lunes, 11 de abril de 2016

Conversando con una microempresaria



Conversando con una microempresaria
por Adán Salgado Andrade

Vivimos muy duros y difíciles tiempos. El capitalismo salvaje ha hecho añicos a la economía mundial, la que pasa por una profunda fase de contracción y desaceleración, de la cual no se ve una pronta salida. No sólo empresas o personas, sino países enteros, como Grecia, han caído a niveles de precariedad nunca antes vistos. Ni siquiera los supuestos “milagros” económicos, como China, han podido escapar a la presente catástrofe económica (ver: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2016/01/china-economic-crisis-coming-160111090000623.html).   
La actual debacle económica, que inició en el 2008, con el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, no sólo no ha sido superada, sino que tiende a agravarse (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2008/11/el-convenenciero-capitalismo-salvaje.html).
Por lo mismo, la gran mayoría de los sectores sociales padecen los estragos que aquélla está ocasionando.
Particularmente en nuestro país, las equivocadas medidas que la mafia en el poder ha impuesto, tales como la subasta de sectores claves, como los energéticos (las estratégicas Pemex y CFE), el aniquilamiento del campo, la desindustrialización (hoy importamos mucho más que en épocas anteriores), la reducción presupuestaria (la que, claro, sólo afecta al grueso de la sociedad, pero no a los privilegios de los mafiosos en el poder) y tantas otras erróneas medidas, acentúan más la precariedad. El número de mexicanos pobres se ha incrementado sustancialmente en los últimos diez años y hoy día casi ochenta millones se encuentran en tal situación (ver: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/30/opinion/024o1eco).
Ya he escrito antes sobre cómo sobreviven personas, especialmente de la clase trabajadora, y las penurias por las que transitan, con tal de “irla llevando”, aun con una preparación universitaria o experiencia laboral (ver:  http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2008/12/sorteando-la-crisis_28.html y http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2015/12/conversando-con-una-demostradora-de.html).
Pero no sólo los asalariados, sino otros sectores sociales, digamos, autogestivos, con más recursos, también padecen tales estragos, como veremos.
Tuve una conversación hace unos días con una microempresaria, a la que llamaré Minerva.
Minerva estudió la carrera de ingeniería civil en la UNAM y luego una maestría en sistemas de transporte.
Hacia 1998, Minerva y con quien actualmente es su esposo, fundaron un despacho de ingeniería, que, al principio, se especializó en el diseño de proyectos y supervisión de obra.
“Sí, pues nos animamos y pusimos el despacho. Tuvimos buena suerte, porque por tantas obras que el gobierno estaba haciendo en ese entonces, comenzamos a tener mucho trabajo, tanto de diseño de proyectos, como de supervisión”, dice Minerva.
“La verdad que fue cuando comenzamos a afianzarnos y gracias a eso, logramos crecer y consolidar la empresa”, recuerda.
Pero los problemas económicos ya mencionados, les han pegado duro, aunque se han logrado mantener. “Mira, pues es que hemos tenido que hacer otras cosas, porque, si no, si dices, ‘a eso, no le entro’, pues los potenciales clientes, se van con quien si pueda hacerlo”.
Así, el despacho de Minerva, además del diseño de proyectos y supervisión de obra, actualmente también se dedica a la determinación de precios unitarios y a auditorías, pues también se dedican a la gerencia de proyectos . “Sí, es que nos contrata el gobierno para que revises que un proyecto que una empresa le haya hecho, esté bien justificado en sus gastos y les pague o que si tuvo algún problema con una obra, que demuestre que hicieron las cosas bien”.
Eso es lo que el despacho está haciendo actualmente, trabajando para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), auditando a una de las empresas que se encargaron del proyecto carretero Mazatlán-Durango, el que ha presentado innumerables problemas constructivos, además de daños a la ecología y afectación a tierras antes ejidales (ver: http://www.sinembargo.mx/27-09-2013/767732).
“Nos sacamos la rifa del tigre, de verdad, son cosas muy delicadas, pero no te queda de otra”, dice Minerva. “Es que quieren justificar todo como gastos. Por ejemplo, que, según ellos, tuvieron sus máquinas paradas y que eso cuesta dinero. Ah, pero, tú les dices, sí, pero si les dieron la partida presupuestal en febrero, ¿cómo es que se pusieron a trabajar hasta mayo, no?”
Le pregunto qué hacen ellos, entonces. “No, pues aplicas el reglamento, porque no se trata de que les laves su cochinero, ¿no? Y si es algo que se pueda comprobar como gastos, lo haces, pero, si no, pues les decimos, ‘miren, esto, así, no se puede comprobar’ y entonces, tienen que ver otra manera de hacerlo, pero todo apegado a reglamento, muy minucioso. Y, fíjate, hasta te presentan facturas que si existen, pero que fueron canceladas. Pero como todo revisas, pues les dices que no, que esas no son válidas. Y te la pasas leyendo y leyendo todo, sí, imagínate, de ¡cuatro años de obra, todo, lo que son las bitácoras, facturas, todo… es muchísimo trabajo, de verdad! Pero si no se pueden justificar esos gastos, se los dices y entonces viene lo de las reclamaciones. Ahorita, ya vamos a entregar dos reclamaciones y luego tres y así, hasta terminar con la revisión. Entregas lo que se llama el libro blanco, en donde incluyes todo, facturas, pagos, bitácoras… ¡todo!”.
Me pregunto, al escuchar eso, cuántas empresas harán lo mismo, que busquen “legitimarse”, a pesar de los fraudes y la corrupción en que incurren al no hacer las cosas bien, con tal de ganar más. Y esas deleznables prácticas se dan aquí y en todo el mundo, por desgracia.
Y es que en el caso del proyecto mencionado, muchos de los graves problemas constructivos que presenta se deben al empleo de materiales de mala calidad, no de la que el nivel de seguridad habría requerido. Al decir de muchos de los usuarios de dicha vía, “está igual o peor de construida que la autopista México-Acapulco”. Vaya declaración.
Dice que también están pro resolverles si les dan la revisión de la línea doce del metro, la que también estuvo plagada de “irregularidades”, o sea, corrupción, desde el principio. “Esa va a ser otra súper labor, de verdad, imagínate, revisar también todo lo de los años que se tardaron en construirla y luego, cuando la cerraron, que la repararon, pues también, sí”. Sin embargo, está contenta, pues implica que siguen teniendo trabajo y eso es mejor a no tenerlo, concordamos.
Otro problema que enfrenta el despacho de Minerva, como muchas empresas que le trabajan al “gobierno”, es el atraso en los pagos. “Fíjate, le trabajamos al Inifed (Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa), para algunos arreglos que se han hecho a escuelas. Desde el año pasado les entregamos las obras terminadas y es la hora de que no nos han pagado. Nos deben ¡tres millones de pesos, que ya, nosotros, también debemos! Es que trabajamos con créditos bancarios y si no pagamos, pues nos cobran intereses y va subiendo tu deuda… pero, pues no te queda más que esperar a que te paguen”, dice, resignada.
Sí, es un grave problema. Menciona que incluso amigos que tenían, como ella, sus propias microempresas, han debido de cerrarlas, pues no pudieron cobrar los adeudos que el “gobierno” tenía con ellos. “Sí, no les quedó más que buscarse un trabajo de nuevo”. Es triste, pues se acaba con un proyecto que quizá ya llevaba algunos años funcionando. Y es algo que está sucediendo con decenas de empresas, que están quebrando porque no les pagan los organismos públicos que contrataron sus servicios. Es el caso, por ejemplo, de Pemex, empresa que debe alrededor de cincuenta mil millones de pesos a sus proveedores, muchos de los cuales se han endeudado mucho o han debido cerrar sus negocios (ver: http://eleconomista.com.mx/industrias/2016/01/25/pemex-adeuda-50000-millones-sus-proveedores). 
Otro problema son las arbitrarias “cuotas” que el Instituto Mexicano del Seguro social (IMSS) les cobra. “En el 2012, le trabajamos a Bancomer unas ampliaciones. Y que llegan los inspectores del IMSS y que nos dicen que debíamos ¡doscientos mil pesos de cuotas! No, pues nos inconformamos y entonces, ¡que nos revisan todos los papeles, así, como si fueran de Hacienda, en verdad, como una auditoría, cosa que no deben de hacer! Pero, bueno, los dejamos, con tal de que comprobaran que no debíamos eso. Al final, de todos modos les pagamos, pero sólo once mil pesos, no lo que querían, así que sí nos convino que nos revisaran ¡hasta los botes de basura!”, dice Minerva, irónica.
Claro, se entiende que la mafia en el poder, en medio de la crisis y del enorme endeudamiento al que ha llevado a este empobrecido, saqueado país, quiera ratear dinero de donde y como se pueda, le comento.
Sin embargo, Minerva no deja de ver otras oportunidades para prestigiar las funciones de su despacho, así que actualmente se prepara como PMP (Project management professional), para oficializar la gerencia de proyectos. “Sí, eso lo he estado haciendo los sábados de ocho de la mañana a dos de la tarde. Y además, he tenido que estudiar inglés, que es ¡mi coco!, de verdad, pero es que el examen te lo aplican en inglés y me lo hacen en mayo, así que, fíjate, debo de atender el despacho, a mi familia, y además estudiar lo del PMP los sábados… ¡termino casi loca!”. El curso no es barato, aunque ella logró obtener una beca, por lo que solamente debió de pagar diez mil pesos. Pero en una institución como el Tecnológico de Monterrey, el curso de PMP cuesta alrededor de cincuenta mil pesos, así que no es cualquier inversión la que se hace, pienso.
Minerva acaba de hacer una “simulación” del examen y no lo pasó, le faltaron algunos puntos para llegar al ochenta por ciento. “Debo seguirme preparando”, dice, sonriendo. Sin embargo, además de que es difícil tal examen, por los conocimientos y que se aplica en inglés , tiene que pagar 520 dólares cada que lo presente y sólo le dan tres oportunidades, y si no lo aprueba, tendría que tomar de nuevo ese caro curso. Así que, como puede verse, todo es dinero y más dinero. Este sistema todo lo mercantiliza.
La otra urgencia es lo de la auditoria de la SCT, la que deben de entregar en junio. Le pregunto que en dónde tiene sus oficinas, y me dice que, por fortuna, como el terreno en donde está su casa es muy grande, allí las hicieron desde el principio. “Pero, por ejemplo, para lo de la auditoría, tuvimos que rentar unas oficinas en Mazatlán y allí tenemos empleados, así que tengo que ir seguido para allá, ¡con todo lo que tengo que hacer! Pero así es esto, debes de ir a donde esté el trabajo”. También si es un proyecto que requiera más oficinas, la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción se las renta. “Pero tampoco puedes estar rente y rente, pues son gastos y si no te pagan pronto, te endeudas… y nunca acabas, ¿no?”
Los empelados que tienen, de fijo, son ocho, pero ahorita, gracias a la auditoría y a algunos otros trabajos, tienen veinticuatro. “Tratamos de conservarlos lo más que se puede, porque, cuando necesitas más, no es fácil conseguirlos, sobre todo con experiencia”, dice Minerva.
Platicamos de la parte humana. Al respecto, Minerva considera que ha perdido mucho de la vida que le gustaba tener. “Fíjate, antes me encantaba el alpinismo, sí, me iba a subir que el Popo o la Malinche. Y también me gustaba pilotear planeadores… ¡pero ya nada de eso puedo hacer, pues te absorbe el trabajo! Y me da mucha tristeza, porque era muy activa, tenía una súper condición… y ahora, no, ya hasta caminar me pesa, en serio. A veces, tengo que ir al Centro, caminando, claro, porque en coche ¡es una locura! Y de verdad que rápido me canso y hasta me fastidio. Y antes, no, era de que podía caminar y caminar dos, tres horas, y no me cansaba. Como que el trabajo y, sobre todo, tu familia, tus hijos, te van absorbiendo”.
Tocamos también el punto de las medidas que se tomaron recientemente en la ciudad por los elevados niveles de contaminación, como la de imponer el Hoy no circula, a todos los vehículos, sean del engomado que sean. “¡Ay, no, es algo tonto, pues así no controlas la contaminación y nada más afectas a los que, de verdad, debemos de movernos a grandes distancias. Mejor que cierren fábricas, que descentralicen la ciudad, que modernicen el transporte de carga y que haya, en serio, buen transporte, porque si yo viera que puedes transportarte para todos lados rápido y con seguridad, sí, que no te vayan a robar, ¡júralo que dejo mi auto!”.
Estoy de acuerdo con ella. Le digo que siempre he pensado que si hubiera diez líneas paralelas del metro de norte a sur, que cruzaran toda la ciudad de México y otras diez, que la cruzaran de oriente a poniente, se tendría un excelente sistema de transporte, así, como en Nueva York, que casi en cada esquina hay una estación del subway.
“Pues sí, pero, ya ves, aquí nada más quieren copiar supuestas ‘soluciones’ de países adelantados, que tienen otras condiciones, como lo de las bicicletas, que sí funcionaría si existiera un respeto a los ciclistas y que hubiera vías adecuadas, como la ciclovía de Reforma, pero es la única, porque, la verdad, fuera de allí, es un suicidio andar en bicicleta en esta ciudad”, agrega, con lo cual, concuerdo.
“Luego, se les ocurre hacer andadores, como en La Viga (se refiere Minerva a una supuesta vía pedestre que a las autoridades se les ocurrió hacer, y que llaman “parque lineal”, muy europeo, de 500 metros de longitud con un costo de 70 millones de pesos), y yo que paso casi diario por allí, no he visto ¡una sola persona, en serio, ni una, caminando por allí! Son gastos absurdos, porque, dijeras, sí lo está usando la gente, pero no, nada de eso”.
Minerva mira su reloj y me dice que ya debe de irse. Le agradezco que, a pesar de todas sus ocupaciones y preocupaciones, se haya dado unos minutos para platicar conmigo, que haya compartido todos sus logros y también sus problemas, que, como todos, no nos queda más que tratar de resolver y continuar sorteando la difícil situación a la que nos ha llevado este deshumanizado, materialista sistema.

lunes, 7 de marzo de 2016

Corrupción inmobiliaria y municipal



Corrupción inmobiliaria y municipal
por Adán Salgado Andrade

Oaxtepec, Morelos. “¿Sabe cuál es la cuota por dejarlos construir?”, me cuestiona a quien llamaré Juan, ex trabajador de una constructora que ha hecho varios fraccionamientos en Morelos, “¡tres casas, una para el regidor y las otras dos para sus familiares!”, contesta categórico. Ese es el “costo” de la corrupción que una constructora que quiera hacer un fraccionamiento en municipios del estado de Morelos, por ejemplo, debe de pagar, sobre todo si desea que se “agilicen” los trámites para el cambio de uso de suelo y todo lo que conlleva la edificación de una nueva unidad. Y por esa causa es que ese estado, como muchos otros en el país, se está llenando de fraccionamientos, muchos de ellos, de dudosa “legalidad”. Está por demás decir que desde que asumió el cargo de “gobernador” el mafioso Graco Ramírez (como los gánsteres de cualquier mafia política que desde siempre han controlado a este depredado país), se han disparado en Morelos, tanto los índices de corrupción, así como de la violencia delincuencial (del así llamado crimen organizado, como de los cuerpos policiacos y militares que conjuntamente controlan la región) que acompaña a todo proceso de acelerada degradación social. Asesinatos, desapariciones y fosas clandestinas se han disparado, junto con la descarada corrupción, tanto que hasta se han realizado varias manifestaciones exigiendo la renuncia del gánster Graco Ramírez (ver: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/20/estados/023n1est).  
La mencionada corrupción inmobiliaria se evidencia en que terrenos que hace muy poco eran agrícolas, sin valor catastral, de repente, se convirtieron en fraccionamientos, algunos de “lujo”, lo que de inmediato da un valor muy alto a esos lugares, artificial y manipuladamente alto, como veremos.
Ante tal frenesí constructivo, muchos lugareños, campesinos, sobre todo, han ido vendiendo sus tierras, malbaratándolas, claro. Eso lo hacen porque es preferible para la mayoría hacerse de algo de dinero, dadas sus carencias, en vista de que la falta de apoyo al campo mexicano, está llevando a este sector a un colapso, pues para la mayoría de campesinos, sembrar no es redituable y es por eso es que prefieren alquilar o, peor, vender sus tierras, aun cuando se trata de un patrimonio que fueron heredando generacionalmente (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2007/12/apertura-total-del-agro-mexicano-al-tlc.html).
Un problema adicional, más grave aun, es que la rápida reducción de tierras fértiles, disminuye considerablemente la producción agrícola, lo que eleva la importación de alimentos, vulnerabilidad que nos conducirá irremediablemente a un colapso alimentario, sobre todo porque a nivel mundial tiende a disminuir tal producción agrícola, debido al calentamiento global, el que tiende, entre otras dañinas consecuencias, a disminuir las zonas húmedas del planeta y las lluvias, esenciales para tal producción.
Sin embargo, ninguna de esas consideraciones importa, cuando se trata de solamente hacer muy buenos, corruptos negocios.   
Y tales negocios operan así. Una hectárea de tierra agrícola, por ejemplo, puede venderse en cien mil pesos, pero la inmobiliaria que la compra multiplicará con creces tal inversión. Incluso, si por el frenesí inmobiliario ya haya subido su precio al doble o al triple, aun así, sigue siendo redituable.
En otro artículo me he referido al boom constructivo que se dio desde los mafiatos panistas, en los que los préstamos para trabajadores del Infonavit o del Fovissste no han servido para adquirir casas cerca de sus lugares de trabajo, por ser demasiado caras en relación con los préstamos, sino que apenas si les alcanzan a aquéllos para adquirir viviendas en provincia, sobre todo en los estados aledaños a la ciudad de México, a no más de dos o tres horas de distancia, tales como Morelos, Hidalgo, Estado de México, Puebla o Querétaro. Me he referido a ese problema como las “casas de fin de semana”, pues, en realidad, solamente sirven para esa finalidad, pues no resuelven el agudo problema de la necesidad de contar con un lugar propio y adecuado para vivir en la ya de por sí sobrepoblada ciudad de México (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2009/02/creditos-gubernamentales-para-vivienda.html).
Pero, claro, que un trabajador se endeude con un tercio o más de su sueldo mensual, con el Infonavit o el Fovissste por varios años, hasta veinte en algunos casos, al adquirir una casa que, en realidad, no le resuelve sus problemas habitacionales, será su problema, no el de aquellas instituciones ni, mucho menos, el de la inmobiliaria que recibe tal préstamo y, mucho menos aun, será una molestia para la mafia en el poder que controle el estado o municipio en donde tal inmobiliaria decida construir un nuevo fraccionamiento, pues, excepto el trabajador, el resto de los involucrados hará excelentes negocios.
Comenzando por los intereses que se le cobrarán al trabajador, los que implican muchas veces la mitad de la deuda, es decir, que en un préstamo de veinte años, los primeros diez serán sólo para el pago de dichos onerosos intereses y eso que estamos hablando de supuestos préstamos “blandos”, los que, se infiere, cobran menos réditos (y ya no digamos aquellos prestamos que combinan los bancarios, pues entonces el costo del crédito es aun más caro).
Luego, como ya mencioné, viene el gran negocio que hacen las inmobiliarias, iniciando con la construcción, en la que tratan de ahorrar lo más posible, tanto en materiales empleados, así como en la mano de obra. Es el caso de un fraccionamiento que se encuentra en Oaxtepec, cerca de lo que fuera el Parque Acuático Oaxtepec (PAO). Por cierto que este actualmente cerrado centro recreativo, que por tanto tiempo fue una obligada tradición familiar el acudir allí y disfrutar de sus albercas y el efímero parque de diversiones, ya se concesionó recientemente, seguro de forma subrepticia y corrupta, nada menos que a Six Flags, ese lucrativo emporio estadounidense de la industria del ocio (ver: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/04/economia/025n3eco).
Ya podemos prever el brutal impacto en estilos de vida y consumo, además de los problemas de sobresaturación urbanos y de vialidades, que tendrá que en ese sitio se establezca Six Flags, empresa que modifica y mercantiliza las formas de diversión en todos los lugares en donde se impone (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2009/01/la-muy-lucrativa-y-globalizadora.html).
Al decir de una de las locatarias del mercado local, la arbitraria imposición de dicha empresa, sólo traerá más problemas. “¡Fíjese, si de por sí ya nos falta agua, ahora con ese parque, nos va a faltar más… y también a los cañeros, porque dicen que van a tomar agua del río que pasa por allí. Y, luego, van a traer sus negocios y sus tiendas y nos van a quitar la poca clientela que nos queda. Eso le digo a la gente, pero ni hacen caso, hasta se emocionan porque van a tener un Six Flags aquí, pero no saben cuánto nos va a dañar!”, declara, muy consternada. Su preocupación no es para menos, en vista de que, en efecto, tales consorcios sólo dañan las economías locales, su ecología, así como los estilos de vida. Es lo que ocasiona, por ejemplo, una nueva tienda de Walmart que se abra en una pequeña localidad, que muchas veces daña el entorno con la construcción, elimina negocios e impone estilos en el consumo (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2013/01/los-negativos-efectos-del-emporio.html).  
Regresando al mencionado fraccionamiento, está asentado en un terreno de no más de tres hectáreas, que, al decir de Juan, eran no hace mucho tierras de cultivo, por la que no se pagaron más de medio millón de pesos. El proyecto consistió en edificar y vender ciento cincuenta y cuatro muy sobrevaluadas casas, en un promedio de un millón de pesos cada una. “Fíjese, por muy caras, estas casitas no cuestan más de trescientos mil pesos hacerlas”, me dice Juan. Pero agreguemos los costos extras de haber dotado al fraccionamiento de un centro recreativo y una alberca central, la urbanización, las redes de agua potable, drenaje y luz y, prorrateando, supongamos que el costo por casa sea de medio millón de pesos, la ganancia obtenida es de por lo menos el doble.
Y ya se vendieron todas las casas, compradas la mayor parte por empleados que obtuvieron un préstamo del Fovissste, como doctores, maestros, investigadores… y así por el estilo. La inmobiliaria, ya recuperó su inversión más cuantiosas ganancias, de por lo menos setenta y siete millones de pesos, en un año, pero, como dije antes, la deuda de veinte años es para los endeudados empleados.
Hay que decir que, curiosamente, una vez que es autorizado un préstamo, al destinatario le llueven los correos electrónicos y llamadas de distintas inmobiliarias invitando a desembolsarlo en tal o cual desarrollo el que, siempre se presume, es mejor que éste o aquél. Esta arbitrariedad e invasión de la privacidad del empleado, sugiere que también allí se comienza con la cadena de corrupción, pues seguramente tales inmobiliarias “gratifican” a empleados del Infonavit o Fovissste, con tal de contar con la base de datos de las personas a quienes se asignan dichos préstamos.  
Y por si no bastara ya con esa carga crediticia, hay que sumar los costos que implica poseer una sobrevaluada casa en el mencionado fraccionamiento. Comenzando con los costos fijos del mantenimiento, de setecientos pesos mensuales en promedio, en los que se carga el funcionamiento del centro recreativo, la alberca, el cuidado de las áreas verdes, el pago del administrador, la vigilancia… y así. Eso, sin contar con que el jardín de cada casa, corre a cargo del propietario, quien decidirá si lo cuida él mismo o encarga el trabajo (cortar el pasto y regarlo, así como las plantas que se siembren) a algún jardinero, lo que tendrá un costo adicional de alrededor de cuatrocientos pesos mensuales.
Súmese el costo del amueblado, como salas, camas, cortinas… y estamos hablando de erogar un promedio de al menos treinta o cincuenta mil pesos más (muy oportunamente, en el mismo Oaxtepec o en el cercano municipio de Cuautla, existen distintos giros de negocios, así como autoservicios, en los que se vende de todo, muebles, cortinas, fuentes, albercas… y hasta existen servicios de mudanzas a un lado que por “módicas” sumas entregan los enseres adquiridos).
Por otro lado, los materiales empleados (tabicón, malla metálica en lugar de varillas y así), son de tan mala calidad, que a unos meses de compradas, muchas casas ya comenzaron a mostrar los serios defectos de fabricación, tales como humedad en las paredes y caída del recubrimiento (yeso), grietas, inundaciones (en un caso, un aguacero excedió la capacidad del drenaje, varias casas se anegaron y el costo de la reparación corrió a cargo de los propietarios, pues ya no estaban dentro de la “garantía”), instalaciones de luz y tuberías defectuosas… y así. Como son sólo seis meses de una cuestionable “garantía”, los costos de las reparaciones que deban de hacerse fuera de ese tiempo, las debe pagar el propietario, en demérito del apretado bolsillo de muchos, ya de por sí limitado por el descuento que se le hace por el préstamo cada mes, de seis mil pesos en promedio.
Y si sumamos el costo del traslado de la ciudad hacia el fraccionamiento, que tan solo de gasolina y casetas es de al menos seiscientos a mil pesos, lleva a que muchas sólo sean ocupadas en “puentes” vacacionales o en algunos días de asueto, además del desgaste físico y mental que implica el traslado, por vialidades que están saturadas casi a cualquier hora, sobre todo en los fines de semana (regresar a las cinco de la tarde en domingo de Oaxtepec por la “autopista” implica en ocasiones hasta cuatro horas o más, de lo saturada que está, tanto, que vendedores ambulantes hasta se dan el lujo de caminar tranquilamente entre los autos estacionados allí).
Pero la letanía de gastos, arbitrariedades y corruptelas no termina allí.
Del aludido fraccionamiento,  los flamantes propietarios debieron de pagar por la electricidad que se consumió aun antes de que compraran y recibieran sus casas, costo que, por ley, debió de asumir la corrupta inmobiliaria. Así, la mayoría, no tenían más de tres meses de ocupar sus casas, uno que otro fin de semana, y pagaron, además del costo del medidor, nada menos que por casi un año del servicio eléctrico, como si hubiera sido continuo, que fue en promedio de dos mil pesos, cuando que, una vez regularizado, por el escaso uso de electricidad, no llega ni a cincuenta pesos bimestrales. Véase que todos los implicados se llevan su buena tajada del negocio, en este caso, lo que queda de CFE, empresa que cada vez produce menos y menos electricidad y que, así como va, pasará de ser generadora del fluido, a simple cobradora (y eso, mientras la mafia en el poder no la desaparezca, así como hizo con Luz y Fuerza durante el calderonato o está haciendo con Pemex).
El agua también es otro pago adicional y si se hace anual, es de alrededor de mil doscientos pesos, y eso porque se les considera el consumo “mínimo”, de diez metros cúbicos mensuales, pero en la mayoría de los casos, como las casas están deshabitadas la mayor parte del año, no llega ni a tres o cuatro metros cúbicos. Se les insiste en que es mejor el pago anual, porque es “más barato”, pero es una mentira, pues se erogaría menos si se realizara bimestralmente, debido al bajo consumo, aunque muchos se resignan a hacerlo así por “comodidad”, con tal de no estar yendo a la oficina del sistema de agua a pagarla cada dos meses.
Y sigue la lista de corruptas erogaciones.
Una que también resultó escandalosamente excesiva fue el “pago” del predial. La mayoría de las casas se entregaron a mediados o a fines del año pasado. El administrador del lugar les dijo que ya debían de acudir a una oficina ubicada en Yautepec a pagar dicho impuesto para que no les cobraran sobrecargos y multas. Pues bien, allí, se llevaron la sorpresa de que para pagar el predial del presente año, 2016, fuera anual o bimestral, debían de liquidar, primero, el de la totalidad del 2015, aun cuando, repito, muchos recibieron sus casas a partir de julio o después,  además de que no fueron avisados que tenían que pagar ese oneroso derecho. Y como el fraccionamiento está clasificado como de “lujo medio”, por las casas, de no más de cien metros cuadrados de construcción (no por el terreno, sino porque se acumulan la pequeña planta baja y los dos niveles, igualmente reducidos), se deben de pagar ¡tres mil setecientos pesos anuales a costos actuales!, lo que las hace aun más caras que en ciertas zonas de lujo medio de la ciudad de México. Así que los sufridos propietarios que tuvieron que pagar el predial, desembolsaron, para comenzar, los citados tres mil setecientos pesos tan sólo del año pasado, más las “multas”, y otro monto igual, si lo pagaron anual, por el del 2016. La sorpresa para todos ellos es que de manera inusualmente eficiente la oficina del catastro tiene registrados todos sus datos personales, así como del predio que adquirieron, así que no hay forma de que evadan esa impuesta obligación. Dicho pago, en promedio, ascendió a ¡ocho mil quinientos pesos!   
Eso, para las ciento cincuenta y cuatro casas. Haciendo cuentas, el corrupto municipio de Yautepec, del que depende dicho fraccionamiento, se embolsará tan sólo de éste, un millón, trescientos nueve mil pesos. Y se debe de pagar, pues el no hacerlo, genera onerosos “intereses”, que si se dejan acumular, puede llegar el momento en que dicho municipio confisque la propiedad.
Como se ve, vaya que conviene cambiar el uso de suelo de agrícola al muy lucrativo de “fraccionamiento de lujo medio” o de cualquier otra categoría.
Repito, eso es tan sólo para uno de tantos fraccionamientos que se han construido y que se siguen construyendo, muchos, incluso, pisoteando los derechos de los habitantes nativos que viven en las zonas de impacto y que sufren ya los embates de esa anárquica urbanización.(hay algunas mantas que advierten a la gente no comprar en tal o cual lugar, porque no está autorizada la venta y que mejor “eviten problemas”). Crecen problemas tales como la falta de agua, de drenaje eficiente, saturación de vialidades o inseguridad, la que ha aumentado mucho, pues el advenimiento de tanta aparente prosperidad atrae a la delincuencia y son muy frecuentes los robos en esas unidades, aun contando con vigilancia propia. “Aquí hay que cuidarse de los policías y de los ladrones”, comenta Juan, consternado.
Pero, repito, esa “prosperidad” es debida a los préstamos hipotecarios, no por dinero propio, pues es rara la persona que se atreva a comprar alguna de las casas del fraccionamiento mencionado o de otros con sus propios recursos, sobre todo porque están muy sobrevaluadas. Nadie que poseyera un millón de pesos compraría, en su sano juicio, una propiedad que en realidad vale la mitad o menos de lo que la inmobiliaria pide por ella.
En fin, que en esta cadena de corrupción, ilegalidad, arbitrariedad e inseguridad, los únicos afectados son los sufridos “felices” propietarios, muchos de los cuales, si no es que todos, ignoran lo que enfrentarán una vez que adquieran su costosa “casa de ensueño” de fin de semana.
Para el resto de los mafiosos implicados, es un muy lucrativo negocio más.

Contacto: studillac@hotmail.com