sitios cerrados, empeorando el daño a la salud de por sí provocado.

Un peligro adicional, se señala en el documental, que más tiene que ver con problemas de seguridad, que ambientales y de salud, es que mucha de la basura electrónica contiene discos duros, la mayoría de los cuales se desechan así, sin haberse borrado su información, y para los llamados cybercriminales eso es oro molido, ya que pueden enterarse de jugosos secretos de la gente o incluso de compañías, de sus estados financieros, de los códigos de sus tarjetas de crédito o débito, de su intimidad. De hecho, Ghana está clasificado como uno de los países en donde más ha florecido el cybercrimen. Pues cómo no, se puede concluir, con tantos millones de computadoras desechadas, sin el menor cuidado, cómo no habría de darse ese digamos “daño colateral”. Hay una escena en que se muestran archivos muy delicados de millonarias compras de armamento del gobierno a la empresa armamentista Northrop Grumman, que podrían haber provocado “serios problemas” al caer en “malas manos”. En ese mismo disco duro, había secretos de la NASA e incluso del Departamento de Seguridad Doméstica. Pues vaya que si son descuidados los estadounidenses, pero, dirán, pues algo hay que sacrificar, con tal de deshacernos de tanta chatarra que generamos, ¿no?

Y se muestran también los intentos digamos que responsables que se hacen en países como India, que también recibe desperdicios electrónicos, y está generando los suyos propios (debido a una incipiente clase media que se ha occidentalizado y ya está siendo dada también a tirar sus chatarra, al más puro estilo estadounidense).

Hay una planta que recicla el e-waste, esa sí, de manera responsable y tecnológica, y con el oro que obtiene, por ejemplo, hace relojes y joyería, a los que se etiqueta de ecológicos por estar hechos con materiales reciclados. Pero como se señala, ese es un muy limitado intento, porque cuesta mucho y es más barato hacerlo de forma irresponsable y dañina al medio ambiente y a la salud.

En efecto, la última escena muestra a un joven hindú, de 19 años de edad, que se ve mucho mayor, y que trabaja en un lugar precariamente construido, de piso de tierra y tabiques mal pegados y sin aplanar. Se le ve echando en barriles con ácido tabletas electrónicas para que se deshaga el plástico y obtener los pocos gramos de oro o cobre que contienen. Se le pregunta si no le hace daño estar respirando tanto tóxico humo. Y responde “sí, yo sé que estoy terminando aquí con mi vida, pero no tengo otra cosa qué hacer para ganarme un salario, y no deseo que mis hijos terminen con su propia vida, y por eso estoy aquí, matándome día a día”.

Sí, matándose día a día, como el capitalismo salvaje está matando al planeta y la humanidad entera a diario.

Contacto: studillac@hotmail.com