martes, 27 de enero de 2026

Un operador de fraudes por internet reveló cómo son hechos

 

Un operador de fraudes por internet reveló cómo son hechos

Por Adán Salgado Andrade

 

La industria de los fraudes por internet es un gran negocio. Se calcula que anualmente asciende a alrededor de un billón de dólares ($1,000,000,000,000) y que un 57 por ciento de adultos en el mundo sufren algún tipo de fraude por los llamados scammers.

La mayor parte de tales fraudulentas operaciones se hacen en Asia suroriental, en el llamado “Triángulo Dorado”, que comprende las naciones de Laos, Camboya y Myanmar. Y de hecho, varios de los centros que operan en Myanmar han sido localizados por la policía y hasta intervenidos, pero las mafias que los operan, chinas todas, simplemente los cambian de sitio y siguen trabajando (ver: https://www.feedzai.com/blog/gasa-global-state-of-scams-report/).

Otro problema es cómo esos centros de scammers reclutan a sus trabajadores, que lo hacen mediante esquemas engañosos de que laborarán como técnicos de internet, recopilando datos y supervisores de operaciones. Pero cuando enfrentan la realidad, luego de que prácticamente son secuestrados, les dicen, crudamente, que su trabajo consistirá en engañar a gente, para robarle su dinero, ya sea con inversiones en criptomonedas, romances fraudulentos o compras también fraudulentas (de éste, tipo, hasta aquí se dan, sobre todo, por Facebook. Mi hermano, alguna vez compró una laptop “muy barata”. Por lo mismo, era muy atractiva. Depositó el dinero que costaba, $3,500 pesos y… ¡nunca se la enviaron! Quiso reclamar, pero el sitio en donde la “adquirió” ya no existía).

Un relato de uno de tales trabajadores, lo ofrece el periodista Andy Greenberg, en su artículo “Él filtró los secretos de unas instalaciones en Asia suroriental. Luego, tuvo que escapar vivo de allí”, publicado por Wired, en el que inicia diciendo que “una fuente atrapada en una operación industrial de fraudes me contactó, determinada en rebelar los crímenes de sus secuestradores y luego escapar. Esta es su historia” (ver: https://www.wired.com/story/he-leaked-the-secrets-southeast-asian-scam-compound-then-had-to-get-out-alive/).

Se trataba de un joven hindú cercano a sus treinta años, quien cayó en ese “empleo” justo por engaños. Él, de humildes orígenes (pudo estudiar ingeniería en computación, gracias a que se dedicaba a limpiar casas, pues su familia era muy pobre y no podía ayudarlo), ansioso como estaba de conseguir finalmente un buen empleo, se sintió atraído por la oferta laboral, de trabajar en Laos como gerente de tecnologías en internet (IT, por sus siglas en inglés), gracias a que era muy inteligente, además de que sabía inglés y manejaba muy bien las computadoras. “Sí, eso me atrajo mucho, por eso acepté el trabajo”, le dijo a Greenberg, en las muchas conversaciones que tuvieron durante algunas semanas.

De hecho, Greenberg no revela cómo fue que lo contactó. Supongo que el joven habrá leído alguna vez la revista Wired y conocía el trabajo de Greenberg, quien se especializa en todo tipo de investigaciones sobre hackers y cibercrímenes.

Como sea, tuvieron contacto y Red Bull, como así se identificó el joven, le dijo que él quería contar absolutamente todo de cómo se realizaban los fraudes en ese sitio, regenteado por chinos.

Le platicó que había una serie de mandos, que siempre estaban enviándoles a sus computadoras y sus WhatsApp’s mensajes de “ánimo”, pero al mismo tiempo amenazantes. Por ejemplo “recuerden que ustedes pueden lograr lo que quieran aquí si cumplen con sus cuotas, pero si no, se las van a ver muy difícil y nunca saldrán de aquí”.

Fue al llegar al lugar, que Red Bull se dio cuenta de que prácticamente lo iban a tener esclavizado, como todos los demás trabajadores, mujeres incluidas. “Nos amenazaban con que teníamos que cumplir con cuotas de engaños y si no lo hacíamos, nos multaban. Y entre más nos multaran, más dinero íbamos debiendo y nos lo descontaban de nuestro salario, que ganábamos unos $500 dólares mensuales. Pero, en mi caso, como nunca cumplía, pues la verdad, no quería estafar a víctimas inocentes, llegó el momento en que les debía mucho dinero y si no lo pagaba, me dijeron que nunca me dejarían ir del lugar”, dice Red Bull (le dijo a Greenberg, que el nombre lo eligió porque cuando lo contactó por primera vez, tenía justamente una lata de esa bebida frente a él).    

Usaron el servicio Signal, que permite enviar mensajes cifrados que, además, desaparecen de acuerdo con el tiempo que se les asigne para ser visibles. Y también adoptaron apodos. Fue una precaución que tomaron porque los captores-empleadores amenazaban con que nadie podía revelar lo que allí sucedía so pena de ser incluso asesinados. “Muchos de mis compañeros, también hindúes, desaparecieron, nunca los volvía ver”.

Trabajaba de noche, para que, en ese horario, pudieran entablar relaciones con las víctimas, al otro lado dl mundo, cuando era allí de día. “Era muy pesado trabajar toda la noche y a la mañana siguiente, tratar de dormir”, dice Red Bull.

Y cada que lograban cometer un nuevo fraude, sobre todo de más de cien mil dólares, era celebrado tocando un gong que estaba junto a una pared “y todos reían, gustosos, y nuestros jefes los felicitaban, entregándoles un seis por ciento de comisión”.

Las pobres víctimas, trataban en vano de volver a contactarlos. Así como de repente esos forzados trabajadores fraudulentos se aparecían, así desaparecían.

Red Bull le platicó que cuando se trataba de algún romance, contrataban a una modelo profesional, para que, cuando la víctima, ya muy enamorada, “no podía soportar más sin verla”, establecían una video llamada, en la cual, la mujer, toda melosa y romántica, le aseguraba que “soy el amor de tu vida y me casaré contigo en cuanto tú me digas y me envíes dinero para comprar ropa y viajar hasta tu país”. Y como era la única, muchas veces disponible, tenían los scammers que arreglar muy bien las citas, para que los “románticos” deseosos de hablar con ella, pudieran hacerlo. “Si no estaba disponible, ‘ella’ los convencía de que era mejor esperar para que la emoción del primer encuentro ‘creciera’. Pero era el scammer el que hacía las proposiciones”.

Dice que usaban Deepseek o ChatGPT, “pues siempre nos daban las mejores respuestas, incluso en situaciones complicadas, para darlas a las víctimas, las que siempre quedaban satisfechas”.

Vean nada más, uno de los usos negativos de la Inteligencia Artificial, la que tiene más aplicaciones negativas que positivas (ver: https://www.youtube.com/watch?v=NXeTKWsYrzQ).

Normalmente los fraudes los hacen con países “ricos”, digamos, como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia u otros. Y seguramente también en México y otros países latinoamericanos, han de hacer esos fraudes. “Trataban de que estableciéramos contacto con personas de nuestra misma nacionalidad, para que no tuviéramos problemas con el idioma. Yo me relacioné con hindúes que ya residen en Estados Unidos o en Inglaterra. Pero nunca me quise prestar al engaño”.

Esos fraudes, los de los “romances”, son los más mezquinos, pues las víctimas suelen ser mujeres solas, deseosas de tener alguna pareja sentimental. Muchísimas han perdido todos sus ahorros y hasta sus casas porque el “novio” que las contactó, las engañó lo suficiente como para convencerlas de hacer una nueva vida, comprando una casa más grande para cuando vivieran juntos. Eso le sucedió a Carol Goodall, una inglesa de 62 años, deseosa de entablar una nueva relación, luego de muchos años de soledad. Perdió su casa y todos su ahorros, además de que la depresión por el engaño, casi la llevó al suicidio (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/02/los-lucrativos-romances-fraudulentos.html).

Seguramente ese tipo de mezquinas situaciones fueron las que llevaron a Red Bull  a no prestarse a engañar a personas ingenuas que sólo buscan un amor verdadero.

Le proporcionó a Greenberg varios videos, filmados con una cámara escondida, en donde se muestran las instalaciones del edificio en donde operaban. Se ven como cualquier edificio de oficinas, funcional, bien iluminado, amplio, blancas paredes… sí, como si hubiera estado trabajando en Google o Apple. Nadie sospecharía que era una instalación en donde trabajan scammers.

Pasadas unas semanas, los captores descubrieron que Red Bull se estaba comunicando con Greenberg y comenzaron los problemas.

“Dicen que no me soltarán hasta que no les dé $3,500 dólares, ¿podrías ayudarme?”, le soltó en una ocasión, diciéndole además que lo habían golpeado y azotado en varias ocasiones.

“Fue cuando sospeché si todo eso no sería un engaño”, dice Greenberg, quien lo comentó con los editores de Wired, los que se opusieron a que entregara dinero alguno por el rescate de Red Bull, “pues no sería ético y la historia que yo estaba escribiendo se desacreditaría”, agrega.

Trató de ponerlo en contacto con una supuesta organización de ayuda en el caso del tráfico humano (pues está claro que eso es tráfico humano, mantener secuestrados a trabajadores, en contra de su voluntad, como la legislación internacional estipula), pero no lo ayudaron. También Greenberg contactó a la embajada hindú, “pero tampoco hicieron nada por ayudarlo”.

Por fortuna para Red Bull, la policía de Laos hizo un día una redada, pero alguien dio el “pitazo” a sus jefes y lograron desalojar el sitio e irse a otro. “De todos modos, nos enteramos que a los trabajadores que aprehendieron esa vez, al día siguiente, los liberaron y volvieron a trabajar en el mismo sitio”. Muy seguramente los mafiosos chinos les “llegaron al precio” a los policías laosianos y todo se arregló con una “buena mordida”, pues son países que están dentro de los más corruptos del mundo.

Si Greenberg tenía dudas de si todo era un fraude, se desengañó cuando Red Bull le confesó, llorando, que, en efecto, le había pedido el “rescate” de $3,500 dólares presionado por sus captores, “pero sí logré engañar con falsos romances a dos personas. A una, con $508 dólares y a otra, con $11,000 dólares. Y eso me tiene muy triste, muy arrepentido. Desearía poder pagarles algún día”.

Se dio cuenta que en el nuevo sitio, la seguridad estaba más relajada. Incluso, su teléfono personal no era revisado. “Gracias a eso, logró recopilar información de los fraudes, ligando teléfonos de sus compañeros, mediante WhatsApp, que Wired pudo descifrar y compilar en 4,200 páginas que serán analizadas en su totalidad y proporcionarán valiosa información sobre cómo operan esos centros”, dice Greenberg.

Un día, un “jefe” entró a su habitación, le dio su pasaporte y le dijo que podía irse. “No me dejó tomar mi ropa, ni mis zapatos. Tuve que salir con las sandalias que traía puestas y así me regresé a la India”. Eso lo pudo hacer gracias a que le pidió dinero a un hermano y que engañó a un scammer para que le prestara dinero con que “mira, debo de ir a mi país a arreglar un asunto, pero en cuanto regrese, te devuelvo el dinero. Así que engañé a un engañador”.

Ya, en la India, Greenberg lo fue a visitar. Se conocieron de frente y supo el verdadero nombre de Red Bull: Mohammad Muzahir, “un joven delgado, más de lo que pensé, de expresión melancólica, por tanto sufrimiento que ha pasado en su vida”.

En un artículo adicional, Greenberg comenta que Muzahir está dispuesto a contarlo todo, a ser testigo de los tratos tan inhumanos que dan esos centros a sus trabajadores y de los métodos que realizan para consumar sus fraudes (ver: https://www.wired.com/story/the-red-bull-leaks/).

Platica que una chica que trabajaba con él, “seguramente la vendieron a proxenetas, pues nos enteramos que trabajaba como sexoservidora en un antro”.

Sí, las chicas deben de pasarla todavía peor que los hombres

“Uno de mis ex jefes me dijo que todavía siguen contratando gente. No es posible que sigan funcionando esos centros de engaño”, dice Muzahir.

Greenberg le advirtió que puede tener problemas, incluso, que lo persigan los mafiosos chinos que operan esos centros y atentar contra su vida.

“No me importa. Si muchos leen mis denuncias, tal vez haya otros Red Bulls que, como yo, alcen sus voces y denuncien todos estos engaños. Y eso puede ayudar a que las cosas mejoren”.

Tiene mucha razón.

Si toda la gente pensara como él, si antepusieran el bienestar social, antes que el individual (que hasta puede ser mortal, como él casi lo experimentó), el mundo sería mejor.

Lamentablemente, privan la inconsciencia, el egoísmo, el materialismo y la mezquindad que el capitalismo salvaje nos ha impuesto desde hace más de 500 años

Y por eso, vamos todos de mal en peor, autodestruyéndonos lentamente.

 

Contacto: studillac@hotmail.com  

  

 

sábado, 24 de enero de 2026

Nuevo video sobre que tanto vivir demasiado "saludablemente", así como no hacerlo, nos puede enfermar

 Hola, queridas lectoras y queridos lectores. Les comparto mi nuevo video sobre que tanto los malos hábitos de vida, así como los buenos, en exceso, nos pueden enfermar, como, por ejemplo, el ejercicio excesivo, que puede provocar cánceres, miastenias o hasta fatales infartos. Espero que sea de su agrado https://www.youtube.com/watch?v=PuFIsSHfTQM 


 

 

viernes, 16 de enero de 2026

Tanta basura producimos que hasta nos puede sepultar

 

Tanta basura producimos que hasta nos puede sepultar

Por Adán Salgado Andrade

 

El capitalismo salvaje, caracterizado por sobreproducir masivamente, ha creado también un creciente y agravante problema, concerniente a lo que tiramos. Un ejemplo es toda la basura que produce el gigante de las ventas por línea Amazon, que genera ¡67 millones de toneladas de desperdicios, envolturas, sobre todo, que equivale a un tercio de la basura generada nada más en Estados Unidos! (ver: https://www.learner.org/exhibits/garbage/solidwaste.html).

La basura, tan sólo doméstica, que producimos a diario, es del orden de ¡5 millones, 808,219 toneladas!, es decir, ¡2,120 millones de toneladas al año. Literalmente nos estamos ahogando con tanto desperdicio (ver  http://www.theworldcounts.com/counters/shocking_environmental_facts_and_statistics/world_waste_facts).

Seguramente han visto la cinta Wall-E, del solitario robot que deambula por una tierra llena de basura, cuyos habitantes, los ricos, claro, escaparon para vivir en una ciudad espacial, con todas las comodidades y ¡sin basura! (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/WALL-E).

Pero el otro grave problema es que tanta basura puede dañar (y daña ya), la salud de muchas personas. Nada más hay que ver a los pepenadores que recogen desperdicios que se puedan vender (plásticos, vidrio, metales, cartón…) entre montañas de basura. Varios, están afectados por enfermedades infecciosas respiratorias o de la piel, y otros males. Incluso, la gente que vive a los alrededores de los tiraderos, es propensa a sufrir infecciones respiratorias, debido a los gases tóxicos que emiten esos sitios

Pero no sólo el daño a la salud provoca tanta basura, sino que hasta en ocasiones, puede matar.

Eso sucedió el 9 de diciembre pasado, cuando en Manila, Filipinas, una avalancha de basura enterró vivos o atrapó a unos 36 trabajadores de un tiradero, como narra el artículo de Associated Press, titulado “Montaña de basura de un tiradero, se colapsa en Filipinas, matando a dos y dejando a otros 36 desaparecidos”, firmado por Jim Gomez (ver: https://apnews.com/article/philippines-landfill-collapse-binaliw-b53f521b4642d8c6b4bc1c7e3d3aa5c5)

Un dramático video abre el artículo, mostrando montañas de basura, que ya forman parte de las áreas circundantes, que son cerros que han ido siendo rasurados para dar espacio a tanta basura, la que ha sustituido a rocas y árboles, con desperdicios.  

“Rescatistas se esforzaban por hallar a unas tres docenas de personas todavía atrapadas por la montaña de basura, tierra y desperdicios que se colapsaron sobre ellos en la villa de Binaliw, en la ciudad de Cebu. Los fallecidos y los desaparecidos eran todos trabajadores que laboraban en el tiradero y en el sitio en donde se separaban desperdicios, indicaron las autoridades”.

Esos tiraderos han proliferado en Filipinas, “levantando preocupación por los problemas de seguridad y salud que generan, entre la gente de los barrios pobres en donde se ubican”.

En efecto, esos tiraderos se establecen en áreas periféricas de las ciudades de países pobres, en donde es mal manejado el manejo de desperdicios, sin importar los daños ambientales y a la salud que ocasionen a sus habitantes (si pasan por la estación Villas de Aragón de la línea B del Metro, que corre de Buenavista a Ciudad Azteca, allí está un centro de procesado de desperdicios. En tiempos de calor, sobre todo, el hedor que se produce es terrible, resignadamente soportado por los pasajeros).  

Y señala Gomez que no es la primera vez que una desgracia así sucede. “En julio del 2000, una gran montaña de basura se colapsó, luego de días de mal, lluvioso tiempo. La avalancha también provocó un incendio. Ese desastre dejó más de 200 fallecidos y muchos más desaparecidos. Afectó a muchas ciudades perdidas y aceleró la promulgación de una ley que requirió que se cerraran muchos tiraderos y que hubiera un mejor manejo de los desperdicios”.

Sin embargo, el referido accidente, indica que esa ley es ahora letra muerta, pues de haberse ejercido, no se habría dado.

Y es un problema que se ha universalizado.

En India, en Nueva Delhi, cada día se desechan más de diez mil toneladas de basura de todo tipo. Y se almacenan en la periferia, cerca de un asentamiento de pobres. Mucha gente de los alrededores vive de pepenar algo vendible entre los desperdicios, a pesar de que tanta basura emite gases y líquidos sumamente tóxicos. También esas personas caminan sobre montañas de basura recogiendo lo útil, peligrando no sólo su salud, por las emanaciones gaseosas y líquidas, sino porque muchas veces se cortan con metales o vidrios.

La periodista Hannah Ellis-Petersen, junto con colegas, realizó un documental en donde se muestra cómo la gente anda caminando por sobre cerros y cerros de basura. Entrevista a personas que padecen enfermedades respiratorias y de la piel. Una de ellas, una mujer, le muestra heridas que le producen metales o vidrios. “Pero tengo que trabajar, pues de esto vivo, recolectando desperdicios y vendiéndolos”.

Señala Elis-Petersen que “huele a putrefacción y a ácidos, pues todos los desperdicios se combinan. Y aunque se ha querido eliminar el tiradero, la gente que vive de él, se opone fervientemente, pues es su fuente de trabajo” (ver: https://www.theguardian.com/news/video/2025/nov/04/life-and-death-on-indias-toxic-trash-mountains-video).

Y también en la India, se da el problema del reciclaje de ciertos residuos. Como en el caso de los producidos por la ropa desechable (fast fashion). En Panipat, es donde se localizan las recicladoras. Hombres y mujeres trabajan recolectando las prendas desechadas, quitando lo metálico, como cierres o botones, deshacen mangas, descosen las prendas y las avientan a máquinas que las trituran. El proceso genera tanta pelusa que se forma una especie de neblina, que luego de un rato se asienta, pero que antes, va a dar a los pulmones de las y los empleados, provocándoles enfermedades como EPOC, asma y otros males, muchos, mortales. Varios que han pasado décadas trabajando allí, están discapacitados ya, permanentemente, teniendo un tanque de oxigeno a su lado, pues ya no pueden respirar por ellas o ellos mismos (ver: https://www.theguardian.com/global-development/2025/oct/07/indian-factory-workers-fast-fashion-recycling-panipat-discarded-clothing).  

Y esa es una contradicción, muy común, que hay veces que cuestiones pueden ponernos en peligro, hasta la vida, son aceptadas resignadamente. Por ejemplo, muchas personas que viven en construcciones dañadas por sismos, no quieren desalojarlas, aunque estén en peligro de colapsarse.

Así es la naturaleza humana de extraña.

Pero no sólo en las naciones pobres se tiene dicho problema.    

En Europa hay muchos tiraderos que no cumplen con las normas para que continúen en servicio.

En el artículo  “Tiraderos ocultos de Gran Bretaña y Europa, en riesgo de emitir desperdicios tóxicos en reservas de agua”, firmado por Leana Hosea y Juliet Ferguson, se expone ese grave problema, que introducen como “altos riesgos de inundaciones provocadas por el calentamiento global podrían derramar químicos de viejos sitios, lo que implica un riesgo par los ecosistemas” (ver: https://www.theguardian.com/environment/2025/dec/02/uk-europe-hidden-landfill-leaking-toxic-waste-water-supplies).

La misma perturbadora imagen de un tiradero, como miles que hay en el mundo, abre el artículo. Un tractor medio “acomoda” los desperdicios. Y varias aves marinas lo sobrevuelan, seguramente esperando a ver qué pueden comer de entre tanta basura, pues hasta los animales han tenido que adaptarse y comerla, a falta de alimentos reales (he llegado a saber de vacas que se han acostumbrado a comer basura, a falta de pasto, incluso, plásticos).

“El creciente problema de la catástrofe ambiental ha provocado que viejos tiraderos, que se establecieron sin las normas actuales de seguridad, son un potencial riesgo ante inundaciones, pues tantos miles de toneladas de añeja basura de todo tipo, pueden desplazarse en una inundación y contaminar ríos o acuíferos”.

Y es que, señalan las reporteras, se deben de aplicar normas actuales para hacerlos más seguros y que resistan los temporales.

“A lo largo de Europa, incluyendo Gran Bretaña, se estima que existan más de 500,000 tiraderos. Alrededor del 90 por ciento, incluyendo 22,000 sitios en Gran Bretaña, son anteriores a las nuevas regulaciones para el control de la contaminación que producen. Tales normas son que cuenten con aislantes para prevenir filtraciones. Los tiraderos modernos, que son mejor manejados, suponen un menor riesgo”.

Otro grave problema de los tiraderos es que, de repente, se producen incendios, que tardan en ser sofocados, pues las emanaciones de gas metano, por ejemplo, en tiempos secos y calurosos, pueden encenderse y provocarlos.

Pero el aspecto principal es que, como comento arriba, cada vez producimos más y más basura. Por eso ya no hay dónde depositarla.

Y el reciclaje es muy poco. Tan sólo de los más de 300 millones de toneladas producidas cada año de plásticos (que unos 80 millones, van a dar al mar), se han reciclado, desde su invención, no más del 7 por ciento. Es la basura que más abunda en los tiraderos (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/08/el-plastico-que-va-los-oceanos-se.html).

No sólo empaques, alimentos desperdiciados, envolturas… van incrementando la basura, sino cosas que desechamos, por la obsolescencia programada, que hace que lo que compramos, como los celulares, duren cada vez menos y los tengamos que desechar (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2011/10/la-obsolescencia-programada-el.html).

Así es que el problema de la basura sólo irá empeorando más y más.

Y nos irá matando lentamente.

Con este sistema capitalista masivo de hiperconsumo, que exige tirar y tirar y consumir y consumir, muy pronto el planeta entero se convertirá en un gigantesco tiradero.

 

Contacto: studillac@hotmail.com