jueves, 12 de junio de 2008

Gotcha o de cómo se convirtió a la indeseada guerra en un “divertido” juego dominical.

Gotcha o de cómo se convirtió a la indeseada guerra
en un “divertido” juego dominical

por Adán Salgado Andrade


Parque del Ajusco, México. Son varios los letreros que anuncian la “diversión” bélica conocida en todo el mundo como “Gotcha” (forma escrita de la onomatopeya de la deformación idiomática inglesa “I got you”: “¡Te atrapé!”) a lo largo de la carretera que va desde el periférico hacia el parque nacional “El Ajusco”, sobre todo porque los “escenarios” de ese juego de origen estadounidense, tratan los dueños de tales sitios que sean lo más naturales posible. En uno puede leerse “Visita el nuevo concepto de aventuras extremas”. En otro, bajo un jeep de utilería, el espectacular dice “¡Escenarios realistas, como en Vietnam!”. Uno más indica “Adventure park, siéntete como en la guerra”... y así, todos invitando a sentirse de vez en cuando un “avezado” soldado o, mejor aún, un miliciano en busca del enemigo a quien patearle el trasero y matar en acción... bueno, lo de patearle o matar es un decir, puesto que en este caso las balas son sustituidas por esferas plásticas rellenas de pintura de agua y algo de aceite que permita fijarla, en tanto que fusiles o metralletas ceden su sitio a lo que se llama aquí “marcadoras”, que son una especie de rifles que emplean aire comprimido para arrojar con cada disparo, ¡a 84 metros por segundo!, cada una de las esferas de vivos colores – las que tienen un alcance de unos 200 metros – contra el “feroz enemigo”, quien igualmente contraatacará con ráfagas también de esferas, esperando que sus manchones de pintura, producidos por aquéllas al reventarse, peguen en la cabeza, en el pecho o en la espalda del contrincante, para ser considerados “mortales”.
Hacemos alto en uno que, por si no fuera poca la ya de por sí marcada influencia estadounidense de estos juegos bélicos, se presenta totalmente en inglés como “Planet Gotcha Paintball, field franchise. Adventure park”, sí, quizá para ambientar mucho más ese agringado ambiente ofrecido al ávido “miliciano” en potencia. A bordo casi de la carretera, está primero el obligado estacionamiento, rústico, empastado, sobre todo porque sólo en auto es la única manera de llegar a esos alejados sitios, pero también porque al ser una diversión cara, se ofrecen a cierto público y no a aquél que pudiera solamente acceder en transporte público. Los límites del sitio están señalados con malla metálica. Ya luego se accede por un reja abierta y se camina entre dos hileras de anuncios plásticos que forman una especie de improvisado corredor, los cuales publicitan distintos productos destinados a jugar a “la guerra”, tal y como debe de ser: ropa especial, sofisticado “armamento”, municiones, máscaras, zapatos... y así, cuanta parafernalia “gotchera” sea requerida. Al final del corredor publicitario está la construcción, digamos que también rústica (de ladrillo y losa, pero sin acabados) que funciona como la oficina y el recibidor de los visitantes. En éste se alberga todo el equipo que los jugadores requieren, justamente ofrecido como parte del paquete promocional. Pueden verse anaqueles y estantes en donde, muy bien ordenados, están los objetos “bélicos”. En el equipo que se provee, se incluye, además de la marcadora, o sea, el “letal rifle” lanzabolas, ropa especial, tal como chalecos u overoles “camuflajeados”, la indispensable máscara y, por supuesto, las “mortales” municiones, que en la “oferta” promocional, de $200 pesos (20 US dls.) por persona, se incluyen 200 esferas. Ya, si al avezado jugador se le acaba el parque y desea seguir “matando” a sus contrincantes, se le ofrecen municiones adicionales, “recharge”, desde 100, por “sólo” $70 pesos (7 US dls.), hasta una caja completa de 2000 esferas de pintura de agua aceitosa por $800 pesos (80 US dls.), suficientes, según los más veteranos del juego, “¡para que te la pases jugando todo el día!”. Y también si el aire se agota, ningún problema, pues se ofrecen las recargas a la marcadora que sean necesarias por otros módicos $50 pesos (5 US dls.)
Ya una vez cubierta la cuota de entrada, puestos overoles (éstos, generalmente para las mujeres) o chalecos, colocadas las máscaras (indispensables, pues por la fuerza con que son lanzadas las bolas plásticas, pueden incluso dañar gravemente los ojos o reventarlos y causar graves heridas en el rostro), probada el arma... los impostados soldados están listos entonces para enfrentar a sus fieros enemigos, que pueden ser de entre el grupo de amigos con quienes se llegue (se hacen dos bandos) o pueden confrontarse a las improvisadas “retas” que otros jugadores ofrezcan. Eso se hace en los “campos de batalla” acondicionados para eso como parte de la “bélica” acción, los cuales son áreas rodeadas con mallas plásticas (para evitar que se salgan las “balas” y pueda “herirse” a alguien fuera de ellas), que cuentan, como es natural, con montículos de tierra para esconderse, trincheras, escondrijos... sí, y por ello, muchos de los parques del “Gotcha” ofrecen escenarios realistas, “¡como si estuvieras en Vietnam!”, presumen, pues así es más “emocionante la acción”.
Claro que esa batalla no llega a tener los alcances que ese juego bélico tiene en Estados Unidos, país que, como dije antes, fue el creador de tan “creativo” entretenimiento. Hacia 1970, la compañía Crossman, fabricante de rifles y pistolas de aire, patentó la primera marcadora, cuyo fin era el de marcar árboles y ganado con pintura. Después, la compañía Daisy, patentó a partir de esa marcadora el primer, digamos, “rifle marcador”, el llamado “007”, que se empleó en 1981 por un grupo de amigos que “jugaron a la guerrita” en los bosques de New Hampshire y que lo llamaron simplemente “gotcha” (otra versión alude que fue a partir de la cinta “Gotcha” de 1984, estelarizada por el actor Anthony Edwards, en la cual parte de la acción alude al “paintball”, que dicho nombre se generalizó). Ese “juego” de los “alegres amigos” se derivó de las prácticas militares que las llamadas “milicias populares”, armadas con rifles y pistolas cargadas con salvas, aún hacen en los bosques de algunas partes de los Estados Unidos (por ejemplo en Montana y Arizona, en donde hay varias de esas milicias “populares”). Se trata de anacrónicos grupos de enajenados estadounidenses que, apoyados en la también anacrónica constitución estadounidense (la cual establece la figura constitucional de las “milicias populares”, creadas para defender la, en ese tiempo, recién lograda independencia de Inglaterra, lo cual, hace más de 230 años, tenía sentido, ¡pero no ahora!), se caracterizan por predicar la “superioridad racial” de la raza blanca (el llamado “supremacismo blanco”), así como la defensa de su “inalienable derecho” al empleo de armas (apoyado dicho derecho por asociaciones tales como la belicosa NRA, la “asociación nacional del rifle”). Su principal cometido, expresan algunos de esos grupos, es “defender a América ( es decir, EU), de cualquier invasión extranjera y de razas inferiores que pongan en extremo peligro la seguridad de nuestra nación”. En este extremo de enajenación están grupos tales como el MOAR (Militia of Arizona Republic) o el TASDOL (The Arizona sons and daughters of liberty) o los extremadamente racistas “Minute man project” (que se dedican a “cazar” a ilegales cerca de la frontera mexicana), quienes han clamado, incluso, que Arizona debe de independizarse de EU, dado que el gobierno no ofrece “suficiente protección” contra los peligros externos, tales como las constantes “invasiones de peligrosos indocumentados”. Por tal razón, dichas reminiscencias han llevado al juego del “gotcha” en EU a extremos de “realismo” tales como el practicado en el campo militar Blanding, en el estado de Florida, en donde emprendedores empresarios alquilan por nada despreciables sumas de dinero al ejército su “Joint Training Center for Military Operations on Urban Terrain”, o sea, sus campos de entrenamiento militar, para que tanto hombres y mujeres de todas las edades practiquen muy “alegremente” sus habilidades bélicas, las que, incluso, son efectuadas mediante auténticos “plots”, sí, como si estuvieran en una película de guerra, diseñados por tan entusiastas empresarios. Se llega a la exageración de emplear “tanques” (éstos, hechos de los pequeños tractores que jalan podadoras), equipados con “potentes metralletas”, que son tubos de PVC electro-neumáticos capaces de disparar hasta 30 municiones por minuto. Y como el negocio ya es bastante lucrativo, se dan cita en ese lugar tanto empresarios, empresas fabricantes de “armamento”, de ropa, de calzado, de todo tipo de accesorios... y por supuesto, los valientes jugadores, quienes no tendrán empacho en pagar 75 dólares sólo por el derecho a la entrada, ni por el resto de los debidos gastos, pues todo lo demás es extra: las armas, la ropa, el “plot” que seguirán, el empleo de los “tanques”, el uso de instalaciones adicionales, tales como las construcciones militares que también se ofrecen, con tal de dar más “realismo” a los participantes. “Sí, uno se siente como si estuviera en Vietnam o en Irak”, afirman ex-soldados que juegan al “gotcha”, felices de que, aunque sea de a “mentiritas”, otra vez se pongan en acción.
No, el “gotcha” mexicano no llega a tales extremos de “sofisticación”, en el cual los contrincantes simplemente tratan de esconderse y localizar al otro bando, pero sí se genera la suficiente tensión entre los participantes, como para que se entreguen, cual verdaderos “soldados”, a “matar” cuantas veces sea necesario a sus enemigos y a no “dejarse matar”. Todos se ocupan en apuntar a las partes consideradas mortales – el pecho, la espalda, la cara o la cabeza, como menciono arriba – y a disfrutar victoriosos cuando le “atinan” al contrincante.
Y así se desarrolla esta “sana diversión”, practicada en infinidad de países (como rezan los fliers informativos de varias agrupaciones de “gotcha”), tales como China, Rusia, Corea, Japón, Turquía, Arabia Saudita, Sudáfrica, Malasia, toda Sudamérica, Europa... sí, de todo hay ya, naciones desarrolladas, no tanto, occidentales, orientales. Así es, digamos que es “muy civilizado” jugar a la guerra, la cual se ha despojado de su lado mortal, destructivo y terrible para convertirse en muy “divertida y entretenida”. Y para los parques de las franquicias estadounidenses en donde se practica, así como para los fabricantes de toda la parafernalia “gotchera”, es un muy lucrativo negocio, que tan sólo en los EU deja al año alrededor de ¡mil millones de dólares!
Pero resulta que no es tan “sana diversión”, pues en opinión de muchos expertos es una forma de glorificar, trivializar y popularizar tanto a la guerra, como al uso de las armas. De hecho, las marcadoras se emplean también en entrenamientos militares, como en aquellos “parques temáticos bélicos” en donde se entrena a los mariners para ir a combatir a Irak (ver mi artículo en Internet “Bienvenidos a Arabialandia”). Además, se han consignado delitos de vandalismo, hostigamiento, asalto y daño corporal por el uso tanto intencional, como no intencional de las marcadoras (por ejemplo, niños que se han disparado hacia la cara y reventado un ojo o herido gravemente con una marcadora, que al fin y al cabo la consideran un “juguete”). Por otro lado, algunos estudios también han mostrado que esa actividad sí tiende a desarrollar con el tiempo comportamientos violentos en quienes lo juegan, contrario a lo que muchos piensan, de que es una “válvula de alivio” para las presiones de la vida diaria, lo cual, por supuesto, es cuestionable, dado que aunque se esté “jugando” a matarse, el resultado conduce a una fuerte producción de adrenalina por el estrés que implica buscar a quién matar o evitar ser matado. Y si ese estrés se convierte con el paso del tiempo en una especie de “tranquilizadora” necesidad, digamos que como parte del psiquis para estar bien, entonces, no sólo se desarrollará durante el juego, sino en situaciones de la vida cotidiana que de repente lo detonen, como un disgusto en el hogar o en la oficina o al manejar, por ejemplo. Algunas estadísticas practicadas en EU entre ávidos jugadores del “Gotcha”, han hallado que un buen número de ellos tienen tendencias violentas no sólo durante el juego, sino también en ciertos momentos de su cotidianeidad, dado que se irritan fácilmente y no pueden controlar su enojo. “No sé, de repente me siento como si estuviera jugando, cuando me enojo por cualquier cosa, y sólo trato de desquitar mi coraje como sea”, declara un ávido jugador. Sí, y ese desquitarse es llegar a los golpes en muchos casos, sea contra la cónyuge, contra un compañero de trabajo o contra un conductor que osó metérsele al auto del airado “gotchero”.
Y si ese juego está popularizándose tanto en nuestro país, a pesar de los argumentos en contra, es porque, desgraciadamente, aquí todo lo que sea estadounidense se adopta rápidamente por la mayoría de la población (véanse, por ejemplo, los millones de fans que siguen enajenadamente el “fútbol americano” o que lo practican totalmente entregados. O el caso de la cinematografía, en que el 90% de las salas exhiben taquilleras cintas estadounidenses de efectos especiales, de comedias tontas o de escatológico humor. O nuestra asiduidad a la Coca-cola o a las franquicias de fast-food: KFC, Mc Donald’s, Starbucks...). Sí, no basta con la dominación económica y política que ese país ejerce en nuestra latitud, no, hay que absorberlo todo, su cultura, sus costumbres, su idiosincrasia, sus juegos... ser pro-estadounidense cuanto sea posible (comenzando por nuestros mal administradores panistas) y contribuir con ello a llenar las arcas de las corporaciones que controlan todas esas actividades...
Allí, en ese momento, en el “Planet Gotcha Paintball, field franchise. Adventure park”, nos damos cuenta de qué se trata el “entregarse de lleno” al juego de la guerra. Un orgulloso “gotchero” se acerca. Es un hombre de unos 42 años, muy gordo, moreno, alto, de duros gestos, con la barba de varios días poblándole sus mejillas. Su vestimenta consiste en chaqueta y pantalones tipo militar, “camuflajeados” con manchas en varios tonos de verde, tal y como los usaría un soldado en plena batalla. Una boina obscura le cubre la cabeza. Botas negras, altas, calzan sus pies. En la cintura carga una “cartuchera” en la cual guarda varios cilindros plásticos que contienen sus valiosas “municiones”. Coloca en una mesa que hay a un lado de donde está parado, tres flamantes marcadoras, que atraen la envidiosa mirada de sus acompañantes, uno de los cuales exclama “¡Wow... pero si hasta pareces Rambo!”. Efectivamente, el orgulloso gotchero, quien por su cargado, bélico atuendo, recuerda a ese hollywoodesco mercenario, asume un aire de grandeza ante el atinado comentario. “¡Sí que te has gastado tu dinerito!”, agrega una mujer, que se acerca y comienza a tocar las marcadoras y a sobarle elogiosamente los hombros y la espalda a aquél, quien con asumidos aires de superioridad, declara sin tapujos “¡Pues traigo más de setenta mil pesos de equipo!”, comentario que todos aclaman con burlonas loas, luego de lo cual toma una de las marcadoras, se la cruza al hombro y marcha hacia el campo enmallado, cual valiente general, seguido de sus amigos, dispuestos todos a “jugar” a ser fieros soldados y a matar a muchos “enemigos” ese día...

Contacto: studillac@hotmail.com

viernes, 2 de mayo de 2008

Biocombustibles: imposición transgénica, no alternativa ecológica.

Biocombustibles: imposición transgénica, no
alternativa ecológica

por Adán Salgado Andrade


Cuando la empresa estadounidense Monsanto alteró genéticamente una especie de maíz para, según sus directivos, aumentar su rendimiento, también se le adicionó un químico (Bt, una toxina producida por la bacteria Bacillus thunringiensis, el que, en un experimento rápido, un entomólogo, John Losey, espolvoreó polen de maíz con dicha toxina en plantas en las que vivían larvas de mariposa Monarca, y el resultado fue que murieron todas, ya de por sí puestas en peligro por la deforestación de su santuario, en tierras michoacanas) para dotarlas de supuestas “propiedades de resistencia a las plagas”, pero que también destruye las semillas resultantes de las cosechas de dicho maíz si son sembradas, para evitar, justifica la empresa, que “piratas agrarios” se apoderaran de su aberración genética y la cruzaran con plantas criollas – es decir, naturales – para que éstas se hicieran también de las “maravillosas propiedades” del alterado maíz, que se dio en llamar terminator, pues la planta se autotermina (un desafortunado granjero canadiense, Percy Schmeiser, fue demandado por la empresa por “plagio genético”, ¡y ésta ganó el juicio!, porque la cosecha de canola normal de aquél se contaminó accidentalmente con el polen de cultivos transgénicos del maíz de Monsanto que estaban cerca del sembradío del canadiense. El infeliz hombre fue condenado a “indemnizar” con miles de dólares a la “pobre” empresa).
Pero a pesar de las pretendidas “bondades” del maíz transgénico y de que ya lleva varios años comercializándose, muchos países, sobre todo europeos, no están de acuerdo con su consumo, así que han exigido que las empresas industrializadoras de alimentos eviten emplearlo o señalen claramente que el alimento ofrecido lo contiene, pues aún no se sabe con certeza los daños a la salud que en los humanos ese engendro vegetal y otros transgénicos vayan a tener (por lo pronto, se reportan alergias o diarreas en personas sensibles. Como mencioné antes, la presencia del químico Bt es también un serio factor de riesgo).
Así, fue justamente esa resistencia la que llevó a Monsanto, Aventis, Du pont y a otras empresas productoras de transgénicos a elaborar una estrategia distinta para lograr la plena aceptación, sin obstáculos ni pretextos de ninguna índole, para el maíz alterado e incluso para otros cultivos que ya están también genéticamente modificados, tales como la canola, la soya, el jitomate, la calabaza, la caña de azúcar, la papaya, la papa, el algodón el lino... y de todos aquellos vegetales en los que actualmente se están experimentando las modificaciones genéticas.
Fue entonces que se comenzó a fabricar la “maravillosa idea” de que para que no se contaminara tanto a la atmósfera con los combustibles derivados del petróleo, un gran sustituto serían los llamados biocombustibles. Esto comenzó a hacerse en Alemania, en donde se logró elaborar diesel a partir de la colza, una leguminosa variedad del nabo usada comúnmente como forraje o para extraer aceite lubricante. Al ser quemada por los autos, ese “biodiesel” producía un olor parecido al de las papas fritas. Se decía de tal gasolina que poseía las mismas propiedades combustibles de la común, pero que producía sólo una fracción de las emisiones dañinas que contribuían al calentamiento global. Sin embargo, recientes estudios han demostrado la falsedad de tales argumentos, indicando, entre otras cosas, que es mínima la disminución de emisiones contaminantes producidas por los biocombustibles, además de que la llamada “eficiencia energética” (esto mide qué tanta energía producen los biocombustibles más de la que es empleada para hacerlos), tampoco es la panacea. Por otro lado, la siembra misma de los así llamados “cultivos energéticos” incrementa el uso de agroquímicos, puesto que las modificaciones genéticas de aquéllos así lo requieren. Necesitan más fertilizantes, más herbicidas, incluso más agua. Y al incrementarse la fabricación de tales agroquímicos, se aumentan los efectos colaterales, como las emisiones de CO2, o sea, el bióxido de carbono, uno de los gases contaminantes que más se produce en la actualidad, ¡alrededor de 7100 millones de toneladas por año!, lo que está contribuyendo exponencialmente al calentamiento global y a los trastornos climáticos que estamos padeciendo cada vez más frecuentemente. Además, se está llevando a la agricultura a una peligrosa situación de monocultivos, ya que tienden a reducirse las variedades genéticas, inclusive de los granos que se siembran, con el inconveniente adicional de que están tendiéndose a contaminarse con los genomas de los cultivos modificados otros vegetales, que pueden heredar las características de esterilidad que tienen los granos transgénicos. Por otro lado, la elaboración de tantos millones de litros de biocombustibles, irónicamente también está aumentando la producción de gases contaminantes, pues están implícitos procesos industriales que emplean tradicionales métodos de fabricación inherentemente contaminantes. Eso en cuanto a los problemas que la siembra de transgénicos y la fabricación de biocombustibles acarrean consigo. El otro problema es que, como supuesta alternativa energética (que no ecológica, como ya expliqué), tampoco existe una real viabilidad. Por ejemplo, Estados Unidos, país que intenta cambiar intensiva y extensivamente su dependencia de combustibles producidos por petróleo a biocombustibles es muy ilustrativo de que no satisfaría sus necesidades energéticas con etanol o biodiesel. La tierra arable que ese país posee es de alrededor de 1,740,765 km², de la cual actualmente se tienen sembrados con soya para, entre otros usos, el biodiesel, poco menos de un 2.5%, o sea, unos 42690 km². Resulta que para que ese país pudiera producir todo el biodiesel necesario para sustituir el diesel normal que emplea actualmente, tendría que contar con un área total de soya cultivada ¡casi 54 veces mayor a la sembrada actualmente!, es decir, unos 93,501,090 km², imposible, dado que el área cultivable de todo el planeta es de apenas 31,000,000 de km². Pero además toda la soya sembrada sería exclusivamente para producir biodiesel, lo que agravaría brutalmente las carencias alimenticias que ya de por sí estamos teniendo. El otro caso, el del etanol, también es igualmente cuestionable. Se requeriría de un 30% de la tierra cultivable que posee EU sólo para sembrar maíz, o sea, unos 526,436 km². Lo que actualmente se cultiva son alrededor de 59386 km², así que casi tendría que incrementarse en ¡nueve veces la producción de maíz, exclusivamente para fabricar etanol! (ver mi artículo en Internet “¿Más energía o más desperdicio?”)
Pero aún con los serios argumentos anteriores que se oponen a la industrialización a gran escala de los biocombustibles (que actualmente sólo se hace en Brasil, con el etanol producido de la caña de azúcar), en todos lados se está insistiendo en que éstos constituyen el “futuro energético”. Y claro que aquí es donde comienza el gran negocio de los transgénicos, pues, se arguye, puesto que estos rinden más cantidad por hectárea (lo cual es también dudoso, pues varios estudios recientes han demostrado que no existe el tan mentado “alto rendimiento”) y son más resistentes a plagas, constituyen el medio ideal para convertirlos en biocombustibles. Si, expresarán los ejecutivos de Monsanto o Aventis, ya no se preocupen de que con ellos se deba de alimentar a la gente y los efectos colaterales a la salud que ello conlleve, no. Ahora los emplearemos a gran escala para hacer etanol o biodiesel, que al fin que será para consumo de máquinas, no de humanos. Así, está incrementándose considerablemente la siembra de transgénicos en muchos países, so pretexto de que se emplearán no como alimentos, sino como energéticos. En Brasil, Argentina, China, India, Canadá, Sudáfrica se siembran desde hace años soya, maíz, algodón, y otras especies modificadas. Y, en primerísimo lugar, por supuesto, está Estados Unidos, en donde se calcula que un 75% de los alimentos procesados contienen al menos una sustancia genéticamente modificada. En ese país, 89% del área plantada de soya, 83% del algodón, y 61% del maíz son especies transgénicas. Pero, claro, como el gran negocio de los organismos genéticamente modificados (OGM) debe de crecer, que más y más países permitan su cultivo, pues a la medida queda lo de la fabricación de biocombustibles, como señalé arriba. En México, aprovechando la actual polémica sobre la privatización petrolera (también por una cuestión de la seguridad energética que debe de buscar Estados Unidos), está por aprobarse la siembra de maíz transgénico, a pesar de que se ha demostrado incansablemente que tal medida pondrá en peligro las alrededor de 200 especies criollas existentes, convirtiéndolas, incluso, en estériles. Eso será una estupidez, una insensatez de los actuales mal administradores neoliberales panistas, pues este país es ¡cuna del maíz!, planta que los mexicas consideraban mágica, cuya forma en cruz indica los cuatro elementos esenciales de la vida humana: el viento, la tierra, el aire y el agua. Sí, y entonces como crece día a día el cultivo de maíz y de soya transgénicos, principalmente, se están dejando de sembrar las especies criollas de esos granos (no sólo eso, sino que se están dejando de cultivar muchos otros alimentos, como verduras, frutas y otros cereales, pues ya no resultan tan lucrativos comparados con el boom de los biocombustibles), y la mayor parte de esa producción se está empleando para la fabricación de biocombustibles, o sea, deliberadamente se está ocasionando la escasez de alimentos, pues aunque se ha incrementando la siembra de granos, ésta no será dirigida a alimentar a nuestro hambriento mundo, sino para llenar los tanques de combustibles de millones de autos, sobre todo estadounidenses, que es hacia donde se dirigirán la mayor parte de las exportaciones de los países que ya están viendo el “gran negocio” que es producir biocombustibles con los granos, en lugar de comida. Así, la seguridad energética de EU se está afianzando también por este nuevo, “novedoso” frente, cuestión que Bush ha señalado también como una “prioridad nacional”, es decir, la gradual sustitución de parte de las combustibles derivados del petróleo por los derivados de vegetales (el otro es el de asegurarse el petróleo de sus vecinos petroleros, como México, Canadá y Venezuela. Ver mi artículo en Internet “Los pozos petroleros ultraprofundos, otra manera de seguir garantizando la dominación estadounidense sobre México”). Como es evidente que EU no podrá producir todo el etanol y el biodiesel que requerirán sus planes de sustitución de los combustibles tradicionales, serán muy bienvenidas las importaciones de países que se sumen a la “fiebre bioenergética”. Brasil, por ejemplo, exportará dos y medio millones de litros de etanol a EU este año, de los aproximadamente 27 millones que piensa producir
Esto es en gran medida lo que está generando la actual crisis alimentaria mundial, pues se están cultivando granos, pero no con la intención de alimentar a la gente hambrienta, como ya señalé, sino para hacer los biocombustibles, dizque para no contaminar tanto el ambiente, pero se está demostrando, como señalé, que no es así.
Por otro lado, otro de los factores que están contribuyendo a la carestía de los productos agrícolas, es también la cuestión de que muchas de las tierras arables están declinando su producción, debido a los rendimientos decrecientes, ya que a pesar de que se abonen en demasía, llega el momento en que tanto agroquímico las va alterando (“quemando” dicen en México los campesinos) y ya no producen lo mismo. Por esta razón muchos agricultores en EU han recurrido de nueva cuenta a la llamada “agricultura orgánica”, en donde la tierra se barbecha, para que el desperdicio de anteriores siembras, revuelto con ésta, se descomponga y cree un humus que la enriquezca naturalmente, lo que muchos campesinos hacen en México, por ejemplo. Además, los ciclos de cultivo están alterándose también, pues por el calentamiento global y los severos cambios climáticos que estamos induciendo, las lluvias, por ejemplo, se atrasan, lo que afecta a las llamadas tierras de temporal (las que se siembran sólo con el ciclo pluvial) y cuando llueve, es en demasía, y arruina los pocos cultivos que logran germinar. Esto está sucediendo en México, en donde más del 70% de las tierras cultivables son de temporal. Y las temperaturas extremas que se están generando, no son soportables ya por ciertos cultivos en ciertas regiones, así que ya no pueden seguirse sembrando esos sitios.
Pero también la carestía y baja en la producción de granos para alimentos, no para combustibles, se debe a que la tendencia industrializadora que se sigue desde hace varios años, ha desalentado la actividad agrícola. Para muchos países, China entre ellos, es más importante desarrollar parques industriales, que campos agrícolas, con la consecuencia de que ha disminuido muchísimo la producción de alimentos. Sí, en países como la mencionada China, disminuye cada año la proporción real de los alimentos cultivados (aunque aumente en forma neta), en relación a los consumidos por sus habitantes. Ni en algo tan tradicional como es el arroz, ese país es autosuficiente, como lo fue en el pasado. Eso sucede a países como México, que también ha desalentado la actividad en el campo, en donde más del 25% del maíz que requerimos, por citar una negativa consecuencia, es importado de EU (más ahora con la apertura total del TLC), mucho del cual es transgénico, que ¡incluso en ese país está prohibido para su consumo humano, y que más bien se usa como forraje! Una negativa consecuencia del descuido de la actividad agrícola mexicana es que cada vez más y más campesinos emigran, irónicamente, hacia EU en busca de una vida mejor, dejando sus tierras vacías, improductivas (baste recorrer regiones agrícolas en México y se verá que están cientos de hectáreas de tierras improductivas, ociosas. Ver mi artículo en Internet “Apertura total del agro mexicano al TLC estadounidense o de cómo se sigue matando al campo en México”). Esto genera, por un lado, el peligro de hambrunas porque no se producen suficientes alimentos internamente, y, por otro lado, una peligrosa dependencia del exterior para comprar esos alimentos, que serán, en consecuencia, cada vez más caros al haber varios países dependientes del exterior para alimentarse.
En la reciente conferencia sostenida por la ONU para “analizar” el problema de la escasez de alimentos y la hambruna que ya comienza a gestarse en varios lugares, se llegó a la conclusión de que con algo así como 755 millones de dólares podría resolverse de momento el problema. Sin embargo, ningún país de los llamados “ricos” ha atendido tan emotiva petición. Es el costo de la nueva embajada que EU piensa construir en Bagdad, capital de Irak, por ejemplo (por cierto, un insulto ese, en un país en donde el 80% de la gente vive en situación de miseria extrema gracias a la invasión yanqui, además de que es una ofensa, pues con eso pretende el Pentágono materializar el control neocolonial que está ejerciendo sobre ese devastado país). También es lo que cuesta el avión más lujoso del mundo, un Airbus A340, perteneciente al sultán de Brunei (750 millones de dólares, justamente)... así que de que habría dinero para sufragar tan urgente gasto, pues lo hay, pero lo que no hay es la altruista voluntad de donar dinero en un mundo en donde todo, absolutamente todo, debe rendir una ganancia, ser un buen negocio, dar un buen rendimiento. Es ilustrativo que se señalara también que antes se donaba a la población hambrienta cinco tasas de cereal en promedio, dos de las cuales eran aportadas por la FAO y las otras tres, eran “donativos” de “altruistas” países, sin embargo, ahora ya no se da ni ¡una tasa en promedio!
Y hay que agregar el hecho de que la “occidentalización alimentaria”, la que está imponiendo estilos occidentales de comer, tales como la “fast food” (Mc Donald’s, Burger King’s, Kentucky Fried Chicken... entre otras de esas estadounidenses corporaciones que alientan la mencionada fast food), con gran contenido de grasas, harinas, carnes procesadas, frituras... también influye en la carestía y actual escasez, pues más personas comen muy al estilo “Mc Donald’s”. En China, por ejemplo, ya se “alarman” las autoridades locales de que las dietas en las ciudades en donde la opulencia capitalista debida al aparente “rápido crecimiento económico” se deja ver, se estén “occidentalizando” tanto y ya comience a haber entre la población, incluso, problemas de gordura y de enfermedades relacionadas con la dieta engordante y basta en grasas y harinas. Así, la imposición de la “dieta occidental”, significa un brutal aumento en la cría y engorda de todo tipo de animales, desde pollos, marranos, hasta reses. Una vaca, por ejemplo, requiere nada menos que 45 kilogramos por día de maíz para producir su leche, así como 160 litros de agua. Y el rendimiento en cuanto a la leche que da o la carne que se obtiene cuando se le sacrifica es mínimo en comparación a la cuantía de recursos que se requieren para que crezca y engorde, aparte de todos los desperdicios que produce (orín, estiércol y producción de metanol intestinal, gas que contribuye también al calentamiento global. El estado de Texas es una cloaca, pues es uno de los lugares en donde más se cría ganado en el mundo, en los llamados CAFOS – por sus siglas en inglés, confined-animal feeding operations, es decir, operaciones para la alimentación de animales confinados – lo cual ha provocado una grave contaminación de sus acuíferos con desperdicios y parásitos intestinales de los animales, de tal forma que ya no es bebible el agua que contienen muchos de ellos). Multiplíquense esas cantidades por los millones de reses que son criadas en el mundo y nos daremos una idea de cuantos millones de kilogramos de granos y de litros de agua se requieren cada año para alentar la expansión de esa “dieta occidental”, la que, por desgracia, es adoptada cada vez por más gente en el mundo. Además, otro grave problema derivado de esto es que para producir tantos millones de animales, se emplean técnicas que más parecen de fabricación en serie, que de crianza, pues se somete a dichos animales a alimentación hormonal, para acelerar su crecimiento y su engorda, se les confina a reducidos lugares, lo que incrementa el peligro de que contraigan enfermedades epidémicas, tales como la fiebre aftosa, se les somete a condiciones insalubres, conviviendo en todo momento con sus excrementos y orín... incluso, por la perniciosa costumbre de los ganaderos estadounidenses de emplear hasta los desperdicios de los animales sacrificados, se dio hace algunos años en procesar los restos óseos, pulverizándolos, enriqueciéndolos y dándoselos de comer nuevamente a los animales en engorda, lo que provocó una grave mutación en los organismos de éstos, originándose el llamado “mal de las vacas locas”, grave alteración proteínica, que destruye los cerebros de las reses, cuya carne ni aún cocida pierde sus efectos letales (se han reportado varios casos de personas que murieron a causa de ese mal, el que destruyó sus cerebros aceleradamente, tras la ingestión de carne contaminada).
Súmese a la larga lista referida también el precio de la industrialización y transportación de los alimentos, tanto los naturales, como los procesados, muy relacionados con el alza actual de los precios del petróleo, los combustibles y otros energéticos, y se agrega un factor más al encarecimiento actual. Por ejemplo, el 80% de los combustibles empleados en la actualidad son derivados del petróleo.
Pero, claro, aquí las que ganan son las corporaciones mundiales que monopolizan la mayor parte de la producción, industrialización y distribución de alimentos, tales como Nestlé, Quaker Oats, Unilever, General Mills, General Foods, Cargill, Arthur Daniels Midland, Conagra... entre otras, las que deben de estar felices, pues, por un lado, sus ganancias están elevándose estratosféricamente (así como las de las petroleras) y, por otro lado, sus acciones están a la alza, ofreciendo excelentes dividendos a sus accionistas y atrayendo la atención de ansiosos inversionistas que buscan la nueva panacea lucrativa, que ya no está en las empresas del Internet, ni en las manufactureras, ni en las biotecnológicas, no, el “big money” está justamente en las corporaciones que producen, industrializan y distribuyen alimentos (o que exploten materias primas, como el petróleo). Tras la crisis del año 200 en la que quebraron infinidad de las empresas que veían al Internet como el futuro de la economía (las llamadas .com), muchos analistas económicos, muy sagazmente recomendaban que era mejor regresar a las inversiones en las industrias relacionadas con los alimentos, tendencia que justamente ahora se está dando (se recomienda en EU, incluso, invertir en las granjas que cultivan árboles de crecimiento rápido pues, se dice, éstos seguirán creciendo y tendrán mas madera de dónde cortar, lo que generará “muchas más ganancias” para los ávidos inversionistas). Cargill, por mencionar un caso, controla un tercio del comercio mundial de granos ha incrementado sus ganancias últimamente en 170%. Ese es, por tanto, el gran negocio que se está generando gracias a la hambruna mundial, ironías del capitalismo salvaje.
Así pues, biocombustibles y las necesidades de aumentar las ganancias y revertir en algo la actual crisis económica estadounidense (que ya se convirtió en recesión), son la combinación perfecta para generar la primera gran hambruna del orgullosamente tecnificado, robotizado, internetizado siglo XXI.

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sábado, 5 de abril de 2008

El impuesto horario de verano

El impuesto horario de verano.

Por Adán Salgado Andrade



De nueva cuenta, el conjunto de mal administradores mexicanos, impondrá el mal llamado “horario de verano” (pues la primavera apenas ha comenzado por estos días), una acción que durante muchos años en nuestro país nunca se había planteado, justamente porque en la latitud en que nos encontramos, muy cercana al ecuador, los días a partir de la primavera, o sea, cuando más luz hay, no se diferencian mucho de los días de invierno. Los días de verano cuentan en México con poco más de doce horas, a mediados de julio, en tanto que en invierno, los días son de 11 horas, o sea, la diferencia es de no más de una hora en promedio. A partir de primavera, amanece en México alrededor de las 6 horas, que para las personas que deben desempeñar sus labores a ese tiempo, por ejemplo, los campesinos en provincia o en la ciudad las personas que a esa hora deben de salir a sus trabajos o lugares de estudio, es muy conveniente, ya que la luz solar es una especie de motivador que influye en el ánimo y la psicología de la gente, pues es más fácil, precisamente, desempeñar, a plena luz, las labores que van a desempeñar. Sucede lo contrario justamente en invierno, cuando normalmente amanece alrededor de las siete de la mañana, situación que influye en el mencionado estado de ánimo de la gente, teniendo como efecto cierto desgano en el desempeño de las actividades diarias.
Los países como Estados Unidos, cuya latitud es más septentrional, o sea, están más hacia el norte, padecen en invierno una especie de “depresión invernal” provocada por el intenso frío producido por las nevadas, así como mayores horas del día a obscuras, pues en esos lugares, a partir de octubre, la luz diurna disminuye tanto, que sólo hay sol de las diez de la mañana, hasta las cuatro de la tarde, seis horas. De hecho, la mayor parte de suicidios y depresiones mentales ocurre precisamente en la época invernal, entre octubre y abril. Pero cuando comienza la primavera, la luz del sol va aumentando, tanto que en situación normal, amanece a las cuatro de la mañana y oscurece a las 9 de la noche, un total de quince horas, mucha diferencia real, como puede advertirse. En estas condiciones, cuando hace más de 200 años se estableció adelantar una hora el reloj al comenzar el primer domingo de abril (que ahora se hace el primer domingo de marzo, para, según se argumentó en la iniciativa del 2007, ahorrar aún más energía), realmente tiene sentido, pues se hizo, sobre todo, para incitar a la gente a aprovechar más la luz solar, pero habría sido difícil en el ánimo obligarla a que se levantara a las cuatro de la mañana, en lugar de las cinco, o sea, no se podía establecer que la gente se levantara una hora antes, habría sido demasiado temprano, la madrugada, no, lo cual se resolvía adelantando gubernamentalmente (sí, o sea, imponer, pues) el horario. Así, aunque amanecía a las cuatro, pero con la hora adelantada, eran ya las cinco de la mañana, la gente, con la plena luz del día sobre sus cabezas, pues no tuvo empacho en adoptar el nuevo sistema, que requería, claro, un acostumbramiento, no fácil, por supuesto, pues se altera el metabolismo corporal (el ciclo circadeano, el que establece el “horario corporal”, se altera con esos cambios), pero el que fueran las cuatro o las cinco, gracias a que había ya luz del sol, por los largos días de quince horas mencionados, no influía demasiado negativamente en el estado de ánimo de los recién independizados estadounidenses (cuando se adoptó el horario de verano, recién se habían independizado las colonias inglesas de Inglaterra).
En México, las consideraciones anteriores no cuentan, pues, como señalé, los días de verano y de invierno, no difieren mucho. Aquí, al adelantar la hora, a partir del primer domingo de abril, lo único que se está realmente haciendo es trasladar la hora más que tenemos desde la mañana – o sea, el que amanezca a las seis – a la tarde. Sí, por tal razón, es que aquí es mucho más difícil para la gente “acostumbrarse” a esta imposición, pues la luz solar no está allí cuando el primer domingo de la imposición se adelanta arbitrariamente una hora. Sí, baste analizar que cuando eso sucede, nos aflojera a todos el hecho de que despertamos en plena oscuridad, nos deprime sentirnos tan cansados, pero aún más el hecho de que todavía no amanece, lo que en los días previos a la imposición, el que haya luz, influye en el estado de ánimo y facilita levantarse e iniciar las labores diarias (si en Baja California desde hace años se hace el cambio, es justamente porque allí sí se alargan mucho más los días en verano). En estas condiciones, con la depresión adicional que trae aparejado despertar de nuevo con oscuridad, el trastorno corporal (la alteración del ciclo circadiano) es aún más penosa y difícil, pues la mayor parte de la población experimenta una serie de síntomas adversos, tanto físicos – somnolencia, flojera, desgano, insomnio, entre otros –, como mentales – depresión, desánimo, tensión nerviosa, ansiedad y más –, además de que en nuestra genética histórica no existía el cambio de horario (esto porque los estadounidenses y países en su latitud lo hacen, como dije, desde hace 200 años, así que ya es parte de la genética histórica de ellos). Esa imposición se hizo aquí durante el régimen priísta del mal afamado Ernesto Zedillo (incondicional de Carlos Salinas de Gortari), en 1996, empleando para ello el cuestionable argumento de que era para “ahorrar” energía. Esto tampoco es válido, pues según los expertos, el tal ahorro no llega ni al uno por ciento, muy dudable, pues el gobierno de entonces, mediante una serie de arbitrarios cálculos, acomodaron los factores de gasto energético, con tal de que pareciera que efectivamente estábamos “ahorrando” energía. Usaron los famosos “picos” eléctricos, que se dan hacia las siete de la noche normal para justificar el ahorro. Sin embargo, ese argumento se derrumba si consideramos que, en general, el consumo energético aumenta en verano debido a un intensivo uso de electricidad, debido a que se le emplea más para los sistemas de refrigeración (refrigeradores domésticos, comerciales, aires acondicionados, enfriadores, congeladores) que trabajan justamente más en esta época. De hecho, en EU se duplican y, en algunos casos, hasta se triplican los cobros energéticos a la población en general. Aquí sucede lo mismo, pues los tales “picos” pierden efecto si consideramos que el amanecer en la oscuridad, requiere de más luz, se produce otro “pico” por la mañana, pues todos los hogares emplean la luz desde más temprano. Y basta con revisar los recibos eléctricos, en los cuales, efectivamente, se consigna un mayor gasto, tanto porque la luz se usa desde más temprano, como porque el consumo, de refrigeración, como señalé, se incrementa.
El proyecto de imposición horaria existía desde Carlos Salinas, pero éste no quiso aventarse el paquete (seguramente no quiso enfrentar las protestas que de inmediato siguieron, además de los válidos argumentos que demostraban que no hay el tal ahorro energético con el impuesto horario). Y la tarea se le dejó al dócil Zedillo, quien no consultó antes a los mexicanos, no les pidió su opinión (claro, eran los totalitarios tiempos de un cerrado priísmo, que no consultaba a la gente para imponer sus arbitrarias políticas, tal como el panismo está haciendo en la actualidad), simplemente comenzaron a aparecer anuncios publicitarios en prensa, radio y televisión anunciando la venidera impuesta medida, alabando las “bondades” que ello traería. Aquel incondicional de Carlos Salinas argumentó el ahorro energético para imponer el cambio de horario estadounidense, pero se cuidó de revelar las verdaderas intenciones de la arbitraria medida. Como ya en 1995 habíamos firmado un acuerdo de “libre comercio” con EU y Canadá (el TLC) y pertenecíamos también a la OCDE (organismo para países ricos, no para un pobre país subdesarrollado como México), además del impulso globalizador que el “neoliberalismo” exigía, en apogeo por esos años (sí, se decía que era lo mejor que le había pasado al capitalismo en años, el “milagro económico que acabaría con la pobreza mundial”), era necesario homologar también el tiempo, sobre todo porque cuando México, durante el verano, que dejaba intacto su horario (como dije, por causas totalmente justificadas), permitía un desfase de dos horas con respecto a EU, en lugar de la hora corriente que había en épocas normales. Esa hora extra impedía realizar operaciones financieras y comerciales vitales para el “impulso globalizador” que el TLC y el neoliberalismo, supuestamente, le estaban dando a México, y que banqueros, industriales, hombres de negocios... los señores de dinero requerían para ganar hasta el último peso o dólar que el horario hábil pudiera permitir. Claro que, como 12 años después puede verse, nada de eso fue cierto, hoy hay más pobres y la superconcentración de la riqueza ha logrado polarizaciones tan brutales que, mientras más del 60% de los asalariados en este país apenas ganan un sueldo mínimo (52 pesos diarios, menos de cinco dólares), tenemos entre nosotros, nada menos que al segundo hombre más rico del mundo, el señor Carlos Slim, quien ganando 380 dólares por segundo, ha logrado acumular una fortuna superior a 50,000 millones de dólares durante el último recuento de sus “grandes logros financieros y empresariales”.
Sí, esa quimera de que íbamos a despegar con el neoliberalismo ha desaparecido y sólo han quedado mentiras, más pobreza, más subdesarrollo, más dependencia tecnológica y financiera... pero, lo peor, más gobiernos entreguistas, como los mal administradores panistas, que continúan adhiriéndose incuestionablemente a los planes estadounidenses económicos y políticos, entre los cuales está, justamente, seguir con la imposición horaria, a pesar de que no es funcional, a pesar de los daños a la salud física y mental que ello acarrea, a pesar de los peligros que implica salir de nuevo de noche de las casas para dirigirse hacia las labores diarias (se incrementan los robos mañaneros durante el horario impuesto), a pesar de que se gasta más electricidad y no menos, como se argumenta... ¡Y nada más falta que, como ya determinaron los estadounidenses, se decida “homologar” al horario impuesto tal y como el congreso de EU decidió en 2007, sí, que inicie el segundo domingo de marzo y termine el primer domingo de noviembre!
Sí, a pesar de tantos argumentos que señalan claramente los inconvenientes del horario impuesto, éste se sigue realizando, se nos obliga a todos a alterar nuestro metabolismo, nuestras vidas, para que un puñado de corredores financieros, de banqueros y de industriales tengan a bien aprovechar hasta el último minuto del horario así impuesto para ganar más y más cada día.
¡Así que adelante, mexicanos, disfruten de la hora de luz arrebatada a la mañana y pegada arbitrariamente a la tarde!
Contacto: studillac@hotmail.com

domingo, 30 de marzo de 2008

Los pozos petroleros ultraprofundos, otra manera de seguir garantizando la dominación estadounidense sobre México.

Los pozos petroleros ultraprofundos, otra manera de
seguir garantizando la dominación estadounidense sobre México.
por Adán Salgado Andrade


De nueva cuenta, el entreguista, dócil, controlado gobierno panista que (junto con el priísta) mal administra a México, está empleando leguleyos, tramposos, engañosos argumentos a favor de la apertura de lo que queda del petróleo mexicano, pero no para “beneficio de todos los mexicanos”, como los tendenciosos spots televisivos (y que conste que de acuerdo con la nueva ley de medios, ya no se iba a emplear a la televisión o la radio para transmitir propaganda política, que eso son tales amañados anuncios sobre la “riqueza que yace en el fondo del mar”) pretenden mostrar. No, en realidad, como siempre, el ilegítimo, inepto grupo de mal administradores panistas (que no gobernadores) está siendo parte del plan expansionista energético tan necesario a los Estados Unidos, para que ese desperdiciador país siga sosteniendo sus excesivos derroches de energía, cada vez más crecientes, que en millones de barriles de petróleo diarios se ubican actualmente en unos 22.5 (incluidos sus territorios), que significan un 31.3% de la producción petrolera diaria (ver mi artículo en Internet: “La guerra mundial por el petróleo y el gas natural”). Pero el petróleo producido dentro de ese país sólo satisface un 40% de esas glotonas necesidades, además de que sus reservas están declinando muy rápidamente, así que el 60% restante, EU debe de comprarlo, importarlo de países productores, muchos de ellos de regiones lejanas. Por ejemplo, el petróleo comprado del Medio Oriente – de Arabia Saudita, Kuwait e Irak, sobre todo –, poco más de dos millones doscientos mil barriles por día, constituye casi el 25 % de sus importaciones. Nigeria, otro alejado país africano, le vende un millón doscientos diez mil barriles diarios, que por sí solos ascienden a casi un 15% del total de crudo importado. Argelia, Angola y Libia que aportan 903,000 barriles diarios entre ambos, casi 5%, también están lejanos de EU. De Azerbaiján obtiene 134,000 barriles, 1.44%, de Inglaterra, 94,000 barriles, apenas 1%, pero también son lejanos. Así, el costo de comprarles petróleo a esos países, sobre todo por el transporte (barcos-tanque, principalmente), se incrementa, además de que a mayor distancia, mayor es el tiempo que debe de recorrer el crudo hasta las refinerías estadounidenses en donde será procesado en los distintos petrolíferos, especialmente combustibles, que ese país requiere (en las cantidades anteriores, sólo se incluye el petróleo crudo que EU adquiere del exterior, sin tomar en cuenta el total de los otros derivados petrolíferos que también compra, junto con los cuales, EU importa alrededor de 11.1 millones diarios de petrolíferos, de los casi 18.5 millones que el país continental consume, sin incluir el resto de sus territorios, con lo que el consumo asciende a 22.5 millones de barriles diarios, la cantidad que cito arriba). Por otro lado, se trata de regiones conflictivas muchas de ellas, como Irak (en donde ya hay un estado permanente de guerra, desde la invasión anglo-estadounidense, que le cuesta al gobierno del inepto Bush 1000 dólares por segundo y que no se ve para cuándo haya de terminar) o Nigeria, en donde los peligros de inestabilidad política y estallidos sociales son “variables” que están presentes en las estrategias del control político y económico de los planeadores estadounidenses, para quienes es sumamente importante la estabilidad de una región, más cuando ésta le aporta ventajas, como petróleo, para el caso que estamos tratando. Y he ahí que todo viene de maravilla cuando tales planeadores ven en los países petroleros cercanos, como México, una gran, prometedora opción a sus planes energéticos futuros.
Resulta que México, a pesar de la disminución de su producción petrolera, aún exporta un millón 234,000 barriles diarios a EU – de un millón 577,000 que, en promedio, le exportaba durante el año 2006 –, casi 15% de las importaciones estadounidenses de crudo (me refiero, otra vez, sólo al petróleo no procesado). Otro país que le vende petróleo y que es su primer exportador es nada menos que Canadá, que a diario le entrega un millón 784,000 barriles, casi 20% del total importado. Así que entre México y Canadá, obtiene EU cerca del 35% de sus importaciones diarias de crudo. Un tercer país muy importante para las futuras estrategias petroleras de EU es, irónicamente, Venezuela – digo irónicamente porque Hugo Chávez es persona non grata para las necesidades de dominación de EU en Latinoamérica, debido a la evidente posición antiestadounidense del mandatario venezolano –, pues le vende a aquel país un millón 246,000 barriles por día, también casi el 15%. Así, esos tres países resultan sumamente estratégicos para EU, pues le aportan la mitad de sus necesidades energéticas petroleras de importación. Los otros tres países latinoamericanos que le venden el resto del petróleo importado que requiere EU son Ecuador, que entrega 195,000 barriles por día, 2%, Brasil, 171,000, 1.8% y – no podía faltar en esta estratégica ecuación – Colombia, que le surte 113,000 barriles diarios, 1.21%.
El problema para EU son sus reservas probadas, las cuales ascienden apenas a poco menos de 21,000 millones de barriles, que al ritmo del consumo actual apenas le alcanzarán para escasos dos años y medio, así que es extremadamente urgente para esa nación seguir contando con fuentes foráneas confiables que le surtan segura y regularmente todo el petróleo que requiere y seguirá requiriendo, pues, como señalé, su glotonería energética no tiene límites – se estima que de aquí al año 2030, si logramos llegar, EU aumentará su consumo energético en 27%, casi 1% anual, lo que se traduciría en 225,000 barriles más por día, en promedio, por cada año. Por otro lado, el resto de las llamadas “energías alternativas” (eólica, solar, nuclear, biomasa), en los niveles tecnológicos actuales, se estima que no podrán satisfacer las demandas energéticas ni de EU, ni del resto del mundo, así que no constituyen un sustituto real del petróleo, energético que seguirá empleándose masiva e intensivamente en las décadas por venir (con las catastróficas consecuencias para el medio ambiente que tan fuerte dependencia de los energéticos fósiles seguirá provocando).
De los ya citados tres países vecinos que más le venden petróleo, el que cuenta con las mayores reservas probadas es Canadá, quien tomando en cuenta las llamadas tierras “alquitranadas” – de las que actualmente obtiene alrededor de una cuarta parte de su producción diaria, gracias a los modernos métodos para procesar esos yacimientos petrolíferos que hacía años parecía difícil de conseguirse –, posee alrededor de 179,000 millones de barriles (con lo que se colocaría en segundo lugar, después de Arabia Saudita, que sigue a la cabeza, con alrededor de 260,000 millones de barriles probados), que al ritmo actual de producción, 3.1 millones de barriles por día, le durarían casi 160 años. Venezuela, también contando con sus tierras alquitranadas, posee reservas por alrededor de 80,000 millones de barriles. Al ritmo de producción actual, 2.4 millones de barriles diarios, le durarían casi 91 años. Y en esto de las reservas, el que actualmente se queda corto es México, que tras haberse jactado por años de contar con inmensas reservas probadas, ahora resulta que sólo tiene alrededor de 12,400 millones de barriles de petróleo, los cuales, con la producción actual, de alrededor de 3.12 millones de barriles diarios (60% de los cuales son extraídos del declinante yacimiento de Cantarell), no durarán más allá de 11 años. Si además se miden las reservas de los tres países con respecto al consumo estadounidense, las canadienses durarían unos veinte años, las venezolanas, casi diez años y las mexicanas, ¡apenas año y medio! Claro que estos países no le venderán todo su petróleo a EU, pero sólo hago los cálculos para efectos comparativos del potencial petrolífero de cada uno. Evidentemente que Canadá no es un país tan dócil, como para que su vecino del sur lo vuelva parte incondicional en sus futuros planes energéticos (que de alguna manera lo es, mediante el tratado de libre comercio, con el que Canadá se obliga a comprarle y venderle determinados productos a determinadas cuotas), aunque llegado el caso, habrá de aumentar sus exportaciones de crudo a EU. Tampoco lo es Venezuela, al menos mientras Chávez esté en el poder. Por esa razón, es claro aquí, que resultaría vital para EU que se diera un efectivo golpe militar contra Chávez (si, efectivo, no como el que pretendió derrocarlo en abril de 2002 y que por fortuna se frustró) y que se lograra imponer un gobierno incondicional, como el colombiano – o el iraquí en Medio Oriente –, con tal de que Bush y sus halcones pudieran manejarlo a sus anchas, sobre todo, garantizarse la venta irrestricta de petróleo. Por tal razón, no le hubiera venido mal a los planeadores militares estadounidenses que se hubiera dado una guerra, luego del arbitrario, ilegal, infame bombardeo a “guerrilleros colombianos” en territorio ecuatoriano – acción muy seguramente planeada desde la CIA y el Pentágono con esas negras intenciones –, entre Ecuador, apoyado por Venezuela – países que, falsamente se acusa, apoyan a las FARC –, contra Colombia, en el deseo de que si aquéllos fueran derrotados – que sería muy factible, dado que Colombia cuenta con gran ayuda militar de EU, como moderno armamento y asesores militares del Pentágono, además de que no dudarían los estadounidenses en prestar ayuda a su “sufrido” aliado sudamericano –, daría ello lugar a protestas de sus ciudadanos y a la caída de Chávez y Rafael Correa, pero, por fortuna, la diplomacia imperó. Pero aún con Chávez en el poder, es tan preciado el petróleo venezolano para los estadounidenses que a pesar de la retórica revanchista de Chávez hacia Bush y sus halcones, no se pueden éstos dar el lujo de dejar de comprarle crudo a los venezolanos, ni los venezolanos pueden dejar de venderle crudo a sus imperialistas compradores, pues es un 15% de lo que EU compra, y que a un promedio de 100 dólares el barril, dejarían de percibir aquéllos casi 125 millones de devaluados dólares por día, muy importantes para la petrolizada economía venezolana (este es otro grave problema de muchos países latinoamericanos, las monoexportaciones, como el caso mexicano – muy dependiente aún del petróleo –, lo que los vuelve bastante vulnerables a las fluctuaciones en los precios y en las demandas de el o los productos que principalmente exportan, pero a eso ha llevado el modelo neoliberal, a mantener países monoproductores, pues sólo así pueden insertarse en la división internacional del trabajo que las corporaciones han establecido en todo el mundo para sus exclusivas necesidades de obtención de una cada vez más declinante ganancia industrial). Así pues, en esta ecuación entra México a la perfección, sobre todo porque resulta que además de contar con un entusiasta grupo de entreguistas, incondicionales y dóciles mal administradores, dispuestos a apoyar en todo a su patrón estadounidense, el país cuenta con supuestas potenciales reservas del tan necesitado “oro negro” en las aguas más profundas del así llamado Golfo de México, como veremos enseguida.
Y antes que nada, enfatizo lo de supuestas reservas porque aunque muchas compañías petroleras extranjeras ya extraen petróleo de los llamados pozos ultraprofundos – algunas lo hacen desde 1995 –, en realidad muchas de las tan vituperadas “potenciales reservas” que están aparentemente localizadas en la parte media del golfo de México, en donde las aguas alcanzan su mayor profundidad (de 2000 o más metros), no está del todo comprobado que realmente existan. Esto lo ilustra el hecho de que los métodos de localización de mantos petroleros ultraprofundos, empleados por compañías extranjeras, tales como Chevron (estadounidense), Exxon Mobil (estadounidense), Shell (anglo-holandesa), British Petroleum (inglesa), entre otras, son totalmente indirectos y azarosos, consistiendo en la producción de fuertes exhalaciones de aire emitidas por “cañones de aire”, dirigidas hacia el fondo marino, las que al chocar con éste, rebotan en forma de ondas sonoras, las cuales son medidas en su intensidad. De acuerdo con ciertos parámetros, tales ondas rebotadas señalarían si en tal o cual sitio existen posibles reservas de crudo (pero esto es tan azaroso y difícil, que, según un ingeniero de Chevron, equivaldría a “que usted tirara una pelota de béisbol desde una altura de ocho kilómetros y le atinara a la base ¡pero siendo de noche!”) Así, con esa especie de “ultrasonido oceánico” se ha pretendido establecer que los fondos del golfo poseen suficiente potencial de crudo como para aumentar las declinantes reservas de petróleo estadounidenses hasta en un cincuenta por ciento, es decir, existirían, aseguran tales empresas, al menos entre 12,000 y 15,000 millones de barriles del petróleo más viejo hasta ahora descubierto (dataría del periodo terciario). Y como resulta que muchos de esos potenciales depósitos se encuentran justo del lado mexicano del golfo, pues entonces hay que justificar con las pobres intentonas panistas de que allí hay una “gran riqueza”, pero que no podemos disponer de ella si no nos “aliamos” (léase, privatizar también la exploración, como otras tantas actividades de PEMEX que ya están en manos privadas “gracias” a los tramposos Contratos de Servicios Múltiples) con empresas extranjeras. Por otro lado, si, como arriba menciono, muchas compañías ya están explotando esos mantos petroleros ultraprofundos desde hace más de 12 años, cabría preguntarse: ¿qué certeza existe de que tales mantos aún cuenten con suficiente petróleo como para que valga la pena explotarlos y realizar las altísimas inversiones requeridas? (esto porque por el llamado “efecto popote” el petróleo que pudiera estar del lado mexicano ya estaría siendo extraído desde hace tiempo). Además, existen muchas dificultades técnicas, aunadas a potenciales peligros ecológicos de graves consecuencias, como veremos. En la parte en donde se pretende extraer petróleo, la profundidad del mar puede alcanzar más de 2000 metros, lo que generaría una altísima presión de unos 200 kilogramos por cada centímetro cuadrado de superficie, suficiente para hacer que estallaran tanques de oxígeno de buceo, por ejemplo. Luego siguen más de 6600 metros de sedimentos y fondo rocoso. Cuando los barrenos perforan esas partes, se corre el riesgo de que si tocan capas de menor dureza o “huecas”, pueden deshacerse en segundos. Y a esas profundidades, las corrientes marinas dificultan muchísimo las maniobras de perforación y extracción. La empresa Chevron posee en esa parte un campo exploratorio llamado Tahiti, el cual cubre un área de unos 77 kilómetros cuadrados. Allí perfora actualmente un pozo, bautizado como Cajun Express, no tan profundo, 1200 metros, que ha presentado una serie de grandes dificultades técnicas, como las mencionadas. Otro problema es que el crudo, a esa profundidad, está más que hirviendo, pues alcanza temperaturas de hasta 200 grados centígrados, así que mucho de dicho crudo, de antemano, está convertido en calientísimo gas natural y bióxido de carbono, lo que aumenta aún más las presiones de operación, que aunada a la presión por la profundidad del agua y de las capas rocosas y sedimentarias, incrementa muchísimo las probabilidades de riesgos, tales como que las tuberías de extracción estallaran (altamente probable) y que el crudo se derramara incontrolable por todo el fondo oceánico. Un problema más, también de alto peligro, es que en tales profundidades marinas, la temperatura del agua está cercana a la congelación. Si una vez que el crudo estuviera extrayéndose, las tuberías por las que circulara no estuvieran suficientemente aisladas, el acero del que están hechas, por la diferencia de temperaturas (de 200 grados a casi cero grados centígrados), se despedazaría como vidrio... ¡también así se derramaría incontrolable el hirviente crudo, destruyendo y contaminando a su paso el lecho marino, antes de ascender finalmente a la superficie del mar! Todavía no existen, por fortuna, precedentes respecto al grave daño ecológico que derrames así, de petróleo hirviente, provocarían en la ecología marina, pero seguramente serán devastadores.
Sí, los riesgos de que tales instalaciones vayan a sufrir siniestros aumentarán su frecuencia y probabilidad debido a los inherentes peligros que enfrentarán. Baste ver que los accidentes de plataformas marinas provocados por huracanes o tormentas son cada vez más frecuentes y eso que no trabajan a las ultraprofundidades mencionadas antes. Por ejemplo el ocurrido a la plataforma Usumacinta de PEMEX, el pasado mes de octubre, en el pozo Kab-101, en el que lamentablemente murieron 22 trabajadores (las “mandarinas”, embarcaciones supuestamente herméticas, cuyo mantenimiento estaba concesionado a la empresa naviera privada “Oceanográfica” – presumiblemente vinculada con los hijos de Marta Sahagún –, no funcionaron correctamente debido a sus lamentables condiciones), se debió a un huracán, pero los daños fueron mayores debido también a las deterioradas instalaciones de dicho pozo, ya que a los mal administradores panistas no les interesa que aquella empresa dé mantenimiento a su infraestructura productiva, y se engulle casi la totalidad de los ingresos petroleros, seguramente porque así justificarán más fácilmente la entrada de capital privado adicional a PEMEX, aduciendo que ni para dar un mínimo mantenimiento a sus instalaciones tiene dinero la paraestatal. Y ya British Petroleum sufrió la pérdida de una de sus plataformas ultraprofundas, la Thunder Horse, valuada en $5000 millones de dólares, cuando en julio de 2005 el huracán Dennis la destruyó parcialmente. Ubicada en medio del golfo de México, a 240 kilómetros de las costas de Nueva Orleáns, esa mole planea extraer 250,000 barriles diarios de crudo por día, pero a causa del accidente, además de graves problemas de diseño y construcción (por ejemplo, los tanques de balastro que la pretenden mantener a flote los próximos 25 años tienden a corroerse muy pronto), aún no está en producción, lo que se prevé se hará hasta finales de este año. Por fortuna en la fecha del accidente, todavía no estaba bombeando crudo, pues los daños al ecosistema marino habrían sido cuantiosos por tanto petróleo derramado. Si esto le sucedió a BP, que además en esta plataforma está asociada con Exxon Mobil, la que posee 25% de las acciones y BP, el 75% restante, supuestas empresas poseedoras de tecnología de punta, qué puede esperarse que sucederá con el resto de las plataformas ultraprofundas, de las que ya hay unas quince operando, en el caso de huracanes y otros disturbios climáticos, sobre todo ahora que, debido al calentamiento global (otro grave problema más debido a la irresponsable acción del hombre), aquéllos fenómenos naturales serán más frecuentes... ¡como ya señalé, los accidentes en dichas plataformas serán muy frecuentes y los daños en la ecología marina serán incuantificables y bastante severos!
Además los costos de operación de esas plataformas, como en el caso de la Cajun Express, son elevados, de medio millón de dólares diarios, así que los ejecutivos de Chevron consideran que, una vez en funcionamiento, el barril de petróleo costaría unos 40 dólares. Supongamos, entonces, que se “asocia” Chevron con PEMEX. A ese costo por barril, en caso de que el precio de venta fuera de 100 dólares, la utilidad sería de 60 dólares. En un esquema de “asociación”, probablemente Chevron alegaría que arriesga capital, además de la aportación tecnológica, así que pensemos, conservadoramente hablando, que retuviera 60% de tal ganancia (en Brasil, por ejemplo, Petrobras, la paraestatal petrolera de ese país, recibe de las petroleras extranjeras que extraen el crudo brasileño, entre un 10 y un 25% del precio al que éstas vendan cada barril de petróleo, es decir, a un precio de 100 dólares, aquéllas le entregarían entre 10 y 25 dólares, lo que evidencia la inequitativa posición que tiene esa empresa brasileña, en donde, merced a la parcial privatización hecha desde la época de Fernando Henrique Cardoso, cuando el gobierno tenía 87% de las acciones de la empresa, ahora sólo conserva el 40%. Hay actualmente una campaña de varios activistas sociales y expertos para revertir esa situación en la que, irónicamente, se está tomando como modelo a PEMEX, pues aquéllos consideran que está en mejor situación que Petrobras... ¡hasta ahora!). Así, se quedaría Chevron con 36 dólares y PEMEX o, más bien, los negociantes panistas, recibirían 24 dólares, que para ellos sería muy buen negocio, sobre todo porque varios tienen sus “empresitas” listas ya para entrarle en sociedad con las transnacionales en la intentona privatizadora de la paraestatal. Pero para el país, para los mexicanos, eso no es buen negocio, en primera, porque en las condiciones actuales, el costo de extracción por barril para PEMEX en sus pozos digamos que “normales” es de alrededor de 5 dólares, y suponiendo otros 10 dólares en gastos de transportación y otros costos, tendríamos 15 dólares en costos. La cotización actual ha superado incluso los 90 dólares, lo que significaría una utilidad de unos 75 dólares, los cuales prácticamente absorben los mal administradores panistas, sin que le permitan a la paraestatal capitalizarse, tanto para las construcción de infraestructura refinadora, como para el correcto mantenimiento de sus instalaciones, muchas en muy lamentable estado. Además, es claro para cualquier administrador que conviene más al país conservar la totalidad de la exploración, pues la utilidad correspondería completamente a México, no siendo así en el caso de compartirla. Por otro lado, el petróleo extraído sería no para las necesidades internas, sino para surtir las refinerías estadounidenses, pues ese es, de entrada, el plan de EU para México, como arriba expongo, ya que en los planes de los mal administradores panistas se prevé aumentar la producción diaria hasta en cuatro millones de barriles, es decir, así podría vendérsele un millón más a EU, pero por mediación de las empresas extranjeras, no de PEMEX, la que, como dije, sólo se quedaría con parte de las utilidades. Además, parte del dinero recaudado se iría en pagar el costo de las plataformas ultraprofundas, pues las empresas extranjeras buscarán primero que se amortice su inversión, antes de que PEMEX se quede con el total de las utilidades que le correspondan. Se especula que el “negocito” podría ascender hasta unos 300,000 millones de dólares, que equivaldrían a que se operaran unas 300 plataformas que costarían unos 1000 millones de dólares cada una, además de que llevaría diez años, como mínimo, la construcción y operación de dichas plataformas, demasiado tiempo para los planes de los mal administradores panistas de hacer sus grandes negocios.
Por otro lado, por ninguna parte se ve que en los planes panistas se proponga una diversificación petrolera, es decir, de nueva cuenta sólo se prevé exportar crudo, no derivados de éste, los que tienen mayor valor agregado al final, más ganancia, pues. Y eso es evidente en la relación actual de los petroquímicos que México exporta a EU, pues del total de barriles equivalentes, que asciende a un millón 322,000 por día, solamente 88,000 barriles de esa cantidad corresponden a petroquímicos, es decir, menos del 7%. En contraste, Canadá le vende a EU dos millones 360,000 barriles diarios equivalentes, de los cuales 576,000 son productos refinados, es decir, casi 25%. Otro caso es el de Inglaterra, la que le vende a EU un total de barriles equivalentes de 238,000, pero de los que 145,000 son petroquímicos, o sea, casi 156%. Y el que saquemos menos dinero por vender mayoritariamente petróleo crudo, no es todo el problema, sino que por la falta de inversiones en refinerías, por ejemplo, hemos llegado actualmente a que del total del petróleo exportado, unos 42,000 millones de dólares el año pasado, casi 36,000 millones fueron gastados en comprar gasolinas, gas natural y otros petroquímicos, o sea, ¡cerca del 86% de esos ingresos se nos van en recomprar, ya procesado, el petróleo que le vendemos a EU (que es el país que mayoritariamente nos vende productos petroleros), pero mucho más caro! (sí, así como los jitomates que le vendemos, que nos revenden en forma de puré o de jugo de tomate, ¡vaya negocios estúpidos que hace nuestro “gobierno”!). Por ejemplo, cuatro de cada diez litros de gasolina “mexicana” son importados. Eso evidencia que las formas de control neocolonialista, que consideran a países subdesarrollados, como México, como meros exportadores de materias primas, siguen tan vigentes, tal cual lo hicieron España o Inglaterra durante los nefastos tiempos coloniales.
Así pues, las “riquezas que yacen en el fondo del mar” no son para beneficio de los mexicanos, no son para ampliar nuestras reservas, sino que todo lo dicho es parte del plan estadounidense para seguir amoldando a México a sus necesidades futuras, tanto energéticas, como industriales. Sí, así como el Plan Puebla Panamá (PPP), que pretende hacer una región maquiladora desde nuestro país hasta Panamá, muy al estilo chino, de materias primas baratas, recursos energéticos abundantes y salarios muy bajos. O como el proyecto de la generación privada de energía eléctrica (por ejemplo los proyectos eólicos de la Venta, en Oaxaca, totalmente en manos de particulares), ya en funcionamiento, justamente para surtir de energía suficiente a las maquiladoras que surjan del PPP. O los planes para privatizar áreas naturales del país, como manglares y playas, para construir allí, sin que importe para nada el daño ecológico que se provocará, grandes complejos turísticos. O como los proyectos panistas que han hecho de importantes lugares arqueológicos como el Tajín, Tulum o Teotihuacan, foros comerciales para que se presenten estrellas de la farándula nacional y extranjera. O como las “reformas” constitucionales que prácticamente dejaron en manos privadas la casi totalidad de las telecomunicaciones en México. O lo que ya se hace en el campo, de permitir a agroindustrias extranjeras que compren o alquilen ejidos para la siembra de cereales transgénicos, sin obstáculos, ni objeción alguna, a pesar de los potenciales daños a la salud y al medio ambiente que pueden desatar esos organismos alterados artificialmente, como el maíz de Mosanto, con tal de aumentar la producción de granos, no para que tengamos más alimentos, sino para que sean procesados y convertidos en etanol y otros biocombustibles, que serán luego exportados a EU, para que los estadounidenses puedan emplearlos en sus gastalones SUV’s... y así por el estilo.
¡Venga, pues, otro gran negocio panista-priísta, otra entreguista iniciativa, bajo la batuta estadounidense, sea bienvenida una nueva manera de seguir vendiendo y subastando los recursos que le quedan, cada vez menos, a este pobre país!

Contacto: studillac@hotmail.com

sábado, 8 de marzo de 2008

La crisis de los créditos en Estados Unidos: la consecuencia de gobernarse por índices

La crisis de los créditos en Estados Unidos:
la consecuencia de gobernarse por índices.

por Adán Salgado Andrade


La extendida, materialista costumbre que tienen los estadounidenses, más que cualquier país, de medir todo a través de índices numéricos, los ha convertido en una sociedad que se cuantifica en todo. Así, hay índices de confianza, de riesgo, de propensión al consumo, de las intenciones de trabajar, de estudiar, de vender, de adquirir una enfermedad, de morir en un accidente… sí, para todo hay algoritmos, fórmulas que pretenden determinar cuestiones tan aleatorias como la posibilidad de que haya un estallido social en cierto país que ponga en peligro las inversiones hechas allí por los hombres de negocios estadounidenses, para quienes es primordial contar con la seguridad de que su “valioso dinero” no se perderá.
Un caso concreto de medición cuantitativa, que podría decirse que influyó fuertemente en la actual crisis de los créditos hipotecarios insolventes (y, en general, de todos los créditos, como los generados por las tarjetas de crédito, aparte de la recesión en la que ya está inmerso EU, aunque Bush diga lo contrario, y que ya está afectando al resto del mundo), además de que los estadounidenses estén constantemente endeudados, es el exagerado empleo del llamado índice FICO (Fair Isaac Corporation), como veremos. Digo que es sólo uno de los factores que contribuyeron a que haya millones de personas que no pueden pagar ya los créditos de sus casas – aunque claro que no el único –, pues se debe también señalar que el que haya tantos créditos inmobiliarios sin posibilidad de liquidarse se debe a que desde hace unos cinco años, se inundó el mercado de bienes raíces, que siempre se había considerado como uno de los negocios más “seguros”, de demasiadas construcciones, tales como casas, edificios de departamentos, oficinas… en fin, millones de inmuebles que las constructoras y las inmobiliarias comenzaron a construir sin la más mínima consideración, excepto de que entre más casas y edificios vendieran, más ganancias tendrían en el mediano y largo plazo. Esto, por supuesto, siguiendo la irracional máxima del sistema capitalista de que se debe de fabricar lo más que se pueda, en la ingenuidad de que siempre habrá una demanda dispuesta a comprar todo. En este caso, como se trata de un bien de primera necesidad, o sea, tener una casa, un hogar, la demanda siempre estuvo allí. Y una señal de que la economía estadounidense está en bonanza, en primerísimo lugar, ha sido siempre la venta de casas. De hecho, las paraestatales crediticias Fannie Mae y Freddie Mac, son las empresas gubernamentales que se dedican a financiar bienes raíces mediante hipotecas (éstas pertenecen a la Office of Federal Housing Enterprise Oversight, OFHEO, dependencia gubernamental que “cuida” el buen manejo de los créditos hipotecarios). Pero también, dado que se consideraba excelente negocio la venta de casas, sucedió que bancos, empresas hipotecarias, asociaciones crediticias… nadie quiso quedarse sin su tajada en el negociaso y empezaron a financiar proyectos propios o a dar créditos, de tal manera que comenzó a crearse una burbuja inmobiliaria que no tardaría mucho en estallar, como ya lo hizo, pues se vendió a crédito mucho más de lo que realmente la gente tenía posibilidades de pagar… y así pasó (la crisis japonesa de principios de los noventas, que aún no termina de superarse, se debió a un esquema similar de saturación del mercado inmobiliario). Lo que hoy se vive era algo que ya se había estado vaticinando desde hace más de tres años (Ver mi artículo en Internet, en el buscador Google “Hacia una nueva recesión estadounidense y mundial”). A los ávidos compradores sencillamente se les clasificaba por su historial crediticio, y aquí es donde entra el famoso FICO.
Este índice fue creado en 1956 por dos técnicos: Bill Fair, ingeniero, y Earl Isaac, matemático, quienes idearon una compleja fórmula basada en múltiples variables (tipos de créditos anteriores, deudas acreditadas, historial de pagos, número de préstamos solicitados… entre otras) que pudiera, supuestamente, ayudar a bancos y tiendas departamentales para que “calcularan” la confianza crediticia de sus clientes, en medio del frenesí funcionalista de ese entonces, que consideraba a la sociedad como una especie de organismo, cuyo funcionamiento podía explicarse y predecirse con sólo crear fórmulas para todo. En la actualidad es tan exageradamente empleado el FICO, que ¡hasta algunos mezquinos hospitales privados están exigiéndolo a los pacientes que ingresan, para asegurarse de que “¡no se les vayan a ir sin pagar!” (con eso de que allá también la salud está sumamente mercantilizada, pues se le negará la atención a quien cuente con un dudoso FICO). Ese índice establece ciertos valores, por encima o por debajo de los cuales la persona así clasificada es o no confiable. Se desplaza de un mínimo de 300 hasta 850, siendo el medio 723, digamos que el número estándar que garantizaría a su portador ser un confiable solicitador de crédito que pagará la deuda contraída. Valores por encima de 800 son considerados excelentes, pero por debajo de 620, son pobres. Y por ello, por la importancia de contar con un valor de FICO alto durante la época del boom inmobiliario, fue que hubo “vivales” que se dedicaron (y aún se dedican) a manipular el índice para modificarlo y subirlo, de tal manera que el portador se hiciera elegible de crédito para una casa, por ejemplo. Esos “saneadores de crédito” eran, y son, muy demandados, pues pueden lograr mediante mañosas tácticas y artimañas subir de, digamos, 600 a 700 puntos, con lo cual ya “mejorará” la confiabilidad del presunto candidato a solicitar un crédito inmobiliario. Por supuesto que en la época del boom, los bancos y las hipotecarias, con tal de prestar dinero sin ton ni son para la compra de casas o venderlas, tomándolas como hipotecas en garantía, ellos mismos modificaban el FICO de sus potenciales clientes, si éste era muy bajo, y asunto arreglado, en unos pocos días los compradores recibían su flamante “hogar, dulce hogar”, sin importar, aunque parezca asombroso, para nada su salario porque, resulta extraño, el FICO no toma en cuenta el salario de quien con eso se valora. Puede pensarse que alguien, muy hábil en los números y en el papeleo crediticio, quizá se manipulaba su FICO y éste resultaba alto, digamos de 800, y aunque no tuviera empleo en ese momento (que fue el caso de muchos), le era asignado un crédito inmobiliario para la compra de su casa, así que cientos de miles de ventas sólo se hicieron tomando en cuenta FICO’s altos, pero para los cuales no había un verdadero sustento económico del demandante de crédito. Además, se ha establecido como norma, en multitud de actividades comerciales, exigir el FICO. Las aseguradoras lo emplean para ver, por ejemplo, qué tan confiables son las personas que quieren asegurarse, si cumplen con sus créditos, si pagan sus deudas o, en el caso de que estén enfermos, si realmente tomarán los medicamentos que les receten los doctores para que se curen (sí, porque la aseguradora no querrá que siempre esté enfermo el asegurado o buscará que vaya consumiendo menos medicamentos, de los caros, sobre todo, con el paso del tiempo, pues lo que menos gasten esas compañías en la salud, mayores sus ganancias, ¡claro, el principio de la máxima utilidad va por delante de todo, hasta de la salud!). Las cadenas comerciales y franquicias emplean el índice para analizar si en determinada zona vale la pena establecer matrices de sus negocios. Las automotrices lo usan para autorizar o no un crédito a sus clientes… incluso, por si no bastara con lo dicho, se ha llegado al extremo de que el FICO (elaborado por la compañía que fundaron sus creadores, la empresa Fair Isaac Corporation, la que le da el nombre), se ha pretendido sofisticar tanto que hasta los casinos y casas de apuestas lo emplean para ver cuáles de sus clientes serán a los que más se les pueda exprimir su dinero (por ejemplo, hay un FICO que establece si tal o cual persona acostumbra ganar mucho o poco cuando apuesta o juega cartas o en la ruleta).
Así, es más que evidente que la sociedad estadounidense no ve rostros ya, no aprecia amistades, no le interesa ver valores como bondad, solidaridad, amistad… nada de eso, las personas sólo valen en función de su FICO y, en consecuencia, de la cantidad de dinero que aquél respalda para cada uno. Será primordial, entonces, preguntar, ¿cuánto es el valor de tu FICO, cuánto vales?
Pero, como señalé antes, con tal de sanear el FICO, la gente recurre incluso a trucos o a los mencionados “saneadores de crédito”. Tipos como Larry D. Hall están haciendo muy buen dinero haciendo subir el FICO de sus clientes, quienes ahora que están cada vez más restrictivos y escasos los créditos bancarios o las hipotecas, necesitan urgentemente que el materialista sistema les dé su “carta de buena conducta” en cuestión de créditos (en México, esto equivaldría a que a alguien, mediante triquiñuelas computacionales, por ejemplo, lo pudieran sacar del buró del crédito, pues al estar en las listas de éste, no puede de ningún modo obtener crédito alguno). Por ejemplo, Hall recurre a tretas como el hacerse pasar por un operador de una empresa prestamista y envía a los burós de crédito cartas en donde certifica que le ha prestado a tal persona (uno de sus clientes, por supuesto) dinero, digamos $5,000 dólares, ya que es “muy solvente y confiable”. Eso es suficiente para ir subiendo los puntos del FICO gradualmente. Y si las tretas siguen funcionando, el cliente muy pronto tendrá suficiente puntaje para que el banco le preste dinero o que la hipotecaria le conceda un préstamo sobre su propiedad o para la compra de una nueva casa. Pero, como queda claro, es muy vulnerable una alta puntuación del FICO, pues puede tratarse de personas que en realidad no conformen con los requisitos exigidos por los prestamistas, quienes sólo se apoyan en valores altos. De acuerdo con la empresa hipotecaria Golden West, muchos de los actuales defraudadores imposibilitados de pagar los créditos contraídos, tenían FICO’s de 750 o más, por tanto no serían ya de fiar, aconsejaría el sentido común, valores altos. Pero se siguen empleando, aunque ahora muchos bancos, como remedio, están exigiendo FICO’s más elevados, de 800 o más.
La misma empresa Fair Isaac ha prometido que el FICO del 2008 tomará en cuenta más variables para hacerlo “más seguro”. O sea, más de lo mismo, lo que indicaría que en cuanto la actual crisis amaine un poco, pues se seguirá empleando el FICO, que ahora, seguramente declararán sus promotores, “¡está blindado y reforzado y a prueba de fraudes!”. Sin embargo, para desgracia de esa empresa, ya hay algunas compañías que están haciendo su propia versión del FICO y que, aseguran, será mucho más seguro que el ofrecido por Fair Isaac. Una de ellas es CreditXpert, cuyo director, el señor David G. Chung, ha declarado que lograron hacer “ingeniería reversible” con la fórmula original y al agregar “otras variables”, afirma, han logrado valores “más cercanos a la realidad”.
De todos modos, sea el FICO original o sus derivados, lo que debe notarse es ese exagerado empeño de numerarlo todo, como se dijo al principio. De todos modos, siempre la gente hallará formas de manipularlo y que el sistema les dé su estrellita por buen comportamiento.
Algo también de lo que hace Hall, el saneador de crédito, para subir el rating de sus clientes es que les aconseja que aleguen que las deudas que les reclaman no les pertenecen. Esto es posible gracias a que los créditos vencidos se van corriendo a distintas empresas que se encargan de cobrarlos ellas mismas. Esa práctica en México, por ejemplo, se da cuando un banco que tiene un cliente moroso le pasa el adeudo a un despacho jurídico, quien se quedará con un porcentaje de lo adeudado una vez que logre que el deudor pague, sea por intimidaciones, juicios mercantiles, penales, etcétera, cuantas argucias legales o legaloides sirvan para tan “loable” fin (sí, el prestamista tratará de hacer lo imposible con tal de cobrar hasta el último centavo que se le adeude. Esos despachos de pseudo-abogados recurren a todo cuanto esté a su alcance, incluso amenazas, prácticas gangsteriles, cohecho de autoridades... y tantas infames prácticas toleradas por nuestro injusto “sistema legal”, frente a las cuales, los pobres, endebles deudores están prácticamente sin protección alguna). Así, muchos de los clientes de Hall han logrado deshacerse de una deuda porque el cobrador no puede aclararle qué es lo que se le está cobrando y sólo le presenta el adeudo.
Esto nos lleva a otra situación que contribuyó también a profundizar el problema, debido al amplio uso de los llamados “valores de deuda” (debt securities). En el afán de entrarle todos al negocio, no sólo las inmobiliarias, las hipotecarias o los bancos, sino corredurías financieras, sociedades mutualistas... en fin, cuanto negocio dedicado a la especulación pura pudiera entrarle al boom de los bienes raíces, una empresa hipotecaria o un banco, por ejemplo, especulaba con los valores de deuda que tuviera en ese momento vendiéndolos por determinado precio a una correduría, digamos. Supongamos que la inmobiliaria hubiera vendido una casa a crédito por $250,000 dólares, recibiendo un enganche de $50,000 y aplicando un interés anual de 15% sobre el adeudo de $200,000 dólares que se hubiera fijado en 20 años. Si los pagos mensuales se fijaran en $1000 dólares, al final de los 20 años se habrían cobrado unos $240,000 dólares aproximadamente, o sea, $40,000 dólares más debido a los intereses cobrados, la ganancia por vender a crédito. Con tal de disponer de ese dinero al momento, pudo venderle la inmobiliaria a la correduría esa hipoteca en, digamos, $205,000 dólares, prescindiendo de los $35,000 dólares restantes que iba a estar cobrando los siguientes veinte años mediante los pagos mensuales que incluirían los intereses mensuales. Así, la correduría actuaría como si hubiera invertido en las acciones de una empresa, las que, claro, deben de dar rendimientos futuros, que en este caso serían los intereses cobrados a los compradores de las casas. No sólo eso, sino que gobiernos municipales también le entraron al “gran negocio” de los préstamos hipotecarios comprando a bancos, hipotecarias e inmobiliarias cientos de miles de esas “obligaciones” para emplearlas como colaterales que apoyaran los bonos municipales que dichos gobiernos emiten y que ofrecen públicamente, garantizando un rendimiento mínimo (algo así como los famosos CETES mexicanos), para que dicho rendimiento fuera incluso mayor al ofrecido originalmente en tales bonos. Pero no paró allí la cosa, sino que muchos de esos municipios, con tal de apoyar sus inversiones en valores de deuda, optaron por “asegurarlos”, o sea, compraron seguros que garantizaran el pago de sus bonos municipales, intereses incluidos, en el “remotísimo caso” de que los valores de deuda fallaran, ¡tal y como sucedió! Ahora, las aseguradoras deben de pagar cientos de millones de dólares, tanto por los bonos municipales que sólo así podrán hacer efectivos los rendimientos prometidos a sus tenedores, como por alguna de la gente que tenía aseguradas las casas que les fueron embargadas, lo que está provocando la quiebra de varias de tales aseguradoras, pues nunca imaginaron que el cobro de seguros se diera al por mayor. Incluso los valores llamados “subastables” (porque se venden mediante subastas, al mejor postor, y así se fija también su tasa de rendimiento, además de que el mínimo adquirible es de varios millones de dólares), considerados hasta antes de la debacle superseguros, el privilegio de ricos y de especuladores de elite, como Warren E. Buffett, también se han desplomado en su valor y sus privilegiados inversionistas han perdido millones de dólares en ellos, pues también se apoyaron en el “gran negocio” de los valores de deuda inmobiliarios.
Y hay que señalar aquí que hasta las AFORES mexicanas, esos supuestos “fondos de pensión” que los bancos manejan con el dinero de millones de trabajadores, salieron perjudicadas, pues se reportan “pérdidas” por 3700 millones de pesos en “malas inversiones en sectores estadounidenses”, lo que significa que habrá menos dinero para las de por sí miserables futuras pensiones de algo así como 38 millones de trabajadores, a quienes el gobierno ha engañado con el cuento de que tales Afores se crearon para “mejorar” esas pensiones, siendo que en realidad se hicieron para capitalizar a los quebrados bancos que en ese entonces, hace ya casi quince años, eran aún mexicanos, pero que ahora, gracias al buen dinero que se les inyectó con los tramposos “fondos de pensión”, ya son casi todos extranjeros, más del 90% (y no se entiende por qué, en lugar de estar invirtiendo en empresas extranjeras de dudosa reputación, no lo hacen, por ejemplo, en PEMEX, paraestatal mexicana que necesita, a decir de nuestros gobernantes-administradores, “mucho dinero” para que pueda continuar con sus exploraciones en aguas profundas, pues con el petróleo tan caro, y lo que continuará encareciéndose, se darían “buenas ganancias” a las tales Afores y, en consecuencia, se “incrementarían las pensiones”, digo, si vale emplear ese pretexto tan cándido, que todo eso, hasta vender a la banca mexicana, se ha hecho en “beneficio de la clase trabajadora”). Sí, como señalé antes, la crisis crediticia de EU afectará a todo el mundo, como ya está sucediendo, pues aún ocupa ese país alrededor de un tercio de la actividad económica mundial cada año.
Así pues, volviendo a la crisis de créditos, por lo dicho se comprenderá que la cadena especulativa que se fue creando alrededor de los compradores a crédito de casas resultó un brutal golpe para la casi totalidad de la economía estadounidense, pues al no estar millones de éstos en posibilidades de cumplir con sus obligaciones crediticias, provocaron un fallo generalizado. Instituciones bancarias y crediticias tan “prestigiosas” como Citigroup, JPMorgan, American Express, Capital One, HSBC, Credit Suisse Groupe, GE Capital (así, es, General Electric, esa empresa que fundara Edison y que comenzó haciendo focos hace más de cien años, ahora obtiene la mitad de sus ganancias de su división financiera, ofreciendo eso un “loable” ejemplo de “diversificación capitalista”)... y decenas de otras han perdido millones de dólares por los deudores insolventes y seguirán perdiendo en los meses por venir, pues lo peor de la crisis, consideran varios analistas, todavía no ha llegado. Declara Richard D. Fairbank, director de Capital One, una de las empresas que más tarjetas de crédito emite en EU, “La verdad es que cada día que pasa nos obsesiona el saber qué tan mal esto se pondrá”. En su caso, la empresa que dirige ha dejado hasta el momento en calidad de “cartera vencida”, deudas de tarjetabientes morosos por $2,000 millones de dólares “y yo creo que es poco”, declara, muy desalentado. Sí, así de graves son las crisis capitalistas en la actualidad, pues simplemente siguen el ritmo de la tan cacareada globalización, pues todo se difunde tan rápidamente, que hasta las debacles financieras se esparcen velozmente.
Para ilustrar un poco más como ha actuado la cadena especulativa que analizo arriba, quizá podría emplearse la siguiente analogía alimenticia. Supongamos que por falta de agua se hubiera dejado de regar un campo de maíz, y que el productor, en consecuencia, no hubiera podido cosecharla y pagar sus deudas, como los fertilizantes que hubiera comprado o los implementos agrícolas y que los fabricante de éstos, al no recibir el dinero adeudado, no hubieran podido pagar sus propias deudas de la materia prima empleada a su vez por ellos o los salarios, y que la empresa cerealera que hubiera, incluso, adelantado el pago por la cosecha, no la recibiera y, en consecuencia, perdería dinero, además de que no podría elaborar los cereales que produce... y así. Digamos que los millones de créditos que no se pagarán en Estados Unidos están produciendo un efecto multiplicador, pero no en el sentido positivo que resaltaba Keynes (el economista británico que hablaba de que un impulso en la economía por parte del gobierno, se multiplicaba con creces en el resto de los sectores), sino en uno total y absolutamente negativo.
En el caso concreto de los deudores inmobiliarios, las peores consecuencias son que muchos están perdiendo, o ya perdieron, sus casas, y con ello, se esfuman, de la noche a la mañana, los esfuerzos de toda una vida, pues aún en ese país considerado “rico” no es fácil hacerse de una casa. Evidentemente que sin casa, menos estarán en posibilidades de consumir otros bienes, salvo los indispensables y de manera precaria (comerán menos, no acudirán al doctor cuando enfermen, no gastarán en ropa o diversiones...). Para ellos no habrá ya ningún FICO que los salve pues estarán en la lista negra de morosos que perdieron sus casas por no poderlas pagar. Sí, son los más duramente afectados, pero nadie se salva en la actual hecatombe.
Pudiera pensarse que para aquéllos cuyos hogares están saldados desde hace tiempo los problemas son mínimos. No es así, claro, pues al igual que las personas que perdieron sus casas, están constantemente endeudados, como todo “buen estadounidense” acostumbra. Sí, éstos deudores no deben su casa, pero sí los préstamos que constantemente piden, empeñando sus hogares como garantía, para liquidar ese otro gran fardo que es el crédito obtenido por las tarjetas de crédito. Sin embargo, debido al efecto devaluatorio que la crisis de los créditos hipotecarios está teniendo sobre sus casas – pues éstas valen menos ahora que hace cinco años, dado que hay una sobreoferta de casas nuevas que nadie compra, además de las que están quedando desocupadas por los embargos, en espera de ser revendidas de nuevo –, ya no están obteniendo los mismos préstamos que antes de la crisis, y en consecuencia están retrasando sus pagos e, incluso, ni siquiera pueden liquidar los intereses devengados (además, desde el 2003, entró una nueva, rígida ley, apoyada por Bush, favoreciendo a los banqueros, claro, que ordena que todos los deudores deben renegociar al menos un 25% de la deuda y pagarla, para que así el banco les “conceda la gracia” de extenderles el plazo con la deuda restante. Ni tratándose de créditos de casas el banco o la compañía se ablandarán, ya que pueden embargar, incluso, la propiedad si el deudor no tiene para pagar). Antes, muy fácilmente pagaban, por ejemplo, sus deudas del auto nuevo, de la cocina integral nueva, del viaje a Europa con sólo hipotecar sus casas... ¡y les salía más barato pagar los intereses de esas hipotecas, que eran mucho menores que los cobrados por las tarjetas! Gracias a la “garantía” que ofrecían sus casas, entre 2001 y 2006 los deudores pudieron disponer de “cash”, por alrededor de ¡$1.2 billones de dólares! ($1200000000000), equivalentes a un 10% del PIB estadounidense del año pasado (bastante, pues eso significaría que un dólar de cada diez es debido, o sea, hay un fuerte endeudamiento a nivel nacional y el crecimiento es ficticio, o sea, no apoyado en labores productivas reales). Eso significa que la clase media estadounidense tiene ahora un proporción deuda-ingreso (o sea, cuánto se debe en relación con lo que se gana) de 141%. Lo que quiere decir que si una persona gana, por ejemplo, $60,000 dólares por año, debe $84,000 dólares, deuda que irá arrastrando toda la vida, alcanzando a pagar sólo los intereses, en el mejor de los casos. Pero ahora, como se señaló, ya ni eso, pues ya les prestan menos los bancos por sus casas. Y si no tienen para pagar ni los intereses, pues menos van a seguir consumiendo. Al reducirse el consumo, la crisis no quedará, como muchos analistas superficialmente presumen, sólo en que muchas personas pierdan sus casas, sino que se extenderá al resto de la economía, dado que el crecimiento de ésta, un 90%, se debe justamente a dicho consumo. Así que con un menor crédito habrá menos consumo, menos producción, cerrarán empresas, se recortarán empleos... además de los efectos mundiales que ya se están manifestando. ¡Cuántas veces esta viciosa constante de las crisis capitalistas se ha repetido con el transcurso del tiempo!
Así pues, el crédito, está dándose a cuentagotas, con intereses más altos y condiciones más duras. Por ejemplo, hay compañías que además de exigir un FICO mayor, exigen que se pague por adelantado un 15% como mínimo del préstamo que se esté pidiendo, o sea, el vampirismo especulativo en su máxima expresión, pues si se pide un préstamo es justamente porque en ese momento no se cuenta con dinero. Y las tarjetas de crédito ya no son ayuda, pues han disminuido el crédito disponible (ilustrativo es que en algunos casos han pasado de ofrecer $13,000 dólares de crédito disponible a $2,000 dólares, además de que los saldos impagos se han disparado, en promedio, de $14,000 a $27,000 dólares, sobre todo por la acumulación de intereses sobre intereses, el llamado anatocismo). No, ya no es bueno el crédito, irónica situación en un país en donde el “cárguelo a mi tarjeta” era la santa norma. No, ahora se exige riguroso cash. “¡Pague sus deudas o le embargamos su casa, su auto, su yate, su TV de plasma, su laptop, sus trajes, su ropa de diseñador, su videocámara, su computadora... todo!”, exigen bancos, empresas de tarjetas de crédito, hipotecarias, automotrices, tiendas departamentales, hospitales, escuelas privadas, boutiques... y para pagar, los estadounidenses incluso han recurrido, ¡horror!, a casas de empeño (empeñan sus autos, joyas, enseres domésticos, casas) o a prestamistas por nómina (estos son los agiotistas que adelantan dinero tomando como garantía los futuros salarios del infeliz que les pide prestado, pero cobrándole un leonino, ventajoso interés de ¡500%, o sea, que por cada dólar prestado exigen 5 y se cobran de los salarios futuros depositados en los bancos, que ellos se embolsan, en lugar del trabajador, así que no tienen pierde!).... sí, están echando mano de las populares prácticas a las que la gente pobre de los países subdesarrollados recurre constantemente para paliar su precaria existencia. Sí, la crisis ha resultado muy buen negocio para los prestamistas de nómina, por ejemplo, cuyo número era de unos cuantos en los 90’s en tanto que ahora hay unos 23,000, que se han establecido principalmente en lugares en donde el ingreso medio anual es de $48,000 dólares, claro, para que tengan la certeza de que sus préstamos y los leoninos intereses cobrados sean liquidados sin problemas. Igualmente, las casas de empeño han aumentado sus ganancias, como EZcorp, una suerte de Monte de Piedad estadounidense, que incrementó sus entradas un 29% y otra, Cash America International, lo hizo en un 21%... ¡pues vaya con la tercermundialización de la economía estadounidense!
Incluso hay muchas personas que, con tal de obtener algo de cash, están echando mano de sus fondos de pensiones o de sus seguros de vida, de los que piden préstamos por adelantado, pero como los intereses cobrados son altísimos, de alrededor de 28%, además de una “penalización” del 10% por disponer de esos fondos prematuramente, los deudores no pueden pagarlos y las aseguradoras y las administradoras de los fondos se cobran arbitrariamente del dinero que queda, así que los ahorros que se tenían pensados para la vejez, pues disminuyen o de plano pueden desaparecer... así de graves están las cosas por allá. Es el caso de la señora Mary Greenleaf, jubilada de 70 años, cuya magra pensión de $800 dólares no le alcanza para nada, menos ahora en medio de la crisis. Antes, ella podía cubrir fácilmente sus faltantes con un tarjetazo de su American Express, sobre todo a la hora de comprar sus medicamentos en farmacias o su vituallas en supermercados. Pero el banco, sin avisarle, le subió los intereses cobrados de 17 a 29%, lo que elevó el mínimo que ella debe de pagar cada mes. Como consecuencia de eso, dejó el departamento que rentaba y se mudó con su hija, pues lo que pagaba de renta lo emplea ahora para liquidar sus deudas. “Ya ni siquiera voy al doctor, pues no tengo para pagar lo que me toca del seguro”, dice, muy triste. Ella es una de las personas que han debido pedir un préstamo adelantado de su seguro de vida por $3,000 dólares de los $40,000 que cubre su póliza, pero si no los puede pagar a tiempo, entonces deberá pagar impuestos por el préstamo y por las ganancias que obtuvo con el correr de los años pues el IRS (la secretaría de hacienda estadounidense) le tomará su seguro de vida como depósito bancario y no como futura prestación. Y así como Greenleaf hay millones de tarjetabientes que ya no pueden emplear tanto sus tarjetas, pues se exponen a un crédito disponible menor y a intereses leoninos... ¡vaya con los buitres crediticios!
Sí, haber vivido tantos años del crédito tiene sus consecuencias, una de ellas, contemplar cómo uno de los países más ricos ha perdido, de pronto, sus pasadas fortunas, y ahora pareciera más un millonario venido a menos, como aquéllos que durante la quiebra bursátil de 1929 se suicidaban arrojándose desde las ventanas de los altos edificios, inconsolables por la súbita pérdida de sus riquezas.
Y tan mal andan los negocios por allá, de todo tipo, afectados por FICO’s y deudores insolventes, que algunos intentos gubernamentales por controlar cuestiones como la prohibición de fumar en lugares cerrados, están siendo tomados como obstáculo para ciertos sectores. Como cada vez son más estados en donde se están aprobando leyes antitabaco, algunos economistas, como el señor Michael Pakko, se han dado a la tarea de investigar (seguramente aconsejados por los dueños de restaurantes y bares) los efectos que esas ordenanzas han tenido en la actividad económica. Según sus estudios, realmente han disminuido las ganancias y ha habido despidos. Por ejemplo, en tres casinos de Delaware bajaron, de acuerdo con sus administradores, 15% las ganancias de las máquinas tragamonedas luego de dos años y medio que las leyes antitabaco se han estado aplicando. En otro estudio conducido por dos economistas de las Universidades de Wisconsin y de Carolina del sur, se halló que entre 2001 y 2004, por tales disposiciones, ha bajado la asistencia a bares un 4%, ya que, dice Pakko, “fumar y tomar van de la mano”. Y quizá en estos momentos en que la crisis apenas está comenzando, ese tipo de supuestos estudios baste para echar para atrás tales medidas o atenuarlas, todo en “bien de la economía”, aunque la salud de los no fumadores vaya de por medio (en México, por ejemplo, a pesar de que ya están aprobadas medidas antitabaco que también prohíben fumar en lugares cerrados, las cuales se aplicarán en unas semanas más, muchos dueños de restaurantes y bares están amparándose alegando, justamente lo mismo que en EU, que eso, prohibir que se fume en sus establecimientos, desalentará la entrada de gente que tiene ese hábito, lo que afectará sus ganancias, y seguramente que dada la laxitud con que aquí se aplican las leyes, habrá seguramente “excepciones” a la regla, presionados los legisladores por los emprendedores “hombres de negocios”).
Como se ve, el atenerse a dudosos índices numéricos tiene muy graves consecuencias, como las referidas. Y si nos atenemos, siguiendo el juego, a esos números, no sólo el FICO estadounidense no es ya confiable, sino que la imagen de EU como superpotencia económica va quedando atrás.


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