domingo, 30 de marzo de 2008

Los pozos petroleros ultraprofundos, otra manera de seguir garantizando la dominación estadounidense sobre México.

Los pozos petroleros ultraprofundos, otra manera de
seguir garantizando la dominación estadounidense sobre México.
por Adán Salgado Andrade


De nueva cuenta, el entreguista, dócil, controlado gobierno panista que (junto con el priísta) mal administra a México, está empleando leguleyos, tramposos, engañosos argumentos a favor de la apertura de lo que queda del petróleo mexicano, pero no para “beneficio de todos los mexicanos”, como los tendenciosos spots televisivos (y que conste que de acuerdo con la nueva ley de medios, ya no se iba a emplear a la televisión o la radio para transmitir propaganda política, que eso son tales amañados anuncios sobre la “riqueza que yace en el fondo del mar”) pretenden mostrar. No, en realidad, como siempre, el ilegítimo, inepto grupo de mal administradores panistas (que no gobernadores) está siendo parte del plan expansionista energético tan necesario a los Estados Unidos, para que ese desperdiciador país siga sosteniendo sus excesivos derroches de energía, cada vez más crecientes, que en millones de barriles de petróleo diarios se ubican actualmente en unos 22.5 (incluidos sus territorios), que significan un 31.3% de la producción petrolera diaria (ver mi artículo en Internet: “La guerra mundial por el petróleo y el gas natural”). Pero el petróleo producido dentro de ese país sólo satisface un 40% de esas glotonas necesidades, además de que sus reservas están declinando muy rápidamente, así que el 60% restante, EU debe de comprarlo, importarlo de países productores, muchos de ellos de regiones lejanas. Por ejemplo, el petróleo comprado del Medio Oriente – de Arabia Saudita, Kuwait e Irak, sobre todo –, poco más de dos millones doscientos mil barriles por día, constituye casi el 25 % de sus importaciones. Nigeria, otro alejado país africano, le vende un millón doscientos diez mil barriles diarios, que por sí solos ascienden a casi un 15% del total de crudo importado. Argelia, Angola y Libia que aportan 903,000 barriles diarios entre ambos, casi 5%, también están lejanos de EU. De Azerbaiján obtiene 134,000 barriles, 1.44%, de Inglaterra, 94,000 barriles, apenas 1%, pero también son lejanos. Así, el costo de comprarles petróleo a esos países, sobre todo por el transporte (barcos-tanque, principalmente), se incrementa, además de que a mayor distancia, mayor es el tiempo que debe de recorrer el crudo hasta las refinerías estadounidenses en donde será procesado en los distintos petrolíferos, especialmente combustibles, que ese país requiere (en las cantidades anteriores, sólo se incluye el petróleo crudo que EU adquiere del exterior, sin tomar en cuenta el total de los otros derivados petrolíferos que también compra, junto con los cuales, EU importa alrededor de 11.1 millones diarios de petrolíferos, de los casi 18.5 millones que el país continental consume, sin incluir el resto de sus territorios, con lo que el consumo asciende a 22.5 millones de barriles diarios, la cantidad que cito arriba). Por otro lado, se trata de regiones conflictivas muchas de ellas, como Irak (en donde ya hay un estado permanente de guerra, desde la invasión anglo-estadounidense, que le cuesta al gobierno del inepto Bush 1000 dólares por segundo y que no se ve para cuándo haya de terminar) o Nigeria, en donde los peligros de inestabilidad política y estallidos sociales son “variables” que están presentes en las estrategias del control político y económico de los planeadores estadounidenses, para quienes es sumamente importante la estabilidad de una región, más cuando ésta le aporta ventajas, como petróleo, para el caso que estamos tratando. Y he ahí que todo viene de maravilla cuando tales planeadores ven en los países petroleros cercanos, como México, una gran, prometedora opción a sus planes energéticos futuros.
Resulta que México, a pesar de la disminución de su producción petrolera, aún exporta un millón 234,000 barriles diarios a EU – de un millón 577,000 que, en promedio, le exportaba durante el año 2006 –, casi 15% de las importaciones estadounidenses de crudo (me refiero, otra vez, sólo al petróleo no procesado). Otro país que le vende petróleo y que es su primer exportador es nada menos que Canadá, que a diario le entrega un millón 784,000 barriles, casi 20% del total importado. Así que entre México y Canadá, obtiene EU cerca del 35% de sus importaciones diarias de crudo. Un tercer país muy importante para las futuras estrategias petroleras de EU es, irónicamente, Venezuela – digo irónicamente porque Hugo Chávez es persona non grata para las necesidades de dominación de EU en Latinoamérica, debido a la evidente posición antiestadounidense del mandatario venezolano –, pues le vende a aquel país un millón 246,000 barriles por día, también casi el 15%. Así, esos tres países resultan sumamente estratégicos para EU, pues le aportan la mitad de sus necesidades energéticas petroleras de importación. Los otros tres países latinoamericanos que le venden el resto del petróleo importado que requiere EU son Ecuador, que entrega 195,000 barriles por día, 2%, Brasil, 171,000, 1.8% y – no podía faltar en esta estratégica ecuación – Colombia, que le surte 113,000 barriles diarios, 1.21%.
El problema para EU son sus reservas probadas, las cuales ascienden apenas a poco menos de 21,000 millones de barriles, que al ritmo del consumo actual apenas le alcanzarán para escasos dos años y medio, así que es extremadamente urgente para esa nación seguir contando con fuentes foráneas confiables que le surtan segura y regularmente todo el petróleo que requiere y seguirá requiriendo, pues, como señalé, su glotonería energética no tiene límites – se estima que de aquí al año 2030, si logramos llegar, EU aumentará su consumo energético en 27%, casi 1% anual, lo que se traduciría en 225,000 barriles más por día, en promedio, por cada año. Por otro lado, el resto de las llamadas “energías alternativas” (eólica, solar, nuclear, biomasa), en los niveles tecnológicos actuales, se estima que no podrán satisfacer las demandas energéticas ni de EU, ni del resto del mundo, así que no constituyen un sustituto real del petróleo, energético que seguirá empleándose masiva e intensivamente en las décadas por venir (con las catastróficas consecuencias para el medio ambiente que tan fuerte dependencia de los energéticos fósiles seguirá provocando).
De los ya citados tres países vecinos que más le venden petróleo, el que cuenta con las mayores reservas probadas es Canadá, quien tomando en cuenta las llamadas tierras “alquitranadas” – de las que actualmente obtiene alrededor de una cuarta parte de su producción diaria, gracias a los modernos métodos para procesar esos yacimientos petrolíferos que hacía años parecía difícil de conseguirse –, posee alrededor de 179,000 millones de barriles (con lo que se colocaría en segundo lugar, después de Arabia Saudita, que sigue a la cabeza, con alrededor de 260,000 millones de barriles probados), que al ritmo actual de producción, 3.1 millones de barriles por día, le durarían casi 160 años. Venezuela, también contando con sus tierras alquitranadas, posee reservas por alrededor de 80,000 millones de barriles. Al ritmo de producción actual, 2.4 millones de barriles diarios, le durarían casi 91 años. Y en esto de las reservas, el que actualmente se queda corto es México, que tras haberse jactado por años de contar con inmensas reservas probadas, ahora resulta que sólo tiene alrededor de 12,400 millones de barriles de petróleo, los cuales, con la producción actual, de alrededor de 3.12 millones de barriles diarios (60% de los cuales son extraídos del declinante yacimiento de Cantarell), no durarán más allá de 11 años. Si además se miden las reservas de los tres países con respecto al consumo estadounidense, las canadienses durarían unos veinte años, las venezolanas, casi diez años y las mexicanas, ¡apenas año y medio! Claro que estos países no le venderán todo su petróleo a EU, pero sólo hago los cálculos para efectos comparativos del potencial petrolífero de cada uno. Evidentemente que Canadá no es un país tan dócil, como para que su vecino del sur lo vuelva parte incondicional en sus futuros planes energéticos (que de alguna manera lo es, mediante el tratado de libre comercio, con el que Canadá se obliga a comprarle y venderle determinados productos a determinadas cuotas), aunque llegado el caso, habrá de aumentar sus exportaciones de crudo a EU. Tampoco lo es Venezuela, al menos mientras Chávez esté en el poder. Por esa razón, es claro aquí, que resultaría vital para EU que se diera un efectivo golpe militar contra Chávez (si, efectivo, no como el que pretendió derrocarlo en abril de 2002 y que por fortuna se frustró) y que se lograra imponer un gobierno incondicional, como el colombiano – o el iraquí en Medio Oriente –, con tal de que Bush y sus halcones pudieran manejarlo a sus anchas, sobre todo, garantizarse la venta irrestricta de petróleo. Por tal razón, no le hubiera venido mal a los planeadores militares estadounidenses que se hubiera dado una guerra, luego del arbitrario, ilegal, infame bombardeo a “guerrilleros colombianos” en territorio ecuatoriano – acción muy seguramente planeada desde la CIA y el Pentágono con esas negras intenciones –, entre Ecuador, apoyado por Venezuela – países que, falsamente se acusa, apoyan a las FARC –, contra Colombia, en el deseo de que si aquéllos fueran derrotados – que sería muy factible, dado que Colombia cuenta con gran ayuda militar de EU, como moderno armamento y asesores militares del Pentágono, además de que no dudarían los estadounidenses en prestar ayuda a su “sufrido” aliado sudamericano –, daría ello lugar a protestas de sus ciudadanos y a la caída de Chávez y Rafael Correa, pero, por fortuna, la diplomacia imperó. Pero aún con Chávez en el poder, es tan preciado el petróleo venezolano para los estadounidenses que a pesar de la retórica revanchista de Chávez hacia Bush y sus halcones, no se pueden éstos dar el lujo de dejar de comprarle crudo a los venezolanos, ni los venezolanos pueden dejar de venderle crudo a sus imperialistas compradores, pues es un 15% de lo que EU compra, y que a un promedio de 100 dólares el barril, dejarían de percibir aquéllos casi 125 millones de devaluados dólares por día, muy importantes para la petrolizada economía venezolana (este es otro grave problema de muchos países latinoamericanos, las monoexportaciones, como el caso mexicano – muy dependiente aún del petróleo –, lo que los vuelve bastante vulnerables a las fluctuaciones en los precios y en las demandas de el o los productos que principalmente exportan, pero a eso ha llevado el modelo neoliberal, a mantener países monoproductores, pues sólo así pueden insertarse en la división internacional del trabajo que las corporaciones han establecido en todo el mundo para sus exclusivas necesidades de obtención de una cada vez más declinante ganancia industrial). Así pues, en esta ecuación entra México a la perfección, sobre todo porque resulta que además de contar con un entusiasta grupo de entreguistas, incondicionales y dóciles mal administradores, dispuestos a apoyar en todo a su patrón estadounidense, el país cuenta con supuestas potenciales reservas del tan necesitado “oro negro” en las aguas más profundas del así llamado Golfo de México, como veremos enseguida.
Y antes que nada, enfatizo lo de supuestas reservas porque aunque muchas compañías petroleras extranjeras ya extraen petróleo de los llamados pozos ultraprofundos – algunas lo hacen desde 1995 –, en realidad muchas de las tan vituperadas “potenciales reservas” que están aparentemente localizadas en la parte media del golfo de México, en donde las aguas alcanzan su mayor profundidad (de 2000 o más metros), no está del todo comprobado que realmente existan. Esto lo ilustra el hecho de que los métodos de localización de mantos petroleros ultraprofundos, empleados por compañías extranjeras, tales como Chevron (estadounidense), Exxon Mobil (estadounidense), Shell (anglo-holandesa), British Petroleum (inglesa), entre otras, son totalmente indirectos y azarosos, consistiendo en la producción de fuertes exhalaciones de aire emitidas por “cañones de aire”, dirigidas hacia el fondo marino, las que al chocar con éste, rebotan en forma de ondas sonoras, las cuales son medidas en su intensidad. De acuerdo con ciertos parámetros, tales ondas rebotadas señalarían si en tal o cual sitio existen posibles reservas de crudo (pero esto es tan azaroso y difícil, que, según un ingeniero de Chevron, equivaldría a “que usted tirara una pelota de béisbol desde una altura de ocho kilómetros y le atinara a la base ¡pero siendo de noche!”) Así, con esa especie de “ultrasonido oceánico” se ha pretendido establecer que los fondos del golfo poseen suficiente potencial de crudo como para aumentar las declinantes reservas de petróleo estadounidenses hasta en un cincuenta por ciento, es decir, existirían, aseguran tales empresas, al menos entre 12,000 y 15,000 millones de barriles del petróleo más viejo hasta ahora descubierto (dataría del periodo terciario). Y como resulta que muchos de esos potenciales depósitos se encuentran justo del lado mexicano del golfo, pues entonces hay que justificar con las pobres intentonas panistas de que allí hay una “gran riqueza”, pero que no podemos disponer de ella si no nos “aliamos” (léase, privatizar también la exploración, como otras tantas actividades de PEMEX que ya están en manos privadas “gracias” a los tramposos Contratos de Servicios Múltiples) con empresas extranjeras. Por otro lado, si, como arriba menciono, muchas compañías ya están explotando esos mantos petroleros ultraprofundos desde hace más de 12 años, cabría preguntarse: ¿qué certeza existe de que tales mantos aún cuenten con suficiente petróleo como para que valga la pena explotarlos y realizar las altísimas inversiones requeridas? (esto porque por el llamado “efecto popote” el petróleo que pudiera estar del lado mexicano ya estaría siendo extraído desde hace tiempo). Además, existen muchas dificultades técnicas, aunadas a potenciales peligros ecológicos de graves consecuencias, como veremos. En la parte en donde se pretende extraer petróleo, la profundidad del mar puede alcanzar más de 2000 metros, lo que generaría una altísima presión de unos 200 kilogramos por cada centímetro cuadrado de superficie, suficiente para hacer que estallaran tanques de oxígeno de buceo, por ejemplo. Luego siguen más de 6600 metros de sedimentos y fondo rocoso. Cuando los barrenos perforan esas partes, se corre el riesgo de que si tocan capas de menor dureza o “huecas”, pueden deshacerse en segundos. Y a esas profundidades, las corrientes marinas dificultan muchísimo las maniobras de perforación y extracción. La empresa Chevron posee en esa parte un campo exploratorio llamado Tahiti, el cual cubre un área de unos 77 kilómetros cuadrados. Allí perfora actualmente un pozo, bautizado como Cajun Express, no tan profundo, 1200 metros, que ha presentado una serie de grandes dificultades técnicas, como las mencionadas. Otro problema es que el crudo, a esa profundidad, está más que hirviendo, pues alcanza temperaturas de hasta 200 grados centígrados, así que mucho de dicho crudo, de antemano, está convertido en calientísimo gas natural y bióxido de carbono, lo que aumenta aún más las presiones de operación, que aunada a la presión por la profundidad del agua y de las capas rocosas y sedimentarias, incrementa muchísimo las probabilidades de riesgos, tales como que las tuberías de extracción estallaran (altamente probable) y que el crudo se derramara incontrolable por todo el fondo oceánico. Un problema más, también de alto peligro, es que en tales profundidades marinas, la temperatura del agua está cercana a la congelación. Si una vez que el crudo estuviera extrayéndose, las tuberías por las que circulara no estuvieran suficientemente aisladas, el acero del que están hechas, por la diferencia de temperaturas (de 200 grados a casi cero grados centígrados), se despedazaría como vidrio... ¡también así se derramaría incontrolable el hirviente crudo, destruyendo y contaminando a su paso el lecho marino, antes de ascender finalmente a la superficie del mar! Todavía no existen, por fortuna, precedentes respecto al grave daño ecológico que derrames así, de petróleo hirviente, provocarían en la ecología marina, pero seguramente serán devastadores.
Sí, los riesgos de que tales instalaciones vayan a sufrir siniestros aumentarán su frecuencia y probabilidad debido a los inherentes peligros que enfrentarán. Baste ver que los accidentes de plataformas marinas provocados por huracanes o tormentas son cada vez más frecuentes y eso que no trabajan a las ultraprofundidades mencionadas antes. Por ejemplo el ocurrido a la plataforma Usumacinta de PEMEX, el pasado mes de octubre, en el pozo Kab-101, en el que lamentablemente murieron 22 trabajadores (las “mandarinas”, embarcaciones supuestamente herméticas, cuyo mantenimiento estaba concesionado a la empresa naviera privada “Oceanográfica” – presumiblemente vinculada con los hijos de Marta Sahagún –, no funcionaron correctamente debido a sus lamentables condiciones), se debió a un huracán, pero los daños fueron mayores debido también a las deterioradas instalaciones de dicho pozo, ya que a los mal administradores panistas no les interesa que aquella empresa dé mantenimiento a su infraestructura productiva, y se engulle casi la totalidad de los ingresos petroleros, seguramente porque así justificarán más fácilmente la entrada de capital privado adicional a PEMEX, aduciendo que ni para dar un mínimo mantenimiento a sus instalaciones tiene dinero la paraestatal. Y ya British Petroleum sufrió la pérdida de una de sus plataformas ultraprofundas, la Thunder Horse, valuada en $5000 millones de dólares, cuando en julio de 2005 el huracán Dennis la destruyó parcialmente. Ubicada en medio del golfo de México, a 240 kilómetros de las costas de Nueva Orleáns, esa mole planea extraer 250,000 barriles diarios de crudo por día, pero a causa del accidente, además de graves problemas de diseño y construcción (por ejemplo, los tanques de balastro que la pretenden mantener a flote los próximos 25 años tienden a corroerse muy pronto), aún no está en producción, lo que se prevé se hará hasta finales de este año. Por fortuna en la fecha del accidente, todavía no estaba bombeando crudo, pues los daños al ecosistema marino habrían sido cuantiosos por tanto petróleo derramado. Si esto le sucedió a BP, que además en esta plataforma está asociada con Exxon Mobil, la que posee 25% de las acciones y BP, el 75% restante, supuestas empresas poseedoras de tecnología de punta, qué puede esperarse que sucederá con el resto de las plataformas ultraprofundas, de las que ya hay unas quince operando, en el caso de huracanes y otros disturbios climáticos, sobre todo ahora que, debido al calentamiento global (otro grave problema más debido a la irresponsable acción del hombre), aquéllos fenómenos naturales serán más frecuentes... ¡como ya señalé, los accidentes en dichas plataformas serán muy frecuentes y los daños en la ecología marina serán incuantificables y bastante severos!
Además los costos de operación de esas plataformas, como en el caso de la Cajun Express, son elevados, de medio millón de dólares diarios, así que los ejecutivos de Chevron consideran que, una vez en funcionamiento, el barril de petróleo costaría unos 40 dólares. Supongamos, entonces, que se “asocia” Chevron con PEMEX. A ese costo por barril, en caso de que el precio de venta fuera de 100 dólares, la utilidad sería de 60 dólares. En un esquema de “asociación”, probablemente Chevron alegaría que arriesga capital, además de la aportación tecnológica, así que pensemos, conservadoramente hablando, que retuviera 60% de tal ganancia (en Brasil, por ejemplo, Petrobras, la paraestatal petrolera de ese país, recibe de las petroleras extranjeras que extraen el crudo brasileño, entre un 10 y un 25% del precio al que éstas vendan cada barril de petróleo, es decir, a un precio de 100 dólares, aquéllas le entregarían entre 10 y 25 dólares, lo que evidencia la inequitativa posición que tiene esa empresa brasileña, en donde, merced a la parcial privatización hecha desde la época de Fernando Henrique Cardoso, cuando el gobierno tenía 87% de las acciones de la empresa, ahora sólo conserva el 40%. Hay actualmente una campaña de varios activistas sociales y expertos para revertir esa situación en la que, irónicamente, se está tomando como modelo a PEMEX, pues aquéllos consideran que está en mejor situación que Petrobras... ¡hasta ahora!). Así, se quedaría Chevron con 36 dólares y PEMEX o, más bien, los negociantes panistas, recibirían 24 dólares, que para ellos sería muy buen negocio, sobre todo porque varios tienen sus “empresitas” listas ya para entrarle en sociedad con las transnacionales en la intentona privatizadora de la paraestatal. Pero para el país, para los mexicanos, eso no es buen negocio, en primera, porque en las condiciones actuales, el costo de extracción por barril para PEMEX en sus pozos digamos que “normales” es de alrededor de 5 dólares, y suponiendo otros 10 dólares en gastos de transportación y otros costos, tendríamos 15 dólares en costos. La cotización actual ha superado incluso los 90 dólares, lo que significaría una utilidad de unos 75 dólares, los cuales prácticamente absorben los mal administradores panistas, sin que le permitan a la paraestatal capitalizarse, tanto para las construcción de infraestructura refinadora, como para el correcto mantenimiento de sus instalaciones, muchas en muy lamentable estado. Además, es claro para cualquier administrador que conviene más al país conservar la totalidad de la exploración, pues la utilidad correspondería completamente a México, no siendo así en el caso de compartirla. Por otro lado, el petróleo extraído sería no para las necesidades internas, sino para surtir las refinerías estadounidenses, pues ese es, de entrada, el plan de EU para México, como arriba expongo, ya que en los planes de los mal administradores panistas se prevé aumentar la producción diaria hasta en cuatro millones de barriles, es decir, así podría vendérsele un millón más a EU, pero por mediación de las empresas extranjeras, no de PEMEX, la que, como dije, sólo se quedaría con parte de las utilidades. Además, parte del dinero recaudado se iría en pagar el costo de las plataformas ultraprofundas, pues las empresas extranjeras buscarán primero que se amortice su inversión, antes de que PEMEX se quede con el total de las utilidades que le correspondan. Se especula que el “negocito” podría ascender hasta unos 300,000 millones de dólares, que equivaldrían a que se operaran unas 300 plataformas que costarían unos 1000 millones de dólares cada una, además de que llevaría diez años, como mínimo, la construcción y operación de dichas plataformas, demasiado tiempo para los planes de los mal administradores panistas de hacer sus grandes negocios.
Por otro lado, por ninguna parte se ve que en los planes panistas se proponga una diversificación petrolera, es decir, de nueva cuenta sólo se prevé exportar crudo, no derivados de éste, los que tienen mayor valor agregado al final, más ganancia, pues. Y eso es evidente en la relación actual de los petroquímicos que México exporta a EU, pues del total de barriles equivalentes, que asciende a un millón 322,000 por día, solamente 88,000 barriles de esa cantidad corresponden a petroquímicos, es decir, menos del 7%. En contraste, Canadá le vende a EU dos millones 360,000 barriles diarios equivalentes, de los cuales 576,000 son productos refinados, es decir, casi 25%. Otro caso es el de Inglaterra, la que le vende a EU un total de barriles equivalentes de 238,000, pero de los que 145,000 son petroquímicos, o sea, casi 156%. Y el que saquemos menos dinero por vender mayoritariamente petróleo crudo, no es todo el problema, sino que por la falta de inversiones en refinerías, por ejemplo, hemos llegado actualmente a que del total del petróleo exportado, unos 42,000 millones de dólares el año pasado, casi 36,000 millones fueron gastados en comprar gasolinas, gas natural y otros petroquímicos, o sea, ¡cerca del 86% de esos ingresos se nos van en recomprar, ya procesado, el petróleo que le vendemos a EU (que es el país que mayoritariamente nos vende productos petroleros), pero mucho más caro! (sí, así como los jitomates que le vendemos, que nos revenden en forma de puré o de jugo de tomate, ¡vaya negocios estúpidos que hace nuestro “gobierno”!). Por ejemplo, cuatro de cada diez litros de gasolina “mexicana” son importados. Eso evidencia que las formas de control neocolonialista, que consideran a países subdesarrollados, como México, como meros exportadores de materias primas, siguen tan vigentes, tal cual lo hicieron España o Inglaterra durante los nefastos tiempos coloniales.
Así pues, las “riquezas que yacen en el fondo del mar” no son para beneficio de los mexicanos, no son para ampliar nuestras reservas, sino que todo lo dicho es parte del plan estadounidense para seguir amoldando a México a sus necesidades futuras, tanto energéticas, como industriales. Sí, así como el Plan Puebla Panamá (PPP), que pretende hacer una región maquiladora desde nuestro país hasta Panamá, muy al estilo chino, de materias primas baratas, recursos energéticos abundantes y salarios muy bajos. O como el proyecto de la generación privada de energía eléctrica (por ejemplo los proyectos eólicos de la Venta, en Oaxaca, totalmente en manos de particulares), ya en funcionamiento, justamente para surtir de energía suficiente a las maquiladoras que surjan del PPP. O los planes para privatizar áreas naturales del país, como manglares y playas, para construir allí, sin que importe para nada el daño ecológico que se provocará, grandes complejos turísticos. O como los proyectos panistas que han hecho de importantes lugares arqueológicos como el Tajín, Tulum o Teotihuacan, foros comerciales para que se presenten estrellas de la farándula nacional y extranjera. O como las “reformas” constitucionales que prácticamente dejaron en manos privadas la casi totalidad de las telecomunicaciones en México. O lo que ya se hace en el campo, de permitir a agroindustrias extranjeras que compren o alquilen ejidos para la siembra de cereales transgénicos, sin obstáculos, ni objeción alguna, a pesar de los potenciales daños a la salud y al medio ambiente que pueden desatar esos organismos alterados artificialmente, como el maíz de Mosanto, con tal de aumentar la producción de granos, no para que tengamos más alimentos, sino para que sean procesados y convertidos en etanol y otros biocombustibles, que serán luego exportados a EU, para que los estadounidenses puedan emplearlos en sus gastalones SUV’s... y así por el estilo.
¡Venga, pues, otro gran negocio panista-priísta, otra entreguista iniciativa, bajo la batuta estadounidense, sea bienvenida una nueva manera de seguir vendiendo y subastando los recursos que le quedan, cada vez menos, a este pobre país!

Contacto: studillac@hotmail.com

sábado, 8 de marzo de 2008

La crisis de los créditos en Estados Unidos: la consecuencia de gobernarse por índices

La crisis de los créditos en Estados Unidos:
la consecuencia de gobernarse por índices.

por Adán Salgado Andrade


La extendida, materialista costumbre que tienen los estadounidenses, más que cualquier país, de medir todo a través de índices numéricos, los ha convertido en una sociedad que se cuantifica en todo. Así, hay índices de confianza, de riesgo, de propensión al consumo, de las intenciones de trabajar, de estudiar, de vender, de adquirir una enfermedad, de morir en un accidente… sí, para todo hay algoritmos, fórmulas que pretenden determinar cuestiones tan aleatorias como la posibilidad de que haya un estallido social en cierto país que ponga en peligro las inversiones hechas allí por los hombres de negocios estadounidenses, para quienes es primordial contar con la seguridad de que su “valioso dinero” no se perderá.
Un caso concreto de medición cuantitativa, que podría decirse que influyó fuertemente en la actual crisis de los créditos hipotecarios insolventes (y, en general, de todos los créditos, como los generados por las tarjetas de crédito, aparte de la recesión en la que ya está inmerso EU, aunque Bush diga lo contrario, y que ya está afectando al resto del mundo), además de que los estadounidenses estén constantemente endeudados, es el exagerado empleo del llamado índice FICO (Fair Isaac Corporation), como veremos. Digo que es sólo uno de los factores que contribuyeron a que haya millones de personas que no pueden pagar ya los créditos de sus casas – aunque claro que no el único –, pues se debe también señalar que el que haya tantos créditos inmobiliarios sin posibilidad de liquidarse se debe a que desde hace unos cinco años, se inundó el mercado de bienes raíces, que siempre se había considerado como uno de los negocios más “seguros”, de demasiadas construcciones, tales como casas, edificios de departamentos, oficinas… en fin, millones de inmuebles que las constructoras y las inmobiliarias comenzaron a construir sin la más mínima consideración, excepto de que entre más casas y edificios vendieran, más ganancias tendrían en el mediano y largo plazo. Esto, por supuesto, siguiendo la irracional máxima del sistema capitalista de que se debe de fabricar lo más que se pueda, en la ingenuidad de que siempre habrá una demanda dispuesta a comprar todo. En este caso, como se trata de un bien de primera necesidad, o sea, tener una casa, un hogar, la demanda siempre estuvo allí. Y una señal de que la economía estadounidense está en bonanza, en primerísimo lugar, ha sido siempre la venta de casas. De hecho, las paraestatales crediticias Fannie Mae y Freddie Mac, son las empresas gubernamentales que se dedican a financiar bienes raíces mediante hipotecas (éstas pertenecen a la Office of Federal Housing Enterprise Oversight, OFHEO, dependencia gubernamental que “cuida” el buen manejo de los créditos hipotecarios). Pero también, dado que se consideraba excelente negocio la venta de casas, sucedió que bancos, empresas hipotecarias, asociaciones crediticias… nadie quiso quedarse sin su tajada en el negociaso y empezaron a financiar proyectos propios o a dar créditos, de tal manera que comenzó a crearse una burbuja inmobiliaria que no tardaría mucho en estallar, como ya lo hizo, pues se vendió a crédito mucho más de lo que realmente la gente tenía posibilidades de pagar… y así pasó (la crisis japonesa de principios de los noventas, que aún no termina de superarse, se debió a un esquema similar de saturación del mercado inmobiliario). Lo que hoy se vive era algo que ya se había estado vaticinando desde hace más de tres años (Ver mi artículo en Internet, en el buscador Google “Hacia una nueva recesión estadounidense y mundial”). A los ávidos compradores sencillamente se les clasificaba por su historial crediticio, y aquí es donde entra el famoso FICO.
Este índice fue creado en 1956 por dos técnicos: Bill Fair, ingeniero, y Earl Isaac, matemático, quienes idearon una compleja fórmula basada en múltiples variables (tipos de créditos anteriores, deudas acreditadas, historial de pagos, número de préstamos solicitados… entre otras) que pudiera, supuestamente, ayudar a bancos y tiendas departamentales para que “calcularan” la confianza crediticia de sus clientes, en medio del frenesí funcionalista de ese entonces, que consideraba a la sociedad como una especie de organismo, cuyo funcionamiento podía explicarse y predecirse con sólo crear fórmulas para todo. En la actualidad es tan exageradamente empleado el FICO, que ¡hasta algunos mezquinos hospitales privados están exigiéndolo a los pacientes que ingresan, para asegurarse de que “¡no se les vayan a ir sin pagar!” (con eso de que allá también la salud está sumamente mercantilizada, pues se le negará la atención a quien cuente con un dudoso FICO). Ese índice establece ciertos valores, por encima o por debajo de los cuales la persona así clasificada es o no confiable. Se desplaza de un mínimo de 300 hasta 850, siendo el medio 723, digamos que el número estándar que garantizaría a su portador ser un confiable solicitador de crédito que pagará la deuda contraída. Valores por encima de 800 son considerados excelentes, pero por debajo de 620, son pobres. Y por ello, por la importancia de contar con un valor de FICO alto durante la época del boom inmobiliario, fue que hubo “vivales” que se dedicaron (y aún se dedican) a manipular el índice para modificarlo y subirlo, de tal manera que el portador se hiciera elegible de crédito para una casa, por ejemplo. Esos “saneadores de crédito” eran, y son, muy demandados, pues pueden lograr mediante mañosas tácticas y artimañas subir de, digamos, 600 a 700 puntos, con lo cual ya “mejorará” la confiabilidad del presunto candidato a solicitar un crédito inmobiliario. Por supuesto que en la época del boom, los bancos y las hipotecarias, con tal de prestar dinero sin ton ni son para la compra de casas o venderlas, tomándolas como hipotecas en garantía, ellos mismos modificaban el FICO de sus potenciales clientes, si éste era muy bajo, y asunto arreglado, en unos pocos días los compradores recibían su flamante “hogar, dulce hogar”, sin importar, aunque parezca asombroso, para nada su salario porque, resulta extraño, el FICO no toma en cuenta el salario de quien con eso se valora. Puede pensarse que alguien, muy hábil en los números y en el papeleo crediticio, quizá se manipulaba su FICO y éste resultaba alto, digamos de 800, y aunque no tuviera empleo en ese momento (que fue el caso de muchos), le era asignado un crédito inmobiliario para la compra de su casa, así que cientos de miles de ventas sólo se hicieron tomando en cuenta FICO’s altos, pero para los cuales no había un verdadero sustento económico del demandante de crédito. Además, se ha establecido como norma, en multitud de actividades comerciales, exigir el FICO. Las aseguradoras lo emplean para ver, por ejemplo, qué tan confiables son las personas que quieren asegurarse, si cumplen con sus créditos, si pagan sus deudas o, en el caso de que estén enfermos, si realmente tomarán los medicamentos que les receten los doctores para que se curen (sí, porque la aseguradora no querrá que siempre esté enfermo el asegurado o buscará que vaya consumiendo menos medicamentos, de los caros, sobre todo, con el paso del tiempo, pues lo que menos gasten esas compañías en la salud, mayores sus ganancias, ¡claro, el principio de la máxima utilidad va por delante de todo, hasta de la salud!). Las cadenas comerciales y franquicias emplean el índice para analizar si en determinada zona vale la pena establecer matrices de sus negocios. Las automotrices lo usan para autorizar o no un crédito a sus clientes… incluso, por si no bastara con lo dicho, se ha llegado al extremo de que el FICO (elaborado por la compañía que fundaron sus creadores, la empresa Fair Isaac Corporation, la que le da el nombre), se ha pretendido sofisticar tanto que hasta los casinos y casas de apuestas lo emplean para ver cuáles de sus clientes serán a los que más se les pueda exprimir su dinero (por ejemplo, hay un FICO que establece si tal o cual persona acostumbra ganar mucho o poco cuando apuesta o juega cartas o en la ruleta).
Así, es más que evidente que la sociedad estadounidense no ve rostros ya, no aprecia amistades, no le interesa ver valores como bondad, solidaridad, amistad… nada de eso, las personas sólo valen en función de su FICO y, en consecuencia, de la cantidad de dinero que aquél respalda para cada uno. Será primordial, entonces, preguntar, ¿cuánto es el valor de tu FICO, cuánto vales?
Pero, como señalé antes, con tal de sanear el FICO, la gente recurre incluso a trucos o a los mencionados “saneadores de crédito”. Tipos como Larry D. Hall están haciendo muy buen dinero haciendo subir el FICO de sus clientes, quienes ahora que están cada vez más restrictivos y escasos los créditos bancarios o las hipotecas, necesitan urgentemente que el materialista sistema les dé su “carta de buena conducta” en cuestión de créditos (en México, esto equivaldría a que a alguien, mediante triquiñuelas computacionales, por ejemplo, lo pudieran sacar del buró del crédito, pues al estar en las listas de éste, no puede de ningún modo obtener crédito alguno). Por ejemplo, Hall recurre a tretas como el hacerse pasar por un operador de una empresa prestamista y envía a los burós de crédito cartas en donde certifica que le ha prestado a tal persona (uno de sus clientes, por supuesto) dinero, digamos $5,000 dólares, ya que es “muy solvente y confiable”. Eso es suficiente para ir subiendo los puntos del FICO gradualmente. Y si las tretas siguen funcionando, el cliente muy pronto tendrá suficiente puntaje para que el banco le preste dinero o que la hipotecaria le conceda un préstamo sobre su propiedad o para la compra de una nueva casa. Pero, como queda claro, es muy vulnerable una alta puntuación del FICO, pues puede tratarse de personas que en realidad no conformen con los requisitos exigidos por los prestamistas, quienes sólo se apoyan en valores altos. De acuerdo con la empresa hipotecaria Golden West, muchos de los actuales defraudadores imposibilitados de pagar los créditos contraídos, tenían FICO’s de 750 o más, por tanto no serían ya de fiar, aconsejaría el sentido común, valores altos. Pero se siguen empleando, aunque ahora muchos bancos, como remedio, están exigiendo FICO’s más elevados, de 800 o más.
La misma empresa Fair Isaac ha prometido que el FICO del 2008 tomará en cuenta más variables para hacerlo “más seguro”. O sea, más de lo mismo, lo que indicaría que en cuanto la actual crisis amaine un poco, pues se seguirá empleando el FICO, que ahora, seguramente declararán sus promotores, “¡está blindado y reforzado y a prueba de fraudes!”. Sin embargo, para desgracia de esa empresa, ya hay algunas compañías que están haciendo su propia versión del FICO y que, aseguran, será mucho más seguro que el ofrecido por Fair Isaac. Una de ellas es CreditXpert, cuyo director, el señor David G. Chung, ha declarado que lograron hacer “ingeniería reversible” con la fórmula original y al agregar “otras variables”, afirma, han logrado valores “más cercanos a la realidad”.
De todos modos, sea el FICO original o sus derivados, lo que debe notarse es ese exagerado empeño de numerarlo todo, como se dijo al principio. De todos modos, siempre la gente hallará formas de manipularlo y que el sistema les dé su estrellita por buen comportamiento.
Algo también de lo que hace Hall, el saneador de crédito, para subir el rating de sus clientes es que les aconseja que aleguen que las deudas que les reclaman no les pertenecen. Esto es posible gracias a que los créditos vencidos se van corriendo a distintas empresas que se encargan de cobrarlos ellas mismas. Esa práctica en México, por ejemplo, se da cuando un banco que tiene un cliente moroso le pasa el adeudo a un despacho jurídico, quien se quedará con un porcentaje de lo adeudado una vez que logre que el deudor pague, sea por intimidaciones, juicios mercantiles, penales, etcétera, cuantas argucias legales o legaloides sirvan para tan “loable” fin (sí, el prestamista tratará de hacer lo imposible con tal de cobrar hasta el último centavo que se le adeude. Esos despachos de pseudo-abogados recurren a todo cuanto esté a su alcance, incluso amenazas, prácticas gangsteriles, cohecho de autoridades... y tantas infames prácticas toleradas por nuestro injusto “sistema legal”, frente a las cuales, los pobres, endebles deudores están prácticamente sin protección alguna). Así, muchos de los clientes de Hall han logrado deshacerse de una deuda porque el cobrador no puede aclararle qué es lo que se le está cobrando y sólo le presenta el adeudo.
Esto nos lleva a otra situación que contribuyó también a profundizar el problema, debido al amplio uso de los llamados “valores de deuda” (debt securities). En el afán de entrarle todos al negocio, no sólo las inmobiliarias, las hipotecarias o los bancos, sino corredurías financieras, sociedades mutualistas... en fin, cuanto negocio dedicado a la especulación pura pudiera entrarle al boom de los bienes raíces, una empresa hipotecaria o un banco, por ejemplo, especulaba con los valores de deuda que tuviera en ese momento vendiéndolos por determinado precio a una correduría, digamos. Supongamos que la inmobiliaria hubiera vendido una casa a crédito por $250,000 dólares, recibiendo un enganche de $50,000 y aplicando un interés anual de 15% sobre el adeudo de $200,000 dólares que se hubiera fijado en 20 años. Si los pagos mensuales se fijaran en $1000 dólares, al final de los 20 años se habrían cobrado unos $240,000 dólares aproximadamente, o sea, $40,000 dólares más debido a los intereses cobrados, la ganancia por vender a crédito. Con tal de disponer de ese dinero al momento, pudo venderle la inmobiliaria a la correduría esa hipoteca en, digamos, $205,000 dólares, prescindiendo de los $35,000 dólares restantes que iba a estar cobrando los siguientes veinte años mediante los pagos mensuales que incluirían los intereses mensuales. Así, la correduría actuaría como si hubiera invertido en las acciones de una empresa, las que, claro, deben de dar rendimientos futuros, que en este caso serían los intereses cobrados a los compradores de las casas. No sólo eso, sino que gobiernos municipales también le entraron al “gran negocio” de los préstamos hipotecarios comprando a bancos, hipotecarias e inmobiliarias cientos de miles de esas “obligaciones” para emplearlas como colaterales que apoyaran los bonos municipales que dichos gobiernos emiten y que ofrecen públicamente, garantizando un rendimiento mínimo (algo así como los famosos CETES mexicanos), para que dicho rendimiento fuera incluso mayor al ofrecido originalmente en tales bonos. Pero no paró allí la cosa, sino que muchos de esos municipios, con tal de apoyar sus inversiones en valores de deuda, optaron por “asegurarlos”, o sea, compraron seguros que garantizaran el pago de sus bonos municipales, intereses incluidos, en el “remotísimo caso” de que los valores de deuda fallaran, ¡tal y como sucedió! Ahora, las aseguradoras deben de pagar cientos de millones de dólares, tanto por los bonos municipales que sólo así podrán hacer efectivos los rendimientos prometidos a sus tenedores, como por alguna de la gente que tenía aseguradas las casas que les fueron embargadas, lo que está provocando la quiebra de varias de tales aseguradoras, pues nunca imaginaron que el cobro de seguros se diera al por mayor. Incluso los valores llamados “subastables” (porque se venden mediante subastas, al mejor postor, y así se fija también su tasa de rendimiento, además de que el mínimo adquirible es de varios millones de dólares), considerados hasta antes de la debacle superseguros, el privilegio de ricos y de especuladores de elite, como Warren E. Buffett, también se han desplomado en su valor y sus privilegiados inversionistas han perdido millones de dólares en ellos, pues también se apoyaron en el “gran negocio” de los valores de deuda inmobiliarios.
Y hay que señalar aquí que hasta las AFORES mexicanas, esos supuestos “fondos de pensión” que los bancos manejan con el dinero de millones de trabajadores, salieron perjudicadas, pues se reportan “pérdidas” por 3700 millones de pesos en “malas inversiones en sectores estadounidenses”, lo que significa que habrá menos dinero para las de por sí miserables futuras pensiones de algo así como 38 millones de trabajadores, a quienes el gobierno ha engañado con el cuento de que tales Afores se crearon para “mejorar” esas pensiones, siendo que en realidad se hicieron para capitalizar a los quebrados bancos que en ese entonces, hace ya casi quince años, eran aún mexicanos, pero que ahora, gracias al buen dinero que se les inyectó con los tramposos “fondos de pensión”, ya son casi todos extranjeros, más del 90% (y no se entiende por qué, en lugar de estar invirtiendo en empresas extranjeras de dudosa reputación, no lo hacen, por ejemplo, en PEMEX, paraestatal mexicana que necesita, a decir de nuestros gobernantes-administradores, “mucho dinero” para que pueda continuar con sus exploraciones en aguas profundas, pues con el petróleo tan caro, y lo que continuará encareciéndose, se darían “buenas ganancias” a las tales Afores y, en consecuencia, se “incrementarían las pensiones”, digo, si vale emplear ese pretexto tan cándido, que todo eso, hasta vender a la banca mexicana, se ha hecho en “beneficio de la clase trabajadora”). Sí, como señalé antes, la crisis crediticia de EU afectará a todo el mundo, como ya está sucediendo, pues aún ocupa ese país alrededor de un tercio de la actividad económica mundial cada año.
Así pues, volviendo a la crisis de créditos, por lo dicho se comprenderá que la cadena especulativa que se fue creando alrededor de los compradores a crédito de casas resultó un brutal golpe para la casi totalidad de la economía estadounidense, pues al no estar millones de éstos en posibilidades de cumplir con sus obligaciones crediticias, provocaron un fallo generalizado. Instituciones bancarias y crediticias tan “prestigiosas” como Citigroup, JPMorgan, American Express, Capital One, HSBC, Credit Suisse Groupe, GE Capital (así, es, General Electric, esa empresa que fundara Edison y que comenzó haciendo focos hace más de cien años, ahora obtiene la mitad de sus ganancias de su división financiera, ofreciendo eso un “loable” ejemplo de “diversificación capitalista”)... y decenas de otras han perdido millones de dólares por los deudores insolventes y seguirán perdiendo en los meses por venir, pues lo peor de la crisis, consideran varios analistas, todavía no ha llegado. Declara Richard D. Fairbank, director de Capital One, una de las empresas que más tarjetas de crédito emite en EU, “La verdad es que cada día que pasa nos obsesiona el saber qué tan mal esto se pondrá”. En su caso, la empresa que dirige ha dejado hasta el momento en calidad de “cartera vencida”, deudas de tarjetabientes morosos por $2,000 millones de dólares “y yo creo que es poco”, declara, muy desalentado. Sí, así de graves son las crisis capitalistas en la actualidad, pues simplemente siguen el ritmo de la tan cacareada globalización, pues todo se difunde tan rápidamente, que hasta las debacles financieras se esparcen velozmente.
Para ilustrar un poco más como ha actuado la cadena especulativa que analizo arriba, quizá podría emplearse la siguiente analogía alimenticia. Supongamos que por falta de agua se hubiera dejado de regar un campo de maíz, y que el productor, en consecuencia, no hubiera podido cosecharla y pagar sus deudas, como los fertilizantes que hubiera comprado o los implementos agrícolas y que los fabricante de éstos, al no recibir el dinero adeudado, no hubieran podido pagar sus propias deudas de la materia prima empleada a su vez por ellos o los salarios, y que la empresa cerealera que hubiera, incluso, adelantado el pago por la cosecha, no la recibiera y, en consecuencia, perdería dinero, además de que no podría elaborar los cereales que produce... y así. Digamos que los millones de créditos que no se pagarán en Estados Unidos están produciendo un efecto multiplicador, pero no en el sentido positivo que resaltaba Keynes (el economista británico que hablaba de que un impulso en la economía por parte del gobierno, se multiplicaba con creces en el resto de los sectores), sino en uno total y absolutamente negativo.
En el caso concreto de los deudores inmobiliarios, las peores consecuencias son que muchos están perdiendo, o ya perdieron, sus casas, y con ello, se esfuman, de la noche a la mañana, los esfuerzos de toda una vida, pues aún en ese país considerado “rico” no es fácil hacerse de una casa. Evidentemente que sin casa, menos estarán en posibilidades de consumir otros bienes, salvo los indispensables y de manera precaria (comerán menos, no acudirán al doctor cuando enfermen, no gastarán en ropa o diversiones...). Para ellos no habrá ya ningún FICO que los salve pues estarán en la lista negra de morosos que perdieron sus casas por no poderlas pagar. Sí, son los más duramente afectados, pero nadie se salva en la actual hecatombe.
Pudiera pensarse que para aquéllos cuyos hogares están saldados desde hace tiempo los problemas son mínimos. No es así, claro, pues al igual que las personas que perdieron sus casas, están constantemente endeudados, como todo “buen estadounidense” acostumbra. Sí, éstos deudores no deben su casa, pero sí los préstamos que constantemente piden, empeñando sus hogares como garantía, para liquidar ese otro gran fardo que es el crédito obtenido por las tarjetas de crédito. Sin embargo, debido al efecto devaluatorio que la crisis de los créditos hipotecarios está teniendo sobre sus casas – pues éstas valen menos ahora que hace cinco años, dado que hay una sobreoferta de casas nuevas que nadie compra, además de las que están quedando desocupadas por los embargos, en espera de ser revendidas de nuevo –, ya no están obteniendo los mismos préstamos que antes de la crisis, y en consecuencia están retrasando sus pagos e, incluso, ni siquiera pueden liquidar los intereses devengados (además, desde el 2003, entró una nueva, rígida ley, apoyada por Bush, favoreciendo a los banqueros, claro, que ordena que todos los deudores deben renegociar al menos un 25% de la deuda y pagarla, para que así el banco les “conceda la gracia” de extenderles el plazo con la deuda restante. Ni tratándose de créditos de casas el banco o la compañía se ablandarán, ya que pueden embargar, incluso, la propiedad si el deudor no tiene para pagar). Antes, muy fácilmente pagaban, por ejemplo, sus deudas del auto nuevo, de la cocina integral nueva, del viaje a Europa con sólo hipotecar sus casas... ¡y les salía más barato pagar los intereses de esas hipotecas, que eran mucho menores que los cobrados por las tarjetas! Gracias a la “garantía” que ofrecían sus casas, entre 2001 y 2006 los deudores pudieron disponer de “cash”, por alrededor de ¡$1.2 billones de dólares! ($1200000000000), equivalentes a un 10% del PIB estadounidense del año pasado (bastante, pues eso significaría que un dólar de cada diez es debido, o sea, hay un fuerte endeudamiento a nivel nacional y el crecimiento es ficticio, o sea, no apoyado en labores productivas reales). Eso significa que la clase media estadounidense tiene ahora un proporción deuda-ingreso (o sea, cuánto se debe en relación con lo que se gana) de 141%. Lo que quiere decir que si una persona gana, por ejemplo, $60,000 dólares por año, debe $84,000 dólares, deuda que irá arrastrando toda la vida, alcanzando a pagar sólo los intereses, en el mejor de los casos. Pero ahora, como se señaló, ya ni eso, pues ya les prestan menos los bancos por sus casas. Y si no tienen para pagar ni los intereses, pues menos van a seguir consumiendo. Al reducirse el consumo, la crisis no quedará, como muchos analistas superficialmente presumen, sólo en que muchas personas pierdan sus casas, sino que se extenderá al resto de la economía, dado que el crecimiento de ésta, un 90%, se debe justamente a dicho consumo. Así que con un menor crédito habrá menos consumo, menos producción, cerrarán empresas, se recortarán empleos... además de los efectos mundiales que ya se están manifestando. ¡Cuántas veces esta viciosa constante de las crisis capitalistas se ha repetido con el transcurso del tiempo!
Así pues, el crédito, está dándose a cuentagotas, con intereses más altos y condiciones más duras. Por ejemplo, hay compañías que además de exigir un FICO mayor, exigen que se pague por adelantado un 15% como mínimo del préstamo que se esté pidiendo, o sea, el vampirismo especulativo en su máxima expresión, pues si se pide un préstamo es justamente porque en ese momento no se cuenta con dinero. Y las tarjetas de crédito ya no son ayuda, pues han disminuido el crédito disponible (ilustrativo es que en algunos casos han pasado de ofrecer $13,000 dólares de crédito disponible a $2,000 dólares, además de que los saldos impagos se han disparado, en promedio, de $14,000 a $27,000 dólares, sobre todo por la acumulación de intereses sobre intereses, el llamado anatocismo). No, ya no es bueno el crédito, irónica situación en un país en donde el “cárguelo a mi tarjeta” era la santa norma. No, ahora se exige riguroso cash. “¡Pague sus deudas o le embargamos su casa, su auto, su yate, su TV de plasma, su laptop, sus trajes, su ropa de diseñador, su videocámara, su computadora... todo!”, exigen bancos, empresas de tarjetas de crédito, hipotecarias, automotrices, tiendas departamentales, hospitales, escuelas privadas, boutiques... y para pagar, los estadounidenses incluso han recurrido, ¡horror!, a casas de empeño (empeñan sus autos, joyas, enseres domésticos, casas) o a prestamistas por nómina (estos son los agiotistas que adelantan dinero tomando como garantía los futuros salarios del infeliz que les pide prestado, pero cobrándole un leonino, ventajoso interés de ¡500%, o sea, que por cada dólar prestado exigen 5 y se cobran de los salarios futuros depositados en los bancos, que ellos se embolsan, en lugar del trabajador, así que no tienen pierde!).... sí, están echando mano de las populares prácticas a las que la gente pobre de los países subdesarrollados recurre constantemente para paliar su precaria existencia. Sí, la crisis ha resultado muy buen negocio para los prestamistas de nómina, por ejemplo, cuyo número era de unos cuantos en los 90’s en tanto que ahora hay unos 23,000, que se han establecido principalmente en lugares en donde el ingreso medio anual es de $48,000 dólares, claro, para que tengan la certeza de que sus préstamos y los leoninos intereses cobrados sean liquidados sin problemas. Igualmente, las casas de empeño han aumentado sus ganancias, como EZcorp, una suerte de Monte de Piedad estadounidense, que incrementó sus entradas un 29% y otra, Cash America International, lo hizo en un 21%... ¡pues vaya con la tercermundialización de la economía estadounidense!
Incluso hay muchas personas que, con tal de obtener algo de cash, están echando mano de sus fondos de pensiones o de sus seguros de vida, de los que piden préstamos por adelantado, pero como los intereses cobrados son altísimos, de alrededor de 28%, además de una “penalización” del 10% por disponer de esos fondos prematuramente, los deudores no pueden pagarlos y las aseguradoras y las administradoras de los fondos se cobran arbitrariamente del dinero que queda, así que los ahorros que se tenían pensados para la vejez, pues disminuyen o de plano pueden desaparecer... así de graves están las cosas por allá. Es el caso de la señora Mary Greenleaf, jubilada de 70 años, cuya magra pensión de $800 dólares no le alcanza para nada, menos ahora en medio de la crisis. Antes, ella podía cubrir fácilmente sus faltantes con un tarjetazo de su American Express, sobre todo a la hora de comprar sus medicamentos en farmacias o su vituallas en supermercados. Pero el banco, sin avisarle, le subió los intereses cobrados de 17 a 29%, lo que elevó el mínimo que ella debe de pagar cada mes. Como consecuencia de eso, dejó el departamento que rentaba y se mudó con su hija, pues lo que pagaba de renta lo emplea ahora para liquidar sus deudas. “Ya ni siquiera voy al doctor, pues no tengo para pagar lo que me toca del seguro”, dice, muy triste. Ella es una de las personas que han debido pedir un préstamo adelantado de su seguro de vida por $3,000 dólares de los $40,000 que cubre su póliza, pero si no los puede pagar a tiempo, entonces deberá pagar impuestos por el préstamo y por las ganancias que obtuvo con el correr de los años pues el IRS (la secretaría de hacienda estadounidense) le tomará su seguro de vida como depósito bancario y no como futura prestación. Y así como Greenleaf hay millones de tarjetabientes que ya no pueden emplear tanto sus tarjetas, pues se exponen a un crédito disponible menor y a intereses leoninos... ¡vaya con los buitres crediticios!
Sí, haber vivido tantos años del crédito tiene sus consecuencias, una de ellas, contemplar cómo uno de los países más ricos ha perdido, de pronto, sus pasadas fortunas, y ahora pareciera más un millonario venido a menos, como aquéllos que durante la quiebra bursátil de 1929 se suicidaban arrojándose desde las ventanas de los altos edificios, inconsolables por la súbita pérdida de sus riquezas.
Y tan mal andan los negocios por allá, de todo tipo, afectados por FICO’s y deudores insolventes, que algunos intentos gubernamentales por controlar cuestiones como la prohibición de fumar en lugares cerrados, están siendo tomados como obstáculo para ciertos sectores. Como cada vez son más estados en donde se están aprobando leyes antitabaco, algunos economistas, como el señor Michael Pakko, se han dado a la tarea de investigar (seguramente aconsejados por los dueños de restaurantes y bares) los efectos que esas ordenanzas han tenido en la actividad económica. Según sus estudios, realmente han disminuido las ganancias y ha habido despidos. Por ejemplo, en tres casinos de Delaware bajaron, de acuerdo con sus administradores, 15% las ganancias de las máquinas tragamonedas luego de dos años y medio que las leyes antitabaco se han estado aplicando. En otro estudio conducido por dos economistas de las Universidades de Wisconsin y de Carolina del sur, se halló que entre 2001 y 2004, por tales disposiciones, ha bajado la asistencia a bares un 4%, ya que, dice Pakko, “fumar y tomar van de la mano”. Y quizá en estos momentos en que la crisis apenas está comenzando, ese tipo de supuestos estudios baste para echar para atrás tales medidas o atenuarlas, todo en “bien de la economía”, aunque la salud de los no fumadores vaya de por medio (en México, por ejemplo, a pesar de que ya están aprobadas medidas antitabaco que también prohíben fumar en lugares cerrados, las cuales se aplicarán en unas semanas más, muchos dueños de restaurantes y bares están amparándose alegando, justamente lo mismo que en EU, que eso, prohibir que se fume en sus establecimientos, desalentará la entrada de gente que tiene ese hábito, lo que afectará sus ganancias, y seguramente que dada la laxitud con que aquí se aplican las leyes, habrá seguramente “excepciones” a la regla, presionados los legisladores por los emprendedores “hombres de negocios”).
Como se ve, el atenerse a dudosos índices numéricos tiene muy graves consecuencias, como las referidas. Y si nos atenemos, siguiendo el juego, a esos números, no sólo el FICO estadounidense no es ya confiable, sino que la imagen de EU como superpotencia económica va quedando atrás.


Contacto: studillac@hotmail.com

sábado, 16 de febrero de 2008

Trámite de la visa estadounidense: un robo adelantado

Trámite de la visa estadounidense: un robo adelantado.

Por Adán Salgado Andrade


La brutal polarización que ha creado el proceso globalizador, en el que unos cuantos países, los desarrollados, junto con sus corporaciones, han concentrado la mayor parte de las actividades económicas mundiales, ha llevado a una generalizada desindustrialización en los llamados países “emergentes”, cuyas consecuencias han sido, entre otras, un fuerte aumento del desempleo, debido al cierre de las empresas y negocios locales. Los trabajadores despedidos tienen muy pocas posibilidades de volver a recontratarse en el corto plazo y para muchos la única alternativa real es emigrar a aquellos países a quienes deben precisamente el ser despedidos. Tal es el caso de México, en donde las impuestas, equivocadas políticas neoliberales seguidas dócilmente por los gobiernos priístas y ahora panistas, no sólo han afectado la actividad industrial, sino también al campo (Ver mi artículo en Internet “Apertura total del TLC… o de cómo se sigue matando al campo en México), dejando un creciente ejército de obreros desempleados, campesinos míseros, profesionistas inactivos… y así, siendo para muchos de ellos la única, verdadera “alternativa”, viajar a los Estados Unidos, con tal de obtener un empleo que alivie sus fuertes necesidades económicas.
Y como ese país ha endurecido cada vez más la frontera que comparte con México (muros metálicos, más policías fronterizos, tolerados grupos civiles caza-ilegales, leyes más severas por entrar ilegalmente…), muchos de los potenciales inmigrantes tratan de obtener una visa legal con tal de minimizar los riesgos de una captura y una deportación que podrían sufrir si se fueran como ilegales, además de que tendrían que cruzar un desierto en donde varios de los que lo intentan mueren, alrededor de 400 por año. Y es cuando otro vía crucis comienza, pues aunque el solicitar una visa como turista, la más común, (noninmigrant visa, según se aclara en la página de la embajada estadounidense), no pone en peligro la existencia de los peticionarios, sí constituye un trámite que en la mayoría de los casos es humillante, indigno y, además, un velado negocio que más se asemeja a un robo que al pago por un “trámite legal”.
En la página electrónica de EU que indica cómo tramitar un visado (www.unitedstatesvisas.gov), se define que una visa “puede permitir” al portador el libre paso hacia ese país (no siempre, porque, ya estando allá, se le puede ocurrir al oficial de inmigración que el portador del visado no es confiable y simplemente se le niegue la entrada), el cual puede ser permanente, si el visado que se pide es de tal categoría (inmigrant visa) o temporal, si el visado es turístico o por tiempo limitado. Este es el que se solicita en la mayoría de los países en donde existen embajadas estadounidenses, ya que al entrar como turista, se facilita encontrar un trabajo y permanecer allí aún cuando el permiso de estancia haya vencido (el problema será a la salida del país, pues el infractor queda vetado para siempre de entrar de nuevo a EU). Los trámites son tardados, además de onerosos y costosos para muchos países con ingresos mensuales bajos, pero además se rechaza a la mayoría de los solicitantes, más del ochenta por ciento. Se debe, primero, obtener el pasaporte, el cual tiene un costo, en México, de alrededor de 80 dólares (con una nueva, absurda modalidad ahora, de que el mínimo obtenible es para tres años, en lugar de un año, como en el 2007 aún se expedía), que además, cada año es más oneroso de tramitar (también se debe de concertar una cita). Ya con el pasaporte en mano, se debe de hacer una cita telefónica a la embajada, la cual tiene su costo, alrededor de cinco dólares, para cuya asignación de la fecha, no parece haber un orden claro, sino que aparentemente es aleatoria (a decir de los entrevistados que consulté para este artículo), quienes hablaban el mismo día y a unos les era asignada una semana después de la llamada, en tanto que a otros, dos semanas, un mes, dos meses después… sí, se necesita, sobre todo, mucha paciencia. En seguida, debe de accederse a la página electrónica que contiene la forma DS-156, un cuestionario cuya versión en inglés es la más accesible, así que quien no sepa ese idioma, pues tendrá problemas, sobre todo porque muchas de las preguntas francamente o son capciosas o, de plano, evidencian la doble personalidad que poseen los estadounidenses, quienes o pueden ser muy prepotentes y autoritarios o pueden pecar de ingenuos, pensando que los solicitantes puedan contestar preguntas como las siguientes: 1. Do you seek to enter the United States to engage in export control violations, subversive or terrorist activities, or any other unlawful purpose? 2. Are you a member or representative of a terrorist organization as currently designated by the U.S. Secretary of State? 3. Have you ever participated in persecutions directed by the Nazi government of Germany; or have you ever participated in genocide?, las que traducidas significan lo siguiente: 1. ¿Está usted tratando de entrar a los Estados Unidos para inmiscuirse en violaciones a los controles de exportaciones, en actividades subversivas o terroristas?, 2. ¿Pertenece usted a una organización terrorista de las que así ha catalogado el Departamento de Estado?, 3. ¿Ha participado alguna vez en persecuciones llevadas a cabo por el gobierno nazi de Alemania o ha usted alguna vez participado en genocidios?
Como se ve, el problema es que si el solicitante no entiende inglés, difícilmente sabrá qué contestar. Así, en la primera, la referente a las actividades terroristas, por ejemplo, pudiera pensar el solicitante que desconoce el idioma que se le está preguntando si está en contra de los terroristas, pues, como dije antes, estas tres preguntas o son capciosas o son estúpidamente ingenuas. Y si contesta sí, pues ya no será elegible, de entrada, para obtener la visa, pues habrá caído en la trampa y estará afirmando que sí piensa inmiscuirse en actividades ilegales o terroristas. La segunda pregunta, es de plano para dar risa, ya que nadie, aún siéndolo, contestaría que es miembro de Al-qaeda, por ejemplo. Y la tercera, pues hace mucho que Alemania dejó de ser nazi, cuando finalizó la segunda guerra mundial, lo que evidencia el anacronismo de muchas de las cosas que pretenden defender los estadounidenses (su pasión por las armas, por ejemplo, derecho constitucional inalienable), además de que en este caso, el mayor genocida de la historia reciente ha sido justamente EU, como puede comprobarse en la invasión hecha a Irak, en donde han sido asesinadas más de 1,600,000 personas desde el 2003 que comenzó ese infame conflicto, así que esta pregunta muy bien sería aplicable a los militares y funcionarios estadounidenses que han contribuido al ingerente belicismo yanqui.
Respondido ese capcioso o ingenuo cuestionario, ya se avanzó otro paso, pero antes de acudir a la cita, el solicitante debe de pagar el derecho por trámite que en todo el mundo cuesta actualmente ¡131 dólares!, tal y como se indica en el sitio citado. Se estima, conservadoramente hablando, que cada día son solicitadas en el mundo entre 700,000 y un millón de visas estadounidenses de todo tipo, las cuales, a ese costo, rendirían ¡entre 91,000,000 y 131,000,000 de dólares diarios!, que para un país en recesión, como EU, con fuertes deudas inmobiliarias y alto déficit fiscal y comercial, pues son muy buenos, sobre todo con tantos gastos militares, como la invasión a Irak, la cual le cuesta ¡87 millones de dólares por día! (mil dólares cada segundo), así que con lo que obtienen mañosamente las embajadas y los consulados estadounidenses diariamente de las visas, se pagaría dicha invasión, las que, como señalé antes, son otorgadas a menos del 20% de los solicitantes. En las “justificaciones” que se dan para tan alto, fraudulento cobro, se cita la siguiente: “El Departamento de Estado incrementó el valor del costo de los trámites del visado de 100 dólares a 131, debido a los costos que implican las medidas de seguridad, así como las tecnologías informáticas empleadas”, justificativo que, sinceramente, es muy pobre y absurdo, dado que de antemano dichas embajadas y consulados, así como las “tecnologías informáticas empleadas”, cuentan con un presupuesto anual para sus labores, que de ninguna forma se paga con lo obtenido por la venta de visas, dinero que es, en todo caso, un ingreso adicional, bastante importante, como se señala arriba. Así pues, ese pago es meramente mercantilista, un método fácil de obtener “easy money”, disfrazado de “trámite serio”.
Como dije, se deben de pagar antes de la cita, de lo contrario no se atiende al solicitante. En México, ese pago se debe hacer a Banamex, antiguo banco mexicano que hace unos años adquirió Citicorp, quebrado banco estadounidense que, se rumora, participa en el blanqueo de dinero obtenido de la venta de droga colombiana y que por eso adquirió al citado Banamex, para ejercer un control más firme de las narcooperaciones que se llevan a cabo en México. Hace poco, en octubre del año pasado, la analista económica estadounidense Meredith Whitney calificó de institución financiera insegura a Citicorp, degradando sus funciones, luego de lo cual, el banco precipitó pérdidas (que no pudieron ocultarse más) por $15,000 millones de dólares, así que, de paso, el dinero obtenido por las visas, es bueno también para dicho banco, que podrá siempre “jinetearlo” un poco y quedarse con algo (por eso de los manejos operativos), más en ese momento que está en crisis, antes de que llegue a las arcas estadounidenses.
Además, el pago de la visa turística es el más bajo, pues otros pagos son más caros. Las visas para inmigrantes van de los 355 a los 500 dólares, según se pretenda estudiar o trabajar en EU. En estos casos, la sola petición cuesta 190 dólares, el procesarla, 335, “otros cargos”, 45, costos de envío, 165, el gafete, 265, el costo por expedición, si es concedida, 375… amén de gastos “notariales”, otros 100 dólares. Sí, el tesoro estadounidense se embolsa ¡$1475 dólares por cada solicitud aceptada para trabajar o estudiar allí! No cabe duda que este alto costo parece, más bien, que se está solicitando la entrada a un caro concierto o espectáculo público, más que a un país, y que sólo los verdaderamente pudientes podrán “comprar la entrada”.
Por ello, no es de extrañar que se pida a los solicitantes de visa que posean cuentas bancarias, tarjetas de crédito, comprobantes de empleo… como si con eso se midiera su capacidad económica, como diciendo ¿cuanto dinero posee usted para consumir cuanta cosa se le ponga enfrente? No importan papeles que comprueben los estudios realizados, menciones honoríficas, diplomas… eso, por ejemplo, le sucedió a Miguel, quien obtuvo el título de la licenciatura de guitarrista concertista en la escuela de música de la UNAM. Estaba invitado a un concurso en Brownsville. Aunque no tiene actualmente un trabajo estable, mostró al oficial consular que lo “entrevistó” su título, sus menciones honoríficas, sus diplomas, que avalan su buena, notable educación (requisito que se estipula en un boletín que se entrega al final a los solicitantes a quienes no se les concede la visa). Más que entrevistarlo, el oficial, un latino, dice Miguel, lo humilló, haciendo a un lado sus documentos con profundo, marcado desprecio, diciéndole que eso no le importaba, que dónde estaban las cuentas, las tarjetas, el comprobante de trabajo. Sólo cuando Miguel le mostró la invitación formal para el concurso (de la Universidad de Brownsville), el tipo se “dignó” a concederle, no una visa, sino únicamente un permiso temporal por tres meses, pues es sólo “para lo que usted puede calificar”, le sentenció, en apochado español.
José Luis, amigo de Miguel, quien igualmente debía de ir al concurso de cuartetos de guitarra, nos platica que antes de estar enfrente del oficial consular, a todos los tratan como si fueran convictos ingresando a un penal, pues son despojados absolutamente de todos los objetos considerados “peligrosos”: monedas, llaves, cortaúñas, cinturones, celulares, aretes, pulseras, cadenas… luego de lo cual pasan a un lugar en donde les son tomadas sus huellas digitales (claro, así se hace EU muy fácilmente de un inmenso banco de huellas, con lo que, arbitrariamente, estará apoderándose de información confidencial que podrá manejar a su entero antojo, es decir, así conforma sus propios “antecedentes penales” de los millones de solicitantes de visas estadounidenses. Por supuesto que se justifica para hacerlo que ello es en bien de la “lucha contra el terrorismo”). De allí, sus ropas son escaneadas en una máquina de visión de rayos “X”, a pesar de que antes ya los han revisado minuciosa y manualmente policías mexicanos de seguridad y se les obliga a pasar por un arco electrónico (máquina que puede detectar objetos “peligrosos” que estén escondidos dentro del cuerpo). No es todo, una vez más, dice José Luis, a quien cada rato se le estaban cayendo casi los pantalones por la falta del cinturón (“Deveras que te sientes bien humillado”, platica), los obligan de nuevo a imprimir sus huellas digitales en escáners… y ya, habiéndose comprobado fehacientemente que no son “terroristas”, se les permite el paso a una amplia sala, en donde hay unas quinientas sillas, dice, todas ocupadas, al final de la cual están las ventanillas de los oficiales consulares, y encima de éstas, un gran tablero electrónico en donde se muestra el turno de ese instante, la ficha que le corresponde, el nombre del poseedor y la ventanilla que le toca para efectuar la entrevista-humillación.
José Luis nos cuenta, todavía con mucho coraje: “Pues a mí, ese cabrón me dijo que no le importaban mis papeles de la escuela, que le demostrara en dónde trabajaba yo… ni siquiera cuando le enseñé la invitación para el concurso (hecha por un tal Michael Quantz, profesor asociado de la Universidad de Texas en Brownsville), se ablandó, pero ya se puso a leerla”. Como antes José Luis había ido a otro concurso a España, el oficial, un chicano, aclara el joven, “me preguntó, así, muy despectivo, que quién me había pagado ese viaje, porque como soy músico y sin trabajo, pues no creía que me hubiera pagado yo el viaje, y yo le dije que yo mero, que nadie me lo había pagado… ¡me daban ganas de decirle que qué chingados le importaba al cabrón!”. Aquí puede notarse una discriminatoria, racista actitud por parte de ese hombre, en el sentido de que, obtusos en mentalidad como son la mayoría de los estadounidenses o sus sucedáneos, le parecía increíble que un “pobre músico mexicano” ya hubiera ido antes a un lejano país, a donde, quizá, ese tipo nunca había ido en su cuadrada, rutinaria vida. También, a duras penas, a José Luis le concedieron sólo un permiso de tres meses, al igual que Miguel. “No necesitas más tiempo”, dice que sentenció el oficial consular. “¡Con trabajos me la dieron, pero a muchos no se las daban, yo creo que como a unos siete de cada diez. Uno que iba delante de mí, les comprobó que tenía trabajo, que ganaba como cien mil pesos al mes, que tenía cuentas en el banco, y ni así se la dieron!”, agrega José Luis, enojado.
El caso de Ricardo, quien también iba a asistir al mismo concurso, es más emblemático. Él ya hace años había obtenido una visa, pero como estaba vencida, pues era sólo cuestión de renovarla, pensó muy lógicamente. Sin embargo, cuando todo parecía ir bien con la mujer que lo atendió, una estadounidense de unos 35 años, le pidió un momento, el cual se extendió a unos diez minutos, cuenta Ricardo. Cuando regresó, la amabilidad dibujada hacía unos minutos en su rostro, se había transformado en consternación. “¿Nunca antes ha estado en Estados Unidos, no ha tenido problemas con la justicia?”, le pregunto con inglesado, mal pronunciado español. Ricardo, un tanto turbado, recordó el infame caso ocurrido veinte años antes. Sucede que en ese entonces él y unos amigos pretendían entrar a Estados Unidos para comprar instrumentos, razón por la cual no consideraron necesario obtener un visado, imaginando que habría formas más fáciles de ingresar, pues sólo estarían unas horas. A Ricardo, por su aspecto físico (es blanco, ojiverde), alguien le dijo que le sería fácil pasar la aduana estadounidense diciendo que era “american citizen”… grave error, que le costó a Ricardo, aparte de humillaciones, golpes, amenazas y un fuerte daño psicológico, pues todavía tiembla al recordar el desdichado evento, que lo encarcelaran una tarde y una noche en un penal de “alta seguridad” en Brownsville, por el imputado delito de “suplantación de ciudadanía”. Fue llevado allí en una camioneta de la “migra”, oyendo todo el tiempo que duró el traslado al par de agentes que lo arrestaron, burlarse todo el tiempo de él y profiriendo falsas amenazas de que le iba a ir muy mal, lo que, por fortuna, no pasaron de ser simples amedrantamientos para espantarlo. Al día siguiente de su detención, fue llevado a un condado cercano, en donde fue obligado a pedir perdón de rodillas a “un pendejo juez que tenía peluca blanca”, refiere con avivado rencor Ricardo, quien, luego de concederle el perdón por su “horrible crimen”, lo sentencio a no pisar territorio estadounidense, ni a solicitar visa los siguientes tres años. Tan seguro estaba Ricardo de que su delito ya había prescrito, que por eso, pensó, le habían concedido una visa hace unos 12 años, luego del incidente, así que no tendría problema en renovarla, razonó. Pero en esta ocasión, no fue así. Como la mujer insistiera, Ricardo confesó su “felonía” (¡Como si eso hubiera sido un gran delito, el tratar de ingresar a EU sólo para comprar instrumentos, acción totalmente conveniente para tan mercantilista país!), pero aclarando que la condena ya había prescrito y que por eso no lo había apuntado en la forma DS-156. A partir de ese lamentable instante, ningún argumento valió para la cerrada mentalidad de la mujer (consecuencia, claro está, de la cerrazón de su sistema político), la que no dejó de señalarle su “grave falta” y que estaba vetado “de por vida” para entrar a EU, a pesar de que Ricardo le enseñó cuanto papel tenía a su favor para demostrarle que sólo estaría allá quince días, principalmente para concursar en el evento universitario. En este caso, se comprueba la falta de ética y seriedad de las leyes estadounidenses, que cambian a su antojo sus legaloides argumentos, con tal de clasificar como non gratos al mayor número de extranjeros posibles, no así el dinero que previamente pagaron por tan tramposo, mañoso trámite, ¡esos 131 dólares son welcome! “¡Lo que más me duele es que me hayan vuelto a humillar y que me echaron a perder un proyecto que venía preparando desde hace seis meses, ya tenía mis boletos de avión y todo listo, son chingaderas!”, exclama Ricardo, denotando todo el rencor que la nueva afrenta le ha provocado, además, claro, de que “¡les regalé a esos cabrones 131 dólares!”.
Lo mismo le sucedió a otro de los entrevistados, Carlos, ingeniero en computación, quien también debía ir allá por un curso. “¡No me la dieron, el tipo ese me alegó que de dónde era, y le dije que del Estado de México, y estaba necio en que ese estado no existía, que de dónde era, hazme favor, pinche ignorante, y que no, que no me la daba porque había falseado de dónde era!”. Sí, Carlos, a pesar de tener un negocio propio, un café-internet, y haber comprobado sus estudios, no obtuvo tampoco el “permiso” para viajar a EU. “¡Yo le grité que qué lástima que siendo mexicano, porque a leguas se le veía lo naco, que no supiera que había el estado de México!”, agrega Carlos, también muy enojado. Sí, se siente el rencor de él y de decenas que son rechazados a diario, pues además pagaron por la humillación, aunado al que ya, de por sí, se ha ido forjando con el correr del tiempo, de carácter histórico, incluso, remontándose al siglo 19, cuando nuestro territorio sufrió los primeros embates del expansionismo yanqui, al perder el estado de Texas y poco tiempo después California y el resto de lo que por entonces era México, que significó más de la mitad de su extensión territorial arrebatada por la superior fuerza militar (encima de la invasión que los mariners llevaron a cabo en varias ocasiones).
A quienes sin problemas les es concedida la visa, los menos, se ufanan de su “buena suerte”. Uno de ellos es Agustín, de unos 60 años, ferrocarrilero jubilado, quien está contento de haber recibido el permiso. “Pues yo quiero ir a Nueva Orleáns, porque quiero llevar allá a mi vieja y comprarme una camionetita, pero necesito traérmela antes del primero de marzo, para que así no me cobren el doble por legalizármela”, dice, muy contento. Se refiere a una nueva ley que recientemente se expidió en el congreso mexicano, tratando de proteger a la “industria automotriz mexicana” (sí así se le puede llamar a las ensambladoras de empresas automovilísticas extranjeras que sólo aprovechan nuestras mano de obra y materias primas baratas para reducir sus costos de fabricación), que gravará a partir de marzo con cien por ciento a todos los autos usados que se compren en EU y se pretendan legalizar aquí, para evitar la “competencia desleal” de unidades que salen relativamente más baratas en comparación con los autos “mexicanos”. Pero, por otro lado, mentalidades consumistas como las de Agustín, acríticas y permisivas de los abusos referidos, por desgracia contribuyen a seguir estimulando el criterio mercantilista empleado por EU para establecer quién puede ir a su país, que solamente será aquella persona que demuestre tener mucho dinero para comprar cuanto le ofrezcan los aparadores de los muy surtidos malls, esos megacentros comerciales en donde puede adquirirse de todo, desde hot dogs, hasta autos…
Dentro de mi propia experiencia, de las veces que he visitado EU, puedo afirmar que sin muchos dólares en el bolsillo, uno será siempre mal visto. Si, en cambio, se compra de todo y bastante, será considerado uno todo un “Mister Money” y las puertas de cuanto negocio haya estarán siempre abiertas (de hecho hay aquí tours especiales de fin de semana, en donde se lleva a pudientes turistas mexicanos, en cortos viajes organizados por agencias turísticas, de compras a, por ejemplo, megaplazas comerciales a Miami o Nueva York, quienes muy fácilmente obtienen su visado gracias a que tienen fastuosas cuentas bancarias en dólares).
Cabe aquí hacer la reflexión siguiente, que los países que hoy en día se consideran “ricos y desarrollados”, como EU, deben buena parte de su existencia a toda la historia de robo y latrocinio que practicaron en el pasado contra naciones que antes fueron sus colonias y que debido a dolorosas imposiciones imperialistas, se mantuvieron estancadas y atrofiadas económica, política y socialmente hasta la fecha, razones que en gran medida explican el actual éxodo de tantos desposeídos que buscan el tan cacareado “modelo occidental de vida”.
En el “documento” que se entrega a todos los solicitantes de visa rechazados (un simple, mal redactado machote fotocopiado que se les da a todos por igual), puede leerse que el motivo por el cual no se otorgó el permiso se debe a que no pudo demostrarse que “se tienen lazos sociales, económicos y/o familiares sólidos en el país en que se reside y que no se pretende abandonarlo. Los aplicantes que cumplen con este requisito, lo hacen mostrando lazos fuertes que los unan a su país y aseguren su regreso a éste mismo al finalizar su visita a los Estados Unidos. Otros aspectos que se consideran son: tener un trabajo estable y una buena educación. Lamentablemente usted no los demostró durante la entrevista” (corregí los errores de redacción y de puntuación de los que adolece el “documento” referido). Pero desgraciadamente, con los modernos controles neocolonialistas que EU y sus compinches (el resto de los “países desarrollados”) siguen ejerciendo en el mundo subdesarrollado, dependiente de los caprichos económicos y militares de aquéllos, esos “lazos fuertes” que unan a los desposeídos del mundo con sus empobrecidos países cada vez se irán debilitando más y más.


Contacto: studillac@hotmail.com

jueves, 17 de enero de 2008

La "sociología de la guerra", nueva estrategia de dominación estadounidense en Irak.

La “sociología de la guerra”, nueva estrategia
de dominación estadounidense en Irak

por Adán Salgado Andrade

La invasión a Irak, se reconoce ya por la propia CIA y el mismo Bush, se hizo empleando infames, alevosas mentiras, como las supuestas “armas de destrucción masivas” poseídas por ese país árabe, que recientemente se ha demostrado que no fueron más que eso, simples argucias para justificar la neocolonización que Estados Unidos, junto con Inglaterra, se propusieron llevar a cabo, sobre todo para, así, apropiarse ilegalmente de la segunda reserva petrolera mundial, poseída precisamente por los iraquíes, y que por tal hecho, están siendo hoy victimados y sometidos a esa moderna manera de conquistar a un país por la sola fuerza de las armas y el poder militar. La batalla, si así se le puede llamar a la invasión, que llevaron a cabo conjuntamente estadounidenses e ingleses fue muy breve. El Pentágono empleó algo que dos militares, Arthur Cebrowsky y John Garstka (el primero, matemático del Pentágono, y el segundo, diseñador de algoritmos para rastrear misiles), indicaron en un artículo que escribieron entre los dos en el número de enero de 1998 de la revista Proceedings, publicada por la marina estadounidense, titulado “Network-Centric Warfare: Its Origin and Future” (La guerra como sistema centralizado: su origen y su futuro). En dicho artículo afirmaban que era posible conducir una batalla mediante un sistema computarizado en el cual las órdenes se efectuaran a través de un comando central, empleando pocos hombres y muchas computadoras, perfectamente coordinado, y que de esa forma debían realizarse las nuevas guerras del siglo XXI demandadas por la modernidad. Se inspiraron, a decir suyo, en el sistema Wal-Mart, según el cual, la supuesta eficiencia con que trabaja esa corporación de centros comerciales que están por todo el mundo, se debe a una organización centralizada que logra surtir en el menor tiempo posible los artículos que se van vaciando de sus estantes, coordinando “perfectamente” las operaciones de compra y de entrega de mercancías con sus proveedores. Eso, dijeron tan “brillantes militares”, podría aplicarse en el ejército, organizando centralizadamente todo, desde la compra y recibo de armas, hasta las operaciones militares que se efectuaran. Así, por ejemplo, los bombardeos que se hicieron en Irak, en el 2003, fueron coordinados desde el comando central, en los cuales, los soldados simplemente le enviaban a aquél las coordenadas de los objetivos militares o “sospechosos” que debían destruirse. Con ellas, el “alto mando” alimentaba a las así llamadas “bombas inteligentes” que eran programadas desde los aviones que las debían lanzar, a los cuales les llegaba la información y, ¡así de fácil!, casi con un chasquido de dedos, en diez minutos o menos, se arrojaban tales bombas, y así se efectuaron cientos de bombardeos, los que no discriminaban entre blancos civiles (la mayoría) o militares (los menos) y que significaron la supuesta rápida y certera derrota del ejército iraquí. La guerra, desde el comando central, parecía más una especie de juego bélico en donde los objetivos se iban determinando en mapas electrónicos y en el cual aparecían también los aviones bombarderos (sus imágenes virtuales, claro) y los estallidos que iban produciendo las bombas arrojadas se mostraban como puntos rojos o targets que se iban cumpliendo de acuerdo con la bitácora prevista (se les llamó carpet bombings, debido a que en las pantallas de las computadoras, las áreas que debían atacarse parecían tapetes territoriales, los cuales debían abarcarse centímetro a centímetro, con los bombardeos. Por eso yo llamo a esta nueva clase de guerra “descalificada”, pues los soldados han dejado casi todo el trabajo a las computadoras, igual que un obrero descalificado deja a merced de las máquinas la producción. Ver mi artículo en Internet “Los nuevos soldados descalificados”, en el buscador Google, bajo ese título). Esa, digamos, “centralización y computarización” de la guerra fue acogida de inmediato por el Pentágono, debido a la supuesta reducción de costos que ello tendría, sobre todo porque con unos cuantos soldados y mandos militares sería posible llevar a efecto las batallas. Claro que tanta tecnificación tuvo su costo, alrededor de $230,000 millones de dólares entre 1999 y 2002 para crear la infraestructura requerida, aparte, por supuesto, de los gastos militares corrientes que dedican los EU cada año a mantener sus ejércitos y cuerpos militares (cerca de 600,000 millones de dólares por año, a lo que hay que sumar los grandes costos que la invasión a Irak sigue teniendo, aproximadamente ¡$275 millones de dólares diariamente, casi mil dólares cada segundo que pasa!).
Esa guerra electrónica a distancia aparentó terminar en un santiamén con el ejército iraquí, el que ni siquiera pudo lanzar sus viejos cohetes soviéticos Scud, a pesar de que en algunos casos los soldados iraquíes superaban en 500 a cada soldado enemigo, además de que no hubo prácticamente enfrentamientos en tierra firme, como en las guerras de antes. Eso supuso para EU e Inglaterra un “gran triunfo”, luego de que durante la primera invasión multinacional a Irak (en 1990, cuando este país invadió Kuwait, territorio que arbitrariamente se le había despojado al término de la segunda guerra mundial para fundar justo a Kuwait, que siempre ha sido un país árabe pro occidental), ni siquiera logró derrocarse a Saddam Hussein, a pesar de que más países tomaron parte en la invasión y ésta duró más tiempo.
Por tanto, se supuso, una vez que declaró Bush el término de la guerra, el primero de junio del 2003, que había significado una “victoria total”, con “muy pocas bajas” que lamentar entre los soldados estadounidenses e ingleses. De allí se creyó que la “domesticación” de Irak sería pronta y muy fácil (ésta se pensó llevar a cabo muy a estilo de lo que se hizo en Japón, luego de haber destruido dos de sus ciudades industriales más importantes mediante bombas atómicas en 1945, casi al final de la segunda guerra mundial, con lo que ese país capituló. La llamada Ocupación, dirigida por EU, además de que le prohibió a los japoneses tener un ejército – medida que se derogó en 1952 –, estableció un plan de reconstrucción para Japón, que incluyó transferencia de capitales y tecnología que americanizó a esa nación, dejándola bastante dócil para los intereses comerciales e industriales expansionistas que después EU consolidó allí).
Pero para la mala suerte de Bush y sus halcones, luego de casi cinco años de la invasión, no sólo Irak no se ha pacificado, sino que los soldados invasores siguen muriendo por ataques insurgentes (casi 4000 han perecido desde el inicio de la invasión y unos 30,000 han sido heridos), además de que la violencia interna continúa cobrando también víctimas civiles (mueren alrededor de 100 personas en promedio al día debido a todos los actos violentos, incluidos tanto los ataques de las fuerzas invasoras, la guerra interétnica, los ataques suicidas, la violencia urbana y la delincuencia, entre otras causas. En total, se estima que han muerto casi ¡un millón, doscientos mil iraquíes desde la invasión!), aparte, como ya mencioné, de los costosos gastos que está generando la arbitraria invasión (casi ¡500,000 millones de dólares gastados desde el inicio de la guerra!, en enero del 2003). Y ello a pesar de que se han incrementado los soldados estadounidenses acantonados en Irak, unos 150,000 permanentemente (los que se renuevan cada dos o tres meses, claro), y se han tratado de emplear tácticas contrainsurgentes por parte de los estadounidenses, entrenando a sus tropas en combate a las guerrillas (ver mi artículo en Internet “Bienvenidos a Arabialandia”, en el que analizo la especie de “parques de guerra” que se han establecido en varios centros militares de EU para simular pueblos iraquíes en donde los mariners “juegan” a combatir a extras quienes se hacen pasar por insurgentes árabes). Ni siquiera Afganistán, invadido desde el 2001, se ha “pacificado”completamente, y todo indica que los derrocados talibanes se están reorganizando (quizá por esos malos resultados, Bush se haya visto obligado a remover a Donald Rumsfeld del Pentágono). Sí, nada de las tácticas empleadas en la “guerra científica” están funcionando para la “pacificación”, ya no digamos de todo Irak, pues ni siquiera sirven para calmar pequeños poblados en los cuales los insurgentes se mezclan con la población local, la que los protege, y constantemente andan atacando a los soldados invasores, provocando frecuentes bajas entre ellos. Lo peor para EU es que los insurgentes ya están sirviéndose de las mismas tácticas guerreras empleadas por el Pentágono, tales como el Internet, computadoras, correo electrónico, laptops, celulares... para combatir a los invasores, tecnologías que los mismos estadounidenses han ido mejorando al incrementar la calidad de las telecomunicaciones en ese país, tan necesarias para su “guerra centralizada” (Además, en esta época en que todo se vuelve un espectáculo, como la guerra, los insurgentes también han sacado provecho de ello. Sí, si las grandes batallas de EU combatiendo a Irak se transmiten, digamos, por YouTube, como si fueran heroicas proezas, en lugar de deleznables, prepotentes actos de dominación, pues de la misma forma, los insurgentes transmiten los ataques que provocan a las fuerzas invasoras, los atentados que realizan, exhiben a los secuestrados, en fin, con eso de alguna manera también se trata de legitimar la insurgencia iraquí frente al mundo).
Ni siquiera ha servido que, con tal de lograr ciertas “alianzas” con los locales, el Pentágono haya debido recurrir a los “colaboracionistas”, mercenarios iraquíes dispuestos a dar información sobre los insurgentes o, incluso, a combatirlos, claro, si se les ofrece buena paga, por lo menos unos $50 dólares al mes (es poco dinero, ya que un obrero gana allá alrededor de 8 dólares diarios, pero como hay tanto desempleo, algunas personas, no muchas, aceptan). Se les conoce a tales mercenarios como “cocodrilos”, debido a que emplean camisas azul claro, color que distingue la rugosa piel de tales lagartos. Incluso, se ha llegado al extremo de excarcelar a delincuentes, tales como Sayeed Jassem, ex alcalde de la población de Tarmiya, quien fue aprehendido por actos de corrupción y por supuestamente ayudar a los insurgentes con dinero (véase, pues, qué tan desesperados están los estadounidenses, de incluso colaborar con delincuentes, como si fuera esto un clásico plot de cinta hollywoodesca de espionaje, en donde se le ofrece a un prisionero su libertad y hasta un buen trabajo, con tal de que “colabore” a encontrar a los “malos de la historia”). Pero eso no garantiza una incondicional lealtad de los “cocodrilos”, pues muchos de ellos son insurgentes que se hacen pasar por colaboracionistas, para así enterarse de los planes de los enemigos.
Pero como hasta ahora todas esas tácticas han resultado inútiles, en adelante se dará paso no a más soldados, ni a más comandos centrales de combate, ni a tantos “cocodrilos”, ni a asociaciones con delincuentes locales, sino nada menos que a científicos sociales, sociólogos, programadores, psicólogos, expertos en cultura local... y así, para formar lo que el Pentágono eufemísticamente ha dado en llamar Human Terrain Teams (Equipos de reconocimiento humano), que pretenderán entender y comprender más a fondo a la invadida sociedad iraquí, inmiscuirse, entrelazarse en los problemas que afectan a los sometidos. Pero de entrada, no parece que fuera a ser efectiva esa nueva estrategia, dado que los iraquíes están invadidos y la insurgencia que día a día se fortalece más y más, es una muy particular forma de esa nación de expresar su desacuerdo (con todos los errores que ello conlleve, como, por ejemplo, los ataques suicidas hechos entre la propia población civil, que nada tiene de culpa, aunque probablemente varios de esos ataques quizá sean dirigidos a colaboracionistas que se encuentren en determinado sitio público y se conviertan en blanco de los atacantes). Para ello, o sea, darle una orientación sociológica a la guerra, se están destinando 41 millones de devaluados dólares con tal de lograr un primer acercamiento a las “necesidades de la población local”.
Uno de tales miembros del ejército que están practicando ya las llamadas operaciones psicológicas (conocidas en la jerga militar como psyops, abreviatura de psychological operations) es el sargento Joe Colabuno, quien, de nuevo, empleando tácticas que más parecerían de cintas de acción, que estrategias reales, trata de disuadir a los iraquíes para que se unan a los estadounidenses en sus “esfuerzos” por pacificar Irak. “Lo que trato de hacer es hallar a las personas correctas para adecuarlas y que luego ellas nos ayuden a adecuar al resto”. Así, Colabuno emplea cuantas tácticas psicológicas puedan auxiliarlo, afirma, para convencer a los iraquíes de que los insurgentes deben de ser contrarrestados e incluso eliminados para que haya “paz” en su nación. Ha puesto, por ejemplo, carteles propagandísticos, similares a los colocados por los insurgentes, en los que denuncia las “atrocidades” que éstos cometen. En uno de ellos expuso el caso de un niño que se había hecho detonar en un atentado suicida con el cinturón de explosivos adherido a su cintura, a lo que alegó: “hay verdaderos criminales en esa deplorable acción y eso es algo que Alá no dice en el Corán y quien lo haga tiene su lugar en el infierno”. Colabuno emplea logotipos muy parecidos a los de los insurgentes con tal de que provoquen el mismo impacto en la población, para que ésta sea atraída y los lea, como ha sucedido con varios de los habitantes de Faluja, que es el poblado en donde está experimentando el “ingenioso” sargento su “sociología de la guerra”. Tan efectivo resultó ese poster, en particular, que incluso varios insurgentes se quejaron de la publicación, según algunos pobladores le informaron a Colabuno, pensando que el libelo era obra de otras facciones guerrilleras. Pero también Colabuno echa mano de una generalizada ignorancia que parece imperar, junto con pobreza, enfermedades y otras calamidades, entre los iraquíes. Por ejemplo, cuando enfrentó a un líder local en el pueblo de Askeri, ayudado por un intérprete, claro (Colabuno no se ha involucrado tanto aún como para haber aprendido ya árabe, a pesar de que lleva cuatro años en Irak. Quizá pese sobre él el síndrome del conquistador, que obliga a los conquistados a hablar el impuesto idioma), sobre la razón por la cual no había muchos voluntarios allí, deseosos de convertirse en “cocodrilos” (o sea, soplones, dicho simple y llanamente), pues se requerían 125 y no llevaban reclutados ni la mitad, el citado líder le objetó que la paga era poca (como dije antes, son 50 dólares al mes lo que reciben los “cocodrilos”), ante lo que, indignado, Colabuno le espetó que: “¿¡Ah, sí!?... ¡pues fíjese que ésa es una muy pobre excusa. He leído el Corán y en ningún lado vi que Mahoma demandara un mejor salario para predicar la palabra de Dios. Nada más dejen que se entere el Sheikh Hamsa de esto, a ver si no se avergüenzan!”. Al referirse al Sheikh Hamsa, Colabuno dio a entender cuan metido está en la vida de los locales al conocer a Hamsa, otro líder local, pero, además, al involucrar cuestiones religiosas, como a Mahoma y el Corán, es decir, hablarles a los iraquíes con sus propios símbolos culturales, y además tan directamente, sin escrúpulos, resulta que aquéllos caen redonditos. En esa misma plática, uno de los árabes trató de objetar la acción de los estadounidenses, reclamando: “Ustedes, americanos, están aquí porque no quieren más que nuestro petróleo”, a lo que el sargento, empleando un irónico tono, respondió, de nueva cuenta muy cinematográficamente, como si hubiera estado en una escena de película en la que actuara como un abogado defensor de un inocente, injustamente inculpado, ante un jurado: “Sí, sí, claro, queremos su petróleo – refiere que dijo, lo que provocó ojos de sorpresa entre los iraquíes – , sí... pero queremos comprarles su petróleo, claro, para que ustedes puedan tener trabajos, para que puedan pagar su luz, su agua, para que a ustedes les vaya mejor y se hagan ricos”. Y así, con ese trillado, barato, común discurso, la gente pareció convencerse y con buenos apretones de manos, se llegó a un compromiso. Al día siguiente, refiere Colabuno, se completaron las solicitudes y hasta sobraron “voluntarios” para hacerse “cocodrilos”. Como puede verse, si el iraquí que objetó lo de que los estadounidenses desean sólo el petróleo, hubiera estado más informado, es decir, hubiera tenido más cultura, leído más periódicos, revistas políticas, libros… muy fácilmente hubiera refutado los pobres argumentos de Colabuno, replicándole que a cinco años de la invasión a Irak, la referida riqueza, los mentados empleos, los celebrados servicios de los que el sargento habló, por ningún sitio se ven y sólo se han beneficiado las empresas constructoras, de seguridad, automotrices, petroleras… y tantas otras pertenecientes a los invasores, como Halliburton, de la que el vicepresidente estadounidense Dick Cheney es accionista. Pero no defendió más su correcta opinión por falta de argumentos y suficientes conocimientos que validaran lo que se aventuró a decir (por lo menos se atrevió a hacerlo). Así que la ignorancia sería otro enemigo de los iraquíes en esta etapa de neocolonialismo. Como aparentemente los operativos psicológicos funcionaron en esa ocasión, más gente local pretendió denunciar a los insurgentes, a través sobre todo de celulares. La respuesta de los guerrilleros fue la voladura de las torres que permiten la comunicación telefónica. La respuesta de Colabuno fueron nuevos carteles en donde criticaba el comportamiento destructivo guerrillero, arguyendo que ya que ellos mismos, los insurgentes, empleaban celulares, pues era como si se hicieran daño a sí mismos. Esto podría ser cierto, pero son las tácticas que se emplean en la guerra, como cuando los soldados de un bando dinamitaban un puente, con tal de que el contrario no pudiera pasar por allí, pero que al final ni ellos mismos, los destructores, podían luego emplear. Quizá es cierto que se bloquean los insurgentes destruyendo las torres de telecomunicaciones, pero probablemente sea mayor el beneficio que el perjuicio que con ello logran (por ejemplo, bloquear por algunos días las comunicaciones enemigas).
Sea como sea, en resumen, el Pentágono está cambiando soldados y mandos castrenses por sociólogos, psicólogos, científicos sociales... o militares como Colabuno y sus cinematográficos argumentos, con tal de “ganarse” a los iraquíes en su intento por apoderarse pacíficamente de su petróleo. Esas tácticas integracionistas dieron resultado en el Japón de la posguerra, sí, pues se trató de un pueblo humillado, destruido, con el que se probó la energía nuclear de manera infame y alevosa. Nada tenían los japoneses, más que destrucción, muerte y cientos de miles de enfermos radiados que no tardaron en morir, y por eso tan dócilmente aceptaron la “ayuda” norteamericana.
Pero el Irak invadido de hoy día no es Japón y aunque también están sus habitantes padeciendo destrucción y muertos, son árabes y los árabes son más firmes en sus bases culturales, más orgullosos y, sobre todo, más belicosos. Además, la invasión ha despertado muchos otros problemas, como los odios raciales que están tomando fuerza especialmente entre sunitas y chiítas (los ataques a mezquitas de uno y otro bando son muestras de ello), además del separatismo promovido por los kurdos, así que es muy probable que eso pueda generar una guerra civil que tampoco contribuirá a la ansiada “pacificación”. Y por ello, la “sociología de la guerra” pareciera ser la nueva esperanza, pero francamente dudo que aquélla logre todos los resultados esperados por el Pentágono.
Por todos los problemas que la invasión estadounidense a Irak ha provocado, los cuales no han generado beneficios reales hasta la fecha, al contrario, más gastos y soldados muertos, ya una buena parte de los congresistas de EU, tanto demócratas, como republicanos, le han pedido a Bush que fije una fecha para la salida de las tropas norteamericanas de Irak. Quizá sólo así logre pacificarse esa nación... o no, quizá, también, cuando eso suceda, los problemas se agraven y sea el fin de Irak como un solo país.

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