jueves, 23 de julio de 2009

La fracasada lucha panista contra el "crimen organizado"

La fracasada lucha panista contra el “crimen organizado”.

Por Adán Salgado Andrade


Huichapan Hidalgo, México. Cuando uno se entera de la violencia cotidiana que se comienza a extender ya por todo el país, es obligada pregunta cuestionar: ¿de qué ha servido la estrategia gubernamental de prácticamente militarizar varias zonas, emprendida contra la llamada “delincuencia organizada” y que además, torpemente, fue empleada como lema de campaña electoral por el panismo para justificar la reelección partidista de sus diputados y senadores? De nada, como evidencian los problemas que enseguida expongo (y que en muchos lugares de México están sucediendo, por desgracia).
Huichapan, este histórico, pintoresco municipio hidalguense, famoso por sus balnearios, que antes se jactaba de ser pacífico y de que nada sucedía allí – y en general, era algo que los gobernadores de Hidalgo alardeaban, que su estado era uno de los más estables del país –, en años recientes, ha mostrado una nueva cara. En particular, en Huichapan, las actividades económicas se han deteriorado mucho, más ahora con la crisis económica mundial, especialmente la estadounidense, ya que antes, Estados Unidos era efectivamente una válvula de escape para el sonado desempleo que siempre ha existido en este lugar (y esto se aplica a todos los pueblos y pequeñas ciudades del país, los cuales constantemente han padecido de un crónico desempleo debido a la tendencia nacional de concentrar en unas cuantas ciudades y polos de desarrollo las actividades económicas de todo tipo). Al pasar frente a la estación local de autobuses, pueden verse los letreros que anuncian las conexiones de autobuses que se ofrecen con ciudades estadounidenses como Dallas o Houston, en Texas, dirigidos a los potenciales huichapenses que pretendan probar suerte en ese país. Pero ahora ya son cada vez menos quienes se arriesgan, pues cuentan ya con los testimonios de muchos de sus “paisas” que han debido retornar de allá, debido a que se quedaron sin empleo y no pudieron hallar otro en muchos meses (Ver mi trabajo en Internet: “El regreso sin gloria del ‘otro lado’ de un indocumentado mexicano”).
Así que desempleo, más crisis, más los valores materialistas-consumistas tan inculcados por el capitalismo salvaje que nos sigue dominando, a pesar de la actual debacle económica, son un muy excelente caldo de cultivo para que todo tipo de actividades ilegales y delincuenciales se gesten, como ya desde hace unos tres años se ha venido desarrollando aquí.
Platico con Carlos (no es su verdadero nombre), residente de una comunidad cercana a Huichapan (por razones de seguridad omito decir el lugar y a lo que Carlos se dedica), quien ha podido dar cuenta del deterioro social que aquí y en los alrededores se ha venido dando. “Pues mira ¬– platica –, yo hace tres años tuve la oportunidad de venirme aquí por razones de empleo, era una muy buena oportunidad y que nos venimos mi esposa y mis dos hijos pequeños. La verdad es que nos encantó el lugar. Nosotros venimos del DF, de un lugar muy conflictivo, y cuando llegamos aquí, pues ¡nos enamoramos! Ni lo dudé en comprarme una casita por aquí para cambiar de residencia y quedarnos a vivir aquí…”.
Y así fue, Carlos, junto con su familia, disfrutaron de la tranquilidad que supuestamente la provincia ofrece, con menos contaminación, menos tráfico, menos gente, menos problemas, más convivencia con los vecinos… en fin, todo cuanto vivir en zonas rurales puede ofrecer.
Aunque algo de esa tranquilidad que tanto valoraban y presumían a su familia y amigos que siguen viviendo en la ciudad, se alteró un poco cuando comenzaron a secuestrar a gente de dinero de Huichapan desde hace poco menos de dos años. La gente decía que eran los “zetas”. Por ejemplo, un muy sonado caso fue el de un vendedor de barbacoa, apodado el “Cholito”, cuyo local es de los más afamados y concurridos del mercado local. Llegaron por él al puesto del mercado en donde tenía su negocio cinco sujetos haciéndose pasar por agentes judiciales y con lujo de violencia, a pesar de las decenas de clientes que en ese momento comían, lo golpearon y arrastrándolo lo metieron a un vehículo. Pedían dos millones de pesos a su familia por soltarlo. Y según se refiere, como no tenían todo el dinero, su mujer logró que lo dejaran libre pagando el rescate, parte en efectivo y parte con varios vehículos casi nuevos, como camionetas y autos caros, que la familia poseía. Bastante golpeado, pero, por fortuna, vivo, el famoso barbacoyero fue liberado por sus plagiarios.
Pero de plano la relativa tranquilidad que a pesar de aquellos hechos delictivos siguieron disfrutando Carlos y su familia, se vio interrumpida brutalmente del todo cuando fueron testigos de una terrible balacera que les heló, literalmente, la sangre, a unos cuantos metros de su domicilio, entre las “fuerzas del orden” y una supuesta banda de secuestradores, acantonada a unos cuantos metros de la casa de quien esto me refiere.
“Mira, pues eran como las cinco de la mañana, era martes, me acuerdo rebien. Yo ya estaba levantado, como siempre, preparándonos mi esposa y yo para alistar a nuestros hijos para que fueran a la escuela, que se levantaran, se bañaran, desayunaran y todo eso. Salí de la casa para ir al carro a sacar unos papeles que necesitaba… ¡y que veo pasar varias patrullas y camionetas de la AFI (se refiere a la ya disuelta, por corrupta e inepta, Agencia Federal de Investigaciones) y que me gritan ‘¡Métansen pa’dentro de su casa y no salgan para nada!’ y ya que me meto volando y que le digo a mi mujer lo que vi y pues nos quedamos de a tres… porque, ¿pues a qué iban esos cuates allí? Y pues luego luego supimos, porque al ratito que me metí, ni dos minutos pasaron, cuando comenzamos a oír los disparos, así, como cohetes, cuando truenan juntito a ti… ¡sí, así se escuchaba de fuerte la balacera!”.
Cuenta Carlos que más de dos horas duró el tiroteo entre los agentes federales y los supuestos secuestradores y que ellos se subieron al segundo piso de su casa. “¡Pues yo pensé que si nos tocaba una bala perdida, ahí íbamos a estar más seguros, porque no sabes cómo estábamos de espantados, en serio…!”. Y lo peor es que ya que terminaron los balazos, les ordenaron los de la AFI que no salieran para nada, hasta que ellos les dijeran, pues si lo hacían, serían considerados sospechosos. “Un señor que vive también cerca, que se le ocurre salirse como a la una, pues porque como no había ido a trabajar, pues quería ir a avisar, para que no lo fueran a correr, ¿no?, y que ya lo andaban agarrando, diciendo que era secuestrador, pero que les enseña sus credenciales y que lo dejan ir, ¿tú crees?”.
Quedaron tan afectados, que la esposa de Carlos, ese mismo día quería ya regresarse al DF, a la casa de sus papás, en donde vivían antes. “Pues yo que me pongo a platicar con ella, que pensara que no era justo que por la balacera, dejáramos todo lo que tanto esfuerzo nos había costado para vivir allí y ella me decía que cómo era posible que en el DF, a pesar de que era tan conflictivo y peligroso, nunca hubiéramos vivido esas cosas tan fuertes tan de cerca.”
Pienso, en efecto, al platicarme Carlos los acontecimientos referidos, y que todavía muestra cierta afectación al recordarlos en ese momento, que realmente antes, cuando aún no vivíamos en un narcoestado, una muy alta probabilidad de vivir violencia así sólo podía darse en una aglomerada, desquiciada ciudad como la de México y sus zonas aledañas, pero no en un pueblito tranquilo y pintoresco, como en el que viven Carlos y su familia.
“¿Y todavía quiere regresarse tu esposa?”, le pregunto. “Pues… no, ya se resignó. Como le dije, pues ahora, como están las cosas, esto puede suceder en cualquier lugar, ¿no?, y pues ya está más tranquila”.
Pero nuevamente Carlos y ella se han intranquilizado al saberse que por estos días, a pesar de que, se dice, mataron a varios de los secuestradores durante el espectacular y violento operativo y al resto los encarcelaron, secuestraron al hijo de unos acaudalados canteros (se les llama así a los dueños de los bancos de cantera, muy abundante mineral pétreo en esta región, bastante demandado en la construcción) y que no han podido arreglar aquéllos que lo suelten. “Pero entonces, ¿para qué sirvió el operativo?” cuestiono. Carlos se encoge de hombros. “Pues no sé… a lo mejor nada más fue la finta, ¿no?”, responde. Y me dice que ese caso no es el único que la gente platica, sino que se sabe de muchos otros acontecimientos que evidencian el fracaso de la lucha contra el “crimen organizado”, emprendida por esta inepta mal administración panista. “Mira, ¿ves ese cerro que está por allá? – me señala Carlos un cerro que domina el horizonte hacia el sur del lugar –, pues ahí, atrás, se rumora que hay un rancho muy grande, como hacienda, que se llama ‘El Astillero’, y que es un narcolaboratorio, y que está muy bien cuidado y vigilado por narcos… dicen que hasta el ejército lo cuida y que cuidado con el que se meta allí, que luego luego lo matan… ¿cómo ves?”
Suena lógico que, de ser cierto, cerca de Huichapan se procesara droga, pues por tantos inmigrantes, indocumentados o no, que iban a EU, no hace mucho tiempo todavía, quizá algunos de ellos sirvieran como distribuidores. “Pero, como te digo, eso es lo que se rumora entre la gente”, me vuelve a aclarar Carlos. “Y ya ves que dicen que la gente muchas veces prefiere a los narcos y hasta los protegen, que porque éstos la ayudan y todo, ¿no?”
En efecto, recuerdo qué tan querido era Caro Quintero entre sus paisanos cuando estaba activo, pues los ayudaba mucho, les construía escuelas, parques, iglesias… o que es lo mismo que hace la organización criminal “La Familia”, que opera en Michoacán, con su red de, digamos, “ayuda social” que brinda a muchos pobladores (no hace mucho, por ejemplo, estuve en un pequeño pueblo michoacano, y quedé muy sorprendido al entrar a un café-Internet y ver que se contaba con muy modernas y rápidas computadoras, dotadas de grandes pantallas de cristal líquido y una increíble, muy rápida conexión a red inalámbrica que ni siquiera se ve en sitios como en la ciudad de México, muy excesiva infraestructura computacional para los escasos usuarios que acudían al sitio, razoné en esa ocasión).
“¿Y qué has pensado, Carlos, vas a seguir aquí?”, pregunto finalmente a mi entrevistado. “Pues sí, cómo le digo a mi esposa, qué nos queda, ya tengo mi trabajo aquí y ya estamos establecidos… ahorita, como están las cosas, a cualquier lugar que te vayas va a pasar lo mismo… y ya ves que se las da el gobierno de que está combatiendo a los narcos… la verdad es que es puro cuento, hasta han de ponerse de acuerdo con ellos, ¿no crees?”, responde.
Sólo me queda asentir tristemente ante su resignada reflexión y concluir que, en efecto, vivimos, muy convenientemente ya para los mal administradores panistas y sus ansias de militarizar a todo el país, en un narcoestado (Ver mi trabajo en Internet: “La muy oportuna ‘descomposición’ del estado mexicano, pretexto del gobierno para incrementar y recrudecer la represión gubernamental”).

Contacto: studillac@hotmail.com

Armas, egoísmo, corrupción y el big money

Armas, egoísmo, corrupción y el big money

Por Adán Salgado Andrade



Pues muy a pesar de la crisis económica tan severa que estamos viviendo y que continuará por mucho tiempo (no es de esperarse ya que haya una recuperación de a como estaban las cosas antes de dicha crisis), no se rompe el círculo de los grandes negocios o de las actitudes egoístas de grupos sociales que buscan siempre obtener una ventaja económica bajo cualquier circunstancia (Ver, por ejemplo, mi artículo anterior en Internet: “Detrás del virus de la influenza: grandes ganancias y las superbacterias” en el cual explico cómo se exageró la epidemia para que el medicamento Tamiflu, fabricado por Roche, se vendiera como pan caliente, proporcionando excelentes ganancias para dicha empresa). Y en los ejemplos que siguen, tomados de entre cientos, estará claro a lo que me refiero.
Comienzo primero por exponer que en Estados Unidos, país causante de la severa crisis que estamos padeciendo (Ver mi artículo en Internet: “El convenenciero capitalismo salvaje”), a pesar de ésta, lo que está intocable es el presupuesto para el aparato militar, es decir, el Pentágono. Se ha iniciado una especie de enfrentamiento entre el presidente Barack Obama y diputados y senadores de dicho país. No se crea que Obama busca que se disminuya sustancialmente el presupuesto del Pentágono (¡o que se suprimiera, acción que sería radical e insólita!). Al contrario, ha decidido Obama mantener intocables los $680,000 millones de dólares (aproximadamente un 62% del producto interno bruto, PIB, mexicano del 2008, estimado en un 1,088,128 millones de dólares, para que sirva de comparación), los que supusieron un aumento del 10% de lo que originalmente se tenía proyectado. No, en realidad el enfrentamiento se debe a que varios de los congresistas tanto demócratas (entre éstos se encuentran Edward Kennedy y John Kerry) como republicanos, insisten en adquirir más aviones F-22, fabricados por la compañía Lockheed Martin (LM). El pentágono “sólo necesita” 187, pero aquellos insisten en que hacen falta muchos más. No veo para qué, si de todos modos no está EU en este momento inmerso en una guerra que justifique tan elevadas sumas en armamento y en aquéllas en que sí lo está, como es el caso de los invadidos países de Afganistán e Irak, los F-22 jamás se han empleado hasta el momento (LM alega en su favor la perversamente ingenua frase de que “quizá la mejor arma sea la que no se emplee, pero que en lugar de eso, sea capaz de disuadir un conflicto antes de que éste inicie”), lo que ilustra cómo el gasto militar es uno de los rubros más inútiles que existan en la actualidad. Y entre el aún más inútil del total es el empleado en la fabricación y compra de las costosísimas armas nucleares, de las que, por fortuna, fuera de los bombazos nucleares en Hiroshima y Nagazaki, ninguna más se ha empleado como “solución” a conflictos militares (cuando eso suceda, será el fin de la humanidad, pues en una guerra termonuclear, nadie gana).
Aquí el problema en realidad existe porque LM tiene a sus cabilderos para que mantengan la presión sobre Obama y su gabinete con tal que el jugoso contrato siga adelante, sobre todo ahora en medio de la crisis puesto que, como se ve, el gasto militar continúa, a pesar de ésta, y es vital para empresas armamentistas como la citada compañía (que de todos modos LM contribuyó a la campaña presidencial de Obama). El precio por avión es de casi 160 millones de dólares, así que de 187 unidades, el costo ascendería a 29,920 millones de dólares (cantidad que supera en un 36% a las remesas que los mexicanos trabajando en EU enviaron en 2008 a México) en aparatos que fueron diseñados más para las necesidades de la llamada “guerra fría”, que para las, digamos, “modernas batallas” (y de hecho lo que supuestamente critica Obama es que los aviones los compra el Pentágono a través de contratos que datan desde la llamada guerra fría). Si pensamos en que la ONU destina apenas 1000 millones de dólares anuales para el combate de enfermedades curables en el mundo, resulta que casi treinta veces esa cantidad se invertirá en aviones que la mayor parte del tiempo están ociosos. Y es que no termina la cosa sólo al comprarlos, pues resulta que el mantenimiento es sumamente costoso porque, para comenzar, cada hora de vuelo de un F-22 cuesta casi ¡50,000 dólares!, además de que se estima que el tiempo promedio entre fallas críticas es de apenas 1.7 horas ya que los aparatos son muy problemáticos. Peor aún es el hecho de que por cada hora de vuelo, se necesitan ¡30 horas de mantenimiento!, aún en aviones nuevos (este absurdo sería tanto como comprar un auto nuevo, tan sofisticado que por cada día que se condujera, se ¡requirieran treinta para darle mantenimiento!). O sea que además de caros, los tan cacareados aviones supersónicos (supuestamente son los más veloces aviones de combate que existen actualmente y muy sofisticados), son muy defectuosos y sólo están listos para “atacar” el 55% del tiempo. Así que aún a pesar de eso, Obama no cuestiona su adquisición, sino que los congresistas cabildeados por LM quieran comprar más de los 187 presupuestados. Como ya señalé, el gasto militar es la salvación para los fabricantes de armas como LM, pues es un presupuesto que no sólo sigue manteniéndose en ese país a pesar de sus graves problemas económicos (ya el desempleo ronda el 10%), sino que cada año se incrementa. Y como se ve, a pesar de la crisis, EU destina casi el 5% de su PIB para sostener a su maquinaria militar, pues Obama insiste en que debido a las venideras crisis económicas, los “intereses” de EU en el futuro se verán afectados por insurrecciones populares o países que decidan resistirse a los embates neoliberales estadounidenses, así que ha señalado que no dudaría ni un instante en aplicar la fuerza de ser necesario (a pesar de su supuesta diplomacia, por ejemplo, Obama ha amenazado que en caso de requerirse, ordenaría una ofensiva militar contra Irán, si este país insiste en continuar con su programa nuclear, el que se asegura que es pacífico). Y por eso se opone a la compra de más aviones, pues justifica que el ejército estadounidense requiere, más bien, de “armamento moderno” que le permita enfrentar conflictos como las invasiones a Afganistán e Irak, que se han vuelto más de corte guerrillero (terrorista, dicen los militares estadounidenses), que guerras en sí, y que con armas que datan de la guerra fría, no se podrán ganar nunca (aunque considero que en esos conflictos, por más armas y soldados que se destinen, están condenados al fracaso, como hasta ahora se ha demostrado. Ver mi artículo en Internet: La sociología de la guerra, nueva estrategia de dominación estadounidense en Irak)
Por tanto, a pesar de que el gasto militar sea oneroso y que haya que comprar armas muy caras, defectuosas y costosas de mantener, se seguirá ejerciendo, en ¡nombre de la seguridad de “América”!
Un segundo caso, muy relacionado con el anterior, es lo que sucede justamente en Afganistán, país invadido por EU a finales del 2001, luego de los muy sospechosos derribamientos de las torres gemelas. A pesar de que no hubo evidencia directa de que Afganistán hubiera tomado parte en los así llamados “ataques terroristas”, el país fue intervenido y en muy pocas semanas fue derrotado el magro ejército comandado por el Talibán, el grupo político en el poder en ese entonces. Y desde esa fecha, EU se ha autoasignado la tarea de gobernar a ese país e imponer allí gobiernos títeres que lo único que hacen es convalidar la invasión y defender los intereses de los invasores.
Pero para desgracia de los estadounidenses, todos los esfuerzos para estabilizar y pacificar Afganistán han fracasado o no se han logrado del todo. Y no será eso posible si además, cuando helicópteros estadounidenses bombardean y balacean poblados en donde, aseguran, se esconden talibanes, los únicos muertos que quedan son de civiles inocentes, de los cuales cientos han sido asesinados desde que EU, junto con la OTAN, se han encargado de la “seguridad” de ese maltrecho, invadido, empobrecido país (prácticamente la única lucrativa actividad a que se dedican algunos campesinos afganos es la siembra de amapola, la que, curiosamente, se ha incrementado más ahora que el país está controlado por EU y la OTAN).
La más reciente de esas asesinas incursiones tuvo lugar el pasado miércoles 15 de julio, en el poblado de Tawalla, en donde 5 personas murieron y trece resultaron heridas. Declaró uno de los heridos, un joven campesino de 24 años, que se despertó por el sonido de las ráfagas de metralleta y que alertó a toda la familia y corrieron hacia un huerto de manzanas de un tío. “¡Nos dispararon sin razón alguna, aquí ni hay talibanes, hirieron a todas mis hermanas y hermanos y mataron a la más chica, una niña de cuatro años, todo eso es muy injusto!”, exclamó entre lágrimas, mientras era ingresado en un hospital de Kandahar. Y de hecho ya son tan comunes los asesinatos de civiles inocentes por bombardeos de aviones o helicópteros estadounidenses contra supuestas posiciones de los talibanes, que la mayor parte de afganos se oponen a que fuerzas extranjeras sigan en su país y que el títere del “presidente” Hamid Karzai continúe en el poder. Por tanto, no importan cuántos muertos civiles inocentes siga habiendo, pues en este caso resulta más importante el control de Afganistán para EU, ya que el país es estratégico por su posición geográfica, porque tiene frontera con Irán, y desde allí EU podría tener acceso a éste, en caso de que una inminente guerra con ese país se diera, como parece ser que en poco tiempo podría originarse (el pretexto de EU es que Irán está desarrollando armas nucleares). También tiene frontera con Turkmenistán, país que posee la cuarta más grande reserva de gas natural, vital combustible para la glotonería energética de EU, que podría comprarlo desde Afganistan. Otra de sus fronteras es con Uzbekistán, país considerado como el séptimo productor mundial de oro, que además posee reservas de gas natural, plata, uranio, carbón, petróleo y cobre, todos ellos también muy estratégicos recursos para EU (incluso entre 2001 y 2005, EU tuvo autorización del gobierno uzbekistano para establecer una base aérea en su territorio). La otra frontera es con Tayikistán, principal productor de aluminio del mundo y que además es la vía de tránsito de la amapola y el opio afgano, que luego se distribuyen en Rusia y Europa (muy buen negocio al que se dedican varias supuestamente respetables corporaciones estadounidenses). Por último, también tiene Afganistán una pequeña frontera con China, que militarmente podría ser muy importante para EU en caso de que alguna vez entrara en guerra contra ese país o si requiriera una puerta comercial de entrada allí.
Por otro lado, la siembra de amapola es de interés también a EU (como señalé arriba, ha aumentado sospechosamente su cultivo a pesar de la dominación estadounidense), así como las reservas de gas natural que Afganistán posee. Por tanto, la invasión y los muertos de civiles inocentes continuarán, ¡pase lo que pase!
El otro grave problema afgano es el cuerpo policiaco, el que le está dando muchos problemas al Pentágono, el órgano estadounidense encargado de “pacificar” y “democratizar” a Afganistán (si así se pretende controlar al país, con soldados, además de con las matanzas, en realidad no se tratará de democratizarlo, sino de militarizarlo, es lógico pensar).
Resulta que es una generalizada queja entre la población afgana que sus policías, no sólo no los ayudan en sus quejas, sino que además los extorsionan o incluso ¡les roban sus pertenencias! (aunque su comportamiento no dista, por desgracia, del de otras policías de otros países). Eso es porque, además de que sus salarios son muy bajos (150 dólares mensuales, poco más de 2000 pesos mexicanos), esos jóvenes mal uniformados (sus “uniformes” son camisolas y pantalones muy desgastados y rotos), no tienen sentido de la lealtad, muy difícil situación en un país en donde quien manda es una prepotente potencia extranjera, ni tampoco que antepongan su vida en caso de un ataque de los talibanes, pues muchas veces dejan a la población a su suerte si eso sucede. Además, según los pobladores que sufren de esas vejaciones y corrupción policíaca, el problema no son los guerrilleros talibanes, sino justamente la policía. Dicen que a su lado, los talibanes son “unos niños”. Me pregunto si esa es la generalizada opinión, entonces, ¿¡cómo se comportarán los elementos de la ley y el orden afganos!? Un regimiento de marines que llegó a una localidad ribereña, Aynak, fue recibido a tiros por los policías locales, quienes pretextaron que no sabían si se trataría de guerrilleros. Cuando luego de comprobar su identidad, los marines llegaron finalmente al “cuartel”, se encontraron con una deteriorada construcción de ladrillo y adobe sin techo, que era empleada por aquellos policías como “baño” a cielo abierto. Los soldados estadounidenses comprobaron que los “policías” eran la mayoría jóvenes veinteañeros vestidos con andrajosos “uniformes”, que estaban fumando marihuana, mal armados y con un muy bajo sentido del deber. De plano el cuartel central les ordenó a los marines que se deshicieran de esos “policías” y que fueran sustituidos por otros que están siendo entrenados especialmente por militares estadounidenses. Aún así, según el testimonio de muchos afganos, tampoco los policías “especialmente entrenados” son muy de confiar.
Desgraciadamente el comportamiento de tales policías, los de pueblos como Aynak, es una generalizada condición humana del profundo materialismo-egoísmo al que nos ha llevado el capitalismo salvaje que nos domina y condiciona. Así, la forma de actuar de esos agentes, corrupta, prepotente, ilegal e indolente se debe a que hemos llegado a un sistema en donde los únicos “valores” reinantes son el dinero y el consumismo a ultranza, perfectamente retroalimentados por la ideología materialista de que es el mejor aquél que más posee. Y si esa forma tan insensible de pensar se ha impuesto en todas partes, la mayoría de la gente (digamos la más “sensible” a ese mensaje materialista) entonces solamente estará buscando la manera de lograr el acceso al “paraíso consumista”: mucho dinero, buena ropa, buenos autos, buenas casas, viajes… y con tal de lograrlo, pasará por encima de todo, hasta de sus convicciones y cuantas lealtades haya que saltarse… o sólo será “leal” a quien le pueda ofrecer que gane mucho dinero. En este caso, aprovechan su condición de supuesta “legalidad” que el ser policías les otorga el estado y en lugar de cuidar las vidas y las posesiones de los afganos, los roban, los extorsionas e incluso los asesinan (justo como actuaban los agentes mexicanos de la ya disuelta AFI, que aprovechaban su condición de “legalidad” para incluso realizar secuestros y aliarse con los narcotraficantes), con tal de compensar sus raquíticos salarios y empezar a ganar “buen dinero” que les permita, como dije antes, acceder al “paraíso consumista”. Y para desgracia de Afganistán, está tratando de ser “democratizado” por EU, país en donde los valores materialistas-consumistas del capitalismo salvaje están en su máxima expresión, siendo el centro justo de tal salvajismo capitalista, muy mala ecuación, pienso, pues aún cuando sean soldados estadounidenses los “próceres” democratizadores, su estilo de vida materialista, su sofisticado armamento, sus equipos de comunicación, de cómputo, sus buenas instalaciones… en fin, todo ello combinado, inculcará mucho más entre la población local y entre sus autoridades que el estilo de vida occidental, o sea, materialista-consumista, es el ideal a alcanzar… y todo se vale con tal de hacerlo, hasta convertirse en corruptos policías que extorsionen y roben. Precisamente aquellos acantonados en zonas en donde se siembra la amapola (la siembra y comercialización de amapola, así como la producción y venta de drogas, que curiosamente ha aumentado aún más a raíz de la invasión estadounidense, constituye la mitad del PIB afgano, calculado en apenas 2000 millones de dólares, lo que lo eleva a la condición de “país del cuarto mundo”, o sea, de entre los más pobres del orbe), son quienes más ganan, debido a los sobornos que cobran con tal de que los pobres agricultores amapoleros realicen su actividad sin “problemas” (lo han hecho porque ganan algo más de dinero cultivando amapola, que cultivando trigo, por ejemplo, lo que hacen aquí en México muchos de nuestros pobres campesinos, que siembran marihuana porque eso sí les deja algo de ganancia y no la siembra de maíz, el que al vender, no recuperan ni lo que invirtieron).
Y pienso que por más policías afganos que sean entrenados por los marines, el problema de corrupción, prepotencia y violencia policiaca continuará a la par del reinado del capitalismo salvaje.
Un tercer caso, ligado también con el anterior, es que el ejército estadounidense, en su infructuoso afán de seguir combatiendo a las escurridizas guerrillas talibanes (las cuales, como señalé, son menos temidas que la corrupta policía afgana), ha llevado su desquiciado intento hasta Pakistán, en Mardan, al noroeste del país, limítrofe con Afganistán, en donde por los bombardeos de aviones estadounidenses y los violentos, constantes enfrentamientos tanto de marines y soldados paquistaníes coludidos con aquéllos, contra los guerrilleros talibanes, ya más de dos millones de paquistaníes que viven en esa región han debido desplazarse a campos de refugiados. Sin embargo, por las míseras condiciones de salubridad, de falta de servicios, de falta de alimentos y agua… ¡de la anarquía reinante!, los refugiados están teniendo graves problemas, entre ellos, una terrible afectación de su salud, sobre todo entre menores, quienes enferman y mueren a diario, víctimas de males curables, de hambre o deshidratación, que en condiciones de vida normales, no tendrían que matarlos, pero que como viven, peor que animales de corral, sucumben por su causa. Para mayor desgracia, los hospitales locales, malos de por sí, porque sus instalaciones son precarias, no tienen medicinas suficientes y carecen de recursos, son quienes deben de “atenderlos”. Si en condiciones “normales”, comenta uno de sus doctores, Arshad Khan, “no podemos brindar la atención necesaria a los enfermos que vienen aquí a curarse, menos ahora con esta dramática emergencia”. Y agrega que en Pakistán no es una prioridad la salud. “Ya ve, lo irónico es que tenemos armas nucleares, ¡pero no tenemos hospitales decentes ni suficientes!”.
Vaya sí es cierto lo que dice el doctor Khan, pues, en efecto, Pakistán, pretextando su histórico enfrentamiento con India (país que se le adelantó en el desarrollo de armas atómicas), actualmente también ha fabricado varios misiles nucleares, ¡listos para contraatacar a India en caso de que ésta le lance unos misilazos! Y eso es evidente al contrastar lo que Pakistán está destinando a su sistema de salud este año: 150 millones de dólares (mdd), contra nada menos que ¡3450 millones de dólares el año pasado destinados a su aparato militar, y que este año ha decidido incrementar a 3650 mdd! O sea, que este año, Pakistán va a gastar 200 mdd más en sostener su infraestructura bélica, cantidad mayor en 50 mdd de lo que destina en salud, vaya brutales contrastes. Eso simplemente indica el poco valor que dicho país (como en muchos otros) se concede a la salud de sus ciudadanos, sobre todo los más pobres, los más vulnerables a las enfermedades, incluso las curables. Y por otro lado, como he indicado en el análisis inicial, que el gran negocio de todo lo bélico y militar sigue adelante, a pesar de la brutal crisis económica mundial, y que se ha convertido en uno de los rubros más lucrativos, pero también más inútiles, que puedan existir en la actualidad. Así, para el gobierno paquistaní, es prioritario invertir casi 25 dólares en sostenimiento de su ejército y compra de armas, por cada dólar invertido en curar a su gente… ¡a esos niveles de indolencia e insensibilidad hemos llegado! (Y aquí en México no estamos tan alejados de lo que sucede en Pakistán, pues se destina más dinero para el rubro militar, que para la salud. Ver mi artículo en Internet: “Los deficientes servicios públicos de salud en México: el caso Issste” )
Un cuarto muy vergonzoso caso que analizaré, es el tácito reconocimiento de los soldados israelíes de haber tenido comportamientos fuera de la así llamada “ética militar”, quienes en diciembre pasado realizaron una más de las constantes incursiones militares que Israel lleva a cabo casi como cotidiana actividad, en territorio palestino, en este caso en la franja de Gaza, no bastándole toda la constante opresión, hostigamiento, bloqueos económicos, alimentarios, acaparamiento de las fuentes de agua dulce y robo territorial que desde hace tiempo ejerce dicho país contra los palestinos. En un artículo anterior, “El silencio de Obama” (disponible en Internet o en mi blog), doy cuenta de las atrocidades y los miles de muertos y heridos que la despreciable intervención de finales del 2008 provocó. Baste decir que además de la tremenda destrucción de infraestructura urbana (casas, escuelas, plantas generadoras de electricidad, edificios, puentes) que provocaron los israelíes, algo irrecuperable para un pueblo pobre, como son los palestinos, la proporción en el número de muertos israelíes, todos soldados los trece que fallecieron (matados por error por sus compañeros), fue de sólo un muerto judío por casi 70 palestinos, como se ve, algo fuera de toda equidad.
En estos días vi la elocuente cinta “Vals con Bashir” (bastante recomendable), en la cual se relatan las atrocidades cometidas en 1982 contra refugiados palestinos en los campamentos Sabra y Shatila destinados a tal fin, ubicados en Líbano, cerca de Beirut, tanto por los soldados judíos, que los rodearon, como por los llamados “falangistas cristianos”, un supuesto grupo guerrillero libanés apoyado por Israel, que pretextando el asesinato dos días antes de Bashir Gemayel, presidente electo de Líbano, se dedicó a masacrar a miles de refugiados palestinos en unos cuantos días, apilando sus cadáveres en las calles de esos sitios. Las escenas finales muestran brevemente los horrores que dicha matanza ocasionó, al pasar de la animación, formato en que la cinta está realizada, a las escenas documentales verídicas. Al ver esos distantes hechos (sucedieron en 1982), no pareciera que en medio de tanta civilidad, avances tecnológicos y científicos, organizaciones gubernamentales no gubernamentales para esto y aquello… repito, no pareciera que pudieran repetirse hoy en día, sin embargo, es algo que ha vuelto a ocurrir en varias ocasiones desde entonces. Como lo sucedido en diciembre en Gaza.
Y el problema adicional a la matanza de civiles inocentes es que reconocieron los soldados israelíes participantes que cometieron atrocidades tales como considerar como “sospechosos” a cualquier palestino que estuviera cerca de ellos. Los testimonios de trece de esos soldados, muy avergonzados por sus acciones, fueron recogidos por el grupo “Rompiendo el silencio”, formado por soldados reservistas, conscientes de las atrocidades que el ejército sionista comete contra los palestinos (por fortuna, en todo el mundo todavía hay grupos de personas contrarios a las imposiciones gubernamentales). Los soldados entrevistados denunciaron hechos tales como disparar a cualquier persona. Asesinaron, por ejemplo, a un joven que ondeaba un pañuelo blanco, a una mujer de avanzada edad cargando un costal, a un chico que viajaba en una moto o a un anciano que llevaba consigo una lámpara. “A mí me ordenaron matar a un hombre que estaba en una azotea con un celular, porque podía informar al enemigo de dónde estábamos. Se nos dice que en guerra urbana, cualquiera es enemigo. No hay inocentes”, declaró uno de los soldados. También declararon (todo ello en entrevistas videograbadas) que emplearon bombas de fósforo (muy oportuna y estratégicamente proporcionadas por Estados Unidos) para bombardear edificios considerados “sospechosos” (se llegó al extremo de bombardear con esos artefactos un lugar que la ONU tenía destinado para reunir alimentos dado que la invasión desató una crisis humanitaria, resultando todos contaminados con fósforo y, por tanto, incomestibles). El problema con el fósforo es que no sólo posee poder muy explosivo, sino incendiario y los heridos que deja, sufren de terribles, muy dolorosas quemaduras de segundo y tercer grado, muchos de los cuales fallecen de todos modos. Por otro lado, están prohibidas las bombas de fósforo de acuerdo a los protocolos militares mundiales. Aún así, Israel, auspiciado, claro, por su eterno cómplice, EU, las empleó sin miramientos de ninguna especie para atacar edificios e incendiarlos de inmediato y para destruir cientos de casas propias alegando cuestionables justificaciones. “Es que el fósforo todo lo incendia, por eso lo usamos”, declaró otro soldado.
En algunos barrios, como el de Ezbt Abd Rabbo, se forzó a palestinos que allí habitaban a catear casas y a ir enfrente de los soldados, quienes los empleaban como escudos humanos para evitar que el enemigo pudiera atacarlos. “Sí, en caso de ataque, era preferible que murieran palestinos y no nosotros”, agrega otro militar.
Sobre esas vergonzosas, inmorales acciones, declaró el fiscal israelí de derechos humanos, Michael Sfard, que reflejan un dramático cambio en la ética militar israelí, sobre todo de un ejército que se muestra como el “más moral” de todo el mundo. “Lo que estamos presenciando es un fuerte deterioro de nuestros valores morales y de nuestros límites. Es un dramático cambio de nuestros valores y de nuestro corazón”, agrega muy sentidamente Sfard.
En efecto, me sumo a Sfard en sus consideraciones, pero no es sólo del ejército judío, sino que las actuales guerras ya no son meras batallas entre soldados, sino que se vuelven verdaderas carnicerías en donde la mayor parte de las víctimas mortales son nada menos que inocentes civiles asesinados masivamente gracias al poderío militar del enemigo. Eso es evidente cuando revisamos las invasiones que EU ha hecho en países como Afganistán o Irak (o en Vietnam, si nos vamos más atrás en la historia), en donde, en su momento, se han relatado las atrocidades cometidas por los marines contra la población civil, lo cual resultó en miles de ciudadanos inocentes muertos de todas edades y condiciones. Así que si los propios estadounidenses violan frecuentemente los derechos humanos no sólo en guerras, sino bajo otras circunstancias (como ejemplo, considérense los presos encarcelados sin juicio ni proceso legal de por medio que se encuentran en la base militar de Guantánamo), el ejército israelí tiene un excelente ejemplo para hacerlo.
En fin, basten los cuatro casos narrados para dar cuenta de que, en general, los valores éticos y espirituales humanos están por los suelos y que vivimos en una época en donde es más valorada una metralleta, un tanque o una bomba, que una vida humana.

Contacto: studillac@hotmail.com

sábado, 2 de mayo de 2009

Detrás del virus de la influenza: grandes ganancias y las superbacterias.

Detrás del virus de la influenza: grandes ganancias y las superbacterias.

Por Adán Salgado Andrade.


Desde la sitiada Ciudad de México. En un artículo anterior, escribí acerca de la muy conveniente “descomposición” del Estado mexicano (Ver en Internet: “La muy oportuna ‘descomposición’ del Estado mexicano, pretexto para militarizar y recrudecer la represión gubernamental”), en donde analizo qué tan convenientes son las situaciones de shock para los gobiernos, gracias a las cuales se puede justificar, por ejemplo, la virtual militarización que en este momento estamos experimentando en este país, so pretexto del “combate al narcotráfico”, o la infame aplicación de nuevos impuestos porque, se nos dice, así “saldremos de la crisis” o permitir que compañías extranjeras le entren a la explotación petrolera (sobre todo de los llamados pozos ultraprofundos) porque, justifican los mal administradores panistas, no “contamos” con la tecnología necesaria y nos ¡vamos a quedar sin petróleo!... y así podría seguir. Pero todo eso ahora, ante la “emergencia sanitaria” que de repente surgió, muy convenientemente también, ha quedado opacado, pasa a segundo término, y ahora, reza la amarillista propaganda oficial, lo más importante es “¡tú salud y la de tu familia!”. Así que no importan más los despidos injustificados, los cierres ilegales de minas (la de Cananea, por ejemplo), el sistema corrupto de “justicia” que tenemos, la severa, endémica crisis económica que nos azota, el fraudulento gobierno que nos han impuesto... no, nada de esas “minucias” son ya tan importantes en estos momentos de “¡pánico pandémico!”.
Así que las “situaciones extremas”, independientemente de los peligros reales o creados que entrañen, son muy convenientemente empleadas por los gobiernos para implantar impopulares medidas que, como dije, sería difícil de lograr. En Estados Unidos, por ejemplo, luego del sospechoso derribo de las torres gemelas, George Bush pudo imponer, en nombre de la “seguridad nacional”, draconianas medidas que atentaron contra la individualidad, los derechos humanos y las libertades elementales de cuanto estadounidense fuera considerado “terrorista”. En la actual situación de pánico que se ha creado en esta muy contaminada, conglomerada, hacinada, desigual y caótica ciudad de México, se ha dado lugar a una paranoia colectiva que impacta en la psiquis individual, a grado tal que basta salir a la calle, por ejemplo, o ir de compras, como yo hice por estos días, para comprobarlo. Una de estas tardes de “emergencia”, me encontraba en un muy popular y estadounidense supermercado (cuyas actividades comerciales, muy convenientemente, a pesar de la emergencia epidemiológica, siguen muy como si nada, pues los negocios son negocios sin importar las emergencias de cualquier tipo que se presenten), el que, por cierto, estaba lleno, a pesar de que se le ha “aconsejado” a la gente “permanecer en sus hogares”. De repente, al llegar a la zona de los productos de limpieza, debí reprimir, con bastantes trabajos, un estornudo provocado por el polvo que emiten las bolsas de detergente. No quise dar lugar, con tan involuntaria y natural acción biológica, a que los predispuestos, sugestionados, atemorizados clientes (especialmente aquéllos que se consideraban inmunes a los microscópicos virus portando intimidantes tapabocas de distintos modelos y materiales, dando lugar también con ello a una insólita, nunca antes vista nueva división social tapabucal), o se lanzaran contra mí y me sacaran del lugar, airados por mi irresponsabilidad biológica o huyeran despavoridos ante tan repentino, cercano peligro biológico (esto también alimentado, claro, por nuestra muy habituada cultura hollywoodense, que todo tiende a magnificarlo y convertirlo en una muy grave catástrofe, así del tipo de “Soy leyenda”, esa reciente película en donde el protagonista principal, Willie Smith, sobrevive a un aterrador virus que convierte a quienes infecta en peligrosos mutantes hidrofóbicos).
Si ya de por sí hemos llegado a una época en que se ha alentado – muy convenientemente para el sistema – un creciente individualismo social, que ha llevado a una consecuente deshumanización, ahora, en estos pandémicos momentos, con “medidas preventivas” como la expresa prohibición de saludarse, no digamos ya de beso, sino de mano, o no “aglomerarse” y mejor “permanecer en el hogar”, se agrava el citado individualismo, acompañándolo, además, de una suspicacia y de un alarmismo que verá a todo aquél que aparezca como infectado, o que al menos lo aparente ser, como a alguien peligrosísimo.
Sin embargo, detrás de esta “emergencia sanitaria”, hay hechos incuestionables, como veremos.

Grandes Ganancias

Y las evidencias que desde el principio se sobredimensionó esta epidemia llamada, ahora corrige el nombre la OMS (Organización Mundial de la Salud), “influenza humana A de origen porcino”, denotada como H1N1, ya están surgiendo, pues ahora se asevera que ni es tan peligrosa, ni tan mortal y que muchas personas que se contagian de ella, apenas presentan algunos leves síntomas, más parecidos a los de una gripe común. Puedo citar el caso de el hijo de unos amigos, quien contrajo la enfermedad días antes de que se declarara la “emergencia sanitaria”, como evidencia de que el mal no es mortal y puede curarse sin acudir a los costosos tratamientos del Tamiflu. Marcos es su nombre, tiene diez años, y cuando se enfermó, efectivamente los síntomas más agudos que padeció fueron una fiebre que le duró toda una noche y un fuerte dolor de cabeza. Sin embargo, bastó con medicamentos para bajarle la fiebre, algún antigripal, alimentación saludable, como jugos, frutas, sopas, reposo (no fue un día a la escuela) y a los dos días ya estaba Marcos como si nada. Su familia, al parecer, no se contagió del mal. Sólo su mamá mostró muy leves síntomas, más parecidos a una gripe, como ligero cansancio, pero nada más. Y ya después, cuando comenzó a cundir el pánico, nos hemos percatado de que lo que Marcos padeció fue la influenza.
Y aún la referida influenza aviar, la denotada como H5N1, a pesar de que se le considera como sumamente peligrosa, ha provocado desde el año 2004 a la fecha, alrededor de 250 muertes, la última de la cuales tuvo lugar en China, en enero, con la que suman dos este año. Sin embargo, tomando como referencia la fatalidad que provocó la llamada influenza española, que entre 1918 y 1920 provocó alrededor de 20 millones de muertes (sólo hay que tener en cuenta que el brote se dio luego de la primera guerra mundial, época durante la cual las condiciones sanitarias eran malas y quedaron peor tras la batalla, casi no había medicamentos, los hospitales eran más insalubres... en fin, eran otras condiciones históricas), se han exagerado, en mi opinión, los efectos que provoca la influenza en la actualidad, lo que ha beneficiado bastante a la industria farmacéutica, en especial a la empresa multinacional Roche (originalmente Suiza), comercializadora del medicamento Tamiflu, cuyo componente activo es el Oseltamivir, considerado como el “más eficaz tratamiento contra la influenza creado hasta ahora”. En Estados Unidos, un tratamiento de 30 pastillas cuesta alrededor de 180 dólares. Aquí en México, el gobierno tuvo la gran ocurrencia de comprarle a esa empresa 400,000 tratamientos, que le fueron vendidos de ganga a sólo 350 pesos cada uno, o sea, Roche se ganó casi 140 millones de pesos gracias a la emergencia epidemiológica. En las farmacias, ese medicamento se vende en alrededor de 500 pesos (quizá aún más, aprovechándose del compulsivo pánico consumidor). Y como se está bombardeando mediáticamente que sólo esa medicina es la única cura posible, pues podemos imaginar que el negocio para Roche y para sus accionistas será excelente (sus acciones subieron 30% en estos pandémicos días). Y si en todo el mundo se están armando con millones de tratamientos de Tamiflu, “por si las dudas”, pues Roche podrá jactarse de que aún, en medio de la severa crisis económica que estamos padeciendo (la cual sigue, no se va a curar con el Tamiflu, por desgracia), los negocios no están nada mal.
Y sólo para ilustrar más la influencia mundial de Roche, agregaré que uno de sus principales accionistas es nada menos que el ex secretario del Pentágono, el señor Donald Rumsfeld, quien era director de Gilead, la empresa que originalmente inventó el retroviral Tamiflu, que hasta el año 2003, era desconocida e incluso reportó fuertes pérdidas, que casi la llevaron a la quiebra. Curiosamente en ese año comenzaron a difundirse a nivel mundial los peligros que representaría una pandemia de influenza, sobre todo la aviar, y gracias a la labor cabildera de Rumsfeld para que el gobierno de Bush adquiriera cientos de miles de dosis del medicamento, las acciones de Gilead comenzaron a subir, se cuadruplicaron, y fue cuando la adquirió Roche, en vista del gran negocio que representaba contar con una patente única para combatir a la peligrosísima influenza aviar. Luego de que Roche compró Gilead, Rumsfeld conservó buen parte de sus acciones, las que de inmediato subieron mucho más, gracias a que nuevamente, en el año 2006, cuando Rumsfeld aún era secretario del Pentágono, la influencia mediática de las grandes cadenas televisivas, continuó aterrorizando a todo el mundo sobre los apocalípticos peligros que representaría una potencial pandemia aviar y alrededor de 60 países compraron millones de órdenes del Tamiflu, que le reportaron ventas a la empresa por más de mil millones de dólares. El mismo gobierno estadounidense continuó armándose de millones de dosis gracias a la persistente labor de “intermediación” del muy acomedido Rumsfeld, que en ese año se ganó casi seis millones de dólares extras, gracias a que sus acciones en Roche también incrementaron su valor. Y sin embargo, a pesar del Tamiflu, en EU mueren al año alrededor de 40,000 personas, ¿será que no les alcanzó para adquirir ese caro medicamento o que no es tan efectivo? Y en ese sentido, hay varios reportes de investigadores que señalan que no en todos los casos el tratamiento es tan eficaz. Quizá el virus al que pretendieron combatir ya haya mutado y el Tamiflu “sólo le haga cosquillas”.
Por tanto, en vista de esos lucrativos hechos, convendría preguntarse, ¿son reales los peligros potenciales de la influenza en todas sus variantes o se han exagerado y más bien han servido para que un puñado de empresas obtengan una gran ventaja económica de tanto terrorismo mediático?
Sea como sea, independientemente de los peligros reales que la influenza represente, hay que decir que el sistema toma ventaja hasta de las catástrofes, las que al final se traducen en dinero... y mucho.
En esta sitiada ciudad, la “emergencia sanitaria” realmente está siendo un muy buen negocio, por ejemplo, no sólo para Roche, sino para los fabricantes de tapabocas, de los desinfectantes, de los jabones líquidos, de los hospitales privados... sí, y es algo que continuará por varias semanas, hasta que oficialmente se diga que ya terminó la emergencia sanitaria y entonces, pues habrá que hallar otro nuevo distractor, con tal de mantener a la gente espantada y que ello signifique un buen negocio para algunos (quizá otra epidemia). Esta forma de dominación por medio del terror ha dado muy buenos resultados en EU, país en donde desde hace años a la gente se le ha inducido un compulsivo consumismo (además de controlarla) debido más al pánico y no a hechos reales. Por ejemplo, en los años cincuentas, por el peligro inminente que representaría una guerra termonuclear entre la URSS y EU, a la gente casi se le obligó a que construyera sótanos, con tal de que tuvieran algo de “protección” si la guerra se iniciaba (absurdo, pues de nada hubieran servido los sótanos). Actualmente muchas personas se han construido las llamadas “habitaciones del pánico”, también por si enfrentaran algún peligro mayor, por si tuvieran que permanecer muchas semanas encerrados. Los más pudientes las equipan con toda clase de lujos, como cavas llenas de finos vinos, aire acondicionado, jacuzzi...
Y luego de los sospechosos derribos de las torres gemelas, se generó una histeria colectiva por supuestos ataques de ántrax que llegaban en cartas anónimas. Fue tal la paranoia, que la gente, con sólo ver talco regado (pues se les dijo que era similar el ántrax al talco), marcaba el número de las emergencias, el 911, atiborrando a la policía con cientos de falsas alarmas. Quizá por ello fue que a las pocas semanas, muy repentinamente, cesó tan “peligrosísima amenaza”.
Seguramente aquí sucederá lo mismo ya que superemos la “emergencia sanitaria”, lo cual, al parecer, ocurrirá oficialmente el 5 de mayo, ya que los días festivos hayan transcurrido y todo regrese a la normalidad. Sin embargo, el daño en el tejido y la cohesión social que se ha provocado con este exagerado manejo mediático de la crisis, ye estará hecho. La gente será mucho más desconfiada que antes y el individualismo-aislacionismo característico de las sociedades urbanas será más agudo.

Nuevos virus

Como dije, esta cepa de la influenza no es tan severa como la aviar (la que, como refiero arriba, tampoco ha provocado tantos muertos), con lo cual no quiero decir ni lejanamente que, en efecto, existan virus, o estén en formación, potencialmente muy peligrosos. El caso concreto es el virus VIH, que provoca el SIDA (que Ometeotl nos libre cuando surja alguno con sus mortales características que pueda transmitirse realmente a través del aire y que nos entrara por la nariz). Una gran cantidad de virus mutan en su composición genética debido en muchas ocasiones a la acción del hombre. Por ejemplo, el hecho de que varios de ellos hayan saltado de los animales al hombre, es debido a la interacción cada vez más cercana que hemos establecido con éstos. Los trabajadores que laboran en las granjas en donde son criados miles de cerdos, de pollos, de vacas y otros, se ha hallado que están muy expuestos a enfermedades que de repente pueden entrar en su organismo, adaptarse y ocasionarles enfermedades. Por otro lado, el tipo de alimentos que se les dan a esos animales, tales como el maíz transgénico, y que acompañan con fuertes dosis de antibióticos, con tal de que esos animales crezcan “sanos, fuertes y libres de enfermedades”, inducen también cambios genéticos en los microorganismos que habitan en sus cuerpos y que los vuelven más resistentes cuando llegan a representar potenciales enfermedades. Más adelante retomaré este punto de la cría masiva de animales y los peligros que ello atrae.
En cuanto a los virus nuevos o potenciales a los que me refería arriba, hay evidencias de que existen un buen número de ellos entre la fauna animal aún salvaje, como la existente en las selvas amazónicas o africanas, los cuales, como dije, pueden saltar hacia los humanos.
Un equipo de investigadores encabezados por Nathan Wolfe, biólogo de la Universidad de California, se encuentra justamente en África, en Camerún, buscando virus con esas características. El problema en ese país es que la gente local, la gran mayoría sumamente pobre, con tal de sobrevivir, caza animales, tales como primates o aves, vendiendo unas piezas y alimentándose de otras. Wolfe supone que el virus del SIDA tuvo su origen en una circunstancia similar, allá por la década de 1930, cuando algún cazador de la época capturó un chimpancé, cuya sangre, infectada por un virus de inmunodeficiencia existente en el primate, se debe de haber mezclado con una herida del hombre. Luego, el virus invasor, se adaptó muy bien en el organismo de dicho cazador, desarrollando todos sus letales efectos y poco a poco fue pasando de humano en humano, hasta que en 1980 fue evidente que se había propagado ya en cientos de miles de personas y desde entonces ha cobrado millones de víctimas.
Wolfe ha descubierto variaciones de un virus conocido como HTLV. La variante HTLV-1 se cree que tiene relación con la leucemia que dispara la producción de células T. Este virus ha infectado a unos 20 millones de personas en todo el mundo. La variante HTLV-2, es una fuente potencial de desórdenes neurológicos.
Así, debido a las propiedades mutágenas y de gran adaptación que tienen los virus, sería muy posible para varios de ellos que se encuentran hasta ahora solamente en animales, que siguieran el mismo camino del virus VIH y que incluso produjeran enfermedades más letales. Además, el problema adicional es que aunque se lograran hacer vacunas para combatirlos, dichos virus tienden a seguir mutando cada cierto tiempo. Es por eso que hasta ahora no ha podido desarrollarse una vacuna contra el virus VIH, por su gran facilidad para mutar a otras formas.
El problema es que, como señalé antes, el hombre mismo ha propiciado tales mutaciones. En el caso de la influenza porcina, por ejemplo, como ya mencioné, es muy probable que el tipo de alimentación que se les da actualmente a los cerdos, como el maíz transgénico, haya llevado a una mutación del virus porcino que durante muchos siglos, digamos, permaneció sólo como una enfermedad de esos animales. Pero el hecho de que el maíz transgénico es adicionado con agentes tóxicos para darle, según sus productores (la compañía estadounidense Monsanto), “resistencia” a las plagas, y además evitar que tan “productivo” maíz no pueda ser sembrado nuevamente y tenga que ser comprado – se le adiciona un tóxico que inhibe el crecimiento de las semillas de las plantas cosechadas, si tales semillas no son compradas –, muy probablemente haya contribuido a la mutación del citado virus. Justamente es en EU en donde se comenzaron a dar los primeros casos de mutación del virus porcino que le dieron la posibilidad de saltar hacia los humanos, país en donde ya son varios los años que a los millones de animales producidos “en serie” por las agroindustrias, como si fueran llantas, se les alimenta con productos transgénicos de los cuales se desconocen los efectos que a futuro provocarán por su ingesta (y tomemos en cuenta que esos animales son comidos ya también por millones de humanos, así que la cadena de funestas consecuencias continuará).
Y es también en dicho país, que esa manera de manejar industrialmente la cría de animales de todo tipo, desde aves, hasta ganado vacuno, ha provocado que surjan males como el de las “vacas locas”, que se debe a que esos animales, desde hace tiempo, se alimentaron de los restos “enriquecidos” de vacas muertas, con tal de que, justificaban los ganaderos, se “aprovechara” todo. Eso dio lugar a una mutación en las proteínas del cerebro de las vacas – un prion, que es una proteína mutada, totalmente distinta a las normales –, que desde entonces se presenta de cuando en cuando y ha afectado incluso a humanos, quienes han muerto al ingerir la carne infectada, la cual ni cocida es segura. (en Inglaterra han muerto casi 100 personas desde 1995). Esa enfermedad, aunque no se debe a un virus, da cuenta de los cambios que la absurda acción del hombre puede inducir entre los animales y, consecuentemente, entre los organismos o virus que los habiten.
El equipo de Wolfe ha descubierto también otras variaciones del virus HTLV, las HTLV-3 y la HTLV-4, cuyos potenciales peligros aún se desconocen. Declara Wolfe que aún quedan decenas de virus por descubrir y que quizá varios de ellos impliquen potenciales, verdaderamente mortales males, tales como el virus VIH, del que se cree que se ha metido en el hombre unas diez veces a lo largo de la historia común entre ese ente (no es un ser vivo) y la humanidad.
Y entonces sí, cuando nos comencemos a caer muertos de repente por las calles o nos convirtamos en fieros mutantes, como consecuencia de esos mutados virus, seré el primero en adquirir un costoso equipo anticontagios (máscara hermética antigas, tanque de oxígeno a las espalda, traje sellado de asbesto con refrigeración, por aquello del calentamiento global... ¡nada de inútiles tapabocas!)... o tener lista una cápsula de cianuro, cuando a pesar de todas mis precauciones, el virus me invada y prefiera mejor una digna muerte.

Las superbacterias
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El otro peligro real, que ya está entre nosotros, lo constituyen las llamadas superbacterias, microorganismos que también, gracias a la muy oportuna acción del hombre, están convirtiéndose en genuinos supervillanos, resistentes a cuanto antibiótico o medio para deshacerse de ellos se les aplique. Estos que siguen, son sólo un par de ejemplos de tales superbacterias, que llegaron no sólo para quedarse, sino para hacerse más y más resistentes con el tiempo.
La muy costosa guerra de Irak no sólo lo fue en los miles de millones de dólares que tanta sofisticación militar requirió, la cual resultó absurda e innecesariamente superior a la fuerza real bélica de aquel pobre país, el que sucumbió sin demasiadas batallas ante el poderío armamentista de la así llamada “coalición” (EU-Inglaterra) invasora. También le generó al Pentágono una perdida guerra contra bacterias que, debido a las improvisadas instalaciones hospitalarias de campo, se tornaron sumamente resistentes y peligrosas a cuanto arsenal de antibióticos se posee en la actualidad. El Pentágono, con tal de que se contara con instalaciones hospitalarias de apoyo (CSH’s, Combat support hospitals) cercanas a los escenarios de guerra, improvisó hasta en tiendas de campaña gigantes, supuestas clínicas para atender de emergencia a los soldados heridos, no sólo que se les dieran allí los primeros auxilios, sino que se les practicaran, incluso, cirugías y operaciones mayores, luego de lo cual se les administraban múltiples antibióticos de amplio espectro que acabarían, se pensaba, con cualquier bacteria u hongo que pudiera infectar la herida.
Sin embargo, no contaron las autoridades militares estadounidenses, que tanto “eficientismo hospitalario” llevaría a crear una superbacteria. En especial una bacteria, la llamada Acinetobacter baumannii, se tornó muy resistente, no sólo a los antibióticos, sino a su capacidad de propagación, pues puede permanecer, ahora se sabe, en la piel de una persona sana, sin ser detectada, y que ésta sirva como medio de contagio hacia una persona que esté herida o esté convaleciendo de una operación en un hospital. Los cócteles de antibióticos no hicieron más que volverla aún más resistente. Pero además es un organismo que ha “aprendido” a tomar de otras bacterias u hongos sus específicas resistencias a los medicamentos, de tal manera que en uno de los más recientes estudios genéticos que se le practicaron, se halló que contaba con 52 genes que le permiten combatir antibióticos, radiación o cualquier otra forma de medio que trate de acabar con su letal acción. En forma natural, la acinetobacter se halla en la tierra, en teléfonos celulares, en pollos congelados, en plantas de tratamiento de aguas negras, en utensilios de formica... por todo el mundo, pero la cepa baumannii resulta que sólo se encuentra en los hospitales, constituyendo un potencial peligro para los enfermos que allí llegan a “curarse”, a los que invade a través de heridas. Es tan resistente y adaptable a los instrumentos médicos, que logra sobrevivir semanas en estetoscopios, en las braceras para medir la presión, en los colchones... ¡y hasta en los teclados de las computadoras! Incluso resisten muchos de los desinfectantes empleados para limpiar el instrumental y las instalaciones hospitalarias. Y de algo le ha servido a esa bacteria ser tan resistente, pues además de que no la matan los antibióticos, científicos israelitas han tenido la peregrina idea de modificarla genéticamente para ser empleada en los derrames petroleros, debido a su capacidad de degradación de muchas sustancias, tales como el petróleo, cosa que me parece muy cuestionable y abominable, pues si esa modificación puede ser absorbida por las cepas baumannii, ¡ni imaginar deseo que sucedería en cuanto a la mayor letalidad que adquirirían y que podrían incrementar su resistencia todavía más a la ya poseída!
Así que no se detectó que en esos hospitales de campaña existía la bacteria y varios soldados heridos que supuestamente iban allí para ser curados de sus heridas, a quienes, como se acostumbra, luego de las operaciones se les aplicaron fuertes dosis de cócteles de varios antibióticos de amplio umbral de acción, murieron semanas después como consecuencia de la letal acción de las infecciones que la bacteria, resistente a la totalidad de tales medicamentos, provocó en sus organismos muy lenta y silenciosamente, sin ser detectada, pues nadie hubiera sospechado que una bacteria tan aparentemente frágil, que anteriormente se combatía con cualquier antibiótico, pudiera causar esas repentinas y mortales infecciones.
Otra superbacteria que también está incrementando su peligrosidad es la conocida como MRSA (methicillin-resistant Staphylococcus aureus), considerada por varias autoridades sanitarias estadounidenses e investigadores como el “nuevo SIDA” de EU, que tan solo en el año 2005 mató a 18650 personas, mucho más que las fallecidas por el aparentemente más temible SIDA. Resulta que en un reciente estudio llevado a cabo por la investigadora estadounidense Tara Smith, profesora asistente de la Universidad de Iowa, se halló que en granjas porcinas de EU, además de otras establecidas en Canadá y Noruega (curiosamente los grupos de cabilderos de la industria porcina de EU se habían opuesto hasta ese momento a que el estudio se efectuara en granjas estadounidenses, mismos que contribuyeron también con dinero para la campaña electoral de Barack Obama), existe dicha bacteria, en particular la cepa ST398 y está tan difundida, que afecta por igual a los animales y a las personas que trabajan allí. La investigadora señala que una de las causas por las que esa bacteria ha adquirido su resistencia se debe a que en la dieta diaria con que se alimenta a los cerdos, se adicionan antibióticos con tal de “mantenerlos libres de infecciones” y por esa muy errónea costumbre, no sólo tal bacteria se ha vuelto más resistente a dichos antibióticos, sino que se está generando también resistencia en otros microorganismos los cuales, con el tiempo, también serán igualmente difíciles de combatir cuando provoquen infecciones. En una de esas granjas se halló que un 70% de los cerdos estaban infectados, en tanto que un 64% de las personas laborando allí, también lo estaban, y que tanto cerdos, como el personal infectados, portan a la resistente bacteria en las fosas nasales, constituyendo esa situación un potencial foco de infección. Pero lo peor fue que se descubrió que un 10% de la carne de cerdo importada de Canadá, así como la estadounidense, estaban infectadas por dicha bacteria y que al parecer eso ya tenía algún tiempo, lo que significa que millones de personas pueden portar incluso la bacteria, la que, en condiciones adecuadas, podrá dar marcha a sus infecciosos efectos. De hecho, son frecuentes en EU las infecciones provocadas en la piel por el MRAS, las que se manifiestan por iniciales manchas rojizas, que luego se convierten en úlceras cutáneas, y que pueden evolucionar muy rápidamente hasta convertirse en purulentas llagas muy difíciles de tratar, pero que si no se atienden, pueden incluso provocar la muerte. Y aunque es ya un problema de salud público, inexplicablemente se ha tendido a ocultar. (puede verse en Youtube un video en el que un comentarista de TV entrevista a una doctora, la que coloca al MRAS en EU como “el nuevo SIDA”. El link de dicho video es el siguiente: http://www.youtube.com/watch?v=E7EikdbfAvA&feature=related).
La conclusión del estudio de la investigadora Smith, señala que no sólo esa bacteria se transmite de persona a persona ya, sino que también lo hace a través de los alimentos, en este caso, de la carne de los cerdos infectados.
Aquí en México, en los estados de Sonora y de Veracruz operan dos plantas productoras de cerdos de la compañía estadounidense Smithfield Foods, consideradas ambas como las principales productoras de ganado porcino en el país. Particularmente la planta que opera en Veracruz, en Perote, bautizada como “Granjas Carroll de México”, está en estos momentos de emergencia sanitaria en medio del escándalo, pues se cree que el primer caso reportado de un enfermo aparentemente infectado por la influenza porcina, en la cercana comunidad rural de La Gloria, se originó debido a las actividades de dicha empresa. Sin embargo, a la luz de los hechos reales citados arriba, considero que no se trata de infecciones debidas a la influenza, pues aparentemente en ese estado no hay brotes, sino, más grave aún, que debe de tratarse de males provocados por la ya citada bacteria MRSA, quizá la cepa ST398, hallada en las granjas de EU y de Canadá, lo cual estaría provocando infecciones bastante agresivas, que actúan oportunista y colateralmente a otras enfermedades, justamente como una gripe común o la citada influenza, pues en los debilitados sistemas inmunológicos de los enfermos afectados por dichos males, la bacteria MRSA encuentra un excelente campo para desarrollar su letal acción, mucho más rápido que en personas que sólo estuvieran contagiadas de esa bacteria, provocándoles mortales, incurables neumonías. Recientemente fue entrevistado un funcionario de esa empresa, alegando a su favor que no se habían hallado virus de influenza allí. Pero lo que más bien se debe de analizar en los cerdos y los trabajadores que allí laboran es si están contaminados con MRAS, pues se ha comprobado que individuos aparentemente saludables pueden acarrear dicha bacteria en sus fosas nasales por periodos que van desde semanas hasta años, sin mostrar ningún síntoma, pero pueden contagiar a personas más sensibles, sobre todo que tengan su sistema inmune debilitado o que estén padeciendo un mal respiratorio y entonces, sí, como dije, los efectos pueden ser mortales.
Por tanto, el peligro de ingerir carne de cerdo no es el que transmita influenza, sino que si está infectada con el MRAS, puede infectar, a su vez, a los que la coman, pero eso es algo que no ha aclarado la OMS y se ha desentendido del problema, diciendo que la carne de cerdo es segura, “pero que se cocine bien” (suponen que así se mata a la bacteria), con lo cual oculta ese potencial foco de infección. Y por eso le cambió, de súbito, el nombre a la influenza porcina, pues provocó el enojo de los grandes productores mundiales de cerdos, quienes cabildearon y presionaron a tal organización para que se suprimiera el nombre de “influenza porcina”, pues, alegaron, el daño a sus negocios es ya “enorme”.
Pero igualmente grave es que el MRAS no sólo está presente en las granjas porcícolas, sino que también invade a los hospitales, al igual que el Acinetobacter baumannii. En un estudio también reciente, se halló que el 58% de los trabajadores del sector salud portan en sus manos a la resistente bacteria, lo cual provoca infecciones casi incurables en los enfermos a los que se les practica, por ejemplo, una inserción de cánula para aplicarles suero o sangre, ya que el MRAS de inmediato se introduce por la herida al organismo del enfermo, provocándole en muchos casos la muerte. Se calcula que en todo el mundo, las muertes debidas a infecciones por MRAS ocupan el tercer lugar de todas las defunciones. Y eso sucede tanto en los hospitales de los países desarrollados, los que supuestamente estarían a la vanguardia en técnicas de higiene, como en el resto de los países, los subdesarrollados, en donde los casos de infecciones aumentan todavía más en relación a aquéllos.
Y así como las dos superbacterias anteriores se fortalecen día a día, varias más se están apertrechando. Podría decirse que, en cierta forma, la humanidad está perdiendo la batalla contra ellas, pues aún y cuando se sigan produciendo más y más medicamentos para combatir a bacterias y virus, éstos siempre hallarán la forma de volverse inmunes hacia ellos. Por otro lado, es un hecho que también se trata de mecanismos naturales de eliminación de una especie, el hombre, que ha resultado ser una de las más destructivas y dañinas que han vivido sobre la faz de este deteriorado planeta.

Hospitales peligrosos

Por tanto, muertes debidas a males respiratorios y a muchos otros, son cotidianas en esta ciudad, en todo el país y en todo el mundo, claro. Sólo que ahora, aquí, en la sitiada, apestada ciudad de México, debido a la “emergencia sanitaria”, se deben de reportar, sobre todo, las defunciones provocadas por enfermedades respiratorias. Y habría que analizar en cuántas de tales muertes haya participado directamente el MRAS o alguna otra superbacteria desconocida hasta ahora, que haya estado presente en las instalaciones hospitalarias, más que la influenza, la que quizá, en efecto, haya debilitado el sistema inmune del enfermo, pero que ello haya propiciado la intromisión del MRAS, pues en fases avanzadas de infección provoca una incontrolable neumonía, que es lo que se ha reportado en las muertes como causa de éstas.
Se han dado a conocer alrededor de 180 muertes “sospechosas” hasta el martes, debidas a males respiratorios, pero sólo se han confirmado 15 casos cuyo origen se debió al virus de la influenza inicialmente llamada porcina (espero no continuar dañando los intereses de los puerqueros al seguirme refiriendo con ese nombre a la enfermedad).
Por otra parte, no se han proporcionado, hasta ahora, los perfiles socio-económicos tanto de los fallecidos que padecían efectivamente influenza, como el de los otros, porque si seguramente se hace, se vería que aquellos que fallecieron por esas enfermedades respiratorias, aún sin saber si fueron infectados o no por el virus, pertenecían varios de ellos a sectores poblacionales de escasos recursos, que no cuentan con medios económicos suficientes ni siquiera para combatir a una simple gripe, la que quizá evolucionó en sus consecuencias hasta volverse mortal.
Lo cual me remite a recordar cuántos millones de personas en el mundo mueren al año por enfermedades curables, tales como diarreas infecciosas, las mencionadas gripes u otros males que pudieron haberse curado con la simple ingesta de medicamentos tales como cloranfenicol o similares, pero que por carecer de medios suficientes ni siquiera para alimentarse, ya no digamos bien, sino todos los días, mucho menos podrán adquirir un medicamento para curarse, por barato y accesible que éste sea.
Cabe señalar que las gripes que nos afectan aquí en México (que son también un tipo de influenza) por sí mismas no matan, sino que al ir debilitando al sistema inmune, si no son tratadas a tiempo, dan lugar a que bacterias oportunistas vayan incrementando los males en el enfermo. Una gripe mal atendida, por tanto, puede provocar la muerte, pues los efectos de los patógenos oportunistas van progresando, pasando a bronquitis, neumonía, bronconeumonía... y así, hasta matar al agripado. Y los factores para que ello ocurra son, sobre todo, de orden económico, independientemente de la edad. Conozco gente de más de 90 años, pero que está muy bien nutrida y dispone de recursos materiales suficientes para llevar una vida relativamente sana y que en casos así, de una gripa, de inmediato recibe la atención y la alimentación adecuadas. Pero en los casos de la gente que fallece, en la mayoría se trata de aquéllas personas pertenecientes a los estratos bajos, de cualquier edad, que ni comen bien y ni tienen dinero ni siquiera para adquirir medicamentos de los llamados genéricos (los del doctor Simi y otros por el estilo).
Así debió de haber sucedido con los casos de personas que, refieren las autoridades mexicanas, llegaron a los hospitales en avanzados estados de gravedad por males respiratorios (neumonías o bronconeumonías) y a las pocas horas murieron.
Y eso, que lleguen así, tan enfermos y que sólo por ello se les atienda en los hospitales o clínicas, es algo muy cotidiano en este país en donde los servicios de salud, en especial los públicos, son tan malos (ver mi artículo en Internet: “Los deficientes servicios públicos mexicanos de salud: el caso del ISSSTE”), que casi casi la gente debe llegar muriéndose para que se le atienda, sobre todo al tratarse de medicina especializada, pues cuando no es así, que no sea urgente su caso, se le otorga al enfermo, digamos de un mal cardiaco o digestivo, una cita para tres o cuatro meses después.
Claro que en medio del amarillismo mediático, esos casos se inflaron (al principio, muy irresponsablemente, casi se hizo creer que todas las muertes se habían debido a la influenza porcina), se conocieron de primera mano, con tal de reforzar la idea en la gente de que, efectivamente, estamos enfrentando un “virus muy peligroso”, y hay que aceptar todas las medidas “sanitarias”, la peor de ellas, que en nombre del “combate a la enfermedad”, se dé autorización, incluso policíaca, para que se irrumpa sin orden legal en los hogares en donde se “tenga sospecha” de que hay “peligrosos enfermos” de influenza (¿influenzados sería el sustantivo?).
Y quién no asegura que esa supuesta medida temporalmente aprobada, se quede después para siempre (como sucedió con la tenencia automovilística en 1968, la que fue aprobada en ese entonces para hacerse de un dinero extra para combatir al “extremismo social”, según arguyó el represor gobierno de entonces), trascienda de su original aplicación, y se le emplee no sólo durante “emergencias biológicas” (que serán ya cotidianas, al paso que vamos, con los virus y bacterias cada vez más resistentes), sino para también arrestar “sospechosos” durante “emergencias sociales”, sí, como que la gente proteste por la represión, la pobreza, el desempleo, la corrupción... y otros males, estos gubernamentales, que también seguirán endémicos, a la par de los biológicos.
Tomemos en cuenta, además, que la pésima calidad del aire en esta contaminada ciudad, con partículas suspendidas, gases tóxicos, químicos dispersos, polvo... también contribuye al incremento de las enfermedades respiratorias, debido a que tales contaminantes debilitan nuestro sistema inmune.
Y si a todo lo anterior agregamos que buena parte de los mexicanos están desnutridos, porque o no comen lo suficiente, la mayoría, o lo hacen mal, ya desde antes teníamos una “emergencia sanitaria”.
En conclusión, podría decir que desde el inicio de la “emergencia sanitaria” se falsearon los datos, se aterrorizó a la población y el único tema importante, que supera a lo que hasta antes de la epidemia hubiera sido trascendente es “no contagiarse con tan terrible, mortal enfermedad”.
No importa la crisis económica, ni la militarización del país, ni la explotación de compañías estadounidenses de nuestro petróleo, ni playas compradas por inmobiliarias extranjeras, ni minas cerradas, ni los miles de desempleados por la quiebra económica, ni la prepotencia policíaca, ni ilegales cambios en las leyes laborales, ni el corrupto sistema “legal” que tenemos, ni la sobreexplotación y contaminación de nuestros recursos... no nada de eso importa más que “¡estar encerrados en la casa, usar el tapabocas todo el tiempo y no saludar a nadie!”. Sí, mejor y muy efectiva forma de control social, no pudo hallar el gobierno.

Contacto: studillac@hotmail.com

viernes, 27 de marzo de 2009

Los deficientes servicios públicos mexicanos de salud: el caso del ISSSTE.

Los deficientes servicios públicos mexicanos de salud: el caso del ISSSTE

Por Adán Salgado Andrade


En la actual época tan mercantilizada, crítica y recesiva que estamos viviendo, el capitalismo salvaje condiciona hasta el acceso a la salud, la cual, se supone, es un derecho inalienable de todo ser humano. No, quien esté enfermo, pero que no pueda pagar doctores, medicamentos o tratamientos hospitalarios, estará condenado a sufrir o a morir a causa de sus males. Por ello, para evitar que la gente de limitados recursos económicos (la mayoría de la población mundial) muera por carecer de atención médica, se institucionalizó hace años (especialmente desde los años en que se estableció la llamada “economía mixta”) que en casi todos los países, el gobierno proporcionara servicios de salud públicos para sus ciudadanos, especialmente para los trabajadores y para aquéllas personas de los estratos más bajos. Sin embargo, desde que el neoliberalismo se desató hace casi treinta años, la calidad de tales servicios no sólo ha mermado, sino que muchos han desaparecido para dar paso a todo un sistema privado de salud, que ha hecho de la atención médica un muy lucrativo negocio, dirigido principalmente a lo sectores más pudientes. Esta situación, por ejemplo, tiene lugar en Estados Unidos, país que supuestamente cuenta con dos programas federales de salud, el Medicare (atención a adultos mayores de 65 años) y el Medicaid (atención a la gente más pobre del país). Sin embargo, los servicios proporcionados son tan deficientes, que la mayoría de la gente se ve obligada a pagar un seguro privado para tener acceso a atención médica que, de otro modo, no obtendría bajo esos programas. Y ese es un excelente negocio para las aseguradoras, las que ofrecen “paquetes” de seguros médicos, cuyo costo depende de lo que el cliente desee en cuanto a servicios médicos (aquí en México ya también están de moda los costosos seguros médicos, para suplir lo que los servicios públicos no pueden ofrecer). En la cinta “Phsyco”, el documentalista Michael Moore revisa el pésimo servicio médico que priva en la mayor parte de EU, en el cual ofrece ejemplos de que mucha gente enferma, aún a pesar de contar con seguros médicos, no es atendida adecuadamente e, incluso, ha llegado a morir. Yo conozco el caso de una buena amiga de ese país, la que padece neurofibromatosis tipo II, un raro mal (una de cada cien mil personas lo tiene) caracterizado por la aparición de tumores cerebrales. En su caso, han sido tan invasivos, que hasta el ojo izquierdo ya perdió. Como esa enfermedad debe de estarse revisando constantemente, ella adquirió un seguro médico para tal fin, pues los servicios públicos de salud no contemplan la atención de ese degenerativo mal. Sin embargo, cuando hace pocos días trató de hacerlo válido para que le hicieran los estudios correspondientes y, si era necesario, intervenirla quirúrgicamente, la mayoría de los hospitales a donde acudió, le negaron la atención, pretextando que su seguro era “insuficiente” para tales estudios y el tratamiento que mi amiga demandaba. Después de mucho peregrinar e innecesarios sufrimientos y molestias, finalmente en un nosocomio le hicieron válido su seguro – “Se compadecieron de mí”, me contó. Pero me ha dicho, muy desconsolada, que su mal avanzó en esos meses que no se le atendió y que ya irán saliendo más complicaciones. Y, como dije, ¡eso sucede en un país supuestamente desarrollado como EU!
Así pues, en la actual época de salvajismo capitalista-materialista, la salud es un excelente negocio, sobre todo cuando se trata de atender a los grupos poblacionales de mayores recursos. Pero es que además es inevitable que la mayor parte de la gente enferma trate de curarse. Podrá no comprarse auto nuevo, ropa cara o casa, pero si la enfermedad que se padece es curable, entonces acudirá la persona afectada ya sea a servicios médicos públicos o privados para tratarla. Sin embargo, como de por sí el acceso a tales servicios médicos, sobre todo en el caso de especialidades, es costoso, la existencia de los servicios médicos públicos supondrá que quien tenga acceso y derecho a ellos, aunque no tenga dinero para pagarlos, pueda teóricamente curarse. Y como ya señalé arriba, por esta situación de profunda crisis económica que está afectando a varios sectores productivos y a millones de personas, ha aumentado la demanda de la medicina pública, pues sectores económicos pertenecientes, por ejemplo, a la muy mermada clase media, que antes podían acudir a instancias privadas para atenderse, ahora recurren, en México, a las instituciones que proveen, por obligación estatal, tales servicios. Esas instancias son el IMSS (Instituto mexicano del Seguro Social), que atiende a todos los trabajadores empleados por el sector privado, y el ISSSTE (Instituto de seguridad social al servicio de los trabajadores del Estado), dedicado a atender a los trabajadores del estado, es decir, a la burocracia. La gente que no tiene acceso a ninguno de los dos anteriores, debe de recurrir a un muy cuestionable y aún más deficiente (mucho más que el prestado por aquellas instancias) servicio público de salud, para el cual, mucha veces, las clínicas que lo prestan, ni siquiera cuentan con materiales tan elementales como jeringas y mucho menos medicinas (En alguna ocasión, acudí, debido a una emergencia médica, al hospital municipal del municipio de Tenancino, Estado de México. Tras la consulta, se me recetó un medicamento que tuve que comprar, claro, pues se carece prácticamente de medicinas en lugares así. Dicho medicamento debía ser inyectado, sin embargo, no fue posible que la enfermera me lo administrara tampoco, pues ¡no tenían jeringas allí!, así que de nueva cuenta acudí a la farmacia, en donde, de plano, pagué al dependiente para que me aplicara la inyección y no perdiera más tiempo regresando al “hospital”).
En este artículo me referiré al ISSSTE, institución que, supuestamente, tuvo toda una reforma, sobre todo en el sistema de pensiones (se aplicaron también los cambios que se hicieron en el IMSS, como el sistema de cuentas individuales, igual que las famosas AFORES, que operan en aquél. Ver mi artículo en Internet: El convenenciero capitalismo salvaje), para optimizar los supuestos “bajos recursos” con que cuenta, lo que, en resumen, redundó en un alza de las cuotas que se descuentan a los trabajadores del gobierno y un aumento de los años laborables (treinta años como mínimo o 65 años de edad) para tener derecho a la jubilación. Y esos cambios se justificaron, se dijo, tanto para “asegurar” las pensiones futuras de dichos trabajadores, como para “mejorar” el servicio médico. Pero, como veremos, es algo totalmente falso. Y las deficiencias que expondré son igualmente aplicables al IMSS, institución que presta también muy precarios “servicios de salud” a sus afiliados (sólo hay que ver el trato que les da a las personas de la tercera edad, las que son humilladas y vejadas, tal y como cualquier jubilado de edad avanzada de esa institución que acuda a sus “servicios médicos” puede testimoniar).
Para comenzar, el presupuesto otorgado para la totalidad de las funciones que el ISSSTE debe de proporcionar es bastante limitado. El presupuesto gubernamental federal para este año es de alrededor de 2 billones 744,000 millones de pesos. Pero para aquella institución se asignarán solamente 88,358 millones de pesos para su gasto programable, lo que significaría que apenas se destinará el 3.22% de los recursos de la federación (Fuente: página electrónica del ISSSTE). En contraste, el presupuesto para la Secretaría de la Defensa Nacional, con muchas más limitadas funciones (principalmente para hostigar a regiones campesinas “rebeldes”, como las zapatistas, o el supuesto “combate al narcotráfico”), es de 34900 millones de pesos, 1.27% del presupuesto federal, lo cual, puede verse, resulta desproporcionado. Ahora bien, si además desglosamos lo que el ISSSTE destinará a los muy demandados servicios de salud (no considero el rubro denominado “otros servicios de salud”, que son los destinados a investigación, capacitación, mantenimiento y otros rubros indirectos), resulta que entre los servicios para la llamada “atención médica preventiva” (lo que se canaliza a las clínicas) y los de la “atención médica curativa” (lo que se contempla en hospitales), los recursos ascienden a alrededor de 16813 millones de pesos, es decir, 19.02% en relación al gasto programable de la institución, pero apenas un muy insignificante 0.0061% del presupuesto federal (Sumando este presupuesto de salud del ISSSTE al del IMSS, de 7500 millones de pesos, 0.0027%, y al del llamado Seguro Popular, de 49,000 millones de pesos, 1.78%, obtenemos un raquítico 1.7888% de presupuesto federal. La ONU recomienda para este rubro por lo menos un 6%, no del presupuesto gubernamental, sino del PIB. Para el año pasado, que el PIB de México fue de alrededor de 900,000 millones de dólares, el presupuesto en salud de este año sería de apenas 0.0051% de aquél, es decir, ni el uno por ciento se dedica en este país para la salud).
Pero el análisis resulta aún peor si consideramos que de los casi 15,297 millones de pesos destinados a la infraestructura hospitalaria del ISSSTE, 13126 millones se van en pagar sueldos, o sea, un 85%, y para medicamentos y otros suministros, apenas se destinan poco más de 738 millones, es decir, 4.82%. Y estos datos numéricos evidencian la precariedad de los recursos destinados a la salud por dicha institución (se consignan un total de 11543 millones de pesos para gastos de medicamentos y suministros del total del gasto programado, o sea, apenas un 13%).
Ello provoca que sean constantes las quejas de los derechohabientes, los que han crecido un 12 por ciento en los últimos cinco años, por la pésima atención, la falta de medicinas, insuficientes médicos especialistas, falta de camas, de salas de operación, de malos tratos y negligencia por parte de enfermeras o personal administrativo... y muchas otras situaciones que desmienten al gobierno panista de que el servicio “ha mejorado”. Tan malos son los servicios, que los funcionarios de dicho gobierno que perciben altísimos salarios, ni de broma acuden a curarse en esa institución, y hasta se les asigna un presupuesto especial para que se atiendan a todo lujo en clínicas y hospitales particulares, incluso en el extranjero, como señaló hace poco Andrés Manuel López Obrador, en un discurso dado el 17 de febrero, en el cual informó que “la cobertura de servicios médicos privados para esos funcionarios que ganan un sueldo de 600 mil pesos mensuales, costará este año 45 mil millones de pesos” (este dinero equivaldría a 1.6% del presupuesto de la federación, mucho más alto que los gastos de salud que destina el ISSTE, 0.0061%, como señalo arriba, así que ¡vaya si se dan sus privilegios los mal administradores panistas!).
De acuerdo con el testimonio de una ex empleada que laboró en el “Hospital Regional Zaragoza”, dentro del área administrativa (a quien llamaré Leticia), justamente el que casi todo se vaya en pagar salarios, es una de las causas de la deficiencia en los servicios médicos que presta el ISSSTE. “Sí, mira, allí trabajan unos 17,000 empleados y más o menos hay entre 9 y 10mil que ya tienen su base. Y casi todos los que entran allí, tratan de conseguirla lo más rápido posible, pues ya cuando la tienes, tu salario puede duplicarse o triplicarse, según tengas años de antigüedad”. A los empleados eventuales, como ella, se les denomina “suplentes”, y sus salarios rondan los 4800 pesos mensuales, no tan bajos, como puede verse, si se toma en cuenta que en este país, alrededor del 60% de los trabajadores perciben entre uno y dos salarios mínimos, es decir, entre 1600 y 3200 pesos mensuales. “No, y hay gente que tiene unos sueldazos, como el director del hospital, que gana ¡170,000 pesos quincenales!, y casi ni lo ves en el hospital. Y los jefes de área, ésos ganan 70,000 pesos al mes, y tampoco creas que hacen mucho... así que imagínate todo lo que se va nada más en puros sueldos”, comenta Leticia. Dice que del total de empleados, poco más de la mitad, unos 9000, son enfermeras, un 15% doctores, y el resto, un 35%, se reparten entre administrativos, afanadores, encargados de la cocina, camilleros, los encargados de las ambulancias y el resto de trabajadores que se requieren en ese hospital. “Los más jóvenes que contratan son los camilleros o los de las ambulancias, pues sus edades oscilan entre 19 y 25 años”, aclara Leticia.
“Lo que yo veía es que, por parte de las enfermeras que, como te dije, son las empleadas que más hay, la mitad más o menos de todos los trabajadores, sobre todo las que tienen base, muchas son muy hurañas y deshumanizadas para tratar a los pacientes, sí, como que ya hacen todo mecánicamente, sin muchas ganas”. Cuenta Leticia que varias de ellas, con tal de aumentar sus ingresos – considerados insuficientes para una buena cantidad –, incluso doblan turnos, pues el sueldo extra que perciben por el tiempo adicional a su jornada es muy atractivo. “Así que, imagínate, ya después de varias horas, pues nada más lo que quieren es terminar su jornada e irse rápido”.
Es entendible la actitud de las enfermeras o de los empleados en general, pues a fin de cuentas se trata de una burocracia que al ser mantenida, en cierto modo, satisfecha por el gobierno (mediano sueldo, buenas prestaciones, poca exigencia en su labor...), resulta en un factor social que implicará cierta estabilidad política para aquél. “Sí, ya cuando tienen su base, ¡olvídate!, constantemente están pidiendo permisos, que vacaciones, que préstamos, que faltas por una u otra causa... y casi siempre se las justifican. Además, su sueldo, como te dije, se puede duplicar o triplicar. Si yo hubiera tenido mi base, en lugar de 2400 pesos quincenales, me hubieran pagado seis mil pesos, más del doble, sí, pero tuve que dejar el trabajo por problemas de horario”. En cambio, los empleados suplentes no gozan de ninguna prestación, ni aguinaldo, nada, y cada quince días firman contrato, con tal de no hacer antigüedad, comenta Leticia. “Y ya cuando tienen la base, les descuentan 90 o 100 pesos quincenales a todos, y con eso les van haciendo un fondo de ahorro, que el sindicato incrementa con aportaciones. Y en junio de cada año les dan como $7500 extras”. Vaya, pues de acuerdo con esto, los trabajadores ahorrarían unos $1200 pesos en seis meses, y si reciben $7500, resulta que el sindicato les habría aportado $6300 pesos. Si, como dice Leticia, unos 10,000 son de base, estamos hablando que se deben de erogar unos 63 millones de pesos extras tan sólo en salarios. O sea, menos recursos para la atención médica.
También platica Leticia que es muy diferente la actitud de las enfermeras cuando llegan a sufrir digamos que un accidente. “¡Uy, si vieras que cuando se pinchan accidentalmente con una aguja, el escándalo que hacen, más si están en un área infecciosa cuando les pasa eso!”. Llegan a obtener, según el testimonio de nuestra entrevistada, hasta 250,000 pesos, dependiendo de su antigüedad y de la “peligrosidad” del accidente. “Pero algunas hasta parece que a propósito lo hacen, pues aunque les den la indemnización y licencia para no trabajar, de todos modos muchas siguen trabajando, pero ya les dieron un dinero extra”. Y cuando ellas son las que incurren en algún caso de negligencia, pues minimizan su actuar. “Pues si tienen muchos reportes, las mandan a ‘descansar’, dos, tres meses, y ya luego regresan, como si nada”, agrega Leticia. Y eso mismo pasa, continúa, si la negligencia la comete un médico, por ejemplo. “También los suspenden tres, cuatro meses, si por su culpa un paciente se puso más malo. El peor caso del que me enteré fue el de un doctor que se le pasó la mano de aplicarle morfina a un enfermo que se murió por eso. Tuvo que pagarle de su bolsillo una indemnización a su esposa y le quitaron su licencia médica, para que no ejerciera, pero no, no se le levantó un acta judicial, ni nada”. También comenta que desde que se suprimió lo de que los empleados que se jubilaban podían “heredarles” sus plazas a sus familiares (punto positivo, considero), se acabó en algo con que gente inepta ocupara cargos importantes. “¡Por ejemplo, había una jefa de área que había heredado su puesto, pero, en serio, no sabía nada esa señora!”, exclama enfática Leticia.
También tiene que ver para que los servicios sean limitados o malos el que de ciertas áreas existan pocos empleados, como es el caso de los radiólogos, que son quienes se encargan de que a los pacientes se les saquen radiografías. “Hay muy pocos y hasta los suplentes sólo trabajan tres días, pues por la exposición a las radiaciones, nada más trabajan tres días, por las consecuencias que les provocan, que se pueden descalcificar u otras cosas. Pero ellos son los que más ganan, cinco mil pesos a la quincena, por los peligros a que se exponen”. Y señala Leticia que los radiólogos de base, astutamente, dejan a los suplentes a que hagan el trabajo de meterse con los pacientes a las máquinas, para que les saquen las placas. “Sí, como ya saben qué pasa, pues de tontos se meten ellos”, comenta sonriente.
Y también platica Leticia sobre la poca ética profesional de algunos doctores que venden sustancias necesarias para determinados exámenes, pero que por ser costosas, el ISSSTE se desentiende de proporcionarlas. “Sí, por ejemplo, la gente que se debe de revisar la vista, necesita a veces de una sustancia que les ocasiona ceguera temporal, pero como no hay, porque es muy cara, deben de comprarla (¡esto es inconcebible y vergonzoso, reflexiono!), y entonces hay oftalmólogos que se las ofrecen más barata. O también les ofrecen lentes o armazones. Y también hay odontólogos que les ofrecen puentes o prótesis a sus pacientes que allí, por ser caras, tampoco se les proporcionan. Pero tampoco les hacen nada si los descubren, como te digo, nada más los suspenden uno o dos meses y los regresan a sus puestos”. Dice Leticia que eso lo hacen porque a veces hay pocos doctores de tal o cual especialidad, escasean, así que aunque cometan faltas al ofrecer en venta ciertas cosas, de todos modos esa intricada burocracia médica los conserva. Pero además, hay un cierto cinismo en tales acciones, considero, pues sólo suplen aquello de lo que en los hospitales de esa institución se carece. Así que si “por debajo del agua” dichos doctores-comerciantes pueden proporcionar lo que haga falta a cambio de dinero, pues simplemente estarán “llenando” los vacíos que un raquítico presupuesto ocasiona. “Además también casi todos los doctores tienen otro trabajo, así que a veces ni se presentan a la consulta, por lo que a veces se deben de reprogramar a esos pacientes”. Y sucede que muchos que requieren de una cita con un especialista deben de esperar dos o tres meses para que se las otorguen. “Pues a veces algunos enfermos hasta se mueren antes de la consulta”, comenta Leticia, con gesto de resignación. Y esa actitud por parte de la institución sería una muestra de la deshumanización a la que se ha llegado en sus hospitales y clínicas.
Y tal y como menciono arriba, otro grave problema es la falta de medicamentos. “Sí, eso nunca falta, que no te den medicina porque se acaba pronto, sobre todo la que es muy cara”. Allí la más costosa y que se solicita mucho, es la medicina para controlar el SIDA, la que es para el cáncer y la empelada en la broncoaspiración. “Aunque se supone que deben de tener un resguardo de esos medicamentos, sobre todo para dárselos a los enfermos que estén más graves, a veces ni el resguardo hay”. Así que, me pregunto, de qué sirve un servicio médico que carezca de las medicinas necesarias o de otras cosas que resultan indispensables para proporcionarlo adecuadamente.
“Los pacientes que más fallecen son mujeres de más de 35 años, que llegan con cáncer de mama muy avanzado o con cáncer cérvico-uterino. Y también llegan muchos niños con leucemia. Casi todas las salas están ocupadas por gente mayor y una cuantas son para jóvenes o niños. Pero muy seguido no se puede ingresar a un paciente por falta de camas”, continúa la plática. Eso me hace pensar en que el incremento en los casos de cáncer en mujeres o en niños, quizá sea la consecuencia de la mala calidad de vida que tenemos en esta ciudad, tan contaminada y estresante, y para empeorar las cosas, ello se complica aún más debido a los pésimos servicios de salud públicos, incapaces de remediar tan alta incidencia.
Y también comenta que en muchas de las urgencias médicas, a los enfermos se les admite porque llegan varios de ellos graves, y que sólo así se les ingresa, pues generalmente, para que ello sea posible, debe de tratarse de casos efectivamente graves. Pero, razono, entonces de qué sirve el servicio de urgencias, si sólo se admite a gente con un mal muy avanzado, como si sólo se tratara de que llegaran allí a morirse. “Pero fíjate que a veces los rechazan. Una vez, por ejemplo, llegó un hombre balaceado, sólo lo atendieron para pararle la hemorragia, pero lo rechazaron, a pesar de que era derechohabiente, porque dijeron que era un caso judicial, pues había agresión con arma de fuego y eso no era competencia del hospital (esto es extraño, pues justamente también hay personal en el hospital del ministerio público para esos casos, señala Leticia), así que se lo tuvo que llevar la ambulancia a otro lado... imagínate, a lo mejor se les murió en el camino, pues estaba grave el hombre. También una vez vi a un hombre que llegó violado, y sí lo admitieron, porque estaba grave... o niños con leucemia, ya muy avanzada. Pero es difícil que te admitan en urgencias... casi tienes que llegar muriéndote”.
Y dice que los días de quincena eran los más pesados para su departamento, pues la nómina era para los 17000 empleados, quienes debían de firmar en dos registros. “Y era cuando menos atendían a la gente, pues se iban a cobrar sus cheques, sí”. Así que si a uno se le ocurre enfermarse, pues que no sea en día de quincena hospitalaria, pienso.
“A veces se hacían encuestas entre los empleados, para comprobar el estado de los servicios, pero, imagínate, estaba manipulada desde origen, pues era obligatorio que todos los trabajadores la hicieran, y todos, en su prisa por acabar, contestaban que todo estaba bien, que desempeñaban bien su trabajo y que no había problemas. Y en esas encuestas amañadas se basa el gobierno para decir que tanto los servicios de salud, como sus empleados, están muy bien y todo está perfecto”. Como dije antes, el mantener digamos que “contenta” a la burocracia, implicará para el gobierno que un importante sector de la sociedad esté pasivo y estable políticamente. Y si para ello debe de canalizar la mayor parte de los recursos en sostener a esa burocracia médica, lo seguirá haciendo, con tal de evitar protestas e inestabilidad en ese sector, aunque la que se desestabilice sea la salud de la gente que depende de tales servicios.
“Y cuando debíamos de cotejar un expediente, era pesadísimo, pues debías de revisar cada hoja de ese expediente y había unos que tenían hasta tres mil hojas... y ahí nos tenían, revisando una por una y poniéndoles sellos”. “¿Y eso para qué se hacía?”, pregunto. “Pues porque a veces el director o jefe de un área lo solicitaba para revisar que no tuvieran esos empleados muchas faltas administrativas o incapacidades o cosas por el estilo, por si ameritaban sanciones”.
En fin, que entre salarios, papeleo burocrático, negligencia e insuficientes recursos, la salud de los derechohabientes es la que menos cuenta.
Ante todo ese sombrío panorama de la situación de los pésimos servicios de salud pública, como los del ISSSTE, reflexiono que no queda más que encomendarse a todos los dioses mexicas, con tal de que no nos enfermemos o si nos enfermamos, podamos curarnos con sólo comprar una barata medicina en la farmacia de genéricos intercambiables más cercana a nuestros domicilios.

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