jueves, 21 de julio de 2011

Otros "presuntos culpables"

Otros “presuntos culpables”

Por Adán Salgado Andrade

Desde este México tan injusto. Por estos días se ratificó al juez Héctor Palomares Medina, quien se hiciera infamemente famoso por su circunstancial “actuación” en el polémico documental “Presunto culpable”. En éste, Palomares condenó, de forma arbitraria, la suerte del joven Marco Antonio Zúñiga, acusado injustamente de asesinato, a pesar de una serie de “irregularidades” legales y corruptelas, basado sólo en un dudoso “testimonio” que, al final, no pudo sostenerse. De no haber sido por la acción de los abogados Layda Negrete y Roberto Hernández, quienes hasta de grabaciones se valieron (y de paso obtuvieron permisos para grabar las distintas audiencias a las que el juicio dio lugar), Zúñiga seguiría encarcelado. Todo ello fue en el año de 2005 y es lo que, resumidamente, se narra en el citado documental. Sin embargo, a pesar de la distancia de los hechos y de su exhibición, la realidad es que en este país de impunidad, de cotidiana injusticia, de autoritarismo legaloide, de selectiva represión y gradual militarización… lo que menos impera es que realmente se haga justicia en todos los casos que se analizan en los juzgados y ministerios públicos y que la mayoría de las veces, quienes vayan a dar a la cárcel sean personas que, como Zúñiga, sean inocentes y su única falta sea la pobreza en que se encuentran y que no tengan dinero para pagar los sobornos y los cohechos que muy fácilmente los librarían del asqueroso sistema legal y carcelario que nos caracteriza.

En similar situación, acusada también falsamente, como a Zúñiga, está el caso que igualmente por estos días le sucedió a la pasante de la UNAM Mariel Solís, inculpada de haber participado en el asesinato del catedrático de la misma institución Salvador Rodríguez Rodríguez. Mariel fue arrestada sólo porque se “parecía” a la mujer cómplice del verdadero asesino, el apodado “El sapo”. La apresaron el 8 de julio, pero por fortuna, tanto su familia, así como una inusual movilización de la sociedad civil (se emplearon redes sociales para ejercer presión ante las ineptas, corruptas autoridades judiciales), lograron demostrar su inocencia y el 14 de julio, seis días después, fue liberada y su personal pesadilla en el reclusorio femenil de Santa Marta Acatitla concluyó (dijo Mariel: “No digo que soy una santa, pero nunca cometería un crimen”).

Voy a referir algunos casos de personas que igualmente fueron condenadas a distintas penas carcelarias, a pesar de evidencias en su favor y simplemente basándose las “autoridades” que los llevaron a prisión en pruebas “circunstanciales” que nada demuestran. Quizá ustedes, amables lectores, recuerden otros casos, además de los que les expondré, en donde, sencillamente, la legalidad no vale… y si hay dinero para pagar “mordidas” a jueces o abogados “defensores”, entonces habrá libertad… y si no, una vida pudriéndose en un reclusorio o en una cárcel es lo que le espera al desafortunado “presunto culpable” que caiga en “manos de la justicia”.

Primer “presunto culpable”: Se trata de un hombre de unos treinta años, que llamaré Pedro, y era albañil. Él y su esposa habían intentado por muchos años tener hijos, hasta que lo lograron. Tuvieron una hija, que aunque nació con labio leporino, trajo la alegría que durante tanto tiempo habían estado anhelando. Con sus limitados recursos, buscaron atención médica para corregir su malformación física. Tan felices estaban que cuando llega el primer año de vida de la pequeña, a pesar de las limitaciones presupuestarias, deciden celebrarle su cumpleaños.

Acuden Pedro y su mujer a comprar al popular mercado de la Merced cosas para la fiesta, con tal de conseguir todo un poco más barato, sobre todo porque pensaba la señora cocinar arroz y el tradicional mole con pollo. En cierto momento, se paran frente a un puesto en donde venden “recuerdos”, mismos que deciden comprar para regalarles a los invitados, con tal de dejar constancia de tan importante evento.

A cierta distancia de donde están comprando, un ratero le arrebata de la mano el monedero a una mujer. Echa a correr, pero como la agraviada comienza a perseguirlo y a gritarle “¡Agárrenlo, es un ratero, me robó mi monedero!”, el delincuente (éste, sí, real), emprende desaforada huída, dirigiéndose a donde Pedro y su esposa están comprando “recuerdos”. En un acto vil, inescrupuloso, el ratero, con tal de no incriminarse, arroja el monedero en la bolsa de mandado de Pedro, sin que éste lo perciba Cándidamente Pedro espera a que su mujer termine de comprar. Cuando unos momentos más tarde la mujer robada, muy agitada por la carrera, pasa frente a donde está Pedro, se da cuenta de que el monedero está dentro de la bolsa de aquél y grita “¡Ese es mi monedero, señor, usted me lo robó, regrésemelo!”… De nada valieron tanto el testimonio de la esposa de Pedro, así como el de la mujer que vendía los recuerdos de que la pareja tenía varios minutos allí, comprando “recuerdos”, no. Simplemente, culparon a Pedro, quien de inmediato fue detenido por policías “preventivos” y llevado al ministerio público a que rindiera declaración. Obviamente que Pedro no tenía dinero para pagar tanto “mordidas”, así como para contratar los servicios de un abogado “defensor”, no digamos ético, sino por lo menos “hábil” para haberlo deslindado lo antes posible de responsabilidades (los “abogados” de oficio que son asignados para “defender” a los inculpados son meros membretes, que, igual, si no hay dinero de por medio, nada hacen). Por tanto, por ser pobre, tuvo que pasarse un año “preventivamente” preso, hasta que pudo “demostrar” su inocencia, esto es, hasta que pudieron familiares y amigos reunir algo de recursos monetarios para cohechar a algún “juez” o representante “legal”.

Segunda presunta culpable: En este caso, aunque lo que referiré no llegó hasta el ámbito legal, muestra cómo una buena parte de los empleadores en este país, tratan a sus trabajadores despóticamente y con una prepotencia comparable a la de las mismas “autoridades”, como si así se invistieran de superioridad e importancia.

Se trata de una pareja de jóvenes a los que llamaré Ana y David, de unos veinte años, estudiantes, que trabajaban en una tienda de la franquicia de comida rápida estadounidense KFC (la de los pollos muy grasosos y de bajo contenido nutricional). Ambos se relacionaron sentimentalmente al estar trabajando en el lugar.

Un mal día a Ana, por el exceso de trabajo que había, no le fue permitido por el gerente salir a comer. La chica moría de hambre y, claro, despachar piezas de pollo, puré de papa y ensaladas, a pesar de lo mala que sea esa engordante comida, en aquel momento más le estimulaba el apetito. Se le hizo fácil, digamos, arrancar un pedazo de carne a una de las piezas de pollo… ¡en mal instante, pues el gerente alcanzó a verla!

Y lo que siguió fue que el prepotente tipo la acusó de robo y de inmediato llamó a un policía para que se la llevara, advirtiendo al resto de los empleados, David incluido, que debían de testificar en contra de Ana, por haberse atrevido a “robarse” un pedazo de pollo. Ante tan “horrendo” crimen, según el abusivo gerente, había que actuar. Sin embargo, ninguno de los empleados atestiguó en contra de Ana cuando los policías “preventivos” que acudieron al llamado de “auxilio” del gerente se pusieron a interrogarlos. El saldo de su “osadía” fue que ese mismo día todos fueron despedidos, que al fin en este país de millones de desempleados, sobre todo jóvenes, como ellos, es muy fácil hacerse de nuevos trabajadores, especialmente tratándose de labores tan repetitivas, pues en un par de horas se les “entrena” para las actividades que allí desempeñarán, principalmente en ese tipo de franquicias, en donde ya todo es tan mecánico, que no se requiere ni de experiencia ni, mucho menos, de escolaridad (secundaria las más de las veces basta). Por fortuna, Ana se salvó de la acción “penal”, gracias a la generosidad y altruismo de sus compañeros, pues quizá de haberla encerrado, se hubiera tenido que pasar varios meses o años tras la rejas, hasta que su “terrible” crimen hubiera sido “castigado”.

Tercer “presunto culpable”: En este caso el inculpado se debió a la falta total de escrúpulos y valores de los que adolece cada vez más esta sociedad tan materialista, individualista e inmoral.

Un joven de 23 años, al que llamaré Octavio tenía por supuesta “muy amiga” a la que llamaré Sonia. Sonia, a su vez, era novia de un mequetrefe que, además de machista, la maltrataba y hasta la golpeaba frecuentemente, por lo que la chica le tenía terror. Un mal día en que Sonia había ido a una fiesta con su novio y que también Octavio tuvo la mala suerte de asistir, el novio se puso bastante borracho y sus instintos machistas y abusadores se le incrementaron con el alcohol. En alguna habitación de la casa en la que Sonia y su novio estuvieron solos, debido, como dije, a la embriaguez del energúmeno, la chica fue golpeada como nunca antes, además de violada de manera bárbara y penetrada analmente, provocándole dolorosos desgarres. Sin embargo, cuando Sonia llegó a su casa y su familia, al día siguiente, vio la forma en que había sido golpeada, además de que les dijo que también había sido violada, debido al terror que le tenía al novio, se le hizo muy fácil e irresponsable, culpar de todo a su “amigo” Octavio, quien también se había emborrachado, para su desgracia, así que no pudo negar las dolosas imputaciones de Sonia, pues no recordaba una buena parte de lo que había hecho estando borracho durante la fiesta. Y a pesar de que no eran terminantes las falsas “evidencias” empleadas para acusarlo, a la cárcel fue a dar y purga actualmente 17 años de prisión (la historia fue revelada tiempo después por Sonia, pero como ya es “cosa juzgada”, nada se puede hacer, según nuestras estúpidas “leyes”).

Cuarta “presunta culpable”: En este caso, de nueva cuenta, se trata del abuso de empleadores prepotentes, que con tal de despedir justificadamente a sus empleados, cuando necesita reducir personal, lo hace de manera sucia e ilegal.

Se trata de Wal-mart, esa franquicia de tiendas de autoservicio en donde se pagan salarios miserables a empleados a los que se les explota demasiado (incluso a los llamados “cerillos”, que son los menores de edad que embolsan lo que la gente compra, esa empresa no les paga, ni les da ningún tipo de prestaciones, so pretexto de que está prohibido por la ley emplear a menores, pero que es una especie de “servicio social” que presta. Las propinas que les da la gente es todo lo que ganan).

A quien llamaré Leticia, laboraba como cajera en una de las tiendas de la franquicia. Cuando la empresa se puso a reducir personal por las bajas ventas, a personas con ella, que ya tenían algunos años trabajando allí, se propuso actuar suciamente para no liquidarla conforme a la ley si era despedida injustificadamente, así que le trató de armar un “delito” mostrándole un video en que ella aparecía “extrayendo” dinero de la caja, lo cual es absurdo, a decir de Leticia, pues los cortes de caja son sumamente estrictos y siempre que falta dinero, ellas lo deben de pagar. Eso, lo de extraer dinero, pues es fácil filmarlo cuando cualquier cajera saca billetes para dar el cambio. Como el argumento era tan obviamente estúpido, Leticia decidió acudir a un servicio de abogados defensores y en estos momentos, la empresa se encuentra demandada por falsas acusaciones, despido injustificado y otras anomalías. Aquí, por fortuna, Leticia no permitió que se aplastaran sus derechos laborales y, sobre todo, humanos, además de que cuenta con la ayuda de abogados digamos que eficientes en el plano laboral y quizá éticos, si no actúan sólo por el dinero de por medio a que la demanda puede dar lugar.

Quinto “presunto culpable”: En este caso, además de las anomalías legales, se verá como vivimos una crisis de valores humanos, en donde entre la misma “familia” se dan bajezas, como la que narraré.

Un hombre al que llamaré Ernesto, de 65 años, tenía dos hermanas, con las cuales había que arreglar algunas cuestiones sobre propiedades heredadas. Sin embargo, había cierta reticencia entre una de las hermanas a aceptar lo que a cada quien correspondía. Un mal día Ernesto fue a ver a una de ellas a su casa y entró, como siempre hacía, sin tocar la puerta. La codiciosa “hermana”, viendo la oportunidad esperada, decidió actuar. Como llevaba muy buena relación de amor con un policía, le pidió que la ayudara a acusar falsamente a su hermano. Así fue y en cuanto Ernesto estuvo dentro de la casa de la mujer, casi de inmediato irrumpieron policías y la hermana simplemente lo acusó de robo y de que le quería quitar su dinero y todo lo que tenía de valor. Ernesto, sorprendido, fue apresado por los “diligentes policías”, quienes tomando como “pruebas” las falsas acusaciones de la hermana, sin más, lo condujeron a los separos en donde sin mediar juicio ni nada, de inmediato lo encarcelaron. El pobre Ernesto se la pasó seis meses en la cárcel, hasta que pudo comprobar su inocencia, pero le quedaron secuelas tanto físicas – se enfermó de una infección bucal y perdió todos los dientes –, como mentales, pues quedó sumamente deprimido por su injusta estancia en ese lugar, sobre todo a su edad, y que la causa hubiera sido la falsa acusación de su “hermana”. Pero así es de absurda nuestra “justicia”, combinada con la falta de valores.

Sexto “presunto culpable”: Este es otro caso, muy frecuente, por desgracia, de estar en el lugar y a la hora equivocadas. Un hombre al que llamaré Simón, se hallaba esperando en la calle, frente a una tienda de ropa, a que su esposa terminara de hacer allí dentro algunas compras. Para su desgracia, un ratero que se había robado una llanta iba en loca carrera, perseguido por los dueños de dicha llanta, cuando de repente choca con Simón, quien cae, golpeándose la cabeza y quedando inconsciente. El ladrón se deshace de la llanta, la que queda junto a Simón, quien, cuando despierta, ya está rodeado de policías que lo detienen y lo llevan al ministerio público para encerrarlo, pues las supuestas “evidencias”, “demostraban” que él se había robado la llanta, a pesar de varios testimonios, incluido el de su esposa, que afirmaban categóricos que Simón no se había robado nada. Sigue en la cárcel por falta de… ¡dinero para salir!

En el séptimo caso, se ve cómo la aplicación de la tal “justicia” es totalmente arbitraria, pues el delincuente, una mujer, pudo salir libre gracias a corruptelas y sobornos pagados a cuanto “representante de la ley” hiciera falta.

Un joven a quien llamaré Rubén, tenía 17 años cuando decidió irse a vivir con su novia, a pesar de la oposición de la familia de él. Esto porque la familia de la chica se dedicaba a la distribución de drogas y otros ilícitos. La familia de Rubén temía que el muchacho se fuera por el mal camino. Lo que sucedió fue peor, pues pasaron dos años, durante los cuales, Rubén se llevaba muy bien, tanto con su novia, como con su familia. Sin embargo, en algún momento tuvo problemas con una tía, la familia supone que porque no quiso Rubén hacer algo malo. Por desgracia el problema pasó a mayores y en algún momento la mujer asesinó a Rubén con una pistola. La familia de Rubén buscó afanosamente que se hiciera justicia, apelando a todas las instancias “legales” y gastando el poco dinero que tenían en abogados, sin embargo, las conexiones de la familia de la asesina, además de que contaba con bastantes recursos monetarios, lograron que luego de una breve estancia en un reclusorio femenil, la mujer saliera libre. La familia de Rubén fue amenazada de que ya no siguieran buscando “justicia”, pues luego les “tocaría” a ellos, así que decidieron dejarlo por la paz y prefirieron pensar que todo lo malo que se haga en esta vida, se pagará. Pero mientras ese espiritual consuelo se llegara a hacer realidad, la asesina y su familia gozaron de perfecta inmunidad, gracias a las corruptas, inmorales “autoridades judiciales”.

Octavo “presunto culpable”: Este caso es un tanto surrealista, sobre todo porque a quien le sucedió, es un joven que se dedicaba a hacer activismo en la UNAM, además de que daba clases de filosofía.

En una ocasión que viajaba en el metro, se quedó dormido y fue despertado por los gritos de una mujer que estaba a medio metro de él, llorando y gritando que la había manoseado. Alguien jaló la palanca de emergencia, lo apresaron los policías “preventivos” y lo obligaron a quitarse los zapatos y a caminar más de dos horas sin ellos. También de una manera muy arbitraria e ilegal, se le enjuició y fue sentenciado a un año de cárcel, sin que realmente existieran pruebas o evidencias que demostraran el hostigamiento sexual hacia la mujer que lo acusó. Incluso cuando de alguna forma demostró su inocencia, de todos modos el delito del que se le acusó, había prescrito.

Noveno “presunto culpable”: En este caso, al joven que le sucedió lo que narraré, tuvieron la fortuna sus familiares de contratar a un abogado eficiente y, sobre todo, que tenían dinero suficiente para pagar lo que hubo que pagar.

A quien llamaré Marcos, caminaba un día muy tranquilo sobre una amplia avenida. De repente, vio acercarse a una patrulla, la que se detuvo enfrente de él. Bajaron los prepotentes uniformados, acompañados de un hombre que, sin más, culpó a Marcos de robo, de que hacía como “cinco minutos”, lo habría asaltado. El lugar señalado estaba muy lejano, como para haberlo recorrido en cinco minutos, una calle que lo menos estaba a cuatro kilómetros, y eso, como hizo hincapié Marcos, por lo menos era media hora para haberlo caminado, no en cinco minutos. Y a pesar de su insistencia de que él no conocía a ese hombre que lo culpaba y que él regresaba de su trabajo, los policías lo detuvieron y lo llevaron al ministerio público. Impotente, desesperado, Marcos se veía, en efecto, tras las rejas. Por fortuna, al llegar al ministerio público, le permitieron hablar a su familia, la llamada legal, y, como dije, se pudo arreglar, eso sí, forzoso pago de $18,000 pesos, entre cohecho y dádivas. Y en este caso, gracias a las corruptelas, Marcos pudo librarse de la cárcel, ¿pero cuántos no han podido y están pudriéndose en una sobresaturada celda?

Y así, podría seguir narrando otros casos que me han platicado familiares o los directamente acusados, pero con esos basta para demostrar que a pesar de que hasta el cansancio es conocida la corrupta, arbitraria manera en que actúa el sistema “judicial” de acusar falsamente a inocentes y condenarlos a pudrirse en saturadas cárceles y reclusorios, a pesar de la mencionada cinta “Presunto culpable”, la ilegalidad, el cohecho, la prepotencia, la brutalidad policiaca… esa cloaca institucional seguirá, como una parte integral de un sistema que se vale de ella para así atemorizar a la gente, reprimirla, hacerle ver que si por un supuesto robo, no sé, unas galletas en un centro comercial o una falsa acusación, se puede pasar años en la cárcel, entonces si se dedica a protestar contra el sistema, a defender sus derechos, a cuestionar justamente tal “legalidad”, pues le irá peor aún.

Esto seguramente no sucede sólo aquí. Ha habido casos, por ejemplo, en EU, de personas que han sido no sólo encarceladas, sino ejecutadas (sobre todo afro estadounidenses y latinos), y luego se ha demostrado que eran inocentes. Una cinta que se estrenó hace algunos meses, aunque es Hollywood, muestra que a veces se acusa falsamente a personas, sólo por haber estado en el lugar y a la hora equivocadas. Se trata de la cinta “Los últimos tres días”, protagonizada por Russell Crow, personaje cuya esposa es acusada falsamente de un asesinato, que en la cinta se revela que, en efecto, ella no lo cometió, aunque dentro de la trama queda la duda. Claro, muchos casos así quedarán, sin forma real de que se compruebe si el acusado es o no inocente, pero en muchos otros, las evidencias demostrarán lo contrario.

Incluso, refiriéndome al sistema penal estadounidense, también está plagado de corruptelas e inconsistencias. Y existen dramáticos casos, incluso públicos, de falsas acusaciones y de que, a pesar de las evidencias, no se ha llevado a los verdaderos responsables de ellos a la cárcel. Por ejemplo, a pesar de los años que han transcurrido desde el asesinato de John F. Kennedy, el crimen no se ha aclarado. Siempre se ha dicho que aquél fue muerto por Harry Lee Oswald, un supuesto mariner psicópata que le disparó desde una distancia que, a todas luces, hubiera hecho imposible que pudiera dar en el blanco y, mucho menos, destrozarle la cabeza a Kennedy, tanto por la lejanía, así como porque había demasiados obstáculos. Obviamente se trató de una conspiración, pero por la “seguridad” del podrido sistema, nunca se sabrá lo que realmente sucedió, aunque seguramente deben de existir por allí algunos archivos “top secret”, que develan ese “misterio penal”.

O cuando también EU invadió Afganistán, so pretexto de combatir al terrorismo, se encarceló en una improvisada prisión en Guantánamo a cientos de hombres, cuyo único “delito” era ser o parecer árabes. Muy pocos han podido probar su inocencia desde entonces, pero la gran mayoría siguen pudriéndose en ese inhumano sitio, y eso que el “progresista” de Obama prometió en su campaña cerrar esa ilegal cárcel, pero es la hora que no lo ha hecho (y ahorita, queriéndose reelegir, es lo que menos le importará).

En otra cinta que vi recién, “El secreto de Soraya” (The stonning of Soraya), basada en hechos verídicos, muestra los infames acontecimientos sucedidos hace algunos años en un pueblo de Irán, cuando un miserable hombre acusó falsamente a su esposa de infidelidad, porque quería deshacerse de ella, ya que la mujer no le quería dar el divorcio, pues el tipo la engañaba con otra. Pero en esas machistas sociedades, la palabra del hombre prevalece sobre la de la mujer, y a pesar de que era una vil calumnia, la gente del pueblo, “enardecida” por el “brutal crimen” cometido por Soraya, decidió en juicio sumario apedrearla como “justo castigo” (es brutal la forma en que se trata a las mujeres supuestamente “infieles” bajo la ley islámica, no siendo parejo el trato hacia los hombres infieles, a quienes sólo se “amonesta”).

Así pues, en todo el mundo hay injusticias, inocentes pudriéndose en cárceles o siendo ejecutados por las “justas” autoridades (como en EU, que sigue practicando la barbarie de asesinar a prisioneros, sean o no culpables).

No sólo se ve que la llamada “justicia” es ciega, sino también bastante corrupta.

Contacto: studillac@hotmail.com

sábado, 2 de julio de 2011

Oportunista capitalismo salvaje o de cómo enriquecerse con guerras, desastres y enfermedades

Oportunista capitalismo salvaje o de cómo

enriquecerse con guerras, desastres y enfermedades

por Adán Salgado Andrade

Como ya he referido en otros trabajos, el capitalismo salvaje siempre está a la caza de la mejor oportunidad para hacer una buena ganancia, aunque para ello destruya sociedades, países, medio ambiente, mares, tierras, mate de hambre al 70% de la humanidad … todo con tal de que su cada vez más crónica y difícil perpetuación siga adelante, a pesar de las profundas crisis y graves problemas que a diario presenciamos. Por ejemplo, las revueltas sociales que se están desarrollando en países como España, Grecia, Inglaterra, Francia y hasta en los mismos EU, países que en otros tiempos alardeaban de ser supuestamente ricos, demuestran las fallas cada vez más profundas de este sistema que sólo beneficia a unos cuantos barones del dinero y a las corporaciones que han maniatado a todo el planeta a su propia conveniencia (en EU, por ejemplo, el centro del capitalismo mundial ya hay un buen porcentaje de personas que pasan hambre). Lo peor es que se siguen tomando como modelo de desarrollo capitalista a países que aparentan ser “milagros” económicos, pero que ya comienzan a sufrir las inevitables consecuencias de los desequilibrios económicos provocados por el capitalismo salvaje, como es el caso de China, país que ya empieza a experimentar fenómenos como inflación, desaceleración, destrucción anárquica de sus recursos naturales, hambrunas, descontentos sociales, entre otros problemas, además, claro, de que sigue teniendo millones de pobres viviendo en el campo y en las ciudades (ver en este mismo blog mi trabajo “El sobrevalorado crecimiento económico chino”).

Voy a exponer tres casos concretos en los que el principio de oportunidad capitalista está presente, sin importar las consecuencias que el desarrollo de ciertas actividades lucradoras puedan tener en la sociedad o, peor aún, sin importar si son o no éticas, todo sea con tal de ganar muy buen dinero, hacerse rico en poco tiempo y figurar en las listas anuales de los mayores millonarios del mundo publicadas por Fortune o Forbes, como veremos.

Voy a referirme primero a la “singular” historia de dos muchachos estadounidenses, muy jóvenes, que casi se hicieron ricos dedicándose al muy lucrativo negocio del tráfico de armas. Este par de muchachos, David Packouz y Efraim Diveroli, son los típicos chicos clase medieros problema, pues el primero abandonó la “high school”, en tanto que el segundo intentó estudiar una carrera universitaria, pero al poco tiempo se salió. Packouz fue enviado a Israel por sus padres, para supuestamente corregirse, pero se volvió un adicto a la marihuana y otras drogas. Diveroli, por el estilo, dejó la escuela pues se entusiasmó mucho cuando un tío lo invitó a vender armas en un negocio que éste poseía, luego de lo cual, el chico decidió establecer su propio negocio. Ambos muchachos se conocían desde la “high school”, pero habían dejado de verse. Sin embargo, tuvieron un muy feliz reencuentro en el año 2005, durante el cual Diveroli le platicó de su negocio de armas a Packouz, diciéndole que además necesitaba un socio y que éste, su viejo amigo, le parecía el candidato idóneo. “Necesito a alguien de mucha confianza”, le dijo Diveroli, y le confió que vendiendo armas había amasado ya una “pequeña fortuna” de ¡un millón ochocientos mil dólares!, algo que dejó muy gratamente sorprendido a Packouz, quien había pensado que unos cien mil o doscientos mil dólares quizá era lo que tuviera su gran amigo, pero no cerca de ¡dos millones de dólares”. Packouz aduce que las razones para entrarle al “lucrativo negocio” fueron que: “Yo iba a hacerme de buenos millones, pero nunca pensé dedicarme al tráfico de armas toda la vida, no, pero sí me fascinaba estar en un negocio que podía decidir la fe de las naciones”. O sea, que Packouz, de sólo 25 años en ese entonces, además de quererse hacer rico en muy poco tiempo (el objetivo de casi cualquier joven estadounidense promedio), se quería también sentir una especie de Dios, ¿qué les parece? En cuanto a Diveroli, 21 años en ese entonces, abiertamente declaraba que a él no le importaba si las guerras eran justas o no y si mucha gente, incluso inocente, moría. “Sí, yo sé que me van a decir que mi país mete las narices en donde no le importa, pero así es la cosa. Y si con eso yo hago muy buenos negocios y varios millones, ¡pues sean bienvenidas las guerras injustas!”. Y por ello apoyaba al partido republicano, pues, agregada Diveroli, “los republicanos son los que más guerras han hecho, menos que los idiotas de los demócratas, así que por eso soy republicano, para apoyar a que mi país le entre a cuanta guerra haya, sea o no injusta, con tal de que yo tenga muy pronto mis primeros diez mil millones de dólares y derrote a los grandes de las armas”. Así que con ese tipo de declaraciones, es evidente que ambos jóvenes lo que menos podían tener era escrúpulos (su perfil es el de los clásicos “self made” estadounidenses, que han hecho sus fortunas incluso delinquiendo). Rentaron un departamento, se compraron un par de laptops, dos celulares y línea a Internet y, muy gustosos y entusiastas, se pusieron a trabajar:

Diveroli aprovechó que tras las invasiones de EU, primero a Afganistán, en el 2001, y luego a Irak, en el 2003, ante los crecientes gastos militares que ambas implicaban (y siguen implicando), el inepto y beligerante Bush, junto a sus “halcones guerreros”, decidieron también aplicar al Pentágono, su agencia militar, el principio de la eufemística “libre competencia capitalista”, abriendo licitaciones para que empresas fabricantes de armas y/o comerciantes de éstas, participaran en ese muy lucrativo negocio, con tal de que, razonaban Bush y sus secuaces, los costos de sostener tan caras invasiones bajaran lo más posible. Lo de “bajar los costos”, en realidad fue un simple pretexto, pues el hecho fue que se aumentó aún más el gasto militar, que fue de $145,000 millones de dólares en el 2001, a $390,000 en el 2008, con tal de “estimular” al sector militar que, aducen siempre los gobiernos estadounidenses, es gran “generador de empleos” (esa premisa es falsa, pues se podría apoyar a otros sectores más productivos y, esos sí, realmente benéficos para la humanidad, como las actividades agropecuarias, por ejemplo, o la reforestación de bosques y áreas verdes).

Así que con eso de licitar la venta y distribución de armas, Bush en realidad sólo benefició a decenas de “pequeños armeros”, quienes también, si así lo deseaban, podían surtirle armamento al ejército y armadas estadounidenses, así como hacen grandes corporaciones como General Dynamics o Raytheon. Justamente eso fue lo que aprovecharon Diveroli y Packouz, quienes fundaron AEY Inc., y se aplicaron a tratar de conseguir los mejores contratos, a ver en dónde podían comprar las armas más baratas, cómo transportarlas al más bajo precio posible… y así, actuando como verdaderos “señores de la guerra”, poco a poco fueron ganando contratos y surtiendo de armas a los mercenarios iraquíes y afganos, aliados a los estadounidenses, quienes supuestamente “combatían” a los grupos insurgentes en Afganistán e Irak. Diveroli y Packouz se hacían de las armas usadas y municiones que países de la antigua Yugoslavia o de la desaparecida Unión Soviética habían acumulado por muchos años, y de las cuales poseían millones y estaban siempre dispuestos a venderlas muy baratas, “de oferta”, pues, con tal de sacarles algo de dinero a sus vejestorios. Y es que las condiciones que exigía el Pentágono eran mínimas, pues se requería que tanto armas, como municiones fueran útiles, no importaba el calibre o el lugar de fabricación, incluso si eran chinas, las cuales estaban “prohibidas”, no por su mala calidad, sino porque había un embargo de armas chinas desde los sucesos de Tianamen, pero si se hacía con discreción, hasta ésas se permitían (además, razonaba Diveroli, y eso se los decía a los funcionarios del pentágono que le otorgaban los contratos, con respecto a las malas armas chinas, que al fin que no eran para soldados estadounidenses, sino para simples árabes, así que “para qué les compramos bueno”, decía, cínico).

Como Diveroli era todo un experto en regatear, además de que tenía muy buenas relaciones con otros traficantes y hasta contrabandistas de armas (del tipo del personaje que interpreta el actor Nicholas Cage en la cinta “El señor de la guerra”, basada en un armero contrabandista ruso, recientemente arrestado), siempre consiguió muy bajos precios, con lo que podía obtener a veces hasta tres veces lo invertido. Y fueron creciendo tanto sus ventas, como sus sueños de muy pronto juntar sus primeros diez mil millones de dólares y cotizar en las grandes firmas bursátiles de Wall Street… pero para su desgracia, sólo se quedaron en ochenta y cinco millones, pues su desmedida ambición, sobre todo de Diveroli, que ya no quería pagarle a su “amigo” la parte de sus ganancias, así como las prácticas ilegales en que incurrieron (por ejemplo, se comprobó que no pagaban impuestos, que sobornaban a funcionarios de otros países, con tal de que les dieran mejores precios por la bélica mercancía, que se asociaron con contrabandistas, incumplieron contratos… entre otras “irregularidades”), provocaron que un buen día de agosto del 2007, apenas escasos dos años después de su “sociedad”, agentes del FBI y del ISR irrumpieran al departamento que usaban como su “compañía” y les confiscaran todo. Y a la cárcel fueron a dar, a pesar de tener ese espíritu “self made” estadounidense, de si fuera preciso hasta asesinar, con tal de volverse inmensamente ricos (indirectamente lo hacían, al vender armas).

El segundo ejemplo que doy es con respecto a las tragedias que los desastres naturales traen aparejadas, como son inundaciones por huracanes, terremotos o tsunamis, por citar algunos. Y tomo como ejemplo el caso de Japón, nación que a principios de este año sufrió un terremoto tan intenso, cuyo epicentro, en el mar, provocó también un maremoto que generó potentes tsunamis, los cuales barrieron con aproximadamente diez por ciento del territorio japonés en sus litorales. En Youtube pueden verse varios videos en donde se muestra la forma en que intensas corrientes de agua marina devastan grandes zonas urbanas, arrastrando embarcaciones de todo tipo, fábricas, comercios, casas, puentes, postes y autos como si fueran de juguete.

(ver por ejemplo: http://www.youtube.com/watch?v=w3AdFjklR50).

Y las imágenes posteriores son desoladoras: una niña llorando en medio de las ruinas de lo que fuera su casa y todo un barrio residencial; zonas industriales y urbanas reducidas a desordenados escombros, como si hubieran sido bombardeados por muchas horas y así por el estilo (como las imágenes que pueden verse después de los infames bombazos de Hiroshima y Nagasaki).

(ver por ejemplo: http://www.youtube.com/watch?v=xH31PkoK9yY).

El problema adicional a los ya de por sí graves, de cientos de personas muertas (se calculan más de 23,000 entre muertos y/o desaparecidos), la devastación de varias ciudades portuarias, de autopistas, de puertos, puentes, destrucción de embarcaciones, de miles de casas, edificios e industrias… es que también se afectó el sector energético, pues plantas nucleares como la de Fukushima resaltaron severamente dañadas y dejó de operar, ya que, en pleno litoral, se diseñó sólo para resistir olas de 3 metros y no de más de diez metros, como fue el caso, lo que ha puesto en entredicho la supuesta rectitud y honestidad de algunos funcionarios japoneses, pues es claro que haber consentido algo tan irresponsable, de no cumplir con normas más estrictas de diseño, sobre todo en un país tan sísmico como Japón, es producto sólo de tolerada, discreta corrupción.

(ver video: http://www.youtube.com/watch?v=kjx-JlwYtyE&NR=1).

De todos modos, aún con las medidas de seguridad pertinentes, el caso japonés, casi totalmente dependiente de la energía nuclear, ha expuesto los potenciales peligros que la generación de electricidad con reactores nucleares trae implícitos, pues aunada a la desactivación de algunas de las plantas nucleares por los daños, aunque menores, que sufrieron, está el peligro mucho mayor, posterior al terremoto y al maremoto mismos, que es la radiación que ha seguido emanando en la destruida planta de Fukushima y que provocará daños a la salud en el corto y mediano plazos de la población circundante e incluso más alejada del sitio, además del agua contaminada con altos niveles de radiación, empleada para enfriar el reactor, que se ha estado arrojando al mar, lo que también repercutirá no sólo en el ecosistema marino de dicho país, sino en el resto del planeta.

Se calcula que los daños en infraestructura urbana, industrial, portuaria y doméstica ascienden a casi 300,000 millones de dólares, pero además la reconstrucción puede llevarse hasta diez años en algunos casos (suponiendo que antes no se produzca otro terremoto de igual o mayor magnitud). La industria automotriz resultó severamente afectada y sólo algunas plantas de las principales empresas – Toyota, Honda, Nissan, Mazda, Mitsubishi –, han comenzado a operar, así como las compañías de productos electrónicos, como Sony, Hitachi, Toshiba, entre otras. Y es que tanto por las plantas nucleares que han sido cerradas, así como por el cuestionamiento de los potenciales peligros que generar energía de esa forma acarrea, se ha reducido la producción de electricidad. De golpe, se calcula que dicha reducción fue de 30%. Las consecuencias son que el estilo japonés, también muy derrochador de energía, así, muy a la manera estadounidense, de ciudades muy iluminadas, como Tokio, así como Las Vegas, de momento quedó atrás, pues con trabajos si se tiene energía para las necesidades domésticas e industriales más urgentes, pero los apagones frecuentes varias veces por día son cotidianos, además de que 1.3 millones de hogares se quedaron sin electricidad (en esta época de caluroso verano, se está aconsejando a todos los empleados dejar sus elegantes ajuares para usar camisas o blusas ligeras y sandalias, pues el aire acondicionado de oficinas casi es inexistente).

Por tanto, la urgencia japonesa por reactivar su producción energética, a como dé lugar, ha sido tema de “jugosos negocios” por venir.

Por supuesto que está la reconstrucción misma de toda la infraestructura urbana e industrial devastada, que, como ya mencioné, podría ascender hasta a $300,000 millones de dólares, conservadoramente hablando. Pero para ello es necesario antes reactivar al sector eléctrico, y es cuando el “principio de oportunidad” del capitalismo salvaje está, como en todo momento, por trágico que sea, siempre presente. Varios oportunistas, expertos en especulación bursátil, en especial el señor Keith Fitz-Gerald, vaticinan que Japón tendrá que recurrir al energético alternativo que ya está teniendo cada vez más demanda y que, por lo mismo, tanto sus costos de producción, así como de transporte, están subiendo mucho por estos meses. Me refiero al gas natural licuado (LNG, liquefied natural gas), que a decir de Fitz-Gerald, es ya la nueva panacea energética. El gas natural es otro de los productos extras que se extraen de los pozos petroleros, es, digamos, el vapor del crudo, pero también se origina por otras fuentes, tales como depósitos de carbón de piedra, en los fondos oceánicos y hasta en el llamado permahielo (como se denomina a la capa de hielo más antigua y dura de los polos, la que, por desgracia, con el calentamiento global, ya se está también derritiendo), que lo ha mantenido atrapado por millones de años. Se compone principalmente de metano, gas que ya es empleado como energético en varias aplicaciones (por ejemplo en el combustible metanol) y se calcula que sus reservas pudieran incluso duplicar a las existentes de combustibles fósiles, tales como el petróleo, con las que se cuenta actualmente, así que representa un supernegocio, a decir de los oportunistas y especuladores. Fitz-Gerald predice que Japón sustituirá hasta el 86% de su generación de energía eléctrica con LNG y aconseja a los ávidos inversionistas, deseosos de obtener muy buenas, prontas y altas ganancias, que inviertan su dinero en todo cuanto se refiera al gas natural, o sea, instalaciones, refinación, procesamiento, transporte… y no sólo indica que eso va a suceder en Japón, sino que en vista de la merma que están sufriendo gran parte de las reservas petroleras, pues será el energético alternativo y su empleo aumentará en los años venideros. Evidentemente el costo del gas natural aumentará, debido a la creciente demanda (por ejemplo, Indonesia, que es el tercer exportador mundial de LNG, ya suscribió nuevos contratos con Japón para enviarle otros 21 cargamentos extras de ese necesitado energético en este mismo año), sobre todo, como dije antes, tanto por las necesidades energéticas de Japón durante esta emergencia, así como porque la energía nuclear, a la vista de muchos analistas y expertos mundiales, es vista cada vez menos como una solución a nuestra voracidad energética, y su producción será marginal (en casi todos los países con reactores nucleares, se están repensando los nuevos proyectos nucleares que estaban por construirse, incluso en aquéllos muy inclinados a tal energía, como EU, Alemania o Francia y están viendo como una seria alternativa el LNG). Y es por el costo tan alto que tendrá el gas natural, que se ve “viable” su explotación a mayor escala, y con ello, a los especuladores frotándose las manos por las altas ganancias que devengará el invertir en las actividades asociadas a su producción (aunque son estúpidamente miopes, pues ello redundará en un encarecimiento de toda la actividad económica y un nuevo factor de crisis de este crónicamente enfermo capitalismo salvaje). Así que, insisten Fitz-Gerald y otros “expertos bursátiles”, que los ávidos inversionistas le entren con su dinero a todo cuanto tenga que ver con el gas natural licuado.

Y también, dada la carestía en el valor que todos los energéticos, incluido el petróleo y el LNG, están experimentando, se hace “rentable” que se exploten otras fuentes energéticas, consideradas no hace mucho inviables, por lo costoso de su procesamiento, además de ser muy contaminantes, pero esto no importa, seguir dañando a la ecología del planeta (ver en este mismo blog mi artículo: ¿Más energía o más desperdicio?). Incluso las llamadas energías verdes ya se están dejando de lado, con el pretexto de que no servirán mucho para satisfacer las engullidoras e insaciables necesidades energéticas de corto y largo plazo (EU, por ejemplo, está por retirar, bajo esta lógica, el subsidio que da a las empresas que se dedican a la tecnología para aprovechar la luz solar, así que muchos de esos proyectos de investigación y fabricación se irán a la basura).

Una de esas “alternativas energéticas” es el esquisto (shale), piedra mineral aceitosa que contiene kerógeno, un compuesto orgánico aceitoso, el cual, mediante un costoso y complicado método llamado Petrosix, inventado en Brasil (que desde 1954 ha procesado el esquisto), se transforma en aceite líquido y otros compuestos, uno de los cuales es el llamado gas de petróleo licuado (LPG), que igualmente puede ser empleado como el LNG que menciono arriba. Pero también el esquisto tiene su cuota de perjuicios y uno de ellos es que es incluso más contaminante que el carbón mineral usado actualmente (como en China, razón por la cual, muchas de sus ciudades están entre las más contaminadas del mundo, porque casi toda la electricidad se produce con base en dicho carbón). Es decir, los problemas de contaminación ambiental, que ya de por si tenemos, generados por la producción presente de millones de toneladas de tóxicos gases de efecto invernadero, que están calentando al planeta, crecerán exponencialmente, al incrementarse también exponencialmente la producción de dichos gases, conforme las reservas de esquisto se vayan empleando. Por otro lado, resulta que el complicado proceso Petrosix emplea igual o mayor cantidad de energía que su eficiencia energética (este término se refiere a la cantidad de energía que se emplea para crear una fuente energética, así que si se gasta más energía en crear una nueva energía, pues no tiene entonces caso, como sucede con el esquisto. Es algo que también sucede con el hidrógeno empleado en las llamadas celdas de combustible, que se gasta más energía en obtenerlo que la que rinde dicho gas. Ver mi ya mencionado trabajo: ¿Más energía o más desperdicio?).

Otra “alternativa” energética que ya también tiene enjugándose la boca a los ávidos inversionistas por las potenciales “futuras ganancias” son las tierras aceitosas (yo las llamo tierras enchapopotadas), que son arenas saturadas en forma natural de un aceite orgánico llamado betún (bitumen), que también pueden ser explotadas, claro, a un muy alto costo e igualmente son muy contaminantes al emplearlas (me parece que aprovechar hasta ese tipo de reservas muy caras y contaminantes de energía fósil, es como si se nos cayera un frasco de mermelada y con tal de aprovechar hasta la última gota de aquélla, nos pusiéramos a lamer el piso, sin importar que nos cortáramos la lengua por los vidrios rotos, mezclados. Así es la avaricia dentro del capitalismo salvaje). Las mayores reservas naturales están en Alberta, Canadá, y ya varias empresas, petroleras incluidas, como ExxonMobil, les están echando el ojo.

En ambos casos, tanto en el esquisto, como en las tierras aceitosas, como dije, el oportunismo salvaje capitalista está viendo futuras, muy codiciadas ganancias. Personas como el supuesto gurú Tim Cejka “recomienda” a esos ávidos inversionistas a que metan su dinero en todo lo relacionado con el esquisto, pues dado que EU posee alrededor de entre el 60 y 70% de las reservas mundiales de dicho mineral, se jacta de que “¡si usted invierte en estos nuevos paraísos energéticos, podría estar duplicando su dinero en los próximos diez meses, se lo garantizo!”. Como se ve, no hay ninguna otra consideración para estos inescrupulosos hacedores de dinero, ni más contaminación, ni más destrucción natural, ni más enfermos en el mundo, ni más calor, ni más sequías… no, nada de eso importa, sólo importa que se aprovechen desgracias o escasez de lo que sea, con tal de llevarse varios buenos millones al bolsillo… y todo con el contubernio, sin objeciones, de gobiernos blandos, al puro servicio de los barones de las corporaciones y del dinero.

Y me referiré ahora al tercer punto en el que el principio de la oportunidad especuladora está antes que el propio beneficio que pudiera generarse de lo que voy a narrar. Se trata de una nueva droga contra el cáncer que se ha calificado como “la droga milagrosa” por los ávidos corredores de Wall Street. Bautizada como PCU (Programmed Cell Destruction, destrucción programada de células), ha sido desarrollada por una pequeña compañía farmacéutica ubicada a 56 kilómetros de la capital estadounidense, Washington, y no se ha revelado su nombre porque los corredores de bolsa la están recomendando sólo a “muy contados clientes”, para que sean los primeros en aprovechar el “boom” y se hagan de rendimientos que, se asegura, ¡pueden ser de hasta un 2000%! “¡Imaginen ustedes que puede multiplicarse su inversión hasta en 20 veces, gracias a esta droga milagrosa, tomen en cuenta que cada tratamiento contra el cáncer cuesta $10,000 dólares en promedio y hay 12 millones de personas con cáncer, sólo en los EU, así que hagan sus cuentas!”, se publicita en “información exclusiva” dirigida a los potenciales interesados en adquirir acciones de la empresa en cuestión. Y es que la supuesta “droga milagrosa”, se dice, ataca el cáncer de una forma distinta a cuanto medicamento anticancerígeno haya existido antes, pues logra que las células T, que son los anticuerpos encargados de atacar a los patógenos invasores, no sean “engañados” por los sistemas de evasión que poseen las células cancerígenas y se peguen a éstas, a las que les inyecten su sustancia destructora y lo sigan haciendo así, hasta acabar con todas. Y aunque actualmente se recomienda sólo para combatir la leucemia y ciertos linfomas, al parecer puede hacerlo con cualquier tipo de cáncer, e incluso combatir otros males, tales como artritis o lupus, de acuerdo con los reportes que la propia empresa ha emitido, cuyas acciones se cotizan actualmente en 7 dólares, pero podrían llegar a valer hasta $140 dólares, si su producto resulta ser tan bueno como se presume.

Como puede verse, no les importa a los hacedores de dinero el hecho de que la droga pudiera ser tan efectiva y novedosa al atacar el temido cáncer, como ningún otro tratamiento lo ha hecho antes (de ser realmente cierta su efectividad), ya que incluso, se alardea, es capaz de combatir cáncer en fases terminales. No, eso no interesa, sino sólo que es una “¡fabulosa oportunidad de multiplicar $5,000 dólares en $100,000 dólares!”. Y de acuerdo con esta especuladora, mezquina “lógica”, a mayor número de enfermos que adquieran la droga y se curen, mayores serán las ganancias.

Así que, pensemos por un momento, si de entre los propios ávidos inversionistas hubiera algunos con cáncer, ¿podrían ser al mismo tiempo pacientes e inversionistas?, que dijeran “¡me curo y gano mucho dinero al mismo tiempo!” Aunque en este muy deshumanizado, materialista sistema en que vivimos, hasta esa posibilidad puede darse.

Pero quizá lamentarían esos ávidos inversionistas cancerosos tener que descontar de sus “jugosas ganancias” el precio del tratamiento, ¿no creen?

Contacto: studillac@hotmail.com

miércoles, 20 de abril de 2011

Barbarie de mariners en Afganistán: historias de horror

Barbarie de mariners en Afganistán: historias de horror

por Adán Salgado Andrade

Hace unos días salieron a la luz pública las declaraciones de un ex militar retirado mexicano, el general Carlos Bibiano Villa Castillo, quien había fungido por un tiempo como jefe policiaco de Torreón, Coahuila, México, y causó estupor el casi nulo sentido del respeto a los derechos humanos de los supuestos delincuentes a los que atrapaba y que mataba sin miramientos de ninguna índole. En una parte de la entrevista que se le hizo declaró: "Si agarro un Zeta lo mato, ¿para qué interrogarlo?". A pesar de sus brutales tácticas para “combatir a la delincuencia”, recientemente se le nombró jefe policiaco de Quinta Roo, pues son muy “loados” sus esfuerzos en Torreón, gracias a los cuales, se afirma, “descendieron 50 por ciento los índices de criminalidad”. No es de sorprender que, como ex soldado que es Villa Castillo, su trabajo se inspire en tácticas militares con las que así se han entrenado durante años la mayoría de los ejércitos en el mundo, sobre todo el estadounidense, muy solícito, además, para invadir otras naciones y aplicar deleznables tácticas de guerra (en los años sesenta, por ejemplo, la llamada “Escuela de las Américas” entrenaba a militares, principalmente latinoamericanos, en tácticas contrainsurgentes para el combate a grupos “subversivos” y a guerrillas, enseñándoles, sobre todo, métodos de tortura y aniquilamiento). Ello ha provocado en los cuerpos militares el desarrollo de patologías sociópatas que llevan a muchos de ellos a convertirse simplemente en peligrosos criminales, como veremos.

Ya he hablado en otros trabajos (Ver en este blog mi artículo “Armas, egoísmo, corrupción y el big money”) de las atrocidades que ha cometido EU en Afganistán, al asesinar a gente pobre e inocente por “error” y que ello ha llevado a los habitantes de ese sufrido país a un abierto anti-norteamericanismo, que los lleva a clamar, exigir que EU salga de Afganistán. Eso es algo que dadas las presentes circunstancias, sobre todo, la importancia geoestratégica de Afganistán, no se puede permitir EU hacer (al salir de allí, Afganistán entraría en una acelerada descomposición que lo haría desaparecer como país y llevaría a toda la región a un grave proceso desestabilizador, sobre todo porque los países con que tiene fronteras Afganistán, detentarían parte del dividido territorio y eso daría lugar a nuevas y peores confrontaciones militares que EU menos podría detener).

Pero los informes que recientes investigaciones gubernamentales han hecho, revelan hechos que dejan muy claro que varios de los asesinatos de civiles inocentes han sido a propósito, debido, como señalo antes, a la sociopatía criminal desarrollada por una significativa porción de los soldados estadounidenses. Esto que voy a referir ocurrió hacia finales del 2009 y principios del 2010, pero nada se publicó en los medios en ese entonces. Ya después que las revelaciones de uno de los mismos soldados participantes en los crudos eventos se conocieron por algunas notas periodísticas, al Pentágono no le quedó otra alternativa, que investigar las atrocidades cometidas por un grupo de psicópatas militares, como veremos.

El grupo en cuestión era un batallón de infantería, el Bravo Company, acantonado en la provincia afgana de Kandahar. Algunos de sus miembros, aburridos de que, según declararon, los insurgentes afganos los estaban atacando y ellos no podían contrarrestar los ataques como se debía, se pusieron a analizar la manera en que pudieran matar a algunos de esos “salvajes”, como muchos militares estadounidenses se refieren a los empobrecidos afganos. Así, luego del año nuevo, 2010, ya con el crudo invierno posándose en esa montañosa área, el 15 de enero el tercer batallón de la compañía – que forma parte de la brigada Stryker, formada por vehículos blindados de ataque así llamados –, decidieron ir por “acción” y se dirigieron hacia La Mohammad Kalay, una aislada granja de chozas de adobe. Algunos campos cercanos estaban cubiertos de plantas recién sembradas de amapola, base de la cocaína, único cultivo que permite a los empobrecidos campesinos afganos obtener algún magro ingreso (irónicamente, al “cuidado” de la OTAN y EU, Afganistán ha cuadruplicado la siembra de amapola en relación a la época en que estaba al control de los talibanes, absurdo, ¿no? Y además se permite su “exportación”).

Allí, los “soldados” Jeremy Morlock, 21 años, y Andrew Holmes,19 años, buscaron si había señales de insurgentes, pero generalmente éstos no enfrentan directamente a los invasores, y lo hacen desde la distancia, empleando mecanismos tales como los llamados IED’s, (improvised explosive devices), que colocan en los caminos y vuelan a los vehículos militares invasores. Así que Morlock, quien ya sabía a lo que iba, eligió a un joven adolescente que se hallaba cuidando ovejas. Él y Holmes llevaron al chico hacia un muro de adobe cercano. Gul Mudin, que así se llamaba el joven afgano, no llevaba nada en absoluto que significara una amenaza para los soldados, al contrario, pareció confiar en ellos y se dejó llevar. Luego, el par de psicópatas, se escondieron tras del muro, arrojaron una granada y en cuanto estalló, dispararon contra Mudin indiscriminadamente con un rifle M4 y una metralleta. Ya cuando se escucharon sus disparos y el resto de los hombres del batallón se acercaron, Morlock preparó su historia, la cual era evidente que no concordaba con lo que los otros soldados estaban viendo, pues era increíble que el pobre chico asesinado, quien en nada se parecía a un guerrillero, hubiera sacado de repente una granada y la hubiera arrojado.

Aún así, el capitán del batallón, Patrick Mitchell, en lugar de indagar más sobre el sospechoso “atentado” y que se brindara ayuda al agonizante muchacho, simplemente ordenó a otro hombre que se asegurara de que estaba “bien muerto”. Éste disparó dos veces al afgano. Poco a poco los sorprendidos, consternados e indignados habitantes del lugar se acercaron, como el padre del chico, quien al ver de quién se trataba, se abalanzó sobre el cadáver, para abrazarlo, llorando de dolor. Por una desdichada ironía, los mariners habían hablado momentos antes con el devastado hombre, preguntándole sobre la presencia de insurgentes. Fríamente los estadounidenses contemplaron la escena, sin inmutarse, dando como única explicación que Mudin había atacado con granada a los soldados, sin mayor detalle. Apartaron al dolido padre y los prepotentes soldados, sin remordimiento alguno, simplemente siguieron los protocolos que se hacen cuando hay muertos, que son desnudarlos, para ver si tienen algún tatuaje o seña particular y tomar las huellas dactilares así como el iris con un escáner portátil. Y luego, Morlock y Holmes se tomaron deleznables fotos de ellos, muy risueños, alzando de los cabellos la cabeza del asesinado chico, y posando para la cámara, como si se tratara de un trofeo de cacería (las fotos de estas sociopatías pueden verse en la dirección: www.rollingstone.com/politics/photos/the-kill-team-photos). Y esas perversiones fotográficas se las fueron pasando a los celulares de todos los soldados del batallón, cual si fueran imágenes de felices vacaciones. No sólo eso, sino que otro sociópata, el sargento Calvin Gibbs, 26 años, inspirador de la atrocidad anterior (y de otras más que refiero adelante), se acercó al cuerpo y con unas tijeras quirúrgicas muy afiladas, cercenó el meñique derecho del chico. Luego, se lo ofreció a Holmes. “Tu premio, por haber matado a tu primer afgano”, le dijo, sonriente. Holmes lo tomó con mucho placer. Y según testimonios de sus compañeros, le dio por cargarlo en una bolsa plástica sellable, diciéndoles que pensaba conservarlo para siempre y que lo secaría (¿¡se pueden imaginar tan perversos alardes!?). Esa misma noche, Holmes Y Morlock presumieron su dedo a sus compañeros, cuando éstos y aquéllos estaban fumando hashish, muy común y tolerada práctica entre los militares estadounidenses (ha de considerar el Pentágono que dados sus asesinos esfuerzos tienen derecho a relajarse, ¿no? Aquí en México, se tolera que los soldados fumen marihuana, según me han referido ex soldados, para que se “den valor” en misiones de combate). Gibbs, que también inhalaba humo de su propio cigarro conteniendo esa especie de marihuana, pero más suave, se sumó a la celebración, resaltando el “valor” del par de sociópatas, así como él. Morlock tiene su propia historia, pues antes de la actual escasez de gente que se quiera enrolar en el ejército, cuando había muchos jóvenes que deseaban muy ansiosos hacer su carrera en “las armas”, lo hubieran rechazado. Nativo de Alaska, ya siendo adolescente, mostraba un comportamiento problemático: se emborrachaba, se peleaba constantemente, conducía sin licencia y una vez hasta huyó de un accidente automotriz en el cual él había tenido la culpa. Y cuando sin problemas fue admitido en el ejército, siguió con su conducta negativa. Su esposa lo demandó porque un día la quemó con un cigarro durante una discusión. Además, ya que llegó a Afganistán, se puso a probar cuanta droga le pusieron enfrente: opio, hashish, Ambien (un fuerte somnífero), amitriptilina, flexeril, fenergan, codeína, trazodina… así que, como puede verse, es una fichita el señor.

Esa deshumanizada, terrible conducta, supuestamente está prohibida por los estándares del ejército, y digo supuestamente porque las acciones de esos hombres del tercer batallón – y de muchos otros – eran conocidas incluso por mandos medios y altos, pero toleradas. Cuando salieron a la luz los asesinatos intencionados, el Pentágono trató infructuosamente de impedir que se difundieran las fotos o los videos que los mostraban, se prohibió a los incriminados dar entrevistas e incluso se visitaron sus hogares en EU, para revisar sus computadoras y confiscarles los discos duros, con tal de que no se hiciera más grande el escándalos, pero fue inútil, todas las fotos habían sido incluso subidas a populares sitios, como el Facebook. De todos modos, por ese primer asesinato, no hubo acusados, ni acciones correctivas por parte de los superiores del batallón, a pesar de las airadas protestas del padre de Gul Mudin y del resto de los habitantes de la empobrecida villa. Varios niños atestiguaron que habían visto a Morlock y a Holmes asesinar al chico. Uno de los coroneles de la compañía, David Abrahams, aparentemente inició investigaciones y entrevistó de nuevo a los implicados, pero concluyó que no había “inconsistencias” en sus testimonios y el caso se cerró. Incluso a otros mandos de dicho batallón, ya se les ascendió a categorías más altas y mejor pagadas. Esto, como dije, confirmaría mi tesis de que esa conducta sociopática es un estándar tolerado en el ejército, aunque los mandos superiores traten de negarlo. Por ejemplo, Gibbs tiene fama de rudo y desalmado. Muestra muy orgulloso en su espinilla izquierda un tatuaje compuesto por un par de rifles cruzados, al frente de los cuales hay dibujados seis cráneos, tres en rojo, los muertos que Gibbs dejó cuando trabajaba en Irak, y tres azules, los tres que hasta ese momento llevaba en Afganistán (en Irak, se dice que él y otros soldados mataron sin contemplaciones a una familia entera de civiles inocentes). Es, digamos, una “máquina de matar”. Sin embargo, contrario a la lógica, es considerado por sus compañeros y subalternos como un “gran soldado, muy positivo y un buen amigo”. Y también un muy buen elemento. Antes de que él se uniera a la Bravo Company, en noviembre del 2009, trabajaba con un coronel llamado Harry Tunnell, también muy dado a las bárbaras practicas de matar inocentes, quien tiene a Gibbs en alta estima por sus “grandes servicios prestados”. Por ese entonces, el Pentágono trató de aplicar la “sociología de la guerra”, en vista de que por los métodos convencionales, no se ve que EU vaya a ganar alguna vez en Afganistán – ni en Irak – su lucha contra los guerrilleros. Según esa táctica, se requiere de una especie de “científicos sociales” que logren acercarse a los habitantes de pueblos y villas de Afganistán para “socializar” con ellos e incluso hacerse sus amigos. También deseaban los funcionarios militares estadounidenses poner a prueba ese “nuevo enfoque” con tal de ahorrarse un poco los altísimos costos que invadir a un país significa. Se comenzaba a aplicar en Irak y se pensaba hacerlo también en Afganistán (Ver en este mismo blog mi trabajo: “La sociología de la guerra, nueva estrategia de dominación estadounidense en Irak”). Sobre esos intentos, Tunnell se puso a alardear de que eran puras tonterías. “Ser correctamente políticos significa que no podamos hablar abiertamente de nuestras represivas medidas, gracias a las cuales hemos tenido exitosas campañas contrainsurgentes” (Tunnell sería una especie de general Bibiano Villa estadounidense). Y también incitaba a sus hombres a perseguir y atacar inmisericordemente a todos “esos malditos guerrilleros asesinos”. Así que si eso dicen los mandos superiores, pues qué podemos imaginar de los soldados que están bajo sus órdenes, ¿no?

Hubo algún intento por parte de uno de los soldados del batallón de denunciar lo que habían hecho con Gul Mudin, el chico asesinado. Adam Winfield, 21 años (como puede verse, todos los involucrados son muy jóvenes), le mandó a su padre, residente de Cabo Cañaveral, Florida, un mensaje vía Facebook, diciéndole que Gibbs se había excedido con él por haber reprobado lo que habían hecho. “Papá, ellos lo montaron todo, de verdad, fue un asesinato, y ese chico era sólo un campesino, está muy mal lo que hicieron”. Chris Winfield, su padre, alarmado, acudió a la base Lewis-McChord a avisar lo que su hijo le había dicho, pero uno de los sargentos que estaba de guardia, simplemente le dijo “pues cosas como esas suceden siempre, no se pueden evitar, pero en cuanto su hijo regrese, veremos que hacer”. De todos modos, días más tarde, cuando Winfield fue admitido al “círculo de confianza” por Gibbs, le dijo a su papá que por favor no hablara más del asunto, pues no quería él causarse más problemas personales. O sea que Winfield, quien al principio mostró cierta ética, de todos modos, al final, fue contaminado por las sociopatías de sus compañeros. Incluso, participó en los siguientes montajes para matar a más hají, término peyorativo usado por las tropas estadounidenses acantonadas en Irak y Afganistán para referirse a los musulmanes. Y Chris Winfield le hizo caso y ya no se quejó más con los militares, temiendo por la integridad física de su hijo. Pero si esos militares hubieran atendido a la primera de sus quejas, probablemente el que se dio en llamar “escuadrón de la muerte”, comandado por Gibbs, se habría sometido y no habrían seguido matando más civiles inocentes con deleznables montajes.

Así pues, sin castigo ni protestas por parte de los altos mandos, esos sociópatas del tercer batallón siguieron asesinando civiles inocentes, mediante calculados montajes que Gibbs perpetraba. Además, no dejaba este psicópata de alentarlos a matar a quien se dejara con tal de tener acción, pues, como señalé arriba, todos estaban “muy aburridos”. Tanto que un día que un helicóptero logró matar a un insurgente mediante un misil, Gibbs y varios soldados se acercaron jubilosos. Uno de ellos incluso sacó un cuchillo y se puso a clavarlo con saña en los restos destrozados y semiachicharrados del cadáver, un par de piernas y parte de un brazo. Gibbs, sonriente, dijo “me pregunto si le podría cortar un dedo a este cabrón”. Además, les recordaba que uno de los líderes del escuadrón había muerto a causa de que la explosión de un IED le había volado las dos piernas. “¡Tenemos que vengarnos de esos salvajes, tenemos que irlos a buscar… la venganza es lo único que nos queda para desquitarnos, compañeros!”, declaran sus subalternos que siempre les estaba repitiendo. Y “matar salvajes” fue la única prioridad de Gibbs y sus “escuadrón de la muerte”.

En otra ocasión, él y otros soldados patrullaban por la noche un camino de terracería. La cámara térmica del Stryker captó a unos 300 metros la imagen de un hombre que estaba agazapado junto a un árbol. Pensando que se trataría de un guerrillero que acababa de colocar un IED en el camino, Gibbs le ordenó por el altavoz, en Pashto (una de las dos lenguas oficiales que se hablan en Afganistán), que levantara las manos y caminara hacia el frente. El hombre lo hizo, pero después se las llevó al pecho, como si tratara de cubrirse del frío. “El hombre actuaba extrañamente”, señaló uno de los soldados que participó en el evento. Como siguiera caminando hacia el vehículo, a pesar de las órdenes de detenerse y de levantar sus manos, Gibbs ordenó disparar a matar y una desmedida andanada de balazos siguió. Luego, cuando examinaron el cadáver, no hallaron arma alguna. De hecho, notaron que el hombre, al parecer, tenía rasgos de retardo mental y quizá de sordera y por eso había actuado “extrañamente”. Probablemente era un simple vagabundo que erraba en el tiempo y lugar equivocados. Al revisar el cadáver, uno de los hombres tomó un pedazo del desecho cráneo, que había sido destrozado por la lluvia de balas, como trofeo. Y como Gibbs sabía que no se podía disparar a hombres desarmados, de inmediato hizo gala de su talento para hacer montajes. Según los reportes, Gibbs siempre trataba de conseguir objetos del enemigo para su ruin causa. Eso lo hacía siendo amigable con los policías locales, a quien les intercambiaba, ¡háganme favor!, revistas pornográficas por diversos objetos (como se ve, la moral no existe para nada). Tenía una gran colección de objetos tales como pistolas, granadas rusas, restos de minas, mangos de rifles, cuchillos… incluso en esos días había logrado robarse de un cuartel un AK-47 que funcionaba. Gibbs entonces ordenó a uno de sus hombres que le plantara al cadáver un cargador de AK-47. Ya luego simularon que ese objeto había sido hallado, y aunque sólo era el cargador, fue suficiente para justificar que el asesinato había sido “legal”. Durante la investigación, un soldado que participó en el detestable hecho reconoció que “No, realmente el hombre no era peligroso, simplemente era un viejo sordo y retardado. En realidad, lo que hicimos fue ejecutarlo”.

Como tampoco recibieran castigo alguno, se atrevieron a realizar un tercer montaje para cobrar otra víctima. Fue un mes después, en un pueblo llamado Kari Kheyl. Allí, Gibbs se dirigió a la choza de Marach Aga, un hombre que se sospechaba cooperaba con los talibanes. Le ordenó en Pashto seguirlo. Llegaron hasta una pared a las afueras del pueblo. Allí, Gibbs puso el arma a los pies del asustado afgano. Luego, lanzó una granada rusa cerca de la pared, de las que conseguía o se robaba, y ya que estalló, sin miramientos, Gibbs le disparó al afgano. Acudieron al lugar Morlock y Winfield (al soldado que menciono antes, quien tuvo algunos iniciales escrúpulos), quienes estaban de acuerdo con el montaje y también le dispararon. Ya cuando se acercaron más soldados, Gibbs dijo que el asesinado afgano lo había querido atacar, pero que su arma se había atascado y fue cuando él le había disparado. Momentos después, cuando otro militar revisó el AK-47, vio que estaba en buenas condiciones, pero, otra vez, nadie dijo nada. Más tarde, Gibbs volvió a cercenar el meñique derecho del asesinado, además de que con unas pinzas le arrancó un diente y se lo ofreció a Winfield, como souvenir.

Y no sólo ese batallón cometió tales atrocidades, sino que se hallaron evidencias de que otros también lo hacen. Y ha sido por fotos o videos que, muy contentos, todos los soldados, enfermizamente, se pasan entre sí a sus celulares. Una foto muestra a un par de hombres muertos, amarrados de espaldas a un poste. Hay un letrero en un pedazo de cartón que tiene escritas las palabras: “El Talibán está muerto”. Sin embargo, un soldado confesó después que se trataba no de insurgentes, sino de un par de pobres granjeros que su compañía mató por gusto. En otra serie de fotos, se muestra a un par de hombres que circulaban en una moto y que fueron balaceados por mariners, pues al parecer no hicieron alto a su señal (lo que aquí en México ha sucedido con los retenes militares, que la gente por miedo no se para y son entonces acribillados). Los soldados aparecen tomándose fotos que hacen mofa de los cadáveres. Quizá uno de los testimonios más brutal, es un video que fue filmado con cámara térmica, y que muestra una secuencia en donde un par de hombres están escondidos tras de un arbusto. Un misil es lanzado contra ellos por un Stryker, haciéndolos pedazos. Se oyen las voces de soldados gustosos de lo que acaban de hacer. Y tuvieron el descaro de editarlo y hasta ponerle música del grupo Apocalyptica, banda de rock de cuerdas, muy ad hoc con las brutales escenas. Y ese videoclip y esas fotos circulan en los celulares de todos, junto con otras fotos, y extractos de la cinta Iron Man 2, como si fueran cosas muy chistosas.

Y Gibbs y su compañía no se quedaron con las ganas de seguir cometiendo asesinatos. Uno más fue cometido contra un viejo granjero, al que Gibbs, luego de acribillarlo, le plantó una granada rusa. No les importó que la familia del pobre hombre se acercara, sollozando y lamentando su muerte, pues sin remordimiento alguno, lo arrastraron hacia otro sitio, lo desnudaron y Gibbs también le cortó el meñique izquierdo, y además, con unas pinzas quirúrgicas, le extrajo un diente y se lo regaló a uno de los soldados que habían participado en la ejecución.

Aunque en algunos de sus montajes, era tan mala la puntería de los sociópatas del tercer batallón, sobre todo a lo lejos, que la gente a la que atacaban lograba escapar. Pero hubo uno que se arregló como si hubiera sido una emboscada contra un Stryker. Gibbs hizo estallar una granada y todos los soldados se pusieron a disparar hacia las chozas cercanas, como locos, para “defenderse”. El ejército hasta les dio ascensos por su “valerosa acción”, en donde no se sabía aún con precisión cuántos muertos hubo. Pero ya después, cuando se supo por las investigaciones que había sido falso el episodio, se les retiraron las medallas.

Irónicamente, los altos mandos militares, no se enteraron de las atrocidades cometidas por el “escuadrón de la muerte” porque éste hubiera cometido un error, sino porque en una ocasión que Morlock, Gibbs y otros fumaban hashish en la habitación de un tal Justin Stoner, éste se molestó porque frecuentemente lo hacían y se fue a quejar con uno de sus superiores. Sin embargo, Gibbs y Morlock se enteraron y le dieron una golpiza a Stoner, además de que lo amenazaron de matarlo “como perro” si se quejaba de que lo habían golpeado. Y ya fue que Stoner, muy asustado de que realmente lo fueran a matar, acudió a otro superior y le dijo lo que le habían hecho y para que quedara constancia de lo que peligrosos que eran Gibbs y los otros, se puso entonces a referirle lo de los montajes. Fue cuando los altos mandos se enteraron de esas atrocidades y se pusieron a investigar.

Hace unas semanas, Morlock fue sentenciado a 23 años de cárcel por su “reprobable conducta” y los civiles inocentes asesinados por sus sociopáticas prácticas. Sin embargo, no mostró ningún remordimiento durante los juicios que se le hicieron, ningún sentimiento de arrepentimiento. “La verdad es que a nadie en el batallón le importan una chingada esos cabrones… son una mierda. Tú recibes como recompensa una palmada en la espalda por parte de tu sargento, quien te dirá: Buen trabajo, chíngatelos”, se concretó a decir Morlock, sin emoción alguna.

Pues esas son las “valerosas”, encubiertas acciones de los mariners estadounidenses, quienes más parecen psicópatas asesinos que soldados.

Contacto: studillac@hotmail.com

miércoles, 30 de marzo de 2011

Detrás del “rescate humanitario” en Libia: mucho petróleo y escándalos sexuales

Detrás del “rescate humanitario” en Libia: mucho

petróleo y escándalos sexuales.

Por Adán Salgado Andrade

Por estos días vi la cinta que aquí fue titulada “Juego de traiciones” (Fair game), basada en la historia real de Valerie Plame, una ex agente de la CIA, cuya identidad fue ilegalmente revelada por un alto funcionario, debido a que el esposo de Plame, el diplomático Joseph Wilson, se atrevió a decir que la invasión a Irak de 2003, por parte de EU, se había hecho con base en absurdas mentiras, como el que ese calumniado país contaba aún con un programa para construir “armas de destrucción masivas”. Ahora se sabe que ese era el pretexto para intervenir militarmente a dicho país y quedarse, entre otras cosas, con sus vastas reservas petroleras, muy convenientemente entregadas a las petroleras extranjeras, sobre todo estadounidenses, por un impuesto, títere gobierno. Al calor de la invasión, se trató de matizar el pretexto de las “armas de destrucción masivas”, que no se habían encontrado aún, luego de varias semanas de la invasión, arguyendo que de todos modos se justificaban los infames bombardeos estadounidenses (se asesinaron a más de medio millón de civiles inocentes) y el despliegue de tropas terrestres, con tal de deshacerse de Saddam Hussein, al que se calificó como un brutal y cruel dictador (claro, pues ya no le era útil a EU, como años atrás lo había sido, cuando se le empleó en la guerra contra Irán). Comienzo este análisis con la anterior referencia, pues al parecer, lo mismo está sucediendo en Libia, país norafricano también con vastos recursos petroleros, muy útiles para el derrochador EU, ávido de hallar nuevas reservas de petróleo que le permitan continuar sus desperdiciadores requerimientos energéticos.

Para empezar, la propia “rebelión social” en Libia, que dio origen a la guerra civil y la presente invasión, no está clara en sus razones. De acuerdo con información contenida en “The World Factbook” (dependiente, irónicamente, de la CIA), los casi 6.6 millones de habitantes, vivían relativamente bien, gracias a las ventas libias de sus grandes reservas de petróleo y gas natural, siendo el ingreso per capita de alrededor de $13,800 dólares por habitante, lo que coloca a ese país en el lugar 84, con respecto al resto del mundo, sitio aceptable. He escuchado, además, testimonios de personas que vivían allí hasta antes de la “rebelión” y no se explican por qué, de repente, se dio el llamado efecto copy cat del mundo árabe allí, pues a diferencia de, por ejemplo, Egipto, no había sectores en pobreza extrema, ni severas carencias. Por eso, repito, en ese sentido, el que las protestas sólo se hayan centrado en la destitución de Muammar Kadafi (al que se señala, por cierto, en la mencionada publicación de la CIA, que es el mandatario de facto, pero sin un título oficial), no se ve como un fuerte argumento. Sobre todo, también, teniendo en cuenta que, para muchos, Kadafi era considerado, de alguna forma, como opositor al régimen estadounidense y líder revolucionario (es muy amigo de Fidel castro, por ejemplo), además de que su política económica era de corte fuertemente estatal, calificada incluso de “socialista”. Por lo mismo, por esa situación, y el que dicho país se decía que apoyaba a grupos terroristas, se ganó el adjetivo estadounidense de “rogue state”, o sea, país paria, y hasta el año 2003, se mantuvieron “sanciones internacionales” contra él, que no le permitían comercializar su petróleo libremente (y quizá en unos años se exhiba una película revelando las verdaderas causas de por qué en ese país se produjo una “revuelta social” y está invadido, sobre todo, por EU).

Por otro lado, hay que resaltar que las naciones africanas, como conjunto, no se han desecho de su pasado colonialista y ahora son sujetas de un neocolonialismo que sigue depredando sus cuantiosos recursos, en menoscabo de sus habitantes, quienes siguen sumidos en la pobreza extrema la mayoría de ellos (ver en este blog mi trabajo “El coltan, otro recurso natural más para el sometimiento neocolonialista de África”). Y es ese saqueo el que ha dado lugar a espurias intervenciones durante toda la sufrida historia del continente africano. Justamente la actual invasión la están llevando a cabo nada menos que EU, Inglaterra y Francia, controladores países que en el pasado estuvieron entre los que más colonias, sobre todo en África, poseyeron. Pero ahora, con el pretexto de la “ayuda humanitaria” hacia los “rebeldes libios”, vuelven a hallar el pretexto perfecto, con tal de intervenir y subyugar una vez más a ese golpeado país (eso ha sucedido, por ejemplo, con Sudan, país en donde recientemente tuvo lugar un referendo para que la gente decidiera si se dividía al país en dos, cuya porción sureña es también muy rica en petróleo).

Así pues, la carta petrolera es un fuerte aliciente para países derrochadores y ávidos de energía como EU y el otro par de invasores. Además, en vista de lo que acaba de suceder en Japón, a causa del terremoto, la energía nuclear se está cuestionando como futura fuente energética, dados los potenciales peligros que están surgiendo ahora en el destruido reactor nuclear de Fukushima, que está emitiendo altísimos niveles de radioactividad, de cientos de veces los niveles “permitidos”. Por tanto, en lo que se desarrollan energías, digamos “más seguras”, pues mientras hay que dilapidar el petróleo que le quede aún al mundo, sobre todo que sea acaparado por los países más engullidores de esa energía fósil (y en ello va implícita una, digamos, discriminación energética, pues Libia o muchos países exportadores de petróleo, con su reducida población, se dirá, no requieren demasiado crudo, así que mejor lo vendan a quien sí lo requiere, léase, EU, principalmente, o Europa).

Por otro lado, sorprende que EU se haya metido de nuevo en uno más de sus aventurerismos bélicos, y que Barac Obama, haya autorizado, sin más, la invasión militar. Y su absurda actuación es peor incluso que la del mismo George Bush, su inepto, pusilánime antecesor, quien, para invadir Irak, consultó, en su momento, con el congreso estadounidense. Obama no lo hizo, y ya ocho diputados están presentando una resolución bipartita que afirma que la invasión a Irak debe de ser autorizada por el congreso (y eso que a Obama le dieron un cuestionable “Premio Nóbel de la paz” en el 2009. Ver en este blog mi trabajo “Premio Nóbel de la paz al armamentista Barac Obama”). Además, la “razón” por la cual inicialmente Obama justificó la invasión, la “defensa de civiles inocentes”, ya se perdió entre el mar de intereses que llevaron a hacerla. Supuestamente sólo EU puede invadir a otro país si éste pone en peligro la seguridad estadounidense. Se le preguntó al secretario de la defensa, el arrogante, proarmamentista señor Robert Gates, si, en efecto, Libia era un “peligro” para EU y cínicamente respondió que “no, no es de interés Libia, pero de todos modos era de interés y era de interés por todas las razones que mencionó la secretaria (Hilllary) Clinton”. Pero, curiosamente, Clinton adujo que era para “proteger a los civiles inocentes”, y esa razón se cae cuando EU no sólo está bombardeando Libia para crear una supuesta “zona de exclusión”, en donde no haya ataques a los rebeldes, sino que ya está combatiendo directamente a las fuerzas militares de Kadafi, ya que ahora la “razón” inicial cambió, pues de acuerdo con un análisis del diario New York Times, ahora se trata ya de derrocar a kadafi. Según el diario, el plan es atacar cuanto se pueda a las tropas de aquél, de tal modo que sean éstas las que demanden que el dictador salga de Libia. Y esto lo está haciendo EU porque su aventurerismo bélico ya le está costando varios millones de dólares, alrededor de $600 millones hasta ahora (incluyendo el costo del avión militar derribado, así como al menos 191 misiles Tomahawk que se han lanzado). Así que Obama y sus secuaces temen que la invasión se vaya a alargar y a encarecerse demasiado (como suele suceder en donde EU mete sus militares narices, como ya se ha visto en Irak o en Afganistán, que son invasiones que hasta ahora, de todos modos, no ha podido ganar), y por eso están optando por el “Plan B”. Incluso se habla ya de que EU y su pelele la OTAN, podrían desplegar tropas terrestres, una vez “liberada” Libia de Kadafi, con tal de “mantener el orden” y evitar que el país se divida.

Pero, como señalo arriba, esas son minucias, cuando lo que realmente está en juego es la apropiación del petróleo libio, por parte de los países invasores y sus respectivas corporaciones petroleras, cómplices de la bélica acción.

A partir del 2009, Libia, se propuso tener un mayor control de su petróleo, extendiendo las funciones de su organismo estatal, la Corporación Petrolera Estatal (CPE). Su director de ese entonces, Shukri Ghanem, dejó claro que el gobierno deseaba participar más de las cuestiones técnicas. Declaró Ghanem “Estamos buscando beneficios a largo plazo, no sólo a corto plazo. Nos preocupa que la mayor parte de los trabajos técnicos se lleven a cabo fuera del país. Nuestros graduados están sin empleo, mientras que damos trabajo a extranjeros. Esto no es benéfico para Libia en el largo plazo. Necesitamos crear una mejor capacidad ingenieríl en nuestro país”. Y de hecho, Libia había iniciado una campaña para establecer más escuelas e instituciones que ampliaran las capacidades tecnológicas de su población (por ello, insisto, la revuelta popular no se justificó del todo en las razones para su actuación. Qué tan vagos fueron los argumentos de la revuelta, que los rebeldes aún no tienen claro qué sucederá luego del derrocamiento de Kadafi. Además, la “rebelión” en buena parte fue producto del trabajo hecho a través de redes sociales, como Facebook o Twitter, las cuales, repentinamente, cambiaron su carácter de simples lugares de socialización y chismes, a potenciales sitios “revolucionarios”).

A esos esfuerzos de contar con tecnología refinadora propia, el gobierno los llamó “libianizar la industria petrolera”. Así que la estrategia puso a temblar a las petroleras extranjeras, pues el gobierno las despojaría de buena parte de los negocios (el big money) que hacen tradicionalmente allí, sobre todo gracias a los “Acuerdos compartidos para exploración y producción”, gracias a los cuales aquéllas empresas han ganado siempre muy buen dinero. Un total de 50 corporaciones estaban operando hasta antes de las “rebeliones”, incluyendo la italiana ENI, la francesa Total, la española Repsol, la inglesa BP y la holandesa-estadounidense Shell. Justamente las naciones cuyas empresas tienen en Libia más intereses petroleros, son las que están llevando a cabo la “acción humanitaria”: Francia, EU e Inglaterra (incluso España e Italia están de acuerdo con la invasión. Y ya España le entró con un submarino y una fragata, su cooperación militar, para defender los intereses de Repsol).

Pero además Libia, país que pertenece a la OPEP, tiene la obligación de acatar las estrategias que dicho organismo establezca, con tal de defender, por ejemplo, los precios del crudo, que no bajen de cierto límite. De hecho, Libia sería la sede de reunión de dicho grupo en el año 2012, lo que ahora es ya incierto. Se puede pensar que Libia, con un gobierno títere impuesto, pudiera salirse de la OPEP, con tal de servir a los nuevos amos, que investidos de hipócritas intenciones “democráticas”, celebraran con creces a un “nuevo gobierno” libio, elegido “democráticamente”. Dicho gobierno impuesto, no acataría, en consecuencia, los dictados de la OPEP, sino los de los barones petroleros.

Y ya indagando más sobre esas empresas extranjeras que operan en Libia (y en el mundo, dado el caso, pues esos barones del crudo andan por todos lados), resulta que Shell, en el 2009, se vio envuelta en EU en un escándalo que se trató de minimizar lo más posible. El periodista John Donovan escribió un artículo titulado “Sexo, drogas y corrupción patrocinados por Shell”, en el cual reveló que la empresa organizaba frecuentemente fiestas para altos funcionarios gubernamentales, en donde había tanto drogas, como orgías, con tal de que tales funcionarios le adjudicaran buenos contratos a esa corrupta empresa (una situación similar sucedió en Inglaterra). El nombre más mencionado fue el de la ex secretaria del Interior, Gale Norton, cuyo equipo de trabajo y colaboradores, de acuerdo con la investigación, frecuentemente fueron agasajados por empleados de Shell, quienes les organizaban, como dije, fiestas en donde había drogas, alcohol y ¡muchas mujeres! Sí, y eso que Shell, hipócritamente, se adhiere a un protocolo de “Principios generales de negocios”. En correos electrónicos que fueron obtenidos durante la investigación efectuada por el Departamento de Justicia, se hace referencia a las reuniones y a que se contratarían chicas para que “trataran muy bien a los asistentes”. Gracias a eso, Shell, no sólo ganó muy buenos contratos gubernamentales, sino que también salió beneficiada Norton, pues meses después de las orgiásticas prácticas de Shell, la empresa le dio trabajo como Consejera General de la división de la compañía encargada de explotar el esquisto, una arcilla cuyo aceite es muy parecido al petróleo, así que puede emplearse también como potencial energético. Y esas orgías y sucios negocios y contratos se dieron ya en plena administración de Obama, que ha tratado de mostrarse como incorruptible y diferente a su antecesor (¡bola de hipócritas!).

Así que, en conclusión, lo que sucede en Libia, ni fue producto de una bien justificada revuelta social, ni la invasión militar tiene como objetivo la “ayuda humanitaria”. Detrás de todo este montaje, hay, como dije, muchísimo petróleo, y que se logren opacar los turbios manejos de las hipócritas corporaciones petroleras que convergen en esos fuertes intereses económicos, como Shell. No siempre, por tanto, las revueltas sociales son producto de una toma de conciencia colectiva, sino de turbios intereses corporativos.

Contacto: studillac@hotmail.com