jueves, 30 de mayo de 2013

Los destructivos, irreversibles efectos de la megaminería



Los destructivos, irreversibles efectos ecológicos de la megaminería
Por Adán Salgado Andrade


La actividad minera se remonta a miles de años, desde que nuestros antepasados apreciaron ciertos minerales, algunos sólo por sus cualidades de ornato, como el oro (en esos tiempos, claro) o por utilidades específicas, como el hierro, empleado en la hechura de utensilios domésticos o instrumentos de guerra. Y muy lejos quedaron los tiempos en que para obtener oro, por ejemplo, bastaba con acercarse a algunos ríos en cuyos no muy profundos cauces, se hallaban pepitas de ese preciado, amarillento, relumbrante metal. Los absurdos mitos de que existían ciudades totalmente hechas de oro, llevaron a ambiciosos, codiciosos mercenarios, como los españoles, primero, a explorar los océanos, en busca de nuevas tierras que materializaran tan descabelladas historias.
Pasado el tiempo, en la materialista, depredadora época actual, metales justo como el oro, y decenas de otros, crecen en su importancia, tanto por su valor, así como por su utilidad. El oro no sólo se emplea para joyería o fuente de valor, en forma de lingotes o monedas, sino que tiene varios usos industriales, como en la electrónica, en donde es vital para la elaboración de tarjetas madre y procesadores de computadoras. También se emplea en la odontología, para hacer piezas o amalgamas (se había dejado de emplear, por los altos costos, pero de nuevo crece su empleo, dado que es un metal inerte, o sea, no produce efectos secundarios en el paciente). En medicina, se le emplea para combatir el cáncer o la artritis reumatoide o también para realizar diagnósticos, mediante isótopos de oro radioactivo o en aparatos que permiten la sobrevivencia del paciente, como implantes. Otro campo que lo emplea bastante es el de la aeronáutica, en donde la construcción de vehículos que puedan desplazarse sin problemas sobre la superficie de Marte, por ejemplo, es vital, por lo que partes esenciales de tales aparatos son hechas de oro o cubiertas con películas auríferas, con tal de reducir al mínimo fricción y desgaste.
Ante tantos usos y, claro, la cuestión de que en estos tiempos de profundas debacles económicas, que ven en el almacenamiento del oro una fuente de atesoramiento y de, digamos, salvavidas, cuando la economía no sólo de una persona, sino de un país entero pudiera “aliviarse” vendiendo algo de sus reservas o posesiones de oro, el precio de este codiciado metal ha ido en aumento, debido, sobre todo, a que su extracción es cada vez más difícil e, igualmente, costosa (hay que agregar, también, que últimamente, la especulación con metales como el oro, la plata o incluso el cobre, ha contribuido a disparar sus precios, mediante los llamados ETF’s, exchange traded funds, que son instrumentos “financieros” basados en la posesión de metal que una firma especuladora tenga en ciento momento. Así, los inversionistas que depositen su dinero en esa firma, ganarán más si ésta aumenta sus reservas de oro, a la vez que suba el precio de éste, digamos. Claro que el acaparamiento del metal, sólo para que suba su precio, es mera y mezquina especulación. Es como si alguien comprara el pan hecho todos los días, sólo para que subiera su precio, aunque no se lo comiera. Pero a estos extremos se llega en el capitalismo salvaje, con tal de tener grandes ganancias).
Si antes, como dije, bastaba con acercarse a los ríos a recoger pepitas de oro o cavar una mina que contuviera tal metal, que afloraba a los pocos metros del tiro perforado, con los siglos eso ya es prácticamente inexistente y para extraer el poco oro que en tierra aún pueda existir, se ha creado desde hace años lo que se conoce como “minas a cielo abierto” (open pit mining).
De hecho, lo mismo está ocurriendo con muchos otros minerales o metales “estratégicos”, tales como el mencionado oro, plata, cobre aluminio, molibdeno, cromo, manganeso, zinc, níquel, platino, diamantes, coltan, entre otros. Hablando del coltan, este mineral cada vez más escaso, es vital como aislante térmico en la industria electrónica. Lamentablemente la mayor parte se extrae de una zona selvática protegida existente en la república democrática del Congo, en donde viven los últimos gorilas de montaña existentes en el planeta. Allí, explotados mineros reciben sueldos de hambre por extraer el coltan y, debido a esos salarios de hambre, cazan a los gorilas para comer, acelerando la extinción de éstos (ver mi artículo al respecto: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2009/09/el-coltan-otro-recurso-natural-mas-para.html)
Así, las minas a cielo abierto, conocidas como megaminas, por ser extensamente invasivas y destructivas, han venido a ser la “solución”, como veremos.
No sólo porque con la minería tradicional, de cavar un tiro, la extracción se vuelve más difícil y costosa, sino porque con ésta no se podría extraer hasta, digamos, la última molécula de oro, es que se ha optado por las megaminas. Pero también se tiende ya a incursionar en los fondos marinos, que, se asegura, son aún más ricos en minerales, que en tierra firme. Eso se está haciendo con la igualmente destructiva en invasiva minería marina, que ya he tratado en otro artículo, y que consiste en cavar y triturar los fondos oceánicos cercanos a apagadas fumarolas marinas. Ese brutal método, crea una especie de smog marino que tarda mucho tiempo en volver a sedimentarse, matando a cuanto ser vivo caiga en la zona en que se disemina, debido a que congestiona sus sistemas respiratorios. Y ese destructivo método también se ha aceptado muy complacientemente por las mafias empresariales y gubernamentales (ver mi artículo:
Los minerales que aún quedan en la tierra se extraen, como ya señalé, mediante las megaminas. Éstas muy dañinas operaciones consisten en que, una vez probado que existe oro, por ejemplo, en tal lugar, aunque sea de “muy baja ley”, se explotará. Y esto de la “ley”, es un término que indicaría la cantidad que contendría un metro cúbico de piedra triturada. Así, por ejemplo, si ese metro cúbico de piedra triturada posee un gramo o menos de oro, se dice que es de “muy baja ley”. Cuando ese metro cúbico contiene al menos una onza de oro, es decir, 31.1 gramos, se dice que es de “buena ley”. Sin embargo, desde este indicador puede percibirse el grado de desperdicio y destrucción que implica la megaminería, pues es absurdo que para obtener un gramo o un décimo de gramo, en la “peor” de las situaciones, se deba de extraer una tonelada de material pétreo, ¡absurdo!
Está claro, entonces, que para expurgar ese gramo o gramos de oro, los métodos no son convencionales ni ecoamigables, o sea, que no dañen el entorno. Sin embargo, hay que aclarar que la extracción de oro, excepto por las pepitas en los ríos de antaño, siempre ha sido contaminante, pues antes de las megaminas, en las minas tradicionales, se empleaba mercurio para que se uniera al oro y posteriormente aquél se separaba. El mercurio es un mineral muy tóxico para el ambiente y perjudicial a la salud humana, que provoca daños al sistema nervioso, renales, gastrointestinales y malformaciones durante el embarazo.
Pero la megaminería no sólo envenena con sus procedimientos, sino que altera brutalmente la ecología de los lugares en donde se realiza.
Una vez “limpiado” el, sitio de toda forma de vegetación existente, básicamente el proceso consiste en realizar, primero, la excavación masiva del lugar, empleando explosivos, hechos con nitrato de amonio, combinado con aceite combustible (ANFO). La excavación es similar a la que se hace cuando se van a explotar materiales de construcción, como grava, por ejemplo, pero mucho más intensa. Se van haciendo círculos concéntricos, a manera de bancos o escalones, comenzando desde el centro, y conforme la excavación se va haciendo más profunda, se van ampliando los escalones concéntricos, los cuales van agrandándose en diámetro hasta alcanzar cientos de metros de extensión, llegando a kilómetros con el tiempo. Se van haciendo taludes inclinados, no verticales, con tal de evitar deslizamientos de tierra, que incluso se revisten de cemento y se va trazando un camino, también revestido, para que por el circulen los enormes camiones, conocidos aquí como yucles, capaces de cargar cada uno hasta 330 toneladas por viaje. Llegan a ser tan enormes los cráteres resultantes, que pueden ser vistos desde el espacio.
(Aquí, pueden ver varias fotos de megaminas: http://www.wired.com/wiredscience/2009/10/gallery_mines/.
Y en el siguiente video, pueden ver un ejemplo de tales megaminas:
http://www.youtube.com/watch?v=S16q_x8TUo0. Se refiere a la megamina Betze Post, ubicada en Nevada, EU, de la que se extraen cada año 90 millones de toneladas de roca, suficientes para cubrir con casi 17 metros de espesor de material el Parque Central de Nueva York).
El material extraído se va apilando en terrenos contiguos al enorme cráter que día a día va creciendo, en espera del siguiente paso. Justo por ese apilamiento, es que las megaminas no sólo se apropian de las tierras en donde se perfora el invasivo cráter, sino que también se absorben cientos de hectáreas aledañas, lo que incrementa el daño ecológico de por sí provocado. Aquí en México, por ejemplo, con las leyes tan laxas y las mafias en el poder tan corruptas que tenemos, muchas megaminas practican el despojo de tierras de los ilusos campesinos a los que engañan con sus “grandes proyectos”, a los que les compran o “rentan” sus tierras por bicocas (cinco pesos por hectárea anualmente, por ejemplo), pero, no sólo eso, sino que se apropian ilegalmente de más hectáreas.
Luego de que el material pétreo se extrae, se tritura al máximo, hasta dejarlo casi como arena. Después, se forman montículos que se rocían con agua mezclada con cianuro, peligroso veneno muy dañino al medio ambiente y a la salud, que, incluso, está prohibido su empleo en varios países, pero en donde sí se permite, las megaminas se desentienden del brutal daño ecológico que ese veneno provoca. Como señalé, una vez rociada el agua con cianuro, se va filtrando por las arenosas pilas para unirse al oro que contengan, si lo hay, y se forma una solución líquida de cianuro-oro, que se recolecta en la base de la pila (lixiviación) y se bombea hacia un molino, en donde el oro y el cianuro son separados químicamente. Sin embargo, ese proceso de filtración del cianuro puede llevar meses, así que se provoca contaminación del medio ambiente, debido a las vaporizaciones y a las filtraciones del cianuro. Y al decir “rociar”, es que se emplean miles de litros de agua envenenada por pila, así que se podrá imaginar el daño brutal que se deja en el medio ambiente. Y cada que una pila se “exprime” del oro que contenga, se le agrega más tierra y se repite el rociado, hasta que sea demasiado alta para seguirlo haciendo.
No terminan los estragos ambientales allí, sino que las pilas que ya “no sirven”, o sea, que se les extrajo hasta la última molécula de oro, se van desechando a cielo abierto, pero como son millones de metros cúbicos de tierra contaminada con cianuro, se construyen algo así como represas para contener tantos desechos. Se supone que deberían de recibir una especie de “tratamiento” para reducir los contenidos de cianuro, pero muy pocas empresas lo hacen, sobre todo por lo costoso, así que, simplemente, lo van apilando, formando largas “colas” (tailings) de lodos envenenados con cianuro, cuyo contenido líquido, se filtra y llega a mantos acuíferos, en tanto que las vaporizaciones, como dije, contaminan el medio ambiente circundante. Y esas represas son tan inestables, que han habido terribles accidentes, como el sucedido en el año 2000, cuando la “cortina” de una de esas represas, ubicada en Rumanía, falló, regándose más de 340 mil litros de desperdicio lodoso, contaminado con cianuro, los que fueron a dar al río Tisza, matando 1240 toneladas de peces y contaminando el agua potable de 2.5 millones de personas. Cabría preguntarse, ¿cuándo sucederá aquí un desastre similar? Piénsese también en los millones de litros de agua que se requieren para el proceso de lixiviación descrito, que se contaminan irreversiblemente también, además, como señalé, de que el cianuro se filtra a los mantos acuíferos. ¿Vale la pena, entonces, seguir con la minería? Para el capitalismo salvaje, depredador, la respuesta es ¡sí!
Es tan desperdiciador este destructivo método extractivo del oro, que, en general, se requieren de 30 toneladas de desechos pétreos para extraer una sola onza de oro, es decir, pírricos 31.1 gramos.
Por tanto, el agotamiento de las minas de muchos metales, como el cobre, están expandiendo a niveles sin precedentes esta destructiva actividad, con el mismo nivel de desperdicio y depredación de los recursos naturales. Para extraer 30 kilogramos de cobre, por ejemplo, se requieren triturar 4 toneladas de piedra extraídas desde 600 metros de profundidad… y así por el estilo.
En México, las sucesivas mafias en el poder han permitido que empresas tanto nacionales, como extranjeras, principalmente canadienses, practiquen la destructiva megaminería, “concesionándoles” ya el 25% del territorio nacional, lo que redundará en un irreversible daño ambiental y brutal merma de nuestros recursos naturales. Por ejemplo, la empresa canadiense Goldcorp posee varias minas aquí. Una de ellas, Peñasquito, ubicada en Zacatecas, comenzó a operar en el 2011, está “concesionada” a 22 años, y es considerada de “muy baja ley”, o sea, que cada tonelada de piedra triturada contiene entre 0.1 y 1 gramo, cuando mucho. Aún así, estima la empresa extraer 500 mil onzas anuales de oro (15.55 toneladas), es decir, que se tendrían que extraer entre 500 mil a un millón de toneladas anuales de piedra. Actualmente, el enorme cráter tiene un radio exterior de 3.5 kilómetros de diámetro y ya lleva, en el centro, 400 metros de profundidad, ¡el equivalente a un edificio de 160 pisos de altura! ¡Imaginen el gigantesco boquete que quedará al final de los 22 años de explotación! (http://www.jornada.unam.mx/2013/04/29/estados/036n1est).
Esas casi 16 toneladas de oro, considerando un precio actual de $1465 dólares por onza, unos $17600 pesos, ascenderían a $732.5 millones de dólares (mdd) anuales. Como señalé, esa empresas pagan sólo un pequeño “derecho” por hectárea, de un máximo de $111 pesos. Suponiendo que Peñasquito explote unas 400 hectáreas, sólo debe de pagarle a la nación $44,400 pesos anuales (esa megamina se había apoderado ilegalmente de 600 hectáreas más, pero el Tribunal Superior Agrario le ordenó restituírselas a sus dueños, 29 campesinos). El precio promedio de extracción del oro en la megaminería es de unos $857 dólares por onza, casi un 60% del precio de venta, así que la utilidad neta anual sería de unos $300 mdd, ¡un negocio redondo! Por eso son tan rentables las megaminas, a pesar de los costos y las dificultades que implica la extracción del oro.
Además, resulta irónico que el oro extraído en nuestro territorio lo deban importar las mafias en el poder, cuando lo requieren, al precio comercial fijado (¡neocolonialismo, pues!).
Por el citado daño ecológico que provocan las megaminas, en muchos lugares del país, y del mundo, hay frecuentes protestas, como una que recién, al escribir estas líneas, se dio en Jalisco, por parte de ejidatarios, que exigen se cierre la megamina Gan-Bo, operada por una empresa china, pues afirman que “lo que suelta la mina cuando se muelen las piedras, está dañando la vegetación. Los árboles frutales como tamarindo, naranjos y limones ya no pegan o se están secando. No los queremos en el pueblo. La mina no ha dejado empleos, ni riqueza, sólo perjuicio”.
Pero mientras sigan siendo tan codiciados el oro, la plata, el platino, el uranio… seguirá la destructiva fiebre megaminera en todo el mundo, hasta que la última molécula de esos y otros metales “estratégicos” sea extraída… ¡aunque el planeta se acabe!

viernes, 19 de abril de 2013

Los vulnerables passwords



Los vulnerables passwords

Por Adán Salgado Andrade

Hace unos días se publicó una nota que causó revuelo. Se daba a conocer que supuestos hackers habían logrado penetrar, en Estados Unidos, los datos personales, tales como cuentas bancarias, estados financieros, números de seguridad social… y muchos más datos confidenciales de gente tan importante como la mismísima esposa de Barack Obama, Michelle, del jefe del FBI, Robert Mueller (¡háganme favor, del jefe de la oficina policiaca más importante de EU y del mundo!), del vicepresidente Joe Biden, de la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, del magnate Donald Trump, de la ex gobernadora de Alaska, Sara Palin, del ex gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, de estrellas de la farándula como Kim Kardashian, Paris Hilton, Britney Spears… y algunas otros sobresalientes personajes.
Esto es importante, no sólo porque se trata de personas muy influyentes e importantes, sino porque deja al descubierto la vulnerabilidad a la que cada vez estamos más y más expuestos todos los que, de alguna manera, almacenamos datos e información personal en la, así llamada, red.
Como digo, es inaudito que personajes famosos estén tan expuestos a los robos de información como lo puede estar un ciudadano común, como ustedes o quien esto escribe.
Eso es una muestra de que los sistemas de seguridad en el Internet no son todo lo seguro que presumen. No parece que las maneras de encriptación sean infalibles. Hoy, ya no es garantía contar con una clave, un password de acceso, pues un hacker con medianos conocimientos y algunos programas – que pueden hallarse fácilmente en el propio internet –, podrá averiguar tal o cual clave de entrada y, con ella, tener la información del desafortunado usuario penetrado de tal o cual sitio, para hacer con ella lo que al atacante se le antoje.
Recientemente, el periodista Mat Honan, colaborador de la publicación tecnológica Wired, publicó un artículo en el que expone la inseguridad a la que todos estamos expuestos, de seguir empecinados en que la seguridad en el Internet de nuestros datos, dependa exclusivamente de los, en proceso de obsolescencia, passwords.
Honan escribió el artículo a partir de su propia, desagradable experiencia, debido a la cual perdió vital información de varios sitios que empleaba desde hacía años, como veremos.
Normalmente un password, se forma de una combinación de letras, números o símbolos, como todos sabemos, de entre seis y dieciséis, dependiendo de la habilidad y, sobre todo, de la memoria de quien lo crea. Y en un principio, cuando comenzaron a usarse los correos electrónicos, por ejemplo, realmente eran una segura manera de acceder y proteger la cuenta de correo, pero ahora, con tanto hacker, es poco seguro, como protección, crear un password, por muy intrincado que éste sea.
En el caso de Honan, el año pasado, en el curso de una hora, piratas informáticos destruyeron toda su vida digital, a pesar de que contaba con muy seguros passwords, de entre 10 y 19 caracteres. Contenían no sólo letras y números, sino también símbolos. Aún así, sus cuentas de Twitter, de Apple y de Gmail fueron intervenidas y desaparecidas para siempre. Esas cuentas estaban ligadas entre sí, pues ahora, empresas como Google estilan eso, ligar con el correo, por ejemplo, cuestiones como el blog o la cuenta de Youtube. Los hackers destruyeron todo, de tal modo que ni por iPad, ni por iPhone, ni por su laptop, el desesperado Honan pudo acceder más a sus cuentas, pues éstas ¡dejaron de existir!
Y es de comprenderse tan lamentable pérdida, pues, imaginemos que se pierda la cuenta de Facebook o de Hotmail o de Youtube o de Twitter o de Blogger… años, quizá, de estarlos empleando, guardando allí archivos importantes, pues el usuario piensa que allí están muy seguros. En muchos casos, todo se guarda allí, directamente, sin hacer respaldos. Y, de hecho, es como ya se acostumbra, subir de inmediato todo a la red.
Como señala Honan, en muchos casos, basta hackear el correo del usuario a quien se pretende dañar, lo que se hace normalmente con una pregunta no muy complicada (de hecho, se van dando varias “oportunidades”, y las preguntas van bajando de dificultad, de tal manera que al final, basta, muchas veces, con ingresar la ciudad en donde nació el usuario y listo).
Y todos sabemos que al ingresar a nuestro correo, muchos de los sitios que empleamos nos envían allí información importante de muchas de nuestras actividades, como pagos bancarios, telefónicos, estados de cuenta, passwords… de hecho, todo va ligado ya con la cuenta de correo que se tenga. Es, digamos, imprescindible tener correo electrónico en esta interconectada época.
Y es una primera vulnerabilidad. De allí, el hacker puede penetrar todas nuestras cuentas. Lo único que se le pide, fingiendo ser el supuesto “usuario”, para que recupere un password es ingresar al sitio requerido, el que, debajo del cuadro de diálogo de entrada, muestra la pregunta “¿Olvidó su contraseña?”. Al teclear allí, se envía de inmediato la clave al correo del tal “usuario”, el que previamente ya se penetró… y, con toda esa información, el hacker puede tanto destruir, por puro gusto, todas las cuentas de sitios del usuario, así como, incluso, robarle de sus depósitos bancarios.
A partir de su muy amarga y lamentable experiencia, Honan, se ha dedicado a comprobar la vulnerabilidad de los passwords. Con tan sólo cuatro dólares y dos minutos de tiempo, Honan pudo ingresar a un sito medio clandestino, gracias al cual, señala, “puedo acceder a su tarjeta de crédito, su número telefónico y su número del seguro social. Deme otros cinco minutos y podría ingresar sus cuentas de, digamos, Amazon, Best Buy, Hulu, Microsoft y Netflix. Con otros diez, podría apoderarme de su cuenta en AT&T, Comcast y Verizon. Y con otros cinco minutos, en total veinte, me puedo apoderar de su cuenta en Paypal. Algunas de tales fallas en la seguridad están arregladas, pero nuevas maneras de penetrar cuentas ajenas se descubren todos los días”.
Y en todos los casos son los passwords la vulnerabilidad común los que, en efecto, se envían a la cuenta de correo del “usuario”.
Como bien señala Honan, los passwords tienen dos vulnerabilidades. La primera es que, con tal de hacerlos fácil de recordar, se han ido simplificando, pues de nada valdría tener una súper clave de entrada, de 256 caracteres, digamos, si el usuario no la pudiera recordar fácilmente. La segunda vulnerabilidad es la supuesta privacidad del usuario. Eso ocasiona que cualquiera pueda ingresar a la cuenta, pues basta, en efecto, con “recordar” el password y eso es todo.
Pero por la facilidad con que actualmente se hackean los passwords, la “seguridad” en el Internet tiende a decrecer. Tan sólo en EU, en el año 2011, la inseguridad en la red creció 67% y cada año se vuelve más vulnerable.
Y es algo que no se toma en cuenta, pues, por ejemplo, en México y en casi todas partes, se obliga a la población a realizar muchos trámites por la red, importantes varios de ellos, como el pago de impuestos o servicios, lo que da lugar al uso de tarjetas de crédito o de débito, las favoritas para hackearse.
Honan describe los métodos para hacerse de un password. El primero es la simple adivinación, la que se facilita porque muchos usuarios emplean claves tan obvias como, ¡increíble!, la propia palabra password, o los números 12345678. Además, existen sitios en donde se publican los passwords que los hackers vulneran, con la finalidad de que la gente ya no los emplee, pero, señala Honan, aún así, la gente, por comodidad, prefiere usar esas claves. Y eso facilita mucho las cosas (de hecho, se emplean cientos de passwords similares, los que sólo cambian por el número, como, por ejemplo, prettygirl102 o prettygirl103, digamos).
Otra forma de penetrar un password es instalando un programa espía, malware, como se les llama. Estos se instalan cuando se abre un archivo adjunto de algún correo que pase por una inocente foto (no sólo se instalan programas espías así, sino que algunos que convierten a la computadora de la víctima en un generador de spam, por ejemplo, inutilizando la cuenta de correo infectada). El más usado es uno llamado ZeuS, el cual, una vez instalado, espera a que el usuario ingrese a una cuenta bancaria, detectando el password por medio de las teclas. En el 2010, por ejemplo, el FBI (para variar), ayudó a detectar a una banda de hackers que actuaban desde Ucrania, los que usando dicho malware, lograron hacerse de $70 millones de dólares de 390 víctimas, que, principalmente, eran pequeños negocios en EU.
Una forma más es la suplantación de la personalidad, el llamado phishing. En este caso, el hacker se hace pasar por el usuario real, penetrando su información hasta el más mínimo detalle, enfocándose, sobre todo, en las cuentas bancarias. De esa forma, miles de víctimas han perdido parte o la totalidad de sus ahorros bancarios, pues los ladrones digitales, suplantándolos, ordenan a los bancos hacer transferencias a otros bancos, los de los hackers, claro.
Como señalé antes, son dos las razones para que un hacker intervenga un password. Una es por mero gusto, penetrar información valiosa de personalidades famosas, sólo por mostrar cuán vulnerables son, a pesar de estar tan supuestamente “protegidos”, como hicieron los hackers en los casos que menciono al inicio del artículo. Lo peor es que destruyan toda la información, como le sucedió a Honan. Otra razón, ya la más común, es para robar, justo a través de las mencionadas cuentas bancarias.  Quienes más le sacan provecho al robo en línea son las mafias rusas, las que, tan sólo en el 2011 se hicieron de $4500 millones de dólares. Es tan lucrativo este “negocio”, que asciende casi a niveles industriales y llega a ser, incluso, violento. Esas mafias atacan ya no solamente a empresas o instituciones, sino personas comunes (esto es ya muy frecuente. Conozco muy de cerca el caso de una amiga que el año pasado viajó a EU y comenzó haciendo sus pagos con su tarjeta de crédito. Sin embargo, a los pocos días, ya no la pudo empelar más, pues el propio banco emisor la había cancelado debido a que se había realizado un pago desde un país europeo, unas pocas horas después de que  mi amiga hiciera una compra en EU. Por fortuna, el banco anuló dicha compra).
En el caso de los hackers que desaparecieron la información de Honan, fueron simples adolescentes, quienes actúan por mero gusto. El que le destruyó la información responde al apodo de Dictate, quien, cínico, declara que eso lo hace para ver la reacción de la gente, además de que les adjudica comentarios vulgares que los verdaderos usuarios no se atreverían a hacer.
La mayoría son muy jóvenes, como el que se hace llamar “Cosmo”, quien es líder del grupo UGNazi. Cosmo es un adolescente de sólo 15 años. Él y su grupo lograron penetrar sitios como Nasdaq, la CIA (¡háganme favor!), 4chan, entre otros. Lograron averiguar datos confidenciales de Barack Obama, de Michael Bloomberg, multimillonario y actual gobernador de Nueva York, y de la showwoman Oprah Winfrey, entre muchos otros. Cuando, finalmente, el FBI logró dar con los cibercriminales, no supieron qué pena aplicar a Cosmos, al ver que era aún menor de edad.
Y el problema de la vulneración de los passwords seguirá, sostiene Honan, mientras ese anticuado sistema continúe y no se busquen formas alternativas de proteger la identidad de un usuario. Dice, por ejemplo, que podría agregarse la biometría, tal como ya se hace con las huellas digitales o el iris de los ojos (aún así, hay errores, pues en el 2004, cuando en marzo, en el metro de España, estalló una bomba en uno de los convoyes, dejando decenas de muertos, a un estadounidense, Brandon Mayfield, que era un simple doctor, se le atrapó y se le encerró varios meses, pues los supuestos investigadores españoles, incluso ayudados por el FBI y la policía inglesa, habían “identificado” las huellas digitales halladas en el sitio, como las del estadounidense y lo habían culpado, a pesar de que él les había asegurado que en muchos años no había salido de EU, ni había estado en España, lo cual comprobó fehacientemente, pero no lo soltaban hasta que, una nueva revisión de “sus” huellas dactilares demostró que eran de otra persona, no de él, sino de un argelino, que era el que realmente había cometido el atentado).
Y algo que no menciona Honan, pero debe de considerarse, sin duda alguna, es que el gobierno estadounidense es el mayor de los hackers existentes en el mundo, ya que poniendo de pretexto el supuesto “combate al terrorismo”, penetra todos los días los datos de millones de personas en el mundo, sean o no “sospechosos”. Se entera de lo que suben a sus redes sociales, a sus correos, sus datos personales, sus cuentas bancarias… ¡todo!, con tal de, dicen las “agencias de seguridad” estadounidenses, como la CIA o el FBI, “prevenir” cualquier nuevo “atentado terrorista”. Y para cumplir mejor tan “noble tarea”, está construyendo la supuestamente mayor agencia de espionaje estadounidense, la NSA (National Security Agency) en medio del desierto de Utah un súper edificio que será considerado como el futuro centro de ultraespionaje, el que analizará, o sea, hackeará, diariamente millones de correos, de páginas de redes sociales, de datos personales…en fin, con los cientos de terabytes de “información” que se recaben a diario, se pretenderá que todo el internet sea filtrado y analizado por ese sitio, para que EU sea “más seguro”. 
En fin, lo preocupante, como señala Honan, es que, a pesar de la vulnerabilidad del Internet, y con EU a la cabeza de la penetración de datos confidenciales y muchas más delicadas cuestiones, aún se nos siga obligando a realizar en la red casi toda nuestra tramitología legal, financiera, laboral… de todo tipo, sin que realmente se esté a la par en medidas de seguridad digital. Seguirán los hackeos de información vital de personas como ustedes o como quien esto escribe, sin que la seguridad mejore y nuestras vidas estarán en manos de un desconocido, dañino, criminal Big Brother.



   
    
        

domingo, 24 de marzo de 2013

El capitalismo salvaje y su salvaje “defensa” de la propiedad intelectual



El capitalismo salvaje y su salvaje “defensa” de la propiedad intelectual
Por Adán Salgado Andrade


En la cinta “Zero Dark Thirty”, conocida aquí como “La noche más obscura”, la directora, Kathryn Bigelow, muestra los excesos a los que llega EU cuando se propone realizar alguna obsesiva “misión”, como en la historia referida en la película, basada en hechos reales, sobre la persecución y el supuesto asesinato de Osama bin Laden (quien alguna vez fuera cercano colaborador de la CIA, que, incluso, recibía un sueldo). En la escena del asalto a la casa en donde se suponía que vivía bin Laden, ubicada en una población de Pakistán, Abbottabad, un equipo especial de mariners viola, tanto el espacio aéreo pakistaní, al llegar en dos helicópteros antirradar, no rastreables, así como el territorio de dicho país, al incursionar en el barrio en donde se localizaba la casa de seguridad en la que vivía desde hacía algunos años un enfermo, inoperante bin Laden. Con lujo de violencia, dinamitando puertas y asesinando a mansalva a varios hombres y mujeres que estaban allí en la noche del asalto (en mayo del 2011), los prepotentes soldados allanan la casa, hasta dar con el “terrorista” jefe de Al Qaeda, a quien asesinan sin miramientos, pues la orden era exterminarlo en el acto. Y a los vecinos del lugar que, curiosos y temerosos, se acercan, sorprendidos y asustados por escuchar a uno de los helicópteros que, al perder el control, cayó a tierra, además de tantas explosiones y disparos, uno de los mariners los amenaza con que se retiren del sitio o les dispararán.
Refiero lo anterior, que no pareciera tener que ver mucho con el título del presente artículo, porque es buen preámbulo en el sentido de que EU se ha abrogado desde hace años tareas de “policía mundial”, derrocando gobiernos elegidos democráticamente, invadiendo países supuestamente ligados al terrorismo (Afganistán, Irak), imponiendo bases militares… en fin, resaltando en cada acción su poderío militar.
Pero también, en años recientes, se ha autoproclamado protector de los derechos de la llamada “propiedad intelectual”, sobre todo cuando empresas estadounidenses han resultado afectadas por acciones de piratería o hackeo de obras intelectuales, tales como películas, canciones, programas de cómputo… o todo aquel trabajo que esté registrado con una patente o un registro autoral en EU. Eso, incluso, lo está tomando como justificación para incursionar en la Web mundial e imponer medidas coercitivas que limitarían muchísimo la relativa libertad de la que actualmente gozan muchos sitios y millones de usuarios. Emplea a sitios como Facebook para espiar a posibles infractores, interviene correos electrónicos, emplea a hackers que actúan como una suerte de espías digitales sobre personas “sospechosas” de ser “terroristas” o comportarse como tales… y todas esas arbitrariedades e ilegales operaciones las hace EU, sin que aparentemente nadie se oponga o pueda hacerlo, pues, ante todo, pone por delante que es en defensa de su “seguridad interna” y, especialmente, de la defensa del “derecho intelectual”.
El Departamento de Justicia (DoJ) se pone en contacto directo con países en donde haya alguna persona u organización que “atente” contra los derechos de autor (el llamado Copyright Infringement) y, como si estuviera en su propia casa, envía agentes del FBI y policías estadounidenses para que “coordinen” la acción policiaca “legal”, que allane las instalaciones de los defraudadores y los lleve a prisión, violando muchas veces los elementales derechos de los supuestos “acusados”. Y todo en nombre de la “legalidad y la justicia”, como se hizo con el caso de bin Laden, mencionado arriba. También en nombre de la “seguridad y legalidad”, está construyendo la NSA (National Security Agency) en medio del desierto de Utah un súper edificio que será considerado como el futuro centro de ultraespionaje, el que analizará diariamente millones de correos, de páginas de redes sociales…en fin, que se pretende que todo el interenet sea filtrado y analizado por ese sitio.
Voy a referirme a un par de ejemplos en donde, justamente, los excesos a los que llega EU, ilegales y arbitrarios casi siempre, muestran que a sus labores policiacas les tiene sin cuidado que invadan un país, violenten sus leyes y “coordinen” con las fuerzas policiacas locales verdaderos asaltos, con tal de “defender” la propiedad intelectual.
El primer caso es el de la ya extinta empresa Megaupload, perteneciente a Kim Dotcom, un polémico empresario alemán, quien actualmente vive en Nueva Zelanda, en donde, ilusamente, creyó que nunca sería molestado en sus futuros negocios. El caso fue muy sonado en enero del 2012, tanto por el impacto mediático que provocó, así como la forma tan ilegal y arbitraria como actuaron autoridades locales en coordinación con policías estadounidenses y agentes del FBI, como veremos.
Megaupload era una empresa que operó hasta inicios del 2012, la cual contaba con un inmenso archivo conteniendo todo lo inimaginable, desde videos caseros, libros, películas, manuales… una especie de Youtube, pero no sólo de videos, sino información de muchas categorías. El servicio era digamos que gratuito, obteniendo ganancias de la publicidad que acompañaba a los archivos que se desearan descargar, tal como actualmente hace Youtube. De esa forma, obtenía alrededor de $25 millones de dólares de ingresos por año. Otros $150 millones de dólares, los conseguía al ofrecer su servicio “súper rápido” de descarga del material. Kim Dotcom, era el dueño del sitio, el cual fundó en el año 2001, cuando tuvo la necesidad de difundir los videos de las carreras de autos en las que él mismo participaba. Era conocido como un gran corredor en ese entonces y poseedor, también, de una mediana fortuna, de varios millones de dólares, que había conseguido gracias a negocios previos, como Data Protect, empresa que en los años 90’s daba asesoría de seguridad en Internet a empresas (Dotcom tuvo una niñez muy dura, hijo de padre alcohólico, golpeador, y madre sumisa. Aún así, cuando tenía 15 años, se hizo de buen dinero administrando un negocio ilegal del chateo telefónico muy común en los 90’s, con el cual él se quedaba con 15 centavos de dólar, por minuto, de los que empleaban su, ese sí, ilegal negocio. Dotcom asegura que ese “negro” pasado aún lo persigue).
Dado que era muy complicado enviar los videos en los correos como archivos adjuntos, por ser muy grandes, a Dotcom se le ocurrió, junto con un socio, crear Megaupload, que permitiría a los fans de las carreras bajar los videos cuando quisieran y cuantas veces así lo desearan. Dotcom, gracias a su fortuna, ofrecía, además, dinero por videos de carreras que le fueran ofrecidos por los usuarios. Y algo que al principio sólo hizo por mero pasatiempo, al final le halló el potencial valor de convertirse en un gran negocio: bajar del Internet lo que se deseara, teniendo, claro, millones de archivos que permitieran esa suerte de panacea de la información.
Y es algo que, en otras ocasiones, EU ha perseguido, su oposición a que la información se distribuya libre y gratuitamente, sobre todo en esta era en donde, gracias al internet, eso es posible (y deseable). Sucedió, por ejemplo, con Napster, esa empresa que en los años iniciales del internet, permitía la libre descarga de melodías en formato MP3. A su fundador, Shawn Fanning, luego de un largo juicio, que también incluyó allanamiento de las oficinas y confiscación de todo el equipo, se le obligó a cambiar su forma de ofrecer música (ya no fue gratuito, sino que se cobraría una cuota. Pero eso acabó con el glamour de Napster y fue absorbido por otra empresa. Uno de los cofundadores, Sean Parker, luego se hizo accionista fundador del entonces naciente sitio Facebook).
También Youtube tuvo que acordar que cancelaría videos si éstos infringían las leyes de derecho de autor (por eso es que ahora varios videos aparecen cancelados, debido a que los autores de los mismos han demandado a Youtube suprimirlos).
Eso fue una especie de armisticio legal, que comenzó cuando en 1998 el entonces presidente Bill Clinton firmó la Digital Millennium Copyright Act, DMCA, ley que perdonaba a los infractores, siempre y cuando demostraran que el contenido que manejaban era de los usuarios y desconocían, por tanto, el origen de aquél, que no actuaban de “mala fe” y que, si era material protegido, debían de cancelarlo de sus servidores, a petición expresa de la empresa que poseyera el material.
Así, gracias a esa “ley” estadounidense, aplicable en todo el mundo, varios sitios merecieron sólo una especie de regaño, pero siguieron operando libremente, justo como Youtube, por ejemplo. Incluso, fue también por iguales motivos que Google renunció a llevar a cabo su proyecto de biblioteca digital, el cual tenía la finalidad de digitalizar todos los libros existentes hasta ahora (¡vaya si era muy ambicioso ese proyecto!) y permitir su libre consulta y descarga por cualquiera que así lo deseara (algo así quiso hacer el recientemente fallecido joven innovador Aaron Swartz para dejar libres archivos de investigaciones científicas del sitio JSTOR, al que había que pagar una costosa cuota por estar suscrito y tener acceso a dichos archivos. Swartz se suicidó hace unos meses, presionado porque el DoJ había pedido varios más de 30 años de prisión, en caso de haber sido sentenciado).
Dotcom alega que, justo, acogiéndose a la DMCA, las políticas de Megaupload, al respecto, exigían que los usuarios retiraran material que estuviera protegido. Igualmente, de algún tiempo para acá, trabajaba directamente con artistas o compañías musicales, las que permitían descargas de material musical a cambio de compartir el dinero de la publicidad entre ellos y Megaupload, que acompañaba a tales descargas gratuitas. Dotcom asegura que ya trabajaba también en un esquema similar para permitir descargas de cintas. Al parecer, el material que más le ocasionó problemas fue, justo, el de la libre descarga de películas, sobre todo hollywoodescas, dado que, aseguran los estudios cinematográficos, eso afecta mucho sus ganancias.
Así, cargos de piratería le fueron achacados, pero también lavado de dinero y actividades mafiosas.
Y con esos infundados cargos, como alega Dotcom que se le hicieron, el 20 de enero del 2012, su casa, una enorme y lujosa mansión de 24 millones de dólares, localizada en el poblado de Coatesville, en Nueva Zelanda, conocida justo como “Mansión Dotcom”, fue violentamente allanada.
La noche anterior, Dotcom había estado grabando una canción (el canto es otra de sus “excentricidades”) en los estudios Roundhead, junto con el cantautor Mario “Tex” James y el productor Printz Board. Eran las 4:30 de la madrugada, cuando llegó en su Mercedes S-Class, conducido por su chofer y guardaespaldas. Dotcom tuvo la sensación de ser perseguidos. Y así era, pues ya, el 5 de enero, un juez federal estadounidense, basado en un “archivo” de 72 páginas, había hallado “culpable” a Dotcom, y había ordenado su captura, cual vulgar y “peligroso gánster”.
La casa de Dotcom estaba equipada a prueba de ladrones, así que su allanamiento no fue fácil, pues la policía tenía “informes fidedignos” de que el “delincuente” contaba, incluso, con un cuarto de seguridad, el “Cuarto Rojo”. El asalto a su mansión fue muy calculado. El equipo especial “antiterrorista” neozelandés, coordinado, ilegalmente, por agentes del FBI y otras autoridades estadounidenses que, como ya dije antes, operaron extraterritorialmente en ese país a su antojo, como si estuvieran en el suyo propio, esperó hasta que Dotcom estuviera en su lujosa habitación y a punto de dormir en su lujosa cama de $103,000 dólares (otra de las excentricidades de este singular personaje es que gusta dormir plácidamente, sin interrupciones de ninguna especie, ni ruidos, todos sus empleados deben de respetar su sueño, no haciendo nada mientras duerme. Por eso, Dotcom posee tres camas hechas por la casa Hãstens, confeccionadas con pelo de caballo, algodón y lana, diseñadas totalmente al gusto y a la ergonomía del cliente. Para alguien que mide casi dos metros y pesa 175 kilogramos, además de ser millonario, pues es un pequeño lujo).
Y como si fuera, en efecto, un peligroso terrorista (y me vienen a la memoria las escenas descritas de cómo se allanó la casa de bin Laden, que muestra el filme de Bigelow), el grupo de decenas de policías fuertemente armados con rifles de asalto Bushmaster, granadas, marros… y cuanto se requiriera para atrapar a Dotcom, llevaron a cabo la operación que desde Washington se bautizó como Operation Takedown (operación derribamiento).
Llegaron en helicópteros, invadiendo prados, patios, azoteas… y se abrieron paso por la fuerza, derribando con pesados mazos las gruesas puertas de la mansión, intimidando y sometiendo a los empleados a punta de bala, arrestando a la esposa de Dotcom, Maya, quien, en ese entonces, esperaba gemelos, junto con el primer hijo de ambos…
Cuando finalmente hallaron a Dotcom, éste estaba aterrado, esperando lo peor, oculto tras una columna, cercana a la cocina, que ni siquiera se había atrevido a encerrarse en el Cuarto Rojo, por temor de que ello les diera pretexto a los policías para que lo asesinaran.
Asegura que lo sometieron derribándolo al piso, pateándole las costillas, que le pisaron una mano, hasta sangrarle los dedos, luego de lo cual lo esposaron. Además del humillante, violento trato, cuando exigió que le dijeran bajo qué cargos lo arrestaban, un agente policiaco le dijo que era por “acopio de material intelectual protegido”. Dotcom no podía creer que fuera por eso. Pero cuando lo acusaron de “lavar dinero” y de actividades “mafiosas y delictivas”, estuvo seguro de que se trataba de un simple complot en su contra para acabar con un sitio que hasta entonces era muy apreciado por los 4900 millones de usuarios que lo empleaban cada año para obtener casi gratuitamente todo tipo de material cultural, literario, visual…
“De seguro, Obama y Hollywood están en mi contra, porque he tratado de hacer del Internet un verdadero espacio libre y sin trabas”, ha declarado recientemente.
Le fueron confiscados su colección de lujosos autos, obras de arte, como cuadros y esculturas, que se hallaban en su mansión, equipo de cómputo… además de que se le congelaron sus cuentas bancarias que tenía distribuidas en varios bancos de distintos países.
Tres más de sus socios, que se encontraban en su mansión ese día, fueron arrestados, también, acusados igualmente de asociación delictuosa, lava dólares y piratas informáticos. Se trata de Mathias Ortmann, alemán que se encargaba de la operatividad del sistema, Finn Batato y Bram Van der Folk, quienes también recibieron un denigrante, inhumano trato.
Luego del asalto a la mansión de Dotcom, fueron llevados a prisión, en donde se les confinó en una reducida celda a los cuatro, obligando a Dotcom, a dormir en una muy incómoda “cama” de cemento. Declara que pronto comenzó a sufrir terribles dolores en piernas, espalda y todo el cuerpo y lo más que hicieron las autoridades y el médico de la cárcel fue a darle Ibuprofeno y a “cuidar” que no se suicidara, algo que nunca estuvo en la mente de Dotcom, como ha dicho.
La idea de la “justicia” estadounidense era, y sigue siendo, extraditar a Dotcom a EU, en donde se le aplicarían excesivos cargos que le darían una sentencia de hasta 55 años, algo que nunca antes se había hecho con casos similares de supuesto acopio “ilegal” de material intelectual protegido (como dije antes, Youtube tuvo una situación similar, pero pudo arreglar el problema suprimiendo el material que tuviera derechos de autor, a petición expresa de los afectados).
Y justamente el violento, humillante e ilegal asalto a su mansión, la manera en que él, su esposa, su hijo, sus amigos, fueron tratados, los falsos cargos que se le imputan, la ilegal actuación de EU, extraterritorial, o sea, fuera de sus fronteras, y muchas otras ilegales, incluso, criminales acciones, Dotcom y su equipo de abogados las están empleando para revertir la demanda del DoJ y usarla en contra del propio gobierno estadounidense, de su actual presidente Barack Obama y de quien resulte responsable.
De hecho, en su primer juicio, algunos meses después de que pudo salir libre bajo fianza y estar “arrestado” en su domicilio, una juez neozelandesa, Helen Winkelmann, declaró que, en efecto, el uso de la fuerza policiaca había sido excesivo, pues se había asaltado con lujo de violencia la casa de un respetable ciudadano neozelandés (Dotcom tiene la ciudadanía de ese país), con policías fuertemente armados, lo cual es excepcional, pues la policía de ese país generalmente ni siquiera anda armada, además de que EU había actuado ilegalmente en Nueva Zelanda, atribuyéndose labores policiacas extraterritoriales totalmente ilegales. La juez empleó como evidencia, un ilustrativo video tomado por la propia policía, en el cual se ve como decenas de policías realizan el excesivo asalto (fueron tantos agentes, que hasta llevaron sus baños portátiles, para que tuvieran en donde hacer sus necesidades, durante todo el tiempo que les llevara cumplir eficientemente con la Operación Debut, como se le llamó a esa acción en Nueva Zelanda).
También Dotcom tiene preparada una demanda contra los funcionarios neozelandeses que ordenaron tan ilegal acción, actuando en contubernio con los estadounidenses. De hecho, el gobierno neozelandés, reconociendo que, en efecto, la acción contra Dotcom fue excesiva e ilegal, le permitió sacar del banco $4.8 millones de dólares, para que pudiera costear los gastos legales y de su defensa.
Dotcom asegura que ganará el juicio y que EU le repondrá todo lo que le robó, además de que deberá de darle una muy fuete compensación por daño moral y a la salud tanto de su familia, de sus amigos y sobre todo de él mismo (muy seguro, afirma que le pondrá a su yate “Comprado por el FBI”). De ser así, quizá, más que un triunfo personal, sería una victoria social para impedir que el internet se censure y sea otra arma más de control de los gobiernos y corporaciones dominantes que se valen cada vez más y más de la red para emplearla para sus personales, controladores y muy lucrativos intereses. Recuérdese el caso de Julian Assange, quien por difundir en su sitio Wikileaks incómodas noticias, sobre todo para EU, está asilado desde hace meses en la embajada ecuatoriana en Inglaterra, en vista de las pretensiones de EU de extraditarlo y aplicarle, incluso, la pena de muerte dada la “gravedad” de sus “crímenes”, a quien, por cierto, Dotcom tiene en muy alta estima por su valerosa tarea.

El segundo caso que referiré es sobre una cuestión de piratería tecnológica, que implicó copiar máquinas tragamonedas, de ésas que provocan la ludopatía, o sea, la adictiva afición a los juegos de azar, que, en sí mismos, de por sí no son un “avance” del cual enorgullecerse, pues, al contrario, es una manera de explotar hasta el ocio de las personas, incitándolas a gastar su dinero en esos adictivos artilugios. Pero aún esos inútiles engendros tecnológicos protege el capitalismo salvaje muy celosamente…y la coludida mafia en el poder estadounidense. 
Aquí, la ofensa provino de un hombre que aprendió a copiar y fabricar, justamente, máquinas tragamonedas. Su nombre, Rodolfo Rodríguez Cabrera, un cubano muy hábil en cuestiones de electrónica y circuitos, quien en 1983 fue a estudiar aeronáutica a Latvia, estado que aún pertenecía a la Unión Soviética. Allí estaba una de las mejores escuelas aeronáuticas de la ya extinta federación soviética. Sin embargo, poco después de que Rodríguez se graduó, Latvia logró su independencia de la agonizante URSS y se quedó de pronto sin futuro, dado que Latvia no tenía una industria aeronáutica propia, así que debió de contentarse con aprender a arreglar radios y teléfonos.
Sin embargo, al poco tiempo, dada su habilidad e ingenio, aprendió a arreglar máquinas tragamonedas, que ya por entonces estaban muy de moda en bares, en donde tipos tomados se ponían a jugar, sin importarles perder varias monedas a causa de su etílica “diversión”. Rodríguez se dio cuenta de que no era muy difícil alterar esas máquinas y cargarlas, incluso con otro tipo de juegos.
Esas máquinas eran fabricadas por la empresa considerada actualmente como líder mundial en el ramo, la estadounidense International Game Technology, IGT, con sede en el estado de Nevada. Esta empresa fue fundada en 1971 por William “Si” Redd, quien por entonces se dedicaba justamente a distribuir máquinas fabricadas por la empresa Bally Manufacturing Corporation of Chicago. Por esos días, las tragamonedas no eran muy bien vistas por las empresas dedicadas a explotar los juegos de azar y, más bien, se empleaban marginalmente, colocándolas en las orillas de los casinos, dirigidas a aburridas mujeres, las que así pasaban el tiempo, gastando unas monedas, mientras esperaban a que sus adictivos maridos terminaran de jugar a las cartas.
Como esas primeras máquinas eran muy fáciles de alterar y, quien así lo hacía, podía quedarse con todo el dinero contenido, Redd percibió que si se les incorporaban juegos y se hacían más sofisticadas, podrían ser, además de más seguras, un mucho mejor y más lucrativo negocio para los casinos. Y así fue. En 1971, las máquinas tragamonedas sólo participaban con el 36% de los ingresos de la industria de los juegos de azar, pero para 1981, ya representaban 44%. En la actualidad, más de dos tercios de los ingresos de los casinos, se deben a esos ingenios, gracias a que la incorporación de atractivos juegos, que se ofrecen como un plus a los entusiastas ludópatas, las han vuelto más demandadas (de hecho, como se han establecido ya en todo el mundo, en forma de inocentes juegos electrónicos, constituyen un problema social, debido a la fuerte, costosa adicción que provocan, pero eso, claro, es algo que no les importa ni a los fabricantes, ni a los dueños de los casinos y, mucho menos, a los mafiosos “gobiernos” que permiten esos adictivos negocios). Es un negocio que deja más de $2000 millones de dólares al año, gracias a que es muy atractivamente adictivo entre los empedernidos jugadores, deseosos de ganar de vez en cuando, aunque ellos deban de perder mucho dinero las más de las veces. Y eso que las máquinas están diseñadas para permitir, en efecto, que los jugadores pocas veces ganen. Si la empresa fabricante dice que darán a ganar 92 centavos de cada dólar que se les inserte, así debe de ser. Y para ello, hay organismos gubernamentales que deben de cerciorarse de que así sea. También deben de garantizar que no fallarán, pues si una de tales máquinas resultara defectuosa, o sea, que dejara ganar más a los jugadores que lo que estuviera permitido, la empresa fabricante tendría que pagarle al casino las pérdidas que en cierto momento éste tuviera. Por lo mismo, se han hecho más complejas, además de que ofrecen, como dije, juegos, a los que los leales jugadores de tal o cual casino, pueden acceder con una especie de tarjetas de “lealtad”, las cuales son insertadas desde que se comienza a jugar. Justamente el que la máquina permita al jugador tener acceso a un juego luego de cierto tiempo, es algo que se debe a complicados algoritmos, diseñados por experimentados matemáticos y programadores que trabajan en tales tareas. IGT, está siempre a la búsqueda de nuevos talentos, con tal de que su máquinas sean muy seguras y atractivas. Por lo mismo, cuida la empresa con mucho recelo sus programas, así que si alguien como Rodríguez logra averiguar tales secretos, constituye un peligro real.
Una vez descubierta la forma de hackear y copiar los programas de juegos de las máquinas de IGT, empresa que el cubano dice admirar, Rodríguez vio el potencial que tenía por delante. Fundó FE Electronic, y se dedicó a adquirir máquinas de IGT desechadas, a desarmarlas, quitarles la tarjeta madre y a cargarles los juegos de IGT. No sólo eso, sino que las comenzó a armar tan bien, copiando todo, hasta los monitores y los cristales que los protegían, que muy pronto sus clones eran tan perfectos, que resultaban indistinguibles de las máquinas originales, las que llegan a costar hasta $10,000 dólares. Rodríguez las ofrecía por una fracción de eso.
Sin embargo, su error fue una desmedida ambición. Se asoció con un estadounidense, Henry Mantilla, quien también se dedicaba a la distribución de las tragamonedas. Mantilla quedó deslumbrado al ver lo perfectas que eran las copias de las máquinas de IGT hechas por Rodríguez, y de inmediato se ofreció a distribuirlas. Llegó el momento en que eran tan demandadas, que, de plano, prefirieron vender el sistema que empleaba Rodríguez para cargar los juegos de IGT y que los que lo compraran, los cargaran ellos mismos en otras máquinas.
Rodríguez seguía operando desde Latvia, muy contento de su próspero negocio, que ya le estaba dejando miles de dólares por mes.
Si embargo, una ocasión que regresaba de la calle, vio que decenas de policías vestidos con chalecos antibalas y fuertemente armados, habían allanado el local en donde FE Electronic armaba las máquinas falsas. Lo que más le sorprendió fue ver que entre los policías había algunos con el pelo negro, tomando Coca-cola. Resultaron ser agentes del FBI, que estaban operando a sus anchas en Latvia, otra vez ejerciendo poderes extraterritoriales, justo como en el caso de Dotcom. IGT había percibido el problema, dado que la demanda de sus máquinas estaba bajando considerablemente, sobre todo en el mercado sudamericano, y había dado aviso al DoJ, quien se encargó de hacerle justicia a la empresa, con tal de que ésta no siguiera perdiendo dinero en su muy noble tarea de crear ludópatas por todo el mundo, que se quedan incluso sin dinero, con tal de mantener esa destructiva adicción a jugar, deseando que de vez en cuando ganen.
El socio de Rodríguez, Mantilla, que operaba en los EU, también fue allanado en su domicilio y arrestado.
Ambos fueron llevados a una corte estadounidense, quien, a cambio de que se declararan culpables, los condenó a dos años de prisión y a pagar una multa cada uno de $151,800 dólares, con tal de compensar en algo las “fuertes” pérdidas sufridas por IGT debido a las ilegales copias de sus adictivas máquinas. Como Rodríguez nunca fue ciudadano propiamente de Latvia, en donde vivía renovando su permiso como residente cada cinco años, durante el juicio, se le pasó la fecha de renovación, por lo que no puede regresar al país. A Cuba, tampoco puede entrar, ya que perdió la ciudadanía hace años y le fue confiscado su pasaporte. Así que encima de ser acusado de “peligroso clonador de máquinas tragamonedas”, no tiene ciudadanía alguna. Alega en su defensa que admira mucho a IGT y que consideraba un “honor” que pudiera “copiar” las máquinas y su forma de operar.
Vale la pena resaltar nuevamente que Rodríguez fue detenido bajo condiciones totalmente ilegales, dado que ningún cuerpo policiaco de ningún país puede operar en otro, pues ni tiene jurisdicción y no tiene por qué actuar en donde no sea su territorio… claro, excepto los agentes del FBI, quienes ven al mundo por igual, un sitio en el que pueden actuar a sus anchas, portar armas y ejercer su “legalidad”, sin importar las leyes locales.
Pero todo sea en nombre de la defensa de la “propiedad intelectual”.

Contacto: studillac@hotmail.com