miércoles, 7 de agosto de 2019

Las contaminantes, muy demandantes de energía, desalinizadoras


Las contaminantes, muy demandantes de energía, desalinizadoras
por Adán Salgado Andrade

Vivimos en una sociedad en donde el agua es vital para todo. No sólo para las necesidades domésticas, como agua para beber, bañarnos, cocinar, aseo del hogar, lavado de ropa, sino que en la industria de todo tipo, la construcción, la agricultura, el procesado de alimentos… se requiere agua dulce (potable), y cada vez mucho más. Eso, porque en el capitalismo salvaje, con su tendencia a crear la sociedad de consumo compulsivo, ya la sobreproducción (la que, a pesar del consumo compulsivo, de todos modos no se consume completa, y por eso el origen de las crisis), demanda más y más agua para todo. Encima, el calentamiento global, provocado por tanta contaminación y depredación ambiental – debidas también al capitalismo salvaje –,  está provocando creciente escasez de agua bebible en muchos lugares. Ya es insuficiente el agua dulce en la mayoría de los países (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2008/10/el-agua-dulce-cada-vez-ms-demandada-y.html).
El calentamiento planetario es un muy serio, grave problema que, como señalé, profundizará la escases mundial del vital líquido (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/10/el-irreversible-y-catastrofico.html).
Para paliar ese problema – pues no es una solución adecuada, como veremos –, está creciendo la tendencia a desalinizar el agua de mar, sobre todo para ciudades que estén cerca de las costas, ya que el costo de transportar el agua, también es oneroso, como lo es el de la desalinización.
La revista tecnológica Wired publicó recientemente un artículo sobre las desalinizadoras en el mundo, particularmente en Estados Unidos (EU), y los problemas que genera su operación (ver: https://www.wired.com/story/desalination-is-booming-as-cities-run-out-of-water/).
El artículo, escrito por Jim Robbins, comienza describiendo el funcionamiento de una desalinizadora en California, a 48 kilómetros de San Diego, la Claud Bud Lewis Carlsbad Desalination Plant.
Esa planta, toma diariamente del mar 380 millones de litros de agua de mar, para procesarlos y hacerlos bebibles. Se convierten apenas en la mitad, 190 millones de litros de agua potable. El sobrante, o sea, 190 millones de litros de salmuera – agua mucho más salada que la original extraída –, son tirados de nuevo al mar. Además de la gran cantidad de energía eléctrica (o fósil, como diésel, para las desalinizadoras que operan maquinaria de combustión interna) que emplea, el que se regresen a diario 190 millones de salmuera, ocasiona problemas al mar circundante, pues esa agua mucho más salada, debe de provocar daños a la fauna, los que todavía no se cuantifican. Pero, sólo pensemos, es como si nos dieran a ingerir sal en exceso en las comidas, tendremos problemas de hipertensión, obesidad y otros. Eso mismo les debe de suceder a los peces y fauna marina que estén recibiendo a diario tales inmensos caudales, conteniendo una elevada cantidad de sal, otros minerales y sustancias químicas.
Claro que no es un problema que, de momento, concierna demasiado a las empresas que operan las desalinizadoras, las que son un pujante negocio, pues cada vez más y más ciudades, sobre todo costeras, son las que las instalan, pues, de otra forma, no tendrían agua para existir.
La mencionada planta, que comenzó a funcionar en el 2015, produce el diez por ciento del agua que los 3.1 millones de habitantes de San Diego requieren para sus necesidades, y aquélla, vale el doble del agua obtenida por otras fuentes (cuesta alrededor de un quinto de centavo de dólar cada litro de agua desalinizada, unos 3.5 centavos mexicanos. La cantidad de agua que una familia de cinco de San Diego requiere al año, un acre-pie, 1233.5 m3, cuesta 2200 dólares, unos 44 mil pesos, ¡carísima! Y eso equivale a 674 litros al día, por persona, que es un consumo altísimo, de “primer mundo”).
Lo más costoso es la gran cantidad de electricidad que se requiere para realizar el proceso de desalinización. Pero sin esa planta, San Diego no tendría suficiente agua para su población. Los 30 centímetros de lámina de agua que obtiene al año, son insuficientes para sus necesidades hídricas.
Existen dos métodos de quitar la sal al agua de mar. Uno es termal, en el cual, se calienta el agua hasta que se evapora y se recoge por condensación. El otro, es por ósmosis reversible, en donde el agua se hace circular por membranas, las que detienen las moléculas de sal y dejan pasar las de agua, más chicas. Pero, como dije, ambas requieren mucha energía. Por eso es tan costosa. Agréguese, además, la utilidad de la empresa que opera la planta y por eso sube mucho más el precio.
Pero en muchos lugares, desalinizar el agua, es la “solución”, aunque se contamine más a los ya, de por sí, contaminados océanos, con la salmuera resultante, que se arroja a ellos, con exceso de sal y otros químicos, o que los gases efecto invernadero producidos por tanta electricidad o diésel consumidos, contribuyan mucho más al calentamiento global.
Eso sucede, por ejemplo, con el aumento del empleo del aire acondicionado, por el calentamiento global, que produce más y más aire caliente, además de la gran energía que consume, y eso genera más y más calor. Se calcula que el empleo del aire acondicionado en el planeta es ya de un quinto de la energía requerida mundialmente. No es una “solución” óptima, la que, además, sólo los sectores “acomodados” pueden emplear, por el gran costo de la electricidad requerida (ver: https://www.theguardian.com/cities/2018/aug/14/how-air-conditioning-created-modern-city).
Estados como California, tan afectado por sequías (acaba de terminar una de cinco años, pero la tendencia es que seguirán), requiere de las desalinizadoras, con tal de procurarse el agua necesaria. Actualmente, hay once plantas operando y se tienen proyectadas diez más.
Arizona es otra entidad de EU que carece de agua suficiente y, según Robbins, tiene proyectado operar una desalinizadora, conjuntamente con México.
La desalinización, indica Robbins, no fue tomada como “solución” para la escasez de agua potable, sino hasta hace muy poco. La primeras desalinizadoras se construyeron en los años 1960’s, principalmente en países desérticos, como Arabia Saudita.
Actualmente operan casi 20 mil en el mundo, con la mayor expansión a partir del año 1985. Justo Arabia Saudita es el país que más plantas posee, debido a su petróleo barato, que todavía tiene en gran cantidad. Y produce un quinto del agua desalinizada del planeta. O sea, sin las desalinizadoras, ese país no tendría agua y no existiría.
Y no sólo EU requiere de desalinizadoras, sino países como China, Sudáfrica, India, Australia, Israel y muchos más, las necesitan y operan ya extensivamente. Alrededor de 300 millones de personas en el planeta surten sus necesidades hídricas de desalinizadoras, casi un 4% de la población mundial. Y seguramente se trata de ciudades en donde la gente puede pagar esa cara agua, de clases medias hacia arriba.
Ya señalé que es un gran negocio desalinizar el agua, pues empresas chinas, como Duoyan Global Water, viven una bonanza en sus negocios desalinizadores. La francesa Veolia, es líder mundial en desalinización, y sus ganancias anuales de $29,630 millones de dólares (mdd) en el 2016, lo demuestran (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Veolia).
Es que son caras, tanto en su operación, así como en su construcción. La que se edificó en Melbourne, Australia, que comenzó a operar en el 2017, costó $3500 mdd. Nada baratas.
Claro que en algunos sitios sería prohibitivo desalinizar agua, sobre todo, como dije, los que están lejos de la costa, pues entubar el agua y transportarla (los costos de tender la tubería, del bombeo, además del mantenimiento, son altos), también es caro.
Otro problema es que el agua que se succiona para el tratamiento, se acompaña de especies marinas. En la mencionada planta de San Diego, se absorbe el equivalente a tres cuartos de kilogramo al día de peces adultos. Eso sería 22.5 kilogramos al mes. Puede no parecer mucho, pero sí impacta a la fauna marina. Además, todo pez completo que sea succionado, morirá. Algunos expertos dicen que eso se podría evitar si las tuberías de succión se enterraran en la arena del fondo marino, para que sirviera ésta como filtro. Pero, como señalé, el daño marino, no es algo que preocupe mucho, aún, a las desalinizadoras, más interesadas en el gran negocio que es la dotación de agua a ciudades sedientas.
También, se ha propuesto que se emplee agua salobre (brakish water), aquélla que es mucho menos salina que la de mar. Es agua marina mezclada con agua dulce, de la que algunos lugares, como Arizona, poseen en embalses naturales. Es más fácil desalinizarla que la de mar, pues los sólidos que contiene, sal, entre ellos, son la décima parte que la marina. Eso reduce costos y daño ambiental, aseguran expertos.
Por ejemplo, Texas tiene 49 plantas desalinizadoras que tratan ese tipo de agua. En San Antonio, se está construyendo una planta que producirá, en su primera fase, 45600 millones de litros de agua potable al día, suficiente para 40 mil familias. Y en el 2026, llegará a 114 mil millones de litros diarios.
Sin embargo, Heather Cooley, del Pacific Institute, advierte que antes de construir desalinizadoras, las municipalidades deben de ver otras posibilidades, como reutilizar agua doméstica desechada – la de la lavadora o de la duchas –, tratamiento de aguas residuales o colectar agua de lluvia. “Es mejor buscar opciones más baratas y dejar las más caras para más adelante, cuando realmente se necesiten”, afirma aquél.
Y yo agregaría que se analice el impacto medioambiental que provocará una desalinizadora al mar o hasta a las tierras circundantes, pues puede ser peor, a la larga, que no tener suficiente agua. Y también que se calcule su contribución al muy grave problema del calentamiento global.
Pero además del daño ambiental, al ritmo de consumo, sobreproducción, destrucción y depredación ambiental que llevamos, quizá un día hasta el agua de mar nos terminemos.