El regreso sin gloria del “otro lado” de un indocumentado mexicano
Por Adán salgado Andrade
Huichapan Hidalgo, México. Este singular poblado de construcciones antiguas, perteneciente al estado de Hidalgo, cuyo nombre significa “lugar en donde abunda el agua” (hay varios balnearios de aguas termales, mas según otra versión, Huichapan significa “lugar sobre espinas”), dista unos 200 kilómetros de la ciudad de México, pero a pesar de su nombre, la zona se considera árida, prevaleciendo la vegetación cactácea, tales como nopales u órganos. Se llega por la carretera a Querétaro, tomando la desviación que indica justo tal nombre. Por estas fechas ha llovido como nunca antes en la región (debido a los efectos de los fuertes huracanes y las tormentas tropicales que ha habido este año), tanto que hasta se han inundado y anegado varias tierras, muchas de las cuales, de haber habido interés y recursos económicos de sus propietarios en sembrarlas, seguramente habrían logrado buenas cosechas de maíz, el cultivo más abundante que allí se produce… ¡o se producía! Pero no es así, pues la mayor parte de las parcelas están sin trabajar, quizá desde hace años, cubiertas de pintorescas flores silvestres, como mirasoles o tréboles morados, las cuales, irónicamente, dan al paisaje una belleza poco común en esos sitios, que generalmente son tan secos. Sí, una muestra más de cómo el campo en México tiende a morir poco a poco (ver mi artículo en Internet “Apertura total del agro mexicano al TLC estadounidense… o de cómo se sigue muriendo el campo en México”), sin que al gobierno tal situación pareciera preocuparle.
Se pasa por varios pueblos, como Jacala, Maravillas, Nopala, pero en todos ellos no hay crecimiento o muy poco, el tiempo parece haberse estancado allí, y se observan casi idénticos a como se veían hace años, con una que otra señal de “progreso”, tales como alguna nueva construcción, un nuevo negocio, un nuevo boulevard… pero nada más, en realidad no se ve algo que acuse que en esos pueblos ha habido reales, grandes cambios. El único digamos que “polo de desarrollo” ha sido Huichapan, sobre todo desde que hace unos 20 años se estableció en sus cercanías una cementara del grupo CEMEX, además de algunas otras pequeñas industrias y los balnearios, que atraen algo de turismo local y de la ciudad de México. Sin embargo, como en casi todo el medio rural, la actividad más abundante y saturada es el comercio… ¡de todo, ya que en realidad no hay alguna cosa que no sea vendida allí!: verdulerías, fruterías, carnicerías, pollerías, tiendas de abarrotes, farmacias, panaderías, restaurantes, fondas, garnacherías, cafés, ropa, calzado, baratijas chinas, sombreros, puestos de tacos, de tortas, de jugos, farmacias, café-internets… además, claro, de los servicios, que no son otra cosa, también, mas que la venta de habilidades personales: mecánicos, doctores, dentistas, salones de belleza, zapateros…
Como ya hay tanto de todo, es realmente difícil que un nuevo negocio allí “pegue”, como nos comenta Julio, un joven de 24 años que recién llegó de “gabacho” (nombre coloquial para referirse a los Estados Unidos) y que accede a platicar con nosotros, mientras recorremos la así llamada “feria de la nuez”, que tal como sucede con otras ferias populares en otros sitios, alusivas a un determinado producto, lo que menos abunda en ella son, justamente, las nueces (ver mi artículo en Internet “Pax social, show político musical… y manzanas”, sobre la así llamada “feria de las manzanas” de Zacatlán). En la popular celebración (para la que se dispone de un buen tramo de la carretera de entrada del lado occidental del lugar) hay puestos de vajillas, de ropa, de pan, de comida (pambazos, quesadillas, elotes, tacos…), de tiro al blanco, de tiro de canica… y hasta juegos mecánicos que cursan con las improvisadas fondas que sirven muy grasosos y llenadores antojitos a los felices celebrantes, pero apenas si tres o cuatro puestos de unas nueces muy pequeñas, “subdesarrolldas”, alcanzan a destacar entre el mar de gente y de improvisados puestos de todo. “Pues pensé en poner un puestito aquí… pero no tengo ni dinero y pues también me puse a pensar que de qué lo ponía”, dice Julio, un tanto cabizbajo, recordando, quizá, lo que hasta hace unos momentos nos refirió.
Él, como muchos otros mexicanos, sobre todo jóvenes, faltos de oportunidades reales de conseguir empleo y un porvenir en su país, se fue a los Estados Unidos hace dos años y medio, a buscar el “american dream”. “Pues sí, es que aquí no hay nada… vea, puras tiendas… y ni pa’ poner una, porque ya hay un montón”. Sí, como decía antes, está tan saturado el lugar por tanto comercio, que ya todo el llamado “centro de Huichapan” es prácticamente zona comercial. Él, también como todos, se pasó de ilegal, debiendo pagar ¡2200 dólares!, que le prestó un tío que vive allá, hermano de su mamá, una vez que el coyote contratado lo dejó en el “East los”, o sea, la zona oriental de la ciudad de Los Ángeles en donde más abundan los ilegales de todas las nacionalidades. “Pues sí, mi tío me hizo favor de prestarme la lana, y ya después le fui pagando con trabajo”. Su primer empleo fue de mesero en un restaurante, cuyo dueño era conocido del tío y por eso le dio trabajo. Allí le pagaban 40 dólares el día, a cinco dólares la hora. “¡No, pues me ponían una jodas, porque tenía que trabajar ocho horas diarias!”, exclama Julio, un joven de piel morena y muy alto, 1.85 metros, que antes de eso estuvo en el ejército mexicano como sardo, tratando de hacer allí una carrera militar, pero que desertó debido a los malos tratos y a las “chingas” que les daban en el cuartel, a los conscriptos, sus superiores. No se adaptó en el restaurante, porque además de que la paga era poca – pues por lo menos en otros trabajos la hora se paga a ocho dólares – , debía darle la mitad del dinero a su tío. “¡Estaba cabrón, porque así, me iba a tardar un resto pa’ pagarle!”. Paramos en un puesto de pambazos en donde le ofrezco a Julio que si desea comer algo, a lo cual accede de muy buena gana. “Pues ya hace hambre”, dice sonriendo, mientras ordenamos sendos pambazos y un par de refrescos. Y nuestra plática continúa. “Y ya de allí, como mi tío es contratista, pues que mejor le dije que me diera chamba con él, y que me la da de pintor”. Al principio dice que no le era tan fácil, que la pintura se le escurría, que se iba chueco en las “intersections” (cuando dos colores se juntan), que echaba a perder algunos materiales… o que simplemente no sabía “¡qué chingaos tenía que hacer!”. “Sí, es que luego me decían que allí tenía que poner un glasing y pues yo ni sabía qué era eso (es un acabado jaspeado brillante, que se logra puliendo una superficie que se pinta con un material especial)… y así me la pasé, sí, ya ve que echando a perder se aprende, ¿no?”.
Entraba a trabajar, por lo general, a las ocho de la mañana y salía a las cuatro de la tarde, aunque a veces tenía que quedarse más tiempo, sobre todo cuando urgían los trabajos. Allí ya le pagaban a ocho dólares la hora y conforme fue aprendiendo y haciendo mejor sus tareas, le fueron subiendo el salario, hasta que en los últimos meses le pagaban el equivalente a 14 dólares por hora. “Sí, pues ya me iba mejor, me estaba haciendo 700 dólares a la semana”, dice, mientras la mesera nos sirve el par de pambazos y los dos refrescos de queretana marca tipo sangría, que le pedimos como bebidas. Comienza a comer su pambazo con avidez. “En puras casas de ricachones trabajaba, pues en donde más trabajo le dan a uno, puras zonas como Bel Air, sí… ¡no… unas casotas que tienen esos cuates!, de puros actores o políticos, nos decía mi tío que eran”. Ya luego platica que sus bills, lo que debía de pagar por sus gastos mensuales, eran 400 dólares por tener derecho a un cuarto que compartía nada menos que con seis mujeres (cuatro ilegales y sólo dos con permiso de trabajo, con las cuales sólo se limitaba a convivir cada que les pagaba o cuando de repente conversaban, pero nada más). “Pero prefería estar con ellas, pues como que se me quitaba un poco lo relajiento… además, en donde estaba antes, aunque era más barato, no tenía individualidad, los otros cuates se metían con mis cosas, no me robaban, pero sí me tomaban que una camisa, que un pantalón… y por eso me fui con las chavas”, dice Julio, quejándose de que sus compañeros eran muy abusivos, cuestión entendible dadas las carencias que casi todos, por su condición de ilegales malpagados, han de padecer.
También gastaba 150 dólares al mes de mobile (sí, fuerte era su gasto en el pago del celular, vital instrumento, tanto para que su patrón se comunicara con él, como sus compañeros de juergas) y un promedio de 40 o 50 dólares diarios de comida. “¡Ah, no, eso sí, yo en comida tampoco me limité!”, exclama y dice que por la mañana iba a un “Seven Eleven” y adquiría un litro de leche, fruta, jugo, pan… en lo que gastaba 10, 15 dólares. “Ya en la tarde, como hay un chingo de restaurantes chinos o latinos, pues mandábamos traer comida china o menú”, agrega, la cual le costaba otros 15 dólares. Y por la noche acudían a algún restaurante mexicano por tacos o tortas (sí, abunda la popular gastronomía mexicana) y se gastaba otros 15 dólares. “Y a veces nos íbamos a restaurantes gringos, dizque de lujo, pero pues luego eran más baratos que los mexicanos”, agrega, comentando que esa zona Estados Unidos está tan “mexicanizada”, que tanto en la comida, en el trato con la gente latina y en otras costumbres que mostrarían el alto nivel de, digamos, “mexicanidad” existente, no es difícil adaptarse para la mayoría de los latinos, sobre todo mexicanos que allí laboran y coexisten. Además, hay otras características que les dan a esos barrios una singular familiaridad, como que “se está en casa”. Por ejemplo, abundan las pandillas formadas por miembros de una misma raza o nacionalidad, convirtiendo los barrios en donde se establecen en peligrosas zonas – muy similares a aquéllas existentes en los países de donde provienen los ilegales –, en donde “mejor uno ni se mete”, dice Julio. “Luego se ven chamaquitas de 13, 14 años, de muchos lugares… mexicanas, guatemaltecas, chinas, coreanas… ya de prostitutas, en serio, y las controlan cabrones que se las alquilan a gringos ricos, de mucho dinero… sí, nada más se ven pasar en sus carrazos esos cuates cuando van a contratar a alguna de esas chamacas”, agrega, refiriéndose a las redes de prostitución de mujeres menores de edad que son toleradas por el hipócrita gobierno estadounidense, quien se jacta de ser tan recto y respetuoso de la ley… pero como se trata de ilegales pobres, necesitadas de un ingreso que les permita sobrevivir, no le importa que, además de las enfermedades sexuales que puedan contraer, como el SIDA, arriesguen su vida en el ambiente tan violento en que deben desenvolverse. “¡Sí, una que otra muchacha se independiza, las que les dicen las barrio queens, pero hasta ellas tienen a un cabrón que las proteja… no, uno ni se mete con los cabrones que las controlan o con las bandas, en serio, porque hasta lo andan matando!”, exclama Julio, con tono de advertencia. “Y, como le digo, todos, hasta los paisanos que ya tienen permiso pa’ trabajar, nos andan diciendo a los ilegales que pa’ que vamos allí, que nada más les quitamos sus empleos… y hasta los negros se la hacen cansada. A mí, un negro que también era pintor, me decía que mejor me regresara, que porque le estaba quitando el pan de sus hijos… ¿uste’ cree?”, dice Julio, medio burlón, “pero nosotros les decíamos que pa’ todos hay chamba si se raja uno la madre, que la cosa era buscarle”.
Volvemos a lo de sus gastos en comida. “¡No, pues por eso le digo que no me limitaba pa’ comer, no como un paisano que por ahorrar se la pasó tragando pura sopa Maruchan (son las sopas “instantáneas” a las que sólo hay que agregar agua hirviente, de muy bajo contenido nutrimental y muchos químicos, que recientes estudios demuestran que provocan daños a la salud cuando son comidas en exceso) durante cinco años, pa’ ahorrar un chingo… dicen que ahorró fácil como trescientos mil dólares, pero puras cajas de esas sopas comía y dicen que cuando se regresó pa’ México, que como ya empezó otra vez a comer bien, que pues le cayó mal la comida y que se murió, que porque su cuerpo ya no aguantó otra vez comer bien”, refiere con gesto de pena. O también recuerda el caso de otro mexicano, de Zacatecas, quien igualmente, por ahorrar lo más posible, cuando se regresó a su pueblo, llevaba tanto dinero, que hasta les prestó a unos parientes, los cuales lo “venadearon en el camino pa’ no pagarle al compa”, dice Julio, cabeceando. “A ver, pa’ qué le sirvió juntar tanta lana, nomás pa’ que se lo echaran esos cabrones malagradecidos”.
Así, además de los gastos ya referidos, como Julio prefirió disfrutar gastando que a sufrir ahorrando, súmense el costo de las parrandas, por lo que explica, como justificándose, que muy poco podía ahorrar. “Aunque a veces me salían chambitas nomás pa’ mí y pues a’i me ganaba que otros 500, que otros 1000 dólares más a la semana y ya con eso me reponía”, agrega, como tratando de aclarar que por eso se pudo dar la gran vida.
Sí, una muy buena parte de su dinero se la gastaba en “pedas y en el relajo”. Quizá porque Julio, a diferencia de la mayoría de paisanos que se van al otro lado, en realidad no lo hizo por una fuerte necesidad económica (hijo de padres maestros que cuentan con casa propia y medianos ingresos en Huichapan, él no es de la gente que esté, digamos, “en la calle”), sino que a falta de reales oportunidades de vida, consideró el irse allá como una alternativa (como dije antes, estaba en el ejército, pero desertó debido a los malos tratos y aunque estaba estudiando la preparatoria hace algunos años, tampoco el estudio realmente fue “su fuerte”, como nos explica). “Pues sí, la verdad que ni dinero les mandaba a mis jefes… pa’ qué, si ni lo necesitan”, dice en justificatorio tono. Así que Julio se iba a los “night clubs”. “Sí, había uno que los martes y los jueves era de las most sexy legs”, dice, divertido, explicando que son bares en donde se organizan concursos de mujeres, casi todas extranjeras (e ilegales, la mayoría), negras, asiáticas, mexicanas, guatemaltecas, peruanas… las que acuden allí con shorts o minifaldas, muy de moda, para probar suerte, siendo objeto de lascivas miradas de lujuriosos men que decidirán, tras varias semanas de eliminatorias, quien es la afortunada fémina que, según ellos, posea las piernas mas “excitantes y bellas”. Y no es para menos que acudan tantas ansiosas concursantes a mostrar sus piernísticos encantos, pues los premios se van acumulando y la feliz ganadora puede ser agraciada con cinco, seis mil dólares que en estos tiempos de recesión y crisis económica estadounidense, son bastante buenos (y es sobre la recesión sobre lo que más adelante le cuestiono a Julio). Una vez allí, en uno de tales antros, se gastó Julio, “¡ochocientos dólares!”, exclama alardeando, diciendo que como la botella de buen whisky costaba 300 dólares, en ocasiones cada parrandero amigo “pues se ponía con dos y ya eran 600 dólares de cada uno, más los snacks que luego pedíamos”.
“O luego, cuando teníamos poco dinero, nos íbamos a los Oxxos, a los Seven Eleven… y nos comprábamos nuestros twenty tour (empaques con 24 cervezas individuales) de “Modelos”, que nos costaban 15 dólares, y nos íbamos a la playa o por a’i a tomárnoslas”. El “por a’i” eran los departamentos que varios de los compañeros de Julio, igual que él, compartían para ahorrar en gastos. “No, pues se gana muy poco como pa’ que uste’ solo se rente un appartment”, dice, dando un trago a su sangría. Esas tiendas que abren las 24 horas, aclara Julio, sólo estaban en esa parte de los Ángeles, porque en las zonas acomodadas, de lujo, como Beverley Hills, no había. “Es que como que las cuidan mucho las autoridades… hay un chingo de policías y uste’ no puede entrar allí si no tiene cita y si no tiene identificación”, comenta. Claro, pienso, el permitir aquellas tiendas en las zonas pobres, es parte del control que las autoridades estadounidenses han de tolerar entre la “blue collar class”, los trabajadores, quienes habitan allí, sean ilegales o no, con tal de que estén tranquilos y en sus barrios cuando no se encuentren trabajando. Incluso, dejar que se formen las pandillas multiétnicas, las que pelean constantemente entre ellas, autodestruyéndose, matándose, canalizando de esa forma todas sus frustraciones, es una parte de ese control, pues mientras todos los “ilegal aliens” se aniquilen entre ellos en lugar de protestar contra el gobierno, “no problem”.
Dice Julio que esa inusual camaradería, las borracheras que se ponían sus “cuates y él, se daba en cerrados círculos, principalmente cuando todos estaban empleados y no tenían que pedir favores a los demás. “Sí, porque fíjese que el mexicano se pisa mucho, en serio, más los que ya tienen permiso pa’ trabajar allá, le dicen que pa’ qué van, que nada más le van a quitar su trabajo”. Refiere que los coreanos o los chinos no son así. “No, ellos, aunque un compa sea malo, pues le ayudan. Yo le decía a un coreano que por qué había contratado a uno de sus amigos, si era remalo el cuate ese, nada más regaba la pintura y era re malhechote y me dijo que ni modo, que pues había que ayudarlo porque era de su país”. Y esa falta de solidaridad se ha agudizado mucho más ahora que los empleos están cada vez más escasos.
“¿Y cómo está afectando a los ilegales la recesión?”, pregunto, sobre todo porque es en la construcción de casas en donde más está pegando la actual crisis económica estadounidense (y mundial, ya), sector que cada vez absorbe a más y más fuerza de trabajo ilegal… o absorbía, razono. “¡Uy… no… pues muy fuerte, en serio!... ¿por qué cree que me regresé pa’ acá?”, exclama y pregunta reflexivamente el muchacho, poniendo cara de resignada obviedad. Sí, dice que desde diciembre hasta las fechas en que se regresó a Huichapan (a finales de julio, justamente) tuvo muy poco trabajo, apenas un par de meses logró que su tío lo contratara para pintar casas y con menos salario de lo que le pagaba normalmente. Y eso que su tío les trabajaba a los “ricachones” de Bel Air, Malibu, Santa Fe, Santa Monica, Beverley Hills, Hollywood… y ni así había ya suficiente trabajo. “¡No, si está reduro… yo ya estaba bien desesperado y por eso les avisé a mis jefes (sus papás) que mejor ya me iba a regresar, que porque allá ya no había nada de chamba!”. Y refiere que no sólo se quedaron sin trabajo ilegales como él, quienes tenían relativamente poco tiempo de estar trabajando entre los “gringos”, sino que incluso gente con mucho tiempo, perdió su empleo. “Pues fíjese que uno que llevaba trabajando allá como 20 años, le fue de la patada, ni residente era y… ¡hasta perdió su casa! Y eso que ese compa ganaba buen dinero, decía que hasta veinte mil dólares luego se sacaba al mes, pero que todo se lo botaba el cabrón… y que a la mera hora, como perdió su chamba, pues el banco ya le quitó la casa, que porque no pudo pagarla”, declara. Y en esta parte pienso que la fama de derrochadores que se da entre muchos mexicanos (que, repito, es una situación tolerada por el gobierno de EU, quien prefiere mexicanos parranderos a mexicanos que protesten y luchen por sus legítimos derechos), incluso se manifiesta allá, porque el caso que refiere Julio, es una muestra de que, en lugar de que aquél mexicano que tan bien ganaba hubiera liquidado su casa, prefirió darse la gran vida y malgastar el dinero que, supongo, con esfuerzos se ganaba… y resulta que ahora, según le contó a Julio, se iba a regresar para México, pues ya nada hay que hacer en Estados Unidos, en donde, por su falta de previsión, tampoco hizo nada, ni pagar su casa, así que su situación, como la de muchos, me atrevo a pensar, es la del mexicano que ni allá, ni acá tiene una perspectiva de vida, porque aquí también ya está desconectado de los lazos sociales, familiares y amistosos que pudieran reencauzarlo a comenzar una nueva existencia. No caben, por así decirlo, “ni allá, ni acá”… o al menos así se sienten. Platica también el caso de una amiga que trabajaba en una lujosa cadena de hoteles, que luego de diez años de laborar allí, le dijeron que habían disminuido las ventas y que ya no necesitaban de sus servicios y también tuvo que regresarse a México, pues allá, debido a su edad, 42 años, ya no puco conseguir un empleo adecuado a su situación física (por desgracia es en labores que requieren gran esfuerzo físico en donde los ilegales son más demandados, tales como la construcción, las maquiladoras o en el campo).
Un ejemplo más, referido por Julio, es el de otro mexicano que tenía unos 45 años, quien de repente se quedó sin el, digamos, buen trabajo que tenía, en donde ganaba hasta 2500 dólares por semana, y tuvo que dedicarse a la pintura, como el muchacho, ganando 600, 700 dólares, pero además enfermó de diabetes, con lo que su rendimiento también disminuyó “Yo nomás le decía, así, medio burlándome, que qué onda, que cómo que él que era tan chingón estaba pintando y ganando repoquito y él me contestaba, medio enojado, que no lo estuviera fregando, que no le quedaba de otra”, cuenta Julio, algo divertido . El hombre le dijo que también perdió la casa que estaba pagando, pues ya no pudo más con la deuda contraída y como nunca pensó en que alguna vez regresaría a México, como está considerando, pues aquí tampoco hizo nada, así que cuando llegue a Querétaro con su familia (de sus cinco hijos, tres nacieron allá), también tendrá que comenzar desde cero, pero con mayores dificultades que cuando partió hace casi ocho años. Además, le dijo que a lo mejor dejaba a los hijos que nacieron en Estados Unidos con unos amigos, porque como ellos sí eran “americanos”, consideraba que podrían pasársela mejor allá (muestra de ese “malinchismo” intrínseco que aún sigue imperando en la idiosincrasia del mexicano). Y efectivamente, las cifras de las remesas enviadas por los mexicanos que laboran en Estados unidos han disminuido considerablemente este año, se estima que unos $3000 millones de dólares menos entrarán, con las penosas consecuencias que eso está teniendo entre las miles de familias de los inmigrantes mexicanos, muchas de las cuales, sin los 200 o 300 dólares mensuales que en promedio recibían de sus parientes, tendrán mayores dificultades para afrontar la crisis económica que ya también se está resintiendo en México.
“No, eso de que luego los agarran, pues está bien cabrón – continúa comentando Julio –, porque los deportan así, como los agarren, hasta en calzones, y como muchos ya hasta están arrejuntados y tienen hijos, pues los separan, en serio, y dejan a sus chavos abandonados… un amigo mío, que tenía como cinco años de ilegal, pero ya hasta casa tenía, un día que llega la Migra, llegaron tempranito, porque saben que a esa hora los agarran, como a las cinco, y que tocan y que abre su hija, una niña que ni sabía qué onda, pero fíjese que estaban buscando a otro compa, pero como la niña les abrió, ese fue el error, porque mientras uste’ no les abra a esos cabrones, no le pueden hacer nada, y entonces que entran y que empiezan a pedir papeles a todos los que estaban, cuates de mi amigo. Y entonces, mi amigo, el papá de la niña, que sale del baño en calzones, porque se estaba bañando, pa’ ver qué onda, y allí que le caen, porque tampoco tenía papeles y ¡así se lo llevaron, en los puros calzones, en serio! Y como su hija sí nació allá, pues se quedó con unos amigos del papá, porque su mamá se había muerto, él era viudo… ¡no, en serio que pinches gringos ojetes!”, exclama Julio, con gesto de coraje. Pero también refiere, muy divertido, como otro conocido, que se enteró del programa de “repatriación voluntaria” de ilegales (justo para deshacerse los estadounidenses de tantos “problems”) que están implementando conjuntamente el consulado mexicano y las autoridades migratorias estadounidenses, aquél mexicano, con tal de ahorrarse hasta el pasaje de regreso, una mañana se salio con maletas y todo de donde vivía y se fue a parar a una zona en la que frecuentemente había redadas de los indocumentados que esperan allí las camionetas de los posibles empleadores que les dan trabajo. “Nomás a puros chavos contratan esos cuates, y ya cuando lo ven ruco, no sé, cuarentón, pues ya ni lo recogen, le dicen que no sirve pa’ trabajar”, dice Julio, muy serio, refiriéndose a la discriminación que se hace si los ilegales ya están “muy viejos pa’ chambear”. Y continúa con su cómica anécdota, platicando que cuando llegó la “Migra” cargaron con todos los ilegales que estaban allí, excepto con su amigo de las maletas, y otro “compa” que se salvó porque había ido al baño. “¡Es que como al cabrón lo vieron con sus maletas que le dicen, ‘no, tú no, ni creas que te vamos a subir con tus maletas’. No, hubiera visto, todo el mundo estaba burlándose de ese cuate, que qué codo, le decían, que mejor les hubiera dicho que no tenía pa’ el pasaje y que se lo hubieran pagado… hasta en las estaciones de radio local se pitorrearon de él, pobre cuate, hubiera visto!”, exclama, carcajeándose por la muy divertida anécdota, que hasta a mí me hizo sonreír. A él, para su buena suerte, nunca lo detuvieron los de la “migra” (no le fue como les sucede a los pobres ilegales que arrestan en EU, quienes son maltratados y humillados. Ver mi artículo en Internet “Como animales rabiosos se trata a los ilegales capturados en EU”). Incluso, alguna vez, aprehendieron a unos ilegales que estaban esperando el “bus”, junto a Julio, pero a él, como lo vieron muy alto y, en ese momento, muy bien vestido, con sus pantalones nuevos y camisa planchada, no le hicieron nada. “Sí, tuve muy buena suerte… es que como me iba a parrandear, pues andaba limpio, bien vestidito, y yo creo que pensaron que era gringo, ¿no?”.
Eso sí, dice que los “gringos” pretenden ser muy rectos en la defensa de sus ciudadanos, no así con los paisanos. Refiere el caso de un “compa” que se casó con una mujer tejana, a la que un buen día abandonó y que alardeaba de que él era “bien fregón” y que aunque la mujer lo había demandado para que le diera pensión alimenticia, él decía que no tenía miedo. Así se estuvo cinco años, presumiendo de que a él la justicia estadounidense y “esa pinche vieja, me hacen los mandados”. Sin embargo, su “buena suerte” terminó cuando un día un policía lo infraccionó y al meter la información de su licencia para hacerle su “ticket”, vio que había una demanda contra él. El pobre veracruzano tenía el cargo de “check unpayment”, o sea, el no haber pagado pensión a su ex-mujer, y la cuenta ascendía a más de 200 mil dólares y como no pudo pagar, está encerrado en una cárcel de máxima seguridad, condenado a una sentencia de entre cinco y diez años. “Me dijeron que al pobre cabrón se lo traían como la señorita allí en la cárcel”, agrega, sarcástico, refiriéndose a que ese desafortunado mexicano castigado excesivamente, pienso, encerrado en una prisión de alta seguridad, estaba sirviendo de “prostituta” entre verdaderos, peligrosos criminales homosexuales. Cualquier proyecto de vida que haya tenido aquel mexicano, quedó brutalmente truncado por la aplicación de una hipócrita, desigual “justicia”. No le veo el lado cómico a esa anécdota, como así le parece a Julio. Sí, reflexiono, vaya hipocresía la de los estadounidenses (eso me recuerda a todos los supuestos talibanes que están encerrados en la ilegal prisión de Guantánamo, sin juicio y en violación a todas las garantías individuales a las que, simplemente como seres humanos, tienen derecho). Incluso también me viene a la mente que Julio platicaba hace unos momentos cómo para cruzarse la “línea” (como se le llama a la frontera), además de la obligada contratación del coyote, existe toda una red de corrupción entre los agentes de la “Border patrol”, quienes reciben 100 dólares por cada indocumentado que cruza la frontera por parte de los coyotes. “Fíjese, por donde yo me crucé, había dos casetas de vigilancia, cerquita, como a 200 metros, y el coyote que me ayudó a cruzar la cerca, nada más me dijo que me pusiera abusado cuando una luz que había en una de las casetas se apagara, que tenía treinta segundos, y fue cuando salté y pegué la carrera pa’l otro lado. Sí, si se hacen pendejos los de la Migra, y hasta cuidan los cabrones que pasen bien los coyotes, que les dan su mordida, con su gente, y si no se caen con el dinero, hasta ellos secuestran a los ilegales y encierran a esos coyotes y se los ofrecen a otros coyotes para que les paguen y los dejen pasar, ¿cómo ve?”, dice Julio, quien se volvió a emocionar al recordar lo rápido que debió correr cuando cruzó y que, incluso, hasta se cayó en un vado del camino, pero cuando logró salir, ya un mexicano lo esperaba a unos metros en una camioneta, en la cual lo condujo hasta los Ángeles. Así que, según lo que nos cuenta el muchacho, existiría una abierta complicidad entre los agentes de la “Migra”, quienes seguramente por cumplir con su trabajo, capturarán a un determinado número de indocumentados, digamos su “cuota”, sobre todo aquéllos cuyos coyotes no cubrieron la “mordida” requerida, 100 dólares por cabeza, con tal de que se vea que cumplen con su trabajo, pero además puede pensarse que es una complicidad tolerada por el gobierno, pues de esa manera los empleadores se proveerán de los trabajadores ilegales que, de todos modos, necesitan, pues resultan imprescindibles para la economía estadounidense.
Cuenta Julio que un agente de la Migra, un auténtico “gringo”, no un latino, como pudiera pensarse, le comentaba en una ocasión que aunque su sueldo era muy bueno, de 2500 dólares a la semana, más de la tercera parte se lo quitaba el gobierno por los impuestos. “Así que de qué me sirve ganar bien, si me descuentan tanto. Aquí, por dejar que pasen cuatro o cinco ilegales por día, me gano 400, 500 dólares diarios libres… así que lo voy a seguir haciendo, ni modo, de que se los ganen otros, prefiero ganármelos yo”. Sí, y entonces, me pregunto, ¿dónde queda la rectitud anglosajona que tanto presumen los estadounidenses, qué pasa con la supuesta honestidad de la que tanto alardean? Pues parece que ante una buena y constante suma de dinero todo eso sale sobrando… sí, en el mundo en el que actualmente vivimos, prácticamente el único valor predominante es el dinero y es éste, como se ve, el que puede, incluso, doblar hasta a las voluntades aparentemente más firmes.
Lo peor de todo es, afirma Julio, que a pesar de la crisis, la gente sigue llegando, sobre todo centroamericanos, y si tienen suerte de no ser aprehendidos durante el trayecto o ya cuando están en aquel país, de todos modos ya ni encuentran trabajo y lo grave es que muchos de ellos están endeudados por lo que le tuvieron que pagar al coyote y todos los gastos hechos. Así, sin dinero, sin trabajo, en plena recesión estadounidense y amenazados constantemente por las redadas, no parece que sea ya una alternativa real irse a los Estados Unidos para hallar un trabajo. Muchos mexicanos le dijeron que ya no es “negocio” estar en ese país, pues antes, con dos años que estuvieran, les iba muy bien y se traían mucho dinero, para comprarse casa y todo, pero ahora ni con cinco años de estancia se gana suficiente “dólares”. Y con la presente recesión, pues menos es posible lograr el porvenir que los acerque, si no al ansiado “american dream”, sí a una existencia más decorosa que la que tenían en sus terruños, muchos de ellos olvidados pueblos en donde nada hay que hacer, pero como están las cosas, ni allá tampoco actualmente hay una solución a sus problemas.
“Como le digo, los centroamericanos están más jodidos, pues ellos sí deben de cargar dinero, por tantas mordidas que deben de dar en México”, dice Julio, refiriéndose a conocidos hondureños, guatemaltecos, salvadoreños… que le dijeron que lo más peligroso de irse a los Estados Unidos era cruzar por México, por tantos problemas a los que se exponen, como los hostigamientos y los maltratos de los policías mexicanos corruptos, a los que sólo si les dan dinero, los dejan continuar su viaje. “Uno me dijo que en puras mordidas, tuvo que dar como mil dólares y aparte lo que le tuvo que pagar al coyote, como otros tres mil dólares, o sea, que se tuvo que gastar como cuatro mil dólares”, refiere, y que el pobre hondureño a los dos meses de haber llegado, fue aprehendido por una redada. “Pobre cuate… ya ni lo que se gastó”. Sí, realmente no parece lógico que si justamente la mayoría de los ilegales, sobre todo centroamericanos, andan en busca de dinero, gasten tan fuerte suma para llegar allá, pues si son aprehendidos y deportados, su situación económica será más precaria que la que tenían antes de hacer ese fuerte gasto. Pero así de fuerte es su necesidad económica, agudizada su pobreza debido al capitalismo salvaje que está creando millones de pobres cada año.
También se deben de cuidar los centroamericanos de las cuadrillas de asaltantes, como los “Maras Salvatruchas”, que operan en el sureste mexicano, quienes les roban todas sus pertenencias cuando se los llegan a topar. “Dicen que ya cuando llegan a la frontera con Estados Unidos, que hasta más fácil se les hace”, agrega Julio, comentando que uno le platicó que al cruzarse a EU todo fue menos difícil. Sí, cuando recuerdo las notas periodísticas sobre el trato tan cruel que la policía migratoria mexicana, combinadamente con las policías locales y las bandas de asaltantes, aplica a los indocumentados centroamericanos, desde golpizas, el robo descarado y hasta asesinatos impunes, muchas veces peor que el trato dado por la “migra” estadounidense a los ilegales, comprendo por qué los centroamericanos digan que es más peligroso el paso por México. Muy vergonzosa situación esta, que evidencia una falta total al respeto de los más elementales derechos humanos universales y ante la cual, tampoco los mal administradores panistas hacen nada, quizá porque de esa manera, se establezca una velada complicidad con el gobierno estadounidense para retener y desalentar, desde nuestro país, a la inmigración ilegal de centroamericanos hacia los Estados Unidos.
Julio, incluso en su desesperación por conseguir empleo, estuvo dispuesto a enrolarse en el ejército estadounidense, pero le salieron con que como el “loco de Bush” no había declarado una nueva guerra, como la de Irak o Afganistán (se le quedó en el tintero a ese mediocre presidente el deseo de invadir Irán), pues, de momento, no requerían de ilegales para el “draft”, el reclutamiento, a los que se les premia con la ciudadanía (como en la época de Abraham Lincoln y la guerra de Secesión, que a todos los europeos que llegaban a EU de inmediato se les otorgaba la nacionalidad, pero también de inmediato eran mandados al frente). Y le explicaron que no eran contratados propiamente como soldados regulares, sino como miembros de una “fuerza especial de contención”, o sea, como simples mercenarios, una suerte de “Rambos” latinos, asesinos a sueldo a cargo del ejército, pero ni de eso había trabajo, comenta resignado. “Pero pues también de la que me salvé”, dice, y platica que conoció a un mexicano nacido allá, hijo de oaxaqueños, quien a sus diecisiete años, no habiendo alternativas reales para tener un porvenir (como pasa con los estadounidenses relegados, los pobres, quienes suman casi dos tercios de la población), se enroló en el ejército. Lo enviaron a Irak. Allí, luego de dos años de estar combatiendo en una guerra que ni entendía por qué lo hacía, el muchacho sufrió un ataque al ser emboscada un día la patrulla en la que operaba. Una bomba enemiga le voló la pierna derecha y le quemó todo el costado, dejándolo terriblemente deformado e inútil para cualquier labor. “Pobre cuate, me dijo que ya no podía hacer nada, que le desgraciaron la vida y que la pinche pensión que le dan no le alcanza para nada”. También le contó que, al menos, aún lisiado, él tuvo suerte de estar vivo, pues otro compañero, igualmente mexicano, perdió la vida en Irak y dejó viuda a su esposa y huérfana a su hija, pero como la mujer no tenía papeles, fue deportada (¡vaya forma de pagarle a ella el “valor” de su esposo muerto en acción!, pienso), pero su hija sí pudo quedarse, con unos parientes, porque nació allí. Dice Julio que, como esa niña, hay miles de niños que fueron abandonados forzadamente por sus padres, a quienes el gobierno deportó masivamente, sin importarle que tuvieran familia, una vida (su trabajo y su integración a esa sociedad) y un patrimonio (casas, por ejemplo) por los cuales luchar (estos lamentables casos, han alcanzado fama mundial, como el de la michoacana Elvira Arellano, quien fue deportada, a pesar de haberse encerrado en una iglesia metodista estadounidense durante un año, para rogar que la dejaran con su hijo, Saúl, de sólo 7 años, que además de que nació en EU, padece graves enfermedades). Hasta ese nivel llega la miseria de ese gobierno, quien considera que sólo así se resolverán los problemas económicos por los que EU está pasando, creyendo que los ilegales son parte de que haya desempleo y recesión, cuando que no es así, siendo ellos un sector importante de la clase trabajadora que ha contribuido desde hace años a la prosperidad estadounidense (California, por sí misma, es la quinta potencia económica mundial y la tercera parte de sus trabajadores son inmigrantes, por citar un ejemplo).
Dice que en general no tuvo muchos problemas con la justicia, que procuraba ser respetuoso de la ley, que nunca lo “agarraron” por hacer algo ilegal, fuera de un par de incidentes que refiere. “Una vez iba de regreso de una chamba en la camioneta del patrón, una Pick up GMC, cargado de pinturas y la escalera y yo iba con mi ropa de trabajo y delante de mí iba un gringo en un auto. Y que oigo la sirena de una patrulla, que nos hizo la señal a los dos de detenernos y pues luego luego que me paro y que pongo las manos en el volante, porque allá no es de que uste’ se pueda salir, no, porque si se sale, luego luego lo encañonan esos cabrones. Y ya que se acerca el policía, uno de caminos, un latino… así, como los de caminos de aquí, y hasta eso, buena onda, porque me llegó hablando en español, y que me pide mi identificación (por fortuna, el consulado mexicano en los Ángeles, les expide a todos los mexicanos, sean ilegales o no, una credencial, así como pasaporte, en caso de que los soliciten, lo cual les permite por lo menos identificarse) y se la doy y luego que me pregunta que de dónde venía y que le digo que pues de trabajar y como me vio todo lleno de pintura, con mi ropa y los botes de pintura en la caja de la camioneta, o sea, que no me vio sospechoso, pues ya le bajó y que me pregunta otra vez que de dónde venía, y ya le digo que de Santa Mónica y que iba pa’ los Ángeles, y que si tenía ticket (así se les llama a las infracciones allá) y que le digo que no tenía, y ya que me dice que me había detenido que porque, como llevaba la escalera y era más larga que la camioneta, que le debía de poner una franela, como precaución, y que yo le digo que sí, que se la iba a poner… ¡y ya que me deja ir, pero no me pidió licencia… fue lo bueno porque no tenía!” exclama Julio, con cara triunfal al recordar el incidente, del que salió “limpio”. Aunque de todos modos es probable que el policía no le hubiera pedido su permiso de conducir, porque en el estado de California, gracias a una prohibición hecha por el controvertido “gobernator”, el republicano, mediocre actor hollywoodense Arnold Schwarzenegger, ningún ilegal tiene derecho a obtener licencia de manejo y si llevan una licencia mexicana, es válida cuando mucho mes y medio. Así que debe de ser obvio para los agentes policíacos cuándo se trata de un ilegal la persona que están deteniendo, digamos que hay un cierto sentido común de tolerar esas faltas administrativas, que no son precisamente delitos. Comenta Julio que el hombre que iba adelante incluso fue obligado a bajar por el policía y hasta fue esposado, pues algo le encontró que de inmediato sacó su pistola y lo sometió. “Pues yo creo que iba borracho o era drug dealer”, agrega, algo divertido de que a él, el policía, lo hubiera dejado ir, en lugar de al estadounidense. Quizá por el “paisanismo”, pienso. También platica que en otro caso, salió a pasear, como de costumbre, como a las ocho de la noche, para verse con sus amigos e ir a algún antro, pero que lo hizo en una camioneta que pertenecía a otra persona, un mexicano, para quien también trabajó, él sí, residente en ese país, pero que como dicho mexicano había cometido varias infracciones por andar tomado, tenía ese vehículo la restricción de sólo circular de las ocho de la mañana a las cinco de la tarde, como medida para evitar que su dueño la empleara para otra cosa que no fuera trasladarse a su trabajo. Al llegar a un Oxxo para comprar cervezas, cuenta Julio que varias patrullas, tanto de policías locales, como federales, además del “sheriff” del condado, lo rodearon, descendieron de sus vehículos, pistolas en mano, y por los altavoces le advirtieron que no se moviera o “¡pum!”. “Sí, pues que se acercan y que me bajan de la camioneta y que me piden mi identificación y que me preguntan que de dónde venía y todo el rollo de siempre y que les digo que venía de trabajar, porque por suerte en la caja de la troca venían botes de pintura y una escalera, y que no era mía, que era del patrón, y ya me dijo el sheriff, en inglés, que ese era un vehículo restringido y que además el dueño no podía manejarlo… y pues yo les dije que no sabía nada… pero yo estaba bien sacado de onda, sí, bien espantado y nervioso… y yo creo que se me notaba que yo ni en cuenta, que no era el que buscaban… y no sé, yo creo que me tuvieron lástima y ya, como me vieron bien asustado… porque eran muchos, en serio, como si hubiera sido yo un criminal de a deveras, pues ya que me dicen que no podía manejarla… porque… pues como ya han de saber que uno no tiene licencia, los ilegales, pues, que me dicen que me tenía que esperar a que fuera por mí una persona que tuviera licencia. Y ya que le llamo a un cuate que tenía su residencia y su licencia, pa’ que me hiciera el paro… y sí fue por mí… ¡y cómo ve los cabrones se esperaron hasta que llegó y volvieron a salir de sus patrullas y le pidieron su licencia y ya nos dejaron ir… pero tampoco me hicieron nada!”, otra vez exclama Julio triunfal, al recordar ese segundo, afortunado encuentro con la “ley americana”, del que también salió “limpio”, como él dice. Eso me hace pensar que se trata, efectivamente, de una especie de tolerancia por parte de la policía hacia los ilegales, pues sabe que sus servicios son muy necesarios para desempeñar todos aquellos empleos que sus conciudadanos ¡ni de broma harían! Me viene a la memoria aquella frase pronunciada por Vicente Fox, el ex presidente mexicano que descollara no por su habilidad como estadista, casi nula, sino por su pésima conducción (además del alto grado de corrupción que toleró, nada más hizo bien), su evidente ignorancia (confundía fechas y nombres), su velado autoritarismo (impuso a Felipe Calderón en la presidencia) y su ocurrencia lingüística, cuando en alguna ocasión, tratando de, digamos, “defender” el papel de los ilegales mexicanos en Estados Unidos, afirmó que “los mexicanos hacen trabajos que ni los mismos negros quieren hacer”, dando a entender, de una manera intrínsicamente racista, que nuestros paisanos hacen y sufren cualquier cosa con tal de sobrevivir. Y cuando escucho tantas historias, como la de Julio en ese momento, estoy muy convencido de ello.
Pero su buena suerte frente a la ley, de todos modos no le sirvió para conseguir un nuevo empleo cuando, de plano, ya por más que buscó, nada obtuvo. Por eso se tuvo que regresar. Pero al menos la suerte lo acompañó a su salida de ese país, pues se vino con otro tío que trae autos de allá por la “módica” suma de 1800 dólares cada vehículo. “No, pues, imagínese, ya no es negocio traerse trocas de allá, porque con lo que cuestan, más lo de la traída, pues no sale, a menos que uste’ se la traiga, pero está más cabrón, por los permisos que le piden”, explica Julio, quien ya hace rato terminó con su pambazo. Le pregunto que si desea otro y, con algo de pena, acepta, por lo que llamo a la mesera, una chica veinteañera, que nos sirva otro de esos típicos antojos vendidos en ferias y fiestas públicas. Y continúa Julio con su narración, platicando todas las vicisitudes que pasaron él y su tío para pasar con la camioneta “ Chevrolet Escalade”, conducida por el señor, y la que iban remolcando, sujetada a la otra, una Nissan.
De entrada, la fortuna lo acompañó hasta la garita de Tijuana, pues al pasar con el par de vehículos, los agentes estadounidenses no les pidieron nada en absoluto, quienes quizá acostumbrados a que ese es un sitio de intensos cruces todos los días del año, no se interesan en los problemas que tanta gente se lleve a México (drogas, armas, delincuentes…), que al fin y al cabo no es su país. Luego, del lado mexicano, cuando cruzaron por la aduana, fueron igualmente agraciados, pues en el “semáforo fiscal” les tocó luz verde, así que pasaron con todo lo que llevaban, sobre todo las cosas que Julio juntó en los dos años y medio que estuvo por allá. “Ni crea que tantas cosas me traje, más que nada ropa, mi tele, mi dvd, mi aparato de sonido, cd’s, mi celular… y otras cosillas”, agrega, recibiendo su segundo pambazo.
Pero la buena suerte y el no haber tenido problemas con las autoridades angelinas, se acabó cuando nuestra rampante corrupción policiaca de inmediato surgió cuando en el primer retén por el que cruzaron, como a tres horas de Tijuana, les requirieron nada menos que $500 dólares para continuar, pues de lo contrario les “confiscarían toda la carga”. El tío se los dio, sin chistar, pues de todos modos esa “mordida” es algo que ya se contempla en el costo de transportar los autos a México, es decir, que el cohecho a los corruptos policías mexicanos es parte de los “costos fijos”, cínica actitud que tanto el gobierno, como los cuerpos represivos, dan por sentada, sí, declarando “en el país hay un alto grado de corrupción y se debe de combatir”. Sin embargo, el problema es que no se combate, pues la corrupción es pilar de la estabilidad política y el sostenimiento de este pobre, saqueado país. Pero además es una resignada actitud de parte de los ciudadanos, quienes con tal de evitarse mayores problemas, vejaciones y humillaciones por parte de una hipócrita, supuesta “legalidad”, acceden, de buena o mala gana, a proporcionar dádivas a los “rudos”, corruptos “representantes de la ley”. Así como hizo el tío de Julio. “Y viera que ya después, hasta se sonríen… y todavía nos dijeron los cabrones que tuviéramos cuidado… ¡¿cómo ve?!”.
En otro retén similar, “solamente” les pidieron 200 dólares para permitirles continuar sin problemas. Y en un tercero, uno del ejército, dice Julio que los soldados también les dijeron que les dieran “pa’ sus refrescos”. En este caso, ellos les ofrecieron 200 pesos. “¿¡Qué paso, qué paso, mi buen!?… que sean quinientos pesitos”, cuenta Julio que protestaron los sardos, exigiendo la cuota mínima para dejarlos pasar. “¡Pero, ¿cómo ve?, en ningún lugar nos revisaron, así, que diga uste’, con mucho cuidado, no, y eso que ya ve que dicen en la tele que el presidente que según está combatiendo al narcotráfico y a la delincuencia, puras mamadas… los soldados, en serio, nada más se dieron la vuelta y lamparearon las dos camionetas y ya, nada más… me cae que si me hubiera traído unos cuernos de chivo pa’ venderlos aquí, en serio que bien fácil los hubiera pasado!”, exclama el muchacho, algo divertido, al pensar en todo lo que hubiera podido pasar al país de haber sabido que las revisiones, al menos para ellos, fueron tan laxas.
Pero más adelante, de nuevo, la buena suerte los abandonó, pues debido al cansancio de su tío por haber manejado varias horas hasta ese momento, se quedó dormido y eso ocasionó un derrapón de la camioneta, momento en el que el señor se despertó y aunque trató de controlar al vehículo, no pudo evitar que coleara y cayera hacia un barranco, precipitándose primero la camioneta Nissan que iban jalando. Ésta, sí, volcó, pero como la “Escalade” era más pesada, logró este vehículo detenerse a tiempo en la cuesta y no caer. “¡La camionetita sí se volteó y toda se madreó… y pues ni pa’ sacarla. Ya mejor la soltamos del remolque de la Escalade, y como algunas de mis cosas, que le digo que me traje, iban allí, unos compactos y unas cajas que ya ni me acuerdo que traía allí, pues que me bajo pa’ ver qué podía sacar, pero pa’ mi mala suerte que nos cae un federal (un policía de caminos), y que me dice que me iba a arrestar por lo del accidente que por daños a las vías públicas… ya ve cómo le inventan a uno cosas pa’ sacarle dinero. Y la neta me dio mucho coraje que me quisiera agarrar, pero pensé que cómo me iba a dejar de ese cabrón que me llevara, ¡ni madres!, si ni en el otro lado no me había dejado, menos me iba a dejar aquí, en mi país, pero que yo me hago güey, y que le digo que no, que nada más habíamos pasado por allí y que habíamos visto la camioneta volteada y que yo estaba viendo a ver qué me agenciaba, unos compactos aunque fuera, y como que no me creía, pero yo le dije que neta, que nada más quería ver si me agarraba unos compactos, que me diera chance y, ¿como ve?, que ese cabrón también dijo que entonces a ver qué se sacaba él, y ya agarramos una caja en donde estaban mis compactos, y ya que la sacamos y que ese cabrón se quedó con unos… pero de todos modos nos pidió una lana, que porque estábamos robando, ¿cómo ve?, si él también se quedó con unos de mis compactos, ¡fue lo que más me encabronó!, y pues que le tuvimos que dar quinientos pesos! Y pues yo ya ni me quejé de mis cosas que se habían quedado en la otra camioneta, porque a mi tío le iba a ir peor, por la lana que iba a perder”. Sí, con la actuación del “policía de caminos”, de nuevo salió a relucir “nuestra maldita corrupción de cada día”, así, como oración.
Luego de eso, con profundo alivio de ambos, ya no tuvieron más contratiempos. Y Julio llegó con su tío hasta Huichapan, en donde bajaron las pocas cosas de él que no iban en la camioneta. “Como le digo, pues fue poco lo que traje… y de dinero, pues muy poco, como 50 dólares fue lo que traía… lo poco que ahorré me lo gasté todo el tiempo en que me quedé sin chamba por allá”, agrega el muchacho, resignado, quizá reflexionado que todo su esfuerzo de dos años y medio de estar sufriendo vejaciones y trabajar duro como pintor, al final se redujo a algo de ropa, una televisión, un dvd y un “ipod”, que en ese momento me enseña. “Pues con este me entretenía cuando estaba pintando, aunque sea pa’ estar oyendo música cuando estaba en la friega”.
“Y qué piensas hacer, ¿regresarte o buscarte algo por aquí?”, pregunto. Julio se encoge de hombros, poniendo un gesto de desconcierto. “No, regresarme pa’ allá, no… está cabrón, en serio, al menos ahorita no hay chamba y, como le digo, muchos paisanos ya se están regresando… muchos se vinieron antes que yo y otros, después… pero se están regresando. Y aquí… pues, no sé… mi papá me dice que termine mi prepa, pa’ que así me consiga una chamba por aquí… es que ahora hasta pa’ meterse a la AFI (es la Agencia Federal de Investigación, novel corporación policiaca que pretendió acabar con la corrupción de los cuerpos policiacos, pero que ha resultado peor que lo que pretendía limpiar. Por ejemplo, una de las secuestradoras del sonado caso Martí es una agente en funciones de esa corporación. Y por estos días esa agencia, para mayor desacreditación, está intervenida por la PFP) le piden a uno prepa o también de federal (se refiere a la Policía Federal Preventiva, PFP, otro cuerpo policiaco de dudosa reputación y torpe actuación). Pero también como aprendí el oficio de pintor, pues a lo mejor me puedo dedicar a eso, porque luego veo aquí cómo hacen las cosas, y yo digo, no, pues esto podría hacerse más fácil así o con una máquina…”, contesta Julio, reflexivo, considerando que todo eso es incierto y que para él, haberse ido para Estados Unidos y haber regresado sin nada, sin perspectivas claras ni allá, ni acá, por lo pronto, es un problema existencial que, de alguna manera, lo convierte en un inadaptado social. “Fíjese, pues es que regresa uno aquí y ya los amigos se fueron o se casaron o se murieron… y nada más tengo a mi familia… y como que es difícil adaptarse otra vez aquí, en el pueblo, luego de haber vivido en los Ángeles, trabajando, parrandeando… me siento como encerrado, porque allá andaba pa’ todos lados y con dinero… y aquí, ahorita, pues ando sin un quinto, nomás a lo que mi papá me está dando, en lo que consigo una chamba”. Dice que su papá lo ha puesto a hacer arreglos a su casa, una antigua construcción colonial, y que le da 200, 300 pesos cada semana, pero que es muy poco. “No… en serio que uno se acostumbra a estar allá… uno cambia… ¿cómo le diré?... es que se echa desmadre, pero no es como aquí… uno sabe que no está en su país y por eso como que más se vuelve uno parrandero, porque está uno lejos de su tierra… ¿no sé si me entienda?”, me pregunta finalmente.
Claro que lo entiendo.
Contacto: studillac@hotmail.com
viernes, 26 de septiembre de 2008
viernes, 15 de agosto de 2008
Pax social, show político musical... y manzanas.
Pax social, show político-musical... y manzanas.
Por Adán Salgado Andrade
Zacatlán de las manzanas, Puebla, México. Las complacencias políticas y el pago de favores garantizan en México la inamovilidad en el poder. Aquí en Zacatlán se puede constatar esta situación al ver el aparente ambiente de estabilidad y pax social reinante, asistiendo al ritual número 68 de la inauguración de la llamada “Feria de las Manzanas”, iniciada en 1941, cuando verdaderamente esa región era una importante productora de manzanas, las que, por cierto, son las que menos se ven en estos dáis en los “stands” armados para la ocasión en la plaza principal, frente al palacio municipal, en los cuales más bien se ven algunas artesanías de la región (ropa típica de manta con bordados de chaquira, artículos de yute, joyería también de chaquira...), licores (de zarzamora, nuez, piñón, café, chocolate, almendra... ¡y uno que otro de manzana!), sidras (cuya producción se ha visto afectada por la introducción de sidras “patito” que ni de manzana son, a decir de los productores locales), productos chinos (¿dónde no está esta plaga?), puestos de comida (pambazos, tacos, pizzas, jugos, tortas), relojes centenario (éstos son hechos por una de las pocas industrias consideradas nacionales, y se encarga de fabricar los relojes usados en las fachadas de los edificios públicos, de las iglesias y así...), fabricantes de sillas de ruedas y tostadoras de café... pero, como dije antes, uno que otro puesto de manzanas se ve, digamos que uno de cada diez, las que, además, no aparecen ya de la calidad que acostumbraban producirse allí, pues Zacatlán es también víctima de los estragos que la apertura indiscriminada de los productos agrícolas estadounidenses, merced al TLC, ha ocasionado allí, sobre todo por la introducción de manzanas estadounidenses, de Florida y California, más baratas, que han desalentado la producción local, aunado a los daños que el huracán Dean provocó el año pasado en cientos de hectáreas. Pero en esos momentos de fiesta y algarabía, eso no importa, ni que se noten en el lugar los estragos de la economía liberal de los últimos 25 años, la cual ha impuesto un desordenado crecimiento desigual y anárquico que muestra a un hotel de lujo, de 400 pesos habitación sencilla, exclusivo para acomodados turistas, junto a una humilde, antigua vivienda, cuya compra por parte del mismo hotelero para quedarse con su terreno y ampliar su negocio, presionando a sus necesitados moradores, está cercana. Y aunque los servicios de agua, luz, drenaje y todos los necesarios son de primera para hoteles y restaurantes de lujo, no así para los pobladores, en donde se nota la precariedad en la prestación de aquéllos, como falta de agua y drenaje insuficiente (fondas baratas en donde el baño debe descargarse a cubetadas, por mencionar algunos casos).
Bueno, pero todo eso tampoco parece afectar a la saliente reina, Nancy I, quien camina sobre la baranda, agitando sus manos en señal de saludo y despedida, pues su "reinado" durante el año pasado, 2007, como la "manzana" más bella ha terminado ya y da paso a Idalia I, la nueva reina de la belleza y representante que, como cada feria, es elegida en cada ceremonia de coronación para fungir todo un año. Esa obligada cesión del poder de la reina anterior en su sucesora, no se refleja en la clase política poblana, como es evidente por la permanencia en el cargo de gobernador poblano del señor Mario Plutarco Marín Torres (quizá se tome muy en serio lo de Plutarco), alias el gober precioso, quien a pesar de sus comprobados actos de corrupción, de su relación con redes de pederastas y traficantes de mujeres, del tráfico de influencias, de represión, de imposición política (en Puebla impera el PRI desde siempre)... a pesar de tantos graves delitos que pesan sobre sus hombros, aún sigue tan campante (él, junto con Ulises Ruíz, el gobernador de Oaxaca, son graves casos en los que se refleja la corruptela política y los pagos de favores gracias a los cuales el ilegítimo gobierno panista de Felipe Calderón y su camarilla ocupa actualmente la presidencia). No, a diferencia de las reinas de las manzanas, que son sucedidas cada año, la permanencia de Marín se sostiene sin cambios y para que se vea que sabe gratificar a sus conciudadanos, los cuales, gracias a la alquimia política, reeligieron al priísmo en la mayoría de los municipios en las recientes elecciones, los premia contratando para la ceremonia de apertura de la 68ª Feria de las Manzanas nada menos que al matrimonio de argentinos Diego Verdaguer y Amanda Miguel, quienes agradecen al gobernador de Puebla y al gobierno local, al inicio de su show, las facilidades prestadas y, muy entusiastas y energéticos, inician sus interpretaciones de los éxitos que tanto gustan y han gustado a sus fans, cientos de los cuales se apretujan, empujan, codean... frente al mencionado palacio municipal de Zacatlán, al cual la multicolorida iluminación lo pinta de tonalidades, disimulando el frío gris de sus pétreos acabados, tal y como la corrupta, mafiosa política de Marín y su clase política se disfraza y aparece como progresista y benefactora con este tipo de mediáticos eventos, los cuales, más que exhibir las cada vez más reducidas manzanas de Zacatlán, son una forma de renovar los poderes priístas fácticos. Mientras una televisora local muestra las imágenes del desfile de las reinas antiguas de las 58 comunidades de las que consta Zacatlán, para ser sustituidas por las nuevas, platicamos con don Jesús, mesero del restaurante “La casa de la abuela”, un zacatlanense – quien se considera a sí mismo como un “viejo lobo de mar” –, sobre todo lo que en ese momento la imagen del televisor transmite. De unos sesenta años, don Jesús antes de ser mesero, se dedicó a vender sidras para una empresa del lugar, que duró muchos años fabricando ese preciado producto a base de jugo de manzana... hasta que quebró. “Pues le bajaron de calidad a sus sidras, por eso se fueron dejando de vender... yo les decía, ‘métanle manzanas buenas’, pero no me hicieron caso y por eso tronaron”, nos dice de muy buen humor.
“Este es uno de los gobernadores más descarados que hemos tenido, en serio... mírelo, a’i está, sigue en el poder a pesar de todo lo que ha hecho, en serio que somos bien... bien... me disculpará la palabrota, ¡pero bien pendejos los poblanos por seguirlo teniendo! Nada más va a donde le conviene... ni siquiera viene a las inauguraciones”, exclama entre molesto e irónico, pues efectivamente, Marín, además de su ilegal permanencia en la gubernatura, ni siquiera asiste a esos actos protocolarios que, se supone, son tan importantes (en el cual sí estuvo el presidente municipal de Zacatlán), y se limitó a enviar en su “representación” a su secretario de turismo, Juan José Bretón Ávalos. “Y nada más va a los municipios cuando necesita votos. Por ejemplo, a Ocuilan nunca ha ido y eso que está bien fregado ese lugar. Ya por eso la gente de allí hasta les dice que si nada más es por votos, que ni vayan a joderlos”, continúa la conversación. “Nomás había de ver cómo están las huertas... dan unas manzanitas así de chiquitas, como canicas”, agrega, mientras con sus dedos derechos, pulgar e índice, nos da una idea del tamaño de esas manzanas. “Mire, además de que mucha gente ya mejor se va p’al otro lado, otras ya no quieren trabajar porque se conforman con las limosnas que les da el gobierno” Se refiere a las ayudas que el gobierno federal da, como las prestadas por el programa “Oportunidades” (antes Progresa), con cuyos raquíticos montos monetarios se pretende subsanar la pobreza en la que el 70% de los mexicanos vive. Por ejemplo, para una familia completa, la ayuda alimentaria otorgada por dicho programa es de $195 pesos mensuales, más $50 de “ayuda energética” (para compra de gas, que resulta absurdo, pues el tanque de 20 kilogramos cuesta casi 200 pesos y en algunos casos sólo dura quince días). Si hay niños estudiando la primaria, los montos van desde $130 pesos, para tercero, hasta $260, para sexto (no figuran primero, ni segundo, ¿será que éstos niños no comen?). Y si hay estudiantes de secundaria, van desde $375 hasta $485 pesos, dependiendo del sexo y del año escolar en que se encuentre el o la estudiante. Así que una familia que conste de padre, madre, un adulto mayor y tres hijos estudiando la primaria, podría percibir unos $1000 pesos mensuales, los que resultan claramente insuficientes si ese fuera el único ingreso disponible para dicha familia, pues ni siquiera equivale a un salario mínimo ($1560). Sin embargo, ese tipo de dádivas de hambre sirven a los gobiernos de los estados como banderas políticas para mostrar que sí se ayuda a los pobres. Y también, por desgracia, sirven para refrendar entre los receptores de esa pírrica ayuda la imagen del ilegítimo, neoliberal, proestadounidense gobierno panista a quien, con tal de continuar recibiendo esos pocos pesos mes tras mes (aunque son requeridos tardados, complicados trámites y mucho papeleo, lo cual genera gastos para los receptores, tan necesitados de dinero), han estado apoyando con su voto ya desde el sexenio de Vicente Fox.
Esa es la ayuda a la que se refiere don Jesús, la cual tiene como consecuencia el mantener en un estado de pasividad y de apatía a mucha gente que se conforma con esas “limosnas” y no se esfuerza demasiado. “Pues por eso muchos ya ni cuidan los huertos”, exclama don Jesús. “Mire, es que en este país lo que nos pasa, se ve muy claro en los puertos. Allí ve usted cómo llegan los barcos, ¡bien cargados de cosas, de todo lo que se compra por fuera y se van con unas cuantas cositas!... por eso estamos así, porque producimos muy poco y lo poco que tenemos, no lo cuidamos”. El restaurante en donde trabaja, se encuentra en una vieja casa con un patio central techado, que es en donde están las mesas. Todas están rodeadas por un medio muro en donde descansan macetas con variadas plantas, dando un muy agradable y natural aspecto al lugar. Don Jesús toma una maceta que contiene un árbol bonsái. Lo saca de la maceta y nos muestra sus raíces. “Mire, este arbolito tiene ¡25 años que lo planté!... me lo llevo conmigo a todas partes a donde voy... ¿y sabe por qué ha durado?, pues porque lo sembré como se debe, con mucho cuidado, le eché su enrraizador y su abono... y mírelo como está de bonito”. Dice que si la gente le tuviera amor a lo que hace, como él, todo estaría mejor. Sí, me parece una muy válida analogía, sobre todo porque nuestros gobernantes tienen amor no por su gente, sino por todo el dinero que puedan obtener durante su gestión.
Y ahora Amanda se suelta con “¿Usted qué haría?”, pregunta que muy bien podría aplicarse al gober precioso, “¿usted qué haría, señor Marín, si se le promoviera un juicio político y se le destituyera?”, canción que es coreada por los cientos de fans de las cantante, a la que, por cierto, los estragos de la edad (además de un evidente descuido con su persona) la presentan como una mujer gorda, de ajado, rechoncho rostro, cuya embarnecida figura dista mucho de la sensual cantante que fue hace 20 años. Luego, su esposo, más conservado que ella, entona “La ladrona”, que también podría aplicarse a la ladrona administración de Marín, con toda la corruptela de la que hace gala que, mientras se ufana de los supuestos progresos que los programas oficiales han “logrado” en el estado que gobierna, allí, en Zacatlán, no son evidentes, pues se ven las penurias de tanta gente, sobre todo aquellos indígenas que acuden al evento con sus artesanías con la esperanza de vender algo que les permita aliviar sus duras condiciones de vida. Los que no pueden ir, sobre todo porque no puedan pagar el costo del lugar, venden sus productos a intermediarios poseedores de puestos en la feria, los cuales los triplican. Por ejemplo, nos fueron ofrecidas en las calles del pueblo elaboradas pulseras de chaquira o de semillas de sandía por varios niños en sólo 15 pesos (muy poco dinero, considerando el minucioso trabajo de insertar las minúsculas esferas plásticas o, en el caso de las semillas, perforarlas antes de insertarlas al hilo plástico y anudar, al final, los extremos para darles forma de broche) mismas que dentro de la feria valen hasta 45 pesos.
Además, el abandono de muchos de los lugares públicos es evidente al observar, por ejemplo, una antigua frente colocada en una pequeña plaza al lado de la catedral. La pétrea fuente (en uno de cuyos costados están grabados los números 1599, que pudiera corresponder al año de ¿su construcción?), evidencia los varios años de desuso en que ha estado, pues agua estancada, como de cloaca, y basura, mucha basura, cubren unos 15 centímetros de su asqueroso, lodoso fondo, sí, haciendo excelente analogía de los bajos y sucios fondos políticos sobre los que el “gober precioso” finca su mandato. Y la llamada “casa de cultura” está instalada en lo que fuera la vieja casa sacerdotal, a un lado de la iglesia principal del lugar, un antiguo templo franciscano, pero su interior luce improvisado, a medias, en construcción. Lo más absurdo resultó que, a pesar de la feria, una exhibición de pintura que había allí, sólo podía mirarse en sábado hasta las dos de la tarde y está cerrada en domingo, siendo lo más lógico que, a manera de museo, funcionara por lo menos hasta las seis de la tarde durante ambos días, como suele ser el horario de las instituciones culturales.
Pero abandono y marginación aparte, en la plaza el show de canciones continúa, ahora otra vez con Amanda interpretando su gustada y recordada “¡Él me mintió!”, aunque en las notas que tan cruciales eran en sus años mozos para la parte de “¡él me dijo que me amaba y no era verdad!”, esos enronquecidos falsetes de entonces, su actual voz es insuficiente ya para alcanzarlos y darles la fuerza de antaño. Y sin embargo suena tan actual tal recriminación, si recordamos que, en efecto, Marín mintió al decir que su gobierno estaba libre de culpa en el caso del pederasta, apostador y evasor fiscal Kamel Nacif, negando algún nexo con quien se refiriera a aquél justamente como el “gober precioso”.
“Nomás hubiera visto cómo vendía sidras, en serio. Y mi patrona... porque era una mujer la dueña, nada más repelaba cuando me tenían que dar mis comisiones... así es la gente en este país, le da coraje que a uno le vaya bien”, continúa la charla con don Jesús, quien nos acaba de servir dos órdenes de chiles en nogada que están ¡deliciosos, los mejores que hemos probado antes!. “¿Y cuánto le pagan aquí?”, le preguntamos, mientras degustamos esas exquisitas muestras de la gastronomía nacional. “¡Uuuyyy... no, a los viejos no nos dan sueldo!”, declara, con un dejo de amargura, “con las puras propinas... por eso ve que me ando peleando con las otras chamacas por los clientes, pues si es lo único que saco... y que me dejen dormir en un cuartito que está allá en la esquina”, agrega, señalando el sitio en donde se le permite pernoctar. Insistimos en saber por qué no le pagan y nada más se encoge de hombros. “Pues es que, según la dueña, me hizo un favor porque me dijo que, a mi edad, ya nadie me da trabajo en ningún lado”, dice, reflejando cierta amargura. Sí, aunque don Jesús, a pesar de sus 60 años, se ve muy fuerte y saludable aún, su caso es lo que la mayoría de la gente de la llamada tercera edad sufre con frecuencia: el ser discriminados por considerarlos inútiles ya para cualquier labor, sea ésta física o mental, lo cual es injusto, pues da cuenta de nivel de mercantilismo al que hemos llegado en la actual sociedad de consumo, que hasta a los seres humanos los considera “commodities” caducables y desechables. Es una triste situación que puede comprobarse también en Zacatlán, en donde se ven a varios de las artesanas y artesanos que venden en plena calle, expuestos a los intensos rayos del sol veraniego, que son mujeres y hombres de edad, muchos de los cuales son personas de más de 60 años, los cuales deberían de estar ya disfrutando del beneficio de una decorosa pensión y seguridad social, pero que tienen que seguir trabajando pues nunca tuvieron un trabajo estable que les otorgara al final de su vida laboral aquellos exigibles derechos. Eso le sucede a don Jesús.
Y ya luego cuenta que vive solo porque se divorció y le dejó a su ex mujer y sus hijos la casa que poseía. “Pero ni me hace falta, en serio... y hasta les paso pensión... sí, yo soy un viejo lobo... así, como un gitano... a ver hasta cuándo duro”... esta frase es silenciada por los tronidos de los cohetes, los que al final del show de los cantantes argentinos hacen su estruendosa, obligada aparición. El palacio municipal es ya también coloreado por las luminosas, pirotécnicas figuras confeccionadas con las luces de pólvora que hábiles coheteros confeccionan para la ocasión, algunas de las cuales llegan a costar hasta cincuenta mil pesos o más, dependiendo de su complejidad. Y aparecen en esa sucesión de brillantes, coloreadas luminarias las figuras de, obligada, una manzana, una pera, un delfín (¿en referencia éste al delfín Marín?)... ¡y hasta Mickey Mouse, ese disneylandesco personaje aparece en escena!, dejando entrever que hasta en las supuestas fiestas tradicionales el control estadounidense está siempre presente. Y ya después, una lluvia de bengalas son lanzadas al cielo tronando en las alturas y descomponiéndose en fulgurantes colores, luego de lo cual, el protocolario show... bueno, acto político, concluye, con los organizadores agradeciendo al público asistente su atención.
Sí, aquellos cohetes tronando tan maravillosa, pero tan efímeramente, pienso, simbolizan el poder del estado, no sólo en Puebla, sino en todo este sometido país, que aunque se pretenda presentar como magnífico, espectacular, brillante... al final tanta porquería contenida tiende a reventar. Cuándo estallará, me pregunto, el gobierno de Marín.
Agradecemos el final de la cena a don Jesús dejándole una buena propina pues, como dijo, ese es su salario. “¿Usted cree que quiten a Marín?”, le pregunto a manera de conclusión. Sólo sonríe, sin comentar nada. Esa callada, irónica respuesta es más que obvia...
Contacto: studillac@hotmail.com
Por Adán Salgado Andrade
Zacatlán de las manzanas, Puebla, México. Las complacencias políticas y el pago de favores garantizan en México la inamovilidad en el poder. Aquí en Zacatlán se puede constatar esta situación al ver el aparente ambiente de estabilidad y pax social reinante, asistiendo al ritual número 68 de la inauguración de la llamada “Feria de las Manzanas”, iniciada en 1941, cuando verdaderamente esa región era una importante productora de manzanas, las que, por cierto, son las que menos se ven en estos dáis en los “stands” armados para la ocasión en la plaza principal, frente al palacio municipal, en los cuales más bien se ven algunas artesanías de la región (ropa típica de manta con bordados de chaquira, artículos de yute, joyería también de chaquira...), licores (de zarzamora, nuez, piñón, café, chocolate, almendra... ¡y uno que otro de manzana!), sidras (cuya producción se ha visto afectada por la introducción de sidras “patito” que ni de manzana son, a decir de los productores locales), productos chinos (¿dónde no está esta plaga?), puestos de comida (pambazos, tacos, pizzas, jugos, tortas), relojes centenario (éstos son hechos por una de las pocas industrias consideradas nacionales, y se encarga de fabricar los relojes usados en las fachadas de los edificios públicos, de las iglesias y así...), fabricantes de sillas de ruedas y tostadoras de café... pero, como dije antes, uno que otro puesto de manzanas se ve, digamos que uno de cada diez, las que, además, no aparecen ya de la calidad que acostumbraban producirse allí, pues Zacatlán es también víctima de los estragos que la apertura indiscriminada de los productos agrícolas estadounidenses, merced al TLC, ha ocasionado allí, sobre todo por la introducción de manzanas estadounidenses, de Florida y California, más baratas, que han desalentado la producción local, aunado a los daños que el huracán Dean provocó el año pasado en cientos de hectáreas. Pero en esos momentos de fiesta y algarabía, eso no importa, ni que se noten en el lugar los estragos de la economía liberal de los últimos 25 años, la cual ha impuesto un desordenado crecimiento desigual y anárquico que muestra a un hotel de lujo, de 400 pesos habitación sencilla, exclusivo para acomodados turistas, junto a una humilde, antigua vivienda, cuya compra por parte del mismo hotelero para quedarse con su terreno y ampliar su negocio, presionando a sus necesitados moradores, está cercana. Y aunque los servicios de agua, luz, drenaje y todos los necesarios son de primera para hoteles y restaurantes de lujo, no así para los pobladores, en donde se nota la precariedad en la prestación de aquéllos, como falta de agua y drenaje insuficiente (fondas baratas en donde el baño debe descargarse a cubetadas, por mencionar algunos casos).
Bueno, pero todo eso tampoco parece afectar a la saliente reina, Nancy I, quien camina sobre la baranda, agitando sus manos en señal de saludo y despedida, pues su "reinado" durante el año pasado, 2007, como la "manzana" más bella ha terminado ya y da paso a Idalia I, la nueva reina de la belleza y representante que, como cada feria, es elegida en cada ceremonia de coronación para fungir todo un año. Esa obligada cesión del poder de la reina anterior en su sucesora, no se refleja en la clase política poblana, como es evidente por la permanencia en el cargo de gobernador poblano del señor Mario Plutarco Marín Torres (quizá se tome muy en serio lo de Plutarco), alias el gober precioso, quien a pesar de sus comprobados actos de corrupción, de su relación con redes de pederastas y traficantes de mujeres, del tráfico de influencias, de represión, de imposición política (en Puebla impera el PRI desde siempre)... a pesar de tantos graves delitos que pesan sobre sus hombros, aún sigue tan campante (él, junto con Ulises Ruíz, el gobernador de Oaxaca, son graves casos en los que se refleja la corruptela política y los pagos de favores gracias a los cuales el ilegítimo gobierno panista de Felipe Calderón y su camarilla ocupa actualmente la presidencia). No, a diferencia de las reinas de las manzanas, que son sucedidas cada año, la permanencia de Marín se sostiene sin cambios y para que se vea que sabe gratificar a sus conciudadanos, los cuales, gracias a la alquimia política, reeligieron al priísmo en la mayoría de los municipios en las recientes elecciones, los premia contratando para la ceremonia de apertura de la 68ª Feria de las Manzanas nada menos que al matrimonio de argentinos Diego Verdaguer y Amanda Miguel, quienes agradecen al gobernador de Puebla y al gobierno local, al inicio de su show, las facilidades prestadas y, muy entusiastas y energéticos, inician sus interpretaciones de los éxitos que tanto gustan y han gustado a sus fans, cientos de los cuales se apretujan, empujan, codean... frente al mencionado palacio municipal de Zacatlán, al cual la multicolorida iluminación lo pinta de tonalidades, disimulando el frío gris de sus pétreos acabados, tal y como la corrupta, mafiosa política de Marín y su clase política se disfraza y aparece como progresista y benefactora con este tipo de mediáticos eventos, los cuales, más que exhibir las cada vez más reducidas manzanas de Zacatlán, son una forma de renovar los poderes priístas fácticos. Mientras una televisora local muestra las imágenes del desfile de las reinas antiguas de las 58 comunidades de las que consta Zacatlán, para ser sustituidas por las nuevas, platicamos con don Jesús, mesero del restaurante “La casa de la abuela”, un zacatlanense – quien se considera a sí mismo como un “viejo lobo de mar” –, sobre todo lo que en ese momento la imagen del televisor transmite. De unos sesenta años, don Jesús antes de ser mesero, se dedicó a vender sidras para una empresa del lugar, que duró muchos años fabricando ese preciado producto a base de jugo de manzana... hasta que quebró. “Pues le bajaron de calidad a sus sidras, por eso se fueron dejando de vender... yo les decía, ‘métanle manzanas buenas’, pero no me hicieron caso y por eso tronaron”, nos dice de muy buen humor.
“Este es uno de los gobernadores más descarados que hemos tenido, en serio... mírelo, a’i está, sigue en el poder a pesar de todo lo que ha hecho, en serio que somos bien... bien... me disculpará la palabrota, ¡pero bien pendejos los poblanos por seguirlo teniendo! Nada más va a donde le conviene... ni siquiera viene a las inauguraciones”, exclama entre molesto e irónico, pues efectivamente, Marín, además de su ilegal permanencia en la gubernatura, ni siquiera asiste a esos actos protocolarios que, se supone, son tan importantes (en el cual sí estuvo el presidente municipal de Zacatlán), y se limitó a enviar en su “representación” a su secretario de turismo, Juan José Bretón Ávalos. “Y nada más va a los municipios cuando necesita votos. Por ejemplo, a Ocuilan nunca ha ido y eso que está bien fregado ese lugar. Ya por eso la gente de allí hasta les dice que si nada más es por votos, que ni vayan a joderlos”, continúa la conversación. “Nomás había de ver cómo están las huertas... dan unas manzanitas así de chiquitas, como canicas”, agrega, mientras con sus dedos derechos, pulgar e índice, nos da una idea del tamaño de esas manzanas. “Mire, además de que mucha gente ya mejor se va p’al otro lado, otras ya no quieren trabajar porque se conforman con las limosnas que les da el gobierno” Se refiere a las ayudas que el gobierno federal da, como las prestadas por el programa “Oportunidades” (antes Progresa), con cuyos raquíticos montos monetarios se pretende subsanar la pobreza en la que el 70% de los mexicanos vive. Por ejemplo, para una familia completa, la ayuda alimentaria otorgada por dicho programa es de $195 pesos mensuales, más $50 de “ayuda energética” (para compra de gas, que resulta absurdo, pues el tanque de 20 kilogramos cuesta casi 200 pesos y en algunos casos sólo dura quince días). Si hay niños estudiando la primaria, los montos van desde $130 pesos, para tercero, hasta $260, para sexto (no figuran primero, ni segundo, ¿será que éstos niños no comen?). Y si hay estudiantes de secundaria, van desde $375 hasta $485 pesos, dependiendo del sexo y del año escolar en que se encuentre el o la estudiante. Así que una familia que conste de padre, madre, un adulto mayor y tres hijos estudiando la primaria, podría percibir unos $1000 pesos mensuales, los que resultan claramente insuficientes si ese fuera el único ingreso disponible para dicha familia, pues ni siquiera equivale a un salario mínimo ($1560). Sin embargo, ese tipo de dádivas de hambre sirven a los gobiernos de los estados como banderas políticas para mostrar que sí se ayuda a los pobres. Y también, por desgracia, sirven para refrendar entre los receptores de esa pírrica ayuda la imagen del ilegítimo, neoliberal, proestadounidense gobierno panista a quien, con tal de continuar recibiendo esos pocos pesos mes tras mes (aunque son requeridos tardados, complicados trámites y mucho papeleo, lo cual genera gastos para los receptores, tan necesitados de dinero), han estado apoyando con su voto ya desde el sexenio de Vicente Fox.
Esa es la ayuda a la que se refiere don Jesús, la cual tiene como consecuencia el mantener en un estado de pasividad y de apatía a mucha gente que se conforma con esas “limosnas” y no se esfuerza demasiado. “Pues por eso muchos ya ni cuidan los huertos”, exclama don Jesús. “Mire, es que en este país lo que nos pasa, se ve muy claro en los puertos. Allí ve usted cómo llegan los barcos, ¡bien cargados de cosas, de todo lo que se compra por fuera y se van con unas cuantas cositas!... por eso estamos así, porque producimos muy poco y lo poco que tenemos, no lo cuidamos”. El restaurante en donde trabaja, se encuentra en una vieja casa con un patio central techado, que es en donde están las mesas. Todas están rodeadas por un medio muro en donde descansan macetas con variadas plantas, dando un muy agradable y natural aspecto al lugar. Don Jesús toma una maceta que contiene un árbol bonsái. Lo saca de la maceta y nos muestra sus raíces. “Mire, este arbolito tiene ¡25 años que lo planté!... me lo llevo conmigo a todas partes a donde voy... ¿y sabe por qué ha durado?, pues porque lo sembré como se debe, con mucho cuidado, le eché su enrraizador y su abono... y mírelo como está de bonito”. Dice que si la gente le tuviera amor a lo que hace, como él, todo estaría mejor. Sí, me parece una muy válida analogía, sobre todo porque nuestros gobernantes tienen amor no por su gente, sino por todo el dinero que puedan obtener durante su gestión.
Y ahora Amanda se suelta con “¿Usted qué haría?”, pregunta que muy bien podría aplicarse al gober precioso, “¿usted qué haría, señor Marín, si se le promoviera un juicio político y se le destituyera?”, canción que es coreada por los cientos de fans de las cantante, a la que, por cierto, los estragos de la edad (además de un evidente descuido con su persona) la presentan como una mujer gorda, de ajado, rechoncho rostro, cuya embarnecida figura dista mucho de la sensual cantante que fue hace 20 años. Luego, su esposo, más conservado que ella, entona “La ladrona”, que también podría aplicarse a la ladrona administración de Marín, con toda la corruptela de la que hace gala que, mientras se ufana de los supuestos progresos que los programas oficiales han “logrado” en el estado que gobierna, allí, en Zacatlán, no son evidentes, pues se ven las penurias de tanta gente, sobre todo aquellos indígenas que acuden al evento con sus artesanías con la esperanza de vender algo que les permita aliviar sus duras condiciones de vida. Los que no pueden ir, sobre todo porque no puedan pagar el costo del lugar, venden sus productos a intermediarios poseedores de puestos en la feria, los cuales los triplican. Por ejemplo, nos fueron ofrecidas en las calles del pueblo elaboradas pulseras de chaquira o de semillas de sandía por varios niños en sólo 15 pesos (muy poco dinero, considerando el minucioso trabajo de insertar las minúsculas esferas plásticas o, en el caso de las semillas, perforarlas antes de insertarlas al hilo plástico y anudar, al final, los extremos para darles forma de broche) mismas que dentro de la feria valen hasta 45 pesos.
Además, el abandono de muchos de los lugares públicos es evidente al observar, por ejemplo, una antigua frente colocada en una pequeña plaza al lado de la catedral. La pétrea fuente (en uno de cuyos costados están grabados los números 1599, que pudiera corresponder al año de ¿su construcción?), evidencia los varios años de desuso en que ha estado, pues agua estancada, como de cloaca, y basura, mucha basura, cubren unos 15 centímetros de su asqueroso, lodoso fondo, sí, haciendo excelente analogía de los bajos y sucios fondos políticos sobre los que el “gober precioso” finca su mandato. Y la llamada “casa de cultura” está instalada en lo que fuera la vieja casa sacerdotal, a un lado de la iglesia principal del lugar, un antiguo templo franciscano, pero su interior luce improvisado, a medias, en construcción. Lo más absurdo resultó que, a pesar de la feria, una exhibición de pintura que había allí, sólo podía mirarse en sábado hasta las dos de la tarde y está cerrada en domingo, siendo lo más lógico que, a manera de museo, funcionara por lo menos hasta las seis de la tarde durante ambos días, como suele ser el horario de las instituciones culturales.
Pero abandono y marginación aparte, en la plaza el show de canciones continúa, ahora otra vez con Amanda interpretando su gustada y recordada “¡Él me mintió!”, aunque en las notas que tan cruciales eran en sus años mozos para la parte de “¡él me dijo que me amaba y no era verdad!”, esos enronquecidos falsetes de entonces, su actual voz es insuficiente ya para alcanzarlos y darles la fuerza de antaño. Y sin embargo suena tan actual tal recriminación, si recordamos que, en efecto, Marín mintió al decir que su gobierno estaba libre de culpa en el caso del pederasta, apostador y evasor fiscal Kamel Nacif, negando algún nexo con quien se refiriera a aquél justamente como el “gober precioso”.
“Nomás hubiera visto cómo vendía sidras, en serio. Y mi patrona... porque era una mujer la dueña, nada más repelaba cuando me tenían que dar mis comisiones... así es la gente en este país, le da coraje que a uno le vaya bien”, continúa la charla con don Jesús, quien nos acaba de servir dos órdenes de chiles en nogada que están ¡deliciosos, los mejores que hemos probado antes!. “¿Y cuánto le pagan aquí?”, le preguntamos, mientras degustamos esas exquisitas muestras de la gastronomía nacional. “¡Uuuyyy... no, a los viejos no nos dan sueldo!”, declara, con un dejo de amargura, “con las puras propinas... por eso ve que me ando peleando con las otras chamacas por los clientes, pues si es lo único que saco... y que me dejen dormir en un cuartito que está allá en la esquina”, agrega, señalando el sitio en donde se le permite pernoctar. Insistimos en saber por qué no le pagan y nada más se encoge de hombros. “Pues es que, según la dueña, me hizo un favor porque me dijo que, a mi edad, ya nadie me da trabajo en ningún lado”, dice, reflejando cierta amargura. Sí, aunque don Jesús, a pesar de sus 60 años, se ve muy fuerte y saludable aún, su caso es lo que la mayoría de la gente de la llamada tercera edad sufre con frecuencia: el ser discriminados por considerarlos inútiles ya para cualquier labor, sea ésta física o mental, lo cual es injusto, pues da cuenta de nivel de mercantilismo al que hemos llegado en la actual sociedad de consumo, que hasta a los seres humanos los considera “commodities” caducables y desechables. Es una triste situación que puede comprobarse también en Zacatlán, en donde se ven a varios de las artesanas y artesanos que venden en plena calle, expuestos a los intensos rayos del sol veraniego, que son mujeres y hombres de edad, muchos de los cuales son personas de más de 60 años, los cuales deberían de estar ya disfrutando del beneficio de una decorosa pensión y seguridad social, pero que tienen que seguir trabajando pues nunca tuvieron un trabajo estable que les otorgara al final de su vida laboral aquellos exigibles derechos. Eso le sucede a don Jesús.
Y ya luego cuenta que vive solo porque se divorció y le dejó a su ex mujer y sus hijos la casa que poseía. “Pero ni me hace falta, en serio... y hasta les paso pensión... sí, yo soy un viejo lobo... así, como un gitano... a ver hasta cuándo duro”... esta frase es silenciada por los tronidos de los cohetes, los que al final del show de los cantantes argentinos hacen su estruendosa, obligada aparición. El palacio municipal es ya también coloreado por las luminosas, pirotécnicas figuras confeccionadas con las luces de pólvora que hábiles coheteros confeccionan para la ocasión, algunas de las cuales llegan a costar hasta cincuenta mil pesos o más, dependiendo de su complejidad. Y aparecen en esa sucesión de brillantes, coloreadas luminarias las figuras de, obligada, una manzana, una pera, un delfín (¿en referencia éste al delfín Marín?)... ¡y hasta Mickey Mouse, ese disneylandesco personaje aparece en escena!, dejando entrever que hasta en las supuestas fiestas tradicionales el control estadounidense está siempre presente. Y ya después, una lluvia de bengalas son lanzadas al cielo tronando en las alturas y descomponiéndose en fulgurantes colores, luego de lo cual, el protocolario show... bueno, acto político, concluye, con los organizadores agradeciendo al público asistente su atención.
Sí, aquellos cohetes tronando tan maravillosa, pero tan efímeramente, pienso, simbolizan el poder del estado, no sólo en Puebla, sino en todo este sometido país, que aunque se pretenda presentar como magnífico, espectacular, brillante... al final tanta porquería contenida tiende a reventar. Cuándo estallará, me pregunto, el gobierno de Marín.
Agradecemos el final de la cena a don Jesús dejándole una buena propina pues, como dijo, ese es su salario. “¿Usted cree que quiten a Marín?”, le pregunto a manera de conclusión. Sólo sonríe, sin comentar nada. Esa callada, irónica respuesta es más que obvia...
Contacto: studillac@hotmail.com
sábado, 5 de julio de 2008
El muro de McCain
El muro de McCain
Por Adán Salgado Andrade
El 3 de julio pasado hizo una muy rápida visita a México el candidato presidencial republicano John McCain. Estuvo en el Distrito Federal, acompañado por todo un despliegue logístico de extrema seguridad que incluyó guardaespaldas estadounidenses armados, además de guardias privados nada menos que de la nefasta empresa Blackwater, aquella de dudosa reputación, que opera a sus anchas en Irak, con lujo de prepotencia, asesinando ciudadanos inocentes bajo cualquier “sospecha de terrorismo” (es una de entre decenas de empresas de “seguridad” estadounidenses que operan en Irak, en el muy lucrativo negocio del “combate al terrorismo”. Ver mi artículo en Internet “La amenaza terrorista: el nuevo gran negocio para la industria del miedo”). En dos ocasiones al menos, los guardias de esa infame “empresa de seguridad” estadounidense, han actuado violenta y homicidamente en ese invadido país. En febrero del 2006 uno de sus guardias mató a tres soldados iraquíes. Y en septiembre del 2007, 17 civiles iraquíes totalmente inocentes fueron asesinados también por guardias de Blackwater, los que gracias a su “inmunidad”, hasta ahora no han recibido cargo penal, ni responsabilidad alguna (Una visita a su sitio de información sobre su entrenamiento, www.bwtrainingcenter.com, señala que “¡O entrenas duro o no entrenas. Blackwater es famosa por nuestra habilidad para proporcionar durísimas, efectivas experiencias de entrenamiento para personal militar, de seguridad y policiaco!”, lo que da idea del carácter prepotente y violento que dicha empresa, que anda por todo el mundo, inculca en su personal. ¡Imaginemos qué pasaría en México si pusieran a esos pseudo guardias a vigilar, por ejemplo, la embajada estadounidense!). Como dije antes, de estos “guardias” se sirvió McCain (con todo lo ilegal que implica el que personal armado extranjero, en franca violación a leyes constitucionales que prohíben eso, se introduzca en territorio mexicano), a quien se le dio trato como de presidente de EU en funciones, para ir, primero, a visitar el centro de mando de la policía federal en Ixtapalapa, en donde le explicaron en qué consistirán las medidas de “seguridad nacional” contra el narcotráfico y el “terrorismo” que se implementarán por el llamado “Plan Mérida” (que es un plan similar al llamado “Plan Colombia”, en donde la intromisión en asuntos internos mexicanos, tomando como justificación la “seguridad estadounidense”, es muestra de un abierto intervencionismo de EU, con la total y plena complacencia y sumisión de los mal administradores panistas). Y justamente una parte importante de la “seguridad nacional” estadounidense, es la construcción de un muro a todo lo largo de la frontera mexicana, medida que de muy buena gana apoya McCain, pretextando, pues, la “lucha contra el terrorismo”.
El muro en cuestión, parte del cual se ha ido construyendo ya (como el infame “muro de la tortilla”, construido a lo largo de la frontera entre Tijuana y San Diego, de casi 23 kilómetros, hecho con material de desecho de la guerra de Vietnam, que costó 126 millones de dólares, a pesar del cual, siguen entrando ilegales en EU), se pretende sea todo un despliegue logístico, en donde supuestas “tecnologías de punta” se apliquen para “contener efectivamente a los ilegales”, como enfatizó McCain, una de cuyas promesas presidenciales ha sido su determinación para “asegurar las fronteras”. Tanto Bush, como ahora el conservador candidato republicano (quien, a mi parecer, tiene muchas posibilidades reales de ganar, dada la derechización que EU ha tenido últimamente) han argüido que no basta sólo con barreras metálicas, sino que hace falta más “sofisticación”. De hecho, ya se están probando aviones robots, los famosos Predators, los cuales sobrevolarán la frontera en busca de “peligrosísimos ilegales”, pudiendo incluso atacarlos, pues están armados con lanzacohetes (ya actuaron muy “exitosamente” en Iraq). Agencias como DARPA (perteneciente al Pentágono, está encargada de “alentar” la invención bélica, no conforme con el hecho de que el 80% de los “adelantos científicos” tienen como primera aplicación a la industria militar, en un mundo en donde enfermedades milenarias como el cólera o la tifoidea no han sido erradicadas o en donde muere un infante por desnutrición o hambre ¡cada cinco segundos!), ya otorgó un premio de dos millones de dólares a un grupo de “científicos” que el año pasado desarrollaron un auto-robot (un VW Touarek), auto-dirigido, una de cuyas aplicaciones posibles sería también la vigilancia de la frontera, para lo cual estará equipado no sólo con cámaras o escáneres, sino también con ¡metralletas!
Esa requerida, nueva “sofisticación tecnológica” para resguardar la frontera ya la está proporcionando nada menos que la empresa constructora de aviones Boeing (sí, también le entra al muy lucrativo negocio de la seguridad, más ahora que la construcción de costosos jets comerciales se ha detenido por la recesión estadounidense. Otra de sus divisiones fabrica equipo militar, lo que también le rinde buenas ganancias y también le ha permitido sortear la crisis). Dicha empresa había ya diseñado antes “tecnologías de punta” que, no podía ser otro, el Pentágono piensa aplicar en las “guerras del mañana” (¡vaya mundo que nos espera si se sigue teniendo como meta un futuro belicismo liderado por EU!). De acuerdo con dicho plan, se pretende implementar una red de radares, cámaras infrarrojas, sensores terrestres y aviones-robot a lo largo de toda la frontera para extender los “ojos y los oídos” de la Border Patrol (BP). Este llamado “muro virtual” de momento se está implementando en una extensión de casi 45 kilómetros al sur de Tucson, Arizona, en donde nueve torres “futuristas” de casi 30 metros de altura, se levantan. Cada una está equipada con radares, cámaras y transmisores inalámbricos, los cuales envían imágenes e información a un centro de mando situado justo en Tucson, además de laptops instaladas, por lo pronto, en 50 patrullas de la BP. Este llamado “Proyecto 28” (bautizado así porque se está implementando a lo largo de 28 millas) tiene un costo inicial de 60 millones de dólares, aunque de momento, por fortuna, no está funcionando correctamente. Por ejemplo, los radares aún “confunden” arbustos con personas agachadas o con animales, el aire y la lluvia afectan el equipo, las laptops fallan por las sacudidas de las patrullas, además de que Boeing todavía no ha podido coordinar realmente toda la información recabada por tales cámaras, radares y sensores para que sea “interpretada” fácilmente por los policías fronterizos, con tal de que éstos hagan “muy eficientemente” su trabajo, o sea, que descubran a los “peligrosos ilegales”. Pero como en todo ello va el peso político tanto de Bush, como ahora de McCain, el Departamento de Seguridad Doméstica (Deparment of Homeland Security), está dispuesto a entrarle con otros 64 millones de dólares, con tal que Boeing “perfeccione” su “sofisticado” equipo de vigilancia fronteriza, lo cual será cuestión de algunos meses, según dice la empresa, para que esté operando “al cien por ciento”, como ha declarado enfática la señora Deborah D. Bosick, ejecutiva de Boeing, quien señala “sí, ha habido algunos tropezones, pero confiamos en sortearlos exitosamente”. Sí, para gracia de Boeing, para desgracia de los pobres indocumentados, agregaría yo.
Sin embargo aún cuando el “muro virtual” logre efectivamente arrancar, algunos especialistas opinan que se requerirán unos ¡100,000 policías fronterizos más! para que se puedan atender todas las “llamadas de alerta” que tanta sofisticación tecnológica emita (y si las fallas continúan y las computadoras confunden arbustos con gente, pues agreguemos las frecuentes falsas alarmas). O sea, más y más dinero dedicado a la vigilancia de la frontera, que más bien pudiera emplearse para aliviar la hambruna que ya se está sintiendo en todo el mundo o enfermedades curables (mientras solamente EU gasta $600,000 millones de dólares al año para sostener su maquinaria militar, el presupuesto de la ONU para el combate al hambre y enfermedades anual es de sólo 1000 millones de dólares, lo que nos da una desequilibrada razón de únicamente un dólar gastado en actividades benéficas, contra 600 gastados en armamento por el Pentágono. Si hacemos la comparación a nivel mundial, se gastan $1000,000 de millones de dólares al año – un billón de dólares –, es decir, $1000 dólares destinados a la industria de la muerte, contra 1 dólar empleado para salud y alimentación. Como puede verse, la “paz” no se contempla en el futuro de la humanidad).
Pero, a fin de cuentas, con todo y muros metálicos o virtuales, no se impedirá que miles de mexicanos cada año sigan aventurándose a cruzar la frontera ilegalmente hacia EU, debido principalmente a la desarticulación de las actividades industriales y agrarias como consecuencia del Tratado de Libre Comercio sostenido entre México y aquel país, tratado que, por cierto, defiende a capa y espada McCain, pues se ufana de que gracias a ese desigual convenio comercial, EU aumentó 25% sus exportaciones a México durante los últimos años (Ver mi artículo en Internet “Como animales rabiosos se trata a los ilegales capturados en EU”, en donde analizo cómo la afectación al campo por dicho tratado, ha dado como resultado la ociosidad de infinidad de tierras agrícolas, dejando sin trabajo a cientos de miles de campesinos, quienes no tienen otro remedio que emigrar a EU). Así pues, esas políticas neoliberales, o sea, el salvaje capitalismo aplicado en su máxima expresión, continúa desbaratando la economía mexicana, empeorando con ello las ya paupérrimas condiciones de vida de más del 60% de la población mexicana en pobreza extrema, y por ello ningún muro impedirá que sigan atravesando la frontera miles de ilegales año con año, como incluso han señalado autoridades e investigadores estadounidenses. La propia gobernadora de Arizona, Janet Napolitano (ella misma descendiente de inmigrantes) ha señalado: “Enséñenme un muro de 50 pies y yo les enseñaré una escalera de 51 pies”, en referencia a que los ilegales harán todo con tal de franquear cuanta barrera física o virtual se les ponga.
Pero eso no le importa a McCain, quien decidido está a cumplir su promesa de campaña si gana la presidencia de su país. “No, primero aseguraremos la frontera, y ya luego veremos lo de los inmigrantes”, declaró, prepotentemente enfático.
Quizá por eso, luego de su visita a las instalaciones de la Policía Federal, McCain fue a la Basílica de Guadalupe, seguramente a pedir que el “muro virtual”, que costará cientos de millones de dólares, pronto esté en funcionamiento, sin problemas, y logre contener el paso a su país de los miles de “peligrosísimos ilegales” que, a pesar de su “peligrosidad”, son tan vitales para la economía estadounidense.
Contacto: studillac@hotmail.com
Por Adán Salgado Andrade
El 3 de julio pasado hizo una muy rápida visita a México el candidato presidencial republicano John McCain. Estuvo en el Distrito Federal, acompañado por todo un despliegue logístico de extrema seguridad que incluyó guardaespaldas estadounidenses armados, además de guardias privados nada menos que de la nefasta empresa Blackwater, aquella de dudosa reputación, que opera a sus anchas en Irak, con lujo de prepotencia, asesinando ciudadanos inocentes bajo cualquier “sospecha de terrorismo” (es una de entre decenas de empresas de “seguridad” estadounidenses que operan en Irak, en el muy lucrativo negocio del “combate al terrorismo”. Ver mi artículo en Internet “La amenaza terrorista: el nuevo gran negocio para la industria del miedo”). En dos ocasiones al menos, los guardias de esa infame “empresa de seguridad” estadounidense, han actuado violenta y homicidamente en ese invadido país. En febrero del 2006 uno de sus guardias mató a tres soldados iraquíes. Y en septiembre del 2007, 17 civiles iraquíes totalmente inocentes fueron asesinados también por guardias de Blackwater, los que gracias a su “inmunidad”, hasta ahora no han recibido cargo penal, ni responsabilidad alguna (Una visita a su sitio de información sobre su entrenamiento, www.bwtrainingcenter.com, señala que “¡O entrenas duro o no entrenas. Blackwater es famosa por nuestra habilidad para proporcionar durísimas, efectivas experiencias de entrenamiento para personal militar, de seguridad y policiaco!”, lo que da idea del carácter prepotente y violento que dicha empresa, que anda por todo el mundo, inculca en su personal. ¡Imaginemos qué pasaría en México si pusieran a esos pseudo guardias a vigilar, por ejemplo, la embajada estadounidense!). Como dije antes, de estos “guardias” se sirvió McCain (con todo lo ilegal que implica el que personal armado extranjero, en franca violación a leyes constitucionales que prohíben eso, se introduzca en territorio mexicano), a quien se le dio trato como de presidente de EU en funciones, para ir, primero, a visitar el centro de mando de la policía federal en Ixtapalapa, en donde le explicaron en qué consistirán las medidas de “seguridad nacional” contra el narcotráfico y el “terrorismo” que se implementarán por el llamado “Plan Mérida” (que es un plan similar al llamado “Plan Colombia”, en donde la intromisión en asuntos internos mexicanos, tomando como justificación la “seguridad estadounidense”, es muestra de un abierto intervencionismo de EU, con la total y plena complacencia y sumisión de los mal administradores panistas). Y justamente una parte importante de la “seguridad nacional” estadounidense, es la construcción de un muro a todo lo largo de la frontera mexicana, medida que de muy buena gana apoya McCain, pretextando, pues, la “lucha contra el terrorismo”.
El muro en cuestión, parte del cual se ha ido construyendo ya (como el infame “muro de la tortilla”, construido a lo largo de la frontera entre Tijuana y San Diego, de casi 23 kilómetros, hecho con material de desecho de la guerra de Vietnam, que costó 126 millones de dólares, a pesar del cual, siguen entrando ilegales en EU), se pretende sea todo un despliegue logístico, en donde supuestas “tecnologías de punta” se apliquen para “contener efectivamente a los ilegales”, como enfatizó McCain, una de cuyas promesas presidenciales ha sido su determinación para “asegurar las fronteras”. Tanto Bush, como ahora el conservador candidato republicano (quien, a mi parecer, tiene muchas posibilidades reales de ganar, dada la derechización que EU ha tenido últimamente) han argüido que no basta sólo con barreras metálicas, sino que hace falta más “sofisticación”. De hecho, ya se están probando aviones robots, los famosos Predators, los cuales sobrevolarán la frontera en busca de “peligrosísimos ilegales”, pudiendo incluso atacarlos, pues están armados con lanzacohetes (ya actuaron muy “exitosamente” en Iraq). Agencias como DARPA (perteneciente al Pentágono, está encargada de “alentar” la invención bélica, no conforme con el hecho de que el 80% de los “adelantos científicos” tienen como primera aplicación a la industria militar, en un mundo en donde enfermedades milenarias como el cólera o la tifoidea no han sido erradicadas o en donde muere un infante por desnutrición o hambre ¡cada cinco segundos!), ya otorgó un premio de dos millones de dólares a un grupo de “científicos” que el año pasado desarrollaron un auto-robot (un VW Touarek), auto-dirigido, una de cuyas aplicaciones posibles sería también la vigilancia de la frontera, para lo cual estará equipado no sólo con cámaras o escáneres, sino también con ¡metralletas!
Esa requerida, nueva “sofisticación tecnológica” para resguardar la frontera ya la está proporcionando nada menos que la empresa constructora de aviones Boeing (sí, también le entra al muy lucrativo negocio de la seguridad, más ahora que la construcción de costosos jets comerciales se ha detenido por la recesión estadounidense. Otra de sus divisiones fabrica equipo militar, lo que también le rinde buenas ganancias y también le ha permitido sortear la crisis). Dicha empresa había ya diseñado antes “tecnologías de punta” que, no podía ser otro, el Pentágono piensa aplicar en las “guerras del mañana” (¡vaya mundo que nos espera si se sigue teniendo como meta un futuro belicismo liderado por EU!). De acuerdo con dicho plan, se pretende implementar una red de radares, cámaras infrarrojas, sensores terrestres y aviones-robot a lo largo de toda la frontera para extender los “ojos y los oídos” de la Border Patrol (BP). Este llamado “muro virtual” de momento se está implementando en una extensión de casi 45 kilómetros al sur de Tucson, Arizona, en donde nueve torres “futuristas” de casi 30 metros de altura, se levantan. Cada una está equipada con radares, cámaras y transmisores inalámbricos, los cuales envían imágenes e información a un centro de mando situado justo en Tucson, además de laptops instaladas, por lo pronto, en 50 patrullas de la BP. Este llamado “Proyecto 28” (bautizado así porque se está implementando a lo largo de 28 millas) tiene un costo inicial de 60 millones de dólares, aunque de momento, por fortuna, no está funcionando correctamente. Por ejemplo, los radares aún “confunden” arbustos con personas agachadas o con animales, el aire y la lluvia afectan el equipo, las laptops fallan por las sacudidas de las patrullas, además de que Boeing todavía no ha podido coordinar realmente toda la información recabada por tales cámaras, radares y sensores para que sea “interpretada” fácilmente por los policías fronterizos, con tal de que éstos hagan “muy eficientemente” su trabajo, o sea, que descubran a los “peligrosos ilegales”. Pero como en todo ello va el peso político tanto de Bush, como ahora de McCain, el Departamento de Seguridad Doméstica (Deparment of Homeland Security), está dispuesto a entrarle con otros 64 millones de dólares, con tal que Boeing “perfeccione” su “sofisticado” equipo de vigilancia fronteriza, lo cual será cuestión de algunos meses, según dice la empresa, para que esté operando “al cien por ciento”, como ha declarado enfática la señora Deborah D. Bosick, ejecutiva de Boeing, quien señala “sí, ha habido algunos tropezones, pero confiamos en sortearlos exitosamente”. Sí, para gracia de Boeing, para desgracia de los pobres indocumentados, agregaría yo.
Sin embargo aún cuando el “muro virtual” logre efectivamente arrancar, algunos especialistas opinan que se requerirán unos ¡100,000 policías fronterizos más! para que se puedan atender todas las “llamadas de alerta” que tanta sofisticación tecnológica emita (y si las fallas continúan y las computadoras confunden arbustos con gente, pues agreguemos las frecuentes falsas alarmas). O sea, más y más dinero dedicado a la vigilancia de la frontera, que más bien pudiera emplearse para aliviar la hambruna que ya se está sintiendo en todo el mundo o enfermedades curables (mientras solamente EU gasta $600,000 millones de dólares al año para sostener su maquinaria militar, el presupuesto de la ONU para el combate al hambre y enfermedades anual es de sólo 1000 millones de dólares, lo que nos da una desequilibrada razón de únicamente un dólar gastado en actividades benéficas, contra 600 gastados en armamento por el Pentágono. Si hacemos la comparación a nivel mundial, se gastan $1000,000 de millones de dólares al año – un billón de dólares –, es decir, $1000 dólares destinados a la industria de la muerte, contra 1 dólar empleado para salud y alimentación. Como puede verse, la “paz” no se contempla en el futuro de la humanidad).
Pero, a fin de cuentas, con todo y muros metálicos o virtuales, no se impedirá que miles de mexicanos cada año sigan aventurándose a cruzar la frontera ilegalmente hacia EU, debido principalmente a la desarticulación de las actividades industriales y agrarias como consecuencia del Tratado de Libre Comercio sostenido entre México y aquel país, tratado que, por cierto, defiende a capa y espada McCain, pues se ufana de que gracias a ese desigual convenio comercial, EU aumentó 25% sus exportaciones a México durante los últimos años (Ver mi artículo en Internet “Como animales rabiosos se trata a los ilegales capturados en EU”, en donde analizo cómo la afectación al campo por dicho tratado, ha dado como resultado la ociosidad de infinidad de tierras agrícolas, dejando sin trabajo a cientos de miles de campesinos, quienes no tienen otro remedio que emigrar a EU). Así pues, esas políticas neoliberales, o sea, el salvaje capitalismo aplicado en su máxima expresión, continúa desbaratando la economía mexicana, empeorando con ello las ya paupérrimas condiciones de vida de más del 60% de la población mexicana en pobreza extrema, y por ello ningún muro impedirá que sigan atravesando la frontera miles de ilegales año con año, como incluso han señalado autoridades e investigadores estadounidenses. La propia gobernadora de Arizona, Janet Napolitano (ella misma descendiente de inmigrantes) ha señalado: “Enséñenme un muro de 50 pies y yo les enseñaré una escalera de 51 pies”, en referencia a que los ilegales harán todo con tal de franquear cuanta barrera física o virtual se les ponga.
Pero eso no le importa a McCain, quien decidido está a cumplir su promesa de campaña si gana la presidencia de su país. “No, primero aseguraremos la frontera, y ya luego veremos lo de los inmigrantes”, declaró, prepotentemente enfático.
Quizá por eso, luego de su visita a las instalaciones de la Policía Federal, McCain fue a la Basílica de Guadalupe, seguramente a pedir que el “muro virtual”, que costará cientos de millones de dólares, pronto esté en funcionamiento, sin problemas, y logre contener el paso a su país de los miles de “peligrosísimos ilegales” que, a pesar de su “peligrosidad”, son tan vitales para la economía estadounidense.
Contacto: studillac@hotmail.com
jueves, 12 de junio de 2008
Gotcha o de cómo se convirtió a la indeseada guerra en un “divertido” juego dominical.
Gotcha o de cómo se convirtió a la indeseada guerra
en un “divertido” juego dominical
por Adán Salgado Andrade
Parque del Ajusco, México. Son varios los letreros que anuncian la “diversión” bélica conocida en todo el mundo como “Gotcha” (forma escrita de la onomatopeya de la deformación idiomática inglesa “I got you”: “¡Te atrapé!”) a lo largo de la carretera que va desde el periférico hacia el parque nacional “El Ajusco”, sobre todo porque los “escenarios” de ese juego de origen estadounidense, tratan los dueños de tales sitios que sean lo más naturales posible. En uno puede leerse “Visita el nuevo concepto de aventuras extremas”. En otro, bajo un jeep de utilería, el espectacular dice “¡Escenarios realistas, como en Vietnam!”. Uno más indica “Adventure park, siéntete como en la guerra”... y así, todos invitando a sentirse de vez en cuando un “avezado” soldado o, mejor aún, un miliciano en busca del enemigo a quien patearle el trasero y matar en acción... bueno, lo de patearle o matar es un decir, puesto que en este caso las balas son sustituidas por esferas plásticas rellenas de pintura de agua y algo de aceite que permita fijarla, en tanto que fusiles o metralletas ceden su sitio a lo que se llama aquí “marcadoras”, que son una especie de rifles que emplean aire comprimido para arrojar con cada disparo, ¡a 84 metros por segundo!, cada una de las esferas de vivos colores – las que tienen un alcance de unos 200 metros – contra el “feroz enemigo”, quien igualmente contraatacará con ráfagas también de esferas, esperando que sus manchones de pintura, producidos por aquéllas al reventarse, peguen en la cabeza, en el pecho o en la espalda del contrincante, para ser considerados “mortales”.
Hacemos alto en uno que, por si no fuera poca la ya de por sí marcada influencia estadounidense de estos juegos bélicos, se presenta totalmente en inglés como “Planet Gotcha Paintball, field franchise. Adventure park”, sí, quizá para ambientar mucho más ese agringado ambiente ofrecido al ávido “miliciano” en potencia. A bordo casi de la carretera, está primero el obligado estacionamiento, rústico, empastado, sobre todo porque sólo en auto es la única manera de llegar a esos alejados sitios, pero también porque al ser una diversión cara, se ofrecen a cierto público y no a aquél que pudiera solamente acceder en transporte público. Los límites del sitio están señalados con malla metálica. Ya luego se accede por un reja abierta y se camina entre dos hileras de anuncios plásticos que forman una especie de improvisado corredor, los cuales publicitan distintos productos destinados a jugar a “la guerra”, tal y como debe de ser: ropa especial, sofisticado “armamento”, municiones, máscaras, zapatos... y así, cuanta parafernalia “gotchera” sea requerida. Al final del corredor publicitario está la construcción, digamos que también rústica (de ladrillo y losa, pero sin acabados) que funciona como la oficina y el recibidor de los visitantes. En éste se alberga todo el equipo que los jugadores requieren, justamente ofrecido como parte del paquete promocional. Pueden verse anaqueles y estantes en donde, muy bien ordenados, están los objetos “bélicos”. En el equipo que se provee, se incluye, además de la marcadora, o sea, el “letal rifle” lanzabolas, ropa especial, tal como chalecos u overoles “camuflajeados”, la indispensable máscara y, por supuesto, las “mortales” municiones, que en la “oferta” promocional, de $200 pesos (20 US dls.) por persona, se incluyen 200 esferas. Ya, si al avezado jugador se le acaba el parque y desea seguir “matando” a sus contrincantes, se le ofrecen municiones adicionales, “recharge”, desde 100, por “sólo” $70 pesos (7 US dls.), hasta una caja completa de 2000 esferas de pintura de agua aceitosa por $800 pesos (80 US dls.), suficientes, según los más veteranos del juego, “¡para que te la pases jugando todo el día!”. Y también si el aire se agota, ningún problema, pues se ofrecen las recargas a la marcadora que sean necesarias por otros módicos $50 pesos (5 US dls.)
Ya una vez cubierta la cuota de entrada, puestos overoles (éstos, generalmente para las mujeres) o chalecos, colocadas las máscaras (indispensables, pues por la fuerza con que son lanzadas las bolas plásticas, pueden incluso dañar gravemente los ojos o reventarlos y causar graves heridas en el rostro), probada el arma... los impostados soldados están listos entonces para enfrentar a sus fieros enemigos, que pueden ser de entre el grupo de amigos con quienes se llegue (se hacen dos bandos) o pueden confrontarse a las improvisadas “retas” que otros jugadores ofrezcan. Eso se hace en los “campos de batalla” acondicionados para eso como parte de la “bélica” acción, los cuales son áreas rodeadas con mallas plásticas (para evitar que se salgan las “balas” y pueda “herirse” a alguien fuera de ellas), que cuentan, como es natural, con montículos de tierra para esconderse, trincheras, escondrijos... sí, y por ello, muchos de los parques del “Gotcha” ofrecen escenarios realistas, “¡como si estuvieras en Vietnam!”, presumen, pues así es más “emocionante la acción”.
Claro que esa batalla no llega a tener los alcances que ese juego bélico tiene en Estados Unidos, país que, como dije antes, fue el creador de tan “creativo” entretenimiento. Hacia 1970, la compañía Crossman, fabricante de rifles y pistolas de aire, patentó la primera marcadora, cuyo fin era el de marcar árboles y ganado con pintura. Después, la compañía Daisy, patentó a partir de esa marcadora el primer, digamos, “rifle marcador”, el llamado “007”, que se empleó en 1981 por un grupo de amigos que “jugaron a la guerrita” en los bosques de New Hampshire y que lo llamaron simplemente “gotcha” (otra versión alude que fue a partir de la cinta “Gotcha” de 1984, estelarizada por el actor Anthony Edwards, en la cual parte de la acción alude al “paintball”, que dicho nombre se generalizó). Ese “juego” de los “alegres amigos” se derivó de las prácticas militares que las llamadas “milicias populares”, armadas con rifles y pistolas cargadas con salvas, aún hacen en los bosques de algunas partes de los Estados Unidos (por ejemplo en Montana y Arizona, en donde hay varias de esas milicias “populares”). Se trata de anacrónicos grupos de enajenados estadounidenses que, apoyados en la también anacrónica constitución estadounidense (la cual establece la figura constitucional de las “milicias populares”, creadas para defender la, en ese tiempo, recién lograda independencia de Inglaterra, lo cual, hace más de 230 años, tenía sentido, ¡pero no ahora!), se caracterizan por predicar la “superioridad racial” de la raza blanca (el llamado “supremacismo blanco”), así como la defensa de su “inalienable derecho” al empleo de armas (apoyado dicho derecho por asociaciones tales como la belicosa NRA, la “asociación nacional del rifle”). Su principal cometido, expresan algunos de esos grupos, es “defender a América ( es decir, EU), de cualquier invasión extranjera y de razas inferiores que pongan en extremo peligro la seguridad de nuestra nación”. En este extremo de enajenación están grupos tales como el MOAR (Militia of Arizona Republic) o el TASDOL (The Arizona sons and daughters of liberty) o los extremadamente racistas “Minute man project” (que se dedican a “cazar” a ilegales cerca de la frontera mexicana), quienes han clamado, incluso, que Arizona debe de independizarse de EU, dado que el gobierno no ofrece “suficiente protección” contra los peligros externos, tales como las constantes “invasiones de peligrosos indocumentados”. Por tal razón, dichas reminiscencias han llevado al juego del “gotcha” en EU a extremos de “realismo” tales como el practicado en el campo militar Blanding, en el estado de Florida, en donde emprendedores empresarios alquilan por nada despreciables sumas de dinero al ejército su “Joint Training Center for Military Operations on Urban Terrain”, o sea, sus campos de entrenamiento militar, para que tanto hombres y mujeres de todas las edades practiquen muy “alegremente” sus habilidades bélicas, las que, incluso, son efectuadas mediante auténticos “plots”, sí, como si estuvieran en una película de guerra, diseñados por tan entusiastas empresarios. Se llega a la exageración de emplear “tanques” (éstos, hechos de los pequeños tractores que jalan podadoras), equipados con “potentes metralletas”, que son tubos de PVC electro-neumáticos capaces de disparar hasta 30 municiones por minuto. Y como el negocio ya es bastante lucrativo, se dan cita en ese lugar tanto empresarios, empresas fabricantes de “armamento”, de ropa, de calzado, de todo tipo de accesorios... y por supuesto, los valientes jugadores, quienes no tendrán empacho en pagar 75 dólares sólo por el derecho a la entrada, ni por el resto de los debidos gastos, pues todo lo demás es extra: las armas, la ropa, el “plot” que seguirán, el empleo de los “tanques”, el uso de instalaciones adicionales, tales como las construcciones militares que también se ofrecen, con tal de dar más “realismo” a los participantes. “Sí, uno se siente como si estuviera en Vietnam o en Irak”, afirman ex-soldados que juegan al “gotcha”, felices de que, aunque sea de a “mentiritas”, otra vez se pongan en acción.
No, el “gotcha” mexicano no llega a tales extremos de “sofisticación”, en el cual los contrincantes simplemente tratan de esconderse y localizar al otro bando, pero sí se genera la suficiente tensión entre los participantes, como para que se entreguen, cual verdaderos “soldados”, a “matar” cuantas veces sea necesario a sus enemigos y a no “dejarse matar”. Todos se ocupan en apuntar a las partes consideradas mortales – el pecho, la espalda, la cara o la cabeza, como menciono arriba – y a disfrutar victoriosos cuando le “atinan” al contrincante.
Y así se desarrolla esta “sana diversión”, practicada en infinidad de países (como rezan los fliers informativos de varias agrupaciones de “gotcha”), tales como China, Rusia, Corea, Japón, Turquía, Arabia Saudita, Sudáfrica, Malasia, toda Sudamérica, Europa... sí, de todo hay ya, naciones desarrolladas, no tanto, occidentales, orientales. Así es, digamos que es “muy civilizado” jugar a la guerra, la cual se ha despojado de su lado mortal, destructivo y terrible para convertirse en muy “divertida y entretenida”. Y para los parques de las franquicias estadounidenses en donde se practica, así como para los fabricantes de toda la parafernalia “gotchera”, es un muy lucrativo negocio, que tan sólo en los EU deja al año alrededor de ¡mil millones de dólares!
Pero resulta que no es tan “sana diversión”, pues en opinión de muchos expertos es una forma de glorificar, trivializar y popularizar tanto a la guerra, como al uso de las armas. De hecho, las marcadoras se emplean también en entrenamientos militares, como en aquellos “parques temáticos bélicos” en donde se entrena a los mariners para ir a combatir a Irak (ver mi artículo en Internet “Bienvenidos a Arabialandia”). Además, se han consignado delitos de vandalismo, hostigamiento, asalto y daño corporal por el uso tanto intencional, como no intencional de las marcadoras (por ejemplo, niños que se han disparado hacia la cara y reventado un ojo o herido gravemente con una marcadora, que al fin y al cabo la consideran un “juguete”). Por otro lado, algunos estudios también han mostrado que esa actividad sí tiende a desarrollar con el tiempo comportamientos violentos en quienes lo juegan, contrario a lo que muchos piensan, de que es una “válvula de alivio” para las presiones de la vida diaria, lo cual, por supuesto, es cuestionable, dado que aunque se esté “jugando” a matarse, el resultado conduce a una fuerte producción de adrenalina por el estrés que implica buscar a quién matar o evitar ser matado. Y si ese estrés se convierte con el paso del tiempo en una especie de “tranquilizadora” necesidad, digamos que como parte del psiquis para estar bien, entonces, no sólo se desarrollará durante el juego, sino en situaciones de la vida cotidiana que de repente lo detonen, como un disgusto en el hogar o en la oficina o al manejar, por ejemplo. Algunas estadísticas practicadas en EU entre ávidos jugadores del “Gotcha”, han hallado que un buen número de ellos tienen tendencias violentas no sólo durante el juego, sino también en ciertos momentos de su cotidianeidad, dado que se irritan fácilmente y no pueden controlar su enojo. “No sé, de repente me siento como si estuviera jugando, cuando me enojo por cualquier cosa, y sólo trato de desquitar mi coraje como sea”, declara un ávido jugador. Sí, y ese desquitarse es llegar a los golpes en muchos casos, sea contra la cónyuge, contra un compañero de trabajo o contra un conductor que osó metérsele al auto del airado “gotchero”.
Y si ese juego está popularizándose tanto en nuestro país, a pesar de los argumentos en contra, es porque, desgraciadamente, aquí todo lo que sea estadounidense se adopta rápidamente por la mayoría de la población (véanse, por ejemplo, los millones de fans que siguen enajenadamente el “fútbol americano” o que lo practican totalmente entregados. O el caso de la cinematografía, en que el 90% de las salas exhiben taquilleras cintas estadounidenses de efectos especiales, de comedias tontas o de escatológico humor. O nuestra asiduidad a la Coca-cola o a las franquicias de fast-food: KFC, Mc Donald’s, Starbucks...). Sí, no basta con la dominación económica y política que ese país ejerce en nuestra latitud, no, hay que absorberlo todo, su cultura, sus costumbres, su idiosincrasia, sus juegos... ser pro-estadounidense cuanto sea posible (comenzando por nuestros mal administradores panistas) y contribuir con ello a llenar las arcas de las corporaciones que controlan todas esas actividades...
Allí, en ese momento, en el “Planet Gotcha Paintball, field franchise. Adventure park”, nos damos cuenta de qué se trata el “entregarse de lleno” al juego de la guerra. Un orgulloso “gotchero” se acerca. Es un hombre de unos 42 años, muy gordo, moreno, alto, de duros gestos, con la barba de varios días poblándole sus mejillas. Su vestimenta consiste en chaqueta y pantalones tipo militar, “camuflajeados” con manchas en varios tonos de verde, tal y como los usaría un soldado en plena batalla. Una boina obscura le cubre la cabeza. Botas negras, altas, calzan sus pies. En la cintura carga una “cartuchera” en la cual guarda varios cilindros plásticos que contienen sus valiosas “municiones”. Coloca en una mesa que hay a un lado de donde está parado, tres flamantes marcadoras, que atraen la envidiosa mirada de sus acompañantes, uno de los cuales exclama “¡Wow... pero si hasta pareces Rambo!”. Efectivamente, el orgulloso gotchero, quien por su cargado, bélico atuendo, recuerda a ese hollywoodesco mercenario, asume un aire de grandeza ante el atinado comentario. “¡Sí que te has gastado tu dinerito!”, agrega una mujer, que se acerca y comienza a tocar las marcadoras y a sobarle elogiosamente los hombros y la espalda a aquél, quien con asumidos aires de superioridad, declara sin tapujos “¡Pues traigo más de setenta mil pesos de equipo!”, comentario que todos aclaman con burlonas loas, luego de lo cual toma una de las marcadoras, se la cruza al hombro y marcha hacia el campo enmallado, cual valiente general, seguido de sus amigos, dispuestos todos a “jugar” a ser fieros soldados y a matar a muchos “enemigos” ese día...
Contacto: studillac@hotmail.com
en un “divertido” juego dominical
por Adán Salgado Andrade
Parque del Ajusco, México. Son varios los letreros que anuncian la “diversión” bélica conocida en todo el mundo como “Gotcha” (forma escrita de la onomatopeya de la deformación idiomática inglesa “I got you”: “¡Te atrapé!”) a lo largo de la carretera que va desde el periférico hacia el parque nacional “El Ajusco”, sobre todo porque los “escenarios” de ese juego de origen estadounidense, tratan los dueños de tales sitios que sean lo más naturales posible. En uno puede leerse “Visita el nuevo concepto de aventuras extremas”. En otro, bajo un jeep de utilería, el espectacular dice “¡Escenarios realistas, como en Vietnam!”. Uno más indica “Adventure park, siéntete como en la guerra”... y así, todos invitando a sentirse de vez en cuando un “avezado” soldado o, mejor aún, un miliciano en busca del enemigo a quien patearle el trasero y matar en acción... bueno, lo de patearle o matar es un decir, puesto que en este caso las balas son sustituidas por esferas plásticas rellenas de pintura de agua y algo de aceite que permita fijarla, en tanto que fusiles o metralletas ceden su sitio a lo que se llama aquí “marcadoras”, que son una especie de rifles que emplean aire comprimido para arrojar con cada disparo, ¡a 84 metros por segundo!, cada una de las esferas de vivos colores – las que tienen un alcance de unos 200 metros – contra el “feroz enemigo”, quien igualmente contraatacará con ráfagas también de esferas, esperando que sus manchones de pintura, producidos por aquéllas al reventarse, peguen en la cabeza, en el pecho o en la espalda del contrincante, para ser considerados “mortales”.
Hacemos alto en uno que, por si no fuera poca la ya de por sí marcada influencia estadounidense de estos juegos bélicos, se presenta totalmente en inglés como “Planet Gotcha Paintball, field franchise. Adventure park”, sí, quizá para ambientar mucho más ese agringado ambiente ofrecido al ávido “miliciano” en potencia. A bordo casi de la carretera, está primero el obligado estacionamiento, rústico, empastado, sobre todo porque sólo en auto es la única manera de llegar a esos alejados sitios, pero también porque al ser una diversión cara, se ofrecen a cierto público y no a aquél que pudiera solamente acceder en transporte público. Los límites del sitio están señalados con malla metálica. Ya luego se accede por un reja abierta y se camina entre dos hileras de anuncios plásticos que forman una especie de improvisado corredor, los cuales publicitan distintos productos destinados a jugar a “la guerra”, tal y como debe de ser: ropa especial, sofisticado “armamento”, municiones, máscaras, zapatos... y así, cuanta parafernalia “gotchera” sea requerida. Al final del corredor publicitario está la construcción, digamos que también rústica (de ladrillo y losa, pero sin acabados) que funciona como la oficina y el recibidor de los visitantes. En éste se alberga todo el equipo que los jugadores requieren, justamente ofrecido como parte del paquete promocional. Pueden verse anaqueles y estantes en donde, muy bien ordenados, están los objetos “bélicos”. En el equipo que se provee, se incluye, además de la marcadora, o sea, el “letal rifle” lanzabolas, ropa especial, tal como chalecos u overoles “camuflajeados”, la indispensable máscara y, por supuesto, las “mortales” municiones, que en la “oferta” promocional, de $200 pesos (20 US dls.) por persona, se incluyen 200 esferas. Ya, si al avezado jugador se le acaba el parque y desea seguir “matando” a sus contrincantes, se le ofrecen municiones adicionales, “recharge”, desde 100, por “sólo” $70 pesos (7 US dls.), hasta una caja completa de 2000 esferas de pintura de agua aceitosa por $800 pesos (80 US dls.), suficientes, según los más veteranos del juego, “¡para que te la pases jugando todo el día!”. Y también si el aire se agota, ningún problema, pues se ofrecen las recargas a la marcadora que sean necesarias por otros módicos $50 pesos (5 US dls.)
Ya una vez cubierta la cuota de entrada, puestos overoles (éstos, generalmente para las mujeres) o chalecos, colocadas las máscaras (indispensables, pues por la fuerza con que son lanzadas las bolas plásticas, pueden incluso dañar gravemente los ojos o reventarlos y causar graves heridas en el rostro), probada el arma... los impostados soldados están listos entonces para enfrentar a sus fieros enemigos, que pueden ser de entre el grupo de amigos con quienes se llegue (se hacen dos bandos) o pueden confrontarse a las improvisadas “retas” que otros jugadores ofrezcan. Eso se hace en los “campos de batalla” acondicionados para eso como parte de la “bélica” acción, los cuales son áreas rodeadas con mallas plásticas (para evitar que se salgan las “balas” y pueda “herirse” a alguien fuera de ellas), que cuentan, como es natural, con montículos de tierra para esconderse, trincheras, escondrijos... sí, y por ello, muchos de los parques del “Gotcha” ofrecen escenarios realistas, “¡como si estuvieras en Vietnam!”, presumen, pues así es más “emocionante la acción”.
Claro que esa batalla no llega a tener los alcances que ese juego bélico tiene en Estados Unidos, país que, como dije antes, fue el creador de tan “creativo” entretenimiento. Hacia 1970, la compañía Crossman, fabricante de rifles y pistolas de aire, patentó la primera marcadora, cuyo fin era el de marcar árboles y ganado con pintura. Después, la compañía Daisy, patentó a partir de esa marcadora el primer, digamos, “rifle marcador”, el llamado “007”, que se empleó en 1981 por un grupo de amigos que “jugaron a la guerrita” en los bosques de New Hampshire y que lo llamaron simplemente “gotcha” (otra versión alude que fue a partir de la cinta “Gotcha” de 1984, estelarizada por el actor Anthony Edwards, en la cual parte de la acción alude al “paintball”, que dicho nombre se generalizó). Ese “juego” de los “alegres amigos” se derivó de las prácticas militares que las llamadas “milicias populares”, armadas con rifles y pistolas cargadas con salvas, aún hacen en los bosques de algunas partes de los Estados Unidos (por ejemplo en Montana y Arizona, en donde hay varias de esas milicias “populares”). Se trata de anacrónicos grupos de enajenados estadounidenses que, apoyados en la también anacrónica constitución estadounidense (la cual establece la figura constitucional de las “milicias populares”, creadas para defender la, en ese tiempo, recién lograda independencia de Inglaterra, lo cual, hace más de 230 años, tenía sentido, ¡pero no ahora!), se caracterizan por predicar la “superioridad racial” de la raza blanca (el llamado “supremacismo blanco”), así como la defensa de su “inalienable derecho” al empleo de armas (apoyado dicho derecho por asociaciones tales como la belicosa NRA, la “asociación nacional del rifle”). Su principal cometido, expresan algunos de esos grupos, es “defender a América ( es decir, EU), de cualquier invasión extranjera y de razas inferiores que pongan en extremo peligro la seguridad de nuestra nación”. En este extremo de enajenación están grupos tales como el MOAR (Militia of Arizona Republic) o el TASDOL (The Arizona sons and daughters of liberty) o los extremadamente racistas “Minute man project” (que se dedican a “cazar” a ilegales cerca de la frontera mexicana), quienes han clamado, incluso, que Arizona debe de independizarse de EU, dado que el gobierno no ofrece “suficiente protección” contra los peligros externos, tales como las constantes “invasiones de peligrosos indocumentados”. Por tal razón, dichas reminiscencias han llevado al juego del “gotcha” en EU a extremos de “realismo” tales como el practicado en el campo militar Blanding, en el estado de Florida, en donde emprendedores empresarios alquilan por nada despreciables sumas de dinero al ejército su “Joint Training Center for Military Operations on Urban Terrain”, o sea, sus campos de entrenamiento militar, para que tanto hombres y mujeres de todas las edades practiquen muy “alegremente” sus habilidades bélicas, las que, incluso, son efectuadas mediante auténticos “plots”, sí, como si estuvieran en una película de guerra, diseñados por tan entusiastas empresarios. Se llega a la exageración de emplear “tanques” (éstos, hechos de los pequeños tractores que jalan podadoras), equipados con “potentes metralletas”, que son tubos de PVC electro-neumáticos capaces de disparar hasta 30 municiones por minuto. Y como el negocio ya es bastante lucrativo, se dan cita en ese lugar tanto empresarios, empresas fabricantes de “armamento”, de ropa, de calzado, de todo tipo de accesorios... y por supuesto, los valientes jugadores, quienes no tendrán empacho en pagar 75 dólares sólo por el derecho a la entrada, ni por el resto de los debidos gastos, pues todo lo demás es extra: las armas, la ropa, el “plot” que seguirán, el empleo de los “tanques”, el uso de instalaciones adicionales, tales como las construcciones militares que también se ofrecen, con tal de dar más “realismo” a los participantes. “Sí, uno se siente como si estuviera en Vietnam o en Irak”, afirman ex-soldados que juegan al “gotcha”, felices de que, aunque sea de a “mentiritas”, otra vez se pongan en acción.
No, el “gotcha” mexicano no llega a tales extremos de “sofisticación”, en el cual los contrincantes simplemente tratan de esconderse y localizar al otro bando, pero sí se genera la suficiente tensión entre los participantes, como para que se entreguen, cual verdaderos “soldados”, a “matar” cuantas veces sea necesario a sus enemigos y a no “dejarse matar”. Todos se ocupan en apuntar a las partes consideradas mortales – el pecho, la espalda, la cara o la cabeza, como menciono arriba – y a disfrutar victoriosos cuando le “atinan” al contrincante.
Y así se desarrolla esta “sana diversión”, practicada en infinidad de países (como rezan los fliers informativos de varias agrupaciones de “gotcha”), tales como China, Rusia, Corea, Japón, Turquía, Arabia Saudita, Sudáfrica, Malasia, toda Sudamérica, Europa... sí, de todo hay ya, naciones desarrolladas, no tanto, occidentales, orientales. Así es, digamos que es “muy civilizado” jugar a la guerra, la cual se ha despojado de su lado mortal, destructivo y terrible para convertirse en muy “divertida y entretenida”. Y para los parques de las franquicias estadounidenses en donde se practica, así como para los fabricantes de toda la parafernalia “gotchera”, es un muy lucrativo negocio, que tan sólo en los EU deja al año alrededor de ¡mil millones de dólares!
Pero resulta que no es tan “sana diversión”, pues en opinión de muchos expertos es una forma de glorificar, trivializar y popularizar tanto a la guerra, como al uso de las armas. De hecho, las marcadoras se emplean también en entrenamientos militares, como en aquellos “parques temáticos bélicos” en donde se entrena a los mariners para ir a combatir a Irak (ver mi artículo en Internet “Bienvenidos a Arabialandia”). Además, se han consignado delitos de vandalismo, hostigamiento, asalto y daño corporal por el uso tanto intencional, como no intencional de las marcadoras (por ejemplo, niños que se han disparado hacia la cara y reventado un ojo o herido gravemente con una marcadora, que al fin y al cabo la consideran un “juguete”). Por otro lado, algunos estudios también han mostrado que esa actividad sí tiende a desarrollar con el tiempo comportamientos violentos en quienes lo juegan, contrario a lo que muchos piensan, de que es una “válvula de alivio” para las presiones de la vida diaria, lo cual, por supuesto, es cuestionable, dado que aunque se esté “jugando” a matarse, el resultado conduce a una fuerte producción de adrenalina por el estrés que implica buscar a quién matar o evitar ser matado. Y si ese estrés se convierte con el paso del tiempo en una especie de “tranquilizadora” necesidad, digamos que como parte del psiquis para estar bien, entonces, no sólo se desarrollará durante el juego, sino en situaciones de la vida cotidiana que de repente lo detonen, como un disgusto en el hogar o en la oficina o al manejar, por ejemplo. Algunas estadísticas practicadas en EU entre ávidos jugadores del “Gotcha”, han hallado que un buen número de ellos tienen tendencias violentas no sólo durante el juego, sino también en ciertos momentos de su cotidianeidad, dado que se irritan fácilmente y no pueden controlar su enojo. “No sé, de repente me siento como si estuviera jugando, cuando me enojo por cualquier cosa, y sólo trato de desquitar mi coraje como sea”, declara un ávido jugador. Sí, y ese desquitarse es llegar a los golpes en muchos casos, sea contra la cónyuge, contra un compañero de trabajo o contra un conductor que osó metérsele al auto del airado “gotchero”.
Y si ese juego está popularizándose tanto en nuestro país, a pesar de los argumentos en contra, es porque, desgraciadamente, aquí todo lo que sea estadounidense se adopta rápidamente por la mayoría de la población (véanse, por ejemplo, los millones de fans que siguen enajenadamente el “fútbol americano” o que lo practican totalmente entregados. O el caso de la cinematografía, en que el 90% de las salas exhiben taquilleras cintas estadounidenses de efectos especiales, de comedias tontas o de escatológico humor. O nuestra asiduidad a la Coca-cola o a las franquicias de fast-food: KFC, Mc Donald’s, Starbucks...). Sí, no basta con la dominación económica y política que ese país ejerce en nuestra latitud, no, hay que absorberlo todo, su cultura, sus costumbres, su idiosincrasia, sus juegos... ser pro-estadounidense cuanto sea posible (comenzando por nuestros mal administradores panistas) y contribuir con ello a llenar las arcas de las corporaciones que controlan todas esas actividades...
Allí, en ese momento, en el “Planet Gotcha Paintball, field franchise. Adventure park”, nos damos cuenta de qué se trata el “entregarse de lleno” al juego de la guerra. Un orgulloso “gotchero” se acerca. Es un hombre de unos 42 años, muy gordo, moreno, alto, de duros gestos, con la barba de varios días poblándole sus mejillas. Su vestimenta consiste en chaqueta y pantalones tipo militar, “camuflajeados” con manchas en varios tonos de verde, tal y como los usaría un soldado en plena batalla. Una boina obscura le cubre la cabeza. Botas negras, altas, calzan sus pies. En la cintura carga una “cartuchera” en la cual guarda varios cilindros plásticos que contienen sus valiosas “municiones”. Coloca en una mesa que hay a un lado de donde está parado, tres flamantes marcadoras, que atraen la envidiosa mirada de sus acompañantes, uno de los cuales exclama “¡Wow... pero si hasta pareces Rambo!”. Efectivamente, el orgulloso gotchero, quien por su cargado, bélico atuendo, recuerda a ese hollywoodesco mercenario, asume un aire de grandeza ante el atinado comentario. “¡Sí que te has gastado tu dinerito!”, agrega una mujer, que se acerca y comienza a tocar las marcadoras y a sobarle elogiosamente los hombros y la espalda a aquél, quien con asumidos aires de superioridad, declara sin tapujos “¡Pues traigo más de setenta mil pesos de equipo!”, comentario que todos aclaman con burlonas loas, luego de lo cual toma una de las marcadoras, se la cruza al hombro y marcha hacia el campo enmallado, cual valiente general, seguido de sus amigos, dispuestos todos a “jugar” a ser fieros soldados y a matar a muchos “enemigos” ese día...
Contacto: studillac@hotmail.com
viernes, 2 de mayo de 2008
Biocombustibles: imposición transgénica, no alternativa ecológica.
Biocombustibles: imposición transgénica, no
alternativa ecológica
por Adán Salgado Andrade
Cuando la empresa estadounidense Monsanto alteró genéticamente una especie de maíz para, según sus directivos, aumentar su rendimiento, también se le adicionó un químico (Bt, una toxina producida por la bacteria Bacillus thunringiensis, el que, en un experimento rápido, un entomólogo, John Losey, espolvoreó polen de maíz con dicha toxina en plantas en las que vivían larvas de mariposa Monarca, y el resultado fue que murieron todas, ya de por sí puestas en peligro por la deforestación de su santuario, en tierras michoacanas) para dotarlas de supuestas “propiedades de resistencia a las plagas”, pero que también destruye las semillas resultantes de las cosechas de dicho maíz si son sembradas, para evitar, justifica la empresa, que “piratas agrarios” se apoderaran de su aberración genética y la cruzaran con plantas criollas – es decir, naturales – para que éstas se hicieran también de las “maravillosas propiedades” del alterado maíz, que se dio en llamar terminator, pues la planta se autotermina (un desafortunado granjero canadiense, Percy Schmeiser, fue demandado por la empresa por “plagio genético”, ¡y ésta ganó el juicio!, porque la cosecha de canola normal de aquél se contaminó accidentalmente con el polen de cultivos transgénicos del maíz de Monsanto que estaban cerca del sembradío del canadiense. El infeliz hombre fue condenado a “indemnizar” con miles de dólares a la “pobre” empresa).
Pero a pesar de las pretendidas “bondades” del maíz transgénico y de que ya lleva varios años comercializándose, muchos países, sobre todo europeos, no están de acuerdo con su consumo, así que han exigido que las empresas industrializadoras de alimentos eviten emplearlo o señalen claramente que el alimento ofrecido lo contiene, pues aún no se sabe con certeza los daños a la salud que en los humanos ese engendro vegetal y otros transgénicos vayan a tener (por lo pronto, se reportan alergias o diarreas en personas sensibles. Como mencioné antes, la presencia del químico Bt es también un serio factor de riesgo).
Así, fue justamente esa resistencia la que llevó a Monsanto, Aventis, Du pont y a otras empresas productoras de transgénicos a elaborar una estrategia distinta para lograr la plena aceptación, sin obstáculos ni pretextos de ninguna índole, para el maíz alterado e incluso para otros cultivos que ya están también genéticamente modificados, tales como la canola, la soya, el jitomate, la calabaza, la caña de azúcar, la papaya, la papa, el algodón el lino... y de todos aquellos vegetales en los que actualmente se están experimentando las modificaciones genéticas.
Fue entonces que se comenzó a fabricar la “maravillosa idea” de que para que no se contaminara tanto a la atmósfera con los combustibles derivados del petróleo, un gran sustituto serían los llamados biocombustibles. Esto comenzó a hacerse en Alemania, en donde se logró elaborar diesel a partir de la colza, una leguminosa variedad del nabo usada comúnmente como forraje o para extraer aceite lubricante. Al ser quemada por los autos, ese “biodiesel” producía un olor parecido al de las papas fritas. Se decía de tal gasolina que poseía las mismas propiedades combustibles de la común, pero que producía sólo una fracción de las emisiones dañinas que contribuían al calentamiento global. Sin embargo, recientes estudios han demostrado la falsedad de tales argumentos, indicando, entre otras cosas, que es mínima la disminución de emisiones contaminantes producidas por los biocombustibles, además de que la llamada “eficiencia energética” (esto mide qué tanta energía producen los biocombustibles más de la que es empleada para hacerlos), tampoco es la panacea. Por otro lado, la siembra misma de los así llamados “cultivos energéticos” incrementa el uso de agroquímicos, puesto que las modificaciones genéticas de aquéllos así lo requieren. Necesitan más fertilizantes, más herbicidas, incluso más agua. Y al incrementarse la fabricación de tales agroquímicos, se aumentan los efectos colaterales, como las emisiones de CO2, o sea, el bióxido de carbono, uno de los gases contaminantes que más se produce en la actualidad, ¡alrededor de 7100 millones de toneladas por año!, lo que está contribuyendo exponencialmente al calentamiento global y a los trastornos climáticos que estamos padeciendo cada vez más frecuentemente. Además, se está llevando a la agricultura a una peligrosa situación de monocultivos, ya que tienden a reducirse las variedades genéticas, inclusive de los granos que se siembran, con el inconveniente adicional de que están tendiéndose a contaminarse con los genomas de los cultivos modificados otros vegetales, que pueden heredar las características de esterilidad que tienen los granos transgénicos. Por otro lado, la elaboración de tantos millones de litros de biocombustibles, irónicamente también está aumentando la producción de gases contaminantes, pues están implícitos procesos industriales que emplean tradicionales métodos de fabricación inherentemente contaminantes. Eso en cuanto a los problemas que la siembra de transgénicos y la fabricación de biocombustibles acarrean consigo. El otro problema es que, como supuesta alternativa energética (que no ecológica, como ya expliqué), tampoco existe una real viabilidad. Por ejemplo, Estados Unidos, país que intenta cambiar intensiva y extensivamente su dependencia de combustibles producidos por petróleo a biocombustibles es muy ilustrativo de que no satisfaría sus necesidades energéticas con etanol o biodiesel. La tierra arable que ese país posee es de alrededor de 1,740,765 km², de la cual actualmente se tienen sembrados con soya para, entre otros usos, el biodiesel, poco menos de un 2.5%, o sea, unos 42690 km². Resulta que para que ese país pudiera producir todo el biodiesel necesario para sustituir el diesel normal que emplea actualmente, tendría que contar con un área total de soya cultivada ¡casi 54 veces mayor a la sembrada actualmente!, es decir, unos 93,501,090 km², imposible, dado que el área cultivable de todo el planeta es de apenas 31,000,000 de km². Pero además toda la soya sembrada sería exclusivamente para producir biodiesel, lo que agravaría brutalmente las carencias alimenticias que ya de por sí estamos teniendo. El otro caso, el del etanol, también es igualmente cuestionable. Se requeriría de un 30% de la tierra cultivable que posee EU sólo para sembrar maíz, o sea, unos 526,436 km². Lo que actualmente se cultiva son alrededor de 59386 km², así que casi tendría que incrementarse en ¡nueve veces la producción de maíz, exclusivamente para fabricar etanol! (ver mi artículo en Internet “¿Más energía o más desperdicio?”)
Pero aún con los serios argumentos anteriores que se oponen a la industrialización a gran escala de los biocombustibles (que actualmente sólo se hace en Brasil, con el etanol producido de la caña de azúcar), en todos lados se está insistiendo en que éstos constituyen el “futuro energético”. Y claro que aquí es donde comienza el gran negocio de los transgénicos, pues, se arguye, puesto que estos rinden más cantidad por hectárea (lo cual es también dudoso, pues varios estudios recientes han demostrado que no existe el tan mentado “alto rendimiento”) y son más resistentes a plagas, constituyen el medio ideal para convertirlos en biocombustibles. Si, expresarán los ejecutivos de Monsanto o Aventis, ya no se preocupen de que con ellos se deba de alimentar a la gente y los efectos colaterales a la salud que ello conlleve, no. Ahora los emplearemos a gran escala para hacer etanol o biodiesel, que al fin que será para consumo de máquinas, no de humanos. Así, está incrementándose considerablemente la siembra de transgénicos en muchos países, so pretexto de que se emplearán no como alimentos, sino como energéticos. En Brasil, Argentina, China, India, Canadá, Sudáfrica se siembran desde hace años soya, maíz, algodón, y otras especies modificadas. Y, en primerísimo lugar, por supuesto, está Estados Unidos, en donde se calcula que un 75% de los alimentos procesados contienen al menos una sustancia genéticamente modificada. En ese país, 89% del área plantada de soya, 83% del algodón, y 61% del maíz son especies transgénicas. Pero, claro, como el gran negocio de los organismos genéticamente modificados (OGM) debe de crecer, que más y más países permitan su cultivo, pues a la medida queda lo de la fabricación de biocombustibles, como señalé arriba. En México, aprovechando la actual polémica sobre la privatización petrolera (también por una cuestión de la seguridad energética que debe de buscar Estados Unidos), está por aprobarse la siembra de maíz transgénico, a pesar de que se ha demostrado incansablemente que tal medida pondrá en peligro las alrededor de 200 especies criollas existentes, convirtiéndolas, incluso, en estériles. Eso será una estupidez, una insensatez de los actuales mal administradores neoliberales panistas, pues este país es ¡cuna del maíz!, planta que los mexicas consideraban mágica, cuya forma en cruz indica los cuatro elementos esenciales de la vida humana: el viento, la tierra, el aire y el agua. Sí, y entonces como crece día a día el cultivo de maíz y de soya transgénicos, principalmente, se están dejando de sembrar las especies criollas de esos granos (no sólo eso, sino que se están dejando de cultivar muchos otros alimentos, como verduras, frutas y otros cereales, pues ya no resultan tan lucrativos comparados con el boom de los biocombustibles), y la mayor parte de esa producción se está empleando para la fabricación de biocombustibles, o sea, deliberadamente se está ocasionando la escasez de alimentos, pues aunque se ha incrementando la siembra de granos, ésta no será dirigida a alimentar a nuestro hambriento mundo, sino para llenar los tanques de combustibles de millones de autos, sobre todo estadounidenses, que es hacia donde se dirigirán la mayor parte de las exportaciones de los países que ya están viendo el “gran negocio” que es producir biocombustibles con los granos, en lugar de comida. Así, la seguridad energética de EU se está afianzando también por este nuevo, “novedoso” frente, cuestión que Bush ha señalado también como una “prioridad nacional”, es decir, la gradual sustitución de parte de las combustibles derivados del petróleo por los derivados de vegetales (el otro es el de asegurarse el petróleo de sus vecinos petroleros, como México, Canadá y Venezuela. Ver mi artículo en Internet “Los pozos petroleros ultraprofundos, otra manera de seguir garantizando la dominación estadounidense sobre México”). Como es evidente que EU no podrá producir todo el etanol y el biodiesel que requerirán sus planes de sustitución de los combustibles tradicionales, serán muy bienvenidas las importaciones de países que se sumen a la “fiebre bioenergética”. Brasil, por ejemplo, exportará dos y medio millones de litros de etanol a EU este año, de los aproximadamente 27 millones que piensa producir
Esto es en gran medida lo que está generando la actual crisis alimentaria mundial, pues se están cultivando granos, pero no con la intención de alimentar a la gente hambrienta, como ya señalé, sino para hacer los biocombustibles, dizque para no contaminar tanto el ambiente, pero se está demostrando, como señalé, que no es así.
Por otro lado, otro de los factores que están contribuyendo a la carestía de los productos agrícolas, es también la cuestión de que muchas de las tierras arables están declinando su producción, debido a los rendimientos decrecientes, ya que a pesar de que se abonen en demasía, llega el momento en que tanto agroquímico las va alterando (“quemando” dicen en México los campesinos) y ya no producen lo mismo. Por esta razón muchos agricultores en EU han recurrido de nueva cuenta a la llamada “agricultura orgánica”, en donde la tierra se barbecha, para que el desperdicio de anteriores siembras, revuelto con ésta, se descomponga y cree un humus que la enriquezca naturalmente, lo que muchos campesinos hacen en México, por ejemplo. Además, los ciclos de cultivo están alterándose también, pues por el calentamiento global y los severos cambios climáticos que estamos induciendo, las lluvias, por ejemplo, se atrasan, lo que afecta a las llamadas tierras de temporal (las que se siembran sólo con el ciclo pluvial) y cuando llueve, es en demasía, y arruina los pocos cultivos que logran germinar. Esto está sucediendo en México, en donde más del 70% de las tierras cultivables son de temporal. Y las temperaturas extremas que se están generando, no son soportables ya por ciertos cultivos en ciertas regiones, así que ya no pueden seguirse sembrando esos sitios.
Pero también la carestía y baja en la producción de granos para alimentos, no para combustibles, se debe a que la tendencia industrializadora que se sigue desde hace varios años, ha desalentado la actividad agrícola. Para muchos países, China entre ellos, es más importante desarrollar parques industriales, que campos agrícolas, con la consecuencia de que ha disminuido muchísimo la producción de alimentos. Sí, en países como la mencionada China, disminuye cada año la proporción real de los alimentos cultivados (aunque aumente en forma neta), en relación a los consumidos por sus habitantes. Ni en algo tan tradicional como es el arroz, ese país es autosuficiente, como lo fue en el pasado. Eso sucede a países como México, que también ha desalentado la actividad en el campo, en donde más del 25% del maíz que requerimos, por citar una negativa consecuencia, es importado de EU (más ahora con la apertura total del TLC), mucho del cual es transgénico, que ¡incluso en ese país está prohibido para su consumo humano, y que más bien se usa como forraje! Una negativa consecuencia del descuido de la actividad agrícola mexicana es que cada vez más y más campesinos emigran, irónicamente, hacia EU en busca de una vida mejor, dejando sus tierras vacías, improductivas (baste recorrer regiones agrícolas en México y se verá que están cientos de hectáreas de tierras improductivas, ociosas. Ver mi artículo en Internet “Apertura total del agro mexicano al TLC estadounidense o de cómo se sigue matando al campo en México”). Esto genera, por un lado, el peligro de hambrunas porque no se producen suficientes alimentos internamente, y, por otro lado, una peligrosa dependencia del exterior para comprar esos alimentos, que serán, en consecuencia, cada vez más caros al haber varios países dependientes del exterior para alimentarse.
En la reciente conferencia sostenida por la ONU para “analizar” el problema de la escasez de alimentos y la hambruna que ya comienza a gestarse en varios lugares, se llegó a la conclusión de que con algo así como 755 millones de dólares podría resolverse de momento el problema. Sin embargo, ningún país de los llamados “ricos” ha atendido tan emotiva petición. Es el costo de la nueva embajada que EU piensa construir en Bagdad, capital de Irak, por ejemplo (por cierto, un insulto ese, en un país en donde el 80% de la gente vive en situación de miseria extrema gracias a la invasión yanqui, además de que es una ofensa, pues con eso pretende el Pentágono materializar el control neocolonial que está ejerciendo sobre ese devastado país). También es lo que cuesta el avión más lujoso del mundo, un Airbus A340, perteneciente al sultán de Brunei (750 millones de dólares, justamente)... así que de que habría dinero para sufragar tan urgente gasto, pues lo hay, pero lo que no hay es la altruista voluntad de donar dinero en un mundo en donde todo, absolutamente todo, debe rendir una ganancia, ser un buen negocio, dar un buen rendimiento. Es ilustrativo que se señalara también que antes se donaba a la población hambrienta cinco tasas de cereal en promedio, dos de las cuales eran aportadas por la FAO y las otras tres, eran “donativos” de “altruistas” países, sin embargo, ahora ya no se da ni ¡una tasa en promedio!
Y hay que agregar el hecho de que la “occidentalización alimentaria”, la que está imponiendo estilos occidentales de comer, tales como la “fast food” (Mc Donald’s, Burger King’s, Kentucky Fried Chicken... entre otras de esas estadounidenses corporaciones que alientan la mencionada fast food), con gran contenido de grasas, harinas, carnes procesadas, frituras... también influye en la carestía y actual escasez, pues más personas comen muy al estilo “Mc Donald’s”. En China, por ejemplo, ya se “alarman” las autoridades locales de que las dietas en las ciudades en donde la opulencia capitalista debida al aparente “rápido crecimiento económico” se deja ver, se estén “occidentalizando” tanto y ya comience a haber entre la población, incluso, problemas de gordura y de enfermedades relacionadas con la dieta engordante y basta en grasas y harinas. Así, la imposición de la “dieta occidental”, significa un brutal aumento en la cría y engorda de todo tipo de animales, desde pollos, marranos, hasta reses. Una vaca, por ejemplo, requiere nada menos que 45 kilogramos por día de maíz para producir su leche, así como 160 litros de agua. Y el rendimiento en cuanto a la leche que da o la carne que se obtiene cuando se le sacrifica es mínimo en comparación a la cuantía de recursos que se requieren para que crezca y engorde, aparte de todos los desperdicios que produce (orín, estiércol y producción de metanol intestinal, gas que contribuye también al calentamiento global. El estado de Texas es una cloaca, pues es uno de los lugares en donde más se cría ganado en el mundo, en los llamados CAFOS – por sus siglas en inglés, confined-animal feeding operations, es decir, operaciones para la alimentación de animales confinados – lo cual ha provocado una grave contaminación de sus acuíferos con desperdicios y parásitos intestinales de los animales, de tal forma que ya no es bebible el agua que contienen muchos de ellos). Multiplíquense esas cantidades por los millones de reses que son criadas en el mundo y nos daremos una idea de cuantos millones de kilogramos de granos y de litros de agua se requieren cada año para alentar la expansión de esa “dieta occidental”, la que, por desgracia, es adoptada cada vez por más gente en el mundo. Además, otro grave problema derivado de esto es que para producir tantos millones de animales, se emplean técnicas que más parecen de fabricación en serie, que de crianza, pues se somete a dichos animales a alimentación hormonal, para acelerar su crecimiento y su engorda, se les confina a reducidos lugares, lo que incrementa el peligro de que contraigan enfermedades epidémicas, tales como la fiebre aftosa, se les somete a condiciones insalubres, conviviendo en todo momento con sus excrementos y orín... incluso, por la perniciosa costumbre de los ganaderos estadounidenses de emplear hasta los desperdicios de los animales sacrificados, se dio hace algunos años en procesar los restos óseos, pulverizándolos, enriqueciéndolos y dándoselos de comer nuevamente a los animales en engorda, lo que provocó una grave mutación en los organismos de éstos, originándose el llamado “mal de las vacas locas”, grave alteración proteínica, que destruye los cerebros de las reses, cuya carne ni aún cocida pierde sus efectos letales (se han reportado varios casos de personas que murieron a causa de ese mal, el que destruyó sus cerebros aceleradamente, tras la ingestión de carne contaminada).
Súmese a la larga lista referida también el precio de la industrialización y transportación de los alimentos, tanto los naturales, como los procesados, muy relacionados con el alza actual de los precios del petróleo, los combustibles y otros energéticos, y se agrega un factor más al encarecimiento actual. Por ejemplo, el 80% de los combustibles empleados en la actualidad son derivados del petróleo.
Pero, claro, aquí las que ganan son las corporaciones mundiales que monopolizan la mayor parte de la producción, industrialización y distribución de alimentos, tales como Nestlé, Quaker Oats, Unilever, General Mills, General Foods, Cargill, Arthur Daniels Midland, Conagra... entre otras, las que deben de estar felices, pues, por un lado, sus ganancias están elevándose estratosféricamente (así como las de las petroleras) y, por otro lado, sus acciones están a la alza, ofreciendo excelentes dividendos a sus accionistas y atrayendo la atención de ansiosos inversionistas que buscan la nueva panacea lucrativa, que ya no está en las empresas del Internet, ni en las manufactureras, ni en las biotecnológicas, no, el “big money” está justamente en las corporaciones que producen, industrializan y distribuyen alimentos (o que exploten materias primas, como el petróleo). Tras la crisis del año 200 en la que quebraron infinidad de las empresas que veían al Internet como el futuro de la economía (las llamadas .com), muchos analistas económicos, muy sagazmente recomendaban que era mejor regresar a las inversiones en las industrias relacionadas con los alimentos, tendencia que justamente ahora se está dando (se recomienda en EU, incluso, invertir en las granjas que cultivan árboles de crecimiento rápido pues, se dice, éstos seguirán creciendo y tendrán mas madera de dónde cortar, lo que generará “muchas más ganancias” para los ávidos inversionistas). Cargill, por mencionar un caso, controla un tercio del comercio mundial de granos ha incrementado sus ganancias últimamente en 170%. Ese es, por tanto, el gran negocio que se está generando gracias a la hambruna mundial, ironías del capitalismo salvaje.
Así pues, biocombustibles y las necesidades de aumentar las ganancias y revertir en algo la actual crisis económica estadounidense (que ya se convirtió en recesión), son la combinación perfecta para generar la primera gran hambruna del orgullosamente tecnificado, robotizado, internetizado siglo XXI.
Contacto: studillac@hotmail.com
alternativa ecológica
por Adán Salgado Andrade
Cuando la empresa estadounidense Monsanto alteró genéticamente una especie de maíz para, según sus directivos, aumentar su rendimiento, también se le adicionó un químico (Bt, una toxina producida por la bacteria Bacillus thunringiensis, el que, en un experimento rápido, un entomólogo, John Losey, espolvoreó polen de maíz con dicha toxina en plantas en las que vivían larvas de mariposa Monarca, y el resultado fue que murieron todas, ya de por sí puestas en peligro por la deforestación de su santuario, en tierras michoacanas) para dotarlas de supuestas “propiedades de resistencia a las plagas”, pero que también destruye las semillas resultantes de las cosechas de dicho maíz si son sembradas, para evitar, justifica la empresa, que “piratas agrarios” se apoderaran de su aberración genética y la cruzaran con plantas criollas – es decir, naturales – para que éstas se hicieran también de las “maravillosas propiedades” del alterado maíz, que se dio en llamar terminator, pues la planta se autotermina (un desafortunado granjero canadiense, Percy Schmeiser, fue demandado por la empresa por “plagio genético”, ¡y ésta ganó el juicio!, porque la cosecha de canola normal de aquél se contaminó accidentalmente con el polen de cultivos transgénicos del maíz de Monsanto que estaban cerca del sembradío del canadiense. El infeliz hombre fue condenado a “indemnizar” con miles de dólares a la “pobre” empresa).
Pero a pesar de las pretendidas “bondades” del maíz transgénico y de que ya lleva varios años comercializándose, muchos países, sobre todo europeos, no están de acuerdo con su consumo, así que han exigido que las empresas industrializadoras de alimentos eviten emplearlo o señalen claramente que el alimento ofrecido lo contiene, pues aún no se sabe con certeza los daños a la salud que en los humanos ese engendro vegetal y otros transgénicos vayan a tener (por lo pronto, se reportan alergias o diarreas en personas sensibles. Como mencioné antes, la presencia del químico Bt es también un serio factor de riesgo).
Así, fue justamente esa resistencia la que llevó a Monsanto, Aventis, Du pont y a otras empresas productoras de transgénicos a elaborar una estrategia distinta para lograr la plena aceptación, sin obstáculos ni pretextos de ninguna índole, para el maíz alterado e incluso para otros cultivos que ya están también genéticamente modificados, tales como la canola, la soya, el jitomate, la calabaza, la caña de azúcar, la papaya, la papa, el algodón el lino... y de todos aquellos vegetales en los que actualmente se están experimentando las modificaciones genéticas.
Fue entonces que se comenzó a fabricar la “maravillosa idea” de que para que no se contaminara tanto a la atmósfera con los combustibles derivados del petróleo, un gran sustituto serían los llamados biocombustibles. Esto comenzó a hacerse en Alemania, en donde se logró elaborar diesel a partir de la colza, una leguminosa variedad del nabo usada comúnmente como forraje o para extraer aceite lubricante. Al ser quemada por los autos, ese “biodiesel” producía un olor parecido al de las papas fritas. Se decía de tal gasolina que poseía las mismas propiedades combustibles de la común, pero que producía sólo una fracción de las emisiones dañinas que contribuían al calentamiento global. Sin embargo, recientes estudios han demostrado la falsedad de tales argumentos, indicando, entre otras cosas, que es mínima la disminución de emisiones contaminantes producidas por los biocombustibles, además de que la llamada “eficiencia energética” (esto mide qué tanta energía producen los biocombustibles más de la que es empleada para hacerlos), tampoco es la panacea. Por otro lado, la siembra misma de los así llamados “cultivos energéticos” incrementa el uso de agroquímicos, puesto que las modificaciones genéticas de aquéllos así lo requieren. Necesitan más fertilizantes, más herbicidas, incluso más agua. Y al incrementarse la fabricación de tales agroquímicos, se aumentan los efectos colaterales, como las emisiones de CO2, o sea, el bióxido de carbono, uno de los gases contaminantes que más se produce en la actualidad, ¡alrededor de 7100 millones de toneladas por año!, lo que está contribuyendo exponencialmente al calentamiento global y a los trastornos climáticos que estamos padeciendo cada vez más frecuentemente. Además, se está llevando a la agricultura a una peligrosa situación de monocultivos, ya que tienden a reducirse las variedades genéticas, inclusive de los granos que se siembran, con el inconveniente adicional de que están tendiéndose a contaminarse con los genomas de los cultivos modificados otros vegetales, que pueden heredar las características de esterilidad que tienen los granos transgénicos. Por otro lado, la elaboración de tantos millones de litros de biocombustibles, irónicamente también está aumentando la producción de gases contaminantes, pues están implícitos procesos industriales que emplean tradicionales métodos de fabricación inherentemente contaminantes. Eso en cuanto a los problemas que la siembra de transgénicos y la fabricación de biocombustibles acarrean consigo. El otro problema es que, como supuesta alternativa energética (que no ecológica, como ya expliqué), tampoco existe una real viabilidad. Por ejemplo, Estados Unidos, país que intenta cambiar intensiva y extensivamente su dependencia de combustibles producidos por petróleo a biocombustibles es muy ilustrativo de que no satisfaría sus necesidades energéticas con etanol o biodiesel. La tierra arable que ese país posee es de alrededor de 1,740,765 km², de la cual actualmente se tienen sembrados con soya para, entre otros usos, el biodiesel, poco menos de un 2.5%, o sea, unos 42690 km². Resulta que para que ese país pudiera producir todo el biodiesel necesario para sustituir el diesel normal que emplea actualmente, tendría que contar con un área total de soya cultivada ¡casi 54 veces mayor a la sembrada actualmente!, es decir, unos 93,501,090 km², imposible, dado que el área cultivable de todo el planeta es de apenas 31,000,000 de km². Pero además toda la soya sembrada sería exclusivamente para producir biodiesel, lo que agravaría brutalmente las carencias alimenticias que ya de por sí estamos teniendo. El otro caso, el del etanol, también es igualmente cuestionable. Se requeriría de un 30% de la tierra cultivable que posee EU sólo para sembrar maíz, o sea, unos 526,436 km². Lo que actualmente se cultiva son alrededor de 59386 km², así que casi tendría que incrementarse en ¡nueve veces la producción de maíz, exclusivamente para fabricar etanol! (ver mi artículo en Internet “¿Más energía o más desperdicio?”)
Pero aún con los serios argumentos anteriores que se oponen a la industrialización a gran escala de los biocombustibles (que actualmente sólo se hace en Brasil, con el etanol producido de la caña de azúcar), en todos lados se está insistiendo en que éstos constituyen el “futuro energético”. Y claro que aquí es donde comienza el gran negocio de los transgénicos, pues, se arguye, puesto que estos rinden más cantidad por hectárea (lo cual es también dudoso, pues varios estudios recientes han demostrado que no existe el tan mentado “alto rendimiento”) y son más resistentes a plagas, constituyen el medio ideal para convertirlos en biocombustibles. Si, expresarán los ejecutivos de Monsanto o Aventis, ya no se preocupen de que con ellos se deba de alimentar a la gente y los efectos colaterales a la salud que ello conlleve, no. Ahora los emplearemos a gran escala para hacer etanol o biodiesel, que al fin que será para consumo de máquinas, no de humanos. Así, está incrementándose considerablemente la siembra de transgénicos en muchos países, so pretexto de que se emplearán no como alimentos, sino como energéticos. En Brasil, Argentina, China, India, Canadá, Sudáfrica se siembran desde hace años soya, maíz, algodón, y otras especies modificadas. Y, en primerísimo lugar, por supuesto, está Estados Unidos, en donde se calcula que un 75% de los alimentos procesados contienen al menos una sustancia genéticamente modificada. En ese país, 89% del área plantada de soya, 83% del algodón, y 61% del maíz son especies transgénicas. Pero, claro, como el gran negocio de los organismos genéticamente modificados (OGM) debe de crecer, que más y más países permitan su cultivo, pues a la medida queda lo de la fabricación de biocombustibles, como señalé arriba. En México, aprovechando la actual polémica sobre la privatización petrolera (también por una cuestión de la seguridad energética que debe de buscar Estados Unidos), está por aprobarse la siembra de maíz transgénico, a pesar de que se ha demostrado incansablemente que tal medida pondrá en peligro las alrededor de 200 especies criollas existentes, convirtiéndolas, incluso, en estériles. Eso será una estupidez, una insensatez de los actuales mal administradores neoliberales panistas, pues este país es ¡cuna del maíz!, planta que los mexicas consideraban mágica, cuya forma en cruz indica los cuatro elementos esenciales de la vida humana: el viento, la tierra, el aire y el agua. Sí, y entonces como crece día a día el cultivo de maíz y de soya transgénicos, principalmente, se están dejando de sembrar las especies criollas de esos granos (no sólo eso, sino que se están dejando de cultivar muchos otros alimentos, como verduras, frutas y otros cereales, pues ya no resultan tan lucrativos comparados con el boom de los biocombustibles), y la mayor parte de esa producción se está empleando para la fabricación de biocombustibles, o sea, deliberadamente se está ocasionando la escasez de alimentos, pues aunque se ha incrementando la siembra de granos, ésta no será dirigida a alimentar a nuestro hambriento mundo, sino para llenar los tanques de combustibles de millones de autos, sobre todo estadounidenses, que es hacia donde se dirigirán la mayor parte de las exportaciones de los países que ya están viendo el “gran negocio” que es producir biocombustibles con los granos, en lugar de comida. Así, la seguridad energética de EU se está afianzando también por este nuevo, “novedoso” frente, cuestión que Bush ha señalado también como una “prioridad nacional”, es decir, la gradual sustitución de parte de las combustibles derivados del petróleo por los derivados de vegetales (el otro es el de asegurarse el petróleo de sus vecinos petroleros, como México, Canadá y Venezuela. Ver mi artículo en Internet “Los pozos petroleros ultraprofundos, otra manera de seguir garantizando la dominación estadounidense sobre México”). Como es evidente que EU no podrá producir todo el etanol y el biodiesel que requerirán sus planes de sustitución de los combustibles tradicionales, serán muy bienvenidas las importaciones de países que se sumen a la “fiebre bioenergética”. Brasil, por ejemplo, exportará dos y medio millones de litros de etanol a EU este año, de los aproximadamente 27 millones que piensa producir
Esto es en gran medida lo que está generando la actual crisis alimentaria mundial, pues se están cultivando granos, pero no con la intención de alimentar a la gente hambrienta, como ya señalé, sino para hacer los biocombustibles, dizque para no contaminar tanto el ambiente, pero se está demostrando, como señalé, que no es así.
Por otro lado, otro de los factores que están contribuyendo a la carestía de los productos agrícolas, es también la cuestión de que muchas de las tierras arables están declinando su producción, debido a los rendimientos decrecientes, ya que a pesar de que se abonen en demasía, llega el momento en que tanto agroquímico las va alterando (“quemando” dicen en México los campesinos) y ya no producen lo mismo. Por esta razón muchos agricultores en EU han recurrido de nueva cuenta a la llamada “agricultura orgánica”, en donde la tierra se barbecha, para que el desperdicio de anteriores siembras, revuelto con ésta, se descomponga y cree un humus que la enriquezca naturalmente, lo que muchos campesinos hacen en México, por ejemplo. Además, los ciclos de cultivo están alterándose también, pues por el calentamiento global y los severos cambios climáticos que estamos induciendo, las lluvias, por ejemplo, se atrasan, lo que afecta a las llamadas tierras de temporal (las que se siembran sólo con el ciclo pluvial) y cuando llueve, es en demasía, y arruina los pocos cultivos que logran germinar. Esto está sucediendo en México, en donde más del 70% de las tierras cultivables son de temporal. Y las temperaturas extremas que se están generando, no son soportables ya por ciertos cultivos en ciertas regiones, así que ya no pueden seguirse sembrando esos sitios.
Pero también la carestía y baja en la producción de granos para alimentos, no para combustibles, se debe a que la tendencia industrializadora que se sigue desde hace varios años, ha desalentado la actividad agrícola. Para muchos países, China entre ellos, es más importante desarrollar parques industriales, que campos agrícolas, con la consecuencia de que ha disminuido muchísimo la producción de alimentos. Sí, en países como la mencionada China, disminuye cada año la proporción real de los alimentos cultivados (aunque aumente en forma neta), en relación a los consumidos por sus habitantes. Ni en algo tan tradicional como es el arroz, ese país es autosuficiente, como lo fue en el pasado. Eso sucede a países como México, que también ha desalentado la actividad en el campo, en donde más del 25% del maíz que requerimos, por citar una negativa consecuencia, es importado de EU (más ahora con la apertura total del TLC), mucho del cual es transgénico, que ¡incluso en ese país está prohibido para su consumo humano, y que más bien se usa como forraje! Una negativa consecuencia del descuido de la actividad agrícola mexicana es que cada vez más y más campesinos emigran, irónicamente, hacia EU en busca de una vida mejor, dejando sus tierras vacías, improductivas (baste recorrer regiones agrícolas en México y se verá que están cientos de hectáreas de tierras improductivas, ociosas. Ver mi artículo en Internet “Apertura total del agro mexicano al TLC estadounidense o de cómo se sigue matando al campo en México”). Esto genera, por un lado, el peligro de hambrunas porque no se producen suficientes alimentos internamente, y, por otro lado, una peligrosa dependencia del exterior para comprar esos alimentos, que serán, en consecuencia, cada vez más caros al haber varios países dependientes del exterior para alimentarse.
En la reciente conferencia sostenida por la ONU para “analizar” el problema de la escasez de alimentos y la hambruna que ya comienza a gestarse en varios lugares, se llegó a la conclusión de que con algo así como 755 millones de dólares podría resolverse de momento el problema. Sin embargo, ningún país de los llamados “ricos” ha atendido tan emotiva petición. Es el costo de la nueva embajada que EU piensa construir en Bagdad, capital de Irak, por ejemplo (por cierto, un insulto ese, en un país en donde el 80% de la gente vive en situación de miseria extrema gracias a la invasión yanqui, además de que es una ofensa, pues con eso pretende el Pentágono materializar el control neocolonial que está ejerciendo sobre ese devastado país). También es lo que cuesta el avión más lujoso del mundo, un Airbus A340, perteneciente al sultán de Brunei (750 millones de dólares, justamente)... así que de que habría dinero para sufragar tan urgente gasto, pues lo hay, pero lo que no hay es la altruista voluntad de donar dinero en un mundo en donde todo, absolutamente todo, debe rendir una ganancia, ser un buen negocio, dar un buen rendimiento. Es ilustrativo que se señalara también que antes se donaba a la población hambrienta cinco tasas de cereal en promedio, dos de las cuales eran aportadas por la FAO y las otras tres, eran “donativos” de “altruistas” países, sin embargo, ahora ya no se da ni ¡una tasa en promedio!
Y hay que agregar el hecho de que la “occidentalización alimentaria”, la que está imponiendo estilos occidentales de comer, tales como la “fast food” (Mc Donald’s, Burger King’s, Kentucky Fried Chicken... entre otras de esas estadounidenses corporaciones que alientan la mencionada fast food), con gran contenido de grasas, harinas, carnes procesadas, frituras... también influye en la carestía y actual escasez, pues más personas comen muy al estilo “Mc Donald’s”. En China, por ejemplo, ya se “alarman” las autoridades locales de que las dietas en las ciudades en donde la opulencia capitalista debida al aparente “rápido crecimiento económico” se deja ver, se estén “occidentalizando” tanto y ya comience a haber entre la población, incluso, problemas de gordura y de enfermedades relacionadas con la dieta engordante y basta en grasas y harinas. Así, la imposición de la “dieta occidental”, significa un brutal aumento en la cría y engorda de todo tipo de animales, desde pollos, marranos, hasta reses. Una vaca, por ejemplo, requiere nada menos que 45 kilogramos por día de maíz para producir su leche, así como 160 litros de agua. Y el rendimiento en cuanto a la leche que da o la carne que se obtiene cuando se le sacrifica es mínimo en comparación a la cuantía de recursos que se requieren para que crezca y engorde, aparte de todos los desperdicios que produce (orín, estiércol y producción de metanol intestinal, gas que contribuye también al calentamiento global. El estado de Texas es una cloaca, pues es uno de los lugares en donde más se cría ganado en el mundo, en los llamados CAFOS – por sus siglas en inglés, confined-animal feeding operations, es decir, operaciones para la alimentación de animales confinados – lo cual ha provocado una grave contaminación de sus acuíferos con desperdicios y parásitos intestinales de los animales, de tal forma que ya no es bebible el agua que contienen muchos de ellos). Multiplíquense esas cantidades por los millones de reses que son criadas en el mundo y nos daremos una idea de cuantos millones de kilogramos de granos y de litros de agua se requieren cada año para alentar la expansión de esa “dieta occidental”, la que, por desgracia, es adoptada cada vez por más gente en el mundo. Además, otro grave problema derivado de esto es que para producir tantos millones de animales, se emplean técnicas que más parecen de fabricación en serie, que de crianza, pues se somete a dichos animales a alimentación hormonal, para acelerar su crecimiento y su engorda, se les confina a reducidos lugares, lo que incrementa el peligro de que contraigan enfermedades epidémicas, tales como la fiebre aftosa, se les somete a condiciones insalubres, conviviendo en todo momento con sus excrementos y orín... incluso, por la perniciosa costumbre de los ganaderos estadounidenses de emplear hasta los desperdicios de los animales sacrificados, se dio hace algunos años en procesar los restos óseos, pulverizándolos, enriqueciéndolos y dándoselos de comer nuevamente a los animales en engorda, lo que provocó una grave mutación en los organismos de éstos, originándose el llamado “mal de las vacas locas”, grave alteración proteínica, que destruye los cerebros de las reses, cuya carne ni aún cocida pierde sus efectos letales (se han reportado varios casos de personas que murieron a causa de ese mal, el que destruyó sus cerebros aceleradamente, tras la ingestión de carne contaminada).
Súmese a la larga lista referida también el precio de la industrialización y transportación de los alimentos, tanto los naturales, como los procesados, muy relacionados con el alza actual de los precios del petróleo, los combustibles y otros energéticos, y se agrega un factor más al encarecimiento actual. Por ejemplo, el 80% de los combustibles empleados en la actualidad son derivados del petróleo.
Pero, claro, aquí las que ganan son las corporaciones mundiales que monopolizan la mayor parte de la producción, industrialización y distribución de alimentos, tales como Nestlé, Quaker Oats, Unilever, General Mills, General Foods, Cargill, Arthur Daniels Midland, Conagra... entre otras, las que deben de estar felices, pues, por un lado, sus ganancias están elevándose estratosféricamente (así como las de las petroleras) y, por otro lado, sus acciones están a la alza, ofreciendo excelentes dividendos a sus accionistas y atrayendo la atención de ansiosos inversionistas que buscan la nueva panacea lucrativa, que ya no está en las empresas del Internet, ni en las manufactureras, ni en las biotecnológicas, no, el “big money” está justamente en las corporaciones que producen, industrializan y distribuyen alimentos (o que exploten materias primas, como el petróleo). Tras la crisis del año 200 en la que quebraron infinidad de las empresas que veían al Internet como el futuro de la economía (las llamadas .com), muchos analistas económicos, muy sagazmente recomendaban que era mejor regresar a las inversiones en las industrias relacionadas con los alimentos, tendencia que justamente ahora se está dando (se recomienda en EU, incluso, invertir en las granjas que cultivan árboles de crecimiento rápido pues, se dice, éstos seguirán creciendo y tendrán mas madera de dónde cortar, lo que generará “muchas más ganancias” para los ávidos inversionistas). Cargill, por mencionar un caso, controla un tercio del comercio mundial de granos ha incrementado sus ganancias últimamente en 170%. Ese es, por tanto, el gran negocio que se está generando gracias a la hambruna mundial, ironías del capitalismo salvaje.
Así pues, biocombustibles y las necesidades de aumentar las ganancias y revertir en algo la actual crisis económica estadounidense (que ya se convirtió en recesión), son la combinación perfecta para generar la primera gran hambruna del orgullosamente tecnificado, robotizado, internetizado siglo XXI.
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