Los contrastes del Festival cervantino.
Por Adán Salgado Andrade
Ciudad de Guanajuato, México. Caminando por las calles de esta ciudad, apoderada de distintas actividades culturales cuando se lleva a cabo el Festival Cervantino, se tiene la idea de que sus habitantes comparten mucha de la buena vida y de los excesos que, pretextando esa celebración, el gobierno del estado despliega. Sólo hay que revisar, por ejemplo, los caros espectáculos que fueron ofrecidos como la oferta artística de este año, la cual se trata de superar con cada edición (en esta ocasión, por ejemplo, abrieron con Juan Manuel Serrat, quien debió haber cobrado caro por venir desde España con su actuación). Sí, no se piensa que exista marginación o pobreza entre los guanajuatenses, forzados testigos, muchos de ellos, de las pretensiones culturalizantes que ofrece el festival oficial. Ello mismo ha llevado a que, por los miles de visitantes tanto nacionales, como extranjeros, que llegan motivados por tal festival, Guanajuato se convierta en una entidad mercantilizadamente turística en la cual, por un lado, tales visitantes sean vistos sólo como una posibilidad de obtener un beneficio económico entre la mayoría de los guanajuatenses. Por otro, está el impacto materialista que los turistas atraen consigo, como los lujosos autos de muchos de ellos, ropa cara, asistencia a los espectáculos, restaurantes, antros costosos, hoteles cinco estrellas… inaccesibles para la mayoría de los habitantes del sitio, lo que, de alguna manera, evidencia todavía más la marginación en que se encuentran éstos, además de que sus propios resentimientos y frustraciones por no tener ese auto, esa ropa, entrar a ese espectáculo del Cervantino (muchos guanajuatenses jamás han asistido a un espectáculo oficial, por lo caros que resultan la mayoría), comer en ese restaurante, bailar en ese antro, beber en ese bar, hospedarse en ese hotel… en fin, el que tantas cosas materiales sean monetariamente prohibidas para una buena porción de los guanajuatenses, profundiza justamente sus carencias (y de paso sus resentimientos), que no son, precisamente, el acceder a espectáculos caros o tener un auto de lujo, sino que se trata de su cotidianeidad, es decir, que no tienen trabajo, no tienen un sitio adecuado para vivir, comen y viven precariamente, hacinadamente (sobre todo los alrededores de la ciudad evidencian el hacinamiento habitacional), los servicios públicos, como agua y drenaje, son deficientes… sí, y que no sería tan notorio si no se les pusiera enfrente de la ostentación y el derroche, sobre todo durante los días que dura el cervantino. Los visitantes, principalmente los jóvenes, sólo ven en Guanajuato un lugar muy bonito para “echar desmadre”, para tomar (en los bares), para drogarse (es posible conseguir droga), para bailar en las calles a ritmo de un disco compacto tocado por un reproductor, para ver las momias, para deambular por los túneles de la ciudad, para estar muy alegres… pero se olvidan del aspecto humano, cotidiano de la mayoría de los guanajuatenses, con todos los problemas de carencias y precariedad que sufren… no, esto, pobreza y marginación, no es el cervantino para el turista.
Un aspecto que explica la marginación de cientos de guanajuatenses es la crónica falta de empleo. De acuerdo con el censo poblacional más reciente proporcionado por las estadísticas oficiales (2005), el municipio cuenta con alrededor de 153,364 habitantes, de los cuales 73935 son hombres y 79,429 son mujeres, es decir, éstas exceden en casi 7% a la población varonil, lo que, de entrada, significa menores oportunidades de empleo para la población femenina, debido a la discriminación cotidiana a la que se le somete en muchos rubros del tejido social (menos empleos para ellas, malpagados, hostigamiento sexual, machismo laboral, familiar, escolar… entre muchos otros). Si además comparamos las cifras anteriores con el número de personas que tiene, digamos, la fortuna de tener un empleo, los contrastes son mucho peores. El censo económico de 2004, también información oficial, señala que las personas laborando son alrededor de 23841, o sea, sólo el 15.5%. esto significa que de cada 100 personas, menos de 16 tienen empleo. Pero un analista oficial objetará que de las cifras anteriores, se debe de considerar sólo a la población económicamente activa (PEA), o sea, la que está en edad de trabajar (se excluyen niños, adolescentes o personas de la tercera edad). Muy bien, tomando en cuenta ese factor, el INEGI ha considerado como aptos para trabajar a personas a partir de los catorce años (efectivamente, abundan en esa ciudad los adolescentes y los jóvenes), lo que de acuerdo con estimaciones recientes, da como resultado que al menos un 50% de los guanajuatenses estarían en situación de tener trabajo. Eso nos daría que unas 76,000 personas por lo menos podrían hacerlo. Si con esa cifra hacemos la comparación con los empleados, resulta que sólo el 31% tendrían trabajo, digamos que, en cifras cerradas, menos de un tercio de los guanajuatenses del municipio trabajan y más del 60% restante debe de contentarse con verlos trabajar. Pero, además, aquéllos perciben sueldos muy bajos la mayoría, de dos salarios mínimos cuando mucho (casi todos los trabajos se centran en el sector de servicios, que comprende alrededor del 80% de los negocios, según el censo económico citado, así que la gente labora como meseras o meseros, dependientes, mostradores, lavacoches, vendedores, despachadores, recamareras, porteros, cargadores, choferes, taxistas, cuidadores… entre otros).
Así, resulta muy grave esto, tomando en cuenta, insisto, los excesos en que el gobierno estatal (y el federal, en consecuencia), incurre para realizar el festival, el que, ha declarado, trata de superar con creces al anterior. Por ejemplo, se habla ya de que el cervantino del 2009, será inaugurado nada menos que por la Orquesta Sinfónica de Montreal, con todos los cuantiosos gastos que ello implicará, tales como la transportación de los instrumentos, su descarga, que muchas veces sólo puede hacerse mediante esfuerzo humano (modernos tatemes, pues), pues a muchos de los foros no puede accederse en vehículos pesados, como tráilers. También costará bastante el alojamiento de los músicos, los arreglos del escenario, el equipo de sonido requerido, la iluminación… y ya no se diga la edición 2010 del festival, que coincidirá con el bicentenario de la “independencia” mexicana, la cual, declaran triunfantes ya las autoridades, deberá de ser una totalmente distinta y deslumbrante en relación hasta lo que hasta ahora se ha visto… sí, ¡se amenaza con echar aún más la casa por la ventana, pues!
Pero siguiendo con el análisis económico, resulta que la mayor parte de las actividades laborales se concentran en el comercio, pues de las 4077 unidades económicas (negocios) reportados en el censo, alrededor de 2285, 56%, se refieren a ventas. En estos imperantes rubros laborales están empleadas 6566 personas, 27.5%, casi un tercio del total. Sí, los guanajuatenses tratan de venderle al turismo de todo: artesanías, ropa, tortas, aguas, garnachas, refrescos, golosinas, dulces, muebles, joyería, souvenirs, leyendas, tips turísticos, tours… sí, todo cuanto sea comerciable. Y esto porque el resto de la actividad económica da muy poco trabajo. De la minería, por ejemplo, sólo hay 17 negocios, apenas el 0.4% y nada más emplea a 1201 personas, 5%. De la construcción, sólo existen 343 negocios, el 8.4%, y únicamente da empleo a 1358 personas, 5.7%. En la construcción, únicamente hay 80 negocios, 1.96%, y da trabajo a 3251 personas, 13.7%, que sería de los sectores que más empleos dan, junto con los servicios de electricidad, gas, agua, hotelería y restaurantería. Éstos últimos, en conjunto, dan 6753 trabajos, 28.3%, que son considerados servicios también, todo lo cual indica la fuerte dependencia que el municipio tiene de turistas y visitantes.
Y quizá por ello es que el gobierno del estado pretende dar tanta importancia al cervantino, en cuanto a la afluencia de turistas (este año se considera que asistieron casi 437,000 personas). Pero eso sólo es durante los días que dura el festival, pues el resto del año los negocios medio funcionan, y menos ahora con la crisis, que ya comienza a golpear a muchos. Es el caso de doña Juana, dueña de un local de comida en el mercado municipal, de los muchos que hay en ese lugar, con quien conversamos. “Pues mire, la verdad es que las ventas están bajísimas, en serio, a pesar de que vienen muchos muchachos por el cervantino, qué le diré, como un noventa por ciento nos han bajado. Antes, a toda hora esto estaba lleno de gente, hasta en las noches… ahora es por ratos, pero con tanta competencia, nos tenemos que estar peleando a los clientes”. Dice que antes, incluso todas las noches de lo que duraba el festival, la gente iba a cenar, hasta las tres o cuatro de la mañana. “A veces ni cerraba, y mejor me seguía hasta el otro día”. Ahora doña Juana sólo se quedó hasta muy tarde el último sábado, pasadas las doce de la noche, y eso porque fue cuando más gente llegó a Guanajuato, con tal de atender a uno que otro cliente nocturno que deambulaba por su puesto en busca de un plato de arroz, un caldo de pollo, unas enchiladas mineras… algo que cenar, como nosotros hacemos en ese momento. Además, a pesar de que es el mercado, en donde se supone que los precios son más económicos, actualmente no lo son tanto, pues, por ejemplo, el plato de enchiladas mineras, regularmente servido, cuesta cuarenta pesos (compárese con el salario mínimo diario, que es de unos 53 pesos, lo que significa que ese platillo asciende a un 75% de dicho salario), lo mismo el caldo. Por el plato de arroz se pagan veinticinco pesos. “Pues es que todo ha subido mucho, y como no se vende tanto, pues lo poco que se venda, lo debemos dar un poquito más caro, pa’ que salga”, justifica doña Juana, efectivamente remitiéndonos mentalmente a la carestía de los alimentos que se está padeciendo desde hace meses, situación que se está dando en todo el mundo.
Y en cuanto a la poca clientela, sí, recuerdo yo mismo que hace años, a esa misma hora que estábamos cenando, las doce y media de la noche, en el lugar se veían a varios comensales comiendo en alguno de los puestos, de varios, que abrían regularmente hasta muy entrada la madrugada.
Para colmo, doña Juana platica que como este año las cerradas autoridades panistas trataron de impedir la realización del Festival Cervantino Callejero – ella y decenas de vecinos apoyaron mediante un documento, con la aportación de sus firmas, que sí se efectuara el festival –, durante varios días, a pesar de la celebración, tuvo pocos clientes, sobre todo porque, a falta de las tradicionales actividades culturales callejeras, casi no acudía gente a la plaza de los Ángeles, lugar en donde aquél se lleva a cabo, muy cercano al mercado de la comida. Digamos, de paso, que el Festival Cervantino Callejero, ha sido un bastión de lucha, a contracorriente oficial, de artistas independientes que han tratado de llevar la cultura a aquéllos guanajuatenses que no tienen dinero, muchos, para entrar a ver los caros, elitistas espectáculos oficiales y que este año, como señalé antes, se trató ilegalmente de reprimir, oponiéndose las autoridades locales – en forma prepotente y policiaca – al libre derecho constitucional a la manifestación cultural pública que tenemos todos los mexicanos, sin excepción, argumento esgrimido por aquellos artistas independientes para llevar a cabo el festival callejero, el cual, tras fuertes y nutridas protestas y negociaciones, con el apoyo de vecinos y comerciantes, por fortuna pudo realizarse (ver mi trabajo por Internet “Festival cervantino: elitismo cultural y represión policiaca”).
Y aprovechando mi estancia y mi participación literaria en el cervantino callejero, fue que logré conocer algunas historias de marginación, como la de Olivia, que a continuación refiero.
Ella es una mujer de unos 50 años, aunque los estragos de su dura existencia la hacen verse mucho mayor. Luce un vestido largo, tipo hindú, naranja, y un suéter beige, muy gastados ambos. Varios collares de cuentas y conchas rodean su cuello, así como pulseras que adornan sus muñecas. A primera vista, su, digamos que exótico atuendo, la hace destacable. De tez morena, su rostro está aún más quemado y arrugado debido al inclemente sol que debe de soportar por tantas horas al día que Olivia se la pasa caminando para vender su mercancía, consistente en joyería barata que ella misma elabora con cuentas de plástico, semillas, pequeñas conchas e hilo de nailon, similares a sus collares y pulseras. Por su forma de hablar, titubeante, y de comportarse cuando conversamos con ella, pareciera que está algo perturbada de sus facultades mentales. “Sí, mire… éstas las doy en diez pesos… y éstas a quince”, nos muestra sus pulseras y collares, que a pesar de ser de materiales baratos, lucen atractivas gracias a la combinación de vistosos colores que logra. “Yo, a veces, me saco treinta… cuarenta pesos… pero a veces no vendo nada, señor… como ‘hora, que no he vendido nada”, dice Olivia, cuyo rostro es resignadamente triste. “¿Y vende más en el Cervantino?”, le pregunto. Se encoge de hombros. “¡Pus siempre está jodida la cosa… ni compran nada, nomás vienen a emborracharse!”, exclama la mujer, protestando. “Y ni un peso pa’ un taco le regalan, señor… yo no sé pa’ qué quieren tanto dinero los que vienen, si ni se lo quieren gastar”, agrega, debido a que cuando no vende nada, trata de pedir alguna moneda por aquí y por allá. Cuenta que hasta hace poco vivía con un hermano que, “de lástima”, la dejaba dormirse en la cocina, pero que la corrió porque Olivia tiene la humanitaria costumbre de ir juntando perros callejeros. Un día llegó con ocho animales. “¡No… pus mi hermano ya no me aguantó y que me corre, con todo y perros… y ya luego que me quitan también a mis animalitos!”, exclama Olivia, su mirar un tanto abstraído y melancólico. La perrera del lugar, aparentemente avisada por vecinos, le quitó a todos sus perros, según refiere, y no se los quisieron devolver, a pesar de que trató de reclamarlos. Dice que pernocta en donde puede, normalmente en la calle, en algún callejón o a veces, cuando alguien le permite quedarse en su casa, en algún rincón, y que todas sus pertenencias, además de su mercancía, son una cobija y un par de vestidos todo lo cual, su ropa, lo acarrea en una bolsa de mandado que le encarga a una tendera del mercado. “¿Y qué le parece todo lo que el gobierno gasta para el festival?”, le pregunto por último. Olivia se queda pensando un momento. “¡Ay, señor… pus mejor ese dinero lo habían de repartir entre los jodidos como yo!”, dice sin mucha convicción, imaginando quizá que eso nunca pasará. Le compré un par de pulseras, lo que agradeció con un “¡Gracias, señor, que tenga buena mano!”, pues esa era su primera venta, a pesar de que ya pasaban de las siete de la noche del siguiente día de mi estancia. Por lo menos Olivia ya tuvo para comer algo, consideré.
Helena es una niña de nueve años. De pelo chino, tez apiñonada, estatura por debajo de la edad que declara tener, luce en ese momento un vestido claro y un suéter oscuro. Ella ofrece a los paseantes contarles la leyenda del callejón del beso, un estrecho espacio que obliga a pasar a las parejas que lo cruzan cuerpo a cuerpo, casi besándose, de allí su nombre. “Le platico la leyenda, señor… a’i me da lo que quiera”, dice Helena, lo cual acepté y de paso me puse a conversar con ella. “Mi mamá vende elotes… es esa señora que está allí” señala la niña a una mujer de unos treinta años, que se encuentra en una esquina de la plaza de los Ángeles con un bote de fierro galvanizado en el que están sus elotes. “Pero a veces no le alcanza y por eso me pongo a ayudarle… como soy la más grande, pus por eso le ayudo”, continúa contando Helena, muy dispuesta a ser entrevistada. Dice que se gana quince, veinte pesos… a veces hasta treinta, pero no siempre, pues tiene mucha competencia de otros niños que, como ella, también proponen al visitante contarle la leyenda del callejón del beso, con tal de ganarse unas monedas y aliviar en algo, igualmente, sus precarias condiciones económicas. “También lo puedo llevar a conocer la ciudad”, ofreció Helena, su mirada ansiosa, esperando que aceptara. Pero me excusé diciéndole que tenía otras cosas que hacer. Le di tres monedas de a diez pesos. Su rostro se ilumina. “¡Gracias, señor!”, exclama, tomando el dinero, luego de lo cual, gustosísima, corre hacia donde está su mamá, gritando cuánto dinero acaba de ganarse. Debe de ser bueno para ella, dada la alegría que acompañó su rápida carrera.
Y aprovechando la mermada economía tanto de muchos paseantes, como de los lugareños, algunos vendedores de alimentos ofrecen originales y relativamente baratas opciones para comer, como las “guacamayas”, vendidas por un hombre cincuentón, quien luce un percudido mandil, que pretende ser blanco, como medida sanitaria para vender su singular mercancía, la que acarrea en un pequeño puesto rodante, hecho de madera y metal. Las tales “guacamayas” son tortas elaboradas con el, de por sí, duro bolillo que se hace localmente (contiene mucha levadura, por eso es tan duro, según me explicó un panadero), y rellenadas nada menos que de chicharrón (así se le llama en México al alimento que se obtiene de cocer el cuero del marrano), aguacate, cebolla y chiles en vinagre. Las da a quince pesos y sinceramente resultan muy llenadoras. “¿Y qué tal se le venden las guacamayas?”, le pregunto, mientras espero la mía. “¡Uy… pus las acabo bien rápido, más ahorita que hay mucha gente!”, contesta mientras diligentemente prepara esta original especie culinaria. Platica que cuando no hay festival le va “más o menos”, pues la gente a veces ni sus tortas tan baratas puede comprar. “No… si esto está jodido, señor… y pa’ mí que se va a poner peor”, agrega. Recibo mi “guacamaya” y resulta con buen sabor, ya cuando le doy la primera mordida, no sin algo de trabajo, por la dureza tanto del bolillo, como del chicharrón. Sí, no cabe duda que aún en medio de la crisis, el ingenio de algunos les hace sortearla, como este “guacamayero” con sus singulares, baratas y regularmente nutritivas tortas. Claro, reflexiono, la gente puede no comprarse ropa, pero no deja de comer… ¡al menos los que aún tienen empleo!
Me dirijo luego al bar “Los pasos de López”, ubicado cerca de la Alhóndiga de Granaditas. Allí conozco a Teresa, quien resulta que ha sabido de mí gracias a mi trabajo periodístico. El lugar se llama así en honor a la novela de Jorge Ibargüengoitia del mismo nombre, cuya versión cinematográfica se filmó en esa ciudad años atrás. Teresa tiene unos 24 años, delgada, bonita y muy atenta. Viste pantalón de mezclilla, blusa roja y un delantal blanco. Trabaja de mesera en el lugar y me platica que su salario básico allí, laborando desde las tres hasta las doce o una de la mañana, es de quinientos pesos semanales, descansando un día. “Aunque a veces el dueño nos hace venir aún en nuestro día de descanso y si protestas, pues te corre. No, si aquí la gente es bien apática, a lo mejor porque les da miedo o no sé, pero no hacen nada. Fíjate, cuando fue lo del fraude en el 2006, algunos nos pusimos de acuerdo y fuimos a protestar al palacio municipal, que ahorita son panistas los que están, pero fuimos muy pocos, en serio, y ahí tenías a los policías, rodeándonos, pero no nos hicieron nada, porque estás en tu derecho de reclamar, ¿no?”, agrega, en tono de protesta. Y debido al salario tan bajo que percibe, son para Teresa tan importantes las propinas, como lo son para las personas que se dedican a servir en los restaurantes. “Mucha gente es bien coda y no te deja nada, otros te dejan que cinco, que diez pesos… y a veces me saco cien, ciento cincuenta pesos o, cuando me va muy bien, hasta doscientos pesos por día”, platica Teresa, mientras muy amablemente me sirve una limonada. Comenta que terminó la preparatoria y que le gustaría entrar a estudiar administración en la Universidad de Guanajuato, pero que le sería muy difícil hacerlo si siguiera trabajando en el bar. “Es que es muy pesado, sobre todo por las desveladas que te pones a diario… me voy acostando a la una de la mañana por lo regular… pero no hay trabajo, por eso me aguanto aquí”, declara resignada. Sí, pienso, en ese ambiente laboral tan escaso, la gente no puede darse el lujo de desperdiciar las mínimas oportunidades de empleo, aunque ello vaya en detrimento de su salud y de su tiempo y que sean sometidos a humillaciones y se les explote demasiado. Mientras me bebo mi limonada, se acerca otra chica, ofreciendo el tomarme una foto. Accedo y, más tarde, cuando me la entrega y pago su valor, cincuenta pesos, platico con ella. Se llama Natalia, tiene unos treinta años, de tez clara, “llenita”, y me cuenta que se dedica a fotografiar a los asistentes al bar y también a lo que, sonriente, denomina “BBC”. “Sí, bodas, bautizos, cumpleaños… me contratan para filmar esos eventos. Paso a la computadora la grabación y se las doy en un dvd”. Me dice que por evento cobra de 1000 a 1500 pesos, dependiendo del tiempo que esté filmando. “Mil pesos cobro si son dos horas y media, tres… y a veces hasta dos mil, ya cuando quieren que los filme desde que se están vistiendo… como los que se casan”, agrega. Animada, me platica algo de su vida. “Pues tengo cuatro hijos… la mayor es una niña, tiene doce años y el más chiquito tiene cinco”. Se embarazó muy joven, como parece ser la regla en muchas de las guanajuatenses, a los 18 años. La niña es de su primera relación. Los otros tres hijos, todos niños, son de su “esposo”. “Sí, pero no nos casamos, sólo vivimos juntos”, aclara y me confía que el hombre tiene 33 años y está en la cárcel desde hace dos años, purgando una sentencia de cinco años, acusado de robo. “Es que es un bueno para nada… y por eso me tienes aquí, tratando de ganarme la vida como puedo, por mis hijos… pero a veces, en serio que ya quiero tirar la toalla. Además, ya hay mucha competencia en lo de las filmaciones y luego tarda en haber trabajo… luego me paso hasta tres semanas sin conseguir algo”, dice Natalia, a quien la carga tan pesada de su existencia, debiendo mantener a sus cuatro hijos, la pone sentimental y se le ruedan unas lágrimas. Acepta comer algo mientras platicamos. “Sí te lo acepto porque, en serio, no he comido nada”, dice, algo apenada. Pasan de las diez de la noche y si aún no ha probado bocado, es evidencia de su precariedad económica. Le platico que estoy tratando de hacer un contraste entre la fastuosidad del festival cervantino y la realidad de la mayoría de la gente y está de acuerdo. “Sí, sí… pinche gobierno, se gasta un dineral y mira cómo nos tiene, todos muertos de hambre y sin trabajo”.
Más tarde, habiendo agradecido a Teresa su hospitalidad y dejado una buena propina, salimos de lugar Natalia y yo, y nos dirigimos nuevamente hacia la plaza de los Ángeles, en donde siguen presentándose los artistas callejeros en el Festival Cervantino Alternativo. Allí me presenta a su amiga Laura. Ella tiene 20 años. De complexión muy delgada, alta, morena, atractiva, la chica accede también a platicarnos algo de su penosa historia. Luce una especie de playera burdamente cortada, a propósito, del costado izquierdo de su cuerpo, desde la axila hasta la cintura. Una serie de “piercings”, ocho, hechos con aretes de plata, le “adornan”, digamos, esa parte de su cuerpo. Incluso en algunas áreas de la piel aún se ven moretones. “¿¡Pero cómo te hiciste eso!?”, exclamo ante esa escalofriante visión. Laura sólo se encoge de hombros, explicando que un “amigo” de ella le pidió hacérselos porque necesitaba realizar fotos “artísticas”. “¡Oye, pero debe de haber sido muy doloroso”. “Sí… pues todavía me duelen, cuando me baño, porque apenas hace una semana que me los hice… pero ni le dije a mi madre, porque, si no… ¡me pone una friega!”, exclama, entre risueña y resignada a portar para siempre en su cuerpo las cicatrices que esas infames perforaciones le vayan a dejar en su piel. Dice que ni dinero le dio el tal “amigo” (no me parece que sea de un “amigo” herir así a su amiga, con tal de sacarle unas cuantas fotos “artísticas”). Pero insisto en saber por qué lo hizo. “Pues por lo de las fotos que te digo… porque es mi amigo y las necesitaba”, responde, sin mayores aspavientos. Luego refiere que sólo estudió hasta el primer semestre de bachillerato, pero se salió. “Es que la verdad no me gusta estudiar”. “Luego de que me salí de la escuela, pus nada más me anduve con mi novio… y que salgo embarazada”, continúa. Eso fue a los 17 años, fruto del cual, Laura tiene un niño de tres años, que a veces le cuida su madre, como en ese momento o ella, “cuando tengo tiempo”. Y cuando no, pues “lo dejo con una amiga o con su padre”. Le pregunto por él. “Ah… pues ése es un pinche huevón, bueno para nada”, se queja Laura, que tiene 21 años de edad y está desempleado. “¿Y cómo te mantienes?”, pregunto. Se queda reflexiva un momento. “Ah… pues luego ha venido gente a filmar cortos, amigos de unos amigos, y me han contratado para actuar”, dice y platica que el más reciente que hizo se filmó en algunos de los túneles que cruzan la ciudad. “Pero es muy pocas veces eso y casi ni gano dinero”, agrega. “¿Y entonces… cómo mantienes a tu hijo…te mantienes tú?”. “Ah… pues es que mi mamá me ayuda”. Y platica que su madre es afanadora en una oficina y que gana “como tres mil quinientos mensuales”. Sí, el sueldo de la madre es el que ganan un buen porcentaje de los asalariados, o sea, hay pocos trabajos, como ya antes referí, y mal pagados. “¿Y no tienes papá?”. En esta pregunta, Laura me mira con cierto reclamo. “Mi papá se ahorcó en la cárcel cuando yo tenía tres años”, sorraja la brutal respuesta. Nos quedamos callados por un momento. “Sí… es que él era ratero y en una de ésas, lo agarraron… yo creo que por eso se mató, porque no le gustó estar en la cárcel”, agrega, un tanto reflexiva y filosófica.
Y por eso se va a ver a los artistas independientes del festival callejero en esos días, para ver si les puede ayudar en algo, como en la venta del material cultural, el boteo, comprarles la comida… cualquier cosa que le permita ganarse algo de dinero o, por lo menos, la comida. “¿Y no has pensado en trabajar?”, pregunto, a lo que Laura responde, sarcástica. “¿¡Trabajar!?... pero si aquí no hay nada qué hacer, en serio, en donde quiera que vas, nada más te dicen que no hay trabajo”, contesta, entre molesta y resignada. Por supuesto que, cuando días más tarde accedí a las cifras de la gente trabajando en el municipio, entiendo perfectamente la molestia de Laura, pues con un abierto desempleo superior al 50%, efectivamente, no hay nada que hacer allí. “¿Y al distrito, no has pensado en irte?”, pregunto. “No… allá no me iría, me da miedo todo tan grande… no”, contesta enfática. “A veces pienso en irme a Querétaro, a ver qué encuentro por allá”, dice, reflexiva. “Pero para irme, necesitaría dinero, para hospedarme en lo que encuentro trabajo… no sé qué hacer, la verdad”, dice, reflejando en su mirar una profunda tristeza, aquélla que nos embarga cuando el futuro es crecientemente incierto, como el de ella y el de muchos guanajuatenses, olvidados por los lujos y la fastuosidad del festival cervantino oficial.
Contacto: studillac@hotmail.com
viernes, 12 de diciembre de 2008
domingo, 9 de noviembre de 2008
El convenenciero capitalismo salvaje
El convenenciero capitalismo salvaje.
Por Adán Salgado Andrade
Después de la brutal crisis de 1929, el capitalismo salvaje estadounidense de aquel entonces encontró su salvación, irónicamente, en la forzada redistribución de la riqueza, emprendida por el gobierno aplicando el llamado “New Deal”, mediante un sistema tributario que aumentó considerablemente los impuestos aplicados a las empresas y corporaciones, que en algunos casos llegaron hasta a un 52 por ciento de las ganancias obtenidas por aquéllas, además de una inusual regulación económica estatal que buscó el control de todos los negocios y el privilegio de los derechos laborales. Si en un principio hubo fuertes protestas, al final los capitalistas aceptaron que esa obligada desconcentración de la riqueza (lo que justamente había provocado la crisis, debido a que la monopolización del mercado y esa brutal concentración dejaron como consecuencia una catastrófica caída en el consumo. Famosa es la frase de Roosevelt culpando a los banqueros por el crash económico, a quienes llamó “inescrupulosos cambiadores de dinero”) fue su salvación, pues por el efecto multiplicador ocasionado por las múltiples obras públicas que el gobierno de F. D. Roosevelt emprendió con la regulación y la recaudación tributaria, la economía estadounidense comenzó a reactivarse. Al mismo tiempo, la fabricación de armas durante la segunda guerra mundial y enseguida la reconstrucción de Europa y Japón por parte de las corporaciones estadounidenses, permitieron una espectacular recuperación del capitalismo no sólo de EU, sino mundial. Ese periodo, conocido en aquel país como el “American Dream” (caracterizado por un inusual bienestar de los obreros norteamericanos, sobre todo, quienes pudieron alcanzar un nivel medio de vida, con casa propia, uno o dos autos, los enseres domésticos del momento, escuelas particulares para sus hijos…), conoció niveles del producto interno bruto (PIB) de 10% o más durante varios años. Aunque el gobierno de Roosevelt procedió con su plan de reestructuración y distribución del capitalismo de forma empírica (comenzó también “rescatando” a los banqueros, como se está haciendo ahora), luego tales acciones encontraron su base teórica en las teorías económicas del señor John Maynard Keynes, quien en su obra “Teoría general del trabajo, la tributación y el dinero”, se declaraba en contra del libre mercado, señalando todos sus inconvenientes (debieron seguirse atendiendo sus señalamientos), entre los cuales está la tendencia a una desregulada monopolización de las actividades económicas por unas cuantas corporaciones que debían ser puestas en orden por el Estado. De ahí nació el concepto de “economía mixta”, en la cual el Estado se encarga de ciertas actividades, sobre todo aquéllas que por su naturaleza requieran de grandes inversiones, pero que aporten pocas o nulas ganancias. Por ello fue que servicios como el agua potable, la electricidad, el servicio postal, la construcción de carreteras, el transporte, entre otros, se municipalizaron, o sea, se realizaron exclusivamente con inversión pública que era pagada por la recaudación tributaria. A pesar de ello, no dejaron de presentarse periodos de crisis (en 1937, a pesar del New Deal, volvió a darse otra crisis económica en EU, que fue rápidamente superada gracias a las medidas gubernamentales que se habían estado aplicando), seguidos de buen desempeño económico, quizá no espectacular, pero de alguna manera regulado y alentado por el gobierno. Sin embargo, a los capitalistas, ávidos de hacer más buenos negocios de los que ya tenían y pretextando que las recurrentes crisis económicas se debían a la intervención económica del Estado (lo cual no es cierto, pues el capitalismo es inherentemente proclive a padecer constantes crisis), la que sobre todo implicaba crecientes gastos públicos, se dieron a la tarea de desmantelar al llamado “estado benefactor” para, según ellos, lograr que se diera de nuevo el “capitalismo perfecto”, en donde no iba a haber ninguna otra regulación más que el libre mercado, la libre competencia, el “laissez faire”. Esa política, bautizada neoliberalismo (porque los capitalistas festejaron que se retomaran de nueva cuenta los “grandes” principios del liberalismo económico sustentados por Adam Smith), iniciada a mediados de los setentas, cuando se aplicó primero en Chile (bajo la forma del llamado “monetarismo” de Friedman), obligó a los gobiernos de todos los países, comenzando con los subdesarrollados, a vender cuanta empresa pública poseyeran y “flexibilizar” el control económico (“desregular” la economía, se llama a esto). Así, fábricas, actividades extractivas, tiendas, bancos… todo cuanto fuera estatal y no fuera “estratégico”, los gobiernos vendieron, pues, por un lado, se desharían de empresas que, se decía, por ser públicas no eran “eficientes” (¡vaya, como si el capitalismo fuera eficiente!) y trabajaban mal y, por otro, con el dinero obtenido de la venta, iban a bajar o casi a liquidar sus deudas nacionales y extranjeras que tenían justamente, se justificaba, a causa de la mala administración y los onerosos gastos que las empresas públicas y paraestatales, según los economistas funcionalistas, estaban generando a la economía. Eso se llamó, eufemísticamente, “adelgazamiento del estado”, cuestión por la cual hasta los gastos sociales, como en salud y educación, fueron fuertemente reducidos (esto, el que el gobierno gaste cada vez menos en programas sociales, ha contribuido también a la agudización de las crisis económicas y el aumento de la pobreza). Desde 1980 podemos decir que se generalizó la así llamada “privatización de la economía” para que todo, según sus promotores, marchara a la perfección, que se diera lugar a un capitalismo regido sólo por la libre competencia en el que todo estaría muy bien, las fábricas produciendo, la gente trabajando y consumiendo, el mundo “globalizado”, y las variables macro y microeconómicas en franca armonía… o eso pareció, como veremos.
Casi treinta años después, el neoliberalismo ha probado su total fracaso ante la debacle económica que por estos días sufrimos y seguiremos sufriendo por varios meses (y recurrentemente), tan severa, que los barones del dinero y de las corporaciones han exigido la ayuda de los gobiernos, a quienes tanto despreciaron y soslayaron en su momento. Así, comenzando por el gobierno estadounidense, temiendo que la enorme influencia económica que Estados Unidos todavía tiene en el mundo, colapsara la economía global (que de todos modos se está ya colapsando) debido a sus quebradas finanzas privadas, se dio a la tarea de “rescatar”, con los dineros públicos, claro, a esos ineficientes, desregulados bancos, quienes justamente por la falta de control gubernamental sobre sus vampirescas operaciones financieras, ávidos de ganancia, le entraron a cuanto negocio les pudiera dar fuertes dividendos, prestando miles de millones de dólares por aquí y por allá, presionando a la economía capitalista salvaje a producir bastamente para que ellos ganaran mucho más, creando, así, una desmedida sobreproducción de todo (China, la maquiladora del mundo, es el mejor ejemplo de los niveles a los que ha llegado la sobreproducción, tanto que sus actividades industriales, “nacionales” y extranjeras, están en segundo lugar, después de EU, en la producción mundial de los contaminantes gases que están provocando el calentamiento del planeta, además de que es el cuarto mayor consumidor de petróleo, con casi 6 millones de barriles diarios), hasta de casas. Así, los millones de productos fabricados, con tal de venderse, se fiaban, se ofrecían a crédito. Por tanto, la tendencia al consumo irracional que fomentó tan irrefrenable deseo de ganancia, provocó que por más de una década, todos los países y la mayoría de sus ciudadanos vivieran del crédito, y a quienes lo concedían, les convenía más el cobro de intereses, que del principal. Pero una vez que la sobreproducción de todo (encabezada principalmente por el modelo chino de maquinación barata, como dije antes) superó con creces al consumo real, ya no halló en donde colocarse, a pesar de los créditos. Y entonces la muy sobrada capacidad productiva (el muy alardeado “aumento de la productividad”, como se le llama) de todas las corporaciones y empresas del mundo debió reducirse, achicarse… y eso provocó el estallido de la burbuja, pues la caída de la actividad industrial, llevó al desempleo, lo que en conjunto, menos producción y menos trabajadores contratados, tuvo como efecto inmediato el impago de los créditos. Las empresas comenzaron a tener problemas para pagar los préstamos recibidos y los trabajadores, al ser despedidos o habérseles reducido su salario, tampoco pudieron ya pagar sus deudas, sobre todo las hipotecas de las casas o inmuebles comprados a crédito (que fue lo que sucedió en EU, el origen de la actual debacle, en donde cientos de miles de familias han perdido ya sus casas), y eso fue el principio de los problemas de los bancos, pues el efecto multiplicador negativo que tuvo el que millones de deudores, tanto trabajadores, como empresas, no pudieran ya pagar sus obligaciones crediticias, fue llevando poco a poco a los barones del capital especulativo a la muerte lenta y al colapso… no, ya no pudieron hacer frente a sus propios compromisos de premiar con fuertes ganancias a sus inversionistas, ni reponer el dinero de los ahorradores por ellos tan alevosamente jineteado. En Estados Unidos hasta los fondos de pensiones están quebrando estrepitosamente, pues también le entraron a la especulación con el dinero de sus agremiados, quienes, de pronto, ya se quedaron sin un centavo de los ahorros que con tanto esfuerzo hicieron. Por eso Bush tuvo que apapachar a los bancos, calmarlos, decirles que el buen, protector gobierno les iba a reponer su dinero, que no se preocuparan (eso de por sí siempre lo ha hecho, no sólo con los bancos, sino con las grandes corporaciones. Ver mi artículo en Internet “Bush, el buen amigo de las corporaciones”). Y ya les prometió que inicialmente les dará $700,000 millones de dólares, a cambio de que se porten bien (con la promesa de que el “apoyo” podría ascender a nada menos que once millones de millones de dólares), de que por un tiempo le dejen al paternal Estado administrar sus quebrados negocios y ya, cuando otra vez funcionen bien y les den ganancias, se los devolverán, pues ese mediocre presidente ha declarado que él sigue siendo ferviente defensor del “libre mercado”, a pesar de la hecatombe que éste ha provocado, pero que a veces se requiere que el gobierno le dé una “ayudadita”, para auxiliar al “gordito glotón” a salir de la enfermedad. Y eso están haciendo los gobiernos de todo el mundo, en vista de que en todos los países, los desregulados (o sea, sin el más mínimo control estatal), caprichosos banqueros intentaron hacer de las suyas y desafiar las leyes del capitalismo salvaje, que demuestran que este irracional sistema, de una u otra manera, siempre tenderá a sufrir continuas crisis, dada su estructura hiperconcentradora y monopolista de la riqueza social. No sólo Estados Unidos, sino Alemania, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Francia, Italia, España, Japón… en todos los así llamados “países capitalistas desarrollados”, los gobiernos han debido rescatar a importantes instituciones financieras. Por ejemplo, Holanda rescató al grupo financiero y de seguros ING inyectándole 10,000 millones de euros. Corea del sur decidió rescatar con 130,000 millones de dólares a sus bancos para restaurar la “confianza en el mercado”. Alemania decidió rescatar a la institución de bienes raíces HRS (Hypo Real State) con 35,000 millones de euros… y por esos “rescates” ya hay países que, incluso, han quebrado, sí, es decir, no tienen ya dinero para sostenerse como naciones, sobre todo en los países subdesarrollados en donde, se comprenderá, los daños ocasionados serán mucho más graves aún. Esto, por ejemplo, ya ha sucedido en Islandia o Hungría, los que han debido ser “rescatados” a su vez por el FMI (esta decadente institución financiera al servicio de los intereses de los países hegemónicos, tales como EU, y sus corporaciones, que más que buscar la “salud” financiera de los países pobres estos últimos 25 años, ha aplicado los rígidos términos e intereses neoliberales los cuales, como vemos, han agudizado sus problemas económicos, en lugar de resolverlos, y han llevado a la actual debacle), pues de otro modo dichos países están en riesgo, incluso, de desaparecer como conformaciones sociales y territoriales. Cabe decir aquí que también la ilusión del aparente bienestar que acarrearía consigo el neoliberalismo (capitalismo salvaje), destruyó naciones consideradas socialistas, o las fraccionó, como la extinta URSS, Yugoslavia o Checoslovaquia, imbuidos sus gobiernos y habitantes por el espejismo capitalista que prometía ser la panacea que los sacaría rápidamente de la atrofia económica en que esos sistemas “totalitarios” los habían mantenido sumidos hasta ese momento. Y hay que decir que el capitalismo salvaje ha probado ser más totalitario y caótico que esas extintas economías de planificación central, pues ha favorecido los intereses de las grandes corporaciones, hiperconcentrando como nunca antes se había visto la riqueza social, por encima de los de la gente y sus países, lo que únicamente ha servido para pauperizar y llevar a la bancarrota a la mayoría de la población, como lo demuestra la tremenda quiebra económica que estamos refiriendo (En Rusia, país que también está siendo muy afectado por el caos económico generado por los barones del dinero rusos, mucha de la gente que vivió los años de esplendor del así llamado socialismo, ahora añora esos mejores viejos tiempos).
Y siempre es así, que los gobiernos, a pesar de la renuencia del capitalismo salvaje a la intervención del estado en tiempos de bonanza, han rescatado a los barones del dinero. En México, país subdesarrollado, por ejemplo, durante la brutal crisis económica de 1995, que llevó a la quiebra a los entonces bancos “nacionales”, el gobierno de Ernesto Zedillo instruyó el famoso FOBAPROA, un programa destinado al rescate de aquéllos, el cual no fue suficiente para aliviarlos de sus crónicos males, así que se ideó una manera de inyectarles liquidez. Pretextando que las pensiones que el gobierno otorgaba, con toda justicia por tantos años trabajados, a los trabajadores que se jubilaban, eran una muy “onerosa” carga económica futura, se les obligó a aquéllos a aportar parte de sus fondos de pensión a cuentas que serían administradas privadamente, justo por esos quebrados bancos, argumentando que así sería menos caro para el gobierno proporcionar dichas pensiones (¡vaya argucias, pues mientras un trabajador es útil y se encuentra laborando, no le resulta “oneroso” al Estado. Una imposición adicional fue que se aumentó la edad a la que un trabajador se puede pensionar!). Sí, las llamadas Afores fueron otra manera no sólo gubernamental, sino social, por la obligada parte de las cuotas de los trabajadores concentradas en fondos privados, para también “rescatar” a los barones del dinero (Este modelo, de financiar y rescatar a los capitalistas con dinero de los ahorros de los trabajadores, fue copiado de Estados Unidos, en donde, a principios del siglo 19, dada la creciente necesidad de capital para la expansión empresarial, se estimó conveniente formar sociedades de pequeños ahorradores, cuyo dinero, administrado por un banco o empresa, sería prestado a aquellas compañías que requirieran de fondos para crecer. Uno de los primeros banqueros que se aprovechó de los ahorros de los así llamados pequeños inversionistas, fue Jay Cooke, quien, durante la Guerra Civil, se armó de un contingente de 4000 vendedores, quienes, aprovechando el caos generado por la lucha entre norteños y sureños, se dedicaron a vender bonos gubernamentales de bajas denominaciones a granjeros, trabajadores y pequeños comerciantes. Claro, el principal beneficiado fue Cooke, no los pequeños inversionistas, pues con su dinero aumentó aún más su fortuna personal. Realizó grandes negocios, prestándole al gobierno, para financiar la guerra, y a empresas, sobre todo, cuando en 1880, en una de tantas crisis capitalistas de ese año, las compañías y el gobierno necesitaron del dinero de los ahorradores, vital en ese momento para evitar, las primeras, más quiebras de las que hubo y, el segundo, para no declararse insolvente en sus gastos. Fue el comienzo de las sociedades mutualistas, equivalentes a las Afores mexicanas). Y uno de los grandes riesgos que corren actualmente las Afores, merced a la presente recesión, es que se esfumen esos ahorros tan duramente reunidos por los trabajadores, pues están invertidas en muchas de las corporaciones y empresas que están teniendo muy serios problemas de deudas crediticias. Así que pudiera ser que un día se les diga a los trabajadores “¡Oigan, pues lamentamos mucho informarles que todos sus ahorros se perdieron debido a la crisis, ni modo!”, sí, y a pesar de que a la fecha más de 65,000 millones de pesos se han “perdido” de las Afores (cuyo monto total asciende a unos 800,000 millones de pesos), de todos modos los banqueros siguen cobrando sus cuotas por el mafioso, ventajoso manejo que han hecho de tales ahorros, principalmente en su propio beneficio. Incluso, parte de la liquidez con la que cuentan las matrices de los bancos extranjeros establecidos en México (90% del sistema bancario “mexicano” es extranjero ya), combinación de la Afores más los ahorros de sus cuentabientes, ha sido empleada, arbitrariamente, para “rescatar” a sus oficinas centrales, como lo que está haciendo, por ejemplo, HSBC para rescatar a su oficina matriz en Inglaterra, país cuyo gobierno también se vio obligado a “rescatar” a tan ineficiente, lucrador banco. En Estados Unidos ya varios cientos de miles de trabajadores han perdido de esa mafiosa forma sus ahorros, como sucedió recientemente con la cuenta que manejaba el especulador Eddie Stern, hijo del mal afamado Leonard Stern, quien hizo su fortuna y la de sus hijos, vendiendo alimentos para mascotas. Eddie Stern creó en 1998 una empresa de especulación, Canary Capital, con la cual, valiéndose de los fondos de pensión, incrementó más la fortuna familiar (estimada en ese entonces en $3000 millones de dólares), a cambió de defraudar a los pensionados, muchos de los cuales habían invertido los ahorros de toda su vida en Canary Capital, y dejarlos sin pensión y sin futuro. Mediante complicados, ilegales e “ingeniosos” métodos especulativos, que lo llevaron a ser considerado el “rey de las ganancias” entre los especuladores, Stern se convirtió en el “rey de la especulación” con los fondos de pensiones. Entre 1999 y mayo de 2003, que fue cuando finalmente el fraude salió a la luz, las actividades especulativas de Stern y otros como él, provocaron pérdidas en los fondos de pensiones por más de $16,000 millones de dólares, que en algunos casos significó que los ahorradores ya no tendrán la seguridad de una pensión, mientras que Canary Capital terminó sus ilícitas operaciones con un capital de $750 millones de dólares, o sea que, a pesar de los fraudulentos manejos de Stern, no se quedó sin fondos. De todos modos, cada año, debido a malas inversiones, a riesgos bursátiles y a las crisis económicas, los fondos de los trabajadores pierden $4000 millones de dólares, en lugar de ganar, pérdidas que en la actual recesión serán mucho mayores o quizá totales. Como dije antes, los ahorros de los trabajadores son fondos de dinero fresco de los que las empresas estadounidenses se siguen sirviendo para ampliar sus negocios o el que el gobierno emplea cuando las rescata si quiebran. Y este inseguro mecanismo para según “asegurar” las pensiones, es el que ya se está aplicando en México desde hace algunos años con las tramposas Afores.
No conforme con eso, el gobierno mexicano dilapidó unos 20,000 millones de dólares (y sigue haciéndolo), una cuarta parte de las reservas del banco central, para asegurarles a las empresas que tenían deudas en dólares, que se hicieran de estas divisas “no tan caras”. Esas deudas eran créditos que muchas compañías simplemente habían adquirido no para ampliar sus actividades específicas, sino para dedicarlos sólo a operaciones meramente especulativas que les permitieran, acorde con el agiotista frenesí descrito arriba, también entrarle a las, aparentemente, fáciles ganancias bursátiles, las que se encargaban de proporcionar bancos y bolsas de valores. Por ejemplo, digamos que un empresario cualquiera pidió prestados 10 millones de dólares y los puso a especular en el mercado de valores (la bolsa), pero con la debacle actual, no sólo no obtuvo ganancias de ese dinero, sino que además debe de liquidar dicho préstamo, así que en lugar de ganar, está perdiendo capital y mucho, quizá en exceso de sus activos (el valor de su compañía), y eso puede significar, inclusive, la quiebra y desaparición de su compañía. Es el caso aquí de la empresa “Controladora Comercial Mexicana”, con un adeudo de 2000 millones de dólares, que al tipo de cambio actual, de más de 13 pesos por dólar, le abultó la deuda contraída, que equivaldría a unos 26,000 millones de pesos. Ese adeudo equivale a casi el 76% del valor comercial de dicha empresa, el que para abril de este año era de apenas 2642 millones de dólares, así que se comprenderá que casi se trata de su colapso total, todo por las codiciosas expectativas de sus accionistas (normalmente las grandes empresas no tienen un solo dueño, sino que la propiedad está repartida entre grupos de accionistas que poseen distintos porcentajes del valor total). Otro grupo en muy serios problemas es la cementera CEMEX, la cual debe 16,400 millones de dólares, casi un 80% de su valor comercial. En el mismo caso está Telmex, la que debe 2360 millones de dólares… y así. Y por ello, el muy “generoso” gobierno panista decidió darles una “ayudadita” también dilapidando, como dije, las reservas en dólares que tiene el Banco de México, tan difícilmente reunidas durante varios años, en unos cuantos días. Sin embargo, cuando se le ha aconsejado a ese gobierno en otras ocasiones que las emplee para el beneficio social de un país en donde casi el 70% de mexicanos son pobres, simplemente se ha negado, aduciendo que eran para tiempos difíciles. Sí, vemos, pues, que son para los tiempos difíciles de los empresarios, no del vulnerable pueblo mexicano. Además, si repentinamente el valor del dólar se disparó tanto en estos días, fue porque irresponsablemente el gobierno mantuvo sobrevaluado al peso por mucho tiempo, con tal de que las empresas pudieran importar cuanto necesitaran para hacer sus grandes negocios (desgraciadamente en este país, como en todos los subdesarrollados, para que “nuestras” industrias produzcan, casi todo lo deben de importar, comenzando por la maquinaria que emplean. Es tan desventajosa esta situación, que para “exportar” un dólar de manufactura, se requieren importar tres dólares de insumos. Así que, como se ve, es sumamente desequilibrada “nuestra” situación productiva).
La locura especulativa, pues, “recalentó” a la economía, y por eso, por la sobreproducción, también las materias primas, como el petróleo, subieron a niveles nunca antes vistos, el cual llegó a cotizarse hasta en 110 dólares el barril… pero en estos días que está bajando fuertemente la producción industrial, ha también bajado en picada tal cotización, que en promedio está en 61 dólares. Por ello es que el capitalismo salvaje está buscando nuevas alternativas para continuar con los grandes negocios, a pesar de la recesión mundial que ya estamos viviendo. La producción de armas seguirá siendo esencial. El reciente presidente estadounidense electo, el señor Barack Obama, al igual que hizo McCain, ha asegurado que no disminuirá de ninguna manera el presupuesto militar dedicado al Pentágono, pues considera que es vital la actividad bélica de EU, primer productor y exportador mundial de armas (esta es una de las primeras señales que ponen en duda las promesas de campaña hechas por el primer presidente afroestadounidense elegido en ese país, quien también ha asegurado que se deben mantener las tropas estadounidenses en Afganistán y en Irak. Además, a quien tiene Obama que beneficiar de inmediato es a la clase empresarial, pues sólo de ésta depende que sea reactivada la economía de ese país, por lo que no tiene mucho margen de acción para emprender medidas que beneficien al resto de la población, sobre todo a la empobrecida clase media y a los grupos menos favorecidos. Varios de sus asesores son de la era Clinton, cuyas políticas han dado siempre preferencia a los negocios – no a los niveles a los que llegó Bush, claro, quien favoreció sobre todo a las grandes corporaciones –, arguyendo que así la clase trabajadora resulta implícitamente beneficiada).
También el capitalismo salvaje está buscando su salvación en actividades tan esenciales como la producción de alimentos (podríamos dejar de comprar autos, digamos, pero no podríamos dejar de comer), rubro “altamente” recomendado en estos días por los corredores bursátiles a los inversionistas que aún tengan dinero y ánimos para seguir especulando, lo que explica, en parte, por qué han subido tanto los precios de lo que comemos, a niveles que ya están ocasionando una de las primeras hambrunas del siglo 21 (otra causa es la absurda idea de hacer combustibles con alimentos, en un mundo de por sí hambriento. Ver mi artículo en Internet “Biocombustibles, imposición transgénica, no alternativa ecológica”), en el que, irónicamente, tanto se presumen los niveles alcanzados por las ciencias computacionales y tecnológicas.
O también se asocian con el llamado “lumpencapitalismo”, aquél que se dedica a las actividades consideradas ilícitas (ver mi artículo en Internet “Especulación y narcotráfico, nuevos grandes negocios del lumpencapitalismo”), tales como la propia especulación bursátil, cuando llega a niveles fraudulentos (como así ha sido) o con el narcotráfico, el tráfico de armas y el tráfico humano, cuyo dinero lavan muy convenientemente bancos y otras instituciones financieras, como las estadounidenses, las cuales “legalizan” en Wall Street unos 200,000 millones de dólares al año tan sólo del narcotráfico mundial, más o menos la mitad del dinero que éste obtiene por sus muy lucrativas operaciones. Igualmente, si para mucha gente ya no hay posibilidades de obtener un trabajo honesto, legal, es de esperarse que se incorporen, debido a su apremiante necesidad, a dichas actividades ilegales, como pasa en México, por ejemplo, país en donde el narcotráfico ha penetrado tanto las actividades económicas, que un significativo porcentaje de la población vive de aquél (incluso su influencia ha llegado a niveles gubernamentales, de tal forma que podemos hablar ya de “narcopolítica mexicana”, con las consecuencias que esto conlleva, como la creciente violencia que estamos viviendo, de ejecuciones no sólo de narcotraficantes y sus empleados, sino incluso de autoridades policíacas corruptas o de altos funcionarios igualmente corruptos o que han pretendido “combatir” a los narcodelincuentes. Ha resultado muy sospechoso, por ejemplo, el reciente “accidente” aéreo en el que perdieron la vida el secretario de gobernación, Juan Camilo Mouriño, y otras trece personas, que tiene más pinta de haber sido un atentado, pues en el avión iba, además de Mouriño, José Luis Santiago Vasconcelos, ex titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, SIEDO, quien actualmente se desempeñaba como titular de la instancia que supuestamente apoyaría al gobierno federal a combatir al narcotráfico y la inseguridad. De la SIEDO, incluso, se cesaron y llevaron a juicio a importantes funcionarios medios que recibían fuertes cantidades de dinero de cárteles de la droga, con tal de que éstos recibieran información confiable que les permitiera operar sin problemas sus ilícitos negocios. Hay que dejar muy claro que el gobierno panista ganó las pasadas elecciones presidenciales fraudulentamente y que parte del apoyo que recibió para lograrlo proviene de poderosos grupos de muy dudosa reputación, quienes quizá se estén sintiendo “traicionados” y que consideren que sus intereses se estén afectando a causa de la así llamada “guerra contra el crimen organizado” que aquél impuesto gobierno ha pretendido realizar. Eso sucedió, por ejemplo, en EU, durante los años de la prohibición, cuando funcionarios y policías eran asesinados por la mafia por no cumplir aquéllos con los pactos que acordaban con ésta).
Sí, el capitalismo salvaje todo lo ha descompuesto, lo ha destruido, con tal de defender sus vampirescos, codiciosos intereses. No sólo los barones del dinero, irónicamente sus principales promotores, están siendo afectados, sino, como vimos, países enteros quiebran, sociedades se desintegran, las actividades de todo tipo se están colapsando, se dilapidan y contaminan los recursos naturales (el calentamiento global resultante de tan desmedida contaminación, también contribuye a la crisis económica, debido a los cambios climáticos y perjuicios materiales y sociales que en todo el planeta se están presentando como consecuencia), cada vez hay menos agua y alimentos… además de que estamos siendo infectados de un materialismo atroz, en el cual las personas valen no por lo que sepan, sino por el dinero que tengan, que se hagan ricas, y si para ello muchas tienen que asesinar o robar, pues así lo harán (por ello están aumentando considerablemente los índices delincuenciales en todo el mundo).
Pero para desgracia de dicha avidez materialista, en la actual debacle económica será cada vez más difícil tener mucho dinero y enriquecerse, como dicta este enfermo sistema que debe de hacerse. El caos consecuente generado por esa egoísta, mezquina, insensible inercia, será mucho más grave con el paso del tiempo.
Que mejor ocasión, por tanto, de repensar el modelo económico que la humanidad entera tendrá que acoger en un no muy lejano futuro (por lo pronto, acabar con el neoliberalismo, o sea, controlar nuevamente al capitalismo salvaje), si es que desea prevalecer por más tiempo en este planeta.
Contacto: studillac@hotmail.com
Por Adán Salgado Andrade
Después de la brutal crisis de 1929, el capitalismo salvaje estadounidense de aquel entonces encontró su salvación, irónicamente, en la forzada redistribución de la riqueza, emprendida por el gobierno aplicando el llamado “New Deal”, mediante un sistema tributario que aumentó considerablemente los impuestos aplicados a las empresas y corporaciones, que en algunos casos llegaron hasta a un 52 por ciento de las ganancias obtenidas por aquéllas, además de una inusual regulación económica estatal que buscó el control de todos los negocios y el privilegio de los derechos laborales. Si en un principio hubo fuertes protestas, al final los capitalistas aceptaron que esa obligada desconcentración de la riqueza (lo que justamente había provocado la crisis, debido a que la monopolización del mercado y esa brutal concentración dejaron como consecuencia una catastrófica caída en el consumo. Famosa es la frase de Roosevelt culpando a los banqueros por el crash económico, a quienes llamó “inescrupulosos cambiadores de dinero”) fue su salvación, pues por el efecto multiplicador ocasionado por las múltiples obras públicas que el gobierno de F. D. Roosevelt emprendió con la regulación y la recaudación tributaria, la economía estadounidense comenzó a reactivarse. Al mismo tiempo, la fabricación de armas durante la segunda guerra mundial y enseguida la reconstrucción de Europa y Japón por parte de las corporaciones estadounidenses, permitieron una espectacular recuperación del capitalismo no sólo de EU, sino mundial. Ese periodo, conocido en aquel país como el “American Dream” (caracterizado por un inusual bienestar de los obreros norteamericanos, sobre todo, quienes pudieron alcanzar un nivel medio de vida, con casa propia, uno o dos autos, los enseres domésticos del momento, escuelas particulares para sus hijos…), conoció niveles del producto interno bruto (PIB) de 10% o más durante varios años. Aunque el gobierno de Roosevelt procedió con su plan de reestructuración y distribución del capitalismo de forma empírica (comenzó también “rescatando” a los banqueros, como se está haciendo ahora), luego tales acciones encontraron su base teórica en las teorías económicas del señor John Maynard Keynes, quien en su obra “Teoría general del trabajo, la tributación y el dinero”, se declaraba en contra del libre mercado, señalando todos sus inconvenientes (debieron seguirse atendiendo sus señalamientos), entre los cuales está la tendencia a una desregulada monopolización de las actividades económicas por unas cuantas corporaciones que debían ser puestas en orden por el Estado. De ahí nació el concepto de “economía mixta”, en la cual el Estado se encarga de ciertas actividades, sobre todo aquéllas que por su naturaleza requieran de grandes inversiones, pero que aporten pocas o nulas ganancias. Por ello fue que servicios como el agua potable, la electricidad, el servicio postal, la construcción de carreteras, el transporte, entre otros, se municipalizaron, o sea, se realizaron exclusivamente con inversión pública que era pagada por la recaudación tributaria. A pesar de ello, no dejaron de presentarse periodos de crisis (en 1937, a pesar del New Deal, volvió a darse otra crisis económica en EU, que fue rápidamente superada gracias a las medidas gubernamentales que se habían estado aplicando), seguidos de buen desempeño económico, quizá no espectacular, pero de alguna manera regulado y alentado por el gobierno. Sin embargo, a los capitalistas, ávidos de hacer más buenos negocios de los que ya tenían y pretextando que las recurrentes crisis económicas se debían a la intervención económica del Estado (lo cual no es cierto, pues el capitalismo es inherentemente proclive a padecer constantes crisis), la que sobre todo implicaba crecientes gastos públicos, se dieron a la tarea de desmantelar al llamado “estado benefactor” para, según ellos, lograr que se diera de nuevo el “capitalismo perfecto”, en donde no iba a haber ninguna otra regulación más que el libre mercado, la libre competencia, el “laissez faire”. Esa política, bautizada neoliberalismo (porque los capitalistas festejaron que se retomaran de nueva cuenta los “grandes” principios del liberalismo económico sustentados por Adam Smith), iniciada a mediados de los setentas, cuando se aplicó primero en Chile (bajo la forma del llamado “monetarismo” de Friedman), obligó a los gobiernos de todos los países, comenzando con los subdesarrollados, a vender cuanta empresa pública poseyeran y “flexibilizar” el control económico (“desregular” la economía, se llama a esto). Así, fábricas, actividades extractivas, tiendas, bancos… todo cuanto fuera estatal y no fuera “estratégico”, los gobiernos vendieron, pues, por un lado, se desharían de empresas que, se decía, por ser públicas no eran “eficientes” (¡vaya, como si el capitalismo fuera eficiente!) y trabajaban mal y, por otro, con el dinero obtenido de la venta, iban a bajar o casi a liquidar sus deudas nacionales y extranjeras que tenían justamente, se justificaba, a causa de la mala administración y los onerosos gastos que las empresas públicas y paraestatales, según los economistas funcionalistas, estaban generando a la economía. Eso se llamó, eufemísticamente, “adelgazamiento del estado”, cuestión por la cual hasta los gastos sociales, como en salud y educación, fueron fuertemente reducidos (esto, el que el gobierno gaste cada vez menos en programas sociales, ha contribuido también a la agudización de las crisis económicas y el aumento de la pobreza). Desde 1980 podemos decir que se generalizó la así llamada “privatización de la economía” para que todo, según sus promotores, marchara a la perfección, que se diera lugar a un capitalismo regido sólo por la libre competencia en el que todo estaría muy bien, las fábricas produciendo, la gente trabajando y consumiendo, el mundo “globalizado”, y las variables macro y microeconómicas en franca armonía… o eso pareció, como veremos.
Casi treinta años después, el neoliberalismo ha probado su total fracaso ante la debacle económica que por estos días sufrimos y seguiremos sufriendo por varios meses (y recurrentemente), tan severa, que los barones del dinero y de las corporaciones han exigido la ayuda de los gobiernos, a quienes tanto despreciaron y soslayaron en su momento. Así, comenzando por el gobierno estadounidense, temiendo que la enorme influencia económica que Estados Unidos todavía tiene en el mundo, colapsara la economía global (que de todos modos se está ya colapsando) debido a sus quebradas finanzas privadas, se dio a la tarea de “rescatar”, con los dineros públicos, claro, a esos ineficientes, desregulados bancos, quienes justamente por la falta de control gubernamental sobre sus vampirescas operaciones financieras, ávidos de ganancia, le entraron a cuanto negocio les pudiera dar fuertes dividendos, prestando miles de millones de dólares por aquí y por allá, presionando a la economía capitalista salvaje a producir bastamente para que ellos ganaran mucho más, creando, así, una desmedida sobreproducción de todo (China, la maquiladora del mundo, es el mejor ejemplo de los niveles a los que ha llegado la sobreproducción, tanto que sus actividades industriales, “nacionales” y extranjeras, están en segundo lugar, después de EU, en la producción mundial de los contaminantes gases que están provocando el calentamiento del planeta, además de que es el cuarto mayor consumidor de petróleo, con casi 6 millones de barriles diarios), hasta de casas. Así, los millones de productos fabricados, con tal de venderse, se fiaban, se ofrecían a crédito. Por tanto, la tendencia al consumo irracional que fomentó tan irrefrenable deseo de ganancia, provocó que por más de una década, todos los países y la mayoría de sus ciudadanos vivieran del crédito, y a quienes lo concedían, les convenía más el cobro de intereses, que del principal. Pero una vez que la sobreproducción de todo (encabezada principalmente por el modelo chino de maquinación barata, como dije antes) superó con creces al consumo real, ya no halló en donde colocarse, a pesar de los créditos. Y entonces la muy sobrada capacidad productiva (el muy alardeado “aumento de la productividad”, como se le llama) de todas las corporaciones y empresas del mundo debió reducirse, achicarse… y eso provocó el estallido de la burbuja, pues la caída de la actividad industrial, llevó al desempleo, lo que en conjunto, menos producción y menos trabajadores contratados, tuvo como efecto inmediato el impago de los créditos. Las empresas comenzaron a tener problemas para pagar los préstamos recibidos y los trabajadores, al ser despedidos o habérseles reducido su salario, tampoco pudieron ya pagar sus deudas, sobre todo las hipotecas de las casas o inmuebles comprados a crédito (que fue lo que sucedió en EU, el origen de la actual debacle, en donde cientos de miles de familias han perdido ya sus casas), y eso fue el principio de los problemas de los bancos, pues el efecto multiplicador negativo que tuvo el que millones de deudores, tanto trabajadores, como empresas, no pudieran ya pagar sus obligaciones crediticias, fue llevando poco a poco a los barones del capital especulativo a la muerte lenta y al colapso… no, ya no pudieron hacer frente a sus propios compromisos de premiar con fuertes ganancias a sus inversionistas, ni reponer el dinero de los ahorradores por ellos tan alevosamente jineteado. En Estados Unidos hasta los fondos de pensiones están quebrando estrepitosamente, pues también le entraron a la especulación con el dinero de sus agremiados, quienes, de pronto, ya se quedaron sin un centavo de los ahorros que con tanto esfuerzo hicieron. Por eso Bush tuvo que apapachar a los bancos, calmarlos, decirles que el buen, protector gobierno les iba a reponer su dinero, que no se preocuparan (eso de por sí siempre lo ha hecho, no sólo con los bancos, sino con las grandes corporaciones. Ver mi artículo en Internet “Bush, el buen amigo de las corporaciones”). Y ya les prometió que inicialmente les dará $700,000 millones de dólares, a cambio de que se porten bien (con la promesa de que el “apoyo” podría ascender a nada menos que once millones de millones de dólares), de que por un tiempo le dejen al paternal Estado administrar sus quebrados negocios y ya, cuando otra vez funcionen bien y les den ganancias, se los devolverán, pues ese mediocre presidente ha declarado que él sigue siendo ferviente defensor del “libre mercado”, a pesar de la hecatombe que éste ha provocado, pero que a veces se requiere que el gobierno le dé una “ayudadita”, para auxiliar al “gordito glotón” a salir de la enfermedad. Y eso están haciendo los gobiernos de todo el mundo, en vista de que en todos los países, los desregulados (o sea, sin el más mínimo control estatal), caprichosos banqueros intentaron hacer de las suyas y desafiar las leyes del capitalismo salvaje, que demuestran que este irracional sistema, de una u otra manera, siempre tenderá a sufrir continuas crisis, dada su estructura hiperconcentradora y monopolista de la riqueza social. No sólo Estados Unidos, sino Alemania, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Francia, Italia, España, Japón… en todos los así llamados “países capitalistas desarrollados”, los gobiernos han debido rescatar a importantes instituciones financieras. Por ejemplo, Holanda rescató al grupo financiero y de seguros ING inyectándole 10,000 millones de euros. Corea del sur decidió rescatar con 130,000 millones de dólares a sus bancos para restaurar la “confianza en el mercado”. Alemania decidió rescatar a la institución de bienes raíces HRS (Hypo Real State) con 35,000 millones de euros… y por esos “rescates” ya hay países que, incluso, han quebrado, sí, es decir, no tienen ya dinero para sostenerse como naciones, sobre todo en los países subdesarrollados en donde, se comprenderá, los daños ocasionados serán mucho más graves aún. Esto, por ejemplo, ya ha sucedido en Islandia o Hungría, los que han debido ser “rescatados” a su vez por el FMI (esta decadente institución financiera al servicio de los intereses de los países hegemónicos, tales como EU, y sus corporaciones, que más que buscar la “salud” financiera de los países pobres estos últimos 25 años, ha aplicado los rígidos términos e intereses neoliberales los cuales, como vemos, han agudizado sus problemas económicos, en lugar de resolverlos, y han llevado a la actual debacle), pues de otro modo dichos países están en riesgo, incluso, de desaparecer como conformaciones sociales y territoriales. Cabe decir aquí que también la ilusión del aparente bienestar que acarrearía consigo el neoliberalismo (capitalismo salvaje), destruyó naciones consideradas socialistas, o las fraccionó, como la extinta URSS, Yugoslavia o Checoslovaquia, imbuidos sus gobiernos y habitantes por el espejismo capitalista que prometía ser la panacea que los sacaría rápidamente de la atrofia económica en que esos sistemas “totalitarios” los habían mantenido sumidos hasta ese momento. Y hay que decir que el capitalismo salvaje ha probado ser más totalitario y caótico que esas extintas economías de planificación central, pues ha favorecido los intereses de las grandes corporaciones, hiperconcentrando como nunca antes se había visto la riqueza social, por encima de los de la gente y sus países, lo que únicamente ha servido para pauperizar y llevar a la bancarrota a la mayoría de la población, como lo demuestra la tremenda quiebra económica que estamos refiriendo (En Rusia, país que también está siendo muy afectado por el caos económico generado por los barones del dinero rusos, mucha de la gente que vivió los años de esplendor del así llamado socialismo, ahora añora esos mejores viejos tiempos).
Y siempre es así, que los gobiernos, a pesar de la renuencia del capitalismo salvaje a la intervención del estado en tiempos de bonanza, han rescatado a los barones del dinero. En México, país subdesarrollado, por ejemplo, durante la brutal crisis económica de 1995, que llevó a la quiebra a los entonces bancos “nacionales”, el gobierno de Ernesto Zedillo instruyó el famoso FOBAPROA, un programa destinado al rescate de aquéllos, el cual no fue suficiente para aliviarlos de sus crónicos males, así que se ideó una manera de inyectarles liquidez. Pretextando que las pensiones que el gobierno otorgaba, con toda justicia por tantos años trabajados, a los trabajadores que se jubilaban, eran una muy “onerosa” carga económica futura, se les obligó a aquéllos a aportar parte de sus fondos de pensión a cuentas que serían administradas privadamente, justo por esos quebrados bancos, argumentando que así sería menos caro para el gobierno proporcionar dichas pensiones (¡vaya argucias, pues mientras un trabajador es útil y se encuentra laborando, no le resulta “oneroso” al Estado. Una imposición adicional fue que se aumentó la edad a la que un trabajador se puede pensionar!). Sí, las llamadas Afores fueron otra manera no sólo gubernamental, sino social, por la obligada parte de las cuotas de los trabajadores concentradas en fondos privados, para también “rescatar” a los barones del dinero (Este modelo, de financiar y rescatar a los capitalistas con dinero de los ahorros de los trabajadores, fue copiado de Estados Unidos, en donde, a principios del siglo 19, dada la creciente necesidad de capital para la expansión empresarial, se estimó conveniente formar sociedades de pequeños ahorradores, cuyo dinero, administrado por un banco o empresa, sería prestado a aquellas compañías que requirieran de fondos para crecer. Uno de los primeros banqueros que se aprovechó de los ahorros de los así llamados pequeños inversionistas, fue Jay Cooke, quien, durante la Guerra Civil, se armó de un contingente de 4000 vendedores, quienes, aprovechando el caos generado por la lucha entre norteños y sureños, se dedicaron a vender bonos gubernamentales de bajas denominaciones a granjeros, trabajadores y pequeños comerciantes. Claro, el principal beneficiado fue Cooke, no los pequeños inversionistas, pues con su dinero aumentó aún más su fortuna personal. Realizó grandes negocios, prestándole al gobierno, para financiar la guerra, y a empresas, sobre todo, cuando en 1880, en una de tantas crisis capitalistas de ese año, las compañías y el gobierno necesitaron del dinero de los ahorradores, vital en ese momento para evitar, las primeras, más quiebras de las que hubo y, el segundo, para no declararse insolvente en sus gastos. Fue el comienzo de las sociedades mutualistas, equivalentes a las Afores mexicanas). Y uno de los grandes riesgos que corren actualmente las Afores, merced a la presente recesión, es que se esfumen esos ahorros tan duramente reunidos por los trabajadores, pues están invertidas en muchas de las corporaciones y empresas que están teniendo muy serios problemas de deudas crediticias. Así que pudiera ser que un día se les diga a los trabajadores “¡Oigan, pues lamentamos mucho informarles que todos sus ahorros se perdieron debido a la crisis, ni modo!”, sí, y a pesar de que a la fecha más de 65,000 millones de pesos se han “perdido” de las Afores (cuyo monto total asciende a unos 800,000 millones de pesos), de todos modos los banqueros siguen cobrando sus cuotas por el mafioso, ventajoso manejo que han hecho de tales ahorros, principalmente en su propio beneficio. Incluso, parte de la liquidez con la que cuentan las matrices de los bancos extranjeros establecidos en México (90% del sistema bancario “mexicano” es extranjero ya), combinación de la Afores más los ahorros de sus cuentabientes, ha sido empleada, arbitrariamente, para “rescatar” a sus oficinas centrales, como lo que está haciendo, por ejemplo, HSBC para rescatar a su oficina matriz en Inglaterra, país cuyo gobierno también se vio obligado a “rescatar” a tan ineficiente, lucrador banco. En Estados Unidos ya varios cientos de miles de trabajadores han perdido de esa mafiosa forma sus ahorros, como sucedió recientemente con la cuenta que manejaba el especulador Eddie Stern, hijo del mal afamado Leonard Stern, quien hizo su fortuna y la de sus hijos, vendiendo alimentos para mascotas. Eddie Stern creó en 1998 una empresa de especulación, Canary Capital, con la cual, valiéndose de los fondos de pensión, incrementó más la fortuna familiar (estimada en ese entonces en $3000 millones de dólares), a cambió de defraudar a los pensionados, muchos de los cuales habían invertido los ahorros de toda su vida en Canary Capital, y dejarlos sin pensión y sin futuro. Mediante complicados, ilegales e “ingeniosos” métodos especulativos, que lo llevaron a ser considerado el “rey de las ganancias” entre los especuladores, Stern se convirtió en el “rey de la especulación” con los fondos de pensiones. Entre 1999 y mayo de 2003, que fue cuando finalmente el fraude salió a la luz, las actividades especulativas de Stern y otros como él, provocaron pérdidas en los fondos de pensiones por más de $16,000 millones de dólares, que en algunos casos significó que los ahorradores ya no tendrán la seguridad de una pensión, mientras que Canary Capital terminó sus ilícitas operaciones con un capital de $750 millones de dólares, o sea que, a pesar de los fraudulentos manejos de Stern, no se quedó sin fondos. De todos modos, cada año, debido a malas inversiones, a riesgos bursátiles y a las crisis económicas, los fondos de los trabajadores pierden $4000 millones de dólares, en lugar de ganar, pérdidas que en la actual recesión serán mucho mayores o quizá totales. Como dije antes, los ahorros de los trabajadores son fondos de dinero fresco de los que las empresas estadounidenses se siguen sirviendo para ampliar sus negocios o el que el gobierno emplea cuando las rescata si quiebran. Y este inseguro mecanismo para según “asegurar” las pensiones, es el que ya se está aplicando en México desde hace algunos años con las tramposas Afores.
No conforme con eso, el gobierno mexicano dilapidó unos 20,000 millones de dólares (y sigue haciéndolo), una cuarta parte de las reservas del banco central, para asegurarles a las empresas que tenían deudas en dólares, que se hicieran de estas divisas “no tan caras”. Esas deudas eran créditos que muchas compañías simplemente habían adquirido no para ampliar sus actividades específicas, sino para dedicarlos sólo a operaciones meramente especulativas que les permitieran, acorde con el agiotista frenesí descrito arriba, también entrarle a las, aparentemente, fáciles ganancias bursátiles, las que se encargaban de proporcionar bancos y bolsas de valores. Por ejemplo, digamos que un empresario cualquiera pidió prestados 10 millones de dólares y los puso a especular en el mercado de valores (la bolsa), pero con la debacle actual, no sólo no obtuvo ganancias de ese dinero, sino que además debe de liquidar dicho préstamo, así que en lugar de ganar, está perdiendo capital y mucho, quizá en exceso de sus activos (el valor de su compañía), y eso puede significar, inclusive, la quiebra y desaparición de su compañía. Es el caso aquí de la empresa “Controladora Comercial Mexicana”, con un adeudo de 2000 millones de dólares, que al tipo de cambio actual, de más de 13 pesos por dólar, le abultó la deuda contraída, que equivaldría a unos 26,000 millones de pesos. Ese adeudo equivale a casi el 76% del valor comercial de dicha empresa, el que para abril de este año era de apenas 2642 millones de dólares, así que se comprenderá que casi se trata de su colapso total, todo por las codiciosas expectativas de sus accionistas (normalmente las grandes empresas no tienen un solo dueño, sino que la propiedad está repartida entre grupos de accionistas que poseen distintos porcentajes del valor total). Otro grupo en muy serios problemas es la cementera CEMEX, la cual debe 16,400 millones de dólares, casi un 80% de su valor comercial. En el mismo caso está Telmex, la que debe 2360 millones de dólares… y así. Y por ello, el muy “generoso” gobierno panista decidió darles una “ayudadita” también dilapidando, como dije, las reservas en dólares que tiene el Banco de México, tan difícilmente reunidas durante varios años, en unos cuantos días. Sin embargo, cuando se le ha aconsejado a ese gobierno en otras ocasiones que las emplee para el beneficio social de un país en donde casi el 70% de mexicanos son pobres, simplemente se ha negado, aduciendo que eran para tiempos difíciles. Sí, vemos, pues, que son para los tiempos difíciles de los empresarios, no del vulnerable pueblo mexicano. Además, si repentinamente el valor del dólar se disparó tanto en estos días, fue porque irresponsablemente el gobierno mantuvo sobrevaluado al peso por mucho tiempo, con tal de que las empresas pudieran importar cuanto necesitaran para hacer sus grandes negocios (desgraciadamente en este país, como en todos los subdesarrollados, para que “nuestras” industrias produzcan, casi todo lo deben de importar, comenzando por la maquinaria que emplean. Es tan desventajosa esta situación, que para “exportar” un dólar de manufactura, se requieren importar tres dólares de insumos. Así que, como se ve, es sumamente desequilibrada “nuestra” situación productiva).
La locura especulativa, pues, “recalentó” a la economía, y por eso, por la sobreproducción, también las materias primas, como el petróleo, subieron a niveles nunca antes vistos, el cual llegó a cotizarse hasta en 110 dólares el barril… pero en estos días que está bajando fuertemente la producción industrial, ha también bajado en picada tal cotización, que en promedio está en 61 dólares. Por ello es que el capitalismo salvaje está buscando nuevas alternativas para continuar con los grandes negocios, a pesar de la recesión mundial que ya estamos viviendo. La producción de armas seguirá siendo esencial. El reciente presidente estadounidense electo, el señor Barack Obama, al igual que hizo McCain, ha asegurado que no disminuirá de ninguna manera el presupuesto militar dedicado al Pentágono, pues considera que es vital la actividad bélica de EU, primer productor y exportador mundial de armas (esta es una de las primeras señales que ponen en duda las promesas de campaña hechas por el primer presidente afroestadounidense elegido en ese país, quien también ha asegurado que se deben mantener las tropas estadounidenses en Afganistán y en Irak. Además, a quien tiene Obama que beneficiar de inmediato es a la clase empresarial, pues sólo de ésta depende que sea reactivada la economía de ese país, por lo que no tiene mucho margen de acción para emprender medidas que beneficien al resto de la población, sobre todo a la empobrecida clase media y a los grupos menos favorecidos. Varios de sus asesores son de la era Clinton, cuyas políticas han dado siempre preferencia a los negocios – no a los niveles a los que llegó Bush, claro, quien favoreció sobre todo a las grandes corporaciones –, arguyendo que así la clase trabajadora resulta implícitamente beneficiada).
También el capitalismo salvaje está buscando su salvación en actividades tan esenciales como la producción de alimentos (podríamos dejar de comprar autos, digamos, pero no podríamos dejar de comer), rubro “altamente” recomendado en estos días por los corredores bursátiles a los inversionistas que aún tengan dinero y ánimos para seguir especulando, lo que explica, en parte, por qué han subido tanto los precios de lo que comemos, a niveles que ya están ocasionando una de las primeras hambrunas del siglo 21 (otra causa es la absurda idea de hacer combustibles con alimentos, en un mundo de por sí hambriento. Ver mi artículo en Internet “Biocombustibles, imposición transgénica, no alternativa ecológica”), en el que, irónicamente, tanto se presumen los niveles alcanzados por las ciencias computacionales y tecnológicas.
O también se asocian con el llamado “lumpencapitalismo”, aquél que se dedica a las actividades consideradas ilícitas (ver mi artículo en Internet “Especulación y narcotráfico, nuevos grandes negocios del lumpencapitalismo”), tales como la propia especulación bursátil, cuando llega a niveles fraudulentos (como así ha sido) o con el narcotráfico, el tráfico de armas y el tráfico humano, cuyo dinero lavan muy convenientemente bancos y otras instituciones financieras, como las estadounidenses, las cuales “legalizan” en Wall Street unos 200,000 millones de dólares al año tan sólo del narcotráfico mundial, más o menos la mitad del dinero que éste obtiene por sus muy lucrativas operaciones. Igualmente, si para mucha gente ya no hay posibilidades de obtener un trabajo honesto, legal, es de esperarse que se incorporen, debido a su apremiante necesidad, a dichas actividades ilegales, como pasa en México, por ejemplo, país en donde el narcotráfico ha penetrado tanto las actividades económicas, que un significativo porcentaje de la población vive de aquél (incluso su influencia ha llegado a niveles gubernamentales, de tal forma que podemos hablar ya de “narcopolítica mexicana”, con las consecuencias que esto conlleva, como la creciente violencia que estamos viviendo, de ejecuciones no sólo de narcotraficantes y sus empleados, sino incluso de autoridades policíacas corruptas o de altos funcionarios igualmente corruptos o que han pretendido “combatir” a los narcodelincuentes. Ha resultado muy sospechoso, por ejemplo, el reciente “accidente” aéreo en el que perdieron la vida el secretario de gobernación, Juan Camilo Mouriño, y otras trece personas, que tiene más pinta de haber sido un atentado, pues en el avión iba, además de Mouriño, José Luis Santiago Vasconcelos, ex titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, SIEDO, quien actualmente se desempeñaba como titular de la instancia que supuestamente apoyaría al gobierno federal a combatir al narcotráfico y la inseguridad. De la SIEDO, incluso, se cesaron y llevaron a juicio a importantes funcionarios medios que recibían fuertes cantidades de dinero de cárteles de la droga, con tal de que éstos recibieran información confiable que les permitiera operar sin problemas sus ilícitos negocios. Hay que dejar muy claro que el gobierno panista ganó las pasadas elecciones presidenciales fraudulentamente y que parte del apoyo que recibió para lograrlo proviene de poderosos grupos de muy dudosa reputación, quienes quizá se estén sintiendo “traicionados” y que consideren que sus intereses se estén afectando a causa de la así llamada “guerra contra el crimen organizado” que aquél impuesto gobierno ha pretendido realizar. Eso sucedió, por ejemplo, en EU, durante los años de la prohibición, cuando funcionarios y policías eran asesinados por la mafia por no cumplir aquéllos con los pactos que acordaban con ésta).
Sí, el capitalismo salvaje todo lo ha descompuesto, lo ha destruido, con tal de defender sus vampirescos, codiciosos intereses. No sólo los barones del dinero, irónicamente sus principales promotores, están siendo afectados, sino, como vimos, países enteros quiebran, sociedades se desintegran, las actividades de todo tipo se están colapsando, se dilapidan y contaminan los recursos naturales (el calentamiento global resultante de tan desmedida contaminación, también contribuye a la crisis económica, debido a los cambios climáticos y perjuicios materiales y sociales que en todo el planeta se están presentando como consecuencia), cada vez hay menos agua y alimentos… además de que estamos siendo infectados de un materialismo atroz, en el cual las personas valen no por lo que sepan, sino por el dinero que tengan, que se hagan ricas, y si para ello muchas tienen que asesinar o robar, pues así lo harán (por ello están aumentando considerablemente los índices delincuenciales en todo el mundo).
Pero para desgracia de dicha avidez materialista, en la actual debacle económica será cada vez más difícil tener mucho dinero y enriquecerse, como dicta este enfermo sistema que debe de hacerse. El caos consecuente generado por esa egoísta, mezquina, insensible inercia, será mucho más grave con el paso del tiempo.
Que mejor ocasión, por tanto, de repensar el modelo económico que la humanidad entera tendrá que acoger en un no muy lejano futuro (por lo pronto, acabar con el neoliberalismo, o sea, controlar nuevamente al capitalismo salvaje), si es que desea prevalecer por más tiempo en este planeta.
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jueves, 23 de octubre de 2008
Festival cervantino: elitismo cultural y represión policiaca.




Festival cervantino: elitismo cultural y represión policiaca.
Por Adán Salgado Andrade
Ciudad de Guanajuato, México. Desde que en 1972 se inició el Festival Cervantino en esta ciudad, auspiciado por el entonces presidente Luis Echeverría, de nefasta memoria (fue secretario de gobernación durante la represión del movimiento estudiantil de 1968), se dirigió sobre todo a la satisfacción cultural de una elite, que lo consideró más como un capricho cultural dirigido a los grupos de altos ingresos, que como una verdadera expresión de la cultura que pudiera extenderse a la mayor parte de los ámbitos sociales. Por ello, desde hace 21 años, en 1987, un grupo de artistas independientes decidió impulsar su propia versión del festival, que éste no se quedara como algo exclusivo de la gente “acomodada”, que saliera de teatros y auditorios, cuyos prohibitivos precios quedaban fuera del alcance de los grupos sociales de bajos ingresos, pero interesados también en ser partícipes de lo que el festival se ufanaba en alardear, que era un acto en donde los mejores valores culturales-artísticos, tanto nacionales, como internacionales, se daban cita allí. Así nació el llamado “Cervantino alternativo callejero”, que desde entonces tuvo como sede a la Plaza de los Ángeles, lugar cercano al mercado municipal.
Uno de tales grupos de artistas es Factotum, conjunto de rock que recientemente se volvió a integrar, tanto para celebrar sus pasadas glorias, como para impulsar nuevamente al tipo de música inteligente y con mensaje que ha caracterizado a dicha agrupación. La formación actual está conformada por Ricardo Salgado, guitarra, Miguel Ruiz, batería, y René del Valle, bajo. “La idea de hacer el festival callejero, fue para recuperar los espacios populares, para que la gente del pueblo también pudiera apreciar la cultura, que desde siempre ha sido sólo dirigida a los ricos del lugar”, dice Ricardo, explicando por qué Factotum hace años inauguró el “otro cervantino”. “Es que pareciera que la gente pobre no tiene derecho a la cultura, por eso fue que promovimos este festival”, continúa. Factotum de nuevo brilla, tras varios años de haberse separado por ciertas diferencias entre los integrantes originales. Esta banda de rock alternativo, de gran trayectoria artística (fue uno de los primeros grupos mexicanos que hizo giras totalmente independientes por Europa en el año de 1990), cuyas inteligentes letras y música de vanguardia reflejan la preocupación social de sus integrantes, es muy recordada y extrañada en Guanajuato y por ello sus integrantes pensaron que no habría mejor espacio para el relanzamiento de Factotum que el Festival Cervantino callejero de este año, así que como siempre se ha hecho, desde hace 21 años, se notificó a las autoridades locales la realización de las actividades acostumbradas en la plaza de los Ángeles. Sin embargo, a Miguel le fue enviado un poco formal correo electrónico por parte del presidente municipal, Juan Manuel Olivera Ramírez, en el que le informaba que se negaba cualquier permiso para que el festival alternativo fuera realizado. “Sí, ese cuate dijo que no, que ni lo intentáramos, y que si lo hacíamos, nos atuviéramos a las consecuencias”, comenta Miguel, mejor conocido como el “gitano del rock”. Y así fue. Esa plaza, en la que normalmente los seguidores del cervantino callejero esperan entusiasmados cada año su inauguración, ahora estaba ocupada por policías locales y preventivos, quienes con su característica prepotencia y su torvo mirar, estaban muy dispuestos a repartir toletazos y macanazos a la primera señal de “insubordinación” de los rockeros y cuantos alternativos intentaran llevar la cultura a la calle. “Fíjate, ni siquiera les pedimos nada, porque no nos dan nada, así que lo menos que esperas es que esté disponible ese espacio, que es público, no es un auditorio privado o algo así, ¡es la calle!”, dice Ricardo, comentando que las ineptas autoridades locales les decían que tenían que solicitar la plaza a algo así como la Secretaría de Hacienda local y, ¡absurdo!, debían de pagar por sus presentaciones, esto conforme a los lineamientos que el partido panista que gobierna el estado (y lamentablemente es el actual partido en la presidencia), han establecido, en el sentido de mercantilizarlo todo, mercenarizar la cultura. “No es posible, les dijimos, que se cobre al artista por hacer cultura, como si estuvieras vendiendo tortas o tamales”, exclama Ricardo. Sí, esto queda claro, ya que si no les dan ningún tipo de ayuda, pues tampoco tienen por qué esos prepotentes funcionarios prohibir una manifestación cultural que se da dentro de un entorno propicio para ello, como lo es el festival. “Sí, pues no estamos viniendo fuera del periodo en que se hace el festival, sino dentro, y para que la gente que no tiene recursos para ver una obra de teatro o un grupo musical, que les van a cobrar quinientos pesos la entrada, mínimo, pueda ver a artistas de calidad”, declara Miguel. Además, los artistas populares no son improvisados, sino que se trata de gente con larga trayectoria en lo que hacen. Pero en su cerrazón y su afán por aplicar la ley a como diera lugar, sin importar el apoyo de la gente que estaba en la plaza, los policías arrestaron a Miguel cuando éste informaba de la explícita prohibición que les habían hecho las autoridades de actuar. “Sí, me arrestaron con lujo de violencia, como si fuera un peligroso criminal”, dice Miguel, irónico. Para su fortuna, hubo un joven abogado, Baruk, egresado de la universidad de Guanajuato, quien, cámara en mano, se acercó en el momento de la detención argumentando a los policías que la detención era ilegal y que no había preceptos constitucionales ni legales que prohibieran un acto cultural, considerado como una forma de la libre manifestación de las ideas a la que todo ser humano tiene derecho, más cuando se trata de situaciones pacíficas. Gracias a su intervención y asesoría fue que Miguel salió libre a las pocas horas, sin tener que pagar fianza (“¡Allí lo hubiéramos dejado, pues ni dinero tenemos!”, bromean Ricardo y René) y sin demasiados problemas. “Mandamos fotos del arresto y la represión de la que fuimos objeto a Derechos Humanos, pero ni caso nos hicieron”, aclara Ricardo, reprochante, lo que confirma que esas instituciones que alardean su independencia del gobierno, en general se emplean como pantallas para simular que en este país de ilegalidades, prepotencia y autoritarismo, se “respetan” los derechos humanos. Sí, qué se puede esperar de una entidad que el año pasado, con relación a la muerte por violación de la señora Ernestina Ascencio, una septuagenaria indígena, que fuera ultrajada por soldados en el estado de Veracruz, declaró, en voz de su director, el señor José Luis Soberanes, que había muerto debido a una “úlcera péptica mal atendida”.
Así que las autoridades locales les pusieron como pretexto que, además de pedir permiso, debían de pagar. Sí, es entendible su mezquindad porque el festival oficial, el elitista, cada año, más que una manifestación cultural, es una manifestación del derroche, pues la mayor parte de los artistas “invitados” cobran bastante cara su actuación. Este año, por mencionar sólo algunos, se trajo a Juan Manuel Serrat, desde España, el espectáculo de danza y efectos especiales “The Aluminum Show”, desde Israel, Ana Belén, española, el conjunto instrumental la “Associació La Processó de Verges, también español, el conjunto instrumental “Barcelona 216”, otro español, la camerata “Camerata Romeo”, desde Cuba, el ensamble vocal “Cantus Cöllin”, desde Alemania, el trío de música contemporánea “Shades of time”, estadounidense… sí, pues todo eso sale muy caro, insuficiente para pagarlo con las entradas, a pesar de que son caras, así que una buena parte de los costos los debe de pagar el gobierno del estado… por eso tanta mercantilización de cobrarles a los artistas del festival callejero hasta por la banqueta que usarán como improvisado, pero más digno escenario. Ah, pero también para los jóvenes hay “propuestas musicales”, sí, claro, y para eso se contratan las mismas, comerciales agrupaciones de “rock” que monopolizan año con año el espacio oficial dedicado supuestamente a los jóvenes, tales como Café Tacaba o la Banda Elástica. “Mira, pues esos cuates, los tacubos, ni siquiera eran conocidos aquí cuando nosotros, como banda, ya andábamos brillando por España, Italia y Europa”, comenta Ricardo con orgullo. “Por eso te da coraje que si por la labor que desarrollamos desde hace 21 años, de dar a conocer el verdadero rock alternativo, ahora nos salgan con que les tenemos que pagar, como si fuéramos a poner un puesto de tacos o de fayuca… ¡son mamadas esas!”, agrega Miguel, quien refiere que quizá por su trabajo de años, no lo trataron tan mal en los separos policiacos durante su, por fortuna, corta detención.
Luego nos platican de los proyectos que individualmente Miguel y Ricardo también han desarrollado. “Yo tengo un grupo que se llama ‘Mi chavo el esqueleto’, que también es de rock, pero algo más comercial que Factotum”, platica Miguel. Ricardo, por su parte, tiene un proyecto solista llamado “Ozomatzin Boy”, cuyo título, de por sí, refleja ese biculturalismo que combina el náhuatl, lengua ancestral, con el inglés, producto quizá de nuestro inconsciente pasado colonialista. “Mira, pues no me gusta etiquetarme, para qué te voy a decir que soy hard core, metal, heavy… no, simplemente hago lo que me gusta hacer… tengo incluso canciones en náhuatl, porque me parece importante que también el verdadero rock alternativo, como música de vanguardia, que considero que sigue siendo, se combine con la lengua de nuestros olvidados antepasados, que, ya ves, el panismo ya hasta quiere que se nos olvide que descendemos de los mexicas, y por eso ya hasta se ha ido suprimiendo esa importante parte de nuestra historia de los libros de texto de la secundaria, ¿no?”, agrega Ricardo, quien también presenta su propuesta solista en el Festival Cervantino Callejero. Para René, el integrarse a Factotum, ha sido una magnífica oportunidad de dar a conocer su talento musical tocando junto a la legendaria banda. “Me gusta su propuesta musical y el mensaje de sus letras”, comenta. Y hasta un nuevo disco que contiene una compilación de sus mejores éxitos y videos ya sacaron, titulado “Factotum: el regreso”.
Dicen que tras varios días de difíciles negociaciones con autoridades déspotas y cerradas, por fin hasta el miércoles 15 de octubre – ellos llegaron desde el jueves 9 –, aquéllas se dignaron a “permitirles” usar la plaza de los Ángeles, pero con limitaciones, tales como horarios y días restringidos (les dieron como plazo hasta el jueves 23, pero lograron, por suerte, extender el plazo hasta el 26 de octubre). Y han aprovechado esos días tocando y presentando a otros grupos, para alegría de sus seguidores, muy contentos de que Factotum, luego de varios años de ausencia, por fin haya regresado a las calles, con su rock alternativo y exigiendo, sobre todo, su derecho a la libre manifestación de la cultura no institucionalizada y de las ideas. Incluso lograron hacer transmisiones diferidas de sus actuaciones a través del Internet*. Esto lo han logrado aún teniendo en contra a todo el aparato represivo y burocrático guanajuatense y federal (también estuvo presente la PFP durante la prohibición de que actuaran y la detención de Miguel), que ha hecho de ese festival, un simple espectáculo elitista en donde, más que exponer la cultura, se expone la intolerancia, la represión y los caprichos elitistas de los mandamases de Guanajuato. “Mira cómo las calles están patrulladas ya por el ejército, eso le quita a esta ciudad lo cultural, que en lugar de que veas a artistas alternativos, callejeros, veas policías, soldados y carros militares”, dice Ricardo, resaltando que, efectivamente, hay una fuerte presencia militar y de las policías local, estatal y federal, las que justifican las autoridades que se encuentran allí por “motivos de seguridad”.
No saben si el año entrante será lo mismo, que no les permitan las cerradas, ignorantes, mercantilistas autoridades panistas actuar, pero los tres aseguran que sin duda allí estarán, peleando su derecho inalienable de llevar la verdadera cultura alternativa a las calles.
*El link es: http://www.blogtv.com/Shows/340847/date/ZuXHY2Xwae3wZeZHYX
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El agua dulce: cada vez más demandada y cada vez más escasa
El agua dulce: cada vez más demandada y
cada vez más escasa
Por Adán Salgado Andrade.
Los cambios climáticos debidos a la brutal contaminación generada por el ser humano, las crecientes actividades industriales (fuentes mayoritarias de tal contaminación), una agricultura mundial en aumento, el incremento en la población y un irracional desperdicio, principalmente, están ocasionando un incontenible empleo del agua, vital líquido gracias al cual existimos como especie y todas las otras formas de vida en el planeta y que no conformes con sobreexplotarlo, estamos también ensuciando y degradando. Además, la distribución del agua es tan desigual, que actualmente alrededor de 1100 millones de personas ni siquiera tienen acceso a fuentes seguras de agua para beber, la más elemental e importante de las necesidades. Y no se trata de que haya menos agua, no, pues la cantidad que existe es la misma desde hace millones de años, aproximadamente 1728 trillones de metros cúbicos (1,728,000,000,000,000,000 m³), y simplemente sigue el acostumbrado ciclo de evaporización, condensación en nubes y precipitación pluvial, sólo que ahora, debido a los factores aludidos antes, le toma a dichos procesos un total de quince meses reponer el agua que la humanidad requiere en apenas un año, así que desde allí estamos excediendo la capacidad de regeneración de nuestras fuentes de agua dulce.
Por otro lado, gran parte del agua renovada termina en los océanos, los que poseen el 97% del líquido existente en el planeta, pero aquélla es salada, no apta para la utilización humana, a menos que la sal, sobre todo, sea removida, proceso que consume demasiada energía para ser empleado de manera práctica y generalizada. El 3% restante, propiamente el agua dulce que consumimos, si bien nunca ha estado repartida equitativamente alrededor del planeta, ahora por los trastornos climáticos, el desperdicio y el consumo excesivo, como señalé, cada vez se concentra en un muy reducido número de regiones. Aproximadamente 50% del agua dulce es propiedad de unos seis países (Brasil, Canadá, Indonesia, China, Estados Unidos y Colombia), en tanto que la otra mitad está muy mal distribuida, pero incluso estas cifras ya resultan controvertidas, pues, por ejemplo, en el caso de Canadá, resulta que lo que antes se afirmaba, que posee alrededor de un quinto de las reservas mundiales de agua dulce, no es así, como informó recientemente la Academia de Ciencias de Canadá, la que señala que una cosa es la cantidad de agua que contiene ese país en sus grandes lagos y otra, muy distinta, la que se renueva cada año, que es la que llueve, corre por ríos y arroyos y recarga tanto a los lagos, como a los acuíferos. Y cita que en realidad el agua renovable en Canadá sólo representa 6.4% del total mundial, además de que los lagos canadienses no almacenan tanta agua como pudiera pensarse, pues con la cantidad del líquido que circulara por los ríos y arroyos de los que se alimentan, en sólo tres años y medio aquéllos se llenarían, es decir, en poco más de tres ciclos hidrológicos anuales, así que si dejara de llover, la humanidad entera, no sólo Canadá, se quedaría sin agua dulce en menos de tres años, pues como dije, consumimos en doce meses lo que la naturaleza renueva en quince.
Pero como señalé antes, el problema adicional es que el agua dulce está muy mal repartida. La mayor parte de las regiones del planeta requieren más agua de la que poseen. Por ejemplo, Asia, emblemático caso, posee sólo el 29% de los recursos de agua dulce, pero del total del agua consumida (me refiero a la cantidad de agua que se utiliza cada año, cantidad menor a las reservas totales), representa el 50% (tan sólo China tiene 1326 millones de habitantes); Sudamérica posee el 28% del agua y su consumo es del 6%; Norteamérica (EU y Canadá) posee el 15% del agua, en tanto que consume el 13%; África, el otro caso deficitario, posee sólo el 9% del agua mundial y aunque en este continente habitan 955 millones de personas, casi un séptimo de la población total, sólo tiene acceso al 13% del agua dulce consumida; Europa posee el 15% del agua dulce, y su aprovechamiento es del 16% de ésta; Oceanía y el Pacífico poseen el 2% del agua dulce, siendo su aprovechamiento sólo del 1%. Por último, América Central posee también el 2% y también aprovecha el 1% del agua consumida. Lo anterior significa que los países o regiones (la mayoría, como puede deducirse de las cifras anteriores) que no tienen suficiente agua para sus necesidades más elementales, deben de importarla a los países que se las vendan (como Canadá) o sufrir las consecuencias que su escasez implica como los daños a la salud, a la agricultura y al medio ambiente que ocasiona la falta del vital líquido.
En el caso del cambio climático, debido al calentamiento generado en el planeta por los millones de toneladas de gases nocivos (como el CO2, del que se lanzan alrededor de 7000 millones de toneladas anuales), arrojados a la atmósfera cada año, aunado esto a la deforestación o la muerte de bosques, consecuencia también de tal calentamiento, las consecuencias son catastróficas, pues mientras en época de huracanes éstos son cada vez más intensos y destructivos sus efectos, inundando vastas áreas en diferentes países (en estos días, por ejemplo, los huracanes Gustav e Ike, ocasionaron fuertísimos daños en Cuba, Haití, República Dominicana y severas inundaciones en los Estados Unidos y en México, claro), también en otras regiones la falta de agua y las consiguientes sequías las han tornado de una severidad que, por citar dos casos emblemáticos, Argentina en este momento está siendo afectada por una de las peores sequías de los últimos 20 años (resulta irónico esto, en vista del problema agrario suscitado por el gobierno de Cristina Fernández, que quiso imponer impuestos a los productores de soya, quienes amenazaron con boicotear la producción. No tendrán necesidad, pues la sequía disminuirá severamente el cultivo, tanto de granos, como de ganado). Lo mismo sucede en Australia, en donde la actual sequía, señalan las autoridades, es la peor que ese país ha sufrido en 116 años e incluso es mucho más severa que otra que habían tenido allí en anteriores años. Las presas australianas, como la Hume, tienen apenas 20% de su nivel normal y se estima que de continuar las cosas así, aquella presa llegará a tener, cuando mucho, 1% de agua. En este caso, tanto Australia, como Argentina, están ubicadas en la zona austral del planeta, región en donde el calentamiento atmosférico, conjuntamente con la entrada de más rayos ultravioleta (provocada por el agujero de ozono que se ha desarrollado en el polo sur), han incidido en una muy alarmante disminución tanto de las lluvias, como de los ciclos hidrológicos, lo que se traduce en una menor temporada de lluvias y en muy escasas precipitaciones. Tan dramáticos están siendo los efectos del calentamiento terrestre, que regiones consideradas en 1950 como poseedoras de aceptables reservas de agua, para el año 2000 no lo fueron ya. Por ejemplo, es el caso de México, que pasó de contar con muy altos recursos hidrológicos en 1950, a recursos promedio en el 2000, pero para el año 2025, México estará entre los países que contarán con bajos recursos hidrológicos. Así ha sucedido para las regiones de África y Asia, las cuales contaban en 1950 con recursos hidrológicos aceptables, pero para el 2025 estarán entre las regiones consideradas de bajas, muy bajas o catastróficamente bajas provisiones de agua. Y lo mismo sucederá con una buena parte de Europa, la cual rondará entre bajos y muy bajos recursos hidrológicos. No será ya la escasez de agua un problema típico de las regiones subdesarrolladas del planeta, como puede apreciarse.
Y no es ventaja que de repente llueva intensamente, pues, por ejemplo, en el caso de México, casi el 80% de las tierras sembradas son de temporal y como las lluvias se atrasan cada vez más, las tierras no tienen la humedad necesaria cuando los cultivos se siembran, lo que ocasiona que las semillas no germinen o no lo hagan a tiempo. Y si logran hacerlo, al llover intensamente, las tierras se anegan, lo que echa a perder completamente la siembra proyectada. Y aunque se trate de tierras de riego, las cuales si tendrían la humedad requerida, el problema se da cuando frente a lluvias torrenciales o producidas por huracanes, de todos modos los cultivos sucumben ante tanta agua. En México y en muchos países, como Cuba, ya cada año se pierden cientos de hectáreas de cosechas debido a las inundaciones o anegaciones de las tierras sembradas (Cuba, por ejemplo, con los huracanes Gustav e Ike, perdió una buena parte de sus cosechas de hortalizas). Así, en estos lugares, no sólo estarán presentes las consecuencias de que, de pronto, llueve desproporcionadamente, sino que también sufrirán hambrunas, desplazamientos de damnificados y daños a la infraestructura urbana, carretera e industrial. De hecho, esos damnificados, conocidos como ecorefugiados, que se trata de gente que vive en zonas inundables, como riveras, costas, áreas bajas, serán ya cada año algo trivial, debido a la recurrencia de los meteoros climáticos, como los huracanes o las tormentas tropicales, que con cada temporada afectarán severamente su hábitat. En México, por ejemplo, tanto el año pasado, como en el presente, estados como Tabasco, Chiapas o Veracruz, sufrieron o están sufriendo fuertes daños por inundaciones, las que generaron miles de damnificados que tuvieron que ser refugiados en albergues temporales. Con el tiempo, esas zonas de riesgo ya no podrán ser habitables permanentemente, debido a dichas inundaciones, las cuales serán cosa de cada año. Así, resulta irónico que tanta agua, en un mundo cada vez más necesitado de ella, sea dañina en ese momento, independientemente de los beneficios posteriores que acarree, como la humidificación de tierras, la recarga de acuíferos o el llenado de lagos, ríos y presas. Esto, porque al momento de su derrama, no existe infraestructura natural, ni humana suficiente para contenerla. En México, por citar un caso, gran parte del agua de las intensas lluvias no se aprovecha porque casi todos los ríos y presas que poseemos están azolvados, es decir, ocupan sedimentos, como tierra, buena parte del volumen útil de los cauces de aquéllos o del volumen de tales presas, como sucedió el año pasado, 2007, en Tabasco, estado que sufrió fuertes inundaciones en gran parte de su territorio, debido a que se necesitan más presas que puedan contener el exceso de agua que se produce en condiciones extraordinarias, como durante un ciclón o tormenta tropical, las que se presentarán más frecuentemente, como dije antes, debido al cambio climático. En 26 años no se ha construido una nueva presa, pero además las que hay, que principalmente se construyeron para la generación de energía eléctrica, están subutilizadas, pues, resulta absurdo, se ha concesionado la producción de electricidad a empresas extranjeras que no emplean el agua para generarla, sino costosos sistemas que usan gas natural para tal fin, vendiéndola, por tanto, más cara (la Comisión Federal de Electricidad les garantiza la compra de los costosos kilovatios generados, para que hagan buen negocio y no se vayan a desanimar aquéllas). Así que casi toda el agua que contienen tales presas está allí, embalsada y usándose mínimamente, lo que provoca que, al no correr o hacerlo poco, el fondo de esos embalses se llene de sedimentos. Tampoco los ríos de la región se han desazolvado, lo que dificulta también el libre desplazamiento de sus cauces. Como puede verse, ni en México, ni en muchos países estamos preparados para el cambio climático y sus graves consecuencias, a pesar de que ya son algo cotidiano.
En cuanto a las actividades industriales, es impresionante examinar la cantidad de agua que ciertos procesos de fabricación requieren para la elaboración de determinados productos (bueno, que, en general, todos los procesos industriales requieren de agua indirecta o directamente). Para elaborar un litro de leche, se requieren el equivalente a nada menos que ¡mil litros de agua! (En México existe un grave problema en la zona denominada la “comarca lagunera”, ubicada en el estado de Coahuila, pues una empresa lechera, Lala, está sobreexplotando los acuíferos del lugar debido al incontenible aumento en la producción de la leche que hace). Un litro de refresco requiere el equivalente a 250 litros. Y siguen los apabullantes ejemplos: elaborar una bola de algodón, 4 litros (de los menos desperdiciadores); una sola hoja de papel, 8.5 litros; una rebanada de pan, 42 litros; cultivar una naranja, 49.5 litros; un vaso de cerveza, 76 litros; producir un solo huevo, 137 litros; hacer una hamburguesa, ¡2409 litros!; fabricar un par de zapatos de piel, ¡5917 litros!; fabricar un par de pantalones de mezclilla, ¡10891 litros!; producir un kilogramo de carne de res, ¡15,500 litros!...
Y no se piense que la moderna tecnología o los procesos de fabricación de punta no requieren de agua. La elaboración de un chip computacional, como los que fabrica la empresa INTEL, requiere de miles de litros de agua muy pura, pues aquél se debe de “enjuagar” para que no haya absolutamente ningún residuo que pudiera perjudicar su operación. Las plantas industriales que dicha empresa tiene (Fab 12, Fab 22 y Fab 32) en la ciudad de Chandler, al sureste de Phoenix, Arizona, requieren el equivalente a ¡7,600,000 litros diarios para operar! Eso en una región en donde, además de ser desértica, la escasez del vital líquido, debido a que cada vez llueve menos y a las más largas sequías, convierte al agua en un muy preciado recurso que con el tiempo será cada vez más difícil de obtener. El agua que allí se emplea se obtiene tanto del sistema de presas y sistemas de almacenamiento conocido como Salt River Project, así como mediante un costoso acueducto que conduce agua desde el río Colorado conocido como Central Arizona Project. Pero aún así ha escaseado tanto el agua en años recientes en toda esa región, que el gobierno de EU ha exigido a México el “pago” de las cuotas de agua a las que, mediante un convenio binacional, establecido en 1944, ambos países tienen derecho del cauce del río Bravo (llamado allá Río Grande). Cada cinco años se le deben de entregar a EU 431 millones de metros cúbicos del vital líquido y México debe de recibir 1850 millones de metros cúbicos del río Colorado, cuya cuenca también se comparte. Así que debido a la sequía y a las crecientes, derrochadoras necesidades de los estadounidenses (es el país con el mayor consumo de agua per cápita del planeta, alrededor de 2500 metros cúbicos anuales por habitante), se ha exigido el cumplimiento del tratado binacional de la entrega de agua. Esto, muy a pesar de que también la zona norte mexicana tiene problemas de sequías (algo a lo que los sumisos gobiernos panistas, desde Fox, han accedido sin oponer gran resistencia, sin importar que tal acción ha puesto en peligro las actividades agrícolas en esa región mexicana, así como al consumo humano de agua potable de varias ciudades fronterizas). Por ejemplo, en el año 2003, se le exigió a México entregarle casi 434 millones de metros cúbicos a EU, so pretexto de que a ese país no le llega mucha agua, a pesar de que los agricultores de Chihuahua y Coahuila estaban teniendo graves problemas de sequía. Y como EU clama que México se sirve también de las aguas del río Colorado y que la parte de agua que le toca a EU del río Bravo es muy poca (razón por la cual se acordó ese tratado), prácticamente ya será cotidiano que se le deban de entregar millones de metros cúbicos de agua del río Bravo cada quinquenio. En el presente año ya se efectuó la entrega de los 434 millones reglamentarios. Sin embargo, la Conagua, el organismo público mexicano encargado de la administración del agua, declaró que eso fue posible gracias a que debido a las lluvias torrenciales que han provocado huracanes y tormentas tropicales, la mayoría de las presas del país, un 78%, estaban llenas totalmente, pero que en general ambas cuencas, tanto la del Bravo, como la del Colorado, han tendido a disminuir bastante su captación de agua, por lo que prevé que en un futuro, tanto Estados Unidos será incapaz de cumplir la entrega de agua del Colorado que le corresponde a México, como dicho país tampoco podrá recibir la cuota del Bravo que nos corresponde entregarle. Eso lo que augura son tiempos de fuertes sequías que llevarán a ambos países a protestas y amenazas, sobre todo de EU, de que o les damos el agua obligatoria o nos sancionarán de alguna manera (es bien sabido que EU para todo sanciona a México o a cualquier país que desde su punto de vista, cuando así le conviene, esté violando ciertas convenciones, pero es experto en violar los tratados binacionales o internacionales evadiendo cualquier responsabilidad cuando es en beneficio de sus intereses, como el incumplimiento de los tratados de Kyoto o del maltrato de los prisioneros árabes que mantiene detenidos ilegalmente en Guantánamo).
También, como mencioné, las crecientes actividades agrícolas y ganaderas, especialmente ahora con el “boom” que está teniendo la siembra de cereales transgénicos, como el maíz de Monsanto o la soya, para fabricar, ¡absurdo!, biocombustibles (en un mundo en donde cada cinco segundos muere un infante por hambre, esto es simplemente infame), requieren sistemas de riego que consumen la mayor parte del agua dulce de que se dispone, casi el 70% del total, porque, además, tales cultivos genéticamente modificados requieren de mucha más agua que los normales. Estados Unidos, con sus masivas operaciones agroindustriales, dedica en promedio alrededor de 1446 metros cúbicos por habitante anualmente a ese rubro, es decir, unos ¡440,666 millones de metros cúbicos al año! En Australia, dos tercios del agua consumida son para la agricultura y la ganadería. Este país, particularmente, representa un caso en donde los intereses comerciales se han impuesto sobre sus condiciones naturales, pues una de sus principales cosechas es la de arroz… ¡o era! Sí, a pesar de ser una región predominantemente desértica, gracias a que antes llovía mucho y todos sus sistemas de presas almacenaban bastante agua, Australia contaba con suficiente líquido para inundar cientos de miles de hectáreas y ser uno de los principales productores de arroz, pues podían obtenerse hasta 10 toneladas de ese demandado cereal por hectárea, lo que significaba una producción anual de hasta 1.2 millones de toneladas. Pero esa artificialidad hidrológica, salta ahora a la luz ante la severa sequía que afecta al país (las tierras están secas, agrietadas, los animales salvajes están muriendo, al igual que inmensas zonas boscosas, amarillas ya por la severa falta de agua), pues en este año se estima que, cuando mucho, se obtendrán unas quince mil toneladas, menos del 2% de la producción normal. Incluso, el precio del trigo en este año ha ascendido a precios récord, debido también a la sustancial disminución de la cosecha australiana de ese otro cereal tan básico. También sucede lo mismo en Israel, país que igualmente está asentado en una zona semidesértica en donde existe agricultura gracias a sistemas de riego e infraestructura hidráulica muy costosa (posee plantas desalinizadoras que tratan el agua de mar, pero a muy altos costos), sin embargo actualmente está siendo afectado por una severa sequía que ya ha durado cuatro años. Es tan dura, que los granjeros de la región se están viendo obligados a podar algunos de sus frutales y a quitarles algunos frutos, con tal de que aquéllos sobrevivan a la resequedad que ni sus raíces más profundas están logrando sortear.
Esos son los costos, pues, de forzar a regiones hidrológicamente poco aptas para la agricultura a serlo, pues ahora, con el cambio climático, se está mostrando su vulnerabilidad a una severa disminución de las lluvias, las cuales tampoco fueron tan abundantes en mejores tiempos.
Por tanto, la menor disponibilidad de agua generada por el cambio climático incidirá en la agricultura, pues regiones que antes eran más o menos aptas para la siembra de alimentos gracias al riego, como sucede en Australia o Israel, terminarán por convertirse en secos lugares debido a que no habrá o no alcanzará el agua para los ciclos de cultivo. Y entonces las sequías, junto a las inundaciones, serán un agravante más que disminuirá la producción y disponibilidad de alimentos.
Por otro lado, el focalizado incremento de la población, especialmente en las gigantescas urbes que el ser humano tiende a formar, también conlleva una altísima necesidad del agua por los millones de personas que se concentran en espacios relativamente pequeños. Por ejemplo, la ciudad de México requiere aproximadamente ¡65 metros cúbicos de agua por segundo! para satisfacer medianamente sus necesidades del vital líquido. Esto representa más de 5.6 millones de metros cúbicos diarios, de los que 67% son para uso de la población, 17% para la industria y 16% para el comercio y los servicios. Pero ni esa impresionante cantidad es suficiente, debido a la citada sobrepoblación y muchas zonas de la ciudad, especialmente las populares, padecen ya permanentemente de la escasez de agua. Y no es ya propia la falta de agua de ciudades de países subdesarrollados, sino que es una situación que tiende a generalizarse hasta en el mundo rico. Por ejemplo, la ciudad de Londres tiene mucha menos agua disponible por habitante que Estambul o la misma ciudad de México. Según expertos, no sólo esa ciudad inglesa, sino todo el sureste de Inglaterra está, per capita, por debajo, incluso, de lo que el Banco Mundial denomina “regiones estresadas” por la falta de agua. En el verano del 2006, Londres fue víctima de la peor sequía habida allí en tres décadas, además de dos inviernos secos continuos, lo que provocó que el gobierno municipal impusiera restricciones para regar prados, llenar albercas y otros usos innecesarios. Tan severa ha sido la falta de agua, que las compañías privadas que surten del líquido, han considerado, incluso, hacer que llueva artificialmente, la transportación por barco de agua de otros sitios o, ¡la locura humana!, remolcar icebergs desde el Ártico. China, con su desorbitado crecimiento industrial y poblacional, es otro buen ejemplo que ilustra la falta de agua, ya que la mayor parte de sus ciudades, sobre todo las de la parte norte del país, como Shijiazhuang, padecen una fuerte escasez de agua, aunada a un brutal, desordenado crecimiento urbano que, como en este caso, está llevando a las autoridades a sobreexplotar los acuíferos locales (éstos son reservas naturales subterráneas de agua dulce), lo que está generando una sustancial disminución en su nivel de agua, el cual disminuye en más de un metro por año. No conformes con eso, los incontenibles chinos, quienes han sacrificado sus recursos naturales en aras de un irracional crecimiento industrial, han contaminado casi todas sus fuentes naturales de agua potable, de tal forma que se calcula que en unos 30 años, cuando mucho, ese país (muy mal tomado como ejemplo de “galopante” crecimiento por el capitalismo salvaje) se quedará sin gota de agua… ¡vaya negro futuro para el país que se considera la siguiente “potencia mundial”! En la ciudad de México incluso ya hay problemas de hundimientos debidos a la sobreexplotación de los acuíferos, que también, como en las ciudades chinas, están empleándose más allá de sus capacidades de recuperación.
Valencia, Madrid, Roma, Los Ángeles, Berlín, Paris, Sydney, Las Vegas, Lisboa, Lima, Buenos Aires, Guatemala, Brasilia… son sólo unos cuantos ejemplos de grandes concentraciones urbanas en donde la carencia de agua hace más difícil la vida para sus habitantes, pues muchos se ven obligados a caminar hasta hidrantes públicos para hacerse de una cubeta de agua o a comprar tambos o pipas de ella, mucho más cara que la prestada por el servicio municipal.
Sin embargo, a pesar de lo dicho, el agua dulce se desperdicia y se contamina. En la ciudad de México el agua potable derrochada asciende al 40%, es decir, 4 de cada diez litros de agua simplemente se pierden por fugas o filtración del sistema de tuberías, muy alta cantidad en un mundo cada vez más sediento. Pero no se crea que esto se deba a que la ciudad de México es una ciudad de un país subdesarrollado, no, pues es algo, digamos, “cotidiano” que haya fugas en los sistemas de distribución del agua en todo el mundo. Por ejemplo, en Londres también un tercio del agua potable se desperdicia a través de su viejo sistema de tuberías, unos 684,000 metros cúbicos diarios, ¡también demasiada agua! Y en todas las ciudades sucede lo mismo. Igual pasa con los sistemas de riego agrícola, pues un tercio del agua se pierde antes de regar las cosechas. El sentido común indicaría que la solución sería, entonces, cambiar las viejas tuberías o contar con sistemas de distribución más eficientes, pero como eso “cuesta mucho dinero”, justificación comúnmente declarada por las empresas privadas o públicas que suministran los sistemas de agua potable o de riego, simplemente el agua se seguirá desperdiciando, con las lamentables consecuencias que eso tendrá y que a la larga, hablando de dinero, saldrán más caras. Se están haciendo algunos intentos para tratar de desperdiciar menos agua, como la incorporación de medidores de agua computarizados que verifiquen mejor la cantidad de agua empleada por los usuarios. Incluso se están colocando sistemas de monitoreo en los canales de riego, como en Australia, con tal de reducir también las filtraciones al mínimo. Pero eso sólo se está haciendo en algunos países, los más ricos y desarrollados, y hasta ahora todos esos métodos están en nivel de estudio o experimental. En el resto del orbe, el agua simplemente se seguirá desperdiciando lo que, como dije, ocasionará que se agoten más rápidamente los recursos con los que se cuenta.
Y también me referí a la contaminación, ya que más del 70% de las fuentes de agua dulce en el mundo tienen algún grado de contaminación, la más severa en países como China, en donde cientos de ríos son ya considerados “no aptos” para al contacto humano. Esto incluso sucede en México. Recientemente, por ejemplo, en el estado de Jalisco, muy cerca de su capital, Guadalajara, un niño cayó al río Santiago, el cual está severamente contaminado con arsénico. Aquél murió, pero no por ahogamiento, sino justamente porque el arsénico del agua que engulló lo envenenó.
Desgraciadamente, a pesar de la gravedad del problema, en casi todos los países la contaminación de los ríos, tanto por las descargas del drenaje doméstico, como por las descargas industriales, las más letales de las dos, pasa a segundo término, siendo de mayor importancia el desarrollo industrial, como en el caso chino que menciono arriba. Allí, cientos de ríos son empleados solamente para desechar en ellos peligrosísimos residuos industriales, que los han convertido en fuentes de envenenamiento en donde ya nada puede habitar en sus cauces. Lo mismo sucede en otro país, Vietnam, en donde varios ríos, severamente contaminados con metales pesados, ácidos y otras muy dañinas sustancias, producto de fábricas, hospitales y el drenaje doméstico, se consideran ya “muertos” por el gobierno de ese país y sus aguas ni siquiera sirven para uso agrícola, pues matarían a las cosechas de inmediato. En Vietnam sucede lo que en China, que en aras de convertirse en un “país desarrollado” para el año 2020, se ha decidido sacrificar también al medio ambiente, en la peregrina idea de que una vez que se logre el desarrollo, habrán de hallarse “soluciones” para librarse de la contaminación. Pero lo que no entienden chinos, vietnamitas, mexicanos, estadounidenses, franceses, alemanes, españoles, hindúes… la nacionalidad que sea, no entienden que gran parte de los problemas que hoy padecemos a causa de la alta contaminación de aire, agua y tierra, de la destrucción del medio ambiente, de la tala inmoderada, de la sobreexplotación, del desperdicio de los recursos, como el agua y muchos más, no son ya reversibles y el costo de no haberlos atendido a tiempo redundará en que el tiempo de existencia de nuestra especie (por cierto, una de las más letales y destructivas que ha existido en este planeta) está contado y no irá más allá de unas cuantas décadas, durante las cuales, la calidad de vida empeorará y agravará los fuertes problemas que ya de por sí estamos teniendo.
Pero mientras haya agua dulce, será, incluso, un gran negocio, como es el caso del agua embotellada. Cuatro son las compañías que más ganancias tienen comercializando agua para beber: Coca-cola, Pepsi-cola, Nestlé y Danone. Estas empresas multiplican por varias veces el costo del agua que venden en relación al precio que la compran. En México, por ejemplo, un metro cúbico de agua cuesta alrededor de diez pesos, justo lo que se cobra por un litro de agua embotellada, del que se obtendrían mil litros, o sea, diez mil pesos, así que podrá entenderse por qué tales empresas tratan de aumentar sus ventas de agua embotellada, que últimamente se han visto mermadas, dado su alto costo, por lo redituable que les resulta el negocio, ya que le es más lucrativo a Coca-cola, por ejemplo, purificar y envasar un litro de agua, que elaborar un litro de su muy publicitado refresco de cola. Y para ello emplean campañas publicitarias en donde se valen tanto de consideraciones de salud, como de supuestas acciones “altruistas”. Así, las campañas para la salud exageran los beneficios que se obtendrían de tomarse dos o más litros de agua diarios (que recientes investigaciones demuestran que una ingesta muy alta de agua al día es perjudicial, pues puede despojar al cuerpo de sales minerales vitales para el metabolismo). En cuanto a las campañas “altruistas”, se publicita ampliamente que por cada litro comprado de agua embotellada de tal o cual compañía, se “donarán” diez litros para un país pobre que tenga problemas de agua, el que generalmente es uno africano, como Etiopía o Ghana o que las zonas marginadas del país en donde se vende tal agua se verán “beneficiadas” con las construcción de obras para potabilización del agua. Sin embargo, recientes estudios muestran que de cada litro vendido, en su equivalente a dólares, sólo se destinan 0.28 fracciones de centavo a las tan cacareadas campañas altruistas. O sea, si un litro se vende, digamos, en dos dólares, ni un centavo se dedica al bienestar de los países pobres y con problemas de agua, del que tanto dicen preocuparse dichas empresas.
En fin, con cada día que pase sin hacer nada por el agua, estamos cada vez más cerca de morirnos todos de sed. Y será un recurso tan peleado que ya hay, por ejemplo, países de regiones desérticas, como los árabes, que han declarado que el único motivo por el cual iniciarían una guerra con su vecino, sería por la disponibilidad de agua dulce. Israel, asentado también en zonas semidesérticas, no se desprende de los territorios palestinos invadidos porque en éstos se encuentra uno de los grandes acuíferos de los que se sirve.
Sí, más que por el petróleo, en el futuro las guerras serán por agua y los países que la posean, dominarán a lo que quede del planeta.
Contacto: studillac@hotmail.com
cada vez más escasa
Por Adán Salgado Andrade.
Los cambios climáticos debidos a la brutal contaminación generada por el ser humano, las crecientes actividades industriales (fuentes mayoritarias de tal contaminación), una agricultura mundial en aumento, el incremento en la población y un irracional desperdicio, principalmente, están ocasionando un incontenible empleo del agua, vital líquido gracias al cual existimos como especie y todas las otras formas de vida en el planeta y que no conformes con sobreexplotarlo, estamos también ensuciando y degradando. Además, la distribución del agua es tan desigual, que actualmente alrededor de 1100 millones de personas ni siquiera tienen acceso a fuentes seguras de agua para beber, la más elemental e importante de las necesidades. Y no se trata de que haya menos agua, no, pues la cantidad que existe es la misma desde hace millones de años, aproximadamente 1728 trillones de metros cúbicos (1,728,000,000,000,000,000 m³), y simplemente sigue el acostumbrado ciclo de evaporización, condensación en nubes y precipitación pluvial, sólo que ahora, debido a los factores aludidos antes, le toma a dichos procesos un total de quince meses reponer el agua que la humanidad requiere en apenas un año, así que desde allí estamos excediendo la capacidad de regeneración de nuestras fuentes de agua dulce.
Por otro lado, gran parte del agua renovada termina en los océanos, los que poseen el 97% del líquido existente en el planeta, pero aquélla es salada, no apta para la utilización humana, a menos que la sal, sobre todo, sea removida, proceso que consume demasiada energía para ser empleado de manera práctica y generalizada. El 3% restante, propiamente el agua dulce que consumimos, si bien nunca ha estado repartida equitativamente alrededor del planeta, ahora por los trastornos climáticos, el desperdicio y el consumo excesivo, como señalé, cada vez se concentra en un muy reducido número de regiones. Aproximadamente 50% del agua dulce es propiedad de unos seis países (Brasil, Canadá, Indonesia, China, Estados Unidos y Colombia), en tanto que la otra mitad está muy mal distribuida, pero incluso estas cifras ya resultan controvertidas, pues, por ejemplo, en el caso de Canadá, resulta que lo que antes se afirmaba, que posee alrededor de un quinto de las reservas mundiales de agua dulce, no es así, como informó recientemente la Academia de Ciencias de Canadá, la que señala que una cosa es la cantidad de agua que contiene ese país en sus grandes lagos y otra, muy distinta, la que se renueva cada año, que es la que llueve, corre por ríos y arroyos y recarga tanto a los lagos, como a los acuíferos. Y cita que en realidad el agua renovable en Canadá sólo representa 6.4% del total mundial, además de que los lagos canadienses no almacenan tanta agua como pudiera pensarse, pues con la cantidad del líquido que circulara por los ríos y arroyos de los que se alimentan, en sólo tres años y medio aquéllos se llenarían, es decir, en poco más de tres ciclos hidrológicos anuales, así que si dejara de llover, la humanidad entera, no sólo Canadá, se quedaría sin agua dulce en menos de tres años, pues como dije, consumimos en doce meses lo que la naturaleza renueva en quince.
Pero como señalé antes, el problema adicional es que el agua dulce está muy mal repartida. La mayor parte de las regiones del planeta requieren más agua de la que poseen. Por ejemplo, Asia, emblemático caso, posee sólo el 29% de los recursos de agua dulce, pero del total del agua consumida (me refiero a la cantidad de agua que se utiliza cada año, cantidad menor a las reservas totales), representa el 50% (tan sólo China tiene 1326 millones de habitantes); Sudamérica posee el 28% del agua y su consumo es del 6%; Norteamérica (EU y Canadá) posee el 15% del agua, en tanto que consume el 13%; África, el otro caso deficitario, posee sólo el 9% del agua mundial y aunque en este continente habitan 955 millones de personas, casi un séptimo de la población total, sólo tiene acceso al 13% del agua dulce consumida; Europa posee el 15% del agua dulce, y su aprovechamiento es del 16% de ésta; Oceanía y el Pacífico poseen el 2% del agua dulce, siendo su aprovechamiento sólo del 1%. Por último, América Central posee también el 2% y también aprovecha el 1% del agua consumida. Lo anterior significa que los países o regiones (la mayoría, como puede deducirse de las cifras anteriores) que no tienen suficiente agua para sus necesidades más elementales, deben de importarla a los países que se las vendan (como Canadá) o sufrir las consecuencias que su escasez implica como los daños a la salud, a la agricultura y al medio ambiente que ocasiona la falta del vital líquido.
En el caso del cambio climático, debido al calentamiento generado en el planeta por los millones de toneladas de gases nocivos (como el CO2, del que se lanzan alrededor de 7000 millones de toneladas anuales), arrojados a la atmósfera cada año, aunado esto a la deforestación o la muerte de bosques, consecuencia también de tal calentamiento, las consecuencias son catastróficas, pues mientras en época de huracanes éstos son cada vez más intensos y destructivos sus efectos, inundando vastas áreas en diferentes países (en estos días, por ejemplo, los huracanes Gustav e Ike, ocasionaron fuertísimos daños en Cuba, Haití, República Dominicana y severas inundaciones en los Estados Unidos y en México, claro), también en otras regiones la falta de agua y las consiguientes sequías las han tornado de una severidad que, por citar dos casos emblemáticos, Argentina en este momento está siendo afectada por una de las peores sequías de los últimos 20 años (resulta irónico esto, en vista del problema agrario suscitado por el gobierno de Cristina Fernández, que quiso imponer impuestos a los productores de soya, quienes amenazaron con boicotear la producción. No tendrán necesidad, pues la sequía disminuirá severamente el cultivo, tanto de granos, como de ganado). Lo mismo sucede en Australia, en donde la actual sequía, señalan las autoridades, es la peor que ese país ha sufrido en 116 años e incluso es mucho más severa que otra que habían tenido allí en anteriores años. Las presas australianas, como la Hume, tienen apenas 20% de su nivel normal y se estima que de continuar las cosas así, aquella presa llegará a tener, cuando mucho, 1% de agua. En este caso, tanto Australia, como Argentina, están ubicadas en la zona austral del planeta, región en donde el calentamiento atmosférico, conjuntamente con la entrada de más rayos ultravioleta (provocada por el agujero de ozono que se ha desarrollado en el polo sur), han incidido en una muy alarmante disminución tanto de las lluvias, como de los ciclos hidrológicos, lo que se traduce en una menor temporada de lluvias y en muy escasas precipitaciones. Tan dramáticos están siendo los efectos del calentamiento terrestre, que regiones consideradas en 1950 como poseedoras de aceptables reservas de agua, para el año 2000 no lo fueron ya. Por ejemplo, es el caso de México, que pasó de contar con muy altos recursos hidrológicos en 1950, a recursos promedio en el 2000, pero para el año 2025, México estará entre los países que contarán con bajos recursos hidrológicos. Así ha sucedido para las regiones de África y Asia, las cuales contaban en 1950 con recursos hidrológicos aceptables, pero para el 2025 estarán entre las regiones consideradas de bajas, muy bajas o catastróficamente bajas provisiones de agua. Y lo mismo sucederá con una buena parte de Europa, la cual rondará entre bajos y muy bajos recursos hidrológicos. No será ya la escasez de agua un problema típico de las regiones subdesarrolladas del planeta, como puede apreciarse.
Y no es ventaja que de repente llueva intensamente, pues, por ejemplo, en el caso de México, casi el 80% de las tierras sembradas son de temporal y como las lluvias se atrasan cada vez más, las tierras no tienen la humedad necesaria cuando los cultivos se siembran, lo que ocasiona que las semillas no germinen o no lo hagan a tiempo. Y si logran hacerlo, al llover intensamente, las tierras se anegan, lo que echa a perder completamente la siembra proyectada. Y aunque se trate de tierras de riego, las cuales si tendrían la humedad requerida, el problema se da cuando frente a lluvias torrenciales o producidas por huracanes, de todos modos los cultivos sucumben ante tanta agua. En México y en muchos países, como Cuba, ya cada año se pierden cientos de hectáreas de cosechas debido a las inundaciones o anegaciones de las tierras sembradas (Cuba, por ejemplo, con los huracanes Gustav e Ike, perdió una buena parte de sus cosechas de hortalizas). Así, en estos lugares, no sólo estarán presentes las consecuencias de que, de pronto, llueve desproporcionadamente, sino que también sufrirán hambrunas, desplazamientos de damnificados y daños a la infraestructura urbana, carretera e industrial. De hecho, esos damnificados, conocidos como ecorefugiados, que se trata de gente que vive en zonas inundables, como riveras, costas, áreas bajas, serán ya cada año algo trivial, debido a la recurrencia de los meteoros climáticos, como los huracanes o las tormentas tropicales, que con cada temporada afectarán severamente su hábitat. En México, por ejemplo, tanto el año pasado, como en el presente, estados como Tabasco, Chiapas o Veracruz, sufrieron o están sufriendo fuertes daños por inundaciones, las que generaron miles de damnificados que tuvieron que ser refugiados en albergues temporales. Con el tiempo, esas zonas de riesgo ya no podrán ser habitables permanentemente, debido a dichas inundaciones, las cuales serán cosa de cada año. Así, resulta irónico que tanta agua, en un mundo cada vez más necesitado de ella, sea dañina en ese momento, independientemente de los beneficios posteriores que acarree, como la humidificación de tierras, la recarga de acuíferos o el llenado de lagos, ríos y presas. Esto, porque al momento de su derrama, no existe infraestructura natural, ni humana suficiente para contenerla. En México, por citar un caso, gran parte del agua de las intensas lluvias no se aprovecha porque casi todos los ríos y presas que poseemos están azolvados, es decir, ocupan sedimentos, como tierra, buena parte del volumen útil de los cauces de aquéllos o del volumen de tales presas, como sucedió el año pasado, 2007, en Tabasco, estado que sufrió fuertes inundaciones en gran parte de su territorio, debido a que se necesitan más presas que puedan contener el exceso de agua que se produce en condiciones extraordinarias, como durante un ciclón o tormenta tropical, las que se presentarán más frecuentemente, como dije antes, debido al cambio climático. En 26 años no se ha construido una nueva presa, pero además las que hay, que principalmente se construyeron para la generación de energía eléctrica, están subutilizadas, pues, resulta absurdo, se ha concesionado la producción de electricidad a empresas extranjeras que no emplean el agua para generarla, sino costosos sistemas que usan gas natural para tal fin, vendiéndola, por tanto, más cara (la Comisión Federal de Electricidad les garantiza la compra de los costosos kilovatios generados, para que hagan buen negocio y no se vayan a desanimar aquéllas). Así que casi toda el agua que contienen tales presas está allí, embalsada y usándose mínimamente, lo que provoca que, al no correr o hacerlo poco, el fondo de esos embalses se llene de sedimentos. Tampoco los ríos de la región se han desazolvado, lo que dificulta también el libre desplazamiento de sus cauces. Como puede verse, ni en México, ni en muchos países estamos preparados para el cambio climático y sus graves consecuencias, a pesar de que ya son algo cotidiano.
En cuanto a las actividades industriales, es impresionante examinar la cantidad de agua que ciertos procesos de fabricación requieren para la elaboración de determinados productos (bueno, que, en general, todos los procesos industriales requieren de agua indirecta o directamente). Para elaborar un litro de leche, se requieren el equivalente a nada menos que ¡mil litros de agua! (En México existe un grave problema en la zona denominada la “comarca lagunera”, ubicada en el estado de Coahuila, pues una empresa lechera, Lala, está sobreexplotando los acuíferos del lugar debido al incontenible aumento en la producción de la leche que hace). Un litro de refresco requiere el equivalente a 250 litros. Y siguen los apabullantes ejemplos: elaborar una bola de algodón, 4 litros (de los menos desperdiciadores); una sola hoja de papel, 8.5 litros; una rebanada de pan, 42 litros; cultivar una naranja, 49.5 litros; un vaso de cerveza, 76 litros; producir un solo huevo, 137 litros; hacer una hamburguesa, ¡2409 litros!; fabricar un par de zapatos de piel, ¡5917 litros!; fabricar un par de pantalones de mezclilla, ¡10891 litros!; producir un kilogramo de carne de res, ¡15,500 litros!...
Y no se piense que la moderna tecnología o los procesos de fabricación de punta no requieren de agua. La elaboración de un chip computacional, como los que fabrica la empresa INTEL, requiere de miles de litros de agua muy pura, pues aquél se debe de “enjuagar” para que no haya absolutamente ningún residuo que pudiera perjudicar su operación. Las plantas industriales que dicha empresa tiene (Fab 12, Fab 22 y Fab 32) en la ciudad de Chandler, al sureste de Phoenix, Arizona, requieren el equivalente a ¡7,600,000 litros diarios para operar! Eso en una región en donde, además de ser desértica, la escasez del vital líquido, debido a que cada vez llueve menos y a las más largas sequías, convierte al agua en un muy preciado recurso que con el tiempo será cada vez más difícil de obtener. El agua que allí se emplea se obtiene tanto del sistema de presas y sistemas de almacenamiento conocido como Salt River Project, así como mediante un costoso acueducto que conduce agua desde el río Colorado conocido como Central Arizona Project. Pero aún así ha escaseado tanto el agua en años recientes en toda esa región, que el gobierno de EU ha exigido a México el “pago” de las cuotas de agua a las que, mediante un convenio binacional, establecido en 1944, ambos países tienen derecho del cauce del río Bravo (llamado allá Río Grande). Cada cinco años se le deben de entregar a EU 431 millones de metros cúbicos del vital líquido y México debe de recibir 1850 millones de metros cúbicos del río Colorado, cuya cuenca también se comparte. Así que debido a la sequía y a las crecientes, derrochadoras necesidades de los estadounidenses (es el país con el mayor consumo de agua per cápita del planeta, alrededor de 2500 metros cúbicos anuales por habitante), se ha exigido el cumplimiento del tratado binacional de la entrega de agua. Esto, muy a pesar de que también la zona norte mexicana tiene problemas de sequías (algo a lo que los sumisos gobiernos panistas, desde Fox, han accedido sin oponer gran resistencia, sin importar que tal acción ha puesto en peligro las actividades agrícolas en esa región mexicana, así como al consumo humano de agua potable de varias ciudades fronterizas). Por ejemplo, en el año 2003, se le exigió a México entregarle casi 434 millones de metros cúbicos a EU, so pretexto de que a ese país no le llega mucha agua, a pesar de que los agricultores de Chihuahua y Coahuila estaban teniendo graves problemas de sequía. Y como EU clama que México se sirve también de las aguas del río Colorado y que la parte de agua que le toca a EU del río Bravo es muy poca (razón por la cual se acordó ese tratado), prácticamente ya será cotidiano que se le deban de entregar millones de metros cúbicos de agua del río Bravo cada quinquenio. En el presente año ya se efectuó la entrega de los 434 millones reglamentarios. Sin embargo, la Conagua, el organismo público mexicano encargado de la administración del agua, declaró que eso fue posible gracias a que debido a las lluvias torrenciales que han provocado huracanes y tormentas tropicales, la mayoría de las presas del país, un 78%, estaban llenas totalmente, pero que en general ambas cuencas, tanto la del Bravo, como la del Colorado, han tendido a disminuir bastante su captación de agua, por lo que prevé que en un futuro, tanto Estados Unidos será incapaz de cumplir la entrega de agua del Colorado que le corresponde a México, como dicho país tampoco podrá recibir la cuota del Bravo que nos corresponde entregarle. Eso lo que augura son tiempos de fuertes sequías que llevarán a ambos países a protestas y amenazas, sobre todo de EU, de que o les damos el agua obligatoria o nos sancionarán de alguna manera (es bien sabido que EU para todo sanciona a México o a cualquier país que desde su punto de vista, cuando así le conviene, esté violando ciertas convenciones, pero es experto en violar los tratados binacionales o internacionales evadiendo cualquier responsabilidad cuando es en beneficio de sus intereses, como el incumplimiento de los tratados de Kyoto o del maltrato de los prisioneros árabes que mantiene detenidos ilegalmente en Guantánamo).
También, como mencioné, las crecientes actividades agrícolas y ganaderas, especialmente ahora con el “boom” que está teniendo la siembra de cereales transgénicos, como el maíz de Monsanto o la soya, para fabricar, ¡absurdo!, biocombustibles (en un mundo en donde cada cinco segundos muere un infante por hambre, esto es simplemente infame), requieren sistemas de riego que consumen la mayor parte del agua dulce de que se dispone, casi el 70% del total, porque, además, tales cultivos genéticamente modificados requieren de mucha más agua que los normales. Estados Unidos, con sus masivas operaciones agroindustriales, dedica en promedio alrededor de 1446 metros cúbicos por habitante anualmente a ese rubro, es decir, unos ¡440,666 millones de metros cúbicos al año! En Australia, dos tercios del agua consumida son para la agricultura y la ganadería. Este país, particularmente, representa un caso en donde los intereses comerciales se han impuesto sobre sus condiciones naturales, pues una de sus principales cosechas es la de arroz… ¡o era! Sí, a pesar de ser una región predominantemente desértica, gracias a que antes llovía mucho y todos sus sistemas de presas almacenaban bastante agua, Australia contaba con suficiente líquido para inundar cientos de miles de hectáreas y ser uno de los principales productores de arroz, pues podían obtenerse hasta 10 toneladas de ese demandado cereal por hectárea, lo que significaba una producción anual de hasta 1.2 millones de toneladas. Pero esa artificialidad hidrológica, salta ahora a la luz ante la severa sequía que afecta al país (las tierras están secas, agrietadas, los animales salvajes están muriendo, al igual que inmensas zonas boscosas, amarillas ya por la severa falta de agua), pues en este año se estima que, cuando mucho, se obtendrán unas quince mil toneladas, menos del 2% de la producción normal. Incluso, el precio del trigo en este año ha ascendido a precios récord, debido también a la sustancial disminución de la cosecha australiana de ese otro cereal tan básico. También sucede lo mismo en Israel, país que igualmente está asentado en una zona semidesértica en donde existe agricultura gracias a sistemas de riego e infraestructura hidráulica muy costosa (posee plantas desalinizadoras que tratan el agua de mar, pero a muy altos costos), sin embargo actualmente está siendo afectado por una severa sequía que ya ha durado cuatro años. Es tan dura, que los granjeros de la región se están viendo obligados a podar algunos de sus frutales y a quitarles algunos frutos, con tal de que aquéllos sobrevivan a la resequedad que ni sus raíces más profundas están logrando sortear.
Esos son los costos, pues, de forzar a regiones hidrológicamente poco aptas para la agricultura a serlo, pues ahora, con el cambio climático, se está mostrando su vulnerabilidad a una severa disminución de las lluvias, las cuales tampoco fueron tan abundantes en mejores tiempos.
Por tanto, la menor disponibilidad de agua generada por el cambio climático incidirá en la agricultura, pues regiones que antes eran más o menos aptas para la siembra de alimentos gracias al riego, como sucede en Australia o Israel, terminarán por convertirse en secos lugares debido a que no habrá o no alcanzará el agua para los ciclos de cultivo. Y entonces las sequías, junto a las inundaciones, serán un agravante más que disminuirá la producción y disponibilidad de alimentos.
Por otro lado, el focalizado incremento de la población, especialmente en las gigantescas urbes que el ser humano tiende a formar, también conlleva una altísima necesidad del agua por los millones de personas que se concentran en espacios relativamente pequeños. Por ejemplo, la ciudad de México requiere aproximadamente ¡65 metros cúbicos de agua por segundo! para satisfacer medianamente sus necesidades del vital líquido. Esto representa más de 5.6 millones de metros cúbicos diarios, de los que 67% son para uso de la población, 17% para la industria y 16% para el comercio y los servicios. Pero ni esa impresionante cantidad es suficiente, debido a la citada sobrepoblación y muchas zonas de la ciudad, especialmente las populares, padecen ya permanentemente de la escasez de agua. Y no es ya propia la falta de agua de ciudades de países subdesarrollados, sino que es una situación que tiende a generalizarse hasta en el mundo rico. Por ejemplo, la ciudad de Londres tiene mucha menos agua disponible por habitante que Estambul o la misma ciudad de México. Según expertos, no sólo esa ciudad inglesa, sino todo el sureste de Inglaterra está, per capita, por debajo, incluso, de lo que el Banco Mundial denomina “regiones estresadas” por la falta de agua. En el verano del 2006, Londres fue víctima de la peor sequía habida allí en tres décadas, además de dos inviernos secos continuos, lo que provocó que el gobierno municipal impusiera restricciones para regar prados, llenar albercas y otros usos innecesarios. Tan severa ha sido la falta de agua, que las compañías privadas que surten del líquido, han considerado, incluso, hacer que llueva artificialmente, la transportación por barco de agua de otros sitios o, ¡la locura humana!, remolcar icebergs desde el Ártico. China, con su desorbitado crecimiento industrial y poblacional, es otro buen ejemplo que ilustra la falta de agua, ya que la mayor parte de sus ciudades, sobre todo las de la parte norte del país, como Shijiazhuang, padecen una fuerte escasez de agua, aunada a un brutal, desordenado crecimiento urbano que, como en este caso, está llevando a las autoridades a sobreexplotar los acuíferos locales (éstos son reservas naturales subterráneas de agua dulce), lo que está generando una sustancial disminución en su nivel de agua, el cual disminuye en más de un metro por año. No conformes con eso, los incontenibles chinos, quienes han sacrificado sus recursos naturales en aras de un irracional crecimiento industrial, han contaminado casi todas sus fuentes naturales de agua potable, de tal forma que se calcula que en unos 30 años, cuando mucho, ese país (muy mal tomado como ejemplo de “galopante” crecimiento por el capitalismo salvaje) se quedará sin gota de agua… ¡vaya negro futuro para el país que se considera la siguiente “potencia mundial”! En la ciudad de México incluso ya hay problemas de hundimientos debidos a la sobreexplotación de los acuíferos, que también, como en las ciudades chinas, están empleándose más allá de sus capacidades de recuperación.
Valencia, Madrid, Roma, Los Ángeles, Berlín, Paris, Sydney, Las Vegas, Lisboa, Lima, Buenos Aires, Guatemala, Brasilia… son sólo unos cuantos ejemplos de grandes concentraciones urbanas en donde la carencia de agua hace más difícil la vida para sus habitantes, pues muchos se ven obligados a caminar hasta hidrantes públicos para hacerse de una cubeta de agua o a comprar tambos o pipas de ella, mucho más cara que la prestada por el servicio municipal.
Sin embargo, a pesar de lo dicho, el agua dulce se desperdicia y se contamina. En la ciudad de México el agua potable derrochada asciende al 40%, es decir, 4 de cada diez litros de agua simplemente se pierden por fugas o filtración del sistema de tuberías, muy alta cantidad en un mundo cada vez más sediento. Pero no se crea que esto se deba a que la ciudad de México es una ciudad de un país subdesarrollado, no, pues es algo, digamos, “cotidiano” que haya fugas en los sistemas de distribución del agua en todo el mundo. Por ejemplo, en Londres también un tercio del agua potable se desperdicia a través de su viejo sistema de tuberías, unos 684,000 metros cúbicos diarios, ¡también demasiada agua! Y en todas las ciudades sucede lo mismo. Igual pasa con los sistemas de riego agrícola, pues un tercio del agua se pierde antes de regar las cosechas. El sentido común indicaría que la solución sería, entonces, cambiar las viejas tuberías o contar con sistemas de distribución más eficientes, pero como eso “cuesta mucho dinero”, justificación comúnmente declarada por las empresas privadas o públicas que suministran los sistemas de agua potable o de riego, simplemente el agua se seguirá desperdiciando, con las lamentables consecuencias que eso tendrá y que a la larga, hablando de dinero, saldrán más caras. Se están haciendo algunos intentos para tratar de desperdiciar menos agua, como la incorporación de medidores de agua computarizados que verifiquen mejor la cantidad de agua empleada por los usuarios. Incluso se están colocando sistemas de monitoreo en los canales de riego, como en Australia, con tal de reducir también las filtraciones al mínimo. Pero eso sólo se está haciendo en algunos países, los más ricos y desarrollados, y hasta ahora todos esos métodos están en nivel de estudio o experimental. En el resto del orbe, el agua simplemente se seguirá desperdiciando lo que, como dije, ocasionará que se agoten más rápidamente los recursos con los que se cuenta.
Y también me referí a la contaminación, ya que más del 70% de las fuentes de agua dulce en el mundo tienen algún grado de contaminación, la más severa en países como China, en donde cientos de ríos son ya considerados “no aptos” para al contacto humano. Esto incluso sucede en México. Recientemente, por ejemplo, en el estado de Jalisco, muy cerca de su capital, Guadalajara, un niño cayó al río Santiago, el cual está severamente contaminado con arsénico. Aquél murió, pero no por ahogamiento, sino justamente porque el arsénico del agua que engulló lo envenenó.
Desgraciadamente, a pesar de la gravedad del problema, en casi todos los países la contaminación de los ríos, tanto por las descargas del drenaje doméstico, como por las descargas industriales, las más letales de las dos, pasa a segundo término, siendo de mayor importancia el desarrollo industrial, como en el caso chino que menciono arriba. Allí, cientos de ríos son empleados solamente para desechar en ellos peligrosísimos residuos industriales, que los han convertido en fuentes de envenenamiento en donde ya nada puede habitar en sus cauces. Lo mismo sucede en otro país, Vietnam, en donde varios ríos, severamente contaminados con metales pesados, ácidos y otras muy dañinas sustancias, producto de fábricas, hospitales y el drenaje doméstico, se consideran ya “muertos” por el gobierno de ese país y sus aguas ni siquiera sirven para uso agrícola, pues matarían a las cosechas de inmediato. En Vietnam sucede lo que en China, que en aras de convertirse en un “país desarrollado” para el año 2020, se ha decidido sacrificar también al medio ambiente, en la peregrina idea de que una vez que se logre el desarrollo, habrán de hallarse “soluciones” para librarse de la contaminación. Pero lo que no entienden chinos, vietnamitas, mexicanos, estadounidenses, franceses, alemanes, españoles, hindúes… la nacionalidad que sea, no entienden que gran parte de los problemas que hoy padecemos a causa de la alta contaminación de aire, agua y tierra, de la destrucción del medio ambiente, de la tala inmoderada, de la sobreexplotación, del desperdicio de los recursos, como el agua y muchos más, no son ya reversibles y el costo de no haberlos atendido a tiempo redundará en que el tiempo de existencia de nuestra especie (por cierto, una de las más letales y destructivas que ha existido en este planeta) está contado y no irá más allá de unas cuantas décadas, durante las cuales, la calidad de vida empeorará y agravará los fuertes problemas que ya de por sí estamos teniendo.
Pero mientras haya agua dulce, será, incluso, un gran negocio, como es el caso del agua embotellada. Cuatro son las compañías que más ganancias tienen comercializando agua para beber: Coca-cola, Pepsi-cola, Nestlé y Danone. Estas empresas multiplican por varias veces el costo del agua que venden en relación al precio que la compran. En México, por ejemplo, un metro cúbico de agua cuesta alrededor de diez pesos, justo lo que se cobra por un litro de agua embotellada, del que se obtendrían mil litros, o sea, diez mil pesos, así que podrá entenderse por qué tales empresas tratan de aumentar sus ventas de agua embotellada, que últimamente se han visto mermadas, dado su alto costo, por lo redituable que les resulta el negocio, ya que le es más lucrativo a Coca-cola, por ejemplo, purificar y envasar un litro de agua, que elaborar un litro de su muy publicitado refresco de cola. Y para ello emplean campañas publicitarias en donde se valen tanto de consideraciones de salud, como de supuestas acciones “altruistas”. Así, las campañas para la salud exageran los beneficios que se obtendrían de tomarse dos o más litros de agua diarios (que recientes investigaciones demuestran que una ingesta muy alta de agua al día es perjudicial, pues puede despojar al cuerpo de sales minerales vitales para el metabolismo). En cuanto a las campañas “altruistas”, se publicita ampliamente que por cada litro comprado de agua embotellada de tal o cual compañía, se “donarán” diez litros para un país pobre que tenga problemas de agua, el que generalmente es uno africano, como Etiopía o Ghana o que las zonas marginadas del país en donde se vende tal agua se verán “beneficiadas” con las construcción de obras para potabilización del agua. Sin embargo, recientes estudios muestran que de cada litro vendido, en su equivalente a dólares, sólo se destinan 0.28 fracciones de centavo a las tan cacareadas campañas altruistas. O sea, si un litro se vende, digamos, en dos dólares, ni un centavo se dedica al bienestar de los países pobres y con problemas de agua, del que tanto dicen preocuparse dichas empresas.
En fin, con cada día que pase sin hacer nada por el agua, estamos cada vez más cerca de morirnos todos de sed. Y será un recurso tan peleado que ya hay, por ejemplo, países de regiones desérticas, como los árabes, que han declarado que el único motivo por el cual iniciarían una guerra con su vecino, sería por la disponibilidad de agua dulce. Israel, asentado también en zonas semidesérticas, no se desprende de los territorios palestinos invadidos porque en éstos se encuentra uno de los grandes acuíferos de los que se sirve.
Sí, más que por el petróleo, en el futuro las guerras serán por agua y los países que la posean, dominarán a lo que quede del planeta.
Contacto: studillac@hotmail.com
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