jueves, 23 de octubre de 2008

Festival cervantino: elitismo cultural y represión policiaca.





Festival cervantino: elitismo cultural y represión policiaca.

Por Adán Salgado Andrade

Ciudad de Guanajuato, México. Desde que en 1972 se inició el Festival Cervantino en esta ciudad, auspiciado por el entonces presidente Luis Echeverría, de nefasta memoria (fue secretario de gobernación durante la represión del movimiento estudiantil de 1968), se dirigió sobre todo a la satisfacción cultural de una elite, que lo consideró más como un capricho cultural dirigido a los grupos de altos ingresos, que como una verdadera expresión de la cultura que pudiera extenderse a la mayor parte de los ámbitos sociales. Por ello, desde hace 21 años, en 1987, un grupo de artistas independientes decidió impulsar su propia versión del festival, que éste no se quedara como algo exclusivo de la gente “acomodada”, que saliera de teatros y auditorios, cuyos prohibitivos precios quedaban fuera del alcance de los grupos sociales de bajos ingresos, pero interesados también en ser partícipes de lo que el festival se ufanaba en alardear, que era un acto en donde los mejores valores culturales-artísticos, tanto nacionales, como internacionales, se daban cita allí. Así nació el llamado “Cervantino alternativo callejero”, que desde entonces tuvo como sede a la Plaza de los Ángeles, lugar cercano al mercado municipal.
Uno de tales grupos de artistas es Factotum, conjunto de rock que recientemente se volvió a integrar, tanto para celebrar sus pasadas glorias, como para impulsar nuevamente al tipo de música inteligente y con mensaje que ha caracterizado a dicha agrupación. La formación actual está conformada por Ricardo Salgado, guitarra, Miguel Ruiz, batería, y René del Valle, bajo. “La idea de hacer el festival callejero, fue para recuperar los espacios populares, para que la gente del pueblo también pudiera apreciar la cultura, que desde siempre ha sido sólo dirigida a los ricos del lugar”, dice Ricardo, explicando por qué Factotum hace años inauguró el “otro cervantino”. “Es que pareciera que la gente pobre no tiene derecho a la cultura, por eso fue que promovimos este festival”, continúa. Factotum de nuevo brilla, tras varios años de haberse separado por ciertas diferencias entre los integrantes originales. Esta banda de rock alternativo, de gran trayectoria artística (fue uno de los primeros grupos mexicanos que hizo giras totalmente independientes por Europa en el año de 1990), cuyas inteligentes letras y música de vanguardia reflejan la preocupación social de sus integrantes, es muy recordada y extrañada en Guanajuato y por ello sus integrantes pensaron que no habría mejor espacio para el relanzamiento de Factotum que el Festival Cervantino callejero de este año, así que como siempre se ha hecho, desde hace 21 años, se notificó a las autoridades locales la realización de las actividades acostumbradas en la plaza de los Ángeles. Sin embargo, a Miguel le fue enviado un poco formal correo electrónico por parte del presidente municipal, Juan Manuel Olivera Ramírez, en el que le informaba que se negaba cualquier permiso para que el festival alternativo fuera realizado. “Sí, ese cuate dijo que no, que ni lo intentáramos, y que si lo hacíamos, nos atuviéramos a las consecuencias”, comenta Miguel, mejor conocido como el “gitano del rock”. Y así fue. Esa plaza, en la que normalmente los seguidores del cervantino callejero esperan entusiasmados cada año su inauguración, ahora estaba ocupada por policías locales y preventivos, quienes con su característica prepotencia y su torvo mirar, estaban muy dispuestos a repartir toletazos y macanazos a la primera señal de “insubordinación” de los rockeros y cuantos alternativos intentaran llevar la cultura a la calle. “Fíjate, ni siquiera les pedimos nada, porque no nos dan nada, así que lo menos que esperas es que esté disponible ese espacio, que es público, no es un auditorio privado o algo así, ¡es la calle!”, dice Ricardo, comentando que las ineptas autoridades locales les decían que tenían que solicitar la plaza a algo así como la Secretaría de Hacienda local y, ¡absurdo!, debían de pagar por sus presentaciones, esto conforme a los lineamientos que el partido panista que gobierna el estado (y lamentablemente es el actual partido en la presidencia), han establecido, en el sentido de mercantilizarlo todo, mercenarizar la cultura. “No es posible, les dijimos, que se cobre al artista por hacer cultura, como si estuvieras vendiendo tortas o tamales”, exclama Ricardo. Sí, esto queda claro, ya que si no les dan ningún tipo de ayuda, pues tampoco tienen por qué esos prepotentes funcionarios prohibir una manifestación cultural que se da dentro de un entorno propicio para ello, como lo es el festival. “Sí, pues no estamos viniendo fuera del periodo en que se hace el festival, sino dentro, y para que la gente que no tiene recursos para ver una obra de teatro o un grupo musical, que les van a cobrar quinientos pesos la entrada, mínimo, pueda ver a artistas de calidad”, declara Miguel. Además, los artistas populares no son improvisados, sino que se trata de gente con larga trayectoria en lo que hacen. Pero en su cerrazón y su afán por aplicar la ley a como diera lugar, sin importar el apoyo de la gente que estaba en la plaza, los policías arrestaron a Miguel cuando éste informaba de la explícita prohibición que les habían hecho las autoridades de actuar. “Sí, me arrestaron con lujo de violencia, como si fuera un peligroso criminal”, dice Miguel, irónico. Para su fortuna, hubo un joven abogado, Baruk, egresado de la universidad de Guanajuato, quien, cámara en mano, se acercó en el momento de la detención argumentando a los policías que la detención era ilegal y que no había preceptos constitucionales ni legales que prohibieran un acto cultural, considerado como una forma de la libre manifestación de las ideas a la que todo ser humano tiene derecho, más cuando se trata de situaciones pacíficas. Gracias a su intervención y asesoría fue que Miguel salió libre a las pocas horas, sin tener que pagar fianza (“¡Allí lo hubiéramos dejado, pues ni dinero tenemos!”, bromean Ricardo y René) y sin demasiados problemas. “Mandamos fotos del arresto y la represión de la que fuimos objeto a Derechos Humanos, pero ni caso nos hicieron”, aclara Ricardo, reprochante, lo que confirma que esas instituciones que alardean su independencia del gobierno, en general se emplean como pantallas para simular que en este país de ilegalidades, prepotencia y autoritarismo, se “respetan” los derechos humanos. Sí, qué se puede esperar de una entidad que el año pasado, con relación a la muerte por violación de la señora Ernestina Ascencio, una septuagenaria indígena, que fuera ultrajada por soldados en el estado de Veracruz, declaró, en voz de su director, el señor José Luis Soberanes, que había muerto debido a una “úlcera péptica mal atendida”.
Así que las autoridades locales les pusieron como pretexto que, además de pedir permiso, debían de pagar. Sí, es entendible su mezquindad porque el festival oficial, el elitista, cada año, más que una manifestación cultural, es una manifestación del derroche, pues la mayor parte de los artistas “invitados” cobran bastante cara su actuación. Este año, por mencionar sólo algunos, se trajo a Juan Manuel Serrat, desde España, el espectáculo de danza y efectos especiales “The Aluminum Show”, desde Israel, Ana Belén, española, el conjunto instrumental la “Associació La Processó de Verges, también español, el conjunto instrumental “Barcelona 216”, otro español, la camerata “Camerata Romeo”, desde Cuba, el ensamble vocal “Cantus Cöllin”, desde Alemania, el trío de música contemporánea “Shades of time”, estadounidense… sí, pues todo eso sale muy caro, insuficiente para pagarlo con las entradas, a pesar de que son caras, así que una buena parte de los costos los debe de pagar el gobierno del estado… por eso tanta mercantilización de cobrarles a los artistas del festival callejero hasta por la banqueta que usarán como improvisado, pero más digno escenario. Ah, pero también para los jóvenes hay “propuestas musicales”, sí, claro, y para eso se contratan las mismas, comerciales agrupaciones de “rock” que monopolizan año con año el espacio oficial dedicado supuestamente a los jóvenes, tales como Café Tacaba o la Banda Elástica. “Mira, pues esos cuates, los tacubos, ni siquiera eran conocidos aquí cuando nosotros, como banda, ya andábamos brillando por España, Italia y Europa”, comenta Ricardo con orgullo. “Por eso te da coraje que si por la labor que desarrollamos desde hace 21 años, de dar a conocer el verdadero rock alternativo, ahora nos salgan con que les tenemos que pagar, como si fuéramos a poner un puesto de tacos o de fayuca… ¡son mamadas esas!”, agrega Miguel, quien refiere que quizá por su trabajo de años, no lo trataron tan mal en los separos policiacos durante su, por fortuna, corta detención.
Luego nos platican de los proyectos que individualmente Miguel y Ricardo también han desarrollado. “Yo tengo un grupo que se llama ‘Mi chavo el esqueleto’, que también es de rock, pero algo más comercial que Factotum”, platica Miguel. Ricardo, por su parte, tiene un proyecto solista llamado “Ozomatzin Boy”, cuyo título, de por sí, refleja ese biculturalismo que combina el náhuatl, lengua ancestral, con el inglés, producto quizá de nuestro inconsciente pasado colonialista. “Mira, pues no me gusta etiquetarme, para qué te voy a decir que soy hard core, metal, heavy… no, simplemente hago lo que me gusta hacer… tengo incluso canciones en náhuatl, porque me parece importante que también el verdadero rock alternativo, como música de vanguardia, que considero que sigue siendo, se combine con la lengua de nuestros olvidados antepasados, que, ya ves, el panismo ya hasta quiere que se nos olvide que descendemos de los mexicas, y por eso ya hasta se ha ido suprimiendo esa importante parte de nuestra historia de los libros de texto de la secundaria, ¿no?”, agrega Ricardo, quien también presenta su propuesta solista en el Festival Cervantino Callejero. Para René, el integrarse a Factotum, ha sido una magnífica oportunidad de dar a conocer su talento musical tocando junto a la legendaria banda. “Me gusta su propuesta musical y el mensaje de sus letras”, comenta. Y hasta un nuevo disco que contiene una compilación de sus mejores éxitos y videos ya sacaron, titulado “Factotum: el regreso”.
Dicen que tras varios días de difíciles negociaciones con autoridades déspotas y cerradas, por fin hasta el miércoles 15 de octubre – ellos llegaron desde el jueves 9 –, aquéllas se dignaron a “permitirles” usar la plaza de los Ángeles, pero con limitaciones, tales como horarios y días restringidos (les dieron como plazo hasta el jueves 23, pero lograron, por suerte, extender el plazo hasta el 26 de octubre). Y han aprovechado esos días tocando y presentando a otros grupos, para alegría de sus seguidores, muy contentos de que Factotum, luego de varios años de ausencia, por fin haya regresado a las calles, con su rock alternativo y exigiendo, sobre todo, su derecho a la libre manifestación de la cultura no institucionalizada y de las ideas. Incluso lograron hacer transmisiones diferidas de sus actuaciones a través del Internet*. Esto lo han logrado aún teniendo en contra a todo el aparato represivo y burocrático guanajuatense y federal (también estuvo presente la PFP durante la prohibición de que actuaran y la detención de Miguel), que ha hecho de ese festival, un simple espectáculo elitista en donde, más que exponer la cultura, se expone la intolerancia, la represión y los caprichos elitistas de los mandamases de Guanajuato. “Mira cómo las calles están patrulladas ya por el ejército, eso le quita a esta ciudad lo cultural, que en lugar de que veas a artistas alternativos, callejeros, veas policías, soldados y carros militares”, dice Ricardo, resaltando que, efectivamente, hay una fuerte presencia militar y de las policías local, estatal y federal, las que justifican las autoridades que se encuentran allí por “motivos de seguridad”.
No saben si el año entrante será lo mismo, que no les permitan las cerradas, ignorantes, mercantilistas autoridades panistas actuar, pero los tres aseguran que sin duda allí estarán, peleando su derecho inalienable de llevar la verdadera cultura alternativa a las calles.

*El link es: http://www.blogtv.com/Shows/340847/date/ZuXHY2Xwae3wZeZHYX

Contacto: studillac@hotmail.com

El agua dulce: cada vez más demandada y cada vez más escasa

El agua dulce: cada vez más demandada y
cada vez más escasa

Por Adán Salgado Andrade.


Los cambios climáticos debidos a la brutal contaminación generada por el ser humano, las crecientes actividades industriales (fuentes mayoritarias de tal contaminación), una agricultura mundial en aumento, el incremento en la población y un irracional desperdicio, principalmente, están ocasionando un incontenible empleo del agua, vital líquido gracias al cual existimos como especie y todas las otras formas de vida en el planeta y que no conformes con sobreexplotarlo, estamos también ensuciando y degradando. Además, la distribución del agua es tan desigual, que actualmente alrededor de 1100 millones de personas ni siquiera tienen acceso a fuentes seguras de agua para beber, la más elemental e importante de las necesidades. Y no se trata de que haya menos agua, no, pues la cantidad que existe es la misma desde hace millones de años, aproximadamente 1728 trillones de metros cúbicos (1,728,000,000,000,000,000 m³), y simplemente sigue el acostumbrado ciclo de evaporización, condensación en nubes y precipitación pluvial, sólo que ahora, debido a los factores aludidos antes, le toma a dichos procesos un total de quince meses reponer el agua que la humanidad requiere en apenas un año, así que desde allí estamos excediendo la capacidad de regeneración de nuestras fuentes de agua dulce.
Por otro lado, gran parte del agua renovada termina en los océanos, los que poseen el 97% del líquido existente en el planeta, pero aquélla es salada, no apta para la utilización humana, a menos que la sal, sobre todo, sea removida, proceso que consume demasiada energía para ser empleado de manera práctica y generalizada. El 3% restante, propiamente el agua dulce que consumimos, si bien nunca ha estado repartida equitativamente alrededor del planeta, ahora por los trastornos climáticos, el desperdicio y el consumo excesivo, como señalé, cada vez se concentra en un muy reducido número de regiones. Aproximadamente 50% del agua dulce es propiedad de unos seis países (Brasil, Canadá, Indonesia, China, Estados Unidos y Colombia), en tanto que la otra mitad está muy mal distribuida, pero incluso estas cifras ya resultan controvertidas, pues, por ejemplo, en el caso de Canadá, resulta que lo que antes se afirmaba, que posee alrededor de un quinto de las reservas mundiales de agua dulce, no es así, como informó recientemente la Academia de Ciencias de Canadá, la que señala que una cosa es la cantidad de agua que contiene ese país en sus grandes lagos y otra, muy distinta, la que se renueva cada año, que es la que llueve, corre por ríos y arroyos y recarga tanto a los lagos, como a los acuíferos. Y cita que en realidad el agua renovable en Canadá sólo representa 6.4% del total mundial, además de que los lagos canadienses no almacenan tanta agua como pudiera pensarse, pues con la cantidad del líquido que circulara por los ríos y arroyos de los que se alimentan, en sólo tres años y medio aquéllos se llenarían, es decir, en poco más de tres ciclos hidrológicos anuales, así que si dejara de llover, la humanidad entera, no sólo Canadá, se quedaría sin agua dulce en menos de tres años, pues como dije, consumimos en doce meses lo que la naturaleza renueva en quince.
Pero como señalé antes, el problema adicional es que el agua dulce está muy mal repartida. La mayor parte de las regiones del planeta requieren más agua de la que poseen. Por ejemplo, Asia, emblemático caso, posee sólo el 29% de los recursos de agua dulce, pero del total del agua consumida (me refiero a la cantidad de agua que se utiliza cada año, cantidad menor a las reservas totales), representa el 50% (tan sólo China tiene 1326 millones de habitantes); Sudamérica posee el 28% del agua y su consumo es del 6%; Norteamérica (EU y Canadá) posee el 15% del agua, en tanto que consume el 13%; África, el otro caso deficitario, posee sólo el 9% del agua mundial y aunque en este continente habitan 955 millones de personas, casi un séptimo de la población total, sólo tiene acceso al 13% del agua dulce consumida; Europa posee el 15% del agua dulce, y su aprovechamiento es del 16% de ésta; Oceanía y el Pacífico poseen el 2% del agua dulce, siendo su aprovechamiento sólo del 1%. Por último, América Central posee también el 2% y también aprovecha el 1% del agua consumida. Lo anterior significa que los países o regiones (la mayoría, como puede deducirse de las cifras anteriores) que no tienen suficiente agua para sus necesidades más elementales, deben de importarla a los países que se las vendan (como Canadá) o sufrir las consecuencias que su escasez implica como los daños a la salud, a la agricultura y al medio ambiente que ocasiona la falta del vital líquido.
En el caso del cambio climático, debido al calentamiento generado en el planeta por los millones de toneladas de gases nocivos (como el CO2, del que se lanzan alrededor de 7000 millones de toneladas anuales), arrojados a la atmósfera cada año, aunado esto a la deforestación o la muerte de bosques, consecuencia también de tal calentamiento, las consecuencias son catastróficas, pues mientras en época de huracanes éstos son cada vez más intensos y destructivos sus efectos, inundando vastas áreas en diferentes países (en estos días, por ejemplo, los huracanes Gustav e Ike, ocasionaron fuertísimos daños en Cuba, Haití, República Dominicana y severas inundaciones en los Estados Unidos y en México, claro), también en otras regiones la falta de agua y las consiguientes sequías las han tornado de una severidad que, por citar dos casos emblemáticos, Argentina en este momento está siendo afectada por una de las peores sequías de los últimos 20 años (resulta irónico esto, en vista del problema agrario suscitado por el gobierno de Cristina Fernández, que quiso imponer impuestos a los productores de soya, quienes amenazaron con boicotear la producción. No tendrán necesidad, pues la sequía disminuirá severamente el cultivo, tanto de granos, como de ganado). Lo mismo sucede en Australia, en donde la actual sequía, señalan las autoridades, es la peor que ese país ha sufrido en 116 años e incluso es mucho más severa que otra que habían tenido allí en anteriores años. Las presas australianas, como la Hume, tienen apenas 20% de su nivel normal y se estima que de continuar las cosas así, aquella presa llegará a tener, cuando mucho, 1% de agua. En este caso, tanto Australia, como Argentina, están ubicadas en la zona austral del planeta, región en donde el calentamiento atmosférico, conjuntamente con la entrada de más rayos ultravioleta (provocada por el agujero de ozono que se ha desarrollado en el polo sur), han incidido en una muy alarmante disminución tanto de las lluvias, como de los ciclos hidrológicos, lo que se traduce en una menor temporada de lluvias y en muy escasas precipitaciones. Tan dramáticos están siendo los efectos del calentamiento terrestre, que regiones consideradas en 1950 como poseedoras de aceptables reservas de agua, para el año 2000 no lo fueron ya. Por ejemplo, es el caso de México, que pasó de contar con muy altos recursos hidrológicos en 1950, a recursos promedio en el 2000, pero para el año 2025, México estará entre los países que contarán con bajos recursos hidrológicos. Así ha sucedido para las regiones de África y Asia, las cuales contaban en 1950 con recursos hidrológicos aceptables, pero para el 2025 estarán entre las regiones consideradas de bajas, muy bajas o catastróficamente bajas provisiones de agua. Y lo mismo sucederá con una buena parte de Europa, la cual rondará entre bajos y muy bajos recursos hidrológicos. No será ya la escasez de agua un problema típico de las regiones subdesarrolladas del planeta, como puede apreciarse.
Y no es ventaja que de repente llueva intensamente, pues, por ejemplo, en el caso de México, casi el 80% de las tierras sembradas son de temporal y como las lluvias se atrasan cada vez más, las tierras no tienen la humedad necesaria cuando los cultivos se siembran, lo que ocasiona que las semillas no germinen o no lo hagan a tiempo. Y si logran hacerlo, al llover intensamente, las tierras se anegan, lo que echa a perder completamente la siembra proyectada. Y aunque se trate de tierras de riego, las cuales si tendrían la humedad requerida, el problema se da cuando frente a lluvias torrenciales o producidas por huracanes, de todos modos los cultivos sucumben ante tanta agua. En México y en muchos países, como Cuba, ya cada año se pierden cientos de hectáreas de cosechas debido a las inundaciones o anegaciones de las tierras sembradas (Cuba, por ejemplo, con los huracanes Gustav e Ike, perdió una buena parte de sus cosechas de hortalizas). Así, en estos lugares, no sólo estarán presentes las consecuencias de que, de pronto, llueve desproporcionadamente, sino que también sufrirán hambrunas, desplazamientos de damnificados y daños a la infraestructura urbana, carretera e industrial. De hecho, esos damnificados, conocidos como ecorefugiados, que se trata de gente que vive en zonas inundables, como riveras, costas, áreas bajas, serán ya cada año algo trivial, debido a la recurrencia de los meteoros climáticos, como los huracanes o las tormentas tropicales, que con cada temporada afectarán severamente su hábitat. En México, por ejemplo, tanto el año pasado, como en el presente, estados como Tabasco, Chiapas o Veracruz, sufrieron o están sufriendo fuertes daños por inundaciones, las que generaron miles de damnificados que tuvieron que ser refugiados en albergues temporales. Con el tiempo, esas zonas de riesgo ya no podrán ser habitables permanentemente, debido a dichas inundaciones, las cuales serán cosa de cada año. Así, resulta irónico que tanta agua, en un mundo cada vez más necesitado de ella, sea dañina en ese momento, independientemente de los beneficios posteriores que acarree, como la humidificación de tierras, la recarga de acuíferos o el llenado de lagos, ríos y presas. Esto, porque al momento de su derrama, no existe infraestructura natural, ni humana suficiente para contenerla. En México, por citar un caso, gran parte del agua de las intensas lluvias no se aprovecha porque casi todos los ríos y presas que poseemos están azolvados, es decir, ocupan sedimentos, como tierra, buena parte del volumen útil de los cauces de aquéllos o del volumen de tales presas, como sucedió el año pasado, 2007, en Tabasco, estado que sufrió fuertes inundaciones en gran parte de su territorio, debido a que se necesitan más presas que puedan contener el exceso de agua que se produce en condiciones extraordinarias, como durante un ciclón o tormenta tropical, las que se presentarán más frecuentemente, como dije antes, debido al cambio climático. En 26 años no se ha construido una nueva presa, pero además las que hay, que principalmente se construyeron para la generación de energía eléctrica, están subutilizadas, pues, resulta absurdo, se ha concesionado la producción de electricidad a empresas extranjeras que no emplean el agua para generarla, sino costosos sistemas que usan gas natural para tal fin, vendiéndola, por tanto, más cara (la Comisión Federal de Electricidad les garantiza la compra de los costosos kilovatios generados, para que hagan buen negocio y no se vayan a desanimar aquéllas). Así que casi toda el agua que contienen tales presas está allí, embalsada y usándose mínimamente, lo que provoca que, al no correr o hacerlo poco, el fondo de esos embalses se llene de sedimentos. Tampoco los ríos de la región se han desazolvado, lo que dificulta también el libre desplazamiento de sus cauces. Como puede verse, ni en México, ni en muchos países estamos preparados para el cambio climático y sus graves consecuencias, a pesar de que ya son algo cotidiano.
En cuanto a las actividades industriales, es impresionante examinar la cantidad de agua que ciertos procesos de fabricación requieren para la elaboración de determinados productos (bueno, que, en general, todos los procesos industriales requieren de agua indirecta o directamente). Para elaborar un litro de leche, se requieren el equivalente a nada menos que ¡mil litros de agua! (En México existe un grave problema en la zona denominada la “comarca lagunera”, ubicada en el estado de Coahuila, pues una empresa lechera, Lala, está sobreexplotando los acuíferos del lugar debido al incontenible aumento en la producción de la leche que hace). Un litro de refresco requiere el equivalente a 250 litros. Y siguen los apabullantes ejemplos: elaborar una bola de algodón, 4 litros (de los menos desperdiciadores); una sola hoja de papel, 8.5 litros; una rebanada de pan, 42 litros; cultivar una naranja, 49.5 litros; un vaso de cerveza, 76 litros; producir un solo huevo, 137 litros; hacer una hamburguesa, ¡2409 litros!; fabricar un par de zapatos de piel, ¡5917 litros!; fabricar un par de pantalones de mezclilla, ¡10891 litros!; producir un kilogramo de carne de res, ¡15,500 litros!...
Y no se piense que la moderna tecnología o los procesos de fabricación de punta no requieren de agua. La elaboración de un chip computacional, como los que fabrica la empresa INTEL, requiere de miles de litros de agua muy pura, pues aquél se debe de “enjuagar” para que no haya absolutamente ningún residuo que pudiera perjudicar su operación. Las plantas industriales que dicha empresa tiene (Fab 12, Fab 22 y Fab 32) en la ciudad de Chandler, al sureste de Phoenix, Arizona, requieren el equivalente a ¡7,600,000 litros diarios para operar! Eso en una región en donde, además de ser desértica, la escasez del vital líquido, debido a que cada vez llueve menos y a las más largas sequías, convierte al agua en un muy preciado recurso que con el tiempo será cada vez más difícil de obtener. El agua que allí se emplea se obtiene tanto del sistema de presas y sistemas de almacenamiento conocido como Salt River Project, así como mediante un costoso acueducto que conduce agua desde el río Colorado conocido como Central Arizona Project. Pero aún así ha escaseado tanto el agua en años recientes en toda esa región, que el gobierno de EU ha exigido a México el “pago” de las cuotas de agua a las que, mediante un convenio binacional, establecido en 1944, ambos países tienen derecho del cauce del río Bravo (llamado allá Río Grande). Cada cinco años se le deben de entregar a EU 431 millones de metros cúbicos del vital líquido y México debe de recibir 1850 millones de metros cúbicos del río Colorado, cuya cuenca también se comparte. Así que debido a la sequía y a las crecientes, derrochadoras necesidades de los estadounidenses (es el país con el mayor consumo de agua per cápita del planeta, alrededor de 2500 metros cúbicos anuales por habitante), se ha exigido el cumplimiento del tratado binacional de la entrega de agua. Esto, muy a pesar de que también la zona norte mexicana tiene problemas de sequías (algo a lo que los sumisos gobiernos panistas, desde Fox, han accedido sin oponer gran resistencia, sin importar que tal acción ha puesto en peligro las actividades agrícolas en esa región mexicana, así como al consumo humano de agua potable de varias ciudades fronterizas). Por ejemplo, en el año 2003, se le exigió a México entregarle casi 434 millones de metros cúbicos a EU, so pretexto de que a ese país no le llega mucha agua, a pesar de que los agricultores de Chihuahua y Coahuila estaban teniendo graves problemas de sequía. Y como EU clama que México se sirve también de las aguas del río Colorado y que la parte de agua que le toca a EU del río Bravo es muy poca (razón por la cual se acordó ese tratado), prácticamente ya será cotidiano que se le deban de entregar millones de metros cúbicos de agua del río Bravo cada quinquenio. En el presente año ya se efectuó la entrega de los 434 millones reglamentarios. Sin embargo, la Conagua, el organismo público mexicano encargado de la administración del agua, declaró que eso fue posible gracias a que debido a las lluvias torrenciales que han provocado huracanes y tormentas tropicales, la mayoría de las presas del país, un 78%, estaban llenas totalmente, pero que en general ambas cuencas, tanto la del Bravo, como la del Colorado, han tendido a disminuir bastante su captación de agua, por lo que prevé que en un futuro, tanto Estados Unidos será incapaz de cumplir la entrega de agua del Colorado que le corresponde a México, como dicho país tampoco podrá recibir la cuota del Bravo que nos corresponde entregarle. Eso lo que augura son tiempos de fuertes sequías que llevarán a ambos países a protestas y amenazas, sobre todo de EU, de que o les damos el agua obligatoria o nos sancionarán de alguna manera (es bien sabido que EU para todo sanciona a México o a cualquier país que desde su punto de vista, cuando así le conviene, esté violando ciertas convenciones, pero es experto en violar los tratados binacionales o internacionales evadiendo cualquier responsabilidad cuando es en beneficio de sus intereses, como el incumplimiento de los tratados de Kyoto o del maltrato de los prisioneros árabes que mantiene detenidos ilegalmente en Guantánamo).
También, como mencioné, las crecientes actividades agrícolas y ganaderas, especialmente ahora con el “boom” que está teniendo la siembra de cereales transgénicos, como el maíz de Monsanto o la soya, para fabricar, ¡absurdo!, biocombustibles (en un mundo en donde cada cinco segundos muere un infante por hambre, esto es simplemente infame), requieren sistemas de riego que consumen la mayor parte del agua dulce de que se dispone, casi el 70% del total, porque, además, tales cultivos genéticamente modificados requieren de mucha más agua que los normales. Estados Unidos, con sus masivas operaciones agroindustriales, dedica en promedio alrededor de 1446 metros cúbicos por habitante anualmente a ese rubro, es decir, unos ¡440,666 millones de metros cúbicos al año! En Australia, dos tercios del agua consumida son para la agricultura y la ganadería. Este país, particularmente, representa un caso en donde los intereses comerciales se han impuesto sobre sus condiciones naturales, pues una de sus principales cosechas es la de arroz… ¡o era! Sí, a pesar de ser una región predominantemente desértica, gracias a que antes llovía mucho y todos sus sistemas de presas almacenaban bastante agua, Australia contaba con suficiente líquido para inundar cientos de miles de hectáreas y ser uno de los principales productores de arroz, pues podían obtenerse hasta 10 toneladas de ese demandado cereal por hectárea, lo que significaba una producción anual de hasta 1.2 millones de toneladas. Pero esa artificialidad hidrológica, salta ahora a la luz ante la severa sequía que afecta al país (las tierras están secas, agrietadas, los animales salvajes están muriendo, al igual que inmensas zonas boscosas, amarillas ya por la severa falta de agua), pues en este año se estima que, cuando mucho, se obtendrán unas quince mil toneladas, menos del 2% de la producción normal. Incluso, el precio del trigo en este año ha ascendido a precios récord, debido también a la sustancial disminución de la cosecha australiana de ese otro cereal tan básico. También sucede lo mismo en Israel, país que igualmente está asentado en una zona semidesértica en donde existe agricultura gracias a sistemas de riego e infraestructura hidráulica muy costosa (posee plantas desalinizadoras que tratan el agua de mar, pero a muy altos costos), sin embargo actualmente está siendo afectado por una severa sequía que ya ha durado cuatro años. Es tan dura, que los granjeros de la región se están viendo obligados a podar algunos de sus frutales y a quitarles algunos frutos, con tal de que aquéllos sobrevivan a la resequedad que ni sus raíces más profundas están logrando sortear.
Esos son los costos, pues, de forzar a regiones hidrológicamente poco aptas para la agricultura a serlo, pues ahora, con el cambio climático, se está mostrando su vulnerabilidad a una severa disminución de las lluvias, las cuales tampoco fueron tan abundantes en mejores tiempos.
Por tanto, la menor disponibilidad de agua generada por el cambio climático incidirá en la agricultura, pues regiones que antes eran más o menos aptas para la siembra de alimentos gracias al riego, como sucede en Australia o Israel, terminarán por convertirse en secos lugares debido a que no habrá o no alcanzará el agua para los ciclos de cultivo. Y entonces las sequías, junto a las inundaciones, serán un agravante más que disminuirá la producción y disponibilidad de alimentos.
Por otro lado, el focalizado incremento de la población, especialmente en las gigantescas urbes que el ser humano tiende a formar, también conlleva una altísima necesidad del agua por los millones de personas que se concentran en espacios relativamente pequeños. Por ejemplo, la ciudad de México requiere aproximadamente ¡65 metros cúbicos de agua por segundo! para satisfacer medianamente sus necesidades del vital líquido. Esto representa más de 5.6 millones de metros cúbicos diarios, de los que 67% son para uso de la población, 17% para la industria y 16% para el comercio y los servicios. Pero ni esa impresionante cantidad es suficiente, debido a la citada sobrepoblación y muchas zonas de la ciudad, especialmente las populares, padecen ya permanentemente de la escasez de agua. Y no es ya propia la falta de agua de ciudades de países subdesarrollados, sino que es una situación que tiende a generalizarse hasta en el mundo rico. Por ejemplo, la ciudad de Londres tiene mucha menos agua disponible por habitante que Estambul o la misma ciudad de México. Según expertos, no sólo esa ciudad inglesa, sino todo el sureste de Inglaterra está, per capita, por debajo, incluso, de lo que el Banco Mundial denomina “regiones estresadas” por la falta de agua. En el verano del 2006, Londres fue víctima de la peor sequía habida allí en tres décadas, además de dos inviernos secos continuos, lo que provocó que el gobierno municipal impusiera restricciones para regar prados, llenar albercas y otros usos innecesarios. Tan severa ha sido la falta de agua, que las compañías privadas que surten del líquido, han considerado, incluso, hacer que llueva artificialmente, la transportación por barco de agua de otros sitios o, ¡la locura humana!, remolcar icebergs desde el Ártico. China, con su desorbitado crecimiento industrial y poblacional, es otro buen ejemplo que ilustra la falta de agua, ya que la mayor parte de sus ciudades, sobre todo las de la parte norte del país, como Shijiazhuang, padecen una fuerte escasez de agua, aunada a un brutal, desordenado crecimiento urbano que, como en este caso, está llevando a las autoridades a sobreexplotar los acuíferos locales (éstos son reservas naturales subterráneas de agua dulce), lo que está generando una sustancial disminución en su nivel de agua, el cual disminuye en más de un metro por año. No conformes con eso, los incontenibles chinos, quienes han sacrificado sus recursos naturales en aras de un irracional crecimiento industrial, han contaminado casi todas sus fuentes naturales de agua potable, de tal forma que se calcula que en unos 30 años, cuando mucho, ese país (muy mal tomado como ejemplo de “galopante” crecimiento por el capitalismo salvaje) se quedará sin gota de agua… ¡vaya negro futuro para el país que se considera la siguiente “potencia mundial”! En la ciudad de México incluso ya hay problemas de hundimientos debidos a la sobreexplotación de los acuíferos, que también, como en las ciudades chinas, están empleándose más allá de sus capacidades de recuperación.
Valencia, Madrid, Roma, Los Ángeles, Berlín, Paris, Sydney, Las Vegas, Lisboa, Lima, Buenos Aires, Guatemala, Brasilia… son sólo unos cuantos ejemplos de grandes concentraciones urbanas en donde la carencia de agua hace más difícil la vida para sus habitantes, pues muchos se ven obligados a caminar hasta hidrantes públicos para hacerse de una cubeta de agua o a comprar tambos o pipas de ella, mucho más cara que la prestada por el servicio municipal.
Sin embargo, a pesar de lo dicho, el agua dulce se desperdicia y se contamina. En la ciudad de México el agua potable derrochada asciende al 40%, es decir, 4 de cada diez litros de agua simplemente se pierden por fugas o filtración del sistema de tuberías, muy alta cantidad en un mundo cada vez más sediento. Pero no se crea que esto se deba a que la ciudad de México es una ciudad de un país subdesarrollado, no, pues es algo, digamos, “cotidiano” que haya fugas en los sistemas de distribución del agua en todo el mundo. Por ejemplo, en Londres también un tercio del agua potable se desperdicia a través de su viejo sistema de tuberías, unos 684,000 metros cúbicos diarios, ¡también demasiada agua! Y en todas las ciudades sucede lo mismo. Igual pasa con los sistemas de riego agrícola, pues un tercio del agua se pierde antes de regar las cosechas. El sentido común indicaría que la solución sería, entonces, cambiar las viejas tuberías o contar con sistemas de distribución más eficientes, pero como eso “cuesta mucho dinero”, justificación comúnmente declarada por las empresas privadas o públicas que suministran los sistemas de agua potable o de riego, simplemente el agua se seguirá desperdiciando, con las lamentables consecuencias que eso tendrá y que a la larga, hablando de dinero, saldrán más caras. Se están haciendo algunos intentos para tratar de desperdiciar menos agua, como la incorporación de medidores de agua computarizados que verifiquen mejor la cantidad de agua empleada por los usuarios. Incluso se están colocando sistemas de monitoreo en los canales de riego, como en Australia, con tal de reducir también las filtraciones al mínimo. Pero eso sólo se está haciendo en algunos países, los más ricos y desarrollados, y hasta ahora todos esos métodos están en nivel de estudio o experimental. En el resto del orbe, el agua simplemente se seguirá desperdiciando lo que, como dije, ocasionará que se agoten más rápidamente los recursos con los que se cuenta.
Y también me referí a la contaminación, ya que más del 70% de las fuentes de agua dulce en el mundo tienen algún grado de contaminación, la más severa en países como China, en donde cientos de ríos son ya considerados “no aptos” para al contacto humano. Esto incluso sucede en México. Recientemente, por ejemplo, en el estado de Jalisco, muy cerca de su capital, Guadalajara, un niño cayó al río Santiago, el cual está severamente contaminado con arsénico. Aquél murió, pero no por ahogamiento, sino justamente porque el arsénico del agua que engulló lo envenenó.
Desgraciadamente, a pesar de la gravedad del problema, en casi todos los países la contaminación de los ríos, tanto por las descargas del drenaje doméstico, como por las descargas industriales, las más letales de las dos, pasa a segundo término, siendo de mayor importancia el desarrollo industrial, como en el caso chino que menciono arriba. Allí, cientos de ríos son empleados solamente para desechar en ellos peligrosísimos residuos industriales, que los han convertido en fuentes de envenenamiento en donde ya nada puede habitar en sus cauces. Lo mismo sucede en otro país, Vietnam, en donde varios ríos, severamente contaminados con metales pesados, ácidos y otras muy dañinas sustancias, producto de fábricas, hospitales y el drenaje doméstico, se consideran ya “muertos” por el gobierno de ese país y sus aguas ni siquiera sirven para uso agrícola, pues matarían a las cosechas de inmediato. En Vietnam sucede lo que en China, que en aras de convertirse en un “país desarrollado” para el año 2020, se ha decidido sacrificar también al medio ambiente, en la peregrina idea de que una vez que se logre el desarrollo, habrán de hallarse “soluciones” para librarse de la contaminación. Pero lo que no entienden chinos, vietnamitas, mexicanos, estadounidenses, franceses, alemanes, españoles, hindúes… la nacionalidad que sea, no entienden que gran parte de los problemas que hoy padecemos a causa de la alta contaminación de aire, agua y tierra, de la destrucción del medio ambiente, de la tala inmoderada, de la sobreexplotación, del desperdicio de los recursos, como el agua y muchos más, no son ya reversibles y el costo de no haberlos atendido a tiempo redundará en que el tiempo de existencia de nuestra especie (por cierto, una de las más letales y destructivas que ha existido en este planeta) está contado y no irá más allá de unas cuantas décadas, durante las cuales, la calidad de vida empeorará y agravará los fuertes problemas que ya de por sí estamos teniendo.
Pero mientras haya agua dulce, será, incluso, un gran negocio, como es el caso del agua embotellada. Cuatro son las compañías que más ganancias tienen comercializando agua para beber: Coca-cola, Pepsi-cola, Nestlé y Danone. Estas empresas multiplican por varias veces el costo del agua que venden en relación al precio que la compran. En México, por ejemplo, un metro cúbico de agua cuesta alrededor de diez pesos, justo lo que se cobra por un litro de agua embotellada, del que se obtendrían mil litros, o sea, diez mil pesos, así que podrá entenderse por qué tales empresas tratan de aumentar sus ventas de agua embotellada, que últimamente se han visto mermadas, dado su alto costo, por lo redituable que les resulta el negocio, ya que le es más lucrativo a Coca-cola, por ejemplo, purificar y envasar un litro de agua, que elaborar un litro de su muy publicitado refresco de cola. Y para ello emplean campañas publicitarias en donde se valen tanto de consideraciones de salud, como de supuestas acciones “altruistas”. Así, las campañas para la salud exageran los beneficios que se obtendrían de tomarse dos o más litros de agua diarios (que recientes investigaciones demuestran que una ingesta muy alta de agua al día es perjudicial, pues puede despojar al cuerpo de sales minerales vitales para el metabolismo). En cuanto a las campañas “altruistas”, se publicita ampliamente que por cada litro comprado de agua embotellada de tal o cual compañía, se “donarán” diez litros para un país pobre que tenga problemas de agua, el que generalmente es uno africano, como Etiopía o Ghana o que las zonas marginadas del país en donde se vende tal agua se verán “beneficiadas” con las construcción de obras para potabilización del agua. Sin embargo, recientes estudios muestran que de cada litro vendido, en su equivalente a dólares, sólo se destinan 0.28 fracciones de centavo a las tan cacareadas campañas altruistas. O sea, si un litro se vende, digamos, en dos dólares, ni un centavo se dedica al bienestar de los países pobres y con problemas de agua, del que tanto dicen preocuparse dichas empresas.
En fin, con cada día que pase sin hacer nada por el agua, estamos cada vez más cerca de morirnos todos de sed. Y será un recurso tan peleado que ya hay, por ejemplo, países de regiones desérticas, como los árabes, que han declarado que el único motivo por el cual iniciarían una guerra con su vecino, sería por la disponibilidad de agua dulce. Israel, asentado también en zonas semidesérticas, no se desprende de los territorios palestinos invadidos porque en éstos se encuentra uno de los grandes acuíferos de los que se sirve.
Sí, más que por el petróleo, en el futuro las guerras serán por agua y los países que la posean, dominarán a lo que quede del planeta.

Contacto: studillac@hotmail.com

viernes, 26 de septiembre de 2008

El regreso sin gloria del "otro lado" de un indocumentado mexicano

El regreso sin gloria del “otro lado” de un indocumentado mexicano

Por Adán salgado Andrade


Huichapan Hidalgo, México. Este singular poblado de construcciones antiguas, perteneciente al estado de Hidalgo, cuyo nombre significa “lugar en donde abunda el agua” (hay varios balnearios de aguas termales, mas según otra versión, Huichapan significa “lugar sobre espinas”), dista unos 200 kilómetros de la ciudad de México, pero a pesar de su nombre, la zona se considera árida, prevaleciendo la vegetación cactácea, tales como nopales u órganos. Se llega por la carretera a Querétaro, tomando la desviación que indica justo tal nombre. Por estas fechas ha llovido como nunca antes en la región (debido a los efectos de los fuertes huracanes y las tormentas tropicales que ha habido este año), tanto que hasta se han inundado y anegado varias tierras, muchas de las cuales, de haber habido interés y recursos económicos de sus propietarios en sembrarlas, seguramente habrían logrado buenas cosechas de maíz, el cultivo más abundante que allí se produce… ¡o se producía! Pero no es así, pues la mayor parte de las parcelas están sin trabajar, quizá desde hace años, cubiertas de pintorescas flores silvestres, como mirasoles o tréboles morados, las cuales, irónicamente, dan al paisaje una belleza poco común en esos sitios, que generalmente son tan secos. Sí, una muestra más de cómo el campo en México tiende a morir poco a poco (ver mi artículo en Internet “Apertura total del agro mexicano al TLC estadounidense… o de cómo se sigue muriendo el campo en México”), sin que al gobierno tal situación pareciera preocuparle.
Se pasa por varios pueblos, como Jacala, Maravillas, Nopala, pero en todos ellos no hay crecimiento o muy poco, el tiempo parece haberse estancado allí, y se observan casi idénticos a como se veían hace años, con una que otra señal de “progreso”, tales como alguna nueva construcción, un nuevo negocio, un nuevo boulevard… pero nada más, en realidad no se ve algo que acuse que en esos pueblos ha habido reales, grandes cambios. El único digamos que “polo de desarrollo” ha sido Huichapan, sobre todo desde que hace unos 20 años se estableció en sus cercanías una cementara del grupo CEMEX, además de algunas otras pequeñas industrias y los balnearios, que atraen algo de turismo local y de la ciudad de México. Sin embargo, como en casi todo el medio rural, la actividad más abundante y saturada es el comercio… ¡de todo, ya que en realidad no hay alguna cosa que no sea vendida allí!: verdulerías, fruterías, carnicerías, pollerías, tiendas de abarrotes, farmacias, panaderías, restaurantes, fondas, garnacherías, cafés, ropa, calzado, baratijas chinas, sombreros, puestos de tacos, de tortas, de jugos, farmacias, café-internets… además, claro, de los servicios, que no son otra cosa, también, mas que la venta de habilidades personales: mecánicos, doctores, dentistas, salones de belleza, zapateros…
Como ya hay tanto de todo, es realmente difícil que un nuevo negocio allí “pegue”, como nos comenta Julio, un joven de 24 años que recién llegó de “gabacho” (nombre coloquial para referirse a los Estados Unidos) y que accede a platicar con nosotros, mientras recorremos la así llamada “feria de la nuez”, que tal como sucede con otras ferias populares en otros sitios, alusivas a un determinado producto, lo que menos abunda en ella son, justamente, las nueces (ver mi artículo en Internet “Pax social, show político musical… y manzanas”, sobre la así llamada “feria de las manzanas” de Zacatlán). En la popular celebración (para la que se dispone de un buen tramo de la carretera de entrada del lado occidental del lugar) hay puestos de vajillas, de ropa, de pan, de comida (pambazos, quesadillas, elotes, tacos…), de tiro al blanco, de tiro de canica… y hasta juegos mecánicos que cursan con las improvisadas fondas que sirven muy grasosos y llenadores antojitos a los felices celebrantes, pero apenas si tres o cuatro puestos de unas nueces muy pequeñas, “subdesarrolldas”, alcanzan a destacar entre el mar de gente y de improvisados puestos de todo. “Pues pensé en poner un puestito aquí… pero no tengo ni dinero y pues también me puse a pensar que de qué lo ponía”, dice Julio, un tanto cabizbajo, recordando, quizá, lo que hasta hace unos momentos nos refirió.
Él, como muchos otros mexicanos, sobre todo jóvenes, faltos de oportunidades reales de conseguir empleo y un porvenir en su país, se fue a los Estados Unidos hace dos años y medio, a buscar el “american dream”. “Pues sí, es que aquí no hay nada… vea, puras tiendas… y ni pa’ poner una, porque ya hay un montón”. Sí, como decía antes, está tan saturado el lugar por tanto comercio, que ya todo el llamado “centro de Huichapan” es prácticamente zona comercial. Él, también como todos, se pasó de ilegal, debiendo pagar ¡2200 dólares!, que le prestó un tío que vive allá, hermano de su mamá, una vez que el coyote contratado lo dejó en el “East los”, o sea, la zona oriental de la ciudad de Los Ángeles en donde más abundan los ilegales de todas las nacionalidades. “Pues sí, mi tío me hizo favor de prestarme la lana, y ya después le fui pagando con trabajo”. Su primer empleo fue de mesero en un restaurante, cuyo dueño era conocido del tío y por eso le dio trabajo. Allí le pagaban 40 dólares el día, a cinco dólares la hora. “¡No, pues me ponían una jodas, porque tenía que trabajar ocho horas diarias!”, exclama Julio, un joven de piel morena y muy alto, 1.85 metros, que antes de eso estuvo en el ejército mexicano como sardo, tratando de hacer allí una carrera militar, pero que desertó debido a los malos tratos y a las “chingas” que les daban en el cuartel, a los conscriptos, sus superiores. No se adaptó en el restaurante, porque además de que la paga era poca – pues por lo menos en otros trabajos la hora se paga a ocho dólares – , debía darle la mitad del dinero a su tío. “¡Estaba cabrón, porque así, me iba a tardar un resto pa’ pagarle!”. Paramos en un puesto de pambazos en donde le ofrezco a Julio que si desea comer algo, a lo cual accede de muy buena gana. “Pues ya hace hambre”, dice sonriendo, mientras ordenamos sendos pambazos y un par de refrescos. Y nuestra plática continúa. “Y ya de allí, como mi tío es contratista, pues que mejor le dije que me diera chamba con él, y que me la da de pintor”. Al principio dice que no le era tan fácil, que la pintura se le escurría, que se iba chueco en las “intersections” (cuando dos colores se juntan), que echaba a perder algunos materiales… o que simplemente no sabía “¡qué chingaos tenía que hacer!”. “Sí, es que luego me decían que allí tenía que poner un glasing y pues yo ni sabía qué era eso (es un acabado jaspeado brillante, que se logra puliendo una superficie que se pinta con un material especial)… y así me la pasé, sí, ya ve que echando a perder se aprende, ¿no?”.
Entraba a trabajar, por lo general, a las ocho de la mañana y salía a las cuatro de la tarde, aunque a veces tenía que quedarse más tiempo, sobre todo cuando urgían los trabajos. Allí ya le pagaban a ocho dólares la hora y conforme fue aprendiendo y haciendo mejor sus tareas, le fueron subiendo el salario, hasta que en los últimos meses le pagaban el equivalente a 14 dólares por hora. “Sí, pues ya me iba mejor, me estaba haciendo 700 dólares a la semana”, dice, mientras la mesera nos sirve el par de pambazos y los dos refrescos de queretana marca tipo sangría, que le pedimos como bebidas. Comienza a comer su pambazo con avidez. “En puras casas de ricachones trabajaba, pues en donde más trabajo le dan a uno, puras zonas como Bel Air, sí… ¡no… unas casotas que tienen esos cuates!, de puros actores o políticos, nos decía mi tío que eran”. Ya luego platica que sus bills, lo que debía de pagar por sus gastos mensuales, eran 400 dólares por tener derecho a un cuarto que compartía nada menos que con seis mujeres (cuatro ilegales y sólo dos con permiso de trabajo, con las cuales sólo se limitaba a convivir cada que les pagaba o cuando de repente conversaban, pero nada más). “Pero prefería estar con ellas, pues como que se me quitaba un poco lo relajiento… además, en donde estaba antes, aunque era más barato, no tenía individualidad, los otros cuates se metían con mis cosas, no me robaban, pero sí me tomaban que una camisa, que un pantalón… y por eso me fui con las chavas”, dice Julio, quejándose de que sus compañeros eran muy abusivos, cuestión entendible dadas las carencias que casi todos, por su condición de ilegales malpagados, han de padecer.
También gastaba 150 dólares al mes de mobile (sí, fuerte era su gasto en el pago del celular, vital instrumento, tanto para que su patrón se comunicara con él, como sus compañeros de juergas) y un promedio de 40 o 50 dólares diarios de comida. “¡Ah, no, eso sí, yo en comida tampoco me limité!”, exclama y dice que por la mañana iba a un “Seven Eleven” y adquiría un litro de leche, fruta, jugo, pan… en lo que gastaba 10, 15 dólares. “Ya en la tarde, como hay un chingo de restaurantes chinos o latinos, pues mandábamos traer comida china o menú”, agrega, la cual le costaba otros 15 dólares. Y por la noche acudían a algún restaurante mexicano por tacos o tortas (sí, abunda la popular gastronomía mexicana) y se gastaba otros 15 dólares. “Y a veces nos íbamos a restaurantes gringos, dizque de lujo, pero pues luego eran más baratos que los mexicanos”, agrega, comentando que esa zona Estados Unidos está tan “mexicanizada”, que tanto en la comida, en el trato con la gente latina y en otras costumbres que mostrarían el alto nivel de, digamos, “mexicanidad” existente, no es difícil adaptarse para la mayoría de los latinos, sobre todo mexicanos que allí laboran y coexisten. Además, hay otras características que les dan a esos barrios una singular familiaridad, como que “se está en casa”. Por ejemplo, abundan las pandillas formadas por miembros de una misma raza o nacionalidad, convirtiendo los barrios en donde se establecen en peligrosas zonas – muy similares a aquéllas existentes en los países de donde provienen los ilegales –, en donde “mejor uno ni se mete”, dice Julio. “Luego se ven chamaquitas de 13, 14 años, de muchos lugares… mexicanas, guatemaltecas, chinas, coreanas… ya de prostitutas, en serio, y las controlan cabrones que se las alquilan a gringos ricos, de mucho dinero… sí, nada más se ven pasar en sus carrazos esos cuates cuando van a contratar a alguna de esas chamacas”, agrega, refiriéndose a las redes de prostitución de mujeres menores de edad que son toleradas por el hipócrita gobierno estadounidense, quien se jacta de ser tan recto y respetuoso de la ley… pero como se trata de ilegales pobres, necesitadas de un ingreso que les permita sobrevivir, no le importa que, además de las enfermedades sexuales que puedan contraer, como el SIDA, arriesguen su vida en el ambiente tan violento en que deben desenvolverse. “¡Sí, una que otra muchacha se independiza, las que les dicen las barrio queens, pero hasta ellas tienen a un cabrón que las proteja… no, uno ni se mete con los cabrones que las controlan o con las bandas, en serio, porque hasta lo andan matando!”, exclama Julio, con tono de advertencia. “Y, como le digo, todos, hasta los paisanos que ya tienen permiso pa’ trabajar, nos andan diciendo a los ilegales que pa’ que vamos allí, que nada más les quitamos sus empleos… y hasta los negros se la hacen cansada. A mí, un negro que también era pintor, me decía que mejor me regresara, que porque le estaba quitando el pan de sus hijos… ¿uste’ cree?”, dice Julio, medio burlón, “pero nosotros les decíamos que pa’ todos hay chamba si se raja uno la madre, que la cosa era buscarle”.
Volvemos a lo de sus gastos en comida. “¡No, pues por eso le digo que no me limitaba pa’ comer, no como un paisano que por ahorrar se la pasó tragando pura sopa Maruchan (son las sopas “instantáneas” a las que sólo hay que agregar agua hirviente, de muy bajo contenido nutrimental y muchos químicos, que recientes estudios demuestran que provocan daños a la salud cuando son comidas en exceso) durante cinco años, pa’ ahorrar un chingo… dicen que ahorró fácil como trescientos mil dólares, pero puras cajas de esas sopas comía y dicen que cuando se regresó pa’ México, que como ya empezó otra vez a comer bien, que pues le cayó mal la comida y que se murió, que porque su cuerpo ya no aguantó otra vez comer bien”, refiere con gesto de pena. O también recuerda el caso de otro mexicano, de Zacatecas, quien igualmente, por ahorrar lo más posible, cuando se regresó a su pueblo, llevaba tanto dinero, que hasta les prestó a unos parientes, los cuales lo “venadearon en el camino pa’ no pagarle al compa”, dice Julio, cabeceando. “A ver, pa’ qué le sirvió juntar tanta lana, nomás pa’ que se lo echaran esos cabrones malagradecidos”.
Así, además de los gastos ya referidos, como Julio prefirió disfrutar gastando que a sufrir ahorrando, súmense el costo de las parrandas, por lo que explica, como justificándose, que muy poco podía ahorrar. “Aunque a veces me salían chambitas nomás pa’ mí y pues a’i me ganaba que otros 500, que otros 1000 dólares más a la semana y ya con eso me reponía”, agrega, como tratando de aclarar que por eso se pudo dar la gran vida.
Sí, una muy buena parte de su dinero se la gastaba en “pedas y en el relajo”. Quizá porque Julio, a diferencia de la mayoría de paisanos que se van al otro lado, en realidad no lo hizo por una fuerte necesidad económica (hijo de padres maestros que cuentan con casa propia y medianos ingresos en Huichapan, él no es de la gente que esté, digamos, “en la calle”), sino que a falta de reales oportunidades de vida, consideró el irse allá como una alternativa (como dije antes, estaba en el ejército, pero desertó debido a los malos tratos y aunque estaba estudiando la preparatoria hace algunos años, tampoco el estudio realmente fue “su fuerte”, como nos explica). “Pues sí, la verdad que ni dinero les mandaba a mis jefes… pa’ qué, si ni lo necesitan”, dice en justificatorio tono. Así que Julio se iba a los “night clubs”. “Sí, había uno que los martes y los jueves era de las most sexy legs”, dice, divertido, explicando que son bares en donde se organizan concursos de mujeres, casi todas extranjeras (e ilegales, la mayoría), negras, asiáticas, mexicanas, guatemaltecas, peruanas… las que acuden allí con shorts o minifaldas, muy de moda, para probar suerte, siendo objeto de lascivas miradas de lujuriosos men que decidirán, tras varias semanas de eliminatorias, quien es la afortunada fémina que, según ellos, posea las piernas mas “excitantes y bellas”. Y no es para menos que acudan tantas ansiosas concursantes a mostrar sus piernísticos encantos, pues los premios se van acumulando y la feliz ganadora puede ser agraciada con cinco, seis mil dólares que en estos tiempos de recesión y crisis económica estadounidense, son bastante buenos (y es sobre la recesión sobre lo que más adelante le cuestiono a Julio). Una vez allí, en uno de tales antros, se gastó Julio, “¡ochocientos dólares!”, exclama alardeando, diciendo que como la botella de buen whisky costaba 300 dólares, en ocasiones cada parrandero amigo “pues se ponía con dos y ya eran 600 dólares de cada uno, más los snacks que luego pedíamos”.
“O luego, cuando teníamos poco dinero, nos íbamos a los Oxxos, a los Seven Eleven… y nos comprábamos nuestros twenty tour (empaques con 24 cervezas individuales) de “Modelos”, que nos costaban 15 dólares, y nos íbamos a la playa o por a’i a tomárnoslas”. El “por a’i” eran los departamentos que varios de los compañeros de Julio, igual que él, compartían para ahorrar en gastos. “No, pues se gana muy poco como pa’ que uste’ solo se rente un appartment”, dice, dando un trago a su sangría. Esas tiendas que abren las 24 horas, aclara Julio, sólo estaban en esa parte de los Ángeles, porque en las zonas acomodadas, de lujo, como Beverley Hills, no había. “Es que como que las cuidan mucho las autoridades… hay un chingo de policías y uste’ no puede entrar allí si no tiene cita y si no tiene identificación”, comenta. Claro, pienso, el permitir aquellas tiendas en las zonas pobres, es parte del control que las autoridades estadounidenses han de tolerar entre la “blue collar class”, los trabajadores, quienes habitan allí, sean ilegales o no, con tal de que estén tranquilos y en sus barrios cuando no se encuentren trabajando. Incluso, dejar que se formen las pandillas multiétnicas, las que pelean constantemente entre ellas, autodestruyéndose, matándose, canalizando de esa forma todas sus frustraciones, es una parte de ese control, pues mientras todos los “ilegal aliens” se aniquilen entre ellos en lugar de protestar contra el gobierno, “no problem”.
Dice Julio que esa inusual camaradería, las borracheras que se ponían sus “cuates y él, se daba en cerrados círculos, principalmente cuando todos estaban empleados y no tenían que pedir favores a los demás. “Sí, porque fíjese que el mexicano se pisa mucho, en serio, más los que ya tienen permiso pa’ trabajar allá, le dicen que pa’ qué van, que nada más le van a quitar su trabajo”. Refiere que los coreanos o los chinos no son así. “No, ellos, aunque un compa sea malo, pues le ayudan. Yo le decía a un coreano que por qué había contratado a uno de sus amigos, si era remalo el cuate ese, nada más regaba la pintura y era re malhechote y me dijo que ni modo, que pues había que ayudarlo porque era de su país”. Y esa falta de solidaridad se ha agudizado mucho más ahora que los empleos están cada vez más escasos.
“¿Y cómo está afectando a los ilegales la recesión?”, pregunto, sobre todo porque es en la construcción de casas en donde más está pegando la actual crisis económica estadounidense (y mundial, ya), sector que cada vez absorbe a más y más fuerza de trabajo ilegal… o absorbía, razono. “¡Uy… no… pues muy fuerte, en serio!... ¿por qué cree que me regresé pa’ acá?”, exclama y pregunta reflexivamente el muchacho, poniendo cara de resignada obviedad. Sí, dice que desde diciembre hasta las fechas en que se regresó a Huichapan (a finales de julio, justamente) tuvo muy poco trabajo, apenas un par de meses logró que su tío lo contratara para pintar casas y con menos salario de lo que le pagaba normalmente. Y eso que su tío les trabajaba a los “ricachones” de Bel Air, Malibu, Santa Fe, Santa Monica, Beverley Hills, Hollywood… y ni así había ya suficiente trabajo. “¡No, si está reduro… yo ya estaba bien desesperado y por eso les avisé a mis jefes (sus papás) que mejor ya me iba a regresar, que porque allá ya no había nada de chamba!”. Y refiere que no sólo se quedaron sin trabajo ilegales como él, quienes tenían relativamente poco tiempo de estar trabajando entre los “gringos”, sino que incluso gente con mucho tiempo, perdió su empleo. “Pues fíjese que uno que llevaba trabajando allá como 20 años, le fue de la patada, ni residente era y… ¡hasta perdió su casa! Y eso que ese compa ganaba buen dinero, decía que hasta veinte mil dólares luego se sacaba al mes, pero que todo se lo botaba el cabrón… y que a la mera hora, como perdió su chamba, pues el banco ya le quitó la casa, que porque no pudo pagarla”, declara. Y en esta parte pienso que la fama de derrochadores que se da entre muchos mexicanos (que, repito, es una situación tolerada por el gobierno de EU, quien prefiere mexicanos parranderos a mexicanos que protesten y luchen por sus legítimos derechos), incluso se manifiesta allá, porque el caso que refiere Julio, es una muestra de que, en lugar de que aquél mexicano que tan bien ganaba hubiera liquidado su casa, prefirió darse la gran vida y malgastar el dinero que, supongo, con esfuerzos se ganaba… y resulta que ahora, según le contó a Julio, se iba a regresar para México, pues ya nada hay que hacer en Estados Unidos, en donde, por su falta de previsión, tampoco hizo nada, ni pagar su casa, así que su situación, como la de muchos, me atrevo a pensar, es la del mexicano que ni allá, ni acá tiene una perspectiva de vida, porque aquí también ya está desconectado de los lazos sociales, familiares y amistosos que pudieran reencauzarlo a comenzar una nueva existencia. No caben, por así decirlo, “ni allá, ni acá”… o al menos así se sienten. Platica también el caso de una amiga que trabajaba en una lujosa cadena de hoteles, que luego de diez años de laborar allí, le dijeron que habían disminuido las ventas y que ya no necesitaban de sus servicios y también tuvo que regresarse a México, pues allá, debido a su edad, 42 años, ya no puco conseguir un empleo adecuado a su situación física (por desgracia es en labores que requieren gran esfuerzo físico en donde los ilegales son más demandados, tales como la construcción, las maquiladoras o en el campo).
Un ejemplo más, referido por Julio, es el de otro mexicano que tenía unos 45 años, quien de repente se quedó sin el, digamos, buen trabajo que tenía, en donde ganaba hasta 2500 dólares por semana, y tuvo que dedicarse a la pintura, como el muchacho, ganando 600, 700 dólares, pero además enfermó de diabetes, con lo que su rendimiento también disminuyó “Yo nomás le decía, así, medio burlándome, que qué onda, que cómo que él que era tan chingón estaba pintando y ganando repoquito y él me contestaba, medio enojado, que no lo estuviera fregando, que no le quedaba de otra”, cuenta Julio, algo divertido . El hombre le dijo que también perdió la casa que estaba pagando, pues ya no pudo más con la deuda contraída y como nunca pensó en que alguna vez regresaría a México, como está considerando, pues aquí tampoco hizo nada, así que cuando llegue a Querétaro con su familia (de sus cinco hijos, tres nacieron allá), también tendrá que comenzar desde cero, pero con mayores dificultades que cuando partió hace casi ocho años. Además, le dijo que a lo mejor dejaba a los hijos que nacieron en Estados Unidos con unos amigos, porque como ellos sí eran “americanos”, consideraba que podrían pasársela mejor allá (muestra de ese “malinchismo” intrínseco que aún sigue imperando en la idiosincrasia del mexicano). Y efectivamente, las cifras de las remesas enviadas por los mexicanos que laboran en Estados unidos han disminuido considerablemente este año, se estima que unos $3000 millones de dólares menos entrarán, con las penosas consecuencias que eso está teniendo entre las miles de familias de los inmigrantes mexicanos, muchas de las cuales, sin los 200 o 300 dólares mensuales que en promedio recibían de sus parientes, tendrán mayores dificultades para afrontar la crisis económica que ya también se está resintiendo en México.
“No, eso de que luego los agarran, pues está bien cabrón – continúa comentando Julio –, porque los deportan así, como los agarren, hasta en calzones, y como muchos ya hasta están arrejuntados y tienen hijos, pues los separan, en serio, y dejan a sus chavos abandonados… un amigo mío, que tenía como cinco años de ilegal, pero ya hasta casa tenía, un día que llega la Migra, llegaron tempranito, porque saben que a esa hora los agarran, como a las cinco, y que tocan y que abre su hija, una niña que ni sabía qué onda, pero fíjese que estaban buscando a otro compa, pero como la niña les abrió, ese fue el error, porque mientras uste’ no les abra a esos cabrones, no le pueden hacer nada, y entonces que entran y que empiezan a pedir papeles a todos los que estaban, cuates de mi amigo. Y entonces, mi amigo, el papá de la niña, que sale del baño en calzones, porque se estaba bañando, pa’ ver qué onda, y allí que le caen, porque tampoco tenía papeles y ¡así se lo llevaron, en los puros calzones, en serio! Y como su hija sí nació allá, pues se quedó con unos amigos del papá, porque su mamá se había muerto, él era viudo… ¡no, en serio que pinches gringos ojetes!”, exclama Julio, con gesto de coraje. Pero también refiere, muy divertido, como otro conocido, que se enteró del programa de “repatriación voluntaria” de ilegales (justo para deshacerse los estadounidenses de tantos “problems”) que están implementando conjuntamente el consulado mexicano y las autoridades migratorias estadounidenses, aquél mexicano, con tal de ahorrarse hasta el pasaje de regreso, una mañana se salio con maletas y todo de donde vivía y se fue a parar a una zona en la que frecuentemente había redadas de los indocumentados que esperan allí las camionetas de los posibles empleadores que les dan trabajo. “Nomás a puros chavos contratan esos cuates, y ya cuando lo ven ruco, no sé, cuarentón, pues ya ni lo recogen, le dicen que no sirve pa’ trabajar”, dice Julio, muy serio, refiriéndose a la discriminación que se hace si los ilegales ya están “muy viejos pa’ chambear”. Y continúa con su cómica anécdota, platicando que cuando llegó la “Migra” cargaron con todos los ilegales que estaban allí, excepto con su amigo de las maletas, y otro “compa” que se salvó porque había ido al baño. “¡Es que como al cabrón lo vieron con sus maletas que le dicen, ‘no, tú no, ni creas que te vamos a subir con tus maletas’. No, hubiera visto, todo el mundo estaba burlándose de ese cuate, que qué codo, le decían, que mejor les hubiera dicho que no tenía pa’ el pasaje y que se lo hubieran pagado… hasta en las estaciones de radio local se pitorrearon de él, pobre cuate, hubiera visto!”, exclama, carcajeándose por la muy divertida anécdota, que hasta a mí me hizo sonreír. A él, para su buena suerte, nunca lo detuvieron los de la “migra” (no le fue como les sucede a los pobres ilegales que arrestan en EU, quienes son maltratados y humillados. Ver mi artículo en Internet “Como animales rabiosos se trata a los ilegales capturados en EU”). Incluso, alguna vez, aprehendieron a unos ilegales que estaban esperando el “bus”, junto a Julio, pero a él, como lo vieron muy alto y, en ese momento, muy bien vestido, con sus pantalones nuevos y camisa planchada, no le hicieron nada. “Sí, tuve muy buena suerte… es que como me iba a parrandear, pues andaba limpio, bien vestidito, y yo creo que pensaron que era gringo, ¿no?”.
Eso sí, dice que los “gringos” pretenden ser muy rectos en la defensa de sus ciudadanos, no así con los paisanos. Refiere el caso de un “compa” que se casó con una mujer tejana, a la que un buen día abandonó y que alardeaba de que él era “bien fregón” y que aunque la mujer lo había demandado para que le diera pensión alimenticia, él decía que no tenía miedo. Así se estuvo cinco años, presumiendo de que a él la justicia estadounidense y “esa pinche vieja, me hacen los mandados”. Sin embargo, su “buena suerte” terminó cuando un día un policía lo infraccionó y al meter la información de su licencia para hacerle su “ticket”, vio que había una demanda contra él. El pobre veracruzano tenía el cargo de “check unpayment”, o sea, el no haber pagado pensión a su ex-mujer, y la cuenta ascendía a más de 200 mil dólares y como no pudo pagar, está encerrado en una cárcel de máxima seguridad, condenado a una sentencia de entre cinco y diez años. “Me dijeron que al pobre cabrón se lo traían como la señorita allí en la cárcel”, agrega, sarcástico, refiriéndose a que ese desafortunado mexicano castigado excesivamente, pienso, encerrado en una prisión de alta seguridad, estaba sirviendo de “prostituta” entre verdaderos, peligrosos criminales homosexuales. Cualquier proyecto de vida que haya tenido aquel mexicano, quedó brutalmente truncado por la aplicación de una hipócrita, desigual “justicia”. No le veo el lado cómico a esa anécdota, como así le parece a Julio. Sí, reflexiono, vaya hipocresía la de los estadounidenses (eso me recuerda a todos los supuestos talibanes que están encerrados en la ilegal prisión de Guantánamo, sin juicio y en violación a todas las garantías individuales a las que, simplemente como seres humanos, tienen derecho). Incluso también me viene a la mente que Julio platicaba hace unos momentos cómo para cruzarse la “línea” (como se le llama a la frontera), además de la obligada contratación del coyote, existe toda una red de corrupción entre los agentes de la “Border patrol”, quienes reciben 100 dólares por cada indocumentado que cruza la frontera por parte de los coyotes. “Fíjese, por donde yo me crucé, había dos casetas de vigilancia, cerquita, como a 200 metros, y el coyote que me ayudó a cruzar la cerca, nada más me dijo que me pusiera abusado cuando una luz que había en una de las casetas se apagara, que tenía treinta segundos, y fue cuando salté y pegué la carrera pa’l otro lado. Sí, si se hacen pendejos los de la Migra, y hasta cuidan los cabrones que pasen bien los coyotes, que les dan su mordida, con su gente, y si no se caen con el dinero, hasta ellos secuestran a los ilegales y encierran a esos coyotes y se los ofrecen a otros coyotes para que les paguen y los dejen pasar, ¿cómo ve?”, dice Julio, quien se volvió a emocionar al recordar lo rápido que debió correr cuando cruzó y que, incluso, hasta se cayó en un vado del camino, pero cuando logró salir, ya un mexicano lo esperaba a unos metros en una camioneta, en la cual lo condujo hasta los Ángeles. Así que, según lo que nos cuenta el muchacho, existiría una abierta complicidad entre los agentes de la “Migra”, quienes seguramente por cumplir con su trabajo, capturarán a un determinado número de indocumentados, digamos su “cuota”, sobre todo aquéllos cuyos coyotes no cubrieron la “mordida” requerida, 100 dólares por cabeza, con tal de que se vea que cumplen con su trabajo, pero además puede pensarse que es una complicidad tolerada por el gobierno, pues de esa manera los empleadores se proveerán de los trabajadores ilegales que, de todos modos, necesitan, pues resultan imprescindibles para la economía estadounidense.
Cuenta Julio que un agente de la Migra, un auténtico “gringo”, no un latino, como pudiera pensarse, le comentaba en una ocasión que aunque su sueldo era muy bueno, de 2500 dólares a la semana, más de la tercera parte se lo quitaba el gobierno por los impuestos. “Así que de qué me sirve ganar bien, si me descuentan tanto. Aquí, por dejar que pasen cuatro o cinco ilegales por día, me gano 400, 500 dólares diarios libres… así que lo voy a seguir haciendo, ni modo, de que se los ganen otros, prefiero ganármelos yo”. Sí, y entonces, me pregunto, ¿dónde queda la rectitud anglosajona que tanto presumen los estadounidenses, qué pasa con la supuesta honestidad de la que tanto alardean? Pues parece que ante una buena y constante suma de dinero todo eso sale sobrando… sí, en el mundo en el que actualmente vivimos, prácticamente el único valor predominante es el dinero y es éste, como se ve, el que puede, incluso, doblar hasta a las voluntades aparentemente más firmes.
Lo peor de todo es, afirma Julio, que a pesar de la crisis, la gente sigue llegando, sobre todo centroamericanos, y si tienen suerte de no ser aprehendidos durante el trayecto o ya cuando están en aquel país, de todos modos ya ni encuentran trabajo y lo grave es que muchos de ellos están endeudados por lo que le tuvieron que pagar al coyote y todos los gastos hechos. Así, sin dinero, sin trabajo, en plena recesión estadounidense y amenazados constantemente por las redadas, no parece que sea ya una alternativa real irse a los Estados Unidos para hallar un trabajo. Muchos mexicanos le dijeron que ya no es “negocio” estar en ese país, pues antes, con dos años que estuvieran, les iba muy bien y se traían mucho dinero, para comprarse casa y todo, pero ahora ni con cinco años de estancia se gana suficiente “dólares”. Y con la presente recesión, pues menos es posible lograr el porvenir que los acerque, si no al ansiado “american dream”, sí a una existencia más decorosa que la que tenían en sus terruños, muchos de ellos olvidados pueblos en donde nada hay que hacer, pero como están las cosas, ni allá tampoco actualmente hay una solución a sus problemas.
“Como le digo, los centroamericanos están más jodidos, pues ellos sí deben de cargar dinero, por tantas mordidas que deben de dar en México”, dice Julio, refiriéndose a conocidos hondureños, guatemaltecos, salvadoreños… que le dijeron que lo más peligroso de irse a los Estados Unidos era cruzar por México, por tantos problemas a los que se exponen, como los hostigamientos y los maltratos de los policías mexicanos corruptos, a los que sólo si les dan dinero, los dejan continuar su viaje. “Uno me dijo que en puras mordidas, tuvo que dar como mil dólares y aparte lo que le tuvo que pagar al coyote, como otros tres mil dólares, o sea, que se tuvo que gastar como cuatro mil dólares”, refiere, y que el pobre hondureño a los dos meses de haber llegado, fue aprehendido por una redada. “Pobre cuate… ya ni lo que se gastó”. Sí, realmente no parece lógico que si justamente la mayoría de los ilegales, sobre todo centroamericanos, andan en busca de dinero, gasten tan fuerte suma para llegar allá, pues si son aprehendidos y deportados, su situación económica será más precaria que la que tenían antes de hacer ese fuerte gasto. Pero así de fuerte es su necesidad económica, agudizada su pobreza debido al capitalismo salvaje que está creando millones de pobres cada año.
También se deben de cuidar los centroamericanos de las cuadrillas de asaltantes, como los “Maras Salvatruchas”, que operan en el sureste mexicano, quienes les roban todas sus pertenencias cuando se los llegan a topar. “Dicen que ya cuando llegan a la frontera con Estados Unidos, que hasta más fácil se les hace”, agrega Julio, comentando que uno le platicó que al cruzarse a EU todo fue menos difícil. Sí, cuando recuerdo las notas periodísticas sobre el trato tan cruel que la policía migratoria mexicana, combinadamente con las policías locales y las bandas de asaltantes, aplica a los indocumentados centroamericanos, desde golpizas, el robo descarado y hasta asesinatos impunes, muchas veces peor que el trato dado por la “migra” estadounidense a los ilegales, comprendo por qué los centroamericanos digan que es más peligroso el paso por México. Muy vergonzosa situación esta, que evidencia una falta total al respeto de los más elementales derechos humanos universales y ante la cual, tampoco los mal administradores panistas hacen nada, quizá porque de esa manera, se establezca una velada complicidad con el gobierno estadounidense para retener y desalentar, desde nuestro país, a la inmigración ilegal de centroamericanos hacia los Estados Unidos.
Julio, incluso en su desesperación por conseguir empleo, estuvo dispuesto a enrolarse en el ejército estadounidense, pero le salieron con que como el “loco de Bush” no había declarado una nueva guerra, como la de Irak o Afganistán (se le quedó en el tintero a ese mediocre presidente el deseo de invadir Irán), pues, de momento, no requerían de ilegales para el “draft”, el reclutamiento, a los que se les premia con la ciudadanía (como en la época de Abraham Lincoln y la guerra de Secesión, que a todos los europeos que llegaban a EU de inmediato se les otorgaba la nacionalidad, pero también de inmediato eran mandados al frente). Y le explicaron que no eran contratados propiamente como soldados regulares, sino como miembros de una “fuerza especial de contención”, o sea, como simples mercenarios, una suerte de “Rambos” latinos, asesinos a sueldo a cargo del ejército, pero ni de eso había trabajo, comenta resignado. “Pero pues también de la que me salvé”, dice, y platica que conoció a un mexicano nacido allá, hijo de oaxaqueños, quien a sus diecisiete años, no habiendo alternativas reales para tener un porvenir (como pasa con los estadounidenses relegados, los pobres, quienes suman casi dos tercios de la población), se enroló en el ejército. Lo enviaron a Irak. Allí, luego de dos años de estar combatiendo en una guerra que ni entendía por qué lo hacía, el muchacho sufrió un ataque al ser emboscada un día la patrulla en la que operaba. Una bomba enemiga le voló la pierna derecha y le quemó todo el costado, dejándolo terriblemente deformado e inútil para cualquier labor. “Pobre cuate, me dijo que ya no podía hacer nada, que le desgraciaron la vida y que la pinche pensión que le dan no le alcanza para nada”. También le contó que, al menos, aún lisiado, él tuvo suerte de estar vivo, pues otro compañero, igualmente mexicano, perdió la vida en Irak y dejó viuda a su esposa y huérfana a su hija, pero como la mujer no tenía papeles, fue deportada (¡vaya forma de pagarle a ella el “valor” de su esposo muerto en acción!, pienso), pero su hija sí pudo quedarse, con unos parientes, porque nació allí. Dice Julio que, como esa niña, hay miles de niños que fueron abandonados forzadamente por sus padres, a quienes el gobierno deportó masivamente, sin importarle que tuvieran familia, una vida (su trabajo y su integración a esa sociedad) y un patrimonio (casas, por ejemplo) por los cuales luchar (estos lamentables casos, han alcanzado fama mundial, como el de la michoacana Elvira Arellano, quien fue deportada, a pesar de haberse encerrado en una iglesia metodista estadounidense durante un año, para rogar que la dejaran con su hijo, Saúl, de sólo 7 años, que además de que nació en EU, padece graves enfermedades). Hasta ese nivel llega la miseria de ese gobierno, quien considera que sólo así se resolverán los problemas económicos por los que EU está pasando, creyendo que los ilegales son parte de que haya desempleo y recesión, cuando que no es así, siendo ellos un sector importante de la clase trabajadora que ha contribuido desde hace años a la prosperidad estadounidense (California, por sí misma, es la quinta potencia económica mundial y la tercera parte de sus trabajadores son inmigrantes, por citar un ejemplo).
Dice que en general no tuvo muchos problemas con la justicia, que procuraba ser respetuoso de la ley, que nunca lo “agarraron” por hacer algo ilegal, fuera de un par de incidentes que refiere. “Una vez iba de regreso de una chamba en la camioneta del patrón, una Pick up GMC, cargado de pinturas y la escalera y yo iba con mi ropa de trabajo y delante de mí iba un gringo en un auto. Y que oigo la sirena de una patrulla, que nos hizo la señal a los dos de detenernos y pues luego luego que me paro y que pongo las manos en el volante, porque allá no es de que uste’ se pueda salir, no, porque si se sale, luego luego lo encañonan esos cabrones. Y ya que se acerca el policía, uno de caminos, un latino… así, como los de caminos de aquí, y hasta eso, buena onda, porque me llegó hablando en español, y que me pide mi identificación (por fortuna, el consulado mexicano en los Ángeles, les expide a todos los mexicanos, sean ilegales o no, una credencial, así como pasaporte, en caso de que los soliciten, lo cual les permite por lo menos identificarse) y se la doy y luego que me pregunta que de dónde venía y que le digo que pues de trabajar y como me vio todo lleno de pintura, con mi ropa y los botes de pintura en la caja de la camioneta, o sea, que no me vio sospechoso, pues ya le bajó y que me pregunta otra vez que de dónde venía, y ya le digo que de Santa Mónica y que iba pa’ los Ángeles, y que si tenía ticket (así se les llama a las infracciones allá) y que le digo que no tenía, y ya que me dice que me había detenido que porque, como llevaba la escalera y era más larga que la camioneta, que le debía de poner una franela, como precaución, y que yo le digo que sí, que se la iba a poner… ¡y ya que me deja ir, pero no me pidió licencia… fue lo bueno porque no tenía!” exclama Julio, con cara triunfal al recordar el incidente, del que salió “limpio”. Aunque de todos modos es probable que el policía no le hubiera pedido su permiso de conducir, porque en el estado de California, gracias a una prohibición hecha por el controvertido “gobernator”, el republicano, mediocre actor hollywoodense Arnold Schwarzenegger, ningún ilegal tiene derecho a obtener licencia de manejo y si llevan una licencia mexicana, es válida cuando mucho mes y medio. Así que debe de ser obvio para los agentes policíacos cuándo se trata de un ilegal la persona que están deteniendo, digamos que hay un cierto sentido común de tolerar esas faltas administrativas, que no son precisamente delitos. Comenta Julio que el hombre que iba adelante incluso fue obligado a bajar por el policía y hasta fue esposado, pues algo le encontró que de inmediato sacó su pistola y lo sometió. “Pues yo creo que iba borracho o era drug dealer”, agrega, algo divertido de que a él, el policía, lo hubiera dejado ir, en lugar de al estadounidense. Quizá por el “paisanismo”, pienso. También platica que en otro caso, salió a pasear, como de costumbre, como a las ocho de la noche, para verse con sus amigos e ir a algún antro, pero que lo hizo en una camioneta que pertenecía a otra persona, un mexicano, para quien también trabajó, él sí, residente en ese país, pero que como dicho mexicano había cometido varias infracciones por andar tomado, tenía ese vehículo la restricción de sólo circular de las ocho de la mañana a las cinco de la tarde, como medida para evitar que su dueño la empleara para otra cosa que no fuera trasladarse a su trabajo. Al llegar a un Oxxo para comprar cervezas, cuenta Julio que varias patrullas, tanto de policías locales, como federales, además del “sheriff” del condado, lo rodearon, descendieron de sus vehículos, pistolas en mano, y por los altavoces le advirtieron que no se moviera o “¡pum!”. “Sí, pues que se acercan y que me bajan de la camioneta y que me piden mi identificación y que me preguntan que de dónde venía y todo el rollo de siempre y que les digo que venía de trabajar, porque por suerte en la caja de la troca venían botes de pintura y una escalera, y que no era mía, que era del patrón, y ya me dijo el sheriff, en inglés, que ese era un vehículo restringido y que además el dueño no podía manejarlo… y pues yo les dije que no sabía nada… pero yo estaba bien sacado de onda, sí, bien espantado y nervioso… y yo creo que se me notaba que yo ni en cuenta, que no era el que buscaban… y no sé, yo creo que me tuvieron lástima y ya, como me vieron bien asustado… porque eran muchos, en serio, como si hubiera sido yo un criminal de a deveras, pues ya que me dicen que no podía manejarla… porque… pues como ya han de saber que uno no tiene licencia, los ilegales, pues, que me dicen que me tenía que esperar a que fuera por mí una persona que tuviera licencia. Y ya que le llamo a un cuate que tenía su residencia y su licencia, pa’ que me hiciera el paro… y sí fue por mí… ¡y cómo ve los cabrones se esperaron hasta que llegó y volvieron a salir de sus patrullas y le pidieron su licencia y ya nos dejaron ir… pero tampoco me hicieron nada!”, otra vez exclama Julio triunfal, al recordar ese segundo, afortunado encuentro con la “ley americana”, del que también salió “limpio”, como él dice. Eso me hace pensar que se trata, efectivamente, de una especie de tolerancia por parte de la policía hacia los ilegales, pues sabe que sus servicios son muy necesarios para desempeñar todos aquellos empleos que sus conciudadanos ¡ni de broma harían! Me viene a la memoria aquella frase pronunciada por Vicente Fox, el ex presidente mexicano que descollara no por su habilidad como estadista, casi nula, sino por su pésima conducción (además del alto grado de corrupción que toleró, nada más hizo bien), su evidente ignorancia (confundía fechas y nombres), su velado autoritarismo (impuso a Felipe Calderón en la presidencia) y su ocurrencia lingüística, cuando en alguna ocasión, tratando de, digamos, “defender” el papel de los ilegales mexicanos en Estados Unidos, afirmó que “los mexicanos hacen trabajos que ni los mismos negros quieren hacer”, dando a entender, de una manera intrínsicamente racista, que nuestros paisanos hacen y sufren cualquier cosa con tal de sobrevivir. Y cuando escucho tantas historias, como la de Julio en ese momento, estoy muy convencido de ello.
Pero su buena suerte frente a la ley, de todos modos no le sirvió para conseguir un nuevo empleo cuando, de plano, ya por más que buscó, nada obtuvo. Por eso se tuvo que regresar. Pero al menos la suerte lo acompañó a su salida de ese país, pues se vino con otro tío que trae autos de allá por la “módica” suma de 1800 dólares cada vehículo. “No, pues, imagínese, ya no es negocio traerse trocas de allá, porque con lo que cuestan, más lo de la traída, pues no sale, a menos que uste’ se la traiga, pero está más cabrón, por los permisos que le piden”, explica Julio, quien ya hace rato terminó con su pambazo. Le pregunto que si desea otro y, con algo de pena, acepta, por lo que llamo a la mesera, una chica veinteañera, que nos sirva otro de esos típicos antojos vendidos en ferias y fiestas públicas. Y continúa Julio con su narración, platicando todas las vicisitudes que pasaron él y su tío para pasar con la camioneta “ Chevrolet Escalade”, conducida por el señor, y la que iban remolcando, sujetada a la otra, una Nissan.
De entrada, la fortuna lo acompañó hasta la garita de Tijuana, pues al pasar con el par de vehículos, los agentes estadounidenses no les pidieron nada en absoluto, quienes quizá acostumbrados a que ese es un sitio de intensos cruces todos los días del año, no se interesan en los problemas que tanta gente se lleve a México (drogas, armas, delincuentes…), que al fin y al cabo no es su país. Luego, del lado mexicano, cuando cruzaron por la aduana, fueron igualmente agraciados, pues en el “semáforo fiscal” les tocó luz verde, así que pasaron con todo lo que llevaban, sobre todo las cosas que Julio juntó en los dos años y medio que estuvo por allá. “Ni crea que tantas cosas me traje, más que nada ropa, mi tele, mi dvd, mi aparato de sonido, cd’s, mi celular… y otras cosillas”, agrega, recibiendo su segundo pambazo.
Pero la buena suerte y el no haber tenido problemas con las autoridades angelinas, se acabó cuando nuestra rampante corrupción policiaca de inmediato surgió cuando en el primer retén por el que cruzaron, como a tres horas de Tijuana, les requirieron nada menos que $500 dólares para continuar, pues de lo contrario les “confiscarían toda la carga”. El tío se los dio, sin chistar, pues de todos modos esa “mordida” es algo que ya se contempla en el costo de transportar los autos a México, es decir, que el cohecho a los corruptos policías mexicanos es parte de los “costos fijos”, cínica actitud que tanto el gobierno, como los cuerpos represivos, dan por sentada, sí, declarando “en el país hay un alto grado de corrupción y se debe de combatir”. Sin embargo, el problema es que no se combate, pues la corrupción es pilar de la estabilidad política y el sostenimiento de este pobre, saqueado país. Pero además es una resignada actitud de parte de los ciudadanos, quienes con tal de evitarse mayores problemas, vejaciones y humillaciones por parte de una hipócrita, supuesta “legalidad”, acceden, de buena o mala gana, a proporcionar dádivas a los “rudos”, corruptos “representantes de la ley”. Así como hizo el tío de Julio. “Y viera que ya después, hasta se sonríen… y todavía nos dijeron los cabrones que tuviéramos cuidado… ¡¿cómo ve?!”.
En otro retén similar, “solamente” les pidieron 200 dólares para permitirles continuar sin problemas. Y en un tercero, uno del ejército, dice Julio que los soldados también les dijeron que les dieran “pa’ sus refrescos”. En este caso, ellos les ofrecieron 200 pesos. “¿¡Qué paso, qué paso, mi buen!?… que sean quinientos pesitos”, cuenta Julio que protestaron los sardos, exigiendo la cuota mínima para dejarlos pasar. “¡Pero, ¿cómo ve?, en ningún lugar nos revisaron, así, que diga uste’, con mucho cuidado, no, y eso que ya ve que dicen en la tele que el presidente que según está combatiendo al narcotráfico y a la delincuencia, puras mamadas… los soldados, en serio, nada más se dieron la vuelta y lamparearon las dos camionetas y ya, nada más… me cae que si me hubiera traído unos cuernos de chivo pa’ venderlos aquí, en serio que bien fácil los hubiera pasado!”, exclama el muchacho, algo divertido, al pensar en todo lo que hubiera podido pasar al país de haber sabido que las revisiones, al menos para ellos, fueron tan laxas.
Pero más adelante, de nuevo, la buena suerte los abandonó, pues debido al cansancio de su tío por haber manejado varias horas hasta ese momento, se quedó dormido y eso ocasionó un derrapón de la camioneta, momento en el que el señor se despertó y aunque trató de controlar al vehículo, no pudo evitar que coleara y cayera hacia un barranco, precipitándose primero la camioneta Nissan que iban jalando. Ésta, sí, volcó, pero como la “Escalade” era más pesada, logró este vehículo detenerse a tiempo en la cuesta y no caer. “¡La camionetita sí se volteó y toda se madreó… y pues ni pa’ sacarla. Ya mejor la soltamos del remolque de la Escalade, y como algunas de mis cosas, que le digo que me traje, iban allí, unos compactos y unas cajas que ya ni me acuerdo que traía allí, pues que me bajo pa’ ver qué podía sacar, pero pa’ mi mala suerte que nos cae un federal (un policía de caminos), y que me dice que me iba a arrestar por lo del accidente que por daños a las vías públicas… ya ve cómo le inventan a uno cosas pa’ sacarle dinero. Y la neta me dio mucho coraje que me quisiera agarrar, pero pensé que cómo me iba a dejar de ese cabrón que me llevara, ¡ni madres!, si ni en el otro lado no me había dejado, menos me iba a dejar aquí, en mi país, pero que yo me hago güey, y que le digo que no, que nada más habíamos pasado por allí y que habíamos visto la camioneta volteada y que yo estaba viendo a ver qué me agenciaba, unos compactos aunque fuera, y como que no me creía, pero yo le dije que neta, que nada más quería ver si me agarraba unos compactos, que me diera chance y, ¿como ve?, que ese cabrón también dijo que entonces a ver qué se sacaba él, y ya agarramos una caja en donde estaban mis compactos, y ya que la sacamos y que ese cabrón se quedó con unos… pero de todos modos nos pidió una lana, que porque estábamos robando, ¿cómo ve?, si él también se quedó con unos de mis compactos, ¡fue lo que más me encabronó!, y pues que le tuvimos que dar quinientos pesos! Y pues yo ya ni me quejé de mis cosas que se habían quedado en la otra camioneta, porque a mi tío le iba a ir peor, por la lana que iba a perder”. Sí, con la actuación del “policía de caminos”, de nuevo salió a relucir “nuestra maldita corrupción de cada día”, así, como oración.
Luego de eso, con profundo alivio de ambos, ya no tuvieron más contratiempos. Y Julio llegó con su tío hasta Huichapan, en donde bajaron las pocas cosas de él que no iban en la camioneta. “Como le digo, pues fue poco lo que traje… y de dinero, pues muy poco, como 50 dólares fue lo que traía… lo poco que ahorré me lo gasté todo el tiempo en que me quedé sin chamba por allá”, agrega el muchacho, resignado, quizá reflexionado que todo su esfuerzo de dos años y medio de estar sufriendo vejaciones y trabajar duro como pintor, al final se redujo a algo de ropa, una televisión, un dvd y un “ipod”, que en ese momento me enseña. “Pues con este me entretenía cuando estaba pintando, aunque sea pa’ estar oyendo música cuando estaba en la friega”.
“Y qué piensas hacer, ¿regresarte o buscarte algo por aquí?”, pregunto. Julio se encoge de hombros, poniendo un gesto de desconcierto. “No, regresarme pa’ allá, no… está cabrón, en serio, al menos ahorita no hay chamba y, como le digo, muchos paisanos ya se están regresando… muchos se vinieron antes que yo y otros, después… pero se están regresando. Y aquí… pues, no sé… mi papá me dice que termine mi prepa, pa’ que así me consiga una chamba por aquí… es que ahora hasta pa’ meterse a la AFI (es la Agencia Federal de Investigación, novel corporación policiaca que pretendió acabar con la corrupción de los cuerpos policiacos, pero que ha resultado peor que lo que pretendía limpiar. Por ejemplo, una de las secuestradoras del sonado caso Martí es una agente en funciones de esa corporación. Y por estos días esa agencia, para mayor desacreditación, está intervenida por la PFP) le piden a uno prepa o también de federal (se refiere a la Policía Federal Preventiva, PFP, otro cuerpo policiaco de dudosa reputación y torpe actuación). Pero también como aprendí el oficio de pintor, pues a lo mejor me puedo dedicar a eso, porque luego veo aquí cómo hacen las cosas, y yo digo, no, pues esto podría hacerse más fácil así o con una máquina…”, contesta Julio, reflexivo, considerando que todo eso es incierto y que para él, haberse ido para Estados Unidos y haber regresado sin nada, sin perspectivas claras ni allá, ni acá, por lo pronto, es un problema existencial que, de alguna manera, lo convierte en un inadaptado social. “Fíjese, pues es que regresa uno aquí y ya los amigos se fueron o se casaron o se murieron… y nada más tengo a mi familia… y como que es difícil adaptarse otra vez aquí, en el pueblo, luego de haber vivido en los Ángeles, trabajando, parrandeando… me siento como encerrado, porque allá andaba pa’ todos lados y con dinero… y aquí, ahorita, pues ando sin un quinto, nomás a lo que mi papá me está dando, en lo que consigo una chamba”. Dice que su papá lo ha puesto a hacer arreglos a su casa, una antigua construcción colonial, y que le da 200, 300 pesos cada semana, pero que es muy poco. “No… en serio que uno se acostumbra a estar allá… uno cambia… ¿cómo le diré?... es que se echa desmadre, pero no es como aquí… uno sabe que no está en su país y por eso como que más se vuelve uno parrandero, porque está uno lejos de su tierra… ¿no sé si me entienda?”, me pregunta finalmente.
Claro que lo entiendo.

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