La muy oportuna “descomposición” del Estado mexicano,
pretexto para militarizar y recrudecer la represión gubernamental
Por Adán Salgado Andrade
En el excelente libro “The shock doctrine” de la periodista Naomi Klein, se plantea la tesis central de que en todo el mundo la instauración de brutales medidas económicas y de control social que sólo han favorecido, y continúan favoreciendo, al capitalismo salvaje, se ha facilitado cuando concurren eventos tan catastróficos y graves, que son capaces de poner en “shock” a todo el sistema y que en consecuencia merecen un tratamiento de “shock” acorde a la “dramática” situación. Por ejemplo, eso pasó cuando el 11 de septiembre del 2001 fueron derribadas las torres gemelas de la ciudad de Nueva York, debido a un muy sospechoso atentado de la organización terrorista Al Qaeda comandada por el (¿escurridizo?) Obama Bin Laden. Fue suficiente para que el gobierno de Bush, en aquel entonces, pretextando una crisis nacional, iniciara su famosa “guerra contra el terrorismo”, la cual, si no se hacía, advirtió, podría ocasionar que “eventos terroristas” tales como el de las torres gemelas, pudieran repetirse y toda la estabilidad de EU se colapsara y se viniera abajo. Y tan efectivo fue esa especie de psicótico miedo que se indujo en la mayor parte de los estadounidenses (he conocido gente de ese país que se dice progresista y demócrata, que, sin objetar nada, estuvo de acuerdo con la subsecuentes invasiones a Afganistán y a Irak por motivos de “seguridad nacional”), que aceptaron sin titubeos que se implantaran medidas que inclusive atentaban contra los derechos humanos y las libertades básicas de todos los estadounidenses. Se implementaron ilegales cuestiones que permitían a agencias como el FBI o la CIA espiar telefónicamente a sospechosos, se consideraban “terroristas” a personas que tuvieran descendencia o fueran árabes, se investigaba en las escuelas a profesores y/o alumnos que estuvieran estudiando árabe o interesados en esa cultura, se “invitaba” a la ciudadanía a “denunciar” a cualquier persona que tuviera actividades “raras”, se detenía ilegalmente a cuanto extranjero ingresara o estuviera viviendo en ese país… y muchas otras arbitrariedades que la agencia que se formó especialmente para tal efecto, el “Department of Homeland Security”, coordinó, sin menoscabo de violar abiertamente las libertades civiles y de actuar el gobierno ilegal y hasta fascistamente (además, fue tan efectiva la psicosis creada, que a la fecha varios “patriotas” ciudadanos, voluntariamente se dedican a “cazar” terroristas a través del Internet. Aprenden árabe para hacerse pasar por árabes, ya que continúa el estigma de seguir considerando a dicha nacionalidad como “terrorista”, y espían a organizaciones y ciudadanos árabes con tal de “descubrir” planes para futuros atentados “terroristas”. Ver mi trabajo en Internet “Los aficionados antiterroristas o de cómo se sigue extendiendo la paranoia ‘antiterrorista’ ”). Pero además la “guerra contra el terrorismo” ha sido un excelente negocio desde entonces por los miles de millones de dólares que EU y el resto del mundo, obligado por aquél, han gastado para tenernos “más seguros” (ver mi trabajo en Internet “La amenaza terrorista: El nuevo gran negocio para la industria del miedo”).
Los tratamientos de “shock” también se han aplicado cuando se producen fuertes crisis económicas, tales como las que se achacaron a los estados de economía mixta (keynesianos), quienes a finales de los años setenta y principios de los ochenta, aún se guiaban bajo ese esquema, y que comenzaron a experimentar recurrentes problemas económicos (aunque nunca tan graves como los que actualmente se viven, producto de un desregulado, descontrolado y salvaje capitalismo, al que se dejó actuar a sus anchas durante los últimos treinta años). Dichas crisis en realidad no fueron producto de la participación del estado en la economía, sino que se deben al carácter inherentemente crítico y recesivo del sistema capitalista, pero así se hizo ver. Los problemas derivados de dichas crisis, tales como altísimas inflaciones (de mil por ciento o más, o sea, que un artículo podía subir hasta diez veces su valor en sólo un año), además de fuertes deudas externas (las que se debieron a préstamos de bancos extranjeros, con gran ánimo de obtener buenas ganancias), provocaron en la población de tales países (especialmente de la región latinoamericana), una gran preocupación, acompañada de angustias y miedos y una creciente inseguridad económica, pues todo subía inclementemente, menos sus salarios, además de que en cualquier momento podían ser despedidos. Y se debe señalar, como analiza Naomi Klein en su mencionado libro, que esas crisis e inestabilidades financieras, la mayoría fueron heredadas de las dictaduras militares, sobre todo en Latinoamérica, que fueron infames, violentas, asesinas y autoritarias formas de imposición política (muy bien planeadas y vigiladas por Estados Unidos, la CIA y sus corporaciones), que defendieron solamente los intereses de las empresas y corporaciones extranjeras establecidas en esos países, y de las clases capitalistas “nacionales” ligadas a aquéllas, todo lo cual dio lugar a brutales experimentos económicos, que lo único que provocaron fue una mayor concentración de la riqueza en unas cuantas manos, generalizada pobreza poblacional (los miles de latinoamericanos que se sumaban a los niveles de pauperización, semana a semana, eran dramáticos), niveles de desempleo nunca antes vistos, altísimos niveles de corrupción gubernamental que se alimentaron justamente de los préstamos internacionales, excesivos gastos en compras de armas para que pudieran los militares reprimir sobradamente a sus aterrorizados ciudadanos mientras hacían sus “experimentos económicos”, subsidios y “estímulos fiscales” a las empresas “nacionales” y extranjeras… y otros ilegales saqueos cometidos por aquéllos corruptos, genocidas militares, en contubernio con las mencionadas corporaciones, factores que, en conjunto, fueron las causas que dieron lugar a las abultadas deudas externas mencionadas antes (las que se incrementaron aún más cuando los bancos extranjeros, muy estratégicamente, aumentaron sus tasas de interés a 15% o más, con tal de preparar las condiciones para aplicar los planes de “shock” para “resolver los problemas económicos de las economías emergentes”).
Así que terminadas las dictaduras militares y sus horrores (que más que a la resistencia social, se debieron a que su promotor y patrocinador, el gobierno estadounidense, se percató de que ni habían funcionado como “experimento económico” para resolver las recurrentes crisis económicas, y además estaba saliéndole muy caro seguir sosteniendo a los corruptos, genocidas militares), habiendo hecho la transición a regímenes “democráticamente electos”, los ciudadanos de esos países, por lo menos tenían ya, de acuerdo con la demagogia gubernamental, asegurada su “libertad política”. Pero ante las fuertes crisis e inestabilidades económicas heredadas del pasado (algo que por aquellos años constituía un cotidiano “azote” para la gente, eran las altas tasas de inflación mencionadas arriba, que pulverizaban en una semana el salario del trabajador y cuanto aumento se le otorgara), cualquier receta que bajara antes que nada tan altos índices inflacionarios y “corrigiera” el rumbo económico, era digamos que resignadamente bienvenida por toda la gente, aunque eso requiriera “grandes sacrificios”, sobre todo entre la mayoría de la pauperizada población (en México, por ejemplo, eso comenzó a implantarse en el sexenio de Miguel de la Madrid y aún se recuerdan la cantidad de cierres de empresas públicas o que se vendieron, los masivos despidos de trabajadores a que ello tuvo lugar, el alza generalizada de precios de combustibles, de electricidad, de servicios… las restricciones laborales… pero, efectivamente, la gente estaba resignada pues entendía o se les “hizo entender” que era “por su bien”). Eso posibilitó a los barones del dinero y a las corporaciones, la imposición de extremas “medidas correctivas”, a través, sobre todo, del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario internacional (FMI), con tal de “aliviar” los problemas económicos (el FMI y el BM, desde entonces, son simples organismos al servicio de las potencias dominantes, las del G-7 más Rusia, encargados de aplicar disciplinaria y draconianamente las recetas administrativas que beneficien no a los países que pretenden “rescatar”, sino a las globales corporaciones industriales y financieras, las pertenecientes justo a esos países dominantes). La exigencia para que tales agencias (al servicio del capitalismo central, como dije), era que el estado vendiera la mayoría de sus empresas públicas, suprimiera sus barreras proteccionistas para alentar el “libre mercado” y disminuyera sus gastos sociales. Esto implanta a nivel mundial al así llamado neoliberalismo, que, como se ve, en lugar de resolver las crisis, las ha agudizado aún más, como sucede con la actual recesión mundial que estamos experimentando, considerada de las peores desde la crisis de 1929.
Así pues, fue posible imponer infames “curas económicas” (shock treatment) gracias, como dije, a que en determinado momento los problemas existentes son tan aparentemente graves y “apocalípticos” que no queda de otra. Incluso, cuando ocurren desastres naturales, tales como terremotos, huracanes o inundaciones, los gobiernos, junto con el capitalismo mundial, los aprovechan muy a su favor, con tal de implantar cambios en su propio beneficio. En México, por ejemplo, tras los sismos de 1985, fue posible en la capital, de las más afectadas zonas, deshacerse de cientos de viejas viviendas y vecindades en renta que fueron sustituidas por masivas construcciones nuevas, las cuales se vendieron a sus propietarios (si podían comprarlas, claro), no se les rentaron, como antes, lo que constituyó un excelente negocio para quienes tuvieron tan oportunista, lucrativa idea. En Estados Unidos, cuando la ciudad de Nueva Orleáns fue afectada por el huracán Katrina, en agosto de 2005, miles de casas del llamado “public housing” – que eran casas que el gobierno digamos que había construido y financiado a precios subsidiados para que las adquiriera la población de bajos ingresos desde la época del “estado benefactor”, el de economía mixta de Roosvelt – fueron arrasadas, lo que de inmediato Bush y sus secuaces aprovecharon para reconstruir a cargo de empresas constructoras privadas, bajo el esquema de venta a precios de mercado, “reales”, y no subsidiados, como era antes. Si los antiguos moradores podían comprar, bien, y si no, ni modo, era su problema. Un prominente congresista republicano, Richard Baker, en ese entonces comentó, cínico, que “lo que el gobierno nunca pudo hacer en años, deshacerse del ‘public housing’, la fuerza de la naturaleza lo había hecho en sólo un día”. Lo mismo sucedió con las escuelas públicas que resultaron afectadas o destruidas, pues en lugar de repararlas o reconstruirlas, se dieron concesiones para escuelas privadas y a la gente sólo se le otorgaron “subsidios” parciales (medias becas, por ejemplo) para que metiera a sus hijos allí… también los que pudieran, claro.
Y así, podría seguir con los ejemplos de lo que una situación de tensión y drama generalizado puede hacer para los efectos de la aplicación de tratamientos de “shock”.
En nuestros días esto justo sucede en México, a través de dos cuestiones fundamentales: la violencia y el poder del así llamado “narcotráfico”, por un lado, y la recesión económica que ya también nos está afectando profundamente, por el otro.
En cuanto al primer factor, el surgimiento del narcotráfico como un “peligro para la estabilidad”, no es algo que se haya dado así, repentino, sino que lo que actualmente estamos viviendo es producto de las íntimas y ocultas relaciones que ha forjado el Estado, desde años atrás, con mafias financieras y empresariales que han permitido, entre otras cosas, la existencia de la actual presidencia fraudulenta en el poder y un gabinete de panistas que en lugar de efectivamente gobernar, han buscado hacer los grandes negocios, junto con sus secuaces, desde la ilegal venta de tierras en áreas naturales para ser convertidas en proyectos turísticos, hasta los intentos (fallidos, por lo pronto), de privatización de la industria petrolera. El narcotráfico, claro, también es un muy lucrativo y excelente negocio y bancos como Banamex, filial del quebrado Citigroup, se ligan al lavado de dinero que desde hace muchos años se ha venido realizando sin mayores problemas (sí, desde gobiernos anteriores, que lo han cobijado, y como lo sigue haciendo el actual. Ver mi artículo en Internet “Especulación y narcotráfico, nuevos grandes negocios del lumpencapitalismo”). Así que si de repente esos pactos, digamos que de haberle vendido el alma al diablo desde hace mucho tiempo, se tratan de romper, así, “limpiarse de toda culpa”, es lógica la reacción que las desairadas, afectadas mafias están teniendo (las frecuentes ejecuciones de funcionarios, policías o militares así lo evidencian). El que se señale a la “corrupción” como el factor detrás de los problemas que se están dando en cuanto a los niveles de violencia (que, además, presentándola así, como un factor aislado, clave por sí mismo, se pretendería con ello que el gobierno fuera totalmente ajeno a ella, una víctima, siendo que justamente la corrupción es parte inherente de aquél), es justo lo que evidencia cuan ligados están los poderosos grupos oligárquicos (los que controlan todo, como dije, gobierno, bancos, telecomunicaciones, industrias, minas…) con los llamados “negocios ilícitos”, los que resultan fundamentales y la parte más lucrativa para muchos de aquéllos. Por mencionar un caso de qué tan importante es el narcotráfico para muchos países, considérese el ejemplo de Afganistán, país que a pesar de la invasión militar, principalmente estadounidense, resulta que ha incrementado diez veces su producción de opio, gracias a lo cual, surte del ochenta por ciento de la droga que se consume en el mundo, y que sorprendentemente hay grandes facilidades para que los embarques de dicha droga salgan de los aeropuertos que están controlados nada menos que por las “fuerzas de paz” de la OTAN. Es muy importante la siembra de opio y la producción de drogas para Afganistán, pues es un negocio que asciende a unos mil millones de dólares anuales, la mitad de la actividad económica anual de dicho empobrecido país, que ya no existiría de no ser por dichas drogas (se ha sugerido desde el Departamento de Estado estadounidense que podría comprarse cada año la totalidad de la producción de opio, como posible “solución” con tal de “evitar que los campesinos afganos la vendieran a los ilegales fabricantes de drogas”). Así que podría decirse que no sólo nos estamos “colombianizando”, sino que también “afganistanizando”.
Pero una ventaja clara deben de obtener los actuales mal administradores panistas de esa violencia que ellos mismos, desde las cúpulas del poder, han cobijado. Y dicha ventaja es que ahora sólo se quiere presentar como el problema “más grave” que tiene México al poder y la violencia que el narcotráfico está generando, frente a los cuales se quisiera mostrar al Estado como “ajeno”, y ante ello, nada más importa, no. No importa que la política entreguista del panismo esté vendiendo todos los recursos naturales que posee el país, incluido el petróleo, el más importante de todos, a empresas extranjeras que hacen un buen negocio con ellos (por ejemplo, se han vendido desde que el panismo gobierna, cientos de hectáreas de tierras en zonas protegidas y reservas naturales, muy importantes ecológicamente hablando, para el desarrollo de complejos turísticos, sin que importe, siquiera, el impacto y el daño ambiental que tendrán éstos). No importa que la carga fiscal que pesa sobre los contribuyentes, sobre todo los de más bajos ingresos, se esté agravando más con la imposición de nuevos aranceles, los que están incluso desalentando y acabando con su actividad. No importa que exista una abierta impunidad, debido a la cual ciudadanos comunes sufren a diario actos delincuenciales o ilícitos. Así, asaltos, asesinatos, secuestros, fraudes, desapariciones, prepotencia policial y militar, víctimas de corrupción, presas del agiotismo bancario que cobra altísimos intereses por el crédito otorgado… pasan prácticamente desapercibidos y los órganos legales y judiciales nada les resuelven. Por ello es que mucha gente ya ni se preocupa en levantar un acta ministerial al sufrir un acto delictivo, pues la mayoría de las veces la autoridad no procede legalmente para investigar y resolver el problema, dejando muchos delitos, tales como los robos, secuestros o asesinatos, impunes pues nunca se “localiza” a los culpables. Y en cuanto a los asesinatos o desapariciones de líderes sociales que defienden los derechos de sus representados o periodistas honestos que tratan de descubrir los sucios negocios de gobierno y mafias, no, ¡nunca se hallan culpables!, y son crímenes que han quedado impunes, como el asesinato del periodista estadounidense Brad Will, quien intentaba mostrar la lucha social de la APPO en Oaxaca contra el gangster Ulises Ruiz, del que a la fecha “no se sabe quién lo mató”. O el reciente, también cobarde asesinato, de los líderes campesinos mixtecos Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce Rosas, quienes fueron “levantados” y posteriormente torturados y asesinados arteramente. No, tampoco allí la policía, ni las autoridades judiciales “saben” quién lo hizo, a pesar de que testigos afirman que aparentemente fueron “policías investigadores ministeriales” del estado de Guerrero quienes cometieron tan infame crimen. Pero, en sentido opuesto, sorprende la rapidez con la que el Estado trata de inculpar y juzgar a los líderes políticos que le estén provocando muchas movilizaciones y problemas, como fue el caso de los líderes de la mencionada APPO (Flavio Sosa, entre los principales, quien fue encarcelado más de dos años) o los de San Salvador Atenco, a quienes de inmediato se apresó y sentenció a severas penas carcelarias (el caso más dramático e injusto es el del sexagenario líder Ignacio del Valle, atenquense que por defender las tierras de sus compañeros de lucha, está sentenciado a penas que acumuladas suman ¡112 años!). Incluso se trató a finales del 2007, con tal de que la inculpación y arresto de “sospechosos” fuera rapidísima, de aprobar una ley que hubiera autorizado a cualquier policía a allanar una casa, sin orden de cateo, y arrestar a los presuntos delincuentes, sin orden de arresto, la cual, de momento está suspendida, pero es indudable que podría aprobarse si el tratamiento de “shock” así lo amerita.
Tampoco importa, ante el narcotráfico, la ineptitud gubernamental, la que está agravando problemas tales como la propia crisis económica que estamos viviendo actualmente (las medidas implementadas, como la indiscriminada venta de dólares para “evitar” que el peso se devalúe más, van principalmente dirigidas al rescate de las empresas y los bancos, quienes tienen adeudos en moneda estadounidense, que a los ciudadanos comunes, los más afectados en esta hecatombe)… no, nada es más importante que “la guerra sin cuartel al narcotráfico”. Y he ahí un primer elemento que amerita el tratamiento de “shock”, pues el amarillismo mediático con que se ha manejado el problema de la violencia creada por el narcotráfico, intenta mostrar que es sólo el “crimen organizado” el causante, y que el gobierno nada tiene que ver, muy estratégicamente se ha exculpado y deslindado. Así pues, ese alarmismo-amarillismo que tanto el Estado, como los medios de manipulación masivos (pro gubernamentales éstos) se han encargado de inflar, presentándolo como el más dramático y peor de nuestros males, está surtiendo un excelente efecto psicológico entre la población, mucha de la cual ya ni cuestiona que el ejército vigile las calles y que el país se deba de militarizar (en efecto, hay ejecuciones de capos o de algunas autoridades, pero son casos focalizados, no extendidos a todo el país, pero gracias al alarmismo con que se manejan y también a que hoy día el mundo es una especie de vecindario electrónico en donde todo lo que sucede, especialmente las malas noticias, se difunden por todas partes con efectiva rapidez, se crea la sensación de que tenemos la violencia a un lado. El quebrado diario español “El país”, realizó un reportaje que más tiene tintes sensacionalistas para vender, que de proporcionar información veraz, al calificar a Ciudad Juárez como “el rincón más peligroso del mundo”. Me pregunto, ¿en dónde quedarían sitios como Irak, por ejemplo, con frecuentes atentados suicidas? Pero valga también ese amarillismo de la prensa extranjera para contribuir más a la idea de “descomposición del Estado”). Así pues, al imponerse la idea de que sólo militarizando al país el problema del narcotráfico se resolverá, se matan dos pájaros de un tiro, pues por un lado se incrementa el poder autoritario de este gobierno echando mano del ejército y, por el otro, se justifica una medida, los militares realizando tareas judiciales, que carece de fundamentos legales definidos (los mismos mandos militares han dicho que es necesario que haya una legislación clara que convierta a las labores policiales que realiza el ejército en algo cotidiano, rutinario), lo cual sería un paso previo al establecimiento, muy aproximado, de un “Estado de excepción”, situación bajo la cual son abolidas todas las garantías legales, desaparece el gobierno y pasa a tomar el mando el cuerpo militar. Eso sucede ya en Ciudad Juárez, en donde el ejército tomó por completo el mando policial (el primero de marzo arribaron casi 2000 soldados más allí). El presidente municipal de esa ciudad, José Reyes Ferriz, declaró que lo que se está haciendo en el lugar, es decir, la militarización, es una especie de “modelo experimental” que el gobierno de Calderón prevé que se pueda ir implantando en “donde sea necesario”. Así pues, militarizar ha sido siempre la “solución”, imponer dictaduras militares como aquéllas a las que me referí antes, pues se ha justificado la incapacidad de mando de los gobiernos que en su momento derrocaron dichas dictaduras, como motivo suficiente para hacerlo (aunque esa “incapacidad”, más tuvo que ver con el hecho de que se trataba de gobiernos que buscaban beneficiar a las clases trabajadoras y recortar los privilegios de los grupos dominantes).
Entonces, ya con un tercio del ejército patrullando varios lugares del país, pero con un fin perfectamente definido, el del “combate al narco”, será justificable que para efectuar tal lucha, los militares, incluso, puedan estar autorizados a cometer actos ilegales o prepotentes, tales como detenciones arbitrarias, cateos a domicilios sin orden judicial, disparar contra supuestos sospechosos… y muchos otros ilícitos que han merecido varias quejas en contra de las fuerzas armadas. Por ejemplo, ya se han reportado varios “errores” de soldados que han asesinado en retenes a ciudadanos inocentes, quienes víctimas del terror de ser detenidos por militares en medio de la noche (hay tantos falsos soldados y policías, que sólo detienen para robar o asesinar, que es natural que la gente tema a esos retenes), no obedecen la señal de detenerse que se les hace (el caso más reciente fue el asesinato en diciembre del año pasado, 2008, de una mujer embarazada, a bordo de su automóvil, que por pánico no detuvo su auto en un retén militar ubicado en Ciudad Juárez, Chihuahua). Recientemente, un funcionario de la Secretaria de la Defensa Nacional, el general Jaime Antonio López Portillo, declaró que las 671 quejas en contra de elementos del ejército que se presentaron en el 2008, “no son muchas”, tomando en cuenta que a diario se despliegan 45 mil soldados (eso daría un porcentaje de 1.5% de soldados que hubieran cometido una falta, y quizá por eso a este general le parezcan “pocas” las quejas). Claro, y con tal de no echarse los panistas en contra al “leal” ejército que “combate al narcotráfico” y quedar muy bien con éste, se pasan por alto tales denuncias y por ello se ha tratado de dar carpetazo y dejar impunes actos de brutalidad y ensañamiento militar contra la población civil, como el vergonzoso acto cometido contra la mujer indígena Ernestina Ascencio (que recién cumple dos años), sexagenaria, humilde campesina, quien a pesar de su propio testimonio y de las indiscutibles pruebas forenses que se le practicaron al morir (se le hallaron severos desgarres vaginales y restos de semen de varios individuos), de que había sido violada tumultuariamente por militares, al final el caso se cerró por presión desde las altas esferas (el mismo Felipe Calderón, en un acto de claro desdén hacia el infame crimen y prepotencia, declaró que la mujer había fallecido de una “gastritis mal atendida”, haciendo eco de los falsos argumentos emitidos por José Luís Soberanis, presidente de la Comisión de Derechos Humanos, quien sostuvo tales vergonzosas aberraciones y por el gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, quien, aunque inicialmente había favorecido que se trataba de una violación por militares, al final, extrañamente, “cambió de opinión” y también aceptó que se trataba de una gastritis). Y en las recientes manifestaciones de jóvenes encapuchados que han querido achacarse a los narcos (independientemente de si esto sea verdad o no), muchas de las personas que han asistido, han denunciado que ellos o familiares han sido víctimas de la violencia y prepotencia militares, algo que es indudable dada la impunidad con que tradicionalmente opera el ejército (son frecuentes las incursiones militares, por ejemplo, en las tierras ocupadas por bases del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, en Chiapas, cuyo fin ha sido intimidar y expulsar de esos lugares a sus hostigados habitantes. Y recuérdese que la represión hecha contra estudiantes en 1968 fue consumada por soldados, así como la “guerra sucia” desatada contra activistas políticos en los años posteriores fue llevada a cabo principalmente por cuerpos de inteligencia militar). Pero además esto será un excelente negocio para los armeros que surten al ejército (principalmente estadounidenses), pues al emplear extensiva e intensivamente al ejército, se requerirá mucho más armamento, además de todos los gastos que tan tremenda movilización de tropas necesitará, por ejemplo, la transportación, la alimentación, el hospedaje (sí, muchos deben de estar haciendo las grandes cuentas).
Así pues, el actual gobierno panista, al apostar exclusivamente a la violencia militar, se estaría infligiendo una especie de auto-cuasigolpe de estado al relegar las tareas de control, mando y vigilancia de gran parte del país al ejército, reconociendo de esa manera una intrínseca ineptitud para gobernar, pero que no se presenta ante la gente como tal, sino como una acción por el “bien del país”. Calderón podría declamarlo así: “¡Delego algunas de mis facultades y mis funciones en el ejército, pero sigo firme en la presidencia fraudulenta!”. Es que el tratamiento de “shock” así lo requiere. Lo más irónico de todo es que se está cayendo en los “funestos presagios” que se argumentaron durante la campaña de desprestigio contra el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, los que argumentaban que el país se iría al caos y a la descomposición si éste ganaba, todo lo cual fue parte del golpe de estado mediático gracias al cual, como he señalado antes, pudo ganar fraudulentamente Felipe Calderón y en el que las mafias empresariales y bancarias ligadas al narcotráfico, que ahora Calderón pretende combatir, ejercieron una gran participación. Pero todo sea en nombre de seguir controlando al país-negocio que es México.
El segundo elemento que mencioné para aplicar el doloroso tratamiento de “shock” es la actual recesión económica, indudablemente mucho más grave que otras que se hayan visto con anterioridad, pues emana directamente del centro capitalista del mundo, los Estados Unidos, quebrado país que ahora descarga inmisericordemente sus errores económicos, bancarios y administrativos sobre el resto del mundo (ver mi artículo en Internet “El convenenciero capitalismo salvaje”). En este caso, el “catastrofismo” tan criticado últimamente por Calderón, le está sirviendo también a la perfección, pues está preparando psicológicamente a los mexicanos para la aplicación de “curas” que por muy “dolorosas” que sean, serán para “salvar” al país de una hecatombe económica. Así pues, se están aplicando, con tal pretexto, nuevos impuestos, como el IETU (Impuesto empresarial de tasa única), que están agravando el peso arancelario que ya pende principalmente sobre los trabajadores (no sobre las grandes empresas, las que son expertas en evadir impuestos o en disminuir su pago), se incrementan los precios de los combustibles al aumentar la cantidad que el gobierno retiene como gravamen fiscal (hay una demanda actualmente desde el sector de los transportes públicos exigiendo la congelación del precio del diesel, el que ha seguido subiendo mes tras mes, dificultando aún más las actividades económicas que dicho sector de por sí tiene ya). Incluso se habla ya de que buscará aplicarse el IVA a todo, incluyendo alimentos y medicinas, que hasta ahora han estado exentos, pero con una tasa del 12% (¡para que vean que somos muy buenos, la bajamos del 15% al 12%!, alardearán los mal administradores panistas), con tal de aumentar la recaudación, se justifica, para preparar al país contra los profundos efectos que esta recesión tendrá, según reza el discurso oficial. Sin embargo, más bien parece que esa recaudación será enfocada a enfrentar los altos costos que el dispendio gubernamental ejerce, desde incrementar sustancialmente el presupuesto para las fuerzas armadas (las que, como ya señalé son fundamentales tanto para la “guerra contra el narcotráfico”, como para el control del descontento social que detonarán las impopulares medidas económicas, fiscales y legales que se irán imponiendo), seguir pagando insultantes altos salarios a todos los funcionarios y hasta que se puedan “rescatar” empresas (ya lo comenzó a hacer el gobernador de Coahuila, el señor Humberto Moreira Valdés, quien “apoyó” con un millón y medio de dólares a la planta de General Motors ubicada en ese estado. O el Banco de México, subastando dólares indiscriminadamente, para que no se siga devaluando el peso, con tal de que las empresas que tengan adeudos en esa moneda no los paguen tan caros).
Y también se está aprovechando que todo es “guerra al narco”, para forzar, ahora sí, dicen los panistas, una sustancial modificación a las leyes laborales (la “Ley Federal del Trabajo” principalmente), con tal de que los patrones puedan actuar más libremente en la contratación de los trabajadores, quienes si de por sí con la legislación actual son víctimas frecuentes de despidos injustificados, malas condiciones laborales, bajos salarios, anulación de prestaciones, sobreexplotación, entre otras ilegalidades laborales, si esas leyes se modifican, su situación empeorará, a cambio de que México sea, como China, una especie de paraíso laboral, con trabajadores controlados militarmente (dado el proceso de militarización que expongo arriba), mal pagados, y sometidos a la conveniencia y capricho de las empresas, sobre todo extranjeras, que manejarán a su antojo a esos trabajadores. Así pues, todas esas medidas de “shock”, se justifican plenamente ante los “terribles” efectos que la recesión, (junto con la guerra al narco) tendrá. Todas esas imposiciones, indudablemente que se aplicarán, pero lo inmoral aquí es que en lugar de que se busquen medidas que atenúen esos efectos en la población de menores ingresos, que es la mayoría, lo único que se haga sea forzar “soluciones” que solamente aminoren los efectos perniciosos en los grupos privilegiados del país, incluyendo, claro, a la clase gobernante ligada a ellos.
Pero no deben de sorprender los tratamientos de “shock”, justificarán los panistas, ya que en todos lados, no sólo en México, se implementarán, como lo que está haciendo Barack Obama en EU (lo que afectará a México, por supuesto), el centro y causante de la crisis, al enfatizar que si no se rescata a los bancos estadounidenses (como se está haciendo, por ejemplo, con el quebrado Citigroup), por muy impopular que eso parezca, se corre el riesgo de que el “país se colapse en el corto plazo”. Incluso se habla ya de que la recesión económica en todo el mundo, pero sobre todo los efectos que tendrá en los países más pobres y vulnerables, estará muy ligada a la “seguridad interna” de ese país. Así que eso prepara muy bien el terreno para futuras invasiones estadounidenses a “naciones inestables” (más tratamientos de “shock”, pues), así, como México, con tal de que la “seguridad interna” de EU no se vea afectada (muy estratégicamente Obama prevé subirle el presupuesto al Pentágono un 4% en el año 2010, quizá para que el ejército esté preparado para las eventualidades y problemas que la severa crisis planteará a su “seguridad nacional”). Y no sólo eso, sino que en recientes declaraciones hechas por el ex zar antidrogas de EU, el señor Barry McCaffrey, en referencia a México y el narcotráfico, urgió a que se detenga el poder de las mafias mexicanas de narcotraficantes, pues todo el dinero que obtienen por la venta de drogas en ese país (que para el año pasado se calcula que ascendió a unos $18,000 millones de dólares), las está fortaleciendo más, y eso está afectando la gobernabilidad en México (precisamente lo que analizo en este trabajo, que, como ya comenté, le cae como anillo al dedo a ambos gobiernos para justificar una futura militarización de todo el país y recrudecer la represión no tanto contra el “crimen organizado”, sino contra las protestas sociales), por lo que reiteró que “México es una emergencia nacional” (justificación del tratamiento de “shock”). Eso mismo declaró el Pentágono, a través del US Joint Forces Command, organismo que advirtió que México se enfrenta al peligro de sufrir un “rápido y repentino colapso debido al poder de las mafias criminales y los cárteles de las drogas”. Y ya el secretario de la Defensa, el republicano Robert Gates (un muy conservador personaje, que sirviera tanto a Bush padre como a Bush hijo), declaró por estos días que “Estados Unidos quiere incrementar la asistencia militar que provee a México para su lucha contra el tráfico de drogas. La ayuda podría ser suministrando equipo militar, entrenamiento, labores de inteligencia, con tal de ayudar a las autoridades en su lucha contra los bien armados y organizados narcotraficantes”. Bastará leer entre líneas que lo que Gates dijo es más que un “ofrecimiento”, pues en realidad se trataría de una medida que EU se reservaría el derecho de aplicar unilateralmente, con tal de que su “seguridad interna” no se exponga. Y también significaría que no le basta a EU con la aprobación del “Plan Mérida” – que pudo haberse también denominado “Plan México”, en alusión al “Plan Colombia” –, con el que sólo se destinan fondos para que México “combata al crimen organizado”, sino que se estaría planteando que el gobierno de Calderón acepte ayuda militar directa (y previendo también que aquellos fondos no se emplearan correctamente).
Por tanto, como puede verse, podría estarse preparando el terreno para pretextar, en un no muy lejano futuro, quizá hasta una intervención militar estadounidense de “corto alcance” (ya el gobernador de Texas, Rick Perry, adelantándosele a Gates, habla de que militarizará completamente la frontera entre su estado y Texas, con la operación “Río Grande”, y no es de dudarse que podría autorizar incluso incursiones a nuestro país, si fuera necesario, para combatir a los delincuentes, todo para garantizar la seguridad de su estado), con tal de “apaciguar” al país. Sí, se requerirá un tratamiento de “shock”.
Si eso sucede, las mafias, la “guerra al narco”, la “descomposición del Estado mexicano”… habrán servido perfectamente bien para tal cometido.
Pero si así fuera, EU no sólo estaría buscando acabar con el poder del narcotráfico, pues eso se podría lograr más fácilmente legalizando las drogas y desmantelando las redes de lavado de dinero que operan conjuntamente entre los dos países (algo que no se hará, pues se acabaría con el “Big Money” que ese negocio deja), sino que además México es estratégico para los planes de “seguridad energética” que EU diseña desde hace años, con tal de proveerse de energéticos vitales como el petróleo, del que México tiene probadas y potenciales reservas (en los llamados “pozos ultraprofundos” del golfo, que pretenden concesionarse a empresas extranjeras o los yacimientos hallados recientemente en Chicontepec, Veracruz, todo lo cual podría aumentar muchos años más, se especula, la producción petrolera mexicana. Ver mi artículo en Internet “Los pozos petroleros ultraprofundos, otra manera de seguir garantizando la dominación estadounidense sobre México”).
Y claro, en referencia a la “seguridad interna” que menciono arriba, México es también muy estratégico como espacio de “contención de actos de terrorismo, descontento social y subversión que pudieran provenir de la frontera sur de EU”, tal y como se ha estipulado en los planes de “seguridad nacional” que Bush y su “guerra contra el terrorismo” asignaron para su “patio trasero”. Véase, al respecto, lo efectivas que son nuestras autoridades migratorias para contener, mediante golpes y violentos métodos, a los ilegales centroamericanos que intentan penetrar por la frontera sur de México en su camino hacia EU. Son menos indocumentados que la migra estadounidense tendrá que arrestar y deportar a sus países.
Así pues, resultaría práctico militarizar al país, ya sea que sólo lo hicieran los panistas o combinadamente con EU, la opción más óptima.
Por tanto, es bastante probable que la “descomposición del estado mexicano”, sea parte de un velado plan contemplado desde EU, en asociación con los panistas, para dar paso, como dije arriba, a un Estado militarizado, rígido, disfrazado de “democracia”, que sirva más efectivamente a los intereses estadounidenses de toda índole (por ello se seguirá impidiendo, a toda costa, que gane las elecciones un candidato de izquierda, como López Obrador, pues ello interferiría con los planes estadounidenses. Y por tal razón es que el reflujo del PRI, como alternativa que deje de lado a los ineptos, negociantes panistas, se ve como una fuerte, ideal opción, ya que siempre ha sido un partido pro empresarial, pro estadounidense y también muy dado a ejercer “mano dura” contra el descontento social).
Esto explicaría muy bien la cínica actitud que EU muestra en cuanto al doble juego que lleva al referirse a la “descomposición” del Estado mexicano. Por un lado hace sus alarmistas declaraciones contra México, pero no menciona que ciertamente la producción de drogas continúa al alza por el fuerte consumo de estupefacientes que sostiene una buena parte de los estadounidenses, así que mientras no disminuya la demanda, no disminuirá el narcotráfico (es una exigencia en algunos círculos gubernamentales de ese país que se legalicen drogas como la marihuana, pues esa medida contribuiría, se dice, a disminuir fuertemente ese problema).
Por otro lado, lo del “gran poder” de las mafias y los cárteles de las drogas se debe también a que con todos los millones de dólares que ganan pueden armarse perfectamente bien con todo tipo de sofisticados arsenales de rifles de asalto, metralletas, pistolas… que compran justamente en EU, en donde las laxas leyes sobre posesión de armas, permiten un nutrido comercio de aquéllas (unos 200 millones de estadounidenses poseen armas de todo tipo). La institución Brookings estima que alrededor de 2000 armas son compradas y llevadas desde EU a México todos los días, lo que nos daría la sobrecogedora cifra de más de 730,000 por año. Estimando un costo por arma de unos $200 dólares, los vendedores de tales armas obtendrían unos nada despreciables 146 millones de dólares. Esos vendedores son armeros que operan a lo largo de la frontera, de los que hay alrededor de 6600, que es en donde, sin problemas, se surten los narcotraficantes. Así que siendo tan excelente negocio, no parará, a menos que las hipócritas autoridades estadounidenses (el periódico New York Times también llamó “hipócritas” a las autoridades estadounidenses por el doble juego que practican) hagan algo contra ese ilegal, pero muy lucrativo tráfico. Y en este momento, con la tremenda recesión que están padeciendo los ciudadanos de EU, evitar que entraran esos millones de dólares y en algo “aliviaran” los problemas económicos, sería absurdo. Por ello, pues, no sorprende que en la “guerra contra el narco” emprendida por Calderón, los delincuentes estén mejor armados que las policías o el mismo ejército (es increíble que incluso ya posean los narcos hasta lanzacohetes y granadas).
Así pues, bienvenida sea la “descomposición del estado”, la “guerra al narco”, el “crimen organizado” y la “recesión económica”. Nada mejor para aplicar los tratamientos de “shock”.
Las elites empresariales estadounidenses y mexicanas, ligadas a las mafias, y los mal administradores panistas, se beneficiarán bastante de tales “desgracias” y de tales “tratamientos”. Nunca antes el “catastrofismo” de cualquier forma fue tan oportuno.
Contacto: studillac@hotmail.com
martes, 3 de marzo de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
Créditos gubernamentales para vivienda: las casas de fin de semana
Créditos gubernamentales para vivienda: las casas de fin de semana
Por Adán Salgado Andrade
Municipio de Emiliano Zapata, estado de Morelos, México. El vendedor de casas del grupo inmobiliario y constructor GEO exclama muy gustoso: “¡Fíjese, el año pasado (2008), GEO tuvo el primer lugar en ventas de los créditos del FOVISSSTE!”, mientras en su auto nos conduce a un nuevo desarrollo habitacional que aquella constructora está edificando, en terrenos del municipio de Emiliano Zapata, perteneciente al estado mexicano de Morelos, que hasta hace poco tiempo fueran fértiles tierras de sembradíos. Se refiere el vendedor, con esa emotiva frase que pronuncia con tanto entusiasmo, a dos cuestiones. La primera son los créditos masivos para vivienda que desde el año del 2006, el gobierno mexicano comenzó a otorgar a sus burócratas, por medio justamente del FOVISSSTE, una entidad pública que está encargada de dicho fin, proporcionar préstamos para que aquéllos puedan acceder a un hogar, digamos. Dichos créditos se otorgan en base a la percepción del trabajador, sus años de cotización y, sobre todo, si sale “sorteado” en la convocatoria que se hace al efecto cada año, por el mes de septiembre. Sin embargo, el descuento que se deduce una vez que se ha adquirido el bien, es del 30% del salario nominal, así que, para comenzar, resultan aquéllos onerosos, en el sentido de que casi un tercio del sueldo del “afortunado trabajador” que lo ganó, se irá en pagar el crédito durante los próximos 15 años, en promedio. Tales préstamos están en un rango aproximado de entre $250,000 hasta $750,000 pesos, correspondiendo a entre tres y cinco años de salarios, aproximadamente (entre 16,600 y 50,000 dólares), los que, supone el gobierno, serían suficientes para adquirir una vivienda de tipo medio, adecuadamente decente para vivir en ella 30 años o más, lo cual no siempre corresponde a la realidad, como veremos. Por otro lado, la segunda cuestión a la que se refiere el vendedor, quien en ese momento nos muestra una cementera del grupo Moctezuma (la planta de Tepetzingo), a un lado de la cual pasamos, es al grupo GEO, constructora fundada en 1973 por el arquitecto Luis Orvañanos Lascurain, quien desde entonces se dedicó a la edificación de viviendas, sobre todo económicas, según reza la información que proporciona el sitio en Internet de la empresa. Y no sorprende la declaración del vendedor, pues en cuanto el trabajador resulta agraciado con un préstamo, quienes primero se ponen en contacto con él, ya sea por correo electrónico o por teléfono son, justamente, los representantes del grupo GEO, quienes están al tanto de dicha información, lo que se antoja bastante sospechoso, dado que se supone que los trámites para obtener los préstamos son confidenciales. Así que seguramente FOVISSSTE les entrega dicha información (no sólo a GEO, sino a muchas otras empresas, que no dejan de ofrecer a los sorteados sus desarrollos habitacionales), con tal de que hagan muy buen negocio con los créditos. Sin embargo, la mayor parte de los pocos desarrollos que se ofrecen dentro de la ciudad de México, lugar de residencia de la mayor parte de los empleados, los que están digamos que “decentes” (es decir, son lugares habitables, con buen espacio, dos o más recámaras, adecuada y cercana ubicación… en fin, sitios en los que la clase media buscaría vivir), resultan casi siempre muy costosos en relación a los préstamos otorgados. Ni siquiera son accesibles si un matrimonio de empleados tuvo la “fortuna” de ser sorteado, y ambos mancomunan sus préstamos, pues el costo del inmueble casi siempre será mucho mayor. Pero, muy hábilmente, GEO ahora está ofreciendo otras alternativas “más baratas”, sólo que no se trata de desarrollos dentro de la ciudad, sino en provincia, y orgullosamente las presenta como “casas de fin de semana”, como las que una hora atrás, al llegar al sitio y solicitar informes, el vendedor nos enseñó, a bordo de un singular vehículo eléctrico, de los que se usan para el transporte de golfistas, lo que de pronto hace ver a la gente más como “turistas playeros”, que como compradores de una casa. Se trata de unidades habitacionales cuya arquitectura y diseño, justamente, recuerdan más a “resorts” turísticos, que a sitios en donde se vaya a vivir permanentemente, lo cual sería la necesidad principal a satisfacer. Cuentan con pintorescas áreas verdes, albercas centrales (“¡Para el calor de verano, imagínese, 36 grados de temperatura!”, exclama el vendedor), fuentes, pseudoesculturas de pétreos aglomerados… sí, como que resulta muy “playera” la vista que presenciamos, como para enamorarse a primera vista. Y efectivamente, esos desarrollos sólo son de fin de semana. Pregunto al vendedor que como cuánta gente vive allí permanentemente. “Pues como el uno por ciento… ¡uy, viera que entre semana esto está bien tranquilo!”, me responde. A partir del viernes comienzan a llegar los inquilinos, se están todo el sábado y hasta el domingo por la tarde comienzan a regresarse, explica. “Pero en vacaciones también está lleno esto”. Así que, razono, ¡vaya “solución” del gobierno para aminorar el grave problema de la falta de habitación que sufre la mayor parte de la clase trabajadora, incapaz de adquirir una casa, debido a sus muy bajos salarios! Considérese, por ejemplo, que un departamento en la ciudad de México de unos 60 metros cuadrados, dirigido a familias de la clase media, justamente como los empleados de gobierno, cuesta, en promedio, alrededor de 800,000 pesos, que para un salario neto, ya sin impuestos, de alrededor de 7000 pesos, lo que perciben un buen número de burócratas, requeriría nada menos que de casi diez años de esas percepciones, así, sin usarlas para otra cosa que en el pago de dicho departamento. Así, poseer una casa propia en México, aunque es una necesidad vital, es prácticamente inalcanzable para la mayoría de la población (algo que podría generalizarse para todos los países).
Y aunque podrían considerarse “privilegiados” los empleados gubernamentales que ganan los préstamos, resulta que, además de la carga que impondrá su pago los próximos quince años, en realidad no están resolviendo, la mayoría, su problema de comprar una casa cerca de su centro de trabajo, sino que, en lugar de eso, adquieren una sólo “para los fines de semana”. Así que desde la perspectiva de los trabajadores, el préstamo servirá para adquirir un bien que, en todo caso, será como una especie de abaratado lujo, sí, el tener su propia casa de campo, cuestión que antes era prerrogativa casi casi para ricos. Ahora, digamos que con las medidas gubernamentales, se ha “democratizado” la posesión de una casa de campo. Agradezcamos (en el sentido irónico, claro), entonces, a los mal administradores panistas que están logrando que un buen número de sus burócratas tengan su “casita de campo”. Pero, como dije, eso no está solucionando la falta de vivienda en esta gran ciudad. Sin embargo, a alguien deben de beneficiar los cientos de miles de créditos para vivienda (de fin de semana) que otorga el gobierno. Y ese alguien es la constructora GEO, la que tiene fuertes adeudos, debido a sus apuros por abarcar demasiados desarrollos en todo el país y a la fuerte crisis económica mundial desatada desde el año pasado, que tomó por sorpresa a compañías como ésa, la que está incluso afectada por créditos en dólares, los que han aumentado sus problemas financieros debido a la devaluación del peso frente a la moneda estadounidense. Según cifras recientes, GEO en el 2008 tenía una deuda de alrededor de 3700 millones de pesos (unos 246 millones de dólares), que incluso renegoció, pues se vio imposibilitada para pagarla. De hecho, la consultora Fitch Ratings en diciembre pasado, colocó al grupo “en observación negativa en la escala local de largo plazo”, es decir, que no les aconsejaba a los inversionistas interesados que metieran su dinero en la constructora. Pero gracias al Estado Benefactor Panista Pronegocios, que ha resultado tan misericordioso con los empresarios y los banqueros en este país (no así con los pobres, ni con los cientos de miles de mexicanos que están perdiendo sus empleos y sus patrimonios por la crisis), se promovió lo de los préstamos del FOVISSSTE y, ¡oh, salvación!, resulta que el 95% de los clientes de GEO son los que tienen préstamos hipotecarios ya sea de aquélla entidad o del INFONAVIT, ésta, la institución gubernamental que se encarga de dotar de vivienda muy barata, ésa sí (son casas que cuestan en promedio unos 250,000 pesos), para los trabajadores no estatales, tales como obreros, trabajadores de la construcción… gente que gana cuando mucho tres salarios mínimos mensualmente, o sea, unos 4500 pesos. Y esa circunstancia, la de que GEO está tan íntimamente ligada con el gobierno, es la que consultoras como el grupo financiero mexicano IXE destaca, en un informe sobre la situación financiera de la empresa, fechado el 20 de octubre del 2008: “Consideramos positiva la forma en la que GEO ha planeado sus proyectos, ya que le ha ayudado a obtener licencias y permisos a tiempo. Adicionalmente tiene una gran capacidad de cabildeo que le puede ayudar a resolver problemas ocasionales relacionados con las licencias de construcción (específicamente en el Estado de México, uno de los más importantes, pero también uno de los más complicados). Por último, GEO se ha estado enfocando en el segmento de interés social, y con esta mezcla está bastante protegida contra una menor demanda proveniente de los sectores de más altos ingresos (debido tanto a las mayores tasas, como a la posibilidad de una crisis crediticia futura), ya que está más expuesta a los créditos hipotecarios provistos por Infonavit”. En este párrafo se pueden destacar varias interesantes cuestiones. Primero, la frase “tiene una gran capacidad de cabildeo”, entendiéndose que sus ejecutivos y accionistas poseen una fuerte influencia en el sector público, como para que éste diseñe programas habitacionales más hechos a la medida de la empresa, que a la medida de los trabajadores. En segundo lugar, la cuestión de que esa influencia le puede ayudar a obtener las licencias necesarias en el Estado de México, “uno de los más importantes, pero también uno de los más complicados”, se refiere a la tendencia que hasta hace poco tiempo, esa constructora y otras siguieron, de edificar casi exclusivamente viviendas de interés social, pero principalmente en la periferia de la ciudad de México, periferia que se localiza justo en ese estado. Éste rodea a dicha ciudad, lo que ha saturado y conurbado muchas zonas limítrofes, incrementando con ello los fuertes problemas urbanos que la hiperconcentración poblacional implica, tales como saturadas y deficientes vías de comunicación, falta suficiente de agua potable, de drenaje, transporte malo y caro (a la gente que vive allí, les toma en algunos casos hasta tres horas trasladarse a sus centros de trabajo a bordo de transportes cuyo costo absorbe buena parte de su salario)… lo que quizá explique por qué ahora los desarrollos de GEO se están trasladando masivamente al estado de Morelos, porque posiblemente las autoridades locales (que son panistas, hay que subrayar), les estén brindando todas las facilidades para que conviertan fértiles tierras de siembra en masivos conjuntos habitacionales. Y en cuanto a la frase “GEO se ha estado enfocando en el segmento de interés social, y con esta mezcla está bastante protegida contra una menor demanda proveniente de los sectores de más altos ingresos (debido tanto a las mayores tasas, como a la posibilidad de una crisis crediticia futura), ya que está más expuesta a los créditos hipotecarios provistos por INFONAVIT”, se está estipulando que, por si fallaran los créditos gubernamentales para los burócratas, sobre todo por la actual crisis, el grupo de nuevo retoma sus viejas riendas y otra vez mete mucha fuerza al desarrollo de conjuntos de interés social. Así que si la tendencia es como la de las “casas de fin de semana” dedicadas a los burócratas, pues es de esperarse también que los obreros cuenten con sus “casitas de campo”. Esto lo confirma el hecho de que el vendedor durante el recorrido nos mostró “casas baratas”. “Sí, es que el gobierno le exige a la constructora que haga casas de interés social, pero, mire, no tienen alberca, ni áreas verdes, son sencillitas”, aclara, con tono compasivo, mientras contemplábamos esa austeridad constructiva (que efectivamente contrasta con los “resorts” turísticos que vimos antes), como diciendo “pobrecitos de los que compren allí”, agregando que en el desarrollo que está apenas levantándose, “que en un momento más veremos”, una sección completa, de unas 600 casas, será para créditos del Infonavit. Pero, me pregunto, ¿el gobierno le exige a GEO?, ¿no será que, más bien, como señala IXE, es una manera de protegerse GEO contra la posibilidad de que se presente una crisis de créditos de los sectores medios de la población que trabajan para el gobierno, o sea, que el gobierno los suprima o los disminuya y que sólo mantenga los dedicados a los trabajadores de bajos salarios? Y es algo que en este año de 2009, tan recesivo y problemático, como se pronostica que será, esa posibilidad es muy alta, sobre todo porque podría considerarse que si esos créditos no resuelven en realidad el problema habitacional (un obrero necesita una casa cercana a su fuente de empleo, no una a la que sólo pueda acudir los fines de semana, por ejemplo, y que le ocasionará gastos extras que no podrá sufragar, como el traslado hasta allí), sino que solamente sirven para alentar una suerte de consuno habitacional suntuario, se estaría derrochando el erario público y de la gente en resolverles los problemas económicos a empresas como GEO, más que a los trabajadores, quienes a fin de cuentas llevarían a cuestas los (onerosos) préstamos hipotecaros otorgados para adquirir tales inmuebles, durante varios años (no es dinero que el gobierno regale, sino que se compromete por adelantado una buena parte del salario y, como dije, condicionándolo sobre todo a los trabajadores con más antigüedad en su puesto y de mediano salario).
Llegamos, por fin, al lugar en donde el nuevo desarrollo de 3100 casas está apenas comenzando a construirse. Se trata de tierras de siembra, muy fértiles, a decir del vendedor, y con bastante agua. Desde la enmienda que hiciera en su momento el ex presidente Carlos Salinas para que el ejido se pudiera vender, cada año más y más hectáreas de fértiles tierras dejan de ser de sembradío para convertirse en desarrollos de viviendas. Es una lástima, pues son lugares, como el que tenemos enfrente, que podrían rendir muchas toneladas de cosechas… y que en adelante serán destinados para albergar a las “casas de fin de semana”, a las que acudirán sus gustosos dueños-turistas, sin importarles que hasta hace poco aún se hubiera cultivado allí maíz o alguna legumbre o alimañas (de hecho, más tarde, al recorrer una de las casas, ya habitada, vimos a dos hombres fumigando, pues, dijeron, era para evitar que dos tipos de plagas no irrumpieran en el veraniego hogar. Se trata de la araña besadora y del alacrán, ambos insectos muy ponzoñosos). Sí, realmente tiene lógica el que GEO esté haciendo ahora sus casas en Morelos, en lugar del Estado de México. Seguramente tiene el gran apoyo del gobernador panista Marco Antonio Adame Castillo.
Todavía se ven restos de milpa seca, lo que indica que muy recientemente se compraron las tierras, a precio irrisorio, claro, y se están convirtiendo con cronométrica rapidez en conjuntos habitacionales. “Así como lo ve todo, tan lleno de tierra y yerbas, apenas limpiando el terreno las máquinas, para mayo ya estarán listas las casitas”, se jacta el vendedor, mientras contemplamos los movimientos de tierras y compactación, hechos por motoconformadoras, que preceden a estas obras. Habrá que medir el impacto ambiental que tales desarrollos provocarán en el medio ambiente, pues no es lo mismo tener allí tierras de labor, que cientos de casas, albergando a miles de personas, pues demandarán mucha agua, drenaje, electricidad… todo lo que verdaderamente las vuelva habitables, lo que incluso implicará problemas para los habitantes de las poblaciones cercanas, como el que les escasee el agua a ellos, se saturen las líneas de drenaje existentes o se saturen sus caminos. ¿Y cómo le hacen para el drenaje y el agua?, pregunto. “Hay drenaje”, me responde el vendedor, no muy seguro, “y además la constructora tiene plantas de tratamiento. Y el agua la sacan de pozos que perforan”, agrega. Pero por ningún lado vi en dónde están las plantas de tratamiento de aguas negras que me mencionó el vendedor. Y si el agua potable la extraen de acuíferos, pues no es gran solución, sobre todo si se extrae más de la capacidad que aquéllos posean (el consumo es alto, pues además del doméstico, está el agua que ocupan las decenas de albercas centrales y el riego de los amplios prados y áreas verdes). Y por la rapidez con la que me dice el vendedor que son construidas esas unidades, no me parece que existan estudios verdaderos sobre el impacto hidrológico que tanta demanda del vital líquido vaya a producirse en el lugar. Lo que sí advierto es que ya se hizo un canal de piedra por donde corre agua. ¿Para qué es el canal?, vuelvo a preguntar. “Ah, es que es el agua de riego para las tierras”, me responde, pero, pienso, ¿no podría tratarse del futuro drenaje? Eso, porque las tierras de sembradío cada vez serán menos.
Pero por si todo lo anterior fuera poco, agrega el vendedor que GEO planea construir en un lugar cercano a donde nos encontramos, un megadesarrollo de 25,000 casas. “Sí, fíjese que hasta va a tener un Zócalo y hasta le van a poner oficinas allí al gobierno… me acaban de enseñar los planos”. Por lo que dice, me imagino que será una especie de nuevo poblado, que quizá llamen “El pueblito de fin de semana”, pues, como las otras unidades que ya henos visto, sólo se ocupara sábados y domingos (o durante los famosos “puentes”). “Ese dicen que lo van a hacer por el 2011”. Claro, pienso, en lo que los tiempos mejoran y pasa la fuerte recesión actual.
El vendedor está interesadísimo en concretar una nueva venta, sobre todo porque dice que recibe, dependiendo de la casa que coloque, entre 1500 y 4000 pesos de comisión. Las casas que se ofrecen, son en cuatro modelos: Colibrí, Faisán, Flamingo y Residencial, y actualmente van de los 550 mil, hasta un millón, 300 mil pesos. Justamente están sus costos diseñados para adaptarse a los créditos que los trabajadores obtienen del FOVISSSTE, pues ya sean individuales o mancomunados, como señalé arriba, a varios de ellos les serán más o menos suficientes para comprar cualquiera de los cuatro modelitos de “casa de fin de semana”.
Ya más tarde, al momento de escribir estas líneas, trato de hallar el estado contable de GEO en su página electrónica, pero resulta que sólo se proporciona hasta el año del 2004, para el que indica que construyó 33228 casas y tuvo una utilidad neta de 803 millones de pesos. Pero luego de ese año ya no se proveen datos. Además, resulta curioso que en 2004, hasta el año que da la empresa información abierta sobre sus estados financieros, nace la “Fundación GEO”. Y se sabe que las fundaciones, en general, nacen con la finalidad de evadir impuestos sobre ciertos ingresos que aparecen como “donaciones” u otros “filantrópicos” conceptos que disfrazan la verdadera contabilidad de la empresa que la crea. Quizá a partir del 2005 los negocios pudieron mejorar o ¡empeorar!, y era vital para GEO que no se supiera de sus estados financieros. Sin embargo, como dije antes, en los recientes años, sus problemas de endeudamiento han aumentado muchísimo. Y por ello resultan tan vitales y tan oportunos los créditos gubernamentales. “La verdad es que me va muy bien, no me puedo quejar”, afirma el vendedor, quien resalta que las “casas de fin de semana” se están vendiendo con asombrosa rapidez, gracias precisamente a los créditos. Su auto, de reciente modelo, evidencia su jactancia. “¡Fíjese, aunque apenas se está construyendo aquí, ya se vendieron casi todas las casas. Yo estoy vendiendo unas diez cada fin de semana!”, dice, refiriéndose al nuevo desarrollo que, muy ad hoc, para que vaya con lo campirano y silvestre, se denominará “Campiñas”. “¡No, imagínese, y con lo que sigue, lo de las 25,000 casas, esto va para largo”, exclama, gustoso.
Pues ni imaginar quiero cuando eso suceda, porque actualmente la autopista México-Cuernavaca trabaja bastante saturada durante los fines de semana, sobre todo en domingo por la tarde y al anochecer, que es cuando las “casas de fin de semana” son abandonadas por sus intermitentes moradores y el conjunto habitacional se vacía, como en ese momento, las seis y media de la tarde justo del domingo, podemos comprobar, que las calles de frutales y floridos nombres están totalmente vacías. Así que de alguna manera, ya se está dando una conurbación, al menos por la autopista (con cientos de miles de automovilistas circulando por ella cada fin de semana), que en un no lejano futuro implicará una física, entre Cuernavaca y la ciudad de México (y con ciudades tales como Puebla, Pachuca y Toluca, en donde se siguen procesos similares), con los graves problemas de hipergigantismo urbano que dicha situación implicará. Y es que no se trata, razono, de hacer sólo casas que se usen los fines de semana, sino que esa tendencia se debería de acompañar de programas que descentralizaran las fuentes de trabajo, para que quedaran cerca de aquéllas, con tal de que sus moradores pudieran habitarlas permanentemente. Sin embargo, esos planes (que efectivamente existieron) quedaron en el pasado, son meras nostalgias planeadoras.
Pero mientras el gobierno siga otorgando los préstamos referidos (que además, este año, se decidió que se compactaran con el fondo de vivienda del trabajador, para que le “alcance para más”, como aclaró recientemente Felipe Calderón en un discurso), las “casas de fin de semana” seguirán creciendo, la autopista se saturará cada vez más en sábados y domingos, las tierras de sembradío se irán convirtiendo en zonas urbanas, que se irán conurbando con las grandes ciudades, tendremos menos alimentos, menos agua (el pavimento y el concreto van reduciendo la absorción del vital líquido, lo que permite la recarga de los acuíferos, de los que se surten esas casas)… y, por supuesto, estará implícita la salvación de GEO. Sí, excelente solución para resolver el problema de la vivienda… ¡pero para GEO!
Contacto: studillac@hotmail.com
Por Adán Salgado Andrade
Municipio de Emiliano Zapata, estado de Morelos, México. El vendedor de casas del grupo inmobiliario y constructor GEO exclama muy gustoso: “¡Fíjese, el año pasado (2008), GEO tuvo el primer lugar en ventas de los créditos del FOVISSSTE!”, mientras en su auto nos conduce a un nuevo desarrollo habitacional que aquella constructora está edificando, en terrenos del municipio de Emiliano Zapata, perteneciente al estado mexicano de Morelos, que hasta hace poco tiempo fueran fértiles tierras de sembradíos. Se refiere el vendedor, con esa emotiva frase que pronuncia con tanto entusiasmo, a dos cuestiones. La primera son los créditos masivos para vivienda que desde el año del 2006, el gobierno mexicano comenzó a otorgar a sus burócratas, por medio justamente del FOVISSSTE, una entidad pública que está encargada de dicho fin, proporcionar préstamos para que aquéllos puedan acceder a un hogar, digamos. Dichos créditos se otorgan en base a la percepción del trabajador, sus años de cotización y, sobre todo, si sale “sorteado” en la convocatoria que se hace al efecto cada año, por el mes de septiembre. Sin embargo, el descuento que se deduce una vez que se ha adquirido el bien, es del 30% del salario nominal, así que, para comenzar, resultan aquéllos onerosos, en el sentido de que casi un tercio del sueldo del “afortunado trabajador” que lo ganó, se irá en pagar el crédito durante los próximos 15 años, en promedio. Tales préstamos están en un rango aproximado de entre $250,000 hasta $750,000 pesos, correspondiendo a entre tres y cinco años de salarios, aproximadamente (entre 16,600 y 50,000 dólares), los que, supone el gobierno, serían suficientes para adquirir una vivienda de tipo medio, adecuadamente decente para vivir en ella 30 años o más, lo cual no siempre corresponde a la realidad, como veremos. Por otro lado, la segunda cuestión a la que se refiere el vendedor, quien en ese momento nos muestra una cementera del grupo Moctezuma (la planta de Tepetzingo), a un lado de la cual pasamos, es al grupo GEO, constructora fundada en 1973 por el arquitecto Luis Orvañanos Lascurain, quien desde entonces se dedicó a la edificación de viviendas, sobre todo económicas, según reza la información que proporciona el sitio en Internet de la empresa. Y no sorprende la declaración del vendedor, pues en cuanto el trabajador resulta agraciado con un préstamo, quienes primero se ponen en contacto con él, ya sea por correo electrónico o por teléfono son, justamente, los representantes del grupo GEO, quienes están al tanto de dicha información, lo que se antoja bastante sospechoso, dado que se supone que los trámites para obtener los préstamos son confidenciales. Así que seguramente FOVISSSTE les entrega dicha información (no sólo a GEO, sino a muchas otras empresas, que no dejan de ofrecer a los sorteados sus desarrollos habitacionales), con tal de que hagan muy buen negocio con los créditos. Sin embargo, la mayor parte de los pocos desarrollos que se ofrecen dentro de la ciudad de México, lugar de residencia de la mayor parte de los empleados, los que están digamos que “decentes” (es decir, son lugares habitables, con buen espacio, dos o más recámaras, adecuada y cercana ubicación… en fin, sitios en los que la clase media buscaría vivir), resultan casi siempre muy costosos en relación a los préstamos otorgados. Ni siquiera son accesibles si un matrimonio de empleados tuvo la “fortuna” de ser sorteado, y ambos mancomunan sus préstamos, pues el costo del inmueble casi siempre será mucho mayor. Pero, muy hábilmente, GEO ahora está ofreciendo otras alternativas “más baratas”, sólo que no se trata de desarrollos dentro de la ciudad, sino en provincia, y orgullosamente las presenta como “casas de fin de semana”, como las que una hora atrás, al llegar al sitio y solicitar informes, el vendedor nos enseñó, a bordo de un singular vehículo eléctrico, de los que se usan para el transporte de golfistas, lo que de pronto hace ver a la gente más como “turistas playeros”, que como compradores de una casa. Se trata de unidades habitacionales cuya arquitectura y diseño, justamente, recuerdan más a “resorts” turísticos, que a sitios en donde se vaya a vivir permanentemente, lo cual sería la necesidad principal a satisfacer. Cuentan con pintorescas áreas verdes, albercas centrales (“¡Para el calor de verano, imagínese, 36 grados de temperatura!”, exclama el vendedor), fuentes, pseudoesculturas de pétreos aglomerados… sí, como que resulta muy “playera” la vista que presenciamos, como para enamorarse a primera vista. Y efectivamente, esos desarrollos sólo son de fin de semana. Pregunto al vendedor que como cuánta gente vive allí permanentemente. “Pues como el uno por ciento… ¡uy, viera que entre semana esto está bien tranquilo!”, me responde. A partir del viernes comienzan a llegar los inquilinos, se están todo el sábado y hasta el domingo por la tarde comienzan a regresarse, explica. “Pero en vacaciones también está lleno esto”. Así que, razono, ¡vaya “solución” del gobierno para aminorar el grave problema de la falta de habitación que sufre la mayor parte de la clase trabajadora, incapaz de adquirir una casa, debido a sus muy bajos salarios! Considérese, por ejemplo, que un departamento en la ciudad de México de unos 60 metros cuadrados, dirigido a familias de la clase media, justamente como los empleados de gobierno, cuesta, en promedio, alrededor de 800,000 pesos, que para un salario neto, ya sin impuestos, de alrededor de 7000 pesos, lo que perciben un buen número de burócratas, requeriría nada menos que de casi diez años de esas percepciones, así, sin usarlas para otra cosa que en el pago de dicho departamento. Así, poseer una casa propia en México, aunque es una necesidad vital, es prácticamente inalcanzable para la mayoría de la población (algo que podría generalizarse para todos los países).
Y aunque podrían considerarse “privilegiados” los empleados gubernamentales que ganan los préstamos, resulta que, además de la carga que impondrá su pago los próximos quince años, en realidad no están resolviendo, la mayoría, su problema de comprar una casa cerca de su centro de trabajo, sino que, en lugar de eso, adquieren una sólo “para los fines de semana”. Así que desde la perspectiva de los trabajadores, el préstamo servirá para adquirir un bien que, en todo caso, será como una especie de abaratado lujo, sí, el tener su propia casa de campo, cuestión que antes era prerrogativa casi casi para ricos. Ahora, digamos que con las medidas gubernamentales, se ha “democratizado” la posesión de una casa de campo. Agradezcamos (en el sentido irónico, claro), entonces, a los mal administradores panistas que están logrando que un buen número de sus burócratas tengan su “casita de campo”. Pero, como dije, eso no está solucionando la falta de vivienda en esta gran ciudad. Sin embargo, a alguien deben de beneficiar los cientos de miles de créditos para vivienda (de fin de semana) que otorga el gobierno. Y ese alguien es la constructora GEO, la que tiene fuertes adeudos, debido a sus apuros por abarcar demasiados desarrollos en todo el país y a la fuerte crisis económica mundial desatada desde el año pasado, que tomó por sorpresa a compañías como ésa, la que está incluso afectada por créditos en dólares, los que han aumentado sus problemas financieros debido a la devaluación del peso frente a la moneda estadounidense. Según cifras recientes, GEO en el 2008 tenía una deuda de alrededor de 3700 millones de pesos (unos 246 millones de dólares), que incluso renegoció, pues se vio imposibilitada para pagarla. De hecho, la consultora Fitch Ratings en diciembre pasado, colocó al grupo “en observación negativa en la escala local de largo plazo”, es decir, que no les aconsejaba a los inversionistas interesados que metieran su dinero en la constructora. Pero gracias al Estado Benefactor Panista Pronegocios, que ha resultado tan misericordioso con los empresarios y los banqueros en este país (no así con los pobres, ni con los cientos de miles de mexicanos que están perdiendo sus empleos y sus patrimonios por la crisis), se promovió lo de los préstamos del FOVISSSTE y, ¡oh, salvación!, resulta que el 95% de los clientes de GEO son los que tienen préstamos hipotecarios ya sea de aquélla entidad o del INFONAVIT, ésta, la institución gubernamental que se encarga de dotar de vivienda muy barata, ésa sí (son casas que cuestan en promedio unos 250,000 pesos), para los trabajadores no estatales, tales como obreros, trabajadores de la construcción… gente que gana cuando mucho tres salarios mínimos mensualmente, o sea, unos 4500 pesos. Y esa circunstancia, la de que GEO está tan íntimamente ligada con el gobierno, es la que consultoras como el grupo financiero mexicano IXE destaca, en un informe sobre la situación financiera de la empresa, fechado el 20 de octubre del 2008: “Consideramos positiva la forma en la que GEO ha planeado sus proyectos, ya que le ha ayudado a obtener licencias y permisos a tiempo. Adicionalmente tiene una gran capacidad de cabildeo que le puede ayudar a resolver problemas ocasionales relacionados con las licencias de construcción (específicamente en el Estado de México, uno de los más importantes, pero también uno de los más complicados). Por último, GEO se ha estado enfocando en el segmento de interés social, y con esta mezcla está bastante protegida contra una menor demanda proveniente de los sectores de más altos ingresos (debido tanto a las mayores tasas, como a la posibilidad de una crisis crediticia futura), ya que está más expuesta a los créditos hipotecarios provistos por Infonavit”. En este párrafo se pueden destacar varias interesantes cuestiones. Primero, la frase “tiene una gran capacidad de cabildeo”, entendiéndose que sus ejecutivos y accionistas poseen una fuerte influencia en el sector público, como para que éste diseñe programas habitacionales más hechos a la medida de la empresa, que a la medida de los trabajadores. En segundo lugar, la cuestión de que esa influencia le puede ayudar a obtener las licencias necesarias en el Estado de México, “uno de los más importantes, pero también uno de los más complicados”, se refiere a la tendencia que hasta hace poco tiempo, esa constructora y otras siguieron, de edificar casi exclusivamente viviendas de interés social, pero principalmente en la periferia de la ciudad de México, periferia que se localiza justo en ese estado. Éste rodea a dicha ciudad, lo que ha saturado y conurbado muchas zonas limítrofes, incrementando con ello los fuertes problemas urbanos que la hiperconcentración poblacional implica, tales como saturadas y deficientes vías de comunicación, falta suficiente de agua potable, de drenaje, transporte malo y caro (a la gente que vive allí, les toma en algunos casos hasta tres horas trasladarse a sus centros de trabajo a bordo de transportes cuyo costo absorbe buena parte de su salario)… lo que quizá explique por qué ahora los desarrollos de GEO se están trasladando masivamente al estado de Morelos, porque posiblemente las autoridades locales (que son panistas, hay que subrayar), les estén brindando todas las facilidades para que conviertan fértiles tierras de siembra en masivos conjuntos habitacionales. Y en cuanto a la frase “GEO se ha estado enfocando en el segmento de interés social, y con esta mezcla está bastante protegida contra una menor demanda proveniente de los sectores de más altos ingresos (debido tanto a las mayores tasas, como a la posibilidad de una crisis crediticia futura), ya que está más expuesta a los créditos hipotecarios provistos por INFONAVIT”, se está estipulando que, por si fallaran los créditos gubernamentales para los burócratas, sobre todo por la actual crisis, el grupo de nuevo retoma sus viejas riendas y otra vez mete mucha fuerza al desarrollo de conjuntos de interés social. Así que si la tendencia es como la de las “casas de fin de semana” dedicadas a los burócratas, pues es de esperarse también que los obreros cuenten con sus “casitas de campo”. Esto lo confirma el hecho de que el vendedor durante el recorrido nos mostró “casas baratas”. “Sí, es que el gobierno le exige a la constructora que haga casas de interés social, pero, mire, no tienen alberca, ni áreas verdes, son sencillitas”, aclara, con tono compasivo, mientras contemplábamos esa austeridad constructiva (que efectivamente contrasta con los “resorts” turísticos que vimos antes), como diciendo “pobrecitos de los que compren allí”, agregando que en el desarrollo que está apenas levantándose, “que en un momento más veremos”, una sección completa, de unas 600 casas, será para créditos del Infonavit. Pero, me pregunto, ¿el gobierno le exige a GEO?, ¿no será que, más bien, como señala IXE, es una manera de protegerse GEO contra la posibilidad de que se presente una crisis de créditos de los sectores medios de la población que trabajan para el gobierno, o sea, que el gobierno los suprima o los disminuya y que sólo mantenga los dedicados a los trabajadores de bajos salarios? Y es algo que en este año de 2009, tan recesivo y problemático, como se pronostica que será, esa posibilidad es muy alta, sobre todo porque podría considerarse que si esos créditos no resuelven en realidad el problema habitacional (un obrero necesita una casa cercana a su fuente de empleo, no una a la que sólo pueda acudir los fines de semana, por ejemplo, y que le ocasionará gastos extras que no podrá sufragar, como el traslado hasta allí), sino que solamente sirven para alentar una suerte de consuno habitacional suntuario, se estaría derrochando el erario público y de la gente en resolverles los problemas económicos a empresas como GEO, más que a los trabajadores, quienes a fin de cuentas llevarían a cuestas los (onerosos) préstamos hipotecaros otorgados para adquirir tales inmuebles, durante varios años (no es dinero que el gobierno regale, sino que se compromete por adelantado una buena parte del salario y, como dije, condicionándolo sobre todo a los trabajadores con más antigüedad en su puesto y de mediano salario).
Llegamos, por fin, al lugar en donde el nuevo desarrollo de 3100 casas está apenas comenzando a construirse. Se trata de tierras de siembra, muy fértiles, a decir del vendedor, y con bastante agua. Desde la enmienda que hiciera en su momento el ex presidente Carlos Salinas para que el ejido se pudiera vender, cada año más y más hectáreas de fértiles tierras dejan de ser de sembradío para convertirse en desarrollos de viviendas. Es una lástima, pues son lugares, como el que tenemos enfrente, que podrían rendir muchas toneladas de cosechas… y que en adelante serán destinados para albergar a las “casas de fin de semana”, a las que acudirán sus gustosos dueños-turistas, sin importarles que hasta hace poco aún se hubiera cultivado allí maíz o alguna legumbre o alimañas (de hecho, más tarde, al recorrer una de las casas, ya habitada, vimos a dos hombres fumigando, pues, dijeron, era para evitar que dos tipos de plagas no irrumpieran en el veraniego hogar. Se trata de la araña besadora y del alacrán, ambos insectos muy ponzoñosos). Sí, realmente tiene lógica el que GEO esté haciendo ahora sus casas en Morelos, en lugar del Estado de México. Seguramente tiene el gran apoyo del gobernador panista Marco Antonio Adame Castillo.
Todavía se ven restos de milpa seca, lo que indica que muy recientemente se compraron las tierras, a precio irrisorio, claro, y se están convirtiendo con cronométrica rapidez en conjuntos habitacionales. “Así como lo ve todo, tan lleno de tierra y yerbas, apenas limpiando el terreno las máquinas, para mayo ya estarán listas las casitas”, se jacta el vendedor, mientras contemplamos los movimientos de tierras y compactación, hechos por motoconformadoras, que preceden a estas obras. Habrá que medir el impacto ambiental que tales desarrollos provocarán en el medio ambiente, pues no es lo mismo tener allí tierras de labor, que cientos de casas, albergando a miles de personas, pues demandarán mucha agua, drenaje, electricidad… todo lo que verdaderamente las vuelva habitables, lo que incluso implicará problemas para los habitantes de las poblaciones cercanas, como el que les escasee el agua a ellos, se saturen las líneas de drenaje existentes o se saturen sus caminos. ¿Y cómo le hacen para el drenaje y el agua?, pregunto. “Hay drenaje”, me responde el vendedor, no muy seguro, “y además la constructora tiene plantas de tratamiento. Y el agua la sacan de pozos que perforan”, agrega. Pero por ningún lado vi en dónde están las plantas de tratamiento de aguas negras que me mencionó el vendedor. Y si el agua potable la extraen de acuíferos, pues no es gran solución, sobre todo si se extrae más de la capacidad que aquéllos posean (el consumo es alto, pues además del doméstico, está el agua que ocupan las decenas de albercas centrales y el riego de los amplios prados y áreas verdes). Y por la rapidez con la que me dice el vendedor que son construidas esas unidades, no me parece que existan estudios verdaderos sobre el impacto hidrológico que tanta demanda del vital líquido vaya a producirse en el lugar. Lo que sí advierto es que ya se hizo un canal de piedra por donde corre agua. ¿Para qué es el canal?, vuelvo a preguntar. “Ah, es que es el agua de riego para las tierras”, me responde, pero, pienso, ¿no podría tratarse del futuro drenaje? Eso, porque las tierras de sembradío cada vez serán menos.
Pero por si todo lo anterior fuera poco, agrega el vendedor que GEO planea construir en un lugar cercano a donde nos encontramos, un megadesarrollo de 25,000 casas. “Sí, fíjese que hasta va a tener un Zócalo y hasta le van a poner oficinas allí al gobierno… me acaban de enseñar los planos”. Por lo que dice, me imagino que será una especie de nuevo poblado, que quizá llamen “El pueblito de fin de semana”, pues, como las otras unidades que ya henos visto, sólo se ocupara sábados y domingos (o durante los famosos “puentes”). “Ese dicen que lo van a hacer por el 2011”. Claro, pienso, en lo que los tiempos mejoran y pasa la fuerte recesión actual.
El vendedor está interesadísimo en concretar una nueva venta, sobre todo porque dice que recibe, dependiendo de la casa que coloque, entre 1500 y 4000 pesos de comisión. Las casas que se ofrecen, son en cuatro modelos: Colibrí, Faisán, Flamingo y Residencial, y actualmente van de los 550 mil, hasta un millón, 300 mil pesos. Justamente están sus costos diseñados para adaptarse a los créditos que los trabajadores obtienen del FOVISSSTE, pues ya sean individuales o mancomunados, como señalé arriba, a varios de ellos les serán más o menos suficientes para comprar cualquiera de los cuatro modelitos de “casa de fin de semana”.
Ya más tarde, al momento de escribir estas líneas, trato de hallar el estado contable de GEO en su página electrónica, pero resulta que sólo se proporciona hasta el año del 2004, para el que indica que construyó 33228 casas y tuvo una utilidad neta de 803 millones de pesos. Pero luego de ese año ya no se proveen datos. Además, resulta curioso que en 2004, hasta el año que da la empresa información abierta sobre sus estados financieros, nace la “Fundación GEO”. Y se sabe que las fundaciones, en general, nacen con la finalidad de evadir impuestos sobre ciertos ingresos que aparecen como “donaciones” u otros “filantrópicos” conceptos que disfrazan la verdadera contabilidad de la empresa que la crea. Quizá a partir del 2005 los negocios pudieron mejorar o ¡empeorar!, y era vital para GEO que no se supiera de sus estados financieros. Sin embargo, como dije antes, en los recientes años, sus problemas de endeudamiento han aumentado muchísimo. Y por ello resultan tan vitales y tan oportunos los créditos gubernamentales. “La verdad es que me va muy bien, no me puedo quejar”, afirma el vendedor, quien resalta que las “casas de fin de semana” se están vendiendo con asombrosa rapidez, gracias precisamente a los créditos. Su auto, de reciente modelo, evidencia su jactancia. “¡Fíjese, aunque apenas se está construyendo aquí, ya se vendieron casi todas las casas. Yo estoy vendiendo unas diez cada fin de semana!”, dice, refiriéndose al nuevo desarrollo que, muy ad hoc, para que vaya con lo campirano y silvestre, se denominará “Campiñas”. “¡No, imagínese, y con lo que sigue, lo de las 25,000 casas, esto va para largo”, exclama, gustoso.
Pues ni imaginar quiero cuando eso suceda, porque actualmente la autopista México-Cuernavaca trabaja bastante saturada durante los fines de semana, sobre todo en domingo por la tarde y al anochecer, que es cuando las “casas de fin de semana” son abandonadas por sus intermitentes moradores y el conjunto habitacional se vacía, como en ese momento, las seis y media de la tarde justo del domingo, podemos comprobar, que las calles de frutales y floridos nombres están totalmente vacías. Así que de alguna manera, ya se está dando una conurbación, al menos por la autopista (con cientos de miles de automovilistas circulando por ella cada fin de semana), que en un no lejano futuro implicará una física, entre Cuernavaca y la ciudad de México (y con ciudades tales como Puebla, Pachuca y Toluca, en donde se siguen procesos similares), con los graves problemas de hipergigantismo urbano que dicha situación implicará. Y es que no se trata, razono, de hacer sólo casas que se usen los fines de semana, sino que esa tendencia se debería de acompañar de programas que descentralizaran las fuentes de trabajo, para que quedaran cerca de aquéllas, con tal de que sus moradores pudieran habitarlas permanentemente. Sin embargo, esos planes (que efectivamente existieron) quedaron en el pasado, son meras nostalgias planeadoras.
Pero mientras el gobierno siga otorgando los préstamos referidos (que además, este año, se decidió que se compactaran con el fondo de vivienda del trabajador, para que le “alcance para más”, como aclaró recientemente Felipe Calderón en un discurso), las “casas de fin de semana” seguirán creciendo, la autopista se saturará cada vez más en sábados y domingos, las tierras de sembradío se irán convirtiendo en zonas urbanas, que se irán conurbando con las grandes ciudades, tendremos menos alimentos, menos agua (el pavimento y el concreto van reduciendo la absorción del vital líquido, lo que permite la recarga de los acuíferos, de los que se surten esas casas)… y, por supuesto, estará implícita la salvación de GEO. Sí, excelente solución para resolver el problema de la vivienda… ¡pero para GEO!
Contacto: studillac@hotmail.com
lunes, 26 de enero de 2009
La muy lucrativa y globalizadora industria del ocio: el caso Six Flags.
La muy lucrativa y globalizadora industria del ocio: el caso Six Flags.
por Adán Salgado Andrade
Parque de diversiones “Six Flags”. Ciudad de México. Desde la ubicación del así llamado “parque temático” (theme park) Six Flags, se nota el elitismo urbano, ya que el lugar está localizado muy cerca de Santa Fe, una de las zonas más exclusivas de la ciudad de México, al suroeste de ésta. Por lo mismo, la lejanía de buena parte de otras zonas citadinas, de entrada, lo vuelven inaccesible. Es casi una necesidad llegar en auto, y aunque en la página electrónica del parque se dan opciones para llegar (principalmente para personas que vengan de provincia, las de medios a altos ingresos, claro, pues son los que puede darse ese lujo, como veremos), sobre todo desde las estaciones de autobuses foráneos, el transporte público hacia el sitio es caro y poco eficiente, debido a la citada lejanía. Una fachada de grandes arcos de piedra, con el logo de “Six Flags”, dan la bienvenida a los ansiosos paseantes, ávidos de emociones sin fin y de “diversión de primer mundo”, ¡VIP!, dentro del parque.
El lugar, conocido anteriormente como “Reino Aventura”, buscó desde su fundación, en marzo de 1982 (por cierto que en plena crisis económica, durante los últimos, conflictivos meses del sexenio de José López Portillo), “revolucionar” el concepto de diversión, dejar atrás, en un muy disneylandesco estilo de primer mundo, lo hasta entonces conocido y concebido como “recreación”. Sí, a partir de ese momento no sería ya “cool” ir de día de campo a la Marquesa o ir al parque de la colonia a jugar fútbol, o asistir a la feria local, la de anticuados, “peligrosos” y viejos juegos… No, “Reino Aventura” ofrecía un “novedoso concepto recreativo” comparable con, por ejemplo, Disneylandia, con tal de que los aires modernizadores y occidentalizadores, imprescindibles para que todo país subdesarrollado aspirara al desarrollo, nos tocaran con lo más adelantado en tecnología de la diversión. Y fue como en alrededor de 45 hectáreas de fértiles terrenos se erigió dicho parque, cuyo concepto original, con algunas variantes, se ha mantenido hasta nuestros días.
Y ya es entrar al estacionamiento, que comienzan a ofrecerse ciertos privilegios para aquéllos que, no conformes con asistir a ese elitista lugar, pueden proporcionarse lujos extras, con tal de que destaquen de entre el resto de las ansiosas masas de divertientes. Por pago anticipado del estacionamiento, más un cargo extra (alrededor de cien pesos, unos siete dólares), se le ofrece al visitante dejar su auto en “lugar preferencial”, destacando el empleado (con un pregón que la empresa le exige repetir tal cual a cada automovilista, so pena de ser amonestado, como nos explicó luego un ex trabajador), un joven muy quemado por el sol, “para que cuando se vaya, salga rápido y no se entretenga con las aglomeraciones que se hacen”. Si ese primer “sablazo” no es aceptado, entonces ya se habrá logrado un primer ahorro, un pequeño porcentaje, sin embargo, en vista de los altos precios que por todo se cobran en el lugar, como veremos.
Por varios años el parque se llamó “Reino Aventura”, hasta que en 1992 se reestructuró para hacerlo más atractivo y se bautizó como “El nuevo Reino Aventura” (se compraron más juegos y fue cuando se adquirió a la famosísima ballena Keiko, con tal de hacerlo aún más atractivo). De nueva cuenta, en 1995 (año de otra brutal crisis económica, la del “efecto tequila”), cambió su administración y se le volvió a llamar “Reino Aventura”. Finalmente, en 1999, la empresa estadounidense “Premier Parks”, dedicada a operar parques temáticos por todo el mundo, compró “Reino Aventura”, al que bautizó de inmediato como “Six Flags México” y adoptando ella misma algún tiempo después el nombre de “Six Flags, Inc.”, dado que ya por entonces se había popularizado aquella denominación. Esa compañía es la más grande operadora de parques temáticos en Estados Unidos y tiene varias franquicias en otros sitios, como en el que entramos en ese momento.
Y al acercarnos a la taquilla, a pesar de ser domingo, la cola de espera no es tan larga, quizá, razono, porque aún con todos los “granes atractivos” que contiene Six Flags, las sombras de la depresión económica mundial se comienzan a sentir. Sobre todo por los altos precios que se cobran para acceder. Así, la entrada “general”, con derecho, supuestamente, a todos los juegos, cuesta nada menos que $315 pesos (unos 22 dólares), en un país en donde el ochenta por ciento de los sueldos son de dos salarios mínimos cuando mucho, o sea, unos 107 pesos diarios (7.64 dólares), es decir, le costaría a un trabajador que percibiera esa cantidad alrededor de tres días de labor entrar al lugar (o seis días, si sólo ganara un sueldo, como sucede con el 60% de los trabajadores). Pero también se ofrecen privilegios para quien esté dispuesto a desembolsar “un poco más de dinero”. Así que por $590 pesos ($42 dólares), se puede adquirir el llamado pase “VIP”, el cual le concede al desahogado comprador, que se pueda subir a todos los juegos, sin restricciones, al igual que el pase general, pero sin tener que hacer fila (aunque más tarde pude apreciar que, de todos modos, los portadores del pase VIP, debían de formarse y esperar turno), sobre todo en las diversiones que son consideradas como las “más cotizadas”: la montaña rusa (roller coaster) más alta que hay, bautizada como Superman, la de Batman, segunda en altura o el Kilawea, una suerte de grandísimo martillo, que también somete a sus usuarios a violentos movimientos de giros y caídas libres. Pero además con ese privilegiado pase, se cuenta con “asientos preferenciales en los espectáculos que se ofrecen”: el show de delfines y elefantes marinos del acuario y uno en donde se reproducen escenas de Batman y sus personajes, con acrobacias y doblajes, a un lado de esa ya mencionada montaña rusa, nombrada como el legendario hombre murciélago. Habiendo, quien esto narra, adquirido el boleto normal, por supuesto, ya por fin se pasan los torniquetes para entrar a “la diversión sin límite”. De inmediato nos recibe una ambientación de fábula, de cuento de hadas, donde no existe pobreza, ni marginación, ni problemas sociales, ni descontento… no, al contrario, todo mundo se ve contento… ¡contentísimo! Y ya comienzan también a aparecer los infaltables juegos mecánicos, de fabricación estadounidense la mayoría, dado que justo es en Estados Unidos en donde se da la imposición de una supuesta recreación basada en el empleo de máquinas que someten al usuario a giros bruscos, deslizamientos de más de 100 kilómetros por hora, sacudidas, rotaciones, traslaciones… de tal manera que, incluso, se debe de contar con una adecuada salud y ciertas condiciones para emplear tales instalaciones, lo que claramente se advierte en los letreros colocados a la entrada de cada uno de esos “divertidos” juegos (por ejemplo, se indica que no deben de padecerse males cardiacos, ni estar recién operados o bajo efecto de drogas o alcohol). Compañías como Arrow Dynamics (EU), Bolliger & Mabillard (EU-Suiza), Bradley and Kaye (EU), Chance Rides (EU), A+Playgrounds (EU), Atomic Themeworks Mfng. Inc. (Canadá), Koala Playgroup (EU), Phunzone (EU), West Coast Netting (EU), Worlds of Wow! (EU), entre otras, fabrican el tipo de juegos mecánicos que pueden hallarse en los parques temáticos de todo el mundo, tales como Six Flags, de la cadena estadounidense con sede en Texas, lugar en donde, en 1961, se creó el primero de sus parques, como competencia a “Disneylandia” que, por aquel entonces, era pionera en ese “revolucionario” concepto de diversión, mezcla de juegos mecánicos y ambientaciones de lugares fantásticos o legendarios, tal y como también se hizo con “Reino Aventura”, en el cual, desde su fundación, se ofrecían “mundos” como el marroquí, el francés, el suizo, el vaquero… y un estereotipado concepto del “mundo de los niños”.
Y es que todo dentro del capitalismo tiende a mercantilizarse, pues cualquier actividad que permita obtener una ganancia será abordada por aquél, especialmente en los críticos tiempos en que estamos viviendo, con recurrentes crisis y recesiones mundiales, como la actual. Así, la llamada industria del ocio ha mercantilizado el empleo del “tiempo libre”, aquél del que la gente dispone cuando no está cumpliendo con ninguna labor, tal como el trabajo o el estudio. En lugar de leer o, como dije, ir de día de campo, jugar, reunirse con familiares o amigos, se le impone, por cuestiones de globalización, manipulación y estandarización social, que comprar diversión, si es que verdaderamente quiere ser “cool”, estar “in” y no “out”. Y para ello existen todas las corporaciones cuya finalidad principal es la del entretenimiento, que además de obtener sus ganancias exclusivamente vendiendo “diversión”, por otro lado, imponen patrones de comportamiento que garanticen estabilidad política y social. Hollywood, con sus taquilleras películas de acción, héroes y aventuras, cadenas televisivas (NBC, CBS, FOX…) con estereotipadas programaciones por cable, las compañías de lujosos cruceros por el mar, la industria de los videojuegos, el muy lucrativo y beligerante pasatiempo del “Gotcha”, que es como “jugar a la guerra” (Ver mi artículo en Internet “Gotcha o de cómo se convirtió a la indeseada guerra en un divertido juego dominical”), los casinos en Las Vegas o los parques temáticos de Walt Disney Inc. (la que también posee estudios cinematográficos y cadenas televisivas, claro) o los de “Six Flags Inc.”, como en el que nos encontramos “divirtiéndonos” en ese preciso instante, además de que, repito, generan fabulosas ganancias (tan sólo Hollywood produce ingresos anuales por alrededor de $35,000 millones de dólares, la industria de los videojuegos logra alrededor de $12,000 millones anuales, los parques temáticos, otro tanto, y así), representan una forma del control ideológico que se ha buscado imponer mediante la “globalización”. Por tanto, la industria del ocio sacará partido de aquellos con dinero excedente como para invertirlo en puro placer y retroalimenta en todo el mundo la idea de que así es como se deben de divertir quienes aspiren a ser “modernos y avanzados”.
Y ahí deambulamos, entre los juegos mecánicos y escenarios de ensueño de Six Flags.
En todos los juegos, además de las advertencias a las que aludo arriba, hay una especie de regla precautoria en cuya parte superior hay tres escalas: una roja, que marca 90 centímetros, por debajo de la cual, ninguna persona, sobre todo niños, con estatura menor a dicha medida puede pasar (pero también seguramente estará la restricción para personas con atrofia corporal, supongo). Una más es amarilla, de entre 90 y 120 centímetros, de acuerdo a la cual, los niños pueden abordar el juego acompañados de un adulto. Por último, una verde, de más de 120 centímetros, la que señala que a partir de esa edad, todo mundo puede acceder, advertido, pues, de las restricciones que señalan los letreros. Los empleados que operan las “sanas” diversiones mecánicas están todos perfectamente uniformados, muy serios casi todos, y repitiendo robóticamente, a cada rato, las medidas que la gente debe de cumplir al subir al juego, como asegurarse o no sacar las manos (lo que de todos modos muchos hacen), lo que no puede cargar (como cámaras de video o fotográficas)… así, todo el tiempo. Un ex empleado, quien nos pidió el anonimato, al que llamaremos Juan, acerca de esas restricciones, no platicó: “Son bastante estrictos los supervisores, debes que tener el uniforme impecable, siempre con el cabello corto, rasurado, siempre promocionando tu producto, si esás vendiendo algo, con tu local presentable y limpio. No puedes hacer absolutamente nada que no sea permanecer en tu puesto parado y aguantando estoicamente, tal cual soldado, esperando mas órdenes de tus supervisores. El charlar con los demás trabajadores no está permitido, tampoco puedes comer ningún refrigerio, a excepción de agua, no puedes distraerte mientras estás en tu sitio, como que leas, escuches música… ni puedes utilizar celulares, ni entrar al parque con dinero o pertenencias valiosas”. Sí, increíble, el ingreso de los trabajadores, según platica Juan, es sin dinero, pues es una carcelaria medida de los administradores para evitar que se queden con el dinero que obtienen por todas aquellas actividades que son “extras” a la entrada general, tales como, por ejemplo, juegos de destreza, como el tiro de dados, de bolas atinándole a un objetivo, el tiro al blanco… y muchos otros, los que cuestan treinta pesos en promedio, pero que en muy corto tiempo, por la momentánea adicción que generan, pueden esos treinta pesos convertirse en 60, 90, 120… ¡mucho más! Y, como dije, para garantizar que los empleados no se queden con nada, es que se les somete a una humillante revisión. “Te revisan al entrar y al salir del área del parque para que no introduzcas o extraigas más efectivo del que debes de reportar al final del día, y te revisan de forma ¡muy minuciosa!, cuidando de que no se les escape nada en absoluto. No, los empleados no se pueden quedar con nada del dinero que se gane en los juegos o establecimientos de alimentos en los que trabajan. Como te dije, entras al área del parque sin dinero propio y sales absolutamente en las mismas. En caso de que te sobre dinero de la cuenta, tienes que reportarlo y tu supervisor se hará cargo” agrega Juan. Así pues, con ese trato de internos de un reclusorio, más que de trabajadores, es suficiente, supongo, para intimidar a los mal pagados empleados, quienes actualmente ganan en promedio $100 pesos por día (unos $7 dólares) por ocho horas diarias, servicio médico, sólo en caso necesario y de vez en cuando, cupones para “gozar”, sus familiares o amigos, del parque. “Sí puedes faltar, pero sólo con previo aviso y no te pagan, aún si justificas tu falta por enfermedad, y tengo entendido que te dan seguro, pero tienes que tramitarlo”, refiere Juan, acerca de los permisos que se dan por cuestiones de salud, así que sí pueden enfermarse los trabajadores, pero dejarán de ganar dinero por estarlo… ¡vaya injusticias! Claro, es entendible que la empresa, con tal de maximizar sus ganancias, trate así a sus empleados, tal y como en una ensambladora de autos, por ejemplo, se someten a fuertes restricciones a sus obreros, con tal de que cumplan eficientemente su jornada. Aquí se fabrican carros, en Six Flags, se “hace diversión”.
Efectivamente, esto más parece una maquiladora en donde el producto principal es la “diversión a raudales”. Los empleados realizan correctamente su trabajo, sin mostrar emoción o gesto alguno (a lo mejor hasta eso les prohíben) ante el griterío que la gente lanza cuando todos, niños y adultos, experimentan la fuertes emociones que les provocan la velocidad, las vueltas, las sacudidas, las rotaciones… a todo lo que los muy sofisticados juegos mecánicos los someten. Pero a decir de mis acompañantes, quienes llegaron a ir cuando el parque era aún “Reino Aventura”, antes la duración era mayor, o los juegos daban dos recorridos. Ahora, simplemente, se demora más en la fila, esperando a subir, que el tiempo que toma sentarse en el carro o vagón del juego, completar el trayecto y salir, entre mareado y estrujado por las sacudidas, la velocidad y las rotaciones. Aunque viendo las veloces subidas, bajadas, involuciones, rotaciones, giros… que más parecen una forma de tortura, que “diversión pura”, considero que en algunos casos, con los dos o tres minutos que toma “divertirse”, basta. Bueno, pero si es cierto que actualmente muchos de los juegos duran muy poco, eso indicaría simplemente las formas en que los administradores buscarían optimizar y eficientizar al máximo sus recursos para obtener la mayor ganancia posible, sobre todo en estos tiempos de recesión económica. Y eso incluye menores tiempos de trabajo de sus máquinas (lo que ahorraría energía eléctrica), cobros mayores, con tal de obtener una ganancia del menor número de personas que entrará a “divertirse” y mayor rigidez con sus empleados, como sigue narrando Juan. “Mira, yo tenía que vender, en el lugar que me asignaran del parque, algodón de azúcar, andaba de aquí para allá, según se necesitara. La mayor parte de las veces me ponían un puesto en un área específica, para permanecer ahí vendiendo el producto durante la mayor parte del día. Y eso era muy desgastante física y mentalmente, porque de lo único que se trataba era de vender y promocionar, sí, la productividad era lo más importante, no importaba cuan cansado el trabajador se encontrara, no, ni siquiera se podía dar el lujo de distraerse un poco para despejar la mente o reponerse físicamente. Yo, como vendedor que estaba a cargo de un puesto móvil, no fijo, carecía de derecho alguno a sentarme, a descansar unos minutos, a pesar de lo largo de tu jornada, no importaba el extenuante sol o cuan agotadas estuvieran tus piernas después de estar parado durante 8 horas seguidas. Mira, ni siquiera te daban un banco para sentarte un rato. Además, cuando no estabas ocupado atendiendo al cliente, los supervisores te exigían que estuvieras durante largos periodos de tiempo en la explanada promocionando el producto, haciendo malabares y maromas para atraer a la gente, aún si no había mas que unas cuantas personas en el área. Te prohibían hablar con tus compañeros vendedores de otros puestos, porque si lo hacías, consideraban que no estabas trabajando y te llamaban la atención. Ni siquiera podías llevar tu ipod o mp3 para, aunque fuera, desabochornarte del excesivo trabajo, porque, pues no atiendes, promocionas o haces algodones con las orejas, ¿no?, entonces, no encontraba razón alguna para que no pudiera escuchar un poco de música mientras atendía a la gente y continuaba con mis actividades.” Este elocuente testimonio de Juan me aclara porque, como comento arriba, casi todos los empleados son tan serios y, digamos, propios. Aunque hay otros, de algunas áreas, como los del acuario, que más bien tendrían otra categoría, como animadores, y por ello es que deben de mostrarse tan alegres y dispuestos a hacer reír a la gente, no tan mecánicos en su actuar (los payasos que mojan a la gente al principio del espectáculo de los delfines y lobos de mar haciendo gracias y volteretas en el acuario, son particularmente, esos sí, divertidos, pero a costa, como señalé, de mojar a varios de los espectadores, lo que pudiera provocar la molestia de algunos). Otro caso es el de las chicas que dan el tour por la llamada “Cabaña del tío Chueco”, singular divertimento construido en pendiente, que simula una casa en donde todo está inclinado y se muestran trucos ópticos en que parecería, por ejemplo, que el agua corre hacia arriba y no hacia abajo. En este sitio también las animadoras aparentan estar contentas con lo que dicen y hacen (muestran los trucos ópticos, recitando un pregón que, supongo, ya está perfectamente aprendido luego de varias veces al día de repetirlo). Sin embargo, la posición que deben de soportar, una inclinación que calculo será de unos sesenta grados (cuesta trabajo permanecer de pie sin sostenerse de algo, pues debido al declive, la gravedad jala bastante al cuerpo), al final de sus actividades, debe de dejarles algunas secuelas, como pies, tobillos y piernas adoloridos, además de la sensación de mareo debido a lo inclinado, que perdura en el visitante aún durante varios minutos de concluido el espectáculo.
Pero a pesar de tales inconvenientes, la diversión y la manera de enganchar a los visitantes con gastos extras a las entradas, deben de continuar. Y la primera de ellas es la casi obligada foto que rapidísimas cámaras digitales toman a los emocionados paseantes cuando están a bordo de los juegos mecánicos, como las montañas rusas u otros parecidos. Las fotos se toman en alguna veloz bajada, así que retratan las caras, entre emocionadas, nerviosas, pasmadas, azoradas, asustadas… los cuerpos tensos, las manos sujetándose fuertemente (aunque hay algunos que, violando las disposiciones, no se sujetan y levantan las manos, siendo esas instantáneas involuntarios testigos de su desacato)… y así por el estilo. Ya cuando los usuarios concluyen su “diversión”, al salir, varios monitores muy estratégicamente colocados, muestran las fotos de todos los que abordaron los receptáculos del juego. Sí, y entonces para adquirir esa décima de segundo de “divertida” temeridad, habrá que desembolsar, según el tamaño de la foto y la cantidad de copias, desde un mínimo de $80 pesos ($5.7 dólares), hasta más de cuatrocientos pesos (casi $30 dólares). Aunque esta vez, a pesar de ser domingo, fuera de que las personas se veían en el monitor que contenía la respectiva foto, pocos fueron los que compraban su instante de fama. Incluso, uno de los supervisores se acercó al lugar y preguntó al empleado, un joven de unos 20 años, que cómo iba la cosa. “Bajón, está bajón esto”, respondió éste, dando a entender que muy pocos estaban comprando sus “divertidas” fotos. La crisis parece pegar hasta a esa instantánea temeridad.
Sin embargo, algo distinto sucede con otros de los divertimentos extras que se ofrecen, como el tiro de bolas en sus distintas versiones (tirar unos dados, encestar una pelota, pegar en un blanco y encestar… y varios más), en donde cada tiro cuesta treinta pesos. Son aquí los niños los más inclinados a intentar esas suertes (como que están diseñados muy atractiva y especialmente para éstos) y fácilmente su tenacidad en pedir (o más bien exigir) a sus padres que les compren tiros, puede llevar a que en muy pocos minutos, cinco, seis o más tiros se paguen, llegando a desembolsar sus progenitores $200 pesos o arriba. Y tiene razón Juan, nuestro ex empleado, al decir que deben de estar los encargados todo el tiempo promocionando el juego y tratando de atraer a mucha gente. Uno, en especial, llama mucho la atención, pues se trata del viejo juego de pegar con un mazo a un cilindro, el cual impulsa un contrapeso que se desliza a lo largo de un poste. Si el golpe es suficientemente fuerte, suena una alarma y el ejecutante del mazaso se gana un muñeco de peluche. Varios lo intentan, pero cuando ven minados sus esfuerzos (el golpe debe de ejecutarse mediante una especial técnica), el empleado hace alardes de su habilidad, más que de su fuerza, y muestra que sí es posible que el contrapeso llegue a la punta del poste y suene la alarma. En una media hora que estuve observando a hombres que trataban de hacerlo, el empleado tuvo que ejecutar unas seis veces el golpe del mazo, lo que me hizo pensar que si no lo hace bien, es decir, con cierta relajación de sus músculos y algo de calentamiento, luego de su turno, también debe de quedar con ciertas secuelas, tales como dolor de brazos, hombros, espalda… pero como dice Juan, todo eso lo deben de hacer forzosamente, con tal de atraer al mayor número de usuarios y disuadirlos a que gasten su dinero.
¿Y a qué horas comen los empleados?, pregunto a Juan. “Tu escoges una hora para comer, puedes llevar tu propia comida o comprarla en el comedor de trabajadores por 30 pesos, según recuerdo, la que incluye sopa, arroz, guisado, postre y tu vaso de agua, pero ese comedor está fuera del área del parque. Sí puedes ir al baño cuando tuvieras la necesidad, pero tienes que encargarle el puesto a alguien, ya sea un compañero o supervisor, en lo que ibas, porque si no, te debes de aguantar”. Así que primero están las necesidades de ganancia de la empresa, antes que las necesidades fisiológicas de los abnegados, sufridos empleados.
Pero en lo que la gente no parece medirse es en el gasto de golosinas, comida chatarra y fast food en puestos y locales diseminados, muy estratégicamente, por todo el parque. Y los precios a los que se ofrecen todos esos “productos alimenticios” son bastante elevados, pues, por ejemplo, una bebida que normalmente en otros lados costaría $4 pesos, como máximo, en el parque cuesta hasta diez pesos. Frituras de poco contenido nutricional, aderezadas con químicos que simulan ser queso o carne (conocidos aquí como “Nachos”), cuestan $45 pesos. Y el colmo son las franquicias de “fast food” que hay allí, como “Burguer King” (¡estadounidense negocio, el complemento ideal para este estadounidense parque!), en donde el precio de sus paquetes es dos o tres veces más caro que fuera del lugar.
Así que entrándole a todo, además de los boletos “VIP” para no tener que hacer fila, una familia de cinco miembros, digamos los padres y tres hijos adolescentes, comprando las atracciones adicionales, las temerarias fotos, adquiriendo golosinas y comiendo allí, comprando souvenirs, pagando por los juegos extras (de hecho hay juegos que requieren un pago adicional), adquiriendo el estacionamiento preferencial… en fin, “gozando de la diversión sin límites que sólo Six Flags puede ofrecer”, podrían fácilmente erogar entre $4000 y $5000 pesos (entre $285 y $357 dólares), o sea, de 40 a 50 días del salario aproximadamente ganado por los empleados de Six Flags, los de los bajos mandos, claro, a los que me he referido en el artículo, obtenido tan difícilmente por ellos.
¿Y te exigen mucho para entrar a trabajar allí?, le pregunto a Juan. “Una solicitud de empleo, dos fotografías tamaño infantil y credencial de elector. No recuerdo que me hayan solicitado alguna otra cosa”, responde. Sería demasiado exigir más para tan bajos salarios que se dan y la rigidez y explotación a la que son sometidos los empleados, casi todos jóvenes de entre 18 y 22 años, según refiere Juan, “aunque los supervisores tenían que ser mayores de 23 años”. Por lo mismo, dice que la movilidad laboral es muy alta, pues muy pocos duran más de un año. “Tres meses después de mi salida, regresé, y había muchos compañeros que ya no estaban y muy pocos que seguían. Y a los 2 años que volví a ir, ya no conocía a nadie de mi área”.
”Aunque conocí a un par de personas que se desvivían con tal de ganar más y ascender a supervisores, no sin haberse dedicado en cuerpo y alma a lo que hacían. Hubo semanas enteras en las que trabajaban 12 horas enteras para obtener $120 en un día, ¡de 9 a 9, imagínate cómo quedaban de cansados!”. Claro, pues como en toda empresa, esas personas fueron presas de la cantaleta de que si se esfuerzan, si “le echan ganas”, pueden ir ascendiendo y quizá, algún día, ser directores o gerentes, clásico discurso que se emplea para disuadirlos a dejarse exprimir aún más, como bien dice Juan.
“Pero nos llevábamos muy bien, a pesar de todo, como que tanta explotación te hace solidarizarte uno con otro”, comenta Juan, acerca de la convivencia que llevaba con sus igualmente explotados compañeros.
Pero, bueno, tanta rigidez ha redundado en que, por fortuna, nunca ha habido un accidente en el lugar (algo positivo en todo esto debe de haber), ni a la gente, ni a los empleados, por lo menos ninguno que Juan recuerde. “Aunque sí te puedo decir que sé de amigos y amistades que han subido ebrios a los juegos, en contra de las indicaciones”. ¡Vaya temeridad etílica!, razono.
Aún con todo y las restricciones, cuenta Juan que de todos modos existía cierta camaradería entre los empleados, se hacían bromas y cosas así. “A nuestra edad no se puede ser tan rígido y propio, y nos las arreglábamos para divertirnos, convivir y bromear entre nosotros siempre que podíamos, cuando los supervisores no estaban cerca, pero siempre de forma sana por supuesto. Aparte, dentro de lo que cabe, nuestro supervisor, en particular, era bastante flexible con nosotros. El problema resultaban ser los demás supervisores, quienes eran en extremo obsesivos y exigentes”. Claro, a fin de cuentas, trabajan en un parque de diversiones, no en una fábrica, y supongo que hay que estar a tono con “la diversión sin límites” que se ofrece.
Llegada la noche, si aún se tienen ánimos para divertirse, puede uno presenciar el show de Batman, en donde una suerte de “stuntmen” hacen acrobacias y suertes que recuerdan las cintas del murcielaguesco personaje (¡vaya, pues no podía faltar tan hollywoodesco complemento para tan globalizada diversión). Y luego viene un colorido, luminoso desfile, de disfrazados y vistosos personajes, con tal de que el público asistente sienta que efectivamente los miles de pesos que gastó resultaron bien desquitados.
¿Pero de verdad no hay forma de que los empleados se queden con algo de dinero?, cuestiono por último a Juan. Se queda pensativo un momento. “Mira, llegué a conocer a compañeros que de una u otra forma lograban sacar el dinero extra de las ventas, por lo regular no pasaba de 100 pesos más, que sobraban de forma misteriosa. Había manera de hacer que los números cuadraran al corte de caja; sobre todo si trabajabas en los algodones. Todo esto, como te dije, a pesar de que te revisaban al entrar y al salir del área del parque muy minuciosamente para que no introdujeras o extrajeras más efectivo del que tenías que reportar al final del día, pero ya sabes lo que dicen: que al final un suicida si realmente quiere morir se suicidará, no importa qué tanto hagas para evitarlo, siempre encontrará una manera de hacerlo”, declara, irónico, sonriente.
Sí, concluyo, quizá sea un desquite ante tantas injusticias cometidas contra ellos en ese globalizado, ideologizante, lucrador parque… ¡o quizá sólo lo hagan por divertirse a raudales también!
Contacto: studillac@hotmail.com
por Adán Salgado Andrade
Parque de diversiones “Six Flags”. Ciudad de México. Desde la ubicación del así llamado “parque temático” (theme park) Six Flags, se nota el elitismo urbano, ya que el lugar está localizado muy cerca de Santa Fe, una de las zonas más exclusivas de la ciudad de México, al suroeste de ésta. Por lo mismo, la lejanía de buena parte de otras zonas citadinas, de entrada, lo vuelven inaccesible. Es casi una necesidad llegar en auto, y aunque en la página electrónica del parque se dan opciones para llegar (principalmente para personas que vengan de provincia, las de medios a altos ingresos, claro, pues son los que puede darse ese lujo, como veremos), sobre todo desde las estaciones de autobuses foráneos, el transporte público hacia el sitio es caro y poco eficiente, debido a la citada lejanía. Una fachada de grandes arcos de piedra, con el logo de “Six Flags”, dan la bienvenida a los ansiosos paseantes, ávidos de emociones sin fin y de “diversión de primer mundo”, ¡VIP!, dentro del parque.
El lugar, conocido anteriormente como “Reino Aventura”, buscó desde su fundación, en marzo de 1982 (por cierto que en plena crisis económica, durante los últimos, conflictivos meses del sexenio de José López Portillo), “revolucionar” el concepto de diversión, dejar atrás, en un muy disneylandesco estilo de primer mundo, lo hasta entonces conocido y concebido como “recreación”. Sí, a partir de ese momento no sería ya “cool” ir de día de campo a la Marquesa o ir al parque de la colonia a jugar fútbol, o asistir a la feria local, la de anticuados, “peligrosos” y viejos juegos… No, “Reino Aventura” ofrecía un “novedoso concepto recreativo” comparable con, por ejemplo, Disneylandia, con tal de que los aires modernizadores y occidentalizadores, imprescindibles para que todo país subdesarrollado aspirara al desarrollo, nos tocaran con lo más adelantado en tecnología de la diversión. Y fue como en alrededor de 45 hectáreas de fértiles terrenos se erigió dicho parque, cuyo concepto original, con algunas variantes, se ha mantenido hasta nuestros días.
Y ya es entrar al estacionamiento, que comienzan a ofrecerse ciertos privilegios para aquéllos que, no conformes con asistir a ese elitista lugar, pueden proporcionarse lujos extras, con tal de que destaquen de entre el resto de las ansiosas masas de divertientes. Por pago anticipado del estacionamiento, más un cargo extra (alrededor de cien pesos, unos siete dólares), se le ofrece al visitante dejar su auto en “lugar preferencial”, destacando el empleado (con un pregón que la empresa le exige repetir tal cual a cada automovilista, so pena de ser amonestado, como nos explicó luego un ex trabajador), un joven muy quemado por el sol, “para que cuando se vaya, salga rápido y no se entretenga con las aglomeraciones que se hacen”. Si ese primer “sablazo” no es aceptado, entonces ya se habrá logrado un primer ahorro, un pequeño porcentaje, sin embargo, en vista de los altos precios que por todo se cobran en el lugar, como veremos.
Por varios años el parque se llamó “Reino Aventura”, hasta que en 1992 se reestructuró para hacerlo más atractivo y se bautizó como “El nuevo Reino Aventura” (se compraron más juegos y fue cuando se adquirió a la famosísima ballena Keiko, con tal de hacerlo aún más atractivo). De nueva cuenta, en 1995 (año de otra brutal crisis económica, la del “efecto tequila”), cambió su administración y se le volvió a llamar “Reino Aventura”. Finalmente, en 1999, la empresa estadounidense “Premier Parks”, dedicada a operar parques temáticos por todo el mundo, compró “Reino Aventura”, al que bautizó de inmediato como “Six Flags México” y adoptando ella misma algún tiempo después el nombre de “Six Flags, Inc.”, dado que ya por entonces se había popularizado aquella denominación. Esa compañía es la más grande operadora de parques temáticos en Estados Unidos y tiene varias franquicias en otros sitios, como en el que entramos en ese momento.
Y al acercarnos a la taquilla, a pesar de ser domingo, la cola de espera no es tan larga, quizá, razono, porque aún con todos los “granes atractivos” que contiene Six Flags, las sombras de la depresión económica mundial se comienzan a sentir. Sobre todo por los altos precios que se cobran para acceder. Así, la entrada “general”, con derecho, supuestamente, a todos los juegos, cuesta nada menos que $315 pesos (unos 22 dólares), en un país en donde el ochenta por ciento de los sueldos son de dos salarios mínimos cuando mucho, o sea, unos 107 pesos diarios (7.64 dólares), es decir, le costaría a un trabajador que percibiera esa cantidad alrededor de tres días de labor entrar al lugar (o seis días, si sólo ganara un sueldo, como sucede con el 60% de los trabajadores). Pero también se ofrecen privilegios para quien esté dispuesto a desembolsar “un poco más de dinero”. Así que por $590 pesos ($42 dólares), se puede adquirir el llamado pase “VIP”, el cual le concede al desahogado comprador, que se pueda subir a todos los juegos, sin restricciones, al igual que el pase general, pero sin tener que hacer fila (aunque más tarde pude apreciar que, de todos modos, los portadores del pase VIP, debían de formarse y esperar turno), sobre todo en las diversiones que son consideradas como las “más cotizadas”: la montaña rusa (roller coaster) más alta que hay, bautizada como Superman, la de Batman, segunda en altura o el Kilawea, una suerte de grandísimo martillo, que también somete a sus usuarios a violentos movimientos de giros y caídas libres. Pero además con ese privilegiado pase, se cuenta con “asientos preferenciales en los espectáculos que se ofrecen”: el show de delfines y elefantes marinos del acuario y uno en donde se reproducen escenas de Batman y sus personajes, con acrobacias y doblajes, a un lado de esa ya mencionada montaña rusa, nombrada como el legendario hombre murciélago. Habiendo, quien esto narra, adquirido el boleto normal, por supuesto, ya por fin se pasan los torniquetes para entrar a “la diversión sin límite”. De inmediato nos recibe una ambientación de fábula, de cuento de hadas, donde no existe pobreza, ni marginación, ni problemas sociales, ni descontento… no, al contrario, todo mundo se ve contento… ¡contentísimo! Y ya comienzan también a aparecer los infaltables juegos mecánicos, de fabricación estadounidense la mayoría, dado que justo es en Estados Unidos en donde se da la imposición de una supuesta recreación basada en el empleo de máquinas que someten al usuario a giros bruscos, deslizamientos de más de 100 kilómetros por hora, sacudidas, rotaciones, traslaciones… de tal manera que, incluso, se debe de contar con una adecuada salud y ciertas condiciones para emplear tales instalaciones, lo que claramente se advierte en los letreros colocados a la entrada de cada uno de esos “divertidos” juegos (por ejemplo, se indica que no deben de padecerse males cardiacos, ni estar recién operados o bajo efecto de drogas o alcohol). Compañías como Arrow Dynamics (EU), Bolliger & Mabillard (EU-Suiza), Bradley and Kaye (EU), Chance Rides (EU), A+Playgrounds (EU), Atomic Themeworks Mfng. Inc. (Canadá), Koala Playgroup (EU), Phunzone (EU), West Coast Netting (EU), Worlds of Wow! (EU), entre otras, fabrican el tipo de juegos mecánicos que pueden hallarse en los parques temáticos de todo el mundo, tales como Six Flags, de la cadena estadounidense con sede en Texas, lugar en donde, en 1961, se creó el primero de sus parques, como competencia a “Disneylandia” que, por aquel entonces, era pionera en ese “revolucionario” concepto de diversión, mezcla de juegos mecánicos y ambientaciones de lugares fantásticos o legendarios, tal y como también se hizo con “Reino Aventura”, en el cual, desde su fundación, se ofrecían “mundos” como el marroquí, el francés, el suizo, el vaquero… y un estereotipado concepto del “mundo de los niños”.
Y es que todo dentro del capitalismo tiende a mercantilizarse, pues cualquier actividad que permita obtener una ganancia será abordada por aquél, especialmente en los críticos tiempos en que estamos viviendo, con recurrentes crisis y recesiones mundiales, como la actual. Así, la llamada industria del ocio ha mercantilizado el empleo del “tiempo libre”, aquél del que la gente dispone cuando no está cumpliendo con ninguna labor, tal como el trabajo o el estudio. En lugar de leer o, como dije, ir de día de campo, jugar, reunirse con familiares o amigos, se le impone, por cuestiones de globalización, manipulación y estandarización social, que comprar diversión, si es que verdaderamente quiere ser “cool”, estar “in” y no “out”. Y para ello existen todas las corporaciones cuya finalidad principal es la del entretenimiento, que además de obtener sus ganancias exclusivamente vendiendo “diversión”, por otro lado, imponen patrones de comportamiento que garanticen estabilidad política y social. Hollywood, con sus taquilleras películas de acción, héroes y aventuras, cadenas televisivas (NBC, CBS, FOX…) con estereotipadas programaciones por cable, las compañías de lujosos cruceros por el mar, la industria de los videojuegos, el muy lucrativo y beligerante pasatiempo del “Gotcha”, que es como “jugar a la guerra” (Ver mi artículo en Internet “Gotcha o de cómo se convirtió a la indeseada guerra en un divertido juego dominical”), los casinos en Las Vegas o los parques temáticos de Walt Disney Inc. (la que también posee estudios cinematográficos y cadenas televisivas, claro) o los de “Six Flags Inc.”, como en el que nos encontramos “divirtiéndonos” en ese preciso instante, además de que, repito, generan fabulosas ganancias (tan sólo Hollywood produce ingresos anuales por alrededor de $35,000 millones de dólares, la industria de los videojuegos logra alrededor de $12,000 millones anuales, los parques temáticos, otro tanto, y así), representan una forma del control ideológico que se ha buscado imponer mediante la “globalización”. Por tanto, la industria del ocio sacará partido de aquellos con dinero excedente como para invertirlo en puro placer y retroalimenta en todo el mundo la idea de que así es como se deben de divertir quienes aspiren a ser “modernos y avanzados”.
Y ahí deambulamos, entre los juegos mecánicos y escenarios de ensueño de Six Flags.
En todos los juegos, además de las advertencias a las que aludo arriba, hay una especie de regla precautoria en cuya parte superior hay tres escalas: una roja, que marca 90 centímetros, por debajo de la cual, ninguna persona, sobre todo niños, con estatura menor a dicha medida puede pasar (pero también seguramente estará la restricción para personas con atrofia corporal, supongo). Una más es amarilla, de entre 90 y 120 centímetros, de acuerdo a la cual, los niños pueden abordar el juego acompañados de un adulto. Por último, una verde, de más de 120 centímetros, la que señala que a partir de esa edad, todo mundo puede acceder, advertido, pues, de las restricciones que señalan los letreros. Los empleados que operan las “sanas” diversiones mecánicas están todos perfectamente uniformados, muy serios casi todos, y repitiendo robóticamente, a cada rato, las medidas que la gente debe de cumplir al subir al juego, como asegurarse o no sacar las manos (lo que de todos modos muchos hacen), lo que no puede cargar (como cámaras de video o fotográficas)… así, todo el tiempo. Un ex empleado, quien nos pidió el anonimato, al que llamaremos Juan, acerca de esas restricciones, no platicó: “Son bastante estrictos los supervisores, debes que tener el uniforme impecable, siempre con el cabello corto, rasurado, siempre promocionando tu producto, si esás vendiendo algo, con tu local presentable y limpio. No puedes hacer absolutamente nada que no sea permanecer en tu puesto parado y aguantando estoicamente, tal cual soldado, esperando mas órdenes de tus supervisores. El charlar con los demás trabajadores no está permitido, tampoco puedes comer ningún refrigerio, a excepción de agua, no puedes distraerte mientras estás en tu sitio, como que leas, escuches música… ni puedes utilizar celulares, ni entrar al parque con dinero o pertenencias valiosas”. Sí, increíble, el ingreso de los trabajadores, según platica Juan, es sin dinero, pues es una carcelaria medida de los administradores para evitar que se queden con el dinero que obtienen por todas aquellas actividades que son “extras” a la entrada general, tales como, por ejemplo, juegos de destreza, como el tiro de dados, de bolas atinándole a un objetivo, el tiro al blanco… y muchos otros, los que cuestan treinta pesos en promedio, pero que en muy corto tiempo, por la momentánea adicción que generan, pueden esos treinta pesos convertirse en 60, 90, 120… ¡mucho más! Y, como dije, para garantizar que los empleados no se queden con nada, es que se les somete a una humillante revisión. “Te revisan al entrar y al salir del área del parque para que no introduzcas o extraigas más efectivo del que debes de reportar al final del día, y te revisan de forma ¡muy minuciosa!, cuidando de que no se les escape nada en absoluto. No, los empleados no se pueden quedar con nada del dinero que se gane en los juegos o establecimientos de alimentos en los que trabajan. Como te dije, entras al área del parque sin dinero propio y sales absolutamente en las mismas. En caso de que te sobre dinero de la cuenta, tienes que reportarlo y tu supervisor se hará cargo” agrega Juan. Así pues, con ese trato de internos de un reclusorio, más que de trabajadores, es suficiente, supongo, para intimidar a los mal pagados empleados, quienes actualmente ganan en promedio $100 pesos por día (unos $7 dólares) por ocho horas diarias, servicio médico, sólo en caso necesario y de vez en cuando, cupones para “gozar”, sus familiares o amigos, del parque. “Sí puedes faltar, pero sólo con previo aviso y no te pagan, aún si justificas tu falta por enfermedad, y tengo entendido que te dan seguro, pero tienes que tramitarlo”, refiere Juan, acerca de los permisos que se dan por cuestiones de salud, así que sí pueden enfermarse los trabajadores, pero dejarán de ganar dinero por estarlo… ¡vaya injusticias! Claro, es entendible que la empresa, con tal de maximizar sus ganancias, trate así a sus empleados, tal y como en una ensambladora de autos, por ejemplo, se someten a fuertes restricciones a sus obreros, con tal de que cumplan eficientemente su jornada. Aquí se fabrican carros, en Six Flags, se “hace diversión”.
Efectivamente, esto más parece una maquiladora en donde el producto principal es la “diversión a raudales”. Los empleados realizan correctamente su trabajo, sin mostrar emoción o gesto alguno (a lo mejor hasta eso les prohíben) ante el griterío que la gente lanza cuando todos, niños y adultos, experimentan la fuertes emociones que les provocan la velocidad, las vueltas, las sacudidas, las rotaciones… a todo lo que los muy sofisticados juegos mecánicos los someten. Pero a decir de mis acompañantes, quienes llegaron a ir cuando el parque era aún “Reino Aventura”, antes la duración era mayor, o los juegos daban dos recorridos. Ahora, simplemente, se demora más en la fila, esperando a subir, que el tiempo que toma sentarse en el carro o vagón del juego, completar el trayecto y salir, entre mareado y estrujado por las sacudidas, la velocidad y las rotaciones. Aunque viendo las veloces subidas, bajadas, involuciones, rotaciones, giros… que más parecen una forma de tortura, que “diversión pura”, considero que en algunos casos, con los dos o tres minutos que toma “divertirse”, basta. Bueno, pero si es cierto que actualmente muchos de los juegos duran muy poco, eso indicaría simplemente las formas en que los administradores buscarían optimizar y eficientizar al máximo sus recursos para obtener la mayor ganancia posible, sobre todo en estos tiempos de recesión económica. Y eso incluye menores tiempos de trabajo de sus máquinas (lo que ahorraría energía eléctrica), cobros mayores, con tal de obtener una ganancia del menor número de personas que entrará a “divertirse” y mayor rigidez con sus empleados, como sigue narrando Juan. “Mira, yo tenía que vender, en el lugar que me asignaran del parque, algodón de azúcar, andaba de aquí para allá, según se necesitara. La mayor parte de las veces me ponían un puesto en un área específica, para permanecer ahí vendiendo el producto durante la mayor parte del día. Y eso era muy desgastante física y mentalmente, porque de lo único que se trataba era de vender y promocionar, sí, la productividad era lo más importante, no importaba cuan cansado el trabajador se encontrara, no, ni siquiera se podía dar el lujo de distraerse un poco para despejar la mente o reponerse físicamente. Yo, como vendedor que estaba a cargo de un puesto móvil, no fijo, carecía de derecho alguno a sentarme, a descansar unos minutos, a pesar de lo largo de tu jornada, no importaba el extenuante sol o cuan agotadas estuvieran tus piernas después de estar parado durante 8 horas seguidas. Mira, ni siquiera te daban un banco para sentarte un rato. Además, cuando no estabas ocupado atendiendo al cliente, los supervisores te exigían que estuvieras durante largos periodos de tiempo en la explanada promocionando el producto, haciendo malabares y maromas para atraer a la gente, aún si no había mas que unas cuantas personas en el área. Te prohibían hablar con tus compañeros vendedores de otros puestos, porque si lo hacías, consideraban que no estabas trabajando y te llamaban la atención. Ni siquiera podías llevar tu ipod o mp3 para, aunque fuera, desabochornarte del excesivo trabajo, porque, pues no atiendes, promocionas o haces algodones con las orejas, ¿no?, entonces, no encontraba razón alguna para que no pudiera escuchar un poco de música mientras atendía a la gente y continuaba con mis actividades.” Este elocuente testimonio de Juan me aclara porque, como comento arriba, casi todos los empleados son tan serios y, digamos, propios. Aunque hay otros, de algunas áreas, como los del acuario, que más bien tendrían otra categoría, como animadores, y por ello es que deben de mostrarse tan alegres y dispuestos a hacer reír a la gente, no tan mecánicos en su actuar (los payasos que mojan a la gente al principio del espectáculo de los delfines y lobos de mar haciendo gracias y volteretas en el acuario, son particularmente, esos sí, divertidos, pero a costa, como señalé, de mojar a varios de los espectadores, lo que pudiera provocar la molestia de algunos). Otro caso es el de las chicas que dan el tour por la llamada “Cabaña del tío Chueco”, singular divertimento construido en pendiente, que simula una casa en donde todo está inclinado y se muestran trucos ópticos en que parecería, por ejemplo, que el agua corre hacia arriba y no hacia abajo. En este sitio también las animadoras aparentan estar contentas con lo que dicen y hacen (muestran los trucos ópticos, recitando un pregón que, supongo, ya está perfectamente aprendido luego de varias veces al día de repetirlo). Sin embargo, la posición que deben de soportar, una inclinación que calculo será de unos sesenta grados (cuesta trabajo permanecer de pie sin sostenerse de algo, pues debido al declive, la gravedad jala bastante al cuerpo), al final de sus actividades, debe de dejarles algunas secuelas, como pies, tobillos y piernas adoloridos, además de la sensación de mareo debido a lo inclinado, que perdura en el visitante aún durante varios minutos de concluido el espectáculo.
Pero a pesar de tales inconvenientes, la diversión y la manera de enganchar a los visitantes con gastos extras a las entradas, deben de continuar. Y la primera de ellas es la casi obligada foto que rapidísimas cámaras digitales toman a los emocionados paseantes cuando están a bordo de los juegos mecánicos, como las montañas rusas u otros parecidos. Las fotos se toman en alguna veloz bajada, así que retratan las caras, entre emocionadas, nerviosas, pasmadas, azoradas, asustadas… los cuerpos tensos, las manos sujetándose fuertemente (aunque hay algunos que, violando las disposiciones, no se sujetan y levantan las manos, siendo esas instantáneas involuntarios testigos de su desacato)… y así por el estilo. Ya cuando los usuarios concluyen su “diversión”, al salir, varios monitores muy estratégicamente colocados, muestran las fotos de todos los que abordaron los receptáculos del juego. Sí, y entonces para adquirir esa décima de segundo de “divertida” temeridad, habrá que desembolsar, según el tamaño de la foto y la cantidad de copias, desde un mínimo de $80 pesos ($5.7 dólares), hasta más de cuatrocientos pesos (casi $30 dólares). Aunque esta vez, a pesar de ser domingo, fuera de que las personas se veían en el monitor que contenía la respectiva foto, pocos fueron los que compraban su instante de fama. Incluso, uno de los supervisores se acercó al lugar y preguntó al empleado, un joven de unos 20 años, que cómo iba la cosa. “Bajón, está bajón esto”, respondió éste, dando a entender que muy pocos estaban comprando sus “divertidas” fotos. La crisis parece pegar hasta a esa instantánea temeridad.
Sin embargo, algo distinto sucede con otros de los divertimentos extras que se ofrecen, como el tiro de bolas en sus distintas versiones (tirar unos dados, encestar una pelota, pegar en un blanco y encestar… y varios más), en donde cada tiro cuesta treinta pesos. Son aquí los niños los más inclinados a intentar esas suertes (como que están diseñados muy atractiva y especialmente para éstos) y fácilmente su tenacidad en pedir (o más bien exigir) a sus padres que les compren tiros, puede llevar a que en muy pocos minutos, cinco, seis o más tiros se paguen, llegando a desembolsar sus progenitores $200 pesos o arriba. Y tiene razón Juan, nuestro ex empleado, al decir que deben de estar los encargados todo el tiempo promocionando el juego y tratando de atraer a mucha gente. Uno, en especial, llama mucho la atención, pues se trata del viejo juego de pegar con un mazo a un cilindro, el cual impulsa un contrapeso que se desliza a lo largo de un poste. Si el golpe es suficientemente fuerte, suena una alarma y el ejecutante del mazaso se gana un muñeco de peluche. Varios lo intentan, pero cuando ven minados sus esfuerzos (el golpe debe de ejecutarse mediante una especial técnica), el empleado hace alardes de su habilidad, más que de su fuerza, y muestra que sí es posible que el contrapeso llegue a la punta del poste y suene la alarma. En una media hora que estuve observando a hombres que trataban de hacerlo, el empleado tuvo que ejecutar unas seis veces el golpe del mazo, lo que me hizo pensar que si no lo hace bien, es decir, con cierta relajación de sus músculos y algo de calentamiento, luego de su turno, también debe de quedar con ciertas secuelas, tales como dolor de brazos, hombros, espalda… pero como dice Juan, todo eso lo deben de hacer forzosamente, con tal de atraer al mayor número de usuarios y disuadirlos a que gasten su dinero.
¿Y a qué horas comen los empleados?, pregunto a Juan. “Tu escoges una hora para comer, puedes llevar tu propia comida o comprarla en el comedor de trabajadores por 30 pesos, según recuerdo, la que incluye sopa, arroz, guisado, postre y tu vaso de agua, pero ese comedor está fuera del área del parque. Sí puedes ir al baño cuando tuvieras la necesidad, pero tienes que encargarle el puesto a alguien, ya sea un compañero o supervisor, en lo que ibas, porque si no, te debes de aguantar”. Así que primero están las necesidades de ganancia de la empresa, antes que las necesidades fisiológicas de los abnegados, sufridos empleados.
Pero en lo que la gente no parece medirse es en el gasto de golosinas, comida chatarra y fast food en puestos y locales diseminados, muy estratégicamente, por todo el parque. Y los precios a los que se ofrecen todos esos “productos alimenticios” son bastante elevados, pues, por ejemplo, una bebida que normalmente en otros lados costaría $4 pesos, como máximo, en el parque cuesta hasta diez pesos. Frituras de poco contenido nutricional, aderezadas con químicos que simulan ser queso o carne (conocidos aquí como “Nachos”), cuestan $45 pesos. Y el colmo son las franquicias de “fast food” que hay allí, como “Burguer King” (¡estadounidense negocio, el complemento ideal para este estadounidense parque!), en donde el precio de sus paquetes es dos o tres veces más caro que fuera del lugar.
Así que entrándole a todo, además de los boletos “VIP” para no tener que hacer fila, una familia de cinco miembros, digamos los padres y tres hijos adolescentes, comprando las atracciones adicionales, las temerarias fotos, adquiriendo golosinas y comiendo allí, comprando souvenirs, pagando por los juegos extras (de hecho hay juegos que requieren un pago adicional), adquiriendo el estacionamiento preferencial… en fin, “gozando de la diversión sin límites que sólo Six Flags puede ofrecer”, podrían fácilmente erogar entre $4000 y $5000 pesos (entre $285 y $357 dólares), o sea, de 40 a 50 días del salario aproximadamente ganado por los empleados de Six Flags, los de los bajos mandos, claro, a los que me he referido en el artículo, obtenido tan difícilmente por ellos.
¿Y te exigen mucho para entrar a trabajar allí?, le pregunto a Juan. “Una solicitud de empleo, dos fotografías tamaño infantil y credencial de elector. No recuerdo que me hayan solicitado alguna otra cosa”, responde. Sería demasiado exigir más para tan bajos salarios que se dan y la rigidez y explotación a la que son sometidos los empleados, casi todos jóvenes de entre 18 y 22 años, según refiere Juan, “aunque los supervisores tenían que ser mayores de 23 años”. Por lo mismo, dice que la movilidad laboral es muy alta, pues muy pocos duran más de un año. “Tres meses después de mi salida, regresé, y había muchos compañeros que ya no estaban y muy pocos que seguían. Y a los 2 años que volví a ir, ya no conocía a nadie de mi área”.
”Aunque conocí a un par de personas que se desvivían con tal de ganar más y ascender a supervisores, no sin haberse dedicado en cuerpo y alma a lo que hacían. Hubo semanas enteras en las que trabajaban 12 horas enteras para obtener $120 en un día, ¡de 9 a 9, imagínate cómo quedaban de cansados!”. Claro, pues como en toda empresa, esas personas fueron presas de la cantaleta de que si se esfuerzan, si “le echan ganas”, pueden ir ascendiendo y quizá, algún día, ser directores o gerentes, clásico discurso que se emplea para disuadirlos a dejarse exprimir aún más, como bien dice Juan.
“Pero nos llevábamos muy bien, a pesar de todo, como que tanta explotación te hace solidarizarte uno con otro”, comenta Juan, acerca de la convivencia que llevaba con sus igualmente explotados compañeros.
Pero, bueno, tanta rigidez ha redundado en que, por fortuna, nunca ha habido un accidente en el lugar (algo positivo en todo esto debe de haber), ni a la gente, ni a los empleados, por lo menos ninguno que Juan recuerde. “Aunque sí te puedo decir que sé de amigos y amistades que han subido ebrios a los juegos, en contra de las indicaciones”. ¡Vaya temeridad etílica!, razono.
Aún con todo y las restricciones, cuenta Juan que de todos modos existía cierta camaradería entre los empleados, se hacían bromas y cosas así. “A nuestra edad no se puede ser tan rígido y propio, y nos las arreglábamos para divertirnos, convivir y bromear entre nosotros siempre que podíamos, cuando los supervisores no estaban cerca, pero siempre de forma sana por supuesto. Aparte, dentro de lo que cabe, nuestro supervisor, en particular, era bastante flexible con nosotros. El problema resultaban ser los demás supervisores, quienes eran en extremo obsesivos y exigentes”. Claro, a fin de cuentas, trabajan en un parque de diversiones, no en una fábrica, y supongo que hay que estar a tono con “la diversión sin límites” que se ofrece.
Llegada la noche, si aún se tienen ánimos para divertirse, puede uno presenciar el show de Batman, en donde una suerte de “stuntmen” hacen acrobacias y suertes que recuerdan las cintas del murcielaguesco personaje (¡vaya, pues no podía faltar tan hollywoodesco complemento para tan globalizada diversión). Y luego viene un colorido, luminoso desfile, de disfrazados y vistosos personajes, con tal de que el público asistente sienta que efectivamente los miles de pesos que gastó resultaron bien desquitados.
¿Pero de verdad no hay forma de que los empleados se queden con algo de dinero?, cuestiono por último a Juan. Se queda pensativo un momento. “Mira, llegué a conocer a compañeros que de una u otra forma lograban sacar el dinero extra de las ventas, por lo regular no pasaba de 100 pesos más, que sobraban de forma misteriosa. Había manera de hacer que los números cuadraran al corte de caja; sobre todo si trabajabas en los algodones. Todo esto, como te dije, a pesar de que te revisaban al entrar y al salir del área del parque muy minuciosamente para que no introdujeras o extrajeras más efectivo del que tenías que reportar al final del día, pero ya sabes lo que dicen: que al final un suicida si realmente quiere morir se suicidará, no importa qué tanto hagas para evitarlo, siempre encontrará una manera de hacerlo”, declara, irónico, sonriente.
Sí, concluyo, quizá sea un desquite ante tantas injusticias cometidas contra ellos en ese globalizado, ideologizante, lucrador parque… ¡o quizá sólo lo hagan por divertirse a raudales también!
Contacto: studillac@hotmail.com
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domingo, 11 de enero de 2009
El silencio de Obama
El silencio de Obama
Por Adán Salgado Andrade
La franja de Gaza es una pequeña porción de tierra que mide alrededor de 41 kilómetros de largo por entre 6 y 12 kilómetros de anchura, que se extiende a lo largo del mar Mediterráneo en una de sus fronteras. La otra es con Egipto, al suroeste. Y todo el oriente de este pequeño territorio hace frontera con Israel. Dicho territorio, junto a Cisjordania (llamada también “Franja occidental” o “West Bank”), son las tierras de las que está formada Palestina. Este país perdió durante la primera mitad del siglo veinte casi todo su territorio, debido a las imposiciones colonialistas de Inglaterra que, arbitrariamente, después de la segunda guerra, en 1947, decidieron en las tierras despojadas a los palestinos, establecer a la nación judía, la cual, hasta entonces, por razones históricas, no había tenido un territorio formal (aunque esto no impidió que, ya en esos años, el gran poder económico de los judíos en todo el mundo fuera un hecho). Nació así Israel, país desde entonces muy apoyado por Estados Unidos. Y como fuera creciendo la población original de judíos, su ambición por irse anexando más y más tierras palestinas, fue creando los conflictos violentos de los que, nuevamente, el mundo atestigua uno más.
Independientemente de que Israel siempre ha justificado sus intensos y desequilibrados ataques contra los palestinos por “razones de seguridad”, hay que ver que no son comparables contra el supuesto daño que han provocado los grupos palestinos beligerantes, tales como los ataques guerrilleros o los bombazos suicidas. Y aquí sólo señalaré que en el presente análisis no defiendo la violencia de ninguno de los dos bandos. Nunca he estado de acuerdo, por ejemplo, con los ataques suicidas palestinos contra israelitas, en donde muere gente inocente cuyo único problema fue estar a la hora y en el lugar equivocado (y tampoco, por ende, estoy de acuerdo en los así llamados “ataques terroristas” en ningún lugar del mundo, pues son una forma de irracional violencia que sólo produce caos y generalmente agudiza los problemas que pretenden “solucionar”). Incluso puede ser que en tales atentados muera gente que esté en contra de la represión militar contra palestinos que realiza el ejército israelí. Por ejemplo, un grupo de manifestantes de la izquierda israelí se manifestó hace unos días frente a la casa del primer ministro Ehud Olmert, con mantas que decían “Judíos y árabes se rehúsan a ser enemigos” o “El ejército israelí y Hamas están peleando a nuestras expensas”. Esta última consigna es muy clara en el sentido de que lo que hagan los grupos gobernantes, sobre todo en la defensa de sus intereses, que no siempre son los de sus gobernados, puede estar en contra de los intereses de éstos. Sí, porque podría considerarse poco prudente de Hamas, aún cuando aduce la defensa de los intereses de su pueblo (algo perfectamente entendible y loable), lanzar sus ataques (no comparables a los israelíes, repito) contra Israel, si ya se sabe, por experiencias pasadas, que la brutal reacción de los judíos contra ellos tiene muy lamentables “efectos colaterales”, o sea, la muerte de cientos de civiles inocentes y la bárbara destrucción de infraestructura urbana (edificios, casas, puentes, caminos, escuelas), que para un pueblo pobre, como es el palestino, ha costado tantos esfuerzos materializar y que quizá no pueda volver a tener. Cuánto tiempo, por ejemplo, lleva construir una casa, muchos años... y que en unos segundos un cañonazo de un tanque israelí puede hacer pedazos. En esas lamentables muertes, en esa insensata destrucción, quizá no estén pensando los líderes de Hamas cuando lanzan sus cohetes, por mucho que su solidario pueblo les brinde su incondicional apoyo, el cual, supuestamente, le permite a los combatientes de Hamas instalar sus pertrechos en casas, escuelas, departamentos, sí, hasta servirle, inclusive, de escudos humanos (eso ha empleado de justificación el ejército judío para atacar objetivos civiles, pues, asegura, en ellos se apertrechan armas y guerrilleros de Hamas. Dice que a la gente se le han lanzado volantes informando que “esta zona será bombardeada, favor de desalojarla”. Vaya “amabilidad”, avisar que en unos instantes la casa de alguien será destruida, sin mayor preámbulo, así que se le suplica, muy amable y decentemente, abandonarla, no sea que “vaya a ser lastimado”).
Pero si el gobierno israelí se ha referido siempre a los atacantes suicidas o a los cohetes lanzados por Hamas como “atentados terroristas”, qué se puede decir de los ataques que un ejército profesional, perfectamente armado y pertrechado, está infligiendo contra población civil inocente, de la que ya se cuentan más de 700 muertos, la mayoría mujeres y niños (basta ver en Internet las desgarradoras imágenes de gente muy malherida o de cadáveres de infantes terriblemente mutilados y carbonizados para que la sangre se nos hiele por esas terribles escenas). Y siempre, empleando tal justificación, ha sido que el ejército israelí ha practicado infames bombardeos masivos e invasiones de sus soldados a tierras palestinas. Eso sucedió, por ejemplo, en el 2002, cuando también Israel bombardeó masivamente ciudades palestinas de la franja occidental, tales como Ramala y otras igualmente importantes (esa incursión la llamó “Operación Escudo Defensivo”). En 2003 hubo más ataques, sobre todo contra Gaza. Y en 2006, cuando el brazo político de Hamas ganó las elecciones en la franja de Gaza (victoria que de inmediato deploraron la mayoría de los aliados de Israel, como EU, Inglaterra, Francia, Italia, entre otros), también con la llamada “Operación Lluvia de Verano”, los militares israelíes bombardearon masivamente ciudades palestinas. La razón esgrimida fue que, además de los ataques terroristas, Israel no podía aceptar que un grupo “terrorista” como Hamas estuviera en el gobierno (supongo que al seguir considerando un grupo terrorista a Hamas, le retroalimentó a este su innata beligerancia, aunque hubiera tratado de renunciar a la violencia). Y en ese mismo año también por ataques poco significativos del grupo libanés Hezbollah, como una protesta contra los ataques israelíes a Gaza, contra soldados israelíes (tres murieron, dos fueron heridos y dos secuestrados), el ejército israelí lanzó un desproporcionado ataque contra Líbano, en el cual más de 1000 civiles fueron asesinados, se dañó severamente infraestructura urbana (plantas de generación eléctrica, edificios, puentes, caminos...), además de que se desplazó a más de un millón de libaneses de la zona del conflicto. Y los daños económicos que tan brutal acto de prepotencia militar dejó, aún no han podido superarse en ese país árabe. En el actual conflicto, Israel justificó que fue debido a que Hamas rompió la tregua impuesta, pero lo que no se ha dicho por ningún lugar es que el rompimiento se debió a que Israel asesinó a palestinos “sospechosos” de ser atacantes (un estudio reciente demuestra que el 75% de las ocasiones en que se ha roto una tregua, se ha debido a que Israel ha asesinado a palestinos, sin una firme razón). Tampoco se aclara que el sometimiento por parte de Israel de Gaza es inhumano, pues desde finales del 2006, prácticamente se han cerrado todos los cruces fronterizos, impidiéndose así la entrada de cuestiones tan básicas como alimentos, medicinas, combustibles... Antes de que Hamas ganara el poder, Israel exportaba o permitía la entrada de alrededor de 9000 necesarios artículos a esa región, luego de lo cual sólo autorizó 20 productos, so pretexto de que así se debilitan a los terroristas. Por el racionamiento, por ejemplo, de combustibles y energéticos, se han cerrado plantas eléctricas en Gaza, las que proporcionan un 30% del consumo. Los medicamentos escasean, así como los alimentos (el agua potable, por ejemplo, está a punto de generar una crisis sin precedentes, ya que el acuífero del que se surte Gaza, está sobreexplotado y muestra, además, signos de contaminación del agua marina, que lo está invadiendo, dados sus reducidos niveles, lo que ya está provocando males y enfermedades gastrointestinales entre los gazaítas). Y eso era antes del actual conflicto, durante el cual, se están restringiendo a cero los permisos para el tráfico comercial a Gaza o de palestinos que pudieran pasar a Israel a surtirse de viandas. Por eso en 2006 los gazaítas de plano allanaron la frontera con Egipto, para comprar todo lo básico, como alimentos, que por culpa del cerco judío, ya no podían conseguir. Y en estos días, para empeorar esa situación de emergencia humanitaria, Egipto se sumó a la acción genocida israelí al cerrar su frontera y vigilarla fuertemente con soldados y equipo militar (claro, tampoco se puede esperar nada de Egipto, país en donde hasta las manifestaciones públicas pacíficas siguen siendo consideradas “delitos graves” por la dictadura reinante de Hosni Mubarak). Pero la respuesta ante tanto sometimiento es todavía más sometimiento con los inmisericordes bombardeos y la invasión militar.
Así que los muertos que tantas incursiones han dejado suman miles, en tanto que los así llamados ataques “terroristas” palestinos (los atacantes suicidas o el lanzamiento de cohetes por grupos guerrilleros como Hamas o Hezbollah), desde su inicio no han provocado ni 500 decesos. En el actual conflicto, al momento de escribir estas líneas, van asesinados casi 900 palestinos, contra 14 israelitas, de los cuales 11 eran soldados (6 muertos por error por sus propios compañeros) y apenas tres civiles. Así que si hacemos cálculos, tendríamos casi 64 fallecimientos palestinos por cada fallecimiento judío. Y esa proporción, por mucho que varios analistas traten de justificar las incursiones israelitas como de “legítima defensa”, simplemente es indefendible. Y eso, sólo por el lado del conflicto, pero fuera de él, veamos cómo el mundo, sobre todo Estados Unidos, incondicional aliado de Israel, ha contribuido a su materialización.
Por un lado, EU ayuda militarmente a Israel (sobre todo porque este país es un importante contrapeso dentro del mundo árabe), so pretexto de que las armas que son donadas a Israel son para “legítima autodefensa” o “seguridad interna”. Tan sólo la ya agonizante administración del ineptamente beligerante George Bush, ha ayudado con $2400 millones de dólares (mmd) cada año a Israel y el año pasado, 2008, se planeó aumentarla en un 25%, o sea, unos $600 mdd. Pero no conforme con eso, además del gran negocio que dicha “ayuda” significa para los fabricantes de armas (hay que recordar que EU es el primer fabricante y exportador mundial de este muy lucrativo negocio, el que monta a nivel global nada menos que un billón de dólares), tan sólo en el pasado año de 2008, las ventas de armas estadounidenses a Israel ascendieron a nada menos que 22,000 millones de dólares (esta suma, como comparación, más o menos es el dinero que los inmigrantes mexicanos en EU mandaron a México en el 2007). Entre lo vendido están 75 aviones de combate F-35, nueve aviones de transporte de tropas C-130 y cuatro barcos de combate. Así que si en este infame conflicto hay ganadores, los primeros son los fabricantes de armas como General Dynamics, Northrop Grumman, Raytheon Missile Systems, Boeing, General Electric, AM General... y así. Y sobre esa situación, la New American Foundation (una crítica organización no gubernamental que denuncia el intervencionismo militar estadounidense) señala que es deplorable que armas estadounidenses sean empleadas en un conflicto que a todas luces rompe los acuerdos bajo las cuales pueden emplearse, como es el atacar a población civil inocente con ellas. Además, en un análisis imparcial, esos mismos fabricantes de armas (sean estadounidenses, rusos, chinos, franceses, ingleses, italianos, checos...), también ganarían por la venta “clandestina” de armas al brazo armado de Hamas, las que, se presume, proceden de contrabandistas que operan desde Egipto.
La siguiente ganadora es la recesiva economía de EU, que hará cuanto pueda, con tal de aliviar en algo sus profundos males, provocados, sobre todo, por la debacle financiera, que tiende a agravarse y está muy lejos de tocar fondo (leer en el Internet mi artículo “El convenenciero capitalismo salvaje”). Y si en las soluciones está el vender armas y alentar con dicha acción conflictos bélicos, pues adelante. Esto, desde el punto de vista del capitalismo, es algo lógico, pues las armas, finalmente, son mercancías, cuyo valor de uso (su utilidad, pues), es la de destruir, matar. Así que las guerras son una forma digamos que “legítima” de emplearlas. Y no cuesta trabajo imaginar que las bodegas del ejército israelí estarán llenas de armas, gracias a la “ayuda” militar estadounidense, así que deben de emplearse, no vaya a ser que con el tiempo pudieran caducar y fallar (esto no es especulación. Guerras como las dos de EU contra Irak, sirvieron para disminuir los repletos inventarios de armas que estaban por caducar que el Pentágono poseía). Así que los bombardeos masivos servirían, pues, para emplear y justificar la “ayuda” estadounidense, la cual, de otra manera, no se seguiría dando (aunque de todos modos Israel es excelente para crearse enemigos, otro de los cuales es Irán, por ejemplo) y a Israel no le quedaría más remedio que comprar su equipamiento militar (además de sufragar los gastos que la propia guerra genera, los que se estiman entre 25 y 45 millones de dólares diarios). Los terceros en ganar serán las compañías constructoras, sobre todo israelíes y estadounidenses, las cuales, amparadas por “programas de reconstrucción” (auspiciados quizá por organizaciones mundiales tales como la ONU), deban de rehacer la mutilada infraestructura urbana que está siendo demolida por los intensos bombardeos israelíes (basta ver fotografías de edificios enteros, públicos y habitacionales, reducidos a escombros, puentes, casas, calles), porque algo se tendrá que rehacer, indudablemente.
Y, bueno, pero hasta ahora no he mencionado para nada al señor Barack Obama, que da título a este análisis. Sucede que Obama, tanto para estadounidenses, como para todo el mundo, es una esperanza de cambio que, se supone, ayudará a destrabar todos los problemas en los que está inmerso EU, particularmente la severa recesión económica que actualmente padece dicho país y el mundo entero, además de los problemas que la idiotamente beligerante administración Bush, casi por concluir, ha dejado. Pero analizando las acciones que hasta ahora Obama, como presidente electo, ha considerado, al parecer tal esperanza se desvanece.
Antes de pasar al plano de la ofensiva militar que estamos analizando, veamos de pasada lo que Obama ha hecho en el campo económico, por ejemplo. Resulta que ha referido que más que aliviar directamente las deudas de millones de estadounidenses que han perdido sus casas a consecuencia de la crisis de los créditos, dará preferencia a la reestructuración de las deudas de los negocios y empresas, pues ha declarado que si en realidad se desea reactivar la actividad económica, son precisamente tales negocios y empresas a los que se debe de apoyar, con tal que el efecto multiplicador de rescatarlos se proyecte, enseguida, en la creación de empleos. Sin embargo, algo que no está considerando Obama, es que no sólo rescatando a los empresarios de su país se reactivará a la actividad económica, pues sin el debido consumo por parte de la población, el rescate estará lejos de completarse. Ya declaró que de ninguna manera permitirá que quiebren los bancos, y estuvo de acuerdo con el intento inicial, por parte de la administración Bush, de inyectar más de 700,000 millones de dólares a esos ineficientes barones del dinero. También se declaró a favor de ayudar a las llamadas “Big tree”, o sea, los fabricantes estadounidenses de autos (General Motors, Ford Motor Company y Chrysler) y se mostró muy inclinado a rescatar a esos ineficientes sectores automotrices, con tal de que no se pierdan los dos millones de empleos que generan directa e indirectamente (pero sobre esto, el premio Nobel de economía 2008, el señor Paul Krugman, duda que dicho sector sobreviva en el largo plazo, tanto como consecuencia de la crisis, como también por la agresiva competencia de automotrices extranjeras, tales como las japonesas o las asiáticas). Sin embargo, si el consumo social no se reactiva, de nada servirá inyectar millones de dólares para dicho rescate, pues si se fabrican los autos, pero no hay nadie que los compre, sólo habrá sido dinero tirado a la basura. Y es que este es el clásico círculo vicioso de toda crisis capitalista, pues las empresas afectadas comienzan a despedir trabajadores o a cerrar, lo que atrae como consecuencia una disminución del consumo, lo que llevará al cierre de otros sectores, que implicará más despidos... y así. Por ello, lo que Obama tendría que plantear sería la concesión de créditos a las familias (lo ha dicho, pero de manera muy superficial), para que con dinero público, a través de aquéllas, se iniciara la compra, por ejemplo, de vehículos. Y esto no es otra cosa que keynesianismo puro, en el cual el estado es rector de la economía y los capitalistas crecen merced a la acción estatal. El capitalismo, pues, es un gran oportunista, porque cuando no puede solo, recurre al estado para su salvación, como ahora sucede, que no sólo en EU, sino en todo el mundo se están “rescatando” a los ineficientes, avorazados bancos.
En segundo lugar, Obama ha declarado que está a favor de seguir apoyando a la industria armamentista estadounidense, pues dice que es un “muy importante” sector de la economía de EU, de entre los considerados “vitales”. Claro que es así, pues además de ser el primer fabricante y exportador mundial de armas (es un gran negocio, pues), es parte del dominio hegemónico estadounidense su poderío militar y Obama, de ninguna manera, objetará ese poder. Y si eso seguirá alentando la existencia de guerras, pues las armas deben necesariamente de emplearse, adelante con ellas. Me pregunto, entonces, ¿esa es la ética que el hombre de la esperanza mundial habrá de profesar?
En tercer lugar, en los nombramientos de su futuro gabinete, se está rodeando de gente que siempre ha favorecido la política de hegemonía militar estadounidense (sus constantes invasiones, por ejemplo), combinada con la acérrima defensa del neoliberalismo económico, con tal de que las empresas estadounidense puedan seguir operando a sus anchas por todo el mundo, más ahora que la brutal recesión económica buscará una política de mayor “libre comercio”, mediante la cual, EU venda cuanto pueda y compre lo menos posible. Por ejemplo, Hillary Clinton se pretende que sea la futura secretaria de Estado. Ella fue, al igual que la mayoría de políticos estadounidenses, de las que apoyó, en su momento, la invasión a Irak (aunque ahora, como muchos, se arrepiente de haberlo hecho, en vista del caos que se ha hecho de ese pobre país). Robert Gates, a quien Obama ratificará como secretario de la Defensa, apoyó y gestionó abiertamente las invasiones a Afganistán y a Irak, además de que fue jefe de la CIA durante la gestión de Bush padre, y algo tuvo que ver con el famoso escándalo Irán-contras. Joe Biden, futuro vicepresidente, también apoyó la invasión a Irak y se le considera un “halcón “ de la política estadounidense exterior... y siguen los nombres del futuro gabinete, en donde realmente no hay personajes nuevos, sino que se trata de reciclajes de personalidades que desde la era Bill Clinton han estado allí, para defender los intereses estadounidenses a cualquier costo.
Por último, ansiosamente el mundo ha querido conocer la posición de Obama en el actual conflicto israelí-palestino. El presidente electo se limitó hace unos días a decir que “eran muy lamentables las muertes de civiles en Palestina”, y ya. Sin embargo, uno de sus ayudantes, David Axelrod, se apresuró a declarar el domingo 27 de diciembre del año pasado, casi al inicio del conflicto, que su jefe apoyaba a Israel y que “culpaba” a Hamas de haber iniciado la ofensiva, posición que siempre ha sostenido Bush, por lo que con tales posiciones, Obama no se diferenciaría mucho de su antecesor y no sería ninguna garantía para los árabes que vaya a cambiar mucho su política en cuanto a un tácito apoyo a Israel (lo cual, de todos modos, es vital para la política estadounidense en el Medio Oriente). Y por si eso no bastara, resulta que ya se habla de que Obama nombrará como su “experto” para mediar en los conflictos entre Israel y Palestina al señor Dennis Ross, que actualmente figura como uno de sus “consejeros, experto en asuntos árabes”, quien sirvió durante las presidencias de Bush padre y de Clinton, como negociador para el Medio Oriente. Sin embargo, los árabes siempre lo han tenido como pro-israelí, dado que sus posiciones, en todo momento, han buscado favorecer por encima de todo a los intereses judíos. Además el señor es un “halcón”, pues en un reciente informe del “Bipartisan Policy Center”, para el que Ross trabaja, favorece un bloqueo de gasolina contra Irán, como acto de beligerante presión, así como un “bombardeo aéreo”, si fuera necesaria una futura invasión a ese país, al que se le acusa de estar construyendo bombas nucleares. Así que si esa es la gente de la que Obama se servirá para “arreglar” las cosas entre palestinos e israelitas y, en general, entre el mundo árabe y los judíos (o en el resto de las “promesas” que ha hecho), ¡qué se puede esperar!
Obama ha dicho que ya que sea presidente formal lo escuchará hablar el mundo (ha puesto de pretexto para no actuar en muchos de los urgentes asuntos, que tiene en su agenda el hecho de que respetará la gestión de Bush hasta su último día, posición que me parece muy cómoda). Y la ONU sólo se pierde en discusiones estériles de si condena o no la invasión israelí y si exige o no el alto al fuego (lo último que hizo fue demandar un inmediato alto al fuego, del que EU se abstuvo, por lo que no se considera que tendrá fuerza dicha exigencia, dado que el principal aliado israelita no la aprueba).
En días pasados, incluso un grupo de manifestantes, se apostó frente a la casa de veraneo de Obama, exigiéndole que hiciera algo por los palestinos, aún antes de que se le declarara formalmente presidente y que EU debía de cambiar su política de apoyo irrestricto a Israel. Pero Obama nada dijo, ni siquiera habló con ellos. Así que, ¿dónde quedaron sus declaraciones de campaña de que escucharía a toda la gente para tomar decisiones? Tampoco esa es buena señal de que será diferente de sus antecesores.
Mientras eso sucede, ¿cuántos palestinos civiles, inocentes, habrán seguir muriendo, asesinados por las bombas y las balas del ejército israelita, ante la impasibilidad del mundo y de Obama?
Contacto: studillac@hotmail.com
Por Adán Salgado Andrade
La franja de Gaza es una pequeña porción de tierra que mide alrededor de 41 kilómetros de largo por entre 6 y 12 kilómetros de anchura, que se extiende a lo largo del mar Mediterráneo en una de sus fronteras. La otra es con Egipto, al suroeste. Y todo el oriente de este pequeño territorio hace frontera con Israel. Dicho territorio, junto a Cisjordania (llamada también “Franja occidental” o “West Bank”), son las tierras de las que está formada Palestina. Este país perdió durante la primera mitad del siglo veinte casi todo su territorio, debido a las imposiciones colonialistas de Inglaterra que, arbitrariamente, después de la segunda guerra, en 1947, decidieron en las tierras despojadas a los palestinos, establecer a la nación judía, la cual, hasta entonces, por razones históricas, no había tenido un territorio formal (aunque esto no impidió que, ya en esos años, el gran poder económico de los judíos en todo el mundo fuera un hecho). Nació así Israel, país desde entonces muy apoyado por Estados Unidos. Y como fuera creciendo la población original de judíos, su ambición por irse anexando más y más tierras palestinas, fue creando los conflictos violentos de los que, nuevamente, el mundo atestigua uno más.
Independientemente de que Israel siempre ha justificado sus intensos y desequilibrados ataques contra los palestinos por “razones de seguridad”, hay que ver que no son comparables contra el supuesto daño que han provocado los grupos palestinos beligerantes, tales como los ataques guerrilleros o los bombazos suicidas. Y aquí sólo señalaré que en el presente análisis no defiendo la violencia de ninguno de los dos bandos. Nunca he estado de acuerdo, por ejemplo, con los ataques suicidas palestinos contra israelitas, en donde muere gente inocente cuyo único problema fue estar a la hora y en el lugar equivocado (y tampoco, por ende, estoy de acuerdo en los así llamados “ataques terroristas” en ningún lugar del mundo, pues son una forma de irracional violencia que sólo produce caos y generalmente agudiza los problemas que pretenden “solucionar”). Incluso puede ser que en tales atentados muera gente que esté en contra de la represión militar contra palestinos que realiza el ejército israelí. Por ejemplo, un grupo de manifestantes de la izquierda israelí se manifestó hace unos días frente a la casa del primer ministro Ehud Olmert, con mantas que decían “Judíos y árabes se rehúsan a ser enemigos” o “El ejército israelí y Hamas están peleando a nuestras expensas”. Esta última consigna es muy clara en el sentido de que lo que hagan los grupos gobernantes, sobre todo en la defensa de sus intereses, que no siempre son los de sus gobernados, puede estar en contra de los intereses de éstos. Sí, porque podría considerarse poco prudente de Hamas, aún cuando aduce la defensa de los intereses de su pueblo (algo perfectamente entendible y loable), lanzar sus ataques (no comparables a los israelíes, repito) contra Israel, si ya se sabe, por experiencias pasadas, que la brutal reacción de los judíos contra ellos tiene muy lamentables “efectos colaterales”, o sea, la muerte de cientos de civiles inocentes y la bárbara destrucción de infraestructura urbana (edificios, casas, puentes, caminos, escuelas), que para un pueblo pobre, como es el palestino, ha costado tantos esfuerzos materializar y que quizá no pueda volver a tener. Cuánto tiempo, por ejemplo, lleva construir una casa, muchos años... y que en unos segundos un cañonazo de un tanque israelí puede hacer pedazos. En esas lamentables muertes, en esa insensata destrucción, quizá no estén pensando los líderes de Hamas cuando lanzan sus cohetes, por mucho que su solidario pueblo les brinde su incondicional apoyo, el cual, supuestamente, le permite a los combatientes de Hamas instalar sus pertrechos en casas, escuelas, departamentos, sí, hasta servirle, inclusive, de escudos humanos (eso ha empleado de justificación el ejército judío para atacar objetivos civiles, pues, asegura, en ellos se apertrechan armas y guerrilleros de Hamas. Dice que a la gente se le han lanzado volantes informando que “esta zona será bombardeada, favor de desalojarla”. Vaya “amabilidad”, avisar que en unos instantes la casa de alguien será destruida, sin mayor preámbulo, así que se le suplica, muy amable y decentemente, abandonarla, no sea que “vaya a ser lastimado”).
Pero si el gobierno israelí se ha referido siempre a los atacantes suicidas o a los cohetes lanzados por Hamas como “atentados terroristas”, qué se puede decir de los ataques que un ejército profesional, perfectamente armado y pertrechado, está infligiendo contra población civil inocente, de la que ya se cuentan más de 700 muertos, la mayoría mujeres y niños (basta ver en Internet las desgarradoras imágenes de gente muy malherida o de cadáveres de infantes terriblemente mutilados y carbonizados para que la sangre se nos hiele por esas terribles escenas). Y siempre, empleando tal justificación, ha sido que el ejército israelí ha practicado infames bombardeos masivos e invasiones de sus soldados a tierras palestinas. Eso sucedió, por ejemplo, en el 2002, cuando también Israel bombardeó masivamente ciudades palestinas de la franja occidental, tales como Ramala y otras igualmente importantes (esa incursión la llamó “Operación Escudo Defensivo”). En 2003 hubo más ataques, sobre todo contra Gaza. Y en 2006, cuando el brazo político de Hamas ganó las elecciones en la franja de Gaza (victoria que de inmediato deploraron la mayoría de los aliados de Israel, como EU, Inglaterra, Francia, Italia, entre otros), también con la llamada “Operación Lluvia de Verano”, los militares israelíes bombardearon masivamente ciudades palestinas. La razón esgrimida fue que, además de los ataques terroristas, Israel no podía aceptar que un grupo “terrorista” como Hamas estuviera en el gobierno (supongo que al seguir considerando un grupo terrorista a Hamas, le retroalimentó a este su innata beligerancia, aunque hubiera tratado de renunciar a la violencia). Y en ese mismo año también por ataques poco significativos del grupo libanés Hezbollah, como una protesta contra los ataques israelíes a Gaza, contra soldados israelíes (tres murieron, dos fueron heridos y dos secuestrados), el ejército israelí lanzó un desproporcionado ataque contra Líbano, en el cual más de 1000 civiles fueron asesinados, se dañó severamente infraestructura urbana (plantas de generación eléctrica, edificios, puentes, caminos...), además de que se desplazó a más de un millón de libaneses de la zona del conflicto. Y los daños económicos que tan brutal acto de prepotencia militar dejó, aún no han podido superarse en ese país árabe. En el actual conflicto, Israel justificó que fue debido a que Hamas rompió la tregua impuesta, pero lo que no se ha dicho por ningún lugar es que el rompimiento se debió a que Israel asesinó a palestinos “sospechosos” de ser atacantes (un estudio reciente demuestra que el 75% de las ocasiones en que se ha roto una tregua, se ha debido a que Israel ha asesinado a palestinos, sin una firme razón). Tampoco se aclara que el sometimiento por parte de Israel de Gaza es inhumano, pues desde finales del 2006, prácticamente se han cerrado todos los cruces fronterizos, impidiéndose así la entrada de cuestiones tan básicas como alimentos, medicinas, combustibles... Antes de que Hamas ganara el poder, Israel exportaba o permitía la entrada de alrededor de 9000 necesarios artículos a esa región, luego de lo cual sólo autorizó 20 productos, so pretexto de que así se debilitan a los terroristas. Por el racionamiento, por ejemplo, de combustibles y energéticos, se han cerrado plantas eléctricas en Gaza, las que proporcionan un 30% del consumo. Los medicamentos escasean, así como los alimentos (el agua potable, por ejemplo, está a punto de generar una crisis sin precedentes, ya que el acuífero del que se surte Gaza, está sobreexplotado y muestra, además, signos de contaminación del agua marina, que lo está invadiendo, dados sus reducidos niveles, lo que ya está provocando males y enfermedades gastrointestinales entre los gazaítas). Y eso era antes del actual conflicto, durante el cual, se están restringiendo a cero los permisos para el tráfico comercial a Gaza o de palestinos que pudieran pasar a Israel a surtirse de viandas. Por eso en 2006 los gazaítas de plano allanaron la frontera con Egipto, para comprar todo lo básico, como alimentos, que por culpa del cerco judío, ya no podían conseguir. Y en estos días, para empeorar esa situación de emergencia humanitaria, Egipto se sumó a la acción genocida israelí al cerrar su frontera y vigilarla fuertemente con soldados y equipo militar (claro, tampoco se puede esperar nada de Egipto, país en donde hasta las manifestaciones públicas pacíficas siguen siendo consideradas “delitos graves” por la dictadura reinante de Hosni Mubarak). Pero la respuesta ante tanto sometimiento es todavía más sometimiento con los inmisericordes bombardeos y la invasión militar.
Así que los muertos que tantas incursiones han dejado suman miles, en tanto que los así llamados ataques “terroristas” palestinos (los atacantes suicidas o el lanzamiento de cohetes por grupos guerrilleros como Hamas o Hezbollah), desde su inicio no han provocado ni 500 decesos. En el actual conflicto, al momento de escribir estas líneas, van asesinados casi 900 palestinos, contra 14 israelitas, de los cuales 11 eran soldados (6 muertos por error por sus propios compañeros) y apenas tres civiles. Así que si hacemos cálculos, tendríamos casi 64 fallecimientos palestinos por cada fallecimiento judío. Y esa proporción, por mucho que varios analistas traten de justificar las incursiones israelitas como de “legítima defensa”, simplemente es indefendible. Y eso, sólo por el lado del conflicto, pero fuera de él, veamos cómo el mundo, sobre todo Estados Unidos, incondicional aliado de Israel, ha contribuido a su materialización.
Por un lado, EU ayuda militarmente a Israel (sobre todo porque este país es un importante contrapeso dentro del mundo árabe), so pretexto de que las armas que son donadas a Israel son para “legítima autodefensa” o “seguridad interna”. Tan sólo la ya agonizante administración del ineptamente beligerante George Bush, ha ayudado con $2400 millones de dólares (mmd) cada año a Israel y el año pasado, 2008, se planeó aumentarla en un 25%, o sea, unos $600 mdd. Pero no conforme con eso, además del gran negocio que dicha “ayuda” significa para los fabricantes de armas (hay que recordar que EU es el primer fabricante y exportador mundial de este muy lucrativo negocio, el que monta a nivel global nada menos que un billón de dólares), tan sólo en el pasado año de 2008, las ventas de armas estadounidenses a Israel ascendieron a nada menos que 22,000 millones de dólares (esta suma, como comparación, más o menos es el dinero que los inmigrantes mexicanos en EU mandaron a México en el 2007). Entre lo vendido están 75 aviones de combate F-35, nueve aviones de transporte de tropas C-130 y cuatro barcos de combate. Así que si en este infame conflicto hay ganadores, los primeros son los fabricantes de armas como General Dynamics, Northrop Grumman, Raytheon Missile Systems, Boeing, General Electric, AM General... y así. Y sobre esa situación, la New American Foundation (una crítica organización no gubernamental que denuncia el intervencionismo militar estadounidense) señala que es deplorable que armas estadounidenses sean empleadas en un conflicto que a todas luces rompe los acuerdos bajo las cuales pueden emplearse, como es el atacar a población civil inocente con ellas. Además, en un análisis imparcial, esos mismos fabricantes de armas (sean estadounidenses, rusos, chinos, franceses, ingleses, italianos, checos...), también ganarían por la venta “clandestina” de armas al brazo armado de Hamas, las que, se presume, proceden de contrabandistas que operan desde Egipto.
La siguiente ganadora es la recesiva economía de EU, que hará cuanto pueda, con tal de aliviar en algo sus profundos males, provocados, sobre todo, por la debacle financiera, que tiende a agravarse y está muy lejos de tocar fondo (leer en el Internet mi artículo “El convenenciero capitalismo salvaje”). Y si en las soluciones está el vender armas y alentar con dicha acción conflictos bélicos, pues adelante. Esto, desde el punto de vista del capitalismo, es algo lógico, pues las armas, finalmente, son mercancías, cuyo valor de uso (su utilidad, pues), es la de destruir, matar. Así que las guerras son una forma digamos que “legítima” de emplearlas. Y no cuesta trabajo imaginar que las bodegas del ejército israelí estarán llenas de armas, gracias a la “ayuda” militar estadounidense, así que deben de emplearse, no vaya a ser que con el tiempo pudieran caducar y fallar (esto no es especulación. Guerras como las dos de EU contra Irak, sirvieron para disminuir los repletos inventarios de armas que estaban por caducar que el Pentágono poseía). Así que los bombardeos masivos servirían, pues, para emplear y justificar la “ayuda” estadounidense, la cual, de otra manera, no se seguiría dando (aunque de todos modos Israel es excelente para crearse enemigos, otro de los cuales es Irán, por ejemplo) y a Israel no le quedaría más remedio que comprar su equipamiento militar (además de sufragar los gastos que la propia guerra genera, los que se estiman entre 25 y 45 millones de dólares diarios). Los terceros en ganar serán las compañías constructoras, sobre todo israelíes y estadounidenses, las cuales, amparadas por “programas de reconstrucción” (auspiciados quizá por organizaciones mundiales tales como la ONU), deban de rehacer la mutilada infraestructura urbana que está siendo demolida por los intensos bombardeos israelíes (basta ver fotografías de edificios enteros, públicos y habitacionales, reducidos a escombros, puentes, casas, calles), porque algo se tendrá que rehacer, indudablemente.
Y, bueno, pero hasta ahora no he mencionado para nada al señor Barack Obama, que da título a este análisis. Sucede que Obama, tanto para estadounidenses, como para todo el mundo, es una esperanza de cambio que, se supone, ayudará a destrabar todos los problemas en los que está inmerso EU, particularmente la severa recesión económica que actualmente padece dicho país y el mundo entero, además de los problemas que la idiotamente beligerante administración Bush, casi por concluir, ha dejado. Pero analizando las acciones que hasta ahora Obama, como presidente electo, ha considerado, al parecer tal esperanza se desvanece.
Antes de pasar al plano de la ofensiva militar que estamos analizando, veamos de pasada lo que Obama ha hecho en el campo económico, por ejemplo. Resulta que ha referido que más que aliviar directamente las deudas de millones de estadounidenses que han perdido sus casas a consecuencia de la crisis de los créditos, dará preferencia a la reestructuración de las deudas de los negocios y empresas, pues ha declarado que si en realidad se desea reactivar la actividad económica, son precisamente tales negocios y empresas a los que se debe de apoyar, con tal que el efecto multiplicador de rescatarlos se proyecte, enseguida, en la creación de empleos. Sin embargo, algo que no está considerando Obama, es que no sólo rescatando a los empresarios de su país se reactivará a la actividad económica, pues sin el debido consumo por parte de la población, el rescate estará lejos de completarse. Ya declaró que de ninguna manera permitirá que quiebren los bancos, y estuvo de acuerdo con el intento inicial, por parte de la administración Bush, de inyectar más de 700,000 millones de dólares a esos ineficientes barones del dinero. También se declaró a favor de ayudar a las llamadas “Big tree”, o sea, los fabricantes estadounidenses de autos (General Motors, Ford Motor Company y Chrysler) y se mostró muy inclinado a rescatar a esos ineficientes sectores automotrices, con tal de que no se pierdan los dos millones de empleos que generan directa e indirectamente (pero sobre esto, el premio Nobel de economía 2008, el señor Paul Krugman, duda que dicho sector sobreviva en el largo plazo, tanto como consecuencia de la crisis, como también por la agresiva competencia de automotrices extranjeras, tales como las japonesas o las asiáticas). Sin embargo, si el consumo social no se reactiva, de nada servirá inyectar millones de dólares para dicho rescate, pues si se fabrican los autos, pero no hay nadie que los compre, sólo habrá sido dinero tirado a la basura. Y es que este es el clásico círculo vicioso de toda crisis capitalista, pues las empresas afectadas comienzan a despedir trabajadores o a cerrar, lo que atrae como consecuencia una disminución del consumo, lo que llevará al cierre de otros sectores, que implicará más despidos... y así. Por ello, lo que Obama tendría que plantear sería la concesión de créditos a las familias (lo ha dicho, pero de manera muy superficial), para que con dinero público, a través de aquéllas, se iniciara la compra, por ejemplo, de vehículos. Y esto no es otra cosa que keynesianismo puro, en el cual el estado es rector de la economía y los capitalistas crecen merced a la acción estatal. El capitalismo, pues, es un gran oportunista, porque cuando no puede solo, recurre al estado para su salvación, como ahora sucede, que no sólo en EU, sino en todo el mundo se están “rescatando” a los ineficientes, avorazados bancos.
En segundo lugar, Obama ha declarado que está a favor de seguir apoyando a la industria armamentista estadounidense, pues dice que es un “muy importante” sector de la economía de EU, de entre los considerados “vitales”. Claro que es así, pues además de ser el primer fabricante y exportador mundial de armas (es un gran negocio, pues), es parte del dominio hegemónico estadounidense su poderío militar y Obama, de ninguna manera, objetará ese poder. Y si eso seguirá alentando la existencia de guerras, pues las armas deben necesariamente de emplearse, adelante con ellas. Me pregunto, entonces, ¿esa es la ética que el hombre de la esperanza mundial habrá de profesar?
En tercer lugar, en los nombramientos de su futuro gabinete, se está rodeando de gente que siempre ha favorecido la política de hegemonía militar estadounidense (sus constantes invasiones, por ejemplo), combinada con la acérrima defensa del neoliberalismo económico, con tal de que las empresas estadounidense puedan seguir operando a sus anchas por todo el mundo, más ahora que la brutal recesión económica buscará una política de mayor “libre comercio”, mediante la cual, EU venda cuanto pueda y compre lo menos posible. Por ejemplo, Hillary Clinton se pretende que sea la futura secretaria de Estado. Ella fue, al igual que la mayoría de políticos estadounidenses, de las que apoyó, en su momento, la invasión a Irak (aunque ahora, como muchos, se arrepiente de haberlo hecho, en vista del caos que se ha hecho de ese pobre país). Robert Gates, a quien Obama ratificará como secretario de la Defensa, apoyó y gestionó abiertamente las invasiones a Afganistán y a Irak, además de que fue jefe de la CIA durante la gestión de Bush padre, y algo tuvo que ver con el famoso escándalo Irán-contras. Joe Biden, futuro vicepresidente, también apoyó la invasión a Irak y se le considera un “halcón “ de la política estadounidense exterior... y siguen los nombres del futuro gabinete, en donde realmente no hay personajes nuevos, sino que se trata de reciclajes de personalidades que desde la era Bill Clinton han estado allí, para defender los intereses estadounidenses a cualquier costo.
Por último, ansiosamente el mundo ha querido conocer la posición de Obama en el actual conflicto israelí-palestino. El presidente electo se limitó hace unos días a decir que “eran muy lamentables las muertes de civiles en Palestina”, y ya. Sin embargo, uno de sus ayudantes, David Axelrod, se apresuró a declarar el domingo 27 de diciembre del año pasado, casi al inicio del conflicto, que su jefe apoyaba a Israel y que “culpaba” a Hamas de haber iniciado la ofensiva, posición que siempre ha sostenido Bush, por lo que con tales posiciones, Obama no se diferenciaría mucho de su antecesor y no sería ninguna garantía para los árabes que vaya a cambiar mucho su política en cuanto a un tácito apoyo a Israel (lo cual, de todos modos, es vital para la política estadounidense en el Medio Oriente). Y por si eso no bastara, resulta que ya se habla de que Obama nombrará como su “experto” para mediar en los conflictos entre Israel y Palestina al señor Dennis Ross, que actualmente figura como uno de sus “consejeros, experto en asuntos árabes”, quien sirvió durante las presidencias de Bush padre y de Clinton, como negociador para el Medio Oriente. Sin embargo, los árabes siempre lo han tenido como pro-israelí, dado que sus posiciones, en todo momento, han buscado favorecer por encima de todo a los intereses judíos. Además el señor es un “halcón”, pues en un reciente informe del “Bipartisan Policy Center”, para el que Ross trabaja, favorece un bloqueo de gasolina contra Irán, como acto de beligerante presión, así como un “bombardeo aéreo”, si fuera necesaria una futura invasión a ese país, al que se le acusa de estar construyendo bombas nucleares. Así que si esa es la gente de la que Obama se servirá para “arreglar” las cosas entre palestinos e israelitas y, en general, entre el mundo árabe y los judíos (o en el resto de las “promesas” que ha hecho), ¡qué se puede esperar!
Obama ha dicho que ya que sea presidente formal lo escuchará hablar el mundo (ha puesto de pretexto para no actuar en muchos de los urgentes asuntos, que tiene en su agenda el hecho de que respetará la gestión de Bush hasta su último día, posición que me parece muy cómoda). Y la ONU sólo se pierde en discusiones estériles de si condena o no la invasión israelí y si exige o no el alto al fuego (lo último que hizo fue demandar un inmediato alto al fuego, del que EU se abstuvo, por lo que no se considera que tendrá fuerza dicha exigencia, dado que el principal aliado israelita no la aprueba).
En días pasados, incluso un grupo de manifestantes, se apostó frente a la casa de veraneo de Obama, exigiéndole que hiciera algo por los palestinos, aún antes de que se le declarara formalmente presidente y que EU debía de cambiar su política de apoyo irrestricto a Israel. Pero Obama nada dijo, ni siquiera habló con ellos. Así que, ¿dónde quedaron sus declaraciones de campaña de que escucharía a toda la gente para tomar decisiones? Tampoco esa es buena señal de que será diferente de sus antecesores.
Mientras eso sucede, ¿cuántos palestinos civiles, inocentes, habrán seguir muriendo, asesinados por las bombas y las balas del ejército israelita, ante la impasibilidad del mundo y de Obama?
Contacto: studillac@hotmail.com
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