miércoles, 4 de septiembre de 2013

China: autoritarismo, capitalismo salvaje, disparidad social y destrucción ambiental



China: autoritarismo, capitalismo salvaje,
disparidad social y destrucción ambiental
por Adán Salgado Andrade


Hace un tiempo escribí un artículo en el que señalo cómo se ha transformado a China en la meca del capitalismo salvaje, en donde la abundancia de recursos naturales, la mano de obra barata y leyes flexibles, han hecho de ese país la maquiladora mundial, en donde cientos de empresas extranjeras han establecido filiales para sacar ventaja de todos esos factores y producir artículos más baratos que en los lugares de origen, con tal de que se vendan a un precio “competitivo”, al reducir los costos de producción:
Esa situación ha generado un “milagroso” crecimiento económico de ese país, pero, como analizo en el artículo citado, al mismo tiempo, China está debiendo de sacrificar su medio ambiente y sobreexplotar sus recursos, así como crear una sociedad cada vez más individualista, egoísta, apática, desigual que, al igual que en sociedades capitalistas clásicas (como la estadounidense, por ejemplo), sólo busca su bienestar material, sin pensar a quién vaya a afectar al hacerlo. Por si fuera poco, esa, digamos, “estabilidad social”, se garantiza con un autoritarismo gubernamental extremo que no duda en aplastar o sofocar cualquier intento de sedición o manifestación social de aquel sector que pretenda cuestionar tan dictatorial sistema.
Esa panorámica de la sociedad y la economía chinas se comprende mejor al revisar una publicación reciente, “China en diez palabras”, debida a la pluma del afamado escritor Yu Hua (Hangzhou, Zhejiang, 1960), quien hace un muy buen, crítico análisis, actual, de lo que sucede en su país. Para ello, Hua se sirve del comparativo histórico, que, al igual que el método materialista-histórico, permite la evaluación de lo que era China antes de la, más que adopción, imposición del sistema capitalista salvaje como modelo económico y lo que es ahora.
Así, Hua divide su muy ilustrativa revisión en palabras que él considera claves. Para efectos del alcance del presente artículo, retomaré cinco de ellas. Las otras, no menos importantes, hacen más referencia a los cambios culturales e idiosincráticos de la sociedad china, las cuales menciono a groso modo.
Así, los vocablos “gente”, “líder”, “lectura”, “escritura” y “Lu Xun” (escritor chino, nacido en 1881 y fallecido en 1936), señala Hua, explicarían, esencialmente, el comportamiento social previo a la imposición capitalista, que él ubica a partir de 1980, cuando Deng Xiaoping se atrevió a contrariar sustancialmente la retórica maoísta de “Debemos rechazar todo aquello que el enemigo apoye y apoyar todo lo que éste rechace” por aquella de que “Un gato que atrapa al ratón, es un buen gato, no importando si es blanco o negro”. Esa nueva “máxima”, abrazó al capitalismo en China y transformó al país de comunista en el capitalista, declarado “socialista”, que actualmente es.
Hua señala que la sociedad china previa a la entrada del capitalismo, aunque tenía sus peculiaridades, existía cierta unidad, humildad y respeto. Sobre todo la figura de Mao, como auténtico líder realmente movía a todos, agrado tal de que cuando falleció en septiembre de 1976, todos lloraron su fallecimiento, que fue honrado con incontables ceremonias luctuosas. Hoy día, señala Hua, la gente se ha vuelto muy egoísta y materialista y existen “líderes” de todo tipo: de bailes, de modas, de opinión, líderes de belleza. Dice Hua: “Reflexionando sobre el pasado en vista del presente, tengo la sensación de que la China actual no tiene ya un líder, sino, simplemente liderazgo”.
En cuanto a la lectura, Hua señala que en esos revolucionarios tiempos, sobre todo durante la llamada “revolución cultural” (1966-1976), lo único que se podía leer eran los poemas de Mao Zedong y los cuentos “selectos” de Lu Xun, escritor favorito de Mao, pues, decían las autoridades, éstos mostraban cómo era la China controlada por las perniciosas ideas “burguesas”, imperantes antes de la revolución comunista. En cuanto a la escritura, lo que más se escribían por ese entonces, eran panfletos revolucionarios, los cuales, necesariamente, debían de comenzar aludiendo a una frase de Mao o de Lu Xun (de hecho, humorísticamente, Hua señala que cuando discutía con algún amigo sobre tal o cual problema, él aseguraba que “Lu Xun lo dijo”, y ante esa “irrefutable afirmación”, su detractor debía aceptar su derrota). Otro tema “favorito” para escribir era cuando se hacían carteles en los cuales se denunciaban a los “enemigos de la revolución”, los llamados “contrarrevolucionarios” o aquellas personas acusadas de infidelidad (los favoritos).
Alude a Lu Xun porque, si en un principio Hua lo tenía como a un mal escritor, al final, 30 años después de haberlo leído en la primaria, fue que valoró la importancia de ese escritor, a grado tal que compró sus obras completas. “Fue hasta que pasaron 30 años que valoré la profundidad e importancia de la obra de Lu Xun, a grado tal, que me opuse a que se hiciera una película sobre una de sus obras”.
Los otros cinco vocablos son los que más aluden a la China actual, en cuanto a los cambios económicos, la que opera totalmente bajos principios capitalistas que han hecho de su sociedad, como señala Hua, “una sociedad frívola, que no se preocupa por practicar principios, la que habita una tierra llena de profundas disparidades. Es como si se caminara por una calle en donde, de este lado, hay lujosos, ostentosos palacios y, en el otro lado, desoladas ruinas o como si uno se sentara en un teatro en donde, por un lado, una comedia muy entretenida se desarrolla y, en el otro, toma lugar una triste tragedia”.
Así que, por lo que señala Hua, China, actualmente, no mostraría diferencia alguna en el desarrollo desigual que sucede con cualquier país capitalista sea “desarrollado” o “subdesarrollado”, en donde las diferencias sociales, las inequitativas oportunidades para sus ciudadanos, los extremadamente ricos, pocos, los extremadamente pobres, millones, deben de coexistir, digamos, para que el capitalismo salvaje perpetúe su decadente reinado, el cual, falsamente presenta sus “avances” con engañosas cifras, como bien señalaba Gramsci, tales como el PIB, el consumismo y la meritocracia. En efecto, cuando el PIB, la medición anual de la economía de un país, aumenta, se muestra como señal de “crecimiento”, aunque sólo se deba a algunos privilegiados núcleos económicos. Igualmente, cuando el consumismo se incrementa, o sea, el consumo compulsivo, se muestra como “buena señal” (como en EU que cuando algunos de los sectores privilegiados aumentan la compra de autos o casas, se muestra como que ya se “está” saliendo de la crisis). Y en cuanto a la meritocracia, que se hace creer que sólo con una mejor educación, el famoso credencialismo, se puede aspirar a mejores empleos, y que, lo contrario, los limita, cada vez está más demostrado, por las cifras de desempleo en todo el mundo, que el mayor índice se da entre la gente mejor preparada, pues los empleos a los que pueden aspirar son cada vez menos y muy limitados (en México, por ejemplo, el mayor porcentaje de desempleados es entre personas con licenciaturas, maestrías y doctorados. Igualmente, en EU, el movimiento Ocupa Wall Street se debió inicialmente a protestas de egresados universitarios que a pesar de las enormes deudas que implica tener una costosa educación universitaria, al final no hallan empleos para lo que estudiaron).
Hua menciona, como dije, las cinco palabras claves que, a su parecer, explican lo que sucede en China hoy día. Estas son “revolución”, “disparidad”, “bases sociales”, imitación (copycat) y “embauque”.
De la revolución, Mao enfatizaba que “Revolución es rebelarse”. En su momento, ello significó que la sociedad China desechara todo aquello que la hiciera retroceder en la búsqueda de la sociedad comunista, igualitaria, comenzando con las ideas burguesas. Y también la revolución implicó una adhesión total a los planes gubernamentales, incluso aunque fueran autoritarios. Mao no tuvo empacho en ejercer totalitariamente el poder, con tal de lograr que China se desarrollara y creciera económicamente. Un desafortunado experimento fue el llamado “Gran paso adelante”, aplicado en 1957, que buscó dos objetivos: aumentar la producción de acero y aumentar la producción agrícola. Ello se sustanciaba en que hacerlo era, justamente, “revolucionario”. Los campesinos, entonces, animados por ese espíritu de la revolución se dieron a la tarea de producir hierro, como se pudiera, lo cual tuvo muy pobres resultados, pues gran parte del metal obtenido era de baja calidad, no apto para hacer productos metálicos. Un resultado colateral, fue que, con tal de producir tanto metal, muy malo la mayoría, se descuidó la producción de alimentos, aunque los gobiernos locales presumían, falsamente, de que habían cosechado el doble o triple de las cuotas que supuestamente tenían asignadas. Incluso, presumiendo de abundancia, se hacían concursos para ver qué campesino comía más. Muchos se enfermaban de indigestión de tanto comer. Sin embargo, la realidad fue que como los datos de los alimentos producidos se falsearon, a la hora de entregar dichos alimentos, resultó que las cantidades fueron mucho menores que las reportadas y eso causó una terrible hambruna en 1958, pues en realidad no existían las reservas prometidas. Así, comenta Hua, el gobierno, ejerciendo su autoridad, se puso a incautar alimentos, muchos de ellos, las pocas reservas que tenían los campesinos para comer ellos. Fue un error fatal.
Sin embargo, emprender grandes proyectos, desde entonces, se consideró “revolucionario” y los gobiernos locales se esfuerzan, por ejemplo, por tener la mejor ciudad, el edificio más alto, la mayor cantidad de fábricas, el mayor número de puertos, el mayor número de vías férreas… y así, aunque muchos de tales proyectos sean incluso inútiles. Es el caso de la educación, por ejemplo, la cual, Hua señala que se ha incrementado con creces la matrícula de estudiantes que ingresan a las universidades (meritocracia), a pesar de lo costoso que es cursar una carrera en China (al igual que en EU). El resultado es que miles de pasantes buscan trabajo cada año y pocos son los que en realidad lo consiguen. Otro ejemplo de “autoritarismo revolucionario” es la tendencia a que crezcan las ciudades y que para ello, los gobiernos locales expropien tierras de los campesinos que están a las afueras de dichas ciudades. Hua señala que actualmente existen cientos de kilómetros cuadrados de áreas de casas demolidas en esperas a ser “urbanizadas”. Y los lanzamientos son forzosos. Comenta que una vez que a una familia campesina le llega el aviso de que su casa será expropiada, es inútil oponer resistencia, ya que las “autoridades locales” llegan al extremo de arrestar a todas las familias, darles fuertes golpizas y, mientras están encarceladas, maquinaria pesada procede a demoler las casas, sin ningún miramiento. Ha sido tan grande la desesperación de muchas de las personas a las que arbitraria e ilegalmente se desaloja, que ha habido casos dramáticos de resistencia, como el de una mujer, Tang Fuzhen, en la provincia de Chengdu, la que lanzó cocteles Molotov a las máquinas, pero como éstas continuaran su destructiva labor, la mujer se roció gasolina, inmolándose a la vista de todos. Su caso lanzó una clara señal de hasta dónde el autoritarismo ha llegado y las potenciales tensiones sociales a las que dará lugar.
De hecho, sobre el autoritarismo, señala Hua que fue justo Tiananmen cuando la protesta social contra tal autoritarismo llegó a su máximo y que por tal rebelión, la respuesta del gobierno fue violentísima, asesinando a cientos de manifestantes, para asegurarse una docilidad plena del pueblo, con tal de que los planes para imponer el capitalismo a ultranza siguieran como si nada, como hasta ahora se han seguido consolidando.
Así que en nombre de la “revolución”, los portentosos proyectos continúan y ello va aumentando más y más las deudas de los gobiernos locales. Y por ello, también se ha generado sobrecapacidad industrial que actualmente está ocasionando pérdidas. Por ejemplo, cifras recientes señalan que la industria siderúrgica de China registró unas pérdidas de 699 millones de yuanes (alrededor de 113 millones de dólares) en junio, el primer déficit mensual del año para este sector afectado por la sobrecapacidad
Todo eso ha generado un modelo económico e industrial tan anárquico, que el siguiente pasaje de Hua describe muy bien: “En los treinta años, poco más o menos, que han transcurrido desde la muerte de Mao, se ha producido un asombroso milagro económico, pero el precio pagado ha sido mucho mayor. Cuando regresé de Sudáfrica, al final de una visita durante la Copa Mundial del 2010, la tienda exenta de impuestos (duty-free) que estaba en el aeropuerto de Johannesburgo vendía vuvuzuelas – cornetas plásticas hechas en China – por el equivalente cada una a 100 yuanes (16.34 dólares. Un yuan equivale a 16 centavos de dólar al cambio actual) cada una, pero cuando llegué a China, me enteré que el precio de exportación era de sólo 2.6 yuanes la pieza. Una compañía en Zhejiang fabricó 20 millones de vuvuzuelas, pero terminó ganando apenas unos 100,000 yuanes. Este ejemplo da una idea del desequilibrado desarrollo de China: años tras año, plantas químicas tirarán sus desechos industriales en nuestros ríos y aunque quizá una sola planta pueda lograr un impulso de treinta millones de yuanes para nuestro PIB, el costo de limpiar esos ríos costará treinta veces ese incremento. Una autoridad muy respetable para mí lo explica de esta forma: el modelo de crecimiento chino es gastar 100 yuanes para impulsar en 10 yuanes el PIB. Así, degradación ambiental, colapso moral, la brutal polarización de ricos y pobres, la imperante corrupción… todas esas cosas están constantemente exacerbando las contradicciones de la sociedad china. Más y más constantemente, nos enteramos de masivas protestas en las cuales cientos o miles de personas estallan frente a oficinas gubernamentales, destruyendo autos e incendiando edificios”.
Esto último que señala Hua, acerca de las protestas, es muy importante, ya que son muy pocas las noticias de aquéllas de las cuales nos enteramos, pues la mayoría se censuran y nada se sabe de ellas, excepto por blogueros independientes o activistas que logran burlar los estrictos protocolos para que puedan publicar por Internet.   
Pero también, como señalé, se justifican todas esas medidas porque es en “nombre de la revolución”, al igual que ejercerlas autoritariamente. A los que se atreven a cuestionar a la autocracia china se les persigue políticamente, llamándoseles “refugiados de la justicia” (political refugees), con lo que se les clasifica como subversivos, que no desean el “bien de la patria”. Justo a todos aquellos que se rebelaron en Tiananmen, que sobrevivieron a la matanza, se les estigmatizó por medio de programas televisivos que se referían a ellos como vulgares delincuentes que sólo buscaban la anarquía y la destrucción del estado chino. Luego de un tiempo, esas “denuncias” públicas fueron sustituyéndose gradualmente por propaganda oficial que ensalzaba el milagroso crecimiento económico de China. La protesta social, como señala Hua, fue suprimida y cancelada de golpe y, desde entonces, el activismo social se ha limitado muchísimo, prefiriendo la sociedad china actual triunfar en lo económico y lo material, muy a la mano ambos objetivos.
En cuanto a la tremenda disparidad, la descripción que hace Hua de China en cuanto a la diferenciación social es brutal, existiendo millones de sectores, sobre todo en el campo, a los que no ha llegado la “modernidad” y viven en apabullantes condiciones de pobreza. A diario se dan suicidios entre personas que no tienen alternativas de vida, sin trabajo, sin dinero, sin un hogar dónde vivir. Y así como hay chinos millonarios que incluso figuran entre los mil hombres más ricos del planeta, hay, calcula Hua, al menos 100 millones de chinos en el campo, extremadamente pobres. Claro que el gobierno constantemente presume las extraordinarias cifras de crecimiento, pero no se reflejan equitativamente en la población, por lo que menciona un dicho popular, que afirma que “el gobierno chino es rico, pero el pueblo es pobre”. Y, en efecto, los funcionarios que amasan grandes fortunas abundan, dándose ostentosos, insultantes lujos, los que no pueden cuestionarse, pues eso sería cuestionar a la autoridad y, de inmediato, quien lo hiciera, sería un subversivo, terminando en la cárcel, ejecutado, incluso (se calcula que cada año en China se ejecutan a miles de prisioneros).
Otros pasajes nos dan una clara idea de que en China, las diferencias sociales son muy marcadas, como sucede en cualquier país capitalista, en donde los millones de pobres conviven con unos cuantos ricos: “Sólo hay que ver a la China de hoy: los rascacielos disparándose hacia el cielo, como bosques bajo un cielo gris y turbio, la gruesa maraña de trenes, sobrepasando por mucho nuestros ríos, los deslumbrantes montones de mercancías exhibidas en supermercados y plazas comerciales, las interminables líneas de tráfico y peatones en las calles, el constante brillo de anuncios luminosos, los clubes nocturnos y salones de masajes, de belleza y de cuidado de los pies por todas partes, además de los restaurantes de lujo de tres o cuatro pisos de altura, siendo cada piso del tamaño de un auditorio, los que cuentan con suntuosos cuartos privados, con dos o tres mil personas, todas cenando, mostrando brillantes caras de satisfacción”. Pero, por otro lado esta deslumbrante descripción contrasta con las que más adelante ofrece Hua: “Desempleados urbanos y campesinos sin tierras, buscando sobrevivir, montan puestos en la ciudad o en las banquetas. Tan sólo en Beijing, esa gente se cuenta por miles. Al no tener permisos para vender, se mueven por todos lados y el gobierno local es incapaz de obtener algún ingreso de ellos. Al mismo tiempo, para los funcionarios locales, el que esos grupos de pobres tratando de sobrevivir anden por todas partes, daña la imagen de la ciudad e impide que se dé una ‘sociedad armoniosa’. En respuesta, se ha creado una Oficina de la Administración de la Ciudad y Aplicación de la Ley, cuyos intimidatorios empleados andan por todos lados, arrebatando de sus modestas mercancías a esos ejércitos de pobres”.
Por otro lado, lo que Yu Hua llama “bases sociales” (grassroots) explican de algún modo el espíritu de laboriosidad que identifica a los chinos, está en su naturaleza, digamos, ser dedicados y trabajar con ahínco. Muchos, justo por estar tan apegados a lo que siempre han hecho, de repente fueron beneficiados por el boom económico que ha cambiado tan radicalmente a China. Sin embargo, en muchas cosas han mantenido ciertas enraizadas costumbres, debido a que los radicales cambios no se han dado al parejo en el conjunto social. Un buen ejemplo de ese enraizamiento es el siguiente caso, citado por Hua: un viejo campesino llegó a una agencia de autos BMW con más de una docena de hijos y nietos. Todos salieron de una vieja Van y los más jóvenes comenzaron a buscar un auto para el adinerado patriarca. Un modelo 760Li llamó la atención del hombre, que costaba más de 2 millones de yuanes. “¿Por qué es este carro tan costoso?, preguntó el hombre, pero cuando el vendedor mencionó todos los avances y refinamientos tecnológicos, el viejo campesino sólo movió su cabeza y dijo que no entendía nada. Finalmente, el vendedor le señaló el asiento del conductor, y le dijo, con orgullo, que se habían necesitado dos finas pieles de res para confeccionarlo, se sorprendió mucho, pues consideró que ese detalle daba una idea de lo fino que ese auto debía de ser. Sobre todo porque le recordó el ganado que él cuidaba cuando era niño. Y tan sólo por ese detalle, se decidió a comprarlo. A sus nietos e hijos les compró autos más baratos. A la hora de pagar, el vendedor se llevó una gran sorpresa, pues el campesino, en lugar de sacar una chequera o una tarjeta de crédito, no fue así. El hombre ordenó a sus hijos y nietos que sacaran de la Van varias cajas de cartón, las que contenían efectivo, suficiente para pagar los autos adquiridos. Viendo la cara de asombro del vendedor, el hombre simplemente le dijo que no confiaba en cheques, ni tarjetas ni nada que no fuera el efectivo que siempre había manejado y que por eso prefería cargar con tanto billete.
Así, abundan los ejemplos de personas que haciendo lo que a toda su vida se han dedicado, de repente se han enriquecido. Así, hay el “rey de la sangre”, “el rey de la basura”, “el rey de la ropa”… justo fue el personaje llamado “el rey de la sangre”, quien inspirara una novela de Yu Hua, pues esa persona era un hombre que en la China de Mao, era el que estaba a la entrada de un hospital, recibiendo a los pobres campesinos que acudían allí a vender algo de su sangre, con tal de recibir un poco de dinero que les permitiera sobrevivir, pues eran tan pobres (100 millones aún siguen en ese nivel de terrible pobreza), que ni para comer tenían. El “rey de la sangre”, ahora, en efecto, se ganó ese mote, pues nunca dejó de hacer lo que hacía, o sea, comerciar con la necesidad humana de disponer de sangre, y actualmente es uno de los hombres más prósperos de China.  
Así pues, con estos ejemplos, Yu Hua trata de mostrar las transformaciones tan desiguales que los chinos han tenido en los últimos treinta años y que, en todo caso, evidencian que el materialismo a ultranza ya los ha envuelto y es parte de sus vidas. Y es por ello que la sociedad china de hoy día valora mucho el prestigio que da la riqueza y todos buscan llegar a ser ricos, muy dispuestos a hacer cualquier cosa, con tal de lograrlo.
Otra de las palabras claves para entender a la China contemporánea es la imitación (copycat), la cual define la tendencia de los chinos a copiar mucha de la tecnología que el proceso de outsourcing del R&D ha facilitado mucho (ver mi artículo:  El outsourcing en R&D, http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2007/11/el-outsourcing-en-r.html).
Yu Hua señala cómo se diseñan nombres que no se distancien del producto original, con tal de que atraigan a los potenciales compradores, tan sólo por la onomatopeya de la marca. En palabras de Hua, el fenómeno del “copycat de teléfonos celulares comenzó por imitar las funciones y diseños de marcas tales como Nokia, Samsung o Sony Ericsson. Pero para hacer las cosas más turbias, se les dieron nombres similares, tales como Nokir, Samsing o Suny Ericcsun. Al plagiar marcas existentes y además saltándose los costos en investigación y desarrollo, se vendían por una fracción del precio de los productos originales. Y dadas sus capacidades técnicas y apariencia de vanguardia, pronto se apoderaron del nivel más bajo del consumo de electrónicos”
 Y es algo con lo que nos hemos idos acostumbrando, de alguna forma, en todo el mundo, comprar artículos similares, tanto en apariencia, como en nombre. Y es quizá esa similitud en el nombre lo que atrae a algunas personas, quienes no se dan cuenta de que en realidad están comprando una copia. Esa tendencia, señala Hua, es muy común en la actualidad. Teoriza que quizá tenga que ver, históricamente, con la cuestión de los sellos oficiales. Un documento oficial indudablemente reafirmaba su origen, ser un documento expedido por el gobierno, precisamente por el sello oficial que ostentaba. Sin ese sello, el documento no valía, aunque realmente fuera emitido por un órgano público. De allí que muchos vivales se percataron de que si poseían un sello oficial, una copia, claro, podían hacer de las suyas. Y fue que algunas personas emplearon sus habilidades para imitar sellos oficiales, los que eran comprados por personas interesadas en hacerlos pasar como oficiales. Y eran tan bien hechas las copias, que, en efecto, esos documentos oficiales pasaban por verdaderos. Pero ya, con el paso del tiempo, esa especie de fetichismo por los sellos, se generalizó y comenzó a haber personas con mucho poder, sobre todo tras la apertura china, o sea, que se convirtiera al capitalismo, que decidieron hacer sus propios sellos.
Eso ha sucedido con la imitación, que tras haber sacado partido de haber copiado productos y hasta sus nombres, de repente hay empresas que ya comienzan a hacerse famosas con sus propias marcas (Lenovo, por ejemplo, fabricante de computadoras). Pero Hua señala otra cuestión que explica la imitación y es que el chino se enorgullece de ofrecer una réplica exacta de, por ejemplo, la torre Eiffel o la Casa Blanca. Y cita el caso de un magnate que vive, en efecto, en una casa blanca, perfectamente imitada, sesionando de día en la oficina ovalada y durmiendo, de noche, en la habitación de Abraham Lincoln. Es por ello que ante las acusaciones de países como EU de piratería china en miles de productos, comenzando por los videos, por ejemplo, el gobierno chino se hace de la vista gorda, pues, de alguna forma, es tratar de luchar contra una muy entronizada costumbre entre los chinos. Así, imitar bien es todo un arte, no un delito, sería el lema. Y bajo esa premisa, la copia de tecnología, de ciencia y de muchas otras cosas, seguirá rampante, pues, además, se asegura su consumo, porque si se ofrece una copia exacta de un i-phone, digamos, que haga lo mismo que uno original, pero a una tercera parte de su precio, se logra el resultado esperado: un aumento de las ventas de ese i-phone imitado. Y eso es bueno para China, que así va logrando imponer sus pautas de consumo dentro de este mundo tan ¡salvajemente competido!
Una última palabra empleada por Yu Hua para comprender a su país es el llamado embaucamiento (bamboozlement). Ese es otro término muy enraizado en la cultura china, embaucar a alguien. Es como los placebos empleados en medicina, que quienes los toman se “convencen” de curarse. De hecho, muchos falsos medicamentos provienen de China. Para ellos es, simplemente, embaucar. Y, por desgracia, es algo también muy enraizado en esa cultura. Y todo mundo embauca allá, desde el ciudadano común, hasta el gobierno. Y se enorgullecen de hacerlo. Por ejemplo, ejemplifica Hua, pocos días antes de que los juegos olímpicos comenzaran, los dueños de unos nuevos condominios de Beijing, cercanos a las instalaciones olímpicas, con tal de que se vendieran pronto, engañaron a la gente con que uno de ellos iba a ser adquirido por el magnate de la computación Bill Gates. Fue publicado en el periódico y causó tanto revuelo que, en efecto, comenzaron a venderse muy rápido. Fue tan intensa la publicidad, que llegó, incluso, a los oídos del propio Gates, quien a través de su oficina de relaciones públicas, negó la noticia. Y a pesar de esa refutación de Gates, los dueños negaron que tuvieran que ver con eso, que “no tenían idea de quién lo había hecho”. De todos modos, su embaucador plan funcionó y los costosos departamentos se vendieron rápidamente, pues los ricos sectores que los adquirieron, no querían perder la oportunidad de tener como vecino al muy famoso y apreciado Bill Gates. Los dueños de los departamentos, habrán dicho de los compradores: “¡Los embaucamos!”.
El mismo Hua narra cómo, siendo niño, un día trató de “embaucar” a sus padres diciéndoles que estaba enfermo del estómago, con tal de no ir a la escuela. Su papá era doctor y su madre, enfermera. Su papá, entonces, comenzó a auscultarlo sobre el abdomen, y a las preguntas hechas a Hua, de que si le dolía aquí o allí, concluyó que tenía una apendicitis y que si no se operaba de inmediato, Hua podría, incluso, morir. Hua, viendo hasta dónde había llegado su mentira, negó que los dolores le siguieran, es más, que ya habían desaparecido, pero su padre, imperturbable, lo llevó rápidamente al hospital en donde, a pesar de la resistencia de su aterrado hijo, éste, de inmediato fue anestesiado y operado. Años después, ya adulto, Hua le preguntó a su padre si en verdad era necesaria la operación y éste le respondió, ambiguamente, ya que estaba algo hinchado y que bien podría haber sido muy peligroso dejarlo o quizá se habría curado con medicamentos. Hua piensa que en realidad sólo cosechó lo que sembró, o sea, que se lo ganó por las tantas veces que le mintió a su padre de que estaba enfermo del estómago.
Justo es a la conclusión que llega sobre su país, que aunque el crecimiento, admitidamente, ha sido impresionante, el precio que se ha tenido que pagar por ello es alto, pues China se ha convertido en una nación con problemas ambientales, sociales y políticos que cada vez empeoran más y más.
Ambientalmente, China ha puesto en peligro su ecología, teniendo los ríos y las ciudades más contaminadas del planeta. No sólo por sus propias industrias, sino porque se le sigue viendo como el maquilador mundial. Por ejemplo, siguen haciéndose fuertes inversiones de empresas extranjeras, dispuestas a aprovechar las ventajas de fabricar allí:
Por tanto, ese será el costo de tanta industrialización, un medio ambiente cada vez más degradado y contaminado. Como señala Hua, el medio ambiente en China ha sido severamente dañado en casi todo su territorio. Se ha incrementado dramáticamente la persistencia de enfermedades crónico-degenerativas como el cáncer, la leucemia, deformaciones natales, entre otras. Han surgido lo que se ha dado en llamar los “pueblos cancerosos” (cancer villages), que muestran las graves enfermedades de ese tipo que padecen comunidades enteras que viven cerca de ríos y lugares altamente contaminados con desechos y drenajes industriales:
Socialmente, como describe Hua, la sociedad china, en general, se ha vuelto muy superficial, materialista y frívola, con fuertes disparidades caracterizadas por millonarios que pueden darse lujos iguales a los de los millonarios de otros países, pero con millones de pobres en el campo y las ciudades que ni siquiera tienen el sustento del día seguro, no cuentan con un empleo digno y muchos, incluso, se suicidan de la desesperación. Por otro lado, las condiciones laborales tan duras para millones de obreros mal pagados, provocan una especie de generalizada depresión social. Dos muy buenos ejemplos de ellos son, por ejemplo, la tendencia de las mujeres chinas a occidentalizarse, o sea, adquirir rasgos europeos o estadounidenses, por ejemplo, sobre todo aquellas dedicadas al modelaje o la publicidad. Se someten a costosas y peligrosas operaciones para “embellecer” sus rostros o para “crecer”. Varias son las que sufren permanentes deformaciones o mueren a causa de esas atrocidades que inescrupulosos “cirujanos plásticos” practican (en el link de este documental puede verse esta dramática situación:
Políticamente, China sigue dominada por una rígida, autocrática dinastía política que ejerce un autoritarismo represor, que se justifica por ser “revolucionario”, heredado de las “enseñanzas” de Mao, quien advertía que la “revolución era rebelarse”, pero también debía de ejercerse el poder absoluto, con tal de defenderla. Así, esa autoritaria camarilla, con tal de lograr el brutal crecimiento económico chino, no ha dudado ni un segundo en aplastar cualquier forma de “insurrección”, como hizo en 1989 en Tiananmen, represión que dejó decenas de muertos y encarcelados a los que se llamó "refugiados de la ley”, denotando que de ninguna manera se les puede considerar activistas o manifestantes, sino que, simplemente, rompen la ley. Y así, cada año se ejecutan cientos de prisioneros, muchos de los cuales fueron encarcelados solamente por no estar de acuerdo con los autoritarios mandatos de la mafia en el poder. Incluso, el autoritarismo va acompañado de la creciente deshumanización a la que alude Hua, pues existe un programa televisivo en el cual la conductora entrevista a los prisioneros que se ejecutarán, preguntándoles qué crimen cometieron, por qué lo hicieron y si desean decir algunas últimas palabras a algún familiar o persona a la que hayan afectado con su crimen. En el siguiente link, pueden ver el documental que habla sobre ello:
Quizá una de las mejores frases que ejemplifican lo que ha sucedido con China una vez aplicado el capitalismo salvaje, como modelo económico es que “hace treinta años, antes de que diéramos ese salto, no se veían rascacielos, aparte de uno o dos en grandes ciudades como Beijing o Shanghái, no sabíamos lo que era un tren rápido o un anuncio, teníamos poquísimas tiendas y muy poco qué comprar en esas tiendas. Parecía que no teníamos nada, entonces, pero teníamos un hermoso cielo azul”.
Y yo agregaría que es el costo de abrazar de lleno al capitalismo salvaje.


 

        
                          
                 

jueves, 30 de mayo de 2013

Los destructivos, irreversibles efectos de la megaminería



Los destructivos, irreversibles efectos ecológicos de la megaminería
Por Adán Salgado Andrade


La actividad minera se remonta a miles de años, desde que nuestros antepasados apreciaron ciertos minerales, algunos sólo por sus cualidades de ornato, como el oro (en esos tiempos, claro) o por utilidades específicas, como el hierro, empleado en la hechura de utensilios domésticos o instrumentos de guerra. Y muy lejos quedaron los tiempos en que para obtener oro, por ejemplo, bastaba con acercarse a algunos ríos en cuyos no muy profundos cauces, se hallaban pepitas de ese preciado, amarillento, relumbrante metal. Los absurdos mitos de que existían ciudades totalmente hechas de oro, llevaron a ambiciosos, codiciosos mercenarios, como los españoles, primero, a explorar los océanos, en busca de nuevas tierras que materializaran tan descabelladas historias.
Pasado el tiempo, en la materialista, depredadora época actual, metales justo como el oro, y decenas de otros, crecen en su importancia, tanto por su valor, así como por su utilidad. El oro no sólo se emplea para joyería o fuente de valor, en forma de lingotes o monedas, sino que tiene varios usos industriales, como en la electrónica, en donde es vital para la elaboración de tarjetas madre y procesadores de computadoras. También se emplea en la odontología, para hacer piezas o amalgamas (se había dejado de emplear, por los altos costos, pero de nuevo crece su empleo, dado que es un metal inerte, o sea, no produce efectos secundarios en el paciente). En medicina, se le emplea para combatir el cáncer o la artritis reumatoide o también para realizar diagnósticos, mediante isótopos de oro radioactivo o en aparatos que permiten la sobrevivencia del paciente, como implantes. Otro campo que lo emplea bastante es el de la aeronáutica, en donde la construcción de vehículos que puedan desplazarse sin problemas sobre la superficie de Marte, por ejemplo, es vital, por lo que partes esenciales de tales aparatos son hechas de oro o cubiertas con películas auríferas, con tal de reducir al mínimo fricción y desgaste.
Ante tantos usos y, claro, la cuestión de que en estos tiempos de profundas debacles económicas, que ven en el almacenamiento del oro una fuente de atesoramiento y de, digamos, salvavidas, cuando la economía no sólo de una persona, sino de un país entero pudiera “aliviarse” vendiendo algo de sus reservas o posesiones de oro, el precio de este codiciado metal ha ido en aumento, debido, sobre todo, a que su extracción es cada vez más difícil e, igualmente, costosa (hay que agregar, también, que últimamente, la especulación con metales como el oro, la plata o incluso el cobre, ha contribuido a disparar sus precios, mediante los llamados ETF’s, exchange traded funds, que son instrumentos “financieros” basados en la posesión de metal que una firma especuladora tenga en ciento momento. Así, los inversionistas que depositen su dinero en esa firma, ganarán más si ésta aumenta sus reservas de oro, a la vez que suba el precio de éste, digamos. Claro que el acaparamiento del metal, sólo para que suba su precio, es mera y mezquina especulación. Es como si alguien comprara el pan hecho todos los días, sólo para que subiera su precio, aunque no se lo comiera. Pero a estos extremos se llega en el capitalismo salvaje, con tal de tener grandes ganancias).
Si antes, como dije, bastaba con acercarse a los ríos a recoger pepitas de oro o cavar una mina que contuviera tal metal, que afloraba a los pocos metros del tiro perforado, con los siglos eso ya es prácticamente inexistente y para extraer el poco oro que en tierra aún pueda existir, se ha creado desde hace años lo que se conoce como “minas a cielo abierto” (open pit mining).
De hecho, lo mismo está ocurriendo con muchos otros minerales o metales “estratégicos”, tales como el mencionado oro, plata, cobre aluminio, molibdeno, cromo, manganeso, zinc, níquel, platino, diamantes, coltan, entre otros. Hablando del coltan, este mineral cada vez más escaso, es vital como aislante térmico en la industria electrónica. Lamentablemente la mayor parte se extrae de una zona selvática protegida existente en la república democrática del Congo, en donde viven los últimos gorilas de montaña existentes en el planeta. Allí, explotados mineros reciben sueldos de hambre por extraer el coltan y, debido a esos salarios de hambre, cazan a los gorilas para comer, acelerando la extinción de éstos (ver mi artículo al respecto: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2009/09/el-coltan-otro-recurso-natural-mas-para.html)
Así, las minas a cielo abierto, conocidas como megaminas, por ser extensamente invasivas y destructivas, han venido a ser la “solución”, como veremos.
No sólo porque con la minería tradicional, de cavar un tiro, la extracción se vuelve más difícil y costosa, sino porque con ésta no se podría extraer hasta, digamos, la última molécula de oro, es que se ha optado por las megaminas. Pero también se tiende ya a incursionar en los fondos marinos, que, se asegura, son aún más ricos en minerales, que en tierra firme. Eso se está haciendo con la igualmente destructiva en invasiva minería marina, que ya he tratado en otro artículo, y que consiste en cavar y triturar los fondos oceánicos cercanos a apagadas fumarolas marinas. Ese brutal método, crea una especie de smog marino que tarda mucho tiempo en volver a sedimentarse, matando a cuanto ser vivo caiga en la zona en que se disemina, debido a que congestiona sus sistemas respiratorios. Y ese destructivo método también se ha aceptado muy complacientemente por las mafias empresariales y gubernamentales (ver mi artículo:
Los minerales que aún quedan en la tierra se extraen, como ya señalé, mediante las megaminas. Éstas muy dañinas operaciones consisten en que, una vez probado que existe oro, por ejemplo, en tal lugar, aunque sea de “muy baja ley”, se explotará. Y esto de la “ley”, es un término que indicaría la cantidad que contendría un metro cúbico de piedra triturada. Así, por ejemplo, si ese metro cúbico de piedra triturada posee un gramo o menos de oro, se dice que es de “muy baja ley”. Cuando ese metro cúbico contiene al menos una onza de oro, es decir, 31.1 gramos, se dice que es de “buena ley”. Sin embargo, desde este indicador puede percibirse el grado de desperdicio y destrucción que implica la megaminería, pues es absurdo que para obtener un gramo o un décimo de gramo, en la “peor” de las situaciones, se deba de extraer una tonelada de material pétreo, ¡absurdo!
Está claro, entonces, que para expurgar ese gramo o gramos de oro, los métodos no son convencionales ni ecoamigables, o sea, que no dañen el entorno. Sin embargo, hay que aclarar que la extracción de oro, excepto por las pepitas en los ríos de antaño, siempre ha sido contaminante, pues antes de las megaminas, en las minas tradicionales, se empleaba mercurio para que se uniera al oro y posteriormente aquél se separaba. El mercurio es un mineral muy tóxico para el ambiente y perjudicial a la salud humana, que provoca daños al sistema nervioso, renales, gastrointestinales y malformaciones durante el embarazo.
Pero la megaminería no sólo envenena con sus procedimientos, sino que altera brutalmente la ecología de los lugares en donde se realiza.
Una vez “limpiado” el, sitio de toda forma de vegetación existente, básicamente el proceso consiste en realizar, primero, la excavación masiva del lugar, empleando explosivos, hechos con nitrato de amonio, combinado con aceite combustible (ANFO). La excavación es similar a la que se hace cuando se van a explotar materiales de construcción, como grava, por ejemplo, pero mucho más intensa. Se van haciendo círculos concéntricos, a manera de bancos o escalones, comenzando desde el centro, y conforme la excavación se va haciendo más profunda, se van ampliando los escalones concéntricos, los cuales van agrandándose en diámetro hasta alcanzar cientos de metros de extensión, llegando a kilómetros con el tiempo. Se van haciendo taludes inclinados, no verticales, con tal de evitar deslizamientos de tierra, que incluso se revisten de cemento y se va trazando un camino, también revestido, para que por el circulen los enormes camiones, conocidos aquí como yucles, capaces de cargar cada uno hasta 330 toneladas por viaje. Llegan a ser tan enormes los cráteres resultantes, que pueden ser vistos desde el espacio.
(Aquí, pueden ver varias fotos de megaminas: http://www.wired.com/wiredscience/2009/10/gallery_mines/.
Y en el siguiente video, pueden ver un ejemplo de tales megaminas:
http://www.youtube.com/watch?v=S16q_x8TUo0. Se refiere a la megamina Betze Post, ubicada en Nevada, EU, de la que se extraen cada año 90 millones de toneladas de roca, suficientes para cubrir con casi 17 metros de espesor de material el Parque Central de Nueva York).
El material extraído se va apilando en terrenos contiguos al enorme cráter que día a día va creciendo, en espera del siguiente paso. Justo por ese apilamiento, es que las megaminas no sólo se apropian de las tierras en donde se perfora el invasivo cráter, sino que también se absorben cientos de hectáreas aledañas, lo que incrementa el daño ecológico de por sí provocado. Aquí en México, por ejemplo, con las leyes tan laxas y las mafias en el poder tan corruptas que tenemos, muchas megaminas practican el despojo de tierras de los ilusos campesinos a los que engañan con sus “grandes proyectos”, a los que les compran o “rentan” sus tierras por bicocas (cinco pesos por hectárea anualmente, por ejemplo), pero, no sólo eso, sino que se apropian ilegalmente de más hectáreas.
Luego de que el material pétreo se extrae, se tritura al máximo, hasta dejarlo casi como arena. Después, se forman montículos que se rocían con agua mezclada con cianuro, peligroso veneno muy dañino al medio ambiente y a la salud, que, incluso, está prohibido su empleo en varios países, pero en donde sí se permite, las megaminas se desentienden del brutal daño ecológico que ese veneno provoca. Como señalé, una vez rociada el agua con cianuro, se va filtrando por las arenosas pilas para unirse al oro que contengan, si lo hay, y se forma una solución líquida de cianuro-oro, que se recolecta en la base de la pila (lixiviación) y se bombea hacia un molino, en donde el oro y el cianuro son separados químicamente. Sin embargo, ese proceso de filtración del cianuro puede llevar meses, así que se provoca contaminación del medio ambiente, debido a las vaporizaciones y a las filtraciones del cianuro. Y al decir “rociar”, es que se emplean miles de litros de agua envenenada por pila, así que se podrá imaginar el daño brutal que se deja en el medio ambiente. Y cada que una pila se “exprime” del oro que contenga, se le agrega más tierra y se repite el rociado, hasta que sea demasiado alta para seguirlo haciendo.
No terminan los estragos ambientales allí, sino que las pilas que ya “no sirven”, o sea, que se les extrajo hasta la última molécula de oro, se van desechando a cielo abierto, pero como son millones de metros cúbicos de tierra contaminada con cianuro, se construyen algo así como represas para contener tantos desechos. Se supone que deberían de recibir una especie de “tratamiento” para reducir los contenidos de cianuro, pero muy pocas empresas lo hacen, sobre todo por lo costoso, así que, simplemente, lo van apilando, formando largas “colas” (tailings) de lodos envenenados con cianuro, cuyo contenido líquido, se filtra y llega a mantos acuíferos, en tanto que las vaporizaciones, como dije, contaminan el medio ambiente circundante. Y esas represas son tan inestables, que han habido terribles accidentes, como el sucedido en el año 2000, cuando la “cortina” de una de esas represas, ubicada en Rumanía, falló, regándose más de 340 mil litros de desperdicio lodoso, contaminado con cianuro, los que fueron a dar al río Tisza, matando 1240 toneladas de peces y contaminando el agua potable de 2.5 millones de personas. Cabría preguntarse, ¿cuándo sucederá aquí un desastre similar? Piénsese también en los millones de litros de agua que se requieren para el proceso de lixiviación descrito, que se contaminan irreversiblemente también, además, como señalé, de que el cianuro se filtra a los mantos acuíferos. ¿Vale la pena, entonces, seguir con la minería? Para el capitalismo salvaje, depredador, la respuesta es ¡sí!
Es tan desperdiciador este destructivo método extractivo del oro, que, en general, se requieren de 30 toneladas de desechos pétreos para extraer una sola onza de oro, es decir, pírricos 31.1 gramos.
Por tanto, el agotamiento de las minas de muchos metales, como el cobre, están expandiendo a niveles sin precedentes esta destructiva actividad, con el mismo nivel de desperdicio y depredación de los recursos naturales. Para extraer 30 kilogramos de cobre, por ejemplo, se requieren triturar 4 toneladas de piedra extraídas desde 600 metros de profundidad… y así por el estilo.
En México, las sucesivas mafias en el poder han permitido que empresas tanto nacionales, como extranjeras, principalmente canadienses, practiquen la destructiva megaminería, “concesionándoles” ya el 25% del territorio nacional, lo que redundará en un irreversible daño ambiental y brutal merma de nuestros recursos naturales. Por ejemplo, la empresa canadiense Goldcorp posee varias minas aquí. Una de ellas, Peñasquito, ubicada en Zacatecas, comenzó a operar en el 2011, está “concesionada” a 22 años, y es considerada de “muy baja ley”, o sea, que cada tonelada de piedra triturada contiene entre 0.1 y 1 gramo, cuando mucho. Aún así, estima la empresa extraer 500 mil onzas anuales de oro (15.55 toneladas), es decir, que se tendrían que extraer entre 500 mil a un millón de toneladas anuales de piedra. Actualmente, el enorme cráter tiene un radio exterior de 3.5 kilómetros de diámetro y ya lleva, en el centro, 400 metros de profundidad, ¡el equivalente a un edificio de 160 pisos de altura! ¡Imaginen el gigantesco boquete que quedará al final de los 22 años de explotación! (http://www.jornada.unam.mx/2013/04/29/estados/036n1est).
Esas casi 16 toneladas de oro, considerando un precio actual de $1465 dólares por onza, unos $17600 pesos, ascenderían a $732.5 millones de dólares (mdd) anuales. Como señalé, esa empresas pagan sólo un pequeño “derecho” por hectárea, de un máximo de $111 pesos. Suponiendo que Peñasquito explote unas 400 hectáreas, sólo debe de pagarle a la nación $44,400 pesos anuales (esa megamina se había apoderado ilegalmente de 600 hectáreas más, pero el Tribunal Superior Agrario le ordenó restituírselas a sus dueños, 29 campesinos). El precio promedio de extracción del oro en la megaminería es de unos $857 dólares por onza, casi un 60% del precio de venta, así que la utilidad neta anual sería de unos $300 mdd, ¡un negocio redondo! Por eso son tan rentables las megaminas, a pesar de los costos y las dificultades que implica la extracción del oro.
Además, resulta irónico que el oro extraído en nuestro territorio lo deban importar las mafias en el poder, cuando lo requieren, al precio comercial fijado (¡neocolonialismo, pues!).
Por el citado daño ecológico que provocan las megaminas, en muchos lugares del país, y del mundo, hay frecuentes protestas, como una que recién, al escribir estas líneas, se dio en Jalisco, por parte de ejidatarios, que exigen se cierre la megamina Gan-Bo, operada por una empresa china, pues afirman que “lo que suelta la mina cuando se muelen las piedras, está dañando la vegetación. Los árboles frutales como tamarindo, naranjos y limones ya no pegan o se están secando. No los queremos en el pueblo. La mina no ha dejado empleos, ni riqueza, sólo perjuicio”.
Pero mientras sigan siendo tan codiciados el oro, la plata, el platino, el uranio… seguirá la destructiva fiebre megaminera en todo el mundo, hasta que la última molécula de esos y otros metales “estratégicos” sea extraída… ¡aunque el planeta se acabe!

viernes, 19 de abril de 2013

Los vulnerables passwords



Los vulnerables passwords

Por Adán Salgado Andrade

Hace unos días se publicó una nota que causó revuelo. Se daba a conocer que supuestos hackers habían logrado penetrar, en Estados Unidos, los datos personales, tales como cuentas bancarias, estados financieros, números de seguridad social… y muchos más datos confidenciales de gente tan importante como la mismísima esposa de Barack Obama, Michelle, del jefe del FBI, Robert Mueller (¡háganme favor, del jefe de la oficina policiaca más importante de EU y del mundo!), del vicepresidente Joe Biden, de la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, del magnate Donald Trump, de la ex gobernadora de Alaska, Sara Palin, del ex gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, de estrellas de la farándula como Kim Kardashian, Paris Hilton, Britney Spears… y algunas otros sobresalientes personajes.
Esto es importante, no sólo porque se trata de personas muy influyentes e importantes, sino porque deja al descubierto la vulnerabilidad a la que cada vez estamos más y más expuestos todos los que, de alguna manera, almacenamos datos e información personal en la, así llamada, red.
Como digo, es inaudito que personajes famosos estén tan expuestos a los robos de información como lo puede estar un ciudadano común, como ustedes o quien esto escribe.
Eso es una muestra de que los sistemas de seguridad en el Internet no son todo lo seguro que presumen. No parece que las maneras de encriptación sean infalibles. Hoy, ya no es garantía contar con una clave, un password de acceso, pues un hacker con medianos conocimientos y algunos programas – que pueden hallarse fácilmente en el propio internet –, podrá averiguar tal o cual clave de entrada y, con ella, tener la información del desafortunado usuario penetrado de tal o cual sitio, para hacer con ella lo que al atacante se le antoje.
Recientemente, el periodista Mat Honan, colaborador de la publicación tecnológica Wired, publicó un artículo en el que expone la inseguridad a la que todos estamos expuestos, de seguir empecinados en que la seguridad en el Internet de nuestros datos, dependa exclusivamente de los, en proceso de obsolescencia, passwords.
Honan escribió el artículo a partir de su propia, desagradable experiencia, debido a la cual perdió vital información de varios sitios que empleaba desde hacía años, como veremos.
Normalmente un password, se forma de una combinación de letras, números o símbolos, como todos sabemos, de entre seis y dieciséis, dependiendo de la habilidad y, sobre todo, de la memoria de quien lo crea. Y en un principio, cuando comenzaron a usarse los correos electrónicos, por ejemplo, realmente eran una segura manera de acceder y proteger la cuenta de correo, pero ahora, con tanto hacker, es poco seguro, como protección, crear un password, por muy intrincado que éste sea.
En el caso de Honan, el año pasado, en el curso de una hora, piratas informáticos destruyeron toda su vida digital, a pesar de que contaba con muy seguros passwords, de entre 10 y 19 caracteres. Contenían no sólo letras y números, sino también símbolos. Aún así, sus cuentas de Twitter, de Apple y de Gmail fueron intervenidas y desaparecidas para siempre. Esas cuentas estaban ligadas entre sí, pues ahora, empresas como Google estilan eso, ligar con el correo, por ejemplo, cuestiones como el blog o la cuenta de Youtube. Los hackers destruyeron todo, de tal modo que ni por iPad, ni por iPhone, ni por su laptop, el desesperado Honan pudo acceder más a sus cuentas, pues éstas ¡dejaron de existir!
Y es de comprenderse tan lamentable pérdida, pues, imaginemos que se pierda la cuenta de Facebook o de Hotmail o de Youtube o de Twitter o de Blogger… años, quizá, de estarlos empleando, guardando allí archivos importantes, pues el usuario piensa que allí están muy seguros. En muchos casos, todo se guarda allí, directamente, sin hacer respaldos. Y, de hecho, es como ya se acostumbra, subir de inmediato todo a la red.
Como señala Honan, en muchos casos, basta hackear el correo del usuario a quien se pretende dañar, lo que se hace normalmente con una pregunta no muy complicada (de hecho, se van dando varias “oportunidades”, y las preguntas van bajando de dificultad, de tal manera que al final, basta, muchas veces, con ingresar la ciudad en donde nació el usuario y listo).
Y todos sabemos que al ingresar a nuestro correo, muchos de los sitios que empleamos nos envían allí información importante de muchas de nuestras actividades, como pagos bancarios, telefónicos, estados de cuenta, passwords… de hecho, todo va ligado ya con la cuenta de correo que se tenga. Es, digamos, imprescindible tener correo electrónico en esta interconectada época.
Y es una primera vulnerabilidad. De allí, el hacker puede penetrar todas nuestras cuentas. Lo único que se le pide, fingiendo ser el supuesto “usuario”, para que recupere un password es ingresar al sitio requerido, el que, debajo del cuadro de diálogo de entrada, muestra la pregunta “¿Olvidó su contraseña?”. Al teclear allí, se envía de inmediato la clave al correo del tal “usuario”, el que previamente ya se penetró… y, con toda esa información, el hacker puede tanto destruir, por puro gusto, todas las cuentas de sitios del usuario, así como, incluso, robarle de sus depósitos bancarios.
A partir de su muy amarga y lamentable experiencia, Honan, se ha dedicado a comprobar la vulnerabilidad de los passwords. Con tan sólo cuatro dólares y dos minutos de tiempo, Honan pudo ingresar a un sito medio clandestino, gracias al cual, señala, “puedo acceder a su tarjeta de crédito, su número telefónico y su número del seguro social. Deme otros cinco minutos y podría ingresar sus cuentas de, digamos, Amazon, Best Buy, Hulu, Microsoft y Netflix. Con otros diez, podría apoderarme de su cuenta en AT&T, Comcast y Verizon. Y con otros cinco minutos, en total veinte, me puedo apoderar de su cuenta en Paypal. Algunas de tales fallas en la seguridad están arregladas, pero nuevas maneras de penetrar cuentas ajenas se descubren todos los días”.
Y en todos los casos son los passwords la vulnerabilidad común los que, en efecto, se envían a la cuenta de correo del “usuario”.
Como bien señala Honan, los passwords tienen dos vulnerabilidades. La primera es que, con tal de hacerlos fácil de recordar, se han ido simplificando, pues de nada valdría tener una súper clave de entrada, de 256 caracteres, digamos, si el usuario no la pudiera recordar fácilmente. La segunda vulnerabilidad es la supuesta privacidad del usuario. Eso ocasiona que cualquiera pueda ingresar a la cuenta, pues basta, en efecto, con “recordar” el password y eso es todo.
Pero por la facilidad con que actualmente se hackean los passwords, la “seguridad” en el Internet tiende a decrecer. Tan sólo en EU, en el año 2011, la inseguridad en la red creció 67% y cada año se vuelve más vulnerable.
Y es algo que no se toma en cuenta, pues, por ejemplo, en México y en casi todas partes, se obliga a la población a realizar muchos trámites por la red, importantes varios de ellos, como el pago de impuestos o servicios, lo que da lugar al uso de tarjetas de crédito o de débito, las favoritas para hackearse.
Honan describe los métodos para hacerse de un password. El primero es la simple adivinación, la que se facilita porque muchos usuarios emplean claves tan obvias como, ¡increíble!, la propia palabra password, o los números 12345678. Además, existen sitios en donde se publican los passwords que los hackers vulneran, con la finalidad de que la gente ya no los emplee, pero, señala Honan, aún así, la gente, por comodidad, prefiere usar esas claves. Y eso facilita mucho las cosas (de hecho, se emplean cientos de passwords similares, los que sólo cambian por el número, como, por ejemplo, prettygirl102 o prettygirl103, digamos).
Otra forma de penetrar un password es instalando un programa espía, malware, como se les llama. Estos se instalan cuando se abre un archivo adjunto de algún correo que pase por una inocente foto (no sólo se instalan programas espías así, sino que algunos que convierten a la computadora de la víctima en un generador de spam, por ejemplo, inutilizando la cuenta de correo infectada). El más usado es uno llamado ZeuS, el cual, una vez instalado, espera a que el usuario ingrese a una cuenta bancaria, detectando el password por medio de las teclas. En el 2010, por ejemplo, el FBI (para variar), ayudó a detectar a una banda de hackers que actuaban desde Ucrania, los que usando dicho malware, lograron hacerse de $70 millones de dólares de 390 víctimas, que, principalmente, eran pequeños negocios en EU.
Una forma más es la suplantación de la personalidad, el llamado phishing. En este caso, el hacker se hace pasar por el usuario real, penetrando su información hasta el más mínimo detalle, enfocándose, sobre todo, en las cuentas bancarias. De esa forma, miles de víctimas han perdido parte o la totalidad de sus ahorros bancarios, pues los ladrones digitales, suplantándolos, ordenan a los bancos hacer transferencias a otros bancos, los de los hackers, claro.
Como señalé antes, son dos las razones para que un hacker intervenga un password. Una es por mero gusto, penetrar información valiosa de personalidades famosas, sólo por mostrar cuán vulnerables son, a pesar de estar tan supuestamente “protegidos”, como hicieron los hackers en los casos que menciono al inicio del artículo. Lo peor es que destruyan toda la información, como le sucedió a Honan. Otra razón, ya la más común, es para robar, justo a través de las mencionadas cuentas bancarias.  Quienes más le sacan provecho al robo en línea son las mafias rusas, las que, tan sólo en el 2011 se hicieron de $4500 millones de dólares. Es tan lucrativo este “negocio”, que asciende casi a niveles industriales y llega a ser, incluso, violento. Esas mafias atacan ya no solamente a empresas o instituciones, sino personas comunes (esto es ya muy frecuente. Conozco muy de cerca el caso de una amiga que el año pasado viajó a EU y comenzó haciendo sus pagos con su tarjeta de crédito. Sin embargo, a los pocos días, ya no la pudo empelar más, pues el propio banco emisor la había cancelado debido a que se había realizado un pago desde un país europeo, unas pocas horas después de que  mi amiga hiciera una compra en EU. Por fortuna, el banco anuló dicha compra).
En el caso de los hackers que desaparecieron la información de Honan, fueron simples adolescentes, quienes actúan por mero gusto. El que le destruyó la información responde al apodo de Dictate, quien, cínico, declara que eso lo hace para ver la reacción de la gente, además de que les adjudica comentarios vulgares que los verdaderos usuarios no se atreverían a hacer.
La mayoría son muy jóvenes, como el que se hace llamar “Cosmo”, quien es líder del grupo UGNazi. Cosmo es un adolescente de sólo 15 años. Él y su grupo lograron penetrar sitios como Nasdaq, la CIA (¡háganme favor!), 4chan, entre otros. Lograron averiguar datos confidenciales de Barack Obama, de Michael Bloomberg, multimillonario y actual gobernador de Nueva York, y de la showwoman Oprah Winfrey, entre muchos otros. Cuando, finalmente, el FBI logró dar con los cibercriminales, no supieron qué pena aplicar a Cosmos, al ver que era aún menor de edad.
Y el problema de la vulneración de los passwords seguirá, sostiene Honan, mientras ese anticuado sistema continúe y no se busquen formas alternativas de proteger la identidad de un usuario. Dice, por ejemplo, que podría agregarse la biometría, tal como ya se hace con las huellas digitales o el iris de los ojos (aún así, hay errores, pues en el 2004, cuando en marzo, en el metro de España, estalló una bomba en uno de los convoyes, dejando decenas de muertos, a un estadounidense, Brandon Mayfield, que era un simple doctor, se le atrapó y se le encerró varios meses, pues los supuestos investigadores españoles, incluso ayudados por el FBI y la policía inglesa, habían “identificado” las huellas digitales halladas en el sitio, como las del estadounidense y lo habían culpado, a pesar de que él les había asegurado que en muchos años no había salido de EU, ni había estado en España, lo cual comprobó fehacientemente, pero no lo soltaban hasta que, una nueva revisión de “sus” huellas dactilares demostró que eran de otra persona, no de él, sino de un argelino, que era el que realmente había cometido el atentado).
Y algo que no menciona Honan, pero debe de considerarse, sin duda alguna, es que el gobierno estadounidense es el mayor de los hackers existentes en el mundo, ya que poniendo de pretexto el supuesto “combate al terrorismo”, penetra todos los días los datos de millones de personas en el mundo, sean o no “sospechosos”. Se entera de lo que suben a sus redes sociales, a sus correos, sus datos personales, sus cuentas bancarias… ¡todo!, con tal de, dicen las “agencias de seguridad” estadounidenses, como la CIA o el FBI, “prevenir” cualquier nuevo “atentado terrorista”. Y para cumplir mejor tan “noble tarea”, está construyendo la supuestamente mayor agencia de espionaje estadounidense, la NSA (National Security Agency) en medio del desierto de Utah un súper edificio que será considerado como el futuro centro de ultraespionaje, el que analizará, o sea, hackeará, diariamente millones de correos, de páginas de redes sociales, de datos personales…en fin, con los cientos de terabytes de “información” que se recaben a diario, se pretenderá que todo el internet sea filtrado y analizado por ese sitio, para que EU sea “más seguro”. 
En fin, lo preocupante, como señala Honan, es que, a pesar de la vulnerabilidad del Internet, y con EU a la cabeza de la penetración de datos confidenciales y muchas más delicadas cuestiones, aún se nos siga obligando a realizar en la red casi toda nuestra tramitología legal, financiera, laboral… de todo tipo, sin que realmente se esté a la par en medidas de seguridad digital. Seguirán los hackeos de información vital de personas como ustedes o como quien esto escribe, sin que la seguridad mejore y nuestras vidas estarán en manos de un desconocido, dañino, criminal Big Brother.