domingo, 22 de junio de 2014

La neoconquista española



La neoconquista española
Por Adán Salgado Andrade

El 13 de agosto del año 1521 es la fecha que la historia oficial generalmente cita durante la cual los mercenarios españoles, al mando de Hernán Cortés, gracias a su superioridad armamentista (arcabuces y cañones vs. flechas y lanzas), derrotaron sanguinariamente a los mexicas, tomando el control total de la Gran Tenochtitlan, ordenada ciudad, de sorprendente arquitectura ortogonal (avenidas de trazo perpendicular perfecto), que ni las urbes más avanzadas de Europa poseían.
A partir de ese hecho funesto, dio inicio uno de los más vergonzosos sucesos históricos, cuando tales mercenarios españoles, combinando fuerza bruta con atroces acciones, impusieron sus mezquinos intereses colonialistas y nos legaron algo que yo denomino la herencia colonial maldita.
Ese ha sido uno de los mayores holocaustos de la pasada historia, que, por desgracia, ha sido poco documentado, debido a la falta de fuentes fidedignas que pudieran dar fe de todo el horror y crueldad desplegados por esos mercenarios, la mayoría ex convictos, con tal de hacerse de las riquezas del así llamado “nuevo mundo”, comenzando por México, mediante simple latrocinio y absoluta dominación, la cual habría de durar tres siglos (una obra que da alguna idea de las atrocidades cometidas por los españoles durante la colonia es el libro “Los señores de la Nueva España”, escrito por el oidor don Alonso de Zorita en 1553, del que recomiendo su lectura).
Ese saqueo perduró hasta que se logró, al menos, la, digamos, “independencia política” de España, a partir de las primeras décadas del siglo 19, aunque la pérdida del control español, fue llenada de inmediato por otras potencias imperialistas, como Estados Unidos, por ejemplo, quien inició su expansionismo territorial justo anexándose por la fuerza más de la mitad del territorio de lo que fuera México en aquel entonces.
Por esas razones, durante los siglos que siguieron, aunque en apariencia la dominación española casi desapareció, ahora, en pleno siglo 21, el control de España en varios países de Latinoamérica es más que evidente y tan extendido, que presenciamos lo que bien se podría llamar una neoconquista española, sobre todo en nuestro país, como veremos.
En México, durante los 1940’s, cuando por cuestiones del asilo político que se concedió a muchos españoles que huyeron de la dictadura franquista, al ser derrotado el movimiento republicano, era común que varias panaderías pertenecieran a españoles, así como algunos otros negocios, como tiendas abarroteras. Esa presencia era, incluso, saludable, pues esos panaderos españoles, por ejemplo, habían obtenido la ciudadanía, así que su actividad contribuía a la economía del país, pues aquí se quedaban las ganancias que ellos generaban de aquélla, además de que legaron toda una tradición panadera que aun persiste.
Ahora, por desgracia, somos testigos de un férreo control en sectores vitales de la economía por empresas españolas que distan de comportarse como lo hacían aquellos panaderos o comerciantes españoles, pues sus lucradoras actividades sólo buscan hacerse del control del sector específico que operen, procurando amortizar la inversión hecha, lo antes posible y, enseguida, ganar lo que más puedan, llevándose, claro, tales ganancias a su país. Justo esto, la inversión extranjera, es la más perjudicial forma de “desarrollar” la economía de un país, pues la inversión hecha se recupera con creces, porque no sólo se va el capital invertido, sino las ganancias subsecuentes, lo que sangra la economía de tal país. Es por ello que cuantas más inversiones extrajeras se hagan, mayor será la deuda de la nación en donde operan.
Lo que perdió el capitalismo salvaje español durante casi dos siglos en Latinoamérica, ahora lo está recuperando abundantemente. De hecho, es el segundo mayor inversionista después de Estados Unidos. Y alrededor de un 95% de las inversiones fueron hechas tan sólo por seis empresas: Telefónica, Repsol, Santander, BBVA, Endesa e Iberdrola. Estas empresas se especializan en bancos, energía y comunicaciones, que son sectores estratégicos en cualquier país y que, por lo mismo, debieran de continuar siendo nacionales, en lugar de concesionarlos a empresas extranjeras, pues eso redundará en mayor vulnerabilidad económica y energética (eso es lo que no entiende la mafia priista, que tan fácilmente privatizó lo que nos queda de petróleo. Ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2013/09/decadencia-neoliberal-automatas.html).
Así, tales inversiones ascendieron a 170,000 millones de dólares (mdd) hasta el 2008. Y la ganancia obtenida en dicho año fue de 28900 mdd, o sea 17% en promedio. Dependiendo el sector, las utilidades varían, pero el financiero es el más lucrativo (de hecho es, justo el capital parásito, el sector que más ganancias deja, sobre todo durante la presente, profunda crisis). Para el banco BBVA, la empresa que le ha sido más rentable a España aquí, de sus ganancias totales, 51% se generan en Latinoamérica. Y eso es un punto negativo, pues siendo un banco, sólo vive del parasitismo capitalista, ya que los bancos nada producen y sólo ganan de hacer préstamos, principalmente, cobrando muy caros intereses a cambio.
Santander es otro ejemplo, pues de sus ganancias totales, el 43% son de sus operaciones latinoamericanas. Para Telefónica, 35%. Para Repsol, problemática empresa petrolera, de sus ganancias totales, nada menos que 46% las generan sus operaciones en Latinoamérica. Endesa, empresa generadora de electricidad, obtiene el 23%, en tanto que Iberdrola, especializada en energía eólica, obtiene 16% de sus utilidades de Latinoamérica. Así que, como se ve, España está reconquistando Latinoamérica con sus empresas. Y son tan lucrativas sus operaciones en el subcontinente, que muchas de tales empresas han sorteado la presente, profunda crisis española gracias a tales negocios.   
En México es aún mayor el control que las empresas españolas ejercen, pues ahora dominan sectores tan vitales como bancos, producción y distribución energética, construcción y operación de carreteras de peaje (cada vez más caras), constructoras... y hasta casinos, por si faltara más.
De acuerdo con el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX), en su más reciente “Directorio de Empresas Españolas establecidas en México”, señala que operan en el país más de 300 empresas de España (ver: http://www.trabajarporelmundo.org/directorio-de-empresas-espanolas-establecidas-en-mexico/).
Esas empresas abarcan sectores tan distintos, que van desde industriales, constructivos, servicios, confección, comunicaciones, hospitales, medicamentos, biotecnología, turismo, consultorías, producción de electricidad (Iberdrola, la principal empresa), producción y distribución de petróleo y gas natural (Repsol y Gas Natural Fenosa, ésta, subsidiaria de Repsol), bancos (los negocios más rentables), muebles, transportes, trenes, aeronaves, combustibles, lubricantes, alimentos, tratamiento de aguas negras, materiales constructivos, material didáctico, publicidad, encuestadoras, juegos de azar, editoriales, aseguradoras (Mapfre), hotelería… y así. Como se ve, varios de tales sectores son estratégicos y deberían de administrarse por empresas mexicanas o el sector público casi en su totalidad.
Comenzaremos con los bancos. Cuando en 1982, López Portillo nacionalizó la banca, por algunos años, ésta funcionó aceptablemente, pero lo más importante fue que era nacional, digamos. Luego, durante el nefasto salinato, se reprivatiza esa banca mexicana, en 1991. Ya, con Ernesto Zedillo, se da el muy famoso “error de diciembre”. La banca reprivatizada debió de ser “rescatada” por el Fondo de Protección al Ahorro Bancario (el Fobaproa, que nos ha costado cientos de miles de millones de pesos en impuestos a los mexicanos), lo que no se hizo con millones de deudores, quienes perdieron posesiones como casas o autos, incapaces de pagar, tanto los altísimos intereses que comenzaron a cobrarse (en UDI’s) y/o porque perdieron sus empleos.
Ya “recuperados” esos ineficientes bancos reprivatizados, adicionalmente se crean las llamadas “afores”, que empleando el engaño de que constituían un “fondo de retiro” para los trabajadores (es una miseria lo que reciben al retirarse la mayoría), significó, en realidad, una recapitalización para tales bancos que, cuando se reprivatizaron funcionaron tan mal, que estaban casi quebrados (no sucedió eso cuando estaban nacionalizados).
Gracias a esa recapitalización, fue que resultaron atractivos, sobre todo los más grandes, y de inmediato fueron adquiridos por bancos extranjeros. El llamado “Bital”, fue adquirido por HSBC, banco inglés de muy dudosa reputación (lava dinero del narcotráfico). Banamex fue adquirido por Citicorp, banco estadounidense, al que también se asocia con lavado de dinero. En tanto que Bancomer fue adquirido por el banco español BBVA (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria) y Banca Serfín fue comprada por Santander. Esas ventas fueron irresponsables totalmente, pues al ser dichos bancos los que más acaparaban la actividad financiera del país (casi 90% en su momento), hoy estamos en una situación muy vulnerable ante las repentinas acciones que tales bancos pudieran ejercer con tal de defender sus intereses, como, por ejemplo, en una situación extrema, cerrar sus oficinas aquí y sacar sus capitales, si así les conviniera. Eso nos dejaría en mayor ruina de la que ya estamos. 
Mientras eso llegara a suceder, los ex bancos “mexicanos” han sido excelentes negocios para sus dueños extranjeros, todos dando muy buenas ganancias.
Es el caso de Bancomer, la filial de BBVA en México, quien es el responsable de la tercera parte de las ganancias totales de BBVA. Véase la incongruencia, que de este país, un país mayoritariamente de pobres, dicho banco español obtenga un tercio de sus ganancias. Por ejemplo, en el primer trimestre del 2013, Bancomer le generó $15,300 millones de pesos, que representaron poco más de la mitad de las ganancias obtenidas por las 43 instituciones bancarias que operan u operaban en ese entonces. Por eso los dueños de BBVA han estado siempre “muy contentos” de haber adquirido Bancomer, claro, pues mientras ellos se enriquecen con su parasitaria labor, los mexicanos, la mayoría, empobrecemos (ver: http://www.proceso.com.mx/?p=343370).
También esos bancos incrementan sus ganancias incurriendo en una serie de irregularidades, a tal grado que son frecuentes las quejas en su contra, pero pareciera que son intocables, pues siguen cometiéndolas. Justo los tres principales, comenzando por Bancomer, son los que presentan mayores reclamaciones. Tan sólo en el 2013, Bancomer, casi un millón, 300 mil, seguido por Banamex, con un millón 115 mil y en el tercer sitio nada menos que Santander, con casi 800 mil reclamaciones. Es absurdo que, además de tanto dinero que ganan por sus parasitarias labores, encima cobren a sus endeudados usuarios por cargos no hechos  (ver: http://www.jornada.unam.mx/2014/05/26/opinion/024o1eco).
No sólo han sido muy lucrativos los bancos “mexicanos” adquiridos por empresas españolas, sino que han brindado una enorme ayuda durante la profunda crisis actual que padece dicho país, pues los negocios que no han podido hacer allí, los hacen aquí en México. Esa profunda crisis, una más del capitalismo salvaje, afecta a todo el mundo y en España ha dejado sin empleo a más de seis millones de personas (más de 25% es la tasa actual de desempleo) y llevado a la mayoría de la población a una precarización y empobrecimiento sin precedentes (ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/06/asi-esta-golpeando-la-crisis-en-una_16.html).
Gracias a las ganancias de sus oficinas en México, BBVA y Santander han sorteado dicha crisis sin problemas y, como señalo arriba, tales ganancias se van intactas a su país. Y de hecho varios analistas han advertido que la crisis en España, por ejemplo, se refleja en México vía sus empresas, pues al haber malos negocios allá, aquí es donde se compensan los números rojos de aquel país, de forma muy agresiva (son incontables, como dije, los abusos de Bancomer o de otras empresas), pero ello no se refleja en el desarrollo de la economía mexicana pues, repito, las ganancias salen del país, como ha sido siempre la “lógica” del capitalismo salvaje.
Además, ese par de bancos y otros más, incluido Caixa, que también opera aquí, han cometido comprobables fraudes crediticios en España, como ha denunciado la española Asociación de usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (ADICAE). Esta asociación estima en más de 30 mil millones de euros los fraudes cometidos contra familias españolas que invirtieron en supuestos “plazos fijos”, que, en realidad, eran muy complicados esquemas para ganar más, los bancos, claro, pero que con la crisis han fallado escandalosamente
Así que si eso hacen allá esos “respetables banqueros”, podemos imaginar lo que han de hacer aquí que, como ya señalé, por ejemplo, BBVA Bancomer es el banco que se lleva el récord de reclamaciones por cobros indebidos.
Y es que, igual que en México, el nivel de corrupción en España es altísimo (esa corrupción, por desgracia, es parte de legado que dejó la herencia colonial maldita). Según una encuesta reciente, más del 50% de las empresas españolas reportan haber sido víctimas de fraudes, cometidos nada menos que por sus directivos  (ver: http://www.eldiario.es/economia/empresas-Espana-victimas-economico-ultimos_0_265273776.html).
Incluso, la “respetable” familia real, ese parasitario resabio feudal, ha resultado ser igualmente corrupta, pues, por ejemplo, Iñaki Urdangarin, yerno del ya ex rey Juan Carlos, resultó ser todo un corrupto, manejando sucios negocios, de los que tanto Juan Carlos, así como la hija de esta, la infanta Cristina, esposa de Urdangarin, estaban al tanto (ver: http://www.telesurtv.net/articulos/2013/04/02/fortuna-del-rey-de-espana-crea-nuevo-escandalo-7649.html).
El propio ex rey se vio implicado en ese y otros escándalos, como que el parásito gerontócrata se iba de cacería a África para matar elefantes, una costosa diversión, sobre todo en medio de la brutal crisis económica de España, que ha dejado más de seis millones de desempleados en España. También se reveló que tenía (o tiene) una amante alemana, una "princesa", a la que trataba con todo lujo, y tenía viviendo en una magnífica finca, para ella y su hijo, con guardias y todo, a cargo de los impuestos de la población trabajadora. Quizá por ello haya decidido Juan Carlos abdicar (ver: http://mexico.cnn.com/mundo/2014/06/17/el-senado-espanol-aprueba-la-abdicacion-del-rey-juan-carlos-i).
Por lo mismo, muchos españoles exigen que se acabe ya con esa parásita “familia real” (http://www.jornada.unam.mx/2014/06/20/mundo/022n1mun).
Igualmente, la actual mafia en el poder español, ha resultado muy deshonesta,  comenzando con el fascista Mariano Rajoy, quien ha incurrido en casos de corrupción, pues antes de ser “presidente” cobró sobresueldos ilegales (http://www.jornada.unam.mx/2013/07/10/mundo/031n1mun).
Si a esos niveles de corrupción llegan empresas y mafias en el poder allá, podemos imaginar que esa será la manera de actuar aquí de muchas de las compañías a las que me refiero en este artículo. Eso, obviamente, seguirá empobreciéndonos más, pues justo la corrupción existente en todo el mundo, es también una forma de irlo empobreciendo más, pues es otra forma a la que recurre el capitalismo salvaje para ir concentrando la riqueza en unas cuantas manos.
Y siguiendo con los grandes negocios de España en México, otro muy lucrativo es el de la producción y distribución energética. La ya mencionada Iberdrola es una empresa que se ha especializado en la construcción de parques eólicos para producir energía eléctrica.
Aquí, ya ha fabricado tres, sobre todo en Oaxaca, en la zona de la Ventosa, donde las fuertes corrientes de viento favorecen tal energía. Eso, emplear energía eólica, que pudiera pensarse como algo muy positivo, por desgracia, no lo es, ya que la razón no es, en verdad, ecológica, es decir, que signifique que antes que el negocio, está la preocupación ambiental. El concepto de desarrollo “ecoamigable”, fue una moda que se inició en EU por allá del 2007, cuando varias empresas trataron de crear tecnologías limpias, “verdes”, como Solyndra, la que quiso fabricar paneles solares de materiales más baratos que el sílice, que por entonces era caro. Sin embargo, al poco tiempo, el sílice bajo brutalmente su precio, China comenzó a fabricar paneles solares muy baratos y Solyndra se fue escandalosamente a la quiebra. Fue algo muy bochornoso para Obama, quien al visitar a la empresa meses antes de su quiebra, se jactó de que aquélla representaba el “futuro energético” (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/05/el-gas-natural-de-esquisto-el-regreso.html).
Justo es lo que ha sucedido aquí al instalar parques eólicos, pues la razón no es ecológica, como señalé, sino puramente lucrativa, ya que la electricidad producida en esas instalaciones es más cara. Tan sólo el costo del mantenimiento y la operación por mantener una granja eólica es de entre 1.63 y dos dólares por kilowatt-hora (kwh) producido. Y el precio final de cada kwh, ya vendido a los consumidores está entre 5.7 y 6.53 centavos de dólar (http://www.ewea.org/fileadmin/ewea_documents/documents/publications/WETF/Facts_Volume_2.pdf).
Compárese eso con la generación hidroeléctrica, que en promedio se vende al consumidor en 0.85 de un centavo de dólar (o sea, no llega a un centavo el precio de cada kwh producido así), y la generación de energía generada eólicamente es hasta 7.7 veces más costosa
Por otro lado, la generación privada no ha servido para incrementar el flujo eléctrico, sino para sustituir forzadamente la producción de varias hidroeléctricas que operaba CFE. Mediante contratos se ha obligado a que por varios años, CFE le compre toda la energía producida a Iberdrola y a otras empresas que se denominan “productores privados”, más cara que si la produjera la propia CFE, echando a andar de nuevo instalaciones hidroeléctricas que tiene ociosas o subutilizadas. Por eso es que cada vez se encarece más la electricidad, pues ya dichos “productores privados” generan el 30% de la electricidad producida en México (ver: http://www.jornada.unam.mx/2014/06/11/politica/007n2pol).
Y vaya si deben de vender cara esa electricidad empresas como Iberdrola a CFE, pues, como señalo arriba, dicha energía es más de siete veces más costosa que la producida con hidroeléctricas.
De hecho, Iberdrola está acusada en España por subir frecuentemente demasiado y sin justificación los precios de la electricidad que produce (ver: http://www.eldiario.es/economia/CNMC-expediente-Iberdrola-manipulacion-precios_0_271923044.html).
Así que si de esa forma manipula sus precios allá, ya podemos imaginar que lo mismo debe de hacer aquí, con esos contratos leoninos impuestos a CFE, ¡de hasta 30 años!
Además, la construcción de parques eólicos, deja improductivas cientos de hectáreas de tierras de cultivo, pues cada turbina requiere de al menos media hectárea de tierra como espacio para operar. Así, una granja eólica de 1000 turbinas requeriría, por lo menos, de 500 hectáreas para operar.
La tierras necesarias, aquí, son casi arrebatadas a campesinos, a los que se les paga una miseria por “alquilárselas” o “comprárselas” y si aquéllos se oponen son encarcelados o hasta asesinados. Eso ha sucedido con la empresa Gas Natural Fenosa, filial de Repsol empeñada en instalar un parque eólico más en Oaxaca
Por otro lado, toda la supuesta “protección ambiental” que pudieran proporcionar los parques eólicos se sesga a la hora de deshacerse de las enormes turbinas, las que tienen una vida útil, pues están hechas de fibra de vidrio, material cancerígeno, y en España ya es un problema el cómo deshacerse o reciclar los miles de toneladas de turbinas desechadas, que llegan a su vida útil o se estropean por los efectos climáticos. Allí, sólo 10% se están reciclando y el resto se lleva a “cementerios”, que se convierten en peligrosos almacenajes de residuos que provocan cáncer, entre otros males crónico-degenerativos. Así que esa “energía limpia” puede convertirse en muy sucia (ver: http://www.argenpress.info/2014/04/espana-casi-20000-palas-de-molinos-de.html).
También, en la producción y distribución de gas natural, una empresa española, Gas Natural Fenosa (propiedad de Repsol), prácticamente acapara la distribución de ese energético, el que también ha resultado tan caro que ha llevado a protestas ciudadanas en varios estados, debido a sus frecuentes, arbitrarios incrementos y al monopolio existente
Repsol, problemática empresa petrolera, igualmente tiene fuerte injerencia en México, produciendo y distribuyendo gas natural.
Pemex (o lo que quedará de Pemex), trató de ejercer cierto control sobre dicha empresa, así que desde 1979 adquirió acciones de la misma. Y, más recientemente, en el 2013, adquirió otro porcentaje, una compra que, más que accionaria, pareció, más bien, una forma de aliviar los problemas económicos y deudas de Repsol, surgidos de la baja de sus reservas petrolerasa o de la expropiación de sus operaciones en Argentina, entre otras causas.
Eso, la compra de acciones, porque Pemex quería ejercer cierto control sobre la forma en que el presidente Antonio Brufau estaba administrando dicha empresa. Sin embargo, la influencia de Brufau fue mayor y eso ocasionó que prácticamente se le obligara a Pemex a vender las acciones más recientes, lo que supuso pérdidas para ésta, al venderlas más baratas de lo que las había adquirido (http://www.jornada.unam.mx/2014/06/04/economia/023n1eco). 
Y también, quizá previendo que Pemex irá perdiendo importancia al irse agotando el petróleo de aguas someras, el único que aún podrá seguir explotando, no quiso Repsol que dicha declinante empresa poseyera parte de sus títulos.
Igualmente, Repsol querrá entrar al jugoso negocio de explotación del petróleo mexicano en aguas profundas del golfo o en la explotación del contaminante gas de esquisto, que gracias a la reciente privatización que impuso la mafia prianista en el poder, ahora ya pueden realizar las depredadoras petroleras extranjeras, justo como Repsol (sobre los problemas de contaminación del agua y problemas que ocasiona la explotación del gas de esquisto, ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/05/el-gas-natural-de-esquisto-el-regreso.html).
De todos modos, Repsol opera desde hace tiempo muy buenos negocios, como el de suministrar a CFE gas natural licuado en la planta de Manzanillo para que aquélla genere electricidad en las plantas eléctricas del centro del país. El contrato tiene un valor de 15 mil millones de dólares y tiene una vigencia de 15 años. La pregunta obligada aquí es ¿si existe Pemex y el distribuir gas natural está entre sus funciones, por qué se ceden tales tareas a empresas extranjeras, en este caso, Repsol, pues siendo una actividad lucrativa, el costo es mayor, ya que se incluye la ganancia de dicha empresa? Ese gas vendrá de Perú, en donde Repsol tiene una planta exclusiva. También tiene contratos de exploración en la llamada Cuenca de Burgos y otras operaciones de suministro de gas natural a CFE (ver: http://www.jornada.unam.mx/2012/04/22/index.php?section=opinion&article=022a2pol&partner=rss).
Además, Repsol, a través de su subsidiaria Gas Natural Fenosa (empresa surgida de la fusión de Gas Natural y Unión Fenosa), distribuye gas natural a varios estados del país y al DF, como señalé antes, a precios muy elevados (de hecho es tan agresiva esa empresa en sus cobros que por un día que a un cliente se le pase el pago, aquélla corta el suministro. Y hay que pagar “reinstalación”, más el adeudo para volver a tener el caro servicio, además de esperar varios días hasta que eso ocurra).
Por otro lado, la pérdida de dinero que Pemex ha tenido con sus acciones de Repsol, no impidió que en un “generosos gesto” (candil de la calle, obscuridad en su casa), dicha empresa haya pagado nada menos que 407 mdd por dos hoteles flotantes (floteles) encargadas a dos astilleros españoles, Navantía, empresa “publica” y el privado Hijos de J. Barreras (ver: http://economia.elpais.com/economia/2014/01/29/actualidad/1390962173_355434.html).
De nueva cuenta, la obligada pregunta sería ¿por qué no se encargaron a empresas mexicanas o, si no hay esa capacidad constructiva, por qué no se sometieron a concurso tales contratos?, ¿se tratará del inconsciente, sometedor colonialismo español que aun llevamos en la sangre?
Es obvio, como señalo arriba, que con la privatización de lo que nos queda de energéticos, la carrera de las empresas españolas, como Repsol y otras, por ejemplo, será por ganar los mejores contratos, sometiéndonos aún más al control energético, que ya no será rectoría del llamado “Estado” (léase la mafia en el poder), dejando también otro muy importante factor de seguridad nacional a merced de extranjeros.
En cuanto a la operación y construcción de autopistas, OHL es la empresa española especializada en ello. Circuitos, como el llamado “mexiquense”, son operados por aquélla. Así, el peaje, o sea, el cobro en las casetas, está sujeto a las necesidades de ganancia de tal empresa, no a las de la economía de los usuarios y del país. Las cuotas casi se han duplicado desde que comenzó a operar y dos o más incrementos anuales son la norma. OHL también opera el Viaducto Bicentenario, la Autopista Urbana Norte, la Supervía Poetas, el Libramiento Norte de Puebla y la Autopista Puebla-Perote. Todas son o serán de peaje y sometidas al libre albedrío de OHL y sus necesidades de recuperar inversiones y ganar lo más que se pueda.
También fue española, Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles, la compañía que construyó los trenes de la problemática línea doce del metro, la mal llamada “Línea Dorada”, la que estuvo plagada de corrupción y supuestos “errores de diseño” desde el principio, lo que motivó la suspensión del servicio, debido a que se corría el peligro de que los trenes se descarrilaran. Eso ha ocasionado molestias a los usuarios que ya se habían acostumbrado a emplearla y, lo peor, un daño al erario público, pues aunados a los miles de millones de dólares gastados en construir tal línea, ahora se deberán de erogar más para “repararla”, con cargo a nuestros impuestos (a la fecha, todas las empresas participantes, se siguen echando la culpa).
También otra empresa española, Prointec Ipimsa, es la encargada de construir y operar el tren de alta velocidad entre el Distrito Federal y Querétaro, la que, por cierto, amenaza a habitantes de las casas por las que pasará dicho tren, las que está marcando con “rayitas”, de que acepten las “indemnizaciones” que les pagarán por sus casas o que se atengan a las consecuencias de la “barredora”. La forma en que está actuando es, por demás, autoritaria, y con apoyo de las mafias en el poder locales
Por si fuera poco todo lo anterior, o sea, las enormes ganancias que tantos dudosos negocios “legales” dejan a las empresas españolas, también las hay dedicadas a operar casinos, como la empresa Codere (propiedad de la familia Martínez Sampedro). En ese ilegal negocio de los casinos, dicha empresa tiene “permisos” para operar 65 centros de apuestas “remotas”, como Sports Books y Yak, Jakpot y Royal Yak. Además dicha empresa presume de poseer 94 salas de “entretenimiento” que en conjunto “representan 19751 terminales de juego” (http://www.eluniversal.com.mx/nacion/205370.html).
Eso, a pesar de que los casinos son “negocios” que no están autorizados legalmente, sólo cuentan con permisos, los que están emitidos a discreción de la mafia en el poder vigente (antes panistas, hoy, priístas) y de los problemas sociales que ocasiona la ludopatía inducida por tales prácticas.
Pero mientras a los casinos españoles se les ha permitido seguir operando como si nada, sí se han clausurado varios de los, digamos, mexicanos, que operaba Jorge Rojas Cardona, por no estar “regularizados” (en conversación que tuve con un empleado de uno de los cerrados casinos, me comentó que la razón fue que tal empresario “no le quiso entrar con la cuota exigida por los priístas” y por eso le clausuraron sus 26 casas de apuestas).
El anterior es, a grandes rasgos, el actuar de las empresas españolas en México, las que operan a su libre albedrío y en función de sus necesidades de ganancias, como lo hace el capitalismo salvaje mundial.
Sin embargo, la mafia en el poder en México, las ha dejado operar a como han querido, justo como los mercenarios de antes actuaron, gracias a la dominación que hicieron de la llamada “indiada”.
Sí, España debe de estar feliz, pues la neoconquista de Latinoamércia, particularmente de México, se está consumando.

domingo, 18 de mayo de 2014

Estados Unidos y el aberrante legado de la esclavitud



Estados Unidos y el aberrante legado de la esclavitud
Por Adán Salgado Andrade

Existen muchos vergonzosos hechos históricos de los cuales no tenemos, a ciencia cierta, constancia de lo deplorables que fueron, pues los tiempos durante los que sucedieron son tan distantes, que no hay forma de tener una idea exacta de lo terribles y brutales que fueron, al no existir medios, como los que tenemos ahora (fotos, filmaciones, grabaciones), que dieran constancia de cómo se realizaron tales cruentos eventos.
Por ejemplo, es el caso de la invasión española al México antiguo y la sangrienta toma y destrucción de la Gran Tenochtitlan, un holocausto peor aún que el sufrido por los judíos durante la segunda guerra mundial (de éste, como hay muchos registros fotográficos y fílmicos, podemos tener la idea exacta de lo brutal que fue el trato que los nazis les propinaron). No sólo ese hecho cruento, sino el posterior sometimiento español, de los que sólo podemos darnos alguna lejana idea mental, son obscenamente vergonzosos (sólo podemos imaginar las masacres por miles, las torturas, los aperreamientos, las quemas públicas, los descuartizamientos… y tantas otras barbaries cometidas por los mercenarios españoles, con tal de someter por la fuerza a los antiguos mexicanos).
Apenas si existen algunos escasos documentos que relatan someramente los hechos. De lo acontecido durante la dominación española hay sólo algunos y no son, precisamente, de primera mano. “Relatos aztecas de la conquista”, sería uno de ellos, que no da idea, del todo, del sufrimiento que ese encarnizado sometimiento implicó para los dominados por el mero uso de las armas y no de la razón.
Ante esa falta de medios que habrían podido registrar funestos hechos, sólo los testimonios de quienes sufrieron sometimiento y crueldad extrema, a lo largo de la historia, pueden dar una idea más clara de lo que determinado hecho funesto significó. Pero, por desgracia, también escasean los testimonios de quienes vivieron cosas así.
Por tanto, cuando en la actualidad se tiene la oportunidad de leer uno de los escasos documentos que dan cuenta de un hecho terrible, debemos de consultarlo, no sólo como un mero, terrible, acontecimiento histórico, sino como un antecedente que explique por qué ciertas reprobables conductas aún se siguen reproduciendo, si no del todo, sí como muestras latentes de nefastos comportamientos “humanos”.
Voy a referirme al libro “Doce años esclavo”, escrito por Solomon Northup, un afroestadounidense liberto, nacido en el estado de Nueva York, alrededor del año 1807. Justamente el libro de Northup es el tipo de testimonio al que me refiero arriba, pues es un relato de lo que ese hombre vivió durante doce largos y terrible años, desde que en 1841 fue engañado por un par de inescrupulosos tipos que, haciéndose pasar por artistas, lograron que Northup cayera en su trampa, creyendo que en pocos días ganaría mucho dinero. Como Northup tocaba perfectamente el violín, el par de farsantes lo convencieron para que tocara en un circo, que el trabajo sería fácil y la paga buena. No fue así, pues Northup fue drogado y, enseguida, encadenado y luego vendido a traficantes de esclavos que, como a él, se encargaban de secuestrar a afroestadounidenses libres, quienes, a base de golpizas, eran obligados a mentir de que eran, en efecto, esclavos, y que deseaban irse al sur, a trabajar en las grandes plantaciones que abundaban en Luisiana.
El director Steve McQueen realizó una cinta sobre la obra, y quizá por ello haya tomado tanta importancia de repente, pero no por eso deja de ser por sí misma relevante.
Por ello, vale mucho la pena leer el libro, para tener acceso, de primera mano, al importante, muy elocuente, a la vez de terrible testimonio de Northup (la edición que refiero es la traducción en español de Penguin Random House, 2014).
Desde que es golpeado brutalmente con un remo para que mintiera y dijera que era un esclavo en viaje a Luisiana, comienzan los sufrimientos de Northup. Esa mentira era necesaria porque en el norte del país, estaba prohibida la esclavitud y, en consecuencia, el secuestro y tráfico de gente negra era un delito. Dice Northup sobre la golpiza que le propinaron que “Al final, el remo se rompió y Burch (el golpeador y traficante) se quedó con el mango en la mano, sin poder utilizarlo. Yo seguía sin ceder. Todos aquellos brutales golpes no podían obligar a mis labios a decir la absurda mentira de que era esclavo. Burch, muy enfadado, tiró al suelo el mango del remo roto y  tomó el látigo, que fue mucho más doloroso. Intentaba aguantar con todas mis fuerzas, pero era en vano. Supliqué piedad, pero solo respondió a mis súplicas con juramentos y arañazos. Pensé que moriría bajo los latigazos de aquel maldito bruto. Todavía se me pone la carne de gallina al recordar aquella escena. Tenía la espalda en carne viva. Mi sufrimiento sólo se podía comparar con las ardientes agonías del infierno”.
Al final, otro de los esclavos controlados por Burch, le aconsejó que, por su propia vida, era mejor que dijera que era esclavo y que, en efecto, quería irse a trabajar a Luisiana. Y así lo hizo Northup, con tal de sobrevivir, sobre todo porque siempre albergó en su alma la idea de liberarse y regresar con su adorada familia.
Ya luego narra la forma en que eran ofrecidos a los posibles compradores, los cuales los revisaban como si fueran animales, caballos, por ejemplo, contemplándolos desnudos, revisando su piel, músculos, sus dientes, genitales, buscando que realmente fueran saludables. Eran posesiones valiosas, pues sus precios, variando entre mil a dos mil dólares, según aptitudes y características físicas, no tenían comparación al de verdaderos animales, tales como una vaca, que se cotizaba en unos cinco dólares o un caballo, cuarenta dólares. Y eran tan en firme las ventas, cual si se tratara de mercancías, que hasta se expedían y firmaban contratos de compra-venta cada que un esclavo era vendido o revendido. Dichos contratos funcionaban incluso a manera de hipotecas, cuando un plantador tenía deudas, “hipotecaba” a sus esclavos hasta que pudiera pagar sus deudas.
Narra que no tenían empacho los negreros (los traficantes) en separar familias, si a sus intereses convenía. Eso sucedió con una mujer, Eliza, que fue separada de sus dos hijos, una niña y un niño, a pesar de que suplicó a Freeman (irónico apellido de este tipo: hombre libre), otro de los negreros intermediarios en el tráfico, que le dejara al menos uno, que sería muy obediente y trabajadora. No fue así, y separaron a Eliza de sus vástagos. A la niña, sobre todo, descrita por Northup como muy linda y casi blanca, Freeman se negó a venderla a quien compró a Eliza, pues adujo que sería, ya mayor, muy valiosa. “¡Imaginen cómo será esa chiquilla de linda cuando sea grande. No, no, a ella la venderé cuando crezca y me darán una fortuna por ella¡”. Quizá la equiparara a un caballo “pura sangre”, se podría pensar.
Dice Northup que muy pronto se enteró de la prematura muerte de Eliza, por todo el sufrimiento que le ocasionó haber perdido a sus dos hijos.
Eso da cuenta del nivel de crueldad existente entre los blancos esclavistas que veían a los afroestadounidenses como simples mercancías, animales, sí, que se debían de vender al mejor postor.
Quizá porque los sufrimientos que vivió Northup desde el principio de su largo cautiverio fueron tan extremos y dolorosos, sea la razón que explique por qué pudo recordar tan bien todo lo vivido, cuando periodistas y editores le pidieron que escribiera sus testimonios, que era necesario que se supiera lo que pasaba al sur del país, sobre todo en el esclavista estado de Luisiana. Este estado, desde sus inicios, cuando fue fundado a finales del siglo 17 por franceses, fue esclavista. Ya cuando formó parte de EU, fue el tercer estado más próspero, debido a su producción algodonera y de azúcar. Por lo mismo, se requerían miles de esclavos y aunque códigos especiales prohibían que los maltrataran, los dueños de las plantaciones hacían caso omiso a esas “leyes” y actuaban como les pareciera contra los esclavos, con tal de ponerlos a trabajar. De todos modos, gracias a su riqueza, era que el resto de EU, sobre todo los estados norteños, toleraba la vergonzosa esclavitud. O sea, que era más importante el dinero que los hombres.
Incluso, Northup no sólo rememora en el libro los sufrimientos de los que fue estoica víctima, sino que en un acopio de filosófica sensibilidad, reconoce que había algunos, pocos, amos amables. Refiriéndose a su primer amo, William Ford, dice que “Por aquel entonces residía en Great Pine Woods, en la parroquia de Avoyelles, situada en el margen derecho del Río Rojo, en el corazón de Luisiana. Ahora es predicador baptista. A lo largo y ancho de toda la parroquia de Avoyelles, y especialmente a ambas orillas de Bayou Boeuf (este es el sitio en donde estuvo la mayor parte de su cautiverio Northup), donde mejor se le conoce, sus conciudadanos lo consideran un digno ministro de Dios. Tal vez a muchas mentes del norte la idea de un hombre que somete a su hermano a la esclavitud y el comercio con carne humana, les parezca absolutamente incomprensible con su concepción de la vida moral o piadosa (…). Pero yo fui durante un tiempo su esclavo, y tuve la oportunidad de conocer a fondo su carácter y su temperamento, y no le hago sino justicia al decir que, en mi opinión, no ha habido nunca un hombre más amable, noble, honrado y cristiano que William Ford. Las influencias y las compañías que lo rodearon siempre le impidieron ver la maldad inherente a la raíz de la esclavitud. Nunca dudó del derecho moral de un hombre a someter a otro a su voluntad. Como miraba a través del mismo cristal que sus padres antes que él, veía las cosas de la misma manera. Educado en otras circunstancias y con otras influencias, no cabe duda alguna de que sus convicciones habrían sido diferentes. Sin embargo, fue un amo ejemplar, pues se condujo honestamente a la luz de su entendimiento, y dichoso fue el esclavo que llegó a ser de su propiedad. Si todos los hombres fueran como él, la esclavitud quedaría desposada de más de la mitad de su amargura”.
Es muy interesante lo anterior, pues aunque Northup no deja de señalar a la esclavitud como un hecho inherentemente vergonzoso y retrógrado, el que de alguna manera redima a Ford, considerándolo, incluso, como un “amo ejemplar”, da cuenta de su profunda capacidad de análisis, aún ante la adversidad.
Northup tiene muy en alto a Ford, sobre todo porque fue él quien le salvó de ser ahorcado en una ocasión en que un hombre ruin lo trató con severidad y quiso azotarlo, sin razón alguna. Y era que, siendo blanco, cualquiera, hasta un vagabundo, podía abusar de un esclavo, sobre todo si se lo topaba caminando por los campos, exigiéndole su “pase”, que lo autorizaba a caminar solo por allí (únicamente con “pases”, que eran como una especie de permisos, autorizados y firmados por los amos, podían circular por los caminos los esclavos). De no tener tal pase, hasta esos inútiles vagos podían llevarlos a rastras a sus plantaciones o con el sheriff del lugar y exigir un pago por su mezquino servicio. No es difícil pensar la ruindad con que un simple vago podía actuar, sólo por ser blanco.
El que Northup, de alguna manera, exculpe a Ford por sus heredadas ideas esclavistas, lo expresa en otros pasajes de la obra, cuando se refiere a los hijos de los amos, que, a su parecer, aunque muchos eran buenos chicos, veían como algo natural que se azotara a un esclavo, pues seguramente se había ganado tal castigo, así, como un caballo que se rehusara a galopar.
Las muy pormenorizadas descripciones de la forma en que los “amos” castigaban, por cualquier motivo, a sus esclavos, son de crispar los nervios y, de verdad, hasta hacen llorar (me parece que, en eso, la película se queda corta). Por ello recomiendo la lectura del libro.
Baste decir que les cocían la carne a latigazos, fueran hombres o mujeres. Un “amo”, Edwin Epps, les pegaba por cualquier motivo, sobre todo cuando llegaba borracho a la plantación, lo cual era frecuente. Narra la brutalidad con que trataba a una joven mujer, Patsey, quien a pesar de ser campeona en la pizca del algodón (recogía, en promedio, más de 250 kilos por día, cuando la mayoría no podía pizcar más de cien), era azotada constantemente, por cualquier pretexto, además de que debía sufrir y soportar los frecuentes asaltos sexuales del perverso Epps. De esos encuentros sexuales forzados estaba enterada la esposa de Epps, lo cual la hacía enfermar de coraje, por lo que, además de los habituales castigos de aquél a Patsey, debían sumarse los que exigía la señora Epps que también le propinara.
Quizá que su esposa estuviera enterada de su relación con esa “asquerosa esclava”, era que Epps se esforzaba en castigar con mayor severidad a Patsey. Y también, cuando sospechaba que Patsey lo estuviera engañando con otro plantador, se ponía lívido de coraje. En una ocasión que Patsey fue por jabón para bañarse, que la esposa de Epps le negaba, por celos, éste se puso tan iracundo que azotó a Patsey como nunca antes lo hubiera hecho. Narra Northup que “Epps estaba más enfurecido y rabioso que nunca (…) cogió el látigo del suelo y empezó a golpearla (a Patsey) con mucha más saña (…). Los gritos y los gemidos de la torturada Patsey, junto con las maldiciones y las blasfemias que salían de la boca de Epps, cargaban el ambiente. Patsey fue lacerada de manera brutal y, sin exagerar, puedo decir que literalmente le desolló todo el cuerpo. El látigo estaba empapado de sangre, de una sangre que le corría por los costados y caía al suelo. Al final dejó de forcejear y, abatida, hundió la cabeza en el suelo. Sus súplicas y sus gritos fueron disminuyendo gradualmente hasta convertirse en débiles gemidos. Dejó de estremecerse cada vez que el látigo le golpeaba la carne. ¡Pensé que estaba agonizando!”.
Lo sorprendente es que Patsey sobrevivió al castigo, como generalmente sobrevivían todos los esclavos a esos latigueos, muchos sin sentido, sólo por el sádico afán de muchos amos, como Epps, de mostrarse duros. Quizá esa sobrevivencia era una especie de herencia, una característica física, que se les dio, por tantos años de estar sometidos a esos inhumanos tratos, incluso, de resignarse a ser esclavos de por vida (de hecho, no hubo rebeliones esclavas importantes y la abolición de la esclavitud se debió a una iniciativa tomada por los abolicionistas del norte de EU, liderados principalmente por Abraham Lincoln, lo que dio lugar a le guerra de secesión).
Una cosa que señala Northup, con cierta pena de su parte, es que muchos años Epps le dio el cargo de capataz. Para ejercerlo, al igual que los blancos, debía de castigar con latigazos a los esclavos “flojos” o corría el riesgo de ser él castigado. “Lo debía de hacer como una forma de sobrevivencia, si quería seguir albergando la idea de algún día ser libre de nuevo y ver a mi familia”, refiere en un pasaje. Sin embargo, se enorgullece al afirmar que con el tiempo llegó a manejar tan bien el látigo, que podía fingir que les propinaba fuertes azotes, sin que en realidad el látigo los tocara, eso sí, acordando que cada que lo hiciera, pues Epps siempre vigilaba desde lejos, ellos, los esclavos, debían de gritar y quejarse, como si en verdad fueran azotados.
Una de las reflexiones más crudas de lo que significaba la esclavitud, la proporciona el siguiente pasaje, en el que Northup señala que “La existencia de la esclavitud en su forma más cruel provoca un embrutecimiento de los sentimientos más humanos y delicados de su naturaleza. Presenciar a diario el sufrimiento humano, oír los alaridos agónicos de los esclavos, ver cómo reciben latigazos sin piedad o los muerden y los desgarran los perros, observar cómo mueren sin recibir la más mínima atención, o cómo los entierran sin mortaja ni ataúd, hace que se degrade más su poco aprecio y respeto por la vida humana”. Más adelante agrega que “Ser cruel no es culpa del esclavista, sino del sistema en el que vive. No puede evitar la influencia de las costumbres y los hábitos que lo rodean. Al aprender desde niño que el látigo está hecho para la espalda del esclavo, resulta muy difícil que cambie de opinión al hacerse mayor”.
Northup fue liberado en enero de 1853, doce años después de que fuera secuestrado. Sus raptores jamás recibieron el justo castigo que merecían y en un dudoso “juicio” a lo más que se llegó fue a aplicarles una fianza y dejarlos libres, como sucedió con Burch.
A raíz de su cruda experiencia, se convirtió Northup en empeñoso activista en contra de la esclavitud. Por desgracia, luego de un tiempo, en 1863, despareció y no se supo nada de él. Quizá haya sido asesinado por los muchos enemigos pro esclavistas que su activismo le atrajo.
Pero aquí no queda todo esto del esclavismo, como una simple anécdota histórica, como veremos. 
Y es que dicho esclavismo estaba tan enraizado que, a pesar de la guerra de secesión, ganada finalmente por el norte abolicionista, en los estados sureños, justo como Luisiana, aunque se “suprimió” la esclavitud, las practicas racistas continuaron por muchos años. La obligada servidumbre de los afroestadounidenses continuó, con la única diferencia de que ya no eran “esclavos”, aunque, en los hechos, era un velado sometimiento. La servidumbre y los tratos discriminatorios continuaron. Los sirvientes “negros” eran golpeados y hasta colgados por robar una gallina, por ejemplo. En los años 1910’s era una especie de fiesta colgar a un afroestadounidense, al que asistían todas las familias distinguidas del lugar. Y los “negros” que quisieran darse aires de blancos, o sea, triunfar económicamente como ellos, eran discriminados de todas las formas posibles, con tal de que se olvidaran de eso y que aceptaran su lugar como raza “inferior” (una cinta que les recomiendo ver, Red Tails, con Cuba Gooding, entre otros actores, narra la historia verdadera de un regimiento de soldados negros de la fuerza aérea, quienes durante la segunda guerra mundial no recibían aviones nuevos, pues se les consideraba, sobre todo por los altos mandos, inferiores a los soldados blancos en cuanto a habilidades militares. Sin embargo, ante la insistencia de un alto mando afroestadounidense, se les dotó con aviones nuevos y los resultados fueron mucho mejores a los esperados, superando, incluso, a sus compañeros blancos. Quizá eso explique por que, en su afán por cumplir muy bien con su mandato, Barack Obama haya ya superado a su antecesor, George Bush, en cuanto a deportaciones de ilegales – recibiendo el mote de Deportador en Jefe – y asesinatos de civiles inocentes en Pakistán y Yemen con drones. Es decir, un negro debe de ser mejor, incluso, que un blanco en el cumplimiento de su deber).
Y se establecieron leyes segregacionistas que esos “negros” debían de respetar, so pena de ser linchados si no lo hacían (la novela Ragtime, también llevada a la pantalla, narra, justo, cómo los racistas se oponían a que los “negros” tuvieran dinero y fueran exitosos).
Además, surgieron grupos extremistas como el Ku Kux Klan, encapuchados blancos, quienes se distinguían por sus frecuentes ataques contra ciudadanos negros respetables y sus familias, a quienes asesinaban dentro de sus casas y luego las quemaban, sin miramientos Y siguen haciéndolo. Apenas en octubre del 2012, esos peligrosos enajenados atacaron a una mujer afroestadounidense y le prendieron fuego.
No fue sino hasta los movimientos emancipadores iniciados por Malcom X o el de Martin Luther King, que la condición de los afroestadounidenses mejoró en algo (la cinta “The Help”, ambientada en los 1960’s, en el estado de Mississippi, muestra cómo en esos años, aún se trataba a los afroestadounidenses, sobre todo mujeres, como simples sirvientes, que no daban para más y que estaban obligadas a emplear el baño para “negros”, pues padecían enfermedades distintas a las de los blancos y eran despedidas si usaban el baño para blancos).
Ahora, Estados Unidos, hasta eligió a su primer presidente negro, Barack Obama, quien, por desgracia, parece comportarse igual o peor a sus antecesores anglosajones. Hubo quienes, en principio, lo compararon con Martin Luther King. Pero Obama, como se dice, ni a los talones le llega.
Y es que a pesar de los avances antirracistas y antidiscriminatorios logrados, aún persiste la idea de que lo blanco es lo supremo en muchos estadounidenses. Los llamados “supremacistas blancos”, son enajenados estadounidenses que insisten en que ellos, los blancos, son los superiores, y se sienten con derecho a andar armados, emplear uniformes y estar listos para “defender al país”, en caso de que los “ilegal aliens” lo invadan. El rito “iniciático” de muchos es asesinar a un “negro”, con tal de librar a EU de esas “escorias”, como se refieren a los afroestadounidenses.
Es, también, lo que hacen los llamados “Minute Man Project”, quienes en estados como Arizona, organizan “cacerías” de ilegales en la frontera con México, a bordo de sus camionetas, dirigiendo sus luces al lado mexicano, con tal de encontrar y arrestar a los greasers.
Y no es sólo contra afroestadounidenses que existe ese sentimiento, sino que se estigmatizan otras razas. Así, negros, latinos, árabes… son los primeros culpables en muchas circunstancias. Que si un mexicano está en la cárcel, pues “sí, porque es mexicano y es ratero”. Que si hubo un atentado terrorista, “sí, fue un árabe, pues todos los árabes son seguidores de Al-Qaeda”. Que si la mayoría de los prisioneros en las cárceles son negros, “sí, porque son negros, rateros y asesinos”… y así, el perfil racial (racial profile) sigue imperando. De hecho, aunque los afroestadounidenses constituyen entre el 12 y 13% de los habitantes de EU, unos 38 millones, son el 40% de los 2.1 millones de prisioneros que hay en las cárceles estadounidenses, o sea, unos ochocientos mil. Pero de acuerdo con la Asociación para el Avance de la Gente de Color, la cifra llega a un millón.
No sólo eso, sino que existen evidencias estadísticas de que tiene más probabilidad un afroestadounidense de ser encarcelado, que un blanco. Así, un afroestadounidense nacido en 1991, tiene un 29% de probabilidad de ser encarcelado alguna vez. Casi uno de cada tres, entre los 20 y 29 años, estará bajo supervisión policial, en libertad condicional o prisión domiciliaria. Uno de cada nueve afroestadounidenses entre los 20 y 34 años, será encarcelado. Por último, los hombres afroestadounidenses entre los 30 y 34 años, son los que tienen la más alta probabilidad, más que cualquier otra raza o grupo étnico, de ser encarcelados. De hecho, recientes estudios muestra que hay más afroestadounidenses en prisión que en escuelas. Muy triste.
Y es que ejemplos sobre que la raza sigue siendo un motivo para declarar a alguien sospechoso o atacarlo, sobran. Hace unos años, por ejemplo, una mujer divorciada, con dos hijos pequeños, debido a que su novio no los quería, decidió asesinarlos, drogándolos y metiéndolos en su auto, al que luego hundió en un lago. Acudió a la policía con el cuento de que un “negro” la había detenido en un semáforo y le había robado el auto con todo y sus hijos. La “descripción” que hizo del “ladrón negro” pudo haberse referido a cualquier hombre afroestadounidense, vestido con jeans, playera, gorra… y, de hecho, se detuvo a varios “sospechosos”. La mujer fue sometida a contrainterrogatorios que la hicieron caer en contradicciones, hasta que, al final, confesó su aborrecible crimen.
El 26 de febrero del 2012, en Sanford, Florida, el adolescente afroestadounidense Trayvon Martin, de 17 años, fue asesinado por George Zimmerman, de origen hispano, quien trabajaba como policía comunitario allí. Actuando prepotentemente, Zimmerman, sólo porque Martin era negro, le ordenó detenerse y como aquél no obedeciera, pues nada había hecho y sólo había ido a la tienda a comprar cosas, le disparó, simplemente por considerarlo "sospechoso". Aún así, el paranoico “policía comunitario” fue declarado "inocente"
A partir de hechos así, los padres de chicos afroestadounidenses no saben cómo vestir a sus hijos, con tal de que no parezcan "sospechosos". Muy lamentable que en pleno siglo 21 eso suceda. De hecho, no sólo en Estados Unidos hay racismo contra la raza negra, pues en julio de 2013 fue muy divulgado el vulgar comentario hecho por un "senador" italiano, Roberto Calderoli, contra Cecile Kyenge, ministra italiana de raza negra, a la que comparó con un mono (http://www.elpatagonico.cl/?p=60380).
En otro incidente de crimen por simple prejuicio racial, el 15 de julio del 2013, en Michigan, una joven mujer afroestadounidense de 19 años de edad fue asesinada al pedir ayuda en una casa cercana, pues su carro se había descompuesto. El psicópata blanco que le abrió le disparó, sin motivo, en la cara, pues "pensó" que se trataba de una "ladrona" (http://www.argenpress.info/2013/11/otro-crimen-de-odio-racista-en-estados.html).
Incluso, a nivel internacional, ha sido evidente la actuación racista de EU. Cuando falleció Nelson Mandela, quien abogó por la abolición del segregacionista régimen del Apartheid en Sudáfrica, Barack Obama, hipócritamente, elogió al fallecido líder. Sin embargo, no dijo que, por muchos años, Estados Unidos declaró terrorista a Mandela.
Es como en México, que hay un racismo inconsciente, heredado de la funesta herencia colonial, producto de la dominación española, cuando se afirmaba que sólo lo blanco era lo mejor y los “indios” o negros, no tenían cabida en ese aborrecible sistema tan discriminante
Las personas valoran más a los “güeros” que a los morenos o los negros, como demuestran encuestas recientes, en las que se halló que la mayoría de los tintes para el cabello que se aplican mujeres y, en menor medida, hombres, son de tono rubio, pues es una aspiración convertirse en una especie de Barbie humana, ser muy blanca y tener ojos azules
Y es peor para los descendientes de raza negra, a quienes se les ve menos que a los indígenas, pues, incluso, se les considera inmigrantes y son constantemente acosados y vejados por la policía (http://www.jornada.unam.mx/2014/05/05/politica/003n2pol).
Pero también, por desgracia, existe una especie de inter-racismo. Es el caso de cuando alguien, en México, de rasgos indígenas, le dice, de “broma”, a un amigo “pinche indio”.
También es el caso de población afroestadounidense misma, cuyos jóvenes despectivamente se refieren unos a otros como niggers, dando a entender con esa palabra que ésos, los niggers, son inferiores a ellos. Últimamente ha cundido mucho la violencia, instigada, incluso, por las llamadas “redes sociales”. En ciudades como Chicago, con una gran población afroestadounidense, son frecuentes los tiroteos entre pandillas de adolescentes negros, ocasionando varios decesos. Tan sólo con que se inicie un insulto por la mañana en el Facebook de un joven de una pandilla, contra otro chico de otra, es suficiente para que, por la noche, haya una balacera y quede alguno o varios muertos (ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/01/armas-y-violencia-on-line.html).
Quizá sea que el esclavismo, como indico antes, haya dejado tan honda huella, que muchos afroestadounidenses, inconscientemente, se sigan considerando inferiores y que, por tal inferioridad, hasta ellos mismos se ataquen y, además, no busquen salir de esa especie de anonimato social al que se les ha orillado históricamente.
Precisamente eso, el afirmar su inconsciente predisposición a ser explotados, era lo que logró, en los años 1970’s, que se prestaran, sin condicionamientos, artistas afroestadounidenses a filmar las cintas del llamado género blacksploitation, en donde era evidente que los argumentos abusaban de su condición de inconsciente inferioridad, pues en la mayoría del género, el blanco era el mejor (ver, por ejemplo, la cinta de James Bond “Vive y deja morir”, un buen ejemplo de cine de ese género, en la cual el negro, Kananga, es el malo y, el bueno, el agente rubio James Bond).   
Justo es un planteamiento que hace el cineasta Lars Von Tiers en su cinta Manderlay, ubicada en los años 20’s, en la que el personaje principal, Grace, una mujer blanca, hija de un gánster, que desea hacer cosas distintas a las que hace su padre, no ser malvada, cómo él, llega a una plantación de una mujer blanca, en la que habitan varios sirvientes negros, aún como esclavos. Al morir la vieja propietaria, Grace los libera. Así, libres, los afroestadounidenses se dedican a hacer las cosas que antes tenían prohibidas, como cortar todos los árboles que existían en una parte de la propiedad, dejar de sembrar, comportarse como les diera en gana y así. Al final, comienzan a tener muchos problemas, pues al haber cortado los árboles, se dan cuenta que era una barrera natural para que el fuerte viento no acabara con las cosechas. Al no sembrar, se quedaron sin alimentos. Y al comportarse como les diera la gana, se comienzan a atacar entre ellos. Fue tan caótico el cambio de ser de repente “libres”, que culpan a Grace por haberlo hecho y que por eso, por liberarlos de su ama y de leyes, estaban peor que antes.
Quizá el mensaje de la cinta sea que cuando una raza ha vivido oprimida durante siglos, es difícil entender y vivir la libertad.