sábado, 14 de febrero de 2026

Un viaje por el Tren Interurbano Insurgentes

 

Un viaje por el Tren Interurbano Insurgentes

Por adán Salgado Andrade

 

Por estos días se me presentó una buena oportunidad para conocer el funcionamiento del recién inaugurado Tren Interurbano Insurgentes: visitar a unos familiares en Metepec, que es una de las estaciones del citado tren.

Quería ver si había valido la pena que hubieran retrasado tanto la costosa, corrupta “remodelación” de la Línea Uno del Metro, proyecto que había sido emprendido cuando Claudia Sheinbaum (1962) todavía era jefa de gobierno de esta aglomerada Ciudad de México. Esa “remodelación”, que se inició a mediados del 2022, prometió que toda la “remodelada” línea estaría lista para noviembre del 2023 (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/05/errores-de-diseno-y-tragedias-en-la-muy.html  

Sin embargo, no fue así. De hecho, fue hasta a finales de enero del presente año, cuando se reinauguró la estación Observatorio, pues se puso de pretexto que se conectaría de una vez con el interurbano.

Fue una mentira, ya que, como señalé, la conclusión de la “remodelación” de la Línea Uno era independiente de la otra megaobra. Además, hay que decir que las promesas de que esa línea funcionaría mejor, habría menos interrupciones en el servicio y otros inconvenientes, siguen casi iguales, pues la usé, primero, entre las doce y la una de la tarde, que no es hora, pico, digamos, y se estuvo deteniendo varios minutos en distintas estaciones. Y al regreso, entre las nueve y las diez de la noche, sucedió lo mismo. Insisto fue una mentirosa “remodelación”, además de costosísima, que elevó bastante su presupuesto inicial (https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/08/la-corrupta-remodelacion-de-la-linea-1.html).

Pero así se las gastan las “autoridades” de este país, diciendo mentiras casi siempre.

En fin, quise ver qué tan eficiente era el mencionado tren, una de tantas megaobras que se han emprendido últimamente. Porque también provocó afectaciones ecológicas a lo largo de su ruta, como el haber talado más de mil árboles (bueno, no tantos como la otra megaobra, el elefante blanco llamado Tren Maya, incosteable, que ocasionó la tala de más de ¡siete millones de árboles!) y haber dañado fuentes de agua (ver: https://www.jornada.com.mx/2018/05/14/capital/033n1cap).

Hay que decir que es un proyecto que se inició desde la administración de Enrique Peña Nieto (1966) y que salía más barato continuar su construcción que suspenderla. Y eso fue lo que finalmente se adaptó y se hizo, habiendo tenido muchos contratiempos, accidentes y oposición vecinal y ejidal (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/El_Insurgente).

Además, se elevaron bastante sus costos, estimándose que el final fue de unos $141,000 millones de pesos (ver: https://www.eluniversal.com.mx/nacion/costo-del-tren-interurbano-supera-los-100-mil-mdp-tardo-mas-de-12-anos-en-construirse-sheinbaum/).

 Se justifica que se construyó para “reducir las emisiones de CO2, así como los accidentes viales, en unos 400 anuales, pues disminuiría el tráfico” (ver: https://www.infobae.com/mexico/2024/02/16/de-caidas-de-estructuras-a-ecocidio-cuales-han-sido-los-accidentes-que-ha-tenido-el-tren-interurbano-mexico-toluca/).

Pero eso solamente sucederá sí en realidad lo logra, pues por lo que pude observar, cuando lo utilicé, el tráfico sigue igual, no hay mucha diferencia.

En fin, siguiendo con la experiencia, se buscó que fuera práctico, una extensión de la mencionada Línea Uno del Metro. El transbordo, en efecto, es bastante ágil, subiéndose un par de escaleras y luego una tercera que llega justo al anden. Se ingresa con un boleto con un código QR, cuyo precio varía, dependiendo de a dónde se vaya (a Metepec, pagué ochenta pesos) o con la tarjeta multimodal. Eso también es práctico, que se pueda usar dicha tarjeta.

Llegue al andén, en donde trenes de procedencia española son los que ofrecen el servicio. Pero en la información que encontré al respecto, se puntualiza que tales trenes fueron construidos por la empresa española CAF, en el municipio mexiquense de Huehuetoca “con trabajadores mexicanos”. Bueno, al menos no fueron poco fiables trenes chinos (ver: https://www.facebook.com/SedecoEdomex/videos/caf-es-una-empresa-ubicada-en-el-municipio-de-huehuetoca-la-cual-ha-fabricado-tr/1163637911196711/).

Ya, acomodado en mi lugar (los asientos son cuádruples, lo que es algo incómodo, pues totalmente lleno, viajaría uno con desconocidos al lado y de frente), me dispuse a “disfrutar” del viaje, que tomó casi una hora a Metepec, municipio mexiquense prácticamente conurbado con Toluca.

Como se construyó sobre cerros, además de sobre puentes, es muy alto, así que resulta muy escénico.

Lo primero que se ven son las humildes casas que pueblan la salida de Observatorio, construidas sobre cerros, muy precarias varias de ellas, endeblemente construidas.

Eso contrasta con los altos, lujosos edificios de oficinas y habitacionales que continúan, en lo que es Santa Fe, la tercera estación desde Observatorio (la primera es Vasco de Quiroga). De regreso, allí subieron muchos oficinistas, de los peyorativamente llamados Godínez, algunos de ellos aspiracionistas quienes piensan que pronto llegaran a tener una empresa propia y serán muy ricos. Se nota por las pláticas tan insulsas que sostienen, imposibles de evitar, pues hablan bastante alto.

Luego viene el primer tramo más largo, el que va a la estación Lerma, distante unos 20 minutos de Santa Fe.

En este tramo, el paisaje es más variado. En algunas partes hay más árboles, sobre todo, las cercanas a La Marquesa, ese tradicional parque natural que, por años, la gente ha visitado los fines de semana para tener algo de contacto con la Naturaleza, aunque sea de forma muy comercial, pues por todo se paga, desde el estacionamiento, la comida, los caballos, las cuatrimotos, los tours…

Sorprende que todavía haya varios árboles en las zonas que no están deforestadas, que son las más comerciales. Es un sitio todavía muy rescatable. Y es de esperarse que dure todavía unos buenos años, que no vaya a ser absorbido por la creciente mancha urbana que todo lo asimila y destruye.

Ya luego, el escenario se vuelve más plano, urbano, desolado. Es porque vamos entrando a Lerma, en donde lo que abundan son naves industriales, de todo tipo, entre unidades habitacionales. Lo que menos hay ya son árboles, uno que otro. Y tampoco ya hay muchos sembradíos, absorbidas casi todas las tierras de cultivo por la arrasadora “civilización”. Es una pena. Además, ya se percibe que el sitio está muy contaminado. Y no sólo del aire, pues seguramente tierras y ríos (si es que todavía existen), también lo están.

Por fin llegamos ya a la estación Lerma. Como les comenté, es un tramo muy largo, que incluye el paso por un largo túnel (por debajo de la llamada Sierra de las Cruces) que lleva unos cinco minutos recorrer. Como señalé, el escenario es muy cambiante en dicho tramo.

Desde Lerma, el panorama no cambia mucho, pues ya también Metepec está prácticamente conurbado con dicho municipio. Y así como van las cosas, en algún no lejano futuro, la creciente Ciudad de México se va a conurbar con esos municipios, de tal forma que se podría formar la conurbación Ciudad de México-Lerma-Metepec-Toluca. De hecho, esta megaobra sería un primer paso para hacerlo, conformar una megaurbe.

Finalmente llegué a Metepec.

Bajé del tren, salí de la estación y esperé a que me recogieran mis familiares.

Metepec, también víctima del crecimiento anárquico, centralizado, sufre los problemas de las ciudades de tamaño medio, como tráfico, construcciones de todos tipos (plazas comerciales, unidades habitacionales, comercios…) y así. De hecho, la parte original del pueblo, sería ahora el equivalente a recorrer su, digamos, Centro, como el de la Ciudad de México. Allí es donde todavía pueden verse algunas construcciones típicas de lo que fue alguna vez una zona rural, hechas de gruesas paredes de adobe encalado, o el quiosco, en el Zócalo.

La Capilla de la Virgen de los Dolores, mejor conocida como El Calvario, que data del siglo 16 es una de las iglesias típicas. Para acceder, hay que ser muy devotos, pues se deben de subir varias escalinatas, ya que está ubicada a más de veinte metros de altura (ver: https://experiencia.edomex.gob.mx/recursos_turisticos/mostrarDetalleRecursos/807).  

También hay un mercado de artesanías, sobre todo de objetos de alfarería, que es una habilidad tradicional desde la época mexica. Hay jarros, cazuelas y los famosos Árboles de la Vida, muy característicos. Sorprende que todavía se mantengan esos artesanos, a pesar de la incursión de tantas baratijas chinas que ya también se venden en otros sitios (ver: https://tradicionescultura.com.mx/2025/01/18/mercado-de-artesanias-de-metepec-entre-la-cultura-y-el-turismo/).

Pero el pueblo original es aún más antiguo. De raíces matlatzincas y otomíes, ubicado originalmente en una zona lacustre, su nombre significa, en náhuatl, “Cerro en donde hay magueyes” (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Metepec_(Estado_de_M%C3%A9xico)).

Luego, fue conquistado por los mexicas en 1477, para finalmente ser sometido por los nefastos españoles en el siglo 16, justo cuando todas nuestras desgracias comenzaron, pues se nos impuso lo que yo llamo la herencia colonial maldita, que nos legó la mayoría de los problemas que tenemos en la actualidad, como el subdesarrollo, el racismo, el servilismo, la indolencia, el guadalupanismo, el malinchismo… y muchos más.

Pero todo eso ha quedado rodeado de una creciente mancha urbana que la ha envuelto, como una enorme telaraña, que muy pronto quizá acabe con ella. Incluso allí abundan negocios nuevos, inicios de una embrionaria gentrificación, como bares y otros que nada tienen que ver con sus orígenes. Aunque subsiste un viejo establecimiento, una cantina que sirve licores hechos con hierbas que, declara en una de sus cortinas, que existe desde 1932.

Será cuestión de tiempo que surja allí una plaza comercial o algún giro que termine con lo poco que subsiste del pueblo original.

También, en el recorrido que me dieron muy amablemente mis familiares (mis sobrinos Juanito y Mirnita), pasamos por enfrente de una construcción que me dijeron que lleva años de estar allí, inconclusa. Es el llamado Edificio Miled, ubicado en la esquina de las avenidas Leona Vicario y José María Morelos. Se trata de una icónica e inconclusa estructura conocida localmente como "obra maldita". El sitio está cerrado, sin actividad alguna, “que contó con planeación de alto nivel, incluyendo un boliche de lujo en su interior”. Además, también se comenta que a los trabajadores que lo estuvieron construyendo, no se les pagaban sus salarios, “tenían que poner de su bolsillo para comprar materiales, con la promesa de que les pagarían más adelante, pero no lo hacían los dueños, pues los despedían” (ver: https://www.facebook.com/tolucalabellacd/videos/es-otra-obra-maldita-conoce-m%C3%A1s-sobre-el-interminable-edificio-miled-de-metepec-/822693669871540/).

Durante el sismo del 2020 presentó fisuras, aunque no se consideran de peligro (o sea, no está tan mal hecho) y como no tiene ninguna función, muchos claman porque se demuela, pero nada se hace. Quizá, en efecto, esté “maldito” y por eso nadie se atreva a tocarlo. “Dicen que es de lavado de dinero”, me dice mi sobrino. Y con cosas tan surrealistas que suceden en este país, es muy posible que así sea. Y por eso es “intocable”.

Comimos en un restaurante decente, con buena comida corrida, en ochenta pesos, con todo y agua y postre incluido. Un precio así ya es difícil verlo.

Y mientras comíamos, me contaron de que en el pueblo cercano de San Pedro Tlanixco, hay una mujer invidente llamada Rogelia, experta en todo tipo de hongos alucinógenos que, digamos, vende a los que se le acercan a su “consultorio”. Los tipos de hongos que proporciona son de acuerdo a la personalidad de quien los pide, luego de que ella hace varias preguntas. Una vez establecidos los hongos que la gente comerá, Rogelia se los da. Hay que acudir en ayunas, libres de estrés y prejuicios, además de estar dispuestos a “viajar”, lo que significa que nuestros sentidos se potenciarán y las sensaciones se intensificarán. Me imagino, les comento, que es como cuando hace muchos años experimenté con una pequeña porción de LSD… ¡nunca lo volví a hacer, pues fue terrible escuchar a los autos como si fueran máquinas que me iban a devorar o ver a mi pareja de entonces con una monstruosa, gigantesca cara que me iba a deshacer!…

Pero me aseguran que no es así, que es más leve, “hasta bonito, disfrutable”. Pero tiene que ser en época de lluvias. Y el mes ideal es agosto, por lo que le denominan, para la experiencia con Rogelia, que hay que acudir en “hongosto”…

Prometo que en otra ocasión, con más tiempo, disposición y en ayunas, probaré los hongos de esa sabia invidente, una María Sabina (1894-1985) de Metepec.

Finalmente el recorrido llegó a su fin.

Y a las ocho de la noche, estaba de regreso en la estación Metepec del Tren Interurbano, habiéndome dejado muy amablemente allí mis sobrinos.

Como ya estaba enterado de que no era necesario comprar boleto si contaba con mi tarjea multimodal, la recargué.

El sistema es similar al español. Se muestra tarjeta o boleto al entrar, y se abren las puertas para permitir el ingreso. Terminado el recorrido, de nuevo se muestra tarjeta o boleto. Si alguien trató de pagar menos por un recorrido mayor, las puertas no se abrirán y habrá que pagar el saldo restante. Si es con tarjeta, habrá que recargar. Y hay una máquina a un lado para hacerlo. Pero el problema es que si no hay una taquilla, en caso de haber sido boleto, no sé cómo podría hacer el “infractor” para salir. ¿Será que se quedará a dormir como castigo por haber tratado de “pasarse de listo” de pagar menos? ¿O irá a ir a la Grande?

Mi regreso ya no es escénico, pues afuera está muy obscuro y sólo se ven las luces de decenas, cientos de autos que, a pesar del tren, siguen circulando. Como dije antes, entonces, no ha reducido mucho el empleo del automóvil, que fue uno de los objetivos para construirlo.

De hecho, ni de ida, ni de regreso el tren se llena, digamos que va semilleno o semivacío, como se quiera tomar. ¿Será que tampoco vaya a dejar ganancias, como sucede con el ecocida Tren Maya, que recibe $108 pesos de subsidio por cada peso de ingresos propios? (ver: https://diario.mx/nacional/2025/jun/09/subsidian-tren-maya-en-10-mil-700-1069894.html).

Ya se verá con el transcurso de los meses, si, primero, cumple con los objetivos de reducir tráfico y accidentes y, dos, si genera recursos propios y no requiera de subsidios.

O que al final se diga que también cumple una “función social” y que funcionará subsidiado y se pagará una parte con nuestros impuestos.

Bueno, pase lo que pase, ese día sí cumplió con mi función social de visitar a mis sobrinos, sin tantas complicaciones.

Por esa circunstancia, le otorgo tres y media estrellas de cinco.

Salvo su mejor opinión, claro.

 

Contacto: studillac@hotmail.com