Las bombas
nucleares “inteligentes”, más proliferación atómica
por Adán
Salgado Andrade
Una vez que el
mortífero proyecto “Manhattan” logró el objetivo de fabricar dos bombas
atómicas, la Little Boy y la Fat Boy y que se emplearan infamemente
para destruir dos ciudades japonesas, Hiroshima y Nagasaki, Estados Unidos (EU)
afirmó que al percatarse de lo mortíferas y destructivas que eran esas fatales
invenciones, se encargaría de nunca más fabricar otra letal arma de ese tipo y
que mantendría todo lo que se había creado en el laboratorio de Los Alamos, como un secreto de estado
que nunca más, por el bienestar de la humanidad, sería empleado de nuevo.
Para desgracia de sus
hipócritas objetivos “pacifistas”, la URSS, gracias a un espía que trabajó en
Los Álamos, Klaus Fuchs, pudo
desarrollar en cuatro años su propio programa nuclear y en agosto de 1949, hicieron
su primera prueba de una bomba nuclear.
Truman, entonces,
ordenó que Los Álamos continuara con su letal producción de bombas nucleares,
con lo que dio inicio la así llamada “guerra fría”, absurdo periodo en que la
“superioridad” militar de uno u otro país, URSS vs. EU, consistió en ver quién
de los dos tenía más armas nucleares (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/12/dia-de-la-trinidad-el-nacimiento-de-la.html).
Esa fue una estúpida
confrontación, pues una guerra nuclear, incluso a escala local, dañaría
severamente a todo el planeta. Se han hecho simulaciones computacionales para
ver qué efectos tendría una guerra nuclear entre la India y Pakistán y los daños al planeta durarían años, como una nube radioactiva que alteraría el
clima, más de lo que ya está, y disminuiría la entrada de luz solar, además de
que los efectos de tal nube durarían años y ocasionarían millones de muertos en
todos los países (ver: http://www.argenpress.info/2014/07/como-seria-el-mundo-despues-de-una.html
).
Desgraciadamente, es un latente peligro, pues las bombas existentes,
alrededor de 16300, bastarían para destruir varias veces el planeta (ver: http://www.argenpress.info/2014/10/la-agresiva-politica-de-estados-unidos.html).
Y ya no se diga la otra, igualmente, latente amenaza, que la constituyen
todos los reactores nucleares – el supuesto lado “pacífico” de la energía
nuclear –, tanto activos, como cerrados, que también son bombas de tiempo, dado
que pueden sufrir accidentes, como el de Chernóbil, de 1984, cuyos efectos aún
siguen resintiéndose o el más reciente, de 2011, cuando Japón fue azotado por
un potente tsunami, luego de haber sufrido el peor terremoto que haya
afectado a la isla, en el que el reactor nuclear de Fukushima fue destruido por
dicho tsunami, y a la fecha, no se ha resguardado del todo el combustible
nuclear gastado que se guardaba, irresponsablemente, en frágiles estructuras
que casi se colapsaron durante el sismo (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/07/el-mortifero-legado-nuclear.html).
Luego del accidente, se han estado vertiendo
al mar millones de litros de materiales radioactivos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/01/desechos-radioactivos-flotantes-y.html).
En un muy interesante análisis, hecho por el
doctor Steven Starr, señala, entre otras cosas, cómo el gobierno de Japón debió
de establecer un área de exclusión total de unos 800 kilómetros cuadrados, en
donde ningún ser humano puede vivir, ya que está fuertemente contaminada con
cesio-137, el que tarda siglos en degradarse y perder radioactividad. Casi 160
mil habitantes debieron de ser evacuados de la zona y lo perdieron todo. Lo
irónico es que muchos de ellos deben de pagar hipotecas por casas o negocios
que ya no habitan.
Además, luego del accidente del reactor, se
vertieron al mar cientos de miles de litros de sustancias muy radioactivas,
constituyendo el mayor derrame de ese tipo en la historia de los accidentes
nucleares. No bastando eso, lo que quedó de los reactores 1, 2 y 3, siguen
emitiendo altísima radioactividad, del orden de un millón de bequereles, por lo
que se deben de enfriar, para “estabilizarlos”, con diez toneladas diarias de
agua de mar, la que queda muy contaminada por radioactividad y caliente. A
ésta, se le debe de dar un tratamiento adicional, para que reduzca esos
peligrosos niveles radioactivos, pasándola por filtros del tamaño de un auto
pequeño, que la enfrían y le quitan algo de la radioactividad. Luego, tanto esa
agua, como los filtros, se almacenan. Podemos imaginar la cantidad de filtros y
millones de litros de agua que se han almacenado. Además, como la
radioactividad descompone el agua en oxígeno e hidrógeno, con el objeto de
prevenir que esos elementos exploten, se le debe de mezclar con nitrógeno, por
unos siete u ocho años más, hasta que dicha agua deje de ser radioactiva.
Todo eso genera los consecuentes graves
problemas de salud de enfermedades crónico-degenerativas, como cáncer, leucemia
y otros males entre habitantes que viven cerca de la zona.
Y si eso ya es grave, un peligro latente
mayor continúa, ya que 1532 barras de combustible nuclear gastado están
contenidas en el edificio 4, que si se llegara a colapsar, soltaría diez veces
más cesio radioactivo que el que dispersó Chernóbil. Cualquiera que estuviera a
90 metros del derrumbe moriría de inmediato y la mayor parte de Japón quedaría
inhabitable por siglos, además de que sería un desastre mundial (ver: http://www.psr.org/environment-and-health/environmental-health-policy-institute/responses/costs-and-consequences-of-fukushima.html).
Véase, pues, lo grave que resulta un
accidente nuclear, y sólo se trata de sola planta. Ni imaginar qué sucedería si
las cientos que existen en el mundo llegaran a sufrir “accidentes”.
Así que juntando reactores, más las bombas
nucleares existentes, el peligro de destrucción masiva mundial allí está.
Sin embargo, no bastando eso, ahora EU está
experimentando con un tipo de bomba
nuclear inteligente. Pretextando peligros como el que ofrecería Corea del
Norte, en el caso de que algún día se decidiera a atacar, por ejemplo, a Corea
del Sur o a Japón, el Pentágono está supuestamente “actualizando” bombas
nucleares ya existentes, las B61, a las que está dotando con equipo electrónico
de navegación computarizado, el que se aplica a cuatro aletas, las que
controlarían exactamente, dicen sus desarrolladores, el sitio a bombardear.
Además, el mortífero “ingenio” cuenta con
una cabeza nuclear “ajustable”, la que permitiría graduar el “nivel de
destrucción”, con tal de que la detonación se provocara, en lo posible,
solamente en el objetivo y se “minimizaran”
los “daños colaterales” (véase que no se trata de cero muertes colaterales, sino las menos posibles).
No ha dicho el Pentágono exactamente por qué
se decidió a actualizar las viejas B61, llamándolas B61 Model 12, pero, como señalé antes, los expertos señalan que es
para atacar a Corea del Norte, ya que se haría desde un avión que podría volar
muy cerca, por ejemplo, de los sitios en donde se cree que ese país tenga su
arsenal nuclear y esté por activarlo. Así, una o dos Model 12 bastarían para bombardear atómicamente, con toda precisión,
esos sitios y “acabar” con la amenaza.
Lo que no aclaran los creadores de ese plan
de bombardeo atómico “inteligente” es cómo evitarían los daños que la
consiguiente nube radioactiva, que dejarían tanto las “bombas inteligentes”,
así como las coreanas que fueran destruidas, provocaría.
Esto demuestra que las potencias, atómicas,
EU entre ellas, siguen empecinados en atacar nuclearmente a un país y que no
haya consecuencias o daños colaterales. Absurdo, pues, como ya señalé, es
inevitable la nube radioactiva que sigue a la explosión y por muy limitada que
sería una guerra nuclear, como ya también se dijo, afectaría a todo el planeta.
Porque, sabiendo de las beligerantes formas
que EU elige para “resolver” sus problemas,
no sólo limitaría el empleo de las B61
Model 12 a Corea del Norte, sino que seguramente las emplearía contra otra
nación nuclear, tales como China o Rusia, pretextando que sería una guerra
nuclear “limitada”. Así que en lugar de que esas bombas nucleares
“inteligentes” desalienten un ataque nuclear, podrían alentarlo mucho más. Por
supuesto, que si China o Rusia fueran atacadas, no tendrían reparos en emplear
de lleno su mortífero arsenal nuclear convencional… y eso sería el fin del
planeta, que, como ya he señalado antes, está cada vez más y más presente.
La “racionalidad” nos ha llevado no a ser
más cordiales y amistosos, ya no digamos entre países, sino entre nosotros mismos, sino, más bien, a
buscar la forma de exterminarnos en la mayor cantidad posible, en el menor
tiempo y esfuerzo que sea factible.
Y bien, fuera de ese absurdo objetivo de
emprender una guerra termonuclear “local”, eso también es para reactivar la
industria nuclear en EU, pues para “actualizar” tales bombas, se requerirá
invertir un billón de dólares ($1000000000000), en los próximos diez años, a
pesar de que EU tiene fuertes carencias en otros rubros, como el social (cada
vez aumenta más y más la pobreza en EU. Ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2015/11/pobreza-en-estados-unidos-centro-del.html).
Claro, ayudar a los pobres, no es negocio,
pero la fabricación y comercialización de armas, sí lo es. Más de un billón de
dólares anualmente se gastan para tal fin y son anuales las exhibiciones de
armas, presentando los mejores avances bélicos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2011/12/ferias-de-armas-exhibicion-de-fuerza-de.html).
Este programa de “reducción” atómica, como
falazmente se le llama, a lo que más bien es una puesta al día de armas
nucleares “obsoletas”, se está realizando con la plena autorización de Barack
Obama, a quien se le dio un inmerecido premio Nobel “de la paz”, pues cuando
recién había asumido su presidencia, prometió que se encargaría de eliminar la
amenaza nuclear del planeta (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2009/11/premio-nobel-al-armamentista-de-barack.html).
Al consentir que se hagan bombas nucleares
“inteligentes” Obama pasará a la historia como el “presidente” que dio un nuevo
impulso a la letal amenaza nuclear.
Como puede verse, actualmente estamos más
cerca del exterminio nuclear que en otros tiempos.
¡A eso nos ha llevado nuestra gran “racionalidad”!