domingo, 13 de abril de 2014

Monsanto arremete de nuevo con caras verduras “orgánicas”



Monsanto arremete de nuevo con caras verduras “orgánicas”
Por Adán Salgado Andrade

En un artículo anterior, me referí a lo lucrativo que es el manejo y procesamiento de alimentos, los que, incluso, desde hace algunos años, se han ido alterado genéticamente con tal de darles características especiales que los hagan más resistentes, dicen sus creadores, por ejemplo, a plagas o a sequías (http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2010/08/la-muy-lucrativa-adictiva-engordante-y_01.html).
Particularmente, la empresa agroestadounidense Monsanto se ha caracterizado por ser la que más ha promovido la modificación genética de los alimentos.
Monsanto fue formada en 1901, por John Francis Queeny, con la inicial finalidad de producir el endulzante llamado sacarina (muy empleado por los diabéticos). Monsanto era el apellido de su esposa, la señora Olga Monsanto. Eran muy buenos tiempos para las empresas químicas, sobre todo porque la avalancha de invenciones que se dio a finales del siglo diecinueve y principios del veinte, demandaba muchos compuestos y bases industriales. Ya en los años 1920’s, Monsanto se había expandido para producir ácido sulfúrico y bifenilo policlorado, PCB, un enfriador empleado en los primeros transformadores y motores eléctricos y que habría de seguirse empleando hasta los años 1980’s, pero se suspendió su uso, al comprobar que era una muy peligrosa sustancia para el medio ambiente, cuyos contaminantes efectos perduran por años (Monsanto, que era la única empresa que lo seguía produciendo en EU, suspendió voluntariamente su fabricación en 1985, debido a su alta peligrosidad).
Luego de esos desatinos (como en muchas otras cosas que ha hecho Monsanto), se puso la empresa a fabricar plásticos y telas sintéticas y en los años 1960’s, fundó una división para producir herbicidas, incluido el defoliante llamado “Agente Naranja”, muy empleado en la guerra contra Vietnam, como arma química para “despejar” (o sea, destruir) las áreas boscosas en donde se escondían los enemigos, con tal de evitar emboscadas, pero también se empleó para destruir sus cosechas, con tal que carecieran de alimentos y lograr su pronta rendición (ya desde la intervención inglesa en Malasia, se empleó ese peligroso herbicida). La otra empresa que lo fabricaba era Dow Chemical, pero era tan tóxico, que no sólo acababa con plantas y árboles, sino que envenenaba y mataba a soldados y civiles. De hecho, sus perniciosos efectos están aún presentes en tierras muy contaminadas por ese mortal químico (desde el 2012, se han llevado a cabo programas conjuntos entre los gobiernos de Vietnam y EU para limpiar miles de hectáreas de tierras aún contaminadas desde la guerra).
En los 1970’s, Monsanto inventó otro herbicida, el Roundup, cuyo elemento activo es el glifosato. Ese herbicida era empleado por los granjeros, con tal de que combatiera las hierbas que crecen entre los cultivos, y lograr, así, que aumentara la producción. Y luego, muy convenientemente, Monsanto, en los 1990’s, comenzó a incursionar en la agricultura, empleando su pasada “experiencia” para elaborar tipos de cultivo que resistieran, ¡háganme favor!, su propio herbicida. Buena receta, inventar un veneno y, luego, el antídoto, con tal de acaparar muerte y vida.        
De allí, surgieron sus cereales frankenfood, caracterizados por alterarlos genéticamente. Consiste el procedimiento en inocular a nivel molecular una característica que haga a una planta resistente, por ejemplo, a una plaga o a sequía o, incluso, que no puedan crecer sus semillas (eso, para, según Monsanto, “proteger sus patentes”, como si a la naturaleza se le pudiera patentar). Así que la falta de ética de Monsanto, como se ve, proviene casi desde su fundación.
Como señalé, la alteración genética iniciada por Monsanto se logró inoculando a nivel molecular características tan absurdas que, por lo mismo, cada vez más y más sus creaciones frankenfood han ido rechazándose en muchos países. Por ejemplo, en el caso de sus cepas de maíz transgénico, como la Cry3Bb1  (llamado Terminator, puesto que sus semillas no germinan, con tal de “proteger” su patente), lleva inoculada una toxina derivada de la bacteria Bacillus thuringiensis, Bt, que, supuestamente, lo hace más resistente a las plagas, además de que “consume menos agua”. Todas esas afirmaciones, se han ido desmintiendo por científicos que han estudiado dicho maíz y han concluido que ni es tan resistente a las plagas, ni consume menos agua, pues, al contario, requiere tal maíz más líquido. La tan presumida resistencia a las plagas, quedó en entredicho, pues la larva de un escarabajo de Estados Unidos, ya se está alimentando de maíz transgénico, como demuestra una reciente investigación  (http://www.zmescience.com/science/biology/bugs-resistance-gmo-corn-25032014/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+zmescience+%28ZME+Science%29).
Que un simple escarabajo haya ya desarrollado resistencia, no sólo a un tipo de maíz transgénico, sino a dos, el Cry3Bb1 y el  mCry3A, demuestra que con la Naturaleza no se puede jugar y, mucho menos, “patentar”, como Monsanto ha pretendido. Ni sus sucias prácticas legaloides de “demandar” a quienes siembren “sin permiso” su soya transgénica o que si sus cultivos se hubieran contaminado con el polen de aquélla y no lo reportaran, como sucedió con un granjero canadiense, evitó que ya, como señalé, un escarabajo se haya vuelto resistente y esté invadiendo las cosechas del maíz transgénico (en la cinta “Food Inc.”, se muestra el duro actuar de Monsanto contra granjeros estadounidenses que vuelven a sembrar la soya transgénica: http://www.youtube.com/watch?v=mrUrQIwOCO4. Ver mi artículo citado).
Además, experimentos recientes, practicados con ratas, a las que se les alimentó con una dieta equivalente a lo que ingeriría una persona, incluyendo maíz transgénico, mostraron que en pocos meses dichas ratas desarrollaron terribles tumores.
A pesar de ello, muchos “científicos” desdeñan tales experimentos, especialmente Monsanto, tildándolos de faltos de seriedad, de ética y de haberlos efectuado bajo prácticas poco confiables (http://www.forbes.com/sites/jonentine/2013/11/29/notorious-seralini-gmo-cancer-rat-study-retracted-ugly-legal-battle-looms/2/).
De todos modos, ello ha redundado mucho en el desprestigio de Monsanto, por lo que últimamente ha pretendido volverse “orgánica”, como veremos.
Busca hacerlo con la manipulación de hortalizas, pero, aseguran sus directivos, de una forma “orgánica”, nada de insertar genes, como hizo con su maíz, sino “natural”. De hecho, intentó hace unos años colocar en el mercado un jitomate modificado genéticamente para que durara más, antes de madurar demasiado. El llamado Flavr Savr fue manipulado para que produjera menos cantidad de una enzima llamada poligalacturonasa, que es la causante de que el jitomate madure demasiado pronto y por eso se debe de cosechar aún verde. Pero con la manipulación hecha por Monsanto, tardaba más en madurar y pudrirse. Y no sólo eso, sino que también se le manipuló su sabor, con tal de hacerlo más “crujiente”. En efecto, el manipulado vegetal sabía más a papa, que a jitomate. Calgene era la división de Monsanto encargada de realizar dicha modificación (era una compañía biogenética independiente que trabajaba justo en la manipulación del jitomate y que Monsanto compró a mediados de los noventas).
Sin embargo, el Flavr Savr no fue aceptado, sobre todo en Europa, en donde se opusieron a sembrar y consumir tal engendro, pues no es posible determinar qué daños pueda ocasionar un vegetal que se haya manipulado para no pudrirse tan pronto. Además, como le costaba muy caro a Monsanto producir dicho jitomate transgénico, no dudó en terminar con el proyecto, así como con Calgene, en el 2001.
Por tanto, Monsanto decidió cambiar de táctica. El ejecutivo encargado de Calgene, el señor David Stark, biólogo molecular, fue reasignado a otro proyecto, que consistió en la “cruza” acelerada mediante máquinas especiales y modelos computarizados de hortalizas, para obtener, así, tipos de tales hortalizas que representaran un óptimo en cuanto a textura, pero, sobre todo, en cuanto a sabor.
Sobre todo en sabor, Monsanto ha pretendido las “mejoras” haciendo más dulces sus creaciones, especialmente las frutas, como señalo más adelante.   
Se trata de cuatro hortalizas: lechuga, cebolla, brócoli y pimientos, y una fruta: melón, pero Monsanto sostiene que los ha mejorado con técnicas “tradicionales”, sin recurrir a la alteración genética, como hizo con el maíz o la soya transgénicos.
Como menciono arriba, mediante máquinas y modelos computarizados, Monsanto selecciona las mejores especies de lo que desea mejorar, ciertas características, tales como consistencia, sabor, textura. Esos fenotipos provienen de genotipos, o sea, los genes responsables de que se generen de la forma deseada. Así, se toman muestras de esas plantas, las mejores, y se insertan en una máquina que puede leer hasta 200 mil de tales muestras por semana. También tiene otra máquina llamada “pulverizador de semillas”, con la que puede analizar el plasma germinal de una planta. Con esas técnicas se identifican las mejores características de una planta, que la harán, digamos, única. Stark dice que es como si se hicieran millones de cruzas e injertos, que, en forma natural, tomaría mil años, pero “gracias” a Monsanto, eso se hace en años. “De hecho, la probabilidad de que una sola planta posea 20 características deseadas, en forma natural, es de una en dos billones”, presume Stark.
Una vez que se obtiene el vegetal con las características deseadas, se pone a prueba, sembrándolo y ya que crece y se cosecha, se hacen degustaciones entre todo tipo de personas, desde granjeros, hasta chefs, con tal de que den su visto bueno o rechazo a la nueva creación.
Y, en efecto, las hortalizas mencionadas antes, han gustado mucho, pues cada una goza de ciertas características que la hacen más atractiva.
Por ejemplo, el brócoli, bautizado como Beneforte, que fue lanzado por primera vez en el otoño del 2010, y está disponible todo el año. Esta cruza contiene tres veces más glucorafanina, compuesto que incrementa los niveles de antioxidantes en el organismo, la cual se obtuvo cruzando brócoli normal con una especie silvestre, única, que crece en el norte de Italia. Se siembra actualmente en Arizona, California y en ¡México! Y justo, éstas son de las novedades de las que se entera uno cuando se hacen investigaciones como la presente, que sólo así se conozca lo que ninguna autoridad del país ha revelado, que ya se siembra ese vegetal en el país. Habrá que preguntarse si el polen del Beneforte puede contaminar al brócoli normal y darle sus características y, de ser así, si Monsanto actuará “legalmente” contra los campesinos que siembran brócoli normal, que no le den aviso, en caso de que sus siembras se llegaran a contaminar, con tal de que ese “preciado vegetal patentado” no se obtenga por otros medios, más que por las semillas vendidas legalmente por Monsanto.
Otro vegetal es un pimiento llamado BellaFina (¡vaya nombre!), el que vio la luz en el otoño del 2011, del que se dispone todo el año. Este pimiento, que, al igual que el Beneforte, asegura Monsanto que es “orgánico”, sin modificación genética (aunque obtenido, como dije, por acelerados métodos computarizados, así que no parecen tan orgánicos), son un tercio en tamaño de un pimiento normal, según para que no se desperdicien tanto y se aprovechen mejor al cocinar (no veo mucha ventaja en ello). Se obtuvo cruzando sucesivamente plantas cada vez más pequeñas. Se cultiva en California, Florida y Carolina del Norte.
Un tercer vegetal “orgánico” muy promovido es una cebolla morada, bautizada como EverMild. Lanzada en el otoño del 2010, está disponible de septiembre a Marzo. Es más suave y dulce que la normal, además de que reduce el lloriqueo de los ojos, asegura Stark. Se obtuvo seleccionando plantas con menores niveles de piruvato, el cual determina el picor y el efecto lacrimoso que ocasiona la cebolla normal (lo cual, no tiene nada de malo, pues, incluso, es un buen antiséptico para los ojos). Se cultiva en la región noroeste de Estados Unidos.
La Frescada, lechuga, es otra de las hortalizas muy presumida por Monsanto, sobre todo por su sabor muy dulzón y por tener una consistencia más crujiente que la normal (Stark dice que, incluso, puede emplearse como botana). También aseguran que dura más (no se pudre tan pronto) y que contiene 146 por ciento más folato y 74 por ciento más vitamina C, lo que la hace “más nutritiva”. Se obtuvo cruzando dos especies de lechuga, la romana y la orejona (en EU le llaman iceberg). Disponible todo el año y se siembra en Arizona (desértico estado, ¿de dónde sacarán tanta agua que se requiere para sembrar hortalizas?) y California.
Y la estrella de todas, es un fruto, el Melorange, variación del melón. Fue lanzado en el invierno del 2011, disponible de diciembre a abril. Su característica es que es 30 por ciento más dulce que un melón normal. Se obtuvo de cruzar cantalupos con melones europeos que contienen un gen responsable del citrón, el cual le da un aroma más frutoso y floral. Según declara Stark, no tiene nada que ver con el melón normal, pues éste “es como si comieras un melón súpercargado”, se jacta. Para él, el melón normal es pasable y ya, pero con el Melorange “¡siempre pedirás más!”. Vaya comparación, pues es como si se comparara una vaca normal, con una vaca Hertford, muy fina.
Pero todo ese pretendido organicismo, tiene su precio. En efecto, esas verduras y la fruta, son más caras. El brócoli injertado cuesta $2.50 dólares el medio kilo, o sea, unos 35 pesos, cuando que el precio del brócoli normal fluctúa alrededor de los cinco pesos. Los pimientos cuestan $1.50 dólares la bolsa con tres, unos 21 pesos, mientras que el kilo de normales cuesta entre ocho y diez pesos, que son unos cinco pimientos normales. El melón cuesta $3.00 dólares cada uno, 42 pesos, cuando que el normal vale unos diez pesos el kilo (me refiero a precios de temporada). La cebolla cuesta $2.00 dólares el medio kilo, 24 pesos, en tanto que la normal cuesta unos cuatro pesos. Por último, la lechuga de Monsanto vale $2.50 dólares el medio kilo, 35 pesos, en tanto que una lechuga normal vale de 5 a 10 pesos. Como se ve, en casi todos los casos, los precios son más de seis veces los de las hortalizas normales. Claro que si Monsanto logra que sus verduras y frutas “orgánicas” se impongan sobre las convencionales, a través de sus monopolistas, tramposas prácticas, sus ganancias se incrementarían aún más, a pesar de ser tan caras, sin esperar que el precio bajara en el futuro, pues de hecho los costos de los alimentos continúan incrementándose, debido a las prácticas monopólicas de Monsanto y otras gigantes agroindustriales, como Cargill, Perdue Farms, Conagra, Tyson, General Foods, entre otras (controlan más del 80% de la producción mundial agroindustrial), además de la escases debida a rendimientos decrecientes de las tierras agrícolas,  y por las sequías y el cambio climático (ver mi artículo:
De todos modos, la venta de esos vegetales, ya le redituó $821 millones de dólares en el 2013, que para una empresa con ingresos anuales por $14,000 millones de dólares, dice Stark, “no está nada mal”.
Y de hecho, ya varias cadenas de supermercados estadounidenses distribuyen sus vegetales. Por lo mismo, planea Monsanto seguir creando más cruzas. Para ello, en el 2005, compró a la empresa Seminis, dedicada a vender plasma germinal en grandes cantidades (justo es con lo que pudo experimentar Monsanto las distintas cruzas de sus vegetales). También posee Monsanto un gran invernadero en las montañas de Guatemala, en donde el aire seco y caliente, permite hasta cuatro cosechas por año, muy bueno para la investigación, asegura. Así mismo, adquirió De Ruiter, una de las empresas más grandes que producen semillas de invernadero. Y en el 2013 compró a la empresa Climate Corporation, compañía que analiza el clima mediante el manejo de millones de datos, y que puede dar informes fidedignos de que tipo de plantas se requieren para que sobrevivan el calentamiento global en determinada región (de hecho, el calentamiento global ya se está volviendo muy lucrativo. Ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/03/el-muy-lucrativo-calentamiento-global.html).
En lo que también insiste Monsanto es en hacer más “sabrosas” sus frutas, sobre todo, más dulces, pues esa es su idea de “mejorar” el sabor. Su filosofía es “logra que la fruta sea más sabrosa y la gente comerá mucho más”. “Eso es bueno para la sociedad y, seamos francos, muy bueno para los negocios”, afirma Stark, jactancioso. Claro, a fin de cuentas, en efecto, se trata de ganar y ganar, aunque se hagan frutas más dulces y, por lo mismo, con más calorías, lo cual no es, precisamente, bueno para la salud. Nadie antes ha manipulado los niveles de azúcar en la forma en que lo está haciendo Monsanto. “No es más que un experimento”, dice al respecto Robert Lustig, endocrinólogo pediatra, y presidente del Instituto para la Nutrición Responsable. “El único resultado que espera Monsanto es el de la ganancia”.
Y por ello, a pesar de que se presente como “muy orgánica”, no abandona Monsanto sus prácticas monopolistas. La compañía impone severas cláusulas para los granjeros que compran sus semillas de hortalizas, igual que hace con su soya o maíz transgénicos, sobre todo la estricta prohibición de que dichos granjeros vuelva a sembrar sus semillas (¡absurda medida!). Aunque hace algunas concesiones, si no se logran las cosechas como se espera que se den, claro, siempre y cuando se haya cumplido con todas las medidas que exige para que se siembren sus vegetales. Todo ello con tal de que los vegetales mencionados, y los que siga produciendo, se vayan reconociendo por los consumidores, confíen en ellos, se acostumbren a comprarlos y ya no los cambien por nada, como dice Stark. “Eso es lo que en realidad deseo, que crezcan y crezcan las ventas”.
En fin, como puede verse, nada es desinteresado dentro del capitalismo salvaje, el que aparentará  dejar de serlo, capitalismo salvaje, con tal de lograr sus lucradores objetivos.

domingo, 9 de marzo de 2014

El muy lucrativo calentamiento global



El muy lucrativo calentamiento global
por Adán Salgado Andrade

Para el capitalismo salvaje no hay ninguna situación que no ofrezca oportunidades de hacer buenos negocios y obtener excelentes ganancias. Por ejemplo, las guerras, a pesar de que supuestos organismos internacionales, tales como la ONU, intentan evitar o, si ya existen, “detener” a como sea, en realidad son la gran oportunidad que las empresas armamentistas requieren para que sus letales productos sean demandados, pues si no hay conflictos bélicos, en primer lugar, no se necesitarían armas y, menos, adquirirlas. En segundo lugar, porque una vez que las armas se adquieren, si no se emplean, su valor de uso, o sea, su utilidad, no se ejerce, y es algo que no conviene a los productores, pues no podrían apreciarse las “cualidades destructivas” de sus ingenios de la muerte. De hecho, se hacen ferias de armas cada año, con tal de que los armeros puedan exhibir sus creaciones para venderlas, incluso, con grandes ofertas y descuentos, sobre todo, las que ya están algo rezagadas, para que den paso a las nuevas y aún más “eficaces”, en cuanto a su letalidad, invenciones. Una de esas ferias de armas, la más importante, es la que se lleva a cabo en los Emiratos Árabes Unidos, en Abu Dhabi, la capital, la mejor conocida como IDEX (International Defence Exhibition and Conference), que llega a extremos tales de hacer exhibiciones de muchas de las armas ofertadas para que los potenciales compradores (representantes militares de varios países), puedan apreciar sus capacidades asesinas (ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2011/12/ferias-de-armas-exhibicion-de-fuerza-de.html).
Pero no sólo en la infame actividad bélica el capitalismo salvaje saca jugo. También los desastres son una excelente manera de hacer negocios, pues, por ejemplo, luego de un terremoto, un maremoto, un tsunami, un huracán, una inundación, un incendio, un tornado… lo que sea que desate generalizada destrucción de una ciudad o enclave urbano, siempre habrá empresas listas para aprovechar los grandes beneficios que la obligada reconstrucción dejará. Incluso, la guerra misma, por la destrucción material que deja, es también muy lucrativa, como sucedió, por ejemplo, luego de la gran destrucción que implicó el término de la segunda guerra mundial, pues ciudades enteras de los países participantes, fueran “aliados” o “enemigos”, debieron reconstruirse de entre las ruinas, así como la capacidad productiva de países como Alemania o Japón, que resultaron severamente afectados por los bombardeos de que fueron objeto tras su derrota (recuérdese que Japón sufrió dos terribles ataques atómicos que destruyeron severamente dos ciudades, Hiroshima y Nagasaki, además de que dejaron secuelas que hasta la fecha siguen afectando a la población, como mutaciones genéticas ocasionadas por la radiación que dejaron dichos ataques).
Justo ese periodo de obligada reconstrucción permitió que Estados Unidos, principal país que con varias de sus empresas la llevó a cabo, viviera un periodo de auge que habría de durar desde finales de los años 40´s y hasta entrados los 60´s, lo que dio lugar al muy vituperado periodo mejor conocido como el American Dream, pues se llegó a niveles de crecimiento económico y bienestar de la mayoría de su población, sobre todo del sector obrero, nunca antes vistos. Casi todo mundo vivía con “grandes comodidades”, gracias a los buenos salarios que obtenían por su trabajo, así que poseían casa propia, uno o dos autos, modernos electrodomésticos, como refrigeradores, televisores, aire acondicionado, lavadoras, lavavajillas… y muchos otros “lujos”, que daban cuenta de su clasemediero nivel de vida, al que se denominó, acordemente, The American Way of Life (y que, ahora que EU vive una franca decadencia, ha sido tema de campaña de cada nuevo candidato presidencial, quienes aún no reconocen o no han caído en la cuenta de que eso ya es un, digamos, “bonito” recuerdo del pasado y ya).
También las enfermedades son motivo de ganancia, y las grandes firmas farmacéuticas compiten unas contra otras para ver quién es la que encontrará una cura contra el cáncer o contra el SIDA o las que ya lo han hecho, como Pfizer, que en su momento ganó miles de millones de dólares con la píldora contra la disfunción eréctil, la Viagra, que le resultó ser de sus fármacos más lucrativos mientras tuvo la exclusividad de la patente, dejándole más de 1700 millones de dólares de ganancia cada año, desde que la lanzó al mercado en 1998 (http://www.theguardian.com/business/2009/nov/16/viagra-pfizer-drug-pill-profit).
Y de hecho, ya que la exclusividad de la patente expiró, los medicamentos similares elaborados por otras empresas son muy lucrativos (tan sólo en México, la venta de medicamentos genéricos contra la disfunción eréctil deja 2200 millones de pesos anuales:
Como decía arriba, los desastres también dejan grandes ganancias, como sucedió con el terremoto de Japón del 2011. Dicho devastador evento dejó grandes zonas urbanas y fabriles totalmente destruidas, sobre todos costeras, que han debido de reconstruirse. Pero también se dañaron plantas nucleares, parcial o totalmente, como el colapso de la planta nucleoeléctrica de Fukushima, y eso mostró los potenciales, graves peligros que implica la generación eléctrica nuclear (de hecho, cada día se hallan evidencias de que aumenta la radioactividad debida a las aguas contaminadas desechadas por la destruida planta: (http://www.argenpress.info/2014/02/japon-aumenta-casi-al-doble-el-nivel-de.html).
Por tal motivo, ese país ha decidido cambiar lo más pronto posible a la generación por gas natural, lo que ha implicado crecientes volúmenes de compras de ese energético, dejando, por tanto, muy grandes beneficios a las compañías que se lo están distribuyendo (ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2011/07/oportunista-capitalismo-salvaje-o-de.html).
Así pues, en consonancia con los problemas, por muy graves que sean, este absurdo sistema, debe no sólo de adaptarse, sino de hallar una lucrativa ventaja.
Y ha llegado el turno, muy convenientemente, del calentamiento global, cada año más agudizado, debido a la sobreindustrialización a la que hemos llegado y a la sociedad del desperdicio, impulsados ambos por el destructivo capitalismo salvaje, el que no parece tener límite en su afán por amasar más y más ganancias, a costa misma de la salud del medio ambiente y de toda la humanidad. De nada sirven las innovaciones tecnológicas si a pesar de que en muchas cosas, como en las computadoras, se ha reducido el tamaño de éstas y aumentado su capacidad. La sobreproducción actual opaca tales ahorros de materiales y energéticos. Como señala el profesor Vaclav Smil, de nada sirven tantos adelantos, mientras el sistema de producción y consumo desmedidos, característicos del capitalismo salvaje, sigan vigentes. Indica que no basta con que la ciencia avance, sino que ello debe de ir acompañado de muy necesarios e impostergables cambios económicos, sociales y políticos (ver mi artículo:
Esa desperdiciadora, destructiva tendencia está generando un desmedido aumento en los niveles de contaminación, algo sin precedentes en la llamada “historia moderna”. Sobre todo, la emisión de los gases efecto invernadero, que son los que al ser arrojados a la atmósfera, actúan como una especie de envoltura que guarda el calor producido por todas las actividades humanas. Tan sólo de bióxido de carbono se arrojan mensualmente 2000 millones de toneladas, o sea, 66.7 millones por día, casi 800 toneladas por segundo. A eso hay que sumarle el calentamiento provocado por la radiación solar, la cual no se logra disipar del todo debido a que esos gases actúan, justamente, como una capa térmica que impide al calor solar disiparse. Todo ello, en efecto, ha ido calentando al planeta y provocado los dañinos problemas que se están ocasionando, tales como el cambio climático, lo que ha generado que los fenómenos meteorológicos que desde siempre han existido, tales como huracanes, tornados, nevadas, sequías, lluvias torrenciales, tifones, el Niño, la Niña… sean cada vez más extremos, causando mayores daños y perjuicios en los lugares en donde se presentan. Por ejemplo, las nevadas que en el 2013 y en este año han azotado a Estados Unidos y Canadá, son consecuencia de que el deshielo del Ártico se está acelerando, lo que está descubriendo las capas de hielo más antiguas, el permahielo
Ese rápido deshielo, combinado con fuertes vientos y vórtices, ha llevado las intensas tormentas de nieve que han dejado zonas enteras de ese país y de Canadá sin servicios como electricidad o gas e, incluso, han ocasionado muertos
En México, los destructivos huracanes que azotaron en el 2013 varios estados, serán ya cosa común y más intensos año con año
Pero como a todo hay que sacarle ventaja, basta ver cómo los grandes almacenes, como Wal-Mart, por ejemplo, aprovechan la desgracia de los damnificados y piden que los clientes compren productos para aquéllos que, dicha empresa, muy “acomedidamente” enviará como “ayuda” (hasta empresas como Telcel, del millonario Carlos Slim, le entraron al “rescate humanitario” de los damnificados, ofreciendo que por cada peso que la gente donara, esa empresa haría lo mismo. Con tantos miles de millones de dólares que posee Slim, podría haber él solo hecho importantes donaciones, pero no es tan “filantrópico”).
Y así está siendo en muchos casos, en que empresas de diversa índole, están viendo en el calentamiento global un muy jugoso negocio, que entre más daños y perjuicios ocasione, más lucrativo será.
En un libro publicado recientemente, Windfall: The Booming Business of Global Warming, el periodista McKenzie Funk analiza, justo, la tendencia a la que me refiero en el presente artículo. Señala que el primer banco en abrir un fondo de inversiones, justamente basado en el cambio climático, es el Deutsche Bank, desde el 2008, mediante la muy oportunista y cínica frase de que “El debate acerca del cambio climático está dando un giro acerca de los costos y riesgos inherentes al de cómo capitalizar acerca de las excitantes oportunidades, ya que una catástrofe ambiental no es, necesariamente, una catástrofe financiera para todo mundo”.
Y argumentos tan brutalmente cínicos e insensibles han ya estado empleándose por decenas de compañías que están viendo con muy buenos ojos que el planeta se caliente día a día y que haya catástrofes ecológicas, las que les redituarán excelentes ganancias.
Al entrevistarse McKenzie con el estratega del clima en jefe de dicho banco, Mark Fulton, éste le comentó sin tapujos que el banco, aunque aún invertía en “energías verdes”, como la solar y la eólica, lo que más le interesaba eran empresas que, justamente, estuvieran ya tratando con el cambio climático. Veolia, una de ellas, una empresa francesa que se anuncia como líder mundial en desalinización y entubamiento de agua marina, que, de acuerdo con Fulton, es el futuro, pues si el agua dulce se está agotando por el calentamiento global, pues se debe, entonces, de aprovechar la abundante agua marina. En la página de la empresa (http://www.veolia.com/en/), se anuncia que sus ingresos en el 2012 fueron de 29400 millones de euros ($40278 millones de dólares, en adelante mdd), lo que da idea de su lucratividad. Opera en 74 países en los cinco continentes, con proyectos particularmente importantes en Omán y en Irak, claro, regiones desérticas en donde el futuro hidráulico debe de ser asegurado como sea. Por supuesto que ni imaginar toda la energía que esa empresa debe de emplear para lograr que el agua de mar sea potable, pues son procesos que, dados los actuales avances, demandan bastante energía, lo que es una especie de círculo vicioso, pues tanta energía contribuye con más gases de efecto invernadero lo que aumentará el calentamiento global. Empresa similar es la china Duoyuan Global Water, que se especializa en equipos para tratamiento y purificación de aguas marinas y residuales y que ha adquirido una gran importancia en China, justamente, país que también se está quedando sin agua, tanto por la afectación climática, como porque al haberse convertido en la maquiladora mundial, tiene enormes consumos industriales de agua, así como de contaminación de la misma (ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2011/01/el-sobrevalorado-y-anarquico.html).
También el Deutsche Bank tiene acciones en empresas agroindustriales, como la nefasta, estadounidense Monsanto, la creadora e impulsora de cultivos genéticamente modificados, como el maíz Terminator (llamado así porque no crece la semilla que dan las mazorcas de la planta ya crecida), el cual ya se siembra en México desde hace años (aunque no se reconozca oficialmente), con el peligro de que las especies nativas, unas 200, de este país,  origen de ese cultivo, sean contaminadas con ese engendro y queden, en el peor de los casos, estériles. Se ha comprobado en experimentos con ratas, que ese maíz produce tumores cancerígenos. También Monsanto produce la soya transgénica Round Up, que ha invadido ya todo Estados Unidos y otros países, como Argentina. Se nota la falta de escrúpulos del Deutsche Bank, a quien no le afecta invertir en esas poco éticas empresas. Evidentemente, su interés es simplemente lucrativo, ya que sus ventas, las de Monsanto, en el 2013 fueron de $14861 mdd. Y la propia Monsanto, preparándose para un caliente futuro, adquirió en el 2013 la empresa Climate Corporation, una compañía que reúne masivamente datos sobre el clima de todo el planeta, con lo cual puede predecir cuáles tendrían que ser las medidas a seguir en determinada región, con tal de sobrevivir el calentamiento global. Así, si en determinadas tierras se necesita un cultivo “especial”, con ciertas características, Monsanto, con sus técnicas transgénicas, no tardaría en ofrecerlo, en exclusiva, y ganaría así mucho dinero.  
Otra empresa similar a Monsanto, por la que se interesa el Deutsche Bank es Syngenta, corporación inglesa también especializada en cultivos transgénicos, como el maíz The Enogen, que, indica su página web (http://www.syngenta.com), “permite una más eficiente producción de etanol” (absurdo, en un mundo hambriento, producir cultivos sólo para producir biocombustibles. Ver mi artículo:
Las ventas de dicha empresa en el 2012 fueron de $142202 mdd. Claro, aparte de las ganancias, al Deutsche Bank le interesan empresas así porque han creado con sus engendros transgénicos, cultivos supuestamente más resistentes a las sequías, que son las que se requerirían en un planeta más caliente y seco. Por ello mismo también invirtió en Viterra, empresa agroindustrial canadiense que produce igualmente transgénicos, y que en el 2013 fue adquirida por la empresa anglo-suiza Glencore Xstrata, megacorporación que comercia materias primas y posee mineras por todo el mundo. Los ingresos de Viterra son del orden de los $2400 mdd anuales, también muy lucrativa por modificar irresponsablemente cultivos, como puede verse.
Otra empresa es Oxitec, la que también se especializa en experimentos biológicos, como mosquitos modificados genéticamente para combatir el dengue o moscas del olivo, también modificadas, para combatir a esa plaga que afecta justo a esa planta. Sin embargo, a finales del año pasado, tanto en Brasil, como en España, se prohibió que esa empresa soltara millones de moscas modificadas, debido a que no pudo asegurar si no habría daños a la salud, ya que, de todos modos, las larvas resultantes de la cruza de las moscas modificadas con las salvajes, quedarían dentro de las plantas, lo que no fue aceptado como medida sanitaria por las autoridades españolas ni brasileñas. Por lo visto, esa irresponsable empresa busca experimentar con sus creaciones, más que realmente combatir a las plagas. Aún así, el Deutsche Bank la tiene en su cartera de inversiones, ya que, como asegura Fulton, en un planeta calentado, las plagas se esparcirán a lugares antes fríos, así que habrá que hallar un modo de combatirlos y qué mejor que con insectos modificados que se deshagan de ellos… que es lo que asegura Oxitec que trata de hacer.
Y también invierte en las empresas Yara y Agrium, fabricantes de fertilizantes. Yara, empresa noruega, tuvo ventas en el 2012 por 84500 mdd y produce amonio, nitratos de todo tipo, nutrientes simples y complejos para plantas, pues en un planeta calentado, cada vez será más difícil obtener ciertos cultivos. Igualmente, Agrium, empresa estadounidense, elabora muchos tipos de fertilizantes, y sus ventas anuales ascienden a casi $12,000 millones de dólares.
Pero también el Deutsche Bank posee acciones en la empresa dragadora holandesa Royal Boskalis, la que había rehecho una isla en las Malvinas que fue destruida por el tsunami del 2004. Fulton le dijo a Funk que de dónde, sino de los holandeses, podían obtenerse buenos consejos para construir diques contra la elevación del mar. Esa empresa, por ejemplo, realizó trabajos de dragado y profunda alteración de una zona costera y de manglares en Cuyutlán, en el estado de Colima, México, en donde se iba a construir una licuificadora de gas natural. Tiene otros proyectos en Polonia, Jamaica, Nigeria, Melbourne, Wisconsin, Rusia, Alemania, Qatar, Argentina y, por supuesto, en Holanda. Todos son grandes puertos que implican profundas alteraciones de los medios ambientes locales y que dan por hecho que los niveles marinos subirán, lo que se toma en cuenta, incluso, en las futuras proyecciones. Los ingresos de Boskalis en el 2012 fueron de $4260 mdd y sus ganancias netas fueron de 343.25 mdd, o sea casi el 25%.
Así es, como puede verse, de todo lo que implique el calentamiento, hasta en la construcción de lo que se ha dado en llamar “defensas contra el agua”, hay que sacar provecho.
Además, todas son empresas que ofrecen muy buenos rendimientos, con una tasa de ganancia del 20% o más, y eso es lo que buscan los inversionistas, que sea lo que sea que desarrollen las compañías en donde invierten, como en este caso, que le saquen provecho al calentamiento global, que dejen buenas ganancias, pues, a fin de cuentas, ese es el leit motif   del capitalismo salvaje.
Pero también Funk se puso a averiguar de otras compañías que, igualmente, están aprovechando el calentamiento global para hacer muy buenos negocios. Por ejemplo, en Londres, el Schroder Global Climate Change Fund invierte en tierras de cultivo rusas, dado que por los inviernos más suaves, son tierras fértiles y baratas, preparándose para cuando haya que sembrarlas o habitarlas. También dicho fondo tiene inversiones en supermercados como Carrefour o Tesco, pues, como el gerente de dicho fondo le dijo a McKenzie, “si por el cambio climático va a bajar la producción de alimentos, la gente tendrá que gastar más en comprarlos, así que los beneficiarios van a ser estas tiendas, por lo que serán muy buenos negocios”.
Como ven, priva el lucro, no la preocupación de que vaya a disminuir la producción de alimentos. Otro inversionista le dijo que había adquirido acciones de reaseguradoras, tales como la alemana Munich Re (ingresos en el 2012: 7395 mdd), la suiza Swiss Re (ingresos en el 2013: 4400 mdd), o las estadounidenses State Farm (primera y más importante aseguradora de EU, con ingresos en el 2011 de $64300 mdd) y Allstate (segunda en importancia, luego de State Farm, con ingresos en el 2011 de $32654 mdd),  pues debido a desastres naturales, tales como huracanes, las primas de los seguros subirán y darán más ganancias, “así que la temporada de huracanes, en realidad es muy positiva para mí, pues obtengo muchas más ganancias”. De nuevo, la codicia priva por sobre las vidas que se pierden por los desastres naturales. Un banquero de Wall Street le contó que estaba haciendo esfuerzos por comprar tierras en Ucrania, de lo que alguna vez, durante la era soviética, fueron granjas colectivas, que ahora son tierras de subsistencia que muchos campesinos prefieren vender por cualquier cosa. “Ahora, basta con que usted llegue con una botella de vodka y algunos costales con grano, para que le vendan, baratísimas, sus tierras de cultivo. Sí, hay que estar preparados para cuando escaseen los alimentos o que los millones de personas que van a ser desplazadas de las costas, busquen nuevos sitios en donde vivir”. Pues vaya con el cínico eficientismo ante los desastres.
A pesar de tantas conferencias sobre el cambio climático, la gerente del F&C Global Climate Opportunities Fund, Sophie Horsfall le confió a McKenzie que “Para nosotros, hay muchas cosas que ver más allá del cambio climático. Tenemos que separar nuestros valores éticos. Tenemos que alejarnos de las consideraciones ambientales. Tenemos que pensar que el cambio climático es una realidad y quizá sea algo difícil de ver, ¿no?”. Pues claro que con lucrativa mentalidad, no es difícil ver que el calentamiento global abre “nuevas oportunidades de inversión”.
Y así, siguen las inescrupulosas empresas, señaladas por McKenzie, que se están sobando las manos con el calentamiento, en todo cuanto genere ganancias.
Firmas financieras como la inglesa Schroders (ingresos en el 2013: $3026 mdd) o la holandesa Summit Global Management, también están disfrutando los “beneficios” de un mundo más cliente, pues otorgan financiamientos para la compra de derechos de agua y compras de tierras para siembra, ya que las frecuentes y largas sequías, así como la escases de alimentos, encarecerán desproporcionadamente todo lo relacionado con la agricultura. Muy seguramente empresas como la estadounidense Cargill, procesadora y acaparadora de alimentos, estará preparándose para el boom que representará comida más escasa y cara.
Como los inviernos serán cada vez más calientes, muchas tierras de países cercanos al Ártico, como Rusia, Canadá o Groenlandia, se beneficiarán también, pues tierras antes cubiertas siempre o casi siempre por hielo, comenzarán a descubrirse y por los cientos de años de permanecer inactivas, serán muy fértiles, a la hora de ser sembradas y producirán los necesarios alimentos. Así, esas naciones y su actividad agroindustrial se verán muy beneficiadas, sobre todo porque serán los nuevos y casi únicos graneros del mundo calentado.
Y también las empresas dedicadas al ocio o los deportes, saldrán beneficiadas, como las que fabrican hielo artificial. Una de ellas es la israelí IDE Technologies (ventas en el 2013: $6273 mdd), empresa cuyo principal giro es la desalinización del agua marina (de hecho, las plantas más granes existentes, han sido construidas y son operadas por esa empresa. Están en Israel, India, EU, China y Australia) y que también fabrica hielo artificial, sobre todo en lugares turísticos. Así, los que gustan del hielo podrían disfrutar de este elemento, no sólo en “invierno” (¿se hablará de invierno en un mundo calentado?), sino todo el año, y no tendrán que temer que el hielo se adelgace y represente un peligro, sobretodo para los esquiadores, pues será “hielo seguro”. Ni imaginar que si eso, la congelación, requiere de mucha energía, en un planeta caliente, será aún mayor la requerida y, claro, mayor el costo, o sea ¡más ganancias! 
Por supuesto que en esta estampida de inescrupulosas empresas deseando el rápido ascenso de la temperatura, no podían faltar las depredadoras energéticas. Así, la angloholandesa Shell (ingresos en el 2013: 451235 mdd) o la británica BP (ésta, la dueña de la “accidentada” plataforma Deep Horizon, que por varios meses del 2010 arrojó millones de barriles de petróleo en las aguas del golfo, frente a las costas de Florida, que es considerado como el peor desastre petrolero en aguas estadounidenses. De hecho, los enormes daños provocados aún persisten y Florida sigue demandando por más de $9000 mil mdd a BP, por todos los daños ocasionados a sus aguas, flora, fauna, manglares, estuarios y todo lo que resulte: http://tbo.com/news/florida-sues-bp-over-oil-spill-environmental-damage-20140306/. Y es una de las empresas a las que la mafia en el poder en México le entregó, en bandeja de plata, las reservas petroleras ultraprofundas del golfo. Podemos imaginar los cuantiosos daños ambientales que también dejarán sus peligrosas operaciones aquí).
Gracias a que el rápido deshielo está descubriendo el Ártico (ambos polos, de hecho), no sólo está reapareciendo tierra firme, la que, como dije, podrá sembrarse, sino que también en sus entrañas, las exploraciones demuestran que hay reservas importantes de petróleo, que ya podrán explotarse. De hecho, la rusa Gazprom tiene ya instalados pozos de extracción del crudo (http://www.argenpress.info/2014/01/en-la-otra-vereda-del-foro-mundial-de.html). Y como todo va encadenándose, las empresas que fabrican barcos rompehielos, también se benefician, pues sus embarcaciones son ya más demandadas, además de que proveen diseños más “efectivos” para surcar las aguas árticas, con más capacidad para romper los hielos remanentes. Uno de esos rompehielos es el Baltika, cuya propietaria es justo Gazprom. El barco es imparable, a decir de la constructora, la finlandesa Aker Arctic, pues puede, incluso, trasladarse lateralmente (aunque, me pregunto, ¿cuál será el giro de la empresa una vez que ya no haya hielo, esos barcos rompehielos, cuál será su uso?).
En fin que, como ya se ha visto, es muy esperado el calentamiento global.
Aunque quizá con ese terrible evento, para nosotros, los simples y pobres mortales, ello atraerá muchísimas funestas consecuencias, quizá muchas no previstas aún. Por ejemplo, plagas, como ciertos mosquitos transmisores de enfermedades como la malaria o el dengue, ya se esparcen más libremente, pues se han ido reduciendo las regiones frías o tan frías que se los impedían. O irán apareciendo insospechadas amenazas, como alguna bacteria o desconocido virus, que mientras permanecieron enterrados, no ofrecieron peligro alguno, pero al descongelarse… de hecho, hace poco se halló un virus gigante que, tras 30 mil años de estar congelado, revivió  (http://periodismoalternativoblog.wordpress.com/2014/03/04/resucitan-un-virus-gigante-tras-pasar-30-000-anos-congelado-en-siberia/).
Por fortuna, sólo ataca amibas, pero algunos expertos señalan que podrían surgir plagas o enfermedades contra las que no estuviéramos preparados y que nos podrían dañar severamente.
Quizá eso también estén esperando las grandes farmacéuticas, cuál será la siguiente gran enfermedad, que provoque una nueva pandemia y que salgan victoriosas con un “milagroso medicamento”.
En todo caso, es un hecho que al calentarse más el planeta, requeriremos aún más energía para seguir “existiendo”. Por ello, ya hasta energías “no convencionales”, como el gas de esquisto, obtenido mediante el muy contaminante y peligroso método del fracking, se están empleando, lo que agravará aún más el calentamiento (ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/05/el-gas-natural-de-esquisto-el-regreso.html. Pero,
además, están dándose accidentes, como pipas o pozos que han estallado y se suponía que no era explosivo ese gas: http://www.post-gazette.com/local/south/2014/02/11/Gas-well-explodes-in-southeastern-Greene-County/stories/201402110126)
Todo ello redundará en el absurdo de ir incrementando exponencialmente el propio calentamiento, pero ¿¡hasta qué nivel!?
Quizá hasta que hirvamos, pues cuando el agua se hierve, se acaba con las plagas.
Sí, eso es lo que quizá necesite este planeta, una hervida global, para acabar con la plaga humana.