miércoles, 25 de abril de 2012
El holocausto palestino a manos de Israel
viernes, 6 de abril de 2012
Final de otro sexenio panista: más pobreza, más inseguridad
Final de otro sexenio panista: más pobreza, más inseguridad.
Por Adán Salgado Andrade
Desde la empobrecida ciudad de México. Nos acercamos ya al final de un segundo sexenio panista y hay que resaltar los pésimos resultados que tuvieron este par de fallidas administraciones (la de Vicente Fox, primero, y la actual, de Felipe Calderón) en México, sobre todo porque se trata de un partido que, mientras estuvo a la sombra, criticaba con mucho ahínco lo que los gobiernos priístas, sus antecesores directos, hacían.
El resultado, a casi doce años de que se prometió un “cambio” de políticas económicas, de proyectos sociales, de mayor apertura “democrática”… y un sinfín de incumplidas promesas, es que en este país reinan actualmente los mismos problemas que se prometió combatir, pero varias veces aumentados muchos de ellos. No pretendo hacer con este análisis una defensa del sistema político anterior, igualmente nefasto, corrupto, dictatorial y mafioso (entre otras “cualidades”), pero, como dije, es necesario porque el PAN pretendió presentarse como una verdadera alternativa que, es evidente, no sólo no mejoró muchos negativos aspectos que el monopolio político del PRI provocó por tantos años, sino que han empeorado cuestiones tan esenciales como la economía, la inseguridad o, incluso, la corrupción imperante en esos tiempos priístas, que fue más que rebasada. Baste ver, por ejemplo, los niveles de endeudamiento público a los que se llegó en once años de las administraciones panistas, casi $422,000 millones de dólares, que representan alrededor del 36% del PIB del año pasado, que fue cercano a los 1.18 billones de dólares ($1180000000000). Ese aumento tan brutal representa un 170% con respecto al endeudamiento que existía en el 2000, que era de aproximadamente $252,000 millones de dólares (mdd). Y particularmente en la administración de Calderón, el endeudamiento al que se llegó fue de casi el doble del anterior.
¿En qué se ha reflejado tanto peligroso endeudamiento? Vean, ni siquiera se han realizado inversiones fundamentales, como en PEMEX, que ha sido, digamos, la gallina de los huevos de oro, brindando alrededor de un tercio de los ingresos gubernamentales. No se ha construido una sola nueva refinería, a pesar de que las exportaciones de crudo son de varios cientos de millones de dólares (tan sólo el año pasado fueron de 62600 mdd. En el 2009, el año con más altos ingresos petroleros, las exportaciones fueron de $80640 mdd. Y PEMEX está valuada en $415,750 mdd). Pero, claro, se han hecho suntuosas e inútiles obras, como la llamada “estela de luz”, que de un costo original de 400 millones de pesos, se infló a los 1300 millones, con lo que se pudo bien haber construido un hospital, perfectamente montado con todo lo necesario. Otro ejemplo es la nueva sede del senado, una obra que ha costado casi $2300 millones de pesos. Por si no bastara su alto costo, ese edificio ha resultado con muchos defectos, pues por la corrupción implícita en su edificación, se retrasó su entrega, han estado saliendo todas sus fallas, tales como puertas de vidrio que se quiebran repentinamente, falta de agua, goteras, estacionamientos inadecuados… en fin, refleja, justo, el actuar del gobierno panista corrupto que impulsó su inútil construcción.
Además, claro, de los muy generosos salarios que se paga el gobierno, tanto a sus muy altos mandos, así como a tanto funcionario inútil, que no justifica los cientos de miles de pesos que perciben mensualmente. Por ejemplo, los diputados perciben, con prestaciones y todo, $231,000 pesos mensuales, lo que los convierte en los funcionarios mejor pagados del mundo (en Alemania, por contrastar, ganan los diputados alrededor de $144,300 pesos al mes).
Otro rubro en el que también se ha gastado mucho dinero es en el tal “combate al crimen organizado”, tanto por la adquisición de armas, así como por los sustanciosos sueldos y aumentos salariales que reciben ejército, marina y altos mandos policiales para que desarrollen una tarea que, en lugar de haber hecho de este país un lugar más seguro, todo lo contrario, la criminalidad se ha incrementado a niveles nunca antes vistos, aumentando los delitos de todo tipo, tales como asaltos, secuestros, homicidios (van más de 50,000 muertos, según señalan las cifras más recientes, en lo que va del calderonismo).
Lo descrito se acompaña, además, con las problemáticas sociales que una pésima administración conlleva, tales como alto desempleo, pues alrededor de 3 millones de mexicanos en edad de trabajar carecen de empleo (hablando conservadoramente, pues el INEGI toma como empleados hasta a los franeleros, por ejemplo). Eso ha llevado a que unos 14 millones de mexicanos recurran a la llamada “informalidad laboral” para tener un ingreso que les permita sobrevivir. Pero son tan magros los salarios que obtienen la mayoría de los mexicanos, que alrededor del 60% de la población actual es considerada en el nivel de pobreza o pobreza extrema (y no sólo las así llamadas clases bajas están resultando afectadas, sino incluso la media, como más adelante analizo). En contraste, cada vez hay más ricos, pues resulta que de las cuentas que se manejan en el mercado de dinero, o sea, la Bolsa Mexicana de Valores, 199694 (de igual número de individuos, un 0.17% de la población total) concentran una riqueza equivalente a 42.5% del PIB del año pasado, o sea, unos 464,000 millones de dólares. Es decir, se ha llegado a una impresionante hiperconcentración de la riqueza, contrastando con el aumento de los millones de pobres, muchos de los cuales ni siquiera tienen asegurada la comida de cada día que transcurre.
Por otro lado, en rubros tan importantes como la producción agrícola, tampoco este fallido gobierno ha hecho algo por impulsar y aumentar ese estratégico e importante rubro. Han aumentado dramáticamente las importaciones de alimentos, a grado tal que son más de mil millones de dólares mensuales en promedio los que se requieren para comprar alimentos, granos, sobre todo. En los once años que lleva mal administrando el panismo, se han gastado más de $87000 mdd sólo para importar alimentos, pues no se ha diseñado, a la fecha, un plan que realmente levante al campo y logre aumentar la muy necesaria producción alimentaria (con eso de que algún estúpido secretario del ramo declaró que era más barato importar maíz que sembrarlo, véanse las consecuencias). Además, la indiscriminada apertura comercial en el sector agropecuario con EU, empeoró la situación, pues no se puede competir con un país que subsidia fuertemente a sus agricultores (ver en este mismo blog mi artículo “Apertura total del TLC al agro mexicano… o de cómo se sigue matando al campo en México).
Y a lo descrito, hay que sumar, por si no bastara, la actual debacle económica, que inició en el 2008, teniendo como epicentro a EU, en donde la incontrolada desregulación económica, el estallido de la burbuja inmobiliaria en EU, así como el excesivo endeudamiento, fueron factores que se combinaron para desatar una crisis tan severa, que ya se considera igual o peor que la crisis del año 1929 (ver en este mismo blog mi artículos: “La crisis de los créditos en Estados Unidos: la consecuencia de gobernarse por índices” y “El convenenciero capitalismo salvaje”, en los cuales explico cómo dichos factores fueron los detonantes de los actuales, muy graves problemas económicos, que están afectando a millones de personas por todo el mundo). Y, claro, cuando suceden fenómenos recesivos como el que actualmente estamos viviendo, que ha hecho quebrar incluso a países enteros, como el caso de Grecia (ver en este mismo blog mi artículo: “El capitalismo salvaje lleva a la quiebra a países y provoca catástrofes ecológicas”), sus efectos perduran por muchos años. Por estos días, el Banco Mundial (institución financiera mimetizada como desarrollista, pero que, en realidad, está muy al servicio de los intereses estadounidenses), ha declarado que los efectos de las crisis, como la actual, duran más de diez años, aunque de todos modos no se llega, una vez que se “superan” los problemas, a los niveles que se tenían al inicio. Así que, de acuerdo con ello, si bien nos va, por allí del 2019, estaremos “superando” los devastadores efectos que en todo el mundo, especialmente entre las clases trabajadoras, está teniendo la crisis actual (hay que ver, por ejemplo, que las draconianas medidas de austeridad impuestas a sangre y macanazos policíacos en Grecia, además de no resolver en realidad nada, más que pagarles a los acreedores, supone un fuerte retroceso, pues factores como el nivel de vida de la población, así como su capacidad de consumo se verán afectados por muchos años, resultando peor el “remedio” que la enfermedad).
Y en el caso de México, basta realizar encuestas entre la población, para ver que, en efecto, el nivel de la economía ha sufrido fuertes estragos, sobre todo en la así llamada y casi inexistente “clase media”. Pero, además, una perniciosa consecuencia adicional es que la precariedad económica lleva a una acelerada descomposición social, dado que los sectores sociales aún más vulnerables (las así llamadas “clases bajas”, que todos vamos hacia allá), harán lo que sea, con tal de sobrevivir en medio de este salvaje sistema de “sálvese quien pueda” (ver en este mismo blog mi artículo “Sorteando la crisis”). Y dicha descomposición social conduce al aumento de actividades criminales y delincuenciales, como sucede actualmente en el país, lo que se ha visto reflejado en un importante incremento de la inseguridad, que también recogen las encuestas que a continuación expongo (agradezco a la señorita Vianey Riego del Valle y a los estudiantes de sociología del segundo semestre de la FES Aragón por el estudio realizado, en que baso este análisis).
La encuesta realizada se dividió en una parte social y en una parte económica. Comienzo analizando la parte económica.
Pues bien, en el estudio económico de la muestra estudiada, se obtuvo un ingreso promedio de apenas $9906 pesos, debiendo de trabajar en la mayoría de las familias, 70%, al menos dos personas por hogar encuestado (el promedio obtenido equivale aproximadamente a $330 pesos por día, alrededor de 5.5 salarios mínimos, lo cual concuerda con las cifras oficiales dadas recientemente, en las que se indica que el 85% de los trabajadores gana cuando mucho cinco salarios mínimos. Pero de éstos, alrededor de 63% perciben cuando mucho 3 salarios mínimos. El resto, lo que podría considerarse como “clase media”, un 22%, tiene sueldos de cuando mucho cinco salarios mínimos, como reportó nuestra muestra. Se tuvieron algunos salarios extraordinarios, de hasta $25,000 pesos mensuales, sólo en un 9.3% de los casos. Y arriba del promedio obtenido, únicamente está el 32% de las personas encuestadas, las que obtienen entre $10 y $15 mil pesos por mes. Como se ve, en general, no son realmente altos los ingresos).
Así pues, es difícil vivir sólo con un salario, y en los pocos hogares en que es así, es porque se trata de un sueldo relativamente alto (12.5%). En otros, en donde el ingreso es bajo, es porque recientemente perdió el empleo alguno (o algunos) de los miembros del hogar o no han podido conseguir uno, con lo que el deterioro económico es mayor que hace cinco años, cuando se realizó una investigación similar. Además, estamos hablando de hogares con pocos integrantes, de cuatro en promedio, y aún así se nota la afectación en el nivel de vida. Por otro lado, casi un 85% señalaron poseer casa propia, comprada hace años, lo que en esas familias implicaría cierta, digamos, “estabilidad”, pues al no tener que pagar renta, se tiene una relativa menor presión económica. Pagan renta un 22%, siendo relativamente baja, de $3 mil pesos en promedio (manifestaron que no pueden pagar más de esa cantidad).
Y si revisamos algunas de las comodidades que la “clase media” solía tener en el pasado reciente, también allí se refleja la disminución en su nivel de confort. Así, sólo un 30% manifestaron tener línea telefónica, lo cual indicaría la decreciente tendencia que está teniendo ese servicio, tanto por la crisis, como, además, por el creciente uso de celulares, que casi el 97% declaró poseer al menos uno, de tarjeta prepagada (y es porque resulta más barato, pues aunque no se tenga crédito, mientras el número esté activo, se pueden recibir llamadas o mensajes). Sólo 23% manifestaron poseer televisión de paga, lo cual también es indicativo de que ese relativamente reciente servicio, ya tampoco es tan popular (también porque el Internet ofrece opciones digamos que televisivas, como Youtube u otros sitios especializados).
Apenas un 15.4% dijeron tener computadora, lo que podría explicarse, además de la crisis, porque este instrumento tiende a ser sustituido por otras tecnologías, sobre todo porque el uso de las computadoras se está limitando mucho a interaccionar en las redes sociales, tales como el Facebook o a bajar contenido de la red, tal como música, fotos o videos y eso puede hacerse con dispositivos como los smart phones y últimamente los ipads (tabletas), que tienden a popularizarse (bueno, entre los sectores que aún pueden adquirirlos. Aunque como muchos compran a crédito, sí se ha incrementado su uso). Sin embargo, sólo 7.7% poseen Internet en casa, es decir, se está dando la creciente tendencia de que por el costo, muchos prefieren acudir a lugares en donde el uso de la red sea gratuito o en donde se puedan “robar” la señal (otro signo más de las actividades digamos que “ilegales” que se están dando por la crisis, pues muchos de esos dispositivos cuentan con rastreadores de señal y sus claves). Sin embargo, un fuerte signo de decadencia económica es que únicamente 3% declararon tener auto de modelo reciente, de cuatro años para acá. Me parece que este rubro sería uno de los más fuertes indicadores de la precariedad a la que está llegando la “clase media”, la que en los viejos tiempos era la que más consumía autos nuevos en comparación con la “clase alta” (baste recordar que antes, los aguinaldos servían para dar el enganche de un nuevo auto, incluso para pagarlo casi por completo. Ahora, los aguinaldos, excepto los de los funcionarios, senadores y diputados, sirven en su mayoría sólo para pagar deudas). Y esta fuerte baja en el consumo de autos nuevos se constata con la cifra que se tiene en cuanto a las ventas de vehículos de agencia en el 2011, que fue de poco más de 900 mil unidades, siendo la mayoría modelos digamos que económicos o de precio medio.
Bien, pero en el estudio se midieron, además de los satisfactores anteriores, lo que se gasta en muy importantes rubros como la alimentación, el transporte y en la educación. Así, se gastan en promedio $3470 pesos mensuales en alimentación, lo que significa que un 35% aproximadamente del salario se va en ese muy importante satisfactor. Claro, si de por sí los alimentos tienden a subir mundialmente, en este país es más acentuada su carestía, debido a que por las equivocadas políticas a las que aludo arriba, cada vez importamos más y más alimentos. Eso se refleja, pues, en el dinero que se emplea para adquirirlos.
Otro rubro que se lleva una buena parte de los ingresos es el del transporte, que en esta ciudad de México, cada vez más anárquicamente extensa, implica, además, en muchos casos, más de hora y media de traslado desde el hogar al centro de estudio o de trabajo. En el caso de la muestra estudiada se obtuvo un promedio de $1571pesos, que representan 15.8% del salario promedio, o sea, casi una sexta parte se va en pagar transporte. Como dije, eso concuerda con la realidad, pues algunos de los encuestados manifestaron gastar hasta cien pesos por día, dado que el transporte es cada vez más costoso (e ineficiente, por si no bastara). Un tercer rubro en importancia es el de los gastos educativos, o sea, lo que implica estar en la escuela, a pesar de que se estudie en un plantel público, pues eso implica gastos como el material requerido (libros, cuadernos, copias, cuotas), así como los consumos extras, tales como alguna bebida o alimento y aquéllos necesarios. Aquí, el promedio fue de $1040 pesos, o sea, un 10.4% del ingreso. Como dije, eso gracias a que en la encuesta los estudiantes acuden a planteles públicos y por eso continúan estudiando. De hecho, el que muchos jóvenes no puedan ingresar a alguna institución de educación media o superior, es factor para que la mayoría no puedan ya continuar sus estudios y decidan trabajar, por ejemplo, si es que tienen suerte y pueden conseguir un empleo (de lo contrario, se convierten en el creciente sector de jóvenes que ni estudian y ni trabajan, los despectivamente llamados ninis, que en el país se calcula que hay más de siete millones en esa situación). En cuanto a los gastos de salud, en la muestra son bajos, $415 pesos, probablemente porque se cuente con algún servicio público de salud, pero también porque la mayoría de la gente busca alternativas baratas para curarse, como los consultorios populares, y medicamentos de los llamados genéricos, que son menos costosos que los de “marca”. Eso no quiere decir que la población sea saludable, no, al contrario, los servicios de salud públicos, cada vez se saturan más, a pesar de ser muy deficientes, pues la mayoría de la población al carecer de ingresos suficientes para curarse cuando se enferma, debe recurrir a ellos, aún a sabiendas de que es en general malo el servicio que prestan (simplemente, cuando se requiere un estudio especializado, digamos, para determinar si un tumor es canceroso, se le da al paciente consulta a veces hasta dentro de tres meses. Imaginen, si se trata de una emergencia, quizá ya para entonces esa persona haya fallecido. Ver en este mismo blog mi artículo “Los deficientes servicios públicos mexicanos de salud: el caso ISSSTE”).
Otros rubros, tales como los gastos en cultura o en recreación, son bajos, pues además de que no se consideran en estos tiempos de crisis digamos que prioritarios, en especial el de la cultura tampoco es algo que se acostumbre (me refiero a los gastos que se destinan a rubros tales como obras de buen teatro, cine de arte, museos, exposiciones, libros, videos, principalmente. Es bajísimo el consumo cultural en México). En este caso, la cultura reportó un gasto promedio mensual de apenas $361 pesos.
La recreación, que, ésa sí, está más extendida, igualmente reportó un gasto bajo, $450 pesos, indicativo de la creciente precariedad económica.
También se midió el crédito, ya que su generalización es otra señal de que la crisis está pegando. Así, casi un 40% están solventando algún tipo de crédito, sobre todo de tarjetas de crédito, y en promedio se pagan alrededor de $2100 pesos. La contraparte es que algunos ahorran, 37% de la muestra, pero el promedio obtenido fue de apenas $800 pesos al mes, o sea, que en la mayoría de los casos, las familias viven al día y por eso es que han tenido gran auge los prestamistas y casas de empeño, quienes prestan dinero, cobrando leoninos intereses, de 6% o más al mes. Y millones no tienen otra alternativa que aceptar, con el riesgo de perder la mayoría de las veces el bien dejado en prenda (la casa, incluso, si el préstamo fue, por ejemplo, bancario, y se dejó la propiedad como “garantía”).
Ahora bien, tal precariedad imperante en la mayoría de la sociedad mexicana, como señalo antes, es uno de los factores que ha dado lugar a la descomposición social, la que se manifiesta, sobre todo, en un incremento paralelo de actividades ilícitas, dado que también se han cerrado bastante las oportunidades de empleo (según estadísticas recientes, tan solo en la ciudad de México hay 250,000 personas desempleadas, pero un 70% tienen como nivel de estudios de la preparatoria hacia arriba y un buen número cuenta con maestría o doctorado. Es decir, que la circunstancia de que a mayor preparación, mayor oportunidad de conseguir un empleo, está dejando de ser una realidad, constituyendo un fuerte motivo de frustración entre la gente que se ha esforzado por estudiar, pues sus empeños no tienen recompensa alguna. De hecho, están bajando las solicitudes para estudiar maestrías o doctorados, sobre todo si no se dan incentivos económicos para hacerlo, como becas).
Por esa razón es que muchos jóvenes, principalmente, son los que se suman a las filas de la delincuencia y del así llamado “crimen organizado”, siendo también los que mayor población constituyen en las saturadísimas prisiones mexicanas, pues alrededor de un 70% de los internos tienen entre 16 y 25 años de edad.
Y la inseguridad que ocasiona el alarmante aumento de la delincuencia se refleja también en la vida diaria, como reveló la encuesta.
Así, casi un 47% de los encuestados manifestaron como principal problema en su vida diaria la inseguridad, por encima de cuestiones tales como transporte malo o deficientes servicios públicos, lo que indica cómo ha fallado totalmente la estrategia gubernamental para el “combate a la delincuencia” (ver en este mismo blog mi artículo “La fracasada lucha panista en contra del crimen organizado). Esto se entiende, además de por la precariedad económica mencionada, porque también han ido cambiando los tipos de delitos, muchos de los cuales la tecnología actual ha ido facilitando o porque, simplemente, los delincuentes, en vista de que el gobierno se especializa más en “combatir” al narcotráfico, se han enfocado en realizar delitos digamos que más fáciles, tales como la extorsión o el secuestro, como veremos más adelante.
Por ese motivo, la inseguridad, en la muestra, casi un 47% manifestaron que sus actividades cotidianas se han visto afectadas en algún nivel. Así, muchos ya no pueden pasar por una calle determinada porque hay delincuentes o grupos de personas que les “piden” dinero o son asaltados constantemente en el transporte y problemas así. Por tanto, cabe preguntarse, ¿¡es esa la seguridad que prometió Felipe Calderón que dejaría!?
Pero, además, la cifra de los que han sufrido algún tipo de delito es alarmantemente alta, ya que un 87.5% de los encuestados afirmaron estar en esa situación. Y el tipo de delitos que han experimentado es diverso, indicativo de que la delincuencia “organizada” ya no se conforma sólo con los asaltos de antaño pues, como señalo arriba, ha preferido realizar actividades que no impliquen, por ejemplo, venta de droga, asalto a bancos o tráfico de personas, que aunque muy lucrativos delitos aún, podríamos decir que se han complicado en algo, no tanto por la “guerra” del gobierno en contra de ellos, sino que por tal guerra, el “crimen organizado” ha tendido a enfrentarse entre sí, en la lucha por el control de, por ejemplo, las zonas donde se distribuyen estupefacientes.
De esta forma, los encuestados han sufrido delitos como robo en calle (con violencia las más de las veces), 43.4%. Casi un 17% sufre cotidianamente robo en el transporte público (sobre todo, aquellos que se desplazan dentro del Estado de México), lo que implica un estrés constante de a ver a qué horas y quién es el asaltante. En sus casas han sido robados 9.43% (sigue siendo, por desgracia, asaltar casas, una constante desde hace años), lo que ocasiona traumáticas secuelas psicológicas, difíciles de superar (claro, pues se considera al hogar como el sitio más seguro). El secuestro, que tiende a extenderse, se manifestó en el 3.8% de los casos, sobre todo el denominado secuestro exprés, que consiste en que la víctima es amagada por un hampón que se hace pasar generalmente por taxista y le pide todas sus pertenencias y en caso de que tenga una tarjeta de débito o de crédito, la obliga a acudir a cajeros para sacar el mayor efectivo posible. Y ya luego la deja libre, so pena de que si voltea a verlo o lo denuncia la matará. Los aterrorizados “pasajeros” hacen todo lo que les digan, con tal de salir vivos de esa terrible, infame experiencia. La extorsión policiaca, practicada por delincuentes con uniforme o placas de judiciales (me refiero a policías “de verdad”, no a impostores), también es frecuente, manifestada también por 3.8% de los encuestados (este es otro crónico problema, la existencia de una corrupta, delincuencial “policía”). Y un 2%, manifestó haber recibido llamadas telefónicas tratando de extorsionarlos, sobre todo diciéndoles que tenían secuestrado a un familiar y que si no pagaban determinada cantidad de dinero, lo asesinarían. En todos los casos se trató, por fortuna, sólo de una atemorizante mentira.
Finalmente, agresión física, producto de algún asalto violento, han sufrido 5.7% en la muestra, lo que evidencia que ahora la criminalidad se acompaña de una alarmante sociopatía que no lleva a los delincuentes a conformarse sólo con asaltar a alguien, una mujer, digamos, sino que en muchos casos aquélla es violada o asesinada en el más desalmado de los casos.
Así que, como puede verse, en efecto, la inseguridad es ya endémica, agudizada tanto por la ineptitud de los actuales corruptos, ineptos tecnócratas en el poder, así como porque en el capitalismo salvaje, las ciudades se han convertido en selvas de concreto en las que priva la deshumanizada, individualista, egoísta máxima de “sálvese quien pueda” (acompañado ello de una lamentable insensibilidad, manifestada en cosas tan simples como jóvenes que no dan el asiento en el transporte a damas embarazadas o personas de la tercera edad, enfrentamientos físicos o verbales por cualquier cosa entre peatones o entre automovilistas y otros signos de la falta de verdaderos valores humanos, tales como la compasión, la solidaridad, la amistad, la sensibilidad, el cuidado de la naturaleza… entre otros. La gente tiende cada vez más y más a comportarse como simples autómatas consumistas, condición extremadamente ideal para este materialista sistema).
Y doy dos ejemplos concretos de cómo los delincuentes han preferido dedicarse a practicar otros delitos que no tienen que ver con tráfico de drogas, de personas o asaltos bancarios, por ejemplo, que hace algunos años, sobre todo éstos últimos, eran frecuentes. Las víctimas, en todo caso, son ciudadanos comunes, a merced de grupos criminales o simples individuos, para los que el sistema “legal” que supuestamente está para defenderlos, es incapaz o, ¡peor aún!, está ligado con dichos delincuentes, así que es inútil cualquier tipo de denuncia que, en todo caso, muchas veces resulta contraproducente, pues dichos criminales se desquitan con algunos de los denunciantes asesinándolos. Y por eso persiste el que los ciudadanos agraviados prefieran no denunciar, porque pocas veces sirve de algo, además de que, como dije, arriesgan sus vidas. Es realmente vergonzosa e infame esa situación, cosa que los estúpidos tecnócratas que detentan actualmente el poder no viven y por ello no les interesa resolver en lo más mínimo, pues muchos tienen guardaespaldas y circulan en sus autos blindados (además, una población atemorizada es más fácil de dominar).
El primer ejemplo que comento es el de Adela, estudiante de 25 años (no es su verdadero nombre). Hace poco abordó un taxi, dentro del Estado de México. Habiéndole indicado a dónde se dirigía, el supuesto conductor asintió. Todo iba bien hasta llegar a una avenida en la cual, en lugar de dar vuelta el taxista hacia el rumbo correcto, la dio al contrario. Desde allí, Adela se alarmó. Para confirmar que el tipo tenía malas intenciones, éste le soltó lo de “¡Ya valió madres, así que ni te pongas pendeja porque te mueres, cabrona!”. Luego, el delincuente se internó por unas callejuelas desconocidas para Adela y que por la mañanera hora aún estaban obscuras (el impuesto, absurdo, financierista “horario de verano”, inútil en nuestra situación geográfica, que mantiene a obscuras la ciudad hasta pasadas las siete de la mañana casi todo el año, ha contribuido al incremento de los delitos a tempranas horas). Allí, el sujeto le pidió todo cuanto llevaba, incluyendo su mochila, su celular, su monedero… todo. “¡No me dejó nada el desgraciado!”, dice Adela, resignada, pues confiesa que es la tercera vez que sufre un asalto. “Aunque, pues dentro de todo, he tenido suerte, porque no pasa de que me quiten las cosas”, como el “taxista” impostor, quien incluso, consumado el robo, tuvo el cinismo de exclamar “¡Cuidado!... ¿te lastimaste?”, dado que Adela, al salir del auto, tropezó y cayó de rodillas. “Sí, así de cínico ese tipo”, sonríe Adela. Pero, en efecto, corrió con suerte, pues, comentamos, a cuántas mujeres que sufren asaltos similares, las violan y muy lamentablemente algunas son asesinadas con saña, luego de ese asalto sexual (cientos de mujeres son asesinadas cada año en México, ¡otra cifra más que la “guerra contra el crimen organizado” emprendida por Calderón no ha logrado abatir!). Desde entonces, Adela ha tomado como “solución”, la de abordar solamente taxis “seguros”, que son aquellos que salen de una base, además de asegurarse de detalles como el que el auto tenga a la vista el tarjetón del conductor y que éste corresponda al que maneja. “Sí, la verdad es que aprendes a cuidarte”, concluye Adela. En efecto, se aprende a cuidarse y a sobrevivir en medio de esta anarquía social.
El otro ejemplo que doy es aún más grave y es de los casos en que es clara una complicidad con las corruptas autoridades judiciales y policiales. Platico con Sonia (no es su verdadero nombre), quien trabaja como mesera en un bar (antro, como se les llama aquí), en el Estado de México. El negocio es de unos parientes. Me dice que ya llevan varios años y que aunque ha sido lucrativo, con los años han debido de sortear una serie de obstáculos que sólo por su empeño y porque no viven mal de lo que ganan, han ido superando. “Mira, lo que pasa es que no se gana mal. En fines de semanas buenos, entran hasta ochenta y cinco, noventa mil pesos… pero a eso le debes de descontar sueldos, la bebida, la comida, la renta, los impuestos… y te vienen quedando libres como treinta mil pesos”, dice Sonia, reflexionando en las cifras. Tan sólo de renta pagan actualmente $46 mil pesos al mes. De salarios, con seis empleados, de a mil quinientos cada uno por semana, son casi cuarenta mil pesos. Y bebidas y alimentos, también alrededor de diez mil pesos semanales. “Pero, mira, además de esos gastos, debemos de pagar por seguridad”. Intrigado, le cuestiono sobre eso. “Sí, lo que pasa es que todos los antros, hasta donde sé, deben de pagar a gente que dicen que son de la Familia – se refiere Sonia al grupo criminal identificado como La Familia Michoacana, especializado, además de la venta de drogas, en secuestros, venta de seguridad y otros delitos –, que porque como te dicen que ganas mucho vendiendo alcohol, pues que le tienes que entrar, si no quieres que te pase algo o te quemen el local”. Ya había yo oído de ese cada vez más generalizado delito, pero nunca tan de viva voz, como lo narra Sonia. “Sí, y nosotros le tenemos que entrar con ¡tres mil quinientos pesos!”. “¿¡Al mes,!?”, inquiero. “¡No!… ¿¡cómo crees!?... ¡eso es a la semana!”. No dejo de mirarla por un buen rato, estupefacto por la revelación. “¿¡Entonces, pagan catorce mil pesos mensuales por seguridad!?”, exclamo. Sonia asiente, resignada. “Sí, y nos subieron hace poco la cuota, porque antes eran mil ochocientos a la semana. Y es peor si no pagas. A un amigo que se negó a pagar cuando abrió su bar, como al mes, fueron a dispararle. Le quemaron el local y mataron a un cliente”, agrega. Eso me recuerda las escenas de las cintas estadounidenses de los gánsteres de los años treinta del siglo pasado, los que, en efecto, vendían seguridad, y todo aquel que se oponía era asesinado y su negocio incendiado. Como dije antes, ya había yo escuchado de ese tipo de extorsión, en muchas partes, pero no tan cerca, digamos, sobre todo porque son zonas aledañas al Distrito Federal que, se supone, es actualmente de las zonas “más seguras” (con todo lo que implica más seguras, que, en este caso, significa que hay menos delitos). Y tampoco imaginaba que esa extorsión fuera realizada tan flagrantemente, sin que ninguna autoridad hiciera algo al respecto. “¿¡Pero, entonces, qué, qué sucede si no pagan!?”, insisto. “¡No... pues pagas o pagas, porque si no, te hacen algo o a tu negocio! Fíjate, nosotros tuvimos que cerrar dos meses porque tuvimos problemas con unos permisos. Cuando reabrimos, llegaron diciéndonos que les debíamos dos meses, a pesar de que les aclaramos que no había sido por nuestra culpa que tuvimos que cerrar. Nos dijeron que ese no era su problema, que les pagábamos o que ya sabíamos. Y mejor les pagamos”. “¿¡Y entonces, qué, no, para eso, están las supuestas autoridades, los policías!?”, pretendo reclamar, anonadado. Sonia sonríe, irónica. “Mira, las autoridades se hacen patos, están de acuerdo. Sospechamos de un comandante de la judicial… pero como no lo puedes probar, pues ni caso te hacen. Además de que te arriesgas a que ellos mismos les den el pitazo de que andas de llorón y te maten”, agrega fríamente Sonia. “Y las patrullas, sólo se asoman cuando cerramos, para ver a quién agarran borracho o con un vaso en la mano y a ver cuánto le pueden robar”, asiente Sonia, con una mirada de impotencia y de resignación.
Le agradezco a Sonia su información, compartiendo su impotencia y su resignada actitud de pues qué se le va a hacer.
Y me alejo del lugar, sin dejar de pensar en aquel hollywoodesco lejano oeste, en que los rancheros ricos, ladrones de ganado y tramposos, acompañados de sus pistoleros, eran los que mandaban en los condados, y los sheriffs se escondían en sus oficinas o eran sus cómplices.
Y pues, en eso, en una mezcla de salvaje, lejano oeste, y gánsteres impunes, se ha convertido a este sufrido país, víctima de grupos de poder, “guerra al narcotráfico”, deshonestidad y delincuencia policíaca, oportunismo electoral, “crimen organizado”, deshumanización y, sobre todo, corrupción e ineptitud de la mafia política que detenta el mando.
Contacto: studillac@hotmail.com
miércoles, 14 de marzo de 2012
Dos muy hollywoodescos crímenes de la vida real
Dos muy hollywoodescos crímenes de la vida real
Por Adán Salgado Andrade
Vivimos una época en que tanto bombardeo mediático, hecho por parte de distintas, masivas formas de difusión, cada vez en mayor número y de tendencia creciente, va influyendo los comportamientos sociales. Así, se ha vuelto muy común, por ejemplo, el repetir un gastado chiste televisivo, comentar hasta el cansancio sobre tal encuentro deportivo, copiar lo más posible el look del o la artista de moda, ser fan de una estrella al seguirlo en su Facebook o Twitter, estar al pendiente del nuevo estreno de la cinta de tal o cual saga (por ejemplo, de Crepúsculo o Harry Potter), tratar de ser como un superhéroe (entre los niños y adolescentes este es un muy común comportamiento), y cuestiones por el estilo.
Esto no es nuevo, por supuesto, ya que nace cuando la mediatización se hace cada vez más intensa y extensa. Muy probablemente la masificación de ciertos patrones de conducta y comportamiento sociales comienzan con la invención de la Radio, seguida de la Televisión, justo con la cual, la manipulación y enajenación que hoy vivimos tomaron su actual forma. Ninguna invención previa ha influido tanto como la televisión para, digamos, estandarizar tanto a una buena proporción de la población, así como a sus respectivos comportamientos sociales. Y en buena medida, aún lo sigue haciendo, a pesar de los nuevos medios de difusión, como las así llamadas redes sociales, las que ya también están contribuyendo con su dosis de normalización y estandarización de los millones de personas que se sirven de ellas para “comunicarse” entre sí, cosa que la mayoría de las veces, más bien, lleva a un aislacionismo de dichos redesocialeros, muchos de los cuales van perdiendo su capacidad para relacionarse con alguien de verdad, cara a cara (ver en este mismo blog mi artículo: “Las banales, adictivas y riesgosas redes sociales”).
Y por supuesto que para que medios como la televisión o el cine sean lo más efectivos que se pueda, los contenidos son igualmente importantes. Así, la cinematografía estadounidense, con el paso del tiempo, ha ido imponiendo estándares que tienden a copiarse por la industria cinematográfica mundial, además de los efectos sociales que dichos estándares han ocasionado, como señalé antes. Claro que también tienen que ver en esos anómalos comportamientos, los efectos especiales cinematográficos que Hollywood ha ido mejorando tanto con el tiempo, que han ido convirtiendo lo irreal en una asombrosa realidad que, sobre todo las mentes infantiles, las más influenciables, desearían a toda costa poseer. Porque ¿cuántos niños desearían tener los poderes mágicos de Harry Potter o las habilidades del temible pirata Jack Sparrow o los arácnidos poderes de Spider Man? (ver en este mismo blog mi artículo “El efectismo cinematográfico, la manera de llenar las butacas”, en donde analizo cómo las cintas Hollywood, han hecho hincapié en tontas historias, las que se enriquecen, digamos, gracias a los efectos cinematográficos, cada vez más desarrollados).
Pero no sólo niños, sino que los modelos sociales elaborados por Hollywood, incluso, han servido de inspiración hasta a grupos criminales. Por ejemplo, la cinta “El padrino” fue inspiradora fuente para Paul Gotti, uno de los últimos gánsteres contemporáneos. Sus biógrafos afirman que Gotti empleaba aquella película para “enseñar y entrenar” a sus mafiosos con tal que supieran cómo debía de ser un “buen, refinado gánster”. Aunque el desenlace de su vida no fue tan glamuroso, pues Gotti murió en una prisión de Illinois, en el 2002, por complicaciones de cáncer de garganta.
Y así, muchas cintas de acción, sobre todo de peligrosos criminales, han sido fuente de inspiración para que se den los llamados copy cats, delincuentes que tratan de seguir las técnicas empleadas de tal o cual famoso robo cinematográfico, por muy absurdo que en la realidad parezca (y que, al final, ha sido la causa de que el plan llevado a cabo haya finalmente fallado, pues la realidad no es como se plantea en el mundo Hollywood). Y me parece que justo es en EU, la meca hollywoodense, en donde un buen número de ciudadanos pretende encarnarse como algún personaje cinematográfico.
Una vez comentado lo anterior, voy a exponer dos ejemplos de crímenes de la vida real que, ustedes verán, parecen extraídos más de una cinta de acción, que de casos verdaderos. El primero de ellos, tiene que ver con un hombre que, de repente, se convirtió en agente especial, en busca de defraudadores financieros.
Hay que señalar, también, que EU es uno de los países en que la especulación financiera es una suerte de deporte nacional, pues todo mundo quisiera hacerse rico de la noche a la mañana invirtiendo sus ahorros y pequeñas fortunas en esquemas financieros que les permitan tener altas utilidades, mucho más en estos tiempos de hecatombe económica (Ver en este mismo blog mi artículo “Oportunista capitalismo salvaje o de cómo enriquecerse con guerras, desastres y enfermedades”). Por eso mismo, pueden caer en esquemas en los que sus creadores lo único que buscan es su provecho personal, no el de los incautos que ingenuamente les entregan su dinero con la esperanza de verlo multiplicado en pocas semanas. Y, en el primer ejemplo, la estafa fue la razón que detonó un hollywoodesco y, a la vez, curioso crimen.
David Sanders, por azares del destino, de repente se vio envuelto en una situación así. Sanders era vicepresidente de una compañía que se dedica a vender fibra óptica y cable de cobre. Hace unos años enviudó. Cathy, su esposa, murió víctima de cáncer cervical lo cual lo dejó bastante afectado, además de que quedó al cuidado de sus tres hijos, una niña de once años, un pequeño de siete y un bebé de casi dos años. A Sanders no le iba mal en su empleo, ganando unos cuarenta mil dólares al mes. En su juventud, tomó un curso sobre seguridad en el Instituto de Seguridad Avanzada, ubicado en Sacramento, California. Allí le enseñaron a usar armas, bastones, así como gas lacrimógeno. Al terminar el curso, fue distinguido como “Agente de Protección Ejecutiva”. Le fue otorgada una placa que contenía ese pomposo título, del cual, Sanders estaba bastante orgulloso. Incluso, por un tiempo, se dedicó a trabajar como guardaespaldas, mientras, por otro lado, se iniciaba en la industria del cableado. Luego, se casó, se hizo vicepresidente y la vida, digamos, que le era bella, ganando bien, teniendo su buena casa, su abnegada esposa, estrenando auto cada año… en fin, viviendo al clásico American way of life.
Pero las cosas cambiaron cuando falleció su mujer, pues se sintió triste, vulnerable, pensando que después de todo, la vida no era ya tan bella.
Sin embargo, su triste existir pareció recobrar la luz perdida cuando Will Sassman, el corredor financiero que le había manejado bastante bien, con buenos rendimientos, el dinero del seguro que cobró por la muerte de Cathy, le habló un día de diciembre del 2008 para pedirle su ayuda, dado que como sabía que Sanders se había dedicado alguna vez a prestar seguridad como guardaespaldas, pensaba que podría auxiliarlo en un grave problema que implicaba nada menos que un fraude financiero (lo que dije antes, estos crímenes fiscales se han vuelto muy comunes en ese materialista país). Sassman tenía en su oficina a varias personas que habían sido defraudadas no por él, sino por otro hombre al que Sassman le había confiado la totalidad de los fondos y ahorros de dichas personas. El hombre en cuestión se llamaba Anthony Vassallo, un joven de 26 años que había alardeado de ser todo un experto financiero y que si Sassman le entregaba todo el dinero de sus clientes, le podría garantizar rendimientos del triple o cuádruple en pocas semanas. Y, claro, la ambición se apoderó de Sassman y sus representados y… pues le entraron, con un capital total de 40 millones de dólares.
Pero, como suele suceder con esos absurdos esquemas de superenriquecimiento repentino y rápido, todo fue un engaño… o, más bien, a Vassallo las cosas no le salieron como había prometido y había huido con todo… o lo que había quedado. Como ya también comenté arriba, el que Sassman haya acudido a Sanders para ayudarlo a sus representados y a él, se asemejaría a un plot cinematográfico, pues, en todo, caso, Sassman debió de acudir a la policía o al IRS (la dependencia estadounidense recaudadora de los impuestos), la cual incluso cuenta con agentes especiales para esos casos de fraude. Al mismo Sanders le pareció rara la petición. Sí, porque es el clásico planteamiento de buscar a un justiciero que se encargue de los malos de la cinta, en este caso, Vassallo. Y como Sanders se había dedicado a eso, a proporcionar seguridad, pues parecía el personaje idóneo para la tarea.
Y así fue. Sanders, muy probablemente influenciado por héroes cinematográficos como Punisher o Mad Max, de repente sintió que sí, que él era una especie de elegido para atrapar al miserable ladrón y devolver a los defraudados inversionistas hasta el último dólar que hubieran perdido. Además, tenía en su favor su imponente físico, al menos por su estatura, 1.88 metros, y el ser fornido, pesando 110 kg, lo que podía intimidar a cualquiera (pero, en el fondo, Sanders era un “bombón”, como se expresan de él sus amigos y conocidos, que, incluso, era muy agradable en su trato. Eso también le ayudó, a la hora de recibir la sentencia del estupefacto juez que se encargó de su caso).
Y lo que sigue, en verdad, es como de película, ya que Sanders se armó de un equipo de hombres y de mujeres, con los que montó escenas que incluso eran hasta ensayadas con guiones escritos, con tal de darles más realismo.
Él y sus compañeros se hacían pasar por agentes especiales del gobierno, encargados de recolectar el dinero que defraudadores hubieran esquilmado. Para que se den una idea de los extremos (¡cinematográficos!) a los que llegó, Sanders les compró a todos uniformes negros, muy parecidos a los usados por los equipos policiacos antimotines conocidos como SWAT, chalecos antibalas, botas, lentes obscuros y, por supuesto, armas, las que, incluso, tenían permiso para portarse. Por si fuera poco, el remedo de agente especial, alquiló un par de camionetas negras, blindadas, Cadillac Escalade, así, como las que manejan los agentes especiales cinematográficos (en cualquier cinta que muestre agentes gubernamentales especiales verán que ese tipo de vehículos, los denominados SUV’s, son los de rigor).
Sí, realmente Sanders se apoderó de su papel como el recuperador de las fortunas perdidas.
Tuvieron su equipo y él suerte de principiantes, pues Vassallo – a quien uno de los defraudados inversionistas de Sassman había logrado capturar – les contó de un tipo que recién había invertido $1.2 millones de dólares en su fracasado esquema para que aquél, Vassallo, los especulara y que dado que nadie debía de merecer “trato especial”, pues era justo tomar su dinero para recuperar algo y regresárselo a los defraudados inversionistas. Así fue. Urata era el tipo al que se refería Vassallo, un hombre alto, calvo, intimidatorio, pero que al enfrentar al corpulento Sanders, mejor decidió negociar, y aunque no cedió todo su dinero, acordó entregarles 600 mil dólares.
Sanders se sintió todo un héroe y así siguió, seguramente creyéndose un Punisher. Luego, Vassallo les contó a los agentes especiales de otro corredor con el que había también invertido 850 mil dólares, un tal Buckhannon, el cual igualmente resultó intimidado por esos hombres “armados hasta los dientes”, que, en efecto, con sus uniformes, realmente parecían un equipo especial del gobierno. No sólo les entregó el dinero en el acto, sino que hasta les pidió que trabajaran para él, también para recuperar fallidas inversiones con otros estafadores, como Vassallo (el mismo Buckhannon, luego se supo, había cometido igualmente fraudes finacieros).
Y así siguieron los “casos especiales” en los que Sanders-Punisher siguió luchando por los derechos de defraudados inversionistas los que, incluso, le escribían conmovedoras cartas diciéndole que “mi vida se me fue con el dinero que me estafaron. Por favor, señor Sanders, devuélvame esa vida, atrape a los ladrones y que me regresen los ahorros de toda mi vida”. La explicación que dio Sanders al juez y en las entrevistas que concedió a la prensa, fue que de alguna manera él se apoderaba del dolor de las víctimas (lo comparaba con su propio dolor, de cuando murió su esposa) y por eso no dudaba en personificarse como un duro agente especial, con tal de recuperar el dinero.
Sin embargo, en cierto momento, nuestro Punisher, se convirtió más bien en el despistado Super Agente 86, ya que comenzó a cometer una serie de errores, como en la que fuera su, digamos, última misión, en la cual, los inculpados, otro par de fraudulentos corredores de bolsa, no se la creyeron y de inmediato llamaron a sus abogados y al FBI. Por ejemplo, Sanders, en esa ocasión, hasta a una supermodelo reclutó, la que debía de hacer el papel de amante del tipo que supuestamente era dueño del dinero defraudado, pero en la parte en que, simplemente ella debía de exclamar “¡Ni saben con el dinero de quién se están metiendo!”, se le olvidó entrar, pues estaba muy entretenida mandando un mensaje de texto desde su celular. Tampoco los otros temibles agentes reaccionaron adecuadamente, una vez que la supermodelo “olvidó” su sencillo diálogo. Por esa razón, como dije, los intimidados no se tragaron la torpe escena.
Así, cuando a Sanders, reales agentes del FBI le pidieron que se presentara ante ellos para cuestionarlo sobre sus ilegales acciones, aquél se sorprendió de que, en lugar de entablar un diálogo con él, como así pensaba, de inmediato lo amagaron, lo esposaron, le leyeron sus “derechos” y lo llevaron a la cárcel, en donde los cargos fueron los de suplantación de funciones oficiales, al hacerse pasar por agente especial, y extorsión. “¡Estoy aquí para ayudarles!”, gritó, mientras lo amagaban (vean que la pistolización en EU es tan normal, que por eso, por cargar armas, no tuvo Sanders cargos). Hasta unos bocadillos llevaba, pues ingenuamente Sanders creía que iba a ser una plática, así, de camaradas.
Sin embargo, como ya antes señalé, el juez que revisó su caso, Jim Morales, realmente no sabía si Sanders era un héroe o un simple delincuente, pues en realidad no había extorsionado a nadie, sino sólo había tratado de recuperar el dinero perdido de defraudados inversionistas. Además, Sanders había costeado con su propio dinero todas las operaciones. Por tanto, así, como de final feliz cinematográfico, Sanders sólo fue sentenciado a pagar una multa de insignificantes cien dólares y dos años de libertad condicional, de los cuales tendría que pasar 180 días de arresto domiciliario. Seguramente el juez determinó que Sanders era un simple hombre, que de repente se quiso sentir héroe, así, como los íconos manejados por Hollywood.
Si el caso referido concluyó bien, ahora les expondré otro que resulta mucho más extraño y, ese sí, no tuvo un final digamos que feliz.
Este comienza con un hombre, Brian Wells, de 46 años, que un 28 de agosto del 2003 entró a una oficina del banco PNC, en Erie, Pensilvania, con una bomba asegurada a su cuello, mediante una especie como de esposas grandes, advirtiendo que si no le daban $250,000 dólares, el artefacto explotaría. Aunque sucedió hace casi nueve años, el problema es que ese caso ha sido tan intrincado que apenas hace poco, en el 2010, supuestamente se “resolvió”, aunque no del todo, pues en realidad, la versión que narro a continuación es puesta en duda por Jim Fisher, criminólogo retirado del FBI, como más adelante señalo.
Wells fue directo a uno de los empleados del banco, un cajero, y le expuso la demanda y la amenaza de que la bomba estallaría si no le entregaban el dinero exigido, así que era mejor que se diera prisa. Sin embargo, el empleado le dijo que no tenían esa cantidad disponible y que sólo en la bóveda habría tanto dinero, pero que no había manera de abrirla. Wells, desesperado, le exigió que le diera lo que tuvieran y sólo le reunieron $8702 dólares. Con esa muy reducida cantidad, Wells salió, aparentando calma, subió a su auto y huyó.
Sin embargo, 15 minutos más tarde, fue alcanzado por la policía, junto a su auto, que había estacionado cerca de un bote de basura en donde se suponía que estarían las instrucciones que Wells seguiría para entregar el dinero y, finalmente, así lo esperaba él, conseguir la combinación de la cerradura electrónica que abriría el seguro de la bomba. Sin embargo, Wells fue de inmediato sometido por los policías, los que lo esposaron a la espalda. Wells les refirió que, horas antes, un grupo de hombres vestidos de negro y encapuchados, lo habían sometido, le habían colocado la bomba en el cuello, lo habían obligado a que asaltara el banco y le aseguraron que si seguía todas las instrucciones al pie de la letra, en unas horas más, hallaría la clave para deshacerse de la bomba y sería libre. Pero Wells no dejó de advertirles que la bomba estallaría si no seguía al pie de la letra las instrucciones, que era cierto, que no mentía. Lo dejaron esposado, tirado boca abajo, en lo que llegaba el equipo antibombas. Por desgracia para Wells, de repente, comenzó a escucharse un zumbido, que cada vez pulsaba más frecuentemente, hasta que en cierto momento, el artefacto explosivo, en efecto, ¡estalló!, dejando muerto a Wells, con un agujero a la altura de su tórax. El equipo antibombas llegó 25 minutos más tarde.
Los investigadores, muerto el principal implicado en el robo, y no viendo otra cosa más que hacer, pensaron que siguiendo las instrucciones que tenía anotadas en un papel, hallarían al o a los responsables del crimen. Sin embargo, cuando llegaron a un lugar del bosque en donde supuestamente Wells recibiría el resto de la información que debía de seguir, no hallaron nada. Pensaron que probablemente, quien fuera que hubiera ideado el plan, se habría dado cuenta de que habían atrapado a Wells y había huido.
Al comenzar a atar cabos, indagaron que Wells, unas horas antes de ir al banco, había recibido un encargo de la pizzería en donde trabajaba como repartidor, de llevar un pedido de pizzas a un lugar que resultó ser una torre de transmisión de una estación de TV. Pero nada más hallaron que les diera alguna pista de quién o quiénes habían planeado tan deleznable crimen, sobre todo porque, pensaban en ese momento, habían de alguna forma secuestrado a Wells, un inocente, leal empleado de una pizzería, que por más de diez años no había faltado, ni sus jefes habían tenido queja alguna de su trabajo.
Pero, como dije antes, resultó el asunto más complejo de lo que parecía. Poco menos de un mes después de la muerte de Wells, el 20 de septiembre, los investigadores recibieron una llamada de un tal Bill Rothstein, un solitario hombre de 59 años que vivía cerca de la torre de transmisión de TV. El hombre les dijo que había en su congelador el cadáver de un hombre, un tal Jim Roden, que una ex novia de Rothstein, Marjorie Diehl-Armstrong, había asesinado, supuestamente por una disputa de dinero, pero que le había pedido como muy especial favor que él lo guardara. También le había pedido la mujer que se deshiciera del arma homicida, lo cual Rothstein, declaró, había hecho lo mejor posible, fundiendo el arma y tirando los restos en varios lugares. E igualmente le había rogado aquélla que se deshiciera del cadáver, moliéndolo y luego enterrándolo. Como eso, hacer pulpa al cadáver, era demasiado para Rothstein, decidió dar aviso a la policía, temeroso, les dijo, de lo que pudiera hacer su ex novia, incluso inculparlo de la muerte de Roden. Los investigadores revisaron el congelador de Rothstein, hallando, en efecto, el cadáver de Roden, pero además también encontraron una curiosa nota, escrita a mano, que decía “Esto no tiene que ver nada con el caso Wells”, o sea, con el hombre que había muerto por la bomba asegurada a su cuello. Al siguiente día, Diehl-Armstrong fue detenida y condenada a 20 años, acusada de haber asesinado a Roden.
Pero la nota que hallaron los investigadores fue una complicación adicional al caso aún sin resolver de Wells, ya que parecía extraño que hubiera aparecido aparentemente sin relación alguna con el caso del cadáver en el congelador.
Sin embargo, varios meses después de esa cuestión, en enero del 2005, Diehl-Armstrong, la ex de Rothstein, supuestamente la asesina de Roden, el hombre en el congelador, habló con un fiscal, diciéndole que si la cambiaban de prisión, les diría todo lo que sabía sobre el incidente del hombre con la bomba al cuello. Diehl-Armstrong, de 56 años en ese entonces, era una mujer con bastantes problemas mentales. Aunque sus conocidos la recordaban como una persona muy brillante en sus años de escuela, casi una enciclopedia, luego se volvió una persona muy agria y violenta. Había asesinado a uno de sus novios en 1984, cuando tenía ella 35 años, supuestamente en defensa propia, asestándole seis tiros. Sin embargo, porque, aseguró, sólo se había defendido, fue absuelta. Luego, cuatro años después, en 1988, cuando ya estaba casada con un tal Robert Armstrong, un día éste llegó al hospital muriéndose a causa de un supuesto derrame cerebral, que, al revisarlo, los doctores notaron que había sufrido un fuerte golpe. Pero en ese caso, tampoco Diehl-Armstrong fue inculpada. Así que, como se ve, era bastante sospechosa, dado su pasado violento y poseedora de una mente brillante, de que fuera la autora intelectual del complot del hombre con la bomba al cuello. Sin embargo, sucedió otra cosa que contribuyó a agravar aún más el caso. Rothstein, el ex de Diehl-Armstrong, había muerto de linfoma en el 2004. Fue algo muy lamentable para Diehl-Armstrong, pues en sus declaraciones aseguró que justamente Rothstein había planeado todo. Que, entre otras cosas, era un tipo muy hábil para fabricar objetos diversos y complicados de diversas partes, como la bomba que había estado sujeta al cuello de Wells. Y, por si no bastaran ya tantas complicaciones, aseguró que Wells no era una víctima, sino que también era parte del plan de Rothstein. Ella sí sabía de dicho plan, incluso declaró que le había facilitado a Rothstein los cronómetros para que equipara la bomba, pero nada más. Y, sobre todo, aseguró que su ex había realmente asesinado a Roden, y que lo había hecho como una forma de despistar a la policía en sus investigaciones.
Pero hubo otros testimonios, como el de Kenneth Barnes, un ex adicto, ex vendedor de droga y viejo amigo de Diehl-Armstrong, quien aseguraba que sabía exactamente lo que había sucedido. En sus declaraciones, afirmó que la autora intelectual de lo sucedido era Diehl-Armstrong, que ella lo había planeado todo, nadie más, y que incluso Wells se había prestado al plan porque tenía una novia, una prostituta, que le exigía mucha droga, a cambio de concederle sus favores sexuales y que como Wells estaba ya muy endrogado con los vendedores de droga, pues necesitaba dinero. Barnes además agregó a sus declaraciones que Diehl-Armstrong había planeado el asalto del banco porque necesitaba dinero para pagarle a algún asesino a sueldo, con tal de deshacerse ella de su padre, quien, según la mujer, estaba dilapidando su fortuna, de la cual ella era heredera directa y para evitar que la siguiera malgastando, requería que alguien lo matara (¡miren nada más hasta qué nivel de falta de valores hemos llegado, pues independientemente de si eso era o no cierto, el caso es que hasta entre “familiares”, como hermanos, primos, hijos… son muy frecuentes los asesinatos por meras cuestiones de dinero!)
Sin embargo, cuando se confrontaron sus declaraciones con las de Diehl-Armstrong, ésta perdió varias veces la compostura, diciendo que todas eran mentiras, que Barnes había recibido dinero de Rothstein para declarar toda esa sarta de falsedades para inculparla. Aun así, al final se le declaró culpable y cumple actualmente una sentencia carcelaria (les urgía, además, al juez y a los fiscales, llegar a un veredicto, pues a Diehl-Armstrong se le diagnosticó cáncer mamario en el 2010, y se le dieron de tres a siete años de vida). El que también se encuentra purgando una condena es Barnes, quien, aseguró Diehl-Armstrong, igualmente había participado en el plot.
Y esa fue la historia oficial. Pero, como señalé al principio de la narración, el ex investigador del FBI Jim Fisher, no está de acuerdo con esa versión y sostiene la teoría de que todo fue obra del ya desaparecido Rothstein, quien planeó todo tan sólo como una forma de satisfacción, así, como un juego para retar a la policía y los investigadores, realizar una especie de crimen perfecto, muy al estilo Hollywood, tal cual plantean algunas cintas, como Saw o Swordfish, en la que los villanos se salen con la suya y nadie logra descubrir su plan. Conjetura Fisher que Rothstein, en efecto, era un tipo muy listo e ingenioso, capaz de diseñar sofisticados mecanismos de partes diversas, como la bomba de collar que portaba Wells, además de que sí debe de haber asesinado a Roden, para así inculpar a Diehl-Armstrong, quien de seguro conocía todo el plan, con tal de evitar que la mujer lo denunciara antes de tiempo. Y muy probablemente logró que Diehl-Armstrong se adjudicara ella el plan y lo revelara a Barnes, con tal de que ella se sintiera también importante, sobre todo, dada la condición de incapacidad mental que muchos psiquiatras le achacaban (en una ocasión, al realizar un cateo en su casa por un incidente anterior al señalado, se le hallaron 200 kilos de mantequilla y más de 350 kilos de queso, todos echados a perder, desparramados por toda su casa, llena de trastes sucios por doquier)
Muy probablemente Rothstein estaría enfermo cuando lo planeó todo o quizá su muerte agregó un tono más de enigma al caso, pero, de cualquier forma, el señor ganó, afirma Fisher, “pues el hijo de perra se llevó su secreto a la tumba y no habrá nunca modo de saber la verdad”.
Como ven, en efecto, en la vida real, la influencia Hollywood se vuelve muy presente en infinidad de delitos, y los que he expuesto son sólo dos (ya ha habido, por ejemplo, crímenes provocados por suplantación de personalidad en las así llamadas redes sociales, que también rayan en lo hollywoodesco. Ver en este mismo blog mi artículo “Las banales, adictivas y riesgosas redes sociales”).
Así que cabría preguntarse ¿cuántos delitos más surgirán, inspirados por esa cinematográfica, deleznable influencia?
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