sábado, 25 de septiembre de 2021

Las fraudulentas clínicas inglesas de fertilización de los 1970’s

 

Las fraudulentas clínicas inglesas de fertilización de los 1970’s

Por Adán Salgado Andrade

 

En la excelente cinta española Torremolinos 73, (2003), dirigida por Pablo Berger, y estelarizada por Candela Peña y Javier Cámara, basada en hechos verídicos, que tomaron lugar en 1973, Peña y Candela personifican a Carmen y Alfredo, una pareja de entonces, incapaz de tener hijos. Alfredo, era vendedor de enciclopedias, de puerta en puerta. Por esos años, con la venta de fascículos semanales de enciclopedias en los puestos de periódicos, eran pocas ya las que lograba vender, así que la situación del matrimonio, era precaria, no teniendo ni para pagar la renta muchas veces.

Sin embargo, un día el jefe de Alfredo, le propone que éste se incorporara a un programa para producir “material didáctico” sobre “reproducción humana”, que se distribuiría y vendería en Escandinavia. Cada video, sería pagado en 50,000 pesetas de entonces, “más un plus”. Alfredo, inicialmente, se rehúsa, diciéndole a Carmen que “mi mujer no hace esas cosas, ni para un experimento científico, ni para el Papa”. Pero, cuando ella le pregunta que cuántas enciclopedias tendría él que vender para juntar tal cantidad, Alfredo le dice que 154. Eso, más la advertencia del jefe de que si no lo hacían, sería el fin de la relación laboral con la editorial, lleva a la pareja a consentir. Los videos fueron tan buenos, que rápidamente tuvieron éxito, convirtiéndose Carmen en un símbolo sexual escandinavo del cine pornográfico. Mas ella no era feliz, por la falta de  hijos. Buscaron adoptar un hijo, pero eran tiempos del franquismo, y los requisitos para conseguirlo eran bastante rígidos, además de que en su nueva condición de pornoactores, menos las monjas (que eran las encargadas de eso), lo habrían permitido.

Alfredo insistía en que el problema de infertilidad era de Carmen. Cuando fueron a hacerse costosos análisis – pues ya tenían dinero de sobra para eso –, resultó que el del problema era Alfredo, porque era azooespermático (carencia de espermatozoides en el semen). Fue un duro golpe para la hombría de Alfredo. Así que, convencida Carmen de que ella sí podía tener hijos, decide aprovechar una escena de una película dirigida por Alfredo, “Torremolinos 73” (de la que existen pocas copias), cuando es penetrada por un pornoactor (Mads Mikkelsen), y evita que él se salga antes de eyacular. De eso, Carmen resultó embarazada y tuvo una linda, rubia niña, que Alfredo, muy a su pesar, quiso como si fuera su propia hija (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Torremolinos_73).

Para muchos matrimonios, en todo el mundo, es algo cotidiano que, por distintas razones de salud o fisiológicas, como en el caso de Carmen y Alfredo, no puedan concebir hijos. Eso ha sido aprovechado por vivales “doctores” de “clínicas de fecundación”, que se han servido de su ventajosa posición y esa fuerte necesidad de matrimonios de tener hijos a como se pueda.

Justamente es lo que expone el artículo de The Guardian, titulado “El gran engaño del esperma: ‘Jugaron con la vida de las personas’ “, firmado por Jenny Kleeman, en el que describe los excesos a los que llegaron las “clínicas de fecundidad” de los 1970’s, con tal de satisfacer a sus clientes, mujeres, sobre todo, para que pudieran embarazarse y procrear hijos (ver: https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2021/sep/25/the-great-sperm-heist-they-were-playing-with-peoples-lives).

Inicia Kleeman exponiendo el caso de Catherine Simpson, quien siempre creyó ser la hija de su padre, George. Pero supo la verdad, cuando él murió y tuvieron problemas con el testamento. Sarah, la madre de Catherine, le confesó que George nunca pretendió tener hijos y por eso, desde que se casaron, él se había hecho la vasectomía. Pero cuando, por fin, George, sí quiso tener hijos con Sarah, la vasectomía, no pudo revertirse. “Fue cuando Sarah acudió a consultar a una obstetra, la doctora Mary Barton, la que la inseminó con semen, que pertenecía, supuestamente, a un donador anónimo”. El hijo mayor de Catherine, nació de ese procedimiento. Pero para muchas otras mujeres, Barton empleó el semen de su esposo, para embarazarlas, así que “se estima que él pudo haber concebido unos 600 hijos”, señala Kleeman.

Catherine fue la segunda hija de Sarah, pero ella fue producto de la fecundación en otra clínica, “ya que, por entonces, Mary Barton, había cerrado su clínica, pero las dirigió a la del doctor Reynold H Boyd, que quedaba “a unas cuantas puertas calle abajo”. Este doctor, igualmente falto de toda ética, como la doctora Barton, aunque tenía donadores, a los que les pagaba unas cinco libras de entonces, por cada muestra de semen, a muchas mujeres, las inseminó con sus propios espermatozoides.

Catherine, veía que su propia hija se parecía a Boyd, así que supuso que ese poco ético doctor sería su verdadero padre biológico y el abuelo de su hija. “Pero Catherine hizo una búsqueda en Ancestry.com, un sitio que archiva la información genética de personas que la han subido allí para hacerla pública. Y, para su sorpresa, al comparar su propio genoma, halló que no era Boyd su padre, sino Paul Watts, un hombre que se dedicó en el pasado a hacer mudanzas”. El hombre, de 83 años en la actualidad, fue tomado por sorpresa, pues “nunca fui donador”, le dijo a su hija biológica. Sin embargo, lo que realmente sucedió fue que en la clínica del doctor Boyd, le habían tomado una muestra de su semen, para determinar las causas de que Watts y su esposa no pudieran tener hijos. No sólo sirvió esa muestra para el análisis, sino para fecundar a Sarah, sin Watts saberlo.

“Se determinó que la esposa de Watts tenía endometriosis (trompas de Falopio obstruidas) y luego de un tratamiento, a los 37 años, ella y él, pudieron tener a una hija, Jane”. Y nunca concibieron más hijos, a pesar de que lo desearon. “Pero cuando Catherine le dijo que él era su padre biológico, Paul y su esposa, se alegraron de saberlo. Finalmente, Jane, la hija de ellos, tenía una media hermana”, señala Kleeman.

Catherine quiso decirle a Sarah, su madre, que por fin sabía quién era su padre bilógico, “pero cuando llegó a su casa, la señora había muerto”. Dice Catherine que le habría gustado que lo supiera, incluso, que ella misma, lo hubiera sabido antes. “Pero mis padres practicaron lo de que era mejor no decir nada, para que no tuviéramos problemas de ansiedad y depresión”.

Es uno de los ejemplos que se dan, de cómo esas fraudulentas, inmorales clínicas, engañaron a mucha gente, “aprovechando la legislación de entonces, de que los donadores de semen, debían de permanecer en el anonimato”. Doctores como Boyd, se precian de ser “pioneros de la fertilización in vitro y de haber hecho felices a muchas mujeres. Eso lo escribió en su obituario, poco antes de morir, a los 90 años, en 1991”.

Claro, ocultaban decir que, para ahorrarse lo de los donadores, muchísimas veces eran ellos los que proporcionaban el fecundador semen. Pero eso no se justifica mucho, pues cobraban muy caros sus servicios, a las desesperadas parejas que los buscaban. En mi opinión, muy probablemente también haya sido por una cuestión de machismo, de “hombría”, sentirse “orgullosos” de fecundar a tantas mujeres, pues seguramente era como si las poseyeran sexualmente, sin hacerlo cuerpo a cuerpo. En el caso de la doctora Barton, es más extraño, pero quizá haya tenido un pacto secreto con su esposo, para fecundar a tantas mujeres con el semen de él. Probablemente, el señor la dominara. Nunca se sabrá, pues ella insiste en que “es confidencial, quiénes fueron los donadores de sus pacientas”.

Ahora, ya, la legislación inglesa, establece la obligatoriedad de que se sepa quiénes son los donadores, para evitar los descritos dramas, de no saber, los que han nacido de donadores, quiénes son sus verdaderos padres biológicos. Eso, sobre todo, por si llegaran a heredar males congénitos, que sólo las historias clínicas de los donadores, pueden proporcionar esa vital información.

Otro caso de fraude biológico, es el de Fiona Darroch, “una sudafricana concebida mediante donador, quien descubrió que su padre biológico era el doctor de fertilidad de su madre. El hombre, había usado su propio semen, sin su conocimiento, ni su consentimiento”.

Lisa Turner, fue otra mujer concebida mediante donador en la clínica del doctor Boyd. A los 26 años, le diagnosticaron diabetes tipo 1 y como los doctores quisieron saber sobre los antecedentes familiares, cuando ella les preguntó a sus padres, “guardaron profundo silencio y fue cuando se enteró de que su padre, no lo era”. Investigando por su cuenta y acudiendo a la ayuda de unos “detectives genéticos”, pudo saber que su padre biológico era un hombre que andaba en sus años 80’s de edad. “Arreglaron para conocerse, pero, por desgracia, el hombre murió de covid y ya no pudieron hacerlo”, dice Kleeman.

Uno de los donadores que llevaban su muestra de semen dos veces a la semana, a la clínica del doctor Boyd es Michael Beeney, actualmente un cirujano retirado. “Yo llevaba mis muestras, me pagaban entre 3 y 5 libras por cada una y ya, era un asunto de mero dinero. El doctor Boyd era un simple negociante, quien hacía las fecundaciones por simple negocio. Eso sí, siempre se aseguraba de que no fuera  mi muestra de semen reciente, pues si sabía que había estado con mi novia la noche anterior, no la aceptaba”, declara a Kleeman.

Pero Beeney se rehúsa a compartir su información genética, “pues podría haber muchas suspicacias”, dice. De todos modos, debió de haber fecundado Boyd a muchas mujeres con el semen de Beeney.

En fin, Catherine, Fiona y Lisa, son sólo tres víctimas de las cientos de miles que debe de haber, creyendo que nacieron del semen de un donador anónimo, cuando que, en realidad, varios doctores que administraban las clínicas de fecundación son sus padres biológicos. “Muchos lo hicieron. El Dr. Jan Karbaat, en Holanda, fue padre de al menos 75, cuyos padres, ni se preocuparon por saber la verdad. El doctor Donald Cline, de Indiana, fue padre de más de 50. El doctor Cecil Jacobson, en Virginia. El doctor Jan Wildshcut, en Holanda y el doctor Norman Barwin, en Ottawa, Canadá, a cuyos pacientes e hijos, se les ofreció recientemente una compensación por 9.58 millones de dólares (192.12 millones de pesos), por el fraude biológico”.

Si para las víctimas es traumático saber que decenas de ellas fueron concebidas por un solo “médico” que engañó a sus madres, diciendo que habían sido fecundadas mediante un “donador anónimo”, para esos inmorales “doctores”, fue, muy probablemente, un experimento para probar su machismo procreador.

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

 

Los lactantes ya tienen en sus organismos peligrosos microplásticos

 

Los lactantes ya tienen en sus organismos peligrosos microplásticos

Por Adán Salgado Andrade

 

Los plásticos y sus sucedáneos, los microplásticos, que son plásticos degradados en partículas no mayores a cinco milímetros, lo invaden ya todo, bosques, mares, tierras, zonas prístinas y cuanto lugar inimaginable exista en este planeta. Y es algo que la “civilización” depredadora y contaminadora ha creado, liderada por el capitalismo salvaje (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/06/los-contaminantes-microplasticos-ya.html).

Obviamente, tanta contaminación ha invadido ya a los organismos de los seres humanos, quienes “ingerimos una tarjeta de crédito plástica, en promedio, cada semana” (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/06/ropa-desechable-detergentes-y-lavadoras.html).

Sin embargo, un reciente estudio, demostró que los infantes, contienen en sus organismos ¡hasta diez veces más microplásticos que los adultos!, como expone el artículo de Wired, titulado “El excremento de los bebés, contiene más microplásticos”, firmado por Matt Simon, quien agrega que “Un alarmante nuevo estudio, halló que las heces de infantes, contienen diez veces más tereftalato de polietileno (aka poliéster) que las de adultos” (ver: https://www.wired.com/story/baby-poop-is-loaded-with-microplastics/).

Abre el artículo la foto de un cesto de basura, conteniendo pañales de plástico, lo que también, por sí mismo, es un grave problema, pues son desechos entre orgánicos e inorgánicos que no se pueden reciclar. Un estudio hecho en 1998, estimó que se tiraban, en ese entonces, “unos 18,000 millones de pañales desechables en todo el planeta cada año” (ver: https://abcnews.go.com/Technology/story?id=789465&page=1

Supongamos que a la fecha, se hayan duplicado. Eso nos daría unos 36,000 millones de pañales desechables, que son basura que no es posible reciclar y que es parte de los 2,120 millones de toneladas producidas cada año, muy poco de las cuales, un 7%, cuando mucho, son recicladas (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/05/una-curiosa-historia-sobre-la-basura.html).

Así que ante esa brutal cantidad de pañales desechables con excremento y orines, sería mejor reconsiderar los reusables, aunque se diga que el hecho de lavarlos, es contaminante, treta de los fabricantes de los desechables, para que se sigan adquiriendo, indiscriminadamente, éstos.

Bien, regresando al tema del artículo, investigadores usaron, justamente, pañales desechables tirados en contenedores para realizar su estudio. “Hallaron que un gramo de heces analizadas, contenía unos 36,000 nanogramos de tereftalato de polietileno (PET), 10 veces más que las de adultos. Incluso, las hallaron en recién nacidos. El PET es un polímero muy común, conocido como poliéster, cuando es empleado en la confección de ropa, y también se utiliza para hacer biberones. Este hallazgo, llega un año después de que otro equipo de científicos, calculó que al preparar leche de fórmula caliente en esos biberones, se desgasta el material, lo que podría dosificar a los bebés con varios millones de microplásticos por día y probablemente hasta mil millones por año”.

No sólo los biberones, sino que la ropa que usan los bebés, la que chupan, suelta microfibras, que también son microplásticos. Y como también chupan juguetes plásticos, como sonajas u otros, reciben igualmente buena carga de microplásticos de éstos.

Hay tantos microplásticos soltados por ropa, sofás y sábanas en un hogar que “se calcula que unas 10,000 microfibras existen en cada metro de piso. Los infantes se pasan un buen tiempo gateando sobre esas cosas, agitando las microfibras y soltándolas al aire”.

Y no se sabe, exactamente, qué efecto en la salud pueden tener tantos microplásticos, como señala Kurunthachalam Kannan, científico ambiental de la Escuela de Medicina de Nueva York, citado por Simon, “no sabemos que les ocasionarán en su vida futura”.

Como se emplean unos 10,000 químicos para hacer plásticos, una cuarta parte de ellos, pueden dañar la salud. “Los microplásticos, pueden contener metales pesados, como plomo, pero también acumulan metales pesados y otros contaminantes que recogen del medio ambiente. Y son fuentes que incuban virus, bacterias y hongos, todos los cuales, son patógenos que dañan a la salud”.

En efecto, pueden ver, por ejemplo, en los lugares más recónditos de los objetos plásticos, que se van ennegreciendo, los cuales, son hongos y/o bacterias. Y se comprobó que, en la actual pandemia, los plásticos guardan por mucho más tiempo el virus del covid, que otros materiales, como el papel (ver: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7695943/).

Por si fuera poco, muchos plásticos contienen EDC’s (químicos que interrumpen los procesos endócrinos), los cuales, provocan problemas reproductivos, neurológicos y metabólicos, además de enfermedades crónico-degenerativas, como cánceres. Las charolas y empaques desechables para envolver alimentos, por ejemplo, contienen EDC’s, pero nada se ha hecho a la fecha para prohibirlos. Primero están las ganancias que genera su fabricación, que la salud humana (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/03/todos-tenemos-en-nuestros-organismos.html).

Esos químicos, pueden interferir con el sistema endócrino de los bebés. “Pienso, con toda certeza, que esos químicos afectan las primeras etapas de vida de los niños”, señala Kannan.

Y al hallar esos microplásticos en sus heces, “es posible que el intestino y hasta el cerebro, absorban algunas de esas partículas. Experimentos hechos en carpas, mostraron problemas de comportamiento, pues los peces que los tenían en sus cerebros, eran menos activos y más lentos en sus movimientos”.

Pero los científicos no saben aún, con certeza, qué daños puedan ocasionar tanto los microplásticos, así como los químicos y metales pesados que contienen, en los organismos humanos.

Sólo dan algunos consejos, como evitar alimentos procesados, envueltos en plásticos o no preparar la leche de fórmula directamente en los biberones.

Medidas, en mi opinión, superficiales, porque eso no acabará con el problema, pues hasta los mismos alimentos que ingerimos, por muy naturales que sean, ya contienen, por desgracia, microplásticos.

Muy probablemente, varias de las enfermedades, graves muchas de ellas, como cánceres, que ya nos afectan, se deban a que ya invaden tantos microplásticos a nuestros frágiles, vulnerables organismos, desde el mismo útero.

Otro efecto del depredador capitalismo salvaje.

Así que, preparémonos para las pandemias microplásticas, provocadas por esta destructiva y contaminante “civilización”.

 

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domingo, 19 de septiembre de 2021

Doña Perfecta, una novela de intolerancia y fanatismo religioso

 

Doña Perfecta, una novela de intolerancia y fanatismo religioso

Por Adán Salgado Andrade

 

Benito Pérez Galdós (1843-1920), fue un prolífico escritor español, que se considera segundo en importancia, luego de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) y comparable a escritores tales como el inglés Charles Dickens (1812-1870), el francés Honorato de Balzac (1799-1850) o el ruso León Tolstoi (1828-1910), pues sus obras analizaban muy bien a la cambiante sociedad española de su tiempo (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Benito_P%C3%A9rez_Gald%C3%B3s).

La forma de su prosa, sus diálogos, las historias que contaba, dan muy buena idea de lo bien que conocía las emociones humanas. Además, se nota la agudeza en cuanto a sus planteamientos sobre la confrontación entre sociedades tradicionalistas y las progresistas.

Eso se refleja muy bien en la novela Doña Perfecta, publicada en 1886, en donde fanáticos religiosos se enfrentan a los progresistas, éstos influenciados por filósofos alemanes como Friedrich Nietzsche (1844-1900), quien cuestionaba muy seriamente a la religión y a la moralidad cristiana (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Nietzsche).

Recién terminé la lectura de Doña Perfecta, publicada por la Editorial Porrúa en 1986. Como comento arriba, muestra muy bien la confrontación entre el progresismo y un enraizado tradicionalismo que se daba, sobre todo, en la provincia española de los 1870’s, cuando se estaba gestando una transformación en las metrópolis, generalmente más progresistas y proclives a los cambios ideológicos de la época.

Doña Perfecta vive con su hija Rosario en Orbajosa (lugar imaginario), en medio de la provincia española, famoso por ser región en donde se cultivaban “los mejores ajos de España”, según sus habitantes. Doña Perfecta, era hermana de Juan, quien vivía en Madrid. Éste, la había ayudado mucho cuando el esposo de aquélla había muerto y había dejado en desorden sus posesiones, como tierras y las rentas que éstas le dejaban. En agradecimiento, Perfecta le había prometido la mano de Rosario al hijo de su hermano, José de Rey. Tanto José, así como Rosario, eran hijos únicos y sentían fuertes deseos de conocerse.

José es convencido por su padre, de que viajara a Orbajosa, “para que conozcas a tu prima y decidas si quieres casarte con ella, pues no te quiero imponer eso”.

José, más identificado como Pepe Rey, accede con gusto a la petición de su padre y viaja a Orbajosa. Al llegar a la casa de su tía Perfecta, queda, primero, maravillado con la casa de ésta, la que está rodeada por enorme huerto, además de que es muy amplia por dentro. Y su segunda, mucho mejor impresión, fue cuando conoce a Rosario, “una preciosa y muy tierna dama”. Se da entre ambos un amor “a primera vista”.

Los primeros días, todo va muy bien, Perfecta está encantada con Pepe, quien es ingeniero de profesión y se ha encargado de diseñar y construir distintas obras civiles en Madrid. Lo mismo que Rosario, quien está muy dispuesta a casarse con su primo, “aunque, quizá, te aburras con una provinciana como yo, Pepe”.

Pepe le asegura que no, que es la “mujer ideal, con la que siempre había soñado, Rosarito”.

Los problemas comienzan cuando le presentan a Pepe, desde el primer día, al “penitenciario”, el canónigo de la “Santa Catedral” de Orbajosa, don Inocencio, quien, desde el comienzo, se muestra hostil hacia Pepe Rey, tildándolo de “matemático que reniega de la fe cristiana y que es guiado por filósofos alemanes ateos, que atacan a la iglesia católica y a todas sus creencias”.

Pepe trató, inicialmente, de mantenerse cordial hacia el canónigo, pero conforme sus ataques aumentan, decide contraatacar y usa sus mejores ideas y conceptos para hacerle ver que por las ataduras tradicionalistas, la gente en Orbajosa se mantenía en ese estado de atraso, “propio de sociedades dominadas por el obscurantismo fanatizador”.

Incluso, cuando un día Pepe asiste a la Santa Catedral con su prima y tía, es criticado por el obispo “por no haber guardado la compostura”. Como reacción, Pepe se burla de los burdos santos y la ridícula ornamentación, “además de que el Cristo y la Virgen están vestidos con indumentaria que es para dar risa”. Es gran satisfacción del canónigo decirle que esas prendas fueron hechas por su tía y su prima.

Pepe se siente muy apenado, pero ya el daño está hecho.

A partir de ese momento, cae de la gracia de su tía, la que se empeña en que Rosario no ha de casarse con ese “ateo de mi sobrino que tiene tres mil demonios adentro”.

Y una serie de intrigas, acompañan su desdén, como haber movido, incluso, sus “influencias” la tía, para que a Pepe lo desacreditaran en Madrid y hasta le quitaran un trabajo que, aprovechando que había ido a Orbajosa, sobre ver si había oro, haría también.

Por otro lado, comenzó a tener muchos problemas, pues las tierras que habían sido de su difunta madre, estaban en litigios con los propietarios aledaños, todo lo cual ocasionó que Pepe, casi desistiera de casarse con su prima y que sería mejor irse de Orbajosa.

Pero pudo más su orgullo y su verdadera intención de casarse con Rosario, de la que estaba muy enamorado.

Los problemas con la tía subieron más y más. Incluso, ocultó a Rosario, a la que no pudo ver Pepe por varios días. “Yo sé que usted me ha estado desacreditando, tía, pero, mejor dígame que usted ya no quiere que me case con Rosario”, la enfrentó Pepe. “Sí, no quiero que te cases con Rosario, si así quieres que te lo diga, directamente”.

Pero aferrado como era Pepe, la enfrentó, diciéndole que “yo me casaré con ella, porque me ha dicho que me ama, y aunque usted se oponga, nos casaremos”.

La tía, colérica, lo corrió de su casa. “Y que conste que no le digo a tu padre, por el respeto que le tengo”, lo amenazó.

Pepe se fue a vivir a una pensión barata, en donde urdió un plan para llevarse a Rosario.

Lo ayuda el hecho de que llegara un batallón del ejército y que conociera a uno de los soldados, Pinzón, a quien le contó todos sus problemas y que deseaba, profundamente, casarse con Rosario.

Pinzón le prometió ayudarlo, aprovechando que tenían órdenes de sofocar alguna resurrección de orbajosenses que se oponían a un mayor control de Madrid.

Es justo en esa parte, que Pérez Galdós muestra la confrontación entre los fanáticos pueblerinos y las autoridades centrales, que demandaban más control en la provincia.

Caballuco era el personaje que habría de defender el “honor y la dignidad de Orbajosa”. Y Perfecta, así como Inocencio, el canónigo, lo arengaron para que, reuniendo a todos los hombres que pudieran pelear contra los “odiados militares”, defendieran a su querido pueblo.

Inocencio tenía una sobrina, María Remedios, una muy “devota y servicial mujer, que lo procuraba en todo, alimentos, limpieza y demás menesteres”. Ella, a su vez, era madre de Jacintito, un muchacho “muy inteligente”, que gracias al canónigo, había podido estudiar abogacía en Madrid, “obteniendo muy buenas calificaciones y hasta mención honorífica”.

Y antes de la llegada de Pepe, tanto Remedios, como Inocencio, estaban seguros de que Rosario se casaría con Jacintito. “Eso le daría la posición que se merece, tío”, le decía Remedios al canónigo.

Pero la llegada del ingeniero, estropeó los planes de Remedios.

La mujer, viendo los problemas que estaba ocasionando Pepe en Orbajosa, insistía en que “se le debe de dar un susto”. Eso lo decía porque, entre otros rumores, se comentaba que Pepe, muy “amigo del brigadier”, estaba planeando el asalto de Orbajosa, además de que quería destruir su Santa Catedral. “Y todavía ese maldito ateo, quiere llevarse a Rosario. Si ella era para mi hijo, tío, para que él tuviera una posición. Si se la lleva, mi hijo, se quedará con nada y de qué le sirve haberse quemado las pestañas, para nada, para quedar como un pelagatos en este pueblo miserable”.

Aquí, Pérez Galdós hace una sutil crítica a que, a veces, ni haber estudiado una carrera e, incluso, haber obtenido excelentes calificaciones, garantiza que se tenga empleo. Y se trataba de la España de los 1870’s. Muy probablemente se debía a que el desarrollo de ciertas profesiones, era raquítico, pues todavía no eran muy demandadas, porque tampoco, en esos tiempos, el concepto de clase media era tan amplio, como fue sucediendo con el tiempo.

Así que Remedios se salió con la suya y le pidió a Caballuco que la acompañara a espiar a Pepe, “del que me sé todos sus movimientos”.

Así lo hicieron y le fueron siguiendo la pista hasta que llegó a la casa de doña Perfecta. Pepe entró por la puerta de la huerta. “¡Anda, ve por él!”, lo azuzó la encolerizada mujer, “¡mientras yo toco la puerta, para avisarle a la señora!”.

En ese momento, Rosario le confesaba a su madre que escaparía con Pepe. “¡Quería que usted lo supiera, madre querida, para que me diera su bendición!”, le suplicó la chica a su, trabada de coraje, madre. “¡Estás loca, nunca te dejaré que te cases con ese ateo, que está poseído por tres mil demonios!”, le gritó, iracunda, Perfecta, olvidándose de modales, principios, escrúpulos. Si hacia unas semanas, cuando había llegado Pepe, lo había visto como modelo de muchacho, en ese momento, todo su odio se le arremolinaba en su humillado corazón, al ver que su hija se le iba.

Fue cuando escucharon los fuertes toquidos de la puerta de entrada. Uno de los criados, abrió, y Remedios irrumpió. “¡Ahí está ese ateo, señora, en la huerta!”, gritó la exaltada mujer.

Y fueron las dos a asomarse, mientras que Rosario, de la impresión, se desvaneció. No hizo caso su madre, más empeñada en cobrar venganza. “¡Por allí anda Caballuco, señora!”. Presa de ira, venganza, desprecio, y “poseída por el demonio”, Perfecta gritó “¡Mátalo!”.

Se escucharon dos balazos y allí quedó muerto Pepe.

Al principio, se quiso manejar como suicidio, pero, luego, todos decían que Caballuco, amenazado por Pepe Rey, con un cuchillo, “lo mató en defensa propia”.

De todos modos, salieron mal las cosas para Perfecta, pues Rosario, por la impresión,  se volvió loca y fue a dar a un manicomio, “y nunca se va a curar”, advirtió el doctor encargado del lugar.

Y Perfecta, se dedicó, en adelante, a gastar su fortuna, haciendo fastuosas fiestas religiosas, quizá tratando de lavar la enorme culpa que le ocasionó haber ordenado el asesinato de su “querido sobrino”.

A lo largo de la novela, Pérez Galdós va mostrando, muy bien, cómo se tejen las intrigas, los rumores, las traiciones, los mezquinos tratos. Y que siempre, en esas cerradas sociedades, a los forasteros, se les veía con desconfianza, nunca siendo aceptados del todo.

Justo como en el caso de Perfecta, quien “antes, prefiero asesinado a mi sobrino, que casado con mi hija”.

Una muestra de que el radicalismo tradicionalista, combinado con añejos fanatismos religiosos, le mete el demonio hasta al más devoto santurrón.

 

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