jueves, 9 de enero de 2025

Hay hospitales, escuelas, juzgados y prisiones inglesas en mal estado y son peligrosos

 

Hay hospitales, escuelas, juzgados y prisiones inglesas en mal estado y son peligrosos

Por Adán Salgado Andrade

 

Escuelas con techos que han estado a punto de caer sobre estudiantes, hospitales en donde se han dejado de utilizar muchas salas de operaciones porque están a punto de desplomarse, juzgados en donde no se han realizado juicios porque no son seguros y prisiones en donde no hay ni baños para los internos, son las consecuencias que la anterior mafia en el poder, los Tories, es decir, los conservadores, dejó, con su irracional austeridad, que restringió presupuestos en todo, pero no en sus salarios.

Por eso, la mayoría de los ingleses votaron por el Partido Laborista en las pasadas elecciones del 2024, eligiendo como primer ministro a Keir Starmer  (1962), buscando un cambio y solución a tantos problemas, además de los mencionados, como creciente pobreza, insuficientes casas (además de que no bastan las existentes, están muy por encima del poder adquisitivo de la mayoría de la población), mal sistema público de salud, incremento de la criminalidad (los robos de celulares en Londres, por ejemplo, han crecido exponencialmente. Ver: https://www.theguardian.com/uk-news/2024/oct/09/they-rob-you-visibly-with-no-repercussions-the-unstoppable-rise-of-phone-theft)… y más.

Con tantos problemas, más propios de un país pobre, pareciera Inglaterra uno de los que despectivamente los países “ricos” llaman “bananero”.

Ni en México tenemos hospitales o escuelas tan peligrosos, de que el plafón pudiera caer sobre estudiantes o pacientes o, peor, que el edificio se colapse.

El periódico The Guardian publicó una serie de artículos en donde da cuenta de los mencionados problemas, que han llegado a niveles realmente increíbles.

El hospital Saint Helier, comenzó a funcionar en 1941 y era un “hermoso edificio modernista”, comenta Rachel Keenan, la periodista autora del artículo que habla sobre eso (ver: https://www.theguardian.com/uk-news/2024/dec/30/inside-st-helier-hospital-staff-patient-safety).

“Amplias ventanas, que fueron diseñadas para ventilar bien el sitio, están sostenidas actualmente con cinta masking, para evitar que caigan sobre el personal o los pacientes. Pisos de corredores se hunden y son cubiertos por lodo y los elevadores están fuera de servicio tan frecuentemente, que las ambulancias ya acostumbran a llevar a los enfermos por salidas laterales que dan al edificio principal del hospital o a la unidad de cuidados intensivos”.

Dice Keenan que el hospital Saint Helier está entre el tercio de esas instituciones que requieren “reparaciones mayores, con tal de prevenir fallas serias o catastróficas, interrupción masiva de servicios, daños serios, además de demandas”.

Una foto muestra plafones faltantes, junto a la sala en donde se obtienen las resonancias magnéticas. En otra, se observa una lona amarrada a tuberías elevadas para retener el agua de las goteras que se dan casi todo el tiempo, junto a la sala en donde se hacen resonancias mediante medicina nuclear (la que es a base de radioisótopos). Esa escena, la he visto en algunas estaciones del Metro de la ciudad de México, ¡pero en ningún hospital!

Sí, en hospitales públicos como los del IMSS o ISSSTE, es crónica la falta de atención adecuada, la falta de medicinas o hasta baños sucios, pero no se ve tanto descuido en sus instalaciones. Ni siquiera en hospitales de provincia he visto instalaciones en tan mal estado (una ocasión, estuve en el Hospital General de Cuautla, por ejemplo, y no estaba tan descuidado).

El mismo NHS (Servicio Nacional de Salud, por sus siglas en inglés, ), afirma que “edificios hospitalarios se encuentran en un estado tan lamentable, que están en riesgo de incendiarse, inundarse o presentar fallas eléctricas, presentó un documento interno del NHS, en donde sus directivos afirman que las condiciones son ‘bastante peligrosas’”.

Matthew Taylor, jefe de la Confederación del NHS ha dicho que partes de la infraestructura de salud están en tan malas condiciones que “algunos pacientes son tratados en instalaciones inseguras y hasta peligrosas y eso se debe a décadas de insuficientes presupuestos, mucho menos que en países comparables”, como señalan Denis Campbell y Michael Goodier en su artículo “Los deteriorados hospitales ingleses son ‘muy peligrosos’, señalan directivos del NHS”   (ver: https://www.theguardian.com/uk-news/2024/dec/30/england-rundown-hospitals-are-outright-dangerous-say-nhs-chiefs).

Otro hospital que se encuentra también en condiciones deplorables es el Stepping Hill, en Stockport, “que está tan mal, que 13 de sus salas e instalaciones representan un peligro serio o están por colapsar. Incluyen la sala de patología, la morgue, la unidad de cancerología, la clínica de pecho, el centro de datos y la subestación eléctrica. Una sala de cuidado intensivo está por desplomarse debido a goteras del cuarto que se encuentra encima”.

Y entre otras anomalías, “no cuenta con material que pueda detener los incendios o aislarlos, con tal de que no se propaguen tan rápido”, señalan los reporteros.

“Los tanques de agua fría son tan viejos que pueden producir legionella, la bacteria que provoca el mal de los legionarios, lo que podría afectar al personal y a pacientes”.

El hospital Croydon también tiene problemas, pues concesionó a firmas privadas la preparación de la quimioterapia para pacientes con cáncer, pues cerró su unidad de asepsia “en donde son preparadas dichas drogas”.

Otros hospitales, administrados por la fundación Barts Health, “no poseen suficientes congeladores para cadáveres, con tal de prevenir su descomposición, además de que goteras pueden significar la pérdida de servicios de patología y seguridad para el personal”.

En efecto, sólo imaginen a un hospital lleno de goteras. Además de insalubres, representan un peligro, por el peligro de que la gente pueda resbalarse, por ejemplo. Y que no cuente con refrigeradores suficientes para los cadáveres, es vergonzoso, pues se descompondrán y despedirán hedores y hasta infecciones.

Y como las reparaciones no se han efectuado a tiempo, actualmente se requieren unos £13,800 millones de libras, “además de que se necesitarán £6,400 millones adicionales entre el 2025 y el 2028 para remediar lo que haga falta”.

Pero como señalé, los corruptos políticos, como el nefasto Boris Johnson (1964), que hasta una fiesta organizó en plena pandemia en la casa en la que viven los primeros ministros, nunca se redujeron sueldos, ni dejaron de recibirlos. Y ésa, es una constante en todo el mundo, que los “gobernados” pueden estarse muriendo de hambre, pero la mafia en el poder goza de las mieles de sus privilegios.

El otro grave problema son las escuelas públicas, muchas de las cuales fueron construidas después de 1945, a raíz de la reconstrucción que siguió al final de la Segunda Guerra Mundial. En un artículo escrito por Michael Goodier y Kiran Stacey, se comenta que “más de 1.5 millones de niños están estudiando en edificios dilapidados, debido a años de gasto público insuficiente y austeridad, que ha dejado a la infraestructura escolar en un lamentable estado” (ver: https://www.theguardian.com/uk-news/2024/dec/27/revealed-children-in-england-studying-in-unfit-school-buildings-crumbling-infrastructure).

En el mismo estudio, se halló que uno de cada seis niños “están estudiando en escuelas que requieren mucho trabajo de reconstrucción o están en lamentable estado. Casi la mitad de esos estudiantes de escuelas básicas, están en planteles que el gobierno o la institución reguladora ha clasificado como inseguros o muy viejos y que requieren una remodelación mayor”.

El problema es más grave con las escuelas que fueron construidas con concreto aligerado (RAAC, por sus siglas en inglés),  entre los años 1950’s y 1990’s, con tal de “ahorrar” en costos. Se fabricaban bloques de ese material, con una máquina llamada autoclave, (que, a diferencia del concreto normal, que se hunde en el agua, esos bloques flotan), el cual, con el tiempo, comienza a desmoronarse. Y no son tantos años durante los que se mantienen esos bloques estables, sino que en pocos, comienzan su degradación. En algunos casos, paredes o techos estuvieron a punto de caer sobre estudiantes. También muchos edificios públicos se hicieron con el RAAC y están presentando graves y peligrosas fallas (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/04/las-deplorables-condiciones-de-la.html).

Supuestamente, los electos laboristas están tratando de remediar el problema, pero, señalan los reporteros, “se va a requerir mucho dinero, además de que muchas escuelas cerrarán, mientras son reconstruidas. Los estudiantes que asistían a ellas, no tendrán el mismo rendimiento, pues no serán reubicados en instalaciones adecuadas y estarán por debajo del rendimiento promedio de los que sigan asistiendo a sus actuales escuelas”.

Un caso emblemático expuesto es el de la escuela católica localizada en Cumbria, llamada “Sagrado Corazón”, que presentó condiciones tan peligrosas, que tuvo que dejarse de utilizar, como comenta el artículo de Josh Halliday, titulado “’Nuestra escuela no ha tenido cede por dos años’: una escuela de Cumbria que se deshizo, expone el costo” (ver: https://www.theguardian.com/education/2024/dec/27/two-years-after-evacuation-rotting-cumbria-school-sacred-heart-catholic-school--barrow-in-furness).

“El 16 de enero del 2023, una inspección de rutina halló que el piso de la escuela de 95 años de edad, estaba podrido y podría colapsarse en cualquier momento. Los niños pudieron haber caído en el sótano, infestado de ratas, que estaba abajo. La maestra Simone Beach, la directora de la escuela, dice que el inspector exclamó ‘Sálganse ya, su vida corre peligro’. Y desde entonces, deben de tomar clases los estudiantes en improvisadas instalaciones, no aptas para la enseñanza, sin aulas adecuadas; no puede la maestra enseñar pintura, pues no hay un lavabo para enjuagar pinceles o lavarse las manos. Además, se emplean dos transportes que van retacados de estudiantes, para llevarlos a diario a la escuela Saint Bernard, también católica, en donde tienen un espacio temporal”, señala Halliday.

Igualmente, los baños son de los portátiles y la escuela ha debido de pagarlos con su reducido presupuesto. Y como están afuera de las instalaciones, deben de ir en grupo los estudiantes, junto con la profesora, para estar al pendiente del que requiera usar el sanitario.

 “Quizá regresemos a  nuestro plantel hasta el 2029, siete años después de que nos forzaron a desalojar el antiguo edificio”, dice la maestra Beach.

Lo peor es que el Departamento de Educación no quería pagar por los gastos extras, como el transporte o los baños, “pero lo hizo, en vista de que The Guardian estaba por publicar el presente artículo”, señala Halliday, Claro, sólo así hacen caso.

Como señalé arriba, una reciente encuesta halló que los estudiantes no tienen el mismo aprovechamiento, “se darán cuenta más adelante, que esta etapa de sus vidas estará casi perdida”.

Dice Halliday que visitó la escuela en noviembre y es fría, “los estudiantes deben de repegarse unos a otros cuando van a utilizar el baño, con tal de soportar las bajas temperaturas”.

Nada más piensen que en esas condiciones, en efecto, será tiempo perdido, pues no pueden aprovechar la enseñanza si sus “salones” están fríos en invierno o muy calientes en verano. Ni área de juego tienen, pues en invierno hace mucho viento y está expuesta.

Lo absurdo y hasta irónico, es que la desalojada escuela, está frente a las instalaciones de la empresa BAE Systems que fabrica costosos submarinos nucleares de cientos de millones de libras cada uno. “No es posible que no haya dinero para reconstruir nuestra escuela, pero, sí, para fabricar costosos submarinos. Seguramente si nuestra escuela estuviera en un barrio rico, esto no sucedería. Pero como estamos en una zona muy conflictiva, llena de desempleados y pobrezas, nos han abandonado”, declara la maestra Beach, molesta.

Claro, pues esos submarinos nucleares serán vendidos a Australia, para su programa AUKUS, porque, en pleno siglo 21, poseer poderosas armas es la prioridad (ver: https://www.reuters.com/business/aerospace-defense/australia-invest-billions-dollars-nuclear-submarine-shipyard-2024-10-16/).

Pero como construir y vender armas es un gran negocio, la pobre escuela Sagrado Corazón tendrá que esperar a que la reconstruyan, si realmente eso se hace.

En cuanto a las salas de juzgados, sólo “uno por ciento se considera que están en buenas condiciones”. Una tabla contenida en el artículo de Michael Goodier en el que expone dicha situación, muestra que, por ejemplo, en el sureste del país, 65.1 por ciento de las salas de juzgados están en pobres condiciones. Incluso en Londres, 11.1 por ciento de los juzgados están en la misma situación. Irónicamente, esa situación llevó a que 202 juicios “tuvieron que recalendarizarse debido a fallas en los equipos y en las salas, entre el 2020 y el 2023, comparado con sólo 90 interrupciones que se dieron antes de la pandemia” (ver: https://www.theguardian.com/society/2024/dec/27/schools-hospitals-prisons-england-public-buildings-disrepair).

¡Vaya, suspender juicios porque las salas estén en mal estado! Ni aquí se ve eso, como señalé antes. Repito, con tantos problemas, dista mucho ya Inglaterra de ser considerada un país “rico”.

Por último, también las prisiones, la mayoría, se encuentran en malas condiciones. “Los prisioneros deben de soportar instalaciones peligrosas, infectas, falta de baños y hacinadas celdas. A falta de sanitarios en las celdas, deben de hacer sus necesidades en cubetas y tirar el contenido en sitios destinados para esa no agradable tarea”.

Y por falta de suficiente personal, se han dado escapes de prisioneros que han logrado subirse a vehículos que surten a las cárceles de cosas, como viandas u otros materiales (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/09/las-infectas-violentas-saturadas.html).

Así que eso sucede en Inglaterra.

A lo anterior, agregaría el problema de las viviendas, sobre todo las rentadas, carísimas, además de ser unas verdaderas pocilgas. Y en las que viven los sectores más pobres de la población, han subido más las rentas, que en las destinadas a los más pudientes (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/09/en-inglaterra-las-rentas-para-pobres.html).

Como, de todos modos, están muy caras las rentas, los milenials está regresando a vivir con sus padres, luego de años de que habían dejado el hogar en donde crecieron, pues sus bajos salarios ya no les permiten vivir independientemente (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/09/los-milenials-ingleses-estan-regresando.html  

¡Ah, pero la parásita familia real no sufre nada de esos inconvenientes! No pagan impuestos, tienen sus salarios seguros, además de otras entradas por rentas de inmuebles y negocios, que no deben de declarar (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/04/la-parasita-corrupta-casa-real-inglesa.html).

Un brutal y obsceno contraste.

Así que ese proceso de pauperización y precarización, está sucediendo en Inglaterra, en donde, como en el resto del mundo, la híper concentración de la riqueza, provocada por el capitalismo salvaje, intocable, es parte del problema.

Pero como hemos visto, prefiere la mafia en el poder construir costosísimos submarinos nucleares, a rescatar escuelas, hospitales, juzgados o prisiones.

Eso, no deja dinero.

 

Contacto: studillac@hotmail.com     

   

 

 

 

    

domingo, 5 de enero de 2025

Las mujeres de Gaza deben de soportar condiciones de insalubridad y falta de privacidad

 

Las mujeres de Gaza deben de soportar condiciones de insalubridad y falta de privacidad

Por Adán Salgado Andrade

 

Un espejo roto, lo que queda de uno de mano, es el que emplea Alaa Hamami, mujer gazatí, para arreglarse un poco. Los pocos cosméticos que todavía conserva, han logrado durar el asedio de los genocidas judíos.

Se ve hermosa, a pesar de la adversidad. Tiene tres hijos, entre ellos, una niña de diez años, Basant, y un bebé de ocho meses, que nació durante los constantes e intensos ataques, con los que vive en una hacinada “tienda de campaña”, cuya frágil estructura ha sido reforzada con mantas y cobijas, con tal de resistir las bajas temperaturas que se dan en el campo de refugiados Deir al-Balah por estos días. Otros trece familiares también “viven” allí, si a eso se le llama vida, tratando de conseguir comida y agua todos los días, de las que donan organizaciones humanitarias, además de rezar para que una bomba no los despedace a todos.

Aun así, Alaa trata de arreglarse lo mejor posible. “No quiero caer más bajo. Si de por sí, estamos pasando por condiciones terribles. Casi no podemos bañarnos, pues el agua se usa para lo indispensable. Muchas de mis vecinas, llevan 40 días con la misma ropa, imagínese a lo que olemos. No tenemos toallas sanitarias y si podemos conseguir, están ¡carísimas! Un paquete cuesta 45 shekels (la moneda palestina, lo que equivale a unos doce dólares, más de $240 pesos. Absurdo) y muchas veces, cuando mucho, tenemos cinco, entre todos los que vivimos aquí. Por eso, usamos ropa vieja o píldoras anticonceptivas, si las tenemos, para retrasar nuestra menstruación. Y el baño es un agujero cavado en el suelo, rodeado de sábanas, para no ser vistos. De verdad, estamos muy mal, no puede imaginarse a qué grado de indignidad hemos llegado”, exclama a las reporteras Wafaa Shurafa y Julia Frankel, las que hicieron un reportaje sobre las condiciones que mujeres de todas las edades están sufriendo, titulado “En los hacinados campos de refugiados de Gaza, las mujeres deben de esforzarse en seguir viviendo, en medio de una existencia en donde no existe la privacidad, ni la dignidad” (ver: https://apnews.com/article/gaza-women-privacy-displacement-israel-war-ede380202c4464af34bfe3892f28ae9a).

Ni imaginar la higiene que una mujer requiere cuando está menstruando, teniendo que enfrentar la falta de agua, de toallas sanitarias o tampones o que deban de evacuar en “baños” cavados en la tierra. La insalubridad debe de ser algo ya cotidiano. “Las enfermedades de la piel, por la falta de aseo, se están volviendo algo muy común”, comentan las reporteras.

Pero, como dije, Alaa y probablemente otras, tratan de arreglarse lo mejor posible. En mi caso, si uso un pantalón, una playera o una camisa más de tres días o estoy sin bañarme dos días, ya me siento sucio. Y eso que soy hombre.

 ¡Así que imaginen, cuarenta días sin bañarse y usando la misma ropa una gazatí! Y esa insalubridad empeora en las mujeres por el ciclo menstrual. Sí, como señala Alaa, los malos olores, hedores, en el caso de los “baños”, ya son una constante. Quizá hasta se hayan acostumbrado, si se puede decir. “Pero no nos acostumbramos a los bombazos, a las balas, y que en cualquier momento, podemos morir”, dice, cabizbaja.

“Debo de hacer muchas cosas, atender a mi bebé, a mis hijos, lavar la ropa, cuando logro conseguir agua (hace largas filas para obtener unas dos o tres cubetas), cocinar… tengo muy poco tiempo para arreglarme”.

A ese minimalismo existencial han reducido los genocidas judíos a los gazatíes, a los que llaman “animales”, que no tienen derecho a nada, ni a comida, ni a agua, ni a ayuda humanitaria. Sus ataques han dejado ya más de 45,000 personas asesinadas, la mayoría mujeres, niños y personas mayores.

Han acabado con prometedores futuros de todos los sometidos. Los están reduciendo a una condición de indignidad, de humillación, y de que muchos sólo desean morir por un bombazo.

Y todo indica que los genocidas tienen como plan la limpieza étnica de Gaza o de una parte. La reconstrucción, si hubieran recursos para hacerla y voluntad de todos los esbirros de Israel, como Estados Unidos, tardaría ochenta años, cuatro generaciones. Vivir en las condiciones actuales no sería posible durante ocho décadas. La mayoría de gazatíes abandonarían los restos de su país. Se daría una diáspora hacia las naciones que quisieran albergarlos, no muchas, estoy seguro (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/11/se-confirma-el-plan-de-los-genocidas-de.html).

Otras fotos del artículo muestran las filas que deben de hacer las mujeres, las encargadas de las labores domésticas (señalan las reporteras que los palestinos son muy conservadores), cuyas miradas son tristes, con rostros que no reflejan convicción alguna y que sólo se mantienen vivas por inercia.

La ropa que usa Alaa, a falta de otras prendas, es su túnica de rezos, la que normalmente, sólo empleaba para hacer sus oraciones. “Hasta dormida la empleo, pues como estamos todos mezclados en la tienda, hombres con mujeres, no tenemos privacidad, ni para cambiarnos. No tenemos nada, pues ya nos han desplazado ¡cuatro veces! Y como salimos de prisa, he ido dejando cosas”.

En otra foto, algunas mujeres que hacen fila para recibir alimentos, tapan sus rostros, seguro por la vergüenza que deben de sentir de haber llegado a ese nivel. “Somos muy orgullosas muchas, por eso no queremos que nos tomen fotos así”, dice Alaa, de las que se cubren.

También debe de buscar algo de leña para preparar sus alimentos, pues no hay estufas, ni gas, ni nada. “Mire, uso esta olla para cocinar”, dice, mientras prepara unos tallarines, la comida de ese día.

En otra foto, muestra una rota playera, y así, en esa lamentable condición está el resto de su ropa y la de sus hijos. “Por eso uso la túnica, porque todavía no se me ha roto todavía, aunque ya esté manchada por las cenizas de las fogatas y huela cada vez más a humo”.

Otra imagen, la muestra barriendo la entrada de su tienda. Los trastes están a un lado y las cubetas para el agua, en el otro. Sobre uno de los lazos que sostiene a la tienda, tiene colgada algo de ropa. De verdad que es muy desconsoladora y deprimente la escena.

Otra entrevistada es Wafaa Nasrallah, madre de dos hijos. “Lo que antes era tan simple, como ir al baño, bañarnos, se nos hace cada vez más difícil. Y ni comer bien podemos. Muchas veces, sólo comemos una vez al día y nos hemos quedado uno o dos días sin comer”, comenta, resignada.

El problema adicional a los bombazos y balazos diarios es que los genocidas han dificultado el paso de los camiones con ayuda humanitaria. “Muchos productos higiénicos han expirado, debido a que nunca pudieron ser trasladados”, comentan las reporteras.

En efecto, varios civiles judíos se han acostado frente a convoyes de ayuda o han destruido alimentos, diciendo que “esos animales, no merecen ninguna ayuda”. A ese nivel de mezquindad han llegado esos asesinos (ver: https://www.reuters.com/world/middle-east/israeli-protesters-block-aid-convoy-headed-gaza-2024-05-13/).

Doaa Hellis, con tres hijos, dice cómo deben de romper ropa vieja para usarla como toallas sanitarias. “Sí, cada que encontramos una playera o un pantalón tirados, los recogemos para trozarlos y usarlos como toallas”, dice, con algo de pena.

En otra foto, Fathia Abu Mansour, de 51 años, aparece lavando trastes, con la poca agua que es posible destinar para ese fin. “Uso poca agua y no la tiro. La usamos para otras cosas. Es difícil, pues antes bastaba con abrir la llave y ya. Pero, ahora, nos hemos tenido que adaptar. Pero no sé hasta cuándo, de verdad”, dice, triste.

Alaa exclama que “¡no hace mucho, ni dos años, teníamos una vida normal. Yo trabajaba, tenía mi hogar. Iba con mi esposo (ya fallecido) a bodas, a parques, a tiendas para comprar todo lo que necesitábamos. Las mujeres, nos arreglábamos, nos gustaba estar bonitas. Ahora, todo está destruido! No tenemos esperanza”.

Y esa vida tan indigna, seguirá hasta que, quizá un bombazo caiga sobre su tienda y los mate a todos.

Pero para muchos, un trágico final así, será mejor.

 

Contacto: studillac@hotmail.com