miércoles, 14 de julio de 2021

La ambición lo llevó a asesinar a su abuelo y a su madre

 

La ambición lo llevó a asesinar a su abuelo y a su madre

Por Adán salgado Andrade

 

La desmedida ambición humana, lleva a muchos a robar, secuestrar o, peor, a asesinar, incluso, a sus familiares. ¿Cuántas veces hemos escuchado que gente secuestrada y asesinada, lo fue por amigos o familiares cercanos?

Eso es porque, dentro de la sociedad machista en la que vivimos, impuesta por el nefasto capitalismo salvaje, prevalece el falso valor de que para ser alguien “importante”, basta con que tenga mucho dinero, no importando si es narcotraficante, narcopolítico, narcopolicía o lo que fuera. Eso lleva a infinidad de personas a buscar ese estatus, a como dé lugar. Personas como el defraudador Jordan Belfort (Estados Unidos, 1962), hicieron su inicial fortuna esquilmando a incautos inversionistas, quienes creían que se harían ricos con sus embaucadores esquemas “financieros”. Al final, cuando se supo la verdad, Belfort tuvo que regresar todo el dinero defraudado. De todos modos, en la actualidad, es visto como un “héroe”, tanto así, que mereció que Martin Scorsese adaptara sus memorias en un filme titulado The Wolf of Wall Street (2013), estelarizado por Leonardo DiCaprio, en donde se glamuriza la vida de ese truhan.

Así que esa “inventiva”, para hacerse alguna persona rica y famosa, no tiene límites. Es lo que reseña el artículo de Wired, titulado “Un hijo es rescatado en el mar. ¿Pero qué le sucedió a su madre?”, firmado por Evan Lubofsky, quien agrega que “Nathan Carman se fue a pescar con su madre. Una semana más tarde, él fue hallado en una balsa inflable – solo. ¿Accidente trágico o asesinato? Unos sensores oceánicos, pueden apuntar a la verdad” (ver: https://www.wired.com/story/a-son-is-rescued-at-sea-but-what-happened-to-his-mother/).

El artículo refiere algo de la vida de Nathan Carman, un muy mimado chico, nieto de un millonario, John Chakalos, quien, cuando Nathan tenía 17 años, le regaló un Nissan Titan y un celular, para que se moviera a donde quisiera y hablara con quien se le diera su gana. Además, le rentó un departamento, para que no tuviera que “soportar” a su madre, la señora Linda Carman, quien se divorció del padre de Nathan, Clark, cuando ese hijo único de ambos, tenía diez años.

Chakalos, padre de Linda, era desarrollador de bienes raíces y tenía una fortuna de unos 40 millones de dólares. Esa fortuna, fue suficiente tentación para Nathan, quien era afectado por el síndrome de Asperger, pero, también, por la ambición y la mezquindad. Precisamente, cuando su abuelo le regaló el Nissan, el celular y le rentó el departamento, también se le ocurrió a ese abuelo tan cariñoso con su nieto, adquirir un rifle de $2,100 dólares, un Sig Sauer, “de 90 centímetros de largo y cuatro kilogramos de peso, hecho para duros ambientes tácticos. En la mañana del 19 de diciembre del 2013, Nathan y su abuelo, cenaron en un restaurante griego y regresaron a la casa de Chakalos, en Connecticut. A eso de las 8:30 PM, mientras Nathan se preparaba para irse, Chakalos puso una llamada en espera, para despedirlo. Horas más tarde, en medio de la noche, a Chakalos le dispararon tres veces en la cabeza. Fue hallado muerto el siguiente día, sobre su cama. Y una de las balas, una calibre .30, correspondía a la del rifle Sig Sauer. Aunque hay muchas armas que empelan esas balas, eso hizo de Nathan un primer sospechoso”, señala Lubofsky.

Lo que sorprendió a los investigadores, fue que el asesino hubiera recogido los casquillos. Fue la autopsia, la que reveló el calibre de las balas. Así que el asesino, había tratado de ser “cuidadoso”, aunque no tanto.

Las tías de Nathan, hermanas de Linda, piensan que él es el asesino de Chakalos, aunque Clark, su padre, lo niega. “Mi hijo, amaba a su abuelo, no hay forma de pensar que él haya sido el asesino”, declara.

También los investigadores averiguaron que era con una misteriosa mujer, conocida como “Meretriz Y”, con la que Chakalos hablaba, cuando despidió a su nieto y que esa mujer “sabía que Chakalos siempre tenía mucho efectivo en su casa”.

Eso es lo que ha afirmado el abogado de Nathan, David Anderson, alagando que su cliente es totalmente inocente de ese asesinato.

Mientras los investigadores averiguaban más sobre el asesinato de Chakalos, la familia se enteró de más aspectos sobre la herencia que había dejado el fallecido abuelo. Y supieron que la mayor parte de la fortuna era para Linda y sólo un poco, para el ambicioso de Nathan.

De todos modos, Nathan, viéndose libre de toda culpa por lo del asesinato del abuelo, se puso a gastar, quizá pensando en un plan alternativo para hacerse de la fortuna de aquél. En octubre del 2014, pagó $70,000 dólares por una vieja casa de campo de tres pisos y 576 metros cuadrados en Vermont. Y también se compró un bote, el Chicken Pox, por otros $48,000 dólares. Como veremos, esta embarcación, era parte de un plan más alevoso para deshacerse del otro estorbo que quedaba, su madre, para quedarse como heredero directo de Chakalos.

No tenía mucha experiencia para navegar ese bote, el que dejaba en el muelle de Point Marina, en Rhode Island, a 241 kilómetros de la casa de Vermont. Estuvo modificándolo, haciéndole cosas que le restarían seguridad. Dice Nathan que “yo no sabía que eso afectaría su flotación”, pero hasta un neófito, señalan sus acusadores, sabría que eso iba contra las normas de seguridad de una embarcación.

Por ejemplo, le retiró unos alerones laterales, que sirven para compensar a una embarcación, cuando va muy cargada de uno de sus lados (ver: https://www.youtube.com/watch?v=oLPWdyByy9g).

Al quitarlos, dejó agujeros que estaban muy cerca de la línea de flotación, lo que la comprometería.

También le quitó dos paneles del casco para “aligerarlo”, pero eso, debilitó la firmeza estructural del yate, además de que esos paneles eran para evitar que el agua que se metiera, se corriera al resto de la embarcación. No estaba a gusto con su compra, como asegura Lisa Healey, reparadora de botes de la empresa Ram Point Marina. Y quizá como siempre estaba manipulándolo, le falló el motor de tantas cosas, que hasta se le quemó. Como tenía garantía, se lo cambiaron por uno nuevo.

De todos modos, nunca estuvo Nathan a gusto.

Aun así, en septiembre del 2016, se embarcó, muy feliz, con su madre, Linda, a un viaje “para pescar”.

El destino original era adentrarse 19 kilómetros, a lo mucho, pero, en cierto momento, Nathan dice que cambiaron su destino a Block Canyon, un punto de pesca, distante unos 144 kilómetros del muelle.

De allí, de acuerdo con el “testimonio” de Nathan, el agua comenzó a meterse por los agujeros que habían quedado de los alerones que aquél removió. “No dio aviso de alarma por los dos radios con los que contaba la embarcación, ni indicó cuál era su posición vía satelital, lo que pudo poner en aviso a los equipos de rescate. Y tampoco puso en aviso a su madre, porque quizá estaba en shock. Pero sí pudo tirar al agua una balsa autoinflable, recoger bastantes provisiones del bote, saltar sobre la balsa y gritarle a su madre”, escribe Lubofsky.

Eso declaró en el juicio, luego de que “milagrosamente fue rescatado por equipos de salvamento”, tras varios días, según él, de andar a la deriva, en altamar, en su vulnerable balsa plástica, con “provisiones suficientes para un mes, recogidas rápidamente de un barco que se hundía, según Nathan, en segundos”.

Hasta la fecha, no han encontrado al Chicken Pox, ni a su madre, por supuesto.

Hasta la póliza que Nathan ha pretendido cobrar, por $85,000 dólares, de la aseguradora llamada BoatUS, perteneciente al corporativo estadounidense Berkshire Hathaway, dice que “no pagaremos. Y nos encargaremos de que hasta una corte diga que no tenemos porqué pagar ese fraude”.

“Su piel, no corresponde con lo que declara, de haber estado varios días en altamar, expuesto al sol y a la salinidad del mar”, declaró N. Stuart Harris, médico de emergencias que atendió a Nathan, cuando fue rescatado.

Y Richard Limeburner, experto en cómo objetos flotantes son influenciados por el viento y las olas, cuando están en altamar, niega totalmente que la ruta que, supuestamente, fue seguida por Nathan, sea verdadera.

Limeburner, un físico oceanográfico retirado, empleó, como referencia, las coordenadas del sitio en donde el Orient Lucky, la embarcación de rescate, halló a Nathan, a bordo de su balsa. Y valiéndose de una bolla equipada con instrumentos de medición muy variados, que se hallaba justamente en la ruta por la cual debió de haber pasado la balsa de Nathan, ha demostrado que es mentira y que ese malvado, nunca navegó por allí.

Muchos especulan que quizá ni haya zarpado el Chicken Pox y esté escondido en algún muelle.

Todo parece indicar que ha sido un burdo plan, muy mal elaborado, del mezquino Nathan para suprimir a su madre, y quedarse con toda o la mayor parte de la fortuna de su abuelo.

Por desgracia, nada ha podido probarse, pues, dice Lubofsky, el juicio sigue. “Nadie de su familia, me quiso proporcionar datos para el artículo, mucho menos Nathan, ni su abogado. Sólo sus tías dijeron que han establecido una línea en el (800) 245-7791, denominada ‘Justicia para John y Linda’, el abuelo y madre de Nathan”.

Es claro que si ese tipo, actualmente de 27 años, nada debiera, le habría dado información convincente a Lubofsky, con tal de sostener su inocencia.

“Hay muchas cosas por averiguar, de acuerdo con los investigadores, quienes ponen en duda todo lo que Nathan ha declarado en su favor, pero es claro que en la inmensidad del océano, cualquier secreto quedará allí, cubierto para siempre”.

La “justicia” es muy caprichosa. Pudiera ser que los abogados “defensores” vean mucho dinero en juego y hagan todo lo posible por “declararlo inocente”, hasta que quizá, algún día, sea hallado el cadáver de Linda Carman, enterrado en una fosa clandestina y al Chicken Pox, vendido por piezas, en algún muelle lejano.

Todo por la materialista, egoísta mezquindad humana.

 

Contacto: studillac@hotmail.com

  

 

lunes, 12 de julio de 2021

Los robots siguen siendo muy rudimentarios y torpes

 

Los robots siguen siendo muy rudimentarios y torpes

Por Adán Salgado Andrade

 

Recientemente, una investigadora de Microsoft, Kate Crawford, escribió un libro, sobre que la así llamada Inteligencia Artificial, no es ni inteligencia, ni artificial, pues, por ejemplo, los sistemas de reconocimiento facial, sólo son “entrenados” para reconocer rostros, pero, de ninguna manera piensan. Eso significa que esas máquinas, no son capaces, por sí mismas, de reconocer un rostro, como una mujer o un hombre, podemos hacer y por eso, se “equivocan” tanto. La facultad de pensar, dista mucho de lo que un software entrenado hace. No es posible todavía, a pesar de los tan cacareados “avances” de la IA, que una computadora piense por sí misma (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/04/investigadora-afirma-que-la.html).

Por ello, durante la pandemia, ha seguido siendo el trabajo humano, esencial para muchas empresas, tales como la explotadora Amazon, la que no pudo prescindir de trabajadores, a pesar de estar tan “robotizada” en áreas como sus bodegas. Y como es tan nefasta, con tal de ahorrar costos en sistemas de protección, provocó que muchos de tales trabajadores enfermaran y murieran, al contagiarse con el covid-19 (http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/04/negligencia-de-amazon-con-sus.html).

Quizá en lo que, por desgracia, tienen más “avances” los robots “inteligentes” sea en su aplicación para el desarrollo de armas, para que se conviertan en mortíferas armas de destrucción masiva (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2015/08/inteligencia-artificial-otra.html).

Pero en las tareas diarias, en que pudieran comportarse y actuar como un ser humano, autónomamente, como en tantas cintas de ciencia-ficción, como en Blade Runner (1982), con los replicantes, es algo tan lejano e irreal, que muy probablemente nunca sea posible. Un artículo de Wired, titulado “Peanut, el robot mesero, es prueba de que su empleo está seguro”, firmado por Matt Simon, es una buena reflexión de lo rudimentarios y torpes que todavía son los robots. Dice que “ puesto que los restaurantes están batallando para contratar a gente, uno de carnes asadas, empleó una máquina. Eso le confirmó que los humanos son indispensables” (ver: https://www.wired.com/story/peanut-the-waiter-robot-is-proof-that-your-job-is-safe/).  

El artículo abre con una foto del extraño robot servidor, que parece un archivero sobre ruedas, con cuatro charolas en las que se colocan los alimentos, las que conducirá hasta la mesa correspondiente. En verdad, deja mucho qué desear. “En Island Grill, ya que la pandemia ha cedido, no hay suficientes solicitantes de empleos, para que puedan servir cocteles de camarones o quesadillas a las familias que se reúnan para comer. Por eso, Allison Yoa, dueña del restaurante, alquiló a Peanut, el robot, una máquina autónoma que va de la cocina a las mesas, sirviendo comida y recogiendo los platos sucios. Tienen cuatro bandejas y una pantalla infrarroja, que emite un láser, el que lee marcas que se colocan en el techo. Y si no puede moverse, solo emite un ‘Usted disculpe’ y se detiene, Yoa explica, riendo”.

Dice Simon que la gente todavía está temerosa de regresar a lugares confinados y que un restaurante de McDonald’s, hasta “ofrece iPhones a empleados que aguanten seis meses, de tan necesitado que está de empleados”.

Recalca lo que comento antes, que durante la pandemia, muchos empleos, tuvieron que suspenderse, pues, al ser muy altos los riesgos de contagio, era hasta ilegal que la gente siguiera trabajando, “sin embargo, no estuvieron allí los robots, para sustituir a tanto necesario empleo”.

Por ello, robots como Peanuts, sólo son una herramienta “para incrementar la eficiencia humana, como si usted empleara una laptop”, señala Phil Zheng, citado por Simon, jefe de operaciones de Richtech Robotics, la que fábrica a Peanuts.

“Peanuts es parte de una vanguardia de máquinas que están trabajando más cerca con las personas, asumiendo partes de sus empleos. Peanuts sólo transporta platillos. Los empleados siguen haciendo lo demás, son esenciales. ‘Ese robot, no puede tomar su orden en la mesa, ni puede platicar con usted. Sólo es un recurso extra’, explica Yoa”.

Como dije, no hay todavía un robot que fuera mesero o mesera y que asumiera plenamente las funciones de una persona. Y para que eso fuera posible, tendría que pensar por sí mismo. Eso implicaría que caminara, hablara, escribiera, para tomar la orden, fuera a la cocina, preparara la charola con los alimentos, hiciera la cuenta, cobrara… ¡definitivamente, algo todavía relegado a la ciencia-ficción!

Y eso sucedería con todos los empleos. Realmente no hay sustitutos para los seres humanos. Incluso, en empresas muy robotizadas, como armadoras de autos, los obreros son esenciales, sobre todo cuando tales robots se “equivocan”, como el que mató a un ingeniero que lo estaba instalando en una fábrica de autos de VW. El robot, lo confundió con una pieza, lo apretó entre sus pinzas y lo mató (ver: http://www.jornada.unam.mx/2015/07/02/economia/022n4eco).

“Los robots, no son cooperativos, no son colaborativos, sólo obedecen órdenes, señala Julie Carpenter, investigadora de la Universidad Politécnica de California, citada por Simon. “Por ello, tareas muy complejas, no podrían ser ejecutadas por los robots, pues tendrían que actuar socializadamente. Y es la razón por la cual, el trabajo humano se debe de seguir valorando, no pensar, como algunos empresarios y científicos, que podría prescindirse de aquél. Nada más alejado de la realidad”, señala Simon.

De hecho, Peanuts, cuando haya más empleados, será, más bien, un estorbo. “Esperemos que cuando regresemos a la normalidad, tengamos empleados suficientes”, dice Yoa a Simon, a quien asegura que sólo lo están empleando temporalmente.

En tareas menos complejas, como, por ejemplo, caminar por la superficie de Marte, pueden emplearse robots, por razones obvias, pues ese medio ambiente, sería hostil para un ser humano. Claro que, como señalo arriba, es cuestión de entrenarlos, pues no piensan por sí mismos. Es lo que está haciendo la empresa ETH Zurich, de Suiza, y el Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar. Entre ambas instancias, han estado entrenando a un robot dotado de cuatro piernas, llamado SpaceBok, pues tendría más libertad de acción para explorar ese muerto planeta, caminando, que rodando. Lo están manipulando para que pueda caminar por laderas, hondonadas y otros difíciles terrenos, pero no es que vaya a pensar por sí mismo, sino que “aprenderá” a desplazarse por terrenos difíciles que, desde aquí, se le presentan (ver: https://www.wired.com/story/how-do-you-make-a-robot-walk-on-mars-its-a-steep-challenge/).

Reitero, por fortuna, los robots están todavía muy atrasados y rudimentarios. Nada como los temibles Terminators, producidos en serie, como máquinas asesinas, que extinguirían a la humanidad.

Cuando eso sucediera, entonces, sí, que Ometeotl, se apiade de la humanidad.

Entre tanto, eso seguirá siendo hollywoodesca ciencia-ficción.

 

 

Contacto: studillac@hotmail.com