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sábado, 4 de enero de 2014

Con la novela Brothers, de Yu Hua, de la China “comunista” de Mao, a la moderna China del capitalismo salvaje.



Con la novela Brothers, de Yu Hua, de la China “comunista”
 de Mao, a la moderna China del capitalismo salvaje.
Por Adán Salgado Andrade  

En un trabajo previo, me basé en el ensayo del afamado escritor chino Yu Hua (Hangzhou, Zhejiang, 1960), “China en diez palabras” (http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2013/09/china-autoritarismo-capitalismo-salvaje.html), para analizar la situación económica, social y medioambiental por la que actualmente atraviesa China, misma que ya había tratado en otro artículo (http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2011/01/el-sobrevalorado-y-anarquico.html).
En esta ocasión, lo hago valiéndome de una de sus obras literarias, “Brothers” (Anchorbooks, 2009), tal vez uno de sus trabajos más descriptivos y desarrollados sobre lo que ha pasado en China en los últimos 30 años, sobre todo, las brutales transformaciones económicas que han colocado a ese país en calidad de maquiladora mundial y que si, por un lado, en efecto, ha logrado un espectacular desarrollo económico, que la coloca entre las principales economías del mundo, por otro lado, ello ha redundado en una severa afectación de su medio ambiente y en que su sociedad se ha materializado y se ha desensibilizado a tal nivel, que actualmente, como sucede en este mundo tan dominado por el salvaje capitalismo, el único objetivo posible, para la mayoría de los chinos, es lograr el éxito material, a costa de lo que sea. Valores tales como la compasión, la solidaridad, el amor, la bondad… entre otros, se han ido perdiendo, llegándose a niveles de deshumanización en los que, por ejemplo, los jóvenes no ayudan a los ancianos que se caigan en la calle porque temen que éstos vayan a chantajearlos con que ellos los tiraron (por desgracia, algo real, pues ya se han dado casos así: http://www.argenpress.info/2013/12/la-mayoria-chinos-dudaria-en-brindar.htm).
En Brothers (Hermanos), Yu Hua analiza esa transición, enfocándola en la vida de sus protagonistas principales: Baldy Li y Song Gang, cuya vida va a la par de los referidos cambios y que por azares del destino, sus existencias se unen. Los hechos toman lugar en la población de Liu, un sitio rural, en donde, en los años setenta, no había ni bicicletas y la carretilla del herrero local, Tong, era el único “medio de transporte” disponible.
Baldy Li es huérfano de padre. Su madre, Li Lan, debió de soportar por años la vergüenza que le provocó el que su marido, el padre del recién nacido Baldy Li, hubiera muerto ahogado en excremento, cuando espiaba los traseros de las mujeres en un baño público. El cadáver es rescatado por Song Famping, padre de Song Gang, quien, desde entonces, provoca buena impresión en Li Lan. Tiempo después, la esposa de Song Famping muere de cáncer y la esporádica relación que tuvieron él y Li Lan, se formaliza y deciden casarse. Esos hechos toman lugar algunos años antes de la llamada “Revolución Cultural” (1966-1976), promovida por Mao Zedong, en aras de terminar con los resabios del sistema burgués y todo lo “malo” que existía, previo a la implantación del “comunismo”.
Y justo cuando eso, la “revolución cultural” llega al pueblo de Liu, es que comienzan los problemas para Song Famping, ya felizmente casado con Li Lan, pues al hurgar en su pasado, como se hacía con todo mundo, se descubrió que su padre había sido terrateniente. Por tal motivo, pierde su trabajo como profesor de la primaria local y es condenado a realizar humillantes trabajos, como barrer, justo frente a la escuela en donde había dado clases, además de que debe de cargar todo el tiempo un letrero que dicen “Este es un contrarrevolucionario, hijo de terratenientes”. La gente lo puede abofetear, escupir, golpear… así como se hacía con todos los “enemigos de la revolución”, sin importar si hasta ese momento, habían sido ciudadanos muy respetables o modelo. No, sí su pasado era “maldito”, eran considerados “enemigos”. Mientras tanto, Li Lan, se había ido a recluir a un hospital en Shanghái, para recibir tratamiento de una enfermedad pulmonar, sin que se enterara de que su esposo era ya tratado como “basura” por los “revolucionarios”.
Song Famping se fue acostumbrando a las humillaciones y ya le eran soportables, pero, por desgracia, en una ocasión que sus hijos, Baldy Li y Song Gang, van a verlo a donde barría y debía de soportar humillaciones, golpes y escupitajos, uno de ellos, Baldy Li, le recrimina a gritos que el letrero que Song Famping portaba, no decía “El jefe Mao es un terrateniente”, como aquél les había dicho – ellos aún no sabían leer –, con tal de que no pensaran tan mal sus propios hijos de él, sino que lo que en realidad se leía era que Song Famping era hijo de terratenientes. Y sólo bastó esa revelación para que los guardias rojos – como se llamaba a los intolerantes, violentos jóvenes encargados de vigilar a los contrarrevolucionarios – que la escucharon, se le fueran a los golpes con palos y patadas a Song Famping, quien debió soportarlos, pues para cualquiera que osara responder o defenderse, era peor. A partir de ese funesto hecho, que hizo arrepentirse bastante a Baldy Li, la vida de Song Famping, quien fue arrestado, fue tan miserable, que tanto su condición física, como mental, se deterioraron bastante, al punto de ser casi un fantasma, así como los otros “enemigos de la revolución”, que al igual que él, por cualquier motivo, por simple que fuera, eran torturados  a diario, dentro del bodegón en donde habían sido encarcelados y obligados a diario a realizar duras tareas y a sobrevivir con migajas y restos de comida que los guardias rojos les llevaban. En una ocasión, Song Famping quiso cumplir con su promesa de ir a Shanghái a recoger a su esposa, Li Lan, del hospital, pero no pudo cumplirla, pues su huida, enfureció a los guardias rojos que lo siguieron hasta la terminal. Quiso mostrar la carta de su esposa para justificar que no huía, sino que sólo se ausentaría por un día, pero contra los cerrados, energúmenos “defensores de la revolución”, no se podía argumentar nada, y le propinaron tan salvaje golpiza, que terminaron matándolo.   
En esos pasajes, Yu Hua, muestra claramente a los niveles que ya, desde entonces, se comenzó a deshumanizar la sociedad china, pues los guardias rojos podían actuar a sus anchas, con tal de “combatir” a los enemigos de la revolución, a quienes podían allanar sus hogares, despojarlos de sus pertenencias e, incluso, matarlos a golpes, pues su “acción revolucionaria” justificaba todo. Esto, como señala Yu Hua, en su ensayo “China en diez palabras”, es algo que sigue privando y que justifica el autoritarismo chino, que ve a los activistas no como revolucionarios, sino como “refugiados de la justicia” (political refugees), con lo que los coloca en el nivel de simples delincuentes, igual que vulgares ladrones o violadores (http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2013/09/china-autoritarismo-capitalismo-salvaje.html).
En el crudo pasaje en que refiere cómo de la golpiza propinada a Song Famping lo dejan muerto, ensangrentado, casi destrozado, sin que a nadie le importe, en realidad, si ya está muerto y, mucho menos, en recoger su cadáver, podemos darnos una idea del grado de insensibilidad al que, desde entonces, se ha ido acostumbrando la sociedad china, a grado tal que hoy día, por ejemplo, es todo un espectáculo televisivo entrevistar a los condenados a muerte (http://www.youtube.com/watch?v=EE5UCqpmZag).
Para Li Lan fue un duro golpe la muerte de Song Famping a quien, de verdad, había amado profundamente. Aún así, se resignó, y siguió tratando de llevar su vida, trabajando en la fábrica de seda, donde desde hacía años laboraba, y debiendo de soportar, de cuando en cuando, las agresiones de los guardias rojos, porque había sido la esposa de un hijo de terratenientes. Además, decide llevar a Song Gang, el hijo de Song Famping, con el abuelo de él, un viejo terrateniente, venido a menos, y ella sigue viviendo sólo con Baldy Li. No terminan allí sus infortunios, pues sufre nuevas humillaciones, cuando Baldy Li, a sus 15 años, repitiendo lo que su padre biológico, justo 15 años antes, había hecho, de espiar los traseros de las mujeres en un baño público, es sorprendido por el poeta Zhao haciendo lo mismo. Zhao, junto con el escritor Liu, ambos “distinguidos” personajes del pueblo, dan a conocer la bajeza de Baldy Li. Por fortuna, la “revolución cultural” estaba en sus últimos años, así que no pasó de la generalizada burla de la gente del pueblo y unas cachetadas al muchacho, sobre todo de parte de los agraviados maridos de las mujeres casadas a las que les había visto el trasero. Una, que era soltera, Lin Hong, sólo lloró de rabia y le espetó que cómo había sido capaz de hacer tan vergonzosa acción.
Pero ese hecho fue suficiente para que Li Lan, la madre de Baldy Li, sintiera de nuevo la vergüenza de años atrás, tanto, que poco a poco fue dejándose morir. Por esa circunstancia fue que los hermanos se vuelven a reunir, viviendo en la casa que fuera de Li Lan y pertenecía, ya, a Baldy Li. Ya sin sus respectivos padres, Baldy Li y Song Gang se dan a la tarea de buscarse una forma de vida. Song, lo hace en una fábrica de metal, en tanto que Li consigue trabajo en una fábrica de cajas de cartón. Ambos logran colocarse debido a que son conocidos del hombre, Tao Qing, que, años atrás, les ayudara a cargar el cadáver de su padre, dado que nadie deseaba ensuciarse las manos recogiendo el cuerpo inerme de un “enemigo de la revolución” y los hermanos, aún niños,  le agradecen y lo colman de bendiciones. Como Qing tiene ya un cargo público de importancia, está en posibilidades de conseguirles empleo. Con este pasaje, Yu Hua da a entender que, aún cuando en la era “comunista” china, se suponía que todo mundo tenía derecho al trabajo, era gracias a las, digamos, “influencias”, que en realidad podía obtenerse una ocupación. Qing tenía un cargo “importante”, pues se desempeñaba como director de la fábrica de cajas, cuyos trabajadores eran personas con capacidades distintas: cojos, ciegos, mudos y con retraso mental. La función de la fábrica era casi social, con el fin de dar trabajo a ese tipo de ciudadanos, aunque, en realidad, era una pérdida permanente de dinero. Es otro detalle destacable que señala Hua, que durante la era “comunista”, muchas empresas públicas funcionaban, fueran o no realmente productivas o que generaran ganancias, con tal que se dijera que en China, todo mundo tenía trabajo, aunque, como señalo arriba, no fuera cierto del todo.
Sin embargo, Baldy Li, forjado innatamente para los negocios, logra que en poco tiempo la empresa rinda generosas ganancias (de hecho, un cómico hecho narrado antes en la novela, era que Li negociaba con todo aquel que quisiera saber cómo era el trasero de Lin Hong, la chica más bella del lugar, que él había visto, a quien se lo describiría con todo detalle, a cambio de un buen tazón de fideos especiales comprados en el restaurante del pueblo).
Eso lo consigue gracias a su perseverancia, pues le basta con ir a Shanghái y mostrarles a grandes compañías la foto de sus obreros “distintos”, para lograr conmover a sus directivos y que le encargaran importantes cantidades de cajas. Esa parte se ubica alrededor del año 1980, cuando comenzaba la apertura económica promovida por Deng Xiaoping, durante la cual, China se va convirtiendo en la maquiladora mundial, gracias abundante mano de obra con bajos salarios, vastos recursos naturales y un gobierno que concedía muchas facilidades a la inversión extranjera (anacrónico modelo que a toda costa desea aplicar la mafia en el poder en México, privatizando ya hasta el petróleo).
Y justo en el personaje de Baldy Li es que Yu Hua va mostrando esos cambios tan brutales que tuvo la apertura china en su modelo económico.
Li, gracias a su éxito, es nombrado director de la fábrica de cajas. Sin embargo, luego de un tiempo de trabajar allí, decide independizarse, aprovechando el boom económico, y establecer una fábrica de ropa. Con su dinero y con el de algunos de los personajes más notables del pueblo – entre los que están el herrero, el afilador de cuchillos, el dentista, el vendedor de paletas y el sastre –, a quienes llama ya “accionistas”, con toda la connotación de un sistema capitalista de asociación, va a Shanghái, para, según él, conseguir la producción de las prendas que tenía pensado hacer. Sin embargo, no sucede así, y luego de meses de incertidumbre, regresa derrotado, diciéndoles a sus desalentados “accionistas” que “la primera vez que fui a Shanghái, me bastó con mostrar una foto de mis desvalidos obreros para compadecer a los empresarios y que me dieran la producción, pero, ahora, es una sociedad distinta y por la alta corrupción, me piden cientos de yuanes como sobornos, con tal de que me den el trabajo” (p. 346).
Además de perder su dinero, Li no escapa a las golpizas que todos los días los airados “accionistas” le propinan, por haber perdido su dinero, las que Li soporta estoicamente, aceptando que son debido a su fracaso. Sin embargo, no se da por vencido en su afán por convertirse en el hombre más rico de China. Y ese proceso lo inicia, protestando frente al inmueble en donde sesionan las autoridades locales. Lo hace sentándose, pegando un letrero en su pecho, con la exigencia de que se le devuelva su trabajo como director de la fábrica de cajas de cartón, al que había renunciado, sin pedir consentimiento a sus superiores, cuando intentó establecer su fábrica de ropa. Su protesta se alarga semanas, meses, años… y aunque no tiene éxito en que su cargo le sea devuelto, sí logra atraer la atención y compasión de la gente, a la que pide cosas para comer, así como su basura, lo que ya no les sirva, y todo eso lo va acumulando. Comercia esos desperdicios y, con el tiempo, Baldy Li ve en la venta y compra de aquéllos su futuro, de tal manera que se autonombra el “Rey del Desperdicio”.
Y es así como ese pobre hijo de una obrera, va ascendiendo en la escala social hasta convertirse en un magnate que, en pocos años, maneja todo tipo de negocios, desde el reciclaje, restaurantes, edificios de departamentos… se apodera de la población Liu y, en combinación con las felices autoridades locales, va transformándola, derribando las antiguas casas y calles y modernizándola en todos los sentidos, a tal grado que cuando le preguntaban que si él era de Liu, muy orgulloso se jactaba de que, “en efecto, yo soy Liu”. Además, disfruta de cuanto lujo se le antoja, viviendo en una fastuosa residencia, adquiriendo costosos trajes “Armani”, lujosos autos, viajando a todas partes, aunque manteniéndose como soltero empedernido, acostándose con cuanta mujer se le pone enfrente, sabedor de que su enorme fortuna, atrae féminas, cual el polen a las abejas.
Yu Hua, evidentemente ejemplifica con el éxito económico de Hua y su vida de dispendios, como dije antes, la brutal transformación de China, que ha arrasado, incluso, con rasgos culturales tan enraizados, sobre todo en las zonas rurales y ha dado paso a una destructiva modernidad que no tiene límites, arrasando, año con año, con zonas rurales de cultivo, aunque con tales acciones disminuya su producción de alimentos y deje en el desamparo a los campesinos a quienes les son arrebatadas, por la fuerza, tales tierras.
Esto lo contrasta con la vida de Song Gang, quien, al contario de su hermano, lleva una vida sencilla, modesta, trabajando al lado de su esposa, Lin Hong, la chica más bonita de Liu, y la que muchos años estuvo asediada por su hermano Baldy Li, hasta que ella le revela un día a Song Gang que está enamorada de él y por tal motivo se casan. Song Gang representa a todos los chinos que, a pesar de sus esfuerzos por lograr tener mucho dinero y vivir bien, no lo logran, y no les queda más que sobrevivir, como se pueda, trabajando por sueldos de hambre, vendiendo baratijas en las calles, embaucando a la gente con mentiras y otras cosas.
Song Gang, con casi todos sus ahorros, logra adquirir la primera bicicleta que existiera en Liu, una Eternity, y tan orgulloso estaba de su vehículo, que la tenía como nueva todos los días, iba en ella por su esposa a la fábrica de ropa en donde laboraba y sonaba el timbre, con tal que todos los notaran viajando en su magnífica bicicleta. Todo transcurre sin cambios importantes hasta que, justo las transformaciones económicas, tienen como consecuencias que muchas empresas estatales, las más ineficientes, comiencen a cerrar, como la de metal, en donde trabaja Song Gang. A partir de allí, deambula por distintos empleos, uno de ellos, como cargador en un muelle en donde, para su mala suerte, se daña su columna. Después, consigue trabajo en una fábrica de cemento, empacando el dañino producto, y luego de dos años, se enferma de sus pulmones. Con estos pasajes, Yu Hua ejemplifica claramente la explotación y los peligros laborales a la que son sometidos millones de obreros chinos a diario, sin que existan verdaderas leyes que los protejan (de hecho, China es el tercer país más enfermo del mundo. Ver mi trabajo, citado antes:
Y de allí, Song Gang deja de trabajar, imposibilitado de hacerlo debido a su mermada salud, que no puede atender convenientemente, pues el hospital y las medicinas son caros, y trabajadores pobres como él y su esposa, no pueden pagarlos (también, aquí, Yu Hua resalta el que el sistema de salud pública casi ha desaparecido). En esta parte, Song Gang decide pedirle ayuda a Baldy Li, quien, muy generoso, lo auxilia, a pesar de los años de distanciamiento que llevaban (lo que Yu Hua llama raíces, que no se abandonan, a pesar de las brutales transformaciones). Si embargo, Baldy Li le da la ayuda económica a escondidas, pues conoce el carácter obstinado de Song Gang, de no aceptar dinero a cambio de nada. Baldy Li envía a uno de sus asistentes a ver a Lin Hong, a la que entrega cien mil yuanes, para los gastos médicos de su hermano, y le dice que cada seis meses, recibirán la misma cantidad. Lin Hong está agradecidísima y de inmediato lleva a Song Gang al hospital, diciéndole que familiares de ella le han prestado dinero para hacerlo. Sin embargo, Song Gang, ignorante de la ayuda que le está dando su hermano, decide irse del pueblo con un “charlatán”, de los que, según Yu Hua, abundan en China, para tratar de vender lo que fuera. De hecho, el charlatán, apellidado Zhou, había llegado a Liu, por el impacto mediático que un concurso organizado por Baldy Li estaba teniendo en toda China. El concurso, denominado “Competencia Inaugural de Belleza Virgen”, tenía la finalidad de premiar a las tres mujeres “vírgenes” más bellas de todo el país. Sin embargo, las ganadoras de los tres primeros lugares, no lo logran, precisamente, por ser vírgenes, pues no lo eran ya, sino por haberse acostado con Baldy Li, quien ordena a cuáles de ellas darles el primero y tercer sitio, dejando el segundo a “discreción” de los jueces, los que son “sobornados” por las varias participantes, quienes no tienen empacho en acostarse con ellos. Zhou estaba allí justo para vender hímenes, tanto chinos, así como extranjeros, que podían convertir a cualquier mujer no virgen, nuevamente en ello y “es más barato hacerlo con mis hímenes, que cuestan mucho más baratos que una reconstrucción quirúrgica”. (p. 503)
En tan sólo los tres días que duró el concurso, Zhou logra vender todos sus hímenes artificiales y ganar cien mil yuanes, con lo que deslumbra a Song Gang, quien por ello toma la acelerada decisión de irse a probar fortuna con él.
En estos pasajes, Yu Hua muestra el nivel de frivolidad que ha alcanzado la sociedad china, que de cualquier cosa crea “líderes e ídolos”, como cita en su ensayo “China en diez palabras”. Por otro lado, alude también a la excesiva corrupción existente, cuando, burlonamente, la novela refiere que la ganadora del concurso de vírgenes, ni virgen era y hasta un hijo tenía. “Bueno, es que hay muchas formas de virginidad”, se defiende la mujer, “y la mía, es también espiritual” (p. 527). Y de paso menciona la generalizada costumbre de “embaucar”, es decir, de engañar, como lo hace Zhou, con el fin de obtener un beneficio económico (como las “medicinas” chinas piratas, que ni siquiera son medicamentos). Sobre todo cuando, más adelante, convence a Song Gang, de que se injerte senos artificiales, con tal de que logren vender cremas que hacen crecer el busto a las mujeres (p. 551). Y en efecto, ese engaño tiene éxito y logran vender todas sus cremas. Fuera de su habilidad para engañar a las personas, Zhou se presenta como un personaje frívolo, que sólo se interesa por ver aburridas novelas coreanas, mostrando con ello, Yu Hua, el bajo nivel cultural que una buena parte de los chinos comparten.
Pero luego de eso, Song Gang anhela bastante regresar con su esposa, más cuando se encuentra con un viejo conocido del pueblo, quien le dice que él, tras mucho trotar por China, sigue igual de pobre que cuando salió del pueblo. “Mi padre decía que si tu destino está en que tengas cien gramos de arroz, aunque desees tener medio kilo, no pasarás de cien gramos”. Song Gang, sin pensarlo más, regresa a Liu, justo en los días en que, por la soledad en que se encuentra su esposa, Lin Hong, de tantos meses sin él, es atrapada por los lances amorísticos de Baldy Li, muy enamorado aún de ella. Song Gang se entera de la aventura amorosa entre su esposa y Baldy Li, y decide poner fin a su vida, arrojándose a las vías del tren, no sin antes escribir cartas a su hermano y a su esposa, en donde, sin recriminaciones, ni reproches, le dice a Lin Hong, que ha sido muy feliz veinte años casado con ella, y a Baldy Li, que, a pesar de la muerte, ellos nunca dejarán de ser hermanos y algún día se encontrarán los tres.
A partir de allí, se da la ruptura definitiva entre Baldy Li y Lin Hong y siguen sus vidas, él, aumentando su fortuna y ella, cambiando tan radicalmente, como lo ha experimentado toda China, a grado tal de que de haber sido la chica más bonita de Liu, haber estado fielmente casada con Song Gang y haber tenido una rápida aventura sexual con Baldy Li, abre un salón de belleza y, con el tiempo, establece la primera “zona roja” del pueblo, contratando a las más guapas, jóvenes mujeres de todas partes del país, gustosas de trabajar allí como meretrices, con tal de ganar mucho dinero en poco tiempo. A Lin Hong, se le da en llamar, con los años, Madame Lin. Y a su casa de citas acuden importantes personajes, incluso acompañados, uno que otro, de sus esposas, las que están muy agradecidas de que las chicas de lugar, eviten que sus esposos les sean “infieles a escondidas” (otro rasgo más de los niveles de banalidad a los que ha llegado la sociedad china, como señala Yu Hua).
Otro personaje que merece especial atención es el de Yanker Yu, el antiguo dentista del pueblo, quien tuvo el buen tino de volver a invertir en la nueva empresa de desperdicios de Baldy Li, y gracias a esa decisión se convierte en millonario por el resto de su vida. Lo que hace con su creciente fortuna es viajar por todo el mundo y participar en cuanta manifestación antigubernamental se le presente enfrente, argumentando que sólo así se siente vivo y útil, pues “de otra manera, me aburriría sólo por ser millonario” (p. 634). Aquí, Yu Hua estaría criticando a la cerrada y autoritaria mafia gobernante china, que aplasta cualquier intento de activismo político, como señalo arriba. El personaje de Yanker Yu realiza fuera de su país, protestas ante arbitrariedades, lo que no puede hacer allí (cada año, miles de activistas son encarcelados y varios de ellos, ejecutados). Aunque en cierto momento halla una excusa para protestar desde su país, pero no contra el gobierno chino, precisamente, sino contra Japón, sobre todo porque de cuando en cuando se dan sentimientos antijaponeses, debido a los años en que Japón invadió a China y cometió barbaridades que aún pesan en la memoria de los chinos. Decide Yanker Yu, incluso, ir a Japón a protestar contra la costumbre del primer ministro japonés de entonces, Junichiro Koizumi, de acudir cada año al santuario Yasukuni, a “honrar” a los soldados japoneses, mismos que cometieron en el pasado las atrocidades mencionadas (el actual ministro japonés, Shinzo Abe, ha reanudado esa ofensiva práctica)
Uno de sus asistentes le envía un auto, un Toyota Crown, para llevarlo al aeropuerto, pero Yanker Yu se queja de que eso es absurdo, que si va a protestar contra Japón, le envíen un auto japonés, pero el asistente trata de hablar en favor del auto, diciéndole que está hecho con cincuenta por ciento de componentes chinas, pues la empresa que lo fabrica es resultado de una inversión conjunta chino-japonesa, que ésa es la consecuencia de vivir en un mundo “tan globalizado” ( p. 636. En esto se alude, en efecto, al papel maquilador mundial que tiene China actualmente).
Baldy Li, por su parte, está tan aburrido con su existencia de millonario, que no sabe ya qué hacer, hasta que un buen día, ve que personajes importantes de otros países han comprado un boleto por veinte millones de dólares para orbitar la tierra en una cosmonave rusa. Decide que bien vale la pena eso, muy a su nivel, viajar por el espacio. Estudia ruso y, reflexionando en qué podría llevar él al espacio, como han hecho los que han viajado antes, está de acuerdo en que cargará las cenizas de su hermano, Song Gang, para arrojarlas en el espacio y que todos los días puedan contemplar, las cenizas, varias veces las puestas y las salidas del sol.
En mi opinión, ese final, evocaría la superficialidad y el vacío existencial a los que ha llegado la mayoría de la sociedad china en la actualidad, a la que el capitalismo salvaje está arrebatando los auténticos valores humanos, sin los cuales, no sólo China, sino la humanidad toda desaparecerá en poco tiempo.

lunes, 24 de enero de 2011

El sobrevalorado y anárquico crecimiento económico chino.

El sobrevalorado y anárquico crecimiento económico chino.

por Adán Salgado Andrade

En estos tiempos de crisis y tambaleos del capitalismo salvaje, es más que conveniente contar con supuestos paradigmas que aparenten que marchamos por la dirección correcta y que este sistema de desperdicio e impuesto consumismo es el más conveniente. Por ejemplo, en los cincuentas, Latinoamérica fue la panacea, luego, en los setentas y ochentas, lo fue Japón; más tarde, en los noventas, los llamados tigres asiáticos… y así, nunca ha faltado un “milagro” a seguir. Actualmente lo es China, que, desde mi punto de vista, se ha convertido más en una extensa región maquiladora, que en un innovador, como en los últimos años se ha tratado de mostrar. Independientemente de los logros que ciertamente ha alcanzado esa nación, sobre todo gracias a su dócil y explotada clase obrera, es necesario revisar las debilidades que se comienzan a ver, a pesar del fuerte control de la información por parte del gobierno “socialista” chino. Esa nación asiática principalmente basa su modelo industrial en la fabricación baratísima de manufacturas, empleando intensiva y extensivamente su fuerza de trabajo, imponiéndole modelos fordistas de armado, con técnicas tayloristas de vigilancia, con tal de verificar que sus obreros cumplan con una cuota mínima de eficiencia. Mano de obra semicalificada, además de salarios mínimos bajísimos, del orden de entre uno a tres dólares por día, y la casi inexistencia de verdaderos sindicatos que defiendan los derechos laborales, abundancia de materias primas baratas, así como leyes laxas, han hecho de China un paraíso industrial, muy convenientemente explotado por miles de multinacionales. Éstas, han hallado allí una nueva manera de contrarrestar la inescapable tendencia de la decreciente tasa de ganancia que sufre crónicamente el capitalismo salvaje, con tal de bajar cuanto sea posible sus costos de producción y seguir compitiendo dichas multinacionales, como acérrimos enemigos entre sí, por mercados cada vez más saturados, incapaces de asimilar ya los altísimos niveles de sobreproducción a los que hemos llegado, y que sólo con precios más bajos, se puede alentar en algo el descenso en el consumo generado, irónicamente, por esa excesiva sobreproducción, que lleva a que se genere una muy superior oferta en relación con la demanda real de mercancías. Y es por eso que se reúnen frecuentemente altos funcionarios chinos y estadounidenses, como la pasada visita del mandatario chino a Washington, para verificar las estrategias del capitalismo salvaje multinacional con respecto a China.

Ello ha llevado a que actualmente la producción industrial china, en alrededor de un 60%, se deba a filiales de empresas extranjeras, la mayoría estadounidenses, las que han aprovechado con creces tanto las materias primas baratas con que el gobierno las surte, así como los fuertes incentivos fiscales que permiten, incluso, que los dos primeros años no paguen impuestos y que los siguientes dos, sólo paguen la mitad del 33% que se cobra en China como impuesto sobre la renta. Como señalé, China funciona más como maquiladora, que como fabricante de todo el proceso de manufactura de artículos. Eso se puede comprobar si analizamos las propias estadísticas ofrecidas por sitios especializados como ETCN en la economía de dicho país. Por ejemplo, en el año 2005, un 41.5% de las importaciones hechas fueron de productos semielaborados (processing trade), tales como componentes y otros materiales preelaborados, es decir, que sólo se ensamblan para obtener el producto final, pero “disminuyeron” a 38.5% in 2007, lo que aparentaría que se fabrican ya más productos en China, que los que sólo se ensamblan. Sin embargo, eso se pone en serias dudas si lo comparamos con las importaciones del llamado “comercio convencional” (convencional trade), el que ha pasado de un 42.4% en el 2005, a 44.8% en el 2007. Se justifica que el decremento en las importaciones de productos semielaborados se deben a “factores tales como condiciones medioambientales y laborales”. Sin embargo, también ello se pone en duda, al revisar que el tal llamado “comercio convencional”, incluye insumos tales como maquinaria y productos eléctricos, productos de nuevas tecnologías y tecnología de punta, autos, circuitos integrados, aparatos automáticos de medición, aparatos de procesamiento, aceite refinado, autopartes, productos para el diseño y fabricación de circuitos, petróleo, metales, plásticos, aceite comestible, acero, cobre y derivados, principalmente. Para los meses de enero a marzo del año 2008, las importaciones sólo de productos eléctricos y maquinaria (productos empleados precisamente para la fabricación), fueron de 37,371 millones de dólares (mdd), comparados con los $29,368 mdd para el mismo periodo del año 2007, es decir, crecieron las importaciones de maquinaria y productos para la fabricación 27.2% en un año, que además ascienden a 27.9% del total de importaciones. Lo mismo sucede con los productos de nuevas tecnologías y tecnologías de punta, que fueron de $15,357 mdd en el periodo citado, contra $12,277 mdd que fueron en esos meses del 2007. Ese rubro asciende a 11.46% del total de las importaciones. El resto de los productos semielaborados o completos, sumados, asciende en porcentaje a un 23.5%, que sumado a los rubros anteriores, totaliza un 62.86%, mostrando la fuerte dependencia tecnológica que China tiene del exterior (las cifras las tomo del sitio web del propio Ministerio de Comercio Chino). Esas variaciones se explicarían por la tendencia de muchas empresas extrajeras de fabricar integralmente sus artículos en China, tanto por exigencias chinas (que así espera irse apropiando del llamado know-how), pero también para bajar más aún sus costos de producción, así que el cambio en importaciones (de artículos semielaborados al comercio “convencional”), no es indicativo de que China, en efecto, esté desarrollando cada vez más tecnología propia, en lugar de maquilar solamente. Citaré dos ejemplos al respecto, tomados del periódico chino Economic Observer. Uno de ellos es la guerra que se ha establecido entre los proveedores de equipos para la generación eléctrica, tanto chinos, como extranjeros. Aunque muchas empresas chinas desarrollaron digamos que tecnologías “propias” (como señalé antes, más bien se trata de apropiación tecnológica, que aunque tiene su mérito, en realidad no innova o lo hace poco. Ver mi artículo en este mismo blog: “El outsourcing en R&D”), y lograron bajar el precio de artículos como cables eléctricos o transformadores, llegaron hasta un límite, debido, como citó un experto de la Federación China de la Industria de la Maquinaria, a que muchas empresas extranjeras, sobre todo estadounidenses, cuentan con tecnología eléctrica madura, es decir, que requiere muy poca investigación para seguir desarrollándose, pues está muy avanzada ya, en tanto que las empresas chinas son digamos que “jóvenes” y necesitan invertir mucho dinero para seguir mejorando sus equipos, muchos de los cuales se basan en anticuadas tecnologías. Eso, en efecto, repercute en las ganancias de las empresas chinas, cuyo talón de Aquiles es que un 80% son privadas, o sea, se rigen inexorablemente por la ley de la ganancia capitalista, así que sin ganancias o muy pocas, muchas quebrarán. Dichas empresas lograron reducir el precio, por citar un muy demandado producto, de una tonelada de cable k-1, empleado para las líneas de transmisión, que antes costaba 10 millones de yuanes ($1,453,488 dólares), a 5 millones de yuanes ($726,744 dólares). Pero las empresas estadounidenses, justo por la citada madurez (capitalismo desarrollado, pues), casi de inmediato lo redujeron a 2.8 millones de yuanes ($406,976 dólares), precio contra el que es imposible competir en las condiciones tecnológicas actuales de dichas empresas chinas (esto, por otro lado, muestra la rapiña del capitalismo salvaje, que la mayor parte de las veces sobrecarga los precios de casi todo lo que fabrica, con tal de garantizar sus mermantes ganancias). Además, otro punto en su contra, citó también el experto, es que aunque las empresas extranjeras sean un poco más caras, muchos clientes chinos incluso las prefieren, debido a “que sus servicios y la calidad de sus productos son más confiables”. Y esto, dicho por un experto chino, es indicativo de otro gran problema que adolece China: la mala calidad de la mayor parte de sus productos, pues se trata de baratijas, que sólo así, con poca calidad, pueden abaratarse tanto y ser vendidas. Por otro lado, muchos de los productos identificados como “Made in China”, ya no lo son tanto, es decir, varios se componen de partes fabricadas fuera de China y sólo cuando dichas partes son enviadas a ese país, el ensamblaje final toma lugar. Cito el ejemplo que dos expertos estadounidenses expusieron hace poco para demostrar el punto. Estudiaron la fabricación del teléfono celular creado por la empresa estadounidense Apple, el IPhone, diseñado totalmente por dicha empresa (es irónico que aunque en EU se inventen nuevos dispositivos tecnológicos, que implicarían para ese país un aumento de sus exportaciones, sean sus propias empresas las que busquen abaratar los costos de fabricación para aumentar sus ganancias, manufacturando dichos productos en países como China u otros). Resulta que los investigadores analizaron el origen de las partes del citado “gadget”, que cuesta en EU $178.96 dólares, y hallaron que el 36% de sus componentes se fabrica en Japón, 17% en Alemania, 13% en Corea del Sur, 27% en otras naciones, 6% en EU y solamente el 3.6% se debe al ensamblaje en China. De los 11.3 millones de aparatos que se vendieron en EU en el 2009, EU habría aportado en componentes 121.5 mdd, en tanto que China, al sólo ensamblar dichos teléfonos, el 3.6% citado, contribuyó sólo con 72.65 mdd, lo que daría un superávit a favor de EU de 48.8 mdd. Y dicen los investigadores que si se tomaran en cuenta esas consideraciones, el supuesto déficit entre EU y China se reduciría a la mitad de lo que hoy se estima – de $226,880 mdd a $113,440 mdd. Lo importante aquí subrayar es que no se trata de un problema provocado por empresas chinas ese déficit comercial – medido como sea –, sino por la tendencia del capitalismo central (el de los países desarrollados) de deslocalizar sus operaciones a las regiones “emergentes” (los países “en vías de desarrollo”), con tal de incrementar sus decrecientes utilidades. Esa situación la citó justamente el premier chino Wen Jiabao en septiembre del año pasado en Nueva York, arguyendo que el citado déficit entre China y EU está exagerado, pues, dijo, muchas de las exportaciones chinas son hechas bajo contrato para empresas extranjeras. “Son empresas extranjeras, incluidas aquéllas estadounidenses, las mayores beneficiarias de dicho modelo”, declaró Wen. Lo que demuestra el punto que he estado discutiendo hasta aquí, que China opera como una gigantesca maquiladora, al servicio de las grandes corporaciones mundiales. Quizá por eso es que el Departamento de Justicia de EU (DOJ) ha endurecido su llamada ley “Acta de prácticas corruptas en el extranjero” (Foreign Corrupt Practices Act, FCPA), con tal de seguir combatiendo y arremetiendo contra las ilegales prácticas de sus propias empresas, las que mediante compras de compañías chinas, intentan no sólo abaratar sus procesos de fabricación, sino, incluso, evadir impuestos (el caso más reciente es el de la empresa RAE Systems, que comprando acciones de empresas chinas, pretendió obtener ganancias sin declarar impuestos). Así que más que culpar a los chinos por el desequilibrado intercambio comercial entre las dos naciones, EU debe de culpar a sus ambiciosas, avariciosas corporaciones, que se estén llevando los empleos tanto de “cuello azul”, como de “cuello blanco” a ese país y a otros que cuenten con salarios bajos, gente medianamente calificada y amplias facilidades fiscales y administrativas (como a pesar de lo que se diga, también sigue siendo México).

Tomando en cuenta China esas “facilidades” hacia las corporaciones multinacionales, regiones como Shangai han flexibilizado aún más sus reglas para la creación de nuevas empresas de las llamadas “Empresas de capital extranjero” (WFOEs), ya que se requiere un capital mínimo de $150,000 dólares, de los cuales, solamente un 15%, $22,500 dólares, se deben de pagar dentro de los primeros noventa días de la operación de la empresa, y luego, ese generoso estado les da hasta dos años para que liquiden el resto de su inversión. Aúnense a dichas facilidades los también generosos incentivos fiscales que permiten, incluso, que los dos primeros años las WFOEs no paguen impuestos y que los siguientes dos, sólo paguen la mitad del 33% que se cobra en China como impuesto sobre la renta, y se comprenderá porque por algunos años más (no muchos, pues ya se están dando factores adversos, como más adelante refiero), dicho país seguirá siendo el paraíso maquilador que el capitalismo salvaje requiere para subsistir precariamente. Esa flexible recaudación fiscal ha ocasionado que el gobierno haya tenido durante el 2009 un déficit gubernamental de 739,700 millones de yuanes ($107,514 mdd), el que sigue creciendo cada año y es un factor que constituye una fuerte presión económica, que podría obligar al gobierno a drásticos cambios que también afectarían el modelo maquilador actual (tan es una fuerte presión el déficit fiscal, que EU está quebrado por la enorme deuda gubernamental de un billón 300 millones de dólares que pesa mucho sobre todos los estadounidenses y es en gran parte responsable de la actual debacle económica que afecta a todo el mundo).

Y no es China y su gobierno quienes han diseñado ese, digamos, “plan de sobrevivencia” del capitalismo central, sino que es parte de la planificación diseñada por las corporaciones mundiales dominantes, quienes van imponiendo sus estrategias de producción, de acuerdo a sus necesidades de expansión y de ganancia. Así, el llamado BRIC (Brasil, Rusia, India y China), son parte de la nueva zona de crecimiento e impulso capitalistas. Como declaró recientemente Yu Lixin, investigador y académico chino, “las corporaciones transnacionales impulsaran la transferencia de la fabricación de las industrias manufactureras de punta a Brasil, Rusia, India y China”. Sí, pues esas industrias son las que más mermada tienen la tasa de ganancia, ya que al emplearse mucho más maquinaria en relación a la fuerza de trabajo (la llamada composición orgánica del capital), dicha ganancia disminuye, y la única forma inmediata de revertir dicha disminución es con mano de obra barata, menores o nulos impuestos, precios de materias primas y productos semielaborados más baratos, principalmente, elementos que sólo en el BRIC, el nuevo paraíso capitalista, pueden darse (dichos países apuestan, en mi opinión, a que la aplicación de todas las reglas del capitalismo salvaje traerán consigo una inmediata elevación del nivel de bienestar de sus ciudadanos, algo que si revisamos sus altos niveles de pobreza, como en la propia China, resulta muy cuestionable. Ya antes, en los 50’s, con las supuestas políticas de bienestar social y la economía mixta, se apostó a lo mismo, y aunque los niveles de pobreza no llegaron a las desastrosas, alarmantes cifras que el capitalismo salvaje ha generado en la actualidad, no se acabó con la pobreza).

El otro ejemplo que doy sobre la dependencia tecnológica china, es en cuanto a su industria farmacéutica. Los medicamentos se distribuyen entre la población a través de los hospitales, los cuales son públicos y privados, clasificándose en tres niveles, los de nivel 3, que son los mejores, hasta los de nivel uno, que son, digamos, los peores, entre los que están justamente los públicos. Pero para que los hospitales adquieran medicamentos, las empresas que los elaboran deben de asegurarse que, en efecto, funcionen, mediante experimentación, que puede ir desde tres años, si se trata de medicamentos genéricos, o hasta diez años, en caso de ser medicamentos nuevos. Pero entonces, para acortar dichos tiempos, las empresas farmacéuticas, sobre todo chinas, sobornan a los directivos de los hospitales, con tal de que acepten sus productos, en perjuicio de la población enferma. Varios escándalos han salido a la luz pública debido a esas cotidianas prácticas. Pero además de la corrupción, expertos estiman que el mercado de los medicamentos de “punta”, aquéllos que se venden en los mejores hospitales, está controlado en un 70% por empresas extranjeras, tales como Merck Sharp & Dohme, Novartis, Johnson & Johnson o Pfizer, que son las grandes ganadoras. Y aunque existen, en efecto, fabricantes chinos de medicamentos, se trata en su mayoría de los llamados “genéricos”, es decir, aquellas sustancias cuya fabricación ya se da en muchos países, debido a que las patentes originales ya dejaron de tener vigencia y sus fórmulas son, digamos, de dominio público. Hace poco el gobierno lanzó una convocatoria para que empresas chinas, sobre todo, se encarguen de la fabricación de 307 drogas consideradas como esenciales para el cuadro de enfermedades más frecuentes, sin embargo, tales empresas temen que los gigantes farmacéuticos extranjeros les den la batalla y muchos de ellos ganen los contratos, sobre todo si ofrecen precios más bajos… ¡o logran “influenciar” a autoridades locales con sobornos para que les den los contratos (algo que, como he señalado, es muy común, dados los altos índices de corrupción que existen en el país del que alguna vez se enorgulleciera tanto Mao Zedong, problema que más adelante discuto). Y debido a que China, por sí sola, representa más de un quinto de la población mundial, con tantos enfermos que el daño ambiental producido por el inducido, acelerado crecimiento industrial (que más adelante analizo), se espera que rinda muy buenas ganancias a las farmacéuticas transnacionales, ya que en el 2011, el gasto en medicinas ascenderá a cerca de $46,000 mdd, o sea, será el tercer mercado en el rubro de salud, luego de EU, primer lugar, y Japón, o sea, que estará China entre los tres países más enfermos. (es justo el tamaño poblacional de China, mediante el empleo intensivo de su mano de obra, lo que intrínsecamente ha generado su inducido crecimiento económico y no podía esperarse menos con 1,300 millones de habitantes).

Y una tercera debilidad que agregaría a la nación china es su cada vez mayor dependencia alimentaria. Remitiéndome de nuevo a las cifras dadas por el Ministerio de Comercio Chino, entre enero y marzo del 2008 se importaron $9,788 mdd de productos agropecuarios, contra $5609 mdd en el periodo de 2007, un aumento del 74.5%. De alimentos elaborados, en ese periodo se importaron $4,580 mdd, contra $2,185 mdd en el 2007, un aumento del 109.6%. Y en cuanto a aceite vegetal comestible, también son grandes importadores los chinos, pues en ese periodo ascendieron las compras a $14,525 mdd, contra $8252 mdd en el 2007. Como se observa, le está apostando más el gobierno chino a la manufactura, que a la producción de alimentos, algo que me parece, producir alimentos, muy estratégico para todo aquel país que desee realmente desarrollarse y disminuir así la creciente dependencia alimentaria del exterior, además de que, de acuerdo con estudios de la FAO, el desarrollo del campo ayuda a disminuir la pobreza con una eficacia tres veces mayor que la de otros sectores (esto es realmente para tomarse en cuenta). Además, con la crisis alimentaria actual, debido a factores como el cambio climático, la escasez de agua y la tontería de hacer biocombustibles con granos como el maíz (ver en este mismo blog mi artículo “Biocombustibles, imposición transgénica, no alternativa ecológica”), la imposición de la engordante “dieta occidental” (ver en este mismo blog mi trabajo “La muy lucrativa, adictiva, engordante y poco nutritiva comida procesada”), habrá cada vez menos comida y será más caro adquirirla y de nada habrá servido la anárquica industrialización china, pues a fin de cuentas, la gente ingiere comida, no manufacturas baratas (además, un mundo hambriento es una fuerte causa de estallidos sociales, como ya ha detonado la presente hambruna mundial).

Así pues, la tendencia china de invertir e interesarse menos por el campo, se confirma al analizar reformas como la llamada “Hukou”, que se está aplicando en la provincia de Chengdu, que autoriza a los campesinos a cambiar su estatus de rural a urbano, siempre y cuando renuncien a la propiedad de sus tierras, por las cuales el gobierno local les dará lotes en la ciudad. La controvertida medida simplemente está legalizando esa, muchas veces, fraudulenta práctica, gracias a la cual, los gobiernos locales que estén ansiosos de dedicar las tierras rurales localizadas en las inmediaciones de sus ciudades a proyectos habitacionales o industriales, se hacen de aquéllas mediante engaños y miserables pagos a sus dueños, de algunos centavos por metro cuadrado, que así pierden el patrimonio de toda su vida, no teniendo otra alternativa que trabajar de obreros o algún subempleo en la ciudad que los “acoge”. Muchos funcionarios locales ganan puntos para ascensos en sus cargos si ordenan la construcción de portentosas obras urbanas, como grandes y lujosos edificios, funcionales malls comerciales, amplísimas autopistas, modernos parques industriales… con tal de que se refleje hacia el mundo que China efectivamente está teniendo un boom económico y tecnológico. Así que tan rápida conversión de tierras rurales a urbanas tendrá sus consecuencias en el mediano plazo, una de ellas, que crezcan las importaciones alimentarias y que China sea vulnerable al control y condiciones que los vendedores de dichos productos, como EU, impongan. Pero lo más grave, como dije, que una población hambrienta no puede dominarse ni con todo el autoritarismo que el gobierno chino esté dispuesto a aplicar. Nada es para siempre.

Me referí arriba al excesivo crecimiento poblacional chino, gracias al cual, cuenta dicho país con el factor más importante para la perpetuación del sistema de explotación salarial tan necesario para el capitalismo salvaje: sus más de 280 millones de trabajadores industriales, los que cobran en promedio tres dólares diarios o menos por su trabajo, de medianamente calificado a meramente repetitivo, gracias a los procesos fordistas y tayloristas que mencioné antes que se han implantado. Eso ha logrado establecer lo que en la jerga económica se conoce como el “Made in China price”, o sea, el que las grandes corporaciones buscan para abaratar sus costos de producción y seguir siendo “competitivas” en la guerra a muerte que muchas de ellas enfrentan entre sí. Sin embargo, actualmente se está dando una tendencia en contra de esa ventaja salarial. El gobierno chino, quizá para aparentar que en realidad le preocupan los mal pagados obreros de su país (además, para evitar potenciales estallidos sociales, de los que no está exento en un cercano futuro, pienso), hizo saber mediante el diario China Daily el pasado 4 de enero, que está exigiendo a través de la oficialista Federación Nacional China de Uniones de Trabajadores (ACTFU algo así como la AFL-CIO estadounidense o la CTM mexicana), legislación que haga obligatoria la creación de sindicatos, así como la negociación salarial, pues dicha federación ha reconocido que en las zonas en donde “existe dicha negociación salarial, los salarios son 15% más altos que en sitios en donde no existe”. Obviamente que esa ley será sólo aplicada a las empresas privadas, aclaró la ACTFU (por supuesto, pues el gobierno prefiere que la justicia recaiga en el sector privado, sin que se cuestionen ni afecten sus autoritarias, manipuladas estructuras de poder). Además, como en toda economía capitalista, que China lo es, se están ya dando problemas de inflación y precios elevados, sobre todo de rentas o costos de viviendas. Citó el diario dos casos por los cuales los salarios deben de ser elevados. Uno de ellos es que tanto en Hong Kong, como en Shangai, los precios de la rentas y viviendas son los mismos, pero en Hong Kong los empleados y obreros ganan diez veces más que sus contrapartes chinas. El otro dramático ejemplo que dio fue que se entrevistó a un pobre obrero de una empresa ensambladora de laptops, quien declaró que él nunca podría comprarse una de tales computadoras, pues su precio de venta, $360 dólares, equivale a ¡cuatro meses de su raquítico salario! Y es que China, como ya he comentado, es muy buscada por sus obreros baratos, más que por sus técnicos o profesionistas. Eso lo demuestra el hecho de que mientras escasean los puestos laborales para estudiantes recién egresados de las universidades (hace poco asistieron 10000 profesionistas en busca de trabajo a una feria del empleo, pero sólo 2000 lo consiguieron), abundan para los obreros, aunque muchos de estos obreros no están ya tan dispuestos a trabajar por miserables salarios. Éste es el tipo de problemas que podrían generar tensiones y estallidos sociales en ese país, como señalé arriba. Y depende del gobierno en que simule una apertura o realmente la permita, con tal de que el nivel de vida de sus obreros mejore, pero ello implicaría que China dejaría de ser muy atractiva para el capitalismo salvaje y las corporaciones extranjeras, y eso sale de su estrategia de crecimiento, que es la de permitir la aplicación total de las leyes capitalistas (sobre todo del capitalismo salvaje a ultranza), esperando una intrínseca elevación del nivel de vida de su población, algo que dentro del capitalismo es simplemente incompatible. Esto lo demuestra el hecho de que, de acuerdo con estadísticas chinas, el número de familias para las cuales el ingreso anual disponible ha ido creciendo, es cada vez menor. Por ejemplo, en el año 2007, sólo 17% de las familias urbanas contaban con un ingreso anual de 14,000 yuanes ($2,035 dólares), pero para el 2008, aunque el ingreso anual subió a 16,000 yuanes ($2,325 dólares), el porcentaje de familias urbanas que lo tienen fue de sólo 14%. Y entre las familias campesinas es peor el ingreso anual disponible, pues sólo un 14.8% de ellas percibió 4,700 yuanes ($684 dólares) en el 2008. Y estas cifras demuestran la gran disparidad en la concentración del crecimiento económico chino, pues sólo una minoría de la población, tanto urbana, como rural, obtienen esos ingresos anuales, pero también demuestra las diferencias entre campo y ciudad, pues esa minoría de residentes urbanos gana casi 70% más al año que la minoría de sus contrapartes rurales. Por eso digo que la estrategia china de crecimiento basado en las prerrogativas capitalistas tiene sus límites (En el reciente documental “Había una vez un proletario”, de la cineasta Guo Xiaolu – Once upon a time a proletarian –, del 2009, se muestran la fuertes desigualdades existentes en China, sobre todo, entre la gente que vive en las ciudades chinas, los más favorecidos, y los más pobres, los millones de campesinos que viven en el campo, para los que el tan aclamado “milagro económico”, aún no ha llegado – ni llegará, vaticino. De las trece historias que se retratan en el filme, sólo una muestra a una muy contenta mujer, dueña de un hotel en construcción, que se jacta de la riqueza que ha logrado amasar, gracias al desigual, anárquico sistema económico reinante. Recomiendo bastante que lo puedan ver).

De todos modos, volviendo a los supuestos derechos laborales, la sindicalización tiende a crecer y si se permite que en efecto se negocien los aumentos salariales, con tal de mantener la “estabilidad social” entre los trabajadores, eso acabará muy pronto con la ventaja del “Made in China price” y sería el fin del paraíso capitalista chino. Aunque también el autoritario gobierno chino puede optar por continuar su férreo control político, cultural e informativo sobre la población, y permitir sólo en algunos casos negociaciones, con tal de aparentar flexibilidad laboral. Pero dudo mucho que el autoritarismo, por muy acérrimo que sea, logre detener los estallidos sociales que millones de campesinos pobres y obreros mal pagados provocarán en el mediano futuro, además de las exigencias de apertura política que muchos grupos, sobre todo de intelectuales y activistas sociales, impulsan contra el gobierno (el activista Liu Xiaobo, recientemente agraciado con el Premio Nóbel de la paz, está condenado a once años de cárcel sólo porque aquél ha tratado de que se aplique el artículo 35 de la constitución china, el que establece que todos los ciudadanos de ese país “tienen el derecho a la libertad de expresión, de prensa, de organización, de asociación, de procesión y de manifestación”. Algo tan simple como la simple navegación por Internet está fuertemente controlada). Además, la misma aplicación de la ley en China, no es pareja, pues a funcionarios corruptos sólo se les amonesta y se les suspende de sus cargos, pero en tanto a responsables de defectos de fabricación u oponentes al gobierno, se les ejecuta o se les encarcela por varios años en la cárcel, demostrando los privilegios que el ejercicio del poder, sobre todo autoritario, en cualquier país, otorga a las clases privilegiadas. Y esto también es generador de tensiones y estallidos sociales. Mientras tanto, adelante con los obreros casi regalados.

Otro muy importante rubro que mide la calidad del crecimiento económico de un país es el cuidado del ambiente, lo cual no sucede en China, por supuesto, pues para empezar, 16 de las veinte ciudades más contaminadas del mundo, estima el Banco Mundial, son chinas, y de ellas, las peores dos son Linfen y Tianying. Y no se trata sólo de contaminación corriente, pues de acuerdo con el Instituto Blacksmith, en referencia a Linfen, ubicada en la provincia de Shanxi, señala que está contaminada con cenizas, monóxido de carbono, PM-2.5, PM-10, bióxido de azufre, compuestos orgánicos volátiles, arsénico y plomo, principalmente. Y es que Shanxi produce casi la totalidad del contaminante carbón mineral que proporciona nada menos que dos tercios de la energía necesaria (por eso China busca ansiosa nuevas fuentes energéticas, como el petróleo, con tal de satisfacer tanta voracidad energética, y sus petroleras andan por todo el mundo), y que tenderá a aumentar en el futuro al incrementarse brutalmente la industrialización. Los ciudadanos de Linfen claman que literalmente se asfixian con el contaminante hollín del carbón durante las noches. Como es tan grande la demanda por carbón, en ese distrito y sus ciudades se han establecido miles de negocios clandestinos y sin regulaciones, que han contaminado tanto las tierras rurales, así como los ríos y las fuentes de agua potable. Está tan racionada ésta, que incluso la capital de Shanxi recibe agua sólo algunas horas por día. Y de esa poca agua con que cuentan sus sufridos habitantes, 52% se considera insegura, o sea, podrían hasta envenenarse si la beben. El número de muertes por males respiratorios aumenta año con año, siendo los más frecuentes bronquitis, neumonías y ¡cáncer pulmonar! Y eso no es todo, pues la presencia de contaminantes en el agua, como el arsénico, provoca arsenicosis, enfermedad que ocasiona lesiones en la piel, daños vasculares, hipertensión arterial, obscurecimiento de los pies, además, claro, de cáncer. Por eso señalé arriba que China es ya la tercer nación más enferma del mundo, pues buena parte de las enfermedades que aquejan a sus ciudadanos se deben a la altísima contaminación producida por el descontrolado crecimiento económico. Y claro, tanto los intereses capitalistas, así como autoridades locales corruptas, empeoran el problema, pues las pocas “regulaciones” existentes para controlar la producción carbonífera no se aplican. Como señaló recientemente el economista chino Chu Jianfang, “la tasa de crecimiento de las exportaciones en el 2010 fue de 30% y creo que debe de disminuirse a un 15% en el 2011, pues tan grande crecimiento es dañino en muchos sentidos: agota nuestros recursos, contamina el ambiente y requiere de un gran número de trabajadores de bajos salarios para sostenerse. Yo pienso que en el futuro tendremos que exportar tan sólo en la medida en que requiramos ciertas importaciones”. Así que imagínense, si esto lo declaran economistas chinos, como Jianfang, es que el problema del desmesurado crecimiento económico, acompañado de su respectiva contaminación ambiental, ya comienza a verse en su justa perspectiva.

Pero este dantesco, caótico, escenario, digno de una futurista cinta de ciencia-ficción, no termina aquí, porque, además, China no tiene empacho en comprar chatarra para reciclarla, tal como restos de metal ($2,483 mdd entre enero y marzo del 2008) o basura computacional, como tarjetas madres, monitores tronados, viejas computadoras… pues de esa manera, señalan las autoridades, se ahorra mucho dinero, en lugar de estar comprando materiales nuevos. Sin embargo, dicho reciclaje tiene su costo, pues los métodos de recuperación de materiales, no son los más adecuados ni, claro, los más ecológicos. Alrededor de un 70% de la basura computacional de Estados Unidos es importada por China (además de Pakistán e India, que también le entran al reciclaje. India debe de estar también orgullosa, pues tiene otras dos de las ciudades más contaminadas del mundo: Sukinda y Vapi). En pueblos chinos como Guiyu, es muy común la quema a cielo abierto de plásticos y tabletas de silicón, con tal de recuperar metales mediante ese muy contaminador, rudimentario proceso, el cual produce un negro y denso humo ocre sumamente dañino y polucionador al medio ambiente y a la salud. Baños de ácido se aplican a esos desechos a las orillas de los ríos para recuperar oro, contaminándose permanentemente sus aguas. El plomo de monitores y de cinescopios de televisores, no es muy lucrativo, así que éstos simplemente se tiran. Los cartuchos impresores son abiertos a mano, emitiendo sendas nubes del polvo del que están hechos al aire, y que los pobres trabajadores que los desarman respiran, pues ¡ni siquiera sus patrones les proporciona máscaras protectoras! Todo ello ha generado tan enorme contaminación, no sólo aérea, sino en los acuíferos de Guiyu, que el agua que se emplea para beber, tiene que traerse de lejos, de 30 o más kilómetros de distancia. Y así está sucediendo tanto con los ríos (20 de los más contaminados del mundo están allí), como con los acuíferos, que se están contaminando muy rápidamente, de tal manera que se estima que en 30 años, de no hacer nada China al respecto, ¡se quedará sin agua bebible!

Y no terminan con esto sus problemas ambientales, producto de la combinación de subdesarrollo con tintes de primer mundo. También la basura, la manifestación última del desperdicio consumista y la depredación medioambiental, ya es un grave problema en China, tal como lo es para cualquier nación subdesarrollada, como en verdad lo es China en muchos aspectos (y espero que este análisis lo demuestre). El Economic Observer público una nota el pasado diciembre, en la cual se indica alarmantemente que dos tercios de las ciudades chinas están rodeadas por la temible basura, ya que no cuentan con métodos para reciclarla adecuadamente o hacer composta con los residuos orgánicos. De acuerdo con el señor Shen Jianshan, investigador de la academia china de ciencias, de no tratarse pronto el problema de la basura, muchas ciudades ponen en peligro su existencia misma. Claro, pues el que no se pueda disponer adecuadamente de la basura, podría provocar daños ambientales y sanitarios que pondrían en serio peligro la salud de los habitantes de tales ciudades. Muchas ni siquiera cuentan ya con tiraderos, pues es excesiva la basura que producen (la basura, en este sistema de brutal consumo y desperdicio que nos rige, se ha convertido en el decadente lado oscuro de dicho sistema). Aún así, señala el especialista que las tierras cubiertas por basura sin procesar, alcanzan ya alrededor de 500 millones de metros cuadrados, 500 kilómetros cuadrados (un área de unos 22 Km de lado, aproximadamente), que para ese sobrepoblado país, implica una perdida anual de 30,000 millones de yuanes ($4,360 mdd). Nótese cómo se lamenta más la pérdida económica, que la ambiental o los enfermos que tanta basura ocasiona. Pero, claro, para las autoridades “socialistas” con visión capitalista, ese es mucho “dinero desperdiciado”, pues bien se podrían dedicar tantos basureros a construir más parques industriales, ¿no? Y los intentos por tratar de mejorar en algo la contaminación industrial y urbana, no prosperan mucho que digamos. Por ejemplo, una iniciativa del gobierno por establecer un impuesto obligatorio ambiental, que gravaría el combustible, primero, luego uno que gravaría el consumo energético y finalmente otro que gravaría el consumo de carbón, ha sido pospuesto debido a los problemas “técnicos que se tienen al tratar de medir la contaminación”.

Por otro lado, los accidentes medioambientales son frecuentes en China. Por ejemplo, el 28 de junio pasado, una inundación en la ciudad nororiental de Jilin, provocó que en una empresa arrasada por las aguas, fueran arrastrados 7000 barriles de sustancias químicas y fueran vaciados a la corriente del ya de por sí contaminado río Songhuajiang, afectado igualmente por un accidente similar hace cinco años. Ese mismo día, una planta química, localizada en la ciudad de Nanjing, en la provincia de Jiangsu, estalló, provocando 13 muertos e hiriendo de gravedad a 500 personas. El 18 de julio estallaron algunas tuberías que conducían petróleo, ubicadas en la ciudad de Dalian, en la provincia de Liaoning, provocando que unas 1500 toneladas de petróleo se derramaran en el océano Huanghai, contaminando un área de cien kilómetros cuadrados. Tres días antes de que estallaran las tuberías, el río Tingjiang, uno de los cuatro más grandes ríos de la provincia Fujian, fue severamente contaminado en parte de su cauce, debido al irresponsable derrame de desperdicios por parte de la empresa minera Zijin Mining Group, considerada de entre las más grandes del mundo (de qué le sirve su fama mundial, si actúa tan inmoralmente, me pregunto). Se hallaron peces muertos en el río y la gente cercana se rehúsa a beber su agua. Y al parecer, esos “accidentes” van a seguir y son “inevitables” debido a la falta de normas que rijan a las industrias y realmente las obliguen a cumplir con los reglamentos, como resignadamente declaró Ma Jun, director del Instituto de Cuestiones Ambientales, una ONG localizada en Beijing. Pero debido al brutal, impuesto desarrollo industrial y a sus exigencias de materias primas, tan sólo en el 2006 se construyeron nada menos que 7555 plantas químicas (hay que ver, por ejemplo, los millones de baterías que se hacen en China, que muchas, por cierto, estallan, debido a su mala calidad), y aunque es un fenómeno común en los “países en desarrollo”, muchos allá se preguntan ¿por qué esas empresas construyen sus plantas cerca de los ríos y cómo le hacen para saltarse todas las regulaciones? Obviamente que la respuesta está en que, como ya dije antes, los intereses económicos importan más que el medio ambiente o la salud de la gente. Por ejemplo, en el caso del intencional derrame cometido por la ya citada empresa minera Zijin Mining Group, resulta que el director, el señor Lin Shuiquing, fue miembro del Partido Comunista Chino, además de que la minera ha contribuido generosamente con un 60% de las finanzas de la regiones en donde se encuentran sus minas, así que ¡dinero habla!

Y ya son tan frecuentes los “accidentes”, que en el año 2006 Pan Yue, diputado del Ministerio de protección ambiental, adelantándose a lo que vendría, declaró que “actualmente, China ha entrado en una fase de frecuentes accidentes ambientales. Con tan rápida, creciente economía, los riesgos sistemáticos generados por la inapropiada construcción de infraestructura industrial, reemplazarán a la contaminación como la primera amenaza de la seguridad ambiental de nuestro país”. Su advertencia ya se volvió realidad, ya que de las 7555 plantas químicas construidas en el 2006, 81% están cerca de ríos y de zonas habitacionales, y un 45%, muy alto porcentaje, son ¡consideradas como fuentes de alto riesgo, potenciales generadores de desastres ambientales! Pero mientras sigan los buenos negocios, el “big money”, a quién le importan los riesgos ambientales y que media humanidad sea aniquilada por éstos, ¿no?

Me referiré ahora a la corrupción, ese pilar garantizador de, digamos, “estabilidad social”, sobre todo en los sistemas políticos regidos más por el autoritarismo, que por un verdadero control hegemónico (aquel que convence y domina al mismo tiempo). Es el autoritarismo existente en China, el que se combina convenientemente con la corrupción, con tal de que los grupos privilegiados en el poder continúen ejerciéndolo. Y son frecuentes los casos de corrupción en China, no sólo de autoridades en puestos bajos, sino incluso afamados empresarios o funcionarios de alto rango. Por ejemplo, el Economic Observer, en su edición del 6 de enero pasado, publicó dos casos de alta corrupción. El primero de ellos recayó en la persona de Luo Jinbao, alto ejecutivo de una empresa ferroviaria gubernamental, quien es investigado por “violaciones disciplinarias”, así como por corrupción. El otro caso es el del señor Zhang Jingli, subdirector de la Asociación Estatal de Alimentación y Drogas, también acusado de corrupción, sobre todo por permitir, a cambio de sobornos, que ciertas empresas tuvieran preferencias en las compras hospitalarias de sus medicamentos (ya expliqué arriba que se da mucha corrupción dentro del sector salud). Y en la edición del 10 de enero, el diario expuso el caso del señor Shen Changfu, alto ejecutivo de la empresa telefónica China Mobile, acusado de haber recibido al menos 10 millones de yuanes ($1,453,488 dólares) de empresas foráneas, con tal de que la telefónica les diera jugosos contratos. Y he aquí donde se resaltan los privilegios que los individuos de las altas esferas empresariales o gubernamentales disfrutan, pues se dice que el hijo de Shen, Shen Li, un joven júnior de 29 años, conduce un costoso Bentley (esa es la “igualdad” china).

Y esa es la corrupción en los altos niveles, pero se da en todos. Por ejemplo, varios gobiernos locales fueron denunciados recientemente por haber adquirido “equipos lujosos en exceso”, justo a empresas que les pagaron sobornos, con tal de que adquirieran muchas veces innecesarios bienes. Cito un ejemplo (para que se vean los paralelismos que en este país hemos tenido, cuando el señor Vicente Fox mandó comprar costosas toallas de $7,000 pesos durante su mandato). El 28 de diciembre la Corte del Pueblo del distrito Shuimogou, en la ciudad de Wulumuqi, de la provincia Xinjiang, compró nada menos que dos lujosas sillas eléctricas de masaje, a un costo de 52,800 yuanes cada una ($15,350 dólares), justificando la compra, aclararon los funcionarios, “para que los jueces de la corte estén más a gusto”. Y como este ejemplo, abundan los casos de corrupción simulada a través de innecesarias compras. El señor Wang Yukai, secretario general de la Asociación para la Investigación de la Reforma al Sistema Chino, declaró ante eso que simplemente es el resultado de una laxa supervisión, aunada a un deficiente esquema legal de control. Otro caso mencionado por el Economic Observer, que no sólo muestra lo corruptos, sino lo inmorales y faltos de toda ética que pueden ser millones de personas en el mundo, no sólo en China, es el de cuatro funcionarios locales, acusados (¡pensé que eso sólo se daba en México!), nada menos que de ¡quedarse con las donaciones monetarias que varias instituciones nacionales y extranjeras entregaron para las víctimas del devastador terremoto que tuvo lugar hace dos años en la provincia de Sichuan, que dejó cientos de muertos y damnificados. Esos cuatro inmorales funcionarios, entre ellos una mujer, fueron acusados de embolsarse 620,000 yuanes ($90,116 dólares). Lo peor es que fueron descubiertos por casualidad, cuando un empleado de la limpieza halló un montón de billetes debajo del cojín de un sofá. O sea, que eso demuestra que el gobierno en realidad no cuenta, y ni le interesa, con medios adecuados para detectar la corrupción. Los culpables fueron condenados a penas que van de los 11 a los 17 años. Incluso, como ya señalé, el mismo sistema legal incurre, si no en corrupción, sí en injusticias, pues la impartición de la ley no es pareja, ya que a los activistas sociales, por ejemplo, se les trata con la misma dureza que la aplicada a los funcionarios corruptos, éstos realmente merecedores del castigo. Por ejemplo, en el 2004 fueron acusadas de ser corruptas aproximadamente 171,000 personas, pero sólo se consignó a penas carcelarias o, incluso, a muerte (en China está vigente y se sigue empleando la pena capital) a 4,900. Véase, pues, la parcialidad de la autoritaria justicia china.

Y es tan alarmante el nivel de corrupción entre los empleados a todos los niveles del gobierno, que se emplea como criterio para hacer nuevas contrataciones de personal nada menos que la investigación de las vidas privadas de los aspirantes, enviando a entrevistadores para que platiquen con sus familias y éstas les den santo y seña de aquéllos, como el que si son honestos, si tienen comportamientos adecuados, si no son parranderos… creo que eso sí se debería aplicar en todos lados, ¿no creen?

Por último, también me parece necesario citar que de acuerdo con varios economistas chinos, su país sigue dependiendo en gran medida de la recuperación estadounidense para seguir aplicando su modelo maquilador de crecimiento. Cito un comentario del ya mencionado economista Chu Jianfang, quien dice que “no creemos que el dólar estadounidense se deprecie significativamente. Y en general, la economía estadounidense está mucho mejor que la europea y que la japonesa, es más durable y flexible y esperamos que exceda las expectativas que tenemos de ella”. También al respecto el economista Chen Xingdong declara “Los Estados Unidos han comenzado a facilitar el crecimiento, bajando los impuestos al ingreso, y efectuando reformas que beneficien a los desempleados, así que esos incentivos se espera que hagan crecer la economía de ese país entre el 0.4 y 0.7% para el 2011, lo que sería muy benéfico para China”. Agréguese a esto que China posee más de $150,000 millones de dólares en bonos del tesoro estadounidense y es evidente que está embebida hasta los huesos con EU. Tan entrelazadas están ambas economías, que el gobierno chino se jacta de haberle ahorrado a los consumidores estadounidenses, gracias a la maquila que hacen allá empresas extranjeras, sobre todo norteamericanas, $600,000 millones de dólares desde hace 10 años. “Tan solo en 2004, se les ahorraron a los estadounidenses en sus consumos de artículos electrónicos y otras comodidades $100,000 millones de dólares. Y por ello, también, a EU le interesa bastante que China aprecie el renminbi, para que se encarezcan las exportaciones chinas y disminuya su volumen, a lo cual los mencionados economistas chinos, prevén que la moneda china se apreciará en un máximo de 3%, no más. Pero como ya señalé antes, son las corporaciones estadounidenses las que han ocasionado ese desbalance, por sus ambiciosos deseos de abaratar cuanto se pueda la elaboración de sus productos y ganar un poco más.

Así pues, los factores anteriores, combinados, han hecho de China un paraíso fiscal e industrial, gracias al cual, las crisis capitalistas de los últimos tiempos han podido paliarse o disminuir en algo su intensidad. Y no sólo eso, sino que el proceso de modernización inherente al proceso, es decir, la imposición sin titubeos del modelo occidental de vida (consumismo a ultranza, buenos departamentos, autos de lujo, dieta occidental, confort urbano, colegios privados,parques de diversiones, superautopistas, trenes bala…), es parte también del plan de las corporaciones multinacionales, pues de esa manera se irá convirtiendo a la sociedad china (eso ilusoriamente se espera) en un gigantesco mercado de 1300 o más millones de personas, muy ansiosas de entrarle también al compulsivo consumismo, parte fundamental para la perpetuación capitalista.

Por tanto, mientras esa nación siga contando con dóciles, sometidos obreros mal pagados, mientras el gobierno proporcione cuanta facilidad fiscal y ambiental requieran las corporaciones, mientras siga contando con vastos recursos, mientras la brutal contaminación y los frecuentes “accidentes” industriales no acaben con su ecología… China, por algunos años, seguirá siendo la meca actual del capitalismo salvaje.

Insisto, eso es gracias, sobre todo, a la industriosidad, docilidad y sometimiento del pueblo chino, que ha sufrido bastante históricamente debido a la rapiña de las potencias imperialistas durante muchos periodos históricos (recuérdense, por ejemplo, la guerra del opio, la guerra de los boxers o la invasión japonesa de los años 30’s del siglo 20), y que de nueva cuenta enfrenta otro intento, ahora del corporativismo capitalista multinacional, para adaptarla a las necesidades de ganancias y perpetuación de éste.

Si realmente fuera ese expansionismo económico para ayudar a la totalidad de los ciudadanos chinos, entonces sus autoridades no estarían actuando con las arbitrarias formas mencionadas arriba (y en la pasada visita del mandatario Hu Jintao a EU, dejó muy claro que China no permitirá ninguna intromisión extranjera en los asuntos internos chinos, dando por hecho que su autoritarismo es incuestionable). Pero, claro, aquéllas defienden no los intereses de su gente, sino los suyos propios, para enriquecerse, en contubernio con el capitalismo salvaje (tanto chino, como multinacional), que así pretende salir a flote de las frecuentes, crónicas crisis que enfrenta y seguirá enfrentando, peores cada vez, como la actual.

Los chinos han sabido reconocer cuando algún extranjero, en verdad, se preocupa por ellos. Por ejemplo, en la secuencia final de la cinta “Los niños de China” (The children of Huang Shi), que narra los últimos años de la vida del abnegado periodista George Hogg, en especial cuando salvó a todos los niños huérfanos de un internado, en el año de 1944, que querían ser reclutados por el ejército nacionalista, se recogen las declaraciones de cuatro ancianos que, en ese entonces, eran cuatro niños cuyos padres murieron por un infame ataque aéreo japonés a civiles indefensos e inocentes y que sobrevivieron gracias a que Hogg los adoptó. Uno de ellos refiere, muy conmovedoramente, que gracias a Hogg ellos vivieron y han llegado a ser lo que son y que los chinos siempre agradecerán enormemente a todos los extranjeros que han contribuido y sigan contribuyendo con el bienestar y el engrandecimiento de su pueblo. Eso no es en el mejor interés, por supuesto, de las corporaciones que están amoldando a China a sus mezquinos intereses.

Espero haber demostrado, pues, que se está sobrevalorando el anárquico crecimiento económico de China, muy convenientemente, para el capitalismo salvaje, que requiere de nuevos supuestos “milagros económicos”, para seguir justificando su accidentada, crónicamente enferma existencia.

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