lunes, 1 de diciembre de 2014

Día de la Trinidad, el nacimiento de la mortífera bomba nuclear



Día de la Trinidad, el nacimiento de la mortífera bomba nuclear
Por Adán Salgado Andrade



Desde el inicio de la llamada civilización, algo que ha caracterizado a la naturaleza humana es la búsqueda de la rápida y masiva aniquilación de sus adversarios. Una excelente escena que nos permite imaginar cómo el primitivo antecesor del ser humano, cuando éste era todavía un primate semiinteligente, buscó deshacerse más rápido de sus enemigos, es la que se presenta en la parte inicial de la cinta Odisea Espacial 2001, del talentoso director Stanley Kubrick. Podemos ver a un grupo de semihombres que luchan por un pequeño lago y que inicialmente lo hacen con sus puras garras-manos. Sin embargo, con el tiempo, tras haberse topado con un metálico monolito que, se supone, les da inteligencia, uno de ellos descubre que el empleo del hueso de la pierna de un jabalí, que han cazado y engullido, puede quebrar otras partes menos duras, como el cráneo del animal. Con ese recuerdo en su memoria, en un nuevo enfrentamiento, golpea al líder de los adversarios en la cabeza con el hueso, a quien, de inmediato, deja sin sentido, en medio del agua, y lo remata con salvajes golpes. Pudiéramos pensar que esos huesos golpeadores fueron las primeras “armas” empleadas por los prehumanos.
Y es sólo un ejemplo de cómo, desde que se tiene uso de razón, lo vital ha sido, con todo lo que se va descubriendo, la inmediata creación de un arma que sirva para matar al enemigo.  Así, casi siempre la primera aplicación de los avances científicos es en la creación y fabricación de armas.
Pero es que, además, tanto las guerras, así como la fabricación de armas, siempre han sido, particularmente en el aun imperante capitalismo salvaje, muy lucrativos negocios (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2011/12/ferias-de-armas-exhibicion-de-fuerza-de.html).
Completa la bélica ecuación el hecho de que la egoísta y mezquina naturaleza humana, siempre ha buscado la autosatisfacción y perpetuación del poder, aun a costa de mantener en la zozobra, la exclusión y la miseria a millones de seres humanos. Por ello es que no es de sorprender, como señalo antes, que, entre otras infamias, las guerras se sigan promoviendo, a pesar de estar viviendo en pleno siglo 21, pues sin ellas no existiría el muy lucrativo negocio de las armas (ver:  http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/10/la-materialista-individualista-mezquina.html).
Y de ello, no hay mejor confirmación que la revisión de todos los pasmosos esfuerzos que se efectuaron para diseñar y fabricar toda la tecnología que dio luz a una de las “invenciones” más mortíferas y destructivas jamás diseñadas por el hombre antes: la bomba nuclear.
Esa mortífera aberración tecnológica, fue ideada por la apresurada medida de adelantarse a los alemanes en el desarrollo de la bomba y de contar con ella mucho antes, en caso de que se tuviera que emplear contra aquéllos para derrotarlos. Los posteriores acontecimientos dejaron muy claro que la guerra se habría ganado, como así sucedió, sin haber contado con el mortífero poder nuclear, como veremos.
La nefasta bomba nuclear, el legado más funesto de la “tecnología”, que ahora, más que nunca, constituye un aniquilador peligro mundial, fue concebida en una aislada zona rural de los Álamos, en el estado de Nuevo México. Uno de los relatos más completos sobre esa infamia humana es el libro escrito por el periodista estadounidense Lansing Lamont (1930-2013), publicado en 1965, veinte años después de aquél terrible suceso, no sólo de la invención de la bomba, sino su inmediata utilización contra un casi derrotado Japón (empleo la edición estadounidense de 1965, publicada por Signet Books).
Algo que resulta irónico es que en un inicio, el gobierno de Estados Unidos (EU),  particularmente el Pentágono, no estaba interesado en el desarrollo de la bomba, pues consideraban que era una tecnología muy difícil de lograr. Además, Franklin D. Roosevelt (1882-1945) tenía ya bastante con el manejo de la crisis provocada por los primeros acontecimientos de la segunda guerra mundial, como para estar pensando en fabricar tal cosa.
Fue un científico, Leo Szilard (1898-1964), quien le envió una carta a aquél, urgiéndolo de que EU debía desarrollar la bomba nuclear, pues temía que los alemanes y su belicismo, lo hicieran primero. De hecho, se sabía que tenían una planta en donde experimentaban con “agua fuerte”, es decir agua contaminada con radioactividad. También dos científicos alemanes, Otto Hahn (1879-1968) y Fritz Strassman (1902-1980), habían retomado un experimento realizado por el físico italiano Enrico Fermi (1901-1954), quien había logrado bombardear con neutrones el núcleo de un átomo de uranio, considerado hasta ese momento un material inexpugnable, y había obtenido varios elementos radioactivos. Los alemanes habían refinado el experimento de Fermi, bombardeando al átomo de uranio, partiéndolo en dos (fisión nuclear), con lo que habían logrado liberar la energía combinada de voltios, equivalentes a 200 millones de electrones. En proporción, ese experimento significaba la mayor explosión provocada nunca antes por el hombre. Al haber fisionado el átomo, esos “científicos” habían abierto una fuente de energía tres millones de veces mayor que la de combustión del carbón, con una fuerza explosiva 20 millones de veces mayor a la del TNT.
Lo que hizo entonces Szilard, temeroso de que los alemanes, en efecto, pudieran desarrollar muy pronto con la reacción en cadena un arma nuclear, fue urgir a Roosevelt a que dedicara EU recursos y esfuerzos para desarrollar antes dicha arma.
Ya Fermi, habiendo emigrado a EU y trabajando en la universidad de Columbia, había platicado con los militares del Pentágono de su máquina que podía partir átomos para explicarles en qué consistía la reacción en cadena, pero aquéllos, más preocupados por las estrategias militares que emplearían contra los alemanes, le habían dicho “nosotros lo llamamos”. Sí, es, como dije antes, irónico que EU no se hubiera interesado al principio en el desarrollo de la bomba.
Pero la insistencia de Szilard, quien, además, pidió apoyo nada menos que de Albert Einstein (1879-1955), su buen amigo (no se habría pensado la participación del pacifista de Einstein en eso, ¿no?), en la redacción de las cartas para Roosevelt, terminaron por convencer tanto al presidente, como a los militares de que debía de realizarse ese gran, titánico esfuerzo, como resultó ser.
Y lo que hicieron rápidamente, fue asegurar las existencias de uranio 235, U-235, pues ya Hitler había confiscado una mina de dicho mineral en la invadida Checoslovaquia, la mina Joachimsthal. Ya algunos científicos de EU que habían experimentado con la fisión nuclear, habían hallado que era más fácil fisionar el U-235, que el U-238, y este mineral, abundaba en una mina ubicada en el Congo, por entonces colonia belga. La mina, Shinkolobwe, perteneciente a la Union Minière du Haut Katanga, también empresa belga, era dirigida por  Edgar Sienger. Como Bélgica ya estaba siendo también invadida por Hitler, Sienger tuvo la audacia de enviar sigilosamente a Nueva York, 1200 toneladas de uranio en bruto de buena ley (o sea, que la piedra que lo contenía poseía mucho uranio). El cargamento se empacó en 200 contenedores de acero y fueron embarcados en un carguero que zarpó del puerto de Lobito en la Angola portuguesa, rumbo a Nueva York, en octubre de 1940. Absurdamente, como era un cargamento clandestino, tanto mineral permaneció oculto en una bodega en Staten Island durante dos años.
Eso, por supuesto, aunque era una, digamos, buena previsión, fue apenas un detalle en todo lo que se requirió para diseñar y manufacturar la bomba, una labor que necesitó tres años, entre 1942 y 1945, además de $2000 millones de dólares (mdd) de los de entonces, unos $26,000 mdd de los actuales, así como miles de “científicos”, técnicos, personal de decenas de empresas, políticos y, sobre todo, militares.
Lo primero que se buscó fue encargar a Vannevar Bush (1890-1974), ingeniero e inventor, director del Instituto Carnegie, para que coordinara y organizara el reclutamiento de las mentes más “brillantes” de la ciencia física, química y otras, para emprender lo que se bautizó como el “Proyecto Manhattan”. Bush ya coordinaba también el NDRC (National Defense Research Committee), instancia gubernamental en la que aquél administraba a más de 6000 “científicos” cuya única función era la de hallar aplicaciones tecnológicas y científicas para la fabricación de armas. De hecho, gracias a su vasta experiencia bélica Bush ya había fundado Raytheon, en 1922, empresa aun vigente, que fabrica actualmente muy mortíferas armas y es de las principales armamentistas de EU  (como señalo antes, es nefasto que la mayoría de los descubrimientos científicos, alrededor de un 80%, tengan como primera aplicación el desarrollo de armas). Por ello, no tuvo problema en hacerse de “científicos” para llevar a cabo dicho proyecto. También sirvieron para el desarrollo de la bomba las aportaciones de los ingleses, quienes a través de lo que llamaban MAUD (Military Application of Uranium Detonation), contribuyeron con algunos avances. Así, decenas de científicos ingleses emigraron a EU para incorporarse al Proyecto Manhattan, con tal de trabajar arduamente en el desarrollo de lo que se llamó en un principio, simplemente, el artefacto (entre esos afanosos científicos, se hallaba Klaus Fuchs (1911-1988), de origen alemán, quien tuvo el doble papel, tanto de brillante científico, así como de espía para la URSS. Se estima que muchos de los secretos nucleares que reveló a los soviéticos, contribuyeron para que éstos avanzaran algo más rápido en su propio desarrollo de la bomba nuclear).
Dado que se requerirían cantidades aun inestimadas de U-235, de antemano se echaron a andar todos los reactores productores de plutonio (que era el material con que se bombardearía al uranio), así como refinadores y separadores que convertirían el U-238 en U-235. O sea, que toda la infraestructura nuclear existente se ponía a disposición del desarrollo de la bomba. No sólo eso, sino que prácticamente buena parte de la maquinaria industrial estadounidense, se puso a su total, incondicional disposición, pues así de importante se consideraba el desarrollo del artefacto. Incluso, se anuló en una ocasión la entrega a Argentina, de dos barógrafos (aparatos para medir la presión atmosférica), que la única empresa que los hacía, ya se los había vendido. Una orden de los altos mandos militares, anuló el contrato. Fue más importante seguir con el desarrollo de la mortífera bomba, que cumplir con ese acuerdo comercial. ¡Así se las gastaron!   
Obviamente se requería de un militar para coordinar la acción de científicos y militares, pues, a fin de cuentas, una vez concluida la bomba nuclear, serían militares quienes la emplearían. La tarea recayó en el general brigadier Leslie Richard Groves (1986-1970), quien aunque nunca había estado en el frente de guerra, había realizado algún, digamos, “trabajo social”, como el haber reparado el sistema de agua de un pueblo en Nicaragua que había sido afectado por un temblor y otras cosas así. Pero, claro, que al embarcarse en el Proyecto Manhattan, sus tareas ya no serían de “ayuda social”, sino de exterminio nuclear.
Y lo primero que hizo, al enterarse del mineral de uranio que estaba embodegado en Nueva York, fue arreglar su compra y que se transportara lo antes posible a los sitios en donde se refinaría y separaría el U-235 del resto.
También contrató a Robert Oppenheimer (1904-1967), científico hijo de inmigrantes alemanes, para que coordinara toda la operación. Oppenheimer, junto con Fermi, habrían de ser clave en todo el proceso, tanto de investigación, así como de fabricación de muchas cosas que ni siquiera existían, tales como detonadores múltiples, que pudieran realizar explosiones en millonésimas de segundo o sofisticadas lentes explosivas. Durante su juventud, Oppenheimer simpatizó con las ideas comunistas y alguna vez, incluso, participó en alguna marcha, pero fuera de eso, se distinguía por ser totalmente apolítico. Rara vez leía el periódico y era tan desinteresado de las cuestiones importantes, que se enteró de la depresión económica de 1929 hasta meses después de iniciada. Por ello, no objetó poner sus conocimientos al servicio de la ciencia destructiva (como sucede con miles de “científicos”, cuya ética es poca o nula y no vacilan en aplicar sus ideas al desarrollo de mortíferas invenciones).
De hecho, Oppenheimer y algunos otros de tales “científicos”, ya sabían que era factible construir un artefacto nuclear explosivo, pero ignoraban, por ejemplo, cuánta cantidad de U-235 se requeriría para lograrlo. Esa sería, a partir del inicio del proyecto, la mayor incógnita, y por eso, de entrada, Oppenheimer puntualizó que se requeriría realizar una prueba, con tal de estar seguros, tanto de que la bomba explotaría, así como para medir su potencial destructivo, el que se podía calcular teóricamente, pero, en algo tan desconocido y nunca antes realizado, se insistió en que la prueba tendría que realizarse.  
También fue Oppenheimer, quien, inspirado en un poema de John Donne (poeta inglés que vivió entre 1572 y 1631), al que leía mucho, en el cual hablaba sobre la santa trinidad que formaba a Dios, urgido por Groves de que bautizara con algún nombre el estallido de prueba que se llevaría a cabo para ver si la bomba realmente explotaría, decidió llamarlo, simplemente, Trinidad, sí, la explosión nuclear de prueba se llamaría el Día de la Trinidad. Y no fue, precisamente, un bendito día cuando se efectuó.
Además, junto con Groves, Oppenheimer se dedicó empeñosamente a buscar un lugar ideal para establecer el laboratorio en donde se habría de fabricar el artefacto, así como el lugar en donde se realizaría el estallido. Se decidieron por un poco habitado estado, Nuevo México, en la frontera con México (supongo que para que estuviera lo más alejado de las ciudades y zonas más importantes de EU, con tal de que no sufrieran tanto los destructivos efectos, en caso de que el “experimento” se saliera de control). Allí, un subalterno de Groves había elegido un desolado sitio cerca de una aislada población, Jemez Springs, pero a aquél y a Oppenheimer, les pareció un lugar demasiado accidentado y difícil de acceder. En su lugar, tuvieron la desfachatez de confiscar una escuela rural, ubicada en Los Álamos, que a Oppenheimer, quien ya la conocía desde hacía algún tiempo, pues su propia familia tenía un rancho cerca, le pareció ideal. Un mes después, a finales de 1942, la Los Alamos Ranch School y sus casi 22 mil hectáreas que la rodeaban, fueron confiscadas, a pesar de las airadas protestas de su director, maestros y estudiantes, justificando que era “de vital importancia” ya que allí se construiría un sitio para probar explosivos, que en esos tiempos de guerra, era muy urgente desarrollar, con tal de emplearlos contra los nazis. Aquéllos aceptaron, tristemente resignados. También se debió lidiar con los rancheros locales a los que casi se expulsó del sitio si se negaban a “vender” sus tierras. A los más reacios a hacerlo, se les comenzó a sabotear: hallaban sus tanques de agua perforados y vacíos, sus reses muertas por disparos… sabotajes hechos por los soldados, claro. Y, a no querer, los rancheros se fueron retirando gradualmente
He aquí que, hasta en eso, no se escatimó ningún esfuerzo para la mortífera investigación nuclear, ni siquiera para pasar por encima de elementales derechos humanos, como ese, el haber confiscado una escuela que llevaba décadas asentada en ese sitio o sabotear las posesiones y animales de los rancheros. Obviamente, tampoco se informó absolutamente a nadie, pobladores cercanos, otros rancheros… a ninguna persona, lo que se haría en ese sitio, incluso a pesar de que Groves, Oppenheimer y sus secuaces estaban al tanto de que el estallido no sólo provocaría una inmediata destrucción, sino que dejaría una letal huella radioactiva, la que, de entrada, no tenían la más mínima idea de cómo se comportaría y de hacia dónde se desplazaría (de hecho, el día del estallido, se procuró que las condiciones climáticas fueran las ideales, o sea, que no lloviera, ni hubiera fuertes vientos).
Una vez establecido el sitio del laboratorio y del estallido, Oppenheimer, se dedicó a reclutar a los más afamados científicos y técnicos, muchos, amigos personales, con la finalidad de inventar y construir, prácticamente desde cero, la bomba. La forma en que los contrataban, casi era forzada, pero, además, por el carácter “súper secreto” de la operación Manhattan, sólo se les decía que se les requería para un muy importante empleo en el que trabajarían para el gobierno, pero no les daban más detalles. Lo que sí, es que les aseguraban que la tarea era vital para la paz y la libertad, no sólo de EU, sino del mundo entero. Y fue así que prácticamente a todos los que se “invitó” a trabajar en ese proyecto, aceptaron. Investigadores de las universidades de California, Minnesota, Wisconsin, Chicago, Rochester, Illinois, Stanford, Purdue, Princeton, Columbia, Harvard y hasta del MIT se dieron cita en Los Álamos. Incluso, personajes tan relevantes como Niels Bohr o hasta el mismo Albert Einstein tuvieron participación en el proyecto.
Muchos de ellos eran refugiados alemanes, judíos o italianos, huyendo de los nazis y de sus campos de concentración. Irónicamente, las duras condiciones de Los Alamos, a muchos les recordaron los terribles días que pasaron en campos de concentración (los que habían logrado huir, claro), pues, como en tales campos, el “laboratorio” estaba rodeado de alambre de púas, así como vigilado muy celosamente por armados guardias militares, que, como dije antes, imponían severas restricciones para todo, sobre esos empeñosos “hombres de ciencia” (terrible que el 80% de los aportes “científicos” tengan como primera aplicación la bélica).
También llegó personal de la Oficina de Estándares, del Instituto Carnegie, del Laboratorio de Investigación Balística de Aberdeen, Maryland, así como de firmas industriales y hospitales de Nueva York, Delaware, Saint Louis y otros puntos hacia el oeste. Nada sorprendente, es que entre las firmas industriales estuvieran nada menos que Union Carbide, du Pont o Monsanto, la que proporcionó químicos. Esta nefasta empresa después dio un giro total, para dedicarse a la creación de engendros transgénicos, como su maíz Terminator, que se ha demostrado que causa cáncer su ingestión
Y también Du Pont, actualmente, se dedica a la investigación transgénica. Así que ambas empresas, nunca han dejado de atentar contra el medio ambiente y la salud humana.
Y regresando a tantos “científicos” y personal contratado, sucedió que no sabían que, al haber aceptado, tendrían que soportar durante casi tres años, terribles condiciones laborales, en medio de un ambiente desértico y hostil, tanto, que muchos se arrepintieron de haberlo hecho. El agua escaseaba, por lo que muchas veces era difícil bañarse (a veces, debían utilizar Coca-cola para “cepillarse” los dientes, de tanto que escaseaba el agua), el calor era infernal, las viviendas pésimas, invadidas frecuentemente por fauna desértica como alacranes o culebras. La alimentación era casi toda enlatada y pocas veces fresca. Las tormentas de arena eran frecuentes… pero, además, por el aislamiento, necesidades biológicas como las sexuales, especialmente para los solteros o los que habían acudido sin su familia, eran difíciles de satisfacer, así que generalmente se hacían a “escondidas”, sobre todo mediante furtivas visitas clandestinas de los hombres a las habitaciones de las mujeres. En cierto momento se volvieron tan frecuentes esos sexuales encuentros, que uno de los generales encargados de la vigilancia de Los Álamos, llegó a prohibirlos (que después, ante las protestas de los “científicos” de que al menos eso les fuera permitido, ya que estaban tan limitados y aislados, se debió de retractar).
Sin embargo, al enlistarse, tenían que seguir hasta el final, pues, además de que debían de cumplir con un férreo contrato, como se trataba no sólo de un proyecto secreto, sino también militar, la vigilancia y el rigor eran mayores a cualquier laboratorio que se dedicara a experimentos físicos. Para esos técnicos y “científicos” (apodados allí como los “cabellos largos”), el tener que convivir con militares (apodados los “plomeros”), igualmente puso a prueba su temple, ya que hasta las cuestiones más simples, como salir del complejo que se fue armando, requería de permisos expedidos por dichos militares. De otro modo, no podían hacerlo y estaban recluidos allí, tanto ellos, como sus familias, los que las llevaron, justo como el mismo Oppenheimer, quien llevó a su esposa e hijos al lugar. De hecho, se construyó una escuela dedicada exclusivamente a los hijos del personal que allí vivía. Y también las familias debían de cumplir con rígidos protocolos de aislamiento y secrecía, amenazados en todo momento de que por ningún motivo podían revelar lo que allí veían, so pena de sanciones legales (no se les decían cuáles, pero con las amenazas bastaba).    
La urgencia por comenzar con la investigación y construcción era apremiante, pues se sabía de lo que los alemanes estaban haciendo para desarrollar la bomba nuclear. Por ejemplo, los servicios de inteligencia de los aliados, habían averiguado que aquéllos habían gastado un millón y medio de dólares en la investigación del uranio y en químicos especiales para producir plutonio. También habían invertido en ciclotrones y aparatos de alto voltaje. Además, más de la mitad de sus científicos habían sido puestos a trabajar en el proyecto, el cual se identificó mediante el código 811-RFR-111.
Tanta actividad había alarmado a los militares estadounidenses, así que el Secretario de Guerra Henry Lewis Stimson (1867-1950) informó de ello a Roosevelt, con tal de que los esfuerzos que se harían en Los Álamos para construir la bomba nuclear, se aceleraran lo más que fuera posible, para que pudieran adelantárseles a los alemanes en el empleo del temible artefacto.
Y eso del temible artefacto, era, en verdad, una verdadera preocupación para Los Alamitas, como se dio en llamar al equipo de militares, técnicos y “científicos” que fundaron en Los Alamos el laboratorio donde se haría la bomba. No tenían antecedentes reales de la magnitud explosiva y destructiva que lograrían, así que revisaron los antecedentes históricos disponibles. Uno fue la explosión del volcán que se hallaba en Krakatoa, en 1883, perteneciente a la zona vulcanológica al este de Java. El estallido del poderoso volcán dejó 36000 muertos, lanzó el equivalente a seis y medio kilómetros cúbicos de lava y piedras fundidas a la atmósfera, provocó oleajes de 15 metros que surcaron todos los océanos, llegando a lugares tan lejanos como el Cabo de Hornos, en el sur de Argentina y fue escuchado hasta casi 5000 kilómetros de distancia. Científicos estimaron que ese estallido fue equivalente a 10 mil megatones (un megatón equivale a un millón de toneladas de dinamita, así que podemos imaginar la brutal fuerza de ese estallido volcánico). El otro antecedente, digamos, que tenían los Alamitas, era que en 1917, casi al término de la primera guerra mundial, el buque Mont Blanc, que transportaba 2600 toneladas de TNT y ácido pícrico, otro explosivo usado en ese tiempo, estalló en el puerto de Halifax, en Nueva Escocia, matando 1100 personas y destruyendo poco más de cinco kilómetros cuadrados de la ciudad. La onda expansiva se sintió a más de 240 kilómetros de distancia.
Esos fueron los antecedentes explosivos de que se disponía, así que los alamitas estimaron que la bomba que ellos harían, debía de estar entre el rango de Krakatoa y Halifax, esperando que estuviera mucho más cerca del último (claro, pues si era como Krakatoa, ni ellos habrían sobrevivido. Habrían destruido EU).  
Por otro lado, a pesar de la secrecía, no pudo evitarse que se corrieran rumores de lo que se hacía en Los Alamos: que si eran colonias nudistas, que si allí vivían mujeres militares embarazadas, que campos de reclutamiento para internos republicanos, que si partes para submarinos… incluso, se dijo, muy absurdamente, que allí se construía un nuevo Vaticano, y hasta uno que otro loco hubo que se propuso para ser el Papa… pero nadie se imaginaba que allí se construiría la mortífera bomba nuclear, la que, incluso, cuando estalló el 16 de julio de 1945, exactamente a las 5:29 AM, dejó una estela radioactiva que, en efecto, afectó a mucha gente y animales, como reses y caballos, además de que dejó un enorme cráter que cristalizó el material pétreo del sitio y lo dejó radioactivo por muchos años.
De hecho, cuando fue el estallido, por todos los medios posibles, tanto el gobierno, así como los militares, no repararon en esfuerzos para censurar a periódicos o estaciones de radio que trataron de difundir de lo que sucedió, pues muchos ya tenían conocimiento de lo que se tramaba allí. La versión “oficial”, que se mantuvo por varios días, es que había estallado un depósito de potentes explosivos. No es de sorprender, pues en EU, sobre todo, muchos nefastos y hasta mortales “experimentos” se han hecho sin que los ciudadanos lo sepan, incluso siendo ellos mismos los “conejillos de indias” de tales infamias.
Como dije antes, para evitar que nada se supiera, el personal era extremadamente vigilado, incluso, se prohibía a los más importantes “científicos” hablar del proyecto con sus esposas. Así que no tenían vida social alguna y debían de entregarse, tanto en su total empeño, así como en su total secrecía a aquél.
Como medida adicional, se emplearon palabras clave para referirse a cuestiones del proyecto. Así, “tope” se refería a átomo; “bote”, a bomba; “bote tópico”, designaba a la bomba nuclear; “moda de erizo” era como se referían a la fisión del uranio; “girar” se refería a aplastar (sobre todo al deshacer los átomos); “iglú de erizo”, nombraba al isótopo de uranio (eran juegos de palabras inglesas que comenzaban con la letra inicial. Por ejemplo igloo of urchin, se refería al isotope of uranium). Para desgracia de los “científicos”, también debieron aprender ese código, so pena de amonestarlos severamente si se referían a los experimentos por sus verdaderos nombres.
Nada absolutamente de lo que ocurriera allí, tanto accidentes de trabajo, como viales, por ejemplo, podían divulgarse. Hubo algunos muertos, por la naturaleza radioactiva de los materiales que se empleaban, pero nada salió a la luz. A sus familiares sólo se les informaba de su muerte y se les entregaban los cuerpos. Así de inhumana e ilegal fue la reclusión en Los Alamos.
Como se ve, no importó nada, ni incautar escuelas, ni mantener mortales secretos, ni los muertos que dejó esa mortífera investigación. Incluso, hubo contaminación térmica de un río, el Columbia, en Hartford, Washington, debido a que “extrañas máquinas” (se trataba de los separadores del U-235) llamadas “pilas” estaban generando calor que estaba aumentando la temperatura del río. En ese entonces, Harry Truman (1884-1972), que era entonces senador (y que sucedió a Roosevelt a la muerte de éste), exigió una explicación. Stimson, el ya mencionado Secretario de Guerra, telefoneó a Truman y le dijo que se trataba de un “desarrollo muy importante y secreto”. “Usted no tiene nada más que decirme”, le replicó Truman y se acabó su intento de inspección. Pues así se las gastaron los estadounidenses, permitiendo contaminación de todo tipo, con tal de poner la “ciencia” al servicio de la industria de la muerte. No hubo consideraciones del impacto ambiental que el engendro tendría. En Los Álamos, se extinguieron a balazos los antílopes, se colocaron trampas para culebras y tarántulas… en fin,  se eliminó lo que más se pudo a cuanta fauna animal pudiera intervenir con las instalaciones, cables y todo lo que se requirió (aun así, no dejaron, por ejemplo, los operadores de los tractores, de hallar culebras enroscadas en los asientos o tarántulas en el piso. La naturaleza es perspicaz, a pesar de tanta destrucción humana).
En cuanto a la forma como se fabricaría la bomba, ya luego de muchas consideraciones, sobre todo cuando los reactores nucleares generaron suficiente plutonio, aún más raro que el U-235, se prefirió el diseño de aquélla basado en la implosión (Fat Man, como se le llamó), en lugar del diseño llamado de “pistola” (Little Boy), que era el original (de hecho, en Japón se emplearon ambos, “como prueba”. En Hiroshima se empleó la Little Boy, en tanto que en Nagasaki, la Fat Man).
En la implosión, se bombardearía simultáneamente con potentes cargas explosivas a un  núcleo de plutonio, envuelto en uranio, lo cual lograría, como así fue, la desintegración de dicho plutonio, generando la brutal fuerza explosiva tan ansiada por “científicos” y militares. Por eso la parte más complicada y difícil fue lograr que esos detonadores funcionaran en milésimas de segundo y simultáneamente. La “solución” fue el empleo de lentes explosivas, las que actuarían como una especie de lupas, que dirigirían la explosión hacia el núcleo de plutonio (el diseño de pistola era “más simple”, pero igualmente letal, consistiendo simplemente en bombardear con potentes explosivos convencionales un núcleo de U-235).
Justo la construcción de tales detonadores, fue lo más laborioso y frecuentemente eran rechazados pues contaban con microscópicas imperfecciones que habrían impedido su “buen” funcionamiento.
Y ya antes del primer ensayo nuclear de la historia, un destructor fue cargado con las piezas para que se ensamblaran las bombas que se emplearían contra Japón… en caso de que diera buen resultado tal ensayo.
De hecho, se consideraron cuatro escenarios posibles durante la prueba, los cuales se reportarían en un parte de prensa (se asignó a un reportero oficial, que se encargaría de la crónica periodística: William L Laurence (1888-1977), del The New York Times, quien ya había ganado un premio Pulitzer por su trabajo periodístico y lo volvió a ganar por su crónica del horror nuclear). Según resultara el ensayo, se reportaría que:
1. “Una fuerte explosión fue reportada hoy. No hubo daño materiales, ni pérdidas de vidas humanas”.
2. “Una extraordinariamente fuerte explosión fue reportada hoy. Hubo algunos daños materiales, pero no hubo pérdida de vidas humanas”.
3. “Una violenta explosión ocurrió hoy, resultando considerables daños materiales y algunas víctimas mortales”.
4. “Una gigantesca explosión tuvo lugar hoy, resultando en grandes daños materiales y gran pérdida de vidas”.
Obviamente, no se consideró ningún reporte, en caso de que el ensayo concluyera con un rotundo fracaso.
Y lo que no se señaló en el reporte final fue que, aunque no hubo daños materiales, tanto durante la construcción de la bomba, así como por los efectos radioactivos, hubo varios muertos, pues, como ya señalé antes, el manejo de sustancias altamente radioactivas, ocasionó que varios de los “científicos” y técnicos enfermaran (Fermi murió de cáncer estomacal, ocasionado porque durante los “experimentos” estuvo en contacto con sustancias radioactivas).
Por ejemplo, una de las fases más críticas, el ensamble de la bomba, se hacía en el lugar más apartado de los Álamos, llamado Omega. Allí, con un aparato llamado la “guillotina”, se llevaba a cabo la operación llamada “rozándole la cola al dragón”. Se cortaba un disco de uranio con dicha guillotina y se deslizaba hacia abajo, hasta colocarlo en el centro, justo, de otro disco. El proceso producía turbulencias, debido a que pequeñas reacciones en cadena ocurrían, liberando rocíos de neutrones que los científicos medían. Esas emanaciones radioactivas dañaron la salud de varios de los experimentadores, y antes de que finalizara el año, cobró algunas vidas, como la de Harry Daghlian (1921-1945), quien falleció el 21 de agosto, poco más de un mes después del estallido de prueba. Fue tan dramática su muerte, que los doctores tomaron fotos de su condición: sus manos se le hincharon increíblemente y la piel se le caía a pedazos de su cuerpo. Así sucedió con otros “científicos”.
Tantos “experimentos” y manejo de mortíferas sustancias radioactivas, contaminaron con radioactividad el terreno circundante, pero hasta eso se consideró como el inevitable “necesario costo” que se tenía que asumir, con tal de llevar a la luz al engendro atómico.
Con todo, a pesar de tanta seguridad y secrecía, hubo crasos errores, como aquél que contempló las frecuencias radiales, cuando los pilotos encargados de volar los aviones B-29 que se emplearían para arrojar las bombas atómicas sobre Japón, se dieron cuenta, para su horror, que la banda de radio con la que se comunicaban con la base en Los Álamos, era la misma de la estación de radio pública “La voz de América”, así que cualquiera que sintonizara dicha estación, podía escuchar la conversación de aquéllos. Ese “error” nunca se arregló, y lo único que se hizo fue cambiar la frecuencia de FM que empleaban los alamitas.
Más que temer, en caso de que algo saliera mal, por las vidas de los rancheros y sus ganados cercanos, temían los alamitas que se produjera una inversión y toda la nube radioactiva cayera en el campamento.
A pesar de todos los efectos que el estallido pudiera ocasionar, tanto en los alamitas, como en las poblaciones cercanas, el 16 de julio de 1945, como ya señalé, exactamente a las 5:29 horas de una clara mañana (habían esperado hasta que hubiera buen tiempo, pues los días previos habían sido lluviosos y con fuertes vientos) fue detonada la mortífera bomba. Tenían los alamitas, además, la exigencia de que la “prueba” debía realizarse antes de la reunión que Truman, ya presidente sustituto del fallecido Roosevelt, sostendría en Potsdam, capital del estado alemán de Brandemburgo (la derrotada Alemania sirvió para esa reunión), con  Joseph Stalin (1878-1953) y Winston Churchill (1874-1965). Truman no deseaba hacer partícipes a los soviéticos de lo que estaba EU preparando, la bomba, y tampoco quería compartir con ellos el “terrible secreto atómico”. De hecho, se considera que fue gracias a los espías que informaban a la URSS que los soviéticos, más pronto de lo que hubieran imaginado los estadounidenses, desarrollaron también la letal bomba nuclear. Entre tales espías estaban el ya mencionado Klaus Fuchs, David Greenglass (1922-2014), su hermana, Ethel Rosemberg (1915-1953), y el esposo de ésta, Julius Rosemberg (1918-1953. Ethel y Julius fueron electrocutados por “traición a la patria”. Se considera que su ejecución fue un exceso y, más bien, su muerte se debió a los enfrentamientos que la confrontación entre EU y la URSS ocasionaron durante los años de la llamada guerra fría). Los espías soviéticos a quienes todos aquéllos informaban fueron Anatoli Yakovlev (1913-1993), quien se desempeñaba como cónsul general de la URSS en Nueva York, así como Alexander Feklisov (1914-2007), quien trabajaba para la KGB.  
Pues bien, a pocos segundos del brutal, destructivo estallido, se formó un temible hongo de fuego que obscureció el sitio, con miles de cenizas y polvo radioactivo, varios kilómetros a la redonda.
Excitados por su demencial “triunfo”, varios “científicos” se quitaron los lentes protectores y quedaron ciegos. Fermi calculó que su fuerza destructiva fue equivalente a veinte mil toneladas de TNT. Así iniciaba la mortífera, infame y absurda “era nuclear”.
La bomba de cinco toneladas de peso había sido montada sobre una torre metálica de treinta metros de altura que se evaporizó instantáneamente y un cráter de 360 metros de diámetro y una profundidad de siete y medio metros al centro, había quedado, cubierto por arena fundida en perlas, las que tomaron un tono verde jade, por lo que fueron bautizadas como trinititas. Los efectos radioactivos duraron años en desvanecerse.    
Lo que más temían los alamitas, que hubiera una inversión de vientos y la nube radioactiva cayera en Los Álamos, para su, digamos, “buena suerte”, no fue así y dicha nube se esparció sobre pueblos cercanos, ranchos y ganado, sin que la gente lo supiera. Eso fue, en realidad, un acto criminal, pero Groves, a pesar de que tanta gente se había afectado por los efectos radioactivos, no permitió que se difundiera lo que había sucedido. Muy pronto los rancheros reportaron que su ganado comenzó a perder pelo y las personas comenzaron a presentar también problemas en la piel, así como pulmonares, digestivos, circulatorios y metabólicos, por los efectos de la radiación, que en algunos sitios llegó a 35 roentgen, altísimos y mortales (un roentgen es la medida que determina la exposición a la radioactividad. Soportamos, normalmente, cuando mucho 200 miliroentgen al año).   
Sin embargo, las enfermedades, mortales algunas, que se dieron en gente y animales, no pudieron ocultarse y una lluvia de demandas siguieron durante meses y hasta años.
Bueno, y hasta allí, no habría habido mayor problema, excepto porque al ser exitoso el estallido, no se dudó en emplearlo contra Japón, a pesar de que el 13 de julio del mismo año, 1945, 500 bombarderos habían destruido con miles de bombas incendiarias, más de la mitad de varias ciudades de dicho país, Tokio, entre ellas. Esas tres mil bombas que se emplearon representaron menos de un sexto de la letalidad de la bomba nuclear que se arrojó en Hiroshima.
Incluso militares como Eisenhower (1890-1969) y George Marshall (1880-1959), se opusieron al empleo del mortífero artefacto, pues Japón, consideraban, estaba ya prácticamente derrotado. También varios científicos conscientes del temible poder nuclear estuvieron en contra de que se empleara, entre ellos, el ya mencionado Leo Szilard.
Sin embargo, se utilizó la bomba, y la saña con que actuaron los militares y “científicos” a favor de que se usara, fue desmedida, pues, en primer lugar, el “ultimátum” dado a Japón, de sólo tres días, fue tan rápido, que ni tiempo les dio a militares y autoridades japonesas de considerarlo. Ya el barco militar Indianápolis, que transportaba las bombas nucleares que serían arrojadas sobre Japón, había arribado a la isla de Tinian y estaba listo. Sólo faltaba recibir la orden, que se dio en la mañana del 6 de agosto de 1945. El bombardero B-29, bautizado como Enola Gay, piloteado por Paul Tibbets, partió de dicha isla hacia Hiroshima, en donde fue arrojada la bomba Little Boy, del diseño tipo gatillo, menos potente que la Fat Man, que era de implosión. Esa bomba, la Little Boy, dejó 78,000 muertos, cientos de heridos y destruyó tres quintas partes de la ciudad.
Casi sin dar un aviso preventivo de que se emplearía otra bomba, se usó una segunda, la Fat Man, sobre Nagasaki. El B-29, bautizado como Bock’s Car, piloteado por Charles Sweeney, arrojó el mortífero artefacto a las 12:01 horas del 9 de agosto de 1945.  Aquí, hubo 100,000 muertos, cientos de desaparecidos (los desafortunados que estuvieron en contacto con el infernal hongo atómico) y dejó un cráter de casi 65 hectáreas de extensión, borrando del mapa a cientos de edificios, casas, escuelas, iglesias… doce horas después, lo que quedó de Nagasaki, aún ardía y las densas columnas de ocre humo podían verse por pilotos a 320 kilómetros de distancia.
En conjunto, las dos bombas dejaron más de 180 mil muertos inmediatos y se calcula que otras 247 mil personas fueron muriendo con el transcurso de los meses y los años, pues luego de diez, seguían muriendo japoneses, a consecuencia de las enfermedades degenerativas ocasionadas por la radioactividad. A la fecha, aún persisten males genéticos por causa de tal infamia. Si vemos las imágenes de la destrucción, son pasmosas, pues fueron, literalmente, borradas del mapa vastas zonas de ambas ciudades. Las bombas fueron detonadas a bastante altura, porque, de acuerdo con la “prueba” efectuada en Trinidad, a mayor altura, mayor poder destructivo
La única “consideración” que se tuvo fue la de no bombardear Kioto, pues se le tenía como la capital cultural y más antigua de Japón, ¡vaya magnanimidad!
En el libro “La Campana de Nagasaki” (Editorial Oberón, 1956), se dan testimonios del terror que experimentaron los sobrevivientes, antes y después del estallido nuclear. Fue escrito por el doctor Paulo Takashi Nagai, uno de tales sobrevivientes, quien a los pocos años, en 1951, también moriría a causa de la leucemia ocasionada por estar en contacto con las nubes y los enfermos radioactivos. El título se debe a que la campana de la catedral de Urakami fue desprendida violentamente por la explosión de su atrio, pero fue hallada en perfectas condiciones por un grupo de personas que la colocaron de nuevo en su sitio y usaron su tañido como esperanzadora energía para seguir adelante (posiblemente el tesón de los japoneses, los impulsó a continuar viviendo y reconstruir todas sus arrasadas ciudades).
Uno de tantos testimonios es el siguiente, del señor Chimoto, que estaba cortando pasto, sobre la colina del cerro Kawahira, a buena distancia del impacto principal de la bomba, quien se arrojó al suelo al ver un B-29 arrojar un artefacto: “…Eché cuerpo a tierra. Cinco, diez, veinte segundos. Un minuto, tal vez. Transcurrió bastante tiempo, mientras trataba de contener la respiración. Un destello me deslumbró repentinamente. Fue un enorme resplandor, más poderoso que la luz del día, pero no oí ningún ruido. Levanté temeroso la cabeza. El objeto había caído en Urakami. Por encima de la iglesia de este distrito y en sus cercanías flotaba una enorme masa de humo blanco que se iba extendiendo exageradamente. Pero lo que me sorprendió más fue el ver una ola que con fuerza incontenible venía abalanzándose desde las colinas y laderas de Urakami y que nacía debajo de la nube de humo. La ola derribaba cuanto encontraba a su paso, como piezas de ajedrez: estallaban las casas, volaban los árboles y arrasaba y quemaba las plantas, y mataba todo lo vivo. La demoniaca ola seguía avanzando desenfrenadamente, y mientras yo trataba de hacer algo ante el inminente peligro, la ola ya había arrasado el bosque que rodeaba a la montaña que tenía al alcance de mis ojos y subía por las laderas del cerro Kawahira”.
A pesar de que el señor Chimoto trató de esconderse en una zanja, la tremenda presión del aire, provocada por la explosión, lo sacó de la zanja y lo arrojó cinco metros adelante, hasta que fue detenido por el muro del jardín de su vecino. De la vegetación cercana, sólo quedaban restos de árboles derribados y plantas arrancadas. Tal fue la terrible fuerza de las abominaciones creadas por los alamitas.
También se emplea, como “justificación”, que la invasión a Japón (que ya estaba prácticamente derrotado, hay que aclarar), habría costado medio millón de vidas de soldados estadounidenses. A la fecha, no existe ninguna prueba de que eso habría realmente ocurrido.  
Y a pesar de tanta destrucción, ni Fermi, ni Oppenheimer, los principales artífices de la bomba, aunque tuvieron algún escozor de remordimiento, no se arrepintieron de que se hubiera empleado contra Japón. Según ellos, y muchos otros, como militares y el propio Truman, si ese infernal invento garantizaba en adelante la “paz duradera”, se daban por bien servidos. Vaya aberración, pues, al contrario, nunca ha dejado de haber guerras y la latente amenaza nuclear sigue allí, incluso en sus aplicaciones “pacíficas”, como los peligrosos reactores nucleares, de los que muchos países se valen para generar electricidad. Son, en conjunto con el arsenal nuclear, bombas de tiempo, como el estallido del reactor de Chernóbil, por ejemplo (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/07/el-mortifero-legado-nuclear.html).
La soberbia actitud de esos “científicos” les valió recriminaciones. A Fermi, su hermana le dijo que “sólo Dios puede juzgar tu moralidad”.
Igualmente, Oppenheimer fue criticado por familiares y amigos muy cercanos, muchos de los cuales se arrepintieron de haberlo tenido alguna vez de invitado en sus casas.
Y de nada le valió a Oppenheimer su entrega en construir tan mortífero artefacto, ni estar completamente de acuerdo en su empleo, pues un juzgado lo acusó de que por su falta de cuidado, se había fugado el secreto atómico con espías como Klaus Fuchs, lo que había facilitado que la URSS desarrollara también, muy rápido, la bomba atómica. Irónicamente, EU deseaba guardar para siempre en secreto el mortífero poder nuclear, pero cuando se enteraron en agosto de 1949, de que los soviéticos habían detonado una bomba nuclear, Truman ordenó que Los Álamos continuara con su letal producción de bombas nucleares, con lo que dio inicio la guerra fría, absurdo periodo en que la “superioridad” militar de uno u otro país, URSS vs. EU, consistió en ver quién de los dos tenía más armas nucleares. Estúpida confrontación, pues una guerra nuclear, incluso a escala local, dañaría severamente a todo el planeta. Se han hecho simulaciones computacionales para ver qué efectos tendría una guerra nuclear entre la India y Pakistán y los efectos al planeta durarían años, como una nube radioactiva que alteraría el clima, más de lo que ya está, y disminuiría la entrada de luz solar, además de que los efectos de tal nube durarían años y ocasionarían millones de muertos en todos los países (ver: http://www.argenpress.info/2014/07/como-seria-el-mundo-despues-de-una.html).
Y es un latente peligro, pues las bombas existentes, alrededor de 16300, bastarían para destruir varias veces el planeta (ver: http://www.argenpress.info/2014/10/la-agresiva-politica-de-estados-unidos.html).
Oppenheimer fue vetado por algún tiempo de sus funciones “científicas”, hasta que, años después, durante la presidencia de Lyndon B. Johnson (1908-1973), se le “premiaron” sus (inmorales) esfuerzos.
Los Álamos, merced a la carrera armamentista nuclear, tomó nuevos bríos y siguió funcionando como el sitio en donde, a partir de entonces, se construyeron miles de bombas.
Como habría resultado muy caro e inútil dedicar Los Álamos sólo para fabricar bombas nucleares, sobre todo cuando la guerra fría terminó, se le han ido dando, desde entonces, otros usos (pues, además, resulta costoso su sostenimiento y poco justificable, más aún, cuando ha habido “accidentes” y fugas de informes secretos).
Uno de tales usos, es que se encarga de dar, digamos, mantenimiento a los artefactos nucleares existentes, mediante simulaciones de computadoras, pues, supuestamente, los ensayos nucleares ya están prohibidos desde hace años, pero también es para ver su vida útil, pues muchos de sus componentes podrían reaccionar al tiempo y a la corrosión, así que tales bombas podrían ¡estallar solas! ¡Vaya latente peligro!
De hecho, los países nucleares, EU, Inglaterra, Francia, Israel, Rusia, China, India, Pakistán y Corea del Norte, gastan millones de dólares anualmente, a pesar de la crisis económica, para “dar mantenimiento”, modernizar e, incluso, fabricar más armas nucleares, no bastando con las miles que ya poseen (ver: http://www.argenpress.info/2014/11/los-recortes-no-afectan-las-armas.html).
Pero también se ha encargado Los Álamos de llevar a cabo algunos proyectos de investigación médica, tales como el desarrollo actualmente de tres vacunas contra el VIH y cosas así, sobre todo porque pueden alquilarse algunas de sus instalaciones para ciertas investigaciones (ver: http://en.wikipedia.org/wiki/Los_Alamos_National_Laboratory).
De todos modos, el inicial, mortífero legado que se creó en Los Álamos, sigue muy vigente, por desgracia.  
Señala Lamont, al respecto que “Los ocupados científicos habían restablecido a Los Álamos como el principal centro para el desarrollo de armas atómicas. Más del 90 por ciento del arsenal nuclear surgió de sus laboratorios. Sus 13 mil habitantes pescaban, jugaban golf, procreaban, iban a la iglesia, se preocupaban por sus escuelas y continuaron haciendo suficientes bombas como para incinerar su estilo de vida y el de todo el planeta en un instante”.
Desafortunadamente es una amenaza que, a 69 años de creada, está cada vez más cerca y latente de destruirnos, junto con el planeta.

Contacto: studillac@hotmail.com

domingo, 12 de octubre de 2014

La materialista, individualista, mezquina y egoísta naturaleza humana



La materialista, individualista, mezquina y egoísta naturaleza humana
Por Adán Salgado Andrade

Oscar Lewis (1914-1970) fue un antropólogo estadounidense muy conocido por sus trabajos sobre la pobreza. Según él, la precariedad provoca deshumanizados comportamientos sociales. Algo que denominaba “cultura de la pobreza”. Quizá una de sus obras más conocidas sea “Los hijos de Sánchez”, en la cual se refiere a los infortunios de una familia mexicana asentada en los empobrecidos barrios de la ciudad de México de los 1950’s, específicamente en Tepito. Retrata Lewis todo lo que sucedía entre hacinados personajes, habitando en las llamadas “vecindades”, las carencias con que vivían, la promiscuidad, la falta de valores y otras anomias.
En otro libro, “La vida”, refiere la existencia de puertorriqueños pobres viviendo en Estados Unidos (EU), tales como prostitutas, ladrones y otros personajes del llamado “bajo mundo”.
Sin embargo, muchas de las características negativas de su denominada “cultura de la pobreza”, no sólo se circunscriben al nivel social de los pobres, sino que son generalizables a toda la estirpe humana. Son, digamos, intrínsecos a hombres y mujeres de todo el mundo, en unos más, en otros, menos, pero están presentes. Y, contrario a lo que afirmaba Lewis, al crecer en poder y dinero la gente, se agudizan tales negativas características.
Extrañamente, Lewis nunca realizó estudios dentro de los EU sobre los estadounidenses pobres, quizá para no afectar la imagen de país “rico” que tenía su país, sobre todo cuando el llamado American Dream pareció mostrar que el bienestar logrado por el capitalismo era permanente y a prueba de fallas, pero si lo hubiera hecho, habría escrito también sobre la marcada carencia de valores en EU que, como señalo antes, se extiende a la sociedad mundial y no es sólo típica de la pauperizada población.
Precisamente hay autores estadounidenses que, justo, a pesar de la  panacea que pareció mostrar el Sueño Americano, se atrevieron a desafiar que todo en EU fuera, si no perfecto, sí, algo cercano a la utópica “sociedad ideal”. Realmente Lewis pudo haber analizado en su país el bajo comportamiento social que se da en todos los niveles, no sólo en los estratos pobres. Mezquindad, egoísmo, ruindad, deshumanización… entre otras negativas facetas son características inherentes al ser humano, pero que dentro de la materialista, individualista sociedad que el capitalismo salvaje nos ha impuesto, se acentúan aún más.
Ya me he referido en otro artículo a Sinclair Lewis (1885-1951), agudo escritor, muy crítico del sistema de vida estadounidense, quien, al ser galardonado con el Premio Nobel de literatura en 1930, dijo que “En Estados Unidos, muchos de nosotros, no sólo los lectores, sino los escritores, aun tememos cualquier literatura que no sea aquélla que sólo sea la glorificación de todo lo estadounidense, una glorificación de nuestras faltas y también de nuestras virtudes. Pero Estados Unidos es uno de los países más contradictorios, depresivos y convulsos de cualquier otra tierra que exista en el mundo hoy día. Nuestros profesores prefieren solamente una literatura que sea clara, fría, pura y terriblemente muerta”. Justamente Lewis era muy criticado por sus novelas, como la de “Elmer Gantry”, en la que se refiere a un mediocre personaje, Gantry, que acoge la religión tan sólo como una manera fácil de enriquecerse, aunque para ello simulara buen comportamiento y que poseía grandes valores, pero que, en el fondo, era un explotador de las conciencias y un mercenario religioso, que no dudaba en hacer lo que fuera, aún siendo reprobable y perverso, con tal de lograr sus materialistas fines (ver:  http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/06/sinclair-lewis-y-su-acerrima-critica-la.html).
Al hurgar en una colección de libros heredados de mi padre, hallé hace poco a una olvidada autora que muchos compararon, en su momento, con Sinclair Lewis, sobre todo por la crudeza y mordacidad de una de sus novelas más famosas y críticas de la sociedad estadounidense de su tiempo (y al leer dicha obra, se puede ver que los problemas relatados continúan o han crecido en nuestros días). Me refiero a la escritora Grace Metalious (1924-1964), quien a pesar de su corta existencia convulsionó a los EU cuando publicó, en 1956, su novela “Peyton Place”, su mejor trabajo.
Ubicada entre 1937 y 1945, la obra narra, como señalé antes, eventos que causaron furor, sobre todo porque su crudeza escandalizó las conciencias de millones de estadounidenses que querían, obtusamente, suponer que situaciones como las que describe Metalious no podían o no debían suceder en su país.
De hecho, fueron eventos que realmente sucedieron, pero que la autora se cuidó de disimular muy bien, con tal de no dar lugar a protestas y demandas, comenzando por el nombre del “ficticio” pueblo en donde se dieron, Peyton Place, al cual, incluso, le armó toda una leyenda, describiendo que así se llamaba en honor a un esclavo negro, Samuel Peyton, quien había logrado huir de sus amos y que había escapado a Europa, a Francia, en donde había hecho una gran fortuna. Regresó a EU, casado con una bella dama de alcurnia, se construyó un castillo y allí vivió el resto de sus días. Previamente, debió sufrir la muerte de su esposa, lo que lo dejó muy deprimido. Antes de morir él mismo, heredó a los lugareños y autoridades locales todas sus vastas tierras, con la condición de que su castillo se preservara y se llamara al sitio “Peyton Place”, en su honor.
Y en ese sitio, Metalious ubica crudas historias, que tomaban lugar tanto en los pobres suburbios del pueblo, como entre las “clases acomodadas” de la rural población. Describe las promiscuas vidas que llevaban los pobres, tales como un padre violador de su hija, un grupo de alcohólicos que se la pasaban semanas tomando, encerrados en sótanos, hasta que muchos de ellos morían por congestión etílica (quizá Metalious misma se reflejara en esas escenas de la novela, pues ella era fuerte bebedora, muriendo justo de una aguda cirrosis), la vida del rico que manejaba el pueblo a su antojo y que poseía los negocios más prósperos del lugar, como el aserradero, en donde prohibía a sus trabajadores formar cualquier tipo de organización sindical, so pena de despedirlos en el acto. Habla sobre el hijo de este rico, que embarazó una muchacha y pidió a su padre que lo desembarazara de tenerse que casar, arreglando con falsos testigos que había sido “víctima” de una chica fácil y que también logra evadir enrolarse en el ejército para irse al frente, durante la segunda guerra, alegando que desarrollaba labores “estratégicas” para el país, lo cual era, claro, mentira. Se refiere a un borracho, convertido en pastor por absurdos “milagros” (balbuceó incoherencias dentro de una iglesia, al estar sumamente borracho, que la gente tomó como “palabras y profecías divinas”). O describe el caso de una mujer que debió falsificar el nacimiento de su única hija y que se creó una historia de repentina viudez, con tal de que la gente no hiciera chismes ni burlas de su vida. Describe perfectamente un parricidio por parte de una chica maltratada y violada por su padrastro, la que es llevada a juicio, pero exonerada al comprobarse que su padrastro, el asesinado por ella, la había violado incontables veces, incluso, embarazándola (el doctor del pueblo la ayuda a abortar, a pesar de que era un delito castigado entonces con cárcel). Relata el caso de un matrimonio arreglado por conveniencia (una joven mujer que, aconsejada por su joven novio, se “casa” con un anciano médico, al que precipita hacia su muerte por suicidio por sus infidelidades, con tal de quedarse con su herencia: su casa y cientos de miles de dólares en el banco). Narra los juicios arreglados con tal de no pagar justa indemnización a una joven que perdió el brazo en un juego mecánico de una feria, cuyo propietario también era el rico del pueblo y que compró a cuanto testigo pudo, con tal de pagar una bicoca a la chica, pues alegaron en su contra que andaba “husmeando” fuera de las áreas permitidas del juego mecánico (una casa embrujada). Y describe muy bien a los ancianos quienes, por única diversión, hablaban y juzgaban a todo mundo… y así. Incluso, la maestra del pueblo, razona que de nada sirve que muchos de sus estudiantes vayan a la escuela, si su futuro va a ser como simples y pobres trabajadores de ese pueblo o de otro sitio y muy pocos tendrán, en efecto, la oportunidad de salir de ese nada promisorio porvenir.
Al leer la novela, no se dejan de ver las similitudes que no sólo con la actualidad, sino con problemas que no se limitan a la vida pueblerina, se pueden trazar.
Además, es importante recalcar la trascendencia que la literatura de denuncia tiene, pues refleja, como señalo arriba, la naturaleza materialista, individualista, violenta, mezquina y egoísta, que entre otras negativas “cualidades” posee el ser humano, las que sólo con un sensibilizador proceso pueden, si no anularse del todo, sí, mitigarse.
Un primer aspecto de comparación es sobre los pobres de los que habla la autora, a los que muchos consideraban una carga. Pues bien, en EU, actualmente, ya poco más de la mitad de estadounidenses viven de vales para comida del gobierno, así como que habitan en sitios asistenciales, como casas-hogar, los más afortunados, pues muchos viven en la calle, en alcantarillas, o en bosques. El proceso de pauperización es brutal, a pesar de ser EU el centro del capitalismo salvaje mundial, el que lo defiende a ultranza. De acuerdo con estudios recientes, EU está regresando a los niveles de concentración de la riqueza que había en el siglo 19, cuando unos cuantos millonarios, como Jay Gould, el magnate ferroviario, o los Rockefeller, que no constituían más del 1% de la población, controlaban más de un tercio de la economía (ver:  http://www.jornada.unam.mx/2014/04/28/opinion/032o1mun).
Aún así, muchos republicanos, principalmente, están en contra de que se siga ayudando a los pobres y han buscado recortes, sobre todo en vales de comida. Ese es un miserable comportamiento. En la novela de Metalious, muchos de los habitantes clasemedieros de Peyton Place pugnaban porque se expulsara a los pobres que vivían a las orillas, pues daban, decían, un “mal aspecto”, viviendo en sus “chozas”, construidas con cartón y otros endebles materiales. Alegaban, los más molestos, que si se les permitía seguir viviendo así, incluso se les hacía un mal. Eso recuerda los planteamientos de Thomas Malthus, quien proclamaba que darles salarios altos a los pobres favorecía que se reprodujeran aún más y eso crearía sobrepoblación, la que, según él, crecía exponencialmente, en tanto que la producción de alimentos lo hacía aritméticamente, por lo que habría muy pronto una catástrofe, conocida como la “catástrofe malthusiana”, justo en “honor” a esos absurdos “principios”. Entonces, concluía Malthus, era mejor dar salarios muy bajos a los pobres, para que, casi, casi, se murieran de hambre.
Vemos el paralelismo de los mafiosos “congresistas” estadounidenses con tales ideas, sobre todo los republicanos, quienes alegan, para recortar la ayuda alimentaria que, en realidad, es una afectación y que ese dinero, bien puede emplearse para “crear empleos”. Sin embargo, lo que no consideran es que la pobreza en el capitalismo salvaje ya es endémica, es una condición propia de ese contradictorio sistema, que cada vez crea menos empleos y concentra más la riqueza. De hecho, se han reducido los gastos sociales de todo, además de los vales de comida, como en educación, salud, programas gubernamentales… y otros, pues no se considera que los pobres sean prioritarios. Así, más de dos mil millones de seres humanos padecen hambre y deben de sobrevivir con menos de un dólar por día. Mientras tanto, el 1% de la población disfruta de muy suntuosos, obscenos estilos de vida. Son quienes compiten cada año por mostrar quién tiene la mayor fortuna y puede figurar entre los mil más ricos de Forbes o Fortune. Precisamente para que ellos existan, es que debe de haber tanta pobreza y miseria en el planeta, es una ley natural del capitalismo salvaje.
Eso lo observamos por estos días, cuando la epidemia de ébola está pegando muy fuerte en Liberia, un empobrecido país africano, así como en Nigeria y el Congo, que ya presentan casos de contagio y muertes. Claro, como se trata de pobres, más aún, africanos, para qué atenderlos, para qué ocuparse o preocuparse por tener una vacuna lista. Y si algunos esfuerzos internacionales se están haciendo ya, es porque esa mortal enfermedad, que se contagia tan fácilmente (con fluidos corporales), se está convirtiendo en un problema mundial (ver: http://www.jornada.unam.mx/2014/09/10/sociedad/042n1soc).
Simulaciones matemáticas muestran que los contagios pueden llegar a más de un millón y medio de aquí a enero del 2015. Por eso es que Cuba está enviando médicos y enfermeras. EU, por su parte, símbolo de fuerza, está enviando mariners, ¿¡para qué!?, nos preguntaríamos, ¿¡para matar a los contagiados y evitar que sigan contagiando!?   
Otro mezquino aspecto de la realidad mundial es la discriminación, que, a pesar de estar en pleno siglo 21, en lugar de disminuir, tiende a crecer. Particularmente en EU es terrible que aún haya crímenes motivados por la raza. Mucho tiene que ver el aberrante legado esclavista que ha dejado hondas huellas en la historia estadounidense
Por ejemplo, sigue habiendo jóvenes afroestadounidenses asesinados por criminales “policías” blancos, tan sólo por ser “sospechosos”, como uno de los más recientes, el de  Michael Brown, joven negro de 17 años, a manos de un policía blanco, Darren Wilson (ver: http://en.wikipedia.org/wiki/Shooting_of_Michael_Brown).
Lo peor es que a esos “policías” no les hacen nada, pues alegan defensa propia. Así ocurrió en un asesinato, aun más cercano, en Misuri, el Vonderrit Myers, otro joven afroestadounidense de sólo 17 años de edad, también asesinado por un policía blanco, quien alega que Myers le disparó. Sin embargo, testigos afirman que Myers iba desarmado
Agreguemos a eso los casos de brutalidad policiaca en EU, que son muy frecuentes contra afroestadounidenses o latinos. Hace poco se hizo viral un video en donde un par de energúmenos policías de Nueva York le están propinando una golpiza a un afroestadounidense sólo porque, según ellos, estaba “fumando marihuana” (ver: http://www.nydailynews.com/new-york/nyc-crime/brooklyn-suspended-pistol-whipping-teen-article-1.1965977).
En otro más, también “policías” de Nueva York, golpean a una mujer colombiana embarazada, sólo porque se metió a defender a su hijo, al que dichos energúmenos estaban golpeando (ver: http://7online.com/news/pregnant-woman-slammed-to-ground-by-nypd-to-speak-out/321827/).    
Justo en la novela de Metalious, Peyton es el ex esclavo que logra su libertad y hacerse rico, pero que, precisamente por ser negro, siguió siendo despreciado. Y a pesar de que EU ahora tiene un presidente afroestadounidense, pareciera que éste quiere ser mejor que un blanco en cuanto a ejercer su papel de deportador en jefe, pues han sido deportados casi dos millones de ilegales durante su mandato, más del doble de los que deportó Bush durante sus dos administraciones (ver: http://www.voanoticias.com/content/llaman-barack-obama-deportador-en-jefe-reforma-migratoria/1864931.html).
Esos miles de indocumentados expulsados que han seguido tratando de ingresar ilegalmente a EU, lo hacen huyendo de la violencia y la pobreza que se han apoderado de sus países (ver: http://www.noticiasnet.mx/portal/oaxaca/general/agropecuarias/227642-ninos-migrantes-huyen-miseria-violencia-una-tragedia-humanitaria).
Ese drama humano, finalmente, ha sido ocasionado por la depredadora acción del capitalismo salvaje, tan promovido por EU, como señalo antes, que tanto lo defiende, el que ha destruido las empresas y economía locales de decenas de países por todo el mundo, particularmente latinoamericanos, que está dejando sin empleos ni oportunidades a sus empobrecidos habitantes (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2010/05/el-capitalismo-salvaje-lleva-la-quiebra.html).
¿Cuál ha sido la pasmosa respuesta de EU a ese drama humano? Militarizar la frontera, como en Texas, lo que ya ordenó el gobernador Rick Perry. También, permitir que enajenados, violentos fanáticos “defiendan” su país. Tipos armados, haciéndose llamar los “Patriotas” o “Ciudadanos defensores”, recorren ranchos y zonas desérticas buscando con potentes binoculares a “peligrosos ilegales”, a los que amenazan con sus rifles de alto poder para que no “invadan” su “gran país” (ver:  http://news.yahoo.com/armed-patriots-private-citizens-secure-u-border-100519616.html). Mezquinas y egoístas actitudes.
Y en este análisis de infamias humanas, destaco lo que sucede en los territorios palestinos, a los que el enclave neocolonial bautizado como “Israel”, constantemente ataca desde hace años (lo llamo enclave, porque no es un país que haya existido desde siempre en el territorio en donde precisamente se enclavó, sino que fue una apropiación forzada de territorio palestino en 1948, impulsada por Inglaterra, ese colonialista país, que entonces mantenía el control de Palestina).
Por cualquier pretexto, “Israel” ataca frecuente y duramente a lo que queda de Palestina: Cisjordania y la franja de Gaza, dejando miles de muertos, como en la más reciente invasión, la que provocó más de 2000 palestinos asesinados, casi 500 niños entre ellos (ver: http://www.milenio.com/internacional/investigacion_penal-Gaza-Israel-conflicto_en_Gaza-ataques_a_Gaza_0_370763059.html).
De por sí, además de esas crueles matanzas, los palestinos viven recluidos, cual si estuvieran en un campo de concentración, temiendo ser desalojados de sus casas, por cualquier absurdo pretexto, pasando por retenes a cualquier lugar que vayan y rodeados de altos muros que los encierran, con tal de que los judíos se sientan “muy seguros” (ver:  http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/04/el-holocausto-palestino-manos-de-israel.html).
Pero lo más aberrante es que la industria militar judía ve a esos ataques como pruebas de laboratorio en donde mide la “eficacia” de nuevos armamentos que se estrenan allí. Le llaman a esa despreciable práctica “combat tested”, probado en combate, con lo que certifican que el arma comprada es muy buena y se garantiza que matara a mucha gente (ver: http://www.argenpress.info/2014/08/los-ataques-periodicos-gaza-motor-de-la.html).
De por sí que la venta de armas es un lucrativo negocio que monta más de un billón de dólares ($1,000,000,000,000) anuales en todo el mundo. Así es que la irracional “lógica” para la lucrativa industria militar es que haya guerras, tan frecuentes como sea posible (ver:  http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2011/12/ferias-de-armas-exhibicion-de-fuerza-de.html).
Mención aparte merecen las armas termonucleares, amenaza siempre presente, que si se llegan a emplear, como cada vez es más factible que se haga (los aventurerismos bélicos de EU contra Rusia o China, podrían detonar en un cercano futuro una guerra nuclear), sería el fin irremediable del planeta (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/07/el-mortifero-legado-nuclear.html).
Cualquier conflicto bélico, por la causa y el lugar que sean, será, siempre, un muy buen negocio para los armeros, tanto las empresas legítimas, digamos, como aquellas personas que cada vez más se dedican, también, a fabricar armas artesanales, las que, últimamente, dados los precios tan altos de muchas armas o las dificultades para adquirirlas, han tenido mucho auge. Basta con que el constructor sepa elementales principios de balística, explosivos y materiales, para que pueda diseñar, por ejemplo, morteros o granadas “caseros” más o menos efectivos para el fin al que se les destina, o sea, asesinar a otros. Aquí, por estos días, en Jalisco se descubrió a una banda que fabricaba clandestinamente armas (ver: http://www.jornada.unam.mx/2014/10/08/politica/015n2pol).
También en la guerra “civil” que se sostiene en Siria desde hace tres años, han tenido mucho auge las armas artesanales, pues son más baratas y están “más a la mano” de los compradores (quienes las fabrican son igualmente mercenarios que se oponen al gobierno de Bashar Assad). Esa disponibilidad de armas de ese tipo, ha permitido que se alargue demasiado ese conflicto, el que ya lleva miles de muertos, civiles, principalmente y complicado ahora por la aberración estadounidense llamada Estado Islámico.
Por si fuera poco, ser soldado, al menos en EU, siempre se ha tratado de mostrar como si fuera un honor. En la novela de Metalious, uno de los personajes, el hijo de una viuda, se enlista para ir a combatir a Europa durante la segunda guerra mundial, pero es regresado muy pronto debido a su frágil salud. Sin embargo, su madre arregla todo con él para que pareciera que al chico lo habían herido en batalla, pero que por su “valentía”, había sido condecorado y regresado al país como un héroe. De ese engaño, sólo se entera el doctor del pueblo, quien, muy prudentemente, para evitar un escándalo mayor, nada dice. Así que a la madre del chico sólo le interesa guardar las apariencias, que la gente piense que su hijo es un héroe de guerra, sin considerar las implicaciones morales que, tanto el haber sido soldado, así como el engaño del que lo hace partícipe, puedan tener en el muchacho, con tal de que no fuera la “burla” del pueblo. Vemos cómo la carga de prejuicios que arrastra la humanidad, está siempre presente en todos los niveles y en cualquier época histórica.
También en la novela tiene lugar un incendio que dura semanas en combatirse. Se cree que fue intencional. Y es algo que muy bien podemos trasladar al presente, en donde no existe ningún respeto por cuidar el medio ambiente del planeta. Al contrario, en lugar de disminuir, crecen exponencialmente las actividades industriales, muy peligrosas y contaminantes la mayoría de ellas, que lo están destruyendo aceleradamente. EU es el país que más emisiones contaminantes produce, pues es el que más energía consume, alrededor del 38% (sólo la ciudad de Nueva York consume lo que toda el África subsahariana).
Aún así, cada que se tratan de establecer protocolos para la disminución de los gases efecto invernadero, dicho país es el primero en negarse, pues, justifica, eso pondría en “peligro” su actividad económica. Sin embargo, ya sufre los embates climáticos extremos, provocados por el calentamiento global, como fuertes huracanes, tornados, tormentas y sequías, como igualmente a todo el planeta lo están afectando.
Además, estamos destruyendo aceleradamente al medio ambiente debido a la incontrolada actividad industrial, cuya glotonería exige cada vez más y más materias primas. China es un buen ejemplo de que el inobjetable crecimiento económico que ha tenido, se está eclipsando por la altísima contaminación que está afectando a sus ríos, bosques, tierras y, sobre todo, ciudades, en donde los niveles de contaminación tan alta obligan a las personas a usar tapabocas permanentemente, sobre todo cuando sales de sus hogares (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2013/09/china-autoritarismo-capitalismo-salvaje.html). Eso ha hecho de China el tercer país con más enfermos del planeta
Aún así, China se negó a participar en una reciente reunión de la ONU, en la que se trató de idear un plan para reducir las altísimas emisiones contaminantes, que arrojan millones de toneladas de gases efecto invernadero cada día y están ocasionando ya el desastre ecológico que ya estamos presenciando, pues además de los efectos climáticos, miles de especies animales y vegetales están en vías de extinción o ya han desaparecido. Eso sucede en Latinoamérica, por ejemplo, en donde en sólo cuatro décadas se ha perdido el 83% de peces, aves, mamíferos y reptiles
A pesar de ese ecocidio, hay grupos criminales que trafican con especies animales en vías de extinción, como sucede en el aeropuerto de la ciudad de México, que es una vía usual para el infame tráfico de especies. Como a muchos de los animales contrabandeados, se les droga o se les mantiene envueltos en ropa, muchos llegan muertos a su destino final (ver:  http://www.jornada.unam.mx/2014/09/29/sociedad/041n1soc).   
Y esa falta de respeto por el equilibrio ecológico sucede en todas partes. Por ejemplo, aquí en México, una megaminera vertió, ahora se sabe, a propósito 40 mil toneladas de desechos sumamente dañinos, producto de su depredadora actividad minera (pertenece al nefasto Grupo México. Se explota cobre), al río Sonora aledaño
Las terribles consecuencias son, por un lado, que el envenenamiento del río y de las tierras cercanas es irreversible y, por otro, que la gente no tiene agua ni para beber, menos para sus otras necesidades fundamentales, pues se surtían del río y de las presas cercanas que se llenaban con aquél, las que también presentan altísima contaminación (ver:  http://www.jornada.unam.mx/2014/08/27/politica/005n3pol).
Consecuencia de tanta destrucción y contaminación sin freno, como comento antes, es que el planeta se está calentando aceleradamente, lo que ocasiona los extremos fenómenos climáticos, tales como huracanes, torrenciales tormentas, tornados, tifones, largas sequías, rápida extinción de animales y plantas… y así, cada vez peor.
Ah, pero hasta el calentamiento global es motivo de lucro capitalista, pues hay ya varias muy rentables actividades, que se sirven del calentamiento global para existir (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/03/el-muy-lucrativo-calentamiento-global.html).
En la novela de Metalious, el rico del pueblo somete a Peyton Place a sus muy individuales intereses. Casi es el gobernante fáctico, obligando, de algún modo, a todos los habitantes del lugar a hacer lo que a él le conviene. Por estos días, tienen lugar en China una serie de protestas, sobre todo de estudiantes, en Hong Kong, exigiendo que pueda elegirse por sufragio universal a un gobernante de esa ex colonia inglesa. La respuesta del autoritario régimen ha sido la represión, pues no están dispuestos los autócratas chinos a permitir la más mínima apertura política (ver:  http://www.jornada.unam.mx/2014/09/29/mundo/028n2mun).
China es un muy buen ejemplo que ilustra que crecimiento económico, apertura política y derechos humanos no van de la mano, pues gran parte de tal crecimiento se ha debido a un férreo control de la sociedad china, con tal de que el capitalismo salvaje y sus dispares leyes reinen allí y hayan convertido a ese país en la maquiladora del mundo, con abundante mano de obra y materias primas baratas (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2013/09/china-autoritarismo-capitalismo-salvaje.html).
No sólo eso, sino que se está transformando brutalmente a la población china, pues los tradicionales valores de solidaridad y ayuda mutua se están acabando aceleradamente y en la actualidad casi el único objetivo que mueve a los chinos es la búsqueda de la satisfacción material, tener mucho dinero, figurar en las listas de millonarios… como en el resto del planeta, claro, que mucha gente es hasta capaz de matar, si ello le permite tener mucho dinero. Un buen ejemplo de la descomposición social que ha tenido lugar en China, lo podemos ver en la cinta “Un toque de pecado”, del director chino Jia Zhangke, que refiere cuatro crudas historias de la violencia cotidiana que enfrentan a diario los chinos (ver: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/04/17/pantalla-nomada-un-toque-de-pecado-9438.html).
También Metalious relata la historia de una chica violada constantemente por su padrastro, sin que nadie, ni siquiera la madre de la chica la defendiera. Ello refleja el machismo, una aberrante característica que ha reinado a lo largo de la historia de la humanidad, debido a la cual, la mujer siempre ha sido sometida y humillada por los hombres. Eso se da en todos los países y a todos los niveles sociales. A pesar de que ya estamos en pleno siglo veintiuno, se siguen violando y asesinando miles de mujeres cada año, quedando impunes la mayoría de esos delitos sexuales y asesinatos. Son abrumadoras las cifras, pues se estima que una de cada cinco mujeres en el mundo será víctima de violación o de intento de ser violada. Además, 70% de las mujeres son víctimas de violencia, tanto física, como psicológica durante su vida. Lo peor es que tal violencia es perpetrada por las parejas sentimentales de esas mujeres, como novios o esposos. De hecho, varios estudios muestran que la mitad de las mujeres asesinadas en el mundo, lo han sido por sus maridos o ex parejas sentimentales. Así de grave está lo del machismo. Lo peor es que en lugar de evolucionar, empeora día a día (ver:  http://www.un.org/en/globalissues/briefingpapers/endviol/).
Justamente hablando de impunidad, se menciona en la novela que el rico del pueblo logra evadir la justicia cuando una chica pierde un brazo en una de las atracciones mecánicas de la feria que aquél poseía. En México, por ejemplo, miles de delitos de todo tipo y de cualquier nivel social quedan impunes, incluyendo, precisamente, los asesinatos de mujeres, los de activistas, los de líderes… muchos de ellos perpetrados por grupos con fuertes intereses económicos, que dominan fácticamente. De hecho, las estructuras de los poderes fácticos que dominan al planeta son mafiosas, imponiendo sus muy mezquinos intereses, como salir impunes de los delitos que cometan (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/08/la-estructura-mafiosa-de-los-poderes.html).
En una parte de la novela, Metalious refiere la historia de un grupo de hombres que solían encerrarse por varios días en un sótano, bien dotados de bebidas alcohólicas de todo tipo, principalmente aguardiente casero. No tenían ninguna otra finalidad, más que la de estar tomando hasta perderse, separarse de la realidad. Pues bien, el alcoholismo, a escala global, es un serio problema. Lo peor es que las estadísticas confirman que cada vez es menor la edad en que las personas comienzan a beber. En EU, por ejemplo,  de acuerdo con el Instituto Nacional sobre el abuso del alcohol y alcoholismo, NIH, se estima que un 3.4% de adolescentes entre 12 y 17 años, tienen ya severos desórdenes de salud por el empleo de alcohol, muy grave. En el 2012, reporta el NIH, que el 87.6% de personas de 18 o más años de edad, dijeron haber bebido durante alguna etapa de su vida, 71% lo habían hecho el año anterior y 56.3%, el mes anterior. No sólo es problemático el alcoholismo en sí, pues es considerada ya una enfermedad incurable, sino que las muertes asociadas por su influencia suben año con año. Señala el NIH que en el 2012, a nivel global, 3.3 millones de muertes, que son 5.9% del total (7.6% son hombres y 4%, son mujeres), son atribuibles a la ingesta de alcohol (accidentes automovilísticos, por ejemplo, los más comunes). Además, el alcoholismo contribuye al desarrollo de 200 enfermedades y problemas ocasionados por lesiones provocadas por beber. Entre tales enfermedades, las más frecuentes son el alcoholismo, cirrosis hepática, distintos tipos de cáncer y lesiones. En el 2012, el alcoholismo fue responsable del 5.1% de la disminución del promedio de vida esperado en todo el mundo (hay que ver cómo se acaba la salud de un alcohólico, quien se ve envejecido en relación a los años que realmente tiene). A nivel global, el abuso en el beber, es el quinto factor de riesgo que lleva a la muerte prematura o a la discapacidad, pero entre gente de edades que van de los 15 a los 49 años, es la primera causa (ver: http://www.niaaa.nih.gov/alcohol-health/overview-alcohol-consumption/alcohol-facts-and-statistics).
Aparte, hay que tomar en cuenta los problemas que ocasiona vivir con un alcohólico, un padre, por ejemplo, que desatiende sus obligaciones familiares, como la manutención, con tal de pasársela bebiendo o las personas que mueren en accidentes de todo tipo por estar alcoholizados.
Aun así, la industria alcoholera es muy lucrativa. Se estima que para el 2014, las ventas mundiales serán de poco más de un billón de dólares ($1,000,000,000,000), con un volumen de litros de casi 210 mil millones de bebidas de todo tipo. La cerveza, la sidra y las bebidas alcohólicas saborizadas, son de las más demandadas. Tres empresas controlan casi el 40% del marcado, entre las que figuran el grupo Anheuser-Bush InBev, que controla poco más del 20% del mercado (ver: http://www.reportlinker.com/ci02014/Alcoholic-Drink.html).
Así que con tantas ventas y ganancias por la comercialización de bebidas alcohólicas, acompañadas con una creciente publicidad (alrededor de $2000 millones de dólares por año), pues ¿qué les va a interesar a dichas compañías que enfermen o mueran millones de personas al año por el alcoholismo? No, nada, ninguna afectación. De hecho, estudios recientes estiman que 38% de las ventas de alcohol recaen en los bebedores crónicos y los menores de edad. Así que eso de “beber responsablemente”, como hipócritamente “recomiendan” las alcoholeras hacer, es pura faramalla (ver:  http://www.treatmentmagazine.com/feature/119-pathological-drinking-drives-booze-industry-profits.html).
Lo mismo podría decirse de los armeros, a quienes no afecta que cientos de miles de personas sean asesinadas año con año a causa de sus mortíferas creaciones. Ni tampoco a los fabricantes de drogas, tanto “legales”, como ilegales, les interesa que millones enfermen o mueran cada año por el consumo de algún psicotrópico, pues se calcula que el narcotráfico deja ventas por más de 400 mil millones de dólares anualmente
Mezquindad pura.
Por último, Metalious se refiere a la religión y lo nefasta que puede llegar a ser. Ironiza que uno de los personajes, justo un alcohólico, al entrar a una iglesia pentecostal, en plena borrachera, se pone a gritar incoherencias. Su infiel esposa, igualmente tomada, va al rescate, pero el hombre la maldice, diciéndole “puta”, aunque nadie le entiende. Sin embargo, el pastor en turno, dice que es un “milagro”, pues el borracho es un profeta que está señalando a una “pecadora”. Así, con tan simple “argumentación”, se le toma por un “mesías” y desde ese día es parte de los pastores que ofician misa.
Muy interesante esa parte, ya que Metalious lleva a la reflexión de la hipocresía con que se conducen todas las religiones, las que comercian con la fe, además de que inducen a un fanatismo extremo, que en ocasiones llega a ser fatal. De hecho, la historia de las religiones y su influencia en la humanidad es basta, no podría abarcarse en este breve sumario de atrocidades y mezquindades. Pero, por ejemplo, las Cruzadas, fueron un enfrentamiento entre fundamentalismos católicos e islámicos, que ocasionó miles de muertos y gastos de parte de ambos bandos, todo por defender las tierras “sagradas” reclamadas para sus respectivos dioses. Quizá la religión católica es la que más se has distinguido por cometer atrocidades, como la imposición de la “Santa Inquisición”, un terrible aparato de represión, más que de “justicia”, que empleó la iglesia para asesinar a gente por cualquier motivo, sobre todo a personas acomodadas, a las que se les inventaba que estaban “poseídas por el demonio”, se les torturaba, asesinaba y sus fortunas pasaban a la “bendita curia”. Más recientemente, se han destapado todos los escándalos de pederastia que han golpeado fuertemente la “calidad moral” de la iglesia católica, incapaz de justificar tan aberrante conducta por parte de algunos de sus “representantes de Dios”.  Se estima que alrededor de 4% de los sacerdotes son pederastas y es un problema que siempre ha existido (ver: http://rationalwiki.org/wiki/Child_sexual_abuse_in_the_Roman_Catholic_Church).
Además de que el comercio de la fe que realizan todas las religiones, deja muy buenas ganancias en todo el mundo. Ya en 1917, en su libro “Ganancias de la religión”, Upton Sinclair escribió que “La religión institucionalizada es una fuente de ingreso para parásitos y el aliado natural de toda forma de opresión y explotación”. Particularmente, Sinclair cuestiona a la iglesia católica, la que a pesar de hacer “obras de caridad”, trata los síntomas, en lugar de las enfermedades, ya que los católicos no cuestionan, afirma, las situaciones que hacen a la gente pobre. De hecho, en mi opinión, capitalismo salvaje y catolicismo van muy bien de la mano. Me referí arriba a Sinclair Lewis, quien en su novela “Elmer Gantry” también critica duramente a la religión y sus lucrativas prácticas.
Sí, muy lucrativas, pues, por ejemplo, la religión católica se considera una de las más ricas, ya que sus gastos equivalen a los de las mayores firmas y sus activos. Tan sólo en EU, se calcula que sus gastos, que muestran su poder económico, ascienden a $170 mil millones de dólares anualmente, así que, además de “divulgar la fe en Dios”, es muy buen negocio (ver: http://www.slate.com/articles/business/moneybox/2013/03/catholic_church_and_pope_francis_religious_institutions_are_exempted_from.html).
En fin, que la novela de Metalious es un cúmulo, finalmente, de tantas negativas características de una raza humana que, llevada a los extremos, no dudaría en matar, como lo está haciendo el 1%, a la mayoría, y destruir el medio ambiente, con tal de que prevalezcan sus materialistas, egoístas, mezquinos e individuales intereses.