La explotación laboral en China es durísima
Por Adán Salgado Andrade
China se jacta de ser la maquiladora mundial, además de presumir también de tener grandes avances tecnológicos que ya la colocan al nivel de países avanzados. Muchos de ellos, porque ha pirateado tecnologías extranjeras mediante ingeniería reversible (aunque no se le considera todavía un país desarrollado, pues su ingreso per cápita todavía no es alto, rondando los $13,121 dólares, similar al de México, además de que todavía tiene muchas deficiencias en sectores clave como la salud pública, el sistema de pensiones, dependencia tecnológica, campesinos pobres, además de un sistema autoritario similar al de países subdesarrollados, como Norcorea. Ver: https://www.globaltimes.cn/page/202510/1344865.shtml).
Como depende del consumo, sobre todo el de las exportaciones, fabrica en exceso, la sobreproducción, y siempre ha pensado que todo lo que hace, se le venderá. Sin embargo, no ha comprendido (o se niega a aceptarlo), que no puede ir en contra de las leyes capitalistas que Carlos Marx (1818-1883) enunció hace 159 años, cuando su obra Das Kapital se publicó, en 1867, y en la que dejó muy claro que conforme el tiempo pasa, la tasa de ganancia va disminuyendo, por la brutal competencia entre todo tipo de empresas, por lo que la “solución” ha sido siempre la mencionada sobreproducción, es decir, fabricar más (para compensar la baja ganancias por producto) de lo que el consumo social conjunto está en condiciones de adquirir. Al no cumplirse las metas de ventas, las empresas entran en crisis financieras, disminuyen la producción, despiden a trabajadores, provocan crisis económicas mundiales y varias, hasta quiebran (ver: https://www.monografias.com/trabajos7/crisis/crisis).
Ha querido abarcar mercados específicos, para asegurarse el consumo, como los autos eléctricos, que dentro del mismo país han emprendido una competencia tan salvaje, que de haber existido unas ¡500 marcas! de autos eléctricos, actualmente no suman más de diez (ver. https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/10/la-saturacion-de-autos-electricos.html).
Prueba de que ni en eso puede seguir vendiendo su sobreproducción, es que la empresa BYD, vio disminuir sus ganancias 55 por ciento con respecto al año pasado Además, BYD, tiene apenas una ganancia del 2.7 por ciento, por cada auto vendido, la mitad de la que ya, de por sí, está muy constreñida, del 5 por ciento casi generalizada. Y eso lo hacen esas empresas, con tal de competir en precio con otras y vender más. De hecho, fue la estrategia para que esa empresa BYD (Build Your Dreams) le ganara en ventas a Tesla el año pasado (ver: https://jornada.com.mx/2026/04/29/economia/019n3eco).
Además, como mencioné arriba, ese cuestionable crecimiento está depredando y contaminando aceleradamente al planeta y ya es China el primer contaminador mundial. Y piensa que puede crecer infinitamente en un planeta con recursos finitos. Ya, desde el lejano 1972, el Club de Roma, realizó un estudio sobre que si se seguía fomentando un crecimiento sostenido ilimitado, el planeta se colapsaría, trabajo que se convirtió en libro, Los límites del crecimiento (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/05/no-es-posible-el-crecimiento-economico.html).
Y eso es justo lo que está haciendo China, no sólo depredando y contaminando sus recursos aceleradamente, sino también los de otros países, como en África, en donde opera minas de oro y cobre, en zonas naturales protegidas, que están contaminando y dañando seriamente al planeta. El año pasado, por ejemplo, en Zambia, una de sus empresas, Sino Metals, envenenó irreversiblemente al Río Kafue, al colapsarse la presa de jales, como así se le llama al sitio en donde se van acumulando todos los lodosos desperdicios tóxicos, producidos por el minado de cobre. El daño ecológico es irreversible y ha afectado a todo el país, pues ese río lo cruza totalmente (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/03/las-mineras-chinas-siguen-depredando-y.html).
Además, es un país autoritario, no siendo congruente el tal crecimiento económico, con el gobierno autocrático del dictador Xi Jinping (1953), quien impone su ley a base de represión, ejecución de opositores políticos, censura de la prensa y el internet y aplastamiento de todo movimiento liberador (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/11/el-dictador-chino-xi-jinping-incrementa.html).
Y en cuanto a sus trabajadores, abundan los testimonios de las largas jornadas, bajos salarios, tratos indignos y otras anomalías que deben de sufrir, con tal de que las empresas chinas presuman todos los productos que elaboran.
Como explica el autor Hu Anyan (1979), quien en su más reciente libro, titulado “Yo entrego paquetes en Beijing”, platica sobre sus duras experiencias “sobre el trabajo brutal y la tranquila gracia de la vida, al margen de la explosiva industria china del comercio electrónico”. Dice que de tanto que sudaba, ni ganas le daban de orinar. Trabajaba entregando paquetes hasta que renunció y mejor ya se gana la vida escribiendo novelas (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/11/un-repartidor-chino-platica-que-sudaba.html).
Otro caso es el de el escritor y poeta Xiao Hai (1988) quien nació en la ciudad de Shangqiu, en la provincia de Henan.
También él, al igual que Anyan, comenzó como obrero, desde los 15 años, y ya se convirtió en escritor y poeta, narrando las penalidades que sufrió desde adolescente, buscando un trabajo para darle una mejor vida a su familia. Eso lo narra en el trabajo “A la deriva en el sur”, publicado por el portal electrónico Granta (ver: https://granta.com/adrift-in-the-south/).
Comienza narrando cómo a los quince años, salió de su pueblo natal, junto con un grupo de amigos que estudiaban en su escuela, para ir a trabajar a Shenzhen. Sus padres arreglaron que su maestro lo llevara junto con los otros estudiantes a ese sitio, al que tuvieron que pagar mil yuanes, “lo que mi padre había sacado por la venta de su última cosecha de arroz”.
Como cada uno llevaba poco dinero, trataron de ahorrar lo más posible en transporte. Se subieron a un tren, sin pagar. Pero desde allí comenzaron sus sufrimientos, el tren iba atiborrado “y nunca pude dormir bien en ese viaje de 36 horas, ya que cuando lograba conciliar el sueño, una sacudida del tren, me despertaba”.
Luego, cuando llegaron a Huizhou, que hasta allí llegaba el tren si no tenían boleto, buscaron un camión que los llevara a Shenzhen. Un autobús tenía el letrero de “Diez yuanes para Shenzhen”, que consideraron una ganga. Se subieron al vehículo, pero ya abordo, se dieron cuenta de que era un engaño, pues dos tipos mal encarados les exigían que pagaran 50 yuanes, que era el costo normal, en ese año, 2003, que se cobraba hasta allá. Por fortuna, a una señal del profesor, todos se levantaron y salieron en tropel, y buscaron a una patrulla que se encargara de los estafadores, pero ésos, huyeron.
Eso de las estafas, ya el escritor Yu Hua ((Hangzhou, Zhejiang, 1960), lo menciona en su libro “China en diez palabras”, en el que señala que el engaño es “hasta un arte y muchos chinos se sienten orgullosos de engañar y sacar provecho de su acción, sin que la gente se dé cuenta”. Celebran, por ejemplo, los falsificadores de algún producto de marcas mundiales conocidas, incluso medicamentos, que se vendan como auténticos, aunque en el caso de las medicinas no sirvan para nada. Hacen, por ejemplo, “medicamentos” contra el cáncer, que no contienen absolutamente ningún ingrediente activo (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/04/medicinas-caras-y-medicinas-falsas.html).
Ya cuando lograron llegar a Shenzhen, siguieron sus penurias, pues, aunque tenía sólo quince años, el profesor ya había acordado con una empresa, la Lianda Electronics, que lo contratara para armar audífonos. Sólo estuvo tres días, trabajando de las siete treinta de la mañana hasta las once y media de la noche, con un pequeño receso para comer. “Terminaba cansadísimo, sin ganas de cenar. Llegaba al cuarto en donde todos dormíamos, sobre camastros de madera, que ni sábanas tenían, pero por el cansancio, ni los sentíamos”.
No aguantó la primera jornada y le pidió al profesor que lo llevara a otra empresa, pero como sólo tenía 15 años, aquél le dijo que se darían cuenta los de Lianda Electronics, que era menor de edad y no lo dejarían irse (pero, al parecer, era una artimaña del profesor, ya que si abandonaba su trabajo Hai, el profesor no recibiría la cuota que la empresa le había prometido por llevarle a trabajadores jóvenes).
Se sintió muy sólo en los días siguientes. Pero una ocasión, al tercer día, que concluyó su día laboral, allí estaban el profesor y sus amigos. Logró que la empresa le diera su renuncia, sin paga, por supuesto, y se fueron todos a trabajar a Sino-Nokia. Nokia, empresa finlandesa, por aquél entonces, era la estrella de los teléfonos celulares, hasta que, por tanta competencia, dejó ese giro y ahora se dedica a infraestructura de redes (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Nokia).
Esa empresa fabricaba radios y Hai aprendió, en minutos, a colocar el compartimiento de las pilas en los radios. “Era un movimiento muy repetitivo y cansado, sudaba y sudaba todo el día”, platica.
Pero fue allí en donde le dieron su primer sueldo, raquítico, de 200 yuanes mensuales. “Trabajábamos todos los días, de lunes a domingo y sólo teníamos un día libre cada mes”.
Vean nada más el nivel de explotación. Y por lo que señala, era una paga muy baja y por eso, todos buscaban hacer horas extras, incluso, trabajar de noche, como él hizo varias veces.
Tenían pocas diversiones, además de que tampoco tenían mucho tiempo libre. “Íbamos a algunos sitos en donde podía uno tocar el karaoke por un yuan, y nos poníamos a cantar”.
Dice que tomaba agua de la llave de los baños de la empresa, “pues, en ese entonces, en mi ignorancia, no sabía que estaba contaminada y me podía enfermar. Por eso, veía cómo los otros llevaban sus botellas de agua, pero yo ni lo sabía”.
Y también sufría accidentes, como cortaduras en los dedos. “Una vez, me corté un dedo, quitando la rebaba de una pieza de plástico y el supervisor, sólo me puso un trapo sucio que encontró para pararme la sangre. El dedo ya estaba infectado en la noche y me dolía mucho. Pero otro supervisor, más humano, que pasó junto a mi cama, me lo curó y ya fue que pude conciliar el sueño”.
Como ven, mientras sean útiles, los siguen empleando, pero ya cuando se accidentan o envejecen, prescinden de ellos.
Tampoco tuvo novia, “sólo una buena amiga a la que llamaba Gran Hermana”.
Incluso, compuso un poema, que reflejó sus penurias, dedicada al Piso de Producción # 2:
“Las líneas de ensamblaje son sus brazos
Las pantallas de sus computadoras son sus ojos
Mi cerebro es su máquina, funcionando noche y día
Los focos son el Sol, debajo de los cuales soñamos exhaustos
Oh, mi piso de producción
Este sitio no es mi hogar
Mi hogar está a miles de kilómetros”.
Muy buen reflejo de lo que esas líneas de ensamblaje representan, las que trabajan imperturbables, sin descanso y los obreros les tienen que aguantar el paso. Y eso se debe a Henry Ford (1863-1947), quien aplicó el ensamblado en serie para la fabricación de su Ford Modelo T, con el que incrementó bastante la producción, de cientos a millones de autos por año, pero también, la explotación de sus obreros (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/11/henry-ford-impulsor-de-la.html).
Y en esa empresa, estuvo hasta los 17 años.
Desde entonces, dice Hai que anduvo de fábrica en fábrica, “de explotación en explotación”. “Si pude aguantar, fue porque era joven, pero me di cuenta, para mi desgracia, que muy pronto, la juventud se me terminó”.
Actualmente, vive en un departamento, en Beijín.
Así es, digamos que llegó a su vida útil, siguiendo la máxima capitalista de que las mercancías, el trabajo humano incluido, responden a la obsolescencia programada, que es el tiempo que se fija para que duren cada vez más poco.
Ya por eso, ante tanta explotación, muchos jóvenes chinos están siguiendo la tendencia actual denominada FIRE (Financial Independence, retire early), buscando empleos bien pagados, en donde puedan trabajar unos cuantos años y retirarse jóvenes, viviendo de sus ahorros (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2026/03/los-jovenes-chinos-ya-se-cansan-de-la.html).
Eso hizo justamente Hai quien, como señalé, es actualmente escritor y poeta.
Bueno, al menos sus duras experiencias le sirvieron para cambiar de giro.
Así que hasta de la adversidad se puede sacar provecho, ¿no creen?
Contacto: studillac@hotmail.com