viernes, 27 de febrero de 2026

Cómo dueños de autos eléctricos de una quebrada firma exigieron su derecho a reparar

 

Cómo dueños de autos eléctricos de una quebrada firma exigieron su derecho a reparar

Por Adán Salgado Andrade

 

El derecho a reparar es una tendencia que está creciendo cada vez más y más. Es la exigencia de los consumidores a arreglar los productos que adquieren, los que, la mayoría de las veces, están hechos para que duren poco, aunque muchas veces puedan repararse, pero las empresas que los fabrican no lo dicen. Es el caso, por ejemplo, de las impresoras (cada vez menos usadas, por cierto) que, de repente, dejaban de funcionar y salía un amarillista letrero en la pantalla de la computadora que advertía que “importantes partes están por llegar a su vida útil” y la impresora dejará de funcionar. En ese momento, nos abordaba la desesperación, ya que no podríamos seguir imprimiendo. Y si la llevábamos a reparar a un taller autorizado, generalmente nos decían los empleados que era difícil y caro repararlas y que era mejor que adquiriéramos una nueva. La que, por la desesperación, adquiríamos.

Sin embargo, por fortuna, comenzaron a salir programas desarrollados por hábiles tecnólogos que nos permitían rehabilitar las impresoras, gracias a que se conectaban a su software lo actualizaban y esas impresoras volvían a funcionar. Es, como dije, porque las empresas les aplican lo que se llama “obsolescencia programada”, para que las cosas dejen de funcionar, duren menos o ya no soporten las “actualizaciones”, justo como también sucede con los celulares, que dejan de hacer funciones, como el WhatsApp, y se advierte que sólo si se adquiere un modelo nuevo o reciente, podrá el usuario seguir utilizándolo (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2011/10/la-obsolescencia-programada-el.html).

Y la lucha por ejercer el derecho a reparar crece y crece, como expone el artículo sobre la batalla que tuvieron que sostener los dueños de los autos eléctricos, AEs, de la marca Fisker Ocean, que quebró en el 2024, y su derecho a arreglarlos. Formaron la FOA (Fiskers Owners Association) y han tratado de que la quebrada empresa les venda toda su propiedad intelectual, así como buscar a las empresas que le hacían las partes, para repararlos ellos mismos. Es lo que expone el artículo “Los avezados propietarios de AEs, que no habrían dejado que sus autos descompuestos murieran”, firmado por Aarian Marshall (ver: https://www.wired.com/story/the-righteous-ev-owners-who-wont-let-their-broken-cars-die/).

La empresa Fisker Inc. fue una automotriz estadounidense fundada en el 2016 por el diseñador danés Henrik Fisker (Dinamarca, 1963), quien antes fue diseñador en empresas como BMW, Ford y Aston Martin. Hizo un primer intento, en el 2007, para fundar una empresa de AEs, pero falló. Y fue hasta el 2016, que fundó Fisker Inc., junto con su esposa. Pero la empresa quebró en el 2024 (https://en.wikipedia.org/wiki/Henrik_Fisker).

Se fue a lo grande, diseñando y fabricando el Fisker Ocean, un SUV para todo terreno, de tamaño medio y de imponente, lujoso diseño que iba desde los $37,499 dólares, hasta los $68,999 dólares. Pero cuando quebró, los precios bajaron sustancialmente, hasta los $24,999, pero ni así se vendieron (ver: https://www.caranddriver.com/fisker/ocean).

El error de Fisker, como ahora están percibiendo marcas de autos lujosos, fue que tienen casi cero o cero demanda sus AEs eléctricos, prefiriendo la gente modelos más económicos y hasta prácticos. De hecho, empresas como Lamborghini, ya decidieron encajonar la producción de unidades eléctricas, por falta de demanda (ver: https://www.wired.com/story/lamborghini-is-latest-to-pull-the-plug-on-luxury-evs/).

El vehículo fue muy demandado porque tenía buen diseño, pero como ha sucedido con muchas marcas, Tesla, entre ellas, comenzó a exhibir muchos defectos, entre los que estaban manijas de puertas que se atoraban, engranes de la caja defectuosos que mostraban que el auto estaba estacionado y que luego hacían que se moviera (¡vaya defecto!), controles remotos que dejaban de funcionar, software defectuoso que constantemente lanzaba falsas alarmas, actualizaciones del software que congelaban totalmente el funcionamiento y “que dejaban a los propietarios con carísimas, atractivas estatuas”, y baterías de doce voltios que eran las encargadas de que los autos funcionaran, o su clima, que dejaban de operar y “hasta dejaban encerrados a sus propietarios”.

Y surgieron más defectos, experimentados, incluso, a los pocas semanas o meses de adquiridos.

Como señalé arriba, es también lo que ha sucedido con los AEs de Tesla, que han mostrado distintos problemas, especialmente la Cybertruck, que se oxida, se le desprenden paneles de la carrocería o falla cuando pasa por baches llenos de agua (ver: https://www.theguardian.com/technology/2024/apr/20/cybertruck-failures-tesla-elon-musk).

Los problemas se agudizaron cuando a un propietario de uno de esos costosos, muy defectuosos autos, que circulaba en una lluviosa noche, repentinamente le comenzó a fallar todo, disminuyó la velocidad el auto, todas las luces de emergencia se prendieron y trabajosamente logró llegar a una parada de autobús y quedarse allí, parado. Como estaba lloviendo, se metió al auto, pues la grúa a la que llamó, le dijo que tardaría una hora en llegar al sitio. Pero los problemas se complicaron al extremo de que tampoco pudo abrir las puertas, pues ya nada funcionaba, ni los seguros que las trababan. Entró en pánico, porque pensó que se quedaría sin oxígeno. Con lo que le quedaba de batería de su celular, logró contactar, a través de FB, a Jens Guthe, un noruego que, como podía, trataba de aconsejar a dueños de Oceans para que salieran de aprietos en casos de emergencia. Y gracias a sus consejos, el atemorizado propietario pudo salir de su auto y esperar a la grúa.

Pronto, se establecieron grupos en FB de dueños que sufrían de los mismos defectos en sus costosos autos. Y tanto se organizaron, “que formaron una organización, la FOA, de la que Christian Fleming fue el director. En vista de que Fisker Inc. había quebrado, entre todos, se hacían juntas mensuales, coordinadas por Fleming, para ver rutas de acción a seguir”.

Y lo que hicieron fue llegar a acuerdos con Henry Fisker para que les vendiera su propiedad intelectual, sobre todo, del software que hacía funcionar a esos defectuosos autos.

Y es que ahora otro gran negocio de las automotrices es “actualizar” los softwares que hacen funcionar a los nuevos autos, sobre todo, a los eléctricos. Los han convertido en una especie de dispositivos, así como los celulares o las laptops, que se deben de actualizar. Pero si en celulares o laptops son gratuitas tales actualizaciones, en muchos de esos autos se deben de pagar mensualmente. Es decir, ahora ustedes no terminan de pagar un auto nuevo, aunque lo compren al contado, pues como un negocio adicional de las automotrices (en vista de que cada vez hay más competencia y cada año venden menos autos, incluso eléctricos), venden, forzosamente, las actualizaciones, hasta que el auto cambie de dueño. De no “actualizarse” esos autos, no seguirán funcionando. Eso lo hace Tesla, por ejemplo. Así que es un ingreso extra muy seguro.

Pero en el caso de las Ocean, muchas veces las actualizaciones las dejaban petrificadas. Por eso, la FOA casi exigió a Fisker Inc. que les vendiera la nube en donde estaba el software que hacía funcionar y actualizar a las costosas camionetas.

También se coordinaron para adquirir piezas de repuesto, coordinando con los proveedores, que estaban en Canadá, Austria, Noruega, China o Francia, en donde Fisker Inc. tenía subsidiarias. “Un cargamento de bombas de agua, casi se envía de regreso a Cina, pero se coordinaron para adquirirlo y enviarlo a bodegas en Estados Unidos”.

También comenzaron a hacer ingeniería reversible para determinar cómo se podía modificar el software de los autos y hacerlo menos susceptible a fallas. “Además, exigieron también que talleres independientes, pudieran apropiarse del software y de los planos para que pudieran saber bien cómo reparar a esos defectuosos autos”.

Una empresa de renta de autos por aplicaciones, American Lease, interfirió algo en sus planes, pues adquirió 3,300 Oceans por $46.25 millones de dólares “en alrededor de $14,000 dólares por vehículo, un gran descuento. Con eso, lo que quedó de Fisker Inc. podría cubrir los costos de los llamados masivos por partes defectuosas y el software. Y a esa empresa también le interesó hacerse de la propiedad intelectual para que no tuviera problemas, cada que sus autos fallaran”.

“American Lease se constituyó en una especie de nueva empresa a la que tenían que pagar por la propiedad intelectual de Fisker Inc. y no permitiría que la usaran, a menos que le pagaran una cuota única. Muchos, se quejaron, pero al final, aceptaron el trato, pues era ventajoso pagar una única cuota y usar la plataforma para siempre”.

De hecho, los propietarios que quieren pertenecer a la FOA deben de pagar $600 dólares anuales para recibir el respaldo de la asociación. Ya hasta el mismo Henry Fisker es miembro de la FOA “y está dispuesto a ayudarles en todo lo que esté en sus manos”.

Lo curioso es que muchos de tales propietarios “han adquirido Oceans usadas, con tal de pertenecer a la asociación, asistir a juntas y repararlas, pues dicen que es para distraerse, sobre todo los jubilados”, dice Marshall.

En fin, lo que, de todos modos están tratando de hacer los miembros de FOA, es tener el control total de la propiedad intelectual de Fisker Inc., que “American Lease no intervenga más con su lucha por el derecho a reparar”.

Y es una batalla que ya muchos otros consumidores, como fans de videojuegos, por ejemplo, o de otras marcas de vehículos, están comenzando a hacer, “tomar el control total de su software, antes  de que esas empresas los dejen sin apoyo”.

Que bueno que lo hayan hecho. Aquí, hace poco se retiraron marcas de autos chinos eléctricos, pues quebraron sus plantas matrices y ya se quedaron sin apoyo y sin asistencia técnica. Tendrían que hacer algo similar a los de FOA (ver: https://expansion.mx/empresas/2026/01/23/salida-marcas-chinas-mexico-deja-consumidores-deriva).

Y esas quiebras se deben a la brutal competencia entre fabricantes de autos eléctricos chinos, que llegó a haber hasta 500 marcas diferentes y sólo han quedado las más fuertes, unas diez, BYD entre ellas (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/10/la-saturacion-de-autos-electricos.html).

Ojalá y triunfen los de la FOA, pues sentaría precedente, que las empresas no impongan sus condiciones y que se tenga el pleno derecho a reparar individual e independientemente sus efímeros, hasta defectuosos productos.

Pero, claro, al capitalismo salvaje no le convendría, pues lo que lo sostiene, le da larga vida, es el consumismo compulsivo.

Aunque con esa imposición siga depredando y contaminando a este pobre, destruido planeta.

Y tanta destrucción, por desgracia, esa, sí, no puede repararse.

 

Contacto: studillac@hotmail.com