jueves, 5 de noviembre de 2026

El obsoleto modelo educativo es el que debe de cambiar, no dejar de usar celulares

 

El obsoleto modelo educativo es el que debe de cambiar, no dejar de usar celulares

Por Adán Salgado Andrade

 

El pasado 3 de noviembre, por fin, se hizo efectiva en México la ley que prohíbe el empleo de los celulares en las escuelas por su supuesta acción distractora. En efecto, el uso del celular cautiva, no sólo a los niños, adolescentes o jóvenes, sino también a los adultos. Vean en el metro, por ejemplo, cómo hasta adultos mayores (los de la tercera edad), se van entreteniendo “escroleando” las pantallas de sus celulares, sobre todo redes como TikTok o Facebook.

Según el razonamiento para haber decretado la medida, fue que los alumnos sobre todo los de primarias y secundarias, niños y adolescentes, se perdían y distraían mucho viendo los celulares, recorriendo en sus pantallas “shorts” y videos, lo que les impedía atender como era debido las clases.

En efecto, pudo haber sido un factor, aunque secundario, pues muchos profesores han dicho que incluso los utilizaban para las clases, cuando les pedían que consultaran una información (ver: https://www.jornada.com.mx/2026/11/04/politica/010n3pol).

Por ejemplo, mi hermano, Ricardo Salgado, quien imparte la clase de música en dos escuelas secundarias públicas, me ha platicado que él los usaba cuando les compartía algún programa musical, fuera, por ejemplo, para afinar instrumentos o para escribir notas. “¡De verdad que es una medida estúpida!”, comenta, irritado.

En mi caso, con mis alumnos universitarios, también lo empleo bastante en mis clases, pues como trabajamos con mi blog o mi Twitter en las dinámicas que realizo en las clases, son indispensables.

No podemos, como sentenció Claudia Sheinbaum (1962), regresar al simple papel y lápiz. Además, es una contradicción, pues como Sheinbaum ha señalado, que México debe de “abrazar” el desarrollo de la IA, los celulares son uno de los medios que pueden manejar dichas aplicaciones.

Pero, como señalé, los alumnos de primarias, secundarias o preparatorias no aprenden convenientemente sólo por la acción de los celulares, sino también porque el modelo educativo mundial, adolece de carencias pedagógicas y en cambio, abunda en medidas disciplinarias que han convertido a las escuelas de casi todo el mundo en estructuras cuasimilitarizadas que muchos estudiantes terminan aborreciendo, pues en lugar de entenderlos, de que vayan aprendiendo por su cuenta, sobre todo, cosas que realmente les interesaran, al contrario, deben ceñirse a rígidos protocolos, tanto de conducta, así como de enseñanza, que la mayoría de los estudiantes terminan hasta odiando. Las frases “¡Ya no quiero ir a la escuela, porque no me gusta, los maestros me regañan, los prefectos, me levantan reportes, no me dejan comer comida chatarra, no me dejan ir al baño, no me dejan ir con el pelo largo, no me dejan maquillarme, no me dejan jugar…!”, tanto de chicas, como de chicos, es cotidiana, y por eso, muchos dejan de ir y prefieren ponerse a trabajar o ayudar en el negocio familiar o, lo más grave, hasta se meten a la delincuencia organizada, atraídos por la posibilidad de enriquecimiento fácil, aunque sea ilícito. 

Y es algo que debe de cambiar, como han propuesto las pedagogas en investigadoras Jenny Anderson, periodista, autora y conferencista y Rebecca Winthrop, experta en educación global y actual directora del Centro para la Educación Universal, quienes son coautoras del libro titulado The Disengaged Teen (El adolescente desconectado), en el cual proponen una serie de medidas que resultaron de un meticuloso estudio de varios años, en el cual fueron entrevistados decenas de estudiantes, así como maestros, para compilar sus opiniones sobre cómo debería de ser la educación para que mejorara sustancialmente y que dejara de ser obsoleta y hasta repulsiva hacia la mayoría de los estudiantes, enfatizando ambas que también una parte importante en la formación de los niños y adolescentes, está en los propios hogares, “entablar una verdadera comunicación con los hijos, animarlos, escucharlos, entenderlos, es mucho más importante que hasta la misma posición socioeconómica (vean a los hijos de los ricos, jóvenes que crecen desencantados de la vida, pues no todo es dinero, carecen muchos del amor y atención de sus padres).

En una reciente investigación efectuada por la organización Edurio, se halló que entre el 2020-2021, 42 por ciento de los estudiantes afirmaron que lo que aprendían les parecía “siempre, muy frecuente o más o menos frecuentemente” interesante, pero para el 2023, esa cifra había caído a sólo 28 por ciento. Además “casi la mitad de los estudiantes no toman parte en actividades extracurriculares, en tanto que ausentismo severo , definido como la no asistencia a más del 50 por ciento de clases, está a la alza en Inglaterra”.

Y el mismo estudio halló que “los alumnos se sienten cada vez menos felices en la escuela. El porcentaje de alumnos que dicen estar felices en la escuela, bajó del 65 por ciento en el 2020-2021 al 50 por ciento en el 2023-2024. Y quizá lo más grave es que dicen dichos alumnos que se sienten peor en estos momentos que durante la pandemia de Covid”

Como señalé, son varios los factores, pero el que resumí en las protestas frecuentes de los alumnos, “¡Ya no quiero ir a la escuela, porque no me gusta, los maestros me regañan, los prefectos, me levantan reportes, no me dejan comer comida chatarra, no me dejan ir al baño, no me dejan ir con el pelo largo, no me dejan maquillarme, no me dejan jugar…!”, de acuerdo a la experiencia de Ricardo, es lo que los desalienta a asistir a la escuela, van forzados, sin gusto, hasta con miedo de lo que les vayan a decir sobre su apariencia profesores, directivos, prefectos o el bullying de otros compañeros (que hay que entender que los que lo hacen, tienen problemas psicológico-familiares que los llevan a desquitarse con sus compañeros y no es sólo de levantar reportes, sino de escucharlos para enterarse de los problemas que tienen y proporcionarles terapias).

Las mencionadas Jenny Anderson y Rebecca Winthrop alegan que estos problemas de falta de interés escolar “son debidos a algo más complejo que las distracciones por celulares: el problema fundamental es cómo las escuelas están diseñadas”.

Dice Anderson que “arrastramos a los chicos a un sistema que, ellos nos dicen, se siente como una prisión, están aburridísimos de un contenido que les parece irrelevante. Las consecuencias de la desconexión pueden extenderse más allá del salón de clases. Si ellos no se ven como aprendedores, es claro que no siempre se vean como personas. No se sienten que pertenezcan a la sociedad y es algo frecuente” (ver: https://outlook.live.com/mail/0/AQMkADAwATE0OTcwLTVhYmEtMWIwYS0wMAItMDAKAC4AAANr%2FBe2CiEAQJjNMclBL8NaAQDR9odzOwNgTLD9vU%2BwSpxeAAAA1ixtPwAAAA%3D%3D/id/AQQkADAwATE0OTcwLTVhYmEtMWIwYS0wMAItMDAKABAAtjyyMj%2B9I0meo2sSmFEENg%3D%3D).

Anderson y Winthrop están de acuerdo en que el uso desmedido, sin supervisión, de los celulares, es en gran parte responsable de muchos de los problemas sufridos por niños y adolescentes, “pues empresas como META, Google o TikTok han diseñado sus aplicaciones para que sean totalmente adictivas, además de que fuerzan la interacción, haciendo difícil que actividades como el aprendizaje atraigan la atención de los alumnos. Pero no se deben de ver a los celulares como los únicos responsables de que la escuela esté en crisis”.

Lo que señalé antes, que si se emplean con supervisión, incluso esos estigmatizados celulares podrían mejorar las técnicas educativas. “De hecho, Anderson señala que los celulares han exacerbado la desconexión que ya de por sí existía entre las escuelas y los alumnos, pues el problema va más allá y para los alumnos, los celulares ofrecen formas más amenas de pasar el tiempo en sistemas que parecen carcelarios. Nada se va a arreglar prohibiendo los celulares, si el problema de raíz, que es el sistema de enseñanza, no se reforma”.

De hecho, como señalé, las escuelas son hasta asfixiantes. Y eso no es sólo a nivel de educación básica, sino en la universitaria. Por ejemplo, yo imparto materias sociales en las ingenierías, pero he diseñado un sistema de enseñanza que lleva al interés de la mayoría de los estudiantes (no todos, pues no se puede ser monedita de oro, como dice el vox populi), que incluye dinámicas en la clase, breve repaso con resúmenes de los temas tratados (que animo a los estudiantes a que les saquen fotos justo con sus celulares), lecturas para casa de mis artículos (que no son tareas, precisamente, pero que los deben de leer para que respondan más fácilmente las preguntas de las dinámicas, hechas en equipos permanentes, formados al inicio del semestre) y un docudrama (la representación teatral de una problemática social) o un documental sobre depredación ambiental. Los resultados son satisfactorios, sobre todo porque someto a concurso a docudramas o documentales, y más se esfuerzan, ya que el premio para el primer y único lugar, es algo de dinero ($500 pesos) y 10 de calificación en el curso a los ganadores. Y los resultados, aunque no en su totalidad, son satisfactorios: lograr que estudiantes de ingeniería (una carrera técnica), se interesen y se involucren en las problemáticas sociales que a todos nos afectan por igual, seamos humanistas, técnicos, filósofos, trabajadores de la salud… en fin, ¡a toda la sociedad!

Las investigadoras han señalado una clasificación de alumnos, con tal de analizar el problema más meticulosamente. Son cuatro los “modelos” con los que hacen su clasificación: pasajeros, resistentes, triunfadores y exploradores.

Definen a cada uno como sigue: los pasajeros, son aquellos estudiantes que tratan de hacer el menor esfuerzo posible en la escuela, con tal de irla sorteando (así he tenido estudiantes, que se conforman incluso con seis de calificación). Dicen las investigadoras que son el ¡50 por ciento de los casos!, la mitad.

Los resistentes, son aquellos que se retraen o se aíslan. “Se les llama niños problemáticos, pero en realidad son niños que están padeciendo problemas”. Justo porque no se les atiende, es que se dan casos como el adolescente que mató a dos maestras en Michoacán o los gemelos que penetraron a una secundaria, en Torreón, y mataron a la subdirectora e hirieron a cuatro.

De hecho, en esta parte, yo agregaría que esos alumnos ausentes, aislados por la gran problemática familiar, también están afectados por los graves problemas sociales, como mala economía, violencia, barrios hostiles… que dan lugar a lo que yo llamo el desánimo social, es decir la desmotivación existente entre la mayoría de la población, sobre todo los jóvenes, quienes van perdiendo interés por todo en la vida, nada hay que los anime a seguir adelante. En los casos graves, se desquitan con actos de violencia (como en Estados Unidos, en donde son frecuentes los tiroteos hechos por jóvenes) y en otros menos graves, aunque no menos dramáticos, se suicidan o lo hacen luego de haber cometido un acto violento (como hicieron Dylan Klebold y Eric Harris, luego de la matanza que perpetraron en Columbine, el 20 de abril de 1999). Así que se debería de revisar bien la cuestión del desánimo social que afecta a la mayoría de los jóvenes del mundo entero (en este video, lo explico más ampliamente: https://www.tiktok.com/@profe.adan.salgado/video/7692916051805211911?_r=1&_t=ZS-9BA5xdiN32H).

Los triunfadores (aquí los llamaríamos los mataditos), son los “que aspiran a obtener el primer lugar en todo lo que hacen, sin saber exactamente porqué. Ellos tienen el más alto nivel de desafíos mentales en todos estos modelos”. Si ustedes recuerdan sus grupos de cuando estudiaban, el matado era el que siempre quería sacar diez en todo y hasta lloraba si obtenía un nueve. Muchos, eran presionados por sus padres para sacar diez en todo y hasta contaban que los tenían amenazados de que “si no me sacas diez en todas tus materias, no te voy a dar domingos” o “no te voy a comprar ropa”. Realmente su actuar era de un autómata listo, pero en cuanto sacaba diez en la materia, olvidaba todo. Así también he tenido estudiantes de ese tipo y hasta me suplican porque les ponga diez, aunque ya tengan nueve. Podría decirse que no es un aprendizaje reflexivo. Memorizan, pero no sistematizan eso que “aprenden” y por eso lo olvidan. Tienen buena memoria, pero ya.

Los exploradores, el último modelo, son los estudiantes curiosos, conscientes de sí mismos. Ellos tienen “autonomía y capacidad de elección (agency) y pueden establecer una meta, además de las habilidades para conseguirla. Mientras que los triunfadores aparentan estar en el pináculo de los modelos, en realidad son los exploradores los que van a la cabeza”. Y así he tenido estudiantes. Debo decir que son los mejores, constantemente acercándose a mí para preguntarme sobre tal o cual tema, no sólo de la clase, sino de otras dudas, sobre todo, del estado social, económico o cultural del país o del mundo. En efecto, son los mejores. Y cuando platico con ellos, provienen de familias con las que conviven armoniosamente, se llevan bien todos, resuelven los problemas entre todos, es decir, una familia funcional, por llamarla de alguna manera.

Dicen las investigadoras que “esos modelos no son fijos, trabajan de acuerdo con una serie de variables, tales como qué siente un estudiante sobre una situación, si desayunó esa mañana o si tiene problemas familiares”.

Por supuesto que eso cuenta. En cuanto al primero, si no es de su interés un tópico, no prestará atención el alumno. Obviamente, el segundo factor, si no desayunan, como muchos alumnos en México y en otros países no lo hacen, irán desganados, sin energía y así, no se aprende. De hecho, Ricardo, mi hermano, se preocupa porque muchos de sus alumnos van sin desayunar y él, de su bolsillo, les compra alimentos en la cooperativa para que ingieran algo y no desmayen. Si realmente se quiere lograr un mejor modelo educativo, la así llamada Nueva Escuela Mexicana, se deben de instalar comedores escolares, para que todas las alumnas y todos los alumnos desayunen o coman. Pero, claro, importa más pagar el FOBAPROA, la deuda externa o incrementar el presupuesto al ejército. (Incluso en Inglaterra, 10 de cada 8 profesores, conscientes de que muchos alumnos van sin desayunar, también de sus bolsillos procuran comprar alimentos a los que no desayunan, pues, como dice el vox populi, a barriga llena, corazón contento. Ver: https://www.theguardian.com/education/article/2024/jun/05/eight-in-10-primary-teachers-in-england-spending-own-money-to-help-pupils).

Y por supuesto que los problemas familiares, influyen en el aprovechamiento o en la falta de interés. Yo conocí de cerca problemas así, de estudiantes que eran hijos de padres divorciados o que no tenían suficientes ingresos y debían de trabajar y estaban ausentes. Ricardo, ha sabido de chicos cuyos padres están encarcelados por robo o violación o que sólo vivían con sus madres y ellas no los atendían “por andar de puta”, como uno de sus alumnos le espetó, de su madre.

Por eso, como señalé al inicio, afirman las investigadoras que un buen ambiente familiar influye en el aprendizaje o en que se tenga interés por aprender o, más aún, por asistir a la escuela.

Irónicamente, dicen las investigadoras, los alumnos que sólo se preocupan por pasar sus materias, requerirían todavía más autonomía, no menos. Claro, si de por sí divagan, si se les controla más, peor será, menos se interesarán ya no por aprender, sino por asistir a la escuela.

Señalan un estudio hecho en 18 países, que sugirió que si se les da más autonomía a los pasajeros, “pueden incrementar tanto su aprovechamiento académico, así como su bienestar” (ver: https://home.edurio.com/news/the-disengaged-teen-understanding-and-reigniting-pupil-engagement/)

Volvemos a lo mismo, si se les obliga a ceñirse a “reglas establecidas”, ellos, que van a su ritmo, como pueden, menos lo harán.

Por ejemplo, Ricardo, en la enseñanza musical, no establece reglas. “Yo les digo que elijan algún instrumento que les guste, no los obligo, y que vayan a su ritmo. Y hay unos niñitos que, solitos, se ponen a tocar, no les enseño, y me tocan canciones que ellos mismos van sacando, como uno que toca el piano, y toca una de Beethoven, solito la sacó”.

¡Justamente eso hacen los exploradores, aprenden por su cuenta, van avanzando de acuerdo a lo que les vaya interesando. El alumno de Ricardo que aprendió a tocar una pieza por sí solo en el piano, no está forzado, obligado. A él, le interesó aprender a tocar esa pieza en el piano, por iniciativa propia.

Justamente en eso hacen hincapié Anderson y Winthrop, en que se les deje a los alumnos tener más iniciativa, que aprendan lo que realmente les interese, aunque aparentemente no sea útil. “Sea útil o no, es una manera de inculcarles el aprendizaje, el interés por aprender. Quizá ya luego, también por su cuenta, se interesen en lo que les gustaría estudiar, qué carrera elegirán”, dicen ellas.

Las investigadoras también afirman que las escuelas deben de adaptar la enseñanza a los estudiantes, evitar que se sientan sobrecargados de tareas y que se desconecten. Los estudiantes acumulan demasiado currículo, pero éste, nada más sirve para preparar 25 exámenes durante dos meses para que obtengan sus certificados”.

Terminan exhaustos, pero eso no significa que hayan aprendido lo estudiado. Es como las personas que se preparan para presentar el examen de admisión a la UNAM, que pueden pasarlo con la mayoría de los aciertos o todos, pero que al cabo de pocas semanas, se les olvida lo aprendido (como ellos mismos afirmaron cuando se les hizo repetir presencialmente el examen en línea que este año presentaron y que fue muy fraudulento, diciendo “no, no se vale, es que ya se nos olvidó lo que aprendimos”, si es que realmente lo aprendieron y no fueron de los que cometieron fraude).

Dicen las investigadoras que se les debe dar más libertad, ser más exploradores. “En lugar de asignarles una tarea, el mismo ensayo, los profesores podrían ofrecer una selección de tópicos y permitir que los estudiantes elijan el que más les guste. El objetivo no es bajar estándares, sino crear formas de aprendizaje que sean más efectivas para que se logre la atención de los estudiantes”.

Justo en mi experiencia es que el docudrama o el documental de depredación ambiental, mis estudiantes elijen el que más les interese libremente. Y, lo he comprobado, lo desarrollan con más gusto.

Ricardo, como dije, les permite tocar el instrumento que gusten y las melodías que también prefieran. Y eso les da poder de iniciativa propia.

También señalan algo que hace décadas, se antojaba inexistente, nada problemático, el cambio climático. Las escuelas en países justo como Inglaterra, se diseñaron para hace varias décadas, cuando las temperaturas eran normales, incluso en verano, y mantenían el calor durante los crudos inviernos. Ahora, esos diseños ya no son funcionales y las escuelas en verano son verdaderos hornos (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/09/altas-temperaturas-impiden-un-buen.html).

“Por ejemplo, los exámenes deberían de aplicarse en otros meses que no sean de verano, para evitar el calor excesivo”. Señalan que la oleada de calor de este año (que mató a, al menos, más de 40,000 personas en Europa) fue un factor para que el secretario general del Sindicato Nacional de la Educación, sugiriera que las escuelas cambiaran las fechas de inicio y término de clases, así como cambiar las fechas de los exámenes para la obtención del certificado. Por esos comentarios, “se cerraron escuelas en junio, lo que dejó a 760,000 alumnos sin clases”. Muy bien, pues de todos modos no se aprovechan las clases cuando hace calor excesivo. Eso sucede cuando imparto clases en el verano, sobre todo en salones pequeños, el calor causa distracción y adormilamiento entre los estudiantes.

Y los padres pueden hacer mucho, insisten las investigadoras. “Pueden comenzar preguntando qué es lo que les interesa hacer a sus hijos. Los padres no deben de atarse a un sistema que se sirve de nosotros, que no sirve a sus hijos. No se trata sólo de aplicar exámenes o en que si pasarán año o en que les aplicarán exámenes eficientistas, sino en que sus hijos realmente aprendan, que usen al sistema en su beneficio”.

Claro, es fundamental, sobre todo, no caer en el ritual de cada año: que si ya acabaron la primaria, pasar a la secundaria y luego a la preparatoria y luego a la universidad. No debe ya de ser así, pues eso es porque así conviene a un sistema autoritario, a fin de cuentas, que ha establecido que ese debe de ser el camino que forzosamente todos debemos de recorrer (muy conveniente para las escuelas privadas que lucran con esa imposición). Pero es una falacia ya, pues actualmente estudiar una carrera no es sinónimo de que al final se vaya a conseguir trabajo sobre lo estudiado y, menos aún, que se garantice que se vaya a ascender de posición social al hacerlo. Y es un fenómeno que está sucediendo en todo el mundo, que los jóvenes cada vez se interesan menos por estudiar una carrera universitaria (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/03/crece-el-desinteres-por-estudiar-una.html).

Abundan, diciendo “preguntémonos, vamos sólo a aventar a nuestros hijos a ese sistema, así, sin más o vamos a ayudarlos a que se den cuenta quiénes son ellos, qué les preocupa y cómo buscarán crear un impacto en el mundo”.

Eso es vital, pues por eso hay muchos estudiantes que desertan, porque la carera que iniciaron (que muchas veces es una elección hasta obligada), no fue de su agrado. Y si no es de su agrado, suponiendo que la concluyan, no la ejercerán pues, en efecto, como señalan Anderson y Winthrop, a ese joven se le empujó a estudiarla, sin que se preguntara él mismo quién era, qué le preocupaba y cómo habría deseado dejar su huella en este caótico mundo.

Al preguntárseles qué consejos darían a los secretarios de educación (Bridget Phillipson, en el caso de Inglaterra) para mejorar la educación, señalaron que debe de cambiarse el sistema de exámenes. “Sí, son una forma de evaluar si, en efecto, se está aprendiendo, pero no deben enfocarse solamente en que el mejor alumno sea el que conteste más aciertos, pues pueden adaptarse”.

Por supuesto, pueden ser graduales y que no se pidan conocimientos de memoria, sino prácticos, que los estudiantes proporcionen opiniones e ideas, más que fechas o conceptos exactos. Se debe de emplear más el criterio, como, por ejemplo, que se les pidiera un ensayo sobre lo que ellos quisieran, y que se calificara el tema elegido y el contenido, pues además, eso, hasta indicaría el real interés del alumno o alumna.

El segundo consejo es que se impartan materias más relevantes a los alumnos. “Los chicos preguntan todo el tiempo ‘por qué debemos de aprender esto’ y no les respondemos su pregunta. Las escuelas requieren que los alumnos vean lo que estudian en un contexto mayor”.

En efecto, si, como dice Ricardo, el que un chico aprenda solo a tocar el piano, él le dice que “te puede ayudar a hallar trabajo en una orquesta o a relajarte, pues la música te relaja, te ayuda a olvidarte de tus problemas”. Que si estudian química, pues podrían comprender que todos los ingredientes que contienen la comida chatarra, como conservadores, hasta son cancerígenos y así. Aunque no todo lo aprendido es útil, al final puede servir, es a lo que se refieren las investigadoras.

El tercer consejo que dan es que se haga más énfasis en las disciplinas humanísticas, las artes (música, pintura, escultura…) o las humanidades (filosofía, literatura, escritura…) y menos en la ciencia, la tecnología la ingeniería o las matemáticas. “Sí, claro, son importantes para el desarrollo de un país, pero deben de ir a la par con el desarrollo espiritual de la sociedad”.

Y eso yo lo veo con mis estudiantes de ingeniería, que algunos serán muy buenos en geometría, mecánica o construcción, pero que adolecen de capacidades sensibles (por ejemplo, pocos leen por su cuenta, no van a museos, no practican alguna actividad artística, como tocar un instrumento, cantar, escribir poemas). En personas que se especializan más en las cuestiones técnicas, se da lo que yo llamo el autómata-consumidor, aquel que es insensible, indolente, inconsciente, individualista, materialista, ignorante, cerrado, soberbio (se creen que todo lo saben), contrario al que yo llamo ser pensante, que es lo opuesto: sensible, preocupado, consciente, colectivo, espiritual, culto, abierto y humilde. Y a éste, lo forman las artes y las humanidades, algo en lo que hago hincapié al iniciar mis clases, de porqué materias humanísticas se imparten a los estudiantes de ingeniería. Les digo que para que tengan consciencia de que, antes que nada, deben de servir a la sociedad, no a sus intereses y eso implica construir edificios bien hechos, con todas las normas y especificaciones y los materiales adecuados, para que no se caigan con el primer temblor que sufran a los pocos meses de terminados (como sucedió en el temblor del 2017, que se colapsaron edificios recién hechos. Ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/09/cuando-el-mezquino-egoista-interes.html).

Dicen que “se enseñe más música, más arte dramático y seguro que eso será de interés para muchos chicos y muchas chicas”. Tienen razón. Veo cómo les entusiasma a mis estudiantes la elaboración del docudrama, en donde ellos escriben el guion, eligen los sets de filmación y actúan. Se sienten muy complacidos.

“Sí, reconocemos que la enseñanza es hasta cierto punto desafiante y rigurosa, pero no tiene que ser terrible. Ese mito de que una escuela sólo es buena si es dura y no divertida y que los alumnos no deben de estar felices, es eso, sólo un miserable mito. Es una jalada”.

Así es, la escuela debe de ser liberadora, como pretendieron hacer los libros de la Nueva Escuela Mexicana (ya retirados, por cierto, por meras diferencias políticas entre Marx Arriaga, el coordinador de su elaboración, y Claudia Sheinbaum, gastándose millones de pesos en volverlos a elaborar e imprimir), dar mayor libertad, mayor iniciativa a los estudiantes y profesores, con tal de que puedan implementar nuevos métodos y formas de enseñanza, más efectivos, amenos e interesantes, que no se impongan “conocimientos” inútiles (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/09/la-escuela-debe-de-ser-liberadora-para.html).

Y algo que no mencionan las investigadoras y que me gustaría agregar, el estado tan deplorable que muchas escuelas, en infinidad de países, presentan. En Inglaterra, muchas se caen a pedazos, pues fueron hechas con concreto “aligerado”, con tal de ahorrar costos, pero que en pocos años, se comienza a desmoronar. En una hasta se cayó el plafón. Por fortuna, no estaban los alumnos. De haber estado en el salón, hasta muertos habría habido (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/04/las-deplorables-condiciones-de-la.html).

Obviamente con instalaciones en mal estado o inseguras, los alumnos no se sentirán, ya no a gusto, sino seguros.

Y eso es lo que Ricardo también me comenta de sus escuelas. “¡Los baños son un asco, una fuente de infección, llenos de sarro, sucios, malolientes… ni ganas dan de orinar o defecar!”, exclama. Claro, con baños asquerosos (como el que sale al inicio de la cinta Trainspotting), no se alienta a asistir a la escuela, sobre todo si es un sufrimiento o un asco extremo el tener que usarlos.

Así que renovemos los métodos de enseñanza, ya es tiempo, ya son varias décadas de haber usado un sistema “educativo” autoritario, carcelario, postindustrial.

No sólo debemos de cambiar a las leyes y normas, a los códigos, a los impuestos, a las formas de cobro (ahora se pretende imponer que todo pago sea digital), a la forma de ver películas, vía streaming y no en el cine...

La enseñanza es vital. Y si no lo hacemos, nos arriesgamos a tener futuras generaciones de gente vacía, desanimada, fracasada, frustrada, sin objetivos, sin ningún interés por la vida y los crecientes, graves problemas que enfrentamos y seguiremos enfrentando.

No “eduquemos” y formemos a zombis.     

 

Contacto: studillac@hotmail.com