domingo, 20 de noviembre de 2016

Activismo, movilización social y represión



Activismo, movilización social y represión
Por Adán Salgado Andrade

En este mundo, cada vez más dominado por los asesinos poderes fácticos gansteriles, cuya única finalidad en su mezquina existencia es enriquecerse, a costa de depredar el planeta y marginar y empobrecer cada vez más y más al 99% de la población mundial, la muy gastada fórmula de “partidos políticos”, tanto los ya existentes, así como los de reciente creación, mientras no se demuestre lo contrario, no funciona más como método de lucha social ante tanta imposición, que tales poderes fácticos tratan de coercionar en todos los ámbitos, mediante ninguna otra justificación más que por la fuerza bruta, pero no por la razón.
En todo el mundo vemos ejemplos de tales imposiciones, como, por citar algunas, cuando se trata de construir un dañino megaproyecto, tal como una megamina, un contaminante pozo de fracking, para la destructiva extracción del gas de esquisto, un antiecológico complejo turístico que destruya manglares y playas, una presa que inunde una población, una carretera por la que se deban de talar miles de árboles, una vía férrea que atraviese una selva… y así, obras que impliquen únicamente la culminación de un excelente negocio para las mafias empresariales y políticas implicadas. Y, claro, la corrupción que ello significa, que brindará tanto ganancias extras a las empresas coludidas, así como sobresueldos para las mafias políticas, es vital para la realización de esas obras depredadoras e impopulares (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2015/12/corrupcion-corporativa-ganancias-y.html).
Tan sólo por citar un caso de movilización social, es el que, en este momento, logró detener un corrupto complejo inmobiliario que pretendía edificarse sobre una fuente natural de agua apta para consumo humano, conocido como “ojo de agua”, en la delegación Coyoacán, cerca de la colonia Santo Domingo, sobre la avenida Aztecas. La prepotente inmobiliaria, apoyada por las corruptas “autoridades” delegacionales, estuvo durante meses tratando de tapar el manantial con concreto y echando al drenaje, millones de litros de agua. Absurdo que en una ciudad tan falta de ese vital líquido, se hagan obras que desaparezcan tan escasas fuentes de agua.
Sin embargo, la conjunta acción de vecinos del lugar, ha logrado que dicho proyecto se detenga, a pesar de que han enfrentado fuerte represión de las mafias delegacionales corruptas, arrestos, falsas acusaciones de secuestros y otras sucias triquiñuelas para desacreditar el movimiento (ver: http://www.jornada.unam.mx/2016/09/01/capital/035n3cap y http://regeneracion.mx/vecinos-de-coyoacan-denuncian-desperdicio-de-agua-por-construccion-inmobiliaria/).
A continuación, relataré un movimiento en el cual, yo mismo he formado parte del activismo y la movilización social.
Resulta que en un área verde, ubicada sobre el camellón de la avenida Ignacio Zaragoza, la corrupta SACMEX (Sistema de aguas de la ciudad de México), empresa privada, disfrazada de “pública”, a inicios de agosto del presente año, 2016, pretendió construir arbitrariamente una supuesta obra hidráulica (cárcamo de bombeo) que, según los nefastos directivos, tenía como finalidad desalojar aguas pluviales de las colonias Federal, ésta, cercana al metro Gómez Farías, de la línea uno, Aviación Civil, Cuatro Árboles y Arenal, excepto la colonia Valentín Gómez Farías, directamente afectada por dicha muy cuestionable megaobra. El “terreno”, pretendieron demostrar, mediante un “documento”, había sido “donado” por la delegación Venustiano Carranza. Absurdo, pues, como señalé, un área verde, bien común, no puede considerarse como un “terreno”.
Un día, sin consultarnos en absoluto a los vecinos de la mencionada colonia Valentín Gómez Farías, trabajadores de la constructora SIAP – la que, curiosamente, ejecuta la mayoría de las obras de SACMEX –  comenzaron a cercar una extensión del área verde de unos cien metros de largo, por cincuenta de ancho. Todos los árboles que estaban dentro de dicha área, fueron marcados para ser talados, como parte de la ilegal construcción. Y es habitual que en muchas de las obras en que ha participado SIAP, se talen cientos de árboles. De hecho, en la corrupta administración de la mafia mancerista, se han talado más de nueve mil árboles (ver: http://www.m-x.com.mx/2016-02-16/denuncian-la-tala-de-miles-de-arboles-en-la-ciudad-de-mexico-durante-la-administracion-de-mancera/).
Por toda “información”, la tal constructora sólo proporciona una página de Internet, en la cual refiere los proyectos que realiza, hidráulicos, entre otros, y que sus principales clientes son, justamente, SACMEX, la Policía Federal, el Tribunal Agrario, la delegación Miguel Hidalgo, La Secretaría de Salud, el DIF (Desarrollo integral de la familia) y el gobierno de la ciudad de México. Así que, como se ve, ya está muy bien apuntalada en obras públicas. Como dije, la página que proporciona no da mayor información y se apoya en la plataforma Prezi, (prezi.com) con un formato preestablecido (ver: https://prezi.com/irx53nuaesgr/presentacion-siap/).   
Llama la atención que para todo lo que supuestamente realiza tal “empresa”, no cuente con una página adecuada y profesional y lo que muestra es mediante un formato preestablecido. Desde allí, ya se presta a muchas dudas su desempeño.
De inmediato, quienes percibimos tal intentona, empleamos las redes sociales, además de realizar un primer escrito, en el que expusimos, en primer lugar, nuestra oposición a cualquier obra que implicara talar árboles y, en seguida, que se nos explicara qué era lo que se pretendía construir.
Entre rumores previos y falsa información, nada estaba claro, así que convocamos a una primera asamblea con los colonos y las “autoridades” correspondientes, tanto delegacionales, así como del SACMEX. Como es costumbre, nunca se nos habló claramente, siempre empleando engorrosos y mentirosos tecnicismos. Pero, al final, nos quedó claro que la obra, una supuesta planta de bombeo para aguas sanitarias, no se justificaba y, mucho menos, que para realizarla se requiriera un ecocidio. Emplearon tan nefastos “funcionarios”, como pretexto, encharcamientos que suelen hacerse sólo en época de lluvias, sobre avenida Hangares, cerca del metro del mismo nombre, pero sólo las muy intensas, que son poco frecuentes y no justifican una obra de la magnitud que se nos presentó. Al final de esa primera reunión, “alabando” nuestra conciencia ecológica (dicho en tono irónico), se nos aseguró que ningún árbol se cortaría y que sólo se emplearía un pequeño espacio a un lado de la lumbrera para guardar las máquinas. También se nos dijo que serían éstas hechas con “moderna maquinaria” como un “escudo”, para hacer túneles subterráneos, la que trabajaría bajo la tierra, sin necesidad de realizar enormes excavaciones.
Todo lo referido no concordaba con lo que previamente pudimos averiguar al haber conversado con el residente de la obra, quien tiene sus oficinas dentro de las instalaciones de una lumbrera del drenaje profundo, ubicada muy cerca del metro Puerto Aéreo. Esta persona nos mostró varios planos, y nos dijo que la obra era sólo una “primera etapa”, y que, por desgracia, sí se requería talar árboles (lo dijo como si se tratara de tirar botes de basura, con fingida preocupación). Era claro que los citados “funcionarios” nos mentían y que no se trataba de una pequeña obra, ni que ocuparía “poco espacio”.
Al investigar más por nuestra cuenta, pudimos averiguar que en los terrenos que quedarán cuando el actual aeropuerto deje de funcionar, se tiene contemplado construir megaobras como plazas comerciales de lujo, costosos condominios y otros elitistas desarrollos. Claro, complejos así, requerirían infraestructura urbana especial, como obras de agua y, sobre todo, drenaje. Así que no sería casual que la proyectada obra se haga anticipando toda la andanada de servicios que requeriría el “Nuevo Santa Fe”, como se ha dado en llamar lo que se hará allí (algunos vecinos se han enterado de que empresarios chinos ofrecen a cualquier persona que venda su casa tres millones de pesos, esté como esté, la tiran, y construyen un hacinado edificio de departamentos, lo que ha ido poblando más y más a estas colonias, y ha deteriorado la calidad de los servicios, como el abasto de agua).
Por cierto, que hablando del “nuevo aeropuerto”, se impondrá en un área ecológica y de terrenos de arcillas compresibles, en donde no debería realizarse una obra de tal magnitud, justamente en tierras ejidales de San Salvador Atenco, poblado que en el 2006 peleó férreamente por evitar tal imposición (los lideres, como Ignacio del Valle, pasaron varios años en la cárcel), pero la represión fue brutal, dejando muertos, heridos y mujeres violadas por “policías”. Eso sucedió cuando el nefasto pelele Enrique Peña Nieto era gobernador del estado de México. Y, miren, no tenemos memoria histórica, pues actualmente es “presidente” de este depredado país. Y se salió con la suya, pues al final, ese corrupto, costoso aeropuerto se va a imponer allí, a pesar de tanta advertencia de expertos, ambientalistas, ONG’s y protestas ciudadanas, de que será una obra fallida, que responde a millonarios intereses de ávidas empresas depredadoras y mafiosos “políticos” (ver: http://horizontal.mx/el-nuevo-aeropuerto-internacional-de-la-ciudad-de-mexico-manifestacion-de-cinismo-ambiental/).
Regresando al tema en cuestión, no es difícil correlacionar ese tipo de hechos entre sí, por lo que bien pudieran tanto la mafia federal, como la local, estar en contubernio para dotar anticipadamente de las necesarias obras que tal megadesarrollo urbano requeriría, pero que se trata de ocultar como una obra de alcance local.
Los argumentos que los colonos empleamos para evitar su ejecución han sido, sobre todo, que la falta de mantenimiento, como el desazolve de coladeras bastaría para evitar los encharcamientos, que no inundaciones. También argumentamos que si se trata de evitar dichas inundaciones o encharcamientos, debe de recurrirse a las llamadas obras verdes, aquellas que contemplan soluciones ecológicas, tales como el respeto de las áreas verdes, pues son importantes obras de absorción de agua pluvial, lo que, además, lleva a la recarga de los mantos acuíferos, sobre los que descansa esta megalópolis, y cuya sobreexplotación la está llevando a hundirse. Los daños por hundimiento ya se presentan en sitios como Iztapalapa, en donde, por si fuera poco, la irresponsable perforación de pozos ultraprofundos para extraer agua, ha llevado al surgimiento de agrietamientos y socavones que han dañado cientos de casas y ocasionado daños materiales, como vehículos que caen en tales enormes oquedades (ver: http://subversiones.org/archivos/111558).
Otra solución verde, sería dotar a las casas, con financiamiento público, de cisternas que captaran agua de lluvia. Si dichas cisternas almacenaran dos metros cúbicos por hogar, en una zona en donde hubieran, supongamos, tres mil casas, se captarían seis mil metros cúbicos de agua, la que no iría a parar al alcantarillado, mitigando la posibilidad de inundaciones. El agua captada, con un mínimo tratamiento, como cloración, podría emplearse para usos cotidianos, como lavado de ropa o aseo del hogar. Pero como son alternativas que no dejan mucha ganancia, no se proponen y se prefieren las costosas obras “grises”, como drenaje tradicional, plantas de bombeo de aguas negras, drenaje profundo… que no solucionan los problemas de raíz, sino que sólo son formas de paliar el creciente problema de las inundaciones que llegan a ocasionar las llamadas “lluvias atípicas”.
También decidimos emplear como argumento que la obra estaba muy cerca del túnel del Sistema de Transporte Colectivo (STC), Metro, y que podría dañarlo. Para ello, hicimos una cita con el subdirector de obras del Metro, el ingeniero Manuel Galindo, quien, cuando se le contactó inicialmente, dijo no estar enterado del proyecto. Una semana más tarde, al darnos audiencia, casualmente ya estaba “enterado” de la obra, justificando que por tantos papeles que maneja a diario, no la “recordaba”. Tras varios rodeos y redundantes “explicaciones” de por qué era necesaria la supuesta planta de tratamiento, afirmó que, en efecto, el STC había pedido tal obra, pues en ocasiones de lluvias “atípicas” se inundaba la estación Hangares de la línea Cinco. A pesar de ello, no nos convenció que tras su inicial desconocimiento de la obra, tan solo en una semana ya estaba “muy al tanto” de la misma y de varios detalles que, muy seguramente, los mafiosos funcionarios de SACMEX los pusieron al tanto.
Lo que simplemente comprobamos en esa reunión, fue el contubernio existente entre todas las dependencias implicadas, pues todas se “lavan las manos”, incluyendo la delegación Venustiano Carranza, cuyo jefe delegacional, Israel Moreno Rivera, en ningún momento del activismo que hemos sostenido, ha tenido la cortesía de presentarse en las reuniones para “aclarar” de qué se trata la sospechosa obra y cuál es la verdadera finalidad. Sus enviados sólo dijeron contradictoriamente, que la delegación “no estaba enterada”. Eso fue una mentira, por supuesto, pues en uno de los “documentos” mostrados por SACMEX, se estipulaba que la obra iba a ser construida en un “terreno donado por la delegación”, refiriéndose a la citada área verde, la que no puede tratarse como un “terreno”, pues al ser eso, área verde, no se le puede dar un uso de suelo distinto, tanto por su valor ambiental, como social, por ser un área de convivencia vecinal.
Otro oficio dirigido a la Procuraduría Ambiental y del Reordenamiento Territorial del DF (PAOT), tampoco rindió resultados, pues igualmente se deslindan de la obra y lo único que responden es que en el caso de “obras públicas” no se requiere evaluación del impacto ambiental, ni el permiso correspondiente. Como se ve, leguleyos argumentos, que sólo van destinados a justificar, mediante una tramposa “legalidad”, proyectos destructivos.
Sin embargo, esto se menciona para que conste que se han empleado todos los medios legales a nuestra disposición, sin contravenir, ni realizar ningún tipo de violencia por nuestra parte contra la obra o sus trabajadores.
Adicional a la defensa del sitio en contra de la obra, es que los vecinos cuentan con un resolución del 2006 en el que la entonces diputada Ruth Zavaleta declara como corredor ecológico el área verde comprendida entre la estación Puerto Aéreo y hasta la Zaragoza, del Metro, así que ningún tipo de obra que busque alterarla y, mucho menos, talar árboles, está permitida. El citado acuerdo está contenido en la gaceta oficial de junio de ese año.
Por unos días, la obra, aparentemente se suspendió, al parecer por la reducción presupuestal de casi 70%, por los recortes que la mafia federal realizará el año entrante, debido a la brutal crisis económica por la que pasamos – no sólo en el país, sino en todo el mundo, merced a los desequilibrios y contradicciones del capitalismo salvaje –, y que ha disminuido recursos en muchos sectores, vitales la mayoría, como la salud, educación, cultura, seguridad social o inversiones públicas (ver: http://www.lacapitalmx.com/trafico/reduccion-presupuesto-metro-linea).
Pero, como siempre, las mafias actúan sigilosamente y en la noche del jueves 3 de noviembre del presente 2016, la constructora, apoyada por 800 granaderos, comenzó a cercar con láminas el sitio de la impuesta construcción, aunque no en el área verde inicial, sino más adelante, en una zona baldía que sólo tiene algunos árboles en las orillas, los que, supuestamente, se respetarán. Los uniformados, haciendo uso de su habitual brutalidad, golpearon a varios colonos, un niño y una mujer de la tercera edad entre ellos, y nos coparon a muchos, arguyendo que ya había sido “dañada” propiedad privada. Esto, porque algunos vecinos, en su intento por evitar tal imposición, tiraron algunas de las láminas que estaban rodeando el área que ya se está interviniendo. Los cargos tan arbitrarios que se estaban haciendo eran los típicos, “daños en propiedad ajena”, que son los únicos que esgrimen esos mafiosos “representantes de la ley”, en contubernio, claro, con los mafiosos grupos que se han adueñado de esta ciudad. Por fortuna, ante los contundentes hechos de que en todo momento hemos actuado con la legalidad, nos dejaron en libertad. De no haberlo logrado, habríamos justificado ilegales arrestos de varios de nosotros. Y la “libertad” habría costado pagar un fianza de cinco cincuenta mil pesos de cada uno de los encarcelados, que es otro muy buen negocio al que las mafias recurren para extorsionarnos aun más.
No queda claro que se construirá en el sitio, y ya varios vecinos han dado cuenta de que el hedor a drenaje ha comenzado a sentirse en el sitio, así como vibraciones que pueden escucharse por las noches. Hasta donde se sabe, han iniciado profundas perforaciones, además de que amenazan con suspender por un mes el agua potable. Las juntas vecinales analizando las acciones a seguir continúan.
Quizá algunos errores organizacionales entre los vecinos, llevaron a ese, hasta cierto punto, desafortunado desenlace, como desconfianza hacia algunos activistas, sobre todo, eso sí, a que en cierto momento hubo infiltrados de la delegación, y no se supo distinguirlos de los que éramos auténticos.
Y aunque algunos abogados de MORENA (Movimiento regeneración nacional) se han ofrecido a auxiliar en trámites y candados legales que puedan detener la obra, queda claro que sólo la acción social unificada, empleando en todo momento la poca legalidad favorable de que se pueda echar mano (como la Ley de Participación Ciudadana, que, por desgracia, no sirvió de mucho), es la única forma de oponerse a estas corruptas intentonas.
Ya hay frentes sociales en varios estados del país que luchan contra problemas similares, los cuales ponen en riesgo su patrimonio, el medio ambiente que los rodea y, sobre todo, su salud (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2015/07/sociedad-y-depredacion-ambiental.html). 
En la relatoría que hice de esos oprobiosos hechos, que se entregó a varios medios informativos y abogados de organizaciones, señalé como responsables directamente de cualquier daño físico contra algún activista o colono a Ramón Aguirre, director de la SACMEX, al actual delegado de Venustiano Carranza, Israel Moreno Rivera, así como al cuerpo de granaderos, a Miguel Ángel Mancera y contra quien resulte implicado también.
Y en el presente análisis, lo vuelvo a reiterar.

Contacto: studillac@hotmail.com  

   







martes, 11 de octubre de 2016

Conversando con un guardia de seguridad privada



Conversando con un guardia de seguridad privada
Por Adán Salgado Andrade

La inseguridad en este golpeado, saqueado país, es ya una constante, debida al empobrecimiento y la descomposición social que el capitalismo salvaje, en contubernio con la corrupción de los poderes fácticos ejercidos por mafias empresariales y políticas, está ocasionando y agravando aceleradamente.
Es obvio que, como en todo, tal inseguridad es un excelente negocio para muchas empresas, que se benefician del crecimiento de dicha inseguridad, tales como aquéllas llamadas de “seguridad privada”, las que se encargan de realizar todos esos trabajos que tengan que ver, por ejemplo, con el transporte de valores o la vigilancia de oficinas, fábricas o unidades habitacionales.
Justamente sostengo una conversación con un guardia de seguridad que se encarga de la vigilancia de una de las nuevas unidades habitacionales que se están desarrollando anárquica y rápidamente en el estado de Morelos, en donde tanto las corruptas mafias en el poder locales, conjuntamente con corruptas inmobiliarias, están saturando con ese tipo de desarrollos, lo que está poniendo en serios problemas la sustentabilidad y recursos de dicho estado (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2016/03/corrupcion-inmobiliaria-y-municipal.html).
En verdad sorprende que en pleno siglo 21, con tantos supuestos “avances”, aun se den injusticias laborales, como la que referiré.
Tomás es un guardia de la compañía Sepocentrro, encargado de vigilar uno de tantos cuestionables desarrollos habitacionales, no importa el nombre.
“Mire, yo quiero enviar una carta al congreso de la unión, porque las garantías constitucionales que tenemos todos los ciudadanos, a nosotros no se nos respetan, de verdad, no tenemos prestaciones, no nos dan seguro las corporaciones… ¡nada!”, declara, enfático.
Y comienza a platicar de sus desventuras como guardia. “Yo, aquí, en el fraccionamiento, lo que hago es vigilar que se cumpla el reglamento y si dice que la alberca se debe de usar de las nueve de la mañana a las nueve y media de la noche, pues es lo que le pido a la gente que respete. A veces, hay personas que están usando la alberca en la noche. Ya si veo que se están comportando, pues les doy chance de otros veinte minutos, ¿no?, pero cuando se les acaba, les pido que se salgan. Pero si veo que están echando relajo y tomando, ni les doy chance y les digo que se salgan y si se me ponen necios, les digo que voy a llamar a la policía… ¡y lo hago... sí! La otra vez, un ejemplo, unos muchachos no se querían salir y que me empiezan a decir, así, con malas palabras que no, que yo quién era, y que me empiezan a amenazar con botellas, y entonces, que llamo a la policía y que entran por ellos y con golpes se los llevaron a la cárcel”. Le digo que está bien, que, por desgracia, a veces es como la gente, demasiada, entiende, mediante la fuerza bruta. “Aquí, de 156 casas… tengo diez reportes, sólo porque me gusta aplicar el reglamento… pues ni modo, no porque me reporten, no voy a cumplir con el reglamento, ¿no?”, agrega, pensativo, quizá temiendo cómo le puedan afectar esos reportes.
Platica las miserables condiciones en cómo las “corporaciones”, refiriéndose a las empresas de seguridad, los tratan. “Fíjese, aquí no nos dan hora de comida, no. Usted se está echando un taco mientras está entrando la gente al fraccionamiento. Está comiendo, y si alguien va a entrar, pues tiene que dejar su plato y atenderlo, y así, porque ni eso nos dan”, se queja. Le pregunto que cuál es su salario. “Gano mil novecientos”, responde. “¿A la semana?”, vuelvo a preguntar. “¡No, cómo cree, a la quincena! Pero, fíjese, Sepocentro le cobra al fraccionamiento ocho mil pesos mensuales por cada uno de nosotros y sólo nos paga tres mil ochocientos pesos, ni la mitad. Y es todo, no tenemos prestaciones de nada, ni horas extras, ni nada. El horario es de veinticuatro por veinticuatro y, un ejemplo, si viene supervisión y lo agarran durmiendo, pues lo reportan y ya le descuentan ¡doscientos pesos, imagínese, para la miseria que uno gana, y todavía que le descuenten, es una injusticia!”, dice en tono reclamante. ”Y si se enferma o le pasa algo, la corporación le hace que firme su renuncia. Fíjese, hace como dos semanas, a unos compañeros que trabajaban en San Carlos, por andar sacando a unos muchachos que estaban drogándose y tomando, les pusieron una golpiza que los dejaron agonizando, en serio. Y la corporación, en lugar de llevarlos al hospital y pagar sus curaciones, no, lo que hizo fue obligarlos a firmar su renuncia, sí… ¡le digo que no nos dan nada!”. Realmente, de no creerse lo que cuenta Tomás, que no sólo se les explote, sino que la empresa no se haga responsable de los problemas que pudieran surgir al ser agredidos sus empleados, y sólo los obligue a renunciar, como a cosas que ya no sirvan. A ese grado de deshumanización y mezquindad hemos llegado, cortesía del inhumano capitalismo salvaje. “Otra vez, hace como dos años, estaba trabajando en Cocoyoc. Una noche, se me hizo fácil subir una barda por un tubo, para descolgar una manta. No me di cuenta que el tubo estaba suelto y ¡que voy para abajo! Y que me lastimo la columna, no me podía levantar. Eso fue como a las tres de la mañana, y ahí me tiene, grite y grite, pidiendo ayuda, ¿no? Pero como no había nadie, pues nada más yo estaba en el turno nocturno, fíjese que hasta que llegaron los compañeros de en la mañana, que ya me ayudaron y, luego, luego, que llega la supervisión y que le digo a mi jefe lo que había pasado y que me dice que no era su culpa, que eran los riesgos de la chamba, y que me obliga a firmar mi renuncia, así, como si nada, ¡nomás para que vea como son esos reee…canijos!”, exclama, enfatizando lo de recanijos. Quizá la palabra que hubiera querido emplear Tomás haya sido recabrones, pero debe de haberse contenido de decirla por respeto a sus incrédulos escuchas.
“¿¡Entonces, así, nomás, con la mano en la cintura, lo hicieron renunciar!?”, lo cuestiono. “¡Sí, así, nada más, ni me llevaron al hospital, ni nada, y me dijo que ni reclamara, porque eran las cláusulas que venían en el contrato, que en caso de accidente, no se hacían responsables y debíamos de renunciar!, ¿cómo la ve?”. Pues tiene razón en quererse quejar Tomás, quien a sus cincuenta años que declara tener, ya no puede conseguir trabajo tan fácilmente en cualquier lugar. “Yo, en esto tengo como cuatro años, pero por pura necesidad. Yo le sé manejar desde una moto hasta un tráiler. Yo soy de Puebla, pero trabajé muchos años en el distrito (federal), en una empresa de transportes. Se llamaba Autotransportes del Sureste. Esa empresa le trabajaba a la CFE (Comisión Federal de Electricidad). Le transportábamos todo, postes, cables, transformadores. A todos los choferes nos iba muy bien, ganábamos nuestro buen dinero, pero, no sé por qué, la empresa quebró, a lo mejor porque el patrón no se sabía administrar, y que la embarga (la secretaría de) Hacienda. Y todo le recogió, camiones, equipo, todo, y nos quedamos sin trabajo todos. Ya, luego, mi yerno, que me dice que me viniera para Oaxtepec, que aquí había trabajo de chofer… ¡Ay, no, error, error!... Me vine a trabajar a una empresa que se llamaba transportes Castillo. Y que dije, ‘pues ya la hice aquí’, ¿no?, no me iba tan mal, estaba ganando bien, pero ¡que se viene lo de la influenza, por a’i del dos mil… del dos mil… ¡no recuerdo!”… “Del dos mil nueve”, intervengo. “¡Ah… sí, sí… ándele, sí, dos mil nueve, y todo se vino para abajo, nos cancelaron los pedidos, porque muchos iban para el norte, así que la empresa nos despidió a muchos… y otra vez que me quedo sin trabajo! Y así estuve, sin trabajar varios meses, y ya se me estaban acabando mis ahorros. Entonces, que un amigo me dice que si no quería trabajar como guardia de seguridad. Pues ya, en esos casos, sin trabajo, lo que sea es bueno, ¿no? Y que le digo que sí, que trabajaría de lo que fuera. Y esa misma noche, que me contratan en la corporación, porque les urgía un relevo para un elemento que se había, accidentado, fíjese, y que lo hicieron renunciar. Así que yo lo sustituí”, dice, con cierto remordimiento, quizá por la acción. Pero, reflexiono, ¿qué le quedaba? Y ahora, Tomás mismo está sufriendo los inhumanos, retrógradas tratos que, al haber ingresado allí, debe de aceptar sin reclamaciones porque viene en las “cláusulas”. Cualquier parecido con la época porfirista, no es coincidencia, pues este saqueado, dominado país, controlado por sucesivos, mafiosos poderes fácticos durante décadas, va en fuerte retroceso y la comparación con la cerrada dictadura porfirista no es lejana, cuando el país fue saqueado por empresas y latifundistas extranjeros, cuando las condiciones de miles de campesinos y trabajadores eran paupérrimas, cuando la ley que privaba era la de la ley fuga (asesinar por la espalda a cualquiera que fuera non grato al dictador), la de “¡Mátenlos en caliente!”, a todo aquél que osara rebelarse…   
Sí, estamos en una regresión histórica, en la cual, la expropiación petrolera realizada por Lázaro Cárdenas, ya no tiene sentido, la “independencia”, no significa nada, ante el control neocolonial, ejercido sobre todo por Estados Unidos (EU), la así llamada “Revolución”, por la que un millón de personas murieron, no es más que un hecho histórico, las conquistas obreras han sido pulverizadas por una imposición laboral que sólo favorece a las empresas, los campesinos cada vez están peor, sobreviviendo millones mediante meras limosnas, sin que la mafia en el poder implemente un verdadero apoyo al campo que mejore sus condiciones y que, sobre todo, disminuyera nuestra creciente dependencia alimentaria de importaciones, también muchas de EU, como el maíz transgénico – vergonzoso esto, siendo que México es el país originario de ese cereal, considerado como sagrado por nuestras antiguas culturas nativas.
Repito, al escuchar a Tomás, no puede dejar de pensarse en aquel libro que escribiera en su momento el periodista estadounidense John Kenneth Turner (1879-1948), “México Bárbaro”, en el cual describía, perfectamente, las condiciones de los trabajadores mexicanos, muchos de ellos enganchados por “deudas” o esclavizados, como aún sucede actualmente. Niños campesinos esclavizados, obreras de maquiladoras que laboran en condiciones insalubres, hasta diez horas o más al día, leoninos créditos con tarjetas de crédito o con tiendas “departamentales”, que nos endeudan (enganchan) por muchos años o por toda la vida, como las deudas con que las tiendas de raya enganchaban a los trabajadores semiesclavos. Sí, seguimos esclavizados, sufriendo explotación y tratos indignos, como los que escucho en ese momento.
“Y, fíjese, tenemos que pagar por el equipo, que las botas, las lámparas, los uniformes, las gorras… que si nos tenemos que poner de gala, pues también tenemos que tener saco, corbata, camisa… ¡nada nos dan, pero sí nos exigen todo! Y para pagarnos… ¡viera cómo la hacen cansada! Los compañeros que están trabajando, se deben de esperar hasta las cuatro de la tarde para que les paguen. Fíjese, entran desde las siete de la mañana del día anterior y se deben de esperar hasta el otro día, a las cuatro de la tarde, para que les paguen. Y como nada más traen comida para el día que les toca, y ni cenan, pues allí tienen que estar, pasando hambre, para que les paguen. Yo, como ya sé eso, me traigo comida suficiente, para comer y cenar y hasta desayunar y comer algo al otro día que nos pagan, pero la mayoría, no, y como no podemos salir para comer, pues se tienen que aguantar el hambre o encargar unas papas o algo a los que estamos francos (los que no trabajan ese día) de la tienda… y es un gasto adicional, para lo poco que ganamos. Yo mejor me quiero cambiar de trabajo. Incluso, fui a hacer mi examen a Estrella Roja, como chofer de autobuses, pasé los exámenes y todo, pero, como ya tengo cincuenta años, me dijeron que ya no podían contratarme, que porque ya estaba grande para ese trabajo, a pesar de que yo todavía me siento con muchas ganas… ya ni eso puede uno hacer, que por la edad, ¿cómo ve?… Por eso, le repito, que yo quiero mandar una carta al congreso o al presidente, para informarles de todo esto, y que nos respeten las corporaciones nuestras garantías constitucionales, porque no podemos seguir así, no, es inhumano esto que nos hacen!”, exclama, finalmente. Me despido de él, prometiéndole que escribiré un artículo exponiendo todo lo que me acaba de platicar.
Espero que quien lea esto, sepa, si lo desconoce, de las grandes injusticias que existen en este depredado, explotado país, en donde, como ya he dicho antes, la única “ley” imperante es la del dinero y de los materialistas intereses de los gánsteres que nos controlan.
Y que, como Tomás, millones de trabajadores sufren indignos tratos, falta de prestaciones y sueldos de hambre que ni siquiera les permiten sobrevivir, sin que tengan que realizar, forzosamente, otra actividad con la cual completen, por lo menos, una magra dieta, pues dejaremos de comprar ropa, muebles, zapatos… pero no podemos dejar de comer.
Sí, a eso se nos ha reducido, a que nuestros magros sueldos, lo más que nos permitan, sea malcomer.
Ese es el “bienestar” tantas veces prometido por las sucesivas mafias en el poder. Lindo “bienestar”.



Contacto: studillac@hotmail.com